Saludos queridos lectores. Vuelvo con un nuevo capítulo de lazos después de una larga ausencia. Me disculpo por no haber escrito este capítulo antes, pero les aseguro que no sería tan bueno como lo es si no le hubiera dedicado tanto tiempo de pensamiento hasta llegar al resultado de hoy. Es un capítulo clave en el que se añade un nuevo personaje a la fórmula, y un nuevo sentimiento a este embrollo de sentimientos que ahogan a Sakura y a Sasuke por igual.

Por fin llegó el momento que todos esperábamos! me siento tan ansiosa que no voy a poder reprimirlo jajajja

CELOS

Sí, estoy tan orgullosa de mí por este capítulo que espero con ansias sus comentarios para ver que les pareció. Espero que lo disfruten tanto como yo disfruté escribirlo.

Agradezco como siempre a todos los que me leen incondicionalmente y a todos los que dejan sus amables comentarios en cada capítulo.

Saludos y espero que lo disfruten!


29

Las imágenes en el televisor seguían moviéndose, pero ella no podía obligarse a prestarle atención. Había servido en un plato su desayuno, los carbohidratos necesarios para mantenerse en pie durante todo su turno, el cual comenzaría en poco más de dos horas. Se había despertado demasiado temprano, pero no había podido volver a cerrar sus ojos, y desde entonces no había conseguido volver a perderse en la deliciosa inconsciencia del mundo de los sueños. Por su parte, sus compañeros, todavía no habían logrado despegar las cabezas de la almohada y si se concentraba lo suficiente sabía que podía escuchar los ronquidos de Naruto desde su posición en el sofá de la sala de estar.

Luchó durante algunos minutos para recordar los sueños que la habían acompañado durante la pasada noche, pero no pudo llegar a recordar más que breves imágenes que no significaban mucho para ella. Se sintió feliz de que después de varias noches de pesadillas pudiera soñar con algo ligero, que probablemente había sido placentero, a pesar de que ya lo había enterrado en su inconsciente.

Esa era su primera noche completa de sueño en muchos días, tantos que no podía recordar cuando había tenido por última vez una noche como aquella.

Escuchó pasos que se acercaban hasta donde ella estaba por el piso de madera, pero sus ojos no se separaron de las imágenes de colores brillantes hasta no sentir la conocida e imponente presencia a sus espaldas.

-Buenos días.- Sasuke se sorprendió levemente al verla allí, y se sorprendió más aún al descubrirse lo suficientemente acostumbrado a la presencia de su compañera como para no alertarse al sentirla apenas había cruzado el umbral de la puerta.

-¿Dormiste bien?- La pregunta de Sasuke rebotó en su cabeza durante algunos segundos antes de que pudiera planear una respuesta. Él no había olvidado los hechos del día anterior, la crisis nerviosa que ella había sufrido el día anterior no eran algo con lo que él estuviera familiarizado, y la excesiva amabilidad que el tono que había usado para hablarle demostraba dejaba en evidencia que no había sido algo agradable para él.

-De hecho sí, gracias por preocuparte. Me encantaría poder haber dormido un par de horas más, pero no pude hacerlo.- Sasuke asintió con la cabeza mientras dejaba que su cuerpo recién salido de la ducha se desplomara en el espacio vacío del sillón. Conocía perfectamente lo que significaba no poder descansar por más que minutos durante noches completas.

-Los ronquidos de Naruto no son de gran ayuda de todas formas, no eres la única que no puede dormir apropiadamente.- Ella esbozó una pequeña sonrisa y él se sintió satisfecho de tal logro, después de haberla visto completamente destrozada el día anterior casi había olvidado cómo se sentía el calor de su sonrisa.

Ella no borró la mueca de sus labios ni separó su mirada verdosa de la pantalla frente a sus ojos, a pesar de que a simple vista se notara que en realidad no le estaba prestando atención.
Sasuke sintió el cosquilleo que el roce de los pies de Sakura habían provocado en su pierna. No se había percatado de la cercanía de sus cuerpos hasta ese momento y sabía que faltaba poco para que comenzara a acostumbrarse a aquellos momentos de intimidad que compartían desde que vivían bajo el mismo techo.

