Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.

***Mis dulzuras, aquí está un nuevo capítulo, ¿no me aman por actualizar todos los días? A mí me encanta recibir sus comentarios, son muy especiales para mí y para esta historia.

Estaré actualizando por las tardes porque noto que es mejor para ustedes, hoy actualizo un poco más tarde porque...bueno, no importa, el capítulo está aquí y espero que les guste.

Como les había dicho, la trama seguirá con un estilo parecido, pero no por mucho, así que tengan paciencia y confíen en mí.

Las amo, besos.***


Capítulo veintinueve.

Suspiré contra el auricular de nuevo, me encontraba en aquella habitación de color hueso, con una sola pared de color café chocolate, dos grandes estantes en donde había cientos de libros, una consola de sonido totalmente equipada y más discos de los que una tienda podría tener, por lo poco que veía en la habitación de Edward se podría decir…que no salía mucho.

Aquel hombre seguía en medio de la cama, con el rostro en completa paz pero sin ninguna reacción aún, y eso que ya había pasado una semana desde la canalización.

Me giré hacia el ventanal enorme que había y contemplé el crepúsculo, conforme los días pasaban el tiempo que permanecía el sol se acortaba más, el invierno se hacía cada vez más frio y la navidad se acercaba a pasos agigantados, tuve que cortar la llamada cuando el buzón de voz saltó de nuevo, volví a llamar.

Esa era mi cuarta llamada en menos de dos horas y Renee aún no contestaba, desde que había regresado a nuestras vidas, Alice, Emmett y yo pasábamos año nuevo con ella y navidad con Charlie, pero este año…Entre los tres habíamos discutido y acordado que no iríamos con ninguno de los dos, Esme y Carlisle no podían permanecer solos con los cuerpos convalecientes de sus hijos. No, nosotros teníamos que quedarnos ahí.

Diga— respondió mi madre justo cuando iba a colgar de nuevo.

—Hola, mamá— saludé nerviosa, pero tratando de disimularlo.

¡Bella! Hola, cariño, ¿tú eras quién estaba llamando? Lo siento, cielo, estaba un poco…ocupada— dijo con una risita de adolescente, ¡Ag! Ya me imaginaba en qué estaba ocupada.

Desterré esos pensamientos de mi mente y comencé antes de que Renee iniciara su charla y no me dejara hablar.

—Mamá, te llamaba para avisarte que no podremos ir a Florida este año— le solté, escuché cómo se le cortaba la respiración, tenía dos opciones: que explotara furiosa o que explotara en llanto, cualquiera de esas dos opciones era válida, lo cual me sorprendió más al escucharla soltar el aire y respirar tranquila.

¿Ocurre algo malo, cielo? — ¡Oh, mamá! Cómo quise arrojarme en sus brazos en ese momento, todos sabían, incluso ella misma, que no era perfecta, pero era mi madre a final de cuentas y la amaba, mucho, y la extrañaba aún más.

Me entraron unas impulsivas ganas de estar en su regazo y llorar, llorar por mí, por la loca situación que estaba pasando, por Ed, y por nuestro amor perdido, también llorar por mis hermanos y sus amores truncados, llorar por Esme y Carlisle y por esos tres hijos que ellos tenían. Dídima y Renee eran hermanas, Renee era lo más cercano que teníamos a ella y a ese mundo extraño que ella desconocía, del cual había sido apartada para mantenerla a salvo.

—No, mamá— me limité a responder con todo el aplomo que tenía y tragando el nudo en mi garganta— Es por el trabajo, tampoco podremos salir de Seattle para navidad, estaremos sólo Emmett, Alice y yo en su apartamento, sabes que el mío es muy pequeño para mi hermano y Alice odia el ruido que hay siempre en la calle donde vive él.

Me salí por la tangente, era muy fácil distraer a mi mamá con esos cuentos, empezaba a hablar de decoraciones, espacios de interiores y el constante bullicio de Seattle.

