Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?
Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.
Voluntad sobre Hielo
29
El hielo debajo de Elsa estaba frío, como de costumbre, ya sus manos estaban entumecidas y ella podía asegurar que podía quemarse con el hielo y no sentirlo. Por otro lado, Jennifer no paraba de morder un lápiz mientras miraba unas anotaciones. La rubia se puso en pie después de la caída.
– Eso es asqueroso y poco higiénico, déjalo –
– No puedo, tengo que terminar esta tonta solicitud – Dijo la mujer escribiendo algo – ¿Quieres ir a tomar un helado?
– ¿Un helado? – Elsa patino con las manos en la cintura hasta el borde – ¿Calorías? Eso es… ¿Dónde está la trampa?
– No hay trampa – No la miró – Quiero algo helado y un helado me parece lo mejor, ¿quieres o no? Habla ahora que me puedo arrepentir de invitarte
– ¿Sabes una cosa? No todos tienen una dieta tan estricta, por ejemplo Katrina –
– Katrina puede tener lo que quiera, no es mi patinadora – Dijo Jennifer – Tú lo eres y me importas, no ella
– Uh, pero pensaba en ir a comer con Anna. Iremos a comer a una pizzería – Elsa dijo tranquilamente, retrocedió aún con las manos en las caderas, tranquila. Se dio la vuelta girando dos veces y se detuvo nuevamente.
– Eso sí que no, no comerás aceite – Jennifer demando apenas apuntándole con el lápiz.
– Venga, dejame comer tranquila. Prometo que haré todo por ganar después – Elsa hizo un puchero inusual – Quiero ir con Anna, ¿tiene algo de malo?
– No, claro que no. Digo, los chicos de ahora pasan las veinticuatro horas junto a sus novios o novias, besándose, tocándose, comiendo juntos, acostados. No digo que no tengas derecho a aun poco de diversión con Anna, pero preferiría que no fuera durante la competencia. Sabes muy bien lo mucho que nos costó llegar aquí. Muchas peleas. Sacrificios. Ayer mismo estuviste a punto de quedar fuera. No quiero que te distraigas – Jennifer volvió a la solicitud.
– ¿Cuándo dejarás de presionarme? ¿Sabes qué parezco? Una de esas pobres chicas esqueléticas que vomitan lo que comen porque no quieren engordar, solo que en mi caso no me dejas comer los placeres de la vida – Elsa dijo mirando el suelo mientras se deslizaba.
– Placeres de la vida tendrás cuando te acuestes con Anna algún día, ya sabes como es de todos modos y por suerte para mí no me darás un ataque al corazón creyendo que estás embarazada –
– En primera, yo jamás dije que estaba embarazada, tú te hiciste una película sola, yo dije que tenía un retraso y no me sorprendía, había estado mucho en el hielo y tanto estres que me das solo me dio un desorden hormonal – Elsa rodó los ojos.
– Bien, eso sucede cuando te acuestas con alguien. ¿Qué querías que pensara? Apenas había llegado a tu casa porque faltaste a un entrenamiento y no fue agradable lo que encontré – Jennifer sacudió la cabeza – La sola imagen en mi cabeza hace que quiera vomitar
– No viste nada. ¿Podemos no hablar sobre eso? Me pone incomoda – Elsa se cruzó de brazos – Entonces iré con Anna esta noche, de hecho en una hora, y no molestes, ¿sí?
– Wow, debe ser la primera vez que te encuentro medio gritándome por alguien. Escucha, Elsa, yo solo quiero que te cuides. No es que no confié en Anna, me molesta un poco que pase tanto tiempo contigo y no te concentres. Pero supongo que puedes ir siempre y cuando vuelvas temprano. Ya te dije que te quiero concentrada a full para mañana –
Elsa asintió con una sonrisa – Sabes que te quiero Jennifer, pero eres molesta un par de veces. Gracias – Sonrió con una extraña sonrisa tierna con las mejillas sonrojadas y había agradecido en un tono tan suave y delicado. Jennifer miro a la chica divertida mientras ésta se alejaba rápidamente emocionada. Sonrió ligeramente y maldijo en voz baja al mirar la hoja nuevamente.
Cuando Elsa llegó a la pizzaria se encontró con Anna ya sentada en algún lado. Elsa sonrió con cariño y ansias. Camino hacia ella rodeando sus hombros. Anna dio un salto nerviosa y luego la besó en la mejilla riendo en su oído. Elsa rió poco después.
