Capítulo 28
Cinco
Luna estaba ojo avizor, mirando por todos los lados y revisando todo lugar y recoveco lo suficientemente pequeño. Siempre era igual, cada vez que iban a salir, él se escondía. Sabía que no lo hacía a mala intención, pero siempre le tocaba buscarle a ella y a veces tenían más prisa que otras. Y, en ese caso, sí que había prisa.
-¿Dónde estás, Frank? Sal ya, cariño…
De vez en cuando algunos ponis del servicio se ofrecían a ayudarla, la mayoría de las veces le tocaba a su niñera ir a por él, pero esta vez Luna podía encargarse. Después de todo Frank era un niño muy obediente, sobre todo con su madre.
Al pasar al lado de un jarrón decorativo bastante grande, la alicornio oscura suspiró y murmuró en voz alta.
-Vaya… ¿Quién diría que incluso mi propio hijo pudiera darme esquinazo de esa forma? Bueno, pues supongo que tendré que visitar a Twilight yo sola…
En ese momento oyó una débil risita proveniente del jarrón y Luna esbozó una condescendiente sonrisita; se asomó a la boca del mismo y entonces pudo verlo.
-Te pillé.
Acto seguido, Frank se asomó y exclamó.
-¡Jo, mamá, eso no vale!
-Ah, pero ha sido cosa tuya el que te rieras…
-¡Es que no puedo evitarlo, me hace mucha gracia!
-Ay, mi escurridizo niño… ¿Qué pasa, no quieres ir a ver a Twilight?
-¡Sí, quiero ir a ver a la tía Twilight!
-Pues en ese caso ve a vestirte ya, so pillo…
Frank se aupó para salir del jarrón, pero su madre le ayudó con su magia y lo dejó en el suelo; una vez fuera, echó a correr hacia el otro lado del pasillo mientras exclamaba.
-¡El último es un huevo podrido!
-¿Cómo? ¡En ese caso yo seré la primera!
Ante esa tentativa, Frank corrió más deprisa mientras que su madre le pisaba los talones; para Luna no había nada mejor que pasar tiempo con él, viendo cómo crecía y se hacía más mayor. Parecía mentira que tuviera ya cinco años. El tiempo pasaba rapidísimo, y esos últimos años habían sido para ella casi como un suspiro, aun a pesar de que habían ocurrido un montón de cosas. Pero, para ella, la mejor cosa de todas era su propio hijo, y con diferencia.
Enseguida llegaron hasta la habitación de Frank, el cual acabó primero en esa improvisada carrera.
-¡Ja, he ganado, mamá es un huevo podrido!
-Vaya, otra vez… ganas a cualquiera en velocidad, cariño, y lo sabes…
-¡Pero porque me gusta correr! ¡Puede que no sea un poni, pero eso también tiene cosas buenas!
-Y ya sabes que no necesitas ser un poni para que yo te quiera igual…-añadió Luna, sonriéndole dulcemente.
-¡Claro!
Ese detalle en concreto fue un tanto complicado de entender para él cuando era algo más pequeño; él sabía distinguir entre las tres clases de ponis que había y, por supuesto, también sabia distinguir que él no era de ninguna de esas clases. Pero eso mismo le había creado un conflicto interior muy difícil de comprender para él, llegando incluso a hacerle creer que su madre no le querría sólo porque no era un poni. Costó un poco, pero finalmente Luna le enseñó que daba igual si era diferente, ella le iba a querer siempre, puesto que era su hijo. Y nada ni nadie, ni siquiera las circunstancias, cambiaría eso.
-Venga, vístete ya… ¿quieres que te ayude?
-¡No hace falta, mamá, ya soy mayor para vestirme solo!
-Está bien, te espero fuera.
Desde que era un bebé, Frank había demostrado muchas veces que él era de los que aprendían rápido, y así fue siempre para suerte de Luna. Al principio le costaba un poco y ella le tenía que ayudar con su magia, pero poco tiempo después no tuvo problemas y aprendió enseguida a vestirse solo.
-¡Ya estoy!-exclamó el aludido, pocos minutos después.
-Muy bien, pues vámonos ya.
Frank llevaba puesta una camisa de color pardo y unos pantalones de seda frescos, junto con un par de zapatos color canela; toda la ropa que él vestía había sido exclusivamente diseñada por Rarity, la cual se basó netamente en la que llegó a ver en aquella foto hace varios años atrás.
-Espera, péinate un poco, ven aquí…
-¡Ay, no, que no me gusta, raspa mucho!-se quejó él, tratando de apartarse de su madre.
-No pretenderás ir despeinado, no seas tonto, con lo guapo que estás peinado…
Frank tenía la mala costumbre de ir despeinado casi siempre, lo cual hacía que su bonito pelo castaño claro apenas destacara, a no ser que su madre se lo arreglara ella misma. El problema era que usaba un cepillo de púas duras y firmes que raspaba bastante. Fue un mal trago que apenas duró menos de un minuto, pero el pelo de Frank se vio recto y brillante justo después.
-¿Lo ves? Mírate, estás monísimo…
-Jo, eres mala, mamá…
-Para nada, sólo quiero que mi hijo luzca guapo…
Al principio Frank hizo pucheros, palpándose la cabeza, pero al final esbozó una gran sonrisa y abrazó a su madre de una de las patas; Luna le devolvió el gesto envolviéndole con la otra.
-¡Te quiero, mamá!
-Yo también te quiero, cariño.
En ese momento apareció un bat poni de la guardia Lunar, el cual se cuadró ante Luna y anunció.
-Alteza, el carruaje la espera listo para partir.
-Muy bien, ahora vamos.
Aunque antes de marcharse, Luna se pasó un momento por el despacho de su hermana para despedirse de ella; Celestia se encontraba bastante concentrada escribiendo algo en un largo pergamino.
-Tia, Frank y yo nos vamos a visitar a Twilight, luego volvemos.
-Muy bien, pasáoslo bien…-murmuró Celestia, sin quitar la vista de lo que estaba escribiendo.
Luna había visto más veces esa cara de concentración, por lo que prefirió dejarla trabajar a gusto y bajó hasta el patio de armas, donde esperaba el carruaje. Frank ya estaba allí, esperándola también.
-¡Vamos mamá, vámonos ya!-la apresuró él.
-¡Ya voy, ya voy!
La alicornio oscura abordó el carruaje junto con su hijo y le hizo una seña a los bat ponis que los iban a llevar.
-Podemos irnos ya.
Justo después, el carruaje echó a correr y despegó poco después, sobrevolando los tejados del palacio y dejando atrás Canterlot en dirección hacia Ponyville.
A Frank siempre le había gustado volar, ya fuera a lomos de su madre o en carruajes como ese; durante todo el viaje estuvo asomado a uno de los lados del mismo, quedándose maravillado por las vistas y comentando con alegría todo lo que veía. Desde el principio había sido un niño muy curioso, y siempre que podía le preguntaba a su madre sobre todo lo que la vista le llegaba a mostrar. Todo le gustaba, todo le llamaba la atención. Y, para Luna, no había mejor momento que compartir tiempo con él.
-¡Mira mamá, esos pegasos están moviendo esas nubes!
-Claro, ya sabes que son ellos los que regulan el clima… con su magia y sus alas pueden surcar los cielos.
-¡Me encantaría tener alas como ellos o como tú! ¡Si las tuviera, podría volar contigo!
-Bueno, pero ya sabes que yo puedo llevarte siempre que me lo pidas…
-Sí, es verdad… ¡eres la mejor, mamá!-exclamó Frank, dándole otro abrazo y agarrándola del cuello.
-Y tú eres el mejor hijo que una madre puede llegar a tener…-añadió ella, envolviéndole con sus alas en un gesto de infinito cariño.
En poco menos de quince minutos vieron la figura de Ponyville recortándose en la lejanía conforme se iban acercando; desde el aire pudieron ver la alta y arbórea figura del palacio de Armonía alzándose sobre una colina, dominando el lugar y mirando hacia un Ponyville mucho más grande y bastante cambiado. Y es que, aun a pesar de las demoledoras críticas, Twilight siguió adelante con su proyecto y logró superar la fuerte crisis económica que azotó al principado durante sus primeros años de existencia. No fue nada fácil, y no hubiera sido posible si no hubieran llegado a firmar ese acuerdo unilateral en el cual Ecuestria ayudó económicamente a Armonía con una inyección de dinero que ayudó a estabilizar la economía local; al principio la sociedad alta del reino montó en cólera en cuanto lo supo, pero dicho acuerdo se ratificó previamente en la Cámara Alta, con la promesa de que beneficiaría a largo plazo tanto a Ecuestria como a Armonía. Celestia se comprometió con los nobles a que el acuerdo serviría para confirmar que Armonía no supondría ningún tipo de amenaza para el reino, y fue la propia Twilight la que se encargó de ello personalmente. Conservando en todo momento una profesionalidad apabullante, ella misma firmó con Luna y Celestia el acuerdo en su día, y luego centró todos sus esfuerzos en invertir el dinero en potenciar la economía local.
Todos los pequeños y medianos negocios recibieron una compensación económica que estabilizó los precios y, además, dio un buen empujón al mercado. Tras eso, la figura de Armonía mejoró poco a poco y otros pueblos y ciudades de Ecuestria comenzaron a comerciar con ellos, incluyendo además el imperio de Cristal y otros reinos adyacentes. Las exportaciones e importaciones aumentaron, el turismo mejoró y comenzó a haber dinero poco a poco, el cual hizo que el pueblo fuera creciendo y haciéndose más grande. Sweet Apple Acres fue un punto clave de la situación financiera del pueblo, llegando a crecer exponencialmente y hacerse más fuerte. La familia Apple se vio obligada a contratar más gente puesto que no daban abasto ellos solos.
Gracias a los esfuerzos de todo el mundo, y el buen hacer de Twilight, el pueblo de Ponyville era ahora un punto importante de la economía tanto del reino como del principado en sí, por lo que ahora tenía más aceptación entre la población.
A una señal de Luna, el carro descendió hasta aterrizar frente a la puerta del palacio; en cuanto se detuvieron, Frank no pudo contener más su emoción y echó a correr hacia la puerta exclamando.
-¡Tía Twilight, tía Twilight!
-¡Espera Frank, no corras tanto!
Aun así, el inquieto niño llegó hasta la puerta antes que nadie y la aporreó débilmente mientras llamaba a la alicornio lavanda.
-¡Tía Twilight! ¡Abre, que te tengo una sorpresa!
En ese momento se oyó desde el otro lado la cerradura moviéndose y Frank se apartó un poco; la puerta se abrió hacia dentro y reveló una figura también familiar para el pequeño.
-¡Spike!
-¡Hombre, Frank, qué sorpresa! ¿Qué haces tú aquí, dónde está tu madre?-inquirió el dragón, sorprendido.
-Justo aquí… hola, Spike-le saludó la aludida, apareciendo justo después.
-Hola princesa Luna… ¿habéis venido de visita?-inquirió el dragón, curioso.
-Sí, me gustaría hablar con Twilight, hace tiempo ya desde la última vez… y, por lo que veo, has pegado un buen estirón desde la última vez que te vi…
-Je, sí, bueno, cinco años dan para mucho…
Y es que Spike estaba muy distinto a lo que ella misma recordaba; hacía tiempo que había dejado de ser un bebé dragón, para ahora ser un preadolescente dragón, siendo más alto, más grande y musculoso, con dos bultos en su espalda que evidenciaban unas futuras alas.
-Y más que habrán, eso desde luego… ¿podemos pasar?-inquirió Luna.
-Ya sabéis que sí, pero ahora mismo Twilight no está en casa, se encuentra en la escuela de magia ultimando preparativos para la apertura del curso escolar, empieza dentro de dos semanas-reveló Spike.
-Oh, claro, había olvidado que ya hacía un año desde que abrió…
-Está al otro lado del pueblo, cerca de las afueras de lado este; si no sabéis a dónde ir Flash os puede llevar, esperad que le llamo…
Tanto Luna como Frank entraron en el recibidor del palacio mientras esperaban a Spike; el interior del mismo no parecía haber cambiado en todos esos años, conservando el mismo diseño acristalado y arbóreo que tanto le caracterizaba. Frank se adelantó un poco y luego inquirió.
-¿Vamos a ver a la tía Twilight?
-Sí, claro, ahora iremos para allá, pero antes necesitamos a alguien que nos lleve…
Pocos minutos después, Spike reapareció con un pegaso de pelaje anaranjado y crin y cola azules, vestido con una imponente armadura blanca y con sombras violáceas.
-Aquí están ¿puedes llevarlos tú a la escuela de magia? Yo estoy ocupado por aquí reordenando la colección…
-Claro, sin problemas…
-Muy bien… princesa Luna, Frank, os presento a Flash Sentry, nuestro capitán.
-Encantada…-saludó Luna, educadamente.
-¡Hola!-exclamó Frank, por su parte
-Altezas, el capitán de la Guardia Armónica a su servicio-murmuró Flash, cuadrándose profesionalmente.
-Descanse, capitán… llévenos hasta la escuela, por favor.
-Por supuesto, síganme por favor…
Antes de irse se despidieron de Spike y siguieron a Flash por las calles del pueblo, dirigiéndose hacia el este. En un momento dado, Luna habló.
-No sabía que Twilight había creado su propia guardia…
-Sí, fue de las primeras cosas que hizo poco después de instaurar su principado. Originalmente yo pertenecía al escuadrón pegaso en la guardia Real en Canterlot, pero, en su momento, estuve un tiempo en el imperio de Cristal ayudando al capitán de la guardia Cristalina, Shining Armor; estuve allí varios meses asistiéndole. Pero luego el propio Armor me pidió que fuera a ayudar a su hermana a crear la nueva guardia, yo acepté encantado y me vine aquí. Me encargué de seleccionar, organizar e instaurar las guardias, además de dirigir las tropas e instruirlas. A la princesa le gustó mi trabajo y me pidió personalmente que fuera el capitán de su guardia, por lo que acepté.
