Hola! Bueno, para no romper con la rutina, debo comenzar pidiendo disculpas por la demora. Tuve algunos inconvenientes con la PC (virus) y después no me funcionaba internet para poder subir el capítulo), pero en fin, acá está. Asi que espero que lo disfruten! Lo bueno es que mi mamá ya consiguió empleada así que no tengo que pasarme el día trabajando en el locutorio, lo malo es que como es nueva toda no sabe manejar bien las cosas y tengo que seguir yendo un rato en las tardes a ayudarla… No los molesto más, nos encontramos al final… Hay un mensajito importante para todos ustedes…

* * * * *

65

Perfeccionando el plan

(Capítulo 29)

Resultó extraño volver a encontrarse recibiendo el cobijo del número 12 de Grimmauld Place, encontrarse nuevamente al resguardo de sus paredes y techos. Y, una vez más, les resultó imposible reprimir al sensación de vacía que se alojó en sus estómagos al contemplar el lugar y recordar los momentos vividos allí, y, por supuesto, a Sirius. Había pasado ya un año, desde su última visita a la Ancestral casa de los Black, pero el lugar lucía exactamente igual que en aquella ocasión, tan tétrico y desolador como siempre, y aún así, hubo algo que sorprendió a los cuatro amigos, que habían conocido la casa en sus peores momentos. La casa se hallaba impecable y en el más perfecto orden, ni una mota de polvo cubría las superficies, el único rastro de tal cosa, eran las diminutas partículas que se arremolinaban danzando en los haces de luz del atardecer que se colaban por entre las cortinas. No es que hubiesen dejado la casa en malas condiciones luego de haberse marchado la última vez, pero después de tanto tiempo de abandono, era lógico que la casa tuviera polvo y al menos un leve olor a moho. ¿Acaso no se hallaba así la casa de los Malfoy luego de pasados sólo algunos meses de "abandono? Sin embargo, no les fue difícil desentrañar la razón de aquel orden.

Una pequeña figura arrugada, de orejas puntiagudas de murciélago con mechones de pelo cano saliendo de ellas, nariz como morro de cerdo y ojos saltones inyectados en sangre, apareció frente al grupo en cuanto todos hubieron terminado de cruzar el umbral.

- El amo Potter está al fin en casa – se dijo a sí mismo. – Y ha venido con sus amigos… el colorado, la sangr… la chica y… oh, pero está también con él el señorito Malfoy.

- Hola Kreacher – saludó Hermione con una sonrisa amable, haciendo caso omiso de lo que casi había llegado a decir la criatura. El elfo la observó sin responder, por un momento con expresión de desdén, pero luego se sosegó y dedicó a la chica un asentimiento de cabeza. Por supuesto, no olvidaba el trato que había recibido de ella en su anterior encuentro, eso lo hacía observarla con otros ojos y pensarlo dos veces antes de tratarla con desprecio…

- Bienvenido amo Potter.

- Gracias Kreacher – Hermione le dedicó una mirada como incitándolo a decir algo más, y así lo hizo - Me alegra estar de regreso – sonrió y su amiga le sonrió a él, complacida.

Ron también saludó al elfo, e igual lo hizo su hermano, pero el Slydderin se limitó a ignorarlo al pasar por su lado, como si no fuera más que un perchero postrado junto a la puerta.

- Amo Potter, ¿desea que prepare algo de comer para usted y sus amigos?

- Eso sería grandioso Kreacher, gracias. Sólo una cosa, ¿Te molestaría no llamarme "amo Potter"? Sólo Harry está bien – lo incomodaba recibir ese trato, no quería sentirse como su amo, bueno, sí que lo era, pero prefería hacerlo algo más… informal.

- De a cuerdo amo Potter. – El elfo se marchó con prisa hacia la cocina, para comenzar con la preparación de la cena.

Ron y George rieron, y Draco no pudo evitar unirse a ellos. ¡Cuánto hacia que el joven Malfoy no reía! Había olvidado cómo se hacía, y hasta cómo se sentía, e incluso sintió tensos los músculos del rostro. Harry les puso los ojos en blanco, a él no le hacía ninguna gracia, y tampoco a Hermione, que los observó colérica por regodearse a costilla del pobre elfo. Por una milésima de segundo, Draco se dejó llevar por lo insignificante del momento, y rió con los demás, pero aquello acabó en cuanto cayó en la cuenta de lo que hacía, de que estaba riendo y de con quién estaba riendo. Al cabo de un segundo, la risa del muchacho se había apagado, y él observaba a los demás avergonzado por su actitud. Ron y George también dejaron de reírse al cabo de unos segundos, la gracia no había sido tal como para ser merecedora de una gran risotada, pero de todos modos, fue el darse cuenta del enmudecimiento de la risa del rubio lo que aceleró el cese del carcajeo. Lo miraron sin comprender por qué se había cayado tan súbitamente, y se sorprendieron al captar la vergüenza dibujada en sus facciones. Hermione y Harry también lo miraban con incredulidad y Draco se percató de aquellos ojos clavados en él, por lo que intentó salir de aquello con el empleo de su habitual tono despectivo.

- Ustedes son tan estúpidos. – no podía comprender cómo había llegado a rebajarse tanto como para reír junto a ellos de semejante idiotez.

Nadie le prestó atención, de hecho no eran nada estúpidos, y aunque no entendían las verdaderas razones que tenía el chico para comportarse de aquella forma, se percataron de que aquel comentario era sólo para escapar a la vergüenza que le había provocado el unirse a las risas de los hermanos Weasley. De todos modos lo pasaron por alto, pretendiendo no haberse percatado de la maniobra de Draco.

Harry avanzó hacia la Sala de Estar y se dejó caer en un sillón frente a la chimenea (apagada por supuesto), los demás lo imitaron, y ocuparon sus lugares.

- Bien – comenzó el pelinegro cuando todos se hubieron hallado ubicados – debemos trabajar con rapidez, cuanto antes urdamos un plan y lo pongamos en marcha, antes sacaremos a quienes queremos de las manos de esas ratas inmundas.

- De a cuerdo – respondió Malfoy sentado frente a él, en eso no podía contradecirlo – Sólo hay algo que quiero saber primero.

- ¿Si?

- ¿Cómo es que se llevaron a los señores Weasley y a tu novia, Potter?¿Y cómo es que saben que tienen también a Lombottom y a Lunática Lovegood?

Harry suspiró, y también lo hicieron sus tres amigos. Luego, comenzó la explicación.