– Ya casi pensaba que no vendrías – Ella apoyó los codos en la mesa mirando a su novia – Casi pensé que me quedaría plantada
– Yo no podría dejarte plantada – Elsa rió – Menos hoy, fue tu idea salir solo las dos
– Sí, pero estabas con Jennifer. Creí que ella no quería que estuvieras en locales así – Anna suspiro.
– Supongo que le di pena – Elsa se encogió despreocupada – ¿Ya has pedido?
– Uhm, sí – Anna sonrió – Por las dos. Espero que te guste el peperoni
Elsa parpadeó y Anna la miro sorprendida.
– ¡No me digas que nunca lo has probado! – Parecía más que sorprendida.
Elsa hizo una mueca con el rostro y ladeo la cabeza para gesticular – Llevo diez años sin comer muchas cosas así. No es que no lo haya probado, lo habré hecho pero hace mucho, la última vez que comí una pizza fue cuando Ariel gano una competencia hace uno o dos años. Jennifer no me dejaba
Anna abrió los ojos. En un movimiento inesperado tomo sus silla y la arrastro la silla hasta quedar literalmente al lado de Elsa, su rostro se acerco al de la rubia que se puso algo nerviosa con la cercanía, sobre todo por la mirada intensa de la pelirroja. Anna la miró fijo hasta que finalmente habló.
– Te estás sonrojando –
– B-bueno, estás demasiado cerca –
– Sí pero ya hemos estado demasiado cerca la una de la otra, lo sabes bien – Se acerco más si fuera posible, pero aun manteniendo apenas unos centímetros de separación.
– Ann… –
La pelirroja sonrió divertida. Por unos instantes se perdió en el bello color azul mar de los ojos de Elsa y luego puso atención en sus pecas. Eran tan hermosas y rara vez se veían a no ser que se estuviera en una distancia corta. Recordaba muchas veces haberse perdido contando cada una de esas pecas, no era difícil no perder la cuenta, pues no tiene tantas como ella, pero era entretenido terminar y luego comenzar de nuevo.
– Sabes que me gustan tus pecas – Murmuró sin dejar de mirar a Elsa. Bajo la vista a sus labios. Esos labios que en ese momento parecían medios abiertos, esperando ser besados por ella. Esperando dejar escapar miles de gemidos placenteros ante el contacto con Anna. Esperando salir de la tortura y ser besada.
"Mierda. Cada vez es más hermosa, ¿cómo es posible?"
– Elsa… – Anna murmuró. Quería besarla en ese momento. Ya no le importaba nada, y cuando movió la cabeza para hacerlo.
– Ejem, disculpen señoritas, pero he traído la orden que han pedido – Un camarero se encontraba allí.
Anna se separó de mala gana, podía notar el rubor en el rostro de Elsa desviando la mirada y Anna lo sabía, esperaba no ser reconocida por nadie. Sonrió ligeramente la pelirroja, si bien se sentía algo triste de que su relación no fuera tan abierta como quería estaba bien porque al menos podía tener un par de besos donde sea que estuviera, abrazados e incluso coqueteos.
Sonrió con timidez tomando un trozo, cuando Elsa la miro sonrió tranquila y se lo extendió.
– Anda, prueba – Anna dijo.
– Anna, yo sé lo que es peperoni – Rió Elsa.
– Yo no lo creo, es decir, seguro que lo conoces por aspecto físico, pero creo que te gustaría esto. A Kristoff le fascina, bueno a Rapunzel también y Kristoff es raro, come anchoas con su pizza, no vayas a comer nunca con él – Anna sacudió la cabeza – Mérida siempre come cosas dulces, ¿sabes que pide pizza con piña? El sabor es extraño, es decir, no es que lo haya probado antes porque no así que no sé a qué sabe, pero de todos modos se me hace extraño porque la masa de pizza es salada y la piña dulce, muy dulce
– Anna, deja de hablar – Elsa rió tomando el trozo de pizza. La pelirroja sonrió.
– Te gusta cuando divago –
– Claro que me gusta, me divierte, pero creo que a veces hablas demasiado – Rió Elsa.
– Bien – Anna rió.
– Después de esto iremos a otro lugar, le dices a tus padres que te quedas conmigo, ¿sí? – Le guiñó el ojo.