-Ya veo… interesante trayectoria, debo decir…
-Gracias, princesa…
Frank estuvo mirando a su alrededor, observando el pueblo y todo lo que le rodeaba; a esas alturas, y después de todo ese tiempo, la gente ya le conocía como el hijo de la princesa y no reaccionaban negativamente ni nada parecido, sino con curiosidad y hasta respeto. En un momento dado, y sin avisar, echó a correr hacia delante, pero su madre, que siempre estaba atenta, le llamó.
-Espera, Frank, no te adelantes, no sabes a dónde ir…
El niño obedeció a su madre sin rechistar y se puso a su lado, aunque luego la pidió.
-¡Mami, mami, aúpame porfa!
-Claro que sí, cariño…
Luna lo asió con su magia y lo dejó sobre su lomo, Frank se acomodó entre sus alas y observó el panorama desde lo alto.
En menos de cinco minutos llegaron a una parte del pueblo que era completamente nueva, situada al este del mismo, y con una serie de casas alineadas junto al camino y formando una densa piña; al fondo, sobresaliendo de entre los tejados, se elevaba la nueva escuela de magia.
-Anda ¿este barrio es nuevo?-inquirió Luna, curiosa.
-Sí, es el barrio universitario, se construyó como lugar de residencia y esparcimiento tanto de los alumnos como del profesorado de la escuela, ya que la iniciativa de la princesa ha tenido bastante éxito y hay alumnos de todas partes de Ecuestria estudiando aquí-explicó Flash.
-Vaya, y por lo que veo tiene un montón de servicios…-observó Luna, viendo una panadería al lado de un quiosco y una cafetería.
-Sí, la plaza concentra toda la actividad comercial del barrio y ha garantizado muchos puestos de trabajo… la escuela está justo enfrente.
La escuela de magia destacaba enseguida por su inusual y moderna estructura; sobre una base en forma de estrella se elevaba un edificio de un total de tres plantas, con un tejado plano y esquinas aristadas. Por lo que pudo llegar a saber Luna, Twilight contrató a uno de los mejores arquitectos del reino y estuvo diseñando el edificio de acuerdo a las sugerencias de ella y sus amigas. Las esquinas estaban rematadas con motivos arbóreos, las fachadas poseían un patrón armónico muy visual y atractivo, con gemas y bandas multicolores. Una cúpula remataba el tejado justo en el centro y una bandera con el escudo de la escuela se alzaba en lo más alto, la cual representaba el conocimiento y la magia con formas boscosas y abstractas.
-Vaya, impresionante… se ve mucho mejor en persona que en las fotos que Twilight me llegó a mandar-murmuró Luna, visiblemente impresionada.
-¿Verdad que si? He visto a esta escuela alzarse desde sus cimientos desde que se empezó a construir y he de decir que es una de las mejores edificaciones que he visto en toda mi vida. El interior conserva esa forma de estrella, con pasillos sinuosos y algo liosos, les guiaré para que no se pierdan-murmuró Flash, liderando la marcha.
Frank no dijo nada, tan solo contempló la escuela desde el lomo de su madre y con la boca abierta.
Como bien aseguró Flash su interior era como un laberinto y, aunque pareciera mentira, todos los espacios se aprovechaban al cien por cien; vieron multitud de clases, varias salas de profesores, una espaciosa cafetería, salas de estudio, salas de reuniones, un gran salón de actos… no faltaba nada. Y, por supuesto, una gran biblioteca con forma circular situada justo en medio de la gran estructura y donde Flash les guió.
-La princesa está dentro, me quedaré aquí guardando la entrada.
-Gracias capitán… ¿has oído eso, Frank? Twilight está ahí dentro…
Ante eso el niño esbozó una gran sonrisa, bajó del lomo de su madre de un salto y echó a correr para buscarla. Aun a pesar de que no conocía el sitio y no sabía a dónde ir, él miró por todos los lugares posibles, dando vueltas, hasta que al final encontró a Twilight en una sala de lectura.
-¡Tía Twilight!-exclamó Frank, contentísimo.
El grito sobresaltó por un momento a la aludida, la cual se dio la vuelta ante esa familiar voz; la expresión en su cara cambió a una de total sorpresa mezclada con una gran alegría, al tiempo que hablaba.
-¡Frank, cuanto tiempo!
Sin previo aviso el pequeño se lanzó sobre ella y la envolvió en un gran abrazo, al tiempo que ella lo cogía con su magia.
-Vaya, menuda sorpresa, si estás tú aquí, tu madre debe de estar cerca…
-Mismamente…-asintió Luna, llegando justo después.
-Hola, Luna, me alegro de volver a verte.
-Yo también… ¿cómo te han ido las cosas desde la última vez?
-Oh, pues bastante bien, la verdad, no me quejo… la escuela ha tenido éxito, Armonía ha prosperado, yo estoy feliz, mis amigas también… todo muy bien.
-Me alegro, me acuerdo de cuando todo esto era una simple idea, bocetos y poco más… es impresionante ver cómo tú misma lo has hecho real.
-Sí, la verdad es que se me hace extraño y todo. Ver por uno mismo tu propio éxito es muy satisfactorio.
Luna esbozó una grata sonrisa, alegrándose por ella y mirándola bien; Twilight también había cambiado desde la última vez que la vio: ahora era más alta, con una figura más fina y estilizada, llegando a una altura casi idéntica a la suya. Tanto la crin como la cola la habían crecido y ahora eran más largas, incluso brillaban ligeramente cuando la luz se reflejaba en ellas.
-Por lo que veo el pueblo no ha sido lo único que ha crecido…
-Oh, sí, al principio yo no notaba nada, pero conforme pasó el tiempo pude ver que me hacía más alta y mi fisiología empezaba a cambiar. No me veo tan mal después de todo, a las chicas les gusta… y, además, supuse que sería algo normal ahora que soy un alicornio…-explicó ella, con detalle.
-Sí, es normal que el cuerpo empiece a adaptarse a tu poder mágico, yo también pasé por esa fase…
-¡Estás más guapa, tía Twilight!-exclamó Frank, sonriendo felizmente.
-Oh, gracias cariño, eres muy amable…-murmuró la aludida, sonrojándose ligeramente.
Hubo por un momento un breve silencio que fue roto justo después por una voz que decía.
-Princesa ¿dónde quiere que deje estos libros de historia?
Luna giró la cabeza y vio entonces a una poni que no conocía acercándose hacia ellos; era una unicornio de pelaje anaranjado y crin y colas de color amarillo y rojo fuego intenso. Su marca de belleza era un sol reluciente con una curiosa forma circular en ella. Su aura mágica era de un color ópalo luz brillante y sostenía con ella un par de libros.
-Ah, sí, dejad que os presente a mi nueva estudiante personal, Sunset Shimmer-anunció entonces Twilight, para sorpresa de Luna.
-Encantada… es un placer conocerla, princesa Luna…-saludó Sunset, inclinándose ligeramente.
-El placer es mío…
-¡Hola, Sunset! ¡Yo soy Frank!-hizo lo propio el pequeño, acercándose a ella.
-Ah, usted es el príncipe Frank, el hijo de la princesa… es todo un placer conocerle, alteza…
Por un momento el niño se quedó un tanto chocado y visiblemente extrañado por tanta formalidad, pero al final esbozó una alegre sonrisa y le dio un toque en el hocico mientras decía.
-¡Ja, ja, eres graciosa!
-No hace falta que seas tan formal, Sunset, te lo he dicho más veces…-le recordó Twilight, divertida.
-Lo sé, es que… no me acostumbro…
La alicornio lavanda le regaló entonces una fugaz y maternal sonrisa que a Luna no se la escapó. Justo después, la unicornio naranja retomó el tema.
-Ah, sí, los libros ¿dónde los dejo?
-Oh, si son los de la edición abreviada llévalos a la clase de historia natural…
-De acuerdo…
Sunset se despidió de los presentes y salió de allí en dirección a la salida; nada más salir giró a la derecha y se dio de bruces contra Flash, cayendo sobre sus ancas y soltando los libros.
-¡Uouh! ¿Estás bien, Sunset?-inquirió el capitán, ofreciéndole su ayuda.
Ella alzó la mirada y vio al pegaso ofreciéndola un casco; ella lo aceptó y se levantó, tratando de ocultar un incipiente sonrojo.
-Eh… ah, sí, gracias Flash…
-Tenemos que dejar de tropezar continuamente…
-Ah, sí… bueno, yo… me voy… a dejar estos libros…-balbuceó ella, dándose la vuelta y dejando a la vista un intenso color carmesí en sus mejillas.
Tanto Luna como Twilight estuvieron hablando un poco mientras Frank curioseaba la biblioteca, pero poco después la alicornio lavanda le sugirió ir al palacio donde podían estar más cómodas; de camino hacia allí hizo que avisaran a sus amigas para que se vinieran también. Applejack, Rainbow y Rarity se trajeron consigo a sus hermanas para que hicieran compañía a Frank y no se aburriera con ellas; para las cruzadas fue también toda una sorpresa, y aunque ahora eran algo más mayores que él, eso no las detenía y siempre contaban con Frank para ayudarlas a conseguir sus marcas de belleza.
-¡Frank! ¡Me alegro de volver a verte, espero que nos vuelvas a ayudar!-exclamó Applebloom, todo contenta.
-¡Claro que sí! ¡Me lo paso genial con vosotras, sois muy divertidas!
-¿Pues a qué estamos esperando? ¡Vayamos a conseguir nuestras marcas!-exclamó Scootaloo, aleteando sus alas.
Todos exclamaron un sonoro sí, y antes de que desaparecieran escaleras abajo, Rarity las avisó.
-¡No hagáis nada arriesgado!
-¡Descuida, Rarity, no lo haremos!-aseguró Sweetie Belle desde la distancia.
-¿Por qué no puedo evitar preocuparme cada vez que dice eso?-inquirió la poni modista, mordiéndose el labio inferior.
-Tranquila Rarity, estarán bien, en el caso de que se metan en problemas lo sabremos enseguida-la tranquilizó la propia Luna.
-¿Y cómo así?
-Suelo lanzar un hechizo de rastreo en Frank cada vez que le dejo solo, si hace algo arriesgado o peligroso para él, el hechizo me avisa enseguida y me permite localizarlo rápidamente esté donde esté.
La revelación sorprendió a las ponis gratamente.
-Vaya, bonita forma de usar un hechizo de rastreo… impresionante, Luna…-la alabó Twilight.
-Ya lo creo que sí, me podría venir muy bien ese hechizo, la verdad…-pensó Rarity en voz alta.
-Yo te lo puedo enseñar si quieres, Rarity-se ofreció Twilight enseguida.
-Gracias, querida…
Estuvieron un buen rato juntas hablando de todo un poco y tomando un té dulce; se pusieron al día en cuanto a acontecimientos recientes, Rarity aprovechó para darle a Luna un nuevo lote de ropa para Frank y estuvieron también contando chismorreos varios, tanto de Ponyville como de Canterlot.
-¿Es verdad que el príncipe Blueblood está saliendo con una unicornio no identificada?-inquirió en un momento dado Rarity, curiosa.
-La verdad es que no lo sé, ni a mí ni a mi hermana nos ha dicho nada y, desde que está más centrado en sus deberes reales, apenas para por el palacio. Ha cambiado mucho…
-Vaya, me gustaría ver eso, la verdad…-murmuró Twilight, con interés.
-Nos ha estado ayudando bastante con nuestras obligaciones desde que… bueno, lo que pasó…
-Puedes decirlo, Luna…
-Ya, lo sé, es que… mi hermana ha estado un tanto distante desde entonces…
Frente a eso Twilight no dijo nada, pero se llegó a dibujar en su rostro un ligero gesto difícil de identificar y del que nadie más reparó.
-Oh, espero que no les hayamos causado muchos problemas…-murmuró Fluttershy, visiblemente preocupada.
-Oh, no, no necesariamente, al menos durante los últimos años… al principio tuvimos mucha presión sobre nosotras, sobre todo después de aprobar la inyección monetaria de hace un par de años. Pero luego las cosas comenzaron a calmarse en cuanto la economía creció, así que…
-Bueno, mientras todos estemos bien, todo el esfuerzo habrá merecido la pena…-opinó Rarity.
-¡Sí, y además todo el mundo ha acabado ganando! Sweet Apple Acres es más fuerte que nunca, el negocio de Rarity ha crecido por toda Ecuestria, Fluttershy ha conseguido ampliar su negocio de cuidado de animales, el Sugarcube Corner también… sin duda alguna, estamos todos bien-asintió Rainbow, más relajada que nunca.
Aun así Twilight no dijo nada acerca de eso, quedándose en silencio y esbozando una distante mirada; justo después oyeron pasos subiendo las escaleras y las cruzadas y Frank aparecieron de seguido, regresando de su aventurera incursión. Aun a pesar del esfuerzo, sus flancos seguían en blanco, pero no se las veía desanimadas. Frank las había estado ayudando en todo momento y prometió volver a ayudarlas en cuanto se volviera a pasar por el pueblo. Las demás se despidieron enseguida, ya que tenían negocios que atender, y se fueron justo después. Luna y Twilight se quedaron solas en el palacio, mirándose por un momento.
-Entonces… ¿qué tal va la investigación?-inquirió la princesa de la noche.
-Ahí va, la semana pasada Seeker me envió algunas cosas desde la Poninesia… ¿quieres verlas?
-Claro, enséñame…
El asunto de la investigación había llegado a un punto en el que su sucesión se había frenado bastante y ahora marchaba a un ritmo realmente lento; desde la implantación del principado Twilight apenas había tenido tiempo, Lyra tampoco y Zécora apenas había podido hacer gran cosa desde que regresó de su viaje a su tierra natal. Por parte de Over Seeker, éste se había asentado en la Poninesia desde entonces y no había dejado de investigar sobre el terreno, mandando todos los posibles datos a Twilight y acumulándose poco a poco en una de las salas del palacio. La mayoría de las cosas eran muestras de rocas talladas, tierra, fotos y reportes escritos por parte de Seeker que resumían todo lo que había hallado hasta el momento.
