Capítulo 29
Como era de esperarse, el camino a casa lo hicieron sin cruzar palabra. En cuanto llegaron, Annie subió en silencio a la habitación; ya llevaban suficiente tiempo juntos como para saber que no tenía caso tratar de razonar con él cuando estaba en ese estado, por lo cual prefirió dejarlo solo.
Archie, en cambio, decidió encerrarse en su oficina. Necesitaba pensar… o bien, golpear algo. O a alguien. Finalmente se había desahogado y le había dicho a Albert lo que pensaba de él en su propia cara. Pero de paso, había tratado mal a Annie de nuevo y se había peleado con uno de sus pocos parientes directos. Fabuloso. Pero, ¿qué más podía hacer? Él también estaba sufriendo, él también estaba cansado y él también tenía obligaciones que cumplir, una familia que sacar adelante y, mal que mal… Bueno… tal vez no hubiese actuado de la mejor manera, tal vez había ido demasiado lejos, pero ya estaba hecho. Albert se lo merecía, de eso no tenía duda. Pero le dolía que toda la situación estuviera afectado su matrimonio. Sabía perfectamente que Annie estaba furiosa, porque su silencio era el más fuerte de sus reclamos. Él la amaba y le dolía que no lo apoyara en un momento tan delicado. Pero claro, ella también estaba bajo el embrujo del "pobre Albert". Todos parecían estarlo. Todos, menos él.
Sola en su habitación, Annie se quitó el maquillaje, deshizo su peinado y se preparó para dormir. Era cierto que el viaje desde Boston había sido cansador, pero lo que en realidad la tenía agotada era la tensión que hacía ya semanas había en su matrimonio. Archie era un hombre de emociones fuertes y personalidad arrebatada, aunque siempre moderada por sus modales de caballero. Pero cuando se salía de sus cabales podía convertirse realmente en un problema. Siempre había sido así, pero a estas alturas de la vida, ella esperaba que de una u otra forma él aprendiera a controlarse, sobre todo con sus más cercanos. Sobre todo con ella, porque ella jamás lo trataría de esa manera.
La imagen de Archie ordenándole salir de la casa de Albert, la forma en que se lo había dicho, la forma en que la había ignorado peleando como un loco delante de ella, era algo que la afectaba. Podía ser paciente, podía ser sumisa, podía ser para muchos una tonta, pero no lo era. Annie Britter tenía sentimientos e ideas profundas, pero también había cultivado el arte de saber cuándo callar y cuándo hablar. Éste era el momento de callar. Ya era suficiente una pelea, no tenía ganas de iniciar otra.
Pero Annie Britter siempre sería una mujer sensible. El trato frío de Archie le rompía el corazón y su insinuación de que no interfiriera porque ella no podía saber de cosas de familia la había herido profundamente. Archie no se había disculpado. En lugar de eso, seguía testarudamente molesto y taciturno. Por eso no le había costado ofrecerse para cuidar de Albert en Lakewood. Pensaba que una pequeña separación lo haría reflexionar; sin embargo, se había equivocado. Cuando regresó a Boston, Archie estaba aún más molesto y con indirectas le reclamaba por haber preferido quedarse con Albert, antes que con él.
Tal vez Archie tenía razón. Tal vez no había sido una buena idea dejarlo solo cuando él también la necesitaba. Pero es que sus palabras la habían herido demasiado. Él sabía mejor que nadie el sufrimiento que llevaba en silencio por ser huérfana, por haber sido abandonada como si fuera algo inútil y sin importancia. ¿Cómo se lo sacaba así en cara? Es cierto, sólo había sido un comentario casual, pero era eso precisamente lo que más le dolía. Si lo había comentado en forma tan natural, entonces tal vez significaba que aquella era una idea ya arraigada en él.
Sentada frente a su tocador, Annie se miró por largo rato. Era cierto. Sin importar cuánto tiempo pasara, ni qué apellido llevara, ni su maquillaje, ni los vestidos finos, al final del día siempre sería una huérfana y siempre habría alguien que se lo refregara en la cara. Había querido creer que ese alguien jamás sería Archie, pero se había equivocado.
