PECADOS EN LA SANGRE
Capítulo XXVIII
"Remolino de sentimientos"
—Me dijeron que aquí está la persona más inteligente de la Tierra —musitó sin soltar del cuello al débil anciano que lo miraba sin llegar a reaccionar del todo, eso al juzgar por su expresión entre sorprendida y divertida.
—El mundo es muy grande, señor... —balbuceó Brief, quien empezaba a reaccionar pero no lograba meter tan bizarra escena en su cabeza—. No sé si soy el más inteligente o no... Tal vez sí —y rió casi con inocencia.
Vegeta, desquiciado por no ver en ese extraño sujeto ni una pizca de temor que, por lo general, él generaba en todo ser vivo, sacudió al anciano lanzándolo lejos de él y lo señaló con un dedo acusador.
—¡TONTERÍAS! —gritó sin paciencia que valiera—. No me importa NI UN POCO si tú eres el más inteligente o no, ¡jamás dejarás de ser un simple y débil terrícola para mí! Lo que quiero es conocer la tecnología de este planeta, sabandija.
Brief se puso serio: acababa de comprender que la situación era preocupante, más aún al ver que la ropa del tipo al que tenía en frente no era común de la Tierra y al ver una especie de "cola de mono" enredada en la cintura del ser.
Intentó restarle importancia a la situación y, luego de ponerse de pie, se acercó lentamente a Vegeta.
—Muchacho, yo puedo ayudarte... —explicó sin saber qué tanto afectarían esas "insignificantes" palabras a su vida y la de su familia—. Pero no lastimes a nadie, te lo pido... —movió los brazos frenéticamente frente a él e intentó alejar aunque fuera un poco la furia y la exasperación que ese hombre le mostraba—. ¿Eres de la Tierra?
Vegeta no ocultó la respuesta a esa pregunta:
—¡NO ME HAGAS REÍR! —espetó—. Si fuera terrícola ya me hubiera suicidado, ¡este planeta está lleno de seres insignificantes, ya te lo he dicho! Soy un saiyan, ¡eso debería ser mucho honor para ti, insecto! Quiero tu maldita tecnología... ¡Estuve observando y vi esa especie de "cápsula" que se transforma mágicamente en cosas... ¡QUIERO SABER CÓMO LO HACEN! Y me lo dirás... —Vegeta creó una bola de energía en la punta de su dedo índice y apuntó directamente a Brief, quien vio la vida pasar frente a sus ojos pero, de todas formas, no lograba alejar la incertidumbre y el hambre de conocimiento que tan particular ser le generaba.
—¡Te lo diré! —respondió, volviendo a mover nerviosamente sus brazos—. Pero esperarás aquí, en mi casa... —suspiró con desgano—. Sin matar a nadie, ¿sí?
Vegeta apagó automáticamente el poder de su dedo, sonriendo satisfecho.
—¿Ese es tu precio, insecto?
Brief asintió sin saber qué hacer, si reír o llorar.
—Está bien —aceptó el Príncipe de los saiyans, extendiendo una mano hasta el anciano y estrechándola con fuerza, casi llegando a lastimar al terrícola—. Así será...
Un silencio se apoderó del ambiente, el cual fue interrumpido por unos gritos chillones que provenían de la puerta del laboratorio de Brief, el cual tenía un hermoso hueco en la pared, producto de la escandalosa llegada de Vegeta.
—¡PAPÁ! —se escuchó gritar a una voz femenina—. ¡¿Qué mierda ha sucedido? Todo tembl...
Entonces, la mujer se quedó completamente en silencio, observando detenidamente a quien acompañaba a su padre, olvidándose irremediablemente de su progenitor.
Sí, así de fuerte había sido el sentir de ella...
—¿Quién es? —Preguntó sin ser capaz de respirar, deslumbrada por ese hombre de frente ancha y altura no muy destacada que la observaba con furia y algo más—. ¿Qué ha sucedido aquí?
Vegeta la observó, y...
"Su voz chillona me irritó tanto que deseé matarla. Aún siento el zumbido en mis oídos producto del chirrido de su voz...".
—Maldita terrícola...
Despertó pensando en ella como cada mañana, siendo atravesado por un molesto dolor de cabeza.
Nada parecía anormal.
Tantas mañanas despertando de igual forma, sólo diferenciando unos amaneceres de otros por la presencia o no de hermosas mujeres que le hacían compañía cada tanto...
Pero ya no deseaba ver a ninguna. Ni siquiera a Ela, su amante más duradera.
"Siento asco al pensar en otras mujeres...".
Y todo por tener el recuerdo más vivo que nunca, la imagen cada día más clara...
"Bulma...".
Recordar en sueños el primer encuentro de él y ella ya no era algo "bonito". Era, más bien, una pesadilla.
Se desperezó frente a su ventana y admiró el Reino a través del marco que ya no tenía vidrios protectores que sostener, todo producto de su ira del día anterior.
"Trunks debe estar con Bra, sino ya hubiera vuelto".
Y ese pensamiento lo enloquecía.
—Espero ni se le ocurra traerla aquí.
Vegetasei no era un lugar para Bra, ella nada tenía que hacer allí.
Pero... ¿Y si sus hijos deseaban respuestas a preguntas que no tenían algo que se le pareciera?
—No la traigas, Trunks...
Faltaban únicamente dos días para que el plazo se acabara y los ancianos de Clase Alta atacaran la Tierra. Faltaba demasiado poco para el fin y el principio de muchas, muchas cosas...
"Si la traes te mataré...".
Porque si la veía terminaría de enloquecer.
—Trunks... —Goten lo observó por eternos y silenciosos segundos, sin ser capaz de decir o hacer nada... ¿Qué podía decirle? Nada lo haría sentir bien...—. Lo siento, realmente lo siento...
"Mucho más que eso no puedo decir".
El joven de Clase Baja agachó su cabeza y respetó el silencio de su Príncipe, inevitablemente incómodo pero con absoluto respeto.
"Trunks no merece esto...".
Al juzgar por sus ropas y su imagen, era obvio que Trunks estaba feliz allí, disfrutando de una libertad que jamás se le había concedido. Ahora era libre, o eso parecía... ¡Tantas contradicciones! Tanta injusticia regada perfectamente en el silencioso y triste rostro de ese miembro de la Realeza saiyan...
Trunks lloriqueó un tanto más y se puso de pie de un instante al otro, limpiando sus lágrimas con cautela y mirando a Goten de la forma más seria e indescifrable del universo.
Vacuo, sin sentir alguno...
—No quiero que muera más gente, ya no —aseguró sin dejar de mirar a Goten—. Ha muerto demasiada gente... Demasiada...
Goten parpadeó varias veces e intentó entender el mensaje oculto detrás de esas tristes palabras.
"Tal vez su madre no está...".
Giró hacia donde Trunks estaba mirando y se topó con una tumba, la cual reconoció gracias a las descripciones que su padre le había dado alguna vez.
Caminó hacia allí sin hacer ruido alguno, sólo siendo audibles sus pasos sobre el suelo. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, logró leer el mensaje que tan claro estaba al frente de esa tumba.
—Mi madre —susurró Trunks detrás de él—. Entre las personas que murieron por un insignificante pecado cometido por mi padre, está mi madre...
Goten se quedó, instantáneamente, sin habla.
"Que crueldad...".
—Lo siento... —repitió el muchacho—. Realmente lo siento...
—Bueno, esas son todas las dudas que tenía... —suspiró Bra con una sonrisa, contemplando una igual en Pan.
Ambas orgullosas, altivas, soberbias...
"Somos dos malditas saiyan".
¡Era tan consciente de ello! Consciente de cuánto de saiyan había en ella... Ya no lograba sentir remordimiento alguno, todo estaba dicho, todo estaba claro como el agua.
La conversación había girado hacia cuestiones culturales de su raza paterna, impresionándose al ver que esos guerreros espaciales eran más especiales de lo que le habían sonado en principio: tenían una cultura extraña e interesante; tal vez no tan extensa, pero sí llamativa...
—Que bueno que se terminó —Pan bostezó y estiró sus brazos hacia arriba, desperezándose—. Ya me estaba aburriendo...
Bra aprendió a entender esas palabras de Pan y no se irritó al escucharla decir semejante cosa.
—Yo también —dijo entre risas.
Sin nada más por hacer ni por decir, las muchachas decidieron ir a buscar a Trunks, a quien ambas extrañaban de formas diferentes pero igual de sentidas.
"Es el lazo que nos une, por eso debemos llevarnos bien... O eso me gustaría", pensó Bra para sí, satisfecha por la charla que, le parecía, acababa de fortalecer un poco la fría relación que ella y su cuñada se habían forjado ni bien conocerse.
Caminaron en silencio hasta el patio, lugar en donde, como las dos lo supusieron, Trunks se encontraba... Grande fue la sorpresa de ellas al ver que él no estaba solo...
Bra permaneció petrificada en la puerta trasera de su casa, cosa contraria a Pan, quien salió corriendo disparada hacia su hombre y a quien le hacía compañía.
—¡¿Tío? —gritó la adolescente al acercarse lo suficiente.
Goten abandonó el semblante frustrado que gobernaba su rostro desde hacía minutos enteros al escuchar esa voz, la voz de una de las personas que más apreciaba...
La luz de la familia: su sobrina.
Giró hacia ella y se encontró con una Pan que era y no era la que él conocía...
"Algo es distinto".
—¡Sobrina! —gritó con todas sus fuerzas, abalanzándose sobre ella sin que la muchacha pudiera evitarlo—. Que gusto ver que estás bien...
Pan no vio bien a Goten, algo andaba mal... Más segura estuvo de ello al mirar a Trunks: su hombre estaba silencioso, dándole la espalda a los presentes.
"Si el tío está aquí...".
