Disclamer: Los personajes y los escenarios del instituto Sweet Amoris son extraídos del videojuego Amour Sucré propiedad de Beemov, y su creadora Chinomiko. Esto lo hago sin fines de lucro.

Capítulo 28:

Su sonrisa.

Despertó al mediodía... ¿Qué importaba? Un par de días antes había descubierto que su chica, su dulce novia, no era tan dulce ni tan suya como creía, todo el tiempo lo engañó, hizo hasta lo imposible por hacerla feliz, pero de nada sirvió, si ella ya tenía a otro, ¿para qué estar con él? ¿Para qué ilusionarlo hasta el punto de hacerlo cometer las mayores idioteces por ella?

Todo fue en vano, sólo estaba burlándose, disfrutando de verlo como un idiota a sus pies. Y el tan estúpido cayó como un gatito...

-Así que por eso me llamaba de esa forma- murmuró sentándose en la cama con los puños cerrados.

Miró a su alrededor con deseos de romper algo, pero no había mucho, el único mueble que aún seguía en pie era la cama sobre la que durmió, esa madrugada al llegar tuvo el ataque de ira más grande de su vida, ¡y no era para menos! ¡Si hasta llegó a sacar a Rodolfa de la casa por ella!

-Rodolfa...- la recordó, y su ira se extinguió en un segundo.

Él ahí quejándose por algo que se buscó, por ser tan estúpido para volver a confiar en esa persona y ella, encerrada injustamente, en un lugar espantoso, sonriendo por una mísera visita.

-¡Demonios, ayer no la visité!- saltó de la cama.

Miró la hora, en unos minutos comenzaría el horario de visita, así que salió corriendo de su habitación, ya tendría tiempo de lamentarse o enfurecer por las acciones de su ex novia, incluso de planear una forma de vengarse, pero ahora debía hacer algo por esa chica que siempre estaba allí cuando la necesitaba, para molestarlo, pero estaba.

Se bañó y comió algo, ya que el día anterior no lo había hecho, alimentó a Demonio antes de salir y tomó al peluche de pitufo que le había comprado, no estaba seguro de que fuera el mismo que ella tanto quería y había perdido, pero sabía que le gustaría ya que se parecía un poco a Nathaniel, al menos tenía la misma cara de idiota.

Al llegar al manicomio, aún faltando veinte minutos para que concluyera la hora de visita, escondió el peluche del tipo de la puerta, a sabiendas de que no le dejarían ingresar ningún tipo de objeto que no hubiera sido revisado por ellos antes, y no planeaba gastarse el escaso tiempo para estar con ella, allí esperando.

Recorrió esos tétricos pasillos, esta vez le resultaban aún más desagradables, seguramente por su estado de ánimo, aunque se esforzara por olvidarlo, su corazón estaba profundamente herido. En esos momentos parecía que jamás volvería a sonreír, aunque algo le decía que cuando llegara con la loquita esa, ya no pensaría así, era increíble que sin proponérselo esa chica tuviera la capacidad de alegrarlo de un momento a otro. Al llegar al pasillo donde estaba la habitación de Rodolfa notó con intriga su puerta abierta, inmediatamente temió que ese loco que la acosaba hubiera entrado, si ella tuviera sus brazos libres estaba seguro de que el tipo lo lamentaría, pero con esa camisa de fuerza no tenía como defenderse.

Corrió hasta la habitación, viendo con alivio que no había nadie más que ella allí, alivio que duró la fracción de segundo que su cerebro tardó en percatarse de que algo no estaba bien. Entró a ese oscuro cuarto casi con miedo, presintiendo algo malo, muy malo.

-¿Rodolfa...?- la llamó acercándose, viendo con preocupación sus ojos desenfocados.

Estaba sentada en el piso, con su espalda apoyada en una de las paredes acolchadas, su cabeza descansaba sobre uno de sus hombros no pudiendo mantenerse erguida por si misma, pero lo que daba más miedo era su mirada, antes llena de vida, con ese brillo de picardía, ahora estaba vacía, no había brillo, no había nada allí, ni siquiera parecía estar mirando algo en particular.