-Quiero disculparme contigo, Luna, sé que podríamos haber hecho mucho más, y aun así aquí estamos…-murmuró Twilight, algo cohibida.
-No tiene importancia, Twilight, ya sabes que esto iría para largo…
-Lo sé, pero aun así… apenas le he dedicado el suficiente tiempo. Aunque tampoco hay gran cosa, todo lo que me manda Seeker son conjeturas y poco más…
-¿Cómo le va por allí?
-Tira de lo que tiene… ha estado excavando cerca de un antiguo yacimiento arqueológico del que apenas queda casi nada, además de entablando relaciones y conversaciones con una tribu indígena de por allí. Le han estado ayudando en todo lo que les pidió, y de vez en cuando han llegado a arrojar algunos detalles a la investigación, pero… no hay nada concluyente.
Twilight la estuvo enseñando algunos de los reportes de Seeker, además de revelarla algo más.
-Hace un par de meses quise tirar por otros medios…
-¿Ah, sí? ¿Por cuáles?-inquirió Luna, curiosa.
La alicornio lavanda suspiró antes de volver a hablar.
-¿Te acuerdas de Tirek?
-Claro que sí… espera ¿me estás diciendo que…?
-Sí. Fui al Tártaro y estuve hablando con él. Desde el primer momento me llamó la atención su forma y, por un momento, pensé que tal vez pudiera tener algún tipo de relación con Frank.
-¿Y qué te dijo? ¿Ya quiso hablar contigo?
-Solo al principio…-murmuró Twilight, rememorando el momento.
Recordaba demasiado bien el momento y el lugar; el Tártaro era frío y oscuro, Cerbero la acompañó hasta el pico donde Tirek se encontraba prisionero y se quedó junto a las escaleras, guardándolas. Nada más verla, el debilitado y encerrado centauro la habló con mucha parsimonia.
-Vaya, vaya, vaya, mira quien tenemos aquí… si es ni más ni menos que la princesa Twilight Sparkle…-masculló con voz zalamera y arrastrada.
-Hola a ti también, Tirek…-le contestó ella secamente.
-Que inesperada y placentera visita la tuya… ¿a qué has venido si se puede saber? No veo qué es lo que te puede traer hasta aquí…
-Esto no es una visita de placer, Tirek, sólo he venido a hablar…
-Oh, pues hablemos, hablemos…
Antes de proseguir, Twilight sacó una foto de Frank y se la mostró al centauro entre los barrotes.
-Este es Frank, el hijo adoptivo de la princesa Luna. Apareció hace ya varios años en los jardines del palacio, y desde entonces he estado investigando lo que puede ser. He pensado que tú puedas saber algo, puesto que tenéis una forma muy parecida.
Tirek cogió la foto con garras temblorosas y la miró atentamente, fijándose bien en los detalles; al principio no dijo nada, pero luego esbozó una graciosa sonrisa que se fue deformando hasta soltar una sonora carcajada. Twilight le miró de hito en hito, frunciendo el ceño.
-Ay, qué risa… ya veo por qué has venido hasta aquí… resulta particularmente curioso…
Fue entonces cuando la alicornio lavanda comprendió sus palabras, musitando de seguido.
-Lo sabes… sabes lo que es…
-Puede que sí, puede que no…
-¡No te andes por las ramas y dime lo que sabes! ¿¡Qué es Frank?! ¡Dímelo!-chilló ella, perdiendo los nervios.
-Oh, bueno, bueno, creo que hemos llegado a un punto en el que yo debería solidarizarme contigo y contarte todo lo que sé… pero analicemos fríamente la situación. Estoy aquí de nuevo, debilitado, encerrado en este asqueroso lugar y con una información en mi cabeza que es oro para ti… creo que es más que evidente…-murmuró Tirek, como quien no quiere la cosa.
El gesto de Twilight se arrugó, mirándole malamente y acercándose a él.
-Eres un miserable…
-Oh, yo podría pensar lo mismo de ti ¿no crees? La miserable princesa Twilight Sparkle viene aquí en busca de mi consejo, pretendiendo que le diga todo lo que sé… me voy a dar el gusto de negarme por esta vez…
Twilight ahogó un grito golpeando con un casco los barrotes a los que Tirek estaba agarrado; el centauro esbozó una tonta sonrisa, deleitándose con el momento.
-Oh, mírate, toda esa rabia, el saber que estás frente a la respuesta y no puedes alcanzarla por mucho que me lo pidas… fuiste tú quien me encerró aquí de nuevo, y no pienso ayudarte ni ahora ni nunca, Twilight Sparkle. Y si tengo que llevarme el secreto conmigo, lo haré, ya lo creo que lo haré. Aunque sea sólo por hacerte rabiar…
Twilight tan solo le miró con furia contenida, tratando de que sus palabras no surtieran efecto en ella.
-Vaya, resulta irónico, estoy aquí atrapado, pero por esta vez gano yo… ¿sientes eso, Twilight Sparkle? La sensación de pérdida, de saber que no puedes desentrañar este misterio… es una pena ¿verdad?
Ella quiso decir algo, atacarle verbalmente, pero prefirió no darle ese gusto; finalmente, sin poder hacer nada más, se dio la vuelta y se marchó por donde había venido. La voz de Tirek se oyó cada vez más débil conforme se alejaba de él.
-Sigue intentándolo, Twilight Sparkle… tal vez consigas saberlo sin tener que recurrir a mi inútil ayuda.
El presente volvió a instalarse entre Luna y Twilight en cuanto ésta prefirió dejar de recordar; la alicornio oscura habló justo después.
-Bueno, al menos lo intentaste… pero ya sabes que no puedes fiarte de Tirek. Al menos eso deja patente que hay algo sobre él en algún lugar del mundo…
-Sí, yo también lo pensé… si él sabe lo que puede ser Frank, entonces debe haber alguien más que lo sepa. Pero claro, si es de un tiempo tan distante… puede que el que lo sepa esté ya muerto, o bien…
Antes de que Twilight pudiera pensar más de la cuenta, Luna la cortó enseguida.
-Twilight, no lo pienses más, en serio, no tienes por qué seguir haciendo esto…
-No, no puedo rendirme ahora, tengo que seguir, quiero seguir, te lo prometí, Luna…
-Lo sé, pero aun así…
-¡No! Quiero decir, no… no quiero abandonar, Luna. Seguiré intentándolo, cueste lo que cueste. Descubriré lo que es Frank. Te lo prometí en su día y te lo vuelvo a prometer ahora.
Ante eso, la princesa de la noche tan solo esbozó una agradecida sonrisa y ambas se dieron un cariñoso abrazo, sin decirse nada más.
La visita no duró mucho más tiempo y tanto Luna como Frank se despidieron de Twilight y Spike.
-Muchas gracias por la visita, espero volver a veros pronto…
-Yo también…
-¡Adiós tía Twilight, te quiero mucho!-exclamó Frank, abrazando a la alicornio lavanda.
-Oh, yo también te quiero Frank…
Twilight les acompañó afuera, donde el carruaje les esperaba, y se despidió de ellos mientras se alejaban en la distancia.
Normalmente Luna no enseñaría a su hijo así sin más los intrincados matices de ser una princesa, y más aun siendo sólo un niño de cinco años; pero aun así él seguía siendo su hijo, técnicamente el príncipe heredero, y aunque seguramente no llegaría a heredar el trono como tal debido a que Luna aún seguiría en él, eso no quitaba que fuera bueno para Frank que comenzara a ver algunos detalles de ser príncipe. Y, de entre todos los que había, los relativos a la administración y el papeleo eran, quizás, los más sencillos. Para ello dejaba que su hijo la acompañara algunas mañanas y la viera trabajar, dejándole que preguntara siempre que él quisiera. Y esa era una de esas mañanas.
-¿Y siempre estás aquí firmando papeles? Eso debe ser aburrido…-opinó Frank, mirando a su madre un tanto confuso.
-Bueno, es verdad que no es lo más divertido de ser princesa, pero ten en cuenta que si algún poni quisiera pedirme algo, necesita que antes yo le diga que sí…
-¿Y por qué no te lo preguntan a ti y les dices que sí tú misma? Así no tienes por qué estar firmando todo el rato…
Luna no pudo evitar reírse ante la muy acertada lógica infantil de su hijo, respondiéndole justo después.
-Es normal que lo veas así, pero piensa en esto por un momento… si vinieran aquí un montón de ponis preguntando por mí y queriendo hablar conmigo, yo no podría atenderles todos a la vez, y además, perdería mucho tiempo para hacer otras tareas relacionadas. Puede que al principio sea un poco raro, pero cuando seas más mayor comprenderás la importancia de los papeles…
-Jo, pues espero no tener que hacer yo eso… te los dejo a ti y ya está.
-¡Oye! ¡No tengas tanta cara!-exclamó Luna, con tonito melodramático.
Frank se rio tontamente y ella hizo lo propio con él; con ese documento, le dejó a él que estampara su sello usando un cuño que ella tenía. Reuniendo toda la fuerza que pudo, Frank le dio un seco golpe a la cera y ésta se amoldó en el papel, quedándose fijada al mismo.
-¡Muy bien! El sello se usa para decir que he sido yo la que he leído el papel y le doy mi sí a lo que me piden.
-¿Yo también tendré mi sello?-inquirió Frank, curioso.
-Claro… en mi caso el mío es mi marca de belleza, pero bien podemos diseñar uno para ti… lo puedes diseñar tú si quieres-le sugirió ella.
-¿Cómo crees que sería mi marca de belleza si yo tuviera una?
-Eso no podría saberlo, cariño, ya te expliqué cómo y por qué aparecen…
-Ya, pero… si yo fuera un poni… ¿qué aspecto tendría?
Por un momento Luna no supo muy bien cómo contestarle; ya habían hablado sobre las marcas de belleza y de lo que le distingue de los otros ponis, pero había ocasiones en las que ella sentía que Frank no había llegado a entenderlo del todo, aun a pesar de que en su momento él la dijo que lo comprendía. La alicornio abrió la boca para hablar, pero en ese momento llamaron a la puerta con insistencia.
-Adelante.
La puerta se abrió y una de sus doncellas entró en su despacho sosteniendo un periódico con su magia.
-¡Princesa! ¡Tiene que leer esto, es importante!
-¿Por qué, qué pasa?-inquirió Luna, extrañada.
-Será mejor que lo compruebe por sí misma, alteza…
Sin comprenderlo del todo, Luna cogió el periódico con su magia y leyó la primera plana, la cual decía: Carta de la princesa Celestia dirigida al pueblo ecuestriano; toda la verdad al descubierto. Aún más extrañada, Luna abrió el periódico por la quinta página y comenzó a leer.
A todos los ciudadanos de Ecuestria.
Quizás os resulte un tanto extraño que me dirija a vosotros a través de este medio, pero lo encuentro como el más apropiado para explicar todo lo que tengo que explicar. Sé que a lo largo de todo este tiempo me he convertido para todos vosotros en una figura de perfección, sabiduría y fortaleza. Odio desilusionaros a todos, pero en realidad no soy quien vosotros pensáis que soy. Es verdad que, después de todo este tiempo, yo también he acabado por creérmelo, y en gran parte es culpa mía. Yo tan solo soy una poni más, muy similar a todos vosotros. No soy ninguna diosa ni ninguna santa. Yo también he cometido mis pecados. Y es por eso por lo que me dirijo a todos vosotros aquí y ahora. Porque realmente os merecéis saber toda la verdad.
Llegada a ese punto, Luna dejó de leer por un momento, incrédula; ¿realmente lo había hecho? No podía ser posible… Pero, para convencerse de lo contrario, siguió leyendo.
Soy una poni horrible. He cometido unos pecados inimaginables, y todo para satisfacer mis egoístas creencias. Al principio creía que sólo había una sola opción… pero es ahora cuando más me doy cuenta de lo equivocada que estaba. Quiero dejar las mentiras atrás y sincerarme con todos vosotros. Y si después de saber toda la verdad deseáis que deje el trono, lo comprenderé perfectamente y renunciaré a él si así me lo pedís.
Antes de empezar, seguro que os acordareis de Twilight Sparkle, la más reciente coronada princesa y regente del principado de Armonía. Puede que, llegados a este punto, os estéis preguntando que qué tiene ella que ver con todo esto. En realidad tiene mucho que ver. Le fallé desde el principio y ni siquiera tuve el valor de disculparme con ella como es debido. Y es que, por muy raro que parezca, ella es el epicentro de esta historia y la que más ha sufrido por mi culpa. Pero antes de ella, hubo algo que me cautivó más de lo que yo misma hubiera llegado a pensar. Y ese algo fue el Primer Alicornio.
A partir de ahí Celestia lo contaba absolutamente todo, sin dejarse ningún solo detalle y revelando todo lo que pasó entre ella y Twilight, incluyendo la ahora cierta teoría de Star Swirl y confirmando que ciencia y religión podían explicar los hechos intrínsecamente. Luna no salía de su incredulidad, jamás hubiera esperado algo así de su hermana. Había admitido públicamente que había usado a Twilight, y además confesaba abiertamente que la religión poseía una base científica que explicaba los hechos en sí sin necesidad de la fe o las creencias. Al final de la carta pedía perdón, no sólo a Twilight, sino a todo el mundo, y se lamentaba profundamente de todo lo que había pasado hasta ahora. Luna supo entonces lo que tenía que hacer en esos momentos.
-Mamá ¿qué pasa?-inquirió Frank, al ver la expresión en la cara de su madre.
-No es nada, cariño… anda, ve con Helpful Maid, yo tengo que hablar con tu tía…
Frank obedeció rápidamente y ella se dirigió directamente al despacho de su hermana; no se molestó en llamar, tan solo entró de seguido. Desde el umbral de la puerta pudo ver a su hermana, la cual se encontraba de espaldas a ella mirando a la ciudad desde el balcón. Ni siquiera se dio la vuelta cuando Luna se acercó a ella.
-Lo has visto ¿no?-inquirió la alicornio blanca en ese justo momento.