- Neville y Luna – puso especial énfasis al pronunciar el nombre de la chica – Debían venir a casa para mi cumpleaños días atrás, pero ellos nunca llegaron, en el Ministerio dijeron que habían recibido un pedido de ayuda por parte del auror que los trasladaba, pero cuando llegaron sólo hallaron los rastros del automóvil. En cuanto a Ginny y a los señores Weasley, ellos iban de camino a la casa de un familiar – por supuesto, evitó el detalle de explicar el por qué – e, igual que Nev y Luna, nunca llegaron a destino.

Draco lo escuchó con atención, y aunque pensó en una respuesta, se contuvo, al menos por un segundo ¿Cómo no habían pensado los Weasley, y los mismos miembros de escuadrón de aurors, hasta el mismísimo Ministro, que algo así ocurriría? Con las cosas que estaban ocurriendo fuera, en las calles, ¿cómo podían haberse arriesgado a salir? Y más aquellas personas, que era sabido, estaban en la mira de los Mortífagos por más de una razón. Y como dije antes, sólo se contuvo por un momento.

- ¿A caso fueron tan estúpidos de permitirse salir a campo abierto con quién sabe cuantos Mortífagos detrás de ellos?

- Malfoy, no creo que el Ministro hubiese autorizado tal cosa de considerarlo peligroso – respondió Hermione cortante. Consideraba una aberración la falta de respeto hacia las autoridades implícita en las palabras del muchacho.

Draco puso los ojos en blanco. Después de todo, lo hecho, hecho estaba, el daño ya estaba causado y ahora debían ocuparse de remendarlo.

- Bien ¿Qué tienes en mente Potter?

- Bueno, es la parte en la que te necesito a ti – Draco lo miró sin comprender, y se tensó en su butaca mientras esperaba el resto de la explicación. Los otros tres chicos ya conocían el plan, y sabían a qué se refería su amigo, pero aún así, Ron y Hermione se tensaron, tratando de anticiparse a la respuesta que daría el rubio a la propuesta de Harry, el ardid entero dependía de esa respuesta. Por otro lado, el morocho y el Weasley se mantuvieron impasibles, Harry sabía, y George comprendía, que a Malfoy no le quedaba otra chance que aceptar, él deseaba recuperar a sus padres tanto como ellos a sus amigos, y lo mismo con enfrentar y acabar con los Mortífagos. Así que el chico tomó aire, y continuó, ante la mirada impaciente del muchacho frente a él. – Tú fuiste uno de ellos, y tú conoces sus escondites. Debes decirnos dónde están, buscaremos en cada uno hasta dar con lo que buscamos.

- Tú has estado bebiendo demasiada hidromiel ¿a que sí? – le tomó el pelo, aunque en realidad creía que era Harry quien le tomaba el pelo a él – Dime, ¿de verdad crees que encontraremos algo si acudimos a sus antiguos escondites? – Harry habría respondido que sí, pero en verdad era una pregunta retórica, y Malfoy no le dio tiempo a hacerlo - ¿De verdad eres tan estúpido como para pensar que los Mortífagos seguirán utilizando los mismos escondites de siempre? Ellos saben que están buscándolos Potter, y saben que sus compañeros presos han sido y están siendo interrogados ¿De verdad los crees tan idiotas como para conservar las mismas guaridas?

Harry lo observó mientras hablaba y no pudo evitar sonreírse a sí mismo mientras lo oía dar sus razonables explicaciones. Porque claro que eran razonables, y que él mismo lo había pensado así, en un principio. Y lo mismo sus amigos, de hecho, esa era una de las razones por las que no habían estado nada seguros del plan y de hecho, aún no lo estaban del todo, incluso luego de haber oído su explicación; pero también era la razón que lo tenía a él completamente convencido, la razón que no le dejaba lugar a dudas. Ahí estaba la calve de todo, era ahí mismo dónde estaba la respuesta, la razón por la que había ideado aquel plan, y la razón por la que estaba completamente seguro de que funcionaría.

Draco lo miró con incredulidad y enfado al mirarlo a la cara y detectar su sonrisa. De verdad sentía que estaba tomándole el pelo.

- Escúchalo Draco, su explicación puede tener algo de razonable también – le dijo Hermione al verlo abrir la boca nuevamente para replicarle algo al muchacho, aunque en su voz, la duda estaba más que clara.

- Bien, adelante, te escucho, pero la verdad que no veo que esto tenga ni patas ni cabeza, no le encuentro ningún sentido Potter – instó a Harry a explicarse.

- Bueno, ¿Acaso no lo ves? Esa es exactamente la razón por la que ellos permanecerían en sus mismas guaridas. ¿De verdad crees que el Ministerio iría a buscarlos a esos mismos lugares sabiendo que ellos saben que están buscándolos? ¿No sería más lógico que el Ministerio pensara justamente lo mismo que tú, que se han marchado a otro sitio? Entonces ellos permanecerían allí, porque sabrían que los del Ministerio no serían tan estúpidos como para ir a buscarlos a un lugar del que, se supone, deberían haberse marchado en cuanto tuvieron la oportunidad. Y digamos que sí se marcharon en un principio y que el Ministerio registró los lugares, porque si en verdad pensaban hacerlo, debería ser algo que ya hicieron hace tiempo ¿No crees que luego regresarían allí? El lugar no volvería a ser registrado nuevamente si ya se hubieran asegurado de que estaba vacío ¿Por qué habrían de suponer las autoridades que ellos regresarían?

El rubio lo escuchó en silencio, al igual que los otros tres chicos, que ya habían escuchado aquella misma explicación, pero que aún la oían con tanta atención como la primera vez, desenmarañando cada detalle, desovillando hilo por hilo, para ver si al fin lograban convencerse y lograr la seguridad respecto del plan que iban a seguir, y se sorprendió de la racionalidad del plan. Era obvio que Potter lo había estudiado todo antes de decidirlo, había tenido en cuenta cada detalle y había conseguido trazar un plan sin fallas, basado completamente en la lógica y la astucia. Los ojos fueron abriéndosele mientras terminaba de asimilarlo y comprender el plan, aunque por supuesto, se daba cuenta de que aún faltaba una parte muy importante. En aquel tejido que Potter había creado con sus razonamientos, habían había varias hebras sueltas, de esas de las que, cunado uno tira del extremo, hacen que el tejido entero se desteja. Lo que Potter decía era posible, claro, pero no era seguro, estaba lejos de ser seguro, los Mortífagos podrían haber permanecido allí, claro, pero también podrían haberse marchado, y al fin al cabo, aquello los dejaba en la misma situación. Estaban atascados en un vaivén entre la seguridad y la duda, tenían las mismas posibilidades de fracasar como de tener éxito en aquello, un cincuenta y un cincuenta, y ellos estaban en medio de las dos opciones, sin saber en cuál de las dos depositar su confianza, todos menos Harry, claro. Pero después de todo, debía admitir que algo era mejor que nada, y antes que ponerse a esperar que otra idea más brillante acudiera a sus mentes, era mejor probar suerte con la que ya había acudido a ellos. Y, sin embargo, aún habiéndose decidido a seguir la artimaña del morocho, el rubio seguía encontrando cosas por resolver ¿Cómo sabrían a cuál de todos los escondites debían ir? Y… ¿Qué harían una vez que se hallasen en su interior?

