Capítulo 29: Reabriendo las puertas del Crepúsculo

Mientras las estrellas iluminaban a la recién llegada noche, Link apareció en la fuente de Farone junto con Navi. El joven estaba ansioso por saber cuál era la siguiente etapa que debía cumplir para fortalecer la espada, y de esa manera salvar a su amada esposa; así fuera que al final de todo tuvieran que separarse. Por el momento no quería entristecerse pensando en eso, la seguridad de ella estaba primero y sólo con verla viva y segura le era suficiente.

- Te felicito por tu gran hazaña, joven héroe. La Espada Maestra recuperará sus poderes muy pronto, y de esa forma podrás vencer a Ganondorf.

- Fue muy difícil esta pelea, pero finalmente lo conseguí. Ahora quiero saber cuál es el próximo camino que debo tomar. – cuestionó ansioso.

- Debes dirigirte a buscar al espíritu de Eldin, él vigila dicha región. Con su ayuda sabrás lo que debes hacer para llegar a la siguiente llama.

- Tal y como me lo dijo el Espíritu de Latoan, pero la región de Eldin está un poco lejos de aquí, qué frustración. Cómo quisiera llegar más rápido. – indicó apenado.

- No te presiones, sé que estás preocupado por la princesa, pero quiero indicarte que ella ya no se encuentra en las garras de Ganondorf.

- ¿Qué ha dicho? ¿Cómo es posible? – preguntó sorprendido.

- No puedo darte detalles por ahora, pues no me corresponde, pero por el momento confórmate con saber que ella se encuentra bien y en un lugar seguro. Al igual que tú, ella está cumpliendo con su misión encomendada.

- Es decir que ella ya sabe…

- Así es… ya con el pasar del tiempo descubrirás más cosas sobre ella.

Por una parte esas palabras tranquilizaron al joven, pero por otra lo hicieron preocuparse. ¿Dónde se encontraba su esposa? ¿Con qué clase de personas estaría conviviendo? ¿Estaría ella buscándolo? ¿Seguiría enojada y resentida por su supuesta infidelidad? Definitivamente esas dudas lo mortificaban, pues a pesar de todo lo ocurrido, la amaba y extrañaba sentirla entre sus brazos como antes.

- Veo que tu brazo está sangrando, al parecer con quien peleaste te causó esa profunda cortada.

- No es nada, ya se me curará. – respondió desanimado y con poco interés.

- No subestimes esa herida, pues el hierro oxidado que te cortó puede enfermarte gravemente. Sumérgete en las sagradas aguas de mi fuente, estas te curarán, limpiarán y regenerarán lo rasgado de tus ropajes.

- Está bien, muchas gracias.

- No hay nada que agradecer, recuerda llamar al Espíritu de Eldin tal y como lo hiciste conmigo. Que las Diosas te acompañen.

Luego de esas palabras, el Espíritu de Farone se retiró, dejando al príncipe más informado sobre su travesía.

- ¡Link, sumérgete en la fuente inmediatamente, me preocupa esa herida! – exigió Navi.

- Lo haré enseguida…

Link se sumergió en las curativas aguas de la fuente y rápidamente su herida empezó a cicatrizar, incluso sus rasgadas ropas comenzaron a limpiarse y a sellar las rasgaduras que tenían. Todo eso hacía que el joven se sienta mejor por fuera, pero por dentro estaba mal, y eso se veía reflejado en sus apenados ojos.

- ¿Qué te pasa, Link?

- Sólo estoy cansado por la pelea. – contestó, tratando de no mostrarse desanimado.

- No es cierto, algo te pasa. No estés triste, la princesa está bien.

- Lo sé pero… quiero verla, necesito verla.

- Vas a ver que una vez que la encuentres, estarán juntos por siempre. – dijo animada.

- Ojalá sea así porque… nuestra relación no está del todo bien. Antes de que Ganondorf se la llevara, estábamos en proceso anular nuestro matrimonio.

- ¡Qué! ¿Por qué? – preguntó espantada.

- Por culpa de una… de un maldito mal entendido. – dijo irascible.

- No entiendo…

- Mejor te lo cuento en el camino. Quiero que vayamos al pueblo, comamos algo y busquemos un hostal donde dormir. Desde la mañana no hemos comido nada y todo este tiempo hemos dormido a la deriva, y además quiero tomar un baño y ponerme otra ropa, mientras este sayo se seca.

- La verdad estos días han estado muy fríos, a pesar que ya me he habituado a pasarlos. Antes, en las noches heladas, me abrigaba durmiendo al lado de mi hermano, pero desde que se fue, he tenido frío. – recordó entristecida.

- Parece que no eres la única que está triste, verás que tu hermano aparecerá. Vámonos de una vez al pueblo, pues mañana partiremos a la región de Eldin.

El joven y su acompañante fueron a buscar a la yegua, que estaba descansando a unos pasos de la fuente, sin saber, que alguien había escuchado su anterior conversación y los estaba observando con profundo interés, sobre todo al príncipe…


Esa noche, en el frío y árido desierto, se encontraba Ganondorf en trance observando el increíble portal que se mostraba frente a sus ojos. No podía creer que después de tantos siglos el mismo estaba abierto y accesible.

- ¡Eres increíble! Definitivamente, tu conexión con los demonios es única. – expresó a Grahim maravillado.

- Me halaga… como usted sabe hacer este tipo de rituales es algo de lo que se me caracteriza. ¿Recuerda la última vez que lo reviví? Bueno, ese ritual fue perfectamente planeado, pero de no haber sido por el mocoso imbécil, nada hubiera fracasado. – manifestó irascible.

- Ya no te lamentes, lo único que importa es que has vuelto a la vida y yo también.

- Tiene razón, pero la gran curiosidad que tengo es qué tanto desea encontrar en ese desterrado mundo.

- Venganza…

- ¿Venganza?

