Sinopsis: Algún día Hinata quería encontrar a alguien especial en su vida. Alguien a quién abrazar, besar y calentarse en sus brazos. Hinata sólo quería amar alguien y alguien que la amará, también. Pero, ¿qué pasaba si éste ya había llegado a su vida sin que se hubiera dado cuenta? Muy distinto ha como lo imaginaba, distinto en su carácter y en su forma de ser. Tal vez alguien como Naruto.

Género: Friendship/romance.

Pareja: NH


Tal vez algún día

29.


De manera temerosa sus dedos recorrieron el pecho desnudo de Naruto mientras la suave respiración del Namikaze advertía del estado de inconsciencia en el que se encontraba en esos momentos del día, mientras dormía de forma despreocupada en su cama, cubierto con sólo una sábana y las demás esparcidas en el suelo por los movimientos que hacía entre sueños y dormía como si la vida se le fuera en ello.

Los dedos de Hinata se deleitaron con los músculos que detonaba su cuerpo fornido. La noche anterior, llegaron a trompicones a la habitación de Naruto para pasar el resto de la noche y descansar al tener poco espacio en el sofá de la sala del chico.

Y, pese a que le había visto desnudo sólo hace algunas horas, su osadía era mayor cuando no estaba presa de aquellos ojos azules que destellaban siempre al observarla. Notó sus brazos fuertes y el vello casi inexistente que poesía.

Era tan perfecto como salido de un cuento de hadas.

No, era incluso mejor, porque era real.

Se sonrojó.

No podía creer que hubiera pasado la noche con Naruto, acurrucada en sus brazos, sintiendo la piel de su cuerpo pegada a la suya.

Casi parecía un sueño.

—¿Te gusta lo que ves? —escuchó decir de repente, haciéndola jadear y apartar la mano rápidamente.

—N-Naruto…yo…—él rió y la acercó para abrazarla. Hinata escuchó el latido acompasado de su corazón y se tranquilizó al notar el tono alegre de su voz.

—Menos mal que es domingo —dijo Naruto reprimiendo un bostezo para después revolverse el cabello de forma perezosa— porque la verdad no quiero levantarme por ningún motivo —le sonrió de forma que, por un momento, sus ojos azules compitieron con el brillo de su sonrisa.

—Yo tampoco —afirmó Hinata apretujándose contra él y sintiendo sus dedos recorrer su espalda, creándole escalofríos—. Naruto —gimió cuando los sintió descender lentamente.

En un rápido movimiento, Naruto se puso encima de Hinata y la miró intensamente.

—¿Sabes? Tengo una idea más interesante para esta mañana —propuso Naruto hundiendo su rostro en su cuello.

Horas más tarde, vestidos de forma casual, comían pizza pedida de uno de su restaurante favorito, mirando televisión de forma despreocupada. Absorbida por la trama de la película que veían, Hinata comía sin darse cuenta de las pequeñas manchas que dejaba en su rostro.

—¿S-sucede algo? —preguntó, cuando atrapó la mirada azul de Naruto puesta sobre ella cuando se disponía a tomar otra rebanada de pizza de la caja dejada en la mesita de centro de la pequeña sala.

—Nada —negó rápidamente con una sonrisa. La mirada inocente de Hinata era adorable—. Es que cuando miras las películas pareciera que no existiera nada más en el mundo.

Hinata se sonrojó.

—L-lo siento es que esta película está muy interesante.

Él sonrió como respuesta y le dio un beso rápido en la nariz que la hizo reír.

—Bueno, no tengo ningún problema si al final de la noche pones ese mismo interés en mí —le guiño un ojo de forma descarada haciéndola ruborizar.

—Oh, no te cansas nunca.

—Contigo nunca, linda.

—¡Naruto!

Él sólo rió y continuó picándola el resto de la tarde.


—Señorita Hyuga —la llamó Kurenai al final de la clase de la semana siguiente que quedó en el apartamento de Naruto. Hinata que, guardaba las últimas de sus pertenencias, se volvió a Tamaki y Tenten que la esperaban para ir a casa.

—Las alcanzó luego —dijo Hinata a sus amigas, quienes asintieron y las dejaron a solas con su profesora—. ¿Sucede algo malo, Kurenai-sensei? —preguntó haciendo memoria para recordar que existiera algún inconveniente para la mujer le pidiera hablar a solas con ella. Tal vez no le fue tan bien en su último examen como suponía.

—Señorita Hyuga estuve viendo sus últimos trabajos este semestre y lo ha hecho de forma impecable. Déjeme felicitarla.

