Mil gracias a las personas que me han agregado a favoritos, y disculpen la demora.

Les dejo un capítulo largo, por la espera :) Contiene lemon ligero.

A leer...


Capítulo 29:

La tarde, había caído y el reciente ataque a la inocente Luna Lovegood, sólo había terminado por agitar aún más a la aldea.

El sacerdote, había insistido en que el líder de los lobos era el muchacho que los Granger habían alojado en su casa. Algunos, le creyeron, pero otros, ya habían perdido su fe en él.

Harry miró el vacío, preocupado.

Su prima había cometido una locura, al irse con aquel muchacho. ¿En qué estaba pensando?

Demonios, pensó el azabache. Temía por lo que le sea que podría estarle sucediendo en esos momentos.

Echó la cabeza hacia atrás. Aun recordaba lo que ella le había dicho sobre Draco, que él sería incapaz dañarla y que era diferente a los demás. Pero, Harry no podía fiarse de sus palabras. Draco era un lobo, y por lo que había visto, eran demasiado peligrosos y salvajes.

Hermione, jamás podría estar a salvo con él.

-Intenta calmarte, Harry... -susurró una suave voz a su lado.-Sé que la encontrarán...

Ese era otro problema. Sabía que la castaña, no podía volver a Hogsmeade.

La mayor parte de la aldea, pensaba que la chica se había fugado con el lobo por su propia voluntad, y sabía que ese maldito sacerdote, buscaría la forma de hacerle la vida imposible con sus estúpidas doctrinas hasta que le dijera el paradero de Draco. Todo eso, sin contar con que Ronald, no se quedaría de brazos cruzados.

-Ellos no pueden hallarla primero, Pansy... La mitad de las personas en Hogsmeade, no creen que Hermione haya sido secuestrada...

-Pero...-dijo la chica confundida, quien hasta ese momento, no sabía absolutamente nada y creía que la prima de Harry, en verdad, había sido raptada.- ¿Entonces, es cierto lo que dicen...? ¿Qué ella se fue con él, por su propia voluntad...?

El azabache, no le respondió nada, sólo intentaba no volverse loco con todos los problemas que recaían sobre sus hombros.

Pansy, le miró con comprensión.

-Sé que estás preocupado por ella, Harry. Pero si tu prima ha decido irse con él, es porque...

-Es un lobo, Pansy. No podría dejarla con él...-le interrumpió tan pronto como pudo.-Eso es imposible...

-Harry, eso no ayudará... Si ella lo ama en verdad, entonces no te escuchará, ni cambiará de opinión...-le dijo poniéndose en su lugar.

-Sólo quiero hallarla y saber si está bien... Él, es peligroso y sé que nunca estará a salvo con él... -le explicó.-Quiero encontrarla y tal vez, convencerla de que venga con nosotros...

-Sé que lo harás, Harry...-respondió Pansy sin querer discutir. Habría querido decirle que los dejara ser felices, que si aquel chico en verdad amaba a su prima, no tenía nada que temer; pero decidió guardarse sus pensamientos y olvidarse del tema.

-Anoche, hubo un incendio en la aldea...-le comentó brevemente.

-Eso escuché...-murmuró ella con preocupación.-Dicen que la hija del señor Lovegood estaba ahí...

-No le pasó nada grave, pero quedó inconsciente...-dijo Harry, poniéndose de pie.

-Espero que se mejore.-respondió con sinceridad. Pansy, tenía cierta estima por aquella rubia, pues de todas las muchachas en el pueblo, Luna, había sido la única que jamás la había insultado, y que inclusive, había llegado a ser amable con ella en una ocasión.

Ambos, continuaron conversando por varios minutos más, hasta que llegó el momento de separase y volver a la realidad.

-Es mejor que ya te vayas, Harry.-le sugirió la chica, mirando por la rendija de su ventana.-No quiero que Madame Rosmerta, te encuentre aquí...

-Tranquila... Volveré mañana.-se despidió Harry, besando sus labios.-Todo esto acabará pronto, lo prometo.