Se quitó de encima a Goten y le dedicó su peor cara:
—¡¿Qué mierda haces aquí? —indagó de una forma por demás irrespetuosa.
Goten rascó su cabeza con confusión, como siempre.
—La Tierra corre peligro... —aseguró luego de ponerse serio.
Pan se paralizó al escucharlo.
—¡¿De qué hablas? —preguntó sin lograr comprender del todo.
Todo era grito entre tío y sobrina; mas los dos híbridos que estaban cerca de ellos seguían en silencio.
Bra observó a Trunks desde la distancia, acercándose tan sólo un poco a él, intentando mirarlo a los ojos, tratando de sacarle algo de información haciéndolo...
Trunks sintió una mirada sobre él y no se equivocó: su hermana lo observaba en completo silencio y al borde de la angustia, de la incomprensión.
—Trunks... —susurró de forma casi inaudible—. No...
Su hermano se sintió aún peor al ver a Bra. Ahora lo sabía: no podría quedarse con ella.
"Lo siento...".
En medio de un remolino de sentimientos que tan tensa y desafortunada situación le generaba, Trunks deseó llorar pero no se lo permitió a sí mismo, simplemente se acercó a su hermana lo más posible, abandonando momentáneamente a los otros saiyans presentes.
Mientras Goten continuaba explicándole a Pan los últimos sucesos, dos hermanos se encontraron en medio del patio. Cara a cara, lo único que pudieron hacer fue abrazarse, sintiendo el uno en el otro lo que estaba sucediendo, adivinando toda respuesta en la mirada azul del contrario...
Ambos lo sabían: la paz había llegado a su fin.
¿Había existido acaso? ¿Había llegado a existir?
Tal vez, la respuesta era NO.
—Perdón... —se desmoronó Trunks en brazos de su hermana, desarmándose en la disculpa más sentida de su vida—. No puedo quedarme, Bra...
Y eso rompió en corazón de la joven.
Bra lo supo al ver a ese sujeto extraño en el patio, lo supo al ver a Trunks triste... Pero...
"¡No es justo!".
Las cosas debían ser distintas...
"No estoy lista, Trunks... No puedo dejarte ir...".
Se separó del pecho de su hermano y volvió a mirarlo, queriendo matar con tal de no ver nunca más la tristeza de esos ojos.
"Te arrancaría los ojos con tal de ver algo más bello reflejado en ellos...".
¡Sí! No era justo, no para Trunks, quien en sus ojos reflejaba la enorme bondad de su alma. A pesar de la locura, a pesar de la sangre y las muertes...
De todo...
Soltó a Trunks y miró desafiante hacia el desconocido. Corrió hacia él sin que su hermano pudiera detenerla y, al tenerlo frente a frente, lo abofeteó con todas sus fuerzas.
Goten no llegó a reaccionar, cayendo al suelo luego del abrupto golpe.
—¡IMBÉCIL! —gritó a todo pulmón—. ¡VETE! ¡¿Para qué mierda viniste? —cayó al suelo de rodillas, presa de la impotencia, y tapó su boca con sus manos, odiando a quien tenía en frente—. ¡¿POR QUÉ ME QUITAS A MI HERMANO, POR QUÉ? ¡POR QUÉ!
Goten no abrió más los ojos porque sus párpados no se lo permitieron.
Trunks se acercó a Bra e intentó contenerla, trató de detener el momento de furia que estaba teniendo; mas era imposible.
Estaba devastada.
Pan palideció ante la situación, reconociendo el gran cariño de esa muchacha por su pareja y agradeciendo la furia, la inmensidad de su sangre personificada en tan cruel escena.
"Eres saiyan, cuñada...".
Realmente lo era.
Bra siguió gritando incoherencias e hirió a Goten con la mirada, atacándolo con dagas azules y filosas...
Y Goten...
"No es posible...".
Goten intentó ponerse de pie pero no pudo. Intentó, en vano, hablar... Tampoco pudo.
Nada podía hacer, no ahora...
"Ella...".
Intentó respirar pero le fue imposible...
"Ella...".
Sintió su piel erizarse y supo que poco le importó la noticia... ¡Era la hermana de Trunks! ¡La Princesa de los saiyans! La Princesa oculta en un planeta lejano...
Y nada de eso le interesó.
Lo único que le interesó fue...
"Sus ojos".
Logró parpadear por fin y todo ardió bajo sus párpados, maldiciéndose por ser tan idiota.
"Sus ojos, esos ojos...".
La bofetada, la caída, la furia...
La fuerza...
—¿Cómo te das cuenta de que has elegido a una mujer, tío? —inquirió, repentinamente, un joven Goten a Raditz, quien rió durante varios segundos por causa de esa estúpida pregunta.
—No te "das cuenta" —respondió por fin, tomando una fruta de un árbol en aquel lejano planeta de la Galaxia del Sur, el cual acababan de conquistar hacía unos momentos—, sólo lo sientes.
Y él lo sintió.
El instinto actuó sobre su cuerpo y le señaló a la híbrida con una flecha de sangre, haciéndole entender que era tarde...
"Ya no podré dejar de mirarla...".
Jamás había visto a una criatura más hermosa, ¡jamás! Ni en sus más bizarros sueños, ni en sus más retorcidas fantasías de adolescente con las hormonas revueltas por todas las novedades que esa etapa le daba a toda persona... ¡Nunca! No tenía tanta imaginación, porque para imaginar algo tan perfecto había que ser dueño de la mente más infinita del universo.
Había que ser un genio, y él no lo era.
Jamás lo había sido, eso sentía y sabía de sí mismo...
Deseó detener las lágrimas que caían de esos orbes azules pero no sabía cómo... ¿Había forma de hacerlo? ¿Se podía detener tanto odio?
Dejó de ser consciente de sus actos, pues esos ojos lo controlaron cual marioneta, y posó sus manos sobre los hombros de esa mujer, la más perfecta, la más hermosa.
La perfección antropomorfa, la mujer divina que tenía frente a él.
—Perdóneme, Princesa de los saiyans —soltó los hombros y se arrodilló frente a ella, haciendo una sentida reverencia común en su raza cuando de la Realeza se trataba—. Nunca hubiera querido hacerla llorar, Alteza.
Bra perdió el aliento al ver algo semejante.
"Princesa...".
Detuvo las lágrimas y se dejó abrazar por Trunks, sintiendo su cabeza al borde del estallido.
No entendía absolutamente nada.
¡Nada!
—¿Princesa? —susurró, sin ser capaz de acostumbrarse al título.
—Eres una princesa, Bra —aseguró Pan sin darle mucha importancia, aparentemente, al asunto—. ¿Ya te olvidaste? Que memoria...
Goten le sonrió ampliamente al escuchar su nombre.
—Sí, Princesa —susurró con todo el respeto y el amor del universo—. Princesa Bra de Vegetasei, mi Princesa, la Princesa de mi raza... ¡La Princesa de la sangre!
Quiso abrazarla pero ella era de la Realeza, por lo cual supo que debía respetarla... ¡Y qué pocas ganas de hacerlo! Controlarse frente a la mismísima tentación...
Bra no logró armar el rompecabezas dentro de su cabeza, la actitud de ese sujeto era inadmisible...
"Jamás me habían mirado así...".
Había esperanza en los ojos de ese hombre.
Era como en las películas de época, donde el guerrero visitaba a la Realeza de turno y le juraba por lo más sagrado que sería victorioso en la próxima batalla a ganar.
Todo por el Reino, todo por la sangre...
"Ahora es cuando logro entender la magnitud de todo esto...".
¡Su hermano era un Príncipe! ¡Su padre era un Rey!
"Y yo una Princesa...".
Goten, por su parte, estaba desesperado por quien tenía en frente: jamás había deseado tanto a una mujer.
"Ahora entiendo cuando mi tío me dice que soy un idiota... ¡Lo soy! ¡Si ni siquiera peleé con ella y ya la estoy deseando...".
Siempre al revés, contra todo...
"Pero así soy...".
Y tenía que aceptar que esa actitud y ese sentir que tan intenso se había vuelto en instantes eran parte de su esencia de guerrero.
De su esencia de hombre, de saiyan.
Se produjo un silencio y, gracias a éste, Bra fue capaz de reaccionar, poniéndose de pie y alejándose de los presentes por varios metros.
Les dio la espalda y suspiró largamente, cruzándose de brazos.
—¿Qué mierda pasó? Quiero explicaciones —habló, sin saberlo, en un tono idéntico al de su padre.
Pan se desentendió de la situación misteriosamente al darle la espalda a los presentes, haciendo que Trunks y Goten se miraran el uno al otro, siendo el primero quien decidió hablar... Goten se veía confundido y exaltado por algún extraño motivo, demasiado como para hacerlo.
—Esto no te lo había contado, Bra... —empezó a hablar el Príncipe, con marcada timidez en su tono—; pero, cuando me fui de Vegetasei hace unos días con Pan, no fue en buenos términos...
Bra volteó hacia él, mirándolo con severidad.
—¿A qué te refieres? —indagó.
Trunks agachó la cabeza y respiró con desgano.
—Descubrieron mi identidad y tuve que escapar... —comentó luego de un prudente silencio—. Goten, a quien tienes en frente, es un buen amigo... Él vino a decirme que si no vuelvo en dos días a Vegetasei, los más ancianos de mi clase, la Clase Alta de guerreros, vendrán aquí personalmente a matarme y destruir la Tierra...
Bra se paralizó unos instantes, atinando sólo a volver a darle la espalda a su hermano.
Se la escuchó sollozar y Trunks se preocupó; sin embargo, sabía que no era prudente acercarse.
Se parecía tanto a Vegeta...
—¡¿CÓMO PUEDES DECIR ALGO TAN CRUEL DE UNA FORMA TAN SENCILLA? —gritó de repente—. ¡¿CÓMO MIERDA LO HACES, TRUNKS?
