Capitulo 28: Felicidad mostrada
Las olas del mar acariciaban con delicadeza la arena a orillas, el cielo se mantenía oscuro, pero no quedaban rastros de la luna, hasta la cima de un gran risco se vislumbraba un gran campo de flores amarillas, las cuales se mecían con la brisa del mar, adornadas con un par de risas infantiles, la melodía de aquellas almas inocentes, llenas de pureza y amor que desbordan felicidad, se veía a dos siluetas pequeñas jugar con un pequeño balón ambas con largo cabello uno plateado y el otro de color ónice, ambos se acercaron rápidamente al instante en que los primeros rayos del sol asomaban en el horizonte, extendiéndose por todo el territorio y mostrando los brillantes colores de aquel paisaje, hasta acariciar a aquellas pequeñas figuras que de la mano veían juntos el amanecer.
-Niisan… -dijo con dulzura, una pequeña niña de largo cabello negro de ojos dorados, la cual vestía una yukata azul, mientras observaba al pequeño niño a su lado con cierta timidez.
-Siempre estaremos juntos -dijo el niño de larga cabellera plateada de ojos iguales a los de la niña con una yukata roja- Sin importar lo que pase –dijo girando su rostro y dándole una sonrisa.
-¿Lo prometes? –pregunto con inocencia.
-Lo prometo –ambos se sonrieron una última vez antes de girar sus rostros y observar el amanecer desde lo alto de aquel risco.
La luz del sol se hacía más y más fuerte, hasta cubrirlo todo, incluso a los niños, dejando un plano blanco y luego se desvanecía en un parpadeo, aquel plano se dividía en pequeños fragmentos girando alrededor de la iris de su ojo y la pupila rápidamente cambiaba a una de color amatista cristalino, una exclamación salía de la boca de la joven, tenia un largo cabello rubio algo pálido, y piel nívea.
-¿Q-Qué… fue eso? –se preguntaba algo agitada mientras se levantaba del cobertor sobre el que dormía, mientras recordaba aquellos niños que se sonreía mutuamente y tomados de la mano regresaban su mirada hacia el horizonte.
-¡Shion-sama! –Dijo una voz masculina del otro lado de una puerta corrediza- ¿Se encuentra bien? –pregunto angustiado, ella giro su mirada observando su silueta atrás de la puerta.
-¡Estoy bien! –Alzo un poco la voz para que la escucharan, observando como la silueta se retiraba más tranquila- *¿Qué clase di visión fue esa?* -se cuestionaba sujetando su cabeza con una mano y recordando aquellos niños- *Algo me dice que debo ir a Konoha* -concluía antes de recostarse de nuevo en su cobertor, para intentar conciliar el sueño.
La tenue luz del día se filtraba por aquellas ventanas algo viejas, dos siluetas se vislumbraban una recostada contra la puerta y la otra también recostada pero contra el muro a la par de una ventana, ambas cruzadas de brazos.
-¿A qué has venido? –cuestiono una voz femenina, perteneciente a la silueta que estaba cerca de la ventana.
-Necesito pedirte un favor –respondió en el mismo tono de frialdad que la joven, una voz masculina perteneciente a la de la silueta recostada contra la puerta.
-¿Favor? –Dijo con ironía la joven, al girarse su rostro hacia la otra silueta, encontrándose con un joven de cabellos azabaches y ojos de color ónix- Te recuerdo que no estás en condiciones para pedirme algo –comento con frialdad e indiferencia.
-Lo sé –respondió cortante el joven, observando a una joven de larga cabellera azulada de ojos perlados- Pero no es para mí –dijo encaminándose hacia ella y frenar su paso enfrente de una ventana y ver hacia abajo, encontrándose con una niña cabello castaño corto el cual se abría en dos puntas cayendo a los lados de su cabeza y otros a los lados de su rostro, sus ojos de un color morado como la amatista, con pequeño kimono el cual le llegaba un cuarto arriba de la rodilla, de color violeta azulado, el obi de color violeta rosa, las mangas un poco más largas hasta caer al suelo y una pequeña camelia roja con el centro amarillo en la parte superior de su cabeza del lado izquierdo.
-¡Hmp! –exclamo la joven al ver por la ventana y observar lo mismo que el joven- Esta bien… Pero solo porque es ella –respondió secamente, un instante de silencio se genero entre ambos, mientras observaban a la niña correr con un globo naranja en sus manos.
-¡Oye! –Grito la niña dirigiéndose a una silueta parada en la puerta- ¡Miedo sito, ven! –le gritaba, al ver cómo salía un joven alto de cabellos rubios de ojos azules tan intensos que rivalizaban con el cielo.
-¡Deja de llamarme así! –le reprochaba el rubio con una frente saltando sobre su cabeza, mientras caminaba hacia ella con dos cubetas en mano, pero se detuvo a medio camino al sentir la mirada de alguien detrás de él, se giro y observo hacia arriba, encontrándose con un joven de cabellos azabaches y ojos color ónix, un aire tenso se respiraba entre esas dos miradas, ambas se desafiaban mutuamente, pero la del rubio tenia impregnada la ira y rabia, apretó con fuerza sus manos al mango de las cubetas para contenerse, por su parte el azabache le sostenía la mirada a su contrincante, apretó sus manos a sus brazos tratando de contenerse y no atacarlo en ese momento… Pero la imagen de una joven de cabello azulado de ojos perlados la cual sonreía a un joven de cabellos rubios de ojos azules con dulzura, fue tan fugaz aquella escena pero fue suficiente para liberar la ira en su mirada, mientras que por la mente del rubio figuraba la imagen de la misma joven de cabello azulado de ojos perlados siendo llevada de la mano por un joven de cabellos azabaches y ojos color ónix, ahora la ira de ambos estaba a flote… Pero el escuchar una voz infantil los hizo reaccionar a ambos.
-¡Date prisa! –dijo la niña tirando de su chaqueta, sacándolo al rubio de sus pensamientos e inconscientemente también al azabache.
-¡Hay, ya voy! –se quejaba el rubio redirigiendo su mirada hacia la niña y comenzando a caminar, no sin antes regresar ligeramente su rostro lanzándole una fugaz mirada retadora al azabache, la cual fue devuelta por él.
-Eliminaste el genjutsu que rodea la casa ¿no? –cuestiono al ver afuera un campo abierto de grama y unos árboles que le rodeaban a unos cuantos metros, y la cabaña ya no era una de escombros y ventanas rotas, si no una pequeña cabaña de madera de dos niveles un poco antigua.
