HORIZONTES DE LUZ

Por Evi

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MI FUTURO EN TUS MANOS

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Esa mañana Rick y Lisa caminaban, como cualquier pareja normal de enamorados, por una pequeña calle de Ciudad Monumento llena de flores y árboles, saliendo de la pequeña posada en la que ya con anterioridad se habían hospedado. Habían decidido dejar el hotel cinco estrellas en donde habían estado hospedados durante los días de trabajo en el GTU. Ahora querían algo más íntimo y privado. Querían pasar un fin de semana simplemente como una pareja normal, lejos de las responsabilidades y de los rangos de la RDF.

Se habían registrado en la posada, habían llevado su equipaje a la habitación y ahora habían decidido comenzar a encargarse de los asuntos que tenían pendientes. El centro comercial Plaza Monumento no estaba muy lejos de ahí, así que decidieron aprovechar el clima cálido y el sol esplendoroso de la mañana para ir caminando hacia allá.

Mientras avanzaban por la calle, no podían dejar de reírse, de conversar, de detenerse ocasionalmente para besarse de una manera juguetona y traviesa. Se detuvieron a comprar helado y después, tomados de la mano, siguieron su camino. Se veían jóvenes y enamorados; eran una pareja que llamaba la atención y atraían las miradas de todos los transeúntes que pasaban a su lado y sonreían. Tal era la electricidad que parecían irradiar cada vez que estaban juntos.

- Bien… - Rick anunció. – Pues aquí estamos… la Plaza Monumento.

- Sí. – Lisa revisó un papel que sacó del bolsillo de sus jeans. – Entonces tenemos que ir a esta joyería… me la recomendaron mucho, dicen que es la mejor de Monumento.

- Local 34-B en el tercer piso de la plaza. – Rick leyó el papel. - ¡No hay problema! Con esas coordenadas no tendremos ningún contratiempo en llegar al sector designado para esta misión.

Lisa se rió y se dejó conducir por Rick, quien ya la estaba arrastrando hacia adentro de la plaza.

- Pensé que habíamos dicho que este fin de semana dejaríamos a un lado las etiquetas militares, amor.

- Sí, es cierto… sin embargo a veces es difícil hacerlo. – Rick se detuvo y la besó en los labios. – Sobre todo cuando pronto me casaré con la mujer más hermosa e increíble del mundo que además es la almirante de la RDF.

- ¡Oh Rick! – Lisa se rió.

- ¿Alguna vez pensaste que llegaríamos hasta aquí? – Rick comentó, mientras subían por las escaleras eléctricas. – Quiero decir, con la boda y todo… a veces todavía se siente como un sueño. ¿No te parece?

Lisa asintió con la cabeza y le sonrió al piloto una de esas sonrisas que siempre le provocaban mariposas en el estómago.

- Es un sueño, Rick… - Lisa contestó con una voz suave que hizo que él se inclinara a besarla en la mejilla. – Jamás pensé que llegaría a vivir todo lo que estoy viviendo contigo. Para serte totalmente sincera, jamás pensé que yo algún día llegaría a… bueno, a casarme.

- Yo siempre soñé con tener una familia. – Rick comentó. – La idea de tener a alguien a mi lado siempre me pareció correcta… sin embargo con el tiempo comencé a convencerme a mí mismo de que esas ideas habían sido sólo sueños de adolescencia¿sabes? De pronto sentí que yo no podría casarme con nadie… no me sentía listo ni preparado para tomar una responsabilidad así y yo—

- ¿Sí? – Lisa lo animó a continuar.

- Bueno, contigo es diferente, Lisa… contigo las cosas son tan correctas y tan maravillosas que—no lo sé. Siento que jamás hubiera podido dar este paso en mi vida con nadie más. Tú eres mi destino, Lisa.

- ¡Rick! – Ella lo abrazó con fuerza y sonrió contra su pecho. – Pienso exactamente lo mismo, amor…

- ¿Ves? – Rick se rió. – Siempre estamos conectados… tú y yo estamos en la misma frecuencia… a pesar de nuestras ocasionales desavenencias y de nuestras no tan ocasionales discusiones, al final siempre pensamos lo mismo. ¿Sabes qué es lo que más me emociona de todo esto?

- ¿Qué cosa, mi vida?

- Que no solo me voy a casar con la mujer más hermosa, más bella, más maravillosa, más inteligente y más increíblemente extraordinaria de todo el universo. – Rick le sonrió con amor. – Además de todo me voy a casar con mi mejor amiga.

Lisa sonrió y sintió que sus ojos se le llenaban de lágrimas. Rick tomó su rostro en sus manos para besarla suave pero íntimamente. Su beso tuvo que terminar abruptamente cuando sintieron que el mundo temblaba bajo sus pies, cuando las escaleras eléctricas literalmente los arrojaron al tercer piso de la plaza. Los dos se rieron divertidos y el piloto le ofreció su brazo a Lisa.

No les tomó mucho tiempo el dar con la joyería que buscaban. Era una tienda grande, distinguida y muy elegante. Entraron caminando lentamente, sin poder dejar de admirar todas las joyas que eran exhibidas por todos lados a su alrededor.

- ¡Wow! – Rick comentó en voz baja. – Es como las cuevas de los tesoros de los cuentos.

- Sí… - Lisa estuvo de acuerdo. – La cueva de los Cuarenta Ladrones de las Mil y Una Noches.

- Le aseguramos que aunque el lugar sea toda una cueva del tesoro, ninguno de los que aquí laboramos somos ladrones.

Lisa y Rick observaron al hombre que les había hablado y los dos sonrieron. Él les devolvió la sonrisa y les extendió la mano para saludarlos.

- ¡Bienvenidos! Soy el señor James, dueño de la tienda. ¿En qué puedo ayudarlos¿Buscan algo en especial?

- En realidad… - Lisa sacó un pequeño saco de tela de su bolso. – Quisiéramos que se les hiciera una buena limpieza a estos anillos… y que nos los ajustaran.

- ¡Ah! – El señor James examinó los anillos con curiosidad. - ¿Así que van a casarse? Supongo que usarán estos anillos como sus argollas de matrimonio.

- Así es. – Rick le pasó la mano por los hombros a Lisa y la abrazó contra sí. – En octubre nos casaremos.

- ¡Pues muchas felicidades! Y permítanme decirles que estos anillos son de muy buen gusto… ¿Herencia familiar, supongo?

- Sí, pertenecieron a mis padres. – Lisa explicó.

- Yo diría mucho más que sólo eso, señorita—

- Hayes. – Lisa completó.

- Señorita Hayes… estos anillos son antigüedades… yo pienso que debieron haber pertenecido a su abuelo o quizás más. Son preciosos y de una calidad y manufactura sorprendente. Uno ya no ve este tipo de trabajo en estos días.

- ¿En serio? – Lisa le sonrió a Rick.

- Sí… están un poco maltratados por el tiempo y el uso, pero le aseguro que aquí haremos maravillas con ellos. Cuando se los entreguemos estarán perfectos… y podrán utilizarlos con orgullo y dignidad, pues unas joyas así de especiales y antiguas deben de ser llevadas con gran amor.

- ¡Le aseguro que amor es lo que nos sobra! – Rick besó a Lisa en la frente. – Además quisiéramos que pudieran grabarlos por dentro.

- ¡Por supuesto¿Alguna frase en particular?

- Nuestros nombres… - Rick miró a Lisa, quien asintió. – La fecha de nuestra boda… algo así.

- ¡Por supuesto! Por favor pasen por acá para hacerles el recibo… me temo que un trabajo de este tipo me llevará por lo menos 24 horas… porque quiero hacerlo yo personalmente.

- No hay problema. – Lisa sonrió.

- ¡Hija! – El Sr. James llamó a una jovencita que atendía un mostrador. – Por favor toma las medidas de la señorita Hayes y del señor—

- Hunter. – Rick habló.

- Y del señor Hunter para ajustar sus anillos de matrimonio.

- ¿Hayes y Hunter? – La jovencita abrió los ojos desmesuradamente. - ¿Lisa Hayes y Rick Hunter? La almirante Hayes y el Mayor Hunter…

- ¿Cómo es que sabes quienes somos? – Lisa preguntó ingenuamente.

- Almirante Hayes, - La jovencita respondió con una sonrisa. – Es imposible no saber quienes son ustedes… todos conocemos su historia. ¡Mis amigos van a morirse de envidia cuando sepan que la almirante Hayes y el Mayor Hunter estuvieron aquí!

Lisa y Rick se sonrojaron un poco, pero no pudieron evitar el sonreír. El piloto abrazaba posesivamente a su prometida y la besó en la sien.

- Por este fin de semana somos simplemente Lisa y Rick. – El piloto explicó.

- ¿Podría tomarme una foto con ustedes más tarde?

Lisa y Rick se rieron. No estaban acostumbrados a semejante tipo de atención. La joven salió en busca de una revista para que se la autografiaran, mientras que su papá movía la cabeza, pero sonreía.

- ¡La almirante Hayes y el Mayor Hunter¿Por qué no lo mencionaron antes? – El señor James sonrió. - ¡Este será un trabajo muy especial entonces! Es un honor para nosotros el poder auxiliarlos con esto. Desde hace tiempo los rumores de su boda han sonado fuertes… ¡Es todo un acontecimiento!

- ¡Muchas gracias!

La jovencita regresó con su revista y después de que ellos se la autografiaron y se tomaron una fotografía con ella, fue su turno de tomarles las medidas para los ajustes de los anillos. El señor James les sugirió algunas frases que podrían ser grabadas dentro del ellos. Finalmente, después de revisar variar recomendaciones, los dos estuvieron de acuerdo en que su promesa de amor eterno podía resumirse con la misma frase grabada en el anillo de compromiso: "Desde hoy y para siempre". Así que esa fue la frase que eligieron para que acompañara sus iniciales y la fecha de su boda.

Cuando salieron de la joyería, los dos se sentían felices y muy satisfechos. Tenían que regresar a recoger sus anillos al día siguiente pero aquello había sido el primer paso serio que ellos daban en la planeación de su boda y sentían que ahora que habían comenzado, no podían detenerse.

- Me gustó la inscripción que elegimos para los anillos. – Rick comentaba con una sonrisa. – Tiene mucho significado y creo que es mucho mejor que las opciones que yo tenía en mente para grabar dentro de tu anillo.

- ¿Y cuáles eran esas opciones, amor?

- Estaban entre "Manténgase alejado, propiedad de Rick Hunter" o bien "Una vez hecho el trato no se admiten devoluciones".

Lisa se rió alegremente con aquel comentario tan característico de su piloto.

- ¿Tú tenías alguna inscripción en mente, Lisa?

- Hmmm… quizás algo que te hiciera reflexionar cada vez que te quitaras el anillo y miraras su interior. Algo como "¡Vuelve a ponértelo!"

Ahora fue el turno de Rick de reír. Los dos se abrazaron mientras se dirigían directamente a una agencia de viajes cercana, en donde les proporcionaron toda clase de folletos de lugares románticos en donde podrían pasar su luna de miel. Ellos decidieron estudiarlos con calma, pero algo que tenían claro es que ambos deseaban que su viaje de bodas fuera a una playa. Tenían ganas de relajarse bajo el sol, de sentir la arena, la brisa marina… de estar juntos.

No había muchos sitios turísticos funcionales todavía en el mundo, pero varias playas de Caribe se habían salvado, milagrosamente, de la Lluvia de la Muerte de Dolza. Rick y Lisa decidieron hacer una parada para tomarse una limonada en una cafetería del centro comercial, mientras revisaban los folletos y comentaban sus ideas y lo que ellos realmente querían para su luna de miel. Finalmente decidieron que un destino en el Caribe era lo que querían… ahora sólo era cuestión de determinar dónde.

Ya con esa idea en mente, la joven pareja se dedicó a comprar ropa para su luna de miel. Entraron a varias tiendas del centro comercial y compraron prendas frescas y ligeras, de colores brillantes. No les fue difícil, sobre todo considerando que a mediados de agosto aún estaban en los aparadores las ropas veraniegas. Rick se compró varias bermudas, camisetas, pantalones especiales para el trópico, sandalias y un par de trajes de baño. Lisa por su parte, además de un traje de baño de una sola pieza y un bikini que decidió que no le mostraría a Rick sino hasta que el tiempo fuera el correcto, también se compró varios conjuntos tropicales, algunos shorts, vestidos ligeros, sandalias y algunos otros artículos que seguramente necesitaría durante su luna de miel.

Los dos estaban emocionados y muy felices. Llevaban consigo varias bolsas de diferentes tiendas de la Plaza Macross y no podían dejar de reírse ni de actuar juguetones y tiernos mientras caminaban por la plaza. Era medio día y ambos decidieron ir a la posada a dejar sus compras para luego salir a comer.

Mientras discutían si debían de ir caminando a la posada o tomar un taxi, sin percatarse de ello comenzaron a aproximarse a una multitud de personas que estaban reunidas afuera de una enorme tienda de discos cerca de la salida de la plaza. Los dos se detuvieron en seco cuando las notas musicales comenzaron a llenar el ambiente, seguidas por los aplausos entusiastas de los ahí presentes y la inconfundible voz de Minmei cantando una canción.

Rick apretó la mano de Lisa y la miró con una mirada llena de incertidumbre. Obviamente la súbita aparición de Minmei lo había tomado por sorpresa y no estaba muy seguro de qué era lo que debía hacer. Lisa sonrió levemente y besó la mano de Rick, para luego acercarse y besarlo en la mejilla.

- Está bien, amor… - Le habló al oído. – No pasa nada.

- Pero Lisa… si quieres que nos vayamos por otro lado, yo—

Ella negó con la cabeza y le sonrió a Rick, tratando de que él no se sintiera mal. Él pareció relajarse un poco y Lisa se acurrucó contra su cuerpo, pasándole un brazo alrededor de la cintura y recargando su cabeza en el hombro del piloto, mientras sus ojos se clavaban en la cantante que, sin notar su presencia en la multitud, se entregaba a su público.

- Va a ser inevitable que nos topemos con Minmei en los lugares menos pensados. – Lisa hablaba. – Pero creo que ambos debemos de tener la madurez para aceptar que… bueno, que el pasado quedó atrás y que ahora las cosas son muy diferentes, Rick. Yo me siento confiada y segura a tu lado. Y tú no tienes porqué sentirte mal, amor.

- ¿Realmente no te molesta el estar aquí, verla y escucharla?

Lisa negó con la cabeza y le sonrió a Rick.

- Siempre he pensado que Minmei es una excelente cantante. – Comentó la almirante.

Rick sonrió y apretó a Lisa contra su cuerpo, al tiempo que le besaba la frente con amor. Los dos estuvieron observando a Minmei en silencio hasta que la canción terminó y todos los fans ahí reunidos comenzaron a aplaudir y gritar como locos. Lisa y Rick tuvieron que hacerse a un lado, pues corrían el riesgo de ser aplastados por la multitud desbordada que ya corría y se amontonaba alrededor del escenario, decorado con los logotipos de la tienda de CDs y de los varios patrocinadores de la gira de Minmei.

- ¡Muchas gracias! – La Señorita Macross agradeció con una sonrisa. – Estas fueron algunas de las canciones de mi nuevo CD que ya está a la venta. ¡Espero verlos a todos en mi concierto mañana por la noche en el Estadio Monumento!

Todos rompieron a aplaudir y vitorear a la cantante. Lisa y Rick intercambiaron sonrisas, mientras Vance Hasselwood, el representante de Minmei tomaba la palabra.

- En la próxima hora Minmei estará aquí autografiando sus discos. ¡Dense prisa en ir a comprarlo si desean obtener un autógrafo de nuestra superestrella!

Mientras un par de guardias de seguridad escoltaban a Minmei al lugar en donde comenzaría a firmar autógrafos, y otros más comenzaban a ordenar las filas de los admiradores que se agolpaban, deseando estar cerca de la cantante, tomarse una foto con ella y obtener un autógrafo, Rick empujó suavemente a Lisa por los hombros, para alejarla de esa multitud.

Cuando estuvieron en un lugar más tranquilo, los dos se detuvieron para tomar aire y limpiarse el sudor de la frente. El aire se sentía más ligero y el ambiente más tranquilo en esa parte de la plaza.

- ¡Vaya! – Lisa comentó. – Minmei arrastra multitudes.

- Parece que su nuevo CD está siendo todo un éxito. – Rick miró hacía donde la gente se dirigía a toda prisa.

- Me alegro por ella. – Lisa respondió con una sonrisa sincera. – Es bueno ver que su carrera está despegando otra vez. Ha trabajado muy duro por esto y se merece su éxito.

Rick miró a su prometida y le sonrió una sonrisa cálida y llena de amor, al tiempo que se inclinaba para besarla suavemente en medio de los ojos. Lisa le devolvió la sonrisa y le acarició el rostro con cariño.

- ¿Y eso por qué fue?

- ¿Necesito motivos para besarte? – Respondió el siempre arrogante piloto. - ¡Te amo, Lisa Hayes! Eres la mujer más maravillosa del mundo.

- Rick, yo—

- No, escúchame. – Rick le puso un dedo sobre los labios. – Gracias por confiar en mí y por no ver a Minmei como una amenaza en nuestra relación. Tú mejor que nadie sabes que me costó mucho tiempo y muchos golpes el sobreponerme a ese capricho que tuve con ella… pero es a ti a quien amo, preciosa. Y el hecho de que tomes las cosas con tanta madurez me hace sentir agradecido contigo, porque significa que confías en mí… que confías en nosotros y en lo que tenemos.

- Confío en ti con todo mi corazón, Rick. Tú lo sabes.

- Sí, lo sé… ¡Y esa es una de las muchas razones que tengo para amarte de la manera en que te amo, princesa!

Mientras se besaban, en la tienda de discos habían puesto en nuevo CD de Minmei a todo volumen, así que la música llegaba hasta donde estaban los dos jóvenes oficiales de la RDF. Lisa sonrió contra los labios del piloto y se separó lentamente de él.

- Pues me parece que la producción del nuevo CD de Minmei es muy buena… esa canción es bonita. – Lisa comentó. – Además tenemos boletos para su concierto en Ciudad Macross en un par de semanas. ¿Te gustaría ir?

- Contigo, mi cielo… - Rick la besó. - ¡Te seguiría al mismo infierno!

El piloto había dejado caer las bolsas que llevaba consigo y ahora sus brazos estaban alrededor del cuerpo de Lisa. La atrajo contra sí, profundizando el beso y aquel abrazo tan lleno de amor y de promesas. Por un momento se olvidaron que estaban en medio de un centro comercial repleto de personas y simplemente se entregaron a su amor.

- Gracias Rick. – Lisa susurró contra sus labios. – Por sanar mi corazón con tu amor.

- Gracias a ti. – Él le respondió de la misma manera. – Por darle sentido a una vida tan vacía como lo era la mía.

Mientras se seguían besando, una nueva canción comenzó a sonar. Era una melodía bastante triste que hablaba de despedidas y de un amor no comprendido. Aunque ni Lisa ni Rick comentaron nada, ambos supieron que esa canción hablaba sobre los sentimientos de Minmei por el piloto.

"… y al fin comprendí que tu ternura nunca fue debilidad… yo fui la que cambié y por lo tanto ahora te digo adiós."

Lisa y Rick se miraron en silencio. Fue él quien recogió las bolsas que estaban en el suelo y le ofreció su mano a Lisa, quien la tomó de inmediato. Sus dedos se entrelazaron y ambos se sonrieron con cariño.

- Vamos a comer, bonita. – Fue el único comentario de Rick.

Ella asintió y le dedicó a su piloto una sonrisa llena de amor y de sentimiento. Él suspiró satisfecho y mientras se alejaban de ahí le dio gracias al cielo por permitirle abrir los ojos y darse cuenta a tiempo de quien era la mujer a quien su corazón había decidido amar, a pesar de que él se hubiera resistido por tanto tiempo a ese amor.

