Capítulo 29
"No debí autorizar a Melissa para que vaya a buscar mi teléfono en el hotel." Pensaba Sheldon, mientras intentaba concentrarse en la conferencia que estaba dando. La teoría de cuerdas casi perdía el sentido frente a la batalla que tenía lugar en el cerebro de Sheldon.
"No me gusta que otras personas entren en mi habitación, aunque sea una habitación de hotel. ¿En qué estaba pensando?" Sheldon perdió el hilo de la exposición por un par de segundos, el auditorio entero empezaba a darse cuenta de lo distraído que estaba el genial físico teórico.
"En verdad necesito mi teléfono, quizá Amy está llamándome en este momento y es por eso que siento esto tan raro en el pecho." Sheldon se aflojó el nudo de la corbata y tomó un sorbo de agua, tratando de concentrarse en su exposición.
"¡Vamos Sheldon! ¡Contéstame!" Amy ansiosamente se mordía las uñas.
"Esto es urgente, necesito hablar contigo. ¡Por favor, contéstame!" Amy caminaba por toda la cocina pensando que, seguramente Sheldon no contestaba el teléfono porque no quería hablar con ella.
Nicholas la observaba sin entender que era lo que pasaba con su mamá y por qué no paraba de llorar.
Cuando Melissa llegó a la habitación de Sheldon, inmediatamente empezó a buscar aquella horrible chaqueta en la que suponía que se encontraba el teléfono celular.
"¿Dónde habrá dejado este hombre su saco?", pensó Melissa en voz alta cuando no pudo encontrar lo que buscaba. "Tengo que encontrar ese teléfono o si no voy a tener que aguantarme el mal humor del Dr. Cooper, todo el día."
Al acercarse al armario, Melissa inesperadamente escuchó el sonido de un teléfono.
"¡Qué suerte!" Melissa abrió el armario, donde la chaqueta a cuadros se distinguía claramente entre las otras prendas. "¡Aquí estás!", exclamó triunfante, empuñando el teléfono, como si se tratara de algún trofeo.
En el instante en que Melissa se disponía a guardar el teléfono en su bolso, éste sonó una vez más. El nombre que aparecía en la pantalla del celular, le traía muchos recuerdos a Melissa.
"¡No puede ser!" Melissa esbozó una maliciosa sonrisa. "Amy Farrah Fowler, ja ja! No me lo puedo creer."
El teléfono celular de Sheldon seguía sonando, pero Melissa no podía decidir si contestar o no. Al escuchar el timbre de llamada entrante, por una vez más, no pudo resistir la tentación.
"¡Aló, buenos días!", saludó Melissa con el tono de voz más dulce que fue capaz de emitir.
"Bu… buenos… días, ¿podría comunicarme con el Dr. Sheldon Cooper?" Amy preguntó atónita al escuchar la voz de una mujer desconocida, contestando el teléfono de Sheldon.
"¡Oh, lo siento! El doctor Cooper está muy ocupado en este momento y me dijo que no quería que nadie lo moleste." A Melissa casi se le escapa una risita burlona cuando hizo énfasis en la palabra. "Nadie".
"Disculpe… ¿quién es usted?" Amy respiró hondo, no quería que aquella mujer se dé cuenta de que estaba llorando. Amy sabía que Sheldon no tenía asistentes, ya que desde que Alex Jensen viajó a Londres para continuar su carrera, no había contratado a nadie, o quizá lo había hecho pero no se lo había dicho.
"Mi nombre es Melissa Thompson, soy relacionista pública y trabajo con el Doctor Cooper. Él insistió en no ser molestado pero… ¿le gustaría dejarle algún mensaje?".
"Dígale que su… dígale que… No, no, es mejor que no le diga nada". Amy interrumpió la oración y suspiró. "Yo… le llamaré más tarde". Amy colgó el teléfono, sintiendo como si la garganta se le cerrara y no pudiese respirar.
"¡Oh, pobre dedos de gorila, quiero decir… Amy!" Dijo Melissa, mientras observaba la foto de Amy, que Sheldon tenía como fondo de pantalla de su celular.