Anna miro a la rubia sorprendida y luego asintió lentamente – Espera, ¿qué? ¿Dónde iremos?
– Es una sorpresa – La patinadora sonrió juguetonamente. La chica miro a Elsa con excitación, de pronto se sintió emocionada y con muchas ganas de salir pronto para ver esa gran sorpresa que Elsa le tenía escondida.
Y luego fue el maravilloso sonido de un gemido de Elsa tras comer un trozo de pizza. Sonrió con diversión ante la mirada atenta de Anna.
– Sigues pensando a donde te llevare, ¿verdad? –
– Sí – Admitió – Pero… ¡Por qué no vamos ahora!
Elsa rió sacudiendo la cabeza. La cena termino rápido porque prácticamente Anna tragó la comida, al pagar rápidamente arrastro a Elsa hacia afuera mientras la chica solo reía por la actitud de su novia. Anna hablaba un montón de cosas intentando adivinar a dónde iban hasta que finalmente se quedo de pie. Elsa la miró confundida.
Metió las manos en su chaqueta azul marino observando a la pelirroja.
– ¿Anna? –
– Quiero saber dónde vamos – Murmuró – Ya me has mostrado todo Oslo
– Anna no es verdad –
– Bueno, pero ya vimos los fiordos, el torre esa que está rodeada de desnudos y qué más, ah sí, tu lugar favorito: el lago arcoiris. Vimos las auroras boreales también – Anna sonrió enumerando con los dedos de sus manos – ¿Dónde vas a llegarme? ¡Ya sé, iremos al arco del triunfo!
– Creo que ahora debo enseñarte historia. El arco del triunfo no se encuentra en Oslo – Rió Elsa. Anna se acerco a la rubia rápidamente entrelazando su brazo con el de ella que ya se encontraba con la mano en su bolsillo y el brazo en jarra.
– ¿Ah no? –
– No, y por cierto, esa torre y los desnudos se llaman Esculturas de Vigeland. La torres es un monolito – Elsa rió – Prepárate linda que iremos a Aker Brygger
– ¿Aker Brygger? – Anna la miro con decepción – Elsa, no soy experta en los nombres noruegos, pero siento que ya fuimos a verlo
– Claro que fuimos – La rubia dijo sonriendo – El punto es que jamás lo has visto de noche
La pelirroja levanto la ceja mientras la chica reía. Caminaron un poco hasta llegar a la avenida principal de donde se encontraban, Elsa le hizo seña a un taxi y se dirigieron a su destino.
Durante el trayecto se había hecho un silencio largo y por mucho que Anna quería pasarse el tiempo coqueteando con Elsa o descubriendo a donde quería llevarla realmente no quería arriesgarse a que el conductor les quedará mirando, les tomará una foto y la publicara o algo peor. Ya bastante tenía con la sonrisa de oreja a oreja como si fuera el hombre más afortunado que tenía el conductor. Claro que podía ser afortunado, Elsa Winter acababa de subirse a su taxi junto con su novia siendo que ella podía conducir.
Al bajarse de éste, Elsa entregó el dinero sin embargo el conductor insistió en que no era necesario. Anna solo podía mirar con una mueca entre incrédula no sorprendida sino extrañada y algo que no podía describir con claridad. Era la clase de sensación que tenías cuando algo extraño sucedía, te quedas mirando con la boca abierta temblorosa y una ceja levantada con la mirada casi caída. Anna lo describiría como la típica mirada estilo monito japonés de incredulidad ante una situación realmente tonta que está sucediendo enfrente de ti.
– ¿Nos vamos? –
Salió de su mente por un segundo y asintió. Tomo de la mano a Elsa mientras ésta la dirigía por la ciudad. Era cierto, de día y de noche eran completamente diferente. Las tiendas que Anna había visitado hace un mes atrás estaban cerradas y las que estaban cerradas anteriormente estaban abiertas: pub, bar, restaurantes, pizzerías, salones de juegos, tiendas de ropas. Todo se veía fantástico.
Mucha gente.
"Demasiada."
Elsa camino tranquilamente con Anna a su lado, la chica la guiaba hacia el puente. Anna había recordado que era bastante alto y tenía estatua abajo. Le gustó, pero no entendía porque iban allí. Quizá había algo cruzándolo, pero Elsa se detuvo a mitad del puente apoyándose de antebrazos en el barandal. Sonrió.
