Y mi casa se lleno, de sus berrinches, sus ruidos, y claro, su risa.
Porque a pesar de tener más de 20 años, era aun un poco caprichoso, ni hablar de lo estrepitoso que podía ser.
Había descubierto, que podía estudiar mejor si escuchaba música. Y bueno, de más está decir, que teníamos gustos muy diferentes. Así que a diario me sometía a una tortura, por demás gustosa.
En los momentos que el estudiaba, yo solía irme a la cocina o al comedor a hacer lo mío, que por ese entonces, era la lectura obligatoria de los libros que se me habían prestado. Y no podía hacerme el pavo, respecto a eso. Porque luego tenía a mi pequeño colorado, dando vueltas detrás de mí, preguntándome cosas de los personajes y las historias, claro, si él se conocía los libros de pe a pa.
Así que, también me sometía, a esa tortura, por demás horrible, de leer algo que no me llamaba del todo la atención, es que para ser sincero, yo odiaba leer, era como pedirle a Shouyou, que estudiara ingles. Estoy seguro que se armaría, tal berrinche, que yo cedería muy fácil ante la negativa. Yo no podía hacer lo mismo. No podía escapar de él. Tampoco quería hacerlo. Me hacía muy feliz tenerlo conmigo, y vivir a diario, en aquel pequeño departamento, que nos acercaba mucho más, como si eso fuera posible.
Aunque todo esos "ruidos", no solo eran porque él era si, le conocía muy bien, esas actitudes, eran para mantener su cabeza más que alejada de sus pensamientos.
A pesar de que lo nuestro, iba muy bien, y más aun desde que consigo el anillo, a pesar de eso, mi niño, aun no había llegado a su límite. Aun no se había enojado con nadie, aun seguía triste, y se, lo sé muy bien, que a su modo, se culpaba por las cosas, por como todo había tomado esa dirección, decía a menudo que la situación se le había ido de las manos. Y aunque, él podía decirme que eran cosa suya, yo podía saber que también era culpa mía.
Llegue, y como él desequilibro mi vida, yo lo hice peor aun con la suya.
Y hablo de límites, porque conocía gente que era así, que era muy buena, y tomaba todo lo malo para dentro, no lo expulsaba, y pasaba días sin dormir, tratando de ver cómo podía hacer para solucionar todo. Mientras que el otro, vivía bien, se reía, y dormía. Y al parecer, Shouyou tenía aguante. En ese momento, se lo veía, triste, aguantando todo. Pero esperaba al cielo, que las cosas tocaran su fondo y mandara a todos a la mismísima mierda. A su padre y su falso amigo, a esas personas, que le hacían doler el estomago, que no le dejaban dormir, y que le había hecho daño a su corazón.
Mientras esperaba eso momento, que no sabía si alguna vez pasaría, porque él, no era de enojarse, era de alejarse, y vivir mal. Había pasado eso conmigo. Nunca me dijo de frente las cosas, simplemente se fue. Simplemente nos alejamos, y todas las cosas que teníamos para decir, nos dolieron eternamente.
Ahora dormíamos bien, nos reíamos, y nuestro amor, de a poco, nos hacia olvidar lo que habíamos pasado.
Pero había una diferencia. Mi mundo era él. Si yo estaba mal con él, si, volvería a los años, incluso meses atrás, al vagabundo, al fantasma en que me había convertido.
Pero en la vida de Shouyou, no solo estaba yo, y aunque me costaba aceptarlo, debía entender, que tanto su padre como Akemi, eran personas importantes. A pesar de todo, sabía muy bien, que le dolía a montones, lo que había pasado con su amigo. No lograba entender cómo es que había reaccionado de esa forma, y la falsa amistad que le había otorgado esos años, haciéndole creer que lo ayudaba, cuando el único motivo, era hacerme desterrar y ocupar mi lugar.
