Perdón por haber tardado tanto, de verdad. El capítulo ya estaba escrito para hace dos semanas pero tuve complicaciones con el navegador que no me dejaba subir nada. Bien. El final se acerca. Estamos a tres capítulos de terminar. Próximo capítulo: Regionales + Baile de fin de año (Homecoming Dance).
Formalidades: Glee es de Ryan Murphy, Brad Falchuk e Ian Brennan. Además de FOX y todo eso.
Length: ~4800
Capítulo 28: "You Belong With Me"
- Quería pedirles disculpas. A ambas. Mi comportamiento fue extralimitado -dijo Finn. Era jueves a la tarde y habían estado a punto de entrar al salón de coro si no hubiera sido por el QB que les pidió un segundo.
- Me parece perfecto -sonrió Rachel. Finn se acercó lentamente y se abrazaron. Quinn los miró con el ceño ligeramente fruncido. Luego de que enrollara a la morena en sus brazos, la miró a ella y se acercó. Quinn lo miró confundida pero permitió que él la abrazarla, aunque se haya sentido raro hacerlo; más que nada fingido.
- De verdad espero que me perdones -le dijo a Quinn, sonriéndole, con sus grandes y torpes manos apoyadas sobre sus brazos-. Bueno, creo que ya es hora de que entremos.
Finn las dejó solas y Quinn miró a Rachel, como preguntándole qué demonios había pasado, con la mirada. La morena le sonrió y entró al salón.
Rachel podrá haberse tragado la estúpida mentira de Finn, pero ella no se la creyó. Ella no era tonta y sabía que el QB era bastante vivo cuando quería. Definitivamente se iba a mantener distante y en silencio, esperando el momento en el que el mariscal intentara atacar y ahí lo iba apuñalar, figurativamente. Iba a observar todo lo que hiciera con ojo crítico, no pudiendo darse el placer, el lujo, de quedarse dormida en los laureles. No cuando se trataba de Rachel y Finn y su pasado juntos.
- Bueno. Hace mucho que no paso a cantar, así que creo que es un buen momento para hacerlo -dijo Finn, parado al lado del señor Schue.
- Estoy totalmente de acuerdo -dijo el profesor, asintiendo.
You're on the phone with your girlfriend,
she's upset,
she's going off about something that you said,
but she doesn't get your humor like I do.
- ¿No es una canción de Taylor Swift? -preguntó por lo bajo Mercedes.
- Oh, ésto va a ser épico -dijo Kurt boquiabierto, llevando su mano a su boca, agitando un poco su cabeza.
I'm on my room, it's typical Tuesday night,
I'm listening to the kind of music she doesn't like,
But she'll never know your story like I do.
She wears high heels,
I wear snickers,
she's cheer captain and I'm on the bleachers
waiting for the day,
when you wake up and find
that what you're looking for
has been here all the time.
If you could see that I'm the one who understands you,
been here all along
so why can't you see?
you belong with me.
Quinn entrecerró los ojos mientras escuchaba al estúpido de Frankenteen cantar esa canción que evidentemente estaba dirigida a su novia. Se cruzó de brazos y frunció el ceño al estilo Santana mientras él se balanceaba alrededor de Rachel, sonriéndole coquetamente mientras que la morena parecía incentivarlo a seguir.
. . . .
- ¿Te diste cuenta de lo que estaba haciendo? -dijo Quinn molesta con el estúpido mariscal de campo. ¿Cómo se atrevía a mentirle en la cara?
- ¿De qué hablas? -preguntó Rachel, de verdad sin una sola pista de lo que la rubia hablaba.
- ¡Finn! -dijo y comenzó a respirar profundamente, contando hasta diez. No era culpa de Rachel, así que no tenía que desquitarse con ella-. Lo siento.
- Está bien que estés algo insegura, pues Finn y yo siempre tuvimos buena química -la porrista arrugó la nariz ante la mención-. Pero estoy contigo ahora. Lo deje a él para estar contigo.
- Pero...
- Seguramente está tratando de recuperar nuestra amistad perdida. Seguro es éso -dijo y se quedó callada por un momento-. ¿Sabes cuál era la razón por la que tenía que seguir con él? -la rubia sacudió la cabeza-. Para probarles a todos los homofóbicos aquí que la gente gay puede criar hijos heterosexuales. Pero yo... Soy bastante gay cuando se trata de cierta Quinn Fabray, así que... Quizás estoy equivocada. Quizás ellos son los que tienen razón.