"¿Querías hablar con tu novio? ¿Verdad? Voy a ser sincera, tu novio está muy bueno, ¿sabes? Aún no sé cómo conseguiste un hombre así, pero ya es hora de que te des cuenta de que él se merece algo mejor. Me lo agradecerás después. Tú eres… poco para él y Sheldon no se ve feliz a tu lado. Podría decirse que, te estoy haciendo un favor." Antes de salir de la habitación, Melissa retocó su lápiz labial rojo carmín, mirándose al espejo.
"Casi se me olvida", exclamó Melissa mientras eliminaba el registro de las llamadas de Amy en el celular de Sheldon.
"No. No puede ser la misma… Melissa Thompson", Amy sacudió la cabeza, pensando que no era más que una desagradable coincidencia. "Debe haber cientos de Melissas Thompson en este país, es tonto pensar que es… ella".
Al escuchar el nombre de Melissa, Amy no pudo evitar relacionarlo con aquella muchacha que tanto le había hecho sufrir en sus años de adolescencia. Aquella muchacha popular que creía que era un juego, humillar a los que no eran como ella. Aunque Amy estaba casi segura de que no se trataba de la misma persona, la angustia que sentía en ese momento se multiplicó con sólo escuchar su voz.
"Cálmate Amy, hay cosas más importantes de qué preocuparse en este momento. Piensa en el bebé, piensa en Nicholas. ¿Qué vamos a hacer ahora? Me siento tan sola, si al menos supiera que puedo contar con Sheldon." Las lágrimas de Amy eran cada vez más amargas y dolorosas.
Amy, que se consideraba una persona centrada y racional, nunca había llorado así en la vida, nunca había sentido como si las fuerzas de su cuerpo le abandonaran mientras veía derrumbarse todo ante sus ojos.
"¿Por qué me está pasando esto a mí? Todo parecía ir tan bien y ahora tengo miedo de que algo malo te suceda. Yo quiero verte crecer, quiero que sonrías, que juegues con Nicky. Te amo y voy a cuidar de ti. Haré lo que sea necesario para que estés bien", Amy acarició suavemente su vientre, repitiendo esas palabras con voz tenue, como si estuviese orando. Aunque Amy, en muy pocas ocasiones había orado, consideraba que no era necesario pertenecer a una religión, para hacerlo, y en ese momento, lo necesitaba.
Nicky al ver a su mamá llorar, corrió hacia ella. Al verlo, Amy abrazó a Nicholas con todo su corazón, buscando sentir un poco de alivio. Si lo tenía a él, lo tenía todo, con sólo abrazarlo, Amy tenía la certeza de que las cosas iban a mejorar.
"No, Amy! Ya lloraste lo suficiente", se dijo a sí misma. "No es momento para llorar. Vamos a salir de esto, yo lo sé", susurró.
Amy se secó las lágrimas, y junto con Nicky fue hacia la sala y encendió su laptop. Tenía que buscar toda la información sobre las condiciones de salud que pudiesen afectar a su bebé, sólo así podría tomar las mejores decisiones cuando llegara el momento de hacerlo.
"¡Por fin! ¿Por qué se demoró tanto? ¿Encontró mi teléfono? ¡Démelo!" Sheldon había terminado su primera conferencia y cuando estaba por concluir el receso, Melissa volvió al auditorio.
"Pero… si no me demoré nada. Dr. Cooper, cuando regresaba al auditorio, me encontré en el pasillo con el decano de la universidad. Acaba de invitarnos a cenar esta noche con toda la junta directiva." Melissa anunció sonriendo de oreja a oreja.
"¿Qué? ¡Está usted loca, si piensa que voy a ir!", anunció Sheldon mientras revisaba el historial de llamadas de su celular. No había ninguna llamada perdida de Amy. "Tengo otros planes, señorita Thompson. Iré a Galveston a visitar a mi mamá."
"Pero, ya está todo organizado, no podemos ser descorteces con el decano de la universidad", Melissa exclamó con ansiedad.
"Ya le dije que no iré. Me parece ridículo que quiera insistir en eso. Si quiere ir, vaya usted." Sheldon alzó la voz con enfado. "Tengo la tarde libre y puedo hacer lo que se me dé la gana. ¿Escuchó?"
"No tiene por qué ser tan grosero conmigo", Melissa sintió la piel de gallina al ver la reacción del Doctor Cooper. "Yo sólo estoy tratando de hacer mi trabajo", Melissa suspiró como si estuviese a punto de llorar. En realidad, esa reacción de Sheldon, le pareció bastante seductora.
