Yu-Gi-Oh! No me pertenece, es propiedad de Kazuki Takahashi.

Kaiba-Girl96:

¡Konichiwa, hello, hola, lectores/lectoras! ¿Cómo han estado? ¿Cómo han sido las cosas en estos, casi dos meses, sin leernos? Espero que todo esté bien con cada uno de ustedes. ¿Aún recuerdan este Fic después de todo este tiempo sin actualizar? Espero que un enérgico ¡SI! sea la respuesta, de lo contrario, me pondré a llorar. ToT

Tal como amonesté en el capítulo anterior, tardé cierto espacio de tiempo en publicar este nuevo capítulo. Empero, de la misma manera, me esforcé porque la demora no fuera tan extendida. ¡Perdónenme por la ausencia!

¡Gracias por su paciencia!

Ale: ¡Muchas gracias por leer y comentar! xD. Creo que, como seguro has de haber notado, ese detalle me hace saltar de felicidad. En verdad muchas gracias por tus palabras, las aprecio enormemente. Solo espero que el capítulo cumpla con tus expectativas y que siga siendo de tu agrado.

Me gustaría que por favor leyeran las aclaraciones que hago al final de cada capítulo. Sé que suelen ser largas pero justifican muchas cosas que tal vez ustedes no lograron comprender a lo largo de la lectura.

¡Espero que disfruten el capítulo!


Capítulo 29: Jaque Mate.

Melancolía impregnaba el oxígeno difundido en cada extensión del pasillo, estructurado en el interior de la institución médica. La tensión mantenía contextuada la atmósfera pese al lúgubre silencio alargado por los presentes allí.

Jounouchi apaciguó su rebeldía, conservándose inmóvil en uno de los asientos de la ocupada sala de espera. Anzu cesó el llanto, doblegada ante el insistente llamado de los pulmones que pedían ser auxiliados del dolor que los consumía en cada sollozo. El semblante de Honda delataba su pesadumbre, manifestándose en la mudez de sus labios. El joven de apellido Kaiba reservaba la expresión de su nostalgia, ahogándola dentro de sí mientras ocupaba uno de los asientos.

-Todo es culpa de Kaiba…- una voz acusó con precisa indignación.- Ese disparo debió ser para él… Es él a quien le corresponde estar en el lugar de Yura.-

-¡Mi hermano no es culpable de nada!- la perspectiva fue refutada por alguien fácilmente deducible, de quien por razones obvias se esperaba una defensa de tal índole.

-¿Estuviste tú allí, Mokuba? ¡¿Puedes asegurar que el imbécil de tu hermano no utilizó a Yura como escudo?!- inquirió, una patente mueca de desprecio imperaba en su semblante.

El azabache desocupó el asiento con gran sobresalto. Con una mirada fulminante, acompañada de un puño alzado, formó una postura desafiante.

-¡Tú tampoco estuviste allí, Jounouchi! ¡Tú tampoco estás en condiciones de afirmar que él haya hecho semejante barbarie! Mi hermano…- desciende el puño, ubicándolo en forma paralela al que en su otra mano se había ceñido. El cristalino púrpura grisáceo de sus ojos palpa el suelo con amargura.- ¡Mi hermano está perdidamente enamorado de Yura!... ¡Él no es capaz de siquiera pensar en cometer una atrocidad similar!- reafirmó receloso, un desafío latía en sus ojos.

La mandíbula de Jounouchi emitió un sonoro crujido.

-¡Oh sí!- agregó con plena entonación sarcástica.- ¡La ama tanto que se revolcó con Ishizu frente a sus ojos!- culminó la exclamación; el espeso miel de sus ojos recriminó al menor.

-¡Ésa no es la verdad!- la faz del menor se tornó carmesí, evidenciando con ello la intensidad de su enojo.- ¡Ishizu se desmayó en la oficina de mi hermano, cuando él fue a socorrerla, ella lo besó! ¡ELLA LO BESÓ! Coincidencialmente, Yura y yo arribamos la oficina en ése preciso momento, ¡por ello malinterpretamos todo!- aludió ofuscado.

-¡Por Kami, Mokuba! ¡¿Creíste ésa artimaña tan absurda?!- profirió con el entrecejo duramente fruncido, abandonando el mobiliario médico para tener fluidez en la expresión de sus palabras.- ¡Ya no eres un niño! ¡¿Hasta cuándo piensas encubrir todas las… porquerías de ése pedazo de estiércol que tienes por hermano?!- ofendió sin manifestar consideración alguna, sin estimar el parentesco de la persona frente a él con aquella que blasfemó de tan vil manera.

-¡Suficiente, Jounouchi! ¡Cierras la boca o mi puño se encargará de romperla!- amenazó tajante Honda, erigiendo el nudo tornado en una grotesca empuñadura.

-¡Aquí el único estiércol hediondo eres tú!- imprecó sagazmente el menor, acaparando bocanadas del aire que le costó exclamar aquel insulto.

El rubio procuró acercarse peligrosamente al menor. Refunfuñó en los brazos de Honda cuando éste obstaculizó su pretensión.

-¡Retira la venda que ciega tus ojos, Mokuba! ¡No permitas que Kaiba te convierta en un miserable como él!- vociferó en medio de las sacudidas que eran banalizadas por Honda.