Ambos, se despidieron y el azabache, regresó al pueblo casi al anochecer.

Pero, antes de volver a su cabaña, decidió hacer una breve parada en la casa de los Lovegood. No sabía nada sobre Luna desde la mañana, y al ver que Neville estaba afuera, aprovechó en preguntar.

El castaño lucía verdaderamente exhausto. Parecía que no había dormido en toda la noche.

-¿Cómo esta Luna?-preguntó Harry acercándose a él.

Neville, levantó la vista y le saludó.

-Ella está mejor. Sólo sigue algo cansada...

-¿Ha logrado recordar cómo empezó el incendio...?-le preguntó esperando una respuesta, pero la conversación de ambos, se vio interrumpida por una presencia indeseable.

-Buenas noches, señor Potter, señor Longbottom.-saludó el sacerdote en compañía de su detestable sobrino.-Vengo a ver a la señorita Lovegood... Espero que se encuentre bien...

Neville, quería asesinar a ese hombre, él había sido el culpable de que todo eso sucediera.

-Mi prometida fue atacada por esos lobos...-le espetó con desdén.-Si usted hubiera hecho mejor su trabajo...

Moody, no entendía a lo que se refería. ¿Había dicho lobos?

Hasta ese momento, nadie le había comunicado la verdad de los hechos. Él sólo había creído que se trataba de un incendio casual.

-Caballeros, será mejor que entren...-insistió el padre de Luna.-Este no es lugar para hablar sobre esos temas.

Harry, le envió una mirada a Neville.

¿Lobos?, pensó el azabache. ¿En verdad se refería a ellos?

Luna, salió de su habitación y se encontró con aquel despreciable hombre en su casa.

¿Qué hacía ahí?

Neville, no quería que ella se acercara a él, pero con un gesto, su novia le hizo saber que todo estaba bien.

-¿Qué es lo que ha sucedido, señorita Lovegood?-consultó Moody con preocupación.

-Esos lobos, han vuelto...-le respondió tan pronto como pudo.-El líder de ellos, me atacó...

-Debemos decírselo al pueblo...-insistió Neville.-Esas criaturas han regresado. La gente debe estar preparada...

-¿Dices que fue el líder?-preguntó Moody con recelo.-¿Te refieres al muchacho que escapó con tu amiga?

-¿Qué?¡No, él no ha sido!-gritó ella con incredulidad.

¿Cómo se atrevía a insinuar algo así?

-¿Entonces a quién se refiere, señorita Lovegood? Sin nombres, no podemos hacer nada... sólo sabemos que Draco Malfoy, es quien lideró todos esas atrocidades y...

-¿Por qué insiste en que él es el líder, Moody? Según sé, había otros lobos con él... Cualquiera de ellos, puede serlo...-repuso Neville sin importarle que le estuviera hablando a un sacerdote.

Luna trató de recordar más detalles sobre la noche anterior. Al principio, su mente se bloqueó, los hombres continuaron hablando, pero luego de un rato, y como si fuera justamente lo que buscaba, el nombre de aquel monstruo llegó a ella.

-Nott...-susurró para sí. Ese era su nombre. Alguien lo había llamado de ese modo, cuando empezó el incendio.-Su nombre es Nott... Él, fue quien me hizo esto. Él es el verdadero líder.-exclamó asegurándose de que todos la oyeran.

Moody, tragó espeso. Nadie podía enterarse de eso.

-Se equivoca, señorita Lovegood. Ese es Draco Malfoy... Aquel asesino que raptó a su amiga y que...

Ella le observó desconfiada.

¿Por qué insistía con eso?

Siempre había pensado que había algo sospechoso con ese hombre, y ahora, parecía entender sus motivos. Lo veía en su mirada, y la manera en que él había reaccionado con la sola mención de aquel nombre.

¿Acaso Moody, había sido capaz de llegar a algún acuerdo con el verdadero asesino?

-¡No!-insistió Luna.-¡Es Nott y usted, lo sabe!

Nuevamente, el hombre se vio invadido por los nervios, pero fingió lo mejor que pudo.