El Príncipe sintió las palabras clavarse en su pecho, intentando responder pero siendo vencido en tiempo por Goten, quien avanzó unos pasos hacia Bra, sonriendo entre nervioso y conciliador.
—Princesa —susurró con dulzura—, Trunks es un gran hombre y tanto Pan como yo lo sabemos... El problema es que no todos lo saben, no todos lo comprenden... —no hubo respuesta y, dudando por un instante, decidió proseguir—. No queremos que él muera ni que la Tierra sea cruelmente exterminada... A lo mejor Usted no lo comprende… Pero así somos los saiyans... Somos guerreros y solamente sabemos solucionar todo peleando... Así somos —sentenció—. Lo siento, Princesa.
Y Bra volvió a caer al suelo, de rodillas.
—Todo estaba bien... —aseguró entre llanto, furia y tristeza, con total desesperación—. Todo estaba tranquilo... ¡Dos hermanos conociéndose! Intentando superar lo que hizo el miserable que nos separó... ¡Y ahora! ¡Ahora...! —Se obligó a sí misma ponerse de pie, fulminando a todos los presentes con sus ojos—. ¡TODO SE FUE AL DIABLO! ¡TODO!
Bra se disponía a seguir gritando su odio pero Pan fue quien la detuvo, volviendo a mirar a los presentes.
—Nunca lo entenderás, princesita —sentenció—. Jamás podrás hacerlo porque no fuiste criada como una saiyan.
Bra se acercó frenéticamente a ella, mirándola a tan sólo centímetros de distancia.
—¡No por mi culpa! ¡TRUNKS DEBERÍA HABER CRECIDO AQUÍ, CONMIGO! No con ustedes, malditos sanguinarios sin sentimientos...
El único sonido que se escuchó, de un instante al otro, fue el que provocó la bofetada que Pan le dio a Bra.
Trunks y Goten se impresionaron por el acto de la muchachita de Clase Baja, sin reaccionar alguno.
Casi estaban de más.
—Pensé que lo habías entendido... —espetó la Clase Baja—. Veo que no lo hiciste, bueno... ¡Está bien! Si no lo entiendes poco me interesa; pero no insultes a mi raza: ¡TE LO ACABO DE EXPLICAR! —le gritó con severidad—. Somos guerreros, ¡eso es lo que hay en nuestra sangre! Somos guerreros y necesitamos pelear... ¡Si tú eres terrícola y necesitas vivir una vida aburrida para "casarte" y hacer esas estupideces que hacen ustedes, bien por ti! Pero yo quiero pelear, mi tío Goten quiere pelear y Trunks también... ¡PORQUE ASÍ ES NUESTRA SANGRE! Acéptalo, ya deja de intentar entenderlo...
Bra, desorientada, derrotada y por demás asombrada, giró su cabeza hacia su hermano, quien la miró con vehemencia.
—Somos saiyans, hermana... —susurró—. Es mi raza, mi pueblo...
—¡EL PUEBLO QUE TE DESPRECIA! —afirmó cruelmente.
Trunks tragó saliva e hizo fuerza con su rostro para no llorar.
—El pueblo al que pertenezco, mi pueblo...
Y ahora lo entendía: ¡tenía tantas ganas de evadirlo! Pero Trunks AMABA Vegetasei y amaba a los saiyans...
"A pesar de todo...".
—¿A pesar de todo? —preguntó Bra, adivinando mágicamente sus pensamientos.
Su hermano asintió.
"Me encantaría quedarme, eso quiero... Pero Vegetasei es mi hogar".
Por más que no quisiera sentirlo de forma tan intensa y por más dolor que esa determinación le causara, Trunks no podía evadir lo evidente.
Quedarse en la Tierra sería, para él, evadir todo… Huir, tomar el camino fácil…
"Pero no puedo hacerlo, la sangre no me lo permite".
Era híbrido, sí… Pero la sangre saiyan predominaba cruelmente en él.
Ahora era capaz de comprenderlo.
—La sangre es más fuerte... Siempre es más fuerte... —aceptó, suspirando luego de hacerlo—. Debo ir a Vegetasei, ese es mi destino... Ya no quiero más muertes... ¡Basta de gente muerta! —gritó con total impotencia—. Si ellos así lo desean, debo pelear: es mi deber, el mío y el de todo saiyan.
—Porque así somos los saiyans —agregó Pan con frialdad.
—Y los saiyans, Princesa —siguió Goten, tan dulce como antes—, somos guerreros. Después somos seres vivos; después somos familia, amigos y amantes; después somos todo... Primero guerreros.
Y eso era algo que bien le había enseñado su tío.
Bra los observó con odio, incluso a su hermano.
"No puedo entender algo así... ¡Pensé que podía! Pero no lo logro, no sabiendo que una tontería como la apariencia de Trunks es motivo suficiente para asesinarlo y destruir este planeta".
—Iré contigo, hermano —sentenció sin más.
Trunks palideció al igual que los otros presentes.
¡¿De dónde había salido esa respuesta tan inesperada?
—Bra, yo... —atinó a murmurar con confusión.
Su hermana se cruzó de brazos y se mantuvo seria y lo más calmada posible.
—Soluciona tu conflicto y vuelve conmigo a la Tierra —le dijo—. No te digo para siempre... —se quedó en silencio unos momentos y se dio su tiempo para reflexionar un poco.
"No voy a poder atarlo a este planeta, acabo de entenderlo...".
Trunks no quería amar tanto a Vegetasei; mas lo hacía y ella debía respetarlo.
Por más dolor que eso le causara.
—Vuelve aquí, por lo menos un tiempo... ¡Vuelve cuando quieras y por el tiempo que quieras! —prosiguió—. Pero si tienes un conflicto que arreglar, yo iré contigo... Bien sabes para qué.
Goten y Pan no comprendieron pero el Príncipe sí lo hizo.
—Papá... —musitó.
—Papá —repitió su hermana sin sentir alguno en la pronunciación—. Es con papá con quien quiero hablar... —y se enfureció—. ¡NI TÚ NI NADIE ME LO PROHIBIRÁ! Tengo cuentas pendientes con él... Ambos las tenemos.
Trunks sonrió y eso asombró a su mujer y su amigo, no a su hermana. A ella no.
—De acuerdo... —aceptó.
Goten no pudo dejar de mirar a Bra ni de maravillarse con la perfección que demostraba ante él con tanta facilidad, no pudiendo evitar preocuparse.
—Trunks, en Vegetasei las cosas están muy mal, ella podría correr peligro... —dijo con mucho respeto a su amigo.
El Príncipe se mostró, extrañamente tratándose de él, convencido.
—No, yo no lo permitiré —aseguró convencido—. Goten, dime cómo viniste para acá.
El muchacho de Clase Baja se sorprendió por la pregunta, contestándola rápidamente:
—Tark puso un dispositivo en una nave para que los radares de la Central Espacial no detectaran el viaje de salida... Desde que te fuiste han prohibido los vuelos hacia cualquier parte del universo... Te están esperando con ansias.
Trunks les dio la espalda a las tres personas que lo acompañaban y pensó por unos momentos, mostrando el lado más analítico de él.
A Bra le encantó verlo demostrar tanta inteligencia.
"Parece un estratega... No encaja con él pero a la vez sí lo hace".
—Traeremos esa nave y la de tu padre hasta acá —dijo—. Me comunicaré con Tark y le preguntaré cómo hizo para instalar ese dispositivo, así se lo pondremos a la nave de Kakarotto y podremos irnos los cuatro juntos.
—Trunks... —Goten rascó su cabeza, confundido como siempre—. Tark y Gohan tardaron varias horas en hacerlo... ¡Bien sabes lo inteligentes que son! ¿Podrás tú solo? No hay mucho tiempo...
El Príncipe rió con una soberbia, una inédita en él.
—Claro que sí —aseguró sin temor—. Además, Bra entiende de tecnología tanto como yo, será de mucha ayuda —y miró a su hermana—. ¿Estás dispuesta a ayudarme?
Bra sonrió de la misma forma que él.
—Por supuesto —afirmó.
—Vamos a buscar las naves —les dijo a Goten y Pan—. Nos costará un poco pero podremos traerlas los tres juntos...
Y Bra abandonó todo semblante doloroso para pasar a uno casi divertido.
—¡¿Van a "levantarlas" ustedes solos? —inquirió incrédulamente.
Pan rió a carcajadas.
—¡SOMOS SAIYANS! —le gritó—. Claro que podemos... —le dio la espalda a los presentes y levitó algunos metros—. Iré por la nave del abuelo con Trunks. Tío, tú ve por la tuya.
Ambos guerreros estuvieron dispuestos a seguirla cuando Bra puso el grito en el cielo:
—¡¿VUELAN?
Bra explicó, de forma breve y práctica, cómo usar las Cápsulas Hoi Poi que tan rica habían hecho a su familia a Trunks, quien comprendió en instantes puesto que ya había visto esa tecnología en el refrigerador que Kakarotto le había dado a Pan. Su hermana los proveyó de dos enormes contenedores para transportar las naves. Se los dio a Goten y Pan, pidiéndole encarecidamente a su hermano que se quedara con ella unos minutos.
Los dos guerreros de Clase Baja, conscientes de que el reloj no les daría tregua, se marcharon sin contradicciones, dejando a los hermanos solos.
Bra le dio la noticia a Brief y su esposa, obviando la parte mortal de la historia, o sea sin mencionar que la vida de Trunks corría peligro.
"Y la mía también".
—Te entiendo, muchacha —dijo Brief al escucharla—. Lo necesitas y estoy más que de acuerdo en que vayas a hablar con tu padre, ambos lo merecen, merecen toda la verdad sobre esta historia...