-¿Quieres algo para desayunar?- Después de largos segundos de silencio su voz femenina interrumpió el ambiente de calma que el murmullo lejano del televisor había creado en su cabeza.

-No te preocupes por eso, iré a prepararlo yo mismo.- Ella negó con la cabeza y se levantó del lugar que ocupaba a su lado, con tan solo dos pasos le bastó para posicionarse frente a su cuerpo y su mano se dirigió sin pensarlo a sus cabellos negros todavía mojados, acariciándolos con ternura, inyectando una buena descarga de escalofríos en su nuca.

-Lo haré, te lo debo por la cena de ayer.- Su rostro bajo hasta su altura y sus labios depositaron un beso en su mejilla derecha en un arrebato de ternura. De inmediato el único miembro viviente del clan Uchiha sintió como el calor se dispersaba por su rostro y cuerpo, como un cáncer de felicidad corriendo por sus venas.
Sasuke siempre había querido que ella lo besara, después de ver las múltiples veces que ella le dedicaba ese tipo de atención a Naruto y a Kakashi. Era increíble como podía transmitir tanto con aquel simple gesto que por lo general se le atribuía a los niños pequeños o al trato entre padres e hijos.

-Gracias por cuidar de mí, Sasuke.-

De inmediato supo que sus esfuerzos por cocinarle la noche anterior habían valido la pena. Ni cincuenta platos de arroz valdrían jamás lo que había valido para él aquel gesto de su compañera.

En un descuido de su mirada ella se había trasladado a la cocina, un escaso camisón blanco cubría apenas hasta debajo de sus muslos y sus torneadas piernas quedaban completamente al descubierto, junto con sus hombros y parte de su espalda, su piel expuesta solo para que su mirada la apreciase.
Deseaba tanto poder acercarse a ella y rodear su cuerpo con sus brazos.
Su sonrisa y su alegría le recordaban a su madre y su inteligencia y sentido del humor le recordaban a su hermano.
Sakura hacía magia en la cocina y el olor delicioso de un desayuno completo le recordaban más a la infancia que las fotografías amarillentas que había encontrado por todo el lugar la primera vez que había puesto pie en la aldea de la hoja después de su infantil escape.

¿Cuántas cosas habían tenido que pasar para que se diera cuenta que era la única mujer que quería a su lado?

Tal vez todos esos momentos eran los que habían hecho que ella fuera como era, una mujer fuerte y bella de su misma edad, pero con una madurez superior a la que él había demostrado durante los últimos años.
Sus ojos verdes habían conseguido atraparlo, aquella vez que su preciosa figura se había mostrado entre la miseria y la oscuridad de su celda.
Recordaba su cabello largo y de aquel enigmático color rosa cayendo hasta su cintura, no había pensado cuánto le gustaba hasta que ella se lo había cortado, para salvar su vida y la de su equipo años atrás.
Pero su pelo era solo una porción de lo que ella significaba para él ahora.
Su risa inundaba la pequeña cocina que había presenciado todos los momentos más importantes de su pasado. Cada cena familiar, cada merienda después de la academia, cada conversación con su hermano, cada discusión con su padre y cada palabra de su madre cobraban vida con su simple presencia.
Él se desesperaba por hacerla reír, con cada comentario sarcástico sobre su compañero, o simplemente con cada historia y recuerdo que compartía con ella, su único propósito era enamorarla, de la misma manera que ella había hecho con él durante los últimos meses.

Observó su silueta partir y devolvió su saludo con un simple movimiento de su mano. Por un momento pensó que el símbolo que su remera roja como la sangre mostraba era el conocido abanico que cada pared del distrito de su familia tenía grabado.
Sus ojos se abrieron como platos y su corazón volvió a palpitar al descubrir que solo había sido un engaño de la luz del sol que lo bañaba todo.

Ahora sabía que ella era la única mujer que podría volver a llevarlo.