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Después de que habían ido a dejar las bolsas con sus compras a la posada, los dos volvieron a salir. Ambos tenían hambre y deseaban ir a un lugar tranquilo y relajado para comer. El cielo se había oscurecido, pronosticando lluvia. El ambiente se sentía húmedo y se había soltado un viento suave pero fresco. Finalmente encontraron un pequeño restaurante frente a un parque lleno de árboles y decidieron quedarse a comer ahí. El lugar era bastante privado y el ambiente sencillo hacían que el lugar se sintiera relajado y familiar.

Lisa y Rick se sentaron en una mesa al lado de una ventana que les proporcionaba una vista panorámica del parque frente a ellos. La comida que les sirvieron era abundante y sorprendentemente buena. Mientras comían ninguno de los dos parecía poder dejar de hablar del tema que más les interesaba en esos momentos: su inminente boda.

- ¡Vaya! – Rick comentó con un suspiro. – Supongo que Roy se sorprendería si estuviera aquí y pudiera ver eso… es decir, lo lejos que hemos llegado. Es triste pensar que él jamás llegó a concretar su relación con Claudia… aunque yo sé que la amó como a ninguna otra mujer.

- Sí, y era amor correspondido. – Lisa asintió y su voz se escuchó con un dejo de tristeza. – Claudia lo amó hasta el último momento de su vida. Pero tienes razón, hubiera sido bonito verlos casados, con hijos… no lo sé.

- Roy hubiera sido un gran padre. – Rick sonrió. – Aunque sé que en donde quiera que esté, debe de estarse muriendo de envidia al verme ahora… quiero decir, él siempre se consideró a sí mismo todo un matador, y lo era… y siempre pensó que yo era demasiado torpe con las mujeres… y aunque en realidad tenía razón…

Rick hizo una pausa cuando escuchó que Lisa se había comenzado a reír.

- ¡Hey! – Exclamó, intentando sonar indignado. - ¡No te burles de mí!

Lisa tomó sus manos a través de la mesa y lo miró a los ojos.

- Sí eras un poco atolondrado, amor… pero admito que yo jamás te hice las cosas fáciles tampoco.

- No… - Rick le sonrió con cariño. – Nada fáciles, Hayes… yo distraído y tú terca y obstinada… ¡Vaya combinación la nuestra!

Los dos se rieron y el piloto besó la mano de Lisa antes de continuar.

- Pero lo que quiero decir es que a pesar de todo me parece que yo he llegado mucho más lejos que lo que Roy alguna vez llegó en su vida. No sé lo que él pensaría al ver que este muchacho cabeza dura ahora está a punto de casarse con la almirante de la RDF… y que incluso vivo con ella. Roy jamás llegó a tanto con nadie. Supongo que le tenía miedo al compromiso, no lo sé. Lo único que sé es que yo… y siento este deseo, esta necesidad de arraigarme contigo, Lisa… seguramente Roy diría que necesito sentar cabeza, pero es cierto… así me siento. Pero es por ti, Lisa… yo no podría dar este paso con nadie más.

- Me sucede lo mismo a mí, Rick. – Lisa lo miraba con amor. – Como te dije antes, yo jamás pensé que llegaría a enamorarme de alguien de la manera en que me enamoré de ti… yo jamás pensé que sentiría esta necesidad de compartir mi vida con nadie más… y sobre todo, jamás siquiera estuvo en mis planes el que algún día me casaría. Yo tampoco podría hacer esto con nadie más, mi vida.

Rick se inclinó sobre la mesa para besarla en los labios. Mientras se besaban la lluvia comenzó a caer sobre Ciudad Monumento. Ambos miraron la ventana en silencio por unos minutos, sin soltarse las manos.

- Supongo que en cuanto lleguemos a Ciudad Macross habrá mucho por hacer. – Lisa comentó. – Todos los preparativos… las invitaciones son urgentes ya. Además tenemos que comenzar a pensar en el banquete, en la ceremonia, en todo. Rick… ¡Siento que tenemos muy poco tiempo!

- Saldremos adelante. – Él le aseguró confiado. – Con la ayuda de una agencia de planeación, por supuesto. No podemos hacerlo todo nosotros.

- No, claro que no.

Mientras la lluvia amainaba, pidieron café y pastel. Mientras se comían su postre y se calentaban un poco con el delicioso café que les sirvieron, los dos siguieron platicando sobre los planes que tenían para ese día tan especial. Decidieron que en cuanto volvieran a Ciudad Macross enviarían las invitaciones y arreglarían la ceremonia.

Por primera vez hablaron de la ceremonia y decidieron que, en vista de que ninguno de los dos era particularmente religioso, una ceremonia ecuménica y muy sencilla era todo lo que necesitarían. Decidieron visitar la capilla de la base, pues pensaban que era un buen lugar para llevar a cabo dicha ceremonia. En cierta forma tenía sentido que dos de los más altos oficiales de la RDF se casaran precisamente en la capellanía de la Base Macross.

Cuando la lluvia amainó un poco, salieron del restaurante y comenzaron a vagar sin rumbo fijo por las calles de Ciudad Monumento, hablando del vestido de novia que a Lisa le gustaría usar ese día. Quería algo bonito pero sencillo y nada pretencioso. Rick no podía dejar de decirle lo absolutamente hermosa que se vería ese día y lo emocionado que él iba a sentirse.

Hablaron de sus votos matrimoniales. Decidieron que ellos querían escribir sus propios votos, además de los reglamentarios que se tuvieran que llevar a cabo en la ceremonia. ¡Había tanto que ambos deseaban decirse en presencia de sus amigos y de todo el mundo! Esa ceremonia sería una demostración pública del amor que ellos sentían el uno por el otro. Ese día ellos finalmente, ante los ojos de Dios y de los hombres, unirían sus vidas para siempre con un lazo sagrado e indestructible. Pero esa unión matrimonial no era para ellos otra cosa que la formalización legal de la unión espiritual tan intima y profunda que ambos compartían.

Después de caminar por un par de horas, comenzó a llover otra vez. Corrieron a refugiarse en la entrada de un cine, debajo de la marquesina que brillaba con colores brillantes. Ya había oscurecido y al parecer la lluvia no cedería por un buen rato, por lo que Rick le sugirió a Lisa que ya que estaban ahí podían ir a ver una película juntos. En realidad no había muchas opciones y terminaron viendo una película de bajo presupuesto y muy mala calidad sobre monstruos espaciales y vegetales mutantes asesinos. La película era tan mala, que podría ser considerada todo un clásico en el mundo de los filmes de terror de bajo presupuesto.

Rick y Lisa no recordaban haberse reído tanto en su vida como lo hicieron con esa película. Se suponía que era un film de terror, pero caía en lo absurdo y al final el resultado era una comedia espontánea que ambos jóvenes encontraron hilarante. Mientras veían la película, los dos dieron cuenta de una buena ración de palomitas de maíz y refresco, sin importarles la abundante comida que habían tenido hacía apenas un par de horas.

Cuando los créditos comenzaron a correr en la pantalla y las luces comenzaron lentamente a encenderse, Lisa y Rick se quedaron en sus asientos para permitir que la gente desalojara la sala y evitar aglomeraciones. Los dos se miraban sonriendo y Lisa tuvo que limpiarse los ojos, que todavía tenía llenos de lágrimas de tanta risa. Rick se quejó de que le dolía el estómago y las costillas. Los dos se besaron suavemente y sonrieron al darse cuenta de que esa tarde estaban simplemente dedicándose a hacer cosas sencillas y cotidianas… el tipo de cosas que jamás tenían la oportunidad de hacer, pero que eran tan características de jóvenes de su edad: salir juntos a comer, ir a ver una película, llenarse de palomitas de maíz y refresco.

Cuando salieron del cine la lluvia todavía caía, aunque ya no era fuerte. Era más bien una llovizna suave que seguramente se prolongaría durante toda la noche. Mientras Lisa observaba las luces de la ciudad reflejarse en los charcos en el suelo, como si fueran acuarelas, Rick apareció a su lado con una sombrilla que había comprado en una tienda adyacente al cine. La almirante Hayes le sonrió con amor y él colocó la sombrilla encima de ambos.

- ¿Quieres que tomemos un taxi para ir a la posada? – Rick le preguntó.

- Yo estoy bien, amor… y a decir verdad, después de todo lo que comimos hoy yo creo que caminar un poco nos haría mucho bien.

- ¡Claro! – Rick sonrió, ofreciéndole su brazo a Lisa. – Aunque si lo que quieres es bajar las calorías que consumimos y todo eso, bueno… pienso que podríamos dedicarnos a… algunas actividades físicas en cuanto regresemos al hotel.

Lisa le sonrió misteriosamente pero no comentó nada al respecto, aunque la luz profunda que brillaba en sus ojos le dijo a Rick todo lo que él deseaba saber en esos momentos. Ella se aferró a su brazo y él le devolvió la sonrisa.

- ¡Te amo, Lisa! – La voz del piloto estaba cargada de sentimiento. - ¡Me encanta estar contigo! Cuando estamos juntos todo parece mágico y especial.

- No parece, amor. – Lisa le respondió, mirándolo intensamente a los ojos. - ¡Es mágico! Tener la oportunidad de vivir este romance contigo… saber que me amas… para mí es mágico, Rick. ¡Te amo!

Rick se inclinó a besarla suavemente en los labios mientras caminaban. Sin embargo aquello los distrajo y cuando menos se lo esperaban, el piloto metió el pie en un charco de agua bastante profundo.

- ¡Demonios! – Rick saltó al sentir el agua helada. - ¡Ya me empapé!

Lisa no pudo evitar el reírse, lo que le ganó una mirada asesina por parte del piloto, quien sin poder evitarlo le dio una patada al charco de agua con el expreso propósito de mojar a la almirante de la RDF.

- ¡Hey! – Lisa protestó. - ¡Rick, no seas malo!

- ¿Por qué no te fijas por donde camino, Hayes?

- ¿Qué? – Lisa respondió, entre indignada y divertida con aquel comentario. - ¡Ahora mismo te voy a mostrar por donde debe de caminar, señor!

Sin más preámbulo Lisa se dejó ir sobre él y le puso las manos en los costados para empujarlo a un charco. Pero lo súbito de aquella acción hizo que las manos de Lisa le produjeran un ataque de cosquillas al piloto, quien comenzó a reírse y a retorcerse como un gusano, aprisionando las manos de ella entre sus brazos y sus costados. Aquello hizo que los dos cayeran a otro charco, más profundo que el anterior. Rick seguía riéndose, mientras Lisa gritaba desesperada, pues el agua estaba bastante fría… y sus zapatos se habían empapado.

Mientras él se reía, Lisa agarró una rama baja de un árbol que estaba sobre Rick y lo sacudió para mojar al piloto, pero no calculó que el grueso de las hojas de esa rama quedaban sobre ella y no sobre él y lo único que consiguió fue mojarse a sí misma. El grito agudo que siguió a aquella acción fue acallado por la risa del piloto, que estaba literalmente doblado sobre sí mismo al ser testigo de aquella escena.

-¿Ves? Los malos siempre reciben su merecido. – Él apenas pudo articular esas palabras en medio de su ataque de risa.

Lisa, quien estaba temblando imperceptiblemente, se quitó el cabello que le caía sobre los ojos y miró a su prometido con una mirada que lanzaba puñales, pero que no por eso dejaba de tener un dejo de divertida travesura.

- ¡Rick Hunter! – Ella se lanzó en su persecución.

- ¡Hey! – Él salió corriendo a toda prisa, tratando de salvar su vida. - ¿Ahora es mi culpa que tú misma de acoses?

- ¡Te voy a enseñar lo que es un verdadero acoso¡Cuándo haya terminado contigo vas a estar pidiéndome piedad!

- Eso no suena nada mal, almirante.

- ¡Eres una rata!

Lisa estaba persiguiendo a Rick alrededor de una pequeña fuente que había en una solitaria plaza en una esquina. Un farol estilo antiguo era la única fuente de iluminación de aquella escena.

Rick dio un salto para tratar de librarse de los brazos de Lisa que querían atraparlo y aterrizó justo en el borde de la fuente. Ahí comenzó a hacer todo un acto de equilibrio, tratando a toda costa de evitar el caerse, mientras que parado en una sola pierna, trataba de equilibrarse moviendo los brazos en círculos. Lisa se detuvo frente a él y una mirada malvada apareció en sus ojos, complementada con una sonrisa traviesa.

- ¡No te atrevas, Hayes! No te…

Pero Lisa ya había puesto su dedo sobre el pecho de Rick y con un leve empujoncito hizo que el piloto perdiera el equilibrio y cayera al agua. Pero él decidió que no iba a morir solo, alargó su brazo y atrapó la mano de Lisa, haciendo que ella cayera pesadamente sobre él dentro de la fuente. Sus gritos fueron amortiguados por el sonido del agua.

- ¡Eres un…! – Lisa gritó, mientras tomaba una bocanada de aire.

Rick, debajo de ella, había amortiguado el golpe. Sacó un chorro de agua de la boca como si fuera una fuente y comenzó a reírse divertido.

- ¡No te quejes! A fin de cuentas quien recibió todo el daño fui yo… - El piloto hizo un puchero. – Tengo la impresión de que no podré sentarme en una semana… ¡Santo Cielo, Hayes¿Siempre tienes que ser tan salvaje y agresiva¡Uno de estos días terminarás por matarme!

- ¿Sabes algo? – Lisa se inclinó para besarlo suavemente en los labios. – Si no te amara tanto y si no te quisiera de la manera en que te quiero, sería muy fácil odiarte.

- El sentimiento es mutuo. – Los ojos de Rick centellaban alegremente.

Lisa se rió y murmuró contra sus labios que lo amaba con toda su alma. Él le respondió que no más que él a ella. Se besaron por unos minutos, aún dentro del agua helada de la fuente y la que seguía cayendo sobre ellos. Finalmente Lisa se puso de pie y le ofreció la mano a Rick para ayudarlo a hacer lo mismo.

- Ahora estamos empapados y si no vamos a secarnos de inmediato vamos a pescar un buen resfrío, amor.

- En ese caso vamos a la posada. – Rick la abrazó. - ¡Estás temblando, chiquita¿Vas a estar bien?

- ¡Jamás había estado mejor! – Lisa sonrió contra la piel de su cuello.

- Bueno… entonces sugiero que nos demos prisa y que tomemos un buen baño caliente y pidamos algo de té a la habitación… después ya pensaremos cómo mantenernos calientitos por el resto de la noche. – Rick le guiñó el ojo.

- Tengo la impresión de que tú tienes ideas bastante precisas de cómo mantener ese calor estable. – Lisa se rió.

- ¡Oh, tú sabes que sí, preciosa! – Rick recogió el paraguas que había quedado tirado a media plaza, le puso el brazo alrededor de los hombros a Lisa y la atrajo hacia él. - ¡Vamos a la posada! No quiero que te enfermes. Además después de este día tan lleno de actividades estoy muuuuy cansado y lo único que quiero es meterme a la cama… aunque no precisamente a descansar.

- ¡Eres terrible, Rick Hunter! – Lisa se rió.

- ¿Se está quejando, almirante?

- Claro que no, mayor… es sólo una observación.

El piloto miró a Lisa y le sonrió con amor. Ella le devolvió la sonrisa y mientras caminaban, ambos se sostuvieron la mirada por unos momentos, leyendo en sus ojos miles de sentimientos que era imposible poner en palabras.

- ¡Es tan grandioso el haber encontrado a una persona tan especial como tú, princesa! – Rick le besó la punta de la nariz. – Por eso es que estoy tan ansioso por casarme contigo. Porque he decidido que tú eres la persona a quien quiero darle lata por el resto de mi vida.

Lisa le lanzó una mirada asesina, pero los ojos tiernos de Rick la desarmaron por completo y los dos comenzaron a reír alegremente. Comenzaron a caminar rumbo a su posada, mientras seguían actuando juguetones y traviesos, empujándose mutuamente para hacer que el otro pisara charcos, pateando el agua mientras se reían divertidos, simplemente comportándose como lo que eran: una pareja de jóvenes traviesos y juguetones… un par de almas profundamente enamoradas… dos corazones que latían a un solo tiempo.

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Temprano en la mañana Rick abrió los ojos cuando el delicioso aroma del café llegó hasta él. Sonrió adormilado cuando vio a Lisa sentada en la cama a su lado, vestida únicamente con una camisa de él que dejaba al descubierto sus piernas atléticas y bien formadas. Ella había dejado abiertos algunos botones de la camisa de una manera descuidadamente provocativa que hizo que el joven piloto de la RDF suspirara profundamente. Ella lo miraba con adoración en sus ojos verdes que brillaban espléndidamente con la luz de la mañana que se filtraba por entre las cortinas de aquella acogedora habitación.

- ¡Buenos días, dormilón! – Lisa lo besó en los labios. - ¿No se te antoja un café para comenzar el día? Negro, tal y como a ti te gusta.

Rick refunfuñó un poco mientras se incorporaba y se recargaba en la cabecera de la cama. Tomó la taza que ella le ofrecía y le dio un trago. Luego parpadeó un par de veces, tratando de sacudirse el sueño de los ojos y miró a Lisa, que seguía observándolo y sonriéndole amorosamente. Ella alargó su mano para aplacar un poco el cabello rebelde del piloto y él sonrió cuando sintió esa suave caricia.

- ¿Por qué estás tan levantada tan temprano? – Rick bostezó. – Debo de haber hecho algo mal anoche, si es que te recuperaste tan pronto.

- ¡Arrogante como siempre! – Lisa se rió y se sonrojó levemente. – Anoche todo estuvo perfecto, amor.

- Sí… - Rick suspiró, alargando mucho la palabra.

- Me desperté porqué tenía hambre. Anoche no cenamos… así que pedí el desayuno a la habitación. Pensé que sería una buena manera de comenzar el día.

- Hay mejores. – Rick le guiñó el ojo.

- ¡Eres insaciable! – Lisa se rió.

- Tú me provocas, Hayes. – El piloto puso su taza de café sobre la mesita de noche y se acercó a Lisa para besarla en el cuello. - ¡Jamás tendré suficiente de ti! No sé qué me hiciste, preciosa… pero te necesito… tengo una sed incontrolable de ti y…

No pudo continuar, pues ella ya lo estaba besando suave, lenta e íntimamente en los labios. Él cerró los ojos y se entregó a aquel beso, correspondiendo a él de una manera apasionada y llena de deseo y necesidad. Cuando Lisa se separó de él, Rick suspiró profundamente sintiendo que incluso el aire le faltaba.

- El desayuno se enfría, amor. – Lisa le sonrió con amor y colocó la bandeja del desayuno sobre la cama. - ¿Qué te parece?

- Todo se ve delicioso… pero no tanto como tú.

- ¿Ahora estás pensando en comerme? – Lisa se rió. – Eso se llama canibalismo¿sabes?

- Lo digo en serio, Lisa. – Rick la miró a los ojos. – Hay veces, incluso cuando hacemos el amor, que siento que no es suficiente… a veces siento que quisiera fundirme contigo, entrar en cada célula de tu cuerpo y simplemente extinguirme, consumirme en este amor que siento por ti, Lisa Hayes. ¡Te amo!

Las palabras de Rick habían sido tan vehementes y cargadas de sentimiento y pasión que ella sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas. El piloto se rió suavemente y la besó en la mejilla.

- Creo que es demasiado temprano para comenzar con sentimentalismo… ¿Qué planes tienes para hoy? Además de ir a recoger nuestras argollas, claro está.

- Yo… - Lisa tomó un pan con mermelada que él le entregó. – Bueno, estaba pensando que tal vez… podríamos ordenar de una vez las invitaciones o algo así.

- Me parece bien. Pero entonces debemos de hacer una lista de invitados. ¿Qué te parece¿A cuánta gente vamos a invitar?

- No lo sé… - Lisa se encogió de hombros. - ¿Tú que dices?

- Tampoco sé… pero bueno, no importa. Podemos detenernos en algún café o en algún parque y comenzar a trabajar en ello. ¿Qué más tenemos en la agenda?