- Vengarme de alguien que tuvo que ver con mi derrota pasada, no de manera directa como el despreciable mocoso, pero si colaboró con él.

- Pero amo, usted cree que ha de seguir vi…

- Si lo está, pues también le ha ocurrido lo mismo que a la princesa, a Link y a mí. De eso no tengo duda.

- Entiendo claramente lo que dice y hasta puedo imaginar que es lo que desea que haga, puedo ver en su mirada sus intenciones. – indicó sonriente.

- ¡Qué inteligente eres! Pero aparte de eso, hay otra cosa que deseo que hagas luego de tu regreso. En una cámara del patíbulo, hace unos días, encontré entre los carcomidos huesos de un monstruo, algo muy interesante. ¿Tú crees que por medio de eso puedas traer de regreso a su dueño?

- ¡Claro que puedo! Todo lo que tenga que ver con las fuerzas del mal, puede ser revivido. ¿A quién desea traer?

- Ya lo verás… Entonces, ya sabes lo que tienes que hacer, pero primero lo primero. Ve a ese mundo y tráeme lo que deseo, pero antes necesito que me escuches con mucha atención.


Las coloraciones naranjas y negras adornaban el firmamento de tan desconocido sitio, un lugar donde al inicio de los tiempos fueron desterrados los pecadores de la luz, quienes desafiaron a las Diosas para obtener la sagrada reliquia creada por ellas. Seres que fueron condenados a vivir eternamente en un mundo donde no existía ni el día ni la noche, sólo un perpetuo ocaso se hacía presente, recordándoles el motivo por el cual estarían destinados por siempre a vivir bajo las penumbras.

Con el pasar de los siglos la idea de lamentarse por vivir en tierras oscuras fue descartada, pues los descendientes de los primeros traidores a las Diosas aprendieron a amar su mundo bañado por el ocaso y a convivir entre ellos en perfecta armonía.

El nombre de tales tierras, donde vivían los mencionados seres y la luz de sol jamás se hizo ni haría presente, era conocido como el Crepúsculo.

El Crepúsculo era un reino habitado por los seres llamados Twili, todos ellos eran los descendientes de aquellos desterrados del mundo de la luz, que a pesar de estar marcados por tal oscuro pasado, decidieron no cometer los mismos errores de sus antepasados y aceptar de buena manera la vida y el mundo que los rodeaba.

Todos los Twili vivían en sana convivencia en el reino del ocaso y eso se daba no sólo por las excelentes relaciones que tenían entre ellos, sino también por los justos y poderosos príncipes que los gobernaban.


Una joven se encontraba observando un gran y majestuoso monumento, donde en el mismo se simbolizaba el valor, la lucha y la perseverancia, juntos. Una parte de tan majestuosa construcción mostraba a un lobo pardo y detrás del animal un joven cuyos ropajes eran extraños y diferentes a los tradicionales, pero que dentro de los mismos se marcaba una leyenda, un héroe que luchó incansablemente por salvar su reino y al paralelo al mismo, y que gracias a ciertos poderes adquiridos, tenía la capacidad de convertirse en la bestia sagrada que relataban las leyendas del pueblo de los Twili. El único hombre que fue capaz de derrotar al legendario Tirano de las Sombras, y que gracias a ello recuperó la paz y seguridad de todos.

La mujer que se encontraba sentada contemplando dicha escultura se caracterizaba por poseer una exótica belleza; sus cabellos naranjas se mecían al vaivén del viento crepuscular y este combinaba a la perfección con la tonalidad roja y amarilla de sus ojos; su piel pálida se asemejaba al verde marino de los mares de su reino, y su cuerpo, parcialmente cubierto por telas negras, mostraba sus exuberantes curvas, capaces de despertar las más escondidas pasiones a quien lo contemplase.

Esa joven era la gobernante de dicho mundo junto con alguien más, y también era la descendiente de la primera princesa del Crepúsculo que viajó al mundo de la luz para salvar a su reino, y como dictaba la tradición de llamar a todas las mujeres nacidas en la familia real Twili, como aquella valiente mujer, la joven poseía el mismo nombre que ella, Midna.

Midna se encontraba ensimismada observando la estatua sagrada, la cual su antepasado construyó hace miles de años en honor al héroe que salvó su mundo. Por una extraña razón, desde niña tuvo un enorme interés por esa leyenda y se informó sobre la misma lo más que pudo, pues sentía que esta tenía que ver con ella, por un desconocido motivo.

La joven mantuvo la mirada en la escultura, centrada en sus pensamientos, hasta que sintió que unos pequeños brazos le rodearon sus largas piernas.

- ¡Mamá!

La mujer bajó la vista y sonrió. Tomó en brazos al pelirrojo y pequeño niño, y luego de eso, cruzó la mirada con quien lo venía acompañando, un joven de cabellera blanca y desordenada, con la piel de la misma tonalidad de ella y ojos azules rodeados por una coloración ambarina.

- Veo que sigues contemplando la estatua del antiguo héroe, mi amor. – dijo el hombre.

- Lo sé, es que sabes que esa leyenda me interesa mucho, pues mi antepasado, la primera princesa Midna, fue la que lo acompañó en su periplo, y gracias a él el pueblo Twili se salvó de las garras del tirano de Zant. – respondió la princesa.

- El héroe del mundo de la luz, con la capacidad de convertirse en la bestia sagrada que hablaban las leyendas de nuestro reino. Desde ese momento, empezaron muchas tradiciones.

- Claro que sí, como por ejemplo, ella ordenó que todos los varones nacidos en la familia real Twili sean bautizados con el nombre de él, Link.

- Por esa razón nuestro hijo se llama así.

- Así es, mi querido Orión.

Luego de esas palabras, la pareja se dio un pequeño beso, mientras su hijo se sonrojó al ver tan tierna escena.

- Es curioso, al parecer la princesa le tomó cariño al héroe, por eso creó ese mandato, pues a su primer hijo le puso también ese nombre. – dijo Orión.