-No fui yo –respondió cortantemente- ¿No dijiste que tenias prisa? –comento con ironía la joven de ojos perlados quien ahora se encontraba atrás de él observando una fotografía dándole la espalda al azabache, ignorando las miradas de ambos jóvenes.
-Enviare a Suigetsu por ella después –comento antes de cerrar sus ojos y encaminarse a la puerta, al abrirla se regreso levemente hacia la joven que aún observaba la fotografía, mientras él estaba empezando a salir.
-No estoy dispuesto a perder –dijo con frialdad en su voz, antes de que la puerta se cerrara detrás de él.
-¡Yo tampoco perderé! –dijo girando su rostro hacia la puerta, su mirada destellaba con determinación… Antes de dejar la fotografía en su lugar y salir de la habitación.
La risa de aquella niña de cabello castaño era incontrolable, mientras lanzaba con sus manos todo el agua que podía a un joven de cabellos rubios de ojos azules, el cual también reía y le lanzaba más agua, ambos jugaban dentro de aquel lago en medio del bosque mientras que en las orillas se encontraba un par de cubetas llenas de agua y atada al mango de una de ellas estaba un pequeño globo naranja.
-Ni creas que vas a ganarme –dijo alegre la niña lanzándole más agua al rubio.
-¡Así! –dijo sonriente el rubio- ¡Pues observa! –dijo lanzándole una cantidad mayor de agua, así pasaron el rato jugando en el agua, hasta que la niña perdió el equilibrio y cayó sentada, afortunadamente era poco profundo puesto que no se habían alejado mucho de la orilla, ya que del otro lado había una enorme cascada muy hermosa a decir verdad…
Las risas entre ambos aún continuaban a pesar de que ahora estaban en la orilla sentados con la ropa completamente empapada.
-Creo que es hora de que volvamos –dijo el rubio tranquilizándose un poco al ponerse de pie.
-Umm –refunfuño por lo bajo, haciendo un ligero puchero y volteando a ver hacia otra parte, haciendo que el rubio liberara una carcajada, al ver lo gracioso que se veía su rostro.
-¡Oye, si no Sasuke te va a dejar! –comento intentando hacerla cambiar de expresión, pero su sonrisa se borro al ver que la joven cambiaba su expresión a una más triste, entonces un recuerdo vino a su mente.
El rubio aún observaba el pasillo por el cual se habían ido aquella joven de largos cabellos azulados y ojos perlados tomada de la mano con un joven de cabellos azabaches de ojos negros, pero sus pensamientos fueron interrumpidos al escuchar unos ruidos detrás de él giro su mirada y se encontró con una niña de cabello castaño y ojos color amatista, con una camelia roja sobre su cabeza del lado izquierdo la cual parecía estar buscando algo entre un pequeño baúl que estaba debajo de una ventana, curioso se acerco a ella. -¿Qué buscas? –le pregunto curioso. -¡Eso no te importa! –le respondió enfadada la niña, haciendo molestar al rubio. -¿Qué te pasa, yo no te he hecho nada? –le reclamo enfadado, pero ella seguía esculcando en el baúl. -¡Aquí esta! –dijo aún enfadada, intentando ocultar su enojo, mientras observaba una bolsa llena de globos desinflados y cuerdas delgadas para amarrarlos, su rostro aún se mostraba enfadado, y con esa misma molestia saco un globo y comenzó a inflarlo, pero siempre fracasaba, así que tiro ese y saco otro y otro, pero siempre era lo mismo, solo soplaba pero no conseguía nada, hasta que saco uno de color naranja, mientras que el rubio solo observaba la escena confundido, por el repentino cambio de actitud de la niña. -¡Espera, así no se hace! –le dijo el rubio tomando el globo- Tomas aire y luego lo soplas despacio y aprietas un poco para que no se salga –le explicaba antes de hacerlo él mismo, la niña miraba asombrada la forma en la que inflaba el rubio su globo y luego tomaba una de las cuerdas y la amarraba a él- ¡Ves! –le dijo con amabilidad entregándole el globo acompañado de una gran sonrisa característica en él, por un instante la niña se perdió en sus sonrisa pero al reaccionar su rostro se volvió a enfurecer. -¡Hmp! –exclamo enfadada, arrebatándole el globo, para luego patear su espinilla y salir corriendo y bajar las escaleras. -¡Hay, eso dolió! –exclamo el rubio sosteniendo su pierna, para luego soltarla- ¡Ven aquí! –le dijo enfadado persiguiéndola, pero la niña corrió por la sala hasta un pasillo y luego entrar en una habitación cerrándole la puerta al rubio en la cara- ¡Oye, abre la puerta en este instante! –le reclamo el rubio golpeando la puerta- ¡Abre! –le ordenaba enfurecido. -Déjala está molesta –escucho una voz femenina algo mayor, llamando su atención se giro y se encontró con una anciana de cabello largo canoso sujetado en una trenza que terminaba en un moño rosa, de ojos color café con un vestido largo hasta sus pies de color azul, sus manos estaban detrás de su cintura sujetándose entre sí- Sasuke vino a pedirme que la cuidara –comenzó a explicarle, el rubio solo hizo una mueca ante el nombrado- Tiene una misión importante junto con su equipo y no la puede llevar –dijo observando la puerta. -¡Eso no es razón suficiente para enfadarse! –le reclamo tratando de no levantar mucho la voz. -Mañana es su cumpleaños –dijo ella- ¡Ven acompáñame, debo pedirte algo! –le dijo con amabilidad indicándole que la siguiera, el asintió no muy convencido y camino detrás de ella. Una vez alejados de aquella habitación la anciana comenzó a hablar, de nuevo. -Yuki es huérfana, sus padres murieron asesinados por unos bandidos cuando tenía cuatro años, Hinata y Sasuke la encontraron, debido a ese incidente ella perdió la mayoría de sus recuerdos –explicaba algo distante mientras caminaba. -Pero si perdió todos sus recuerdos, ¿Cómo es que saben la manera en la que murieron sus padres? –pregunto ingenuo el rubio. -Sasuke se adentro en su mente con el Sharingan, por lo que pudo percatarse del trauma que eso le genero a Yuki, así que decidimos que lo mejor sería no mencionarle nada y que a partir de ese día ella comenzaría una nueva vida, ese sería el nuevo día de su nacimiento y también su nuevo cumpleaños, de eso ya han pasado dos años… -finalizo algo melancólica, el rubio capto de inmediato el mensaje, la niña estaba molesta porque Sasuke o como el recordaba su Niisan, no estaría ahí. -¡Oye Yuki! –decía el rubio sonriente, tocando la puerta con insistencia- ¡Ven, acompáñame a traer un poco de agua al lago! –le decía el rubio, sin dejar de tocar. -¡Vete! –decía Yuki detrás de la puerta aún molesta, pero el rubio no se daba por vencido. -¡Vamos, será divertido! –Decía intentando convencerla- ¡Podemos jugar a todo lo que quieras, y te inflare todos los globos que quieras y hasta te enseño como se hace! –le decía animado, al dejar de tocar la puerta, esperando una respuesta por parte de ella, pero ninguna palabra, más que silencio, algo desesperado iba a volver a tocar la puerta cuando esta se abrió. -¿Jugaras conmigo? –le dijo asomando un poco su rostro. -¡Claro! –Dijo el rubio sonriente- ¡Pero primero acompáñame al lago a traer agua para la anciana y de paso jugamos en el lago! –propuesto animado, mientras ella abría la puerta completamente. -¡Esta bien! –dijo ella sonriendo, y con gran velocidad abrió la puerta y con el globo que él le había inflado salió corriendo hasta la puerta, mientras el rubio la seguía un poco más animado. -*Hinata… veo que aún no has cambiado…* -Se decía al ver a la niña sonreír- *En el fondo aún conservas ese corazón puro que se preocupa por los demás y su bienestar… Y eso me da una gran felicidad* -se decía al caminar siguiendo a la niña.