—Gracias Kurenai-sensei —respondió algo avergonzada. Le apenaba cuando otros la elogiaban de forma repentina y las palabras le eran algo dificultosas para responder de forma articulada.

—Sus planos de construcción de casas y edificios es muy bueno sobre todo en la construcción de edificios históricos, es por ello que quiero que participe en la exposición anual de nuestra carrera.

Hinata la miró, sorprendida.

—¿Yo? —preguntó señalándose. Claro que había escuchado del evento: usualmente, cada año se elegía un representante de cada carrera para que presentará lo mejor de su trabajo para una exposición frente a autoridades de la universidad. Naturalmente, sólo los mejores eran los elegidos para aquel evento y que la eligieran a ella, la dejaba sin palabras.

—Confió que dejarás muy en alto el nombre de nuestra facultad, Hinata —dijo Kurenai con una sonrisa maternal y tomando su bolso se despidió: —hasta la próxima semana.

—Hasta luego, Kurenai-sensei.

En el camino de regresó a casa, Hinata comentaba con sus amigas lo dicho por su profesora.

—¡Asombroso!

—Guau, Hina, es increíble.

—Sí, lo sé —sonrió Hinata— pero también me pone muy nerviosa todo el asunto. No puedo fallar.

—No lo harás. Eres la mejor de nuestra clase —aseguró Tenten con su aura confiada y positiva que siempre portaba. A su lado, Tamaki asentía de acuerdo a sus palabras.

—Sólo no te presiones y verás que todo saldrá genial —acotó, dándole ánimos a Hinata.

La Hyuga sonrió emocionada al sentir el apoyo de sus amigas frente aquel nuevo reto para ella.

—Gracias chicas —se dieron un abrazo de forma grupal.


A Naruto le iba tan bien en su trabajo en la oficina y era tan eficiente con la documentación que le daban que fue ascendido con un cubículo algo más amplio y con una mesa más ancha para poner sus efectos personales y una que otra fotografía y con mejor paga, por supuesto.

Claro que su alegría duró hasta que vio la cantidad de papeleo, facturas, archiveros colocados en su escritorio.

—…y éstos son de la semana anterior —dijo Shizune cargando con una pila de documentos, incluso más grande que las otras que tenía para revisar, ordenar y clasificar.

—Gracias Shizune —respondió de forma sarcástica Naruto, mareándose con todo el papel frente suyo. Shizune se retiró con una sonrisa sin percatarse de la jaqueca que le dejaba al pobre chico en esos momentos.

—Vaya, amigo y yo que venía a felicitarte por tu ascenso —dijo Toneri llegando al cubículo. Observó la marea de papeles que ocupaban el que hace unos instantes era un ordenado escrito y dio un silbido, negando con la cabeza—. Esto te va tomar meses, te digo.

—O cállate, Toneri —respondió Naruto fastidiado—. No necesitas decir lo que se nota a simple vista.

—Bueno, bueno, no necesitas amargarte, tú fuiste el que quiso ser el empleado del mes y todo eso —Toneri se sentó en el escritorio, empujando algunos papeles y abriendo una lata de soda, de forma despreocupada y relajada.

—¡Cuidado! —Naruto tomó la pila de papeles con ambas manos evitando que se derrumbará como una torre de jenga—. Oye, Toneri, ten más cuidado, ¿quieres? Necesito ordenar todo esto. A propósito, ¿no tienes nada que hacer?

—Seh, pero estoy tomándome un descanso.

—¡A las nueve de la mañana! —replicó Naruto, consultando su reloj.

Toneri rió divertido.

—Si no es ahora, ¿cuándo?

—Eres un vago de lo peor, ¿sabes?

—¿Qué te digo? Tengo mi gracia.

Naruto puso los ojos en blanco.

—Eres uno en un millón, Toneri —negó por el comportamiento despreocupado del Otsutsuki.

—Ya sé —respondió Toneri de forma engreída.

—No era ningún cumplido, ttebayo. Ahora largo, necesito comenzar con esto.

—¡Bah! Antes eras divertido, Naruto —se quedó callado unos segundos hasta alzó el rostro iluminado con una sonrisa— ¡Hey, hombre, se me acaba de ocurrir una idea!

—¿Cuál? —preguntó de forma desconfiada el rubio. La de locuras que tendría en la mente su amigo.

—¿Por qué no vamos al tercer piso y sacamos copias de nuestros traseros y los repartimos por todo el lugar?

—¿Qué? ¿Tienes cinco años, Toneri? —Replicó Naruto con un tic en la ceja—. Vete, necesito arreglar esto.

—Has perdido el espíritu, amigo —dijo Toneri tomándole de un hombro y negando de forma desolada.

