N/T: No hay mucho que decir nuevamente, así que solo dejo el capítulo aquí. Créditos a Aspen/Mercredi y JK Rowling.
Capítulo Veintinueve: Mucho Después de la Medianoche.
AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO
Las ventanas de la enfermería se hicieron añicos cuando las paredes se estremecieron y luego volvieron a su posición.
Y aun con ello Harry siguió gritando, aun cuando sintió otra ola de magia atravesándolo para desbordarse por su piel. Las paredes a su rededor comenzaron a arder con tanta fiereza, una luz tan potente que la pudo sentir incluso aunque no podía verla.
El mundo comenzó a colapsar a su rededor, y lo único real eran sus gritos. Más que desesperados, estaban rogando, clamando, desesperados, y esta vez había más que un nombre en ellas. ¡Snape. Ahora. Ahora. Snape. Ahora!
Una litanía escapando de su cerebro hasta sus dientes.
Luego otros ruidos se abrieron paso a través de su frenesí, aun mientras luchaba y pateaba y alejaba las manos de si. Escuchó el silbido de una conexión flu, y pasos solidos acercándose a él, y una voz que conocía gritando.
-¡Harry!
Pero no sabía si Snape llamaba su nombre desde su sueño, o desde el lado de su cama. No podía ver como para averiguarlo tampoco. Se sentía como si la oscuridad lo estuviera consumiendo, como si no fuera solo algo que lo rodeaba con oscuridad absoluta; estaba en lo profundo de si mismo también, corriendo por sus venas, anidado en su médula. El pánico lo llenó por complete, Harry se convulsionó y gritó nuevamente, tras ello un sonido ahogado horrible, y podía sentir una tercera pulsación de magia comenzando a acumularse en lo profundo de su ser—
-¡Harry estoy aquí! –La voz apareció nuevamente, más fuerte, y dedos atraparon sus manos y las apretaron. Fuerte. Había peleado cuando otras personas lo intentaron tocar; había peleado como un basilisco enloquecido, no lo podía soportar, gritando cada vez más fuerte cuando lo intentaban tocar. Pero este contacto era distinto. Una parte de él lo reconocía, aun cuando el agarre era tan potente que dolía. Eso no era importante. Todo lo que importaba era una cosa: este tacto lo traía de regreso a si mismo. Era Harry nuevamente, no un pozo sin consciencia que atacaba a todos con puños y voz y magia al mismo tiempo.
Este contacto calmaba su magia descontrolada.
Snape relajó un poco su agarre cuando dejó de pelear. Harry sintió como si le acabaran de dar una paliza, pero sus manos estaban siendo sostenidas por el profesor así que comenzó a calmarse. Al parecer había estado respirando por la boca todo este tiempo; gritando tanto que se sentía seca por dentro. La cerró finalmente, pasando su lengua por sus dientes, respiró por la nariz, y repentinamente olió algo tan asqueroso y rancio que pensó que iba a vomitar todo lo que había comido en su vida.
No sabía si es que había hecho una mueca de asco, o si el gemido que dio lo delató, pero Snape notó el problema de inmediato.
-¡Albus, mis túnicas! –El Maestro de Pociones mandó, sus manos aún entrelazadas con las de Harry- ¡Desaparécelas, ambas las de adentro y las de afuera! Y aplícale un encantamiento refrescante a mis ropas.
El aire a su rededor vibró con la magia, y el aroma asqueroso desapareció, y Harry inhaló el aroma que conoció en Devon. Su aroma, limpio gracias a hechizos y encantamientos hasta que no había más que el aroma limpio de sus ropas, y el hombre dentro de ellas. Para él era un aroma que significaba cariño y cuidado; avena cálida y agua con miel; y calma en lugar de pánico, inclusive si todas sus heridas dolían y el mundo que lo rodeaba era un negro inacabable.
Respiró el aroma profundamente, y se relajó aún más.
Notó que Snape no había soltado sus manos. Harry dobló los dedos, pero no para liberarlo. Solo quería sentir que el agarre estaba de verdad allí, que estaba despierto ahora, y ya no estaba en ese estado derivante que al que se había acostumbrado en Devon.
Madam Pomfrey comenzó a gritar en su voz chillona y cantona.
-¿Acaso todos están locos? ¡Esa magia que acaba de liberar! ¡Déjalo ir, Severus! El chico no soporta ni siquiera un dedo aplicándole bálsamo—
-Pero mira, Poppy –Dumbledore la interrumpió con su voz suave- Míralo.
Aún sin visión, Harry pudo sentir que lo estaba haciendo, mirándolo fijamente. Odiando la sensación en la parte trasera de su cuello, se giró hasta poder esconder el rostro en un lado del torso de Snape, apretando su mejilla contra su camisa suave. Algodón… desgastado y limpio, la tela esponjosa con la edad. Debía ser negra, pensó, y con mangas largas para esconder la Marca Tenebrosa. Frunció el ceño y se acercó más al profesor, preguntándose qué iba a suceder ahora que las llamadas insistentes de Voldemort tendrían que ser ignoradas por Snape.
