Notas de la autora:

*Me disculpo por haberme tomado tanto tiempo en subir este capítulo. Ya lo había terminado, o eso pensaba. Luego, lo separé en dos; éste y el capítulo siguiente, y luego le añadí algunas cosas. Además, he estado trabajando estas últimas semanas y así estaré por el resto del año escolar. ¡Yay!

Notas de traductor:

¡Hola de nuevo! Bueno, les traigo el siguiente capítulo, para comenzar agosto a gusto… ¿Entendieron? Agosto a gusto… ¿Nadie? *corre en círculos* *mirada loca*
Gracias a Amia Snape, StoryTeller-Slash, ILSly (mega review :O), Maeliza Malfoy, Alfy-Malfoy, Allie Danger y DarkPotterMalfoy (con su maratón de reviews :D)… Aprecio todos y cada uno de sus mensajes…

Disfruten…


〪o 〫O〬 o〭

15 de febrero, 1999, las primeras horas de la mañana

Hermione y Harry se detuvieron al encontrarse en la sala común de Gryffindor. Cada uno se sonrojó, pues sabían exactamente lo que el otro había estado haciendo.

—Entonces, ¿tú y Ron arreglaron las cosas? —preguntó Harry, incómodo.

La chica asintió.

—¿También tú y Draco?

—Sí. —El chico se detuvo, esperando que ella le mostrara su nueva pieza de joyería, emocionada—. Bueno, veámoslo —dijo, y estiró la mano para tomar la de ella.

—Oh, cielos, ya lo había olvidado —dijo apresuradamente—. Quiero decir, no lo olvidé. Quise decir que parecía como si ya fuera parte de mí. ¿Tiene sentido? —Hermione estiró su mano izquierda, mostrando el modesto anillo con un diamante de corte simple.

—Tiene todo el sentido del mundo —dijo Harry, con una sonrisa—. De algún modo, ustedes dos tienen sentido.

La chica sonrió, negando con la cabeza.

—Fui tan necia por lo del bendito pastel que me arruiné el momento. Fue tan romántico con todo el asunto.

—Sí —dijo Harry—. Te perdiste un espectáculo maravilloso. La forma en la que las chispas cayeron y formaron las palabras. Se desperdició conmigo. —Rio.

—Temo haberme arruinado todos los gestos románticos en el futuro —dijo Hermione.

—Lo dudo mucho. Pienso que Ron va a tratar de sorprenderte con más ganas. Él sí que está chapado a la antigua. Solo mira a sus padres.
—Bueno, ¿qué pasó contigo y Draco? ¿También tuvieron una pelea al principio de la velada?

—Me mintió acerca de algo. Supongo que fue más como que omitió la verdad. Pero me lo confesó. —Harry frunció el ceño—. Al principio, no fui muy comprensivo.

—Pero lo resolvieron. Eso es lo importante —ofreció Hermione, con alegría.

—Sí. —Harry sonrió—. Me pidió que me mudara a la mansión con él.

—Oh, Harry, no vas a hacerlo, ¿verdad?

—No lo sé. Al parecer, tú no lo apruebas. —La frente de Harry se arrugó.

—No me corresponde —dijo Hermione, como siempre lo hacía cuando ofrecía su opinión—. ¿En serio podrías vivir en un lugar donde… muchos malos recuerdos se hicieron?

Harry suspiró con pesadez.

—Me he hecho esa misma pregunta. No lo sé, en realidad. Mione, no quiero vivir solo cuando salgamos de aquí. Pero tienes razón. No veo cómo podré estar cómodo viviendo en la mansión donde tú… —Harry se quedó sin habla.

La chica puso su mano sobre el brazo de él, frotándolo ligeramente.

—Solo quiero que seas feliz, Harry. Tal vez, tú y Draco puedan hacer nuevos recuerdos ahí. No lo rechaces solo por lo que dije.

—No eres sólo tú. Y, además, Draco tuvo varias pesadillas ahí. Le pedí que se mudara a la vieja casa de Sirius conmigo. Pero él se siente obligado a vivir con su madre. Por un tiempo, al menos.