Sin poder evitarlo, Annie lloró.
P P P
- Hola, Candy.
- ¿Albert? – preguntó sorprendida - ¿Qué pasó?
- ¿Estabas durmiendo?
- Pues… ya iba a acostarme…
- ¿Trabajas hasta tan tarde?
- A veces… Pero, ¿por qué me llamas a esta hora? ¿Pasó algo?
- No, nada importante.
- ¿Entonces? Es casi la una de la mañana y estoy cansada.
- Lo sé, perdona, tienes razón, lo siento.
- ¿Pero qué pasó? No creo que me hayas llamado sólo porque tenías ganas de conversar…
- Bueno… - dudó Albert.
- ¿Me llamaste sólo porque tienes ganas de conversar? – preguntó Candy realmente sorprendida y algo molesta – Albert… me encantaría, pero mañana tengo que…
- Perdona… no soy más que un tonto.
Y de verdad se sentía así. Sólo como un tonto. ¿Por qué la había llamado? ¿Cómo podía justificarse ahora? Ella tenía muchas obligaciones, le había ayudado en cuanto había podido, pero también le había dejado en claro que no se involucraría más allá de lo que le correspondía, porque era él quien debía arreglar sus problemas. Pero…
- Vamos, Albert, tú no eres así. Dime de una vez, ¿qué pasó? Te conozco…
¿Lo conocía? Sí. Ella lo conocía. O al menos conocía al Albert que él alguna vez había sido. Tal vez volvía a ella porque necesitaba encontrarse consigo mismo de nuevo… o tal vez, porque ella era la única persona a la cual podía acudir, aun cuando entre ambos las cosas no estuvieran del todo bien.
- ¿Albert?
- Annie y Archie estuvieron en casa esta noche.
- ¿Les pasó algo?
- No.
- ¿Entonces?
- Lo que pasa es que Archie y yo discutimos.
- ¿Discutieron?
- En realidad Archie discutió conmigo… yo ni siquiera pude decir algo.
- Comprendo… Pobre Annie – dijo pensativa Candy.
- ¿Pobre Annie? La pelea fue conmigo…
- Lo sé, pero si ella estuvo de espectadora, debió sentirse muy, muy mal – Candy dio un pesado suspiro – Vaya cosa con los Andrew. Ustedes son realmente gente complicada, ¿lo sabías?
- Lo sé…
Candy y Annie habían conversado largamente sobre el asunto. Ambas sabían que la pelea entre ambos era sólo cuestión de tiempo. A su manera, Candy había tratado de darle ánimos a su hermana para que soportara la situación, sobre todo tras enterarse del poco afortunado comentario de Archie sobre la idoneidad de Annie para tratar asuntos de familia. Pobre Annie. Seguro se sentiría muy mal.
- ¿Y puedo saber qué pasó? ¡No me digas que tú y Archie se golpearon!
- ¡No! ¿Cómo crees?
- ¿Cómo creo? Pues digamos que los conozco desde hace algunos años.
- ¡Pero tú sabes que yo no soy violento! – se quejó Albert.
- Sí, lo sé. Archie es más arrebatado.
- Bueno, descuida, no llegamos a tanto.
- ¿Y entonces qué pasó?
- Bueno… Yo los había invitado a cenar y pues… no sé, todo pasó muy rápido, pero Archie me sacó en cara todo lo que había pasado con la tía y todos los problemas que habíamos tenido antes en la empresa, hasta la partida de George…
- ¿Y tú qué opinas de eso?
- Pues… yo…
Candy esperó en silencio. Albert tenía dos opciones: defenderse y reclamar contra Archie, o bien, aceptar que Archie tenía razón en sus reclamos. Si sólo la había llamado para quejarse contra Archie, la conversación llegaría hasta ahí, porque no quería involucrarse en peleas ajenas; no tenía caso razonar con un hombre con el orgullo herido.
- Candy, me siento tan mal –dijo por fin Albert - Archie tiene toda la razón... sobre todo cuando me dijo que voy a terminar quedándome solo.