-¡Rodolfa! ¡¿Qué tienes?!- la tomó por los hombros moviéndola asustado, desesperándose más al verla sacudirse como una muñeca de trapo –¡Doctor!- gritó dejándola allí y saliendo al pasillo –¡Un doctor por favor!

Debido a las características del lugar, el psiquiatra y un par de enfermeros llegaron de inmediato.

-¡¿Cuál es el problema?!- preguntó el doctor viendo todo en orden.

-¡¿Cómo que cual es el problema?! ¡Mírela! Está... está... ida... ¡Como en otro planeta!

-Oh... eso es por la droga que le administramos, es una consecuencia natural de la misma- explicó.

-¿La droga? ¡¿Por qué le dieron eso?! ¡¿No ve que quedó muy mal?!

-Durante la tarde de ayer presentó una crisis nerviosa, por lo que tuvimos que sedarla.

-¿Ayer por la tarde? ¿Será porque no vine...? No... Ella no es así- pensó descartando la idea de plano. -¿Por qué tuvo una crisis nerviosa?

-Nos escuchó hablar de la lobotomía que le realizaremos mañana...- comenzó a explicarle el doctor.

-¡¿Lobo qué?!- interrumpió Castiel, imaginando que la convertirían en lobo como ese tipo sobre-hormonado de esa película de vampiros tan mojigata que tanto le gustaba a las chicas.

-La lobotomía cerebral es simplemente una incisión quirúrgica en el lóbulo frontal con el posterior seccionamiento de las vías nerviosas.

-¿E... es una operación?- preguntó asustado por tanta palabra rara.

-Por supuesto- asintió el hombre tranquilamente.

-Pero... ¿No es peligroso?

-¡Claro que no! Sólo el 6% de los casos acaban en muerte- aseguró mientras Castiel de alguna forma se tornaba pálido del susto y rojo de ira al mismo tiempo.

-¡¿SOLO EL 6%?! ¡¿USTED ESTÁ BROMEANDO CONMIGO?! ¡ME LA LLEVO AHORA MISMO!- gritó caminando hacia ella, pero el par de enfermeros lo detuvieron.

-Escuche joven, si no se comporta le quedará prohibida la entrada a este centro de salud.

-¡¿CENTRO DE SALUD?! LE QUIEREN CORTAR EL CEREBRO PARA... PARA... ¡¿PARA QUÉ DEMONIOS VAN A HACER ESO?!- gritó forcejeando con los enfermeros.

-La lobotomía tiene excelentes resultados en las patologías de este tipo, ya que anula el recuerdo de las vivencias pasadas que tanto atormentan a la persona, de manera permanente- Castiel dejó de forcejear escuchándolo con los ojos muy abiertos –. Junto con los recuerdos se pierde la personalidad de esta forma el paciente puede aprender desde cero a ser un miembro productivo de la sociedad.

-¿Perder sus recuerdos...? ¿Su personalidad?- murmuró siendo soltado por los enfermeros –Perderá su sonrisa... Su alegría de vivir...- la observó acongojado –No volverá a mirarme con su carita de simio alcoholizado...

-Así es- asintió el psiquiatra –. Es lo que necesita para mejorar.

-Ella no necesita eso...- murmuró sombríamente apretando los puños, el hombre lo miró con intriga –¡Ella sólo necesitaba un poco de cariño! ¡Alguien que confiara en ella, que la aceptara como es en lugar de intentar cambiarla! ¡Irónicamente ni sus padres, ni su familia, ni ustedes, los que se suponen que deben ayudarla, lo hicieron! ¡Tuvo que ser un estúpido masoquista que no la conocía el que lo hizo!

-Lamento que esta decisión le afecte tanto, pero la paciente no tiene padres, ningún adulto se hará cargo de alguien así, por lo que este procedimiento es la única alternativa.

-Déjenos solos- pidió sin mirarlos.

-El horario de visita está a punto de terminar.

-¡Sólo será un minuto!