-Sí…
Hubo un breve silencio que fue roto poco después por la propia Celestia.
-Me he callado durante demasiado tiempo, Luna. Guardándomelo para mí y sintiéndome fatal conmigo misma. Yo… simplemente no podía más. Necesitaba soltarlo.
-Te entiendo, Tia, pero… ¿por qué ahora? Quiero decir… podrías haberlo explicado mucho antes ¿por qué has esperado hasta hoy?
A esa pregunta, Celestia se giró y miró a su hermana con un gesto cansado; no la dijo nada, tan solo la señaló con la cabeza el calendario encima de su escritorio. Luna le lanzó una rápida mirada al susodicho y, en cuanto vio el día que era, lo comprendió.
-Ah, pero hoy… es el aniversario de la religión primalicorniana…
Ante eso, Celestia dejó escapar un quejumbroso suspiro antes de volver a hablar.
-No ha sido fácil para mí, Luna… pero todo lo que tuve alguna vez lo perdí por culpa de mi egoísmo y mi ceguera. Y, por mucho que lo he intentado, ya no soy capaz de mirar de la misma forma al Primer Alicornio. Durante años he estado entregando mi vida a algo tan difuso y complejo como son las creencias; yo ya no puedo dejar de creer, pero… siento que ahora no quiero perder lo poco que tengo. Quiero ser mejor poni. Quiero que tengas la mejor hermana que alguna vez quisiste tener. Quiero estar ahí para ti. Y para mis ponis. Y si aun así no consigo recuperar a Twilight, quiero seguir estando ahí, aun a pesar de todo. Eso es lo que quiero ahora.
Ambas alicornios se miraron por un momento, Celestia la sostuvo una segura mirada mientras que Luna esbozaba un triste gesto por ella. Finalmente ambas se abrazaron, siendo Luna la primera en hacerlo. Celestia aceptó el gesto y la sostuvo entre sus patas, sin decir nada más. Las dos se quedaron en esa pose por un momento, dejando pasar el tiempo.
Poco rato después empezaron a llegar las primeras cartas; las opiniones eran dispares, algunos nobles reconocían su sinceridad y valentía y la perdonaban, mientras que los más conservadores y beatos la tachaban de traidora y sacrílega. Las cartas provenientes de sacerdotes y religiosos eran las más numerosas, algunos se mostraban particularmente sorprendidos e incrédulos, mientras que otros manifestaron un total rechazo a todo lo que ella decía. Celestia se esperaba todas y cada una de estas cartas, contestando sólo a las que realmente se merecían una contestación; a aquellas que sólo la atacaban verbalmente las apartaba e ignoraba sin más. Pero ninguna la pidió que abdicara o abandonara el trono.
A las pocas horas tras la publicación de la carta, recibió la primera visita en forma de un Order Faith completamente furioso, el cual la miró como si fuera algo inenarrable.
-¿¡Cómo te atreves, Celestia?! ¡¿Cómo te atreves a desprestigiar y a tachar de farsa a tu propia religión?! ¡Estás excomulgada, definitivamente excomulgada!
Ante eso Celestia no dijo nada, tan solo lo aceptó sin más, dejando bastante descolocado a Order, el cual se esperaba una reacción totalmente distinta por su parte. Al ver su desconcierto, ella habló.
-Haz lo que te plazca, Order, a estas alturas ya me da igual. He dedicado demasiado tiempo de mi vida a una causa que me ha traído más desgracias que fortunas. Quiero dedicarme enteramente a mi familia, nada me importa más ahora.
-Estás loca, Celestia… esto no quedará así, te lo puedo asegurar…-masculló el obispo, rojo de ira.
-Haz lo que quieras, habla con quien quieras, no me importa. El Primer Alicornio sigue siendo algo para mí, pero ahora no es nada prioritario. Ten esto en cuenta, Order, pues a partir de ahora no volveré a los oficios…
-Ja, como si me importara… pero lo que sí me importa es lo que has hecho, los fieles se agolpan a las puertas de las iglesias y catedrales pidiendo explicaciones, muchos nos han dicho que para qué seguir una religión si la ciencia explica los hechos en sí… ¡¿Tú sabes lo que has desatado?! ¿¡Lo sabes?!-aulló el obispo.
Ante su furia Celestia permaneció impasible, mirándole con una cara de póker que hasta intimidaba e incluso contestándole sin necesidad de decírselo. Order Faith no soportaba esa mirada condescendiente que le estaba echando, le hacía hervir la sangre y no hacía más que enfurecerle, puesto que no estaba consiguiendo su propósito.
-Lo has hecho a propósito y lo sabes… para desprestigiarme a mí y envilecer la religión. Pues no te lo permitiré, Celestia… haré lo que sea con tal de detener toda esta locura por tu parte, pondré a toda la nobleza alta de tu contra si es necesario…
-¿Ah, sí? ¿Usted y cuántos más?
Lo gracioso es que esa jura no la dijo Celestia, sino una voz que tanto ésta como Order conocían muy bien; el obispo se giró y se encontró de frente con Twilight, la cual le miraba ceñuda y con un ligero gesto de molestia dibujado en su cara.
-Señorita Sparkle, a usted nadie le ha dado vela en este entierro…-le escupió él, aún más enfadado si cabía.
-Ya, pero resulta que yo he venido a hablar con la princesa Celestia y usted está en medio; ahora, si no le importa…
-¿¡Qué?! ¡Usted perdone, pero yo estaba antes!
-Sí, insultándola y faltándola al respeto, y si tenía intención de seguir en ese plan entonces será mejor que se marche usted y me deje a mí hablar con ella-contestó Twilight, con una frialdad apabullante y una mirada glacial.
Order quiso decir algo, imponerse, poner en su sitio a esa princesucha artificial que no valía nada, pero la cruda mirada que le estaba echando le intimidaba más de lo que él mismo se esperaría.
-Esto no quedará así…-masculló por última vez y yéndose rápidamente.
Una vez solas, ambas alicornios se miraron por un momento sin decirse nada y sosteniéndose la mirada. En un momento dado, Twilight habló.
-Entonces… ¿a quién le pide perdón exactamente?
-A todos… a ti, a mi hermana, a Ecuestria… sé que quizás no me lo merezca, pero sentía que tenía que hacer esto. Me he pasado media vida creyendo en algo que no ha hecho más que traerme desgracias y sufrimiento; y he hecho cosas horribles de las que no estoy orgullosa. Lo siento, Twilight… lo siento mucho. Ojalá puedas perdonarme algún día.
La aludida se quedó meditando sus palabras mirando al suelo y pensando en sus propias cosas; la cara de Celestia era un poema, y era más que evidente que trataba de contener las lágrimas como fuera. Al principio Twilight se mostró fría y distante, pero en un momento dado llegó a esbozar una mirada melancólica y ligeramente afligida. Celestia vio esto y se la quedó mirando atentamente, esperando algún tipo de respuesta. Finalmente Twilight habló.
-Han pasado cinco años ya… y aunque intento odiarla con todas mis fuerzas, me encuentro con que ya no veo motivos para hacerlo. Si bien esto no era lo que tenía en mente cuando era pequeña, he conseguido llegar muy alto en la vida. Ahora tengo mi propio principado y al menos he conseguido alcanzar uno de mis objetivos originales: ser profesora. Vaya, si hasta tengo mi propia estudiante personal…
Esa noticia cogió desprevenida a Celestia, la cual se mostró particularmente sorprendida por cómo decía todo eso; por un momento la pareció ver una clara intención reconciliadora en ella y notó como si la esperanza volvía a albergarse en su corazón después de un largo tiempo.
Twilight alzó la vista y la miró con un gesto cargado de nostalgia.
-Muchas veces me he encontrado recordando todos esos momentos que hemos pasado juntas… y siento que, llegados a este punto, no tiene sentido que la siga guardando rencor. Es verdad que hizo cosas horribles… pero ha demostrado que se arrepiente. Y yo… estoy dispuesta a perdonarla también.
La alicornio lavanda desechó entonces las palabras y se acercó a Celestia, un tanto insegura; ésta apenas hizo o dijo nada, visiblemente impactada, aunque alzó una pata instintivamente hacia ella. Algo cohibida, Twilight aceptó su gesto y se dejó envolver entre sus patas y abrazándola suavemente.
Celestia dejó escapar un suspiro y llegó a musitar, abrazándola un poco más fuerte.
-Gracias… gracias, Twilight, gracias…
La aludida no dijo nada, tan solo dejó que su antigua maestra la abrazara un poco más. Ambas alicornios dejaron pasar el tiempo, prolongando el momento y haciéndolo aún más mágico. Al cabo de unos pocos segundos más, las dos se separaron y Celestia mostró una mirada radiante y sintiéndose más feliz que nunca.
-Sé que te costará un poco volver a confiar en mí, pero haré todo lo posible para ganarme tu amistad una vez más-añadió ella justo después.
Ante eso, Twilight tan solo asintió levemente llegando a esbozar una tímida pero cordial sonrisa; en ese momento la puerta del despacho de Celestia se abrió y una pequeña figura corrió hacia la alicornio lavanda.
-¡Tía Twilight, tía Celestia!
-¡Frank!
El aludido abrazó a las dos, al tiempo que Luna entraba en la estancia esbozando una feliz sonrisa por su hermana. Ahora todo estaba bien con el mundo, Celestia podía sentirlo en lo más hondo de su corazón. Y por primera vez en mucho tiempo, se sintió completamente en paz; las sombras en su corazón habían desaparecido para dejar paso a la más brillante luz, casi tan cálida como la del propio sol, el cual brillaba en lo más alto del cielo con más fuerza que nunca.
La apertura del nuevo curso escolar normalmente ocurría durante la primera semana de septiembre; todos los colegios, escuelas y universidades comenzaban a funcionar en el mismo periodo de tiempo, aunque algunos llegaban a variar un poco, sobre todo las universidades.
En el caso de Canterlot, todas sus escuelas comenzaban el uno de septiembre, incluida la escuela para unicornios superdotados de Celestia. Aunque la de Celestia se enfocaba exclusivamente en la magia había otras tres escuelas más en la ciudad, además de la universidad. Sin embargo, Luna no se decantó por ninguna de ellas y decidió que Frank estudiara en casa con la ayuda de un profesor privado, la suya propia y la de su hermana también. Al principio Celestia la sugirió a Luna que lo matriculara en la escuela superior de Canterlot, pero la alicornio oscura optó por enseñarle ella misma, principalmente porque temía que los potrillos fueran malos con él sólo por ser diferente.
-No sé, Tia, los potrillos tienden a ser muy crueles ¿y si se meten con él y le hacen la vida imposible? No quiero que le pase nada malo a mi niño…
-Entiendo tu postura, Luna, pero eso es algo que pasa siempre en el ambiente escolar. Yo creo que puede ser bueno para él integrarse en las clases con otros ponis y así hacer amigos por su cuenta.
-Ya, pero aun así…
Aun y con todo, Luna decidió que su educación sería en casa y así fue; contrató entonces a un profesor particular, un unicornio de mediana edad que ella conocía bien, y estuvo diseñando con él el programa de estudios para un niño como Frank. Éste aceptó sin problemas la idea y durante las primeras semanas estuvo dando clases con él y su madre.
Frank demostró una vez más su inteligencia, aprendiendo rápido todo lo que su profesor y su madre le enseñaban. A diferencia de otros ponis, Frank hacía uso de sus garras para sostener la pluma, permitiendo una caligrafía bastante superior a la de los ponis promedios, ya que la gran mayoría tenían que usar sus bocas para sostener los materiales escritorios. Los números tampoco se le daban nada mal, y enseguida aprendió a sumar y a restar sin mucha dificultad. Tampoco tuvo muchos problemas a la hora de aprender a leer, ya que su madre la había estado leyendo desde muy pequeño, y enseguida cogió soltura rápidamente, con una comprensión lectora bastante buena también.
El ritmo escolar de Frank era bastante más fluido que en una escuela, lo que le permitía tener más tiempo libre; sus recreos duraban un poco más de tiempo, y los solía pasar en compañía de su madre cuando ésta se encontraba disponible, o bien con su niñera, jugando al escondite en los jardines. Comía con su familia a las dos, echaba una hora de siesta, y continuaba con las clases hasta las cinco, con un horario bastante parecido al de una escuela, aunque algo más flexible.
Una vez que las clases terminaban, Luna llevaba a su hijo al parque para descansar, merendar allí y encontrarse con otros ponis, sobre todo con Sweet Cream, la hija de Fancy Pants y Fleur. Sweet era una potrilla bastante dulce y abierta, físicamente había salido a su madre y era más alta que otros ponis, aunque sus ojos eran idénticos a los de su padre. Ella era una de las pocas ponis de su edad con la que Frank se hablaba, y pasaban mucho tiempo juntos casi todos los días de la semana. Y esa tarde no fue ninguna excepción.
-¡Frank!
-¡Sweet! ¿Qué tal estás?
-¡Genial, hoy en la escuela hemos aprendido a sumar y a restar de seguido! ¡Y también hemos leído un montón, ha sido un poco aburrido, pero luego en clase de gimnasia hemos estado corriendo y ha sido más divertido!
-¿De veras? Vaya, eso suena genial…
-¡Lo es! Aunque espera, ahora que lo pienso… ¿por qué no vienes tú también a clase, Frank? Contigo allí sería aún mejor…
-Oh, yo doy clase en casa… me enseñan mi profesor, mi mamá y a veces mi tía Celestia…
-¿Ah, sí? ¿Y ya se puede hacer eso?
-Supongo que sí…
-Pero debe de ser aburrido… o sea ¿estás tú solo en clase y nada más?-inquirió Sweet, un tanto confusa.
-Sí, claro…
-Jo, pues vaya… es más divertido aprender juntos, yo me lo paso muy bien, y he hecho muchos amigos también ¿por qué no vienes a clase conmigo? Nos lo pasaremos en grande…
-¿Tú crees?-inquirió Frank, no muy seguro.