- No, Rachel. Tú tienes razón -le dijo Quinn, poniéndose de frente a ella-. No necesitas probar nada. Es sólo una coincidencia que tú estés atraída hacia una persona del mismo sexo. Pero éso no significa que la gente gay sólo pueda criar hijos gay, porque si fuera así entonces, la gente heterosexual criaría sólamente hijos heterosexuales, y no es así. Tus dos padres fueron criados por matrimonios 'convencionales'. Yo misma crecí en un ambiente sumamente conservador y mírame, me vuelvo loca cuando te tengo cerca, no puedo mantener mis manos lejos de tí -dijo, acariciándole la mejilla a la morena, que sonrió-. Así que, al demonio los homofóbicos.
- Gracias. Por entenderme -le dijo.
- No tienes que agradecerme. Además, nosotras les demostraremos que no es cierto lo que dicen.
- ¿Estás planteando, acaso, la idea de tener hijos juntas en algún futuro, por lo tanto implicando y dando por hecho la posibilidad de que nos vaya a ir bien como pareja al grado de llegar a esa instancia?
- Si esa suposición no te molesta...
- Por supuesto que no -sonrió, saltando sobre la rubia-. Podríamos intentar hacer hijos en este mismo instante.
- Me gusta cómo piensas -dijo la rubia, posando sus labios sobre los de la morena encima suyo, sus manos recorriendo su pequeña espalda hasta llegar a la cintura.
. . . .
- Sabes, estoy algo nerviosa -dijo Rachel. Ella y Quinn estaban acostadas en su cama, como Dios las trajo al mundo, mientras que acariciaba con su mano derecha el abdomen de la rubia, que estaba acostada boca arriba (ella acostada sobre su lado izquierdo). La porrista movió su cabeza hacia su derecha para mirarla a los ojos.
- ¿Por qué?
- Tengo miedo de que se repita lo mismo que el año pasado. Temo que perdamos las Regionales y que no tengamos la oportunidad de ir a Nueva York para las Nacionales. Siempre quiero las cosas demasiado, y todo lo que quiero de esa manera, con esa intensidad, nunca sucede. ¿Qué tal si no ganamos?
- No pienses así, Rach -dijo la rubia, acomodándose para quedar acostada sobre su lado derecho, su cabeza apoyada sobre su mano, imitando la posición de la morena frente a ella-. Vamos a ganar. Ten fé.
- Pero sigo teniendo miedo.
- Okay, pero no dejes que el miedo te paralice -le dijo. La morena le sonrió y se acercó, apoyando su cabeza contra la clavícula de la rubia, abrazándola por la cintura. Quinn sonrió y pasó su brazo por encima del brazo de Rachel, acercándola más, y le dio un beso en la coronilla. Sentir la lenta respiración de Rachel tan cerca suyo la abrumaba y hacía que su corazón se hinchara, conmovida-. Rach.
- ¿Ajam?
- Estoy contenta de que estemos juntas -Rachel rió un poquitito, apretando su abrazo alrededor de la pálida cadera.
- Yo también te amo, Quinn -dijo, dándole un beso en el pecho, justo debajo de las clavículas. La porrista se quedó callada, un nudo formándose en su garganta. La calidez del momento la estaba abrumando, y no pudo evitar que se le cayeran unas lágrimas-. ¿Quinn?
- ¿Qué? -preguntó. La morena se despegó un poco para mirarla a la cara.
- ¿Qué sucede, Quinn? -preguntó, instintivamente llevando su mano al rostro de la rubia para enjugar sus lágrimas.
- Estoy... Feliz -dijo, llorando más.
- Oh, Quinn -dijo Rachel conmovida. Se acercó y comenzó a darle pequeños besos en los labios, profundizándolos de a poco y, con un poco de fuerza, hizo que la rubia se acostara nuevamente sobre su espalda, poniéndose sobre ella, besándola despacio, con sus manos sobre sus rosadas mejillas, sintiendo las lágrimas que emergían de sus ojos. Quinn tenía sus manos en las caderas de Rachel-. Te amo, Quinn. Te amo mucho.
