Feels like home - Edwina Hayes (la recomiendo para el capítulo)
Gracias y espero que les guste ñ.ñ
-Quinn...- escucho un susurro sobre su oído que la hizo despertar sobresaltada.
Miro hacia su mesita del costado donde se encontraba su reloj de noche, apenas daban las 2:45 de la madrugada. Volvió a recostar su cabeza sobre la almohada tratando de calmar su respiración, tal vez había soñado algo feo y por eso su exaltación, lo raro de todo es que no lograba recordar nada.
Trato de volver a conciliar el sueño pero no pudo, así que opto por levantarse por un vaso de leche, sonrió para sus adentros recordando como de pequeña solía tener la misma costumbre. Volvió a su habitación y se metió nuevamente bajo las cobijas, y sin poder evitarlo pensó en ella, en su chica, en su Rachel ¿en quién más si no?
Habían pasado dos días desde que hablaron, dos días en los que la rubia se replanteo lo que tenía que hacer, y lo hizo, decidió que iba a luchar por ella y que no se iba dar por vencida tan fácilmente.
Dirigió su mirada hacia el frente de su habitación y volvió a encontrarse con esa foto familiar que a pesar de todo no había tenido el valor de quitar. Su madre y su padre abrazados, y Sam y ella con una sonrisa que solo dos niños con alma inocente pueden llegar a regalar.
La estudio despacio, como si fuera la primera vez que la observara y se puso a imaginar, se imaginó a Rachel y ella abrazadas, mientras tal vez uno o dos pequeños posaban sonrientes en sus brazos. Suspiro con nostalgia, deseando que ese fuera su futuro y no un deseo nada más.
Tomo aire nuevamente y cerró los ojos tratando de encontrar el sueño que se le había perdido, y que tal vez hubiera encontrado, si no es por el sonido del teléfono termino rompiendo el silencio que inundaba el lugar.
El solo escucharlo le hizo que su cuerpo se estremeciera, como no hacerlo si una llamada a esas horas nunca presagiaba algo bueno.
Se movió como si estuviera en cámara lenta y como si fueran flashes, le vinieron a la mente dos llamadas que nadie desea recibir en su vida; en una le avisaban que su hermano había muerto, y en la otra que su padre había sufrido un infarto.
Sintió un escalofrió nada más al recordar eso, y armándose de valor se dispuso a contestar la llamada, con un temblor en su voz que no pudo siquiera controlar.
Monosílabos como ¿Quién habla? ¿Qué paso? ¿Dónde está? Y terminando con un "voy para allá", fueron las únicas palabras que logro articular. Sintió un temblor en todo su cuerpo y la Quinn en modo automático comenzó a ocupar su lugar.
Se cambió, tomo las llaves de su coche y sin saber porque, termino mandándole un mensaje a Santana explicándole lo sucedido.
Llego al hospital como si estuviera metida en un trance, no quería pensar, no podía pensar. Camino hacia la entrada y una recepcionista tal vez impresionada al ver su estado le pregunto que necesitaba.
-El.- carraspeo.- El doctor Roberts
-¿Es usted Quinn Fabray?- pregunto y la rubia se limitó a asentir con la cabeza
-La está esperando, segundo piso tercer despacho a la derecha.- índico la mujer apenada.
Quinn camino despacio, como si tuviera todo el tiempo del mundo, o tal vez solo era que no quería enfrentarse a la realidad.
Llego al lugar dicho, y con pequeños golpes en la puerta, de esos que dan los niños cuando acaban de cometer una travesura, se hizo dar a notar.
-Hola Quinn.- exclamo un hombre ya cercano a los sesenta años, mientras abría los brazos y la recibía entre ellos.- Hace tanto que no te veía pequeña.- expresaba el hombre con dulzura, aquel hombre que ella había considerado como el único y verdadero amigo de la familia
-Desde lo de papa.- logro exclamar apenas en un susurro, mientras trataba de asimilar que aquello realmente estaba sucediendo.