- En estos momentos me encuentro leyendo el diario que le perteneció, el idioma es muy antiguo, y como soy una de las pocas que lo ha estudiado, puedo entenderlo. Ahí relata que cuando regresó al reino, luego de destruir el espejo, fue coronada como reina y después llegaron muchos pretendientes a cortejarla, pero al inicio ninguno le agradó, pues todos la buscaban por puro interés, sin embargo hubo uno que si le llamó la atención, y a pesar de que no lo amaba, decidió casarse con él, sin imaginarse que después de empezar a conocerse, se enamorarían el uno del otro. Luego de aquello, vino su primer hijo y el rey no tuvo ningún inconveniente en ponerle Link. Con eso demostró ser un hombre muy tolerante, pues en el fondo suponía que ella llegó a sentir algo especial por el héroe legendario.

- Me recuerda un poco a nuestra historia, aunque tú y yo si nos casamos enamorados, pues tuvimos tiempo de tratarnos. Es muy interesante lo que has leído, me imagino que ahí narra con detalle todas las aventuras que vivió junto al héroe.

- Ahí relata muchas cosas, tanto públicas como muy personales. Cuando lo termine de leer, te contaré. – dijo con voz pícara.

- ¿Si has escuchado lo que se ha rumoreado en el palacio desde que naciste, verdad? Todos aseguran que tú eres la reencarnación de la primera princesa Midna, la que estuvo junto al héroe legendario y salvó este mundo y al alterno al mismo.

- Muchos lo han dicho, incluso mi difunta mamá me lo decía, hasta por el hecho de haber nacido con sus mismos poderes, pero yo no creo eso. El hecho de tener la Sombra Fundida de mis oscuros antepasados y digan que físicamente somos idénticas, no quiere decir que yo posea el alma de ella.

- Es que no sólo eres idéntica físicamente, también eres igual en personalidad y actitud; hermosa, buena soberana, pero creída y egocéntrica. Te encanta presumir lo bella que eres, te miras al espejo a cada rato y te sientes feliz y orgullosa del nombre que tienes. Tu antepasado era así, como tú. – dijo riéndose.

- Bueno, es cierto que me gusta mucho mirarme en el espejo, amo mi belleza y no lo puedo evitar, pero creo que yo soy más modesta que ella. – admitió avergonzada.

- ¿Ah sí? Pues yo no lo creo, además hace cuatro años, después tener a Link, te obsesionaste con la idea de que engordaste, cuando a mi parecer quedaste bella e igual que siempre.

- ¡Entiende, una princesa y futura reina debe verse siempre bien! Además eso también lo hago por ti, ¿o qué? ¿No te gusta verme radiante para ti? – preguntó mirándolo a los ojos, sonriente.

- ¡Claro que sí! Eres la princesa, esposa y mamá más bella del reino Crepuscular, además de eso, sabes que te amo y nunca dejaré de agradecerte el que me hayas regalado una familia.

- La que debe agradecerte soy yo, pues de todos mis pretendientes fuiste el único que me pudo enamorar y ver en mí más allá de mi belleza o posición. A pesar que eres el hijo de unos importantes condes de la región Norte, nunca demostraste creerte más que los demás.

- Desde siempre quise conocer a la vanidosa princesa del reino del crepúsculo, y cuando lo hice me di cuenta que su belleza interna era más atrayente que la externa.

La pareja se disponía a darse otro beso, pero las palabras de su hijo los detuvo.

- ¡Mamá, prometiste que iríamos a dar un paseo por el bosque!

- Es cierto, vamos al palacio a ver a Wolflink. Sabes que a ese lobo le encanta correr por todos lados.

- ¡Sí, quiero montar al lobito!

- Esa es otra tradición que creó tu antepasado, mi amor, que la mascota que representara a la familia real sea un lobo crepuscular, por eso es que desde siempre ha habido esa especie en el palacio. – dijo Orión.

- Así es, pero Wolflink es especial, me ha acompañado y cuidado desde que yo era niña, y ahora hace lo mismo con mi hijo. ¿Cómo no amarlo?

- Es verdad, pero tengan cuidado en su paseo, por favor.

- Lo tendremos, que pena que no puedas venir con nosotros, querido.

- Hay muchos asuntos en el palacio que resolver. Recuerda que muy pronto seremos coronados como reyes, y debo preparar todo para ese día.

- Es cierto, desde la muerte de mis padres, no han habido reyes gobernando el Crepúsculo. Entiendo que no nos puedas acompañar, pero no tardaremos en regresar.

Luego de despedirse de su esposo, la princesa Midna cargó a su hijo y se dirigieron a buscar al lobo para que los acompañe al bosque.


El hijo de Midna estaba feliz en el bosque montado a la mascota de la familia real Twili, un lobo con pelaje negro, brillantes ojos azules y una especie de escudo cubriéndole la frente. A pesar de tener algunos años, aún conservaba la energía suficiente para correr por todos lados, sin cansarse.

- ¡Corre más rápido, Wolflink! – gritó el pequeño emocionado.

- No, Link, no quiero que te alejes tanto, por favor. – ordenó con ímpetu la princesa.

- ¡Sólo será un rato, mamá!

Las palabras de la Twili fueron en vano, pues el niño encima del lobo, salió corriendo del lugar y se adentró a la parte más profunda del bosque, lo que provocó que su madre sólo suspire resignada.

- ¡Ay este niño, es digno hijo mío, terco!

La princesa se levantó con prisa del tronco en donde estaba sentada y luego se dirigió a buscar al travieso de su hijo; aunque en el fondo, se divertía con su inocente y revoltosa actitud. Le recordaba a ella a esa edad.


Luego de unos minutos de correr hasta adentrarse a los confines del bosque, Midna logró encontrar a su hijo junto al lobo.

- ¡No me gusta que te vayas tan lejos, Link! – dijo enojada.