La abuela de los mellizos lloró un poco pero luego sonrió, orgullosa de ambos como sólo ella podría estarlo.
—No se vayan por mucho tiempo. Vuelvan, ¿sí? Vuelvan sanos y salvos para que pueda darles muchos dulces, lo más deliciosos.
Ambos asintieron ante el tierno pedido de su abuela.
—No se preocupen —pidió Trunks a ambos ancianos—. Yo la cuidaré.
"Lo haré con mi vida de ser necesario...".
Sabía perfectamente que llevarse a su hermana a Vegetasei no sólo representaba un peligro para ella sino, también, para Pan y Goten por ser "cómplices". Debía cuidarlos a los tres, costara lo que le costase.
Hubo algunos abrazos y Bra tironeó a Trunks hacia el patio delantero, llevando con ella dos abrigos largos, uno de color rosa para ella y uno azul oscuro para él.
—Vamos —dijo sin miramientos—. Vamos a caminar, Trunks.
El Príncipe la miró con timidez y dubitativo, sin comprender su pedido.
—¿A dónde? —preguntó con inocencia.
Bra sonrió.
—A la calle —Le dio el abrigo a Trunks sin que él pudiera impedirlo y, una vez él se lo puso, lo abrochó por completo para tapar así la cola saiyan—. No permitiré que te vayas sin saber qué tan bello eres.
Trunks no quería, pero algo le hizo sentir que debía hacerlo.
"Ya no quiero hacerla enfadar, quiero darle todos los gustos...".
Ver a su hermana gemela enfadada era algo que no podía tolerar.
"Es demasiado hermosa para mostrarse así".
Salieron. por primera vez, por la puerta principal de la mansión, caminando varias manzanas silenciosas y despobladas hacia la zona céntrica, la cual no estaba del todo alejada de la casa de Bra.
Y la gente empezó a aparecer...
Trunks quiso hacer un pozo en medio de la calle y esconderse, pero la mano de su hermana tomando la de él le dio una extraña e inesperada seguridad.
—Mira... —le susurró al oído con disimulo—. Mira a esas chicas en la esquina de la calle: te están mirando...
Trunks no pudo evitar sonrojarse: tres mujeres terrícolas, muy bellas cabía destacar aunque con ropas muy sugerentes para su gusto, lo miraban sin prudencia alguna, de forma descarada y atrevida.
Las saiyans no miraban así, por lo menos no a cualquiera... ¡Era increíble!
Al pasarles por al lado y sonrojado a más no poder, una de las tres dijo las palabras que él, lo supo, jamás en su vida podría olvidar:
—Hola, guapo... —y las tres le guiñaron el ojo, cosa que él no pudo comprender.
Alejados de ellas por varios metros, Bra empujó a Trunks hacia adelante.
—Ve solo, así te mirarán con más descaro... No lo hacen con desesperación ni deseo porque yo estoy contigo; aunque parece que esas tres se dieron cuenta de que soy tu hermana... —susurró en su oído una vez más, dándole ánimos para hacerlo.
Trunks obedeció mecánicamente. Caminó sintiéndose extraño, sin ser capaz de detenerse por algún extraño motivo.
"Hay algo, no sé qué será, que me hace sentir...".
Quiso llorar pero no se lo permitió.
"Cómodo...".
Se sintió en trance, como en una especie de película de cámara lenta: ¡todos lo miraban! Todos...
Un hombre, alto y robusto, lo miró de forma por demás sugestiva, logrando ponerlo incómodo.
Escuchó a Bra reír tras él y fue en ese momento cuando entendió que ese sujeto lo estaba mirando con deseo, uno puro y apasionado.
Pasaron por un lugar lleno de mesas donde la gente comía alimentos por demás extraños y bebía un líquido oscuro en peculiares tazas. Todos voltearon hacia él, susurrando cosas sin dejar de mirarlo, devorándolo con ojos de todos colores...
¡Y qué cosas escuchó! "Que hermoso, no tienes idea de lo que le haría" escuchó decir a una muchacha que no tenía más edad que Pan. "Es precioso, ¡mira esos ojazos!" dijo una mujer bastante madura...
Hombres, mujeres, ¡no importaba la edad, no importaba el sexo! Todos lo miraban, con algo parecido a la envidia, el deseo y la lujuria...
—Ven a verme cuando quieras, bonito —le dijo una mujer que casi estaba desnuda, al juzgar por lo entallado y diminuto de su vestido, y que era mirada con recelo por las demás personas. Le dio una tarjeta que el Príncipe no logró leer dada la escritura terrícola predominante en el papel. Eso si: pudo ver la foto que hacía compañía a las letras y se impresionó al ver a esa mujer totalmente desnuda.
En una nueva esquina, Bra lo tomó de la mano y lo hizo girar hacia la dirección de la cual venían, de regreso.
—¿Lo has entendido? —le dijo después de guiñarle el ojo con picardía—. No pasas desapercibido... ¡Es incluso más fuerte de lo que pensé que sería! Eres BELLO, hermanito —y lo abrazó con fuerza, sintiendo las miradas envidiosas clavarse en su espalda—. Eres el hombre más bello que ha pisado este planeta.
Y eso hizo llorar a Trunks.
"No es posible...".
Pero sí lo era. La utopía ya no era tal cosa: la gente lo miraba con admiración, sin miedo ni asco... Con puro deseo.
Ambos hermanos rieron por varios minutos, regresando rápidamente a la mansión Brief.
En el camino, Bra le arrebató el papel que aquella prostituta le había dado a su hermano.
—"Tiffany, la mejor de la Capital de Oeste" —leyó sin poder dejar de reírse—. Vaya que le gustaste... ¡Si hasta te dio su tarjeta para que vayas a pedirle sus servicios!
Trunks no entendió en absoluto los dichos de su hermana; sin embargo no preguntó, le dio vergüenza la posible respuesta de Bra.
De la mano con su hermana una vez más y aún sintiendo varias decenas de miradas excitadas sobre él, el Príncipe rió con ternura, una que a Bra le pareció adorable.
—Si hubieras crecido aquí, seguramente podrías haber sido modelo... ¡Tienes buena altura! Además tus músculos saltan a la vista incluso con ropa... ¡Eres MUY bonito! ¡EL MÁS BONITO!
Todos giraron a mirarlos y Trunks intentó calmar la efusividad de su gemela; mas eso era imposible: ella estaba feliz.
Feliz por él... ¡Ahora podía ser consciente de ello!
"Ahora podrá volverse un ególatra".
Y rió ante esa idea, siendo observada en medio de un mar de confusión por su hermano.
"Trunks jamás será un ególatra, él no es esa clase de persona...".
Y estaba agradecida por ello.
Agradecida por ese gran ser que tenía a su lado, por la existencia de ese hermano maravilloso que merecía saber qué tanto lo era.
"Porque jamás conocí ni conoceré a alguien como él...".
Y eso, debía admitirlo, la ponía por demás contenta.
"Que hermoso saber que él es mi hermano...".
—Gracias, Trunks —susurró abandonando la diversión y adentrándose de lleno en la emoción.
Su hermano tomó su mano con más fuerza.
—Gracias a ti...
Ella volvió a reír pero, esta vez, con algo parecido a la nostalgia.
—Lo mereces... —le aseguró dulcemente—. Pero déjame terminar: gracias por existir.
Ya no se tomaron de la mano, ahora iban caminando abrazados, aferrados el uno al otro, casi como queriendo ser un solo ser.
"Gracias a ti por lo mismo, Bra...".
¡No era feo! No para los cánones de la sociedad terrícola: encajaba como jamás lo había hecho en ninguna parte.
Eso era, para qué negarlo, hermoso.
Perfecto.
—Gracias, Bra... Gracias.
"Por hacerme sentir parte de algo con tanta fuerza y de forma tan sencilla".
Con tanta honestidad...
Pensó en Bra cada segundo desde su partida, apurándose lo más posible en su viaje.
Se sintió, también, culpable: ¿acaso tan tenso momento era propicio para desear a una mujer? ¿Qué no era muy irresponsable de su parte?
"Sí lo es...".
Sonrió pudiendo apreciar la Corporación Cápsula entre el paisaje, sabiendo que había llegado a su destino.
"Pero no puedo evitarlo, ella es...".
Esos ojos eran hipnóticos, únicos.
Y esa furia demostrada por ella, esa carácter tan saiyan, era único en el cuerpo de una híbrida, era exótico e inevitablemente llamativo.
"Tan irresponsable... ¡Ah! Tío Raditz me mataría si me viera".
Deseando a la Princesa de los saiyans...
"Es que es tan... ¡Tan...!".
Aterrizó en el patio trasero y se sonrojó al ver los enfadados ojos de Pan y Bra sobre él.
—Tardaste demasiado, tío —afirmó la muchachita de Clase Baja.
Bra los miró con atención.
—Ah, cierto... ¡Es tu tío! Por eso me cae tan antipático —dijo fríamente—. Lo siento, niño.
Y ambas mujeres se dedicaron la peor mirada, aunque esta vez un tinte de complicidad emanaba de ellas.
El corazón de Goten se rompió en miles de pedazos pero no tardó en reconstruirse.
"Es ruda, me encanta...".
Trunks apareció momentos después.
—Goten, que bueno que llegaste... ¡Dame la cápsula! —el muchacho hizo lo que el Príncipe le pidió y éste les hizo un gesto a los tres presentes—. Vamos al laboratorio de mi hermana, deprisa.
El muchacho de Clase Baja entró con timidez inédita a la enorme casa, topándose con un par de terrícolas bastante maduros ni bien entró.
—Abuelo, abuela —anunció Trunks—. Él es Goten, un buen amigo.
"¡¿Abuelos?".
—¡Mucho gusto! —afirmó enérgicamente, haciendo una pequeña reverencia frente a ellos—. Es un placer conocer a los abuelos del Príncipe y la Princesa.