-¡Claro! No somos muchos, tan solo unos veinte, nuestra profesora se llama Chase Winter, es una unicornio, sabe un montón de cosas y es muy buena… ¡tienes que venir, seguro que te acepta en clase!-insistió la potrilla.
-No sé, Sweet, mamá dice que me puede enseñar todo lo que pueda saber en casa…
-Bueno, tú díselo a ella a ver que te dice…
-Está bien, se lo diré…
El parque era uno de los lugares de paso preferidos de los potrillos de la ciudad, y después de las clases era usual que se llenase de potrillos jugando y descansando tras una dura jornada; y no sólo eso, sino que era un punto de encuentro para padres y el lugar ideal para forjar nuevas amistades. Usualmente Luna se encontraba allí con Fancy Pants y Fleur y charlaba con ellos mientras que sus hijos jugaban juntos, vigilándolos siempre desde una distancia prudencial.
-Sweet está enorme… se nota a quien ha salido…-comentó Luna, divertida.
-Sí, aunque tiene los ojos de su padre…-apuntó Fleur, guiñando un ojo a su marido.
-Bueno, tiene un poco de cada uno… no obstante ha heredado mi carácter, eso desde luego, es una potrilla muy activa.
-Aunque hay algo que me extraña, princesa, no la vimos a la puerta de la escuela cuando fuimos a recoger a Sweet…-recordó Fleur, pensativa.
-Ah, sí, eso es porque en realidad le estoy educando yo misma…
La noticia cogió por sorpresa a ambos unicornios, la supermodelo miró con curiosidad a Luna con gesto inquisitivo.
-Anda ¿y cómo así?
-Bueno, pensé que podría darle yo misma una educación de calidad en casa, por lo que contraté a un profesor particular que yo conozco, nos coordinamos un poco y ambos le enseñamos; mi hermana también nos ayuda de vez en cuando
-Bueno, no estoy en contra de la educación en casa, aunque… ¿no consideró matricularle en la escuela superior de Canterlot? Nosotros tenemos a Sweet allí…
-Eh… sí, pero al final me decanté por mi propia opción. Después de todo, yo también puedo enseñar a mi hijo todo lo que sé, así que…
-Por supuesto que sí, aunque ¿no prefiere que Frank aprenda con potrillos de su edad? Siempre es bueno dejarles por su cuenta de vez en cuando, y las clases suelen ser el mejor aliciente…-murmuró Fancy Pants, limpiando su monóculo.
-Lo sé, lo sé, pero prefiero educarlo yo misma… además, aquí en el parque también puede hacer amigos perfectamente…
Ambos nobles se miraron por un momento, intercambiando sendas miradas extrañadas, pero al final prefirieron dejarlo estar y comenzaron a hablar de otra cosa.
El tiempo en el parque no solía durar más de una hora y media, ya que el resto de la tarde se dejaba para hacer los deberes y tareas que les hubieran mandado; aunque como Frank tenía tiempo de sobra por la mañana siempre conseguía descargarse de trabajo y tenía las tardes totalmente libres, aunque debido a esto no podía seguir jugando con Sweet, ya que la potrilla tenía cosas que hacer.
Esa misma noche, antes de costarse, Luna le leyó algo a su hijo para que fuera cogiendo sueño; aunque esa vez Frank se resistió a caer dormido, ya que quería comentarle a su madre lo que Sweet le aconsejó.
-Mamá, una cosa…
-Dime, cariño…
Por un momento se quedó callado, pensando en cómo decírselo, hasta que al final formuló una pregunta.
-¿Por qué no doy clase con otros potrillos?
La pregunta cogió con la guardia baja a Luna, la cual no se la esperaba para nada.
-Pues porque tus clases son privadas, cielo, por eso…
-¿Privadas?-repitió el niño, extrañado.
-Claro, las das tú solo…
-¿Y por qué?
Luna se quedó aún más extrañada si cabe. ¿Cómo es que ahora cuestionaba sus clases si hasta ahora no se había quejado ni nada parecido?
-Pues porque… puedes aprender conmigo y con la tía Celestia... ¿no te gusta que nosotras te demos clase?
-Sí, eres una profesora genial, mami, es solo que…
Frank trataba de explicarse sin mucho éxito, por lo que Luna decidió ayudarle un poco.
-¿Por qué me lo preguntas, cariño?
-Es que… me gustaría ir a la escuela con Sweet; esta tarde estuve hablando con ella y me dijo que es genial dar clase todos juntos y con amigos. Me dijo que tiene una profesora que me dejaría entrar en su clase… por favor, mamá, déjame ir.
Luna se quedó en el sitio, un tanto impactada y sin saber bien qué decir; por un lado comprendía que su hijo quisiera estar en clase con otros potrillos, pero por otro lado ella misma temía que el ambiente escolar pudiera con él. Quería protegerle de las malas lenguas o de la crueldad de los potrillos, no quería que lo pasase mal. Tanto ella como su hermana fueron educadas por su madre y un profesor particular ¿qué tenía de malo querer repetir el modelo que usó su madre en ella? Pero Frank buscaba una respuesta, por lo que ella habló.
-Bueno, es una posibilidad, pero déjame que me lo piense primero ¿vale?
-Está bien…
Luna arropó bien a su hijo para que no cogiera frio y le dio un beso de buenas noches en la frente, al tiempo que le susurraba.
-Buenas noches, cariño.
-Buenas noches, mamá.
La princesa de la noche apagó las luces y cerró la puerta tras de sí, dirigiéndose justo después a la habitación de su hermana. Celestia aún no se había dormido, por lo que pudo comentarle lo que había pasado. La alicornio blanca tan solo sonrió fugazmente antes de opinar.
-¿Lo ves, Luna? Si él mismo te lo ha pedido, lo mejor que puedes hacer es llevarle a clase con los demás potrillos…
-Ya, pero ¿y si los potrillos se portan mal con él, o le atosigan en clase o…?
Antes de que Luna pudiera continuar, su hermana la paró alzando un casco y tomó la palabra.
-Luna, comprendo tu preocupación, pero eso es algo que siempre pasa. Él es distinto, es verdad, puede que se metan con él por eso mismo o pueden que no lo hagan, eso no lo puedes saber con seguridad. Pero lo que sí puedes saber es que necesita esto, Luna. Déjale que aprenda con otros potrillos. Seguro que aprende aún más y hace amigos por el camino.
Por un momento Luna pensó en todo lo que su hermana la había dicho; por un lado no terminaba de convencerse del todo, pero por otro sabía que Celestia tenía razón. Por mucho que tratara de proteger a su hijo, éste no llegaría a realizarse del todo si no se relacionaba con otros potrillos de su edad. Por lo que, muy a su pesar, decidió enseguida.
-Está bien, le matricularé en la Escuela Superior de Canterlot… lo haré por él.
-Has tomado una buena decisión, Luna. Ya verás como merecerá la pena.
-Eso espero…
Aunque el periodo de admisión ya había cerrado formalmente hace una semana, Luna intentó hablar con la directora de la escuela para que admitiera a Frank y pudiera incorporarlo a las clases lo antes posible.
Debido a esto, estuvo unos pocos días más dando clase en casa hasta que finalmente la matricula se hizo efectiva y Frank estuvo dentro de la misma clase que Sweet. Aunque su madre no le dijo nada para darle una sorpresa. La misma mañana en la que empezaba, ella misma acompañó hasta la puerta de la escuela a su hijo, el cual se mostró un tanto extrañado.
-¿Qué hacemos aquí, mamá? ¿No teníamos clase?
-Sí, pero ahora continuarás aquí, en la escuela…-anunció ella.
Frank abrió mucho los ojos, casi sin creérselo.
-¡Ah! ¿¡De verdad?!
-Sí, empiezas hoy, quería que fuera una sorpresa…
-¡Genial, gracias mami, gracias, eres la mejor!-exclamó Frank, abrazándola con fuerza.
-Yo solo quiero lo mejor para mi niño… te acompaño hasta tu clase ¿vale?
Frank asintió con fuerza y los dos se dirigieron hacia la entrada. La Escuela Superior de Canterlot era una de las más conocidas y prestigiosas escuelas de la ciudad, cubría todos los cursos básicos de enseñanza infantil, primaria y secundaria, además de unos pocos estudios superiores previos a la universidad. Estaba ubicada en uno de los barrios más ricos y acaudalados de la localidad, no muy lejos del palacio, y su edificio era uno bastante grande con un total de cuatro pisos y con una estructura y diseño muy similares a los que tanto se repetían en Canterlot. Sus paredes eran blancas como el mármol, con motivos dorados y plateados por todas las fachadas, altos ventanales, pasillos largos y sinuosos y amplias estancias a lo largo y ancho de todo el edificio. El patio era también bastante grande, con un parque para los más pequeños y pistas de fútbol o de cualquier otro deporte que se preciara.
La clase de Frank se encontraba en la planta baja, junto a un ancho pasillo que daba a la cafetería y el comedor; un pequeño letrero encima del dintel de la puerta la identificaba como 1º A de Infantil.
-Bueno, pues es aquí. Pórtate bien, atiende siempre y aprende mucho, vendré a buscarte a las cinco-le indicó Luna.
Frank asintió con energía, aunque por un momento esbozó una triste mirada; su madre le miró inquisitivamente y él la contestó de seguido.
-Te echaré de menos, mamá…
-Oh, cariño, nos veremos esta misma tarde…
Pero aun así, la alicornio oscura le acarició la cabeza con su hocico cariñosamente, al tiempo que él la imitaba. Justo después apareció una yegua unicornio de pelaje color hielo y crin y colas azul claro, con una marca de belleza consistente en una pizarra y una tiza.
-Ah, hola princesa, soy Chase Winter, la profesora de esta clase…
-Encantada.
-Y este debe de ser el príncipe Frank… hola Frank, yo voy a ser tu profesora-le saludó ella, esbozando una dulce sonrisa.
-Hola…-murmuró éste, sintiéndose algo tímido.
-Bueno, pues yo me voy ya… y ya sabes cariño, a las cinco vendré a recogerte-le recordó Luna, antes de irse.
Frank asintió con la cabeza y la despidió por última vez agitando su garra; un vez solos, Chase Winter se dirigió a él.
-Muy bien, pues ya es la hora, te introduciré a la clase, vamos.
El interior era bastante espacioso, como bien la dijo Sweet había un total de veinte potrillos en la clase, incluso llegó a verla a ella, saludándole fugazmente; nada más entrar, Chase Winter les llamó la atención.
-¡Muy bien, clase, dad la bienvenida a Frank, de aquí en adelante se unirá al curso y será vuestro nuevo compañero! Saluda, Frank.
El aludido se sintió un pelín nervioso mientras se dirigía hacia todos esos ojillos escrutadores; algunos le miraban con curiosidad, mientras que otros le miraban extrañados y un tanto desagradados. Sweet marcaba la diferencia entre toda esa marea de dudas e incertidumbre, sonriéndole de forma radiante.
-Siéntate donde quieras, Frank-le indicó la profesora.
Vio entonces que al lado de Sweet había un sitio libre y fue hacia allí directamente sin dudarlo; una vez que estuvo a su lado, la saludó.
-Hola Sweet.
-Hola.
A partir de ahí la clase empezó y Frank comenzó a atender; no le resultó muy duro seguir el hilo ya que todo lo que habían visto hasta ahora lo había dado él con su madre y su profesor, aunque esta vez comenzó a dar cosas nuevas sin ellos dos. Al principio le resultó un poco raro ya que se había acostumbrado a que la atención se centrara en él, pero como Chase Winter tenía que atender a todos por igual solía dirigirse hacia más de un poni a la vez, lo que a veces confundía un poco a Frank. Tampoco le fue fácil estar rodeado de tantos ponis, poniéndose un tanto nervioso cada vez que quería preguntar algo.
Aun así se hizo poco a poco al nivel de la clase, acostumbrándose a su nuevo ambiente. Primero empezaron con matemáticas haciendo varias sencillas operaciones de suma y resta, primero en individual y luego entre todos. Estuvieron contando en grupos, y luego haciendo unos cuantos problemas sencillitos.
Después de matemáticas pasaron a clase de caligrafía; la gran mayoría de ponis eran unicornios que ya sabían manejar la telequinesis y lograban escribir bien, Sweet demostró una gran soltura tanto usando su magia como con la pluma. Aunque los pegasos y ponis de tierra que también había tenían que usar sus bocas y les costaba bastante más. Para Frank era sumamente sencillo, ya que cogía la pluma con sus garras y escribía de forma limpia y bastante rápida, casi tanto como un unicornio. Chase Winter se mostró particularmente asombrada por la facilidad que demostró Frank.
-Caramba Frank, tienes una letra preciosa, por lo que veo esas garras que tienes son muy útiles…
-Oh, sí, también puedo coger cosas con ellas y agarrarme a sitios…
En ese momento alguien en la clase imitó el grito de un mono y algunos se rieron; Frank no pudo evitar sentirse algo dolido, y Chase Winter actuó de seguido.
-¡Silencio! ¿¡Quien ha sido?!
Justo después se hizo el silencio y no se oyó ninguna mosca por unos breves segundos, tiempo de sobra para que la profesora comentara.
-¡Si el responsable no admite su culpa, todo el mundo se quedará sin recreo!
Ante eso algunos ponis llegaron a reaccionar protestando y quejándose, pero al final una voz se levantó y anunció.
-¡Ha sido Low Trap!
-¡Si serás chivato!-le espetó entonces el tal Low Trap a otro potrillo.
-¡Low Trap, te quedas sin recreo y sin postre en el comedor!-sentenció justo después Chase Winter, mostrándose inflexible.
Low Trap era un potrillo grande y que siempre estaba de mal humor, gustaba de meterse con los demás y normalmente era el más problemático de toda la clase.
-¡No permitiré ninguna falta de respeto en esta clase, al próximo que se burle de Frank también se quedará sin recreo y postre!-añadió Chase Winter, poniendo las cosas claras.