- …de a cuerdo, suena razonable, aunque sigue siendo algo… inseguro. Pero lo es lo único que tenemos, así que creo que no queda otra opción que seguir con ese plan, a no ser que a alguien se le haya ocurrido algo mejor – nadie respondió, por supuesto. El muchacho siguió - Ahora… ¿Y luego qué?

- Creo que no te sigo – y de verdad que George no comprendía a qué se refería el rubio, y no era el único – ¿Luego de qué, qué?

- ¿Qué haremos cuando hallemos el lugar? Si lo hallamos, claro está.

- Buscaremos a los cautivos, y una vez que todos estén a salvo, enfrentaremos a los Mortífagos que se hallen allí.

- Bien, ¿Y crees que cinco chicos como nosotros podremos derrotar a un mínimo de quince Mortífagos por nosotros solos?

- De hecho sí – Respondió Harry seguro de sí mismo y, claro, también de su plan. Y Ron siguió.

- ¿Olvidas que esta no sería la primera vez que lo hacemos?¿Olvidas que los hemos vencido en otras ocasiones y que Harry logró vencer a Voldemort por sí sólo? – Ron se sorprendió a sí mismo al oírse pronunciar el nombre de Quien no debe ser nombrado, y el rubio hizo un mohín – Además, contamos con los Sortilegios que George ha creado especialmente para la ocasión, y claro, contamos con la ventaja de tú presencia. – Draco frunció el ceño sin comprender del todo y el pelirrojo se explicó – Tú sabes cómo piensan, y cómo actúan, cómo funciona la mente del grupo, podrás decirnos que esperar de ellos.

- Bueno, supongo que llevas razón en ello. Pero tampoco se confíen, yo nunca fui de gran importancia en el grupo, no me decían sobre las cosas importantes, sólo me encomendaban tareas menores.

- ¿Estás echándote atrás Malfoy? – lo desafió Ron, complacido.

- Por supuesto que no Weasley – le respondió entre dientes, conteniéndose por no saltarle encima (de llevar su varita debería contenerse de no lanzarle un hechizo) – Haré lo que pueda, sólo digo que no es demasiado lo que puedo hacer.

Draco era completamente consciente de que, siendo "soldado" en las filas de Lord Voldemort, no había sido más que utilizado. Se habían mofado de él, porque nunca habían querido de él más que eso, usarlo, usarlo como si no fuese más que un elfo doméstico, para que se encargase de los trabajos sucios, de aquellos que nadie quería realizar. Nunca lo habían considerado como uno de ellos, a pesar de tener aquella horrible marca grabada en la piel, que le recordaría los peores momentos de su vida por el resto de la eternidad, ni siquiera el mismísimo Señor de las Tinieblas lo había considerado como uno de los suyos, no lo habían considerado digno de formar parte de aquel grupo, había sido sólo relleno, un extra en una horrible película de terror, donde el odio y la ambición eran los protagonistas, y en la que, por un momento, creyó que encajaba, hasta caer en la cuenta de que aquello no era lo suyo, no se llevaba bien con los protagonistas, en esa película no eran como los que él conocía, allí estaban más puros, más concentrados, y en demasiada cantidad. Pero él, tan metido en su propia mente, tan orgulloso de sentirse parte, no lo había visto, fanfarroneando su condición, ante los que, sabía, deseaban estar en su lugar y aún así no podían, no se había percatado de aquello sino hasta que hubo sido demasiado tarde, sino hasta que ya estaba demasiado metido como para escapar de allí; y entonces, al darse cuenta, había oído el eco de las palabras de su madre rogándole, meses atrás, que no se uniera a ellos, que huyera, y, por primera, deseó haberla escuchado y haberle hecho caso. Volvió a oírla ahora, y a verla, llorando frente a él, estrechándole las manos entre las suyas, rogándole, clamándole, que no se uniese al Señor de las Tinieblas, que huyese de todo aquello mientras pudiera, que salvara su pellejo, como no habían podido hacerlo ella misma y su esposo; y se pudo ver a sí mismo, esbozando su sonrisa altanera y liberando con brusquedad sus manos de entre las de su madre, diciéndole que ella no era nadie para decirle qué hacer con su vida, diciéndole que él haría lo que le placiese. Quiso gritar ante el recuerdo, con el arrepentimiento carcomiéndole las entrañas, pero se contuvo, por su propio orgullo, debía hacerlo. No se había dado cuenta de lo que en realidad estaba haciendo al ignorar a su madre, y unirse a Voldemort, de lo que estaban haciéndole a él y a su familia, sino hasta que había sido demasiado tarde para desandar el camino andado, hasta que ya habían provocado, él su familia, demasiados daños como para arrepentirse de haberlo hecho, y eso era lo que ellos querían, que hicieran el trabajo sucio, que se ensuciasen las manos en su lugar. Estaban presos entre las garras de Lord Voldemort, y él no los dejaría ir. Voldemort se había puesto hecho una fiera en cuanto había detectado en su mente y en las de sus padres el deseo de abandonarlo, de "traicionarlo" como había dicho él, pero aquello no había durado mucho, se le había pasado rápidamente, como si la furia no hubiese sido más que una brisa pasajera, que duró exactamente el tiempo que el "hombre" (monstruo sería más apropiado) había tardado en idear una manera de fastidiarlos e incomodarlos, de hacerlos arrepentirse. Se había regodeado de todos ellos trasladándose a su casa, a la Mansión Malfoy, y haciéndolos sentir como basura, amenazándolos con la muerte con cada paso que intentaban dar lejos de él, atándolos a él hasta volverlos sínicos. Y los Mortífagos, aquellos que habían sido sus compañeros, y los de sus padres por muchísimo más tiempo, se habían carcajeado de ellos, de su situación. Y ahora ellos se habían llevado a sus progenitores y estaban pidiéndole, no, rogándole, que regresara. Él no lo haría. Ahora sería él quien los hiciera sufrir y desear nunca haber seguido en aquella dirección, ahora sería él quien se reiría de ellos, quien se mofaría de ellos cuando clamaran por compasión. La llama del odio se encendió con fuerzas renovadas en su interior, y se elevó por su cuerpo hasta quemarle la garganta con un sabor amargo y metálico; lo incineró por dentro, y a él no le molestó, sino que lo satisfizo. Disfrutó de ese sabor en su garganta y deseó poder hacerlo salir al exterior, deseó poder tener a aquellos que habían arruinado su vida rendidos frente a él, para hacérselos probar ese sabor y quemarlos con su ira, con su desprecio y odio. Deseó tenerlos allí para hacerlos pagar, para rendirles cuentas al fin, y que se llevaran una dosis de su propia medicina, no, de su propio veneno. No le bastaba con vencerlos y entregarlos a las autoridades, no, los mataría y los dejaría pudrirse en lo más profundo del infierno, quemarse junto a Lucifer, en el más terrible de los castigos, en el más terrible de los círculos, allí donde estaba Judas; enviarlos a Azkaban y saber que sufrirían allí hasta la muerte, no era suficiente para él, debía asegurase de tuvieran un mayor castigo, y ¿qué le importaba si era él quien iba a Azkaban por eso? Nada, después de todo sería feliz, sabiendo que había conseguido su tan preciada venganza.