- Hay un concierto de piano en el Teatro Central esta noche. – Lisa sonrió. – Lo vi anunciado en el periódico pero… no sé si quisieras ir. Quizás no es algo que te interese particularmente.

- Iremos. – Rick afirmó decididamente. - ¿A qué horas?

- A las 1900 horas.

- ¡Perfecto! Y después del concierto te llevaré a cenar a algún lugar elegante. ¿Qué te parece?

- Rick, no es necesario, yo…

- Lisa, amor… - Rick le besó la mano. – Si de todas maneras nos vamos a vestir elegantes para el concierto, creo que hay que hacer que valga la pena. ¿No te parece?

- Supongo que sí. – Lisa aceptó. – Después de todo debemos de aprovechar el último día de descanso. Mañana regresamos a Ciudad Macross… ¡Oh no! Tenemos que comprar los boletos de regreso…

- ¡Tranquila, princesa! Ya me hice cargo de ello… nuestro vuelo sale a las 1600 horas. No te preocupes por nada.

- ¿Siempre eres así de maravilloso, Rick Hunter¿O simplemente tuve suerte?

- No lo sé… - El se acercó a besarla. – Creo que dejaré que seas tú misma la que responda esas preguntas.

Se besaron por unos minutos, mientras reían alegremente y se consentían el uno al otro con sus caricias y palabras dulces y llenas de cariño y de ternura. Terminaron de desayunar y decidieron tomar una ducha juntos… la cuál se alargó más de lo que ellos mismos habían previsto.

Más tarde, vestidos de una manera casual y cómoda, los dos salieron de la posada caminando sin prisas, de la mano, con sus dedos entrelazados. La primera parada del día sería en la joyería de la Plaza Macross, en donde irían a recoger sus argollas matrimoniales, así que hacía allá se dirigieron.

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El señor James los recibió con gran alegría en la joyería y los hizo pasar a su oficina privada, en donde les entregó una hermosa caja de madera fina en cuyo interior se encontraban los dos anillos, perfectamente limpios, ajustados y grabados. Parecía que acababan de salir del crisol en que habían sido forjados. El joyero les explicó brevemente la técnica de limpieza y restauración que había aplicado y lo satisfecho que estaba con los resultados. Por supuesto que no fue un trabajo particularmente económico, pero valía cada centavo que pagaron por ello.

Lisa y Rick examinaron el grabado interior de los anillos, realizado con una perfección sorprendente y con un tipo de letras antiguas y elegantes que el señor James les explicó que iban muy bien con el estilo de los anillos. Finalmente les pidió que se los probaran, para asegurarse de que habían sido correctamente ajustados.

Con gran emoción Rick tomó el anillo de Lisa y la miró a los ojos, pero el señor James lo detuvo, riendo divertido y sugiriéndoles que, para guardar las formalidades propias de la ceremonia de matrimonio, él preferiría que cada quien se colocara su propio anillo. "Para no quitarle emoción a ese momento tan especial dentro de la ceremonia", él dijo.

Lisa se colocó su anillo y Rick el suyo y los dos sonrieron complacidos; calzaban a la perfección. Sin embargo algo mágico sucedió cuando ambos se miraron y contemplaron el anillo que el otro llevaba al dedo. Todo pareció desaparecer alrededor de ellos, era casi como si el tiempo se hubiera detenido por un instante. De pronto todo pareció muy real… estaban ya muy cerca del día en que ambos se convertirían en esposos, en que se declararían su amor públicamente y harían un pacto de amor para toda la eternidad. Aquellos anillos eran el símbolo de esa alianza inmortal a la que ambos se comprometerían por amor.

- Lucen muy bien con sus anillos… me alegra que hayan quedado bien. – La voz del señor James los trajo de vuelta a la realidad. – Permítanme decirles que hacen una hermosa pareja y que para mí fue un verdadero honor el tener la oportunidad de trabajar para ustedes en algo tan especial como lo son sus argollas matrimoniales.

- ¡Muchas gracias, señor James! – Rick sonrió, colocando los anillos de vuelta en la cajita. – Bien, supongo que estos no saldrán de aquí sino hasta el 10 de octubre.

- Y a partir de entonces jamás regresarán a esa caja. – Lisa comentó con una sonrisa.

El señor James les dio algunas recomendaciones de limpieza y mantenimiento de los anillos y después salieron de la oficina para pasar a la caja y hacer el pago correspondiente. Ahí se sorprendieron al encontrar a la hija del joyero acompañada de un par de amigas y un muchacho.

- Almirante Hayes, Mayor Hunter… ellas son mis mejores amigas y él es mi novio. Espero que no les moleste que los haya llamado pero es que—

- ¡Siempre habíamos querido conocerlos! – Una de las chicas habló emocionada. - ¡Desde que leímos ese reportaje en la revista ustedes son nuestros héroes!

- Yo he pensado en unirme a la RDF como piloto. – El jovencito comentó entusiasmado. – Y quisiera preguntarles… ¿Qué debo hacer?

- ¡Nosotras también! – Las otras tres chicas corearon.

Mientras los cuatro jovencitos hablaban al mismo tiempo, tratando de explicar sus motivaciones y sus razones, Lisa y Rick sonreían e intercambiaban miradas de complicidad.

- ¡No deberían de estar molestando a personas tan importantes como la almirante y el mayor, Lizeth! – El señor James reprendió a su hija. - ¡Esta es una joyería seria y no quiero que…!

- No se preocupe señor. – Lisa sonrió y tomó una tarjeta de encima del mostrador. - Les diré qué, en cuanto llegue a mi oficina le pediré a mi asistente que les envíe un paquete informativo. Pueden acudir a la delegación de la RDF aquí en Monumento en las oficinas del GTU para más informes. Lo importante es que no se dejen llevar por la emoción del momento y piensen bien las cosas antes de unirse a la RDF. Tienen que estar conscientes de que es un compromiso a largo plazo.

- ¡Lo sabemos! – Lizeth habló decidida. – Muchos otros chicos de nuestra edad adoran a Minmei pero nosotros tenemos ambiciones más altas. ¡Ustedes son nuestros héroes! Queremos ser como ustedes, servir a la humanidad, hacer algo por la Tierra…

- Yo creo que ustedes tienen madera de oficiales de la RDF. – Rick sonrió e hizo que las tres jovencitas se derritieran ante la mirada de su héroe. – Pero como dice Lisa, es mejor que estén bien informados antes de decidir. Una vez que hayan decidido que esto es lo que quieren hacer de sus vidas, estaremos más que orgullosos de recibirlos en la RDF.

- ¿Podemos tomarnos una foto con ustedes? – Las chicas preguntaron.

- ¿Podrían autografiarme esta revista de aeronáutica? – El jovencito les extendió un ejemplar. – Trae un reportaje sobre los nuevos VF4 que se incorporarán al servicio de la RDF a fines de mes… ¡Algún día espero volar uno de esos en el Escuadrón Skull!

Los cuatro jovencitos comenzaron a hablar una vez más al mismo tiempo, provocando la risa de los jóvenes oficiales de la RDF. Casi media hora más tarde finalmente pudieron salir de la joyería, cuidando sus anillos como si fueran su máximo tesoro, y sonriendo satisfechos al saber que los jóvenes volvían a confiar y a creer en la RDF… y aunque Lisa y Rick eran demasiado modestos para admitirlo, la verdad era que el renovado auge de las fuerzas de defensa y la fascinación, el encanto y la emoción que estas provocaban en los jóvenes tenían mucho que ver con la historia de la almirante Hayes y el mayor Hunter. Una historia que ya se había convertido en toda una leyenda en su propio tiempo.

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Aunque el piloto y la almirante habían tenido las mejores intenciones de sentarse en algún parque y preparar su lista de invitados para poder mandar hacer las invitaciones, muy pronto se dieron cuenta de que aquello era una tarea casi imposible. Después de quebrarse la cabeza por casi una hora tratando de pensar en todas las personas que querían que los acompañaran en ese día tan especial, Lisa se dio por vencida y le dijo a Rick que esa era una misión que simplemente no podía llevar a cabo sin la ayuda de su eficiente y confiable asistente. El piloto estuvo de acuerdo, así que ambos cambiaron sus planes para esa mañana y pasaron un par de horas en el parque de la ciudad.

Ahí comieron helado, alimentaron a las palomas, comieron al aire libre, rentaron unas bicicletas para pasear por los senderos alrededor del lago y finalmente se acostaron en el pasto a ver las nubes y a hacer mil planes para un futuro que cada vez se veía más cercano.

Después se tomaron su tiempo para regresar a la posada en donde se hospedaban. Una vez ahí decidieron aprovechar el tiempo en relajarse un poco y tomar un tibio baño de burbujas juntos. Como siempre sucedía, aquella sesión relajante terminó por convertirse en una sesión de amor que terminó cuando el agua de la tina estaba ya demasiado fría para ellos. Se dieron una ducha rápida para quitarse el jabón de encima y después de vistieron con la ropa más formal habían llevado con ellos, para asistir al concierto de piano al que Lisa quería ir.

El taxista que los llevó no podía dejar de sonreír al verlos en el asiento trasero del taxi, tan enamorados y felices que parecían irradiar un aura de alegría a su alrededor. Hacían una bonita pareja y eso era algo que nadie parecía dejar de notar.

La sala de conciertos no estaba muy llena, lo que les permitió tener un poco de privacidad. El pianista que dio el concierto esa noche era muy bueno, uno de los mejores del conservatorio de Ciudad Monumento, según decía en el programa. Mientras él interpretaba sus hermosas piezas musicales, Lisa se acercaba a Rick para explicarle qué era lo que estaba haciendo el pianista, cómo se llamaba la melodía, cuál era el significado de los sonidos que estaban escuchando. El joven piloto estaba fascinado, aunque no estaba seguro de qué era lo que lo tenía en aquel trance: si la belleza de la música que estaba escuchando o la admiración que sentía por Lisa. Quizás simplemente era una mezcla de todo.

Después de que el concierto terminó se dirigieron al restaurante en donde cenarían esa noche, el cual estaba a una cuadra del auditorio. El lugar era bastante elegante y Rick pensó que era la manera perfecta de terminar aquel día que había resultado tan espontáneamente especial. La música suave y el ambiente sofisticado hacían que los dos perdieran el contacto con la realidad; en esos momentos parecía que solo existían ellos dos en el universo. ¡Así de enamorados estaban!

La cena fue servida con gran clase y distinción. Rick opinó que a pesar de que aquella comida era buena, él generalmente se quedaba con hambre cuando comían en restaurantes elegantes. Lisa se rió con aquel comentario pero aceptó que lo mismo le pasaba a ella. Los dos decidieron pasar a comer una hamburguesa o algo así antes de volver al hotel.

Pero después de cenar la música romántica y encantadora fue una tentación demasiado fuerte como para poder resistirla. Rick le pidió a Lisa que le concediera una pieza… sin embargo una vez que comenzaron simplemente no pudieron detenerse y estuvieron bailando por espacio de casi una hora. Mientras bailaban casi no intercambiaron palabras. Se dedicaron a contemplarse mutuamente, a sonreírse, a besarse, a acariciarse, a sentirse… las palabras sobraban en momentos tan íntimos como esos.

Cuando finalmente salieron del restaurante, caminando tomados de la mano, era casi media noche. Lisa le recordó a Rick que debían ir por unas hamburguesas, pero el piloto argumentó que estaba muy cansado y que prefería irse a la posada a descansar. Hubieran querido regresar caminando, pero el vestido y los zapatos que Lisa llevaba puestos no lo permitían y la almirante comenzó a quejarse, pues a ella no le gustaba particularmente usar ese tipo de ropa tan poco funcional, según sus palabras. Aunque el piloto argumentara que se veía preciosa.

Regresaron en taxi a la posada. El taxista iba escuchando una estación de radio en donde escucharon que el concierto que Minmei había dado esa noche en la ciudad, el concierto inaugural de su gira de promoción, había sido todo un éxito. Aquella noticia alegró sinceramente a Lisa y Rick, quienes a pesar de todo le deseaban a la Señorita Macross todo el éxito y la buena suerte del mundo.

Una vez de vuelta en la posada, el piloto se dejó caer pesadamente en la cama y se quitó los zapatos, mientras contemplaba absorto cómo Lisa se quitaba su vestido elegante y se ponía encima una camiseta sin mangas y unos shorts. Él mismo se había apresurado a deshacerse de su traje y para quedar únicamente en sus boxers. Cuando Lisa se acercó a la cama, sonrió casi acusadoramente.

- Trabajas rápido. – Le comentó mientras se metía en las sábanas a su lado.

- ¡Siempre listo, almirante Hayes! – Rick la abrazó y buscó sus labios ansiosamente. - ¡Siempre listo…!

Lisa lo separó de sí y lo miró a los ojos con una hermosa sonrisa en sus labios. Había mucho amor en su mirada, pero había algo más… algo que Rick identificó como orgullo. Un orgullo profundo y sincero que hizo que él simplemente se derritiera ante esa mirada de fuego esmeralda.

- ¿Qué sucede, hermosa? – Él la besó en la frente, sonriéndole con amor.

- Nada… sólo estaba pensando en lo mucho que te amo y el lo increíble que es estar contigo, amor.

Los ojos de Lisa se movían de un lado a otro, observando insistentemente el rostro apuesto de su piloto. Él tenía el presentimiento de que había algo que ella quería decirle, pero que no se atrevía a hacerlo.

- ¿Hay algo de lo que quieras que hablemos?

Rick tomó la mano de Lisa y la apretó contra su pecho. Ella le sonrió aún más radiantemente y bajó su mirada por un segundo, mientras negaba con la cabeza.

- No… bueno… hay algo… pero no es el momento.

Rick estudió su rostro por unos momentos, incapaz de descifrar el enigma que a veces esa mujer era para él. Ella lo miró a los ojos y le sonrió, al tiempo que lo atraía para besarle los labios.

- No es nada malo, no te preocupes. – Lisa susurró contra sus labios. – Además dijimos que no íbamos a hablar de nada del trabajo en este fin de semana.

- ¿Entonces por qué estás pensando en cosas del trabajo? – Rick fingió regañarla. – En estos momentos usted, señorita, debería estar pensando sólo en mí.

- Te lo aseguro, amor… - Lisa hizo que él se tendiera de espaldas y comenzó a besarlo lentamente en el pecho. – Eres tú en lo único que pienso… siempre. ¡Te amo!

Rick cerró los ojos y dejó escapar un suspiro cuando sintió que los labios de Lisa comenzaban a bajar despacio por su pecho, dejando un caminito húmedo que parecía quemarlo con un fuego abrasador. Lisa sonrió contra la piel de su piloto cuando lo escuchó gemir su nombre y sintió cómo los dedos de Rick se aferraban casi desesperadamente a sus hombros.

Esa noche fue una noche que Lisa decidió dedicarle a su piloto. El amor que sentía por él la sobrepasaba, la hacía cuestionarse su propia cordura y lucidez. A veces sentía que lo amaba de una manera en que era imposible amar a alguien. Pero cada vez que estaba con él, compartiendo la alegría, la tristeza, el placer, lo cotidiano de la vida diaria, se daba cuenta de que su vida al lado de Rick Hunter era una aventura extraordinaria. Hacía años que ella había soñado con ese amor… pero la realidad había superado todos sus sueños y sus fantasías.

Ahora recordaba cómo había sido su vida hacía apenas unos meses, cuando ella se sentía tan sola, tan vencida y tan desolada. Aquellos tiempos parecían ya muy lejanos. Los recuerdos se desvanecían en su mente y eran sustituidos con las nuevas experiencias que estaba viviendo al lado de su piloto… de ese hombre al que amaba más que a su vida.

Ahora recordaba la mujer que ella solía ser y le parecía ser alguien completamente desconocido para ella. El amor la había cambiado… el amor había hecho que incluso físicamente se notara ese cambio tan radical que había experimentado y que seguía experimentando en cada segundo que pasaba al lado de Rick. El amor le había cambiado la vida, había cambiado su forma de pensar, su forma de vivir… la había hecho perder el juicio y la razón, cuestionar sus valores y sus ideas.

El amor que sentía por Rick Hunter la había hecho incluso romper las reglas que ella se había auto impuesto en su vida. El amor la había hecho renacer y convertirse en una mujer completamente nueva… en la persona que ella siempre había soñado llegar a ser. El amor le había hecho vivir cosas que ella siempre había soñado pero que jamás pensó que llegaría a experimentar en su vida.

Y esa noche ese amor se desbordó en ella. Esa noche Lisa le entregó a Rick todo lo que ella era y todo lo que tenía. Lo amó hasta desfallecer de una manera tan apasionadamente tierna que el piloto sinceramente cuestionó si aquello era realidad o una fantasía de su mente enamorada. Pero lo que Lisa lo hacía sentir, lo que lo hacía experimentar y lo hacía vivir simplemente sobrepasaba sus sueños más ambiciosos.

Esa noche Lisa no le hizo el amor, sino que le mostró de una manera profundamente apasionada lo que el amor realmente significaba para ella… lo que SU amor representaba para ella. Rick se embriagó de ella y de esa ternura, de ese amor y de esa pasión que ella le entregaba. Esos sentimientos que le pertenecían a él y solo a él.

Cuando, después de la tormenta de pasiones que Lisa había desatado finalmente amainó, los dos estuvieron un buen rato descansando y tratando de reponerse de esa maravillosa experiencia. El piloto reposaba sobre el pecho desnudo de ella, mientras Lisa, con una sonrisa adormilada en los labios, acariciaba su cabello y su espalda. Rick se sentía tan pleno y tan satisfecho que no podía evitar las lágrimas que le nublaban los ojos. Esas lágrimas de placer absoluto y felicidad total que habían aparecido cuando Lisa lo había llevado al paraíso.

Sentía que le pertenecía a Lisa de una manera tan absoluta como jamás pensó pertenecer a nadie en su vida… le pertenecía a ella más de lo que se pertenecía a sí mismo. No había un milímetro de su piel que ella no conociera, que no estuviera inundada por su amor y su esencia. Pero aún más que eso, no había un solo rincón en su alma en el que ella no hubiera penetrado… no había una célula en su cuerpo de la cuál ella no fuera el núcleo. Ella era su vida entera, era su todo.

Sintió cómo la mano de ella le quitó el cabello de su frente sudorosa y lo besó con mucho amor. Él levantó su mirada para encontrarse con sus ojos esmeraldas y ella le sonrió.

- ¡Te amo, Rick! – Sus palabras estaban cargadas de pasión y sentimiento. – No sabes cuantas veces soñé con tenerte así conmigo… con poder demostrarte lo mucho que te amo… lo mucho que significas para mi… ¡Te amo!

- Lo sé. – El piloto sonrió. – Yo también te amo.

- Jamás dudes de mi amor por ti, amor. – Lisa susurró, mientras Rick escondía su rostro en su cuello. – Pase lo que pase, tú siempre serás mi prioridad y mi razón.

- Lisa…

El piloto no dijo más, pero la manera en cómo había pronunciado su nombre hizo que ella se estremeciera de amor. Lo abrazó aún más estrechamente y sin dejar de acariciarle la espalda desnuda, poco a poco los dos cayeron en un sueño profundo. Un sueño del que no despertaron hasta bien entrada la mañana. Un sueño que, a pesar de todas sus delicias, no podía sin embargo compararse con su realidad.

Al día siguiente los dos se quedaron en la cama hasta tarde. Se bañaron, se vistieron y salieron a comer a un restaurante cercano. Compraron algunas cosas y regresaron al hotel para recoger su equipaje y tomar el taxi que los llevaría al aeropuerto.

A las 1600 horas en punto el avión comercial que cubría la ruta Ciudad Monumento – Ciudad Macross despegó sin contratiempos. Durante el vuelo se proyectó en la pantalla de la aeronave parte del concierto de Minmei de la noche anterior. Sin duda Vance Hasselwood estaba llevando a cabo una agresiva campaña publicitaria para promover a Minmei y su regreso a los escenarios.