- Yo... También... Te amo... Rachel -decía entre sollozos, intentando calmar su llanto, y besos. La morena besó delicadamente su cuello, sus pechos, su abdomen; separó lentamente sus piernas y Quinn se sintió llena, completa. La manera en la que la morena lograba que su cadera se doblara instintivamente hacia arriba, rogando por más contacto, intentando fundirse con ella, era intoxicante. Ésa necesidad de que ese momento no terminar nunca más, que fuera así para siempre. Una sola. Dolía. Era hermoso, a decir verdad, pero llegaba a doler-. Rachel, te necesito.
- Estoy aquí, Quinn -le susurraba al oído. Las manos de la rubia cerrándose, empuñando la manta debajo suyo, su espalda arqueándose hacia Rachel, sus piernas abriéndose involuntariamente hasta más no poder, los dedos de sus pies doblándose; todo era demasiado. La respiración de Rachel en su oído, los besos que le daba en el hombro, su mano aferrada a su cintura, para hacer más fuerza, su pecho bronceado pegado al suyo. No tardó mucho más en llegar al borde, pero sabía que si se dejaba caer, iba a estar la morena para atraparla. Siempre estaba allí.
Se besaron lentamente mientras su cuerpo bajaba de las nubes, los labios de Rachel siempre tan sabrosos, y su lengua. Era tan perfecta. Cada molécula de Rachel era perfecta. Enrolló sus brazos alrededor de su cuello para pegarla contra ella. La morena se apoyó con sus antebrazos a cada lado de su cabeza, besándola lo más profundo que podía, intentado demostrarle cuánto la amaba. El sentimiento exorbitante en su pecho, tan abrumador. Sus pechos se movían sincronizados, agradeciendo el contacto piel con piel, siempre deseando poder estar aún más unidas.
Siempre más unidas.
. . . .
Finn comenzó a sentarse nuevamente en la mesa del club Glee y se lo veía más animado; parecía feliz. Rachel estaba contenta porque su querido amigo, y alguna vez amado, había podido superar el pasado, dejando las cosas malas de lado y abriéndose paso a un nuevo mundo de posibilidades. Hacía chistes graciosos y, de verdad, se lo veía mejor. Todos en el coro estaban aliviados de que así fuera, porque los ensayos solían volverse incómodos cuando estaba enojado y él nunca parecía tener ganas de hacer nada, lo que perjudicaba el rendimiento del equipo.
Él y Puck comenzar a hablar nuevamente, pero el chico del mohicano se mantenía distante. Igual que Quinn.
. . . .
- ¿Las paso a buscar para ir a lo de Kurt? -les preguntó Puck.
- Bueno -respondió sonriendo Rachel.
- Éso estaría perfecto -agregó Quinn.
- Bien -dijo Puck, contento. Se quedó en silencio, pero parecía que quería decir algo más.
- ¿Qué sucede? -le preguntó la rubia.
- Em... Me preguntaba si querían venir a cenar a mi casa hoy. Es el cumple de Emily y resulta que las conoce a las dos, y las aprecia.
- Oh -dijo fascinada la morena-. Qué buen hermano.
Puck sonrió.
- Si, ¿Por qué no? No queremos defraudar a la pequeña Puckerman.
- Quinn, tenemos que comprarle un regalo -dijo, cayendo en la cuenta Rachel-. Tenemos que irnos. Noah, ven con nosotras.
- Okay -dijo, sonriendo otra vez.
- ¿A dónde vamos? -preguntó la rubia mientras Rachel la arrastraba hacia la puerta de entrada.
- Obviamente, vamos al centro comercial. Además -agregó-, podemos almorzar ahí y pasar un rato juntos. Recuerden que por mi culpa ustedes no se junta tan a menudo como antes -Rachel la miró a Quinn por sobre su hombro, arqueando una ceja y sonriéndole coqueta. La porrista se acercó y le dió un beso en la mejilla.
- Dense uno en la boca -dijo Puck.
- ¡Noah! -gritó Rachel pegándole con su mano derecha en el brazo.
- ¡¿Qué? Todos aquí sabemos que éso no te hace ningún daño. Además, hace un rato que no les propongo tener un trío. Creo que me lo merezco.