—Entonces, tal vez no sea algo malo que ustedes dos vivan separados, mientras arreglan las cosas. Y, después de un tiempo, podrán encontrar un lugar nuevo donde comenzar desde cero, uno que no les traiga malos recuerdos a ninguno de los dos.

—Ésa es una buena idea, Mione. Lo pensaré. —Harry bostezó ampliamente—. Mejor me voy a la cama.

—Buenas noches, Harry. —Hermione lo besó en la mejilla y comenzó a caminar hacia su dormitorio.

—Buenas noches, futura señora Weasley —dijo él, con una sonrisa.

Harry entró a su propio dormitorio, para encontrarse con tres cuerpos que roncaban. Consideró lanzarles un hechizo para callarlos, pero luego decidió que estaba demasiado cansado como para dejar que un poco de ruido lo mantuviera despierto. Mientras los ojos se le cerraban, pensó en la sugerencia de Hermione. Le gustaba la idea de que él y Draco encontraran un lugar que fuera enteramente de ellos. Lo más seguro era que Ron y Hermione hicieran lo mismo, una vez que estuvieran casados. Estaba feliz por sus amigos, pero sentía una punzada de celos, pues él y Draco probablemente nunca podrían casarse. A menos que el gobierno británico y el ministerio se volvieran, milagrosamente, abiertos de mente y lo permitieran.

Mientras Harry dormía, soñó con el niño y la niña de nuevo. Vio a la mujer rubia por un momento, pero pudo ver mejor a la pequeña niña. No había duda de que era la hija de Harry. Los intensos ojos verdes lo revelaban. Otro niño, más grande que los otros y también pelirrojo, hizo su aparición en el fondo, momentos antes de que Harry despertara. Trató de obligarse a dormir de nuevo, sabiendo que era fútil.

Aunque el sueño le mostraba un poco más del acertijo, se sentía frustrado porque aún no podía comprender todo el panorama.

〪o 〫O〬 o〭

6 de marzo, 1999

—Draco. —Harry le enterró el codo al rubio en el costado, mientras caminaban hacia el Gran Comedor—. ¿Esos no son Justin y Millicent? ¿Estás seguro de que desmantelaste el juego?

Draco dio la vuelta, para ver a Finch-Fletchley y Millicent Bulstrode, besuqueándose en una esquina. No pudo evitar la mueca que sus labios formaron. No encontraba a ninguno de los dos remotamente atractivo.

—Qué asco —replicó Draco—. Pero estoy seguro de que el juego terminó. Ugh, deben haberse juntado ellos solos.

—Draco —lo regañó Harry—. Todos tienen el derecho de ser amados. ¿No es cierto? —dijo, con una sonrisa de suficiencia.

—No —dijo Draco fríamente, mientras miraba a Terry Boot, frente a ellos, caminando con McDougal y con Mandy Brocklehurst, en su camino al desayuno. Puso las manos en puño.

Harry dejó de sonreír cuando Morag giró la cabeza.

Mientras Harry y Draco continuaron su camino, Morag alentó su andar y se apartó de Mandy y Boot. Se detuvo para esperar que Harry y Draco lo alcanzaran.

—Hey, Harry —dijo en voz alta.

—¿Qué quieres? —dijo Draco, bruscamente.

—Nada, yo… solo quería decir que lamento lo que te pasó. Bueno, lo que casi te pasó en la boda de Ginny y Dean.

Para entonces, Boot también se había detenido, y los estaba mirando.

—Hicieron que casi lo mataran. Eso es lo que casi pasó —dijo Draco, que estaba que echaba chispas.

—Lo sé. Dean me lo contó. No queríamos que llegara a ese extremo —explicó McDougal.

—Habla por ti mismo —le dijo Terry a McDougal—. A mí me importa un bledo lo que le pase a estos dos.

Mandy estaba quieta, mirando cómo se desarrollaba todo, sin saber con exactitud lo que estaba sucediendo.

Morag respondió:

—Podríamos haber causado que mataran a Harry. ¿Eso no te molesta?

—Un maricón menos en el mundo —dijo Boot, encogiéndose de hombros.

Mandy dio un paso hacia atrás.