– Elsa, ¿qué…? – La pelirroja se quedo callada al mirar el agua.
Su expresión se volvió sorprendida cuando vio que los rayos plateados de la luna se reflejaban en el agua con un brillo hermoso y platinado. Brilloso. Los faroles desde lo alto se reflejaban también hermosamente con una delicada luz amarilla fuerte muy similar al sol.
– Está… hermoso – Anna dijo.
– ¿Verdad que sí? – Elsa dijo sonriendo – De día es bonito, pero de noche es hermoso. Te va a gustar todo
– Oslo es muy hermoso, hay tanto para ver y hacer – Anna sonrió mirando a la chica de soslayo – Hemos ido a la nieve, hemos patinado, ido a lagos congelados, me has mostrado museos, lagos hermosos, templos, iglesias, aburridos parlamentos
– Te han encantado – Elsa rió ligeramente.
– Bueno, sí porque eran bonitos, pero aburridos –
– Ay Anna – Suspiró Elsa con una sonrisa. La chica sonrió con cariño al mirar a la rubia. Anna se inclino hacia Elsa y la besó en los labios fugazmente.
Al separarse las dos chicas comenzaron a caminar. Anna se sentía genial al caminar al lado de Elsa. La nieve en las calles y bajo sus pies se hundía dejando la marca de sus zapatos. Unas gruesas marcas zigzagueantes mientras que las marcas de Elsa tenían su típico copo de nieve.
Al entrar en casa de Elsa todas las luces estaban completamente apagadas, eran las dos de la mañana y por lo que Elsa pudo ver sus padres no estaban en casa. La pelirroja paseo la mirada dejando su chaqueta encima del sofá.
– ¿Sabes? La próxima vez opino que tomemos algún vehículo con ruedas, así sea una pobre bicicleta, da igual – Anna se dejó caer en el sofá – Estoy tan cansada
Elsa rió ligeramente caminando por la casa.
– Fue divertido –
– Sí, nos lanzamos bolas de nieve, me tiraste a la nieve y nos besamos. El paseo me gusto, quien diría que Noruega es tan hermoso por las noches – Anna dijo sonriendo.
Elsa asintió tranquilamente, cuando volvió a acercarse a Anna traía consigo unas tazas de chocolate que al paladar de la pelirroja le hacían sentir tanto placer como fuera posible y colisionar contra el frío que tenía en la boca provocando también una explosión de quemadura.
– Dios, esto está delicioso – Anna dijo con una sonrisa placentera mientras sus mejillas se tornaban de un bello rojo.
– ¿Sí? – Elsa rió antes de probarlo un poco – También me gusta
La pelirroja se rió. Cuando miro a Elsa le propuso ver una película y parecía tan ansiosa que Elsa no pudo negarse sin importar cuán cansada estaba.
Acostada en la cama de Elsa, Anna miraba con entusiasmo la película mientras que la rubia peleaba para no dormirse, la pelirroja sonrió con dulzura acercándose a los labios de Elsa.
– No te duermas – Rió.
– No sé como puedes mantenerte despierta – Rió Elsa apenas.
– Puedo porque me encanta disfrutar el día – Le guiñó el ojo – Y sé como hacer que no te duermas
– ¿Cómo? –
Sin esperar una respuesta realmente, Anna la besó en los labios causando que Elsa sonriera contra ella. Los labios de Elsa estaban como siempre Anna los sentía, helados y suaves. Sintió que Elsa era despertada de a poco y el calor se le subía de pronto cuando la rubia tomaba el control completo de la situación, y no es como si a Anna le molestará de todos modos.
Con la pasión encendida, las manos de Anna recorrieron la espalda de Elsa mientras la chica se sostenía de sus manos a los costados de la pelirroja. Por un segundo Anna creyó haber estado atrapada en una nube contenida de pasión, sus dientes rasparon los labios de Elsa y en pocos segundos escucho a la rubia soltar un quejido. Trago saliva.
– Elsa… – Los labios de la rubia estaban en el cuello de Anna. La pelirroja gimió. Ya no pensaba. Ya no sentía nada más que a la rubia besándola. La quería. La quería en ese mismo instante. El calor subió por su cuello. El sudor en sus manos. Los labios de Elsa sobre ella. Saboreando cada centímetro de su piel.