Brief rió audiblemente al escuchar esas formas de referirse a sus nietos.
—Mucho gusto, muchacho —le dio la mano con firmeza y respeto.
La señora Brief fue un poco más efusiva:
—¡Pero que lindo muchacho! Siempre me ha gustado el uniforme saiyan... ¡Recuerdo a Vegeta! Se veía muy guapo con él —rió pícaramente—. ¡Eres muy bonito! Casi tanto como mi querido nieto.
A Pan y Bra se les revolvió el estómago al ver cómo la señora pellizcaba las mejillas del hijo menor de Kakarotto, tironeando la sobrina del tío con todas sus fuerzas.
—Lo siento señora —dijo fríamente—. Necesito hablar con mi tío en este preciso instante.
Y se lo llevó lejos siguiendo a Bra, sólo quedándose Trunks con los abuelos.
—Permiso —dijo amablemente, retirándose.
Una vez en el enorme laboratorio que logró impresionar a los dos saiyans de Clase Baja, Trunks accionó la cápsula que le había entregado Goten y así hizo aparecer una de las típicas naves circulares de su raza, asombrando a más no poder a su hermana.
—¡Que original! —aseguró ella sin dejar de observarla, maravillándose por cada detalle—. Parece una pelota de tenis, me encantó.
Goten iba a decir alguna tontería con la única excusa de hablar con Bra justo cuando Trunks se acercó a la nave y tocó varios botones.
—Goten, ven, te necesito —le dijo.
El muchacho fue hacia su amigo servicialmente.
—Siéntate frente al intercomunicador y llama a Tark, te lo suplico.
El ambiente se condensó repentinamente.
Pan y Bra se acercaron y observaron desde los costados la pantallita que había al costado de la nave.
—De acuerdo, Trunks —aceptó la tarea el joven.
Goten tocó los botones necesarios y Tark contestó casi inmediatamente.
—¡¿Llegaste? —preguntó, mostrándose por demás preocupado—. ¡¿El Príncipe está a salvo?
Trunks sonrió a un par de pasos de la pantalla, siendo mirado por Goten con confusión.
—Está aquí, Tark —le dijo un poco desorientado.
Bra no pudo buscar la mirada de su hermano así que buscó la de Pan, con quien la cosa seguía tensa pero con una especie de "respeto" mutuo que casi agradeció.
—Es Tark, Líder de Clase Media y como un padre para tu hermano —explicó la muchachita, en un murmullo, a Bra—. Trunks lo quiere MUCHO y Tark a él, es bueno que lo sepas para que lo respetes más que a nadie: Trunks no perdonaría una impertinencia tuya hacia él, te lo aseguro.
Bra se impresionó por la explícita explicación.
"Sí, ya me lo había nombrado...".
Miró la pantalla de costado y vio un rostro muy preocupado, nervioso y exaltado. La gemela sonrió sin remedio.
"Se nota que lo quiere... Es bueno saberlo".
—Tark —lo llamó Trunks.
—¡PRÍNCIPE! —gritó con emoción el anciano—. Que gusto escuchar su voz... ¡Venga, muéstrese! No hay nadie: Raditz y Gohan están en otro cuarto, no lo verán ni entrarán, si lo hacen los mataré.
Bra casi cayó al suelo al escuchar tremenda afirmación.
"Creo que lo respeta más de lo que imaginé".
Trunks rió brevemente, pidiéndole el asiento a Goten y, luego de un largo y sentido suspiro, se sentó frente a la pantalla.
—Hola... —dijo sentidamente.
Tark no se esforzó por ocultar su emoción, sonriendo ampliamente a la pantalla.
Verlo vestido así, "a la terrícola", y con esa mirada ya no tan sufrida le dio un gusto inmenso, uno que no sentía hacía años. Vaya que quería a ese muchacho, tanto como al hijo que ya no tenía a su lado...
"Es lo opuesto a lo que vi la última vez…".
—Príncipe, conociéndolo me imagino que llama para saber cómo poner el dispositivo anti radar en la nave de Kakarotto.
Trunks asintió, agradecido de esa conexión "intelectual" con Tark.
—Bueno —prosiguió el Líder de Clase Media—. Se lo explicaré brevemente...
Bra paró las orejas lo más que pudo para así saber, más o menos, qué tipo de trabajo les esperaba a ella y a su hermano. Para su sorpresa, entendió bastante, aunque no ciertas palabras técnicas que, supuso, serían típicas de los saiyan.
Después de la explicación, Trunks adoptó un semblante serio.
—Llegó la hora de los favores... —susurró con cierto dejo de vergüenza.
Tark le sonrió como siempre.
—Lo que Usted guste, Príncipe.
—Tark... —cerró los ojos un momento, aún impresionado por lo casi cómodo que se sentía al ser mirado por las personas, y aclaró su garganta—. Necesito que hables con papá, ¿Está encarcelado? —preguntó.
"Porque después de todo lo que pasó...".
Tark negó.
—Está en el Palacio, no lo juzgarán hasta que Usted vuelva —le explicó su amigo—. ¿Qué mensaje debo darle?
Trunks volteó unos momentos y miró fijamente a su hermana, quien lo miró confundida.
—Tengo que hablar con él, necesito que arregles un encuentro secreto entre él y yo, te lo suplico... Algo íntimo y donde nadie pueda invadirnos... Hay demasiado para hablar.
Tark no ocultó su sorpresa.
—Príncipe... —murmuró pausadamente—. ¿Su madre...?
Los cuatro saiyans que estaban en la Tierra adoptaron un semblante serio; mas Tark sólo apreció a Trunks.
—No está, ya no está... —respondió con tristeza—. Pero... —dudó si decirlo o no, decidiendo una respuesta afirmativa pues Tark era más de confianza que nadie—. Hay alguien más aquí.
Bra se sonrojó al saber que hablaban de ella.
El medio se impresionó.
—¿Puedo saber...?
No logró terminar de formular su pregunta, pues Trunks le respondió sin tapujos y con una sonrisa en su rostro:
—Mi hermana.
Y los ojos del hombre se abrieron lo más grandes posible.
A ver que el hombre que tenía frente a sí en el intercomunicador no era capaz de decir sílaba alguna, Trunks prosiguió.
—Por favor —dijo—. Busca un lugar seguro donde nadie pueda vernos... Goten me dijo que tiene una tiara como la que usaba Pan en mi cuarto y ella también tiene la suya, podré reproducir dos en un par de horas: necesito hablar con papá... NECESITAMOS hablar con él... Te lo encargo.
Y una sonrisa final.
Tark asintió sin oposición alguna.
—Puede ser peligroso, Príncipe... —necesitó decirle—. ¡Pero no se preocupe! Cuando termine de hacer los arreglos de la nave y estén por llegar a Vegetasei, vuelva a comunicarse y yo le diré dónde buscar a Vegeta, yo mismo crearé una coartada para que todo sea seguro para Usted y la Princesa.
Otra vez esa palabra, y Bra no pudo evitar sonrojarse.
"Suena raro pero... Me agrada".
Era increíble cómo ese hombre acababa de aceptarla sin duda alguna, sin sentir asco o curiosidad, simplemente haciéndolo.
"Él sí entiende a mi hermano".
Era bueno saberlo.
Trunks sonrió a la pantalla y continuó hablando con Tark:
—Y una cosa más —dijo—. No le digas NADA a papá, sólo dile que quieres hablar con él... Por favor.
Tark no comprendió el pedido pero asintió sin más.
—No se preocupe —pidió con una sonrisa—. No lo haré.
—Gracias... —susurró Trunks con dulzura instantes después.
Se quedaron mirando por varios segundos y Tark rió brevemente luego de notar algo muy significativo en el joven, haciendo que éste lo mirara embargado por una fuerte curiosidad.
—Lo felicito, Príncipe —le dijo sentidamente señalando su cuello.
Trunks se sonrojó y Pan todo lo contrario, ella palideció al escucharlo. Sintió unos ojos sobre ella y supo que él, finalmente, se había dado cuenta.
"Ya era hora, tío...".
—¡PAN! —gritó Goten con todas sus fuerzas—. ¡PAN!
¡¿Cómo es que no lo había notado antes?
"Sus cuellos, el de ella y el de él...".
Trunks se despidió de Tark y encaró a Goten con el rostro completamente rojo.
—Lo siento —afirmó—. Sé que las cosas no son así y que primero tendría que haberle manifestado mi decisión a Gohan y Videl... pero...
Pan se puso aún más blanca: Goten tenía un rostro indescifrable...
"Que idiota, ¿recién notó las vendas? ¿Y a qué se refiere Trunks con 'manifestar su decisión'? Pan no me explicó eso...", pensó Bra muerta de risa por lo patético y despistado que se mostraba aquel extraño muchacho saiyan.
Goten finalmente despertó de su ensueño, abrazando a su sobrina con todas sus fuerzas y sin hacer lograr reaccionar a los híbridos que los acompañaban. Pan reaccionó aún menos.
—¡SOBRINA! ¡Eso era! ¡Por eso parecías distinta! —gritó sacudiéndola de un lado al otro—. ¡SE UNIERON! Ahora eres una mujer... ¡Una mujer de la Realeza! —se separó e hizo una reverencia ante Pan—. ¡Princesa Pan! Suena tan bien, ¡no puedo creerlo! —Fue hacia Trunks y lo abrazó, usando más fuerza de la indicada con claros objetivos—. ¡CUIDALA O MORIRÁS! Te lo encargo, Trunks... Me alegro mucho por ustedes...
El Príncipe se emocionó y Pan deseó escapar como jamás lo había deseado.
"Odio estas situaciones... ¡Ah! Soy la bisnieta de Bardock, no merezco tanta ternura".