—¿Cómo puedes decir eso de Harry?

Morag se giró hacia Harry y Draco.

—Bueno, yo lo lamento. Y lamento haber tardado tanto en disculparme. Se suponía que iba a ser solo una broma. Eso es todo. Honestamente, no me importa lo que ustedes hagan en privado. Solo le seguí la corriente. —Señaló a Boot con el pulgar—. No volveré a cometer el mismo error.

Mientras Morag pasaba junto a Boot, el chico más grande no pudo quedarse callado.

—Tal vez tú también eres un lameculos. ¿Quién te necesita? Mejor ya no te me acerques. O te golpearé hasta el cansancio.

—No te preocupes —respondió Morag—. No me acercaré a ti a partir de ahora. —Mandy comenzó a seguir a Morag, hacia el Gran Comedor.

—¿A dónde crees que vas? —le preguntó Boot a la chica.

Mandy entrecerró los ojos.

—Estoy con Morag —dijo, y siguió al otro Ravenclaw.

Draco sonrió con suficiencia, mientras él y Harry pasaban junto a un enfurecido Boot.

—Parece que estás solo con tus convicciones —dijo, riendo.

Boot estiró los brazos y tomó a Draco del cuello de la camisa. Lo empujó contra una pared.

—Eres una maldita sabandija. Te mataré.

—No lo creo —dijo Draco, burlonamente.

—¿Por qué diablos no?

—Porque la profesora McGonagall está justo detrás de ti.

Boot lo soltó y dio un salto hacia atrás.

—Muy bueno, Draco —dijo Harry, riendo.

—¡Señor Boot, a mi oficina, de inmediato! —ordenó la directora.

Harry dio la vuelta y jadeó. No había entendido que Draco no estaba bromeando. Miró, con los ojos como platos, cómo McGonagall agarraba a Boot de la oreja, literalmente, y lo arrastraba hacia su oficina.

—Nunca había visto que una persona hiciera eso de verdad —comentó Harry—. Lo he leído en historias. Pero él es el doble de grande que ella.

Ambos chicos estallaron en carcajadas. Continuaron riendo mientras caminaban hacia la mesa de Gryffindor y se sentaban. Cuando por fin se calmaron, Ron, Hermione, Ginny y Dean los miraron, con la boca abierta.

—¿Qué? —preguntó Harry.

—Em, ¿te vas a sentar aquí? — le preguntó Ron a Draco.

—Oh, lo olvidé. —Draco rio, avergonzado, y comenzó a levantarse.

—No. Quédate. —Harry miró a Draco, rogándole con la mirada.

—Pero, no creo que deba hacerlo.

—Todos los demás pueden sentarse juntos —señaló Harry—. ¿Por favor?

Draco miró alrededor del lugar, para ver si alguien lo notaba.

—Siéntate —dijo Hermione, sonriendo—. Está bien. No creo que a alguien le incomode.

Vacilantemente, Draco volvió a sentarse, y los seis amigos comenzaron a comer. Harry les comentó a los demás lo que había pasado con los Ravenclaws, afuera del Comedor.

A la mitad de la comida, la profesora McGonagall regresó y se dirigió a la mesa principal. Miró a Draco mientras pasaba cerca de él, y luego lo volvió a mirar. Deteniéndose por un momento, asintió y le sonrió. El chico se sintió aliviado porque, al parecer, ella aprobaba su cambio de asiento.

Por el resto del año, Draco dividió sus comidas entre las mesas de Slytherin y Gryffindor, sin queja de nadie. Incluyendo a Terry Boot. Según descubrieron, el chico había sido expulsado de Hogwarts. Al parecer, Harry y Draco no eran las únicas víctimas de sus prejuicios. Susan Bones y Stewart Ackerly también se habían quejado de que Boot los acosaba. La amenaza de Boot contra Draco, afuera del Gran Comedor, había sido la gota que derramó el vaso.

Sin el líder de la pandilla, los demás alumnos involucrados en el acoso regresaron a las sombras con rapidez, dejando a Harry, Draco y los demás para vivir en paz, por fin.