El resto de la clase fue más tranquila, y el primer recreo llegó enseguida. Frank estuvo todo el rato con Sweet, la cual le estuvo presentando algunas de sus amigas que había hecho estando allí. Las demás potrillas le rodearon con interés y le estuvieron haciendo preguntas de todo tipo, Frank las estuvo contestando en la medida de lo posible.
-¿Por qué llevas siempre ropa?-inquirió Light Sound, una poni de tierra de colores fríos.
-Mi mamá dice que no soy como los ponis y necesito estar siempre abrigado… es como si fuera mi propio pelaje.
-¿Y qué comes?-quiso saber una pegaso de colores fuertes de nombre Dust Wind.
Esa pregunta era más comprometida; desde el principio su madre le había dicho que él tenía que comer carne para poder sobrevivir, pero también le había insistido en ocultar este detalle de cara al pueblo para no asustar a los ponis, por lo que tiró de la versión que ya habían trabajado por si alguien le preguntaba.
-Oh, pues casi lo mismo que un poni, aunque no como ni heno, ni avena ni flores…
-¿Y eso por qué?
-Porque si me los como me duele la tripa.
-Y si no eres un poni… ¿qué eres exactamente?
La pregunta de oro. Hasta el propio Frank se la había hecho más veces a sí mismo. Incluso le había preguntado a su madre, pero ni siquiera ella lo sabía. Lo que sí le había contado era que Twilight lo estaba investigando, pero salvo eso, no sabía nada más. Por lo que, sin nada más que poder decir, contestó enseguida.
-Pues… no lo sé.
El silencio posterior fue un tanto denso, y Frank se sintió irremediablemente solo; Sweet Cream, al notar su cambio de humor, decidió mediar rápidamente.
-¡Ey, chicas, vayamos un rato a los toboganes!
-¡Vale, vamos!
-¡Ven con nosotras, Frank!
El pequeño agradeció el cambio de tema y el grupo fue hasta el parque para aprovechar el resto del recreo.
Luna se sintió un poco rara durante el resto del día; de alguna forma se había acostumbrado a llevar un horario escolar al estar enseñando durante las primera semanas de ese mes a su hijo, pero ahora que tenía más tempo libre para ella y para sus obligaciones era cuando más lo notaba. La comida también se hizo un tanto rara, Luna apenas habló, cosa que Celestia notó enseguida.
-¿Qué pasa, Luna? Estás muy callada…
-Ah, es que… está muy tranquilo todo.
La alicornio blanca supo enseguida a lo que se refería, esbozando una comprensiva sonrisa.
-Sí, es verdad, no es como antes… pero piénsalo de esta forma, Frank ahora mismo debe de estar comiendo con Sweet, y estoy segura de que ha hecho un buen montón de amigos. Seguramente esta tarde, cuando le vayas a recoger, tenga muchas cosas que contarnos…
Ante eso Luna se animó bastante, ya que razón no le faltaba a su hermana; le iba a costar un poco acostumbrarse, pero ahora Frank estaba aprendiendo con más potrillos de su edad, y eso era tan bueno como estar con él.
El resto de la tarde pasó con algo más de tranquilidad, y el trabajo supuso una distracción que hizo que el tiempo pasara un poco más rápido. Antes de que dieran las cinco Luna fue a recoger a Frank a la escuela, pero antes se pasó por la cocina y le pidió al chef que le preparara un bocadillo de crema de cacao para que merendara. Seguramente querría ir al parque a jugar con Sweet y sus nuevos amigos, y tendría hambre.
Salió a las cinco menos cuarto en compañía de una pequeña patrulla de escolta de bat ponis y llegó a la hora exacta, justo cuando la marea de potrillos salía de clase y se reencontraban con sus padres, los cuales les esperaban junto a la puerta; vio al poco rato de llegar a Fancy Pants y Fleur, a los que saludó.
-Buenas tardes princesa… vaya, si usted está aquí asumo que ha venido a recoger a Frank-murmuró Fleur.
-Así es, al final me lo pensé y le he matriculado…
-Buena decisión… a ver si les vemos salir.
Tardaron unos pocos minutos, pero al final les vieron salir por la puerta fácilmente, ya que Sweet era ligeramente más alta que el resto de potrillos y Frank destacaba enseguida entre la muchedumbre poni. Al verlas los dos echaron a correr hacia ellas, abrazándolas con fuerza y de manera sincronizada.
-¡Mami, mami!
-Hola cielo… ¿Qué tal en tu primer día?-inquirió Luna.
-¡Genial, he estado con los otros potrillos, mami, y nos han enseñado un montón de cosas!-exclamó Frank, todo emocionado.
-Eso es estupendo… ¿vamos al parque un rato?
-¡Sí, sí, vamos!
Sweet y Frank se adelantaron, dándoles sus cosas a sus madres, las cuales les siguieron de cerca.
Esa tarde pasó volando, Sweet y Frank estuvieron merendando juntos y luego fueron a jugar con otros potrillos a los que Sweet presentó a Frank; Luna podía sentir que ahora era cuando su hijo comenzaba a realizarse realmente aunque fuera diferente a los demás, compartiendo sus dudas con Fleur, con la que estaba comenzando a forjar una gran relación de amistad.
-Parece mentira que ya tengan cinco años… en cuanto nos queramos dar cuenta serán mayores y empezarán la universidad o a trabajar. Sweet ya me dice que quiere seguir mis pasos, pero prefiero que sea ella misma la que descubra su propio talento.
-Sí, desde luego, eso siempre es bueno… aunque, por desgracia, eso con mi Frank no se cumple. Hay veces que siento que me quiere decir algo que no se atreve a decirme… y hemos hablado sobre esto hace poco.
-Debe ser duro para él, no obstante nunca está de más volver a hablar las cosas con ellos, aunque sean varias veces.
-Sí, supongo que tendré que volverlo a intentar…
Ambas observaron a sus hijos desde la distancia, al lado de los toboganes; dos potrillos gemelos pegasos algo más mayores que ellos parecían estar presentándose a Frank, llegando a chocar sus cascos con su garra en un sincero gesto de amistad. Luna esbozó una feliz sonrisa, alegrándose inmensamente por su hijo.
El esparcimiento duró hasta las seis y media, hora a la que la mayoría de los potrillos se retiraban a sus casas para hacer los deberes y demás tareas de esa jornada; Luna le estuvo ayudando a hacerlos una vez de vuelta en casa, aunque no fue muy necesario puesto que Frank supo hacerlo todo él solo, demostrando una vez más su aguda inteligencia.
-Así me gusta, estoy orgullosa de ti, cariño…
-¡Es fácil! ¡Chase Winter es una gran profesora, muy buena y cariñosa, explica genial!
-Me alegro… y cuéntame ¿qué tal el día? ¿Has conocido a muchos potrillos?
-¡Sí, durante el recreo Sweet me estuvo presentando a varias amigas suyas, y luego por la tarde dos potrillos algo más mayores que yo se presentaron ante mí! ¡Resulta que ya me conocían!
-¿Ah, sí? ¿Y cómo así?
-¡Sí, me dijeron que me llegaron a ver hace varios años atrás y siempre tuvieron curiosidad por conocerme, se llaman Strong Wind y Brave Wind!
Fue entonces cuando Luna recordó cierto detalle ocurrido hace ya varios años atrás, en el parque y durante aquella merendola familiar, en la que unos Strong Wind y Brave Wind más jóvenes la pidieron ver a su hijo muy amablemente.
-Vaya, qué casualidad, resulta que los recuerdo… aunque su madre les alejó después-comentó Luna en voz alta sin darse cuenta.
-¿Los alejó? ¿Por qué?-inquirió en ese momento Frank.
Luna vio entonces la metida de pata que acababa de hacer y decidió salir del paso para no disgustarle.
-Ah, porque se tenían que ir ya…
Le dolía tener que mentirle de esa forma, pero no quería que nada le perturbara; de hecho quiso preguntarle si todo había ido bien estando clase, pero prefirió no atosigarle demasiado, ya que había vuelto bastante contento.
-Quizás sea una señal. Mientras él sea feliz…-pensó ella, recolocándole el pelo con su casco.
El primer día de escuela parecía haber sido todo un éxito, y Luna no podía estar más satisfecha; aun a pesar de sus dudas, Frank había salido de allí encantado y eso era lo más importante. Si él era feliz, ella también. Nada era más importante ahora.
El comienzo de las clases pasó rápidamente, dando paso a un otoño ligeramente frío y bastante ventoso; aunque si por algo se caracterizaba esa época del año era quizás por el evento que más expectativas creaba a lo largo y ancho de toda la sociedad alta ecuestriana: la Gran Gala Galopante. Desde aquella edición que acabó en desastre, Celestia decidió renovarla por completo, convirtiéndola en un evento social en el que todo el mundo que quisiera podría ir, reuniendo no sólo a las capas más altas del reino, sino a todos los demás estratos sociales. Si de ella hubiera dependido la hubiera dejado de celebrar, pero los nobles ya se habían acostumbrado a ella y la tomaban como un evento tradicional más, como la Nightmare Night o la Fiesta del Hogar.
Para Luna fue una gran oportunidad, puesto que podía usarla para que la sociedad equina conociera un poco más a Frank, y acercarle aunque sólo fuera un poco a este tipo de eventos. Después de todo tan solo tenía cinco años.
Por ello Rarity diseñó para la ocasión unos cuantos vestidos nuevos, sobre todo para Frank, al cual le hizo un esmoquin a su medida aprovechando un antiguo modelo que llegó a confeccionar para Spike. Aprovechó también para confirmar que asistía a la Gala de ese año, ya que desde aquella edición no había vuelto, y quiso comprobar por si misma los cambios de Celestia. Twilight también confirmó que iría, ya que para ella también suponía una buena oportunidad para así volver a ser aceptada después de que Celestia confesara la verdad en su carta. El resto de sus amigas no tuvo intención alguna de volver, recordando aquella nefasta noche.
Para Frank fue raro, ya que todo el mundo parecía estar ocupado repentinamente y su madre le estuvo enseñando cosas nuevas para él, como saludar a ponis importantes o guardar la apariencia, algo que le aburría sobremanera y no se cortaba en señalarlo personalmente.
-Jo, mamá, esto es un rollo ¿puedo irme a jugar ya?
-No, aún no, debes saber lo básico de etiqueta, cielo, todos esos ponis irán a saludarte y tú tienes que devolverles el gesto apropiadamente.
-¿Y qué tiene de difícil eso? ellos me dicen hola, yo les digo hola, y ya está…
Luna trató por todos los medios de no reírse ante la lógica infantil de su hijo, pero Celestia, que estaba allí observándolos en el salón, no pudo evitarlo.
-¿De qué se ríe la tía Celestia?-inquirió Frank, extrañado.
-De nada, de tonterías realmente, está muy vieja ya tu pobre tía…-masculló Luna, mirándola mal.
-¡Eh, oye!-exclamó la aludida, algo molesta.
-No me estabas ayudando, Tia…-murmuró Luna, con gesto condescendiente.
-Qué rencorosa eres…
La alicornio oscura decidió ignorar ese comentario y siguió enseñándole a su hijo, para desgracia de este.
Finalmente, tras un par de intensas semanas preparándolo todo, la Gran Gala Galopante se celebró un sábado por la tarde en las dependencias reales del palacio. Celestia había sido la primera en salir para recibir a los invitados que iban llegando, mientras que Luna terminaba con los detalles de última hora con su hijo.
-Oh, mírate, estás muy guapo…
-Me pica el cuello, mami…
-Eso es por la licra, tranquilo, no estarás mucho tiempo, ya sabes que a las nueve hay que irse a la cama…
-Preferiría irme a la cama ya…
-Pero cielo, si son las siete y media de la tarde…
Ante eso Frank no dijo nada más, acatando obedientemente las normas de su madre. Luna iba con un vestido plateado con motivos blancos, diseñado por la misma Rarity.
-Venga, salgamos ya al salón…-indicó ella.
Ambos salieron de su habitación y se dirigieron al salón de recepción, el cual ya estaba bastante lleno; Frank se quedó un tanto descolocado al ver a tantos ponis juntos.
-Mami, hay muchos ponis aquí…
-Sí, claro, es un evento al que asisten muchos ponis de Ecuestria…
-¿Y los tengo que saludar a todos?-inquirió él, un poco asustado.
-No, tranquilo, no tienes por qué, recuerda lo que aprendimos, sólo se saluda si a ti te saludan…
-Está bien…
Al poco rato de entrar, varios ponis aristócratas se adelantaron para saludarles.
-Princesa Luna, me alegra gratamente verla esta noche con nosotros.
-El placer es mío.
-Y por lo que veo, este debe ser su hijo, el príncipe Frank…
-Así es, es lo más querido para mí.
-Un gusto conocerle, pequeño Frank.
-Muchas gracias, igualmente…-murmuró el aludido, un poco nervioso.
Para suerte de Frank no fueron muchos ponis a los que saludar, pasando enseguida a otra cosa; en un momento dado, oyeron la voz del bautista anunciar:
-Por favor, den una cordial bienvenida a la regente del principado de Armonía, la princesa Twilight Sparkle y su séquito.
Nada más oírlo Frank se dio la vuelta y vio a la aludida entrar, en compañía de Rarity y Sunset Shimmer, su estudiante.
-¡Tía Twilight!-exclamó él, emocionado.
Acto seguido quiso echar a correr hacia ella, pero su madre le paró antes de que pudiera hacerlo.
-Espera, cariño, no se corre en este tipo de eventos, aguarda hasta que lleguen ellas aquí.
Aunque algo contrariado, Frank obedeció a su madre hasta que finalmente Twilight les vio, yendo a saludarles.
-¡Tía Twilight!-exclamó él de nuevo, echándose sobre ella para abrazarla.
-¡Hola Frank, cielo, me alegro de verte!-murmuró ella, devolviéndole el abrazo.
La alicornio lavanda llevaba un vestido magenta con tonos rosados y destellos azules, también diseño de Rarity, a la cual Frank también saludó.
-¡Yo también! ¡Tía Rarity!
-¡Frank, cariño! ¡Oh, mírate, que mono estás, te queda perfecto!-murmuró la diseñadora, admirando su pequeña obra.