-Está bien, pero si intenta alguna estupidez acabará detenido por entorpecer un tratamiento médico- Castiel asintió con sus ojos fijos en el suelo

Una vez que esas personas se fueron levantó la cabeza lentamente viéndola, la perdería, si le hacían eso tan espantoso la perdería, ella era muy fuerte, sabía que no moriría, pero ya no sería ella, su Rodolfa, su esencia si moriría. Arrastró sus pies hasta quedar frente a ella, se dejó caer de rodillas y al envolvió en sus brazos apretando su cuerpo flácido contra su pecho. La abrazó con fuerza enterrando su cabeza en el cuello de ella, con los ojos apretados, sintiéndose más solo que nunca.

-Te necesito...- le susurró al oído –No me había dado cuenta hasta ahora de cuanta falta me haces...- ella permanecía inmóvil, probablemente ni siquiera estuviera escuchándolo, pero eso no importaba él necesitaba decírselo –Y sufriste demasiado, este mundo de porquería te golpeó más veces de las que cualquier persona resistiría... Pero tú no eres cualquier persona, tú eres única...- la aferró más contra si –No dejaré que vuelvan a dañarte, no dejaré que te hagan esto... Voy a sacarte de aquí- prometió lo que cada fibra de su cuerpo le pedía a gritos –. No importa lo que tenga que hacer, no importa lo que cueste, te secuestraré, no volverán a llevarte lejos de mi, no los dejaré- se separó lentamente mirándola intensamente durante unos segundos –. Descansa, ahora me toca a mi luchar por ambos.

Colocó el peluche entre sus brazos, dejándola abrazada a él, se despidió suavemente y la dejó allí, sintiendo que dejaba una parte de si mismo, de su felicidad en ese lugar, pero con la decisión a flor de piel, estaba seguro como nunca que lo lograría, la sacaría de allí, tenía hasta el día siguiente para hacerlo.


Buscó su celular entre la montaña de papelerío que provenía de la sala de delegados pero había llegado a inundar por completo el sótano, se sumergió en la zona donde se escuchaba más fuerte, ya era la cuarta llamada y él no podía encontrarlo, la persona que deseaba comunicarse era muy insistente por lo visto.

Minutos después emergió con el ruidoso aparato en su mano, se sacudió algunos formularios del cabello y ropa y atendió.

-¿Diga?- preguntó tranquilamente nadando fuera del sótano.

-Tienes que ayudarme- escuchó la voz de su amigo.

-Por supuesto, ¿qué necesitas?

-Que me ayudes a sacar a Rodolfa de ese lugar.

-¿Qué lugar?

-Es largo de explicar por teléfono, tenemos que reunirnos.

-Está bien, en la noche iré por tu casa

-¡En la noche no! ¡Ahora! ¡¿Estás en el instituto no es así?!

-Así es pero, ¿por qué tanto apuro?

-Estaré ahí en diez minutos, espérame afuera, ¡no vayas a olvidarlo!

-Castiel, no te oyes bien, sucedió algo con Deb...

-¡No me la nombres! ¡Ahora tengo cosas mas importantes en las que pensar! Nos vemos en unos minutos- dijo de mala gana y colgó

Lysandro se quedó viendo el teléfono –Le dije que no se dejara envolver por demonios- comentó guardándolo y dirigiéndose a la entrada del instituto antes que se le olvidara.


-¡Kentinmon, yo te elijo!- exclamó Armin señalando a un grupo de alumnos semi-zombies que se aproximaban a ellos.

-¡¿De qué estás hablando?!- preguntó Kentin mirándolo algo molesto por como lo llamó.

-¡Ataque ehh... militarizado!- seguía ordenándole mientras señalaba a "sus contrincantes".

-¡¿Me puedes explicar que demonio quiere tu hermano?!- le preguntó a Alexy a ver si conseguía una respuesta coherente.

-Mi hermano es un tonto- lo tomó del brazo –. ¡Mejor vamos de compras! ¡Te escogeré algo mucho más moderno que esa ropa fea!