"No Melissa, no quise ser grosero. No me gustan esas reuniones y hace tiempo que no veo a mi familia de Texas. No he tenido un buen día, vaya usted en representación mía." Sheldon tragó saliva al comprobar lo fácil que era para él hacer llorar a las mujeres. "Cálmese, esto no es motivo suficiente para llorar".
"Doctor Cooper, la cena será en su honor, para celebrar su nominación al Premio Nobel", Melissa trataba inútilmente de convencer a Sheldon.
"Si quieren tener un gesto en mi honor, agradecería que me dejen en paz, cuando quiero estar solo". Sheldon se alejó de Melissa y continuó con su segunda (y última) charla del día.
"Howie, ¿Crees que fue lo correcto? ¿Crees que hicimos bien al llamarla?" Bernadette le preguntaba a Howard, durante el almuerzo.
Howard se encontraba intentando que su pequeña hija Isabella probara unas zanahorias. La pequeña nena, sacudía la cabeza como diciéndole a su padre que no le gustaban para nada esos vegetales.
"Bernie, ¿qué otra alternativa teníamos? Alguien debía hacer algo. Tú misma me dijiste que, hoy, cuando hablaste con Amy, se notaba que estaba llorando." Howard acariciaba los rizos rubios de la pequeña Izzy, que ya había cumplido diez meses de edad.
Bernadette asintió. "Sí, pobre Amy. Intenté que me dijera lo que sucedía pero no quiso. Dijo que todo estaba bien. Pero, no lo está Howie, no lo está".
"Yo lo sé, no es como si Sheldon le hubiese sido infiel o algo así, eso sería algo grave. Increíble, pero muy grave." Howard sacudió la cabeza con disgusto. "Sheldon, solamente está siendo… demasiado Sheldon y Amy está muy sensible como para darse cuenta de eso. Además, hace una semana que no vemos a Amy. Isabella quiere jugar con Nicky".
Howard sonrió tiernamente. Izzy y su padre tenían la misma mirada dulce cuando sonreían, pensaba Bernadette.
Después de verificar la presión en los neumáticos del auto que había rentado y llenar el tanque de la gasolina, Sheldon partió hacia Galveston para visitar a su familia.
Al llegar a la casa de su infancia, Sheldon detuvo el auto frente a la entrada, pero permaneció en él durante unos minutos. Sheldon extrajo el teléfono celular del bolsillo de sus pantalones y repasó la lista de contactos por dos ocasiones, a pesar de que había solamente un número que quería marcar.
"¡Hola, Amy!", la voz de Sheldon sonó casi como un susurro.
"¡Hola… Sheldon!" El corazón de Amy latía fuertemente dentro de su pecho, al escuchar esa voz que había estado anhelando oír durante todo el día.
"Llamaba para saber cómo estás… ¿cómo están Nicholas y el bebé?" Sheldon tuvo que contener el deseo de decirle a Amy que la amaba, como normalmente hacía cuando la llamaba por teléfono.
"Estamos… bien. Muy bien", Amy luchaba con su propia necesidad de confesarle a Sheldon lo que el Dr. Bowen le había informado. Pensaba que Sheldon se asustaría mucho al saberlo y no sabría cómo manejarlo. No era conveniente decírselo por teléfono.
"¡Qué bueno! Amy, ¿prefieres galletas de chocolate, de nueces o de avena?" Sheldon preguntó casualmente.
"Me gustan las galletas de avena, aunque Nicholas prefiere las de nueces. Pero, las galletas de chocolate que prepara Meemaw… mmm" A pesar de lo triste que Amy se sentía, el simple hecho de pensar en las galletas, le dibujó una sonrisa en los labios.
"Supongo que debo llevarte galletas de tres clases diferentes", Sheldon asintió seriamente.
"Sheldon, ¿habría la posibilidad de que regresaras a Pasadena… digamos, el lunes?" Amy tragó saliva, muy nerviosa.
"¿El lunes? No, no podría hacerlo, tengo tres conferencias para ese día y cuatro para el martes. Regresaré a Pasadena, el próximo jueves." Sheldon sintió deseos de volver en ese mismo instante. "Pero… ¿qué pasará el lunes? ¿Necesitas que yo esté en Pasadena para el lunes?" Sheldon comenzó a respirar agitadamente.