- Lo haremos – dijo con tenacidad, y un renovado brillo de odio y determinación en los ojos, sorprendiendo a los cuatro amigos (incluso Harry) que ya habían pensado que estaba echándose atrás en el plan. – Por dónde empezamos. Hay un par de guaridas en Londres, y otras más distribuidas por toda Inglaterra; además, hay el resto de Europa y algunas en América, en Australia y Rusia, pero de esas desconozco la ubicación, sólo sé que están. Creo que deberíamos comenzar por Londres, y luego buscaremos en las demás que recuerdo, en cuanto a las otras… Bueno, buscaremos hasta dar con ellas. – No tenía mucha fe en hallarlas, a decir verdad, al fin y al cabo eran escondites Mortífagos, y estaban diseñados, elegidos, para no ser hallados, pero estaba dispuesto a buscarlos, haría lo fuese necesario para dar con ellos.

Nadie habló por un momento mientras pensaban. Harry no se sorprendió al oír la información que Malfoy había revelado, después de todo, detrás de la esperanza de que no fuese así, en el fondo había sabido desde un principio que no sería nada fácil dar con el sitio que buscaban. Sin embargo, y esperaba que fuese en algo de ayuda, contaba con el detalle, mínimo, pero aún así tal vez importante, de lo que había visto en su sueño, aquel callejón al que habían llevado a Ginny y a sus padres. Además del aspecto interior, de pasillos con húmedas paredes de piedra…

- Bueno, tengo un detalle que tal vez pueda ser de ayuda para saber a qué tipo de lugares debemos acudir – empezó luego de un momento. Draco, que había estado mirándose las zapatillas, levantó la mirada hacia él con el ceño levemente fruncido, pidiendo explicaciones. Los otros tres chicos no se inmutaron ante el comentario, comprendían a qué se refería – Puedo decirte que es probable que la entrada esté en una calleja oscura, estrecha…

Draco lo miró boquiabierto por un momento.

- ¿Y se puede saber cómo sabes eso?

- Lo he visto – respondió el pelinegro con toda naturalidad, con la sinceridad expresa en sus profundos ojos verdes.

- Harry ha tenido una especie de… sueño – comenzó a explicar Hermione – y en él ha visto cómo los Mortífagos atacaban al auto que llevaba a Ginny y los señores Weasley, y vio cómo ellos eran conducidos hasta el final de ése callejón. Creemos que allí es dónde está la entrada al escondrijo, porque luego los vio ya cautivos dentro de unas… celdas, o algo así.

Una vez, Draco permanecía boquiabierto. Luego sus facciones fueron tornándose más duras, parecieron afilarse y volverse más puntiagudas, y entonces se puso en pie inesperadamente, y enfrentó a Harry, que permanecía sentado frente a él, con ferocidad.

- ¡¿Están diciéndome que todo estro que estamos haciendo no es más que por un estúpido sueño que tuvo el cabeza rajada?! – Por supuesto que todo esfuerzo de mantener la calma respecto de su relación con los cuatro chicos que lo acompañaban, de mantener la compostura y evitar tratarlos con tanto desprecio como en verdad deseaba, se fue por los caños en el mismo instante en que supo por dónde venía toda la cosa. - ¡¿Están diciéndome que pondremos en riesgo nuestras vidas sólo porque el "Niño que vivió" tuvo una pesadilla anoche y cree que su rapunzel está cautiva en una celda?!

- ¡Draco, cálmate!¡No – fue – un – sueño!¡Lo vi porque de verdad ocurrió, no sé por qué, pero lo vi, y sé que es real!

- ¿Y dices que ahora también tienes visiones? – se mofó el rubio.

- Siempre las he tenido Malfoy – respondió entre dientes – antes ocurría por la conexión entre mi mente y la Voldemort. Sin embargo, no comprendo por qué ocurrió en esta ocasión, pero sé que ocurrió, aquello no fue un sueño.

- ¿Que siempre las has tenido?¿qué quieres decir con eso? Tal vez deberías reclamar el puesto de la profesora Trelawney, ¿eh? – volvió a burlarse. Una vez más, sentía que el muchacho estaba tomándole el pelo.

- Si que eres idiota Malfoy – repuso George hartándose – Harry ha experimentado con "sueños" que resultaron ser ciertos en otras ocasiones, la razón de la cuestión es irrelevante ahora (es demasiado largo y complejo para explicar), lo que importa es que, debido a la experiencia de esas otras ocasiones, él puede saber ahora que esto no se trataba de "sólo un sueño", sino de otra más de sus visiones. Y aunque no podemos saber que la causó, ya que ahora que Voldemort está muerto es imposible de que sea por la misma razón que las anteriores. Sin embargo, podemos confiar en que lleva razón al decir que no es sueño, Ginny también había experimentado algo parecido la noche en que nos mudamos a Londres, y había visto en sí, las mismas cosas que vio Harry luego. – explicó con inusitada paciencia.

- ¿La chica también es psíquica? ¡Vaya!

- Ya déjate de estupideces Malfoy, ¿Vale? – Se enfadó Hermione, y ante la mirada sorprendida de los chicos, calmó un poco sus ánimos antes de agregar – Esta es realmente serio.