-¡Vamos Kentinmon! ¡Hazle caso a tu entrenador o regresas a la pokebola!- lo amenazó sacando una de las pokebolas de juguete de su bolsillo.

-¡¿Qué entrenador?!

-¡Necesitas más color!- exclamó Alexy quitándose el pañuelo verde que llevaba en la cintura y atándoselo al cuello.

–¡Oye no! ¡Déjame en paz!- le pidió Kentin ya exhasperado intentando quitárselo.

-¡Eres más inútil que un Magikarp en el desierto!- le gritó Armin cruzándose de brazos.

-¡Si no aceptas mis consejos de moda seguirás pareciendo un militar retirado!- se quejó Alexy ofendido porque rechazaron su pañuelo.

-¡¿Por qué demonios vine hoy a clases?!- exclamó Kentin mientras ambos hermanos seguían insultándolo muy molestos.


Había arrastrado a Lysandro hasta una plaza cercana, y contado absolutamente todo lo acontecido desde que pisó la ciudad nuevamente.

-Conocía el estado de Amber, pero no tenía idea de que hubiera inculpado al demonio- comentó Lysandro.

-¡Me va a escuchar esa idiota! ¡Si antes me caía mal ahora no tiene idea de cuanto la detesto!- exclamó él, despeinándose de la frustración –¡En cuanto la vea le haré pagar cada segundo que Rodolfa haya pasado en ese lugar! ¡Pero ahora no puedo perder tiempo en eso! ¡Tengo que sacarla de ahí de alguna forma!

-Deberíamos acudir a las autoridades, soy testigo de que no pudo ser ella quien lo hiciera.

-¡¿Estás seguro?! ¡¿Tienes pruebas?!- su amigo asintió –¡Entonces vamos!- dijo tomándolo del brazo y corriendo hacia la seccional más cercana.

Lamentablemente la coherente explicación de un chico que parecía salido de una máquina del tiempo, acerca de una extraña condición que padecían algunas estudiantes de cierto instituto, la cual les impedía trasladarse si perdían algo llamado: Puntos de Acción, no convenció al comisario, quien luego de reírseles en la cara los invitó a salir por las buenas y no seguir haciéndole perder el tiempo.

-No entiendo porqué no me creyeron...- comentó Lysandro pensativo, mientras se alejaban del lugar.

-¡Les hablaste de esa famosa fantasma!- exclamó Castiel furioso.

-Rocío es una parte importante de la coartada que tiene el demonio, si no estuviera descansando en paz podría venir a declarar.

-¡Deja de decir tonterías! ¡Al menos pudiste haberles dicho que estuviste con ella ese día!

-¿Con Rocío?

-¡No! ¡Con Rodolfa!

-Eso habría sido mentir- Castiel lo observó con ojos asesinos –. Ese día dormí en la azotea, seguramente alguien me vio.

-¡Al diablo! ¡No tengo tiempo para perderlo con estas idioteces! ¡Van a hacerle esa cosa de los lobos a Rodolfa! ¡Voy a sacarla de ese manicomio aunque sea a la fuerza!

-Esos lugares están fuertemente vigilados...

-¡Me da igual todo! ¡La voy a sacar!

-No si no piensas un plan.

Castiel lo miró molesto y aceleró el paso aunque no tuviera realmente a donde ir.


Su hermano estaba en el baño, pasaba mucho tiempo allí, le había calculado unos tres minutos como cuatro veces al día, ¿qué se creía? ¡Ella estaba inmovilizada y adolorida y él se iba de tour por ahí!Estaba a punto de gritarle que se diera prisa cuando su teléfono comenzó a vibrar, lo tomó mirando la pantalla, seguramente sería alguna de sus amigas, o uno de los corazones rotos que solía dejar por doquier.

-¿Número privado?- se preguntó frunciendo el ceño un poco –¿Diga?- atendió.

-¡Amber amiga! ¡¿Cómo estás?! ¡En cuanto lo supe te llamé!- escuchó una voz familiar, desagradablemente familiar.

-Debrah...- masculló con odio –¡Eres una maldita, me las pagarás!