Eso no paso, gracias a Dios, pero esa especie de traición, había calado fondo en su corazón. Y aunque se reía, y tenía buen humor todas las mañanas, a pesar de eso, sabía muy bien que todas las noches antes de dormir, se desvelaba un par de horas, pensando en todas esas situaciones. Y aunque a veces quería cuidar su sueño, me encontraba abandonándolo a mitad de la noche.
…
Pero lo bueno, es que no abandonaba su vida diaria, y tampoco dejaba que me preocupara demasiado, aunque no podía evitar hacerlo.
Yo solo podía hacerle olvidar sus problemas de una forma que a él le encantaba. Así que, solía darle esas atenciones a diario, para que se concentrara en mí, y no pensara tanto.
Y como buen amante que era, me complacía también, y nunca lo sentí distante, sino cada vez, más cerca mío.
Y por ese entonces, se había acostumbrado, no solo a andar con mi ropa, como ya había dicho, sino también, solía usar, las camisetas del club que ya no usaba. Según él, eran acogedoras, según yo, el quedaba muy apetecible con ellas. Y me gustaba que se riera y se sintiera amado en todas sus formas, cuando le decía aquello y le hacía saber cuánto me gustaba, cuanto me excitaba, lo atraído que me tenia y por supuesto, cuanto, cuanto, cuanto, amor que le tenía. Lo amaba más que nada.
Como había dicho, mi mundo y mi vida, empezaban y terminaba con él.
Y estaba allí, con las piernas cruzadas sobre el futon, leyendo un gran libro, cerca del calefactor, obviamente usando mi ropa, y escuchando esa música de los mil demonios, que ni siquiera él entendía.
Y por supuesto, en ese momento, con esa visión, y aunque mis oídos sangrasen, me sentí completo. Totalmente completo.
Me dedique a armar mi bolso. Y el de él.
El viaje a Sapporo era al día siguiente.
Y a pesar de que le había dicho que no había problema, hablo con sus profesores, y recibiría por mail, las clases a las que faltaría.
Y claro, yo no podía estar más feliz, que había elegido estar conmigo. Aunque esta vez, yo no había hecho mis típicas imposiciones, me sirvió de mucho dejar de ser yo mismo, para que Hinata sin sentirse presionado, me eligiese a mí, por encima de su vida nueva. Lo sé, mi lector, tremendamente egoísta, pero que decir, a mí me encantaba, me gustaba eso. Y no podía dejar de sentir ese hermoso orgullo, y ese latir embravecido de mi corazón, al saber, que él dejaría su rutina por mí, sin que yo, dijera nada. Dejándolo decidir, como miles de veces me pedía, y que a mí, me resultaba tan pero tan difícil.
...
Se encontró con mi mirada y me sonrió dulcemente.
Y me aniquilaba bastante el hecho de no poder ayudarle un poco más en sus luchas internas, pero él había sido claro, eran problemas de él, y él mismo los resolvería, aunque la manera en que empleaba el tiempo en resolverlos no me gustaba en lo absoluto. Porque no le dedicaba nada.
Él era de esperar que las cosas sucediesen, también era de esas personas que no entienden por completo la maldad o intenciones negativas de los otros, para él, todo eran buenas personas, con sentimientos sinceros, y eso es lo que le hacía chocar cada vez más seguido contra las paredes más duras, aun así...volvía a caer nuevamente.
En una de las muchas discusiones que habíamos tenido en este tiempo de idas y vueltas, donde no se convencía del todo, o donde más bien tenía miedo de volver a confiar en mí, me había dicho que no era tan inocente, que no cedía tan fácil, que incluso, no reía con cualquiera. Al principio quise creerle, puesto que yo era el blanco de ese nuevo ser, que por esos días él alardeaba tanto, después me di cuenta que era solo una coraza, y muy débil por cierto, para luchar contra mí. Seguía siendo el mismo, el mismo que conocí a mis 13 años. Solo estaba asustado, solo deseaba cambiar, pero su nobleza, su fe en la humidad de los otros, nunca se había ido. Y claro como ya dije...él seguía perdiendo ante eso. Era el único en salir perjudicado.