-Así no es como la recuperación de un trauma sucede –Madam Pomfrey insistió- ¡Soy una medimaga entrenada, como ya lo saben! Severus puede tener la mejor de las intenciones, pero estuvo presente en los hechos, participó en ellos. Y ahora el Sr Potter está aferrándose a él; Albus esto no es saludable para el chico—
Gracias al cielo, eso fue todo lo que escuchó. Su voz comenzó a desvanecerse a través del corredor por donde Dumbledore la había –gentil pero firmemente, sin duda—guiado.
A penas su protestas desaparecieron, Snape deslizó un brazo tras los hombros de Harry, y sin esfuerzo alguno lo levantó hasta que tuvo la mejilla contra su pecho. Que bien, pensó Harry. Ya casi se había empezado a sofocar allí, con el rostro presionado contra el lado del profesor.
Estuvieron así por mucho tiempo, Harry recostado silencioso, solo apreciando la sensación de alguien que se sentara calladamente a su lado, alguien cuya presencia no lo hacía sentir que tenía que mostrarse alegre y valiente. No era valiente, no ahora; temía siquiera hablar. O tal vez solo estaba confundido, no sabía qué decir, o incluso cómo decirlo. Madam Pomfrey tenía la razón después de todo. Snape había estado allí, había ayudado a que lo hirieran, o por lo menos, había permitido que otros lo hicieran. Pero no había tenido más opción; Harry lo entendía, cuando dejaba de lado el recuerdo del dolor, y pensaba las cosas racionalmente. Samhain… ese no había sido el verdadero Snape. Esa había sido una farsa.
Después… eso era lo que importaba.
Después, cuando Harry estaba tirado mareado y medio inconsciente, sin poder recordar o retener la mayoría de lo que había pasado durante Samhain. Snape lo había sostenido y sostenido, hora tras hora justo como ahora, sentado a su lado, sosteniendo sus manos, dejando que tomara sus fuerzas y se fortaleciera con ellas. Su cuerpo recordaba eso, reconocía el cuidado, pensó. Su cuerpo sabía, al igual que la parte pensante de su mente, que Snape no era una amenaza. Extrañamente el tacto del profesor era el único que podía soportar, pero más que era, era un tacto que quería. Necesitaba, incluso. Ahora que lo sostenía, notó que era como recibir agua después de una eternidad de sed. Pero tal vez no era tan extraño después de todo. El tacto de Snape era la única cosa que lo había separado del horror, porque había recibido tanto de él, todo lo que había querido la verdad, en ese momento antes de despertar. Antes de darse cuenta de que se suponía que debía tener miedo.
Fue Snape quien finalmente rompió el silencio que los envolvía.
-¿Mejor ahora, Harry?
Harry asintió tiesamente, su mejilla pasando a llevar los botones en la camisa del profesor. Quería preguntar tantas cosas, pero cada una de ellas le sonaban estúpidas hasta a él. ¿Tiene que odiarme ahora? ¿En realidad no va a dejar de hacer mis pociones, verdad? ¿Por qué tuvo que ser usted el que me sostuvo mientras me torturaban…? Pensó en algo mejor para comenzar la conversación, algo que no haría que Snape se enojara y volviera a llamarlo Sr Potter.
-Um, ¿Profesor? ¿Qué era ese olor tan horrible?
El pecho de Snape se movió en un ritmo lento y calmado mientras respiraba.
-Poción para Restaurar la Visión. Creo es eres familiar con ella.
-Oh, sí –Harry se estremeció, pensando que prefería quedarse ciego antes de beber esa cosa con sabor a regaliz podrido dos veces al día. Aunque no lo dijo. Una parte asustada de si no podía soportar el que Snape no lo quisiera, no de verdad, nunca más. Se alejaría si decía algo insultante, ¿Verdad? Y él necesitaba ser sostenido, aun cuando el profesor solo estaba aquí porque se había puesto a gritar- Olerla fue peor que beberla –Terminó explicando.
-Debería serlo –Snape respondió, soltando una mano de sus manos y levantándola para reposarla ligeramente contra la parte trasera de su cabeza. Sus dedos se enredaron entre sus cabellos, pero más que eso, no se movieron- Estás sensibilizado a ella porque está en tu sistema. Me tomó un momento notarlo; nadie más podía detectar el aroma.
-¿La estaba haciendo otra vez?
-La estaba derramando, pequeño idiota –Snape respondió suavemente, acurrucando su cabeza un poco más contra la de él a medida que hablaba. Harry notó entonces, que sin importar qué tan extraño pareciera, cuando Snape decía esa frase la decía… cariñosamente. Era triste en una manera, como si nunca hubiese a nadie que querer, y no sabía cómo se suponía que se hacía.
Aunque cuando pensaba en ello, este abrazo delicado donde podía sentir el corazón del profesor a través del material esponjosos de su camisa… era bastante bueno. Si duraba. Esa era la parte que lo preocupaba. ¿Qué tal si Snape solo estaba siendo bueno con él porque obviamente lo necesitaba? Porque si no lo hacía, su magia accidental perdería el control nuevamente.