-¡Ay amiga no pierdes el sentido del humor! ¡Me alegra saber que estás mejor!- exclamó muy feliz.

-Te odio profundamente...

-Ahora lo que me importa es si ya encontraron al culpable- continuó, ignorando las palabras de Amber –. Fue esa chica rara, esa tal Rodolfa, ¿no es así?- preguntó haciéndose la tonta.

-¡¿Qué pretendes?!

-Sólo quiero saber si esa chica está encerrada como se merece por lo que te hizo- explicó pero no obtuvo respuesta –. Amber, cariño, ¿sigues ahí?

-No me llames así...

-Responde y ya no te molestaré.

-No tengo porqué hacerlo.

-Está bien, no lo hagas, mi amigo se encariñó mucho contigo...- comentó, haciéndola temblar de miedo –Él está pendiente de ti aunque no lo veas... Si no quieres responderme a mi, podría ir a verte... Estoy segura de que él si te hará hablar.

-¡No... No...! ¡¿Qué quieres saber?!

-Como salió todo, donde está ella...

-Salió bien, tu plan fue perfecto Debrah... Ella está encerrada en un manicomio... Y yo internada... ¡Maldita! ¡Esto duele como el infierno!

-Las heridas sanan, pero ahora tienes lo que querías, Castiel está solo para ti, así que no te quejes... Aprovéchalo... Debo irme a ensayar, hasta nunca mi querida amiga- se despidió y colgó.

Amber se quedó viendo el celular con frustración, esa maldita la tenía atrapada, si no hacía lo que quería ese maldito la encontraría y la mataría, sin contar que quedaría muy mal frente a Castiel, si se enteraba de la verdad era seguro que no volvería a mirarla al rostro.

-¿Un plan?- preguntó Nathaniel saliendo del baño, haciéndola sobresaltar.

-¡¿E... Estabas escuchando?!

-¡¿Un plan para encerrar a Rodolfa?!- volvió a preguntar viéndola con seriedad.

-¡Le diré a papá que estás invadiendo mi privacidad!- lo amenazó.

-Y con Debrah- continuó él sin prestarle atención.

-Eh... no no- dijo nerviosa –. Escuchaste mal, ¡nada de eso! ¡¿Cómo me uniría a una víbora como esa?!

-¡¿Después de lo que hizo no escarmentaste Amber?! ¡Sabes que es una maldita manipuladora!

-¡Lo sé! ¡Escuchaste mal! ¡¿No entiendes, Nathaniel?!

-¡Sólo entiendo que una persona desagradable y sumamente irritante pero inocente está encerrada por tu culpa!- ella no respondió –Llamaré a la policía para que vengan y corrijas tu declaración.

-¡No!

-¡¿Qué dices?!

-¡Que no! ¡Fue Rodolfa! ¡Fue ella!- exclamó mirándolo con decisión, retractarse en esos momentos era lo último que podía hacer –¡Escuchaste mal! ¡Esa maldita fue quien me golpeó, no modificaré mi declaración!

-¡No puedo creerlo Amber, creía que a pesar de todo quedaba algo de decencia en ti!

-¡¿Qué quieres decir?!

-Que me decepcionaste...- declaró, ella comenzó a sollozar a ver si así lo conmovía –Tranquila Amber, no volveré a decirte nada- aseguró sonriéndole –. Y te recomiendo que llames a tus amigas para que venga a cuidarte, porque yo debo hacer algo- se dio la vuelta.

-¡¿Qué?! ¿A dónde vas?

Él se giró aún sonriéndole con dulzura –No soy un idiota desalmado como tú, yo no puedo quedarme aquí tranquilo viendo una injusticia como esta- declaró, y se marchó ignorando los gritos histéricos de su hermana.


-Dudo que a entrar rompiendo una ventana y llevártela corriendo pueda llamársele "plan"- comentó Lysandro tomando tranquilamente un té que él mismo había preparado.

-¡¿Se te ocurre un plan mejor?!- le gritó, arrancándose los pelos.