…
Cerré el bolso con algo de fuerza, al parecer lo había sobre cargado.
-¿Qué tal si te bañas primero?- sugerí.
-¿Ahora? Mejor después de cenar.
-No, después de cenar, te quiero en la cama temprano.
-Bueno, después de hacer la cena.
-Cocinare yo. ¿Vale? Tú te bañas y deja de andar con esa ropa vieja.
-Pero...me gusta cómo me queda. Y a ti también te gusta.
-Si, pero hace frio. Anda, ve a bañarte y te pones el pijama que corresponde.
-No quiero.
Lo mire divertido. -caprichoso...
Elevo sus hombros.
-No me pienso bañar ahora.
-¿Por qué no?
-Porque no me pienso bañar dos veces con este frio.
-¿dos veces?
-Claro, mañana viajamos a Sapporo. Y si algo me queda de experiencia, es que no es bueno tener sexo en esos días de entrenamiento. Así que, como esta es nuestra última noche aquí, seré directo. - se puso de pie, y mi remera le pasaba los muslos. - después de cenar, tu y yo tendremos sexo. Y cuando acabemos me bañare.
No pude reprimir una risa. Se veía realmente endemoniado.
-Oi...no te rías.
-Es... ¿quien dijo que no lo haremos en Sapporo?
-¿Piensas hacerlo?
-¿Me crees tan débil?
-No, no es eso. Pero si recuerdo en preparatoria, que te iba bastante mal...
-Ah...es que...por ese entonces, estaba pensando de que manera hacértelo después del partido.
Me miro desafiante- no mientas. Te cansabas.
Volví a reír. -Vale...si me cansaba. Pero... ¿me vas a decir que no tendremos nada de tiempo?
-Pues estuve leyendo tu itinerario, y a penas si podrás dormir. Y si vas a ir de flojo, mejor no vayas. Ese no seria del armador del cual me enamore. El voleibol primero.
-No. Eso sí que no. Nosotros primero, después el voleibol.
Sus ojos brillaron intensamente y el pequeño berrinche había quedado atrás. - Vale, pero...no desperdicies estas oportunidades.
-No lo hago. Solo quiero pasar tiempo contigo.
-Ahora mismo lo estamos haciendo.
-Shouyou, en serio. Tendremos tiempo. Sé que no podremos pasar la noche juntos, ya que no puedes quedarte con nosotros. Pero el tiempo libre que tenga a la tarde, iremos a pasear. Quiero ir a un par de lugares ¿vale? y si me gusta mucho, tal vez nuestra Luna de miel sea ahí. Es lo más que puedo pagar.
-¿Estas hablando en serio?
Su mirada se dilato, como hacia tanto tiempo no sucedía y quedo a mi par.
Me corrió un frio helado por la espalda ¿había ido demasiado lejos? No. Ya teníamos el compromiso. Solo restaba poner una fecha. ¿Era tal vez porque no le había preguntado?
-Eh...si, ¿no te gusta? iremos a otro lugar si tu
Sus brazos rodearon mi cintura, y aquel pelo, que había vuelto a crecer, llego hasta mi rostro, dejándome aspirar, el hermoso aroma que emanaba de él.
-¡Me encanta! ¿Seguro que podemos darnos ese lujo? ¡Me encantaría ir de Luna de miel ahí! bueno, a cualquier lado. - se soltó y se sentía radiante. Aplaudió con sus manos y permaneció emocionado mientras me miraba.
-Lo siento, creí que te ibas a enojar, por no preguntarte.
-¡Oh eso!...no, yo quiero casarme contigo. ¿Cuándo nos casaremos? ya quiero organizar todo. Debo llamar a mamá...No...Ella vendrá sola...vendrá a regañarte.
-¿Por el anillo?
-Si, ahí le diremos.