- Perdón, mamá. – respondió apenado.

- No tienes remedio, cómo quisiera que seas más…

Las palabras de la princesa fueron interrumpidas por un estruendoso ruido, uno que provocó que los pequeños animales de las sombras salgan despavoridos de los árboles que habitaban.

- ¡Pero qué…!

Midna vio como un numeroso grupo de monstruos, de una apariencia diferente a los que ella había visto, se acercaban a ella, y detrás de los mismos un sujeto de cabello blanco los lideraba.

- ¡Hasta que por fin te encuentro, princesa del Crepúsculo!

- ¿Quiénes son ustedes? – preguntó alarmada.

- Mi nombre es Grahim y soy el Señor de los Demonios y ellos… son mis sirvientes. – dijo de manera displicente.

- No parecen ser de por aquí. ¿De dónde vienen?

- Se nota a simple vista que no somos de por aquí, sobre todo yo. Créeme que me he repugnado al ver a algunas criaturas de este mundo, ninguno llega a la belleza que yo poseo. definitivamente la falta de luz les ha perjudicado… y respondiendo a tu pregunta, venimos de nada más y nada menos que del mundo de la luz. – dijo fingiendo emoción.

- ¡¿Mundo de la luz?! Eso es imposible, no puede ser. ¿Cómo pudieron entrar a este mundo? – preguntó impactada.

- Ya impacientas con tantas preguntas. ¡Vinimos por medio del Espejo del Crepúsculo! ¿Por dónde más? – preguntó irónico.

- Ese espejo está destruido desde hace siglos, no puede ser que hayan entrado por medio de aquello, además si fueran seres de luz ya se habrían muerto al exponerse al ambiente de aquí.

- Si conocieras más sobre el poder de los demonios, no serias tan tonta y lo entenderías. En primer lugar, restablecí el espejo por medio de un ritual demoniaco, y la razón por la que no nos hemos transformado, es la misma, pues he protegido a este montón de inútiles y a mi hermosa persona para que este lúgubre ambiente no nos mate, o en el peor de los casos, me convierta en un ser horrendo. ¡Eso sería una desgracia para mí! – exclamó aterrado.

- No puede ser…

- ¡Claro que puede ser! ¿O que creíste? ¿Qué a lo que destruiste el espejo sería imposible restablecerlo? ¡Ilusa!

- Espera, yo no destruí ese espejo…

- Deja de hacerte la desentendida, tu eres la causante de que el espejo haya sido destruido y además no he venido aquí a tener una charla amena. Tú vas a venir conmigo, pues mi amo y señor Ganondorf te espera. – dijo haciendo una fingida reverencia.

Midna enmudeció al escuchar ese nombre, pues lo había leído en el diario de su antepasado, y en ese momento supo que ese tipo era extremadamente peligroso. ¿Qué quería él obtener de ella?

- ¿Vas a venir? ¿O acaso la señora requiere una invitación especial? – preguntó con sarcasmo, acomodándose el flequillo.

- ¡Lárguense de aquí! – gritó exaltada.

Grahim sacó su espada y rápidamente se acercó hacia la princesa para atacarla, pero no contó con que el lobo iba abalanzarse encima de él, mordiéndole el brazo con verdadero odio. Esta acción provocó que el villano se queje de dolor y de una patada envíe al animal a chocarse contra un árbol.

- ¡Bestia inmunda, te voy a enseñar a respetarme!

Grahim se aproximó al lobo para asesinarlo, pero su acción fue detenida al sentirse impactado por una esfera de energía golpeándole el pecho, y cuando se recuperó de la agresión, se dio cuenta que la causante de aquello fue Midna.

- ¡Maldita infeliz!

- ¡No te le acerques, no pienso permitir que nadie de aquí salga herido por ti!

Midna tenía las fuerzas y los deseos de luchar contra Grahim, pero cuando se disponía a hacerlo, escuchó el llanto de su hijo asustado, eso la preocupó en sobremanera, no podía exponerse a que algo malo le pase durante la pelea, pues aparte del villano, estaba su numeroso sequito de monstruos que podían aprovechar su distracción para acercarse al niño. Definitivamente estaba en total desventaja ante ellos, así que muy a su pesar tomo una rápida y arriesgada decisión, huir.

- ¡Wolflink, vámonos de aquí!

Midna tomó a su hijo en brazos y junto con el lobo corrió con todas sus fuerzas para huir del bosque.

- ¡Sigan a esa estúpida! Pero no la maten, debemos llevarla viva ante el amo.

Siguiendo las órdenes de Grahim, los monstruos corrieron para alcanzar a Midna.


La princesa corrió con todas sus fuerzas para salvar la vida de su hijo, la de ella misma poco le importaba, lo único que quería es el que él este a salvo, a pesar que sabía que se le hacía dificultoso correr rápido debido al peso de cargarlo.

- Mamá, ¿quiénes eran ellos? ¿Por qué nos atacan? – preguntó asustado.

- No te preocupes, sólo quieren molestarnos. – le respondió, fingiendo tranquilidad.

Midna sintió como detrás de ella venían los monstruos, estaban a punto de alcanzarla y eso la desesperó enormemente, así que con rapidez se escondió en unos arbustos para ganar algo de tiempo y evitar que la encuentren.

El lobo miraba a su ama preocupado, quería pelear ante todos esos monstruos, pero sin una orden de Midna, no podía hacerlo.

- ¡Link, vete con Wolflink a ver a tu papá!

- ¿Y tú? ¿Te vas quedar sola? ¡No quiero que esos malos te golpeen!

- Tranquilo, recuerda que tu mamá es fuerte, acabaré con ellos. – le indicó sonriéndole, dándole seguridad.

Las palabras de la joven no tranquilizaron en lo absoluto a su hijo, más bien causaron que empiece a llorar desconsoladamente, provocando que ella se sienta dolida de verlo sufrir.