Miro los ojos azules de su novia, tan preciosos que eran iguales a una piscina en la cual quisiera bañarse todo el día y toda la noche sin que nadie la echará. Elsa sonreía perdida en los ojos de Anna también. Sus labios se movieron y se escuchó tan lejano y aturdido que Anna no podía creer lo que estaba escuchando. Volvió a pedir que repitiera lo que dijo y cuando lo hizo nuevamente sucedió lo mismo. Elsa besó su nariz y luego sus labios. Anna seguía aturdida.
Te amo.
Dos palabras que jamás había escuchado antes decir a la belleza rubia. Le había tomado mucho tiempo a Elsa poder haber dicho un simple "te quiero" pero ahora se veía tan cómoda diciendo que la amaba, Anna podía sentir la intensidad de esas palabras, el amor en ellas y la pasión.
Sus manos se movieron por su cuenta levantando la camisa de la rubia. Ya no le importaba si en ese mismo instantes los padres o el perro de Elsa entraban porque solo interesaba esa hermosa reina que estaba besándola. Solo interesaba la belleza rubia. Su reina. Su novia. Su diosa.
Pesadamente escucho un sonido que la despertó de golpe, Elsa apagó el despertador antes de que su cabeza retumbará más. Después de eso se fijo en la hora. 4.40. Entendió a que se debía, pero no sentía que estuviera lista así que ignorando la hora y con mucho sueño volvió a dormirse. Junto a ella sonrió al ver a la pelirroja dormida aún. Una mano descansaba sobre el edredón a la altura de su estómago y la otra junto a su cabeza. Elsa sonrió divertida rodeando la cintura de la chica con sus brazos y luego cerró los ojos.
A las horas después los ojos de Anna comenzaron a abrirse lentamente. La pelirroja se estiro un poco sintiendo los brazos de la rubia rodeándole y una sonrisa se dibujo en su rostro. Se dio la vuelta con cuidado de no despertarle y le sonrió.
"Dios, es tan hermosa mientras duerme."
Con cansancio paseo la mirada por la habitación, sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando vio que el perfecto orden de Elsa estaba roto por la ropa tirada en el suelo y algunos objetos tirados también. Rió para sus adentros. Paseo la mirada al reloj en el buro. 15.18
– ¿Tan tarde es? – Bostezo. Volvió a recostarse junto a la rubia para acurrucarse junto a ella cuando recordó algo de pronto. Si la ropa estaba tirada aún en el suelo y Elsa seguía en la cama acostada, sobre todo desnuda junto a ella, eso significaba que había faltado a su entrenamiento matutino.
– Elsa – Anna le sacudió. La rubia gimió escondiendo su rostro en la almohada lo que le dio a entender a Anna que era de sueño ligero, pero no le gustaba ser despertada. Rió internamente – Cariño, despierta…
Volvió a gemir de mala gana murmurando algo entre dientes. Anna rió.
– Vamos, Elsa despierta –
– ¿Qué quieres? – Pregunto cansada la rubia mirando a la chica que estaba sentada con el edredón cubriéndole el cuerpo.
– No has ido a entrenar – Anna dijo. Elsa no pareció preocupada en lo más mínimo, tomo a la pelirroja de la cintura acostándola en la cama nuevamente, su brazo rodeaba su cintura y su mentón se apoyó en el hombro de Anna.
– Ya lo sé – Dijo con un murmullo – Déjalo, sí. Vuelve a dormir
– Elsa… – Anna sonrió divertida – Tienes que levantarte. Jennifer me culpará a mí
– No me importa – La rubia la estrechó más contra su cuerpo.
La pelirroja sonrió divertida ante aquello, besó a Elsa en la frente y le sonrió tranquilamente. Murmuró algo contra su oído y luego besó su cuello suavemente. La escuchó suspirar con placer para luego solo acurrucarse contra ella.
"Quién iba a decir que Elsa podía actuar de tal forma." Sonrió Anna.
– Duérmete Anna – Murmuró la rubia cansada.
Anna sonrió divertida. Asintió tranquila, murmurando en su oído que Elsa pudiera dormir tranquilamente. Cerró los ojos. Pudo haber dormido mucho o poco tiempo, no lo sabía porque apenas cerró los ojos los abrió cuando un grito la despertó.