-Todos lo juzgan…- el murmullo quedó escondido en los labios del menor cabizbajo. Los presentes otorgaron su atención, incluyendo a la castaña que hasta el instante se había mantenido al margen de la discusión; en un intento de escuchar a plenitud las palabras del menor.

-Todos dicen lo mismo de él…- en la segunda ocasión, la oración sí fue percibida, igual que las lágrimas filtradas en las mejillas.

Los oyentes conservaron el silencio necesario para captar el mensaje que proyectaba comunicar el menor.

-Que es un engreído que disfruta humillar a los demás, burlarse de sus incapacidades… Que con el dinero tergiversa las cosas a su conveniencia… Que es un ser ruin, carente de sentimientos… Que es el sublime egoísta que sólo se preocupa por sí mismo… Que posee todo lo que muchos anhelan tener… que es feliz por ello…- las manos transfiguradas en dos ajustados puños temblaban convergidas con la ira ocasionada por la expresión de cada palabra.

Liberó de sus labios un rezongado quejido, catapultando las lágrimas expuestas a simple vista.

-Pero… ¿Si una persona no expone sus lágrimas… significa aquello que no tiene sufrimiento alguno?- engulle una porción de saliva procurando suavizar el nudo estacionado en su garganta.- ¿Si alguien no manifiesta sus sentimientos… significa que carece de ellos?- intenta ahogar los quejidos sigilosos que se escapan al término de cada oración.- ¿Si un individuo posee dinero, fama, y la prosperidad de una exitosa compañía… tiene todo lo necesario para ser feliz?-

-Mokuba…- el débil pronunciamiento de la castaña reflejó su consternación ante el mensaje que intentaba transmitir el menor.

-¡PUES NO! ¡TODOS YERRAN!- sus ojos alterados por el enojo enfocaron los rostros contrarios.- Aunque mi hermano no expone sus lágrimas… ¡SÍ SUFRE! Aunque él no manifiesta sus sentimientos… ¡SÍ LOS TIENE! Aunque tiene en su poder el dinero, la fama y el estatus social que muchos anhelan tener… ¡NO ES AQUELLO QUE LO HACE FELIZ!- gritó con el auspicio de una vital cantidad de aire hasta entonces reservada en los pulmones.

Las miradas enfrascadas en el pavimento prolongaron el mutismo con anterioridad ofrecido.

-Jounouchi, tú… luchaste en el Reino de los Duelistas hasta obtener el dinero necesario para costear la operación de tu hermana…- constantes inhalaciones acompañan las exhalaciones en búsqueda de una respiración normalizada.- Con gallardía enfrentaste a los mejores duelistas en Ciudad Batallas para merecer ser llamado un Verdadero Duelista…- encara nueva vez a las personas frente a él.- ¿No posee mi hermano el mismo derecho?... ¿Acaso no merece luchar por Yura, tal como tú lo has hecho en cada duelo?- cuestionó sin desviar la mirada del rubio, que con un ceño ampliamente fruncido estancaba su mirada en el suelo.

-Joven, si mantiene esa rebeldía me veré obligado a solicitar su expulsión de este Centro Médico.- la amenaza del galeno alertó a los presentes de su inesperada presencia; discerniendo la insurrecta actitud que el rubio volvió a demostrar.

El aludido forcejeó una última vez con Honda hasta conseguir la libertad de su cuerpo, dando la espalda a los presentes sin la exposición de alguna palabra.

-Doctor… ¿Cómo está Yugi?- la interrogante de la castaña centralizó las miradas en el médico de edad no tan avanzada.

-Le administramos unos somníferos por vía intravenosa para revisar su estado con más facilidad. Afortunadamente, el shock fue emocional; por consiguiente, no afectó de manera significativa la circulación de la sangre y su nivel de volemia. Lo más factible, es que sea consciente de la realidad una vez que despierte. Necesitará la ayuda de todos ustedes.- detalló el especialista, recitando la última oración con cierta nostalgia.

Anzu no pudo reprimir las lágrimas, secándolas de inmediato en compañía de un enérgico asentimiento.

-La tendrá… No tenga duda de ello.- aseguró Honda mientras la fuerza que ejercía en sus puños le ayudaba a contener las lágrimas.- ¿Y su madre?, ¿cómo está la Señora Mutou?- indagó preocupado, recordando la ocasión en que la susodicha fue socorrida por sus brazos.

El doctor contrarrestó la mirada del joven con una melancólica, dilatada en el oscuro color café de sus ojos.

-La señora despertó...- inclina levemente su mirada antes de proseguir.- Debido a sus agudos sollozos, le concedí el permiso de ver a la Señorita Mutou custodiada por dos de los mejores enfermeros de este Centro. En estos momentos está con su hija.- culminó con expresa tristeza.

-¿Y ella…?- cuestionó una voz al punto del quiebre.- ¿Cómo está Yura?- la atribulada voz de Jounouchi completó la oración, guardando en todo momento su postura.

El galeno desvió en dirección al piso la mirada.

-Para nuestro infortunio… la Señorita Mutou no ha experimentado cambio alguno.-

La tristeza se adueñó de las facciones de los presentes.

-Con su permiso…- la intervención de una nueva voz reconocida por el menor de apellido Kaiba cautivó toda atención.- Joven Mokuba, debemos regresar a la Mansión.-

La noticia de que Isono sería el mediador entre las obligaciones financieras con el castaño, y ella, aumentó en una porción considerable su necesidad de saber lo ocurrido en la oficina del CEO. La acción que fundamentaba su hipótesis adquirió una solidez inesperada, aturdiéndola en sobremanera.