-La derramé sobre mi cuando Albus conectó la red Flu con mi laboratorio y te oí –Snape prosiguió, su voz calmada y categórica. Ni siquiera molesta, ¿Y cuándo Snape no había estado molesto por un accidente de pociones? Era extraño, pero Harry perdió el sentido de extrañeza cuando el profesor continuó- Poppy debió haberme dejado saber de inmediato que me llamabas, pero no creo que se haya dado cuenta de que gritabas mi nombre como un llamado –Hizo una pausa- ¿Era una pesadilla, Harry?
Harry asintió, un sollozo desesperado se atascó en su pecho, en algún lugar cerca de su corazón.
-Debería estar acostumbrado a ellas –Murmuró, sintiéndose cobarde y avergonzado para ese entonces. Estaba feliz de que Snape hubiese llegado y lo haya ayudado a detener esas horribles oleadas de magia violenta, claro, pero aun así, había estado teniendo pesadillas por años ya.
-Estas no son tus pesadillas habituales, creo yo –Snape respondió suspirando, sus dedos se movieron hacia abajo hasta descansar en su cuello. Comenzó a frotar la yema de sus dedos allí, en círculos lentos y pequeños que relajaron sus hombros hasta que finalmente se destensó- ¿Samhain, cierto?
Harry sacudió la cabeza y murmuró algo ininteligible, sus hombros tensándose nuevamente, pero entonces Snape hablo lentamente, como si se estuviera forzando a hablar.
-También tengo pesadillas sobre eso.
Harry levantó la cabeza, deseando poder ver su expresión.
-¿De verdad?
Esta vez no hubo pausa antes de la admisión.
-Sí.
Después de eso se sentaron en silencio por unos momentos, probablemente porque ninguno de ellos necesitaba detallar en voz alta lo que había en sus sueños. Ambos lo sabían.
-¿Necesitas que te diga lo mucho que lo siento, Harry? –Snape dijo abruptamente, su voz fría.
-¿Siente que tenga pesadillas? –Cuestionó sin pensar, pero luego cuando su mente lo entendió añadió- ¿O lo siente porque usted estaba um… allí, con ellos? –Ayudándoles, casi dijo, pero no lo hizo.
-No seas un idiota –Snape escupió- Por supuesto que porque estaba allí con ellos.
Harry tembló un poco, la frase dicha dos veces lo hizo sentirse un poco enfermo. No quería hablar de Samhain, de verdad que no. O por lo menos, no todavía.
-Sé que lo siente –Ofreció, y luego se oyó diciendo- También sueño sobre Devon, ¿Sabe?
Harry sintió la respiración del profesor entrecortarse antes de preguntar.
-¿Recuerdas estar en la cabaña?
-Sí… -Se mordió el labio e intentó moverse un poco. No lo había notado en un principio, probablemente porque acababa de resurgir de una pesadilla, pero era un poco incómodo estar allí recostado solo con su mejilla contra Snape, quien parecía estar sentado en el borde de la cama. No quería perder el contacto, que realmente estaba ayudado, pero estaba comenzando a pensar podía resbalarse por las sábanas si no se ponía en una posición más estable. Liberó una de sus manos de Snape y se levantó un poco hasta que su mejilla alcanzó un lugar bajo el mentón del profesor. Esa posición le permitió envolver un brazo en las costillas de Snape, y también le dio algo a qué sostenerse. Claro que contuvo el aliento durante todo el proceso, aunque para entonces, no parecía que el profesor fuera a empujarlo lejos de si.
Snape no lo empujó. De hecho se subió más a la cama, recostándose sobre las almohadas de Harry antes de abrazarlo contra él, acomodando su cabeza en la curva de su hombro. Ah, eso se sentía bien. Aunque era extraño que fuera así, considerando la infancia que había tenido. La verdad, nadie nunca se había recostado a su lado, ofreciéndole cuidado y calor. Ni una vez, nunca, nadie.
No hasta Devon.
-Recuerdo que usted me sostuvo –Harry continuó después de un rato- Justo como ahora, por horas. Recuerdo querer que hubiera un elfo domestico que cuidara el fuego y trajera mi sopa, porque no me gustaba que se tuviera que levantar y dejarme.
-Es extraño que lo recuerdes –Snape murmuró, su pecho subiendo y bajando en ese ritmo calmante- Estabas dormido.
-No –Bostezó, cansancio llenándolo- Medio dormido.
Snape aceptó eso solo diciendo.
-Casi estás medio dormido ahora. Necesitas descansar; Dejaré que duermas, ahora—
-¡No! –Harry gritó, la voz ahora llena de miedo- Quédese. Por favor, Profesor. Oh, por favor. No quiero… -Apretó los dientes, y dejó de hablar. Era horrible, lo que estuvo a punto de decir. Horrible, pero cierto.
El profesor no se había movido.
-¿No quieres qué? –Y luego cuando él no respondió, dijo en tonos más duros- ¿Qué, Harry?
Harry apretó los puños solo al pensar en ello, y un golpe de ira, y algo más que no pudo identificar, girando en su rededor.
-No quiero tener que volar las ventanas otra vez, solo para hacerlo venir, ¿Está bien?
La voz de Snape se volvió fría y baja, y habló en sílabas apretadas, poniendo énfasis en cada una.
-¿A qué te refieres?