—Como sea —exclamó Pan sin demostrar interés alguno—. Hay mucho por hacer... Ayudaré en todo lo que pueda, algo de tecnología sé por mi padre, aunque no mucho...
Trunks se soltó de su amigo y le sonrió a su muchachita.
—Serás de ayuda...
Se organizaron y empezaron a trabajar arduamente.
—¡¿Pan está bien? —preguntó un ansioso Gohan cuando Tark salió del cuarto en el que se había encerrado a hablar con Trunks.
—Muy bien —aseguró el Líder de Clase Media—. No te preocupes... Ahora debo hacer algunas cosas, me despido.
Abandonó a Gohan y Raditz en su casa sin desconfiar de ellos, dirigiéndose a toda velocidad al Palacio. Después de algunos minutos de vuelo e invadido por una enorme emoción y cierta incertidumbre, finalmente llegó a su destino.
Saltó las largas escaleras con entusiasmo para golpear la puerta principal, intentando no parecer ansioso frente a los ojos de los guardias.
Pasaron varios minutos y Vegeta finalmente apareció. En su rostro se notaba más amargura de la acostumbrada, cosa que llamó la atención al anciano. Sin embargo, él no le dio importancia alguna al asunto.
—Pasa —El Rey lo dejó entrar sin tapujo alguno, completamente desinteresado de saber por qué estaba ese sujeto allí.
—Mañana necesito que nos reunamos —le dijo—. Yo le daré aviso, será durante el transcurso de mañana… Quizá antes.
Vegeta, quien hasta entonces permanecía de espaldas a su acompañante, volteó y se mostró por demás extrañado.
—¡¿Qué mierda quieres? —espetó—. No tengo tiempo para estupideces.
—No es una estupidez, mi Rey —afirmó el Clase Media—. Lo espero... Si no viene, vendré a buscarlo.
Sin nada por agregar, Tark se retiró, dejando a Vegeta con millones de palabras atragantadas.
Bien sabía el anciano que Vegeta odiaba el suspenso, por lo cual estaba seguro de que con tan pocas explicaciones el Rey iría a su encuentro sin oponerse.
"Es mejor dejar picando el pedido a permitirle hacerme más preguntas".
El efecto que quería lograr en Vegeta lo logró perfectamente: en el Palacio, el Rey permaneció en el hall por varios minutos, sabiendo, de alguna forma, que ese pedido se relacionaba con su hijo.
"Ni se te ocurra traerla, Trunks... Ni siquiera lo pienses...".
—No quiero verla, no lo soportaré.
Esa era la única verdad irrefutable para él.
Trunks se encargó de reproducir dos tiaras ocultadoras de poder más rápido de lo pensado: estuvieron listas, ambas, en una hora y media.
Goten y Pan ayudaron lo más posible a Bra a trabajar en el dispositivo para la nave de Kakarotto. Tomaron el que estaba en la nave de Goten y lo adaptaron al motor de la nave más grande, todo para ganar tiempo.
Trunks se les unió y todo estuvo dispuesto en muy poco tiempo: ya podían marcharse... ¡y apenas estaba oscureciendo! Habían hecho todo muy rápido, lo cual era de agradecer.
La Tierra debía estar agradecida.
Pasó media hora y Bra empacó algunas cosas en una mochila, que en realidad hubiera sido un enorme bolso de haber sido por ella; mas su hermano le recomendó que no llevara muchas pertenencias, corrían demasiado peligro como para prestarles atención.
Se miró por última vez al espejo de su cuarto y sonrió levemente, aún sin conseguir creer todo lo que estaba sucediendo.
—Mamá... —suspiró.
Tomó el cuadro de su madre y sonrió con más fuerza, revolviendo en su tocador hasta encontrar el collar que perteneciera a Bulma.
"Volveré, te lo prometo".
Besó el cuadro y lo dejó sobre la mesa para después ir en busca de su hermano y los demás.
Al llegar a su laboratorio se topó con Goten y sus abuelos, Trunks y Pan no aparecían por ninguna parte.
—¿Dónde...? —empezó a preguntar la Princesa.
Goten, con rojo en sus mejillas, respondió respetuosamente:
—Se están cambiando... ¡Ah! —exclamó mirando hacia la nave de Kakarotto—. Ahí vienen.
Bra no ocultó su impresión: su hermano y su mujer estaban vestidos de forma parecida a Goten.
"Trunks vestido como un saiyan... Encaja a la mitad, no es lo mismo".
Su hermano se acercó a ella y la tomó fuertemente de la mano.
—Todo estará bien, no te preocupes —intentó, por algún motivo, calmarla.
Tomó la mochila de manos de Bra y la condujo hacia la nave, empacándola y guardando el transporte en una cápsula.
—Será mejor que despeguemos desde una zona menos habitada —recomendó el Príncipe.
Entonces sólo restaba despedirse...
Brief y su esposa se mostraron conmovidos pero felices, ambos conscientes de que todo esto que estaba sucediendo era lo mejor para los hermanos.
—Cuídala, Trunks —pidió Brief entre conmovido y nostálgico—. Confío en ti.
—Cuídense... —la señora Brief se mostró más emocional y abrazó a los dos nietos, dedicándoles a cada uno varios minutos de calor y afecto. Necesitaba memorizar esos aromas y ese hermoso contacto, sino los extrañaría más de la cuenta.
Bra estrechó a su abuela con todo el sentimiento del mundo, sin saber cuándo volvería pero jurándose que lo haría a como diera lugar.
"No los abandonaré, no puedo".
—Cuida la empresa, abuelo —pidió a un Brief que no hizo más que asentir.
Pan hizo una breve reverencia a los ancianos al igual que su tío Goten. Poco quedaba por hacer allí, así que se marcharon.
En el patio trasero y antes de empezar a volar, Trunks se aferró a su hermana y la miró seriamente.
—¿Estás segura de todo esto? —inquirió.
Ella sonrió con fuerza.
—Claro que sí.
Sin más, los cuatro despegaron hacia un área desierta, lo más alejada posible de la Capital del Oeste.
Para subir en la nave, para ir al destino premeditado... Vegetasei.
—¡AH! Maldita terrícola, cómo gritas... ¡Me das asco! —exclamó violentamente Vegeta, tapándose los oídos ante la aguda y peligrosa voz de esa extraña y exótica mujer.
Bulma no pudo hacer más que responderle, enfurecida por tremenda respuesta cargada de irrespetuosidad.
—¡¿Y quién te crees tú para hablarme así, eh? —lo enfrentó con valentía.
La mirada de esa mujer estaba llena de valor, uno invaluable y que jamás pensó encontrar en una persona tan débil.
"Sigo sin entender cómo lo hacías, Bulma...".
¿Cómo hacía para tener tanto carácter? ¿Cómo lograba ser tan saiyan sin proponérselo?
"Era terca, infantil y maleducada... Toda una fiera".
Y eso le encantaba a su instinto.
—Ya no lo soporto más... —se levantó de su cama al ver la noche cerca, marchándose del Palacio lo más pronto posible.
¡Ya no quería pensar! No quería recordar, no quería revivir nada...
Absolutamente nada...
Fue hacia lo de Tark y golpeó la puerta con poder, sorprendiéndose ante la rapidez de la respuesta del amigo de su hijo.
—Rey... —susurró en un rostro que mutaba hacia algo parecido a la decepción—. Le dije que... —carraspeó nerviosamente.
—¡BASTA! —gritó luego de entrar y cerrar la puerta tras su espalda, encerrándose a solas con el Líder de Clase Media en el hogar de éste—. ¡Ya no quiero esperar! Tengo un maldito presentimiento, viejo... ¡Dame el cuarto más escondido de la casa! Cuando "quieras" hablar conmigo, no "tienes" que hacer nada más que llamarme.
Era obvio: su hijo estaba a punto de volver.
"Y con la mocosa... Lo presiento".
Transcurrieron varias horas en un silencio casi absoluto, cada uno mimetizado con los pensamientos más profundos...
Trunks y Bra estaban tomados de la mano, mirando el espacio con suma atención. No lograban soltarse y la menor de ambos no podía dejar de mirar las estrellas, el vasto universo que se extendía infinitamente frente a ella.
"¿Cómo llegué aquí? Cómo, mamá...".
Lo había tomado con demasiada tranquilidad, ahora era capaz de entenderlo; sin embargo, la muchacha no sentía remordimiento alguno por lo abrupto de su comportamiento.
"Trunks es el culpable... Todo parece místico y perfecto cuando sale de su boca, no puedo ni llego a considerar la idea de contradecirlo...".
Él volvía todo natural... Incluso sin ser consciente de con cuánta magia lo hacía.
Goten, desde la otra punta de la nave (la cual se manejaba con piloto automático) no conseguía alejar sus ojos de la hermana de su amigo: descubría más belleza al mirarla, era realmente hermosa, dueña de algo que la hacía perfecta.
Como una fruta prohibida... ¡Qué ganas de morderla!
"Cumplí mi misión y por ello estoy contento...", se dijo a sí mismo en su mente. "El problema es que soy un imbécil... Mirando como un idiota a una mujer híbrida, prohibida... No puedo dejar de hacerlo".
Ella le atraía, con un poder y una facilidad hasta entonces desconocida por el guerrero de Clase Baja.
"No es momento de pensar en tonterías, mejor hago otra cosa".
Se puso de pie y buscó a su sobrina, quien estaba sentada en el asiento del copiloto. La miró de cerca y la vio completamente ida, metida terriblemente en su mente.
"Mejor me busco otra cosa para hacer...".
Finalmente, el hijo menor de Kakarotto volvió a sentarse en el suelo, intentando evadir ese objetivo tan hermoso que sus ojos le pedían imperiosamente observar; mas no se lo permitió.
"No es momento... ¡Si todo sale bien, sí será momento".