—¡Adiós, Toneri!

—Ok, ok me largo, no me busques cuando quieras hacer bromas pesadas. Que ni te voy ayudar.

—¡Toneri!

El hecho que tanto Naruto y Hinata estuvieran tan ocupados en sus respectivos campos: académico para ella y laboral para él, hizo mella en su relación. Apenas, podían verse por algunos minutos antes que el otro cayera dormido cansado del día que pasaban o tenían la cabeza en otro sitio recordando todo el trabajo que aún les faltaba realizar, así que la única comunicación que tenían era por el móvil, ya saben uno u otro mensaje por aquí, llamadas cortas para no interrumpir al otro por allá.

Ya ni siquiera tenían tiempo para hacer cosas juntos y en verdad, lo echaban de menos. Sin embargo, no querían molestar al otro, sabiendo lo importante que era para el otro dar lo mejor de sí en aquella nueva etapa de su vida.

Los días se deslizaban como hojas secas sacudidas por el viento haciendo que la exposición de Hinata frente a toda la universidad se acercará a pasos agigantados.

—…estaré todo el día, pero será al mediodía cuando el director de mi facultad venga a revisar mi escultura y como es la hora de la comida, será perfecto para que pueda verme, Naruto, sin dificultar tu trabajo —decía Hinata con el móvil pegado entre su mejilla y su oído, dándole los últimos retoques a la escultura que había realizado: había elegido realizar una mini Torre inclinada de Pisa de más de dos metros de alto, con los más ínfimos detalles puestas sobre ella que parecían hacerla mucho más real que una simple pieza hecha de forma manual: sus ocho niveles perfectamente equilibrados, con sus respectivas columnas y encima de ella coronándola un hermoso campanario, envuelta en una pintura blanca tipo mármol con toques de brillo que le daban un aire más realista.

El hecho de realizar esta escultura sin lugar a dudas fue influenciada por la historia que iba detrás de la verdadera obra arquitectónica ubicada en Italia: realizada en una época de prosperidad, la torre de pisa perfilaba como la más importante de su era, construida en sus inicios como una pieza que demostraría el poderío de la ciudad fue construyéndose de forma veloz y bella hecha en su totalidad de mármol blanco. Pero, cuando construían el tercer nivel, la tierra de sus cimientos iba inclinándose lentamente haciendo peligrar la construcción y de las personas que habitaba la ciudad.

Con el tiempo —bastantes en realidad— se recuperó el terreno y se continuó construyendo, ésta vez de forma más precavida y segura se terminó de construir los cinco niveles que faltaban, claro que continuó tan inclinada como en sus inicios, volviéndola un punto que visitaban los turistas.

De cierta medida, Hinata se identificaba con aquella obra de gran renombre arquitectónico, la forma en que las situaciones que uno vivía intentaban derribarte y como uno las revertía a su favor para continuar adelante.

Con la confirmación de Naruto para asistir al evento de mañana, Hinata se acostó a dormir, pensando en lo que el siguiente día acontecería.

—Estoy muy nerviosa —Hinata jugaba con sus manos, mirando a todos lados— y Naruto, ¿por qué no llega? —miró la pantalla de su móvil, sin encontrar respuesta del rubio.

—No te preocupes, ya llegará —tranquilizó Matsuri quien junto a Gaara y sus amigas ayudaban a acomodar el puesto que le fue asignado a la ojiperla para aquel evento.

Hinata sólo se retorcía las manos.


Con un montón de archiveros llenos de hojas, documentos y demás, Naruto se sentía satisfecho de su labor en aquel día.

—Al fin pude terminarlo —sonrió contento de terminar con aquella pesadilla de papeles desordenados—. Sólo tuve que saltarme la hora de la comida para acabar con todo.

Se estiró en su asiento y prendió su móvil, que previamente apagó para no distraerse.

—¿Diez llamadas perdidas de Hinata? —dijo con sobresalto y entonces, recordó—. Diablos, lo olvidé, lo olvidé. Hoy era la exposición de Hinata —con rapidez salió corriendo de la oficina.

Mientras manejaba por la carretera pensaba en lo idiota que había sido en su descuido.

Lo menos que quería hacer sentir mal a Hinata.

—¡Que idiota! —se insultó, frustrado. Estacionó su auto y salió corriendo del mismo, apurado, consultando su reloj y percibiendo la hora.

A lo lejos vio a Hinata y todos sus amigos celebrando, excepto por su ausencia.

Aquello le hizo sentir peor.

Todos los puestos estaban vacíos o con algunos restos de estudiantes recogiendo los últimos vestigios del evento que finalizó una hora atrás.