-Lo siento, pero sus teorías son infundadas...-le espetó.

Neville, dio un paso adelante.

-Será mejor que se vaya de aquí y no regrese...-le amenazó.

El sacerdote, se puso de pie, y dándoles una última mirada, salió de ahí.

Tenía que encargarse de que nadie creyera en lo que decía esa chica o de lo contrario, el verdadero líder, acabaría con él.


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Nott, se apoyó pesadamente en un árbol y notó que la primera luz de la mañana, había aparecido.

Hoy, no era una día cualquiera. Hoy, Malfoy, al fin cumplía los ansiados dieciocho.

El castaño, sintió que la sangre le hervía. Deseaba ir tras él, y acabar con su vida, acabar con todo lo que más le importaba, pero Nott sabía que sus impulsos sólo lo llevarían a su propia ruina. En esos momentos, aquel maldito traidor, tenía mucha más ventaja que todos ellos. La influencia que la luna había ejercido sobre el día de su nacimiento, habían convertido a Draco, en un lobo mucho más poderoso que él.

Maldito idiota, yo soy el alfa, pensó sintiendo que quería clavar sus garras en alguien.

Miró sus heridas. Por mucho que lo odiara, tenía que esperar a sanar y recuperar las fuerzas que el rubio y Zabinni, le habían arrebatado.

Sabía que si esos dos, volvían a unirse, sería su fin. Y no podía permitir que eso pasara. Debía ser él, quien acabara con ellos primero.

¿Pero cómo lo haría?

Crabble y Goyle, no le servían de nada. Ambos aún tenían diecisiete, y así tuvieran la mayoría de edad, sabía que ese par de idiotas, continuarían siendo los mismos inútiles de siempre.

-Estúpidos…-escupió mirando el paisaje y pensando en que la suerte no estaba de su lado.

Hacía un año, jamás habría imaginado que se vería en esa humillante situación.

¿Y todo por una mujer?, pensó con rabia. Eso, era lo que más odiaba. No entendía, cómo el rubio había sido capaz de traicionar a los suyos, y olvidarse de todo, sólo por una chica.

Por una muchacha, a la que podía haber tomado y dejado.

Pero, no. El idiota, tenía que enamorarse de ella, y declararle la guerra a él, su líder; por muy hermosa que la castaña fuera, esa maldita perra, no valía la pena, y Theodore, lo sabía.

El amor, debilitaba a las personas, y como alfa de la manada, había aprendido a ser inmune ante algo tan patético como eso.

Draco, había tenido razón, cuando le dijo que nunca conocería aquel sentimiento. En su corazón, si es que tenía uno, no había espacio para nada de eso, y se alegraba de que así fuera. Tal vez, eso le había permitido cometer cualquier clase de atrocidades, sin tener remordimientos.

-¡Romilda! ¡Espérame!-escuchó que gritó una chica a la lejanía.

Aún, recordaba su último episodio con la rubia, aquella muchacha estúpida, que se había atrevido a rechazarlo.

¿Pensaba que todo se quedaría así?

No, claro, que no. Nott, se encargaría de hacerle pagar su error, pero la dejaría para después, ahora, tenía otras cosas en que pensar.


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Hermione, se alejó del borde de la ventana, al escuchar que Draco volvía a hacerle aquella insistente pregunta.

-...¿Estás segura?-inquirió él por tercera vez.-No quiero que te veas forzada a aceptar, sólo porque yo te lo pido...

Al día siguiente, de llegar a casa de Sirius, el rubio, le había hecho una singular propuesta.

Casarse.

Aún estaba sorprendida por ello. No lo había esperado tan pronto, pero entendía que era algo necesario, y tal vez, no tendrían la oportunidad de hacerlo otra vez.

Cualquier cosa podía suceder y era mejor que unieran sus vidas, mientras aún podían.

-Draco, te he dicho que sí.-le dijo Hermione sonriendo.- ¿Acaso te estás arrepintiendo?-bromeó.

Él, le sonrió de vuelta.