Asentí, creí que solo era una broma. Pero al parecer no. Tendríamos de verdad la visita de mamá Hinata, y allí seria regañado por no esperar a que ella comprara el anillo.
…
Por suerte por el resto de los días siguiente, no tendría la visita de ella, y si la teníamos, nosotros estaríamos a una larga distancia.
…
Hicimos todo como él quería.
Cenamos mientras veíamos por internet, el partido de voleibol de la selección.
Obviamente antes de bañarse, me reclamo aquello, y yo no podía decir que no.
Nos terminamos bañando juntos. Y para la media noche, estábamos acostados.
Como los viajes me ponían ansioso, no dormí casi nada.
A las 4 de la mañana sonó el despertador y estuve tentado de tirarle un vaso con agua para despertarle. Y escucharle decir, como tiempo atrás ese ¡idiota! Enfurecido. Pero no, no tenia porque hacerle pasar por eso.
Y gracias a que no hice mi maldad, me costó bastante despertarlo. Cuando lo hizo, tenía unas ojeras muy grandes.
-Cuando regresemos hablaremos de lo poco que duermes.- anuncie mientras le alcanzaba la ropa.
-Duermo lo suficiente.
-No mientas. A penas si duerme horas.
-Lo siento, es que pierdo tiempo valioso de estudio, si me acuesto temprano.-
Bese su frente, y replique- ambos sabemos que eso no te quita el sueño, ahora quiero que disfrutes del viaje, pero cuando regresemos tenemos que sentarnos a hablar.-
-Está bien Tobio.
Nos tomamos un taxi. Deje a Hinata en la estación de trenes con la compañía de Kuroo y su cachorro, por mi parte me dirigí a la universidad para tomar el bus.
Nosotros llegaríamos mas tarde, el tren lo haría en menos de 10 horas. Aun así, nos mantendríamos en contacto durante el viaje, y le había dado dinero suficiente para que se quedara en el hotel, que estaba cerca del complejo.
Había insistido en quedarse en casa de Sugawara y Sawamura, pero no me parecía correcto, que fuera a un lugar donde vivía una pareja recién casada, hasta que entendió, que a él, le costaría también.
Kuroo se quedaría en el mismo hotel, y nos reencontraríamos para el primer partido.
Estaríamos solo dos días allí, serian dos días de entrenamiento por la mañana y partidos nocturnos. Así que tenía planeado salir a conocer Sapporo con él.
Volveríamos al tercer día, casi terminando la semana, por lo que también tendríamos el fin de semana para nosotros. Le gustase o no, quería que se alejara de los libros, solo aquella semana.
…
El viaje fue estupendo para él. Porque a pesar de que Tsukishima se enojo con Kuroo, este dejo a Hinata a cargo del cachorro. Y mi niño estaba fascinado con aquello. Recibí varias selfies de él y del cachorro, y una de Kuroo durmiendo profundamente.
Se la enseñe a Kei, y tuvo que aflojar su irritación, y un poco de orgullo, al pedirme que le enviara la foto por mensaje.
El resto del viaje, me dormí, y él también lo hizo.
…
Los entrenamientos, fueron un poco mas rudos de lo que creíamos, pero aun así, no quería pensar en el cansancio. Dormiría por la noche y listo.
…
La primera tarde, pase a buscarlo cerca de las 14, y salimos hacia el centro de Sapporo, después de que la nieve que caía, no fuese tan intensa.
Claro, que nos hicimos un tiempo, y visitamos a Daichi y Suga.
Les contamos de nosotros, la mitad de la historia, y puedo sospechar, que Sugawara sabía todo.
Pero la conversación cayó en derroteros, y también en el próximo casamiento de Kuroo con Tsukishima.
Ambos, estaban emocionados, porque volveríamos a reunirnos, después de tantos años.