- De a cuerdo, lo siento – repuso entre dientes, nada a gusto con la idea de tener que pedírselo a la sangre sucia.

- Ahora enfócate y piensa – lo instó Ron - ¿Existe algún lugar que utilicen como escondite que tenga las características que describió Harry? – el rubio respondió de inmediato.

- La mayoría de las guaridas tienen esas características Weasley, casi todas ellas tiene entrada en callejas.

- Ja, los Mortífagos no son muy inteligentes ¿cierto? – comentó George, pero su comentario fue olímpicamente ignorado.

Harry se hundió en el sofá, repentinamente aplastado bajo el peso de la desesperanza. Genial, además de que eran pocos los escondites de los que tenía conocimiento el ex Mortífago, la única pista que él podía brindarle para acelerar el proceso del hallazgo, no le servía en lo más mínimo. De verdad que los Mortífagos no eran para nada originales en situar sus escondrijos, no había lugar más obvio que un callejón estrecho y oscuro… aunque tal vez era exactamente por el hecho de que fuese tan obvio, que habían decidido situarlos allí. Pero ahora ¿Cómo harían para hallar el que realmente buscaban? Confiando claro en que el que buscaban se hallara dentro de los que Malfoy conocía…

Kreacher se presentó en la Sala con un trapo anudado a la cintura a modo de delantal de cocinero, y con una sonrisa de satisfacción anunció que ya estaba lista la cena. El anuncio los tomó por sorpresa, no se habían siquiera dado cuenta del paso del tiempo. Instintivamente, los cinco voltearon las cabezas para clavar las miradas en las ventanas, las ventanas estaban corridas, que no se atisbaba ni una pizca de la luz amarillenta del astro rey, sino que ahora se veía un tenue resplandor plateado. El sol había caído y la luna había ascendido en el cielo, mientras ellos permanecían en la Sala discutiendo sobre el procedimiento que seguirían.

Cenaron en silencio, permitiéndose un momento para descansar sus mentes agotadas y preocupadas. El estafado de zetas que había preparado el elfo para darle la bienvenida a su amo estaba delicioso. Kreacher sonrió complacido cuando Hermione se lo hizo saber y los chicos asintieron indicando que estaban de a cuerdo con la muchacha (tenían las bocas demasiado cargadas como para pronunciar palabra alguna). Draco engullía bocado tras bocado con tal desesperación, que dejaba en evidencia que había pasado sin alimentarse adecuadamente todo ese tiempo que había estado escondido en la soledad de su hogar. Ron también comía con desesperación, pero lo suyo no era porque hubiese pasado hambre, todos sabemos que no fue así, sino simplemente por angurriento.

Hermione ayudó al elfo a limpiar la vajilla luego de que - tras tres platos rebosantes vaciados por Ron, cinco por Draco, dos por Harry, dos por George y medio por la chica - hubieron terminado con todo lo que había en la gran cacerola de hierro, y el elfo recibió su ayuda halagado. Y luego, cuando todo volvía a estar en orden, y tan impecable como antes, volvieron a sus posiciones en la Sala de Estar y pusieron sus mentes, ahora más tranquilas y despejadas, de vuelta a trabajar.

No tardaron demasiado tiempo en decidir cómo comenzar a poner el plan en marcha, debían hacerlo lo antes posible, así que no se detuvieron demasiado en buscar maneras más sencillas, seguras o que pareciesen más eficientes, que les dieran la seguridad de que obtendrían resultados positivos. Al caer la media noche, el plan estaba completamente trazado y todo estaba arreglado para que, a primera hora en la mañana, se pusieran en marcha en la misión rescate. Y sin embargo, Hermione seguía aún con cierto temor e inseguridad respecto de la artimaña que habían ideado los chicos y volvía a buscar la manera de eludir, o al menos retrasar la puesta en acción.

- Bueno, y ¿Qué tal si vamos a hablar con Kingsley y le exponemos nuestro plan? Quizá él pueda poner un grupo de aurors para que vengan con nosotros, o tal vez él decida seguir nuestro plan por su cuenta y acabar con esto por sí mismo… - sugirió, cuando todo parecía estar decidido y los chicos comenzaban a levantarse de sus butacas para irse a las camas.

- Hermione ¿Hablas en serio? – George la miró con incredulidad, detectando el nerviosismo en su voz.

- Pues claro, podría funcionar, y si tuviésemos un buen escuadrón de aurors a nuestro favor, o incluso al ministro, entonces tendríamos más posibilidades de salir exitosos de la tarea.

- ¡Herms, no hay tiempo para eso! ¡Ya hemos perdido demasiado tiempo, ya hemos tardado demasiado en decidir qué hacer, y quién sabe cuánto más tiempo pasará hasta que al fin demos con el sitio que buscamos! No podemos permitirnos más distracciones ni obstáculos. Puedes quedarte fuera de esto si quieres, todos pueden quedarse fuera de esto si quieren, yo no les pedí que me acompañaran, ni siquiera quería que lo hicieran, de verdad que no me importa si se dan media vuelta ahora mismo y regresan a Londres, pero yo me rendiré y trabajaré hasta lograr encontrar a Ginny. – Harry no podía creer que la chica estuviera sugiriendo acudir nuevamente al Ministerio como forma de escape.

Tragó saliva, y luego dedicó a su amigo una expresión de firme determinación, antes de esbozar una gran sonrisa de camaradería. Tomó los nervios y el miedo que aún albergaba en su interior y que se habían hecho con su cuerpo y con su mente en contra de su voluntad, los aplastó formando una bola con ellos, apelmazándolos y apretándolos hasta reducirlos a un tamaño insignificante, y luego los lanzó hacia atrás, por sobre el hombro, hacia algún lugar en el vacío, obligándolos a liberarla y desaparecer de ella, a desprenderse de su mente, su cuerpo y su alma y dejarla ir, para que su valentía de Gryffindor pudiese volver a ocupar el lugar que aquellos dos le habían robado repentinamente aquella mañana. Y entonces, con la seguridad que, mágicamente, le habían proporcionado las palabras de Harry, instándola a marcharse, pero sabiéndose ella incapaz de hacerlo, recordándole el verdadero valor que había en él, y recordándole el valor que había también en ella, (aunque en una dosis más pequeña) sintió vergüenza de sí misma por haber tenido miedo de arriesgarse al peligro, de arriesgar su vida por sus amigos y por quienes eran casi como sus padres; y hasta se enfadó consigo mismo por ello, se reprendió a sí misma con el pensamiento insultándose por su estupidez y su falta a sus amigos. No podía dejarlos, debía hacerlo por los cautivos, y también por los no cautivos, por los que estaban allí, en la misma habitación que ella, formaban un equipo y no podían separarse ¡Claro que eran un equipo! Siempre lo habían sido, desde aquella vez en el primer año de Hogwarts en que Harry y Ron la habían salvado del troll en el baño de las chicas; y siempre habían trabajado juntos, enfrentándose a sus temores. Siempre en equipo, ayudándose unos a otros. Y siempre habían salido victoriosos, y ahora veía la razón, no había sido sólo por suerte, la suerte no existe, es sólo para los mediocres, había sido porque siempre, habían trabajado juntos, sincronizados como un equipo, pero no unidos por el fin, como ocurría con los escuadrones guerrilleros, como ocurría con los Mortífagos, y como ocurría con ellos y Draco en ese mismo instante, sino unidos por el corazón.