.

Cuando se había despertado esa mañana, Sakura había pensado que tendría que mantener en su rostro una sonrisa falsa por el resto del día, solo para dejar de ver los rostros preocupados de sus mejores amigos, pero sorprendentemente, no había tenido que fingir ninguna sonrisa, puesto que aquella mañana en compañía de Sasuke le había robado varias risas genuinas y había logrado que por un momento se olvidara de aquellos pensamientos que la habían arrastrado hasta la depresión en un primer momento.

El rechazo que sentía por los sentimientos que comenzaban a crecer en su interior la había arrastrado hasta el peor infierno que había vivido después de la muerte de sus padres, y se preguntaba cuáles serían las palabras de aliento que su madre pronunciaría en una situación como la suya.

La vida de adulta que había escogido desde aquel fatídico encuentro con Sasuke que casi le había costado la vida años atrás, le había traído problemas de aquella gravedad desde el principio, pero no por eso se había arrepentido de su decisión o de la persona en la que se había convertido gracias a su duro trabajo y esfuerzo acumulado durante largos años.

Sin embargo en momentos como aquellos pensaba que todo esfuerzo había sido en vano, que cada día que se había despertado diciéndose a sí misma que aquellos sentimientos debían ser desechados y que esa persona debería desaparecer de su vida, no habían servido de nada. Esa había sido la única solución que había encontrado, y con el tiempo había conseguido que fuera efectiva, y lenta y dolorosamente cada momento que había pasado junto a Sasuke Uchiha había perdido su importancia, el amor que había sufrido desde su nacimiento había muerto completamente y hasta se había dado una nueva oportunidad en el amor que le había traído tranquilidad y felicidad, pero todos sus esfuerzos se habían desecho entre sus manos en cuanto su mirada había vuelto a conectarse con la suya. Entonces todo lo que había construido ladrillo a ladrillo en su corazón había caído y había dejado de funcionar para ella.
Sakura había aprendido de la manera más dolorosa que los sentimientos no desaparecen simplemente porque uno lo desee o porque sean lo suficientemente dolorosos como para convertirse en una carga permanente en el espíritu.

Era ahora, cuando se encontraba expuesta a la fuente de toda su dicha y todo su sufrimiento, que se daba cuenta de la magnitud de aquellos sentimientos que habían nacido producto de hormonas y una atracción inexplicable hacia una persona completamente inconveniente para ella, y para cualquier otro ser humano que viviera en la aldea en la que había nacido.

Sus pasos la habían llevado ciegamente hasta el hospital, su cuerpo, que a estas alturas conocía de memoria el camino que debía recorrer, le había permitido perderse en sus pensamientos hasta llegar a su destino, en donde se veía nuevamente obligada a ser presa de sus obligaciones.

Al cruzar la puerta del hospital abandonaba a la pequeña Sakura de trece años que hubiera sacrificado un brazo por llamar la atención de Sasuke y se metía nuevamente en el papel de la ninja médico más poderosa de la aldea de la hoja, la alumna prodigio de la Hokage y antiguo miembro del ahora legendario equipo siete.

Luchando contra su ansiedad logró transportarse hacia el final de su turno, consiguiendo por fin encerrarse en una tarea que no requiriera el completo funcionamiento de sus sentidos como lo era el ordenar el papeleo médico que se había apilado durante los últimos días en su escritorio.
El suave llamado a la puerta la distrajo de sus pensamientos ferozmente y se preguntó quién podría requerir su presencia a aquellas horas, a sabiendas de que su turno había acabado oficialmente desde hacía diez minutos.

-Adelante.- La palabra escapó en un tono monótono de sus labios y ni siquiera se molestó en abandonar su tarea, de espaldas a la puerta, al escuchar el sonido de la puerta abriéndose y de pasos caminando hasta el interior de su despacho, en donde su escritorio se encontraba.