Habían regresado a la casa, ya que los gritos y blasfemias de Castiel estaban llamando demasiado la atención de la gente que pasaba por esa placita en la cual se habían detenido.

-Pienso que deberíamos volver a intentar hablar con las autoridades, ella no lo hizo así que si buscan huellas en la zona no encontrarán las suyas, ni nada que la incrimine.

-¡Eso lleva demasiado tiempo! ¡Mañana le hacen esa maldita operación! ¡Tenemos que sacarla de allí antes!

-Esto debe ser obra de algún demonio superior- comentó Lysandro pensativo.

-Esto es obra de la estúpida de...- fue interrumpido por una serie de insistentes golpes en su puerta –¡¿Quién demonios es?! ¡¿No ven que no estoy para visitas?!- fue a abrir de mal humor –¡¿Tú?!- gritó al ver a Nathaniel –¡Esfúmate antes que te parta la cara!

-Siempre tan educado- murmuró el rubio viéndolo con los ojos entrecerrados –. Déjame pasar, tengo información que te interesa...- un portazo especialmente fuerte en plena cara, le hizo literalmente tragarse sus palabras y por poco algunos dientes.

-¿Quién era?- preguntó Lysandro sirviéndole una taza de té a Demonio, claramente influenciado por la energía de Rodolfa que seguramente continuaba en la casa.

-Un estúpido...- murmuró escuchando con rabia como Nathaniel continuaba golpeando la puerta –¡Uno muy insistente!

Lysandro miró hacia la puerta –Si insiste tanto debe tener algo importante que decirte.

-¡Nada de lo que ese tipo diga puede ser importante!

-¡Castiel, ya abre! ¡No seas idiota! ¡Es sobre Rodolfa!- gritaba Nathaniel mientras continuaba golpeando –¡Quiero ayudarla a salir de ese lugar!

-¡Tú la metiste en ese maldito sitio!- le gritó en la cara Castiel, luego de volver a abrir la puerta –¡Si vas a sacarla que sea ya!

-¡Retírate que me estás escupiendo!- lo empujó y entró –Hola, Lysandro.

-Buenas tardes Nathaniel, ¿un té?

-Si, claro- se sentó en el sofá mientras Lysandro le servía.

-¿Quieren que vaya por unas galletas para acompañar el té?- preguntó irónicamente con una vena saltándole en la frente –¡¿MIENTRAS RODOLFA ESPERA EN ESE LUGAR A QUE LE SAQUEN UN PEDAZO DE CEREBRO?!

-¿De qué hablas idiota? Está en un centro de salud especializado, seguramente están cuidando bien de ella- dijo Nathaniel probando el té –. Mmm... está muy bueno- le dijo a Lysandro.

-Gracias, aunque creo que si vendrían bien esas galletas- asintió.

-¡Tú no sabes nada!¡ Ahora dime como piensas sacarla de allí o te vas de mi casa!

-Escuché a Amber hablando por teléfono con Debrah...

-¡¿Con quien?! ¡¿Debrah?!- exclamó él sin comprender, quería olvidarla, no era momento de pensar en ella, pero todo se lo recordaba.

-Así es, al parecer fue un plan que tramaron ambas para encerrar a Rodolfa... Jamás pensé que mi hermana se prestara a algo así y mucho menos haciendo equipo con esa arpía...

Castiel se dejó caer acabando sentado en el suelo, con sus brazos apoyados sobre sus rodillas –Debrah... Ella... Ella no pudo...

-¡Claro que pudo! ¡Mi hermana nunca haría algo así por si misma! ¡Ella no es tan desalmada para idear tal ardid!

Él se quedó mirando el piso, negando sin poder creerlo, no sólo lo había engañado, también se había encargado de vengarse de Rodolfa, pero, ¿por qué? Era verdad que podía ser algo irritante, pero jamás había actuado directamente en su contra. No había otra explicación, era por él, por estúpidos celos infundados, celos hacia alguien a quien no quería realmente... No lograba entenderlo bien, lo único claro era que después de todo él era el culpable de que Rodolfa estuviera en ese sitio, lo había sido de que quedara atrapada en ese incendio, y una vez más la ponía en peligro.