Aunque la crítica situación financiera de la mesa arqueológica era un hecho verídico, su interés era no sólo enmendar dicha posición. Pese a las reprimendas exclamadas hacia su propia persona, fue imposible eludir el hecho de que lo único que perseguía era una cercanía con el castaño, por más mísera que ésta fuera. Sus intenciones se habían extendido más allá de la erradicación de una crisis financiera, más allá de lo que ella misma alguna vez pensó poder controlar.

Volvió a personarse en la reconocida Corporación en horas vespertinas, decidida a clarificar los hechos que desconocía y, comprobar o impugnar su hipótesis. Retornó a su domicilio con la duda carcomiendo su consciencia en cuanto la recepcionista le informó la ausencia del ejecutivo, esta vez acompañada de la del menor, eliminando en su totalidad las posibilidades de esclarecer su inquietud.

-¿Será que yo… realmente besé a Seto?- preguntó al silencio que ocupaba su habitación, entristeciendo su semblante ante la conjunción de una respuesta afirmativa.

Analizando la actitud del castaño, lo más admisible es que desaprobara tal acción con sumo desprecio. Él no era consciente de sus sentimientos, calificaría aquel acto de ilógico. Absurdo.

Sin embargo, no era tal calificativo lo que abrumaba su interior, pues en cierta medida, aquel razonamiento era certero. La única razón que desolaba su ser, era la simple idea de perder la cercanía que hasta entonces había fomentado con el castaño.

A pesar de las respuestas despectivas que él solía ofrecer a cada uno de sus comentarios, para ella, era más que un privilegio la simple oportunidad de verlo, de tener una nimia relación con él aunque fuese por asuntos exclusivamente financieros.

Sabía de antemano que no podía esperar sentimientos recíprocos de parte del ojiazul. Pero, al parecer, su necio corazón se negaba a aceptarlo.

Levantó, de entre las sábanas, la mitad de su cuerpo con sobresalto; impelida por un súbito estremecimiento en su pecho. Con las sábanas cubriendo aún la parte restante de su cuerpo, dirigió su vista hacia la ventana que reflejaba el manto de la noche.

Con la mano derecha invadiendo su pecho, abandonó la comodidad de su lecho para apreciar el velo de la noche a través de la ventana.

Sus ojos azules contemplaron las nubes grises que privaban de su esplendor a la luna.

Una gélida ventisca meció con brío las copas de los árboles, arrasando consigo una premonición abrumadora…

-¿Por qué existe en mí… este extraño presentimiento?-

-¡Vaya, Señor Kaiba! Veo que antes de nuestro encuentro, ha resuelto ciertos inconvenientes.- sarcasmo aunado a un pleno regocijo resaltaron el tono de aquellas palabras que, sin lugar a titubeos, hacían referencia a los golpes visibles en su rostro.

Sonrió con excelsa arrogancia ante tal comentario, logrando desvanecer la risa previamente curvada en la faz de aquel hombre.

-Los hombres enfrentan los problemas cara a cara, cuerpo a cuerpo. Los cobardes como tú se esconden tras la sombra de los verdaderos hombres capaces de enmugrecer sus manos para lograr cualquier objetivo. Son más repugnantes que una inmunda cucaracha.- contrarrestó la sorna expresada con una ladina sonrisa.

Irónicas carcajadas anunciaron el fastidio perpetrado por aquellas mordaces palabras. Discernir la ironía, amplió satisfactoriamente su ensalzada sonrisa.

-Hace usted un gran honor a su apellido, Señor Kaiba.-elogió después de haber cesado las carcajadas; afinando cínicamente la última oración.- Tengo la certeza de que entenderá a la perfección los términos de la negoción.- finalizó con lisonja, haciendo crujir la madera gastada que componía la puerta cuyo cerrojo oxidado abrió. Incitándolo a introducirse en el deteriorado lugar.

El filo de su mirada inspeccionó el entorno que contextuaba el lugar antes de si quiera trazar un paso. Buscando algún punto que indicara la planeación de cualquier fullería.

-Pierda cuidado, Señor Kaiba.- expresó, percibiendo sus intenciones.- En este acogedor espacio, sólo seremos usted y yo.-

La visión carecía de nitidez. La pesadez en su cuerpo le impidió realizar movimiento alguno.

Cuando la visión comenzó a dilatarse, pudo distinguir la potente luz de una lámpara, misma que lastimó sus ojos hasta entrecerrarlos.

-¡Chicos, creo que ya despertó!- escuchó cual si fuera una eco lejano la femenina voz de Anzu.

En medio de una óptica turbia, vislumbró el azul de los ojos de Anzu, así como los empañados rostros de Jounouchi y Honda.

Parpadeó repetidas veces para calificar aquella imagen, sonriendo débilmente cuando lo hubo conseguido.

-Chicos…- murmuró extendiendo la sonrisa. Intentó dar batalla a los pesados parpados que amenazaban cubrir nuevamente sus ojos.

-Descuida, Yugi… Todo estará bien. No es necesario que te esfuerces.- alentó Jounouchi, figurando una calmada sonrisa.