Pero ni Rick ni Lisa pusieron demasiada atención en aquel concierto. Ellos estaban totalmente concentrados el uno en el otro. Durante el vuelo hablaron de varios preparativos que debían de hacer para la boda y sobre todo, lo más apremiante, el que debían conseguir una agencia de planeación de eventos que los ayudara con todo. También hablaron sobre la reunión del GTU a la que habían asistido y sobre la próxima incorporación de los VF4 al servicio… y el destino del VF1S Skull Uno.

El viaje pasó sin ser sentido. Eran las 1820 horas cuando la aeronave aterrizó en el aeropuerto civil de Ciudad Macross. Lisa y Rick recogieron su equipaje y tomaron un taxi para ir a casa… después de varios días en Ciudad Monumento el regresar a su hogar era todo lo que ellos querían en esos momentos. Sin embargo, a pesar de que su casa se había convertido en su refugio contra el mundo y su pedazo de cielo en la tierra, los dos sabían que mientras estuvieran juntos, no importaba donde se encontraran, cualquier lugar sería su hogar, pues el hogar no lo determina un lugar físico, sino el corazón.

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El lunes marcó el inicio de una semana bastante ajetreada para todos en la Base Macross. Había mucho que hacer con la próxima incorporación de los nuevos VF4 a las Fuerzas de Defensa. En los hangares y en los talleres la actividad era intensa y desde muy temprano en la mañana Rick había tenido que salir de su casa, a acudir a un llamado que le habían hecho de los hangares.

Lisa había salido poco más tarde, pero apenas había puesto un pie dentro de su oficina cuando se dio cuenta de que el trabajo se había acumulado en los días que había estado ausente. Kelly comenzó a perseguirla por todos lados, con agenda en mano y una lista de cosas que tenía pendientes y que debían salir a la brevedad posible. Lisa asentía a lo que su asistente le decía, y se preguntaba en silencio cómo era que los días no tenían más horas para poder hacer todo el trabajo que a veces se amontonaba.

La almirante Hayes le dio algunas instrucciones a la teniente Hickson y le pidió que se encargara de algunos pendientes. Cuando Kelly salió de la oficina, Lisa fue a su escritorio y comenzó a revisar la pila de documentos que tenía ante ella, marcados con la etiqueta de "Prioritarios". Una vez más le agradeció al cielo el que le hubiera permitido tener una asistente tan capaz y organizada como Kelly.

Lisa trabajó incansablemente en los documentos pendientes por espacio de dos horas. Quería terminar pronto, pues lo que realmente le interesaba en esos momentos era comenzar a organizar su Misión de Migración Espacial. Ahora que ya se le había dado la luz verde al proyecto, había mucho por hacer. Lisa sabía que las cosas irían lentas y que la preparación de semejante proyecto les tomaría por lo menos diez años, pero estaba ansiosa por comenzar a trabajar en ella.

Casi como si le hubiera leído la mente, el interfón sonó y Kelly le anunció a la almirante que el doctor Greenwell, de la Estación Lunar Apolo solicitaba una videoconferencia con ella. Lisa sonrió emocionada y le indicó a Kelly que efectuara la conexión de inmediato.

- ¡Almirante Hayes! – El doctor la saludo entusiastamente. - ¡Muchas felicidades! He recibido oficialmente la notificación de que el proyecto de migración ha sido aprobado por el GTU. ¡Estoy muy entusiasmado! No perdí tiempo y quise comunicarme de inmediato con usted para ponerme a sus órdenes. Parece ser que estaremos trabajando muy estrechamente por algún tiempo, almirante.

- Así es, doctor Greenwell. Y le agradezco su apoyo. De hecho quería hablar con usted. Me parece que debemos reunirnos a la brevedad posible para comenzar a trabajar ya en un proyecto ejecutivo y en la planeación y estrategias. Necesitamos comenzar a elaborar los cronogramas, sacar costos y—

- ¡Hey! – El doctor se rió. - ¡Un paso a la vez, almirante! Tenemos todo el tiempo del mundo por delante. Aunque estoy de acuerdo con usted, una reunión a la brevedad posible es sin duda prioritaria. Y pienso que dicha reunión debería celebrarse aquí en la Base Apolo, dado que es aquí en donde comenzaremos la construcción del crucero espacial que será la nave insignia de esta misión.

Lisa lo meditó por unos segundos, pero enseguida supo que el doctor Greenwell tenía razón. Un viaje a la Estación Apolo era sin duda imprescindible en esos momentos. El doctor sonrió, notando que ella se había quedado pensativa por unos momentos.

- Sé que está por casarse, almirante… ¡Y la felicito de todo corazón! Por eso pienso que entre más pronto usted pueda hacer este viaje será mejor para todos¿no le parece? Quizás en una o dos semanas… ¿Qué dice?

- Sí, por supuesto. – Lisa sonrió. – Tengo que arreglar mi agenda y todo eso, pero en dos semanas me parece perfecto. Yo le diré a mi asistente que se comunique con usted para darle la fecha exacta en cuanto hayamos agendado. Para entonces ya pienso llevarle un boceto general de los alcances de la misión y podremos discutir la construcción de la nave. Espero que usted me prepare algunos presupuestos.

- ¡Así se hará, almirante! En ese caso no le quito más su tiempo. Seguimos en contacto. ¡Cambio y fuera!

La videoconferencia terminó y Lisa suspiró entre emocionada y nerviosa. Una vez más sintió que había demasiados proyectos por delante y se preguntó cómo podría encargarse de todo. Pero una vez más se obligó en concentrarse solamente en lo que tenía frente a ella en ese momento. Un paso a la vez, ese se había convertido casi en un mantra para ella cada vez que sentía que el trabajo la abrumaba.

Su mano se posó suavemente sobre un sobre que tenía frente a ella en su escritorio y supo, sin lugar a dudas, que en ese momento esa era su prioridad: comunicarle a Rick sobre su ascenso a General de la RDF.

- ¡Si tan sólo no fuera tan difícil hacerlo! Debería de estar emocionada, y lo estoy pero… no sé cómo lo pueda tomar él y admito que me siento nerviosa.

Tomó el auricular del teléfono e iba a marcar el número privado de la oficina del piloto, pero un toquido en la puerta de su oficina la hizo detenerse.

- ¡Adelante!

Lisa sonrió de oreja a oreja cuando Miriya y Kelly entraron a la oficina. Tenía ganas de ver a su buena amiga. ¡Tenía tanto que contarle! Pero antes de que pudiera decir nada, Miriya ya estaba hablando:

- ¡Ya todo el mundo sabe lo de la misión de migración espacial, Lisa¡Muchas felicidades! – La Meltran abrazó a la almirante de una manera muy poco delicada.

- Gracias… - Lisa se separó de ella, tratando de tomar aire. – Gracias Miriya…

- Rick se ha estado paseando por los hangares y las pistas de vuelo toda la mañana como un gallino.

- Gallito. – Corrigió Kelly.

- ¡Eso! En fin… Lisa, no sé que le hiciste pero lo tienes totalmente hechizado. Pocas veces en mi tiempo viviendo con ustedes los humanos he visto a alguien tan enamorado como él lo está. ¡Se siente muy orgulloso de ti! No pierde la oportunidad de presumirle a quien sea que se le ponga enfrente de los logros de la almirante Hayes.

Lisa se rió suavemente y se ruborizó un poco. Miriya se puso cómoda en el sofá del recibidor de la oficina de la almirante y subió los pies a la mesita de café.

- El proyecto de migración, los nuevos VF4, tu boda… ¿Cómo le haces, Lisa?

- En realidad Rick y yo hemos decidido contratar a una agencia de planeación de eventos para que se encargue de la organización de la boda. A como están las cosas para nosotros será imposible hacernos cargo de las cosas.

- ¡Ah, no¡Eso sí que no lo permitiré! – Miriya se puso de pie. - ¡Nadie va a organizar tu boda si yo puedo hacerlo!

Lisa y Kelly intercambiaron miradas de preocupación, pero la Meltran seguía hablando mientras caminaba de un lado a otro de la oficina, visiblemente emocionada.

- Cuando Maximilian y yo nos casamos, la RDF organizó todo… yo siempre he querido saber cómo se lleva a cabo una boda, todo lo que se requiere. Incluso he leído revistas de bodas. Creo que yo puedo hacerlo, Lisa… además si lo dejas en manos de una agencia las cosas serían demasiado frías y profesionales. En cambio yo… yo he sido testigo de todo lo que Rick y tú han pasado juntos. Creo que yo le pondría más sentimiento y emoción al asunto… además, si Kelly quiere ayudarme…

- ¡Sí! – Kelly prácticamente brincó de la emoción. – Miriya tiene razón, Lisa… nosotros podemos hacerlo. Yo tengo varias listas de contactos y soy buena haciendo llamadas y organizando cosas.

- ¡Y yo sé donde conseguir los mejores precios y sé qué es lo que está de moda! Lisa, tú no necesitas a nadie más… nosotros vamos a organizar tu boda.

- Chicas yo… se los agradezco pero… ustedes tienen su trabajo y sus obligaciones militares que cumplir y yo no quiero que—

- ¡Tonterías! – Miriya fue a poner su brazo alrededor de los hombros de Lisa. – Además nosotras estaremos en constante comunicación contigo. Vas a tener un control más directo sobre lo que te gusta y lo que no te gusta, Lisa… ¡Tenemos que comenzar a elegir tu vestido de novia!

- ¡Y el lugar donde se llevará a cabo la ceremonia y la recepción! – Kelly aplaudió emocionada.

- Oh, decidimos que la ceremonia será ecuménica y queremos que se celebre en la capilla de la base… en cuanto a la recepción, habíamos pensado en los jardines del museo.

- ¡Excelente! – Miriya y Kelly dijeron al mismo tiempo.

- ¡Me imagino la capilla llena de flores! – Miriya puso sus manos frente a ella, enmarcando con sus dedos en escuadra la invisible escena, tal y como lo haría un fotógrafo. - ¡Muchas flores por todos lados! Vamos a necesitar todo un cargamento, pero estoy segura de que la zona de reserva ecológica nos ayudará con eso… de todas maneras me deben un par de favores.

- ¡Y los jardines del museo! – Kelly se llevó las manos al pecho. – Iluminados con velas y miles de lucecitas blancas, como si fueran luciérnagas entre los arbustos. ¡Una cena formal de tres o cuatro tiempos!

- ¡Y un enorme pastel! – Miriya complementó. – Va a ser el pastel más delicioso que alguna vez hayan probado… conozco el sitio ideal para mandarlo hacer.

Lisa sonreía soñadora y emocionadamente. El ver tan felices y entusiasmadas a sus amigas hacía que las cosas se volvieran cada vez más reales para ella. Kelly ya estaba tomando notas de todo lo que Miriya decía y Lisa decidió que el dejar que sus amigas le ayudaran en la organización de la boda sería sin duda alguna una experiencia memorable para todas.

- ¿Entonces qué dices, Lisa¿Qué te parecen nuestras ideas?

- Va a ser mucho trabajo, chicas… tenemos menos de dos meses para organizarlo todo.

- ¡Tiempo suficiente! – Kelly habló. – Nosotras nos encargaremos de todo y te mantendremos informada y al tanto de todos los avances.

- ¿Te interesa la oferta?

- En ese caso… - Lisa sonrió. – Están contratadas.

Miriya y Kelly gritaron emocionadas y se abrazaron, mientras saltaban alrededor de Lisa, quien reía divertida. Luego fueron a abrazarla a ella y le aseguraron que tendría la mejor boda del mundo. Iban a organizarle una celebración que sería inolvidable.

- ¡Entonces debemos de comenzar! – Miriya tomó a Kelly por los hombros y comenzó a guiarla a la puerta de la oficina. – Necesitamos una lista de invitados para que Lisa y Rick la aprueben…

- ¡La tendré lista esta tarde! – Kelly seguía tomando notas.

- ¡Excelente! Porque las invitaciones deben de salir a más tardar a fines de esta semana… y además…

Cuando Miriya y Kelly salieron de la oficina, Lisa sonrió y se dejó caer en su sillón. Sentía que el corazón le palpitaba con fuerza y no podía dejar de pensar en lo irreal que todo aquello parecía. ¡Se iba a casar con Rick Hunter! Aquello no era un sueño… realmente estaba sucediendo.

El teléfono sonó y Lisa se sobresaltó un poco por lo imprevisto de aquel sonido. Alcanzó el auricular y se lo llevó a la oreja, mientras se inclinaba para firmar los documentos que aún tenía pendientes.

- Almirante Hayes, adelante…

- ¡Hola princesa! – La voz alegre de Rick hizo que el corazón de Lisa diera un salto. - ¿Cómo estás? Supongo que has tenido un día de locos, porque el mío ha estado así, pero esperaba que pudiéramos ir a comer juntos. ¿Qué dices?

- ¡Hola, mi vida! – Lisa le respondió. – Sí, ha sido un día pesado… pero hay algunas cosas que quiero contarte. Y me encantaría comer contigo, amor.

- En ese caso voy para allá. Te veo en tu oficina en 10 minutos, Hayes.

- Mejor te espero en el comedor de oficiales. ¿Qué te parece?

- ¡Excelente! Te amo, preciosa. ¡Ahí te veo!

Lisa colgó el teléfono y se puso de pie. Tomó la carta que tenía sobre el escritorio y la metió en su bolsillo del uniforme, pero luego lo pensó mejor y decidió que entregarle esa notificación a Rick durante la comida no sería precisamente algo formal, así que optó por entregársela más tarde. Salió de su oficina y se dirigió al comedor de oficiales, en donde su piloto favorito seguramente la estaría esperando.

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Mientras comían Lisa le comunicó a Rick sobre la generosa oferta de Miriya y Kelly de ser las organizadoras de la boda. Rick no pudo menos que reírse divertido y comentar que seguramente podrían esperar grandes sorpresas de esas dos. Pero a él también le pareció una buena idea.

- ¡Hasta nos ahorraremos algo de dinero! – Comentó con una risa traviesa. – Podemos invertir esos ahorros en cosas más importantes, como nuestra luna de miel, por ejemplo.

- ¡Eres terrible, Rick Hunter! – Lisa se rió.

Le comentó sobre los planes que ellas tenían y Rick estuvo de acuerdo. Además era cierto, sus amigas seguramente prepararían una celebración más llena de sentimiento y de significado que la que podrían preparar las personas de una agencia que ni siquiera los conocían. Y por otro lado, a pesar de que tanto Kelly como Miriya podían ser bastante alocadas e impredecibles, ambos confiaban en ellas y sabían que cuando se proponían algo, no aceptaban nada que no fuera perfecto. Estaban seguros de que las cosas resultarían extraordinarias teniéndolas a ellas al frente.

Después Lisa le comentó sobre la videoconferencia que había tenido con el doctor Greenwell y sobre sus planes de visitar la Base Lunar Apolo dentro de dos semanas. El piloto no pudo ocultar su decepción al escuchar aquello. Lisa lo miró a los ojos y él le sonrió con tristeza.

- Me parece maravilloso que el proyecto vaya a arrancar de inmediato. – Comentó el piloto. – Aunque admito que va a ser difícil tener que estar sin ti tanto tiempo… pero sabes que te apoyo, amor… sé que esto es algo que tienes que hacer y yo…

- ¿De qué estás hablando? – Lisa tomó sus manos a través de la mesa. – Rick¡Tú vendrás conmigo a ese viaje a la estación lunar!

- ¿En serio? – Los ojos de él comenzaron a brillar emocionados.

- ¡Claro que sí! Tú vas a ser el comandante militar de la misión, Rick… vas a ser mi segundo al mando… ¿Crees que te voy a permitir que te quedes aquí en la Tierra descansando mientras yo tengo que ir a la base lunar a trabajar¡Está muy equivocado, señor¡Usted viene conmigo!

- ¡Vaya! – Rick suspiró profundamente, sin poder dejar de sonreír. – El deber llama… y el no acatar sus órdenes sería insubordinación¿No es así, almirante?

- ¡Así es, mayor! Así que más le vale que las acepte sin protestar.

- Como siempre, usted y su abuso de autoridad. ¡Nunca va a cambiar, almirante Hayes! Creo que usted vive para acosarme.

- ¡Sabes que sí!

Los dos se rieron y aprovechando la relativa tranquilidad del comedor de oficiales a esas horas, se inclinaron para besarse suavemente. El resto de la comida la pasaron hablando sobre el viaje a la Base Apolo y sobre las instrucciones que debían darles a Kelly y Miriya en relación a algunos aspectos específicos de la organización de la boda.

Cuando se despidieron, en la puerta del edificio del almirantazgo, Lisa le dijo a Rick que más tarde tenía que hablar con él, en relación a unos asuntos oficiales. Él le informó que iba a estar en simuladores con el escuadrón Skull por un par de horas, pero que estaría esperando su llamada. Rick la besó en la mejilla y le hizo un saludo militar antes de regresar a sus obligaciones en la base aérea. Lisa por su parte regresó a su oficina, sin poder dejar de pensar en la carta que se encontraba sobre su escritorio y que le provocaba tantos sentimientos encontrados.

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Después de comer Lisa atendió al capitán Max Sterling, quien fue a su oficina a presentarle un reporte general de los dos días que había estado al frente de la Base Macross mientras ellos habían estado en la Plenaria del GTU en Monumento. Después de la parte oficial de aquella reunión, Max le dijo que Miriya ya le había comunicado sus planes y que él estaría más que feliz de ayudar en la organización de lo que él llamó, "la boda del siglo".

Lisa le agradeció su apoyo, su entusiasmo y todo lo que hacía por ellos. Max le aseguró que para él Rick era más que un amigo, era su hermano… y claro, él siempre había sabido que era ella a quien Rick amaba. Por eso ahora estaba tan feliz y emocionado, porque por fin ambos estaban con quien deberían estar.

La conversación informal con Max terminó cuando Kelly le anunció por el interfón que el coronel Maistroff deseaba verla. El capitán Sterling decidió que era hora de retirarse y así lo hizo, no sin antes despedirse de una manera muy poco formal de Lisa, con un abrazo fraternal y cariñoso.

Max salió e inmediatamente Maistroff entró. Lisa esperaba que llegara con algún nuevo reclamo sobre la promoción de Rick, pero misteriosamente el coronel no hizo el más mínimo comentario al respecto. Se limitó a exponerle algunos asuntos que requerían de su atención inmediata y reportar algunas gestiones administrativas de la RDF.

Fue una reunión protocolaria y bastante profesional que se prolongó durante casi una hora. Finalmente Maistroff se puso de pie, recogió sus cosas y solicitó permiso para retirarse. Aquella sin duda había sido la reunión más pacífica que ambos militares habían sostenido en su relación profesional.

Cuando Lisa se quedó sola en su oficina, miró por milésima vez en aquel día el sobre que seguía sobre su escritorio y decidió que no debía alargar más aquello. Quizás las cosas no serían tan complicadas como ella pensaba que podrían llegar a ser. Además la duda era peor que la verdad. Oprimió un botón de su interfón y la voz de Kelly se escuchó de inmediato.

- ¡A sus órdenes, almirante!

- Kelly, necesito que localices al mayor Hunter y le digas que necesito verlo en mi oficina inmediatamente. Dile que es importante y que espero que no tarde.

- ¡De inmediato, almirante Hayes!

Lisa se recargó en el respaldo de su sillón y se hundió en el mismo. Cerró los ojos y se frotó suavemente las sienes, tratando de controlar la leve jaqueca que de pronto había comenzado a sentir.

- Espero que comprendas las cosas, Rick… para mí significa mucho que aceptes esta promoción. Sé que no es fácil y que la responsabilidad que estamos poniendo sobre tus hombros es demasiada… sé que serás el general más joven de la historia de la RDF… pero también sé que estas preparado para aceptar este rango y esta responsabilidad con honor y dignidad… pero sobre todo sé que no hay nadie en quien yo confíe más que en ti para que sea mi segundo en la RDF.