-¡Vamos, no pongas esa cara! –Decía intentando animarla- ¿Acaso no quieres despedirte de él? –le preguntaba a lo que la niña se volteaba y sujetaba sus piernas con sus brazos, ocultando su rostro en ellas y negando con fuerza- ¡Ya verás que regresara más rápido de lo que te imaginas! –dijo posando su mano sobre su hombro… Pero todo parecía un intento inútil, algo cansado de animarla, dio un suspiro pesado- No me dejas opción –la niña guardo silencio, le intrigaba lo que el rubio quiso decir, pero antes de que pudiera decir algo, sintió como era cargada con velocidad- ¡Arriba! –dijo lanzándola por los aires, lo más alto que pudo.
-¡Ah! –exclamo algo asustada la niña, al sentirse en el aire y caer, para ser atrapada por el rubio y ser lanzada de nuevo- ¡Basta, bájame! –le ordenaba algo molesta.
-¡No hasta que sonrías de nuevo! –le dijo el rubio tranquilamente mientras, repetía el mismo movimiento.
-¡No, bájame! –decía la niña a punto de reírse, pero el rubio continuaba haciéndola, finalmente la niña cedió y comenzó a carcajearse.
Mientras, el rubio y la pequeña Yuki jugaban y reían, dentro de aquella casa una joven de largo cabello azulado y ojos perlados bajaba las escaleras, observando el lugar, su mirada se mostraba extrañada de tanta paz y tranquilidad que en aquel lugar se respiraba, pero su rostro se giro cuando escucho una puerta abrirse y de ella salía una anciana de largo cabello canoso sujetado en una trenza que terminaba en un moño rosa de ojos café claro.
-Sophie-obachan… -hablo con suavidad, llamando la atención de ella.
-Si buscas a Yuki y tu amigo, salieron por un poco de agua al lago –respondió tranquilamente mientras se dirigía hacia la cocina y se serbia un poco de té recién preparado.
-Si tenias sed, solo debiste decírmelo, te lo hubiera preparado –dijo ella con amabilidad acercándose también a la cocina.
-Mi niña… sabes que me gusta hacer las cosas por mi –explicaba ella dándole un sorbo a su taza de té, a lo que ella solo le observo, ninguna dijo nada, solo guardaban silencio disfrutando de la tranquilidad, hasta que la joven empezó a sacar unas cosas de la alacena- Ese chico rubio –hablo la anciana mientras la joven sacaba varios utensilios.
-¿Qué hay con él? –cuestiono con su típica indiferencia.
-Es importante para ti ¿No? –cuestiono con una sonrisa, observando a la joven, quien momentáneamente se había detenido al escuchar su pregunta, pero rápidamente retomo su postura.
-No –respondió secamente mientras ordenaba los utensilios en la mesa- Los ancianos del consejo, dudan de mi lealtad por lo que lo asignaron a él para que se asegure de que no intente traicionarlos –explico con calma mientras sacaba unas verduras de una canasta y empezaba acortarlas.
-No me engañas –respondió ella tomando asiento en una mesa en el centro- La forma en la que lo vez aún cuando intentas ocultarlo, es muy distinta a la forma en la que observas a Sasuke, muy diferente a cualquier hombre –explicaba con calma, mientras ella cortaba las verduras, sonrió victoriosa al ver como la joven entre sus palabras se había cortado ligeramente el dedo- Era él… ¿De quién me hablabas cuando eras pequeña? –cuestiono nuevamente, al instante en que la joven se detuvo.
-Veo que a ti no puedo ocultarte nada –comento secamente- Si… era él… -dijo con un aire nostálgico y triste- Pero eso ya quedo atrás –hablo de nuevo, como si nada retomando el corte de verduras- Él ya no me interesa –dijo mientras colocaba el picado dentro de un pequeño tazón y tomaba unos huevos de una cesta.
-Tus ojos dicen lo contrario –comento con picardía al ver como quebraba los huevos aún dándole la espalda- Tratas de ocultar tus sentimientos hacia él pero la verdad es que no puedes en el fondo hasta tu sabes que aún lo amas –comentaba antes de darle el último sorbo a su té.
-Naruto… -dijo ella con calma al dejar de preparar la comida y girarse a la anciana, mostrando una mirada triste- Él es un hombre lleno de valor, con un sentido de la justicia único, no se rinde fácilmente y jamás estaría dispuesto a abandonar a un amigo, él preferiría morir antes que dejar a alguien atrás… Siempre sonríe aún cuando por dentro la tristeza lo carcome… El es alguien que sabe lo que significa el dolor y aún así nunca ha cedido ante él, ha sabido enfrentarlo y aceptarlo para poder seguir a delante y cumplir su más grande sueño… Ser Hokage, para que la gente lo reconozca y lo respete… A veces falla, pero aún cuando cae siempre sabe levantarse y mirar hacia adelante, ¡Es un perdedor de orgullo! –Cada palabra dicha por la joven, transmitía diversos sentimientos mezclados con una sola cosa… tristeza- Alguien que extrañamente es capaz de cambiar a las personas para bien –una fugaz sonrisa escapo de sus labios.
