El secreto de Hiei

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- Yusuke…Oh, perdóname, te desperté.

- Estaba cenando, no hay problema.

- ¿Estabas cenando a las dos de la mañana?

- Bueno…yo... ¿Y por qué tu llamas a las dos de la mañana? Espera, ¿Te hizo algo?

- No…No llamaba por eso.

- Conozco ese tono. No lo defiendas, no digas que es normal, Hiei se volvió loco la otra vez. En serio, temía que se repitiera esta tarde.

- Te agradezco tu preocupación. Pero llame porque… Necesito saber algo.

- ¿Qué necesitas?- dio un bostezo desde la otra línea.

- Me dijiste algo cuando estaba en la cárcel. Me insististe en que yo no sabía algo importante, ¿Podrías decirme de que se trata ese misterio?

-… ¿Hiei no hablo contigo sobre lo que paso, cuando te conoció?

- Me dijo, en resumen, que no sabía que era Youko y que me conoció por la obligación de una misión.

- Si, algo así. Pero, espera, hay más. Escucha, puede que lo odies ahora y estés confundido, pero hay razones para todo esto. Yo no conozco todos los detalles y se dé pocas cosas que podrían ayudarte a entender. No quiero que odies a Hiei, no lo merece si supieras,…

Realmente no quería hablar de Hiei, pero por Yusuke podría soportarlo. Necesitaba saber.

-¿Sabes porque Hiei quiere lastimarme?

- Kurama, no lo apoyo pero debo contarte…

El kitsune estaba preparado para oír alguna cruenta y terrible historia que justificara la actitud de Hiei, pero no se esperó escuchar lo que Yusuke tenía para decirle.

Que se desvió de la misión por un misterioso pelirrojo que había captado su atención. Que hizo un trato con Koenma, dando años de servicio a cambio de vivir en el Ningenkai con una fórmula que ocultara su yoki. Resignación al nuevo mundo, adecuarse a cambios jamás conocidos, desprecio a los ningen que llego a tolerar, conocimientos humanos que no deseaba y que acepto aprender, como el caso de las relaciones sociales y los sentimientos que no entendía ni en lo más básico. Yusuke confesó su aporte en el tema, una vez convertidos en compañeros.

Años de paciencia, trabajo y dedicación, años en un trabajo que despreciaba a excepción de la parte de matar, años en un mundo que no le gustaba pero al que volvía por alguien. Sacrificio.

Hiei había hecho cosas vergonzosas para su personalidad, denigrantes para su honor y aunque las odiara y su frustración estuviera implantada en cada fracción de su rostro las tomaba con aplomo y cumplía su parte. Para ir de regreso al Ningenkai, a esa pequeña casa humana, con ese humano vulnerable al que protegía discretamente.

La forma tan directa y desordenada de Yusuke en relatarle todo eso no lo confundió ni lo perdió, sino que lo sorprendió cada vez más, a cada nueva palabra.

El demonio había sacrificado su orgullo por él, se había reducido a ser un ningen en apariencia y disimulando debilidades, cuidándolo cuando no veía. Hiei nunca fue deshonesto, ni siquiera irresponsable… Simplemente, lo había decepcionado y enfurecido descubrir que la persona a la que cuidaba fervientemente era el demonio que buscaba para matar.

Se quedó toda la noche pensando y llego a la conclusión de porque Hiei lo quería muerto: Kurama lo hacía sentir, era su debilidad. Alguien tan orgulloso optaría por una pelea a muerte antes de dejar que alguien lo supiese o se aprovechara de eso, inclusive el propio Kurama.

Hiei quería matarlo porque era el único que podía destrozarlo. Se conocían, habían vivido juntos, tenían sentimientos. Eso, en el Makai, era un suicidio, aun si las cosas hubieran resultado en otro sitio, porque esencialmente ambos pertenecían al mundo demoníaco.

El curso de sus pensamientos lo abrumo.

No había duda. La próxima que se encontrara cara a cara con Hiei, pelearían a muerte.

Era definitivo. Si se encontraban de nuevo, uno de los dos perecería en las manos del otro.

- Hiei…

La leve brisa proveniente de la ventana, siempre abierta, alzo un poco las hebras de su cabello. Sentado en el umbral de la abertura, se entretuvo observando el cielo y los altos edificios. Esperando. A veces sintiéndose ridículo y lamentable, porque sabía que no aparecería.

Con el Jagan, Kurama era localizable. Le extraño que las Fuerzas Especiales, ni siquiera Koenma, instaran a Hiei a usar su habilidad y encontrarlo. Las palabras de Yusuke se repitieron en su cabeza. Siempre había sido Kurama la causa de Hiei, su razón para regresar y guardarse su desprecio hacia la humanidad y el Ningenkai… Había sido su culpa.