〪o 〫O〬 o〭

21 de marzo, 1999

—¿Por qué tu madre quiere que vayas a casa? —preguntó Harry nerviosamente, empujando la comida sobre su plato.

—No estoy seguro —respondió Draco, metiéndose otro trozo de huevo en la boca.

—¿No estás preocupado?

Draco se encogió de hombros, mientras masticaba.

—¿Por qué estás preocupado, Harry? —preguntó Hermione.

—No estoy preocupado, exactamente. Pero, ¿no crees que sea raro, que quiera verte así, de la nada?

Girándose hacia Harry, Draco le sonrió.

—No es de la nada. Mi madre ha estado mandándome lechuzas. Te conté que quiere que regrese a vivir a la mansión cuando… —Se calló al instante, entendiendo que aún era un tema difícil para ambos—. Como sea, estaré de regreso esta noche.

Harry sonrió, poco convencido.

〪o 〫O〬 o〭

Narcissa extendió ambos brazos hacia su hijo.

—Draco, querido. Me alegra mucho que hayas venido a casa.

—¿Por qué no lo haría?

—Después de todo lo que ha pasado con tu padre, no estaba segura de que fueras a regresar a casa —confesó la mujer, mientras tomaba las manos de su hijo.

—Mientras él no esté aquí —aclaró Draco—. Y tú sí estés.

Narcissa le sonrió dulcemente a su hijo, y luego lo abrazó ligeramente.

—No quiero que te preocupes por eso de nuevo. Esta siempre será tu casa. Me aseguré de eso.

Draco se hizo hacia atrás.

—¿A qué te refieres?

—Me refiero a que es tuya.

—¿Mía? —Draco frunció el ceño—. Pensé que la única forma de que la casa fuera mía era por herencia. —Bufó—. Estoy bastante seguro de que mi padre cambió su testamento en cuanto leyó el artículo de Rita Skeeter.

Llevando a Draco a la sala de estar, Narcissa explicó:

—Lo intentó. Por favor, toma asiento. ¿Te gustaría un poco de té?

—Me encantaría.

—Poppy —dijo Narcissa. Una pequeña elfina apareció a su lado, vistiendo lo que parecía ser una pantalla de lámpara—. Tráenos un poco de té, por favor.

—Sí, ama. —Poppy hizo una reverencia y miró a Draco con nerviosismo.

—¿Te hiciste de un nuevo elfo doméstico? —preguntó—. ¿Qué pasó con Tinker?

Poppy retorció las manos, y miró a la madre y al hijo repetidas veces.

—El té, Poppy —dijo Narcissa con firmeza, pero sonrió. Poppy desapareció con un pequeño pop—. Liberé a Tinker. Tu padre lo adquirió. Nunca confié en el pequeño bribón. Poppy es dulce y leal.

Draco rio.

—Juro que el infeliz solía esconder mi varita. No creo que haya sido una coincidencia que parecía suceder cuando Padre estaba enojado conmigo.

—Sí. Tu varita no era lo único que se perdía —dijo Narcissa, enigmáticamente.

Poppy apareció con una bandeja de té y tazas, tambaleándose en sus pequeñas manos. Instintivamente, Draco estiró los brazos para detener la bandeja, luego la tomó y la llevó a la mesa. Poppy se quedó quieta, con las rodillas chocando y las orejas caídas.

—Perdone a Poppy, amo Draco —dijo Poppy, haciendo una reverencia.

Narcissa miró cómo Draco caminaba hacia la pequeña criatura. Él se puso de cuclillas y le acomodó su pantalla.

—Está bien, Poppy. Yo también puedo ser bastante torpe.

La elfina lo miró, con los ojos como platos.

—El ama nunca llama al amo Draco torpe. Oh, no.

Draco se acercó un poco más.

—El ama no sabe todo acerca de mí —dijo, guiñándole el ojo.

Poppy sonrió ligeramente, pero su expresión cambió cuando Narcissa se aclaró la garganta.

—Eso es todo, Poppy.

—Sí, ama. —La elfina se desapareció, dejando a Draco para que sirviera el té para él y Narcissa. El chico le llevó la taza a su madre y se sentó en el sillón, con la suya.

Narcissa aceptó la taza e inclinó la cabeza.