- Harry, no te dejaré, no te dejaremos – respondió la chica luego de aquellas palabras, sacando seguridad y auto confianza de dónde no la tenía – Somos un equipo, y trabajaremos juntos en esto.

Harry le devolvió la sonrisa, advirtiendo en su voz, el cambio que se había originado en su estado de ánimo, advirtiendo esa seguridad y confianza recuperadas. Y Ron, sentado a su lado, la estrechó entre sus brazos, orgulloso de su novia y su determinación.

- Bien – Draco carraspeó – Lamento interrumpir el momento tan… dulce, pero ¿A caso hablabas en serio con eso de ir a hablar con Kingsley?

- Olvídalo Malfoy, no lo haremos, no hay tiempo que perder, y además, nosotros podemos solucionar esto sin ayuda.

- No, Granger, no me refiero a eso, por supuesto que no lo haremos. Me refiero a lo que hablabas de Kingsley, lo mencionaste como si de verdad fuese posible que hablásemos con él.

- Pues claro – respondió la chica, con el entrecejo fruncido, dudando sobre a dónde quería llegar el muchacho - ¿Por qué no habría de ser posible?

- De a cuerdo, entonces ¿Estás diciéndome que no sabes nada de nada? – preguntó ahora con incredulidad en la voz y expresión. - ¿Ninguno sabe nada de nada?

- ¿Nada de qué Malfoy?¿Qué diablos estás diciendo?¿Qué es lo que deberíamos saber? – interfirió Harry.

- ¿Acaso no saben que Kingsley desapareció hoy, luego de la medianoche?

Nadie dijo nada. Por un largo segundo, el silencio se hizo tan profundo, que parecía un monstruo que acabaría por tragárselo todo. Entonces, los rostros de los muchachos se transformaron en espasmos de pánico, los ojos abiertos como pelotas de pin-pong y los rostros pálidos, las mandíbulas se aflojaron y cayeron dejando las bocas abiertas de asombro, sorpresa y temor, ante todo temor.

- Estás diciendo que… - comenzó Hermione con voz temblorosa. No necesitaba que se lo repitiera, había oído perfectamente, pero albergaba la esperanza de que el oído le hubiese fallado al captar las palabras del chico.

- Estoy diciendo que el Ministro de la Magia, Kingsley Shacklebolt, desapareció anoche, luego de la media noche – repitió lentamente para no tener que hacerlo nuevamente – Si quieren mi opinión, digo que los Mortífagos están detrás de esto.

- Oh, qué inteligente eres Draco, de verdad, deberían darte un premio – ironizó George – Ahora dime, ¿Cómo es que sabes de esto?

- ¿Es que a caso ustedes no leen El Profeta?

- Lo cierto es que no – respondió Hermione con toda naturalidad – hemos dejado de hacerlo hace mucho tiempo, cuando ya no se pudo seguir confiando en él.

- Bueno, debo decirles que no deberían haberlo hecho, o al menos deberían haberlo retomado luego de la guerra, ahora no dice más que verdades, y esas verdades son de mucha utilidad para saber lo que está ocurriendo en el mundo. El mundo mágico no se limita a las cuatro paredes de sus casas, ¿saben? Están pasando cosas horribles allí afuera, y todo eso está detallado en El Profeta, detallado sin miramientos ni tapujos.

- Vaya, supongo que Rita ha empezado a tomarse las cosas en serio – comentó Hermione sorprendida. Draco se encogió de hombros y Ron asintió mostrando su acuerdo.

- De a cuerdo, pero si lo de Kingsley pasó apenas en la madrugada, ¿Cómo es posible que los del periódico se hayan enterado lo suficientemente pronto coma para incluir la noticia en la edición del día?

- No lo sé, pero allí estaba. Acababa de leerlo cuando ustedes llegaron a casa por la mañana.

- ¿Y qué diablos fue exactamente lo que ocurrió?

- Pues no lo sé, nadie lo sabe. Sólo dicen que el ministro no regresó a su casa por la noche, que su familia asumió que se quedaba a trabajar hasta tarde, ya saben, con todos los problemas que están causándole los Mortífagos al Ministerio… en fin, sin embargo, cunado llegaron los primeros a cumplir con sus trabajos tampoco hallaron a Kingsley allí. Un escuadrón de aurors comenzó la búsqueda de inmediato, pero créanme, no lograrán encontrarlo si los Mortífagos no lo desean.

- ¿Tienes el periódico en tu casa, Malfoy? – preguntó Harry con seriedad. El aludido asintió.

A continuación, el morocho agitó su varita, y en una exhalación, un ejemplar de El Profeta, apareció sobre la mesa de té en torno a la cual se reunían los sillones y butacas de la Sala. El muchacho se inclinó adelante para tomarlo, bajo las miradas expectantes de sus amigo, lo desplegó y leyó el titular de la primera plana para sí, antes de releerlo en voz alta para todos.