-Lo se.- sonrió con tristeza mientras le dejaba un beso sobre la frente y la invitaba a sentarse junto a él en uno de los sillones
-No entiendo que está pasando.- exclamaba con un nudo en su garganta, sintiendo como las lágrimas empezaban a acumularse en sus ojos
-Vino hace como un año porque no se encontraba muy bien.- explicaba el medico mientras la tomaba de la mano para darle fuerza.- Después de hacer varias pruebas lo encontramos; era cáncer ovárico, realizamos varias pruebas más y nos dimos cuenta que ya estaba diseminado por varias partes de su cuerpo.- tomo aire con pesadez.- Lo malo de esta enfermedad, como de muchas otras, es que es silenciosa y a veces es demasiado tarde cuando se encuentra el diagnostico
-Yo no… yo no sabía Robert.- susurro tratando de asimilar la información
-Lo sé, a pesar de que discutimos me hizo como médico prometer que no diría nada a nadie, principalmente a ti
-¿Por qué?
-Porque es Judy Fabray, y nunca permitiría que la vieran con pena o lastima
-¿Ella te conto lo que paso?
-Si Quinn estoy enterado de todo lo ocurrido, y aunque sé que estuvo mal, ¿quién es un viejo como yo para juzgarla por sus errores?
-¿Por qué ahora Robert? ¿Por qué me has llamado?- exclamo con la voz quebrada
-Porque cada vez está peor, porque hoy tuvo una de las crisis más fuerte que le ha dado.- espeto honesto.- Porque a pesar de haberme hecho prometer que no te diría nada, puedo ver el dolor en sus ojos cada vez que te menciona, así que no puedo dejar que se vaya sin que tu tomes la decisión de despedirte a o no de ella.- susurro limpiándole una lagrima que resbalaba de su mejilla
-No sé qué hacer.- susurro la rubia haciendo un puchero
-Te conozco desde que eras una bebe Quinn ¿Y sabes que es lo que más me sorprendió de ti?- pregunto pero la rubia ni siquiera podía contestar.- Eras la viva imagen de los dos, tenías un corazón noble y hermoso como Russel, pero también tenías la inteligencia y fuerza de tu madre
-Te estas equivocando Robert, yo no creo tener el corazón tan noble y hermoso como papa.-exclamaba reteniendo sus ganas de llorar
-Bueno tal vez tú no lo veas, pero yo ahora mismo veo enfrente de mí una mujer con un corazón de oro, una mujer que a pesar de haber estado peleada con su madre está aquí a las cuatro de la mañana preocupada por una enfermedad que ni siquiera tenía idea que existía.- espetaba mirándola con cariño, mientras la rubia cerraba los ojos respirando profundamente
-¿Crees que pueda verla?- pregunto con timidez, logrando hacer sonreír al médico.
-Justo como acabo de decir, el mismo corazón de Russel.- le susurro.
Caminaron por los pasillos del hospital mientras se dirigían a su destino. El silencio era tan abrumador que bien podía confundirse con un monto de ruido.
Robert en el camino le explico que por la medicación era probable que Judy estuviera despierta pero bastante débil, por lo que tal vez su aspecto podría ser algo alarmante.
Quinn iba escuchándolo, pero aun no lograba comprender como todo esto estaba ocurriendo. Sentía que iba caminando sobre una nube y que está en cualquier momento iba a desvanecerse haciéndola caer.
-Es aquí.- exclamo el medico sacándola de sus cavilaciones, mientras le dejaba un ligero apretón sobre el hombro.- Cualquier cosa por aquí voy a estar.- susurro y la rubia solo pudo atinar a asentir con la cabeza.
Tomo aire y llenándose de valor por segunda vez en la noche, abrió la puerta que sentía iba a destapar algunos de sus más profundos miedos.