-¿Fue un sueño… verdad?- cuestionó de inmediato aunque débilmente.

Jounouchi ocultó su mirada bajo la sombra de sus rubios flequillos.

Anzu emuló la acción del rubio para ocultar las lágrimas que se esforzaba en suprimir.

Honda desvió su mirada con el ceño fruncido.

-Mi hermana… no está en coma…- agregó con dificultad.- Mamá está bien…- gotas salinas volvieron a nublar su visión.- El Abuelo se encuentra bien…-

-No, Yugi…- percibió nostalgia en la voz de Jounouchi.- No fue un sueño.-

-¿Por qué?... ¿Por qué?-

La madera rugió como una bestia feroz cuando su pie hizo contacto con ella. El hedor a carcoma húmeda, las heces de las ratas y la presencia de las cucarachas daban al lugar un nauseabundo aspecto.

La vivienda al borde del colapso debió ser construida varios años atrás, explicando la deducción el piso de madera y el antiguo diseño de las ventanas.

El espacio era recorrido no sólo por sus piernas. Sus ojos complementaban la inspección, aseverando atención al detalle más mínimo.

Lo que antes parecía ser la sala de estar, era una sección cabalmente desolada, en donde insectos asquerosos circulaban libremente.

Divisó, al fondo del sendero, una luz parpadeante irradiada por lo que parecía ser una lámpara colgada en el techo.

El azul de sus ojos miró escéptico la ancha espalda del execrable hombre cuyos pasos había seguido, sintiendo el impulso de portar el arma resguardada por su gabardina blanca. Retuvo el pensamiento cuando el hombre cesó los pasos.

Más allá de aquella espalda, pudo distinguir una mesa adornada con un singular Tablero de Ajedrez que poseía las piezas perfectamente ubicadas. Dos sillas de madera se hallaban situadas en las extremidades de la mesa donde las piezas estaban ordenadas; una en contraposición de la otra.

Confundido por la percepción de tal escenario, condujo sus pasos hacia delante, situándose a un lado distante del hombre.

Ensanchó los parpados cuando la luz parpadeante de la lámpara facilitó la concepción de un peculiar detalle…

Al lado de aquella mesa se encontraba otra contigua de un tamaño más reducido. Encima de ella, reposaba un arma de temible calibre.

La risilla expandida por aquel repugnante hombre, provocó que sus ojos lo miraran con el ceño fruncido.

-He aquí nuestro tablero de negocios, querido sobrino.-

Acariciaba con mesura la pálida mejilla humedecida por sus lágrimas. Toscos hipidos revelaban su dolor, impregnando de amargura su pecho mutilado por la desgarradora visión del germinado fruto de su vientre.

-¿Por qué… hija mía, corazón mío?- musita el hilo que aún queda de su voz.- ¿Por qué justo ahora que te tengo a mi lado…?- cesó la caricia maternal que tiernamente deslizaba por la húmeda mejilla. Depositó un corto beso en ella.

Los enfermeros, ubicados a una distancia prudente de la escena, procuraban no contemplarla a plenitud; temiendo derramar lágrimas de conmoción.

-¿El Joven Kaiba es el Príncipe Azul de quien temías estar enamorada, no es así?- su quebrada voz expresa ternura, conjugada por una sonrisa a penas distinguible.- ¿Temías que desaprobara tus sentimientos hacia él, verdad hija mía? Por eso no me confesaste su identidad ese día.- sus manos frotaron con delicadeza las suaves hebras albinas.

-No te preocupes, cariño.- expulsa un ahogado sollozo.- ¡Mamá no está enojada contigo!- los hipidos aumentan, la mano que acaricia los albinos cabellos tiembla en sincronía con los labios.- ¡Mamá acepta tus sentimientos hacia el Joven Kaiba! ¡Mamá sólo quiere que despiertes!- el estruendo de los sollozos formó un llanto desgarrador.

Los enfermeros trazaron dos pasos resueltos a finalizar aquel encuentro, previendo que el estado de la madre podría tornarse insalubre. Contuvieron un tercer paso cuando ésta, en una acción repentina, detuvo el llanto.

-¡El doctor! ¡Llamen al doctor!- exclamó arqueando el rostro y mirando a los enfermeros con el semblante horrorizado.

Pasos consecuentes llevaron a los asistentes médicos hasta la camilla que ocupaba la joven.

Rostros estupefactos constataron el estado de la paciente.

-¡Doctor Tsuda! ¡Doctor Tsuda!-

Sus estrepitosas carcajadas opacaron el chillido de los insectos deambulantes. Por primera vez, aquel hombre frunció el ceño.

-¡¿Pretendes apostar nuestras vidas en una partida de Ajedrez?!- profiere con burla evidente, mirando al hombre con cierta diversión.- ¡¿Con tanta urgencia deseas morir?!-

El hombre de sombrías facciones frunció aún más el ceño. Para su desconcierto, curvó los labios en una sonrisa socarrona casi de inmediato.

-Preví que tal elección sería de tu agrado.- respondió ignorando la solapada amenaza exclamada previamente.

Endureció sus rasgos faciales al distinguir el brusco cambio de apelativo dirigido hacia su persona.

Con una expresión de tranquilidad que anudó sus puños, se acercó a las mesas enfrente.