Harry se sentó un poco más derecho, todo el cansancio quemado por la ira y los otros sentimientos hirviendo en su interior. Dolor, eso era. Sí, dolor. ¡Porque había necesitado esto antes, maldita sea! ¡Necesitaba hablar, ser sostenido! Y Snape lo había ignorado y le había escupido a Dumbledore cosas sobre posiones, ¡Y luego había caminado directo a la oficina de Pomfrey sin siquiera hablarlo, y le dijo a Hermione que se largara cuando le mandó las disculpas!
-Bueno, eso fue lo que se necesito, ¿No es cierto? –Lo desafió, casi temblando por ello, estaba tan molesto- Me odia de nuevo, al igual que antes, ¡Y no crea que no lo sé! ¡Solo está aquí ahora porque el director temía que fuese a dejar realmente ir mi magia si no obtenía lo que quería! ¡Apuesto que pensó que iba a quemar un lado completo del castillo, o algo así, o que iba a hacer explotar las piedras—
Snape lo abrazó de nuevo y lo estrechó contra su pecho, el abrazo firme y seguro a medida que Harry temblaba.
-Silencio, pequeño idiota –Murmuró contra su cabello, apretando sus brazos a su rededor hasta que se calmó- No te odio, Harry, por supuesto que no. No te he odiado por… -Su voz bajó su intensidad aún más, y admitió cansadamente- Bueno, por un tiempo, digámoslo.
-Oh, claro –Harry escupió.
-Supongo que debería decirte como me, lo que yo… -Snape murmuró, apretando los dientes en una agitación que Harry podía sentir a través de sus manos también. El profesor se aclaró la garganta y comenzó a decir algo solo para callarse nuevamente. Finalmente, después de otro intento fallido, pudo decir- Harry. Escuchame. No te odio en absoluto.
Con respecto a declaraciones, esa era absoluta y completamente patética, Harry pensó, pero le gustó de todas formas. Por un lado, sabía que era cierto. Pero más allá de eso, le parecía que Snape estaba intentando insinuar algo que sentía pero no podía decir. A Severus no le gusta mostrar sus emociones, había dicho el director, así que sí, Harry podía oír No te odio en absoluto y saber que había más que eso.
Cuando Snape se movió un poco, Harry lo apretó con fuerzas, temiendo que fuera a irse. No querría sentarse a su lado ahora, ¿Verdad? ¿Después de bajar sus defensas lo suficiente como para decir algo como eso? Si conocía al hombre, iba a desaparecer otra vez. Eso, o se iba a esconder bajo una máscara de indiferencia.
-No se vaya todavía –Le pidió suavemente- Quiero hablar, ¿Está bien?
-Está bien –Snape accedió, su propia voz sorprendentemente suave. Se le ocurrió entonces de que tal vez no conocía a Snape tan bien como creía. El hombre parecía… bueno, bien, incluso después de lo que había dicho.
Snape se movió nuevamente, ajustando su posición en la pequeña cama.
-Hablaremos un poco más.
Harry asintió, y luego pensó por un rato, intentando decidir de qué hablar. Parecía que docenas de preguntas llenaron su mente. Aún peor, mientras más se acomodaba en Snape, más seguro se sentía, lo que quería decir que podía pensar aún más cosas que le gustaría decir. Pero eso era bueno, ¿Verdad? Era agradable sentirse a salvo finalmente; significaba que podía admitir una de las cosas que lo había estado molestando.
-El primer día que desperté acá, dijo que tenía que trabajar en pociones… lo que creo que es cierto, pero también creo que lo usó como una excusa para evitarme. Porque dijo que iba a volver más tarde, cuando tuviera tiempo, ¡Y nunca lo hizo!
-Si lo hice, Harry –Snape insistió, aún con esa voz calmada que Harry podía usar para estabilizarse- Estabas dormido, pero me senté a tu lado por un rato. Albus lo puede confirmar; él estaba aquí.
-Bueno, está bien –Murmuró, decidiendo que podía aceptarlo como cierto. No era como si necesitara comprobar la historia de Snape. La verdad pensó que era extraño que siquiera hubiese mencionado al director de esa forma- ¿Por qué no ha regresado desde entonces, aun después de que me disculpé? ¿Y por qué fue tan desagradable al principio?
Snape suspiró, un sonido alargado mientras inhalaba y exhalaba, luego murmuró.
-De verdad no sé por dónde comenzar… Harry, cuando despertaste aquí la primera vez, me sentí… es difícil de explicar. Estaba seguro de que recordabas Samhain; no esperaba en absoluto de que recordaras Devon. Anticipé que hablar contigo sería… bueno, difícil. Sin embargo quise intentarlo. Un poco, por lo menos.
-¿Entonces por qué no lo hizo?
Snape lo atrajo aún más contra si, y envolvió un bazo completo en su espalda.
-Porque cuando entré por la puerta, le estabas diciendo a Dumbledore lo que había hecho de Samhain algo tan horrible. Fuiste herido por alguien en quién confiabas.
-Pero eso es lo que lo hizo horrible –Harry respondió sin comprender- O una de las cosas… Oh. Oh, no… Ya entiendo. ¿Pensó que lo que quise decir era que había sido herido por alguien en quién había confiado pero ya no más?