- Hizo una observación bastante interesante -dijo, mientras Rachel miraba confundida a Noah y la porrista la tironeaba de la ropa, acercándola a ella. Con su dedo índice derecho movió el rostro de la morena para que la mirara a ella y no a él. Quinn tenía una ceja arqueada y sonreía creídamente. Rachel desvió su mirada a los deliciosos labios rosas de la rubia, sucumbiendo toda resistencia en contra de llevar acabo tal acto, montando un show en frente del número 20 de los Titanes. Quinn la tironeó un poco más y sus labios se fundieron en un hambriento beso; Rachel abriendo su boca para saborear con su lengua el labio inferior de la porrista. Con un poco de fuerza aplicada, empujó a la rubia contra la fila de casilleros de atrás, provocando el calentamiento del centro de Quinn. Unas saboreadas más de su lengua y la morena se separó mirando rápidamente a Noah algo incómoda al caer en la cuenta de lo que había pasado (y la mirada del chico, pesada y algo lasciva) y luego caminó hacia afuera.
"¿Ya se acabó?" se preguntó internamente Quinn, que no tuvo tiempo de reaccionar puesto que la morena ya había comenzado a arrastrarla fuera de la escuela otra vez. La porrista se volteó a ver a Puck, que se había quedado parado en donde lo había visto antes de cerrar los ojos, la mirada perdida en dirección al lugar en el que ella y Rachel habían estado segundos antes, besándose. Su boca tan abierta que la mandíbula casi podía tocar el suelo.
- Puckerman. Vamos -dijo, haciéndolo reaccionar.
- Éso estuvo increíble -le escuchó decir por lo bajo.
. . . .
Rachel y Quinn habían decidido regalarle a Emily el Twister. La niña estaba tan fascinada y con tantas ganas de jugar, que no pudo esperar a que los demás terminaran de cenar que ya estaba posicionada en el living, preparando el campo de juego.
Puck decidió no jugar y, en cambio, se encargó de poner a Rachel y a Quinn en posiciones comprometedoras, lo que estaban disfrutando, en realidad, si no fuera por el hecho bizarro de que estaban jugando junto con la hermana de nueve años de Noah. Empezaron con Quinn en cuatro patas, Rachel con su centro pegado al trasero de la rubia, que la miraba insinuante sobre su hombro. Si hubiera sido hombre, hubiera tenido una situación como Finn y hubiera tenido que "enfriarse" cuando sintió que la porrista se hacía para atrás.
El juego continuó, Noah ingeniándoselas para seguir encontrando nuevas posiciones en las que ponerlas; y Rachel ya no podía aguantar más la presión.
- Tengo que ir al baño -dijo la morena, saliéndose de su posición.
- Te esperamos -dijo Emily manteniéndose como estaba. Rachel caminó por el pasillo y se escuchó la puerta del baño cerrarse. Luego escucharon que se abría-. Quinn -llamó y la rubia se levantó automáticamente, corriendo hacia el baño. Puck puso los ojos en blanco.
- ¿Por qué van al baño juntas? -preguntó Emily, todavía sus manos apoyadas sobre un círculo verde y otro rojo, sus pies en uno azul y otro amarillo.
- Se quieren mucho -respondió-. Ven, vamos a ver la tele un rato.
Puck sabía que iban a tardar un rato en salir, así que encendió la televisión, subiendo un poco el volumen, por si las dudas.
. . . .
- Oh, Dios. ¿Cómo puede ser que no pueda aguantar un rato sin tocarte? -dijo mientras Quinn le arrancaba frenéticamente los botones del pantalón-. ¡Lo hicimos antes de venir!
- Lo sé, cariño. Pero tenemos que terminar lo antes posible -dijo, bajándole el pantalón.
- No juego previo, entonces -la rubia negó con la cabeza y ella sonrió, apoyada contra el vanitory, la anticipación haciéndola gotear.
Quinn llevó rápidamente su boca hacia su entrada luego de abrir habilidosamente sus piernas y colocarse una sobre su hombro, deslizando su lengua fácilmente dentro puesto que ella estaba más que lista para recibirla. La cantante agradeció tener el lavamanos para sostenerse porque, si no, se hubiera caído.
Al parecer la rubia decía en serio lo de apurarse porque comenzó a meter y sacara su lengua furiosamente, provocando que sus caderas se movieran involuntariamente, tratando desesperadas de seguir el ritmo impuesto por el músculo lingual de Quinn.