—Debo decir, aunque te pareces a tu padre más y más con cada año que pasa, eres bastante diferente.

—De acuerdo, madre. Dime qué está sucediendo. —Draco le dio un trago a su té—. ¿Por qué padre aceptaría dejarme la mansión, así como así?

Una pequeña sonrisa se formó en los labios de Narcissa.

—Bueno, eso no fue nada simple. —La mujer le dio un trago a su bebida y sostuvo la taza con ambas manos, sobre su regazo.

Draco esperó pacientemente a que su madre le explicara, terminándose su té.

—Le expliqué a tu padre que estaba precipitándose al expresar su deseo de desheredarte. Cuando hayas superado esta fase…

—No es una fase, madre —la interrumpió Draco.

Narcissa levantó la mano.

—Lo sé. Pero, mientras tu padre crea que lo es, estarás libre de su ira.

Draco bufó.

—Sin importar lo que haga, nunca estaré libre de la ira de mi padre.

Ella sonrió de lado, sabiendo que Draco probablemente tenía razón.

—Eso puede ser verdad. Sin embargo, eres un Malfoy. Tienes un derecho de nacimiento. Este es tu hogar y quería asegurarme de que lo fuera en el futuro.

—Pero, ¿cómo lograste que mi padre me la dejara, en vez de que me la heredara en su momento?

Narcissa repasó la habitación con la mirada.

—Puede que lo haya chantajeado.

—¿Con qué? Espera, no quiero saberlo —dijo Draco.

—No, no quieres. Draco, tu padre estará en Azkabán por mucho tiempo. Y yo quiero que vivas aquí, si así lo deseas.

—Y sí quiero, pero… Madre, le pedí a Harry que viva aquí conmigo.

La mujer elevó las cejas ligeramente, sorprendida.

—¿Cómo?

—Quiero decir, con nosotros. Claro, así será si es que no te incomoda —dijo Draco, trabándose un poco.

—La mansión es tuya y puedes hacer con ella lo que quieras. Incluso, pedirme que me vaya. Yo no tengo poder sobre esta casa —dijo Narcissa.

—Nunca te pediría que te fueras —replicó Draco, indignado—. Y tú no eres la razón por la que Harry no quiere vivir aquí.

—Entonces, ¿te rechazó? Tal vez el chico tiene más sentido común del que pensé.

—¿A qué te refieres?

—Es un poco pronto para planear ese tipo de cosas entre ustedes. Solo han estado juntos por un periodo corto. Tal vez, su lujuria por ti está disminuyendo.

—No es lujuria —lo defendió Draco—. Lo amo. Y él me ama.

Un pequeño jadeo escapó de la boca de Narcissa. Aunque la mujer no había aceptado completamente la pasión de su hijo por los hombres, creía entenderla y aceptarla. Hombres, sí, pero no ese hombre en particular. Había tolerado el amorío, pensando que sería algo pasajero, y que ambos se olvidarían de todo cuando sus lujurias, propias de la edad, hubiesen sido satisfechas. Eso era lo que le había dicho cuando su hijo le confesó, por primera vez, su relación.

—Draco, no le deseo ningún mal al chico, pero tampoco creo que sea el mejor candidato para ti. Estoy segura de que puedes ver eso.

—¿En qué te basas, con exactitud?

La mujer puso los brazos en jarras.

—Primero, su tumultuosa historia. ¿Has olvidado ya lo que te hizo en sexto año?

—No, claro que no. —El chico imitó la postura de su madre—. Hemos hablado de eso. De todo. Se ha disculpado, y yo también lo he hecho, por toda nuestra antigua… insensatez. Harry dice que él cree que siempre nos hemos sentido atraídos, el uno por el otro. Simplemente, no sabíamos cómo expresarlo. Entonces, para mantener la atención del otro, peleábamos.

Narcissa sonrió de lado y se relajó un poco.

—Bueno, supongo que no serían la primera pareja en empezar siendo enemigos mortales —dijo, riendo. Estando en Slytherin, había visto muchas relaciones comenzar de esa manera.

—Hemos cambiado, ambos, para bien. Te guste o no, madre, Harry y yo vamos a estar juntos para siempre.