Sólo le restaba esperar...
Trunks percibió el aroma de su mujer y soltó momentáneamente a su hermana... Había algo para hablar con Pan, algo realmente importante.
Fue hacia ella y la besó, agachándose delante de la muchacha para hacerlo. Pan fue tomada por sorpresa, rechazando el beso sin desear realmente hacerlo.
—Me asustaste —musitó, empujándolo levemente—. ¿Qué quieres?
Ensimismada como nunca en sus pensamientos, ella tenía un sentir latiendo en su pecho junto a su corazón, el problema era que no deseaba admitirlo, ni siquiera en voz baja dentro de sus pensamientos.
"No soy capaz de algo así...".
Y todo se relacionaba con Trunks...
Pan se mostró ruda y eso excitó y entristeció, con el mismo peso, al Príncipe.
—Estoy ansioso —admitió el Clase Alta en voz baja, tomando la mano de Pan en busca de una paz que su pecho no era capaz de sentir—. Tengo miedo de que no me acepten...
Pan rió con soberbia, fijando sus ojos en los de su hombre.
—Paso a paso, Trunks —le dijo con aparente tranquilidad además de una inevitable, siendo ella, cuota de frialdad—. Primero piensa en el inepto de tu padre, después piensa en Vegetasei... Por ahora, únicamente eso puedes hacer.
Sabias aunque breves palabras. Trunks deseó poseerla pero bien sabía que no podía, así que simplemente la abrazó y besó con pasión.
Algo de paz, después de todo, sí existía... Solamente en esos labios, en esa epifanía que su mujer representaba para él.
—¡Es ese! —pero Goten, oportuno como siempre, los interrumpió en medio de esa oleada de pasión contenida magistralmente.
Los tres saiyans criados en Vegetasei fueron hacia la ventana junto a Bra, siendo poseídos por lo que el vidrio les permitía ver.
—Vegetasei... —susurró Pan sin dejar de observarlo, realmente emocionada aunque intentando disimular tal sentimiento.
Bra pegó sus dedos al vidrio y se maravilló ante el cuerpo rosado que destacaba frente a ellos.
—Es hermoso... —dijo para sorpresa de los presentes—. Es realmente hermoso...
Y lo era, ¿cómo negar tanta magnificencia?
No podía...
Trunks, por su parte, sintió un retorcijón en su estómago acompañado por un golpeteo acelerado de su corazón.
"Decir quién soy, mostrarme ante todos...".
¡Había llegado el momento!
"¿Sobreviviré?".
Tomó la mano de Bra y la de Pan al mismo tiempo, buscando paz en ambas.
Pero nada, esta vez no encontró nada.
"Papá...".
Que pocas ganas de llegar... Tenía que ser honesto: esos eran sus sentimientos para con su planeta y su gente.
Para con todo y todos.
No logró dormir durante la noche, estaba demasiado ansioso y preocupado como para hacerlo.
Tark se levantó por enésima vez de su cama y abandonó por completo la idea de descansar: había cosas más importantes para hacer.
"Esperar al Príncipe y la Princesa...".
Caminó horas, minutos, ¡tal vez segundos! No supo cuánto, no pudo distinguir el paso del tiempo... Y el intercomunicador de su hogar sonó finalmente.
Apretó unos botones que estaban por debajo de la pantalla y observó a su Príncipe con emoción.
—¡Príncipe Trunks! —exclamó—. Si llama ahora es porque está a punto de llegar, ¿cierto?
Desde el otro lado de la pantalla, el muchacho se mostró casi sonriente.
—Así es, Tark... —y su rostro mutó en seriedad absoluta—. ¿Hiciste lo que te pedí?
El científico asintió.
—El Rey ya está aquí, en mi casa.
Eso relajó un poco a Trunks pero, al mismo tiempo, no hizo nada más que ponerlo más tenso de lo que ya estaba de por sí.
—En cuanto aterricemos iremos para allá... Gracias por todo, Tark. Gracias... —y la comunicación se cortó.
El Líder de la Clase Media corrió por su casa y se detuvo frente a la puerta del sótano, donde un poderoso guerrero, el Rey de Vegetasei, aguardaba en silencio desde hacía horas.
"Ha llegado el momento, ese que el Príncipe esperó toda su vida...".
Giró hacia la puerta de su casa y no consiguió, de allí en más, sacar sus ojos de ese punto específico.
—Llega, Trunks... Llega sano y salvo...
Y aterrizaron.
La noche estaba en pleno esplendor y Trunks se decepcionó un poco: deseaba que Bra viera el cielo rosado, que ella pudiera apreciar su color favorito rodeando por completo a su planeta paterno.
"De todas formas, es ideal que hayamos llegado de noche...".
Antes de salir de la nave, el Príncipe tembló por varios minutos y, luego de un largo y sentido suspiro, se colocó a su peor enemigo: su casco.
Bra giró a mirarlo y una puntada de dolor se hizo sentir en su pecho.
"Toda la vida así... No consigo imaginarlo".
Ese sentimiento provocó más admiración de ella para con él.
"Que sufrimiento, Trunks... Pero eres tan maravilloso que lograste soportarlo... No sucumbiste".
Pan también se lo quedó mirando.
"Volver al casco... Ya me había desacostumbrado".
—Y el Príncipe Feo hace aparición... —susurró con ironía, arrancando una pequeña aunque derrotada sonrisa de su pareja.
—No por mucho, o eso espero... —deseó en voz alta.
Con las tiaras funcionando perfectamente, los cuatro salieron de la nave rumbo a la casa de Tark, todos tapados por enormes túnicas negras que escondían su identidad en la noche.
No volaron, simplemente corrieron a una velocidad que Bra, en brazos de su hermano, no dejó de temer... ¡Eran seres superiores! ¿Acaso ella también tenía el "talento" de moverse así? ¡¿Cómo era posible?
Del verde inicial pasaron a pequeñas viviendas con un estilo al que la Princesa no estaba acostumbrada... ¡Una arquitectura tan hosca! Tan distinta a los hermosos rascacielos terrícolas...
"Pero todo parece funcionar a la perfección aquí... Todo es parte de lo mismo, de la esencia de los saiyans...".
Sin dudas, la arquitectura hacía honor a tan particular sangre.
Con precaución y esquivando hábilmente a todo aquel ser que anduviera perdido en la oscuridad (cosa rara en Vegetasei que alguien anduviera fuera de su casa en la noche), los cuatro saiyans lograron llegar a destino, a una de las casas más grandes de Vegetasei: la de Tark.
—Llegamos... —murmuró Trunks, totalmente nervioso, temblando.
Cada vez estaba más cerca... Del momento de la charla, de decir, de escuchar...
De ver al padre de ambos...
Y juntos.
Finalmente y después de una eternidad que, estaba seguro, sólo había consistido en cinco malditos minutos, Tark sintió el ruido del golpeteo en su puerta. Corrió hacia ésta y la abrió sin más.
—Entren, rápido —dijo sigilosamente, cerrando la puerta justo cuando el último de los cuatro que acababan de entrar pasó por el umbral.
Mantuvo su mano firme en el picaporte, tomándose su tiempo mientras se contradecía para mirar a Trunks.
—Tark... —susurró él.
Volteó y lo vio.
—Príncipe... —se emocionó y personificó esto con una enorme sonrisa, abrazando a Trunks de forma paternal—. Que gusto verlo bien, es un alivio para mí.
El joven apretó de igual forma a su amigo.
—Gracias a ti por tanta preocupación... Eres un héroe para demasiada gente, te admiro —admitió sonriente.
El sentido abrazo se interrumpió y fue allí donde Tark obtuvo la mejor perspectiva de la situación.
Goten y Pan se habían destapado sus cabezas le sonreían de forma orgullosa, sin mucho para decir pero con mucho para expresar... Sólo quedaba una persona tapada.
Se acercó a ésta sabiendo quién era, algo se lo dijo.
Tomó su mano y se agachó frente a ella, dejándola totalmente pasmada.
—Princesa de los saiyans... Es un honor estar frente a Usted.
Bra tembló presa de los nervios pero no permitió que éstos la cegaran. Soltó la mano de Tark y se destapó la cabeza, sabiendo de los ojos de ese hombre que era realmente de confianza.
—Gracias por cuidar de mi hermano —fue lo único que se le ocurrió decir, lo único importante para decir desde su panorama.
Tark le sonrió.
"Hermosa... Híbrida y exótica, realmente perfecta".
—Es Usted preciosa, mi Princesa... ¿Puedo saber su nombre? —siguió adulándola.
Bra se mostró orgullosa al estilo de su padre, cosa que pareció asombrar al Líder de Clase Media que acababa de conocer.
—Bra —respondió cortésmente y no ocultó su seriedad ni su impaciencia—. Espero me disculpe, señor... Esto es importante, NECESITAMOS esa charla... —extendió su mano hacia la derecha y allí se encontró con mano de su hermano, estrechándola con fuerza—. Siento interrumpirlo, es usted muy amable con mi hermano y por ello le estoy agradecida.
Pan se quedó mirando a Bra completamente estupefacta.
"Buenos modales... Tan impropios de la damita, pero que tiene en su interior".
Estaba sorprendida, era toda una saiyan en su mirada y toda una Princesa en su trato.
"Bueno, no es siempre una princesa...".
Y rió unos momentos.
—Entiendo sus sentimientos, Princesa Bra —respondió Tark con mucho respeto—. Vegeta está en mi sótano... Trunks, ya conoces el camino.
Su amigo lo tuteó y eso fue una señal de algo.
"Tark me está tratando de calmar...".
El Líder de los medios solía hablarle así en momentos de tensión, logrando siempre tranquilizarlo aunque fuera un poco.
"Pero aquí está la excepción...", pues ahora estaba más nervioso que nunca.