- Oh, Quinn -dijo Rachel, prácticamente montando la cara de la porrista arrodillada frente a ella. No faltó mucho y la morena estaba acabando en la boca de la rubia, cayendo su miel por un mentón de porcelana.
- Eres tan dulce -dijo Quinn, limpiándose la barbilla.
- ¿Quinn? ¿Rachel? ¿Qué están haciendo?
Se quedaron petrificadas donde estaban, no atreviéndose a moverse. Del otro lado de la puerta estaba Emily y ellas no podían dejar que ella las encontrara así. No podían dejar que encontrara a Rachel sin pantalones. Ni ropa interior, si venía al caso.
- Te amo. Date prisa -dijo la porrista dándole un rápido beso en la boca y abriendo la puerta sólo lo suficiente como para que su cuerpo pudiera salir. Rachel esperó a que la puerta se cerrara, y se puso rápidamente sus pantalones, arreglándose el cabello mientras se miraba al espejo, tratando de que no se notara que acababa de tener sexo en la fiesta de cumpleaños de una niña de nueve años.
- ¿Por qué tardaron tanto? -le preguntó Emily a Quinn.
- Es que a Rachel le dolía un poco el estómago. Le debe haber caído mal algo -mintió Quinn acariciando la cabeza de la niña-. Pero no te preocupes, yo me voy a encargar de cuidarla.
. . . .
- Primero que todo -dijo Kurt, parado frente a las velas apagadas de su pastel de cumpleaños, sonriente y con una copa de champagne en la mano, mirando al club Glee reunido a su alrededor con la adhesión de Burt, Carole y Blaine-, quiero decir que estoy agradecido por que estén todos ustedes aquí, conmigo -dijo, llevándose la mano libre al pecho-, en este día tan especial. Sé que suena como si estuviera por empezar un discurso como padrino de alguna boda, pero estoy de verdad contento. Antes, cuando era más pequeño, sólo éramos mamá, papá -dijo, sonriéndole a Burt- y yo. Sólo los tres. Pero, cuando mamá murió, sólo quedamos nosotros dos. Era algo solitario, y triste, a decir verdad; pero nos las arreglábamos -dijo e hizo una pausa, pensante-. Pero, incluso aunque a veces tengo ganas de arrancarles el pelo de la cabeza a algunos de ustedes -Rachel rió un poco ante el comentario-, estoy muy agradecido de haberlos conocido y de que sigan conmigo después de ya un año de compartir un mismo camino -decía mientras observaba los rostros sonrientes y compasivos de sus compañeros-. El club Glee me ha demostrado que es bueno, y sano, ser yo mismo y que no tengo que tener miedo de serlo, porque siempre va a haber gente que me quiera como soy -Burt y Carole se miraron, sonrientes. Kurt hizo una pausa, ya sin otra forma de expresarles lo contento que lo ponía tener a todas esas maravillosas personas que habían logrado cambiar tanto desde el primer día en que se conocieron en el salón de coro (él incluido)-. Ahora bien, estaría encantado si me hicieran el favor de pasar al living para gozar de una buena película mientras disfrutamos de este delicioso pastel preparado por la cocinera de la casa, Carole aquí -dijo, señalando a la señora Hudson.
- Oh, por favor -dijo Carole sonriendo mientras movía la mano para no darle tanta importancia al asunto.
- ¿Qué película vamos a ver? -preguntó Puck desde donde estaba sentado, con un gran pedazo de pastel en su boca. Kurt puso los ojos en blanco, sonriendo, mientras ponía el DVD. Por otro lado, Quinn y Rachel (sentada sobre la falda de la rubia) que estaban cerca del chico del mohicano, le pegaron en el brazo por la rudeza. Él tragó rápidamente y las miró-: Saben, podría denunciarlas por violencia doméstica.
- Noah, creo que para poder levantar una denuncia en contra de alguien alegando violencia doméstica, hay que vivir bajo el mismo techo y, si no estoy equivocada, los tres vivimos en casa diferentes -dijo Rachel.
- Además, siempre te lo mereces -agregó Quinn. Esta vez, Puck puso los ojos en blanco mientras se llevaba otro bocado a la boca.