-Sí, es bonito, aunque el cuello me pica un poco…-comentó Frank, rascándose.
-Oh, eso debe ser la licra, espera, no te muevas, que te la suavizo un poco…-indicó ella, comenzando a usar su magia.
Con poco que hizo le dejó de picar y se lo agradeció dándola un cariñoso abrazo; Rarity llevaba un vestido de color aguamarina con destellos dorados, hecho para lucir.
Después saludó a Sunset, la cual había venido con Twilight y vestía un conjunto de colores complementarios, desde el rojo pardo hasta el morado oscuro, formando una consecución de colores perfecta.
Aunque no fueron las únicas caras conocidas que llegaron, poco después se presentaron Fancy Pants y Fleur Dis Lee, acompañados de su hija Sweet; al verla el humor del niño cambió por completo y esperó a que se acercara para saludarla, siguiendo las normas de su madre en todo momento.
-¡Sweet, hola, no sabía que vendrías!
-¡Hola, Frank! Qué elegante estás…
-Oh, tú también…
La potrilla llevaba un pequeño vestido de color verde claro y con motivos florales en él. A Rarity le gustó y estuvo hablando de él con Fleur, mientras que los críos iban a su aire y Luna hablaba con Twilight y Sunset.
-Me alegro de volver a verte, Sunset Shimmer…
-El honor es mío, princesa Luna…-murmuró la poni, con educación.
-Sunset tenía curiosidad por venir y ver cómo es un evento de estas características…-comentó Twilight.
-Oh, sí, nunca había asistido a nada semejante…
-Oh, verás de todo, este es un buen lugar para conocer a gente y entablar relaciones de todo tipo.
La música de esa noche era llevada por varios ponis músicos, entre ellos una poni de tierra de pelaje grisáceo y crin y cola morenas que conseguía destacar gracias a una soberbia interpretación con su violonchelo.
-Esa poni me suena de la última vez ¿Quién es?-inquirió Twilight, curiosa.
-Ah, sí, se llama Octavia Melody y es miembro de la filarmónica de Canterlot, le gusta mucho a mi hermana, siempre la contrata para este tipo de eventos-explicó Luna.
Estuvieron dando una vuelta por el salón, saliendo luego a los jardines, donde había más mesas dispuestas con comida de todo tipo; como Deep y Frank tenían hambre estuvieron comiendo mientras los mayores hablaban de todo un poco. En un momento dado un poni familiar se acercó a saludarles.
-Hola, tía Luna…
-Anda, sobrino ¿Qué tal estás? No te había visto desde que te fuiste a Trottingham en esa misión protocolaria…
-Sí, lo sé, aunque ahora que todo ya está resuelto por allí he conseguido volver para la Gala…
En cuanto Frank lo vio le saludó con ganas.
-¡Primo Blueblood, has vuelto!-exclamó él, dándole un rápido abrazo.
-¡Hey, Frank! ¿Qué tal estás, campeón?-inquirió él, revolviéndole levemente el pelo con un casco.
Después estuvo saludando al resto de presentes hasta que Luna retomó la conversación con él.
-No habíamos vuelto a saber mucho de ti, tu tía Celestia comentó el mandarte ayuda…
-Sí, lo sé, no fue sencillo, pero al final obtuve un poco de ayuda allí, por lo que no me hizo mucha falta-comentó Blueblood.
-¿De veras? ¿Y cómo así?
-Bueno, la verdad es que fue todo muy espontáneo, por así decirlo. Esperad, que la llamo para que la conozcáis.
Fue entonces cuando todos se miraron con las cejas alzadas, pensando casi en lo mismo; Rarity quiso decir algo, pero en ese momento Blueblood reapareció junto con una yegua que solo a unos pocos les era familiar.
-Tía Luna te presento a Trixie Lulamoon, fue ella quien me ayudó estando en Trottingham.
-¿¡Trixie?!-saltaron de seguido Twilight y Rarity, incrédulas.
-Ah, hola Twilight… ¿qué tal?-saludó la aludida, algo tímida.
La unicornio no llevaba ni su sombrero ni su capa característicos, pero sí un vestido de gala de color blanco nieve con destellos azulados.
-¿La conocéis?-inquirió Blueblood, curioso.
-Oh, sí, es una conocida…-murmuró Twilight, sin decir nada más.
-No tienes por qué enmascararlo, Twilight, las dos sabemos lo que pasó…
-Pero es pasado, y lo pasado, pasado está. No tengo por qué reprocharte nada, ya sabes que te perdoné.
Ante eso la unicornio azulada se quedó un tanto chocada, pero al final esbozó una grata sonrisa.
-Gracias, Twilight…
Aunque Luna y los demás no comprendieron del todo esas palabras, nadie dijo nada más y estuvieron hablando un rato, mientras que Blueblood les iba contando su periplo por Trottingham. Resultó que, en plena misión protocolaria, Blueblood se vio rodeado por los matones de un sindicato obrero que se estaba aprovechando de un vacío legal para acaparar todo el comercio local. Fue entonces cuando apareció Trixie y le ayudó a librarse de esos matones usando su magia, la cual había mejorado mucho desde entonces.
-Anda ¿eres de Trottingham, Trixie?-inquirió Twilight en un momento dado, curiosa.
-Sí, bueno, no es algo que comente mucho…
-¿Y cómo hicisteis luego para vencer a esos rufianes?-quiso saber Rarity, igual de curiosa por su historia.
-Bueno, como no soy ningún experto en magia defensiva, ella me estuvo protegiendo en todo momento mientras que yo trataba de tapar ese vacío legal a través de la vía diplomática. Resultó que el ayuntamiento de la ciudad había estado desviando fondos públicos para ayudar a ese sindicato, y al final pude demostrar que el alcalde era un corrupto ante la guardia real. Aunque la verdad es que no lo hubiera conseguido de no ser por ella…-murmuró el príncipe, lanzando una mirada cariñosa a Trixie, cosa que nadie pasó por alto.
-Huy, huy, un momento ¿eso es lo que yo creo que es?-preguntó Rarity, con gesto pícaro.
-Ah, ya sabía yo que no podría ocultártelo a ti, Rarity… y sí, desde entonces Trixie y yo estamos saliendo-confirmó Blueblood.
-Ah, entonces los rumores sí que eran ciertos…
-Sí, bueno, es lo que tiene salir con un príncipe, que al final todo el mundo se acaba enterando-asintió Trixie.
Tras el anuncio oficial de su noviazgo por parte de Blueblood, la parejita se despidió de ellos ya que querían ir a saludar a Celestia y comentárselo también.
El resto de la tarde pasó rápidamente, y para las nueve tanto Frank como Sweet se habían rendido y acabaron los dos dormidos sobre las grupas de sus respectivas madres.
-Vaya, se les acabó la cuerda…-observó Fleur.
-Sí, me lo esperaba de alguna forma, la verdad…
-En este caso nos vamos ya, hay que ir acostarla. Hasta la próxima, princesa.
-Nos vemos, Fleur, buenas noches.
Los nobles se despidieron enseguida y se retiraron de la fiesta; Luna se retiró momentáneamente para ir a acostar a Frank, el cual estaba completamente dormido. Una vez en su habitación le desvistió y le arropó en su cama, dándole el ya usual beso de buenas noches en la frente.
-Buenas noches, cariño-susurró ella.
Frank tan solo se revolvió un poco y siguió durmiendo; Luna cerró la puerta y regresó a la fiesta, la cual estaba en máximo apogeo.
-Le hemos hecho varias pruebas, estamos tratando de descubrir lo que es, pero hasta ahora no hemos dado con la respuesta…
-No ha contestado a mi pregunta, doctor…
-Lo sé, alteza, pero es que por ahora no puedo decirle con seguridad nada…
-Por favor, doctor, se lo estoy pidiendo por favor, ayude a mi hijo…
-Estoy haciendo todo lo que está en mi casco, alteza…
-¡Pero no es suficiente! ¡Siempre me dice lo mismo, pero no es suficiente!
-Alteza, por favor, cálmese, se lo ruego…
-¡No, no me diga que me calme, no puedo estar calmada cuando mi hijo se muere!
Se suponía que todo debería estar bien. Pero no estaba bien, nada estaba bien. Año nuevo, vida nueva, dicen. Pero, por desgracia, para Luna se estaba convirtiendo en una auténtica pesadilla.
Para la Fiesta del Hogar de ese año vinieron a cenar tanto Twilight como Cadance, desde el imperio de Cristal; salieron incluso en la foto de navidad, la cual fue la más completa y numerosa hasta el momento. Ese año se la hicieron en uno de los salones de estar, frente a una cristalera, con Celestia en el centro, Luna a su diestra y en compañía de Frank, Cadance a su siniestra sosteniendo a su primera hija, Skyla, junto con Shining y Twilight, y Blueblood y Trixie junto a Luna y Frank. Ese año la familia real tenía mucho que celebrar, además de haber aumentado su número de miembros como nunca desde las últimas décadas. La última incorporación, Skyla, había nacido poco antes de las fiestas, y la ocasión fue perfecta. Ahora que Cadance tenía descendencia, el imperio de Cristal se congratulaba por ello y respiraba más tranquilo por un futuro que se perfilaba más brillante que nunca.
Skyla era una potrilla adorable, alicornio como su madre, y de colores muy parecidos a los suyos, pero con los ojos de su padre; para Twilight fue muy especial puesto que ahora era tía oficial, y a Frank le encantó conocer a su prima segunda, la cual no se extrañó por Frank en ningún momento y se mostró tan cariñosa con él como con cualquier otro que la sostenía entre sus patas.
El año nuevo entró con fuerzas y mucha energía, con esperanzas y promesas de todo tipo; pero a los pocos días de su entrada, Frank comenzó a sentirse mal. Fuertes mareos le hacían perder el conocimiento, y unas fiebres muy altas comenzaron a apoderarse de él poco a poco, debilitándole y postrándole en la cama. De inmediato Luna ordenó que el médico de cámara del palacio le asistiese, pero aunque sus esfuerzos fueron máximos, no supo averiguar qué padecía Frank y pidió ayuda a otros colegas suyos. Ninguno de ellos dio con la respuesta, mientras que Frank era azotado por la fiebre, llegando a experimentar temblores y delirios varios. Ahora Luna veía impotente cómo la vida de su hijo se le escapaba de sus cascos, sin que ella pudiera hacer nada por evitarlo. Su depresión era máxima, apenas dormía, y buscaba en todo momento a más médicos que pudieran ayudarla, los cuales acababan dándose de frente con un muro imposible de sortear. Nadie sabía qué era lo que tenía Frank. Y eso mismo la hacía consumirse en el dolor y la pena.
-Por favor, doctor… por favor… se lo pide una madre desesperada… salve a mi hijo…-masculló ella, llorando a lágrima viva y agarrándose frenéticamente a la bata del doctor, el cual llegaba a sentirse culpable por no poder ayudarla.
-Lo siento tantísimo, alteza… ojalá lo supiera…
Ante esa respuesta Luna le soltó y se quedó en el sitio, incapaz de decirle nada más; quiso llorar con todas sus fuerzas, pero no salió ningún sonido de su garganta.
-Luna…
La aludida se dio la vuelta y vio a su hermana acercándose a ella; sin dudarlo en ningún instante se abalanzó sobre ella y la abrazó con todas sus fuerzas, llorando a mares. Celestia miró al doctor con mirada suplicante, pero al no poder darla la respuesta ansiada, la princesa del día cerró los ojos con fuerza, dejando escapar varias lágrimas y abrazando a su hermana con todas sus fuerzas.
El resto de la familia real estaba allí, junto con algunos de los ponis del servicio; a Blueblood se le veía particularmente consternado, siendo consolado en todo momento por una Trixie igual de dolida. Desde que había empezado a vivir con ellos se había habituado enseguida a la presencia de Frank, llegándole a coger cariño. El otro día recibieron la visita de Cadance a los pocos días de que Frank cayera enfermo, estuvo casi todo el día con su tía, tratando de aliviar su dolor.
En un momento dado, otro de los doctores que estaban allí tratándole salió de su habitación, dirigiéndose a Luna de seguido.
-Alteza, su hijo ha despertado, está débil, pero la está llamando.
Frente a eso Luna trató de recomponerse todo lo rápido que pudo, secándose las lágrimas y recolocándose el pelo; no quería mostrarse débil ante su hijo para no preocuparle aún más, aun a pesar de las circunstancias. Antes de entrar, Celestia inquirió.
-¿Quieres que vaya contigo?
-No, estaré bien, solo… dame unos minutos.
El interior de la habitación se encontraba enrarecido, con las persianas echadas, la atmosfera un tanto cargada y el ambiente en penumbra; otro doctor se encontraba atendiendo a Frank poniéndole un paño frio en la frente, al tiempo que respiraba entrecortadamente y gemía por lo bajo.
-Mami, mami…
-Esoy aquí, cariño, mami está aquí…-susurró Luna, cogiéndole de una garra con un casco.
El doctor se retiró enseguida, dejándoles solos.
-Mami… tengo frío…-masculló Frank, con la voz tomada.
-Tranquilo cariño, déjame que te arrope un poco más…
Luna le echó otra manta encima de todas las que ya tenía; Frank tosió pesadamente, pidiendo al poco rato.
-Agua…
Sin decir nada, Luna cogió una jarra y vertió un poco de agua en un vaso, dándosela a su hijo, el cual se la bebió entrecortadamente. Cada vez estaba más y más débil, apenas se sostenía por sí mismo, y la fiebre hacía estragos en él, haciéndole sentir frío hasta el punto de temblar incontrolablemente en ocasiones. Luna aguantó como pudo las ganas de llorar al verle en ese estado.
-Mami…
-Dime, cariño…
-Yo… tengo miedo, mami…
Para entonces Luna notaba un escozor terrible en sus ojos y un nudo en la garganta que apenas la dejaba respirar; aun así reunió valor y le habló con voz suave y serena.