-Ocupa la silla situada en las piezas que quieras dirigir, por favor.-

-¡Te exijo una explicación, Isono! ¡Exijo que me digas el motivo por el cual la Mansión está circundada de policías y el lugar donde se encuentra mi hermano!- bramó enfurecido, cuestionando los hallazgos omitidos por el subordinado que lo condujo engañado hasta la vivienda.

-Joven Mokuba, si existiera una explicación, sería el primero en referírsela. Sin embargo, desconozco las razones por las que el Señor Kaiba ordenó tales medidas. Le confieso que, cuando emitió las órdenes, su expresión era un tanto… siniestra.- informó Isono, mostrando el pavor que sintió cuando la fría mirada de su jefe se posó sobre él.

-¡Maldición! ¡¿Hasta dónde llegará tu sobreprotección, hermano?!- exclamó ofendido por la, según él, exagerada protección auspiciada por su consanguíneo.

Buscó el móvil guardado en uno de los bolsillos internos que portaba su chaqueta azul, tomándolo entre sus manos luego.

-Lo lamento mucho, Joven Mokuba. Pero, conociendo al Señor Kaiba, cortamos la línea telefónica y colocamos un dispositivo que impide la cobertura de señal a los aparatos móviles. El señor ordenó impedir que usted realice llamada alguna.- explicó detalladamente Isono.

-¡Por Kami, hermano!- prorrumpió antes de estampar el aparato contra el suelo; desconcertado.

Una sobrecogedora hipótesis surcó por su mente aturdida cual si fuera un fugaz destello, aterrando su cuerpo hasta el punto de inducir temblor en sus ojos.

Obviando su nombre gritado por Isono, corrió en dirección a la hemeroteca cerrando tras de sí la puerta.

Observó meticuloso las características de cada libro sostenido por el estante, centrando su atención en la singular posición de uno…

Sin consumir tiempo en una decisión, tomó asiento en la silla cuya extremidad de la mesa se hallaban organizadas las piezas blancas. El hombre se posicionó al frente de las piezas contrarias con una jactada sonrisa.

-En calidad del educado anfitrión que soy, procederé a explicar las reglas de esta peculiar partida.- aduló con una expresión sombría. Aquellos ojos negros envolvieron de lóbrego a la oscuridad enigmática.

El oscuro color de aquellos orbes colisionó con el destellante azul de sus ojos.

Ambas miradas se batieron en un duelo feroz, tal como los valientes gladiadores en el antiguo Roma.

-Las reglas del Ajedrez Tradicional se mantendrán intactas para esta partida. Sin embargo, el ganador tendrá el derecho de utilizar el artefacto que a nuestro lado se encuentra...-

-Creí haber dejado claro que no suelo invertir en negocios donde no es precisa la garantía de un beneficio. La ventaja de portar un arma de fuego es un privilegio insignificante.- puntualizó cínicamente, denigrando la prerrogativa.

-No lo sería si, haciendo un uso efectivo de los modales, me permitieras finalizar la explicación.- agregó encorvando los labios en una incisiva sonrisa.

Expandió la sonrisa cuando escuchó el gruñido que emitió como respuesta.

-Quien logre tomar el arma, es el único con posibilidades de sobrevivir. Si resultas ser aquél, entonces tendrás el privilegio de vivir sin incertidumbre, sin el desasosiego que podrían causar mis posibles acciones. Porque, en caso de que mi persona sea ese aquél, te aseguro que ni siquiera quedaran vestigios de todo cuanto te pertenece… de todo cuanto amas.- expuso con acento perverso.

La imagen de la ojiazul desplomándose entre sus brazos suscitó un puño ajustado que enrojeció su piel. La empuñadura temblaba, ansiosa por manejar el arma de fuego hasta fenecer la existencia de aquel ser inmundo.

La rabia ensombreció su mirada. La mandíbula crujió advirtiendo su insano deseo.

-Deberías mostrar gratitud.-adujo con macabra sutileza.- Te serviste de artimañas poco ortodoxas para conducir al incompetente de mi hermano hasta la muerte; pese a ello, formulé un método equitativo para resolver nuestras cuentas pendientes. En este lugar no existe otra presencia más que las nuestras, de modo que no es viable la posibilidad de que alguien nos perjudique o beneficie. Estamos en iguales condiciones.- una sonrisa teñida de satisfacción resaltó el planteamiento.

-Con todo lo previamente aclarado, considero que estamos en posición de iniciar la partida.-

-Peón E4.- anunció su voz acentuada de seguridad; teniendo la osadía de ejecutar la primera jugada sin haber sido estipulada por mutuo acuerdo.

Una sentencia profanó el mar hirviendo en sus ojos.

Desmedida curiosidad lo impulsó a cometer una imprudencia nunca antes realizada en sus años como médico especializado.

La documentación de los pacientes era estrictamente confidencial, no debía ser accesible a personas inconscientes de su relevancia. Aunque tal no era su caso.

La obtención de una respuesta al Déjà Vu experimentado con el magnate de apellido Kaiba, había influenciado sus pasos hasta el interior de la recamara que custodia los expedientes médicos.

La única vía de información, hasta entonces deducida, era la referencia médica del menor de ambos hermanos. Pese a que la vía no era sinónimo de una fuente ampliada de información, suponía una estratagema para generar conjunciones.

Aperturó con sumo cuidado el cajón que reservaba los registros de los pacientes de ingreso más reciente. Trashojó varias carpetas hasta leer el nombre del azabache plasmado en un archivo.