-Nunca... Sólo quiero que no tengas dudas...

-Jamás dudaría sobre eso.-le dijo acariciando su mejilla.

Se separaron brevemente, cuando Sirius ingresó al salón.

-¿Ambos, en verdad desean hacerlo?-les preguntó tan pronto como pudo.

Los dos asintieron.

-Saben que esto no es algo reversible.-les aconsejó.-Un matrimonio, es para toda la vida...

-Lo sabemos, Sirius.-respondió Draco.

El hombre, les miró con comprensión. Había hecho una gran excepción, sólo por tratarse de su sobrino.

-Bien, en ese caso... Creo que sólo nos harían falta un par de testigos, pero en vista, de que no tenemos a nadie, Myrtle tomará su lugar.

La joven sirvienta, se acercó con timidez y se colocó detrás de ellos.

Luego de eso, no necesitaron nada más, y con una biblia en mano, Sirius, comenzó a decir las oraciones correspondientes.

Hermione, observó a Draco y esbozó una pequeña sonrisa. Era un momento feliz, pero no entendía porque la invadía cierta nostalgia.

Sabía que algo le hacía falta, y aquello, era su familia.

¿La perdonarían? En verdad, esperaba que lo hicieran. Tenía la esperanza de volverlos a ver, cuando todo esto terminara.

En especial, a Harry. Lo extrañaba tanto.

Sin embargo, sentía que a pesar de las duras circunstancias, había tenido suerte al casarse por amor, y no por obligación, que era lo más común por aquellas épocas.

Repentinamente, Draco, cogió su mano, y la hizo volver a la realidad cuando deslizó un anillo dorado en su mano izquierda.

Hermione, no sabía de donde lo había sacado, pero era bastante hermoso.

Ambos, unieron sus manos, y por medio de una significativa frase, Sirius, los declaró marido y mujer.

Con un beso sellaron la unión, y esperaron que fuera para siempre.

Hermione, sonrió y él, hizo lo mismo.

-Espero que sean muy felices…-les deseó Sirius.

Por ahora, ambos lo eran. Pero, eran conscientes de que el peligro les acechaba, y debían aprovechar aquellos pequeños momentos como si fueran los últimos.

-Gracias, Sirius…-murmuró Draco, en respuesta.

Todo parecía ir bien, pero la mirada de tristeza en los ojos de su amada, hacía minutos atrás, no había pasado desapercibida por él.

Por un segundo, pensó que tal vez, ella no quería esto, o que algo estaba mal.

-¿Estás bien?-le preguntó, cuando al fin estuvieron a solas en su habitación.-Te vi algo, pensativa durante la ceremonia...

La castaña, no había esperado que él lo notara.

-No es nada.-respondió mientras encendía un par de velas.-Sólo, pensaba en lo afortunada que he sido al casarme por amor.

Él, sabía que no estaba siendo del todo sincera.

-No eres la única afortunada…-dijo acercándose, y con una mano, alzó su rostro.-Dime… ¿Qué ocurre?

Ella, negó de inmediato.

-No es nada.-respondió tratando de fingir, pero sabía que era imposible.-Sólo, me hubiera gustado que mi familia estuviera aquí... Eso es todo...

-Lo siento, Hermione...

-No es tu culpa...-dijo ella de inmediato.-Aún, sin la presencia de ellos, este día ha sido perfecto...

-Te prometo, que volverás a verlos...

-No tienes que hacerlo, Draco...-le respondió acariciando su mejilla.-...Me conformo con que tú estés a mi lado...

Ella, se inclinó para darle un rápido beso en los labios y se separó recordando algo importante.

-Hoy cumples dieciocho... -murmuró la castaña llevándose una mano a la boca.-Dios, no puedo creer que lo haya olvidado...

-Lo sé...-respondió divertido.-Había estado esperando que lo recordaras...

-Lo siento...-le dijo aferrándose a él.- ¿Podrás perdonarme?-inquirió esbozando una sonrisa.

Draco, la abrazó por la cintura y miró fijamente a esos hermosos ojos avellana.