También, le contamos de nuestro compromiso, y posterior matrimonio. Shouyou, les conto de nuestra convivencia, y de que pronto tendríamos un perrito, al igual que Jun, y yo que creía que había olvidado eso, tuve que volver a plantearme la idea de que un perro viva con nosotros. De que yo tuviera que compartir mi casa y a mi novio, con un perro. Esta a la vista, a mí los animales, mucho no me agradaban.
…
El ultimo día, a horas de tomar el tren, esta vez había pedido permiso para volver por mi cuenta, nos abrigamos bien, y dejando nuestros bolsos, en uno de los lockers de la estación, fuimos a recorrer el Odori Park.
Teníamos tres horas por delante, el tren salía a media noche.
Así que, disfrutamos del festival de invierno de la ciudad.
Shouyou me hizo recorrer cada centímetro del parque.
Y hablábamos con los creadores, de las esculturas de nieves.
Se veía tan emocionado, que me dejo comer ramen, las veces que quise.
Y aunque estábamos más que cansados, subimos las escaleras, para llegar a la cima de la Torre de Tv, muy similar al Sky Tree, que teníamos en Tokio, y al cual nunca íbamos.
Nos quedamos en silencio, observando, las luces del parque, tan estratégicamente ubicadas. Y el lugar tenía una panorámica realmente hermosa.
-Aun, tengo tanto miedo- susurro mientras entrelazaba sus dedos con los míos.- no por ti. Me has demostrado que me quieres como siempre soñé. Pero…es difícil Tobio. Nunca creí que mi padre, reaccionaria de esa forma, tampoco que Sato…no me gusta sentirme así. ¿Cómo se hace para que no duela tanto? ¿O al menos para no sentirme tan mal? Sé que no debería sentirme mal con lo de Sato, pero, era mi amigo. Le confié todo, durante este tiempo. Y es quien me pago de la peor manera, solo se aprovechaba. Lo intento, pero no puedo no dejarme llevar. No puedo creer, que exista gente así. En serio.
No sabía que decir, me moría por hablar mal de Sato, o incluso de su padre. Pero eso no ayudaría en nada.
-Tómalo como una experiencia. Puedes sacar cosas buenas de ellas. ¿No lo crees? Tal vez te ayuden en un futuro.
-¿A no elegir a idiotas como amigo?
-Mira Shouyou, lo que te voy a decir, va en contra de todo lo que ese tipo me genera. Pero a pesar de que sus intenciones, no hayan sido sinceras, a pesar de eso, tu, estas estudiando y te va bien porque él te ayudo mucho. No quiere decir que tú no puedas, pero me dijiste que si no fuera por él, ya hubieses abandonado. Deja de lado, el motivo por el cual lo hacía, solo toma lo único bueno que hizo. Y aunque no haya sido sincero en lo absoluto, al menos tuviste compañía este tiempo que estuvimos separados. Queda en ti, de ahora en adelante, que lugar le das en tu vida. Pero no te mortifiques pensando en eso, o en que hubiera ocurrido. Todo está hecho. Todo en cuanto a él y a tu padre, ya fue hecho. ¿Entiendes eso no? De ahora en mas quiero que tus preocupaciones sean, porque, no sé, no llegas con un examen, no tienes tiempo o estas cansado para seguir con tu tesis, o que yo no haya hecho las compras de la semana. – Hinata lanzo una risa suave sin querer mirarme a los ojos, lo sabía, los tenia brillosos, a punto de llorar.- y si te vas a desvelar, que sea porque tomaste demasiado café, no porque el insensible de tu padre viene a tu mente. Esta es tu vida, ¿entiendes?
-Si, lo sé, lamento preocuparte así.