La mujer estiró el brazo y acarició un lado del rostro de Draco.

—Es fácil creer eso cuando eres joven. Y ustedes son tan jóvenes.

—No solo es algo que creo. Lo sé. Madre, Harry y yo estamos unidos.

La mujer retiró la mano.

—¿Qué? No puede ser.

—Es verdad. Nuestra magia está atada, para siempre.

La taza de Narcissa cayó al suelo, rompiéndose, cuando la mujer se puso de pie.

Poppy apareció al oír la porcelana rompiéndose.

—¿El ama está bien? Poppy limpiará.

—Gracias, Poppy, pero estamos bien —replicó Draco—. Creo que será mejor que nos dejes encargarnos. —Urgió a la elfina a que se fuera, antes de que su madre se pusiera demasiado enojada y se desquitara con ella.

—No. Eso es imposible. Necesitarían un oficiante, uno con conocimientos en uniones del mismo sexo.

—Madre, cálmate. —Draco puso su taza sobre el suelo, antes de llegar al lado de su madre.

—¿Qué inescrupuloso oficiante uniría a dos jóvenes? ¡Dime quién fue! —Narcissa estaba furiosa. Su hijo no solo había hecho algo permanentemente estúpido, sino que lo había hecho con su antiguo archienemigo. Iba a exigir la cabeza del inmoral, poco ético y vergonzoso oficiante que había realizado la ceremonia. Y, si resultaba ser hombre, también exigiría sus testículos.

—Fue Harry —susurró Draco. Fue más como si articulara las palabras.

Narcissa se acercó a su hijo.

—¿Qué?

Inhalando profundamente, Draco respondió, en un volumen un poco más alto.

—Fue Harry. Inadvertidamente, él comenzó todo. Luego, mi magia respondió y completó la unión.

Quieta cual estatua, con la boca abierta, Narcissa miró a su hijo. Era imposible que hubiera escuchado correctamente. En su vida, jamás había escuchado que tal cosa sucediera.

—¿Unión espontánea? —preguntó, en voz baja.

Draco asintió.

—Sí, así la llamó el sanador. Dijo que nunca había visto un caso así, con sus propios ojos. Pero que había escuchado que sucedía.

Sentándose lentamente, la madre de Draco parecía completamente deprimida.

—Madre, ¿estás bien?

Ignorando la pregunta, la mujer formuló una propia.

—Y, ¿esto te hace feliz?

—Oh, sí. Es como si Harry estuviera siempre conmigo. No literalmente, claro. Pero, si me concentro, puedo sentirlo. Como ahora, incluso cuando estamos separados, puedo sentir que su magia es fuerte. Es un sentimiento reconfortante. Y el sexo… —dijo, olvidándose de dónde estaba.

Narcissa apartó la mirada.

—No quise avergonzarte, madre. —Cuando la mujer no respondió, el chico preguntó: —¿Qué sucede?

Cuando su madre lo miró, el chico pudo ver un brillo en el borde de sus ojos y una tristeza que le partió el corazón.

La mujer tomó una de sus manos entre las de ella.

—Draco, querido, todo lo que siempre he deseado es tu felicidad. Si esto te hace feliz, entonces lo acepto. Si Harry te ama tanto, entonces aférrate a él. Aférrate con todo lo que tienes y nunca lo sueltes. —La mujer sonrió, pero el gesto no alcanzó a sus ojos—. Pero, Draco, asegúrate de que lo amas con la misma intensidad. No hay algo peor que amar con todo tu corazón y obtener nada a cambio —le advirtió.

El chico quería preguntarle si estaba hablando por experiencia pero, muy dentro de él, sabía que no era necesario. Sus padres no habían realizado una ceremonia de unión, y Draco se preguntaba si había sido por la falta de compromiso de su padre hacia Narcissa. Había visto cómo Lucius la humillaba con sus devaneos. Su expresión melancólica revelaba su dolor.