Revisó empedernido las referencias médicas adjuntas a las personales redactadas en el documento, clamando su especial atención la fecha de nacimiento del joven. Su memoria instigó la sensación de haber palpado la fecha en otra circunstancia.

-Por favor, Doctor Tsuda… Permítame ingresar al parto…-

El asombro disminuyó el tamaño de sus pupilas cuando el recuerdo atestó su memoria con un resplandor efímero.

Pasos apresurados e insistentes lo situaron frente a un almacenador de archivos arcaicos, conservando el expediente del menor sujeto a su mano. Utilizando su mano desocupada, abrió el cajón empolvado.

Las hojas contenidas en las carpetas que husmeó se hallaban teñidas del amarillo corrompido por el transcurso de los años.

Retuvo entre sus manos un archivo de avanzada edad. Con la intriga propulsando sus acciones, comparó una fecha en ambos expedientes…

El hallazgo entreabrió de estupefacción sus labios e inmovilizó su cuerpo conmocionado.

-¡Doctor Tsuda! ¡Doctor Tsuda!- la exclamación de su nombre atenuó la conmoción que lo invadía.

Con pasos inexactos guardó cada expediente en su respectivo lugar de origen, los agilizó para salir de la recamara y recorrer los pasillos de donde provenían las exclamaciones, encontrándose con los emisores en un corto lapso de tiempo.

-Doctor Tsuda,- nombró un enfermo entre jadeos.- Debe ir a la habitación de la Señorita Mutou cuanto antes.-

-Peón E5.-recitó su contrincante; colocando el peón en el cuadro negro a un paso del blanco donde estaba situado el suyo, posicionando las piezas una enfrente de la otra.

-Peón F4.- declaró movilizando un segundo peón, acomodándolo al lado del que inicialmente había jugado. Un jugador no experimentado hubiera calificado aquel movimiento como uno arriesgado, debido a la susceptibilidad de un ataque del peón contrario.

Sin embargo, tal era su intención.

-Peón E5 por F4.- anunció el hombre con oscura satisfacción, atacando a su recién jugado peón y guiándolo hasta su lado fuera del tablero. Colocó el peón vencedor en el cuadro desocupado.

Sonrió intrínsecamente al contemplar el movimiento.

Había mordido el anzuelo.

-Alfil C4.- manifestó disponiendo la blanca pieza a un cuadro de distancia de su peón blanco.

El peón negro vencedor había dejado libre un camino en diagonal, el movimiento característico del alfil. En dicho camino estaba oportunamente localizado un peón negro en F7, delante del rey. Si el desplazamiento del alfil era materializado y, por consiguiente, el peón atacado, el rey estaba expuesto a un inminente Jaque Mate.

-Dama H4.- acentuó el hombre con las facciones relajadas en una expresión de diversión, colocando la anunciada pieza a un cuadro distante del peón negro que había atacado al suyo.

Analizó contrariado la jugada, intentando predecir el motivo de su ejecución. Examinó reticente la posición de la pieza.

Alertó con disimulo sus ojos al intuir que, gracias al libre movimiento que destacaba la dama, esta podría emboscar a su rey sin dificultad, el cual se hallaba estacionado de forma diagonal a la pieza.

Esbozó en sus labios una sonrisa petulante al conjeturar un punto frágil en el desplazamiento.

-Rey F1.- realzó mientras sus dedos emplazaban a la pieza susodicha en el cuadro inmediato.

Comprobó la presunción cuando su rival endureció sus facciones.

-Peón B5.- exhibió incorporando un nuevo peón. Amenazando su alfil.

Singularizar el propósito de la jugada le hizo expandir una risilla malévola. Fue fácil constatar que el objetivo de la colocación era desviar su atención de la dama e impedir su proyecto con el alfil a la vez. Parecía ser que era consciente del peligro ceñido sobre la dama producto de la actual posición de su rey blanco. Aseveró como una prioridad la protección de la pieza, pues debía suponer su próximo movimiento.

-Alfil C4 por Peón B5.- arremetió contra el peón ubicando en su lugar el alfil, igualando la ventaja de una pieza contraria.

-Caballo F6.- pronunció mientras trasladaba la pieza, asentándola frente a uno de los peones negros aún lineados. Una sádica expresión amonestó la planeación de una peligrosa estratagema.

-Caballo F3.-

Llegó al hospedaje médico con la velocidad que sus piernas le ofrecieron. Invadir la habitación le permitió visualizar a la Señora Mutuo sentada en una extremidad de la camilla, admirando a su hija con la faz angustiada.

De inmediato concibió interferir en la escena. La imagen expuesta a la percepción de sus ojos lo enmudeció por completo…

Lágrimas constantes se desprendían de los adormecidos parpados de la joven.

Como todo médico en su posición, su acción se centró en la revisión de la joven, obviando la presencia de la madre que se puso de pie para cederle un espacio.

-Doctor, esas lágrimas… significan que mi hija puede despertar pronto, ¿verdad?- cuestionó Ashita. Un brillo esperanzado relumbraba en su semblante.

-Señora Mutou, le ruego que retorne a su habitación y me permita luchar por la vida de su hija.- imploró aturdido. Con el estetoscopio antes colgado en su cuello, revisó las vibraciones cardíacas de la paciente.