-Sería una reacción perfectamente racional de tu parte –Snape admitió quedamente.
-No, no lo sería –Le discutió, preguntándose cómo explicarlo- Porque lo sabía, ve. Sabía gracias a mis sueños de que habría una forma de salir, que no iba a morir esa noche. Usted tenía que esperar una oportunidad, buscara –Tragó pesadamente, sus dedos apretando la camisa de Snape- Samhain fue horrible porque no podía odiarlo por eso, Profesor, ni siquiera durante. Suena tonto, lo sé, pero es verdad… odiarlo habría hecho las cosas más, no sé. Fáciles –Hizo una pausa y luego continuó- De todas formas, creí que no le importaba la confianza.
-Ah. Bueno… yo también.
Por un momento se quedaron allí, escuchando el viento silbando a través de los agujeros en las paredes que antes solían ser ventanas. Se le ocurrió a Harry que Snape estaba deliberadamente callado, dejando que él guiara la conversación. Tal vez era porque él había insistido en que quería hablar; el profesor lo estaba dejando.
-¿Por qué le dijo que Hermione que se Largara así? –Finalmente junto el coraje para preguntar- Solo estaba intentando disculparme, ¿Sabe? Se lo habría dicho en persona si hubiese venido hasta acá.
Snape se giró hacia el lado mirándolo, poniendo la cabeza de Harry en una de las almohadas. Se preguntó cuántaluz habría, cuánto podría ver de su expresión Snape. El preguntarse eso lo hizo querer esconderse.
-Supongo –Snape dijo después de un momento- Que use ese tono de voz porque no comprendí sobre qué era tu disculpa, Harry.
-¿Uh? ¿Sobre qué pensó que era?
Sintió a Snape moviendo las piernas. El sonido un poco agitado.
-Había estado entregando pociones unos momentos antes, cuando le gritaste a tus amigos que no debían siquiera mencionar mi nombre. Después la Señorita Granger anunció mi presencia –niña sin tacto—y supuse que tu disculpa era sobre el hecho de que había oído lo mucho que me detestabas.
-Pero no te detesto.
-Sí –Snape arrastró las palabras- Lo sé ahora.
Harry casi quiso golpearlo suavemente en las costillas, pero decidió que el gesto era demasiado juvenil como para que el profesor lo toleraba.
-Lo que escuchó fue a mi gritándoles para que se callaran, porque Ron pensaba que usted pudo haberme salvado de todo si se hubiera querido molestar –Admitió frunciendo el ceño- Él no lo entiende. ¡Usted era todo lo que tenía, en esa reunión, y tenía que mantenerse seguro y vivo para poder sacarme!
-Creo que de verdad entiendes –Snape murmuró, sonando un tanto sorprendido.
-Sí, claro que lo entiendo –Respondió- No soy un idiota. Pero incluso así, usted sabe…
-Lo sé –Snape asintió- Bien, entonces. Supongo que debo haber asustado a la Señorita Granger.
-Hermione es bastante a prueba de sustos.
-Ah sí, en primer año pensó que podía manejar un Trol de Montaña por si misma.
-Oh, eso solo lo inventó –Harry aclaró.
-Hmm –Snape murmuró, pero no preguntó más. O más bien dicho, no sobre eso- Se me ocurre pregúntame por qué mandaste a la Señorita Granger con esa disculpa, Harry.
Uh-oh. Harry se preparó para la reacción, y admitió con voz baja y llena de culpa.
-Porque no puede… er, trabajar para el grupo antiguo ahora, por lo menos no haciendo lo de siempre, si me entiende… y ahora cuando le duela el antebrazo, no será capaz de hacer nada sobre ello, y… bueno, ¡Todo es mi culpa!
-¿Lo es?
Lo que sea que hubiese esperado escuchar, ciertamente no era eso.
-Bueno, sí –Prosiguió, pensando que era extraño que debiera hacerlo- Quiero decir, salí de la casa.
-Ah –Snape puso una mano en su hombro- Esto me recuerda a otra conversación que hemos tenido. Creo que es un hábito tuyo, tomar más culpa de la que requieren las circunstancias.
-Profesor, Salí de la casa –Intentó explicar nuevamente, su tono el mismo que se usa al intentar hablar con un niño de cinco años.
-Sí, lo sé, Harry –Snape respondió en el mismo tono- Pero no es como tus escapadas habituales. No usaste la capa de invisibilidad de tu padre; no estabas intentando escaparte de los límites.
-¿Qué diferencia tiene? Terminé en la casa del lado –Protestó- Y… y… -Tragó- Pensé que usted pensaría que yo ca-casi merecía lo que me pasó, porque quería saber lo que pasaba en una r-r-reunión, y fui descortés con usted por eso, y luego me enteré de la ma-manera mala—
La mano en su hombro se apretó fuertemente.
-Eso es obsceno, Harry. No te mereces lo que pasó.
-¡No dije que lo merecía, dije que probablemente usted lo pensó!
-No puedes pensar eso de mí –Snape dijo quedamente, pero luego su voz perdió la confianza -¿O sí?
- Creo que no –Respondió después de un momento- Um, pensé en eso mayoritariamente después de que Dumbledore me dijo cómo fue que Malfoy me atrapó, porque usted estuvo aquí y fue tan cruel conmigo. Pero luego… -Suspiró- No debí haberlo dejado pasar, ya lo sé.