-Sabes que es imposible enojarme contigo...-susurró cerca de su oído.

Hermione, sonrió, y sin darle tiempo de responder, él se adueñó de sus labios con vehemencia.

A Draco, le encantaba beber ese néctar de su boca, tan dulce y adictivo. No tardó en rodearla con sus brazos, y continuar con su placentera tarea. Había empezado lento, pero profundizó el beso, cuando sintió la agitada respiración de su novia bajo él.

Hermione, se aventuró a enredar una de sus manos en su sedosa cabellera. Sus lenguas, no parecían querer darse tregua, él seguía besándola con desenfreno, y eso producía un calor familiar en la castaña. Sabía lo que eso significaba.

El rubio, empezó a descender por su cuello, mientras lamía y marcaba aquella piel como suya. Su lobo interno clamaba por más, sentía que pronto perdería el control, más aún, cuando inconscientemente, comenzó a desatar los lazos del vestido de la chica. Quería tocarla directamente y deshacerse de todo, pero estaba yendo demasiado rápido, no quería asustarla.

Volvió a besar sus labios, y sintió la humedad en su cavidad.

-Draco…-susurró ella, provocándole una terrible excitación.

Él, se acercó a su oído y lamió el lóbulo de su oreja.

Un suave gemido, escapó de los labios de Hermione. Ella, jaló de los cordones de su camisa y él le ayudó a quitárselo. Tan pronto como lo hicieron, el abdomen de Draco, quedó al descubierto, apreciándose las cicatrices que Nott le había dejado en su último enfrentamiento.

-Hermione…-murmuró él, alzando el hermoso rostro de la chica.- Te necesito, preciosa... Sólo quiero saber si tú estás segura de querer continuar...-preguntó sabiendo que no podría detenerse después de eso. Ella era su adicción.

Tras unos segundos de silencio, ella, sonrió y acortó la distancia que les separaba.

-Yo también te necesito, Draco...-susurró lentamente en su oído, mientras se deshacía de su vestido.

Él, desató las cintas de su corsé y la castaña quedó únicamente en un delgado camisón, del que fácilmente se deshicieron. La cargó sutilmente entre sus brazos y la llevó hasta la cama.

Ella era hermosa, y en esos momentos, Draco la deseaba más que nunca. Empezó a tocarla suavemente, recorriendo y explorando cada parte de su piel, sin querer perderse absolutamente nada. Subió las manos hasta llegar a sus senos, la sintió estremecerse, y los acarició con delicadeza, pero aumentó la presión, cuando sintió que su erección iba creciendo.

Dejó la boca de Hermione, y bajó por su clavícula, deslizando su lengua lentamente hacia su pecho. Ella, estaba algo avergonzada, pero se olvidó de eso, cuando sintió que un escalofrío de placer se expandía por todo su cuerpo. Arqueó la espalda y soltó un gemido, al sentir que su novio, saboreaba uno de sus pechos con fervor.

Draco lamió y succionó, enviando descargas de placer a su interior. Era algo que ella nunca antes había experimentado, y sentía que pronto tocaría el cielo.

-¿Me amas?-preguntó él con la voz algo ronca e impregnada de pasión.

Hermione, acarició su rostro.

¿Cómo podía preguntarle eso? Por supuesto que lo amaba. Lo amaba, como jamás creyó que podría hacerlo.

-Sabes que sí…-murmuró mordiendo su labio inferior.

-Dímelo, Hermione…-suplicó besando su cuello.

-Te amo, Draco…-exclamó mientras el rubio la tomaba por las caderas.-Te amo como nunca he amado a alguien...

-Lo sé...-susurró esbozando una sonrisa.-Yo también te amo... Prométeme, que me dirás si te estoy lastimando...

-Lo prometo...-susurró ella, mientras él se apoderaba una vez más de su boca.

Haciendo caso a sus deseos, Draco se adentró en ella, y un gemido salió de sus labios. Sentía la humedad y la perfecta estrechez del interior de su novia.

