Adrien se sentía un poco triste, porque pese a sus intentos, aún no conseguía pedirle a Marinette ser novios formalmente. Lo había intentado cuando la invitó a su casa, quiso intentarlo también en casa de la joven, pero no pudo. Incluso en el colegio lo intentaba, pero ya no estaban solos con tanta frecuencia, sus amigos siempre los separaban por alguna u otra razón.

Hoy estaba decidido a pedirle a Marinette ser novios, ya no quería esperar más. Quería tener una cita con ella, una cita formal, como las que había visto en miles de películas.

Así que tuvo un plan, lo primero que hizo fue sentarse junto a ella. Alya y Nino se sentaron juntos, eso le fascinó a la pareja.

—¡Adrien! ¡qué bonita sorpresa! —Marinette ya no tartamudeaba cuando se encontraba con él, eso era algo que le gustaba. Pero parte de su plan era distinta.

—Ho-hola —tartamudeó él y luego se ruborizó.

Marinette parpadeó confundida. ¿Qué estaba pasando en ese momento? Adrien jamás tartamudeaba, aunque tal vez se sentía mal o algo parecido.

—¿Te sientes bien? —preguntó preocupada.

—Sí... es solo que no puedo controlar que tú seas grandiosa. Di-digo. ¡Digo! Una grandiosa amiga, que acepta sentarse conmigo —pronunció de modo demasiado rápido. Marinette volvió a parpadear confundida, ¿qué se supone que era eso?

Nino y Alya rieron desde sus asientos, entendían un poco lo que sucedía. Más que nada Alya recordaba el antiguo comportamiento de su amiga y eso era lo gracioso.

Durante la clase Marinette se sintió observada, era una sensación rara y cuando miraba a Adrien (que evidentemente era quien la miraba) él solamente miraba a otro lado. ¡Incómodo!

En el recreo Adrien se levantó y salió corriendo apresurado. Marinette se sintió extraña, su actitud era rara. Decidió bajar para buscarlo y poder hablar con él, quería saber cuál era su problema. En el patio ambos chocaron, de ese modo cayeron al suelo.

—¡Disculpa! ¡soy tan torpe! —se disculpó Adrien.

—No es nada —respondió Marinette. Antes de poder decir algo más, Adrien la ayudó a levantarse y así como llegó, se fue.

Durante el resto de la tarde continuó actuando así. La seguía a escondidas, la observaba y tartamudeaba cuando hablaban. Todo ese día fue muy extraño.

Cuando llegó la hora de salida, Adrien tomó de la muñeca a Marinette y le pidió que no se fuera aún. Esperaron el momento en el cual el salón se vació por completo y Adrien habló.

—Durante todo éste día he querido demostrarte la forma en la cual tú actuabas antes conmigo.

¿Así de pesada era ella? ¡por Dios! ¡había sido un día raro e incómodo!

—¡Lo siento tanto! ¡debió ser algo muy extraño para ti! —se lamentó ella.

—Al principio pensaba que te caía mal, que por eso tartamudeabas —admitió Adrien —. Después me empezó a parecer algo tierno, tú actitud siempre fue algo hermoso —admitió él —. Y en todo este tiempo, me he dado cuenta de que no quiero perderte, eres especial para mí.

Marinette no sabía qué decir. Adrien tomó sus manos y acarició su palma con todo el cariño del mundo.

—Esta fue mi jugada para pasar tiempo a solos, por fin —confesó —. En fin, ahora lo importante. Marinette, me gustas mucho, realmente eres la chica más especial y única que he conocido en la vida. Te valoro, te quiero y... ¿te gustaría ser mi novia? —preguntó al fin.

Marinette soltó un grito y dio un salto de felicidad, se lanzó a los brazos de Adrien. Internamente gritaba: "¡al fin, al fin! ¡no puedo creer que esto está pasando!" Estaba realmente feliz, emocionada e incrédula.

—¡Sí! —y ambos unieron sus labios en un beso, un beso que explicaba todo el amor que ambos sentían.

Adrien internamente se felicitó a sí mismo y se dijo: "¡bien jugado!", puesto que su plan había funcionado a la perfección y finalmente era novio de Marinette. No podía estar más feliz.