—Ve, Trunks —Pan palmeó su espalda, mirándolo fijamente—. No pierdas esta batalla...
El Príncipe la miró con confusión dibujada en sus pupilas.
Al darse cuenta de que él no había entendido del todo bien su mensaje, Pan rió a carcajadas.
—"Batalla" la que sea —le aclaró—. Si te pelea con las palabras, derrótalo. Si te ataca con puños, mátalo... No le permitas ganar, él te debe demasiado —musitó.
Pan estaba extraña, se veía muy reflexiva, cosa rara en ella siendo tan directa y rápida cuando de hablar y reflexionar se trataba.
Se quitó el casco y, sin miedo a las miradas de Tark, Goten y Bra, la besó con toda la pasión que salió de su interior.
Hubo un silencio y ellos siguieron besándose...
Y besándose...
"No permitas que te maten, Trunks... Ni él ni nadie".
Y al fin ella pudo admitirlo: temía por la vida de Trunks.
Lo empujó levemente, rompiendo así el beso.
—Aquí te espero —y volvió a su rostro sin mensaje.
Tark se sintió feliz por Trunks, realmente se lo veía alegre y contenido, especialmente en brazos de la impertinente muchachita de Clase Baja.
"Una hermana y una mujer muy bien escogida... Es maravilloso, todo se está dando vuelta".
Cuando el Príncipe, ya sin casco, volteó hacia él, Tark gesticuló una enorme sonrisa.
"Lo merece más que nadie... Todo debe cambiar, todo a raíz de él".
La revolución en Vegetasei, nadie más que Trunks tenía derecho a provocarla.
"Y yo iré tras él con gusto".
Sin nada más para decir, Trunks fue hacia Bra y se aferró a su mano una vez más, cosa ya acostumbrada entre los gemelos: intentar ser uno, estar unidos como solamente los gemelos sabían estarlo.
—Vamos —habló Bra con determinación, encaminándose ambos hacia la puerta que no sólo les mostraría a Vegeta, sino que les daría las respuestas, los reproches, el odio y hasta quizá el amor...
Le darían paz a su madre, la harían sonreír pasara lo que pasara.
"Te lo prometo, madre...", aseguró Bra en su interior y apretando más fuerte que nunca la mano de su hermano.
A un paso de la verdad... Del por qué de todo lo que había sucedido los últimos 28 años.
La verdad que ambos hermanos merecían con creces...
Observó la pared contraria a las escaleras que llevaban hacia el sótano hasta hartarse, hundido en un abismo de recuerdos dolorosos y que nada tenían de borrosos en su memoria.
Siguió recordando la historia, casi repasándola para el futuro inmediato, para la charla que nada tendría de amena... Bien lo sabía.
Se distrajo por unos minutos, despabilándose y volviendo a concentrarse luego de darse cuenta de lo estúpida que era su actitud.
"No hay carácter que valga, esta mujer es demasiado vulgar...".
—¡SOY VEGETA! —gritó con todas sus fuerzas, deteniendo el corazón de Bulma y su padre—. Soy el Príncipe de los saiyans, la raza guerrera más poderosa del universo... ¡Jamás olvides eso! —dijo entonces—. Tú, viejo decrépito —señaló a Brief— construirás la nave más rápida que exista en este mugroso planeta y, si lo haces bien, tal vez te lleve a mi planeta como científico esclavo... ¡Todo para darnos a los saiyans tus conocimientos más valiosos! Porque como seres de fuerza no valen nada, sólo sus cerebros me interesan...
Bulma titubeó: ¿debía responder?
"Un ser de otro planeta, un Príncipe...".
Puso una mano en su pecho, intentando calmarse.
—¡ÓYEME! —le gritó ella a él, captando inmediatamente la atención de ese sujeto—. ¡No te hicimos nada! No tienes derecho a meterte con nosotros! Además, ¡ignoras que yo también tengo un cerebro! ¡Mi nombre es Bulma! ¡BULMA! Tú tampoco olvides eso...
Vegeta rió sin miramientos, aún asombrado, en cierto sentido, por la valentía absurda de esa mujer.
—Como gritas, mujer —musitó—. Entonces tú también trabajarás para mí... —le dio la espalda y caminó a lo largo del laboratorio destruido a la mitad—. Tienen cuatro días para concretar el proyecto, sino destruiré este maldito planeta sin piedad alguna... ¡TRABAJEN!
"Bulma, que nombre tan ridículo".
—Pero jamás lo olvidé... —susurró con los ojos cerrados, completamente consternado por los recuerdos.
Iba a seguir recordando, a seguir deteniendo el tiempo con las evocaciones de la única mujer a la cual se había unido, cuando un aroma se coló en la habitación, acompañado por el ruido de la puerta abriéndose en el extremo superior de las escaleras.
"Bulma... Ese aroma es de Bulma...".
Apretó los párpados con furia y cruzó sus brazos aún más, furioso y conteniendo lo más posible su poder.
"La trajo... ¡La trajo! Es un inconsciente... ¡Maldito Trunks! Estoy acorralado...".
Ya no podría evadirla, no de la forma magistral con la que lo había hecho durante 28 años, ahora ya no podría huir.
Y quería, vaya que quería...
"No quiero verla, no lo soportaré...".
—Papá... —y la voz de su hijo resonó en el cuarto.
"Maldita sea... ¡Bulma! ¡¿Acaso esta es tu venganza por todos mis errores?".
—Cuídalos, Vegeta... Cuida a Trunks y Bra, te lo suplico...
Giró su cabeza, casi aceptando ese molesto destino, y allí estaban... Los dos.
—Cuídalos... Yo no podré hacerlo...
Sus hijos, ambos lados de la misma moneda. Los dos híbridos, los dos pecados que llevaba en su sangre... Los dos pecados que llevaban su sangre.
—¡NO MORIRÁS! No lo permitiré, mujer...
—Ya es tarde... Por eso, por favor... Cuídalos... No permitas que les suceda esto...
Trunks lo miró de forma indescifrable, raro en él siendo tan sensible.
—¿Has visto sus ojos, Vegeta? Trunks se ve tan dulce... Es demasiado dulce considerando a sus padres...
Y Bra... La mirada de Bra le hizo perder toda compostura, toda capacidad para razonar...
—Ella se parece mucho a mí, pero también a ti, Vegeta... Ella es igual a los dos, pero más a ti. La mirada lo dice todo.
—Padre... —susurró Bra, con un desprecio que jamás pensó le dolería tanto.
—Déjalos aquí, en la Tierra... No permitas que les hagan daño... Por favor...
Sus brazos cayeron a cada lado de su cuerpo, aún sin girar por completo hacia sus hijos.
—No los separes ni te los lleves a tu planeta... Los matarán y bien lo sabes...
Y una lágrima, la más inevitable de su vida, rodó por su mejilla.
—Cuídate... Te extrañaré, Vegeta...
Sus hijos, ambos, lo miraron con total asombro, especialmente Trunks, quien jamás había visto en su padre algo semejante... ¡¿Una lágrima?
—Te espero en el otro mundo... Nos volveremos a ver, te lo juro...
Trunks tomó con aún más fuerza la mano de su hermana, quien en su rostro denotaba incomprensión absoluta.
—Papá, tú... —atinó a murmurar en medio de esa oleada de locura.
—Te amo, Vegeta...
Se acercó lentamente a sus hijos, sabiendo que Bulma acababa de poseer su cuerpo y extendiendo sus brazos en el espacio, invitando a quien sabía qué a sus hijos.
—¡MALDITA MUJER! ¡¿Cómo te atreves? ¡¿CÓMO SE TE OCURRE?
Y ambos derramaron una lágrima sincronizada, cediendo inevitablemente hacia su padre.
—¡¿Cómo puedes hacerlo? ¡NO PUEDES MORIR! ¡BULMA!
Y los tres se abrazaron fuertemente, entre lágrimas, golpes y reproches.
Rodeados por un aura misteriosa, por la esencia de Bulma que les suplicaba poner una pizca de amor en tan tensa situación.
La esencia que los hacía mejores personas a los tres...
Especialmente a Vegeta...
Al padre que había pecado, al saiyan que había traicionado...
Al hombre que había "amado", como ella solía llamar a ese sentimiento, a Bulma...
A su mujer... La más importante en la vida de esas tres personas que ahora se abrazaban, buscando en uno en el otro las respuestas, la presencia.
Buscando a Bulma hasta el infinito.
Nota final del capítulo XXVIII
Siento el retraso (y lo largo del capi, me extendí bastante más de lo deseado, pero fue inevitable o.o), pero es necesario si quiero que me vaya bien en los exámenes (hace unos días aprobé uno, ¡y con muy buena nota! n.n).
Uf... Ya me voy a poder acomodar un poco más, aparte ando MUY inspirada pero me cuesta plasmarlo, se me viene el final del fic encima y todo se complica a esta altura...
En fin XD
No tengo mucho para decir, simplemente que YA se vienen algunos capis de mucho flashback, ya se imaginarán de qué hablo n.n
Espero mi primer VxB salga como sus fans lo merecen, como esos dos personajes tan entrañables lo merecen.
En mi DeviantArt (el link está en mi profile), hace un tiempito ya, subí otro fanart del fic, este un poco más elaborado y con algunos personajes más (aunque tiene un "pequeño" spoiler XD). Si gustan pueden mirarlo n.n
Más que nada lo digo porque a mí me encanta ver fanarts de fics, está bueno ver lo que leemos plasmado en un dibujo (no muy digno, pero hago lo que puedo XD).
En estos días tengo otro examen así que me vuelvo a desaparecer unos días... Igual espero la inspiración acompañe y pueda subir algo pronto, muero por llegar a ciertas cosas n.n
Y eso... ¡Nos leemos! Mil gracias por el apoyo, los quiero mucho n.n
Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.