Apreté sus dedos mas fuerte con los míos- no quiero Shouyou, que un día, te levantes, y caigas en la conclusión, de que odias tu vida, solo por el hecho de que la has vivido para alguien, no para ti. Quiero que dentro de unos años, te sigas levantando a mi lado, y que seas feliz de estar conmigo, de haberme elegido, porque estoy más que seguro que yo si lo estaré. Que te levantes, y sonrías, porque habrá un niño o niña, en la habitación de al lado, esperando por su desayuno, y un pequeño perro, esperando por verte. Y después, cuando salgas por la puerta de adelante, de nuestra futura casa, te este esperando un buen trabajo, que no solo llene tus bolsillos, sino también tu alma. Y que sepas que al final del día, tu esposo te estará esperando con una cena caliente, mientras tu hijo este preocupado con temas tontos, como por ejemplo, el hecho de que su celular no tengas los pixeles suficientes para sacarse selfies con sus amigos.
Shouyou largo una risa dulce y un tanto fuerte- ¿viviremos todo eso?
-Claro, muchísimo mas. Pero tú tienes que vivirlo. No tu padre. Ni tú amigo. Ni nadie que no acepte, que nos queremos y amamos. ¿Entendido?
-Tratare de no pensar tanto. Lo prometo.
-Estoy contigo. No necesitas a nadie más. Aunque te suene egoísta y posesivo. Es así.
-Lo sé.
Bese su mejilla fría y lo vi cerrar sus ojos mientras lo hacía.
-Te amo muchísimo.
-Lo sé, yo también.
Saque mi celular, y tome varias fotos del lugar.
Shouyou aun se sentía un poco acongojado. Así que nos quedamos, más de media hora mirando aquella noche, mientras lo abrazaba muy fuerte por detrás.
Cerré los ojos, para inmortalizar, aquel crudo invierno, el olor de su pelo, el sonido de su respiración, y el calor que emanaba su cuerpo bajo mi abrazo. Ninguna fotografía podía darme aquello.
Shouyou se movió de repente y la luz del flash lleno mi campo de visión. Sonreí a la cámara como pude, pero a decir verdad, yo no salía tan bien en las fotos como él.
La foto, me devolvió a Shouyou, ya sin rastro de tristeza, sonriendo ampliamente a la cámara. Yo ni decir, Salí horrendo.
-¿La podemos usar como tarjeta de invitación a nuestra boda?
-Salí horrible.
-Pero yo Salí muy bien.
-Vale… ¿entonces quieres venir a aquí como Luna de miel?
-No, para nada.
-¿No? ¿No te gusto?
-Me encanta, pero quiero ir a Miyagi.
-¿Miyagi? ¿En serio?
-Si. No quiero ir a otro lado. Quiero ese día o semana, volver a vivir mi adolescencia contigo y estos años de más.
Esboce una sonrisa, mientras, hurgue con mi nariz, su suave cuello.
Las manos de Shouyou, acariciaron las mías. Y nos quedamos varios minutos más en silencio. Hasta que se hizo la hora de volver
...
Mientras íbamos camino a la estación, consulte por internet, que otro horario había además del de la medianoche.
El próximo era cerca de las tres de la mañana. Con suerte llegaríamos al medio día, justo para mi entrenamiento de la tarde.
Caminamos en silencio de la mano, orgullosos de querernos sin importar ninguna mirada.
Me acerqué a su oído derecho y bese despacio su lóbulo, -¿No quieres que rente una habitación? El próximo tren sale a las tres. Quiero estar contigo.
Shouyou entrelazo mis dedos con los suyos con fuerza y asintió.
Así que casi a media noche, alquilamos una habitación del hotel cercano a la estación.
...
Ni siquiera me dediqué a echar un vistazo a la habitación.
Mi visión y concentración estaban en él. En desnudarlo por completo. Y hacerle el amor.
Así que despacio le saque todas sus prendas, no si antes, besar cada parte que desnudaba.
Shouyou Solito se dejaba hacer sin ningún pero.
También me saque de a poco toda mi ropa y lo fui llevando despacio hacia bajo las sabanas de aquella simple cama, en una habitación exageradamente calefaccionada.
Lo senté sobre los almohadones y mientras besaba su cuello, me daba paso al abrir sus piernas, y deJarme tocar todo lo que yo quisiera.