La próxima vez que Snape habló pareció que estaba haciendo una mueca.
-Yo soy el que lo dejó pasar, Harry. ¡Era mi trabajo protegerte! Mío y de Lupin, debo decir, pero yo fui el que revisó el sótano. Obviamente, no hice un buen trabajo en ello, ya que no solo dejé una salida, sino también una que no parecía serlo –Hizo una pausa para tomar una bocanada calmada de aire- Soy yo quien debería disculparse contigo.
-Si piensa eso –Harry sollozó, todos los sentimientos de la noche agrupándose en su interior- ¿Por qué le dijo que director que no quería hacer mi Elixir para la Visión? ¡Dijo que prefería verme sufrir!
Snape se volvió completamente rígido antes de escupir entre dientes.
-¡Harry! ¡No estaba hablando sobre ti!
-¡Me llamó un idiota irresponsable! –Harry balbuceó, lágrimas cayendo de sus ojos por sus mejillas y apretó los puños para golpear la almohada- Siempre me llama eso.
-Porque te he visto siendo uno –Snape dijo secamente, pero entonces su voz se suavizó una vez más- Pero no esta vez, Harry. No sabías que estabas saliendo del margen de seguridad. No estabas satisfaciendo tu deseo de salvar gente.
-Fue un d—d—deseo de salvar una serpiente –Admitió miserablemente, sollozando, levantó el brazo para secarse los ojos- Solo q—quería encontrar a Sals, eso era todo.
-Shh –Snape lo calmó, acariciando su cabello- Está bien, Harry. Cuando supe lo que había pasado, estaba horrorizado, pero no estaba molesto contigo, lo prometo.
-Sí, bueno estaba molesto con alguien –Respondió, sin querer dejarlo ir.
-Lupin.
-¿Remus? –Harry cuestionó levantando la mirada confuse, aunque no era de mucho bien cuando no podía ser.
-Sí, Remus –El profesor gruñó, perdiendo abruptamente toda la calma y soltó a Harry- Ese estúpido hombre lobo salió de la casa, y luego, como si no hubiese sido lo suficientemente irresponsable, volvió caminando en plena luz del día, ¡Como si nunca hubiese oído hablar de la red Flu! ¡Practicamente invitó a Lucius Malfoy a investigar Grimmauld Place! ¿Y por qué? Maldito helado, ¡Como si fueras un niño que necesita ser confortado con dulces!
Harry no creía haber escuchado jamás a Snape tan molesto, ni siquiera cuando Sirius había escapado misteriosamente del Beso del Dementor. Tembló, feliz de que la furia no estuviese dirigida a él. Por otro lado, tampoco la quería dirigida a Remus.
-Fue un error inocente –Le señaló- Como el mío. Quiero decir, Remus no estaba intentando revelar mi ubicación.
-¡No fue en absoluto como el tuyo! –Snape escupió- Examinando los detalles, tú no tenías forma de saber que estabas siguiendo a tu serpiente por una pared externa. ¡Lupin sabía perfectamente bien que ciertas personas querían atraparte y eran más que capaces de seguirlo hasta ti!
-¡Pero no sabía que Tío Vernon había delatado que estaba con él! –Habló en defensa de Remus- ¡No sabía que alguien pensaría en seguirlo!
-¡Sabía que era posible!
-¡Solo está molesto por lo que pasó cuando eran estudiantes! ¡Nunca ha parado!
-No presumas poder juzgar mi ira, Harry –Snape le advirtió en una voz calmada y fría.
-No lo haré –Porque la ira de Snape no era el punto, después de todo ¿Verdad? Era lo que iba a hacer por ella lo que importaba- Pero por favor, Profesor, ¡No puede dejar de haver la Matalobos por eso! Por favor dígame que no lo va a hacer. ¡Sería horrible!
-Si lo sería, ¿No es verdad? –Snape arrastró las palabras con voz oscura y burlesca.
-¡No puede odiar tanto a Remus que no le importaría su gente inocente muere!
El Maestro de Pociones resopló ante eso.
-Oh, pero Lupin es un noble Gryffindor, Harry. No muy distinto a ti, a decir verdad. Se encadenaría para no tener más opción que atacarse a si mismo una vez que haya luna llena.
-¡Detengase! –Gritó.
-Oh, voy a hacer la poción de tu maldito amigo –Snape gruñó, poniendo un dedo contra los labios de Harry cuando pareció que iba a hablar- Solo no me agradezcas.
Harry asintió, pensando que era justo, y se limpió nuevamente los ojos. No había parecido significante cuando las emociones estaban desbordándolo, pero ahora que estaba más calmado, notó que estaba llorando. Era probablemente muy tarde para esconder el rostro, pero lo intentó de todas formas, sintiéndose defensivo. Severus Snape probablemente nunca había llorado. O por lo menos no desde que era pequeño. Dieciséis, no era tan pequeño.
-No –Snape urgió, separando la cabeza de Harry de su cuerpo- Si tus lagrimales sanaron, significa que las Pociónes para Restaurar la Visión están comenzando a funcionar como deberían. Lumos –Harry escuchó el movimiento de una varita- ¿Puedes ver alguna diferencia?