La anciana en un principio se mostraba sorprendida por la sinceridad que transmitía cada palabra de la joven, pero sonreía al ver el sentimiento y la ternura que en su rostro se formaba al decirlas y seguramente recordarlas.
-¿Lo amas? –le cuestiono ella con seriedad e intriga.
-Amor… -dijo ella cambiando lentamente su expresión a una de seriedad- El amor es algo que no se borra, cuando amas a alguien con todo el corazón es prácticamente imposible olvidarlo, quizá puedas esconderlo, reprimirlo, pero nunca olvidarlo –decía ella mientras giraba su mirada hacia la ventana perdida en el horizonte.
-¿Y entonces? –cuestiono con calma.
-Él aún quiere a otra persona –respondió secamente.
-¿Cómo lo sabes? –volvió a preguntar.
-El me lo dijo… Para él solo soy su compañera –respondió recordando la conversación de la mañana- Además yo no puedo estar a su lado –dijo serenamente.
-No estaría tan segura si fuera tú –comento con una sonrisa llamando su atención- La forma en la que él te mira demuestra todo lo contrario –una ceja se arqueo en el rostro de la joven- Mi niña aún eres joven, por el contrario yo ya he vivido mucho, así he aprendido cosas buenas y malas y te aseguro que la mirada que ese joven tiene hacia ti es muy distinta a la de una compañera… -ella aún le miraba desconcertada- La mirada de ese joven desborda amor por ti, sufre por no poder decírtelo o por temor a lastimarte, pero te aseguro que él te ama -.
-Pero yo… -pero antes de que pudiese dar alguna respuesta una niña de cabello castaño de ojos color amatista de unos seis años entro corriendo por la puerta principal.
-¡Hinata-neechan, Obachan! –Entro gritando la pequeña Yuki a manera de saludo- ¡Ya volvimos! -dijo entrando en la cocina.
-Se nota que se han divertido –comento divertida al ver a la niña con su ropa completamente mojada seguida del rubio que se encontraba en igualdad de condiciones.
-Si un poco –respondió el rubio rascando su nuca y riendo ligeramente, para luego dirigir su mirada hacia la joven de largo cabello azulado, quien tenía un delantal blanco, en su cabello se amarraba un pequeño pañuelo, mientras sus manos se movían hábilmente al batir unos huevos dentro de un tazón- ¡Hola Hinata! –saludo amistoso, sonriendo a pesar de que en su mente estaba la imagen de ella tomando de la mano al azabache caminando hacia un lugar, su mirada se mostraba ligeramente triste.
-¿Qué preparas Neechan? –cuestiono Yuki al acercarse a ella con una sonrisa.
-Croquetas, tus favoritas –le respondió con ella devolviéndole la sonrisa pero de una forma más sutil, el rubio miro asombrado aquella escena, no era común que ella sonriera de esa manera.
-*Parece que la visita de Sasuke la alegro* -pensaba malhumorado, entrecerrando ligeramente los ojos intentando ocultar la tristeza mezclada con ira que en ellos se reflejaba, de la cual solo la anciana era testigo.
-¿Puedo ayudarte? –pregunto con inocencia la niña.
-Claro –le dijo ella- Porque no me ayudas a rallar el pan –le dijo entregándole un pequeño tazón con un pan y un rallador.
-Bien entonces voy por mi delantal –dijo antes de salir corriendo- ¿Obachan, donde guardaste mi delantal la última vez? –le pregunto con una sonrisa tirando de su vestido.
-Calma, calma –le decía ella con amabilidad- Te mostrare donde –dijo tomando su mano y ambas salieron de ahí, dejando al rubio a la joven de cabello azulado.
-Parece que la visita de Sasuke te alegro –comento sonriente el rubio aunque su voz demostraba cierta molestia.
-La visita de Sasuke no me afecta en nada –respondió secamente ella- Pero debo mostrarme feliz por el cumpleaños de Yuki –dijo mientras dejaba de un lado el tazón de huevo batido y acercaba hacia ella uno de lentejas.
-¿Entonces solo finges? –cuestiono indignado por su respuesta.
-No –respondió ella- Para mí el cumpleaños de Yuki es muy importante, por lo que no necesito fingir la felicidad que de por si ciento, lo único que hago es mostrarla no fingirla –explico ella con seriedad.
-Oh… disculpa –dijo el algo apenado, por la falsa acusación.
-No importa –dijo ella en un suspiro.
-¿Quieres que te ayude? –cuestiono de nuevo con una sonrisa acercándose a ella.
-Si es lo que quieres –dijo ella con indiferencia, el rubio la miro detenidamente, una exclamación salió de los labios de ella al sentir la mano del rubio sobre la suya y acercarla hacia su rostro.
-¿Te cortaste? –pregunto ingenuo de sus acciones el rubio, al ver una pequeña cicatriz en su dedo.
-Fue un descuido mientras picaba algunas verduras –respondió algo apenada, por la acción del rubio- ¿Podrías soltar mi mano? –dijo desviando su mirada del rubio.
-Gomen –dijo no muy convencido de hacerlo, pero al final lo hizo- ¿Qué tengo que hacer? –pregunto desviando la mirada.
-Primero, cámbiate esa ropa mojada y lávate las manos –le dijo ella un poco seria, pero desconcertada por la mueca divertida del rubio.
-¿Enserio? –Cuestiono irónico acercando un poco su rostro al de ella, acto que respondió intentando alejarse un poco de él- Qué curioso que seas tú la que me pide que me cambie de ropa mojada, y cuando yo te lo pedí preferiste cocinar y luego cambiarte –comento divertido, intentando aguantar la risa, pero sonrió victorioso al ver un pequeño puchero en el rostro de la joven ante su comentario.
-Tan solo ve a cambiarte –dijo ella entre su puchero, cerrando sus ojos e intentando ocultar el ligero sonrojo que en sus mejillas encendía.
-¡Je! Como usted diga, mi señora –dijo haciendo una reverencia con el brazo extendido a manera de broma antes de salir de la cocina… Sin notar la sonrisa nostálgica de ella una vez hubo salido él.