- ¡No llores, obedéceme y anda donde tu padre! – le dijo con firmeza.

- ¡No quiero!

- ¡Está escondida en esos arbustos, he oído voces! – dijo uno de los monstruos.

La princesa empezó a angustiarse de ver que su hijo no quería cooperar, y al mismo tiempo se asustó al sentir que la horda de monstruos ya había sentido su presencia a la lejanía, así que con el dolor de su alma puso una mano encima de los ojos del pequeño e hizo que caiga dormido por medio de un hechizo. Luego de eso lo colocó encima del lomo del lobo.

- ¡Llévalo donde Orión e indícale lo que ha pasado! – dijo desesperada.

A pesar que el lobo no podía hablar, hacia sonidos característicos de su especie llenos de angustia, pues no quería dejar a su ama sola.

- ¡Yo estaré bien, salva a mi hijo, por favor!

El lobo no tuvo más opción que obedecer, así que entristecido se llevó al niño dormido en su espalda y corrió con todas sus fuerzas para llevarlo al palacio del Crepúsculo. Mientras tanto, Midna salió de su escondite dispuesta a enfrentar a los monstruos.

- ¡Ahora si me las pagarán, bastardos! – exclamó sonriendo con arrogancia.

Midna hizo que una gran esfera de energía se formara en sus manos, y una vez que estuvo lista, se la lanzó a los monstros haciendo que todos caigan heridos al suelo. Estos enfurecidos volvieron a abalanzarse encima de ella, pero la joven, debido a su gran fortaleza, se defendió incansablemente y volvió a impactarlos por medio de su magia.

- ¿Quieren más? Parece que no fue suficiente, ahora si acabaré con todos…

Midna sintió como una dolorosa punzada la recorría de cuerpo entero, por más que trató de moverse para librarse del dolor, fue inútil, este iba en aumento y finalmente provocó que caiga al suelo, inconsciente. Después frente a ella se coloraron los pies del responsable de su caída, Grahim.

- Definitivamente las cosas salen mejor cuando las hace uno mismo. No puedo creer que tengo que ensuciar mi bello traje sólo porque ustedes son unos inservibles. – se quejó con arrogancia.

Grahim se agachó y cargó a la inconsciente Twili, luego ordenó a sus sirvientes que lo sigan.

- Ya vámonos de aquí, debemos llevar a esta mujer ante el amo. Esperemos que de ella consiga lo que quiere.


El príncipe Orión se encontraba a las afueras del palacio esperando la llegada de su esposa e hijo, preocupado porque ya se habían tardado mucho en regresar y también por el ruido que creyó escuchar provenir del bosque.

De repente vio cómo se aproximaba el lobo de la familia con su hijo dormido en su lomo, pero su esposa no venía con ellos.

- ¿Qué sucede, Wolflink? ¿Y Midna? – preguntó alarmado.

El lobo empezó a hacer sonidos para comunicarse y contarle lo sucedido, por suerte el joven pudo entenderlo debido a que, al igual que Midna, tenía algunos poderes y uno de ellos le permitía entender a los animales.

- ¿Midna se quedó peleando con esos extraños sujetos? Lleva inmediatamente a Link donde la niñera para que lo acueste en su cama, mientras tanto iré tomar mi espada y a ver a la tropa. La buscaré hasta encontrarla, no te preocupes. – dijo enojado y decidido.

El lobo obedeció y se retiró del lugar con el niño, mientras tanto el príncipe se a lo suyo, sin saber que lamentablemente no hallaría a su amada por ningún sitio.


Ganondorf se encontraba frente al Espejo del Crepúsculo esperando la llegada de su fiel sirviente. Estaba ansioso por saber si la misión a la que lo había enviado había resultado exitosa.

Minutos más tarde el villano vio como el espejo empezaba a brillar intensamente, indicando que del mismo saldría Grahim trayendo consigo lo que le había pedido.

- ¡Por fin regresas, ya me estaba alterando!

- Disculpe la tardanza, amo, pero controlar a esta mujer costó un poco, pero cuando la tomé desprevenida, la ataqué. – dijo orgulloso.

- ¡Buen trabajo! Despiértala, es momento de que me conozca.

Grahim despertó a Midna por medio de sus poderes. La joven poco a poco empezó a abrir los ojos, y cuando sintió la intensidad de la luz de la luna y las estrellas invadiendo el lugar se asustó pensando que moriría a causa de la misma, pues por la condición de su raza la iluminación era dañina… pero grande fue su sorpresa al ver que no le había pasado nada, y que hasta se adaptó sin dificultad alguna.

- Vaya, vaya… por fin la bella durmiente ha despertado. – dijo Ganondorf.

La princesa seguía confundida, se preguntaba a sí misma en dónde se encontraba, y además estaba sorprendida de ver que su cuerpo no se lastimó o transformó debido a la desconocida luz. En ese momento se dio cuenta que cosas extrañas sucedían a su alrededor y todas las relacionó con la llegada de Grahim. Así descubrió que ya no se encontraba en su mundo.

- ¿Dónde…?

- Veo que necesitas algo de ayuda para darte cuenta. Te informo que ya no estás en el Crepúsculo, pues por medio del espejo llegaste al mundo de la luz, y si no te ha pasado nada al exponerte a la misma, ha de ser porque heredaste esos poderes que adquirió tu antepasado al fusionar su alma con el de la Princesa del Destino.

La joven estaba anonadada, descubriendo así que era cierto lo que le indicaron los médicos y sabios de su reino, ella tenía la capacidad de exponerse a la luz sin lastimarse o morirse, tal y como su antepasado lo logró adquiriendo poderes del mundo de la luz. ¿Sería esa una señal de que ella era la reencarnación de la primera princesa Midna, la que luchó junto al héroe legendario?