—Lo haré. Lo hago. No desperdiciaré esta oportunidad que se me ha dado. —Abrazó a su usualmente estoica madre, quien, respondiendo al gesto, lo abrazó con intensidad. Ahora, el chico entendía que su naturaleza desapasionada era, probablemente, auto preservación. Al asimilar su propia alegría, su corazón dolía por su madre—. Gracias, madre. —Se separaron y ella le retiró el cabello de la frente, como lo hacía cuando era un niño.

—Creo que no te he dicho lo bastante seguido cuánto te amo —le dijo ella, sonriendo.

—Yo también te amo. —Las palabras, que una vez le fueron extrañas y perturbadoras, ahora eran liberadoras. Gracias a Harry, ya no tenía miedo de mostrar su vulnerabilidad.

—Lamento no haber sido lo suficientemente fuerte para oponerme a tu padre durante la guerra. Haré todo lo que pueda para compensártelo.

—Nunca te culpé.

—Debimos haber escapado, antes de que los mortífagos resurgieran —sugirió Narcissa.

—Habrían hecho… —De repente, jadeó—. Mortífagos. —Draco tomó a su madre del antebrazo, con firmeza, y sonrió con emoción—. ¡No puedo creer que olvidé contártelo!

La mujer no pudo evitar sonreír también, sin tener idea de por qué lo estaban haciendo. Draco se levantó la manga izquierda de su suéter, hasta el codo. Narcissa lo miró por un momento, sin registrar la desnudez de su brazo, al principio.

—Draco, yo no…

El chico ladeó la cabeza, mirando a su madre como si estuviera diciendo "¿Es en serio?"

Comprendiendo finalmente lo que estaba viendo, o más precisamente, lo que no estaba viendo, Narcissa gritó.

—¿Qué pasó? No entiendo. Nadie ha sido capaz de purgar por completo la marca.

—Harry lo hizo. Bueno, el sanador está bastante seguro de que él lo hizo. Es solo que no puede entender cómo lo hizo. Sucedió cuando nosotros, em, durante la unión. —No le había dado los detalles acerca de su "ceremonia" de unión a su madre; no obstante, el recuerdo lo hacía sonrojarse.

—Sorprendente —se maravilló Narcissa. Miró a su hijo a los ojos—. Tal vez estaba equivocada. Parece que Harry Potter es la pareja perfecta para ti, después de todo. Supongo que no puede ser mera coincidencia el que ustedes dos hayan terminado juntos.

—No. Fue el destino —dijo él, sonriendo.

Draco se fue de la mansión sintiéndose feliz y confiado. No se había percatado de cuánto le importaba tener la aprobación de su madre. Pensó que era irónico, pues había pasado toda su vida tratando de ganarse el favor de su padre, cuando su madre había estado dispuesta a dárselo sin problemas. Juró nunca volver a subestimarla. Y que haría lo que fuera necesario para asegurar su felicidad.

〪o 〫O〬 o〭

Más tarde, Harry y Draco estaban sentados en el sillón de la sala común de Gryffindor, con un libro abierto entre ellos. La mano izquierda de Harry hacía círculos en el muslo de Draco, mientras estudiaban su lección de Herbología. Durante la velada, Harry dejó que su cabeza descansara, lentamente, sobre el hombro de Draco.

—Potter, ¿estás poniendo atención?

—¿Eh? Oh, sí. "Laurel".

Draco rio suavemente.

—Estábamos en "levístico". (1)

—Oh. —Harry se le pegó un poco más—. Lo siento. Estoy cansado de estudiar.

Draco cerró el libro y lo arrojó a un lado. Ron, que estaba sentado en el suelo con Hermione, se espabiló cuando vio eso.

—Ellos ya terminaron. ¿Nosotros no podemos terminar también? —se quejó.

Hermione odiaba admitir que también estaba cansándose de estudiar. Entonces, suspiró dramáticamente para darle efecto.

—Supongo que ya estudiamos lo suficiente, por ahora. —Con cuidado, cerró el libro, marcando el último lugar con un pergamino lleno de notas. La chica miró a Harry y Draco y sonrió. El verlos como estaban, en ese momento, casi hizo que se olvidara de que su antigua rivalidad había existido. Miró cómo Harry alzaba la mirada hacia su amante, que estaba cautivado por el crepitante fuego.