"No, es sólo que… Nicholas está aprendiendo a escribir su nombre y quería enseñártelo. Es tan lindo, todavía no lo perfecciona pero es adorable cuando lo intenta."
"Apenas regrese a Pasadena, iré a visitarlos… para ver a Nicky escribir su nombre." Sheldon estaba cada vez más convencido de su error al alejarse de Amy y los niños.
"Knock, knock, knock, madre. Knock, knock, knock, madre. Knock, knock, knock, madre."
Al escuchar la voz de su hijo, Mary Cooper corrió hacia la puerta. "¡Sheldon, hijo! No me dijiste que vendrías a Texas".
"Fue algo inesperado. Es un viaje de trabajo, pero tenía que visitar a mi mamá. ¿No es así?" Sheldon abrazó a su madre.
"Sí. Lástima que estés castigado, Sheldon Lee Cooper", Mary Cooper súbitamente haló la oreja derecha de Sheldon como solía hacerlo cuando era pequeño.
"Mamá, no nos hemos visto hace cuatro meses y así me recibes. Ayy!" Sheldon se quejó a gritos. "Al menos puedes decirme: ¿por qué estoy castigado?".
"Pues, ¿te parece poco hacer llorar a esa pobre niña? ¿En qué estabas pensando?" Mary cruzó los brazos con indignación.
"¿Ella te lo dijo?" preguntó Sheldon.
"No, ella no me dijo nada. Fue uno de tus amigos, me dijo que tú y Amy llevan más de una semana separados y que ni siquiera se hablan." El rostro de Mary se enrojeció por el enfado. "Yo no crié a un hombre que trate así a la madre de su hijos".
"¿Fue Leonard, verdad? ¿Por qué uno no puede enfadarse con su mujer sin que su mejor amigo le vaya con el chisme a su mamá?" Sheldon refunfuñaba.
"No Shelly. No fue Leonard, fue el judío bajito. ¿Cómo se llama? Horace… Horace Wasserman, sí fue él".
"¡Howard Wolowitz!" Sheldon entendió enseguida a quién se refería su mamá. "¿Qué te dijo exactamente?" Los tics nerviosos del físico teórico se dispersaban por toda su cara. Le costaba creer que Howard estuviese tan preocupado por él y Amy como para hablar con su mamá.
"Bueno, me dijo que tú estabas en Texas y que seguramente me visitarías este fin de semana. Me dijo además que no sabía muy bien por qué Amy y tú habían peleado, pero les había visto sufrir y extrañarse como locos." Mary Cooper tomó la mano de Sheldon y lo condujo al sofá para conversar. "¿Qué pasó Shelly?".
Sheldon suspiró hondo, tratando de darse valor para confesarse con su madre. "Yo, no soy bueno para ella. Por más que intente, no podré ser un buen esposo jamás y tampoco llenaré las expectativas como padre." Sheldon tuvo que detenerse unos minutos por el nudo que tenía en la garganta. "Es mejor que ella lo entienda ahora. Más tarde será más difícil, le haría más daño".
"Sheldon, no sabes cuántas veces me pregunto si debí llevarte con ese especialista en Houston" Mary apretó los labios mientras retiraba un mechón de cabello que caía por la frente de Sheldon. "Cariño, nadie dijo que era fácil tener una familia. Muchas veces las cosas no salen como planeaste, pero eso no significa que no seas bueno para ella".
"Mamá… Cuando Amy fue a San Diego por la cirugía de su tía, yo me quedé en casa con Nicholas, pero no pude cuidarlo. Nicholas estuvo muy enfermo y yo entré en pánico, no sabes lo terrible que fue. Luego culpé a Amy por eso y me sentí aún peor, tenía mucho rencor hacia ella por lo que pasó. Le dije que desearía no haberla conocido, le dije que la odiaba, pero eso no es verdad mamá. No sé cómo reparar el daño que le hice." En ese instante Sheldon empezó a llorar en el hombro de su madre, como cuando era un niño.
"¡Oh, Shelly! Mary secó las lágrimas de Sheldon con su pulgar. "Todo va a estar bien. Tú cometiste un error, pero vas a ir a pedirle perdón, de corazón, porque yo sé que ustedes se aman. No vas a perder lo mejor de tu vida por orgulloso. ¿De acuerdo?"
Sheldon abrazó a su mamá y asintió. "Sí", susurró débilmente.