-No vine a verte lamentarte- le dijo Nathaniel interrumpiendo sus pensamientos.

Ese idiota mojigato estaba en lo cierto, ya tendría tiempo de lamentarse, ahora debía actuar, sacarla de allí antes que le hicieran algo irreparable.

-¿De qué forma planeas sacarla de allí?- preguntó sin fuerzas para levantar la cabeza.

-Hablaré con las autoridades, Amber no corregirá su declaración, pero fui yo quien los llamó, así que por lo menos deberían liberarla mientras hacen las investigaciones.

-¿Cuánto tiempo llevará eso?

-Imagino que en un par de días tendrá la libertad condicional.

-Es demasiado tiempo- se levantó mirándolo –. Mañana le harán una lobo... lobo... ¡algo! ¡Lo cierto es que borrarán sus recuerdos! ¡No pienso permitir que eso pase!

-¿Una lobotomía?- preguntó Nathaniel viéndolo sorprendido –Creí que ese procedimiento ya era obsoleto... Pero si realmente planean hacerle algo así hay que impedirlo.

-¡Al fin dices algo con sentido en tu vida!

-¡No me provoques idiota! ¡Si estoy aquí es porque esa chica no tiene la culpa de vivir con un tipo como tú!

-¡Pues por mi te vas! ¡No sirves de nada de todas formas!

-¡Pensé que realmente querías ayudarla pero ya veo que tu estúpido orgullo está antes que cualquier persona!

-¡Te recuerdo que tú la metiste en ese lugar! ¡Todo esto es culpa tuya y de la estúpida de tu hermanita!

-Me temo que si seguimos así no lograremos nada- comentó Lysandro dejando el té a un lado y poniéndose de pie.

-Es verdad- asintió Nathaniel –, si vamos a sacarla de ahí tenemos que trabajar en equipo.

-Necesitamos pensar un buen plan- murmuró Castiel cruzándose de brazos –. Debemos sacarla esta noche, o mañana por la mañana.

-En ese caso necesitaremos toda la ayuda posible- comentó Lysandro sacando su celular.

Media hora más tarde...

-¿Qué hacen ustedes aquí?- preguntó Castiel abriendo la puerta.

-Lysandro me explicó la situación, vine a ayudar- dijo Kentin.

-Yo lo seguí- comentó Alexy señalando a Kentin –, creí que pasaríamos cerca de alguna tienda de ropa y podría convencerlo de probarse algo.

-Es mi nuevo pokemon, debo estar al tanto de sus actividades- respondió Armin.

-¡Yo no soy eso!

-¡Bueno, ya pasen! ¡Espero que sirvan de algo!- les permitió entrar.

Ya era casi media noche, y los seis chicos estaban reunidos alrededor de la mesita ratona de la sala.

-Tú irás por aquí- le dijo Kentin a Nathaniel moviendo el salero sobre la mesa –, y tú rodearás el edificio así- le indicó ahora a Castiel moviendo el azucarero –. Los demás esperaremos aquí a que lleguen a lo alto y hagan la señal.

-¿Cuántos pisos tiene el edificio?- preguntó Nathaniel anotando en una libreta el plan.

-Eh... No lo sé- murmuró Kentin.

-La acosaste durante años- comenzó a decir Castiel quien se había mantenido bastante sereno hasta el momento –, ¡¿pero nunca fuiste a visitarla cuando la encerraban en ese lugar?!

-¡No es un lugar agradable sabes! Me daba miedo ese sitio...- confesó algo apenado. Castiel lo miró con rabia.

-No puedes idear un plan así si no tienes un mapa del lugar- comentó Armin como si fuera un experto –. Lo que debemos hacer es como en el Metal Gear.

-¡Este no es momento para que comiences con sus juegos Armin!- saltó Alexy.

-¡Pero es ideal para esta misión! ¡Yo lo di vuelta así que soy el indicado para dirigir esta campaña!