-No… Tal vez algo. Aunque no es luz. El negro se ve… bueno, menos negro.
-¿Gris? ¿Colores?
-¿No, solo menos negro. No puedo explicarlo –Snape dijo Nox, así que Harry pensó que este era un buen momento para preguntar lo que se había estado preguntando desde que había despertado- Um, ¿Profesor?
-¿Hmm? Snape parecía estar mirándolo de cerca.
-Usted me diría la verdad si le pregunto, ¿Verdad? ¿Toda la verdad, sin importar qué tal terrible sea?
Snape lo consideró un momento antes de responder.
-¿Me estás pidiendo que nunca te mal direccione?
Harry no quería ahondar en esa conversación, no ahora.
-La verdad, solo quería saber lo que veía. Um, ya sabe, cuando me mira.
Snape sonaba un poco confundido.
-Cabello negro, ojos verdes—ah, te refieres a tus ojos y cómo se ven ahora. Sí, te diré la verdad. Quédate quieto –Harry escuchó el movimiento de la varita nuevamente, y sintió sus párpados siendo abiertos. No pudo evitarlo, se alejó.
Snape no comentó el movimiento, simplemente comenzó a detallar.
-Tus ojos están intactos, las irises aún son verdes, aunque el color puede estar un poco más… intenso que antes. Más brillante de alguna forma. En cualquier caso, puedo ver un poco de cicatrización en tu cornea. Como rallones en el cristal, Harry. Casi imperceptibles, a menos que mires de cerca. Casi sanaste. Creo que mañana vamos a comenzar con el Elixir para la Visión.
Harry suspiro aliviado. Considerando todo, esto no sonaba tan mal. Pero ¿Elizir para la Visión?
-¿No he estado tomando eso todo este tiempo? ¿Esa cosa que olía a podrido?
-Potter –Snape habló, volviendo sin esfuerzo al modo profesor- Poción para Restaurar la Visión y Elixir para la Visión son completamente distintos en su formulación y uso.
-Sí, señor –Harry murmuró, antes de que se le ocurriera otra cosa- ¿Tiene algún frasco que no haya tocado Malfoy? Porque Ron y Hermione me dijeron que ha estado ayudando con mis pociones, y… bueno…
-¿Sí?
-Eso es horrible –Harry anunció, levantando el mentón- Y…
-Oh, por favor di todo lo que piensas –Snape habló, sonando… bueno, no lo sabía. Casi como molesto y entretenido, al mismo tiempo.
-Sí, bueno usted pidió por ello –Harry murmuró, decidiendo que era mejor que lo hiciera. No era como si esto fuera una cosa pequeña que pudiese ignorar, ¿Cierto?- Dejar que Malfoy se acerque a mis Pociones es bastante irresponsable de su parte, ¿No cree Profesor? Sin ofender, pero ¿Qué está pensando? Su puto padre acaba de intentar quemarme vivo, ya lo sabe.
-Draco Malfoy no es su padre –Snape anunció bruscamente, levantándose de la cama y alejándose de Harry- Sin contar que no ha estado ayudando a hacer tus pociones. Tus amigos están equivocados.
-¿Entonces por qué él no tiene que trabajar con el libro como todos los demás?
-Pensé que confiabas en mí –Snape remarcó. Harry casi pudo ver la ceja levantada.
Pensó en decir yo también lo pensé, pero decidió que era tonto y sin contar que mentira. Y la verdad, era un tanto agradable que a Snape pareciera importarle su confianza, así que mejor no abusaba de ello.
-Escuche –Suspiró- Confié en usted durante torturas traídas del Infierno, así que ni se le ocurra decir que tengo que comprobarlo no cuestionando lo que está pasando. ¡Es mi derecho saberlo, maldita sea! Además, Malfoy sigue viniendo por aquí, y… me preocupa. No sé qué es lo que trama.
-No trama cosa alguna.
-¿Sí? –Lo desafió, apoyándose en un codo- ¿No sabe que no puede confiar en lo que sale de la boca de un Slytherin?
-Soy un Slytherin también, no lo olvides –Snape le recordó calmadamente- Ahora, con respecto al Sr Malfoy, tiene que venir a la enfermería bajo mis ordenes. Mías y de Albus. Ha intentado hablar contigo. Es… una condición. El resto debes oírlo de él.
-¿Y en clases? –Presionó.
Sonó como si Snape se hubiese cruzado de brazos.
-Puede que esto te sorprenda, pero el Sr Malfoy no aprueba el… digamos que trabajo de su padre. Quería hacer algo para ayudar, Harry—
-Malfoy no me ofreció ayuda –Lo interrumpió.
-Oh, sí, ciertamente lo hizo, y es bastante bueno en pociones, le pedí que hiciera Drogas para Dormir sin Dolor. No sabe que he estado dejando su trabajo con los estantes para los alumnos, y te pido que no le digas.
-Esa pequeña mal dirección podría terminar envenenando a alguien –Harry le señaló, recostándose en su espalda.
-¿De verdad crees que pondría una poción en la enfermería, incluso aunque fuera mía, sin antes revisarla completamente?