Vio a Elsa sentada en el borde de la cama recogiendo su ropa rápidamente. Levanto la cabeza de su almohada confundida, todavía medio dormida. El reloj marcaba una hora después de que ella despertara a las tres. Elsa termino recoger su ropa y luego se metió al baño.
– Elsa – Murmuró Anna. Mientras la chica se frotaba los ojos la muchacha salió ya vestida.
– Anna, siento despertarte – Elsa dijo algo jadeante mientras se ataba su típica trenza rápidamente.
– Estoy bien, ¿qué haces? – Pregunto sentándose.
– Jennifer va a matarme. No fui al entrenamiento hoy en la mañana y me ha estado llamado, seguro que quiere estrangularme – La chica se puso unas zapatillas rápidamente.
– Yo te desperté, pero volviste a dormirte – Anna dijo sonriendo aún cansada. Elsa la miro por unos segundos algo sorprendida, pero poco después sonrió tranquila. Se acercó a la cama y beso a Anna en los labios fugazmente.
– Volveré más tarde, ¿sí? –
La pelirroja parpadeó un poco más despierta – No, espera. Quiero ir contigo, por cierto, Elsa, sobre lo que sucedió anoche...
Elsa la miro sorprendida y asintió – hablaremos de eso
Como era de esperarse, cuando Elsa llegó a la pista de hielo la mirada de Jennifer echaba humo. Anna tragó saliva preocupada, logro divisar a Rapunzel y a Mérida viendo una revista y con un movimiento bastante disimulado se acerco a las dos chicas.
– Uhm, has llegado – Rapunzel no le miró – Pensamos que no llegarían. Jennifer está enojada
– Sí, lo noté – Miro a Jennifer regañar a Elsa que no parecía muy feliz, de hecho se encogía – ¿Por qué está tan enojada?
– Veamos, Elsa no fue a su entrenamiento a las cinco y tampoco vino al de la tarde, el que comenzaba a las tres – Mérida dijo riendo – Creo que ya sabes por qué está tan furiosa
Anna tragó saliva.
– De todos modos, ¿qué estaban haciendo qué tardaron tanto? – Rapunzel preguntó a Anna.
– Ah-ah-ah, ¿nosotras? – Su rostro se torno completamente rojo y tanto como su cabello. Anna tragó saliva nerviosa jugando con sus manos. Al verla, las dos chicas rieron tranquilamente sin necesidad de volver a preguntar.
– Deberías estar concentrada en la competencia y no en amoríos – Pudo escuchar a Jennifer decirle a Elsa cuando ésta ya había entrado al hielo. Anna tragó saliva preocupada. Algo dijo en noruego y luego gruño diciéndole a Elsa que practicara la rutina.
Ya en el hielo la rubia patinaba con tranquilidad y unos audífonos puestos. Elsa sonrió despreocupada. Anna sonrió tranquila, estaba segura de que la tranquilidad en Elsa se debía a algo bueno y no algo malo, no es como si de pronto ella no quisiera patinar o ponerle empeño a su rutina.
Desde la superficie sin hielo, Jennifer instruía a Elsa aplaudiendo de vez en cuando, diciendo lo que debía hacer, en que estaba mal y en donde debería ponerle más empeño. Sin embargo, la rubia no mejoraba.
– ¿Le pasa algo a Elsa? – Rapunzel miro a la patinadora confundida.
– Ah, no, no realmente – Anna estaba extrañada.
– Yo creo que sí – Mérida asintió confundida – Algo le sucede
– ¡FUERA DEL HIELO! – Jennifer le grito a Elsa.
La rubia abrió los ojos sorprendida, se quito un audífono y con una sonrisa divertida se acercó. Jennifer le dijo algo a ella, algo que Anna no entendía y Elsa no parecía del todo preocupada. Finalmente sonrió alejándose de Jennifer.
– Si pierdes mañana Elsa no habrá una segunda oportunidad. Tú sabes bien todo eso. ¿Qué sucede contigo? No quiero que faltes más a tus entrenamientos – Gruñó Jennifer caminando detrás de Elsa.
La rubia sacudió la mano despreocupada, se quito los patines mientras caminaba y cuando los dejo tirado subió las escaleras del estadio para salir.
– Creo que iré a ver qué sucede – Anna dijo alejándose.