- Veo que te ha impactado todo lo que te he revelado, pero es la verdad… Oh, disculpa que no me he presentado ante ti, ¡qué vergüenza! Mi nombre es Ganondorf, soy el rey de las tinieblas, y ahora te encuentras bajo mi dominio. – indicó arrogante.

La princesa se espantó en sobremanera al escuchar el nombre del villano, y observándolo físicamente sus características eran muy parecidas al mal hombre que perjudicó su mundo hace miles de años. ¿Acaso se trataría del mismo?

- ¡No entiendo por qué me trajiste aquí! ¿Qué es lo que quieres? – preguntó alarmada.

- Iré al grano. Quiero que me entregues el poder de tus antepasados, aquel que es capaz de causar la más grande de las destrucciones, la Sombra Fundida.

Midna empezó a ser traicionada por los nervios, de ninguna manera podía entregarle una reliquia tan importante y peligrosa a Ganondorf.

- No sé de qué me hablas, yo no tengo nada de lo que mencionas. – dijo fingiendo intriga.

- ¿Ah sí? ¿No sabes de qué hablo?

Ganondorf agarró del cuello a Midna con violencia, para luego hablarle amenazante.

- Según he visto en mi oráculo, eres la princesa del reino de Crepúsculo, amas a tu reino más que a tu propia vida y jamás dejarías que le suceda nada malo… sin embargo eso no es lo más interesante… también tienes un esposo y un pequeño hijo, y sería algo muy triste que algo malo les pase, ¿verdad?

- Eres un mal nacido… – habló con dificultad.

- ¡Silencio! Soy tan poderoso que con sólo mover un dedo puedo aniquilarlos en un segundo. La vida de ellos está en tus manos. O me entregas la Sombra Fundida, o los asesino.

Midna se sintió entre la espada y la pared, sabía que entregarle la Sombra Fundida era peligroso, pero al mismo tiempo no quería que su familia sea aniquilada. ¿Cuál decisión debía tomar? ¿O acaso tenía algún plan en mente?

- Te doy tres segundos para que decidas... 3… 2…1…

- ¡Está bien!

Ganondorf, de manera brusca, lanzó al suelo a Midna, y previo a eso le exigió que le dé lo que le había pedido.

- ¡Entrégame la Sombra Fundida, ahora!

Midna, llena de dudas, alzo sus manos en la palma de las mismas se fue formando un curioso y poderoso objeto, la Sombra Fundida, cuyos oscuros hechizos podían ser letales para quien no los supiera manejar, ni siquiera ella misma era capaz de hacerlo, pues aún se estaba entrenando para ello.

Midna estiró sus manos para entregarle a Ganondorf la Sombra Fundida.

- ¡Ya tienes lo que me pediste! Ahora cumple con tu promesa de no lastimar a nadie de mi reino. También te pido que me dejes en libertad para regresar a donde pertenezco. – pidió amenazante.

Ganondorf sólo se limitó a reírse a carcajadas ante la petición de la princesa, eso produjo que ella sienta un ligero escalofrió al escucharlo, aunque lo disimuló a la perfección para no demostrar miedo.

- ¿De qué te ríes, imbécil? – preguntó indignada.

- Veo que eres una princesa mal educada e irrespetuosa para dirigirte a mí, pero por el momento no prestaré atención a eso. Te prometí que no mataría a nadie de tu reino, pero eso no quiere decir que no se tomará dominio de ellos.

- ¿Qué has dicho?

- No vas a regresar a tu mundo, a pesar que me entregaste la Sombra Fundida, aun eres un poco fuerte, así que te quedarás aquí encerrada para siempre.

- Qué…

- Tú te atreviste a interferir en mi derrota pasada, y todo el que osa a enfrentarse a mí no merece ser libre. Pensaba en matarte de una buena vez, pero mejor lo haré cuando ya veas tu imperio caído, o quién sabe si mueras antes, pues ni creas que tendré buen trato contigo estando encerrada. Si mueres de hambre y frío, eso sería lo mejor.

- ¡Maldito canalla!

Midna se puso de pie para atacar a Ganondorf, pero este por medio de su energía la aventó a una pared del Circo del Espejo.

- Como ya te pudiste haber dado cuenta, tú eres la reencarnación de aquella Twili que luchó junto al mocoso del héroe. Talvez no recuerdes muchas cosas, pero las cosas son así, y la prueba de ello es que tenías la Sombra Fundida en tus manos.

- ¡No permitiré que te salgas con la tuya, sea como sea te detendré!

- No creo que puedas detenerme, has perdido lo único que te hacia más fuerte… pero espera… que la caída de tu reino no es lo único que presenciarás, pues en este momento verás con tus propios ojos la llegada de un antiguo "amiguito". – indicó fingiendo amabilidad.

Ganondorf hizo una señal para que Ferrus sostenga a Midna, quien a pesar que luchó por soltarse estaba muy débil, pues la agresión que sufrió por Grahim, el haber perdido la Sombra Fundida, y el último golpe que le propició el Rey de las Tinieblas, la habían perjudicado.

Una vez que Midna quedó atrapada en manos de Ferrus, Ganondorf se acercó a Grahim.

- Grahim, te entrego el arma para que la utilices en tu ritual.

El Rey de las Tinieblas apareció en sus manos una extraña espada, todos los presentes no sabían de dónde había salido, pero Midna se sobresaltó en sobremanera al verla.

- ¡La Espada del Crepúsculo! Pero se supone que…

- Debería estar destruida, pues eso creíamos todos, pero mientras el patíbulo se encontraba en plenas reparaciones, la encontraron en una sala repleta de arena y entre varios huesos. ¿Quién diría?, al final la espada nunca se destruyó. ¿Si sabes a quién perteneció esto, verdad?

Midna sabía perfectamente a quién perteneció la espada según lo estudiado en su vida, pero lo que no entendía con claridad era qué pretendía Ganondorf hacer con ella.

- ¿Qué harás con eso?