-¡¿Qué quiere decir con eso, doctor?!- pregonó Ashita brutalmente alterada.- ¡¿Mi hija… mi hija está muriendo?!-

-Himoto, Sanosuke, lleven a la Señora Mutou a su recamara. Sédenla, de ser necesario.- ordenó retirando los auriculares del estetoscopio a la vez.

Ashita se resistió a la fuerza de uno de los enfermeros que aprensó fuertemente su cuerpo. En medio de revoloteos titánicos, el enfermero la impelió hacia fuera del aposento donde el compañero aguardaba su llegada con una camilla.

Ausentes los gritos de la madre, procedió a inspeccionar la visión de la hija con el soporte de la linterna médica raída del bolsillo de su gabacha.

Mordió su labio inferior siendo esclavo de la confusión. Los ojos de la joven aún se hallaban despojados del brillo arrebatado por la inconsciencia. No obstante al hecho, las lágrimas emergían sin obstáculos.

Guardó la linterna en su previo lugar, conviniendo verificar el adecuado funcionamiento del electrocardiógrafo. Se colocó frente a la máquina e inspeccionó tanto el orden de los conectores como los signos proyectados.

Los compartimientos vinculados a las pulsaciones se hallaban armonizados en un perfecto estado. Nada fuera de su respectivo contexto.

Giró su cuerpo para observar una vez más la situación que protagonizaba la paciente, escudriñándola. Se acercó por segunda vez a su cuerpo inerte y tomó su pulso. La palpitación era tan débil como la de todo paciente bajo los efectos del coma.

Liberó la mano de donde había tomado el pulso. Turbado en gran magnitud, se mantuvo estático frente al cuadro médico exteriorizado.

Los parámetros parecían señalar que la Joven Mutou aún era súbdita de los efectos del coma.

El estado de inconsciencia se exaltaba de los demás por su similitud con la muerte; en él, los pacientes son víctimas de una pérdida de consciencia que los sumerge en un estado vegetativo. El corazón continúa vivo, sin embargo, el cerebro, ese órgano gestor y locomotor de todas las facultades del cuerpo, desde el punto de vista médico, fallece. Por ello, como el principal administrador de toda acción muere, es clínicamente imposible que un paciente en coma pueda desarrollar alguna actividad fisiológica normal. Si era palpable el caso, como precisamente sucedía con las lágrimas de la Señorita Mutou, era permisible suponer que el cerebro del paciente había sobrevivido.

No obstante al razonamiento y, pese al estímulo consolidado por la Señorita Mutou, el cerebro parecía continuar en letargo. Pues de otra manera, habría despertado a los demás órganos provocando un cambio en los signos vitales trazados en el electrocardiógrafo. Suceso que no había presenciado.

La realidad contemplada desafiaba los estándares de la medicina. Obligándolo a meditar una respuesta extra-científica.

Suspendió momentáneamente sus cavilaciones para actuar en calidad del médico profesional que debía ser. Desconectó a la paciente del aparato sólo llevando el suero consigo. Si no existía una explicación lógica para ese caso, él la formularía. Su profesión le prohibía generar conclusiones tentativas, no comprobables.

Rodó la camilla orientándola hacia el camino necesario para llegar al Resonador Magnético.

Paralizó repentinamente la camilla, asediado por una suposición que de conformidad con su profesión no era consentido idear.

''-Señorita Mutou… ¿Presiente usted un fatídico acontecimiento?-''

-Falta poco…- susurró mientras sus dedos se posaban velozmente sobre las teclas alfanuméricas.

''-Sólo espera un poco más… Hermano.-''

Jugadas efusivas solemnizaron la partida en una cúspide tal vez nunca registrada en la historia del Ajedrez Tradicional.

Las piezas de dos colores universalmente opuestos no habían alcanzado el Jaque Mate codiciado por ambos jugadores.

La partida fue precursora de un épico empate por ahogamiento del rey.

Azul y negro rivalizaron en un intenso duelo cuando la condición fue ratificada.

-¡Inigualable partida, sobrino!- enalteció formando un eco el sonoro estruendo de unas viles aplaudidas.- Empero, a raíz de este imprevisto empate…- una sonrisa cobró cinismo enfermizo.- ¡Ambos poseemos el derecho de utilizar el arma!- una intrepidez sorprendente, llevó la pistola contigua hasta el amparo de la mano derecha de aquel hombre.

Ágiles reflejos revelaron de su escondite el arma calibrada bajo la tela de su gabardina.

Dedos índices prestos a tirar del gatillo.

Orificios de un metal reluciente dispuestos a liberar la bala enfocada en la frente contraria.

-Eres precavido, sobrino.- elogió gesticulando placer trastornado. Afianzó el dedo a la parábola del gatillo.

-¡NO SOY TU MALDITO SOBRINO!- su enérgica patada desniveló la mesa estrellando el tablero contra el cuerpo de aquel hombre. Las piezas se fragmentaron en el suelo; la caída provocó la liberación de un disparo que agujeró el techo.

Pasos dinámicos lo acercaron al hombre postrado en el suelo. Hallándose éste al punto de conducir hacia él un disparo, pisoteó con tal ímpetu la mano que el susodicho aulló de dolor y excarceló la pistola, misma que distanció con su pie izquierdo.