- ¿Eso te dijo?
- Sí – contestó Albert sin poder disimular su decepción. Candy no supo qué decir y ante el silencio, Albert continuó - Yo tuve la culpa de que George se alejara de nuestra familia y yo hice sufrir a la tía. Él tuvo que verla morir poco a poco, mientras yo andaba por el mundo cazando fantasma y peleando por dinero… ¡Por dinero! ¿Lo puedes creer? No entiendo cómo pude caer tan bajo. No lo entiendo, no lo entiendo…
- Quisiera poder decirte que Archie está equivocado, pero no puedo, Albert. Él tiene razón.
- Lo sé… y eso es lo que más me duele – concedió Albert con tono triste - Si pudiera volver el tiempo atrás te juro que cambiaría tantas cosas.
- Todos deseamos eso muchas veces, pero no vale la pena perder el tiempo en eso. El pasado ya no lo tienes; sólo el futuro.
- ¿Pero qué puedo hacer? ¿Cómo puedo borrar lo que hice?
- No puedes borrarlo, Albert. Si lo olvidas, vas a volver a cometer el mismo error. Tampoco quiero decir que necesites torturarte a diario con esto, pero sí debes afrontar las consecuencias, por duras que sean. ¿Me entiendes? Lo que acaba de pasar con Archie, lo que pasó antes con George, con tu novia… todo son consecuencias de tus propias acciones. Puedes elegir esconderte en una burbuja y hacer de cuenta que nada ocurrió, ignorando a todos. Pero si lo haces, sólo conseguirás volver a caer desde más alto y darte un golpe más fuerte. ¿Es eso lo que quieres?
- No, desde luego que no. Yo quiero arreglar las cosas.
- Entonces, Albert, sólo hazlo: arréglalas.
- ¿Pero cómo?
- Eso es algo que tú mismo debes descubrir. Sé que sueno como una vieja aburrida, pero te lo digo por experiencia propia. Yo también cometí muchos errores y tú lo sabes. Incluso tú mismo lo pasaste mal por mi culpa.
- No digas eso…
- Vamos, Albert, acabamos de conversarlo hace un rato.
- Sí, es cierto – concedió recordando la conversación anterior.
- Tú me perdonaste, ¿no?
- Sí.
- Bueno… piensa por qué lo hiciste. Piensa qué hice yo para que tú pudieras disculpar todo el daño. Desde luego, tú y Archie son familia y las cosas son muy distintas. Pero es precisamente por eso que no debes perder más tiempo del que ya has perdido. Tener una familia es un privilegio, Albert. Por favor, jamás lo olvides. Sé que tu familia no fue pues… bueno, tal vez no te dieron todo el cariño que tú necesitabas. Sé que las cosas pudieron haber sido mejores, pero Archie no tiene culpa en todo eso. Y si no te gusta cómo fueron contigo, tú tienes el poder para cambiarlo y ser distinto. ¿No crees que vale la pena intentarlo?
- Pero Archie es tan testarudo… - se quejó Albert.
- ¿Sólo Archie? – preguntó Candy.
- Está bien… los dos somos testarudos – concedió sonriendo Albert.
- Sí y mucho. Pero tú eres mayor, ¿no? Tú eres el patriarca y todo eso que siempre repites. Tú puedes hacer tu parte del trabajo para cambiar las cosas. O bien, puedes dejar que todo siga igual. No te digo que intentes cambiar a los Leagan, porque todos sabemos que eso es imposible, pero Archie no es una mala persona.
- Lo sé, lo sé.
- Y tú tampoco lo eres. ¡Vamos! Tú eres el príncipe de la colina, ¿recuerdas?
- ¡Ay, no, Candy, por favor! – reclamó Albert apenado - ¡No me llames así!
- ¿Y por qué no? – rió Candy.
- Porque no me gusta…
- Bueno, príncipe de la colina…
- Agggg…
- Tú sabrás arreglar las cosas. Estoy segura. Sólo deja de lado el orgullo, ¿quieres?
- Está bien… - aceptó Albert como niñito malhumorado.