"-la mirada que ese joven tiene hacia ti es muy distinta a la de una compañera… -ella aún le miraba desconcertada- La mirada de ese joven desborda amor por ti, sufre por no poder decírtelo o por temor a lastimarte, pero te aseguro que él te ama -."
-*¿Será cierto?* -se cuestionaba ella al ver el lugar por donde salió el rubio- *¿Entonces porque diría que no?* -se preguntaba Hinata con algo de duda- *¡¿Qué demonios estoy pensando? ¡Eso no debe importarme ahora!* -negaba con fuerza mientras regresaba a lo que hacía.
-Ya regrese Neechan –dijo animada Yuki, entrando con un delantal blanco con algunas fresas bordadas en las orillas y debajo un kimono rojo con borde blanco y un obi de color azul pastel, en el cual se grababan varias camelias rojas como la que tenía su cabello, sus mangas eran más largas que sus brazos, pero eran sujetadas por un pequeño listón blanco y le llegaba hasta un poco arriba de las rodillas- ¿Cómo me queda? –pregunto mostrando su delantal y kimono mientras daba un par de vueltas.
-Te queda muy bien, me da gusto –respondió Hinata con una sonrisa- Ahora trae tu banco y me ayudas ¿sí? –le dijo con dulzura, a lo que ella asentía y traía un pequeño banco para alcanzar la altura de ella y empezaba a rallar el pan dentro del tazón.
-Tengo que rallar el pan… Para mis croquetas… -decía en canto la pequeña mientras lo hacia una y otra vez, a lo que Hinata solo sonreía con felicidad mientras picaba un poco de perejil- Neechan –dijo llamando la atención de Hinata- Obachan dijo que trabajaría un poco más, por lo que no podrá ayudarnos –dijo inocentemente.
-Bien –dijo ella- Significa que debemos preparar una rica cena, para que se sienta orgullosa –le dijo con amabilidad, a lo que Yuki asintió con una gran sonrisa devuelta por Hinata.
-Parece que se están divirtiendo –comento una voz varonil llamando la atención de ambas, encontrándose con un joven rubio de ojos azulados tan intensos como el cielo, el cual sonreía con alegría, llevaba puesto un pantalón de color negro corto con los típicos zapatos ninja, una playera naranja con los bordes de la manga y el cuello en negro y una línea que llegaba del cuello a un lado de la manga de cada lado.
-¡Miedo sito, te ves bien! –alago la pequeña con una sonrisa al verlo, mientras Hinata observaba un poco sorprendida a la niña.
-*No es común que ella alague a las personas* -pensaba desconcertada.
-Y bien… ¿Ahora que tengo que hacer? –pregunto Naruto a Hinata, sacándola de sus pensamientos.
-Hay un tazón con lentejas por haya ¿Te importaría triturarlas con el tenedor? –le indico con cierta indiferencia, tratando de evitar su mirada.
-Si –dijo él con una sonrisa antes de dirigirse hacia un lado de Yuki.
-Oye… -dijo Yuki observando al rubio, quien dirigió una mirada de intriga hacia ella- ¿En verdad, sabes cocinar? –le pregunto ingenua.
-¡Ha! –Exclamo el rubio- ¡No me subestimes, soy un excelente cocinero! –Proclamo con superioridad, girando su rostro hacia un lado para que la niña no lo viera- *La verdad no tengo ni la menor idea de lo que hago* -pensaba con lagrimas en sus ojos que salían como si fuesen ríos y una mueca cómica.
-*¿Está hablando enserio?* -se cuestionaba Hinata- *Creí que no, por eso es que siempre se la pasaba en Ichiraku* -se decía, observando la forma en la que él giraba su rostro para que no lo observasen.
-¡Asombroso! –Exclamo Yuki- Entonces seguro la cena quedara deliciosa –dijo emocionada antes de seguir rayando el pan.
-Sí, tienes razón -apoyo Hinata a la niña, llamando la atención del rubio, el cual al verla pudo apreciar una acción negativa en el rostro de ella.
-*No me creyó* -concluyo el rubio al ver la mirada de ella.
Sin más que decir, los tres continuaron preparando la cena, con una que otra broma de Yuki para el rubio, en la cual ambos reían a carcajadas, mientras Hinata se limitaba a reír de una forma más discreta, siendo observada secretamente por el rubio, el cual hacia más grande su sonrisa al ver la de ella, desde la puerta de aquella cocina, bien podrían considerarse a esos tres como una familia muy unida, pero no era el caso para quien los conociera realmente.
El naranja y rojo de aquel atardecer que teñía el cielo, lentamente era absorbido por los azules y violetas de la noche, hasta que finalmente la luna brillaba en lo alto mientras las estrellas la acompañaban, una pequeña casa en el centro de un frondoso bosque, de la cual emanaba el sonido de varias risas.
-Y luego… Naruto dejo caer la croqueta… y todo el aceite caliente le salpico –contaba entre risas Yuki- jajá debiste verlo Obachan –girándose a la anciana que se encontraba a la par suya- ¡Grito como niña! –rompió en una carcajada, a lo que la anciana comenzó a reír, mientras que el rubio hacia un puchero hacia un lado con la cara sonrojada, mientras la de cabello azulado reía por lo bajo al recordar la escena.
-Pero no se compara a la vez que tú la dejaste caer y cuando el aceite salto saliste corriendo de la cocina a esconderte detrás del sofá –acuso esta vez el rubio, haciendo que la niña hiciera esta vez el puchero mientras el resto reía.
-Creo que es suficiente risa por hoy ¿No creen? –Hablo la anciana después de haber calmado su risa a lo que el resto paro lentamente- Es hora de ir a dormir –dijo levantándose de la mesa y empezar a levantar los platos.
-No te molestes –dijo Hinata para detenerla- Yo lo hare –le sonrió con dulzura a lo que ella se limito a asentir.
-¡Yo te ayudo! –se apresuro a decir Yuki.
-De ninguna forma –corto la anciana- Es hora de que vayas a la cama –ordeno colocándose a su par y observándola con seriedad.
-¡Aún no tengo sueño obachan! –se quejo Yuki.
-¡Yuki! –Le llamo Hinata, haciéndola callar- Debes obedecer… –le llamo la atención, observándola con cierta seriedad.
-Pero… -intento objetar.
-Si no obedeces tendré que llevarte por la fuerza –hablo esta vez el rubio, a lo que la niña solo refunfuño y de mala gana se fue junto con la anciana.