—¿En qué estás pensando? —preguntó Harry en voz baja.

Sin querer escucharlos a escondidas, Hermione regresó su atención hacia Ron. El chico la aceptó, más que feliz.

Entretanto, Draco besó la frente de Harry.

—Nada de lo que debas preocuparte.

—Hmm. No estaba preocupado, hasta que lo dijiste. ¿Estás pensando en la visita a tu madre? —Harry se sentó más derecho—. ¿En serio nos dio su bendición? —preguntó tentativamente.

—Sí. Todo lo que dije fue verdad. Lo juro.

—¿Pero…? ¿Hay algo que no me contaste?

Removiéndose en el sillón, Draco exhaló.

—Sí. Pero no quería poner más presión sobre ti.

—¿Qué sucede? —preguntó Harry, con nerviosismo.

—No es algo del otro mundo —comenzó Draco—. Principalmente, mi madre quería que fuera a casa para decirme que la mansión es mía.

—Tuya. ¿De qué me estoy perdiendo? ¿Qué no siempre ha sido tuya?

—Me refiero a que es solo mía —explicó Draco—. Mis padres me la dejaron. Mi madre, dispuesta. Mi padre fue obligado, por mi madre. —La comisura de su boca se levantó un poco, al pensar en que su madre estaba aprovechándose de Lucius.

—Y no querías contármelo porque…

—¿No es obvio? No quiero que te sientas obligado a venir a vivir conmigo.

Harry frunció el ceño.

—¿Obligado? Quiero vivir contigo.

—Solo que no en la mansión.

—Yo… no lo sé —dijo Harry, con honestidad.

—Por eso no dije nada. —Draco se acercó más hacia Harry—. Ni siquiera he decidido si yo quiero vivir ahí.

Alzando las cejas con sorpresa, Harry le preguntó:

—¿No has…? No sabía que tenías dudas. —Harry lo vio como la oportunidad para sacar a colación la sugerencia de Hermione, acerca de su situación de vivienda—. ¿Sabes? Podríamos encontrar un lugar que sea solo nuestro. Sería en algún lugar donde pudiéramos comenzar desde cero, sin recuerdos dolorosos. Por mucho que quiera a Sirius, su casa se siente…

—¿Cómo tu enemiga? —terminó Draco.

Harry rio.

—Bueno, no lo había pensado de esa manera. Pero, sí, algo así. Estoy bastante seguro de que Kreacher me odia y el retrato de Walburga Black debe estar cubierto siempre, si no, me grita.

—Eso, junto con las atrocidades que se llevaron a cabo en la casa de mi familia, hace que el argumento de encontrar un apartamento para ambos sea algo bastante convincente —comentó Draco.

Una gran sonrisa cubrió el rostro de Harry.

—¿En serio? ¿Querrías hacer eso?

—Mi madre estará decepcionada —dijo Draco—. Pero creo que entenderá. Aunque, en definitiva, eso nos obligará a visitarla seguido. —El rubio sonrió con suficiencia.

Harry estaba feliz de que Draco hubiera aceptado que encontrar su propio lugar para vivir era una buena idea, pero se sentía un poco culpable de que el heredero Malfoy fuera a renunciar a la casa en la que había crecido. Renunciar a la antigua y siniestra casa de Sirius no sería tan difícil para Harry. Solo se aferraba a ella por razones sentimentales.

Abrazando a Draco con fuerza, Harry trató de transmitirle su agradecimiento.

—Gracias. Será genial. Ya lo verás.

〪o 〫O〬 o〭

*Comienzo a deprimirme un poco. Esta historia terminará pronto y no tengo una nueva en mente.


(1) En el texto original, Harry dice "Leeches" (Sanguijuelas) y Draco le responde que estaban en "Lovage" (Levístico). El laurel me lo saqué de la manga… :D


Notas finales:

Como nota aparte, resulta que el día 29 de julio superé el récord de hits en la historias… 1, 410 visitas… Y eso es lo más a lo que he llegado en mi tiempo en el sitio.

Por tanto… ¡Mil gracias a todas y todos!

Bueno, ya, hasta la próxima.

Adigium21