Miro la hora. No importaba realmente si era de mañana o tarde, igualmente nada pasaría. Hace unos días discutió con Youko y prácticamente le exigió que se mantuviera dormido, que después robarían. Youko le reclamo con palabras fuertes de "le temes a tu marido" y "eres un cobarde, más un iluso si piensas que me detendrás", hasta que le convenció. Necesitaban un respiro. Todo el mundo Espiritual y del Mal los buscaba, por distintas razones, y debían movilizarse antes que por quedarse en un solo lugar los descubrieran.

Youko tenía razón. Temía volver a ver a Hiei y sentir más que una quemadura. Realmente, no era la muerte lo que le aterraba. De lo que realmente sentía horror era verlo y saber que de verdad todo había terminado. Sabía que Hiei era hombre de palabra, que no decía las cosas solo porque si, para dar miedo o por alejar a la gente. Las decía totalmente en serio.

Esconderse en el mundo humano no era complicado para un demonio. Sentía añoranza, era todo. Lejos de su verdadero hogar, separado de sus amigos y su familia, escondido como fugitivo.

Su estilo de vida era lamentable, como la de un verdadero delincuente. No podía quejarse, tampoco sentirse avergonzado de cómo había acabado. Incomunicado con su madre, forzado a no hablar con Yusuke o algún amigo, sin marido ni su habitual guardarropa; estaba desolado.

¿A eso se había resumido todo?

Ni siquiera el objetivo de robar los tesoros que faltaban lo motivaba ya lo suficiente. Hace poco, Youko asqueo su pesadumbre y le reclamo volver a "sentirse vivo". Sin con la voluntad para enfrentarlo, accedió a sus caprichos y robaron de nuevo.

Nadie los atrapo. Fue un ataque sorpresivo, ingeniosamente planeado. Kurama llego a agradecer que su mente fuera ocupada para algo, inclusive si era para robar ilegítimamente. Mantuvo sus instintos en alerta y tuvo que concentrarse todo el tiempo, antes, durante y después del robo. Había pensando que Hiei estaría buscándole, con Yusuke forzado a atraparlo, las Fuerzas Especiales preparadas…pero ni uno ni el otro se aparecieron.

- Concentrémonos en esto. La pregunta ha estado sin respuesta durante semanas. ¿Cómo demonios nos encontraron en el mundo humano?

- No te entiendo.

- ¡Deja de lamentarte a la ventana! ¡Reacciona! Escúchame. Al principio, pensé que nos descubrieron en la zona de las gárgolas y sirenas por mera casualidad, porque la noticia de mi regreso estaba en boca de todos y la gema de Nogard era muy valiosa para estar en mi lista. La interrogante verdadera es como llego el detective espiritual a estar tan seguro como para aparecerse en el preciso instante de mi ataque.

- Es…Tienes razón. Dudo que Yusuke sospeche de algo así. …Aguarda, ¿Estas insinuando lo que creo?

- ¡Finalmente piensas en serio! No solo eso, ¿Y nuestro ataque al museo? ¿Cómo descubrieron que atacaríamos allí también? Estaban muy seguros que lo haríamos. El detective, tu amigo, tu marido, el Maestro del Jagan, y la milicia entera; todos estaban en posición y aparecieron justo cuando entramos.

- Eso…- abrió desmesuradamente los ojos, atónito- ¿Piensas que nos han engañado? Tú elegiste a tus compañeros, a esos demonios. Muchos murieron y no les contaste nada en especial.

- Dudo que hayan sido esos inferiores.

- ¿Y entonces? Hay demasiada coincidencia. De no haber pensado tanto en…

- Dilo, en "Hiei".

-…Lo habría notado también… ¡Youko! ¿Y tú informante, que me dices de el?

- Me ofendes. Por alguna razón es mi informante: es confiable. Yo lo elegí.

- Yo elegí a Hiei y mira donde acabamos.

Ambos se observaron, al menos en el espacio mental de Kurama. Youko está levemente recostado contra la pared, brazos contra el pecho y la expresión siniestra de pensar en algo sin buenos fines. Kurama parpadeo dos veces, reconociendo los pensamientos del demonio.

- Me encargare de Atsi cuando lo tenga en frente. Por el momento, no lo necesitamos. Tenemos que encontrar la Chain Viola y acabar con esto.

- Por más que me digas que es lo único que nos falta o que nadie nos está tendiendo una trampa, no quiero más.

- Amargado. Quédate a vivir escondiéndote y lamentándote a la ventana. Te dejaría si pudiera. Dejarme a mí el cuerpo y el tiempo. Así sabrás como yo me sentía.

- No empieces. Yo solo…Necesito descansar. Cállate.

-¿Estas molesto, quieres acabar con todo? Dame el cuerpo y yo nos daré cosas por las que vivir a los dos.

Apretó los dientes, pero ni siquiera pudo mirarlo con la mitad de la rabia que sentía.