Una vez más ambos se quedaron solos en silencio, hasta que Hinata se levanto de la mesa y empezó a levantar los platos, Naruto al notarlo no tardo en ponerse de pie y ayudarle.
-No es necesario –dijo ella sin mirarlo.
-Es lo menos que puedo hacer –dijo tranquilamente el rubio mientras continuaba ayudándola- Después de todo si no fuera por ti no hubiese tenido tan deliciosa cena –comento con una sonrisa antes de perderse en la puerta con los platos en mano, dejando a Hinata algo sorprendida y levemente sonrojada, pero al reaccionar de lo acontecido negó con fuerza, para desaparecer ese rubor de sus mejillas y dirigirse hacia la puerta por la que el rubio había salido, entrando a la pequeña cocina, se acerco a donde él estaba y deposito los platos en un pequeño lavabo, empezó a enjabonar algunos para luego pasárselos al rubio, mientras él los desaguaba y secaba dejándolos en una pequeña canasta a su lado.
-¿Por qué? –Dijo Hinata después de unos minutos de silencio, desconcertando al rubio- ¿Por qué no usaste toda tu fuerza cuando nos enfrentamos la primera vez? –cuestiono sin despegar la vista de lo que hacía, pero el rubio pudo notar cierto aire de frustración en la voz de ella.
-¿A qué te refieres? –pregunto aún sin entender.
-Cuando Tsunade-sama les pidió que me capturaran falsamente con el propósito de que yo me enfrentara a ustedes… -comenzó a explicar Hinata- No me demostraste toda tu fuerza… No usaste conmigo las mismas técnicas que usabas cuando entrenabas esta mañana, ni siquiera quisiste entrar en modo senin ¿Por qué? –pregunto, finalizando su tarea y observándolo directamente a los ojos, los cuales se abrieron ligeramente al ver la frustración que en la mirada de ella se reflejaba, lentamente se desvió hacia el ultimo plato que le quedaba por secar.
-No lo sé –respondió Naruto cerrando ligeramente los ojos, acto que fue respondió por Hinata al bajar la mirada hacia el lado contrario- Creo que en el fondo, inconscientemente, sabía que eras tú, por eso no fui capaz de usar toda mi fuerza –confeso dejando el plato sobre la canasta.
-Entiendo… -dijo ella un poco más bajo, dejando que su flequillo cubriera sus ojos, acto que no paso desapercibido por él.
-No es que te subestime, se que eres más fuerte de lo que me imagino –hablo él- Pero… Yo soy incapaz de golpearte… -bajo esta vez la mirada, mientras que la de ella se levantaba algo sorprendida- No me preguntes porque… Ya que no se si sea capaz de decírtelo sin tener miedo a que tú me odies… Qué es lo más seguro… –finalizo empezando a salir de la cocina evitando el mirarla, mientras ella no despegaba su vista de él, inconscientemente su mano se posaba sobre su pecho ligeramente cerrado.
-Naruto… -musito débilmente bajando la mirada, cerró los ojos, aquel silencio que sus oídos escuchaban, su mente solo podía percibir el fuerte y rápido latido que su corazón daba- *¿Acaso tú…?* -se cuestionaba con tristeza pero la cual no mostraba en su rostro y sus parpados se mantenían cerrados.
Un nuevo día empezaba, anunciados por los primeros rayos del sol, un día como cualquier otro para muchos, pero para una niña en especial era un hermoso día, su mirada reflejaba un deje de tristeza al posarse en el horizonte, esperando la llegada de alguien que en el fondo sabía que no llegaría, con cuidado entro a su cuarto por la ventana y la cerro detrás de sí, este era un día especial y quería disfrutarlo, golpeo con fuerza sus mejillas con la palma de sus manos y sonrió al final.
-Yuki… -escucho una voz gentil detrás de la puerta al ser tocada, no tardo en reconocerla por lo que sonrió ligeramente, mientras empezaba a quitarse su pijama de color rosa.
-Pasa Neechan –dijo mientras hacía esfuerzos por quitarse esa blusa rosa- Ugr –gruño en un intento desesperado por que su cabeza saliera de la blusa.
-Déjame ayudarte –le dijo Hinata entrando y dejando un paquete sobre su cama, para luego quitarle despacio la blusa.
-Aire al fin –respiro la niña aliviada- Gracias Neechan –dijo intentando sonar feliz, cosa que no engaño a Hinata.
-Te traje algo –dijo señalando el paquete sobre su cama, una pequeña caja de envoltorio floreado, con un listón que finalizaba en un moño en el centro de la caja de color blanco.
-¿Para mí? –Dijo emocionada a lo que ella solo asintió- ¡Arigato! –exclamo al abrazarla y luego lanzarse al regalo y empezar a rasgarlo, sus ojos brillaron al ver un hermoso kimono de color azul oscuro con bordados de mariposa amarillas, un obi de color rosa y sobre este una camelia roja de la cual caían un par de listones en amarillo- ¡Es hermoso! –Dijo con una gran sonrisa al ver el kimono- ¿Puedo ponérmelo ahora? –cuestiono ansiosa.
-Primero debes bañarte –le dijo Hinata con amabilidad y una sonrisa un tanto maternal.
-Está bien –asintió ella- Pero que tal si nos bañamos juntos en las aguas termales que están cerca de aquí –propuso con una sonrisa.
-¿Juntos? –Dijo desconcertada- ¿No querrás decir juntas? –intento corregir.
-No –negó ella- Me refiero a ti, la obachan y Naruto-niisan –respondió segura.
-¿Niisan? –Dijo un tanto confundida- Parece que le has tomado cariño –comento con una sonrisa.
-Sí, quizá sea un miedo sito pero es divertido –respondió ella con una gran sonrisa- Me ha hecho reír bastante y olvidar un poco el que Sasuke-niisan no estará hoy –dijo esto último un poco triste- ¿Puede venir, no? –pregunto ansiosa.
-Es tú cumpleaños, tú decides –le respondió ella acariciándole la cabeza con ternura.
-¡Grandioso! –exclamo, antes de salir corriendo de la habitación y comenzar a correr.
-*Así que él la hizo reír para olvidar su tristeza* -se decía aún con una sonrisa- *Creo que te debo una… Naruto…* -finalizo al redirigir su mirada al kimono que recién le había regalado a Yuki.
-¡Naruto-niisan! –grito alegremente la niña al entrar a la habitación del aludido sin tocar, encontrándose con un rubio el cual dormía plácidamente en su cama, roncando y balbuceando palabras sin sentido.