- "El Ministro de la Magia desaparecido"- levantó la mirada hacia ellos y luego volvió a bajarla hacia la nota, continuó leyendo. – El Ministro de la Magia, el ex auror Kingsley Shacklebolt, ha desaparecido misteriosamente esta misma mañana. Su lugar de trabajo fue el último lugar en donde fue visto, ya que nunca llegó a su hogar luego del trabajo. Se desconocen el lugar y la hora de la desaparición. Se sospecha que no es más que otra obra de los Mortífagos, que ya llevan causando innumerables y gravísimos desbarajustes Un grupo de los más capacitados aurors con los que cuenta el Ministerio está encargándose ahora mismo de su búsqueda. Ampliación en la pág, 13 - A continuación abrió el periódico y recorrió las páginas leyendo al paso los demás titulares en busca de datos relevantes, de hecho, tal como había dicho Draco, todos lo eran: "Explosión en una estación de trenes acaba con la vida de 183 muggles.", "Error en la infraestructura de una autopista se cobra la vida de decenas de personas", "Explosiones en las calles aterran a los habitantes de Little Wingging". Se le paró al corazón al leer aquel último y no pudo menos que entrar en pánico al pensar en sus tíos, pero luego suspiró con alivio al recordar que ellos se hallaban aparentemente a salvo, si acaso era posible estar a salvo, en algún otro lugar del globo, lejos de allí. Llegó a la página 13, y contempló la reducida "ampliación", no era nada lo que tenía para agregar a lo que ya había leído en la primera plana, no había más detalles, eso era todo lo que sabía. No había datos sobre el secuestro, la hora o el lugar, ni pistas que ayudaran a descifrarlo. Se preguntó en dónde diablos estarían buscando los aurors, qué sabían ellos que El Profeta no estuviese diciendo. – Eso es todo – anunció con frustración, no hay nada más. Tiró el periódico sobre la mesa y se reclinó en la butaca, cerrando los ojos y llevándose a ellos ambas manos, al echar la cabeza hacia atrás. Quería, y al mismo tiempo no quería, leer aquellas notas cuyos titulares había leído, tanta muerte, tanta tragedia, y todo causado por las comadrejas inmundas; y ellos no habían sabido nada de eso hasta ese mismo instante. Claro que sabían que los Mortífagos estaban causando estragos, el señor Weasley se los contaba a diario, cunado regresaba, abatido, de su día de trabajo, pero aquello estaba volviéndose más y más potente a cada minuto. Los ataques y atentados aumentaban en gravedad y cantidad, y también en frecuencia, y aquello estaba muy muy muy mal. ¿Qué iban a hacer para detener eso?¿Cómo harían ellos para detener eso si no habían logrado hacerlo ni los mismos aurors? Por primera vez desde la mañana anterior, comenzó a percibir las fallas de su plan.

- Un momento, - comenzó George, trayéndolo de regreso a la realidad de la Sala de Estar del número 12 de Grimmauld Place. Todos los ojos se clavaron en el muchacho – Si nosotros fuimos al Ministerio hacia el mediodía del día de ayer, entonces el Ministro ya había desaparecido para entonces, y ya se sabía que estaba desaparecido para entonces – reflexionó.

- Eso es cierto – mencionó Ron, comenzando a entender, al igual que Harry, hacia dónde apuntaba la reflexión de sus hermano.

- Entonces ¿Por qué ese auror no nos lo dijo?¿Por qué dijo que no estaba disponible, que estaba participando de una redada…? – concluyó George.

- Oh, santo cielo – exclamó Harry, aunque sin una pizca de emoción en la voz – Sabía que había algo en ese tipo, no me gustó desde el principio.

- Oh Dios – repitió George. Todos se habían quedado con la boca abierta. Todos menos Hermione, que había adoptado una expresión de enfado ¿Cómo podían pensar algo malo de Mike?

Mientras Hermione cavilaba enfadada sobre las acusaciones que sus amigos dictaban hacia Michael, Draco los miraba con expresión ausente, como si aquello no significara nada para él, y Harry y George se sumían en la neblina de aquella sensación extraña y horripilante de haber descubierto algo terrible, una chispa se encendió en la mente de Ron, trayéndole a la memoria la escena que habían vivido en el Ministerio, y entonces lo comprendió, encajó las piezas de aquel horrible puzzle en su cabeza y todo cobró sentido al fin. Mike, los Mortífagos en la casa, esos ojos…

- Era Mike – susurró, con voz excitada por el descubrimiento, pero también asustada por el mismo descubrimiento, y sorprendida. Cuatro pares de ojos se clavaron en él, los seños fruncidos y los rostros expectantes. – Era Mike, en la casa… Los Mortífagos, era él, el de los ojos… sí, era él, estoy seguro, eran sus ojos, los recuerdo.

- Ron, ¿Qué estás diciendo? - no entendía a qué se refería su novio, pero no parecía que fuese nada bueno.

- En la casa en Londres, cuando amarramos a los Mortífagos, antes de marcharnos, yo los miré por última vez, sólo por hacerlo, y entonces reconocí a Megera, vi sus ojos detrás de la máscara de látex, y luego… luego vi otros ojos, que me fueron familiares, pero no podía recordar dónde los había visto… Y ahora lo recuerdo, ¡eran los ojos del auror!

- Por Merlín, esto está mal, muy muy muy mal – susurró Harry, apenas con aliento.

Y entonces Hermione estalló.

- ¡Pues claro que está mal!¡Está demasiado mal! ¿Cómo pueden si quiera pensar que Mike sea Mortífago?

Ron la miró furioso a su lado, y retiró el brazo de sus hombros, separándose varios centímetros de ella.

- Oh, claro, lo había olvidado, cierto que hablamos de tu Mike. Lo siento, no quise ofenderte. – la chica lo ignoró y continuó vociferando.

- ¡Él salvó mi vida cuando los Mortífagos intentaron matarme!¡¿Cómo podría ser uno de ellos?! ¡No me hubiese salvado de ser así, hasta podría haberme matado él mismo, sin necesidad de los demás!

- ¡Pues quizá sólo intentaba engañarte! – replicó su novio, enfadándose más y más a cada segundo.

- Herms, - habló Harry con voz tranquila, tratando de bajar la tensión que se había creado en la habitación y lograr así, calmar a las fieras – Lo que Ron dice tiene sentido. Quizá él quería que confiases en él, para poder engañarte luego sin que sospechases.

- ¡¿Tú también ahora?! ¡¿Cómo puedes decir eso?! ¡Él no me engañó! ¡Él no es un Mortífago, es un auror! – las lágrimas rodaban por sus mejillas como cascadas eternas, pero ella no se molestó en limpiárselas.

- No es ninguna garantía el hecho de que sea auror, Granger. Te apuesto a que hay más infiltrados de los que pudiésemos imaginar en el Ministerio – se metió Draco.

- ¡Tú cierra el pico Malfoy!

- Oye Hermione, cálmate, cálmate y razona. ¿No ves que todo esto tiene sentido? – interfirió George, que por supuesto, le encontraba sentido a todo aquello. – Él te defendió, se hizo ver como un héroe ante ti, te sedujo… todo para que luego no lo consideraras como lo que realmente es, para que no pudieras llegar a sospechar de él en su condición de Mortífago.