Harry no quería ser idiota, pero la verdad no tenía sentido.
-Así que ¿Si ha revisado las pociones de Malfoy y estaban bien, por qué no me las dio a mí? Quiero decir, o están bien o no lo están, Profesor.
-Las Pociones que necesitas ahora –Snape anunció tiesamente- Son más potentes que las formuladas normalmente. Draco está completamente capacitado para prepararlas, pero no lo permití porque sabía que te molestaría. Como de hecho, lo ha hecho.
Harry hizo una mueca, y no estaba seguro si es que fue por el reto o por el hecho de que Snape acababa de llamar a Mafoy Draco. No le gustó.
-Lo siento, señor.
-No más disculpas –Snape dijo bruscamente y se movió. Era gracioso que sin las túnicas Harry casi no podía escuchar cómo lo hacía- ¿Ahora puedes dormir, Harry?
-Quería preguntarle algo más –Bostezó- Um, muchas cosas, pero no me puedo acordar. Oh, el Traslador, eso era… hmm, ¿Algo del Traslador…?
-Creo que es hora de que descanses –Snape remarcó, acercándose a arreglar los cobertores y ayudarlo a acostarse. Otra primera experiencia para Harry. O tal vez no. Snape probablemente había hecho lo mismo en Devon. Pero nadie máslo había hecho, nunca, excepto tal vez sus padres, pero eso no contaba porque no podía recordarlo.
Aunque aún bajo los cobertores comenzó a temblar. Quería el calor de Snape de vuelta.
El profesor debió pensar que la briza lo estaba enfriando. Harry escuchó una cadena de hechizos Reparo, junto con el sonido de vidrio volviendo a unirse, y casi podía imaginar cómo se veían las ventanas volviendo a sus lugares.
-Lamento eso –Harry murmuró, olvidando que Snape le había pedido que dejara de hacerlo- No estaba intentando hacerlo, al menos creo que no. La verdad ni siquiera sé cómo lo hice.
-Sospecho que yo sí –Snape murmuró sombríamente- Pero este no es el momento, lo discutiremos mañana.
-¿Prometido? ¿No va a desaparecer otra vez?
-Traeré tu Elixir para la Visión –Snape le aseguró, y esta vez, Harry sintió el pequeño cambio en la dirección de la conversación. El Maestro de Pociones estaba moviéndose de lo personal a lo impersonal. Bien, okay. Harry podía seguirle el juego.
-¿Ese es el último paso? Quiero decir, ¿Mañana voy a poder ver?
-Dudo que las cosas sucedan tan rápidamente –Snape aclaró- Las Pociones Restauradoras han ayudado a preparar tus tejidos, pero va a tomar un tiempo para que el Elixir funcione completamente –Después de eso Snape lo ayudó a sentarse en la cama y le entregó un frasco- Poción para Dormir Sin Sueños para esta noche, pero mucho más potente que la que me dijiste que no funcionaba para ti. Bébela, Harry.
-No la necesito –Protestó- No voy a tener otra pesadilla, no lo creo, no ahora que hablé con usted.
-No importa –Snape arrastró las palabras con la voz insistente que reconoció. Se dio por vencido e incómodamente bebió el contenido del frasco. Hmm, hizo muchas más burbujas en su lengua que la otra poción. También sabía más a frutas.
Casi pensó que Snape se había ido; tenía tanto sueño, era difícil saberlo. Pero entonces sintió una mano acariciando con cuidado su frente y luego movió su cabello fuera de su rostro. Se sintió bien.
-¿Me prometes algo a mi, Harry? -Snape preguntó suavemente- Es importante.
-¿Prometer? –Harry repitió cansado.
-Sí. Escucha a Draco Malfoy cuando venga a hablar contigo, ¿Está bien? ¿Harás eso?
Harry pensó sobre ello, porque sabía que había algo que no estaba bien, algo más que lo obvio. El momento, eso era…
-Me mareó antes de preguntar –Le anunció con una voz que cualquiera, menos un Maestro de Pociones, habría tomado como de ebrio- Eso no es… lindo, Pre.. eh, Profesor.
-Solo dime que vas a hablar con él—
-Slytherin –Le acusó, sintiéndose un poco tonto. La sensación soltó sus cuerdas vocales también. Nunca había notado que sabía tantas palabras con S- Escurridizo, sospechoso, sabelotodo, Slytherin. S-… um, serpiente, astuto, sarcástico, estirado, sonriente Slyth'rin…
Pensó que escuchó al profesor diciendo algo parecido a Realmente creo que estás un poco demasiado "mareado", pero no podía estar seguro de ello, ni tampoco podía estar seguro de lo que pasó a continuación. ¿No había sentido lo que pensó, cierto?
No, decidió. No puede ser. Snape no pondría sus labios suavemente contra la cicatriz de su frente, ¿Verdad? Era todo gracias al mareo de la poción que lo hacía sentirse cálido y tonto y feliz y, bueno, no odiado.
No odiado en absoluto.
Harry rio una o dos veces más antes de caer en el sueño más feliz que había tenido en semanas.
AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO
A Continuación en Un Año Como Ningún Otro:
Capítulo Treinta: Draco