De acuerdo, pero si realmente algo está pasando quiero que me lo cuentes, Isabella— Rayos, su tono de mamá responsable, maldición— Estoy aquí para ti, cariño, sé que no soy la mejor mamá del mundo ni de lejos la madre que tú te mereces pero…— corté su dialogo antes de que pudiera empezar a llorar.

—Mamá, para por favor, eres una buena madre, no te preocupes todo está bien, te llamaré después, ¿de acuerdo?

Está bien, dale un beso a esa pequeña de Alice y otro a tu hermano, realmente los echo de menos— El nudo volvió a atenazar mi garganta.

—Yo se los diré, en cuanto podamos iremos a visitarte— le aseguré, esperando que no notara el temblor en mi voz.

Seguro— contestó con alegría renovada—Y trae a ese modelo tuyo que parecía tan preocupado por ti cuando fui a verte— Sin quererlo Renee había dado en el blanco.

—Eh…Esto, claro mamá, te llamaré, te quiero, adiós— me apresuré a despedirme.

También te quiero, cielo, cuídate y usa protección— Con una risa infantil y habiendo soltado su broma, mi madre colgó.

Me giré para ver un instante al hombre que estaba en la cama, sí claro, usar protección, pensé con ironía y hasta cierta acidez.

Procedí a llamar a mi papá, esperaba que él lo tomara mucho mejor que mi madre y no me hiciera tantas preguntas, ese par parecían dos despistados sin remedio, pero justamente cuando su hija alias "la peor mentirosa del mundo" confía en que no le presten ni la más mínima atención, saltan al ataque peor que "Alice la espía".

¿Bella? — respondió mi padre al tercer toque.

—Hola, papá— Aún ahora me preguntaba por qué estaba haciendo yo estas llamadas cuando tenía a los otros dos cobardes para hacerlo.

Emmett y Charlie se entendían mejor por ese extraño lazo entre padre e hijo formado por testosteronas, sus oficios en común y el respeto que se tenían, Emmett era totalmente "Team Charlie"; Y Alice, bueno Alice se llevaba bien con cualquier persona que supiera distinguir entre una gama de colores pastel y neutro, pero de todas maneras ella era claramente "Team Renee" siempre admirando esa energía vivaz y casi infantil que las dos compartían, pero no, era yo, "Suiza" como solían decirme Alice y Emmett cada vez que había un conflicto entre ellos, quien debía darle la notica a los dos, menudos gallinas.

¿Qué ocurre? ¿Está todo bien? — Suspiré frustrada, justo como lo imaginé, sus satélites casi siempre enfocados en encontrar nuevas truchas en el lago de Forks, estaban centrados en su pobre hija.

—Sí, descuida, te llamaba porque no podremos ir a Forks para navidad— solté tan rápido como pude, debía terminar esa llamada antes de que…

¿Es por ese chico que conocí hace unas semanas? — ¡Joder! ¿Cómo es que Charlie había acertado mucho más rápido que Renee?

—No, por supuesto que no, papá— una furtiva lágrima mojó mi mejilla y yo la limpié casi con coraje.

¿Te hizo algo? ¿Todavía lo estás viendo? — me volteé para encarar a Edward Cullen.

—Algo así, papá, no pasó nada, te lo aseguro, es por el trabajo, de todos, Alice está ocupada con un nuevo artículo y Emmett está teniendo horas extra en la jefatura, quizás le den el puesto el próximo año— Bien hecho, Bella, me felicité mentalmente, sabía cómo distraer a mi padre.

Eso está bien, es un chico inteligente…Y Alice, bueno, supongo que está muy emocionada— No era sorpresa para mí que no entendiera ni un poquito a mi prima, por mucho que la quisiera, así que su comentario "entusiasta" casi me hizo reír, casi.