- ¡Él no me mintió, no me engañó! ¡Yo sé que él no es Mortífago, y no me importa lo que digan!¡Yo lo conozco y sé que él no sería capaz!

- ¿Ah si, lo conoces? – la interrumpió Ron, que ya estaba echando humo por las orejas - ¿Cuánto los conoces?¿Ya te has ido a la cama con él? - ¡ERROR!

Aquellas palabras salidas sin pensar de la boca de un celosísimo y enfadado Ron, fueron como presionar el botón STOP de la video casetera. Todo se frenó de golpe, los sonidos enmudecieron y los chicos se petrificaron, dejando hasta de respirar. Hermione se quedó estática, con la boca abierta, ya que había estado a punto de replicar antes de que su novio le soltara aquello último; su rostro fue transformándose lentamente, hasta convertirse en una expresión de profundo dolor e insulto. Aquello había sido una puntada en el pecho, un maleficio cruciatus directo a su corazón. La había dejado sin aliento, la había sacado de allí y la había enviado en un trasbordador espacial a otra galaxia. Se vio repentinamente envuelta en una bruma espesa y blanca, donde todo resultaba borroso ante sus ojos, sus oídos se volvieron sordos, y su boca muda, su mente se paralizó y sus miembros, todo su cuerpo se fosilizaron, por un momento, se quedó así, como muerta, y entonces, al cabo de unos segundos, su mente comenzó a maquinar con la velocidad del rayo. ¿A caso Ron la había llamado ramera?¿A caso su novio y amigo, por quien ella lo daría todo, era capaz de pensar tal cosa de ella?¿Cómo podía siquiera concebir la idea de que ella lo cambiaría por otro? ¿Cómo podía ser tan idiota? Se sintió insultada, y luego la oleada de furia ascendió por su cuerpo, desde las puntas de los pies hasta el último cabello que tenía erizado, le llenó la boca, y pugnó por salir, y darse a conocer, pero la contuvo por un momento más allí dentro, mientras continuaba alimentándola con el pensamiento, y cuando ya no pudo contenerla más, abrió la boca para dejarla salir y arremeter contra la figura a su lado, cada vez a mayor distancia.

Y sin embargo, cuando abrió la boca para que ésta saliera, no quiso hacerlo, sino que retrocedió y se quedó atascada en su garganta. Los chicos la observaban temerosos por su reacción, sabían que a esta vez a Ron se le había ido la mano por mucho. La vieron abrir la boca para gritar, con el rostro rojo de ira, y nuevas lágrimas mojándole las mejillas, la vieron cerrarla, y volver a abrirla, la vieron moverla, intentando articular, pero ningún sonido salía de ella, parecía un pez fuera del agua, rogando por se devuelto a su hábitat natural. Entonces, se puso de pie lenta y tambaleantemente, llevó su mano derecha al bolsillo de sus vaqueros y sacó con mano temblorosa su varita, en silencio, hizo aparecer su bolsito de cuentas sobre la mesa de café, junto al periódico, lo tomó y se volteó hacia la puerta, dándoles la espalda a todos, ladeó la cabeza unos centímetros, sin que llegaran a ser los suficientes para que le observaban el rostro, y con voz temblorosa y casi inaudible pronunció sus últimas palabras, antes de caminar hacia la puerta y salir por ella.

* * * * *

Ahora díganme, qué tal le pareció? Sé que tal vez me extendí un poco en algunas partes, pero es que estaba como entrante mientras escribía jeje! Espero sus reviews, por favor!

Lo cierto es que me he quedado un poco triste últimamente después de checar los reviews, porque sólo Nocturnal Depresión me los ha seguido dejando (millón y medio de gracias XD), siento que me han abandonado… En fin, no me irá mientras aún me quede alguien fiel acá, jajajaja! Re Dumblendore yo…

Bueno, en este capítulo está lo que les decía respecto de Ron y Hermione luego del capítulo del Ministerio, sé que tal vez esperaban algo más, pero bueno, esto es todo parta lo que me da la cabeza, jajaja! Igual no se asusten que sí hay más, mucho más, y, aunque creo que ya es dar demasiada información, les secreteo que en el próximo capítulo, o tal vez en el siguiente, incluya un lemon. Muajajajaajaja, sé que les gustan, mentes pervertidas, jajajjajaj! Sobretodo a Samara (no sé si seguirás todavía ahí…)

Bueno, estamos a mediados, casi fines de febrero y se acerca la fecha de cumpleaños del fic, con lo que quiero decir, la fecha en que comencé a escribirlo. No conozco la fecha exacta, no me acuerdo, porque en realidad por esos tiempos no prestaba mucha atención al tiempo, pero sí sé que fue para mediados o fines de marzo, ya que recuerdo que fue semanas antes de mi cumpleaños, (6 de Abril, no se olviden! XD) Y estaba pensando hacer, decir, mejor dicho, esto al final, siento ganas de hacerlo ahora, porque realmente, si me lo preguntan, no sé cuando será el final, simplemente cuando mi mente se canse de inventar y mi imaginación se agote jajaja, y cuando ya no necesite de esto para mantener mi locura raya! Es que no quiero terminarlo!!!!

Acá voy,

Cuando empecé a escribir este fic, estaba algo deprimida, por así decirlo, por ciertas cosas feitas que pasaron en mi vida hace poco más de un año, y creo que eso es bastante evidente en los primeros capítulos. Deseaba tener un giratiempo para volver el tiempo catorce meses atrás y cambiar el rumbo de las cosas, pero con el tiempo comprendí que no tenía sentido sentirme así, y que ya no había nada que yo pudiese hacer para volver la marcha atrás, y que aunque tuviese ese giratiempo que tanto deseaba, las cosas volverían a pasar del mismo modo. En fin, la cosa es que creo, no, creo no, estoy segura de que este fic, y ustedes mismos, fueron los que me ayudaron a cambiar esa forma de concebir las cosas, y hacerme volver a sonreír como antes. En castellano, más fácil y sin rodeos, este fic, y junto con el fic ustedes, me cambiaron la vida y sepan que les voy a estar eternamente agradecida, aún cuando no sé de ustedes más de lo que leí en sus biografías, o lo que deduje de sus personalidades por medio de sus reviews.... GRACIAS! Una y mil veces GRACIAS!

Ya no más, o voi a llorar…

Besos!!!!

Y sepan que, aunque suene algo loco, de verdad los quiero!

_______________________________________________________________*Ginny!*