-¿Entonces qué debemos hacer?- preguntó Lysandro.

-Evitar los lugares iluminados, y lanzar piedras para distraer a los guardias, eso es lo básico.

-No lo tomen en serio- murmuró Alexy frustrado –. Nunca va a entender que la vida no es un juego...

-¡Tú dices eso porque eres un aburrido que solo piensa en la ropa!

Los gemelos continuaron discutiendo un rato más, acabando con la poca paciencia de Castiel quien terminó insultándolos a todos y casi sacándolos a patadas de la casa. Por fortuna gracias a la intervención centrada de Lysandro las cosas se calmaron un poco y entre todos armaron un plan casi coherente. Ya en la madrugada todos dormían en el suelo, reponiendo energías para el golpe que darían al amanecer.

Castiel exhaló sentado a un lado de la ventana junto con Paco –Tiene que funcionar- murmuró entre preocupado y nervioso.

-Lo hará- aseguró Kentin acercándose –, pero si no... Tal vez no sea tan malo...- Castiel no respondió ni lo miró –Tal vez así ella pueda convertirse en una chica normal.

-Normal... Detesto esa palabra, odio a las personas que piensan así. Si no quieres que te parta la cara no vuelvas a decir una estupidez como esa frente a mi- ordenó sin molestarse en mirarlo siquiera.

-¿Nunca pensaste que tal vez no sea tan feliz como intenta hacernos creer, sabiendo que es diferente a todos?

-¿Nunca se te pasó por la cabeza que ser diferente no es un defecto? No, claro que no. ¿Qué puedo esperar de un tipo que cambió totalmente sólo para agradarle a otros?

-¡No fue así! ¡Mi padre me obligó! Pero debo admitir que así las cosas son más fáciles.

-Ella nunca buscó la salida fácil... Eso es lo que la hace tan especial.

-Esa es la diferencia entre nosotros, yo la amo y quiero lo mejor para ella, tú sólo la ves como un payaso que está allí para divertirte- murmuró molesto volviendo a acostarse en el suelo usando su camisa como almohada.

-¿Sólo la veo como un payaso?- se preguntó, recordando su visita al manicomio unos días antes –No... Sólo no quiero que pierda su sonrisa... Eso es todo...

Continuará...

Hola a todos, antes que nada les debo una disculpa, sé que me retrasé dos días en publicar, no tengo excusas, bueno si, hoy tuve una de las instancias de evaluación de la práctica y eso me ha tenido muy estresada, sin contar que tenía que entregar una carpeta y todo mi tiempo libre se fue en ello. Pido disculpas por este atraso y por los que vendrán a raíz de este.

Tampoco estoy muy conforme con el capítulo, no sé si serán impresiones mías pero le falta algo de chispa al final. Espero si si sean impresiones mías.

Amé los comentarios y soy demasiado feliz de haber recibido tantos, me encantan y me hacen muy feliz. A los efectos de poder publicar pronto y no seguir retrasándome porque responderlos me toma varias horas, voy a responder las preguntas que me hayan hecho en general no uno por uno. Espero que no les moleste, yo los leí todos y los agradezco de alma. Para el siguiente capítulo vuelvo a responderlos personalizadamente.

Antes que nada, gracias a todos por haber hecho llegar esta historia a los 160 comentarios, no sé si llegaremos a los 200 pero en una de esas tal vez si, ¡estoy feliz!

En general creo que todos detestan a Amber y algunos a Nath después del capítulo anterior, por suerte en este el delegado de reivindicó un poco, esperemos que le dure.

Respecto a las amenazas de muerte hacia mi persona... las extrañaba... siempre en este punto de mis fics recibo unas cuantas... si soy más masoquista que Castiel.

Rodolfita, nuestra Rodo querida, creo que todos la adoramos tal como es, esperemos que el plan de los chicos funcione y todo salga bien, en el capítulo que viene veremos.

Ahora si me despido, espero estar publicando el siguiente alrededor del miércoles, si lo tengo antes será antes. Muchas gracias por el apoyo. Besos, ¡los adoro!