No se equivocó, fue entrar a la habitación y sentir que sus piernas flaquearon para entender que aquello realmente estaba ocurriendo. Ahí estaba Judy, su madre, la primera mujer que la hizo llorar en su vida, mirándola completamente sorprendida.
-Quinn.- susurro la mujer evidentemente conmovida, mientras hacia un notable esfuerzo por tratar de reincorporarse desde su cama, tal vez solo para comprobar que no era una ilusión provocada por los fármacos.
La rubia se quedó petrificada mirándola, de pronto su madre se veía tan vieja, tan frágil, tan cansada. Quiso correr hacia ella y abrazarla pero no pudo, sus pies parecían haberse anclado al suelo.
-Hija…- susurro la mujer
-¡Tú tienes la culpa!- exclamo la rubia con una rabia que ni siquiera sabía que tenía contenida.- Si tan solo hubieras sido diferente, si me hubieras amado como cualquier madre ama a su hija, pero no, siempre tuviste que ser una mujer de hierro Judy, no tenías que ser tan dura conmigo, no tendrías que haberme mentido como lo hiciste, me hiciste mucho daño…- exclamaba desesperada, mientras comenzaba a caminar por la habitación como un león enjaulado.- Esto no tendría que suceder así, tu no tendrías por qué haber pasado por esto sola, yo hubiera estado siempre a tu lado, hubiéramos buscado alternativas juntas.- apretaba sus puños con fuerza.- ¿Por qué me sigues haciendo esto Judy? Todo hubiera sido tan diferente…
-No tengas miedo Quinny.- susurraba la mujer haciéndola detener en su caminar.- Ahora que estas aquí, yo ya no lo tengo
-No… no se de lo que hablas.- murmuraba la rubia con un nudo en su garganta, mientras la miraba directamente a los ojos
-Yo creo que si.- susurraba la mujer con dulzura.- A pesar de todo te sigo conociendo más de lo que crees, así que te lo digo nuevamente, no tengas miedo porque yo voy a estar bien
-Yo…- exclamaba sintiendo como las lágrimas se escapaban de sus ojos
-No mi niña, la que lamenta todo lo que paso soy yo, y cada día que ha pasado no he dejado de recriminármelo.- espetaba la mujer dejando salir unas lágrimas también.- Perdóname mi Quinny
-¡O mama!- exclamaba la rubia en un llanto ahogado, un llanto que la llevaba a acortar el espacio que las separaba para finalmente abrazarla con la fuerza y necesidad que sintió desde el primer momento que la vio.
Era su madre, nunca había dejado de serlo, y pesar de todo la quería, porque si, así es el amor, es irracional, no tiene lógica, pero al fin y al cabo es lo que termina dándole más sentido a la vida.
-Te amo tanto hija.- espetaba la mujer acunándola como podía entre sus brazos.- Lamento tanto no haber sido la madre que querías, y lamento aún más el haberme dado cuenta tan tarde de todos mis errores…
-Te perdono.- la interrumpía la rubia besándole sus manos.-Te perdono de corazón
-Quinny…
- Ya no me importa nada de lo que paso mama, lo único que quiero es que volvamos a empezar de nuevo.- espetaba entre sollozos
-Yo también lo desearía mi niña, pero muy estoy cansada… ya llego el momento de por fin reunirme con tu papa.- espetaba mientras la rubia cerraba los ojos con fuerza dejando escapar otro torrente de lágrimas
-No por favor.- la miraba suplicante.- No te puedo perder ahora que te tengo de nuevo…
-No me volverás a perder mi niña, no se pierde a quien no se olvida.- susurraba besándole sus mejillas
-¿Mama?
-¿Si?
-Yo también te amo.- exclamaba acostándose sobre sus piernas mientras la mujer solo atinaba a sonreír con nostalgia, mientras dejaba tiernas caricias sobre la cabeza de su hija.