Ella, entreabrió los labios al sentir una punzada de dolor en su centro. Se aferró a él y cerró los ojos, confiando en que pronto pasaría. Draco, la aprisionó aún más contra su cuerpo, moviéndose lento, y permitiendo que Hermione se adaptara a él.

Continuó, y en pocos segundos, pasó a ser una mezcla de placer y dolor, que ella comenzaba a disfrutar.

-Oh, Dr-Draco...-le dijo aferrándose a su espalda.

El lobo, se sentía placenteramente culpable e intentaba controlar sus sentidos para no perderse ante tal maravilla.

-Eres mía, Hermione...-jadeó mientras la besaba con desesperación.-Completamente, mía...

Ella era suya, le pertenecía. Nadie ni nada, la apartaría de él. La protegería y daría su vida de ser necesario. De ahora en adelante, estarían unidos para siempre.

Sus movimientos se hicieron más rápidos y ella gimió en respuesta bajo él. Hermione, jamás había pensado que ese sería el mejor de los placeres, y lamentó que no lo hubieran hecho antes. Cada embestida era aún más placentera que la anterior, estaba entregada a Draco y como él se lo había dicho, ella en verdad, era completamente suya, le pertenecía a él, sólo a él.

El rubio, rodeó su delicada cintura, sintiendo que pronto llegaría a esa desesperada explosión.

Sus agitadas respiraciones se combinaron como una sola, sus miradas se encontraron por un breve momento y pensaron que nada podía ser más perfecto que eso.

Hermione se sujetó a su cuello, y nuevamente susurró su nombre en un suspiro. Aquello fue como un regalo para él, escuchar su nombre en sus labios, era más de lo que Draco podía desear, y con una última estocada, se vino en su interior.

Ella, enterró las uñas en su espalda disfrutando de aquel clímax, y embriagándose de algo que nunca antes había sentido.

-Te amo tanto, Hermione...-le dijo besando sus labios.

-Prométeme que nunca me dejarás...-le pidió ella, mientras él caía a su lado.

-Nunca...-respondió sintiendo que los latidos de su corazón iban descendiendo.-Nunca lo haré... Ya te lo he prometido.

Ella, asintió. Lo amaba tanto, que la sola idea de vivir sin él, le resultaba imposible. Temía perderlo.

-Entonces, no vayas tras él...-le pidió.-No lo hagas...

Draco, se quedó en silencio. ¿Se refería a Nott?

-Hermione...

-No quiero perderte...-le dijo acariciando su rostro. Hasta ese momento, ella no había contemplado esa posibilidad. Sonaba egoísta, pero sabía que cualquier cosa podía suceder, y temía que le arrebataran al amor de su vida.

-No me perderás… Soy más fuerte que él, ahora… No pienses en eso…-susurró besando su frente, y después, rodeó su cintura.- ¿Te he lastimado?

-Por supuesto, que no…

-¿En serio?-insistió acariciando su labio inferior con su pulgar.

-Estoy perfectamente bien…-respondió esbozando una sonrisa que hizo que él se derritiera por dentro.-Jamás podrías lastimarme…

-Bien, me alegra oír eso... Porque, desde ahora en adelante, tú siempre serás mía...

-Creí que ya lo era...-susurró con falsa inocencia.

Draco, la observó fijamente y sintió como si un nuevo vínculo les uniera.

No sabía cómo explicarlo, ni tampoco quería saberlo, sólo sabía que algo diferente había sucedido.

Tomó su rostro y la besó con la misma intensidad de antes. Nunca sería suficiente, siempre le haría falta.

Hermione sintió que algo quemaba en su muñeca, pero no le tomó importancia, no podía hacerlo, no cuando Draco había empezado a saborear sus labios otra vez.

En esos momentos, ambos tenían otras prioridades.


Fin del capítulo. Espero que les haya gustado jejeje, no se que tal les pareció el lime.

Pues, si no es mucho pedir, pásense por mi nueva historia dramione: "Cruel Amor" La pueden encontrar en mi perfil ;)

Rosalie!