Metí un par de dedos en su boca Y la danza de su lengua sobre ellos, me calentaban demasiado. Shouyou no necesitaba de mucho para excitarme. Con su encanto natural bastaba.
Así que antes de perder el control con esa lengua, bajé y metí los dedos en su ano. Shouyou abrió más sus piernas, por encima del almohadón, y en esa superposición, quedaba más chico, más frágil aun. Sus delgados muslos se tensionaron, dejándome meterlos lo más que pude.
Hinata se tomó de mis hombros y espero la seguidilla de penetraciones que le haría con ellos. Lo hice sin quitarle la vista en ningún momento. Me gustaba, me volvía loco, verle gozar así.
Sus gemidos, por demás avergonzados salían bastante fuertes. Y no me importaba si las paredes eran o no delgadas. Quería escucharlo.
-¿Más? ¿Quieres más fuerte?
Asintió mordiendo su ante brazo y dejándome ver un rostro por demás ruborizado.
Cuando noté que su pene se había puesto demasiado duro, dejé descansar su ano y me dediqué a masturbarlo suavemente.
Y lo hice varios minutos, mientras disfrutaba de su boca y lengua, por demás ansiosas y apasionadas. La manera en que me besaba, se podía reflejar sus deseos de ser cogido con urgencia.
Pero antes de eso, volví a besar su cuello, bajando por su pecho, abdomen y posterior entre pierna.
Lamí dos o tres veces su pene, pero estaba tan avanzando que no quería que se corriera ahí. Sino más bien mientras era penetrado.
Así que después de tenerlo en mi boca un par de segundo, preparé su ano con mi saliva.
Estaba más que listo.
Volví a subir por el mismo camino que había llegado y lo acosté debajo de mi.
Abrió sus piernas, pasándolas a cada lado de mi cadera y espero.
Lo penetre despacio, sintiendo como su carne se abría ante mi paso, los dedos de Shouyou arañaron mi espalda.
Emití un gruñido cuando llegue hasta el tope y ahí me detuve para mirarlo.
Shouyou lo hizo con desespero queriendo empezar y no lo hice esperar.
La cama se quejó a la primera embestida y se mezcló con el gemido de mi niño.
La piernas de Shouyou, se elevaron por sobre mi espalda y se soltó de mi, dejándome la tarea de atenderlo.
Sus manos acariciaron mi rostro, y yo no aparte mi vista de sus ojos en ninguna de las embestidas.
El ruido de la cama, más el golpe seco de mis genitales en su trasero, mezclado con todos los gritos de Hinata, llenaban toda la habitacion.
Shouyou cerró los ojos y mientras yo le daba sin poder parar, se masturbó al ritmo de las penetraciones.
Antes de hacerle acabar del todo, lo acosté boca abajo y abriendo sus nalgas me metí en ellas y sin dejarle levantar siquiera la cabeza, me apreté muy fuerte contra él y le di lo último de mí.
Su cuerpo se convulsiono y noté que había acabado. Así que antes de acabar dentro de él, lo arrodille en la cama y metí mi pene en su pequeña boca. Lo cogí unos segundos así, hasta que acabe allí.
Me quedé unos momentos, con los ojos cerrados, acariciando su pelo, mientras él pasaba su lengua por todo el lugar.
No había nada mejor que terminar de esa forma.
Disfrute del placer de la corrida y observe con paciencia como Shouyou, limpiaba todo, haciéndome un perfecto oral.
Lo dejé hacer, hasta que lo atraje conmigo para quedarnos bajo las sábanas la hora que nos faltaba para irnos.
Agradecí al cielo, no sólo el amor que me daba sino también el bien sexo que tenía diario.
Shouyou me abrazó y se durmió el resto del tiempo que teníamos antes de tomar el tren
...
Nos esperaba Tokio, su madre, el cachorro que le debía y claro, organizar nuestra boda.
.