Lisa suspiró profundamente, sintiéndose a la vez nerviosa y emocionada con aquella noticia que estaba a punto de darle a su piloto. Finalmente decidió darse unos minutos para descansar y relajarse, mientras el mayor Hunter llegaba a la reunión.

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Al mayor Hunter le pareció algo extraño el recibir una notificación de Kelly pidiéndole que se reportara de inmediato en la oficina de la almirante Hayes. Generalmente cuando Lisa quería verlo lo llamaba al celular o al número privado de su oficina. El que lo hubiera mandado llamar de esa manera sólo podía significar que era algún asunto oficial. Lo más seguro es que algunos oficiales de la RDF quisieran hablar sobre los VF4 y por eso ella hubiera solicitado su presencia, o al menos eso era lo que Rick pensaba mientras subía por el ascensor hasta la oficina de la almirante.

Cuando llegó a la recepción, se percató de que Kelly no estaba por ahí, así que fue directamente a llamar a la puerta de la oficina, cosa que rara vez hacía. De inmediato la voz formal de Lisa le respondió que podía entrar.

- ¡Mayor Hunter reportándose, almirante! – Rick le hizo un respetuoso saludo militar. – Me informaron que usted necesitaba—

Las palabras de Rick murieron en su garganta cuando se dio cuenta de que estaban totalmente solos en la oficina. Miró a Lisa y una pequeña sonrisa comenzó a formarse en sus labios al pensar que ella simplemente quería jugar con él. Pero esa sonrisa jamás llegó a cristalizarse del todo, pues Lisa seguía con su actitud formal. Le indicó que podía descansar y que tomara asiento pues había algo que debía comunicarle.

El piloto sintió mariposas en el estómago y un nudo en la garganta. No podía identificar qué era exactamente lo que sentía en ese momento, si nervios o emoción. Lo que sí sabía era que algo importante estaba por suceder… reconocía esa mirada y esa actitud en Lisa. En esos momentos frente a él no tenía a su prometida, sino a la almirante de las Fuerzas de Defensa y eso a la vez lo fascinaba y lo atemorizaba un poco.

- Mayor Hunter, - La almirante Hayes fue directamente al grano. – En días pasados, durante la reunión plenaria del GTU en Ciudad Monumento fui notificada oficialmente de una resolución del Consejo General de Gobierno de la Tierra Unida en relación con la reingeniería que estamos llevando a cabo de la cadena de mandos de la RDF.

Rick la miraba con atención, pero no atinaba a hacer ningún comentario pues en realidad no sabía exactamente a dónde deseaba llegar Lisa con aquel comentario. Ella siguió hablando.

- Como usted sabe se está reorganizando la jerarquía de la RDF que quedó tan dañada y mermada desde hace tres años, tras la batalla contra Dolza. La nueva organización está casi completa, pero aún hay espacios que llenar… las decisiones de asignar a los oficiales con rango de jefes de las Fuerzas de Defensa recae directamente en el Consejo General del GTU. Son ellos los que evalúan el desempeño y la capacidad de nuestros militares y hacen las promociones que se consideren necesarias en dichos niveles de la jerarquía militar.

- Sí, estoy al tanto de los protocolos, almirante.

- Bien… - Lisa aclaró su garganta. – En ese caso… le hago oficialmente entrega de esta notificación de parte del Consejo General del Gobierno de la Tierra Unida. Mayor Hunter, espero que la lea con atención, que la estudie, la medite… y llegue a una resolución.

Rick tomó el sobre que Lisa le extendía. La miró a los ojos interrogativamente, pero la expresión facial de la almirante no revelaba sus verdaderas emociones. Con todo, el piloto notó el leve temblor de la mano de Lisa mientras el tomaba el documento que ella le entregaba.

- ¿Es… para mí?

Lisa se limitó a asentir con la cabeza y a hundirse en su asiento en completo silencio, dándole a Rick el tiempo y el espacio que necesitaba para que leyera en contenido de aquel documento y asimilara la información en él contenida.

El piloto abrió el sobre trabajosamente, sintiendo que no tenía control sobre sus propias manos que se sentían torpes. Sacó el documento de su interior y lo abrió. Se sorprendió al ver el papel membretado y los diversos sellos al calce. Aquel documento se veía muy oficial e importante. Tomó aire y comenzó a leer.

Lisa observaba a Rick atentamente, sin perder detalle de las diferentes emociones que comenzaron a cruzar por su rostro mientras leía aquel breve documento que tenía en las manos. Los ojos del piloto se agrandaron y la almirante pudo notar cómo sus labios se secaban y su respiración se aceleraba. Rick leyó aquel papel dos o tres veces antes de poder reaccionar.

- Lisa… - Rick finalmente murmuró, sus ojos aún clavados en el papel que tenía en las manos. – Pero… ¿Cómo? No entiendo… yo—tú lo sabías y… Lisa¿Por qué no me lo dijiste antes? – El piloto la miró a los ojos.

- Recibí órdenes de no hacerlo. - La almirante le sostuvo la mirada. – Tenía que entregarte la notificación de manera oficial hasta el día de hoy, Rick.

- Pero… - Él tartamudeó nerviosamente. - ¿Qué significa esto¿Qué es lo que…¿Un ascenso a rango de General de la RDF? Pero… ¿Por qué yo¿Qué hay de Maistroff? Lisa, yo no sé si… es decir… ¿Yo?

Ella asintió con la cabeza y se puso de pie para ir a observar el ventanal y así ocultarse de la mirada inquisitiva de su piloto. Lisa sentía que el corazón le latía con fuerza en el pecho, a la vez emocionado y lleno de incertidumbre. La reacción de Rick era exactamente la que ella había esperado.

- El consejo del GTU te ha estado evaluando por algún tiempo. Tú eres el piloto con más experiencia dentro de la RDF, quien ha volado más misiones de combate, quien ha ganado más medallas, quien ha dirigido más misiones, quien ha penetrado más veces tras las líneas enemigas, quien tiene más horas de vuelo que ningún otro piloto… tienes un historial militar bastante impresionante, Rick… eso, aunado a tu desempeño durante los vuelos de pruebas de los VF4 y tu participación decisiva en las Operaciones F14 y 4V hicieron que ellos tomaran la decisión… y te otorgaran esta promoción. Te la mereces… pienso que no hay nadie más capaz para ese puesto que tú… amor.

Rick bajó la mirada y estudió el documento que tenía en sus manos por varios minutos. Lisa estaba en silencio, mirando al ventanal y concentrándose en controlar su respiración. No sabía que esperar del piloto. Sabía que aquello era una responsabilidad demasiado grande y ella no quería presionarlo.

- Pero… tú…

- No, yo no tuve nada que ver en esto, Mayor Hunter. – Lisa volvió a sentarse en su silla. – Fue completamente una decisión del consejo del GTU.

- Aún así, tú… usted, como almirante de la RDF tiene el derecho de veto¿cierto? Y si me está entregando esta notificación quiere decir que el almirantazgo aprueba y apoya esta resolución.

- Las responsabilidades de un general no son fáciles, mayor. No le voy a mentir, es un puesto de mucha responsabilidad que requiere de entrega y de lealtad a la RDF y a la causa que defendemos. Sin embargo yo misma he llegado a la conclusión de que todas las responsabilidades de un general usted las ha tenido desde que el almirante Gloval lo nombró Comandante de Grupos Aéreos. Esto, mayor, es un simple formalismo.

- ¿Qué hay de Maistroff?

- Él debe de acatar las órdenes que se le dan. Ya expuso su punto de vista durante la plenaria del GTU. El consejo determinó que usted es mucho más capaz y tiene más experiencia y mejor preparación que él, Mayor Hunter. La decisión no fue tomada al azar.

- Lisa… - Los labios del piloto se movieron pero no parecía poder formular ninguna palabra.

- Rick… - La voz de ella se suavizó. – Es tu decisión y yo la respetaré, cualquiera que esta sea… no voy a imponerte responsabilidades que no quieras tomar. No quiero que te sientas presionado o comprometido a nada.

- ¿Qué piensas tú de esto? – Rick le mostró la notificación.

- No importa lo que yo piense… sólo lo que tú pienses. Y sea cual sea tu decisión, yo la voy a apoyar y a respaldar. Tú lo sabes.

- No Lisa, a mí sí me importa lo que tú pienses de esto. ¡Tu opinión es muy importante para mí!

Lisa giró su silla para quedar de frente al ventanal una vez más y no tener que enfrentar a Rick cara a cara. Sentía que no podría controlar sus emociones si intentaba mirarlo a los ojos en esos momentos.

- ¿Qué crees que pienso? – Su voz fue apenas un susurro. – Tú serías mi segundo al mando… mi apoyo más fuerte… mi hombre de confianza… Rick no hay nadie en toda la RDF más capacitado ni más apto para este puesto que tú. Pero por sobre todas las cosas, no hay nadie en quien yo confíe más para tomar este tipo de responsabilidad… nadie más que tú.

- ¿Aunque esto signifique que tendré que dejar de volar?

Lisa apretó los dientes y cerró los ojos en una expresión de dolor. Eso era lo que ella había estado esperando desde el inicio de aquella conversación.

- No puedo prometerte que tu status de vuelo se mantendrá igual que hasta ahora y no te quiero engañar al respecto. – Lisa comentó suavemente. – Pero te aseguro que no te voy a arrancar las alas, Rick… volar es tu vida y yo jamás te quitaría eso. Además en estos momentos necesito a alguien confiable allá arriba, con los nuevos VF4. El general Martín y yo hemos estado viendo la manera de mantener tu status de vuelo con el mínimo de modificaciones… sin embargo hay cosas que escapan de mi autoridad y quiero que las cosas estén bien claras.

- Yo jamás podría dejar de volar… - Rick suspiró pesadamente. – Es que esto es tan intempestivo… lo único que yo quería en mi vida era volar, ser piloto… sentir el cielo al alcance de mi mano… quería ser libre. Yo jamás deseé ser un soldado… y mucho menos dirigir un ejercito. Mis aspiraciones eran simples… y ahora…

- Vivimos tiempos extraños, Rick. – Lisa finalmente le dio la cara. – Supongo que ninguno de nosotros esperábamos que nuestras vidas tomaran este cauce.

- Lisa, yo… sinceramente no me siento preparado para esto. – Rick bajó su mirada.

Ella lo observó por unos momentos, luchando contra las lágrimas que amenazaban con escapar de sus ojos en cualquier momento. El que él aceptara esa promoción significaba mucho para ella… ¡Significaba TODO para ella! Pero no lo iba a obligar… y lo iba a apoyar.

Los ojos del piloto lentamente se encontraron con los de la almirante. Ella asintió levemente con la cabeza y tomó el documento que estaba sobre el escritorio para sellarlo con el sello oficial del almirantazgo y la hora en que había sido entregado.

- Es una decisión que usted debe de tomar, mayor Hunter. – Lisa hizo su máximo esfuerzo por que su voz no se quebrara en su garganta. – Tiene derecho a rechazar su promoción y en caso de que así lo decida deberá presentar su renuncia a ella por escrito en un lapso de 48 horas contadas a partir de este momento. Si transcurrido ese periodo no he recibido su carta de renuncia a la promoción, se considerará aceptada y se procederá a la ceremonia oficial. Si decide no aceptar, ninguna sanción será tomada en contra de usted y seguirá conservando su rango y su status dentro de la RDF hasta una próxima promoción.

Rick tomó el documento que Lisa le entregaba y súbitamente sintió que un calor le invadía el pecho. ¡Odiaba cuando ella se comportaba así de formal y protocolaria con él!

- ¿Eso es todo lo que me vas a decir? – Su voz se elevó involuntariamente. - ¿No me vas a dar una buena razón por la cuál yo deba aceptar o rechazar esta promoción?

- Es tu decisión, Rick. – Lisa lo miró directamente a los ojos. – Yo no puedo influir en ella.

- ¡Demonios, Lisa¡Tú bien sabes que jamás he tomado una decisión de este tipo sin tu ayuda! Necesito que hablemos… necesito que—que me orientes y que… ¡Lisa, no puedes dejarme solo ahora!

- No Rick… sabes que cuentas incondicionalmente conmigo pero no me pidas que te ayude a tomar esta decisión. No quiero que te sientas presionado y no quiero que al paso del tiempo sientas que yo te obligué a dar un paso para el que tú no te sentías listo. Yo te considero el oficial más indicado y más capacitado para esta promoción, pero no niego que incluso para mí fue una sorpresa.

- ¡Me estás confundiendo, Lisa! – Rick se frotó las sienes. – Me consideras capaz pero sientes que fue una decisión precipitada.

- ¡No fue eso lo que dije! – Ahora fue ella la que elevó la voz. – Te expliqué que el consejo ha dado seguimiento a tu desempeño… me sorprendió que te hayan elegido a ti por sobre Maistroff pero eso no significa que considere que tomaron una decisión precipitada o errónea. ¡No hay nadie mejor que tú para ser el general de la RDF, Rick¡Nadie!

- ¿Entonces crees que debería aceptar?

- Creo que eres tú quien debe de evaluar los pros y los contras. No te niego que es un puesto de gran responsabilidad.

- ¿Me estás tratando de atemorizar?

- ¡Estoy poniendo las cosas en claro contigo desde el principio, Hunter! – Lisa se detuvo al notar que estaba gritando. – Lo siento, no quise… Rick… sabes que siempre has podido hablar conmigo y que siempre te he ofrecido mis consejos… pero esta vez debes de tomar esta decisión solo… ¡Entiéndeme por favor! No quiero presionarte.

El piloto se puso de pie y comenzó a caminar de un lado al otro de la oficina; los sentimientos encontrados que le inundaban el pecho hacían que incluso el respirar le fuera doloroso. ¿Qué podía hacer¿Qué debía hacer? Un rango de general era todo a lo que él podía llegar a aspirar en su vida… ¡Era la culminación de todos sus esfuerzos y sacrificios! Pero se sentía inseguro… sentía que su juventud estaba en su contra. Aunque quizás aquello se compensaba con su experiencia. Pero aún así, un general era una persona importante e imponente. ¡Él era un piloto de circo!

- Sea cual sea tu decisión, será la correcta y yo la respaldaré completamente. – La voz de Lisa sonó suave y llena de cariño. – Sólo quiero que sepas que yo considero que nadie llevaría la insignia de General de la RDF con más honor y más dignidad que tú, Rick Hunter.

Rick miró a Lisa y sus ojos se llenaron de lágrimas. Bajó su mirada metió el documento en la bolsa interior de su uniforme, al tiempo que hablaba en un susurro:

- Necesito tiempo para pensarlo, Lisa… necesito estar solo y—

- Tómate todo el tiempo que necesites. – Ella le respondió.

El piloto asintió con la cabeza y se dio media vuelta para salir de la oficina. Cuando su mano se posó en el picaporte de la puerta, la voz de Lisa lo detuvo.

- Cuando yo fui ascendida a almirante también tenía miedo y estaba confundida… pero tú me dijiste algo… lo mismo que ahora yo te digo a ti, amor… necesitamos a alguien fuerte y valiente, que sepa tomar responsabilidades, que inspire a los soldados, que les dé confianza a los oficiales, que guíe a los jefes… y no hay nadie mejor preparado para ese trabajo que tú, Rick… yo lo creo con todo el corazón.

Rick había bajado su cabeza y estaba haciendo esfuerzos sobrehumanos por no permitir que las lágrimas escaparan de sus ojos. Se sentía emocionado, era cierto… pero tenía miedo, mucho miedo. Sentía que estaba viviendo su vida demasiado rápido y aquello lo asustaba un poco… pero además sentía que no estaba preparado para tomar una responsabilidad de ese tamaño sobre sus hombros. Él sabía dar lo mejor de sí, sabía entregarse y llevar a cabo cualquier empresa que se propusiera… ¡Pero se sentía tan inexperto!

- Debo irme, Lisa… - Rick susurró.

Ella asintió y él se dio media vuelta para mirarla de frente y saludarla militarmente. Ella correspondió en saludo e inmediatamente el piloto salió a toda prisa de la oficina. La almirante Hayes se dejó caer en su asiento y una lágrima corrió por su mejilla.

- ¡Buena cacería, piloto! – Susurró entre dientes y aquello sonó casi como una oración. – No importa lo que decidas… ¡Siempre te apoyaré y siempre te amaré!

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Rick caminó desganadamente hasta su Freelander en el estacionamiento de la base. Al salir de la oficina de Lisa su única parada había sido en los vestidores para quitarse su uniforme y vestirse en jeans y un suéter azul. El cielo estaba nublado y amenazaba lluvia. El piloto miró las nubes negras sobre su cabeza y suspiró pensativamente.

- ¿Qué debo hacer¡Las cosas serían más fáciles si Lisa me ayudara a tomar esta decisión! Si ella me lo pidiera, yo aceptaría sin protestar pero… ¿Es esto lo que realmente quiero? Supongo que tiene razón al dejarme solo para decidir pero aún así… ¡Demonios, es demasiado!

- ¡Mayor Hunter!

Rick apenas acababa de abrir la portezuela de su camioneta cuando aquella voz dolorosamente conocida lo hizo detenerse en seco y bufar en anticipación de lo que seguramente vendría.

- Coronel Maistroff… - Rick se dio media vuelta para mirarlo de frente.

- Hoy se retira temprano, mayor. – Maistroff jugaba con las llaves de su auto. – No quiero quitarle su tiempo, sólo quería… felicitarlo.

Rick lo miró pero no respondió y el coronel se hizo el sorprendido.

- ¿O es que acaso la almirante Hayes no le ha notificado sobre su honroso ascenso, mayor?

- Ya he sido notificado, muchas gracias.

- Pensé que a estas alturas ya se habría ejecutado la orden… a menos claro que usted… aún no haya aceptado.

Rick miró al coronel a los ojos y sintió que la sangre comenzaba a calentarse en sus venas. No sabía por qué, pero ese era el efecto que Maistroff generalmente provocaba en él.

- No es una decisión que se pueda tomar a la ligera, coronel.

- No, claro que no. – Maistroff miró hacia el SDF-1. – El viejo almirante Gloval debe de estar feliz donde quiera que esté. Aún después de su partida sigue gobernando la RDF. Debe de estar bastante satisfecho de ver que su plantilla finalmente ha sido llenada tal y como él lo quería.

- Me parece que su comentario está fuera de lugar, coronel. - Rick arrugó el entrecejo. – Esta decisión fue tomada por el consejo del GTU y ni Li—la almirante Hayes ni nadie tuvo ingerencia en—

- Sí, sí… - Maistroff agitó su mano frente al rostro de Rick como si estuviera espantando un bicho raro. – Ya he escuchado todos los razonamientos. El general Martín tiene sus argumentos y la almirante Hayes fue bastante agresiva al respecto.

Rick sintió que su cuerpo se estremecía levemente al pensar en que Lisa hubiera discutido con Maistroff por él. No sabía que le había dicho ella al coronel, pero por la expresión de fastidio en el rostro de Maistroff adivinaba que Lisa no se había comportado particularmente amable en esa discusión.

- ¡En fin! Sólo espero que piense bien las cosas y lo medite muy bien antes de tomar una resolución, Hunter. Y sinceramente espero, por su propio bien, que esto no sea otro ardid publicitario del GTU… me parece que le están sacando mucho jugo a esa imagen de cuento de hadas del romance perfecto entre usted y la almirante Hayes. Yo tendría cuidado si fuera usted, mayor.

- Esto no tiene nada que ver con—

- Primero fue la señorita Minmei. – Maistroff interrumpió. – Cuando ella dejó de ser famosa se necesitó un nuevo icono para la RDF… su romance perfecto llegó como caído del cielo. Pero quizás esas sólo sean ideas mías. – El coronel se encogió de hombros. – En todo caso, le sugiero que medite bien las cosas, Hunter… un rango de general no es precisamente un paseo por el parque. Píenselo bien… ¿Usted realmente tiene lo que se necesita para ocupar un puesto de ese tipo?