-Después de tanto tiempo pensaba que merecería una bienvenida mejor que esa, Sakura.- Sus manos temblaron al escuchar aquella voz tan familiar y cálida que sus oídos no escuchaban desde lo que parecían ser muchos años. Su cerebro dejó de funcionar durante un segundo, momento en el cual sus manos dejaron caer al suelo sin mas la enorme pila de papeles que había estado ordenando durante los últimos veinte minutos. Su cuerpo se volteó y sus ojos se posaron de inmediato en aquel rostro conocido que sus sueños tanto habían aclamado desde que se habían separado meses atrás.

Ojos profundos y negros como la noche, cabello de un rubio claro más parecido al de su mejor amiga que al de Naruto. Su figura masculina y poderosa, ligeramente más alta que la suya y su conocida mueca que hacía las veces de sonrisa y que le traía un remolino de dolorosos buenos recuerdos a la memoria.

-Shii.- Su nombre escapó de sus labios en forma de susurro y de inmediato se apresuró a lanzarse a sus brazos. Rodeó con paso torpe el escritorio de madera y finalmente logró encontrarse de vuelta entre los brazos de aquel hombre que la había hecho genuinamente feliz.-Creí que nunca volvería a verte.- Sus palabras sonaron demasiado sinceras al escucharlas con sus propios oídos y de inmediato se arrepintió de haberlas pronunciado siquiera. Sus brazos la estrecharon en un abrazo en el que se sentía completa y el calor que su cuerpo emanaba provocó que sus mejillas se enrojecieran de repente, volviendo por un momento a ser la Sakura adolescente que lo había conocido.

-El Raikage me puso a cargo del hospital, así que no pude salir de Kumo hasta ahora, me alegra haberte encontrado justo donde te dejé.- Ella rió brevemente y disfrutó de ser recibida entre sus brazos durante algunos segundos más, antes de separarse lo suficiente de su cuerpo para poder mantener una conversación apropiadamente.

-Entonces ahora somos colegas, quien hubiera dicho que ambos conseguiríamos ser directores de los hospitales más importantes del mundo ninja tan pronto.- El guardaespaldas del Raikage negó rápidamente con la cabeza y dirigió una mano a sus cabellos rosados, acariciando con cuidado un mechón y acomodándolo detrás de su oreja después de algunos segundos de jugar con él entre sus dedos.

-De ti nunca lo hubiera dudado, pero de mí, supongo que es algo así como un milagro que el viejo me haya dado esa responsabilidad.- Ella le dedicó una bonita sonrisa antes de continuar. No se había dado cuenta hasta ese momento que sus ojos eran tan parecidos a los de Sasuke, que probablemente esa había sido la razón por la que se había fijado en él en un primer momento.

-Me alegra que tengas esa posición, y que hayas podido escaparte para verme.- Él asintió con la cabeza levemente antes de tomar las manos de Sakura entre las suyas.

-No podía perderme la fecha del baile por nada, sé que significa muy poco para ti, pero tal vez encuentre la manera de hacer que sea una noche especial.- Sakura sintió como todo el aire se escapaba de sus pulmones, como si alguien le hubiera propiciado una patada en el estómago. Tal vez era su conciencia, que le susurraba cosas horribles al oído y que no le permitía disfrutar de un momento de felicidad como aquel, por todos los fantasmas que vivían en su cabeza.

-Si me acompañas entonces estoy segura de que va a ser especial.- Su mano se dirigió a acariciar la mejilla del joven y se acercó un poco más a su rostro, perdiéndose en aquellos atrayentes ojos negros.

Él sonrió por primera vez desde que había cruzado la puerta y posando sus manos en la cintura de quien había sido su novia la acercó a su cuerpo, deteniéndose por algunos segundos en sus ojos verdes antes de besar con ternura y pasión reprimida sus labios carnosos.

Ella sintió que su cuerpo se elevaba del suelo durante algunos segundos, y cuando la sensación de vacío se retiro de su estómago y se instaló en su corazón sintió que la ansiedad volvía, pero por una causa diferente esta vez.

Porque se percató de que ya no podía permitirse ser feliz en otros brazos que no fueran los suyos.