Proporcionó una dolorosa patada al abdomen del hombre, hundiendo su pie hasta remover las vísceras de aquel estómago. Sonrió con beneplácito al divisar el rostro contorsionado por el dolor.

El hombre centró la fuerza de sus manos en el pie derecho que acribillaba el vientre, en un vano intento por cejar la opresión.

Enfocó la boca del arma en la cabeza del hombre.

-¡Quémate en el infierno, bastardo!- insultó con el dedo dispuesto a tirar del gatillo.

Una pieza de ajedrez golpeó inesperadamente su hueso nasal, suscitando en él un titubeo que extravió el objetivo del disparo. El hombre no desaprovechó el desvarío, logrando retirar bruscamente su pie, produciendo un flaqueo que lo hizo caer arrodillado en el suelo.

Procuró reincorporarse velozmente pero su espalda fue abruptamente golpeada por la silla de madera en manos de aquel hombre, precipitando su contacto con la madera del suelo.

Gimió compungido cuando la mano con que sostenía la pistola fue víctima de los golpes de una pata de la silla quebrada en su espalda. No pudo persistir el efecto de los golpes y su mano ensangrentada liberó por completo la pistola.

Sintió su cerebro dislocarse de lugar cuando la madera golpeó sin clemencia la parte de la cabeza más cercana a su nuca, cegando su noción del tiempo.

Una fuerza giró su cuerpo entumecido...

Percibió la ensombrecida imagen de una lustrosa pistola…

-Jaque Mate, Seto.-

Un estallido colmó de oscuridad su consciencia…

Escuchó la dulzura de una voz…

-Seto…-


Kaiba-Girl96:

POR FAVOR NO ABANDONEN EL FIC POR CÓMO HA CONCLUIDO EL CAPÍTULO. EN EL SIGUIENTE, SABRÁN EL POR QUÉ DE MUCHAS COSAS. ¡NO SE PRECIPITEN, SE LOS RUEGO! ToT

Por aquí, algunas aclaraciones:

En la versión latina del anime, Jounouchi entra al torneo de Ciudad Batallas para ayudar a Yugi a ''salvar el mundo''. En la versión japonés, ingresa para convertirse en un ''Verdadero Duelista'', por esa razón no acepta de inmediato el Dragón Negro de Ojos Rojos cuando Atem lo recupera.

Según mi investigación (pues en el capítulo anterior aclaré que no es mucho mi conocimiento sobre la medicina) al perecer existen muchos tipos de Shock, pero en general sólo son dos: uno es emocional (sucede en el capítulo) y el otro es más… clínico por así decirlo. El clínico puede tener consecuencias más drásticas que el emocional, puesto que afecta la circulación de la sangre y el nivel de *Volemia* que es el volumen total de la sangre que circula por cada individuo.

Las primeras jugadas de Seto y ''aquel hombre'' (creo que ya saben quién es, de lo contrario, tendrán que esperar el siguiente capítulo para saberlo. xD) No fueron inventadas. Las tomé como base de una partida llamada ''La Inmortal''. La partida no termina en un empate como ocurrió en el Fic. Pueden buscarla en la web si así lo desean.

El empate por ahogamiento, en Ajedrez, es una situación que se produce cuando el jugador de quien es el turno no tiene jugadas legales para realizar y el rey no se encuentra en estado de jaque. Es decir, el rey no puede moverse a otras casillas porque quedaría en posición de jaque o porque están ocupadas por piezas propias o piezas ajenas que están defendidas, y además el jugador no tiene otras piezas que puedan moverse o capturar a piezas adversarias

Si me he equivocado en algún aspecto, por favor, háganmelo saber para corregirlo.

Decidí definir todo con una partida de Ajedrez porque fue el mismo modo en que Seto venció a Gozaburo. Además, si analizamos Yu-Gi-Oh!, ¡todo se decide con un juego! xD

No sé si entendieron o no lo que ocurrió en la pelea del final. Cualquier duda, estoy a su disposición para responderles. ;D

El próximo capítulo tal vez sea el final. Si, ''tal vez''. Tengo algo pensado pero no estoy muy segura respecto de ello, así que no puedo asegurar o denegar que el capítulo próximo será o no el final. ¡Perdón!

¡PERDONENME! Nuevamente, no sé cuánto tiempo tardará la siguiente actualización. Pero descuiden, ¡estoy de vacaciones! xD. Así que, hay muchas posibilidades de que el capítulo no demore tanto. ;)

El fin de semana pasado se anunció el Preview de la película de Yu-Gi-Oh!: The Dark Side Of Dimensions, programada para el año próximo. ¡SETO ESTA HERMOSO! Me obsesioné más de lo que estoy cuando vi el Preview (la película se centrara más en SETO. xD xD). ¡Manténganse atentos porque el sábado saldrá el nuevo tráiler!

¡PERDON POR LAS NOTAS TAN LARGAS! DX

¡Millones, Billones, Trillones de GRACIAS POR LEER: Mirialia Paolini, TsukihimePrincess, Kia-Chan Kuchiki, hinatakurosak115, Miari-96, Oryem91, Ale, y todos aquellos que leen aunque no dejen un Review!

Siempre espero ansiosa sus impresiones, críticas, dudas, comentarios, tomatazos… ¡Todo lo que quieran expresar! xD

¡Feliz día, tarde, noche o madrugada!

¡Ja ne!