- No a la violencia -dijo Brittany. Rachel sonrió mientras se acomodaba sobre Quinn.
- Entonces -dijo Puck, cerciorándose de haber tragado todo antes de hablar y mirando a la rubia y la morena, que asintieron para que siguiera hablando-, ¿Qué vamos a ver?
- Titanic -respondió mientras se iba a sentar cerca de Blaine, que le sonrió.
- ¡Yo adoro esa película! -dijo Rachel, sonriendo sorprendida mientras se hacía para adelante para mirarlo.
- Fue idea de Finn -dijo sinceramente Kurt; Quinn entrecerró los ojos, mirando disimuladamente al QB mientras que él le sonreía a Rachel- y yo no pude resistirme a la idea.
Rachel se acomodó nuevamente, apoyándose contra el pecho de la rubia, que apretó su abrazo alrededor de su cadera mientras ella apoyaba sus brazos sobre los pálidos de Quinn y acariciaba el dorso de sus manos con sus pulgares.
Todos estaban en silencio, atentos a la película que se estaba reproduciendo. Incluso Puck estaba concentrado; seguramente más interesado en lo prominente de los senos de Kate Winslet, pero igual. De cualquier manera, el chico del mohicano vio robada su atención de la pantalla del televisor debido a un extraño y molesto ruido que venía de cerca, muy cerca.
- ¡¿Ya estás llorando? -le preguntó a Rachel que se estaba secando las lágrimas de las mejillas e intentaba hacer un esfuerzo para acallar sus sollozos-. ¡No pasaron ni quince minutos!
- Es una película muy intensa -dijo y escuchó a Santana reír audiblemente.
- Déjala en paz -dijo Kurt, que se encontraba en el mismo estado que la morena, con un pequeño pañuelo que sostenía con su mano, pegado a su mejilla, llevando su mano libre a la rodilla de Rachel compasivamente, que le sonrió.
-Kurt y Rach son almas... Frágiles -dijo Finn, encogiéndose de hombros. Rachel le sonrió y Quinn no pudo evitar acomodarse debajo de la morena.
. . . .
Si su memoria no estaba equivocada, había una escena que iba a ser incómoda de ver; al menos con alguien con una mentalidad como la de Puck al lado, que hace comentarios inmaduros y desubicados, a veces (muchas veces). Por suerte, Carole y Burt les habían dejado el living para ellos solos, porque si no, sería aún más incómodo. Pero, el hecho de que la escena estaba cada vez más cerca de suceder, de alguna manera ponía a Quinn ansiosa. Y cuando por fin llegó, Puck hizo su típico comentario y Finn rió incómodo.
- No sean inmaduros -dijo Rachel y Quinn sintió cómo ésta se acomodaba encima suyo, hundiéndose más contra su torso y su cabeza contra el parte del cuello que se une con el hombro. De repente, la rubia notó que la atención de la Diva ya no estaba más concentrada en la película y la escena de sexo que estaba tomando lugar y pasó a recaer sobre ella. La Diva movió su rostro un poco y le dió un pequeño beso en donde la mandíbula se conecta con el cuello.
Puck se volteó a verlas. Quinn vió que Rachel desviaba la mirada para ver algo su izquierda y la se volteó para encontrar al chico del mohicano mirándolas intensamente. Puso los ojos en blanco mientras Rachel reía.
- Los ojos en la pantalla, campeón -le dijo en voz baja Quinn.
. . . .
- Gracias por venir, Rach. De verdad te lo agradezco -le dijo Finn mientras Rachel se acercaba. Él estaba sentado en la banca del piano, sobre el escenario.
- Es un placer -respondió-. Después de todo, somos amigos ¿No?
Finn la miró, con sus manos en los bolsillos, mientras se paraba en silencio, algo incómodo, y se acercó, posando sus manos sobre sus brazos.
- Te he echado de menos -dijo Finn, sonriéndole-. Te echo de menos.
- Yo también te extrañé -le respondió, también sonriéndole, mientras lo miraba a los ojos y él hacía lo mismo-. Desde lo de Quinn, siento que nos hemos distanciado, y si bien sé que lo hacías porque te había herido, extrañaba a mi amigo.
Se quedaron en silencio, mientras él seguía subiendo y bajando sus manos sobre sus brazos, y Rachel lo vió. Su mirada lo delataba, delataba lo que estaba a punto de hacer. Él se inclinó lentamente hacia ella, cerrando los ojos en el proceso.