- Sólo observa…

Ganondorf le entregó la espada a Grahim, y este por medio de sus poderes la colocó en medio del Circo del Espejo, flotando. Inmediatamente empezó su danza demoniaca y a recitar sus rezos en idioma antiguo para invocar a los demonios y poco a poco, alrededor del arma, comenzó a formarse una silueta, siendo esta muy conocida por el Rey de las Tinieblas.

Midna estaba desesperada, en esos momentos ya se imaginó lo que Grahim pretendía hacer, pues asoció lo ocurrido con las palabras que le dijo antes de secuestrarla, que por medio de sus demonios él podía hacer lo que sea, así que sin que nadie se diera cuenta, hizo un esfuerzo por tratar de comunicarse con alguien importante para ella, pensando que la cercanía del espejo del crepúsculo podía ser una ventaja para aquello…


En el reino del Crepúsculo, el príncipe Orión regresó de su búsqueda totalmente consternado, pues por más que buscó a su esposa por todos lados, jamás la halló. El joven se disponía a buscar por el palacio a ver si había regresado, pero de repente sintió una voz hablando en su cabeza.

- Va a regresar… sálvense ustedes y al pueblo.

- ¿Midna? ¿Dónde estás? ¿Quién va a regresar? – preguntó alarmado.


Por medio de su mente Midna le comunicó rápidamente al príncipe la tragedia que estaba a punto de ocurrir, y aparte de eso un plan escondido del que Ganondorf no tenía conocimiento por el momento.

La joven estuvo hablando con el príncipe por varios minutos, hasta que sus pensamientos telepáticos fueron interrumpidos al ver al horroroso ser que se había formado frente a ella.

Delante de todos los presentes apareció el ser de las sombras más temible y despiadado de todos, uno que desde siempre soñó con gobernar el mundo Crepuscular, y de esa forma convertirse en su legítimo rey… Zant, desde hace miles de años, conocido como el Tirano de las Sombras.

El recién resucitado observó todo a su alrededor con extrema curiosidad, inmediatamente reconoció estar en el Patíbulo del Desierto, pero cuando cruzó su mirada con la de Ganondorf, su mirada se llenó de odio hacia el mismo.

- ¡Traidor! – gritó irascible.

- Vamos, Zant. ¿Qué manera de tratar es esa al que te devolvió la vida? – preguntó amable.

- ¡Eres un traidor! Me juraste hacerme fuerte y al final me abandonaste, me dejaste morir en manos de ese estúpido héroe y Midna.

- En serio pretendía revivirte, pero al final yo también fui vencido, y además el que debería sentirse ofendido soy yo, pues cuando estaba agonizando al ser vencido por ese imbécil, tu acelerarse mi muerte rompiéndome el cuello. – dijo resentido.

- ¡Te lo merecías!

- Mira, te propongo un trato… es mejor aliarnos. Tú siempre has soñado con ser el Rey del Crepúsculo y gobernarlo a tu antojo. Pienso darte el trono, sólo si me obedeces y me ayudas a destruir al tonto del héroe elegido que causó nuestra derrota pasada, pues con tu poderoso ejército de monstruos de las sombras y el mío lo haremos. Creo que la prueba más grande de fidelidad que te estoy dando es entregarte en bandeja de plata la corona, ¿no crees?

Zant se quedó callado ante la propuesta de Ganondorf. Al principio no sabía si aceptar, pero después de meditarlo unos segundos, terminó por hacerlo.

- Está bien, acepto… sólo porque me das la corona.

Ganondorf y Zant estrecharon sus manos como símbolo de lealtad a su alianza, pero desde lejos Grahim los observó extrañado. ¿Cómo podía ser posible que su amo se alié con alguien que en el pasado lo agredió? Todo era muy raro.

Por otro lado, Midna se quedó indignada de ver como Ganondorf le entregó su reino a Zant de la manera más arbitraria, sin importarle su presencia.

- ¡No te quedarás con mi reino, nadie de los que lo habitan lo permitirán!

Zant se dio la vuelta y se sorprendió en sobremanera al volver a ver a Midna, la mujer que en el pasado le causó el peor de los males, quitarle su preciada corona.

- ¡Vaya, pero si es Midna!

- Espera, ella no es la que tú conoces, posee la misma alma, pero lo que estás viendo frente a tus ojos es su reencarnación.

- Esa maldita me debe demasiadas cosas, ella fue la que terminó por acabar con mi vida. – recordó Zant, irascible.

- Tú aun posees los poderes que te otorgué el día que nos conocimos. ¿Por qué no los usas en ella? – sugirió con malicia.

- Es buena idea, y lo mejor de todo… sé perfectamente cómo acabarla.

Zant se acercó a Midna lentamente, mientras con una señal Ganondorf le indicó a Ferrus que se aleje de ella.

- Hola, Midna, hace siglos que no nos vemos. – saludó fingiendo amabilidad.

- ¡No te me acerques o te arrepentirás! – exigió irascible.

- ¿Y qué es lo que harás? Estás muy débil para enfrentarme, puedo sentirlo.

- ¡Así tenga que morir, te enfrentaré!

- Puedo darme cuenta que sigues siendo tan egocéntrica como siempre. ¿Sabías que la vanidad puede convertirse en tu perdición? Aún recuerdo lo que ocurrió hace siglos, siempre me gustaste, te pedí que seas mía y nos aliemos para gobernar, pero te diste el lujo de rechazarme, y cuando obtuviste la corona mi resentimiento hacia ti creció aún más, hasta el punto de odiarte.

- ¿Qué estupideces hablas? – preguntó la princesa, sin entender.

- Por esa razón pienso vengarme de ti una vez más. Ya perdiste a tu preciado reino y creo que llegó la hora que pierdas algo valioso que también te caracteriza.