El mayor Hunter no respondió, pero en ningún momento bajó su mirada. Sus ojos estaban clavados en los de Maistroff de una manera retadora y desafiante. El coronel trató de sostenerle la mirada, pero finalmente decidió que aquello era suficiente por el momento. Se dio media vuelta y comenzó a alejarse de ahí.

- ¡Medítelo bien, mayor Hunter! Una vez que haya aceptado ya no habrá marcha atrás. ¿Para qué complicarse la vida?

Rick se metió a su camioneta y dio un portazo. Encendió el motor y salió a toda prisa de ahí, tomando la carretera panorámica que conectaba Ciudad Macross con Ciudad Monumento. Tenía muchas cosas que pensar, mucho que meditar y decisiones importantes que tomar. Necesitaba estar solo y en un lugar tranquilo… necesitaba escuchar su propia voz y decidir su futuro… el futuro que él quería darse a sí mismo… y a Lisa.

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Esa noche en la casa del almirantazgo Lisa estaba bastante intranquila. Se había bañado y ahora, en su bata inmaculadamente blanca, esperaba en la sala leyendo un libro… o pretendiendo leer un libro, pues la verdad era que simplemente no podía concentrarse en nada de lo que había intentado hacer toda la noche.

La cena de Rick estaba en la cocina. Ella la había puesto en el horno para que cuando él llegara la encontrara caliente y se sentara a cenar. Ella sabía que iba a regresar hambriento.

Lisa no tenía idea de dónde podría estar el piloto. Sabía que había salido de la base después de que habían hablado esa tarde, pero desconocía a donde se había dirigido. Era obvio que no había pasado por su casa y tampoco estaba con los Sterling. Lisa hacía su mejor esfuerzo por no preocuparse, pero no podía evitar el ponerse de pie cada diez minutos para ir a mirar por la ventana, con la esperanza de ver los faros de la Freelander subiendo por el camino que llevaba a su casa.

Por milésima vez aquella noche la almirante observó el reloj de pared e hizo un gesto de preocupación al notar que era casi media noche. Por más esfuerzos que hacía por convencerse de que Rick estaba bien, no podía dejar de pensar que podría haber sufrido un accidente… o que quizás su camioneta se hubiera descompuesto a mitad del camino.

La almirante tomó su celular y estuvo a punto de marcar el número del piloto, pero se detuvo, como lo había hecho durante toda la noche. Ella le había dicho que él debía decidir y que se tomara todo el tiempo que necesitara. Aquella situación era difícil, pero Lisa sabía que era lo mejor para Rick. Ella sabía que se hubiera sentido más segura hablando con él y dándole mil razones por las cuales él debería de aceptar su promoción… pero si hubiera hecho aquello ella hubiera sentido que estaba obligando a Rick a tomar una responsabilidad que quizás él no se sentía listo a tomar.

- Lo amo tanto que debo aprender a dejarlo libre… libre para decidir, libre para pensar… libre para tomarse su propio espacio cuando lo necesite. ¡Dios santo, por favor cuídalo! Rick… ¿En dónde te habrás metido, mi vida?

Lisa apagó la luz de la lámpara de la sala y se retiró a su habitación. Se hacía tarde y se sentía cansada. Decidió que intentaría dormir, esperando que el tiempo pasara más rápido. Le tomó un buen rato el encontrar una posición cómoda en su cama… ¡Lo extrañaba tanto! Extrañaba su presencia, su calor, su aroma… ¡Lo amaba tanto!

- Rick, tienes que reportarte en la base a las 0800 horas. – Lisa pensó. – Debes de descansar, amor… no quiero que estés cansado por la mañana… yo—

Aquel fue el último pensamiento coherente que Lisa pudo articular antes de que sus ojos finalmente se cerraran y el cansancio del día terminara por vencerla y hacerla caer en un sueño inquieto e intranquilo.

-


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Rick entró a su casa y la encontró oscura y sumida en un silencio total. Caminó hasta la cocina, tratando de no hacer ruido, y encendió la luz. El reloj marcaba las 12:30 a.m. y el piloto se sobresaltó un poco.

- ¡No pensé que fuera tan tarde!

Inmediatamente notó su plato de comida dentro del horno y sonrió conmovido. Lisa pensaba en todo y siempre se preocupaba mucho por él. Sacó su plato y se sentó en la barra a cenar. La verdad es que estaba muerto de hambre. Había pasado toda la tarde caminando por el bosque y se había alejado bastante de la orilla del camino, en donde había estacionado su Freelander. La noche había caído sobre él y le había tomado algo de tiempo regresar a la camioneta. Se sentía cansado, tenía frío y estaba hambriento.

Después de cenar fue directamente al baño, en donde se dio una ducha caliente. Momentos más tarde, envuelto en su bata de baño, entró a su habitación sin hacer ruido. Sonrió cuando vio a Lisa profundamente dormida, hecha un perfecto ovillo y abrazada a su almohada. El mayor se sentó en la orilla de la cama y ella pareció notar su presencia, pues murmuró su nombre en sueños. Rick se quitó su bata, para quedar solamente en boxers, y se metió en las sabanas a su lado.

- Ya estoy aquí, preciosa. – Susurró mientras se inclinaba a besarle la frente a su prometida. – Ya llegué.

Casi como movida por un reflejo automático, Lisa se acurrucó contra el cuerpo de él. El piloto se tendió de espaldas y la acunó contra su pecho, acariciando su espalda y enredando sus dedos en su cabello sedoso. Colocó su otro brazo bajo su cabeza a manera de almohada y su mirada se clavó en el techo.

Había estado pensando en muchas cosas toda la tarde… había meditado mucho sobre su vida, sobre su pasado y su presente… pero sobre todo sobre su futuro. Había imaginado mil escenarios diferentes, mil situaciones diferentes… y se había dado cuenta de que la única constante que había siempre tenido en su vida era Lisa. Ella era la persona que jamás lo había abandonado, la que jamás le había fallado… quien jamás lo había traicionado.

Pero a pesar de todo él aún no podía tomar una decisión con respecto a su promoción. Había algo que era más fuerte que él mismo, y ese era el deseo de volar… ¡Eso era todo lo que él siempre había deseado en la vida! Lisa le había dicho que intentaría no alterar su status de vuelo, pero también le había dicho que no podía prometerle que las cosas siguieran igual.

- ¿Por qué no puedo simplemente seguir siendo el comandante de grupos aéreos? Yo no quiero un trabajo administrativo… yo no podría, yo—yo no estoy hecho para eso. Lo mío es el trabajo de campo… sé que siendo general podría hacer muchas cosas buenas por los pilotos y por mi mismo… también por Lisa. Además, siendo totalmente objetivos, un general gana más que un mayor y—y yo podría tener más dinero para llevar a Lisa a lugares y comprarle regalos… podría ahorrar para tener un patrimonio para nuestros hijos, no lo sé. Quizás hasta ella y yo podríamos pasar más tiempo juntos, pues trabajaríamos en coordinación pero… ¿Realmente soy apto para ese rango¡Me siento tan insignificante¿Cómo es que he llegado hasta aquí? Parece que fue ayer cuando yo era simplemente un piloto amateur volando en competencias aéreas y sobreviviendo al día… y ahora…

Rick suspiró profundamente. Sus párpados se sentían pesados y finalmente dejó que el sueño comenzara a vencerlos. Había meditado durante horas toda la tarde sin poder llegar a una resolución, sabía que no tenía caso seguir atormentándose con eso en la cama… sobre todo sabiendo que tenía que reportarse en la base en sólo unas horas.

El piloto ladeó su cabeza y presionó sus labios contra la frente de Lisa, besándola suavemente al tiempo que le deseaba las buenas noches y le susurraba que la amaba. Lisa se acurrucó aún más contra su cuerpo y Rick se quedó profundamente dormido, sus labios contra la piel de ella y sus dedos aún enredados en su cabello color miel.

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A la mañana siguiente fue Lisa la primera en despertar. Abrió los ojos cuando sintió que la luz de la mañana entraba por las cortinas entrecerradas y le acariciaba el rostro. Aún antes de abrir los ojos, sintió la tibieza del cuerpo de Rick y su embriagante aroma, ese que era tan característico del hombre al que tanto amaba: un olor a jabón mezclado con su propia esencia masculina. Ese aroma tan natural, como la madera de los árboles cubierta del rocío de la mañana en el bosque.

Cuando abrió los ojos, Lisa se dio cuenta de que ella descansaba plácidamente en el pecho desnudo del piloto, totalmente acurrucada contra su cuerpo. Él aún dormía profundamente y ella se dio unos momentos para contemplarlo dormir. ¡Se veía tan joven, tan apuesto y tan relajado!

- Quisiera tenerte así para siempre, amor… tranquilo y seguro entre mis brazos.

Lisa se permitió el lujo que disfrutar del latir del corazón del piloto, posando su oreja en su pecho. El murmullo de su respiración parecía tranquilizarla también a ella. Comenzó a recordar la noche anterior y se preguntó a qué hora habría vuelto Rick. Ella no lo había sentido. En esos momentos hubiera dado cualquier cosa por saber qué era lo que su piloto había decidido respecto a su promoción.

- Pero si él no lo menciona, yo tampoco lo haré.

Lisa se levantó, sosteniendo el peso de su cuerpo con sus brazos sobre el de Rick. Lo contempló dormir, con una mirada de absoluta adoración y amor en sus ojos verdes. Le acarició el cabello rebelde y se inclinó para besarlo suavemente en los labios. Él pareció reaccionar a ese beso, pero no se despertó. Lisa decidió que tenía el tiempo justo para preparar el desayuno… lo dejaría descansar unos minutos más.

Poco más tarde Rick abrió los ojos cuando el aroma de café recién hecho y pan tostado llegó hasta él procedente de la cocina. Miró el reloj sobre la mesita de noche y se dio cuenta de que aún era temprano, pero ya debía levantarse. Se estiró perezosamente y casi como por reflejo buscó a Lisa a su lado en la cama. Cuando no la encontró, se conformó con esconder su rostro en la almohada de ella y aspirar profundamente el aroma de la mujer a la que amaba con su vida.

Minutos más tarde el piloto entró a la cocina, arrastrando los pies, rascándose perezosamente el cabello despeinado, con su bata sin anudar y bostezando, mientras luchaba por mantener los ojos abiertos.

- ¡Buenos días amor! – Lisa lo saludó con una sonrisa. - ¿Dormiste bien?

- Sí, aunque estoy un poco cansado. – Rick se dejó caer en una silla.

- No te sentí regresar anoche. – Lisa le puso enfrente una taza de café. – Traté de esperarte despierta pero…

Ella se alejó rumbo a la estufa para servirle a Rick los huevos revueltos que le había preparado. Él la observó, admirando como frecuentemente lo hacía su figura elegante y sus rasgos hermosos. Se percató de que el café que le había servido estaba en su punto, tal y como a él le gustaba. Lisa le sonrió y puso su plato de huevos sobre la mesa mientras ella se sentaba frente a él para tomarse su café y un pan con mermelada.

- Gracias, Lisa. – Rick le sonrió con amor.

Ella le devolvió la sonrisa y se concentró en tomar su café. Él comenzó a comerse su desayuno, el cual estaba delicioso. Ella le había tostado un par de panes también… aquel era un desayuno perfecto. Lisa lo conocía demasiado bien… y lo consentía como nadie lo había hecho en su vida. Se había hecho un prolongado silencio entre ellos, pero fue el piloto quien finalmente lo rompió.

- ¿Alguna vez te había dicho lo perfecta que eres y lo mucho que te amo, Lisa?

Ella le sonrió por encima de su taza de café, pero no le contestó… aunque sus ojos brillaron haciendo que el color verde se encendiera como si fuera una esmeralda tocada por la luz del amanecer.

- ¿Cómo te sientes, Rick? – Ella le preguntó.

Aquella era una pregunta bastante ambigua, el piloto pensó. Su respuesta fue igualmente ambigua; se limitó a encogerse de hombros. Quería decirle a Lisa todo lo que había estado pensando la noche anterior, sobre su ascenso, pero no logró reunir el valor suficiente para hacerlo. Además ella había dejado bien en claro las cosas: era una decisión que él debería de tomar.

- El día no va a estar demasiado ocupado. – Rick estaba jugando con su tenedor, picando pedacitos de huevo en su plato. – Espero estar libre temprano… yo—no sé, quizás tenga que ir a ver algunos asuntos protocolarios con los nuevos VF4…

- ¿Alguna cuestión en particular?

- No… es algo sobre los patrones de pintura y esas cosas… ayer entraron al taller de pintura y están viendo lo de las insignias y los colores del Escuadrón Skull. Tengo que ir a revisar algunas pruebas. Pero no es nada complicado.

- Me alegra que no lo sea.

Rick miró el reloj y notó que se hacía tarde. Hasta entonces se percató de que Lisa ya estaba perfectamente bien uniformada. Él se rascó la cabeza, sintiéndose un poco confundido y se puso de pie.

- Creo que será mejor que me de una ducha antes de salir a la base… ¿Irás en tu coche o prefieres irte conmigo?

- Me gustaría irme contigo, amor… si no te molesta.

El piloto hizo un gesto de fastidio y se acercó a Lisa, tomándola por los hombros y mirándola directamente a los ojos.

- Lisa, escúchame… ¡Te amo!

- Lo sé. – Los ojos de ella se llenaron de lágrimas. – Rick… discúlpame… por lo de ayer.

- ¿De qué demonios estás hablando? Yo no tengo nada de qué disculparte.

- Yo jamás hubiera querido guardar un secreto así, pero—

- ¡Lisa! – Él la interrumpió. – Yo entiendo… y no estoy molesto. Yo sé cómo son las cosas. Conozco los protocolos… admito que estoy un poco confundido pero… pero sé por qué estás haciendo esto. Necesito madurar, lo comprendo. Es difícil… pero Lisa, confía en mí y sobre todo… pase lo que pase jamás dudes de mi amor por ti. No podemos dejar que el trabajo afecte nuestra vida personal¿De acuerdo?

- De acuerdo. – Lisa murmuró, perdiéndose en esos ojos azules que tanto amaba.

- ¿Estamos bien entonces?

- Muy bien, Rick.

El piloto sonrió y se inclinó para besarla suavemente en medio de los ojos. Los dos se sonrieron y ella buscó sus brazos. Él la abrazó cálida y estrechamente por unos minutos, acariciándole la espalda y besándola ocasionalmente en la frente, en las sienes y en el cabello.

- Más vale que te des prisa, amor. – Lisa murmuró contra su pecho. – Se hace tarde.

Rick asintió con la cabeza y renuentemente la soltó. Salió de la cocina sin perder el contacto visual con ella un solo segundo. Cuando él desapareció en el pasillo, Lisa suspiró profundamente y se limpió las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos. Miró el plato de Rick y se dio cuenta de que no se había acabado su huevo. Lo tomó y comenzó a comerse los sobrantes, sintiendo esa cálida familiaridad que le producían esos pequeños detalles, como el hecho de comer lo que el piloto no se había comido, directamente de su plato y usando su mismo tenedor.

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Era medio día cuando el Escuadrón Skull regresó a la base después de su vuelo de patrullaje de rutina. Habían tenido una sesión previa en los simuladores de VF4 y todos los pilotos estaban agotados cuando aterrizaron, por lo que el Mayor Hunter los envió a comer y a descansar un poco antes de presentarse a sus actividades de la tarde. Él mismo fue a darse una ducha rápida pues se sentía bastante sudado. Estaba en los vestidores arreglándose su uniforme cuando Max se acercó a él, con una toalla amarrada en la cintura y secándose el cabello después de haber tomado su propia ducha.

- ¿Y bien? – El suspicaz piloto estrella de la RDF habló, sacando a Rick de su ensimismamiento.

- ¿Y bien qué? – Rick lo miró de soslayo. – Si quieres mi opinión sobre tu evidente exhibicionismo, solo te diré que tú eres un hombre casado, yo estoy comprometido y sinceramente no me interesan sus atributos.

Max se rió de buena gana y abrió su casillero para sacar su uniforme de diario y comenzar a vestirse. Rick sonrió cuando miró las fotos que su amigo tenía en el interior de su casillero. La mayoría eran de su familia, pero había una en donde además de Max y Miriya también estaban él y Lisa. Aquel sencillo detalle hizo que Rick recordara que aquel muchacho semidesnudo frente a él era mucho más que su amigo o su compañero de armas. Era su hermano.

- Te conozco, jefe. Sé que algo te preocupa… o que algo te molesta. Hoy estuviste muy serio y callado en los simuladores y durante el vuelo. ¿Qué te pasa¿Quieres que hablemos¿Problemas con Lisa?

- ¿Acaso eres psiquiatra, médium, psíquico o algo por el estilo, Sterling? – Rick se sentó en la banca de madera que dividía las filas de casilleros colocados contra ambos muros de aquel vestidor.

- No, es simplemente que eres demasiado transparente, Rick. Eso es todo.

El piloto hizo una mueca de fastidio que hizo que Max se riera otra vez. Pero pronto su risa se convirtió en un gesto de genuina preocupación.

- Espero que no te estés acobardando con tu boda, hermano… Miriya y Kelly están muy emocionadas con los preparativos y yo no me arriesgaría a—

- ¡No! – Rick se defendió. – No es eso, Max… Lisa y yo estamos bien… bueno, tan bien como podemos estar en estas circunstancias.

- A ver… - Max cerró su casillero y se recargó en él, observando fijamente a su amigo, casi estudiándolo. - ¿Qué sucedió?

Rick tomó aire, sabiendo que cuando Max tenía esa mirada en los ojos él simplemente no tenía escapatoria. Durante los siguientes quince minutos el Mayor Hunter le relató al Capitán Sterling todo lo que había sucedido desde la tarde anterior, cuando había recibido aquella notificación de manos de Lisa. Le habló de lo confundido que se sentía y de lo nervioso que todo aquello lo ponía. Max lo escuchaba con atención, sin hacer comentarios.

- Y antes de salir de patrullaje esa mañana encontré un e-mail de Lisa en mi bandeja de entrada. – Rick terminó. – Me envió varios documentos en donde se especifica detalladamente cuales son las funciones, las responsabilidades y los derechos de un General de la RDF. Me escribió que quiere que tome una decisión razonada y motivada… y terminó escribiendo que el cargo de general de la RDF sería prácticamente como el de un mariscal de campo del almirantazgo.

Rick guardó silencio, esperando los comentarios siempre mordaces pero acertados de su amigo. Max lo observaba sin decir palabra; se había terminado de vestir mientras su amigo hablaba, y ahora estaba de pie frente a él, frotándose la barbilla pensativamente.

- Déjame ver si entendí bien las cosas. – Finalmente habló. – El consejo del GTU te elige por sobre Maistroff para ser promovido a General de la RDF… y tú no sabes que hacer.

- Bueno… básicamente… sí.

- Pues yo lo veo tan claro como el agua, Rick. Simplemente pregúntales que dónde firmas y listo… y la siguiente semana estarás cobrando tu sueldo de general. ¿Qué es lo que tienes que pensar, Rick¡Esto es perfecto!

- Quisiera que fuera tan fácil como eso, Max… pero es una decisión demasiado grande para mí. Y Lisa, ella… ella no quiere influir en lo que yo decida hacer. Siento que estoy solo en esto y me siento… perdido.

- Rick, hermano… escúchame por favor… lo que Lisa está haciendo lo está haciendo por amor. Por el amor que te tiene a ti. ¿Crees que esto es fácil para ella¡Yo te apuesto que no lo es! La pobre almirante debe de estar muriendo de la incertidumbre en estos momentos. Ella te está dando tu espacio, Rick. Te está dejando crecer, extender tus alas y remontar el vuelo por ti mismo. ¿No te das cuenta de que lo que ella quiere es que tú brilles con luz propia y no sólo seas reconocido por ser la pareja de la almirante de la RDF?

Rick miró a su amigo y por la expresión de su rostro, Max estuvo seguro de que ni siquiera había considerado lo que él le estaba diciendo. El capitán Sterling suspiró indefenso, sabiendo que su amigo jamás cambiaría… siempre estaría perdido.