Pasaron un buen rato de esa forma, simplemente disfrutando un momento que la vida ya les debía desde hace mucho tiempo.
-Siempre estuve orgullosa de ti.- espeto la mujer provocando que la rubia levantara su cabeza para mirarla a los ojos.- Siempre seguiste tus ideales a pesar de lo que los demás llegáramos a pensar y eso me enorgullecía, siempre haciéndole más caso a tu corazón que a tu cabeza
-Eso no es del todo bueno.- espetaba la rubia con una sonrisa triste
-Estas aquí conmigo, así que si Quinn, para mí si es algo bueno.- le acariciaba la mejilla con cariño.- Te dije que no tenía miedo Quinny, pero lo cierto es que si hay algo que me da miedo.- le temblaba la voz al hablar.- Me da miedo pensar que por lo que cause, tu nunca vas a ser feliz.- no podía evitar que se le salieran algunas lágrimas de sus ojos
-Mama…
-Sé que cometí un error muy grave con Rachel.- la mencionaba sorprendiendo a la rubia.- Pero Quinny aunque me arrepiento, yo ya no puedo hacer nada por ello, en cambio tu hija, tú no tienes por qué pagar mis errores, si esa chica es tu felicidad ve por ella sin mirar atrás
-La amo tanto.- susurraba
-Lo sé, puedo verlo en tus ojos, así que prométeme que nos vas a dejar ir tu felicidad tan fácil
-Te prometo que por mi parte la lucha no va a quedar.- le sostenía la mano mientras la mujer sin poder evitarlo hacia una mueca de dolor.- ¡Mama!- exclamaba la rubia haciendo el ademan de alejarse de la cama para pedir ayuda
-Son muchas emociones para una madrugada.- trataba de sonreír sin mucho éxito
-¿Quieres que llame al médico?
-No Quinn, quédate aquí a mi lado por favor.- la miraba suplicante, mientras la rubia terminaba accediendo y acercaba una silla para sentarse a su lado.- Háblame Quinny, háblame para a ver si así consigo por fin encontrar el sueño que se me ha perdido durante tanto tiempo…
-Dos hijos.- exclamaba la rubia tomando la mano de su madre.- Quiero tener dos hijos con Rachel.- hacia sonreír a la mujer.- Quiero llevarlos a vacacionar a aquella casa en la playa donde tú y papa nos llevaban, quiero que vayamos todos, quiero ver su cara cuando vean por primera vez el mar, quiero escucharlos llamar mama a Rachel y ver como ella de seguro llora de emoción, quiero…
Continuaba hablando y platicándole a su madre todos esos planes que había formulado en su cabeza, y que de alguna forma estaba segura pelearía hasta conseguirlos.
-… quiero escucharla cantar todo los días en la ducha, porque debes de saber que Rachel tiene la voz más hermosa del mundo, es más, cuando la escuches vas a quedar impresio… ¿mama?- preguntaba la rubia sintiendo como poco a poco la mano de su madre iba soltando la suya.- ¿Mama?- volvía a cuestionar con las lágrimas asomándose por sus ojos, mientras se perdía en esa cara que ahora parecía estar tan tranquila.- Mama aun no te puedes dormir.- le hablaba con un nudo formado en su garganta.- Aun no te cuento la mejor parte...- susurraba con las lágrimas ya cayendo por su rostro, mientras con todo el dolor de su corazón entendía que por fin su madre había encontrado ese sueño perdido que ya no la iba a traer nunca de vuelta.- Mama no me sueltes por favor.- le suplicaballorando, mientras se aferraba a su mano con fuerza, una mano que ya la había soltado, y que sin darse cuenta ya había sido suplido por otra, porque si, así sin siquiera haber notado su presencia, Rachel, su Rachel, su único amor, ya estaba a su lado sosteniéndole su otra mano, haciéndole saber con este simple gesto que ella nunca la iba a dejar ir.