El tirano de las sombras siguió caminando hasta Midna, provocando que ella camine hacia atrás al sentirse acorralada, atemorizada de pensar en lo que planeaba hacerle; y cuando Zant ya estuvo lo suficientemente cerca de ella, la lanzó al suelo y la dejó inconsciente

Todos pudieron observar que debajo de la capa de la princesa estaban ocurriendo unos extraños movimientos y situaciones. El cuerpo de ella comenzó a reducirse, y la forma a mostrar cambios.

Luego de unos minutos, Zant retiró la capa y mostró la nueva apariencia de la Princesa del Crepúsculo, una que causó que todos los presentes se sorprendan y se rían a carcajadas.

Midna se despertó con un intenso dolor de cabeza producido por el golpe y también por las sonoras risas a su alrededor. Lentamente aclaró su visión y se dio cuenta que todos eran más grandes, vio a Ganondorf, Zant y todos los presentes reírse sin un motivo significativo mientras la miraban, pero lo que más la espantó, fue verse la palma de las manos totalmente diferente a las que ella conocía, para al final tocarse el rostro, provocando que su perturbación crezca aún más.

- ¿Qué sucede? – preguntó nerviosa.

Midna corrió rápidamente hacia uno de los vitrales del Circo del Espejo para ver su reflejo, y se espantó ante lo que vieron sus ojos.

- No…

Ya no quedaba nada de la hermosa y exuberante mujer que la caracterizaba, y ahora en su lugar estaba un horrendo y extraño ser de tamaño reducido y orejas puntiagudas, un total opuesto a lo que ella era.

- ¿Qué me hiciste, infeliz? – preguntó enojada y al borde de las lágrimas.

- ¿Pero qué es lo que veo? ¡La Princesa del Crepúsculo en todo su esplendor! – exclamó Zant, irónico.

Midna llena de frustración al escuchar la risa de Zant, se abalanzó hacia él con intenciones de golpearlo, pero Ganondorf con sus poderes la detuvo.

- ¡Ferrus, llévensela a los calabozos, ahí quedará encerrada!

Ferrus siguió la orden de su amo, así que encadenó a la Twili y se la llevó.

Zant vio complacido como se llevaban a Midna. Luego Ganondorf se acercó a hablarle.

- Vamos a la sala de mi trono, ahí te entregaré algo para que veas que tengo buenas intenciones contigo.


Midna estaba completamente impactada en los calabozos por todo lo que le había tocado vivir en sólo unas horas. Había sido separada de su amada familia y de su reino, y ahora se encontraba transformada en lo que para ella era el peor monstruo de todos, el más despreciable y horrendo, digno de toda repugnancia.

La joven tenía una mezcla de sentimientos; tristeza, frustración, ira y deseos de venganza. Debía buscar la manera de devolver todo a la normalidad, así que en ese momento recordó un importante motivo que le ayudaría a conseguir lo esperado.

- Si yo soy la reencarnación de la primera Princesa del Crepúsculo, eso quiere decir que el héroe también está vivo… debo encontrarlo cuanto antes y pedirle que salve a mi mundo, la verdad poco me importa lo que suceda con este, primero es el mío y mi familia. Por suerte Orión va a seguir al pie de la letra mis planes, y gracias a ello nadie saldrá herido, por lo menos no tanta gente… debo escapar antes de que Ganondorf se dé cuenta que le mentí, pero co…

La joven se quedó callada al ver como un murciélago se había posado en los barrotes de la parte superior de la celda. Fue en la sombra del mismo que vio la oportunidad que estaba buscando, y eso lo demostró con una macabra y maliciosa sonrisa.


Ganondorf se encontraba en la sala del trono hablando con Zant, en esos momentos estaba dispuesto a entregarle algo muy importante.

- Otra muestra de mi fidelidad es que te voy a entregar la Sombra Fundida de la princesa Midna. Sé que desde siempre la has querido, y para que seas más poderoso ahora estará en tus manos.

Grahim volvió a sentirse intrigado. ¿Por qué su amo le estaba dando tanto poder a Zant? ¿Qué planeaba con aquello?

La mirada de Zant se volvió frenética al ver que pronto tendría tan poderosa reliquia en sus manos, pero en el momento en el que Ganondorf apareció a la Sombra Fundida, su sonrisa fue reemplazada por una mueca de desagrado.

- ¿Qué sucede? – preguntó confundido Ganondorf.

- La Sombra Fundida… ¡está incompleta! – gritó Zant descontrolado

- ¿Qué has dicho?

- ¡Esa zorra te engañó, sólo te entregó una parte de ella! ¿Cómo no te diste cuenta?

Ganondorf se enfureció al ver que por primera vez su memoria en sus recuerdos pasados le había jugado una mala pasada, luego de eso llamó a sus esbirros.

- ¡Maldita rastrera! ¡Guardias, tráiganme a la princesa inmediatamente a esta sala, la mataré con mis propias manos por haberse burlado de mí!

- ¡Enseguida, señor!

Mientras las criaturas se retiraban siguiendo las órdenes de su rey, Zant empezó a revolcarse en el suelo debido a la frustración de no tener lo que tanto había anhelado.


Luego de unos minutos de espera, las puertas de la sala del trono se abrieron de par en par y Ganondorf se enfureció al ver que los guardias no trajeron consigo a Midna.

- ¿Dónde está ella? ¿Por qué no la han traído? – preguntó histérico.

- Mi señor… la mujer no está. ¡Ha desaparecido!

Los gritos irascibles de Zant se escucharon por toda la sala debido a la noticia recién recibida, mientras que muy lejos del Patíbulo del Desierto la sombra de un murciélago trasladándose por el lugar reía incontrolablemente al imaginarse aquella burlesca escena.


Comentarios finales:

- ¿Por qué el personaje de Midna aquí es una reencarnación en vez de ser la original? Pues como saben los Twili son descendientes de los Hylians, y al igual que ellos viven la misma cantidad de años, por esa razón ella es una reencarnación, aunque su alma es exactamente la original.

Espero que lo leído haya sido de su agrado, espero sus comentarios.