"Ahora, vete a tu habitación, estás castigado". Mary se levantó del sofá y señaló hacia la antigua habitación de Sheldon.
"Pero mamá, ya no puedes castigarme, soy un hombre adulto. Tengo una familia." Sheldon trataba de razonar con su mamá, mientras caminaba hacia su habitación. "¡Tengo una nominación al Premio Nobel! ¡Tengo dos hijos, mamá!"
"Vete a tu cuarto, piensa en lo que hiciste y mientras estés ahí, consigue un boleto a Pasadena porque vas a regresar mañana mismo." Mary sonrió triunfantemente desde la sala. "Prepararé pollo frito para la cena. Te avisaré en cuanto Meemaw, Missy y George estén aquí".
"Mami ¿Puedes hacer galletas también?" Sheldon dijo tímidamente desde su habitación. "Les ofrecí galletas a Amy y a Nicky".
Amy había pasado la noche del sábado y la mañana del domingo, leyendo artículos para informarse de las posibles condiciones de su bebé, relacionadas con los resultados de sus exámenes de laboratorio.
Amy ya había estudiado la mayoría de esos síndromes y alteraciones genéticas, durante su carrera como neurobióloga, pero la situación era totalmente distinta al tratarse del bebé que estaba esperando.
Leer tanto sobre el tema, en lugar de hacerle sentir mejor, estaba haciendo que se preocupara aún más. Amy sabía que, a pesar de los resultados, su bebé podría ser completamente normal, sin embargo no podía dejar de pensar en cómo sería el futuro de ese niño si en verdad tuviese algún problema. Sheldon nunca aceptaría tener un hijo que no sea tan brillante como él o que, no le hiciera sentirse orgulloso, pensaba Amy con gran aprehensión.
"Tengo que dejar de leer esto. Solamente estoy haciéndome más daño." Amy puso las hojas de papel sobre la mesa de la cocina. "Todo va a estar bien." Inhaló profundamente.
"Nicky, hoy es un buen día para un picnic. ¿Qué opinas?" Le dijo sonriendo a Nicholas mientras lo tomaba de su mano y juntos iban hacia el jardín.
Era una mañana soleada y calurosa de junio; no había una sola nube en el cielo. El pasto del jardín de la casa de la señora Fowler estaba bastante crecido desde que ella fue a San Diego con la tía Marion, pero a pesar de que Amy no había tenido tiempo para ocuparse del jardín, las rosas y los lirios habían florecido.
Amy tendió un mantel azul a cuadros sobre el césped y se sentó sobre él, mientras Nicholas caminaba descalzo por el jardín, recogiendo piedritas y flores, que luego le entregaba a su mamá.
Nicholas se veía realmente feliz, riendo y saltando al sentir el cosquilleo que la hierba le producía en la planta de los pies. Al mirarlo, Amy pensaba que lo único que le faltaba para ser completamente feliz, era… Sheldon.
"Nicky, ya es hora de comer. ¡Ven acá!", Amy llamó al pequeñito y él fue corriendo hacia ella.
Cuando Amy extraía unos emparedados de pavo que había guardado en una cesta, escuchó una voz que la dejó sin aliento.
"¡Hola! Me preguntaba si tienen espacio para alguien más", Sheldon susurró dulcemente.
"¡Papi!", al ver a Sheldon, Nicholas se abalanzó hacia él, para abrazarlo. Sheldon lo tomó en sus brazos y lo levantó en el aire.
"¡Sheldon!" Amy tuvo que contener las ansias de abrazarlo también. "¿Pensé que seguías en Texas?", dijo al ver que el papá de Nicholas, traía su equipaje con él.
"Decidí regresar, tenía que ver a Nicholas escribir su nombre. ¿Verdad?" Sheldon sonrió, mientras observaba a Amy. Ella, se veía radiante, con aquel largo vestido celeste y un ligero suéter blanco. Parecía un ángel, era la personificación del amor, de la dulzura, era su Amy. Sheldon contuvo la respiración, mientras grababa esa imagen en su memoria.
"Amy, dime una cosa: ¿Por qué están ustedes descalzos y comiendo en el jardín?" Sheldon le preguntó, sorprendido por esa bucólica escena. "Parecen hippies" comentó. "Se ven adorables, pero… parecen hippies. Ja ja!" Sheldon soltó esa risita, que sonaba como un suspiro.