- Sí, supongo que tienes razón. – Rick habló. – Pero aún así… Max, yo no sé si estoy preparado para esto… yo no puedo dejar de volar… yo—yo jamás deseé tener este tipo de responsabilidad encima.

- Al menos tú tienes opción, Rick… ella te está dejando decidir. Ella no tuvo esa libertad cuando fue nombrada almirante de la RDF. ¿Crees que ella estaba preparada para ello¿Crees que ella anhelaba subir a un puesto tan alto en esos momentos en que estaba tan inestable emocionalmente? Aún más, bien sabemos que Lisa no tuvo muchas opciones cuando el almirante Gloval la nombró comandante del SDF-2. Ella siempre ha hecho frente a sus responsabilidades con entereza, con valor, con dignidad… ¡Jamás ha sido fácil para ella, amigo! Sobre todo considerando que siempre ha tenido que enfrentarse con personas como Maistroff… incluso contra su propio padre. ¡Y mira que lejos ha llegado! Rick, tú no puedes conformarte con lo que tienes ahora… debes demostrarle a Lisa que eligió bien… que todo lo que ha luchado contigo, por ayudarte a ser el hombre que ahora eres, ha valido la pena.

Rick bajó la cabeza y suspiró pesadamente. El capitán Sterling siguió hablando:

- Tú bien sabes que Maistroff siempre ha sido el dolor de cabeza de Lisa. ¡Es tu oportunidad de quitarlo de en medio! Rick, trabajarías directamente bajo las ordenes de la almirante… tú y ella, en mil proyectos juntos… tú como su brazo derecho, su hombre de confianza… ella podría confiar en ti, respaldarse en ti… tú no tendrías que rendirle cuentas a nadie más que a ella… amigo, sinceramente no creo que haya mucho que tengas que pensar.

El mayor Hunter clavó su mirada en un punto no muy bien definido de la pared. Las palabras de Max lo habían hecho pensar, pero no lo habían convencido del todo.

- Es difícil, Max… volar es mi vida. Volar es lo que hago… es quien soy.

- Y no dejaras de volar, Rick… Lisa te lo dijo. Pero en todo caso, creo que debes de preguntarte cuáles son tus prioridades ahora, hermano… ¿Volar es más importante para ti que Lisa?

- ¡Nada es más importante que ella! – Los ojos de Rick lanzaban chispas. - ¡NADA!

- ¡Entonces demuéstraselo! Ella te necesita, Rick… y tú bien sabes que podrías hacer muchas cosas buenas en un rango de esa categoría. Volar es tu vida, es tu pasión, lo sé… pero ahora tendrás más tiempo libre para volar por diversión… ¡Con ella!

- Es que no me visualizo como general de la RDF.

- Yo jamás me visualice a mi mismo como un soldado, jefe. – Max sonrió. – Y estoy seguro que tú tampoco lo hiciste. ¡Y ahora míranos! Rick, yo comparto la opinión de Lisa. No hay nadie en toda la RDF que podría ocupar este puesto con más dignidad que tú, hermano… tú tienes madera, tienes lo que se necesita. ¡Acepta el reto de probarte a ti mismo que eres un hombre integro, responsable y capaz! Lisa creé en ti, yo también lo hago… Rick, no nos decepciones. ¡Debes de creer en ti mismo!

- Pero Max… entiendo lo que dices pero… estoy confundido. Para mi es un honor muy grande que me hayan siquiera considerado para este puesto pero… tengo miedo de fallarle a Lisa… de no estar a la altura de las circunstancias.

- ¡Tonterías, jefe! Si declinas tu promoción estarás cometiendo un error y tú bien lo sabes. Siendo el general de la RDF podrás apoyar a Lisa más estrechamente. Después de todo ustedes son una pareja… un equipo. Rick, me disculpo por lo que te voy a decir pero no puedes mostrarte cobarde ahora… tienes que darte cuenta de tu propio valor y dejarte de sentir inferior a los demás oficiales. ¡Tú eres Rick Hunter, piloto estrella de la RDF, icono de una generación! El piloto de combate con más misiones voladas y más medallas recibidas en la historia. No es una coincidencia que te hayan elegido para recibir esta promoción, hermano. ¡Te lo mereces! Y te mereces la oportunidad de probarte a ti mismo qué tan lejos puedes llegar… pero sobre todo, Lisa se merece la satisfacción de verte convertido en el hombre que ella siempre ha sabido que tú puedes llegar a ser. ¡No la defraudes a ella, amigo! Pero sobre todo, no te defraudes a ti.

Las palabras de Max parecieron tener un efecto bastante intenso en Rick. Se quedó sentado, en silencio por un buen rato, estudiando con atención todo lo que su amigo le había dicho. El celular de Max sonó y él contestó de inmediato. Era Miriya quien hablaba.

- Jefe. – Max le anunció después de unos minutos. – Es hora de comer y mi alto mando me ordena que vaya a compartir los sagrados alimentos con la mujer más hermosa del mundo… ¿Vas a comer con Lisa o quieres venir con nosotros?

- Lisa está en una reunión y no podremos comer juntos… te agradezco la invitación, Max… pero a decir verdad quisiera estar solo… y meditar un poco.

- En ese caso no olvides todo lo que te dije. ¡Y buena suerte con tu decisión, Rick! – Max le palmeó la espalda. – Sabes que sin importar lo que pase, yo siempre estaré aquí para apoyarte.

- Lo sé. – Rick le sonrió. – Y te lo agradezco, Max.

- Piensa bien las cosas, medítalas y decide con cuidado, Rick. – Max se alejó rumbo a la puerta del vestidor. - ¡Te veo más tarde, hermano!

Cuando el piloto se quedó solo en aquel lugar, se inclinó sobre sí mismo y escondió su rostro en sus manos. Se sentía desesperado y rogaba al cielo porque le permitiera tomar una decisión… la decisión correcta. Pero sobre todo, que cualquiera que fuera su determinación, Lisa se sintiera orgullosa de él, de sus logros y del hombre en que él se había convertido… gracias a ella.

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Lisa terminó su día de trabajo bastante tarde esa noche. Estaba agotada y se sentía un poco nerviosa. Sabía que el plazo para que Rick rechazara o aceptara su promoción se cumpliría al día siguiente y no sabía qué esperar de él. Miró su celular y se dio cuenta de que tenía un mensaje del piloto en el que le informaba que la esperaría para ir a casa juntos, que mientras tanto iría un rato al gimnasio y hacia allá se encaminó la almirante.

La base estaba oscura y semidesierta. La mayoría del personal ya se había retirado a sus hogares. Mientras Lisa cruzaba los jardines rumbo al edificio que albergaba el gimnasio y el comedor de oficiales, no podía dejar de pensar en aquellos días que parecían ya tan lejanos, cuando ella salía de trabajar por las noches y volvía a casa sola.

- Ahora las cosas son muy diferentes. – Pensó. – Rick ha hecho toda la diferencia en mi vida y jamás terminaré de agradecerle el que me haya devuelto las ganas de vivir. ¡Si tan sólo comprendiera lo mucho que lo amo y lo orgullosa que estoy de él! Dios, si tan sólo aceptara la promoción que le ofrecen… el trabajo sería mucho más fácil para mi entonces. Pero no puedo pensar con tanto egoísmo… no puedo forzarlo a aceptar algo que él no quiere.

Entró al gimnasio, el cual estaba completamente vacío a esas horas… a excepción del muchacho que, en pantalones cortos de licra y una camiseta ajustada sin mangas, se dedicaba a golpear despiadadamente un saco de arena mientras se movía alrededor de él. Lisa no pudo evitar el admirar el cuerpo fuerte y bien formado de su piloto, su vitalidad, su energía… su masculinidad y ese aire de arrogante seguridad que parecía irradiar por cada poro de su cuerpo.

El piloto continuó golpeando el saco de arena, sin percatarse de la presencia de Lisa. Ella sabía que siempre que él se sentía tenso o nervioso, practicar box era una de las maneras que él tenía de sacar su tensión acumulada. Ella sabía, sin lugar a dudas, que Rick estaba pasando por momentos de bastante tensión tratando de tomar una decisión sobre su ascenso. ¡Ella hubiera deseado tanto hablar con él y aconsejarlo! Pero no quería hacerlo… no podía hacerlo. Esa era una decisión que él debería de tomar por voluntad propia.

- ¡Lisa! – Rick habló con una voz entrecortada, deteniéndose de improviso. Se recargó en el saco de arena y se limpió el sudor del rostro con su antebrazo. – No te escuché llegar… ¿Tienes mucho?

- Lo suficiente para darme cuenta de que está en una excelente forma física, mayor Hunter. – Lisa se acercó a él con una sonrisa en los labios.

El piloto no pudo evitar el sonreír a pesar de todo. Ella ya había tomado su rostro entre sus manos y lo estaba besando en los labios. Él se entregó a aquel beso, sintiendo ese amor profundo e incondicional que Lisa le transmitía con cada pequeño detalle, con cada respiración y con cada latido de su corazón.

- Estoy sucio y sudado… - Rick murmuró contra sus labios.

- No me importa.

Rick pareció tomar aquello como una invitación para poner sus brazos enguantados en torno al cuerpo de Lisa y abrazarla estrechamente contra sí, mientras seguían besándose. Cuando se separaron, ella le puso una toalla alrededor del cuello y le ofreció una botella de agua y se la llevó a los labios, pues él no podía tomarla con los guantes puestos. Después de que hubo saciado su sed, Lisa le ayudó a quitarse los guantes.

- ¿Cómo estuvo tu día? – Rick preguntó interesado, mientras ella deshacía los cordeles de los guantes. – Supe que tuviste varias reuniones y que recibiste varias visitas oficiales.

- Sí, estuvo un poco complicado. Pero ya terminó… la última reunión se alargó más de lo que yo había pensado. A decir verdad tengo una jaqueca.

El piloto, ya con sus manos libres de los guantes, puso sus dedos índices y anulares en las sienes de ella, frotándolas con cuidado. Ella le agradeció el gesto con una pequeña sonrisa que él correspondió.

- Será mejor ir a casa. – Él habló. – Mañana tengo patrullaje a las 0500 horas. Tengo que dormirme temprano.

- Yo tengo que terminar de revisar unos documentos. – Lisa le mostró su maleta de mensajero que traía colgando de su hombro. - ¿Y cómo te fue en el taller de pintura de los VF4?

- Bien… - Rick dudó un momento. – Lisa, yo—

- ¿Sí?

- Sólo quería preguntarte… sobre el e-mail que me enviaste esta mañana, lo estuve leyendo y también leí los manuales de protocolos de la RDF y… bueno… las responsabilidades de un general de la RDF son bastante similares a las del almirante. O al menos eso me pareció a mí.

Lisa asintió y se sentó en una banca de madera mientras Rick comenzaba a ponerse su ropa de ejercicio encima de la que estaba usando.

- Básicamente sí… con la excepción de que el general trabaja más en campo y el almirante tiene un trabajo más administrativo y de oficina. Básicamente las obligaciones del general serían las mismas que tú tienes como Jefe de Grupos Aéreos… aunque la autoridad del general se extiende más allá de sólo los grupos aéreos. Él tiene el comando sobre todas las fuerzas militares de la RDF. El general puede tomar decisiones de tipo militar a discreción.

Rick la miraba sin atinar qué decir.

- Es… mucha responsabilidad. ¿No es cierto?

Lisa se encogió de hombros y trató de sonreírle.

- Tal vez… pero no es nada que tú no hayas experimentado durante tus años de servicio.

- Lisa… tu padre… ¿Cuánto tiempo le tomó a él llegar a ser general de la RDF?

Lisa lo pensó unos momentos y luego miró al piloto.

- No lo sé exactamente… él se alistó en el ejercito cuando apenas tenía 13 años… y ya era general cuando se casó con mi madre… supongo que unos 15 años.

- Yo tengo 4 años en el servicio. – Rick habló pensativamente.

- La situación es diferente ahora, Rick. A mi padre le tomó más de 20 años llegar a ser almirante de la RDF… el almirante Gloval tuvo un record de servicio ininterrumpido de más de 35 años antes de ser comisionado capitán del SDF-1… cuando pienso en ellos y luego me veo a mi misma en esta posición de almirante… a veces todavía siento miedo. Pienso en esas personas tan grandes e importantes… y yo me siento tan insignificante a veces que—

- ¡No Lisa! – Rick la tomó por los hombros. - ¡Ni siquiera te atrevas a decirlo! Tú has demostrado que eres la mejor para el puesto que ocupas. Todos en la RDF están orgullosos de tenerte como almirante. ¡Todos lo estamos! Yo… yo te admiro mucho. – Rick desvió la mirada y su voz se suavizó. – A veces quisiera ser tan fuerte y tan determinado como tú… pero yo no soy un Hayes¿Sabes? Yo no tengo en mi lo que tú tienes en ti… yo—

- ¡No digas tonterías, Rick! – Ella lo obligó a mirarla a los ojos. - ¡Eres un soldado excepcional! Yo te admiro mucho a ti. Admiro tu entrega, tu devoción, tu valentía… y sobre todo admiro lo lejos que has llegado, por tus propios méritos, amor…

- No han sido mis propios méritos… te lo debo todo a ti, Lisa. ¡Todo!

- No es verdad. – Lisa lo besó en la mejilla. – Quizás yo te haya mostrado el camino, pero tú eres quien lo ha recorrido, paso a paso… sin darse por vencido jamás.

- Pero lo he hecho porque tú siempre has estado a mi lado, caminando junto a mí.

- Y siempre lo estaré, Rick. ¡Siempre!

- Lisa…

- ¿Sí?

- ¿Sin importar lo que pase?

- Sin importar lo que pase. – Lisa respondió con una seguridad apabullante.

El piloto sonrió y se acercó para besarla suavemente en los labios.

- Gracias Lisa… eso era todo lo que necesitaba escuchar.

Rick la tomó de la mano y comenzó a conducirla a la salida del gimnasio. Lisa bajó su mirada, sintiendo que esas últimas palabras de Rick habían significado más de lo que aparentaban… era como si Rick estuviera tratando de justificar su renuncia a la promoción, aunque no podía estar segura de nada.

- Pero pase lo que pase tú siempre podrás contar conmigo, amor. – Lisa pensó. – Sin importar cuál sea tu decisión o qué suceda… yo siempre estaré a tu lado.

Esa noche el piloto se retiró a descansar temprano. Estaba agotado y tenía que levantarse antes del amanecer para su vuelo de patrullaje. Aunque no pudo dormirse enseguida. Estuvo un buen rato en la cama, tendido de espaldas viendo el techo, meditando sobre su vida, sus opciones y las decisiones que debía hacer.

Lisa se quedó hasta tarde trabajando en el estudio, aunque sin poderse concentrar del todo, pensando en que al día siguiente se cumpliría el plazo de las 48 horas para que Rick renunciara a su promoción, de lo contrario sería ratificada. Sentía mariposas en el estómago cada vez que pensaba en ello, pero se repetía una y otra vez que ella lo apoyaría, sea cual fuera su decisión.

- Mi padre siempre me dejó decidir libremente. – Lisa pensaba. – A veces era difícil tomar una buena decisión sin contar con su consejo… a veces incluso fui en contra de sus deseos, como cuando me uní a la rama espacial de la RDF… pero jamás me cuestionó y siempre me apoyó. Entonces no lo lograba entender, pero al dejarme libre para decidir me hizo madurar… yo no puedo obligar a Rick a nada… debo darle su espacio para decidir. Y sea cual sea su decisión, yo la apoyaré incondicionalmente.

Era más de media noche cuando Lisa finalmente se retiró a su habitación. El piloto dormía intranquilamente, pero cuando ella se sentó a su lado y comenzó a acariciarle el cabello él pareció calmarse. Lisa lo besó en la frente con amor y le deseó las buenas noches antes de meterse bajo las sábanas y acurrucarse contra su cuerpo. Comenzó a adormilarse en la tibieza de la cercanía física con Rick y arrullada por el suave golpeteo de la lluvia que súbitamente había comenzado a caer sobre la dormida Ciudad Macross.

-


-

El día había pasado lento… dolorosa y angustiosamente lento. Ni Lisa ni Rick habían tenido la oportunidad de verse en todo el día. Él había salido de la casa antes del amanecer, dejándola aún dormida. Cuando ella había llegado a la base él ya estaba volando en su patrullaje del día.

Rick regresó a la base pasado el medio día, pues habían surgido algunos contratiempos en una colonia zentraedi cercana a Ciudad Granito y hacia allá había tenido que llevar al Skull. La situación había sido controlada de manera pacífica y el mayor Hunter había tenido tiempo para meditar sobre los asuntos que le preocupaban en el largo vuelo de regreso a la base.

Lisa había salido a una comida oficial con los miembros de la comisión científica de la RDF y unos inspectores del GTU para asuntos ecológicos que se encontraban de visita en la ciudad. Después de la comida habían ido a visitar los campos de recuperación ecológica cercanos a Ciudad Macross y aquella visita se había alargado más de lo previsto.

La almirante no podía dejar de mirar el reloj. El tiempo seguía pasando y ella aún no recibía una respuesta de Rick, referente a su promoción. Si el piloto no presentaba su renuncia por escrito en un plazo que ahora se había reducido a sólo dos horas, se consideraría oficialmente aceptada.

Cuando Lisa regresó a su oficina, Kelly ya se había retirado. El lugar estaba vacío y semioscuro y ella fue a encerrarse en su oficina privada. Se dejó caer en su sillón detrás de su escritorio, encendiendo solamente la lámpara que estaba sobre el mismo. Giró para ver de frente el ventanal a sus espaldas. Las primeras luces comenzaban a encenderse en la base y en Ciudad Macross. Simultáneamente las primeras estrellas habían comenzado a aparecer en el cielo. Lisa se perdió en sus pensamientos, aunque fue traída de vuelta a la realidad por el sonido suave del reloj de pared. Ella lo miró y su corazón se aceleró inmediatamente. Faltaba solamente una hora para que se cumpliera el plazo y ella aún no tenía noticias de Rick.

- Una hora… - Lisa murmuró entre dientes. - ¿Dónde estás, amor¿Qué es lo que estarás pensando en estos momentos? Oh Rick…

Sus pensamientos volaron hasta su piloto…

Rick estaba en su oficina, sentado ante su escritorio y jugando distraídamente con un lápiz mientras sus ojos estaban clavados en el reloj frente a él. Sobre el escritorio tenía abierta la carta de notificación que Lisa le había entregado dos días antes, aunque ya no necesitaba leerla… se la había aprendido de memoria.

El lugar estaba vacío y silencioso. Rick sabía que era el único que estaba por ahí a esas horas. Los Sterling habían pasado a despedirse hacía ya un buen rato. Max no le había hecho ningún comentario, pero la manera en cómo le había dado un apretón cariñoso y fraternal en el hombro antes de salir hizo que Rick supiera que podría contar con Max, sin importar cuales fueran las circunstancias… o cual fuera su decisión.

- ¡Es tan difícil tomar la determinación correcta! – Rick se recargó sobre el respaldo de su silla y subió los pies al escritorio. – Siento que sin importar lo que decida… me sentiré nervioso y asustado. ¡Quisiera poder ser un poco más como Lisa! Ella siempre sabe que hacer… ella siempre se siente segura de sí misma y de sus decisiones… pero yo…

Rick miró el reloj. Las manecillas seguían moviéndose, lenta pero inexorablemente. El piloto las contempló por varios minutos, sintiendo cómo el tiempo se le escurría entre los dedos. La decisión estaba tomada… pero no parecía poder reunir el valor de terminar con aquella incertidumbre.

- Ella dijo que me apoyaría, sin importar lo que decidiera. – Rick pensó. – Lisa… no sé si esta sea la decisión correcta… no sé si me arrepentiré de esto más tarde pero…

El piloto sintió que su corazón se aceleraba en su pecho y que su respiración se hacía irregular y casi dolorosa. Bajó los pies de encima de su escritorio y miró el reloj por milésima vez en los últimos 10 minutos. El plazo estaba por cumplirse.