-Sí, sí quiero otra ración de ramen –afirmaba el rubio entre sus sueños, mientras su boca se movía como si realmente lo estuviese comiendo y disfrutando.
-¡Vamos, vamos, despierta! –insistía la niña moviéndolo con fuerza, pero el rubio se aferraba a sus sabanas, indignada lo soltó y con una mueca de disgusto- *¿Cómo era que se hacía esto?* -se cuestionaba mentalmente- ¡Ya recordé! –Dijo dando un golpe a la palma de su mano con una sonrisa en su rostro- ¡Henge no jutsu! (変化の術 Transformación) –exclamo al hacer una posición de manos, al instante en que una nube de humo cubría su cuerpo.
El rubio aún balbuceaba en sueños, cuando sintió una mano tocar su hombro, era delicada y algo grande, pero el deseo de continuar durmiendo le hacía alejarse de ella.
-Naruto… -decía una voz femenina de forma sensual a su oído.
-cinco minutos más mamá –suplicaba el rubio, dándose vuelta.
-Naruto… Onegai… Despierta –suplicaba aquella voz sensual, moviéndolo más, acercando su boca más a su oído- Te necesito… -continuo, el rubio lentamente fue abriendo sus ojos para encontrarse con una hermosa joven de largo cabello azulado de ojos perla, sus ojos se abrieron como platos al ver que la joven llevaba puesto únicamente un ligero camisón, corto que dejaba poco a la imaginación.
-Hi-Hinata… -tartamudeo completamente rojo- ¿Q-Que haces aquí? –pregunto nervioso al ver que ella subía lentamente a su cama y su rostro estaba ligeramente sonrojado.
-Naruto… -dijo en el mismo tono sensual- ¿Irías conmigo a bañarnos en las aguas termales? –pregunto en el mismo tono sensual, el rostro del rubio empezaba a encenderse como un farol de color rojo.
-Hi-na-ta –tartamudeo con el rostro encendido en rojo- Yo… bueno… tú… Tú y yo… juntos… en un baño… -balbuceaba aún sin poder asimilar la información.
-Yuki… –dijo gentilmente una voz femenina entrando a la habitación del rubio, dejando ver a una joven de largo cabello azulado de ojos perlados- Date pri-sa –entrecorto, al ver a una joven idéntica a ella con un camisón bastante ligero y corto que dejaba poco a la imaginación acorralando contra la pared a un rubio de ojos azules, con el rostro completamente rojo.
-Do-Dos Hinatas –comento al ver a la joven que recién entraba, miro a una y a otra un par de veces- Estoy alucinando –dijo antes de que su vista comenzara a nublarse y lentamente el ruido se fue alejando de sus oídos.
-Naruto, Naruto ¡Naruto! –escuchaba en su mente cada vez más fuerte mientras su cuerpo era zarandeado, finalmente cuando sus ojos comenzaban a abrirse pudo notar el rostro de una joven de cabello azulado como la noche de ojos perlados con piel nívea.
-Hinata… -dijo al reconocerla, pero antes de que pudiese decir algo más.
-¡Neechan, apártate, yo lo despertare! –grito una voz parecida a la de ella, al instante en que entraba una joven idéntica a Hinata pero con menos ropa con un balde de agua el cual aventó sobre el chico.
-¡Esta fría! –Grito el rubio al ser mojado por tal cantidad de agua- ¡Óyeme ¿qué te pasa? –reclamo saliendo de la cama, alzando el puño hacia la otra Hinata, pero se detuvo al ver la apariencia de la joven- ¿Qué otra Hinata? –Dijo al verla, pero en eso el recuerdo de lo que había pasado vino a su mente y su rostro se torno rojo- Tú… -dijo señalando a la otra Hinata.
-Yuki, te importaría quitar ese Henge –comento secamente la Hinata detrás del rubio, a lo que la otra bufo molesta al instante en que una nube de humo cubría- Ahora ve a cambiarte –le ordeno a lo que la niña salió al paso de un soldado refunfuñando con expresión molesta.
-¡Esa niña está loca! –Le dijo el rubio después de unos minutos de silencio girándose hacia Hinata- ¡Estuvo acosándome para que la llevara a unas aguas termales transformada en ti! –Se desahogo molesto con una vena en su frente, mientras Hinata mantenía los ojos cerrados y suspiraba pesadamente- ¡¿Y quién le enseño a usar chakra tan pequeña? –reclamo como si fuese el más grande crimen de todos.
-Yo le enseñe a usar el Henge, pero ahora veo que fue un gran error –suspiro pesadamente Hinata- Creí que sería lo mejor por si se veía envuelta en una batalla por accidente –explicaba con cierta preocupación- Pero luego comenzó a pasar más tiempo con Karin y a observar la forma en la que suele acercarse a Sasuke, incluso como intenta despertarlo, fue exactamente igual a como lo hizo contigo, a excepción de que Karin no usa ningún Henge –continuaba recargando su cabeza sobre sus hombros.
-¿Qué..? –dijo el rubio asimilando su explicación- Entonces… -dijo pensativo- Sasuke si que debe sufrir infartos cada vez que despierta –comento con su inocencia característica.
-No –respondió secamente ella- Sasuke ni siquiera le presta la más mínima atención a cada intento de Karin –respondió con cierta burla.
-Eso debe olivarte bastante –comento el rubio algo molesto y cruzándose de brazos.
-Para nada –respondió tranquilamente- De hecho hasta me parece gracioso –comento con una ligera sonrisa al observar al rubio- Bueno… Yuki quiere que vayamos todos a unas aguas termales que no quedan muy lejos de aquí a bañarnos, por ser su cumpleaños es costumbre que la dejemos hacer lo que quiera, así que no tenemos opción –explico avanzando.
-Con que por eso era… -reflexionaba el rubio con un puchero aún enfadado- No le costaba nada haberlo dicho desde un principio y en vez de hacerme pasar por todo eso –reclamaba a la nada conservando ese puchero.
-¡Hmp! –exclamo Hinata, llamando la atención del rubio- Quizá hubiese sido más fácil, pero no hubiese tenido nada de diversión para ella –explico al acercarse al marco de la puerta, conservando cierta seriedad en su rostro- Además no veo porque te molestas tanto, si tu cuando eras pequeño solías hacer el Oiroke no jutsu (おいろけの術 Técnica para adultos) con el tercer Hokage, Jiraiya-sama, Ebisu-sensei y muchos otros adultos ¿o me equivoco? –pregunto con inocencia, a lo que el rubio solo atino a dejar que su rostro se tornara completamente rojo y su cuerpo temblara por los nervios.