- Además, te ves mucho más lindo cuando ríes, que cuando reclamas – le dijo Candy regalándole una carcajada que a Albert le pareció fresca y sanadora.
- Está bien, está bien… Ríete de mí. Eso me pasa por llamarte a estas horas – reclamó Albert en tono lastimero.
- Sí, es muy tarde. Si hubieses venido a casa, Pelusa te habría mordido, te lo aseguro.
- ¿Despertó con el teléfono?
- Desde luego. Está aquí a mi lado recordándome que tengo que dormir.
- ¡Y tiene razón! Candy, perdona por haberte molestado tan tarde con estas tonterías.
- No son tonterías. Gracias por la confianza. Cuídate y actúa como príncipe, no como gigante egoísta, ¿de acuerdo?
- De acuerdo – rió Albert.
- Adiós.
- Adiós. Gracias, Candy.
Se sentía mejor. Sólo unos minutos habían bastado y se sentía mejor. En realidad Candy no le había dicho nada que él no supiera. Tampoco le había dado alguna solución. Sólo le repitió lo que él ya sabía. Aun así, se sintió mejor. Pero incluso dentro del alivio que sentía, nuevamente la casa se le hizo grande y vacía… y sin querer, se encontró recordando las noches en que él la había consolado y aconsejado tal como ahora ella lo hacía.
La vida era caprichosa. Qué duda había.
CONTINUARÁ...
Hola: Algunos comentarios sobre sus comentarios :-)
1) "No contestaste qué es lo que descubrió Camille": Emmm... No. No lo contesté porque eso es parte de la historia. Es algo que uno hace para crear fidelidad al fic. Si te cuento el final, ya no tiene chiste la historia, pierde emoción :-)
2) Edades: Ummm... la verdad nunca las he escrito, pero digamos que son algo así: Candy, unos 25 años, igual que Annie. Archie es menor que Candy, así que digamos que tiene unos 24. Tom es mayor, así que tiene unos 27. Albert le lleva a Candy 8 años, así que tendría 33 y Camille Lefevre está entre Candy y Albert, así que digamos que tiene unos 26, porque es menor que Tom. Algo así :-)
3) Lucero: muchas gracias por tu último comentario. Tú sabes cual ;-)
4) Escribe más de Terry, escribe más de Terry, escribe más de Terry, etc: Jejejeje... La historia ya está escrita, no se preocupen ;-)
5) El siguiente mensaje es de Mondhexe y lo voy a copiar para que puedan entender todas mi respuesta (espero que no te moleste, Mondhexe)
Definitivamente se nota la influencia de la novela de Webster sería casi
plagio en el caso de Jervis Adley digo Albert. Definitivamente creo que la
aparición del arrollador Terry hizo que Mitsuki modificara la historia.
Si bien yo no hablaría de "plagio" por parte de Mizuky, entiendo tu comentario y concuerdo con él: la influencia de Papaíto Piernas Largas es evidente en la historia. Una de las razones por las cuales incluí estos extractos de la novela es justamente para animar a más fans de Candy a leer la que, a mi juicio, es LA principal fuente. Al leerla, además, uno entiende mejor aún cuál era la idea de Mizuky al crear Candy Candy.
Sin embargo, me permito con mucho respeto aclarar un punto: Mizuky no cambió su historia de ninguna manera. Tal como ella lo ha dicho en varias ocasiones, la historia es tal como ella la creó. Sé que muchas veces se comenta que la historia "cambió" porque se dieron cuenta de que el personaje de Terry era muy potente. Sin embargo, eso no es así. El animé (que es lo que la mayoría vimos por primera vez, en algunos casos, hace muuuchos años) no incluye el noveno tomo del manga Candy Candy. Como sabemos, la historia original es el manga, no el animé. El problema está en que la historia de Candy comenzó a publicarse en una revista y el final de la historia salió en la revista después que se terminó de hacer el animé. En el final del manga Candy se queda con Albert.