Cuando salió de allí vio a la rubia en una maquina de café, se acercó a ella.
– Elsa, ¿qué ha pasado? –
Sin esperarlo, Elsa había rodeado el cuello de Anna con una sonrisa sorprendiéndola un poco, la rubia la besó en los labios suavemente. Seguía confundida, pero finalmente sonrió algo extrañada.
– Elsa, ¿qué te sucede hoy? –
– Nada –
– Sí, te sucede algo. ¿Qué? –
Gruñó dándose la vuelta para tomar su café.
– Oye no me ignores –
– Vamos, no seas así. He estado mucho tiempo en el hielo –
– Apenas llevabas diez minutos – Anna la miro sorprendida – ¿Por qué no te lo estás tomando enserio? Tienes una competencia por delante. Mañana será la segunda etapa del mundial y tú no parecer para nada preocupada por si pierdes o ganas
– ¿Por qué estás preocupada tú? – La rubia comenzó a caminar.
– Porque ésta no eres tú – Anna dijo frunciendo el ceño – La Elsa que yo conocí no es así. Le fascina patinar, se esfuerza siempre hasta sangrar. Mi Elsa jamás se habría subido al hielo solo para no hacer nada, habría mejorado en lo que tenía que mejorar en lugar de ignorar esos consejos
Elsa se detuvo y miro a Anna. La pelirroja pudo ver algo brillar en los ojos de Elsa, algo que no le gusto para nada, era como… era como algo peligroso y de miedo. Un escalofrío le recorrió la espalda.
El brillo en sus ojos no era el mismo brillo que había estado la noche anterior cuando ambas se besaban. No parecía la misma persona que le había tocado y entregado todo el amor que sentía. No era el ángel que había conocido. Era alguien diferente.
– ¿Estás diciendo que es para todo lo que sirvo? – Elsa preguntó enojada – Qué todo lo que puedo hacer, todo para lo que soy buena es para el hielo. No puedo creer que me digas algo así, Anna. De todas las personas no imagine que serías tú la que me diría algo así
– Wow. Wow. ¡Wow! – Anna alzó las manos – No estoy diciendo que solo sirvas para eso, pero, Dios, Elsa, el hielo es para lo que vives. Amas patinar y te juro que la chica que estaba ahí en el hielo hoy no era la misma Elsa que estuvo en el hielo ayer o la semana pasada o incluso hace meses. A esa Elsa no le importaba la razón por la que estaba ahí, era como…
– ¿Es por eso que decías estar enamorada de mí? – Elsa frunció el ceño – ¿Solo porque soy una patinadora famosa?
– ¡No! –
– ¿Segura? Porque lo que yo veo es que quieres que practique para ganar y dudo mucho que sea porque me he esforzado sino por la fama – La rubia estaba enojada e hiperventilada. Anna no podía creer lo que Elsa estaba insinuándole. Definitivamente ésta no era la misma chica de la noche anterior.
– Elsa, yo jamás haría eso. Te dije que la única razón por la que me gustas es por quien eres, no por tu fama o algo así – Anna la miro sorprendida. La rubia sacudió la cabeza, retrocedió.
– Déjame sola –
La vio alejarse. Estaba sorprendida aún. Elsa acababa de insinuar que ella no le amaba sino que amaba su fama y fortuna. Eso no era verdad. Anna jamás lo haría. Estaba a punto de seguirla cuando alguien la tomo de la mano.
– Debe sentirse aprisionada – Era Jennifer sacudiendo la cabeza – Deja que se calme un poco
– ¿Aprisionada? – Rapunzel dijo confundida.
Lo estaba, Anna lo podía confirmar. Elsa debía sentirse más que aprisionada, sino presionada para lograr ganar. Muchos habían estado apoyándola y ella no quería defraudar a nadie. Por supuesto que la pelirroja sabía cuánto quería ganar Elsa, sabía cuánto empeño le estaba poniendo, sin embargo también podía notar que es estaba acumulándose e iba a explotar en cualquier momento. Ese momento era ahora.
El pequeño grupo espero a que la rubia volviera al hielo, pero ésta jamás volvió. La hora marcaba las seis de la tarde. Debían desalojar el local, pues sus tres horas de entrenamiento ya habían terminado. El día siguiente sería la gran competencia y por lo que podían notar, la patinadora no estaba preparada.
Continuara…