Se acercó de forma cautelosa, dispuesto a disculparse por su descuido cuando notó que Gaara —aquel pelirrojo idiota que babeaba por su novia— estaba sentado a su lado y hablaba en voz baja, mirándola de forma cariñosa y que no le gustó para nada, mientras ella se encontraba algo apartada de los demás, distraída observando a la distancia de forma ausente.

Fue como una molestia que surgió en su estómago, viajó en su garganta hasta llegar a su cabeza, haciendo que cerrará sus manos, formándolas en puños.

"Ese idiota" —pensaba, mirando aquella escena, irritado.

Se aclaró la garganta de forma ruidosa.

Hinata alzó el rostro y al notar su mirada azulada puesta en ella, la apartó rápidamente.

—Eh, Naruto, llegaste —saludó Tenten de forma alegre, interponiéndose en su paso, notando el ambiente pesado que se formó con su llegada—. Mira lo que ganó nuestra querida Hina —le mostró un pequeño trofeo de reconocimiento de parte de las autoridades de la universidad reconociendo el esfuerzo de la chica.

—Genial —dijo con sarcasmo y dibujando una sonrisa irónica. La apartó y se dirigió a la pareja—. Hinata —llamó.

La ojiperla alzó la mirada y rápidamente se levantó de su asiento, mirándole de forma decepcionada.

—Te estuve llamando —dijo, sus ojos perlas lo miraron de una manera que le hizo sentirse avergonzado. Gaara, se levantó también, apoyando una mano en su hombro en un gesto de consuelo que irritó a Naruto, más de la cuenta.

—Hablemos a solas —tomó la mano de Hinata y la arrastró con él, para apartarla de ese idiota. Caminaron un largo trecho, alejándose de sus amigos, hasta llegar a un rincón apartado.

—Espera, Naruto —pedía Hinata hasta que se soltó de su agarre y lo encaró, molesta por su actitud—. Déjame de jalarme de esa forma, no soy un muñeco para que lleves de esa forma.

Los ojos de Naruto se abrieron llenos de sorpresa.

—¿Qué?

Hinata se cruzó de brazos.

—Te dije, te conté lo importante que era esta exposición para mí y sin embargo no viniste, Naruto. Todo el mundo vino a apoyarme, excepto tú, la persona más importante para mí.

—No parecías nada triste hace un rato con tu amiguito —dijo entre dientes el Namikaze.

—¿Estás hablando en serio? —dijo Hinata con incredulidad.

—¿Qué? ¿Ahora vas a negarlo?

Hinata sacudió la cabeza, sin poder creer lo que oía.

—No puedo creer lo que dices. Haz sido tú quien no vino, pese a que te lo pedí, repetidas veces. La que debería estar molesta soy yo, no tú, tú me fallaste.

—Ya te dije que no pude venir. Tenía mucho trabajo, Hinata.

—Pero, te pedí que lo hicieras. Yo siempre he estado ahí para ti cuando lo necesitabas y cuando yo te lo pido, tú no apareces. Últimamente tu trabajo es en lo único que te importa —no pudo evitar decirlo Hinata con algo de resentimiento.

—Mi trabajo es importante, Hinata. Debo poner prioridad, no soy una persona que pierda el tiempo, debo ser responsable.

—¿Estás diciendo que yo pierdo el tiempo? —Hinata no podía creer lo que oía.

—Tú no tienes ninguna responsabilidad, no como la mía, al menos. Siempre estas perdida en tus ensoñaciones, fantaseando con todo. Nunca tomas nada en serio.

El silencio flotó sobre ellos, tan dolorosamente pesado, que les sacó el aire. Arrepentido de sus palabras, Naruto quiso retractarse de inmediato, sin embargo, Hinata se escudó lo mejor que pudo de sus hirientes palabras.

—¿Sabes? No quiero verte —dijo Hinata, entristecida con su actitud.

Asombrado quedó Naruto con sus palabras y retrocediendo como si le hubiera dado una bofetada.

La miró, pero el rostro de la chica estaba extrañamente inexpresivo.

Fastidiado, dijo lo contrario a lo que deseaba.

—¡Bien! Yo tampoco quiero verte, Hinata —exclamó lleno de coraje.

—¡Bien!

—¡Bien! —repitió Naruto aunque lo que menos quería era pelear con ella, pero su enojo y frustración hablaban por él.

Ambos se echaron una última mirada, antes de emprender caminos opuestos.


NOTAS:

Penúltimo capitulo.

Ya falta poco para terminar y algo de trama no hace mal.