Terry optó por dejar a Candy por sentirse comprometido con Susana (por el accidente), pero aún así, después que Albert recupera la memoria y aún cuando él ya ama a Candy, se las arregla para volver a juntarlos. Candy llevaba meses buscando a Albert, incluso haciendo carteles que pegó por todas partes para tratar de obtener información sobre él. Albert, pensando que Candy aún ama a Terry, le envía a Candy un hermoso abrigo de regalo, con una nota en cuya firma dice "Rockstown". Candy deduce que eso significa que es ahí donde Albert vive y viaja a buscarlo, llevando puesto el abrigo que le regaló. Sin embargo, una vez en el pueblo lo que en realidad ocurre es que Candy encuentra a Terry, pero en condiciones que distan del gran actor que era. Con varias copas de más en el cuerpo, está en un teatro de mala muerte donde apenas hay un par de espectadores. Candy llora al verlo tan destruido, se pelea con unos espectadores que dicen que Terry no es un gran actor y a Terry, en medio de sus mareos, le parece ver a Candy. Su recuerdo lo anima y actúa como en sus mejores tiempos. Candy se da cuenta entonces de que él podrá recuperarse solo y retomar el buen camino. Tranquila, se va y dice adiós definitivamente a la historia con Terry. Pero hay más: a la salida del teatrucho se encuentra con Elenor, la madre de Terry, quien le pide que vuelva con él. Candy, sin embargo, le dice que no. Su historia con Terry, en serio, termina. De hecho, regresa a Chicago, decidida a seguir buscando a Albert, hasta que finalmente gracias a George se encuentran.
El tomo nueve del manga es súper importante. En él se ve cómo Candy definitivamente supera su relación con Terry y se ve, además, cómo el amor crece entre ella y Albert; se muestra el momento en que Albert descubre que él era el Príncipe de la Colina al cual Candy tanto quería; y también se muestra cómo de verdad Candy reaccionó tras descubrir que Albert era el tío abuelo William y, mucho mejor, cuando descubre que es su príncipe de la colina. Todo esto, que es fundamental, pasa en los últimos 5 minutos del animé. Pésimo. ¿La razón? Este tomo aún no estaba escrito cuando terminó el animé, sólo se conocía a líneas generales cómo terminaba la historia.
Creo que una de las mejores pruebas de que Candy realmente se queda con Albert está justamente en el hecho de que el final del manga no refleja el "impacto" que pudo tener Terry. Si Mizuky hubiese cambiado la historia producto del arrastre que pudo tener Terry, entonces en el tomo 9 del manga habríamos visto que Candy efectivamente vuelve con Terry. Sin embargo, aún sabiendo el impacto del animé, el final del manga muestra a Candy terminando definitivamente con Terry y corriendo (literalmente) a los brazos de Albert. Si tienen oportunidad de leer "Papaíto piernas largas" se darán cuenta de que el final del manga y de la novela son increíblemente parecidos, incluso en la forma en que Candy (Jerusa) descubre quién es en realidad el tío abuelo (Papaíto).
Con esto no quiero decir en ningún caso que el personaje de Terry sea menos importante. Es una lástima que estas cosas se confundan una y otra vez: decir que Albert se queda con Candy NO ES decir que Terry sea un mal personaje. ¡Para nada! Terry es un gran personaje y, nos guste o no, es junto a Anthony y el Príncipe de la colina quién más impacto causó en los fans del animé CC. Lamentablemente, el personaje de Albert no fue fin desarrollado en el animé y eso, creo yo, TAMPOCO debería ser usado para decir que Albert es malo o que no tiene importancia. El final del animé es pésimo y eso se debe a que no presenta la historia completa, sino que se salta el tomo nueve, el final, aquel donde están todas las respuestas a las interrogantes de la historia completa. Candy conoce al príncipe en las primeras páginas del manga y lo recuerda siempre. ¿Cómo se les ocurrió a los creadores del animé revelar ese misterio en un minuto y hacer que a Candy le de lo mismo? ¿Y cómo se les ocurrió vestir a Albert con ese mini kilt y ese traje de corbatín rojo y camisa con vuelitos? Tampoco lo entenderé nunca. De hecho, en el manga conserva su estilo hasta el final.
En fin. ¡El manga es genial! :-)