El Mayor Hunter tomó una hoja de papel y una pluma y comenzó a escribir, lentamente al principio, pero con más determinación y energía mientras los minutos transcurrían. No se detuvo ni una sola vez. Sabía lo que tenía que escribir, ya no había necesidad de pensar en nada más, solo concentrarse en poner en papel la decisión que había tomado. Lisa lo comprendería, él sabía que lo haría…

Finalmente, con lágrimas en los ojos, firmó la carta que había escrito y la metió a un sobre con el logotipo de la RDF y el Escuadrón Skull en el membrete. Suspiró profundamente, tratando de darse valor y se puso de pie. Tenía apenas 15 minutos antes de que el plazo se cumpliera… debía ir a la oficina de Lisa.

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El eco de las manecillas del reloj moviéndose acompasadamente era el único sonido que se escuchaba en la oficina de la almirante Hayes. Ella observaba el reloj atentamente, sin poder apartar sus ojos de él. Parecía como si su corazón estuviera latiendo al mismo ritmo de aquel antiguo reloj que decoraba la pared de su oficina.

- Diez minutos. – Lisa murmuró. – Sólo diez minutos más…

Sobre su escritorio su teléfono celular estaba abierto, listo para que ella hiciera una llamada en cuanto se cumpliera el plazo… una llamada para felicitar a Rick por su ascenso y posteriormente, por el teléfono oficial de la oficina, una llamada para notificar al General Martín de la promoción del piloto y ponerse de acuerdo para la ceremonia que debería de llevarse a cabo a la brevedad posible.

Los minutos seguían corriendo y Lisa comenzó a sentir un hilito de sudor helado escurriéndole por la sien. Sentía un malestar en el estómago, como si se lo estuvieran quemando por dentro con ácido… sus labios se movían levemente, casi como si estuviera diciendo una silenciosa oración o como si estuviera contando los segundos que transcurrían con cada movimiento de las manecillas del reloj. Sus manos se sentían frías, sus labios resecos y la boca amarga.

De pronto su corazón dio un vuelco cuando el sonido fuerte e insistente de alguien que llamaba a la puerta de su oficina la trajo de vuelta a la realidad.

- ¡Adelante! – Anunció, pero su voz murió en su garganta.

La puerta se abrió lentamente y el Mayor Hunter apareció ante ella. Lisa lo observó y de inmediato sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas. Él estaba de pie, frente al escritorio, mirándola de frente con una mirada llena de determinación en sus ojos. Lisa se percató del sobre que llevaba en su mano izquierda y sintió que algo inmediatamente se rompía en su pecho.

- Almirante Hayes. – El mayor se llevó a mano a la sien en un formal saludo militar.

- Mayor Hunter. – Lisa le respondió el saludo, apenas logrando reunir las fuerzas suficientes para ponerse de pie y pronunciar aquellas palabras.

Rick dio un paso al frente y colocó el sobre encima del escritorio de la almirante, deslizándolo sobre la pulida superficie hasta que lo colocó justo frente a ella. Lisa observó atentamente cada uno de sus movimientos. Sus ojos se encontraron; los de él llenos de determinación… los de ella llenos de lágrimas.

- Entregado en tiempo y forma, almirante.

Ella se limitó a asentir con la cabeza. Un momentáneo gesto casi como de arrepentimiento cruzó fugazmente por el rostro del piloto, pero él se obligó a saludar otra vez a la almirante, mientras hablaba:

- Solicito permiso para retirarme, almirante.

- Esto sería todo, mayor. – Lisa le respondió. – Puede retirarse.

El piloto dio media vuelta y caminó hasta la puerta. Se detuvo en ella y por un momento luchó contra la urgente necesidad que sentía de regresar y tomar a Lisa en sus brazos, abrazarla y asegurarle que todo estaría bien… que había tomado la decisión correcta. Sin embargo no lo hizo; abrió la puerta de la oficina y salió sin mayor preámbulo, casi como si quisiera huir de aquel lugar… huir de ella.

Lisa lo vio salir de la oficina y no pudo contener más las lágrimas que comenzaron a brotar sin control de sus ojos. Un sollozo escapó directamente de las profundidades de su alma, mientras ella se dejaba caer en su silla y ocultaba su rostro en sus manos, tratando de controlarse un poco. A pesar de que trataba con todas sus fuerzas de mantener su llanto en silencio, no podía evitar que algunos sonidos leves escaparan de sus labios, mientras sus hombros se sacudían levemente.

- Cualquiera que fuera su decisión, tú le dijiste que lo apoyarías… ¡Tienes que cumplir con tu palabra! – Se regañó a sí misma.

Levantó su mirada, la cual se posó en la carta que tenía ante sí sobre el escritorio. Se limpió las lágrimas de los ojos con el puño de su uniforme y con mano temblorosa tomó el sobre en sus manos y sacó la carta que estaba en su interior. Cuando la abrió se percató de que Rick la había escrito de su puño y letra… su caligrafía se notaba un tanto temblorosa en los primeros renglones, pero luego sus trazos se volvían fuertes y decididos.

La almirante Hayes se limpió las nuevas lágrimas que habían aparecido en sus ojos de repente y comenzó a leer… aunque aquella carta no parecía una carta formal dirigida a la almirante de la RDF en lo absoluto… sino al contrario…

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"Lisa:

No voy a negarte que estoy confundido, nervioso… aterrado. Esta promoción llegó de improviso y aún no acabo de asimilar la idea de que el GTU quiere que yo sea el General de la RDF. Todo lo que puedo hacer es preguntarme por qué. ¿Por qué yo? Sin embargo en estos días me he dado cuenta de que no soy inferior a nadie por el simple hecho de no haberme graduado de la Academia Militar. Yo he hecho mi parte, he peleado mis batallas y me he entregado al servicio.

A pesar de que a veces actúo de manera arrogante, tú sabes que la mayor parte del tiempo me siento inseguro y confundido. Me ha tomado demasiado tiempo el darme cuenta de que no debo de juzgarme a mí mismo por lo que los demás piensan de mí. Debo de aprender a verme tal y como soy, con mis virtudes y defectos y aceptarme, porque esto es lo que soy. No soy perfecto, es cierto. Pero siento que soy perfectible y tengo la firme intención de jamás darme por vencido en la vida, siempre seguir adelante y luchar todas las batallas que sean necesarias para llegar a ser el hombre que quiero llegar a ser.

A veces nosotros mismos nos convertimos en nuestros peores jueces y enemigos. Pero he pensado mucho las cosas y siento que en realidad no hay retos que yo deba de conquistar en mi vida… sólo debo de conquistarme a mí mismo. Debo de atreverme a creer que dentro de mí hay algo que es superior a las circunstancias. No debo de dejar que mis sueños se vean subyugados por las cosas que pienso que no soy capaz de llevar a cabo. Quizás sea verdad que todo es posible si decidimos creer en ello. Lisa, no le puedo temer a las tormentas si he aprendido a navegar mi barco. ¿Cierto?

Tal vez estoy escribiendo tonterías y cosas sin sentido, pero tú sabes que jamás he sido particularmente bueno para expresarme. Lo que en realidad quiero decir es que he pasado la mayor parte de mi vida caminando solo, sintiendo que sobre mí sólo había nubarrones, sintiendo como la lluvia me caía encima, me congelaba el alma y me nublaba el corazón… pero de pronto alguien se acercó a mi y puso una sombrilla sobre mi cabeza. Desde entonces el cielo se volvió azul y el sol brilló en mi vida.

Esa persona eres tú, Lisa… y ahora sé que no tengo nada que temer, pues he puesto mi futuro en buenas manos… en tus manos, Lisa. Cada vez que la llama que arde en mi corazón ha amenazado con extinguirse, has sido tú la que ha estado a mi lado para mantenerla viva. Has sido siempre tú quien jamás ha perdido su fe y su confianza en mí. Tu has creído en mí aún en esos momentos en los que ni yo mismo lo hacía.

Tú siempre has estado ahí para escucharme, para motivarme, para darme consejo, para hablar de cualquier cosa que yo quiera hablar contigo, a pesar de que tú lo sabes todo sobre mí. Tú me escuchas, me comprendes, me aconsejas. Tú te has convertido en lo más importante y sagrado que existe en mi vida. Cada vez que posas tu mano sobre la mía, siento que me tocas el corazón. Cada vez que me miras a los ojos tengo la seguridad de que todo estará bien, porque tú estás conmigo y estamos juntos.

Lisa, quiero pedirte que siempre mantengas tus ojos en mí, que jamás me pierdas de vista. Quiero que caminemos éste camino juntos, que seas tú quien me acompañe por éste sendero, que me guíes hacia la luz cuando el camino se oscurezca, que tomes mi mano cuando yo pierda la pista. Contigo a mi lado yo sé que jamás me desviaré ni me perderé. Confío en ti para que me protejas y me des la fuerza que necesito. Lisa, déjame apoyarme en ti… yo estoy aquí para corresponder a esta petición que te hago, desde el fondo de mi corazón. Te ofrezco exactamente lo que te pido y yo sé que juntos llegaremos hasta el final. ¿Qué dices¿Aceptas el trato?

Volar siempre ha sido mi pasión pero ahora lo único que me importa eres tú. Es a ti a quien amo. Estoy nervioso, Lisa… pero contigo a mí lado para siempre sé que podré hacer cualquier cosa que me proponga. ¡Gracias por la confianza y la fe que siempre has tenido en mi y que jamás has perdido, ni aún cuando las circunstancias han sido tan adversas¡Te amo, Lisa Hayes!

Por último, me parece que tus padres se van a sentir muy felices y orgullosos al saber que, tal y como tu madre, tú te casarás con un General de la RDF. ¡Te amo, princesa! Tú lo eres todo para mí.

Tuyo para siempre,

Rick Hunter."

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Cuando Lisa terminó de leer la carta, estaba a la vez llorando y riéndose suavemente. Ni siquiera tuvo que darle una segunda leída, con la primera había bastado para entender todo lo que Rick había querido decirle con aquellas líneas en las que había vaciado su corazón. La almirante se puso de pie y, al tiempo que se limpiaba los ojos, salió a toda prisa de su oficina, dando un portazo detrás de ella.

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El piloto había ido a refugiarse al hangar de su viejo VF1 después de que había regresado de la oficina de la almirante. Estaba de pie frente a su fiel compañero de tantas batallas, con su mano sobre su frío fuselaje, casi como si quisiera, a través de ese toque, transmitirle todos los sentimientos que en ese momento le embargaban el alma.

Tenía miedo… mucho miedo. De hecho se sentía aterrado y muy nervioso. Pero confiaba en sí mismo y en sus capacidades y por sobre todas las cosas confiaba en Lisa. Si ella estaba a su lado, el debería de tener la seguridad de que todo saldría bien. Sabía que a pesar de todo había tomado la decisión correcta y ya no había marcha atrás.

Sin embargo todo aquello le parecía tan increíble… ¡Ser General de la RDF! Esa tarde Rick había hablado por teléfono con el General Martín y el viejo militar le había explicado mucho de lo que ser General realmente significaba. Era un rango que él había ostentado hasta su retiro hacía algunos años. Las cosas habían quedado mucho más claras para el joven piloto después de hablar con Martín. Además, el general le había asegurado que no le retirarían su status de vuelo. Tal y como Lisa lo había dicho, en ese momento lo necesitaban en el aire, adiestrando a los nuevos pilotos de los VF4.

Rick fue sacado súbitamente de sus pensamientos por el ruido seco y sordo de la puerta del hangar al abrirse y cerrarse casi simultáneamente. Él miró sobre su hombro, aunque no necesitaba hacerlo para saber quién era la persona que acababa de entrar al hangar. El piloto se dio media vuelta para mirarla de frente, mientras Lisa se acercaba a él lentamente. Por más que ella quisiera evitarlo, las lágrimas fueron más fuertes que su voluntad y cuando estuvo a unos pasos de Rick simplemente se soltó a llorar, al tiempo que se le dejaba ir encima y comenzaba a golpearlo en el pecho.

- ¡Eres un tonto! – Lisa le decía entre sollozos. - ¡Eres una rata, Rick Hunter¡Eres de lo peor¡Me asustaste tanto¡Estaba tan nerviosa y tenía tanto miedo¡Eres un bobo!

Rick atrapó sus manos, aun cerradas en puños, por las muñecas y sus ojos se encontraron por un breve segundo antes de que ella comenzara a forcejear para liberarse de él. Pero el piloto impuso su fuerza y la atrajo hacia su cuerpo, abrazándola estrechamente y cerrando sus brazos fuertes en torno a ella. Sintió como Lisa se relajó en aquel abrazo y se aferró a la tela de su uniforme, al tiempo que escondía su rostro en el pecho de él y comenzaba a llorar.

- ¡Tranquila, pequeña! – Rick le susurraba al oído, mientras la abrazaba con fuerza y le acariciaba el cabello. – Todo está bien, bonita… no pasa nada.

- ¡Eres un tonto! – Lisa murmuraba contra su pecho.

Él la abrazó aún más estrechamente, si aquello era posible, cuando la sintió temblar en sus brazos. Sus hombros se sacudían violentamente y los sollozos que escapaban de su pecho hicieron que Rick sintiera que su corazón se rompía en mil pedazos.

- No quise asustarte, mi cielo. – Él le hablaba al oído. – Amor… no fue fácil tomar esta determinación… pero me he dado cuenta de que debo de confiar en mí… quiero ser el hombre que tú te mereces tener a tu lado, mi vida. Pero voy a necesitar de tu ayuda… esta decisión la tomé por mi propia voluntad y no me arrepiento… sólo prométeme que no me vas a dejar solo, amor… ¡Prométeme que vas a estar ahí a cada paso del camino!

- Siempre… - Lisa murmuraba contra su pecho, sin poder dejar de llorar. – Jamás te voy a abandonar, Rick… ¡Nunca!

- Eso es todo lo que… necesitaba escuchar. – Ahora fue Rick quien no pudo controlar las lágrimas que comenzaron a brotar de sus ojos. – Lo haremos juntos, Lisa… tú y yo.

- Rick… - Lisa lo abrazó tan estrecha e íntimamente como humanamente le fue posible hacerlo. – General Hunter de la RDF…

El piloto no pudo evitar el reír suavemente. ¡Aquello le parecía tan irreal! Aquel rango unido a su apellido sonaban tan extraños para él… era como si todo aquello no fuera más que un sueño. Pero era un hecho de la vida que para él la realidad sobrepasaba sus sueños más atrevidos.

- Es tan extraño… - Rick murmuró y sorbió sus lágrimas. – Pero le advierto una cosa, almirante… - El piloto se separó de ella para mirarla a los ojos. – No pasaré nada por alto. Ahora que voy a ser el segundo al mando de la RDF voy a necesitar tener reuniones de staff con usted todos los días… varias veces al día para ser precisos.

- Eso no será ningún problema, general Hunter. – Lisa se rió, todavía tratando de controlar sus lágrimas.

- Y otra cosa, el rango no será pretexto para no cumplir con las obligaciones primarias que hemos contraído.

- ¿Y qué clase de obligaciones son esas, general?

- Pues… para empezar, algo como esto…

Rick susurró las últimas palabras contra los labios de Lisa, mientras la aprisionaba entre su cuerpo y el fuselaje de su VF1S Skull Uno. Ella no se resistió, sus labios se entreabrieron para recibir los labios desesperados del piloto que comenzaron a devorarla con una necesidad y una urgencia que parecía quemarle las entrañas. Los dedos de la almirante se enredaron en el cabello sedoso de la nuca del piloto, sosteniéndolo firmemente contra sí, profundizando el beso, respondiéndole con la misma urgencia y necesidad que él le estaba demostrando.

- Mentiría si te dijera que no estoy nervioso… - Rick murmuró, besándola en el cuello. - ¡Estoy aterrado! Lisa… pero puedo hacer esto, sé que puedo…

- Puedes, Rick… - Lisa trataba de mantenerse conectada con la realidad, a pesar de las sensaciones tan electrizantes que los besos del piloto provocaban en su cuerpo. – Puedes y lo harás… ¡Oh amor, estoy tan orgullosa de ti! Sabía que no renunciarías a esto… estaba segura de que aceptarías…

- ¿Entonces por qué dudaste de mí? – Rick atrapó el lóbulo de su oreja y lo succionó traviesamente.

- Yo… - Lisa gimió y su cuerpo se arqueó levemente. – No lo sé… tenía miedo, supongo… además tú llegaste con… esa actitud tan seria y formal que-- ¡Oh Rick! No puedo pensar si tú estás haciendo eso…

El piloto sonrió contra la piel de Lisa y la empujó hasta que su espalda estuvo recargada contra el muro detrás de ellos. Él descansó todo el peso de su cuerpo en ella y aprisionó sus manos por las muñecas a los lados de su cabeza, mientras sus ojos se clavaban profundamente en los de ella y buscaba sus labios con una avidez que rayaba en la desesperación.

- Ya habrá tiempo de pensar… - Rick murmuró contra sus labios, sintiendo que no podía controlar su respiración. – Lisa, ahora lo único que necesito eres tú…

- ¿No está excediendo su autoridad con esta petición, general Hunter? – Lisa habló entrecortadamente, mirándolo a los ojos.

- ¿De qué sirve ser general si no puedo hacer uso de los privilegios que vienen con el rango?

- ¿Y es privilegio de los generales el llevar a cabo este tipo de… actividades con los almirantes de la flota?

- Es privilegio de este general, almirante Hayes. – Respondió el siempre arrogante piloto. - ¡Dios santo, Lisa¡Te amo tanto que a veces no sé que hacer con esto que siento por ti!

- Yo te amo tanto Rick que… - Lisa tartamudeó, sintiéndose por un segundo incapaz de formular un pensamiento coherente. – Que a veces… duele.

Rick se separó de ella y la miró a los ojos. Ambos se sostuvieron la mirada por un segundo y el piloto le acarició el cabello color miel y la besó en esos ojos verdes que adoraba y que aún estaban húmedos y sabían a lágrimas. Enseguida, sin previo aviso la levantó en brazos. Lisa se aferró al cuello de su piloto y lanzó una pequeña exclamación de sorpresa.

- ¿Qué haces¡Bájame! – Ella no pudo evitar el reírse.

- Pienso que tenemos mucho que celebrar y quiero llevarte a cenar a un lugar bonito y agradable, amor. – Rick la besó en los labios. – Pero primero necesito sacarme esto de mi sistema… y si no te demuestro ahora mismo cuanto te amo y lo mucho que te necesito, me voy a volver loco…

- Pero Rick… - Ella trató de protestar.

- General Hunter, almirante Hayes. – Rick no dejaba de besarla mientras la conducía a su oficina al fondo del hangar. – Que nuestra relación personal no sea motivo para olvidar nuestros rangos.

- En ese caso… - Lisa correspondía a sus besos. - ¡Más le vale que se dé prisa, general! No soy una almirante paciente… y creo que tenemos mucho que hacer antes de ir a cenar.

- ¡A sus órdenes, almirante!

Rick sonrió contra los labios de ella, al tiempo que entraba a su oficina y cerraba la puerta tras de él con una patada.

Al día siguiente Ciudad Macross y la RDF se despertaron con la noticia de que finalmente el GTU había nombrado a un nuevo General para las Fuerzas de Defensa. Aquella noticia fue recibida con gran alegría por los habitantes de la ciudad y sobre todo por los militares de la RDF. No hubo nadie que no celebrara aquel anuncio ni nadie que no pensara que el haber otorgado dicha promoción al Mayor Rick Hunter, el héroe de la guerra espacial, había sido lo más lógico, natural y acertado. La historia de amor de Lisa Hayes y Rick Hunter seguía ganando adeptos entre los habitantes del nuevo mundo… y día tras día se seguía convirtiendo en una verdadera leyenda. ---

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.: GTO - MX :.