Quinn tenía razón.
Antes de que sus labios pudieran tocarse, Rachel levantó sus manos y las apoyó sobre el pecho del QB, parando todo movimiento, evitando que la besara. El sólo hecho de pensar que él lo podría haber hecho, la hacía sentir mal, como si hubiera traicionado a Quinn. Se sentía mal por no haberse dado cuenta antes; por no haberle creído a la rubia cuando le dijo que él no buscaba más que recuperarla. Se sentía mal por haber hecho el ridículo, por haber caído, por haber sido tan estúpida de creerle. La necesidad de tener una vez más a su amigo le encegueció.
- ¡Sabía que serías lo suficientemente estúpido como para intentarlo! -gritaron desde lo alto del auditorio. La mirada de Rachel voló directamente hacia la puerta del lugar, escaleras arriba. Era Quinn que comenzaba a bajar en dirección a ellos, la rabia casi visible. Rachel bajó para encontrarla a mitad de camino.
- Quinn, no es lo que crees -le dijo, deteniéndola.
- Si, lo es. Lo es. Frankenteen estaba intentando avanzar contigo -dijo, apartándose y continuando su caminata hacia el QB mientras lo miraba severamente-. Era de esperarse. Eres tan predecible. El momento en el que empezaste a parlotear sobre lo mucho que estabas arrepentido, sabía que estabas tramando algo.
- No sé por qué estás tan enojada. Tú me hiciste lo mismo a mí -dijo Fin pragmáticamente; y de repente la miró de manera feroz-. No sólo tuviste sexo con mi mejor amigo y me mentiste, porque omisión es traición, sino que también me robaste mi novia. No hay diferencia.
Golpe bajo.
Quinn se quedó callada. Él tenía razón, ella se lo merecía. La culpa volvía a aparecer mientras su mirada se perdía en algún punto del suelo del escenario.
- ¡Si, la hay! -gritó Rachel, caminando hacia él mientras lo apuntaba acusadoramente con su dedo índice derecho-. La hay, Finn. Yo la amo a ella; no a tí. Por éso no es lo mismo.
- ¿Por qué la amas? No lo entiendo. Nunca fue buena contigo cuando lo único que yo hacía era estar ahí para tí. He estado aquí todo este tiempo desde que sucedió lo de Jesse; te abracé hasta que dejabas de llorar y hacía lo que podía para hacerte sonreír. Tú lo dijiste alguna vez, somos el uno para el otro.
- Finn, escúchame. Atentamente. De verdad no quería tener que llegar a este punto, y va a sonar horrible pero no me dejas otra opción. No eres mi héroe, Finn. No me salvaste de nada. Así que deja de actuar como si así fuera. Me has roto el corazón más de una vez y sólo volviste a mí luego de darte cuenta de lo que te dije cuando alegaste no estar listo para estar en una relación, que yo era la única que te conocía de manera total y que te quería por quien eras, sin más. Tú sólo volviste porque caíste en la cuenta de lo miserable que te sentías estando solo contigo mismo y que la gente simplemente no te entendía como yo te entendía. Como te entiendo. Pero necesitas entender algo: ya no me siento de la misma manera contigo y no es un cambio reciente, en realidad. No quería estar contigo cuando Jesse me dejó con el corazón roto y tampoco quería salir contigo cuando te dije que podíamos tener una cita. Ya no te amo. Ya no veo fuegos artificiales cuando nos besamos. Y tienes que lidiar con éso, porque ya me cansé de hablar de ésto si lo único que vas a hacer es comportarte como una pared, haciendo oídos sordos de todo lo que digo. Sé que te rompí el corazón, sé que fui egoísta, sé que podría simplemente haber rechazado tus avances. Lo sé y ya te dije que lo siento, así que por favor, te pido que dejes de echármelo en la cara cada vez que te digo que tus sentimientos no los correspondo. Supéralo -dijo, dejándolo sin palabras. Se voleó y le dió un tierno y tranquilizador beso a Quinn mientras sostenía su suave rostro entre sus manos y luego, tomándola de la mano, se fue del auditorio, dejando atrás a un Finn en silencio y solo, parado en el medio del escenario con sus pensamientos.