-E-Eso ya quedo en el pasado… -dijo temblando ligeramente, sin que el rojo de su rostro se apagara- Y-Ya he madurado –dijo, más sus piernas temblaban y sus brazos se mantenían cruzados intentando dar a demostrar que mantenía su postura.
-Se nota –comento Hinata con indiferencia al ver la actitud del rubio- Mejor date prisa y arregla tus cosas para irnos –le sugirió antes de salir de la habitación- Se me olvidaba –dijo apareciendo de nuevo en el marco de la puerta- Cerca de las aguas termales hay un pueblo pequeño, en el cual se estará celebrando un festival, por lo que debes usar otra ropa diferente a la de un shinobi –comento observándolo.
-¿He, porque? –pregunto el rubio ya más tranquilo.
-A las personas de ese pueblo le asustan los shinobis, por lo que debemos pasar desapercibidos y comportarnos como personas normales que solo están de visita –explico antes de salir de que su figura desapareciera del lugar en el que se encontraba.
-¿Y ahora qué hago? –Se preguntaba el rubio angustiado- No tengo más ropa que a la que estoy acostumbrado a usar –se quejaba buscando algo que ponerse, empezó a revisar en varios cajones, hasta que una sonrisa se formo en sus labios al encontrar algo- ¡Esto servirá! –exclamo sacando una tela de aquel cajón.
-¡Es hora de irnos! –anuncio Yuki, quien ahora vestía una blusa rosa y sobre esta una pequeña falda tableada de color azul con tirantes del mismo color, con cuello blanco doblado dándole la forma de una "V", zapatos negros, calcetas blancas y un pequeño sombrero color crema con un listón celeste, rápidamente comenzó a correr por el pasillo hasta la puerta principal- Neechan, ¡dile a Naruto-niisan que se apresure! –pidió algo desesperada por salir.
-Tranquilízate, aún hay tiempo –le dijo con una sonrisa- Mejor ve con Sophie-obachan a ver si ya esta lista –le sugiero amablemente a lo que ella asintió y salió corriendo.
-¡Ya estoy listo! –anuncio el rubio bajando las escaleras, llamando la atención de Hinata, quien al girarse se encontró con un joven de cabello rubio de ojos azules tan intensos que rivalizarían con el cielo mismo con una sonrisa impecable, vistiendo un pantalón negro con unos tenis del mismo color, una playera blanca, ligeramente en un tono verde pero bastante suave con una chaqueta de cierre completamente naranja abierta hasta la mitad, más su mirada se dirigió a la joven que enfrente de él se encontraba, vestía un hermoso vestido con tirantes delgados de color lila pastel, con unas zapatillas del mismo color, su cabello largo azulado tenía sujetos dos mechones atrás con un mocho del mismo color que su vestido, dejando caer uno en cada lado de su rostro.
Un silencio incomodo se hizo presente entre ambos, más que la mirada de uno se perdía en la del otro, ambos consientes de que en su propio interior, los latidos de sus corazones latían con fuerza, tan rápido que temían saliese de sus pechos, pero ignorantes de que era lo mismo en el otro.
-*Esto… Esto está mal… Yo… Yo no puedo* -se decía Hinata bajando la mirada hacia un lado, mientras su mano inconscientemente se posaba en su pecho ligeramente apretada.
-*Hinata* -sonreía el rubio, acercándose lentamente a ella, pero su mirada rápidamente se despego de ella y se poso en sus labios, sin embargo antes de que pudiese decir o hacer algo, Yuki salto hacia ella abrazándola- *Que inoportuna eres enana* -insultaba en su interior con una mueca de disgusto al ver a la niña abrazar a Hinata- ¡Te ves bien, enanita! –comento más tranquilo al verla.
-¡Tú también miedo sito! –regreso el "alago" Yuki- Neechan, Obachan dijo que no iría –comento desilusionada.
-¿No irá? –dijo Hinata desconcertada para luego dirigir su mirada hacia la puerta de una habitación.
-Lo lamento, pero bien sabes la razón –le dijo con una sonrisa triste, a lo que ella capto el mensaje y bajo la mirada.
-Te entiendo –dijo con desilusión- Entonces… -dijo levantando su rostro nuevamente- ¡Regresaremos pronto! –dijo como despedida con una sonrisa, tratando de reconfortar a la anciana, más el rubio no se miraba muy convencido de ello, al igual que la pequeña quien era la más desilusionada.
-¡Vamos Yuki! –Dijo intentando llamar la atención de la niña, lo cual logro- ¡Te llevare en mis hombros! –propuso con una sonrisa, tratando de que ella olvidase su tristeza.
-¿De verdad? –pregunto animada.
-¡Por supuesto! –afirmo él tomándola de la mano y guiándola hacia afuera- ¡Te veremos después, obachan! –se despidió el rubio mientras llevaba a Yuki de la mano.
-¡Cuídense! –Se despidió ella con una sonrisa, agitando la mano levemente- Aún falta, para que llegue ese día, disfruta el tiempo que puedas a su lado –dijo a Hinata una vez habían salido los otros dos.
-No te prometo nada… -hablo con cierta sequedad- Pero… lo intentare… -fue lo último que dijo.
-¡Hinata, date prisa! –grito desde afuera el rubio, siendo apoyado por Yuki, quien ahora estaba sentada en sus hombros.
-¡Date prisa Neechan! –le grito.
-Regresaremos pronto –se despidió con una reverencia antes de salir y alcanzar al rubio y a la niña.
-Seguramente ellos harían una hermosa pareja –dijo al ver con ternura como ambos jóvenes caminaban a la par del otro, mientras ella sonreía, el rubio reía abiertamente, sin duda por alguna broma de Yuki, puesto que ella también reía- Ese chico… -dijo enfocándose en el rubio- Sufre sin razón alguna –dijo un poco nostálgica- No se ha dado cuenta de que su amor siempre ha sido correspondido –continuaba al ver como lentamente se perdían de su vista- Se enfada porque Hinata protege a Sasuke –dijo recordando las múltiples muecas y expresiones de enfado del rubio- Pero es normal que ella lo haga… -Recordando esta vez a la aludida- Después de todo… Es… Su hermano…