—Sí, todo está bien, papá, espero que no te moleste— dije con voz cansada, no quería seguir aparentando ante mi padre, aunque fuera patética al mentir, de todas formas no me gustaba.

Se les echará mucho de menos aquí, Bells— Dijo con ese tono tan parecido al de mi hermano, el cual no le había escuchado en todo este tiempo—Suenas cansada hija, como…triste— El sentimiento de querer echarme a llorar a los brazos de mi padre, como me pasó con Renee, me invadió de nuevo.

—Han sido unos días duros en la editorial, eso es todo— Y era cierto, con el ascenso de Angie y la pérdida de Ed, todo el trabajo en la editorial había recaído en mis hombros, y aunque Bree y Angela trataban de ayudarme, aun así era demasiado.

Debes descansar bien, hija, no quiero que te enfermes de nuevo— suspiré, cómo añoraba a mi padre, el poco tiempo que había estado en mi escapada a Forks me había sentido tan segura, pero no sólo había sido él, también había sido Sue, el verde que lo rodeaba todo, la casa de mi infancia, la humedad imposible, todo.

—Lo haré, te llamaré luego, te quiero, papá— eran tan pocas las veces que se lo decía, que me sentí fatal, tanto como todas las veces que debí gritarle a Ed cuanto lo amaba.

También te quiero, pequeña, cuida de ese par de locos que tienes por hermano y prima— En esta ocasión no pude contener las lágrimas que me asfixiaban.

—Lo haré, papá, cuídate, saluda a Sue de mi parte— Me aseguró que lo haría y terminó la llamada.

Me quedé observando el crepúsculo que casi estaba extinto y daba paso a una noche más fría que la anterior, parada en aquel ventanal me sentí más como una mujer de ochenta y dos años en lugar de la chica de veintidós que era, me sentí cansada y derrotada, muy triste, con ganas de tener nuevamente cinco años y estar rodeada de gente desconocida en una fiesta infantil, de poder jugar con Emmett guerras de lodo, de dejar que Renee acariciara mi cabello con ternura mientras me adornaba el peinado que iba a juego con el bonito vestido que llevaba, que Charlie me tomara en sus brazos como si no pesara nada y me dijera lo linda niña que era, que Alice bailara y corriera alrededor de sus padres que la miraban con adoración, estar en un sofá en la piernas de Emmett mientras nuestra tía nos cuenta nuestra historia favorita.

Ed tenía razón, aquel había sido uno de mis días más felices, en completa paz y sin preocupaciones, sin saber lo que mi abuela y mi tía preparaban para nuestro camino, sólo…siendo niños.

—Te extraño tanto— susurré, él sabía que lo llamaba, no se lo decía a Edward Cullen, se lo decía a mi ángel perdido entre aquel cuerpo, necesitaba un último beso de sus labios, un último abrazo de su cálido cuerpo, una última mirada de sus ojos verdes y brillantes, necesitaba a Ed.

—Bella— llamó Alice a mi espalda, tenía los ojos llorosos y se le veían unos círculos enromes y morados bajo sus bonitos ojos verde claro.

Abrí mis brazos para que ella se refugiara en ellos, de nuevo, como cuando éramos niñas y ella extrañaba profundamente a su madre, ahora nos consolábamos ambas porque extrañábamos, podía asegurar, con la misma intensidad a nuestros ángeles perdidos, aunque no llegué a vislumbrar el lazo que había entre Alice y Jazz, suponía que era algo bastante parecido a lo que había tenido con Ed, Emmett no estaba con nosotros porque él había querido esto desde un principio, aunque después la duda lo hubiera asaltado, él esperaba que todo saliera bien, Alice y yo por el contrario, sabíamos que ya nada podría ser igual.

Así me quedé abrazada a mi prima, a mi hermana, mi mejor amiga, mi cómplice, hasta que otra noche en vela pasó de nuevo.


Les gustó? No son Alice y Bella lo más tierno del mundo?

Reviews?

Besos, An.