-No debes de tener miedo nunca, cariño, sé fuerte… si te lo propones, serás capaz de hacer todo lo que tú quieras. Y recuerda que siempre voy a estar ahí, y que siempre, siempre te querré, sin importar qué. Recuérdalo, cariño.
Frank la miró con los ojos entrecerrados, a Luna le dio la sensación de que de alguna forma lo sabía, y no pudo evitar derramar una lágrima.
-Te quiero, mamá…
-Yo también te quiero, cariño…-sollozó Luna, sin poder evitarlo.
Sin decirle nada más, le besó dulcemente en la frente; Frank se estremeció, cerrando los ojos, respirando entrecortadamente. Había vuelto a desmayarse.
Luna no pudo más y salió de allí a toda prisa, echando a correr hacia ninguna parte y derramando gruesas lágrimas por el camino; Celestia fue tras ella y los demás se quedaron en el sitio, pudiendo sentir la pena de Luna y contagiándose de ella. Afuera las últimas nieves del invierno caían lentamente.
Esa misma tarde la atmosfera en el palacio era pesada y muy triste, nadie había vuelto a ver a Luna y todo el mundo estaba apático, sin ganas de trabajar; aunque para sorpresa de algunos recibieron la visita de Twilight, la cual fue recibida por el ama de llaves. La alicornio lavanda se desembarazó de una frondosa bufanda de franela y una capa de seda nada más entrar.
-¡Me acabo de enterar hace nada! ¿¡Cómo está?!-inquirió, preocupada.
-Mal, muy mal, la fiebre le está matando. Estos días han sido terribles para todos… especialmente para la princesa Luna-masculló la señora Key, con gesto triste.
-Quiero verla, lléveme con ella señora Key, por favor.
El ama de llaves la acompañó hasta la habitación de Luna, donde la princesa se las pasaba ahogando sus penas de un tiempo a esa parte.
-Alteza, ha venido a verla la princesa Twilight…
-Que pase-indicó Luna con voz apagada.
La alicornio lavanda entró en la habitación, notando enseguida la pesada atmósfera que la impregnaba; Luna se encontraba tumbada en la cama con la mirada perdida, los ojos enrojecidos y restos de lágrimas en su cara.
-Oh, Luna…
-Twilight… has venido…
-Sí, me he enterado hace nada, por una carta de Cadance… ¿por qué no me habéis dicho nada?-inquirió ella, algo molesta.
-No quería preocuparte, Twilight… esta es mi tragedia, no la tuya…
-No digas tonterías, yo soy parte de esta familia, y si aquí uno sufre sufrimos todos…-argumentó ella con contundencia.
Frente a eso Luna sonrió con gesto triste antes de contestarla.
-Aprecio tus palabras, pero me temo que no hay nada que podamos hacer. Mi hijo se muere… delante de mí, sin que yo pueda evitarlo. Y siento como si yo me muriera con él también.
-Pero… ¿qué le pasa, qué es lo que tiene?
-No lo sabemos, nadie lo sabe… he llamado a media promoción de la facultad de medicina y ninguno de esos supuestos doctores ha sabido decirme qué se está llevando a mi hijo.
-Eso es absurdo, algo debe de tener que nosotros conozcamos ¿Cuáles son los síntomas?
-Fiebres muy altas e intermitentes que luego le dejan muy debilitado, sudoración, algo de palidación, tos seca, inflamación de garganta, delirios, taquicardias… es demasiado para alguien de su edad. No podrá sobrevivir.
Luna no pudo más y se echó a llorar por enésima vez; Twilight se acercó a ella y la arropó con sus alas, tratando de consolarla en todo lo posible.
-No, no digas eso, no dejes que te derrote a ti también, debe de haber algo que podamos hacer, lo que sea, la respuesta tiene que estar ahí…
-¡Pero es que no está, Twilight, no está, en ningún lado! ¡La he buscado y nadie sabe decirme nada! ¡Mi hijo se muere, Twilight! ¡Tú no sabes lo que es eso!-sollozó Luna.
-Luna, comprendo tu dolor, pero no dejes que te domine… sé fuerte, por favor, tú siempre me has dicho que sea fuerte.
-¡No puedo, simplemente no puedo! ¡Siento como si todo se echara sobre mí, me deja sin fuerzas! ¡No puedo! ¡No puedo, Twilight, no puedo!
Ver así de derrotada a Luna le rompía el corazón a Twilight, y supo que tenía que intentar hacer algo; fue a ver a Frank, el cual en ese momento seguía inconsciente, para ver de primera mano los síntomas que Luna le comentó. Los presentaba casi todos, y aunque había recuperado un poco más de color seguía temblando cada dos por tres; le comprobó la temperatura tocándole la frente con un casco, estaba ardiendo.
-No te preocupes, Frank, sé fuerte, te sacaré de esta… te lo prometo-susurró ella.
Se despidió de los demás, Luna y Celestia incluidas, y volvió a Ponyville encerrándose en su palacio nada más llegar, concretamente en el ala de medicina de su biblioteca. Una vez allí estuvo buscando imparable algún tipo de remedio, o bien alguna enfermedad que coincidiera con los síntomas que Frank presentaba, pero no encontró nada concluyente.
-¡Agh, maldita sea!-masculló la alicornio lavanda, sintiéndose más frustrada que nunca.
-Es raro que no haya nada por aquí… aunque espera ¿por qué no lo consultas con Zécora? Quizás ella sepa algo…-sugirió en ese momento Spike, que la había estado ayudando en todo momento.
Fue entonces cuando ese comentario la hizo albergar algún tipo de esperanza en ella.
-Ah, sí, pues claro, es una buena idea… está bien, iré para allá, no sé cuánto tardaré así que no me esperes para cenar-murmuró Twilight, con mirada decidida.
-Descuida, espero que encuentres algo que pueda ayudar a Frank…
Pasando de formalismos y de protocolos, Twilight salió rápidamente del palacio y echó a volar en dirección hacia la cabaña de Zécora, en pleno bosque Everfree; no la resultó fácil guiarse desde el aire, y estando todo nevado aún más, pero al final distinguió la cabaña de Zécora, entre varias copas de los árboles y bajó en picado hasta aterrizar justo delante de la puerta. Llamó con tono apremiante, abriendo la cebra al poco rato; antes de que ésta dijera nada, Twilight se adelantó.
-Zécora, necesito desesperadamente tu ayuda.
La cebra la invitó a pasar y la princesa la estuvo explicando todo lo que había pasado, desde el estado de Frank hasta los síntomas que presentaba. Una vez con todos los datos en su cabeza, Zécora los estuvo rumiando durante unos pocos minutos hasta que finalmente habló.
-Hay cierto detalle que me llama la atención, teniendo en cuenta que con Frank todo es distinción. En parte es algo normal, puesto que hasta ahora no había experimentado nada igual.
-Ya, bueno, es la primera vez que cae enfermo y eso lo entiendo, pero aun así… ¿Qué es lo que te llama la atención?
La cebra se levantó por un momento y estuvo rebuscando algo con la mirada entre sus estantes, llenos de tarros de todo tipo cuyo contenido era desconocido para Twilight, pero no para Zécora. En un momento dado, la cebra continuó.
-Teniendo en cuenta que Frank no es de nuestra misma raza, podemos suponer que su cuerpo reaccione de manera extraña; sin embargo, lo que a mí me escama, son los síntomas que este mal entraña.
-¿A dónde quieres llegar, Zécora?-inquirió Twilight, ceñuda.
-Piénsalo por un momento, querida amiga, puede que sus síntomas algo te digan.
La alicornio lavanda siguió el consejo de Zécora y lo pensó detenidamente; ¿por qué los síntomas? Si Zécora insistía con ellos es que algo tenían que ver, pero no alcanzaba a ver qué relación podrían tener. Se quedó callada por un momento, sopesando las posibilidades y notando el frío de afuera recorriéndola su pelaje, sin poder evitar sorberse un poco. Fue entonces cuando lo comprendió de golpe.
-Por supuesto… estamos en invierno, y en esta época del año suele proliferar la enfermedad más usual de todas: la gripe común equina.
Ante eso, Zécora tan solo sonrió, al tiempo que decía.
-Exacto. Al ser el cuerpo de Frank un organismo sano, y por lo tanto más fino, los síntomas se muestran con algo más de brío, sobre todo al no ser equino.
-Pues claro, tiene sentido… y es fácil pasarlo por alto al ser tan evidente, los médicos debieron de suponer que debía ser algo distinto al tratarse de Frank. ¡Oh, Zécora, eres genial! ¿Tienes algo que funcione contra la gripe equina común?-inquirió Twilight, más esperanzada que nunca.
-Algo sí que tengo, pero no lo quiero usar con un organismo tan particular. Quizás sea mejor algo igual de dispar-murmuró Zécora, mientras danzaba entre sus baldas con la mirada.
-¿Y qué necesitas?
-Conozco una receta de mi tierra, capaz de curar cualquier enfermedad; aunque allí sus ingredientes son difíciles de encontrar, en este bosque los hay para dar y tomar.
-¡Eso es estupendo! ¿Y cuáles son?
-Orquídea roja, lirio negro, savia pegajosa, broma venenosa, champiñones morados y ajo.
-¡Vale, dime dónde encontrarlos e iré a por ellos!-exclamó Twilight, andando hacia la puerta.
-Espera un momento.
La alicornio lavanda se paró y la miró con gesto inquisitivo.
-Si nos separamos, quizás antes los encontremos-sugirió la cebra.
-También es verdad.
Entre las dos se dividieron los seis ingredientes y salieron al bosque Everfree en su búsqueda; Twilight decidió ir a buscar la orquídea roja, la broma venenosa y el ajo, mientras que Zécora prefirió ir a por el lirio negro, la savia pegajosa y los champiñones morados. Al ser invierno costaría mucho más dar con ellos, pero por salvar a Frank de la muerte iría a buscar hasta al fin del mundo.
Lo primero que encontró fue la broma venenosa, ya que había un claro lleno de ella no muy lejos de allí, el mismo claro en el que ella y sus amigas se metieron de lleno aquella vez hace mucho tiempo; cogió sus flores con cuidado, principalmente para evitar sus efectos, y siguió buscando. El ajo fue más complicado puesto que crecía en el suelo, pero finalmente encontró un par al lado de un árbol, con un trozo libre de nieve. Finalmente pudo hallar orquídea roja un poco más delante de donde estaba, encima de unas rocas, ya que crecían entre los huecos agrietados de estas. Una vez que tuvo todo se reunió con Zécora en su cabaña, aunque esta tardó un poco más en llegar puesto que la búsqueda se había alargado para ella un poco más.
-¡Los tenemos, vayamos a Canterlot ya!
-Por supuesto, mi querida amiga, te sigo.
Como había prisa Twilight optó por lo más rápido, alzando el vuelo asiendo a Zécora con su magia hasta el pueblo; una vez allí ordenó que prepararan un carro que saliera hacia Canterlot a no más tardar.
En el palacio todo el mundo se encontraba en uno de sus salones, dejando correr el tiempo y sintiendo cómo los minutos que pasaban serían, con mucha probabilidad, los últimos. Luna se encontraba hablando con los doctores, los cuales la comentaban los últimos avances.
-Lo hemos intentado todo, pero me temo que no sabemos lo que es. Hemos tratado de bajarle la fiebre para que esté lo más cómodo posible, es lo mejor que podemos hacer por él ahora.
Ante eso Luna no dijo nada, tan solo cerró los ojos con gesto derrotado; quiso llorar, pero no pudo por mucho que lo intentó.
En ese momento las puertas se abrieron de golpe, entrando Twilight en la estancia y exclamado.
-¡Es gripe, es una simple gripe equina común!
Ante eso los doctores se mostraron estupefactos, siendo el primero que hablaba con Luna el responder.
-¿¡Qué?! ¡Pero eso es absurdo, Frank no es un poni!
-¡Por eso mismo, porque no es un poni, su organismo no está preparado para hacer frente a una enfermedad semejante y le ataca con el doble de fuerza!
Ante ese comentario, los doctores se miraron entre sí, sopesando la nueva información.
-Eso tiene mucho sentido…
-Sí, aunque… ¿cómo se habrá contagiado?
-Eso no importa ahora, además, esta es temporada de gripes, no sería raro pensar que alguien se la hubiera pegado en la escuela-supuso Twilight.
-Sí, tiene sentido… usemos antirretrovirales entonces-sugirió otro doctor.
-No, esperen, Zécora ha pensado en algo mejor…
La cebra se adelantó y le mostró los ingredientes a los médicos, al tiempo que decía.
-Conozco una receta de mi tierra que le puede salvar, por favor, déjenme ayudar.
Los médicos aceptaron con buen agrado, pues entre ellos bien era sabido que las técnicas de las cebras eran mucho más efectivas que las suyas. Bajaron a la cocina y una vez allí pusieron una olla mientras que Zécora preparaba los ingredientes; cortó el ajo en trozos ovalados, hizo polvo con los pétalos de la broma venenosa y el lirio negro, cortó en trozos enanos los pistilos de la orquídea roja, machacó hasta hacer pulpa los champiñones morados y lo mezcló todo en agua en la olla, echando la savia pegajosa justo después mientras todo bullía. Mientras se hacía, Zécora entonó varios cánticos en su lengua, describiendo amplios círculos sobre la superficie burbujeante de la olla, cuyo contenido adquirió un color anaranjado que despedía un olor nauseabundo.
-Que huela así es una buena señal, ya casi está…-murmuró Zécora.
Una vez que terminó de hervir apartó la olla y la dejó reposar; fue entonces cuando el tono anaranjado de aclaró y el olor cambió a uno muy dulzón y penetrante. Zécora esbozó una satisfecha sonrisa.
-Esto ya está…
-Estupendo, démosela a probar.
Vertieron un buen cazo en un vaso y se lo subieron a Frank, el cual se había vuelto a despertar. Fue su madre quien se lo dio, ayudándole un poco.
-Toma cariño, bebe esto…
Frank lo bebió con algo de duda, pero luego siguió tras probarlo, atraído por su sabor.
-Oh, está bueno…
-Eso es, bébetelo todo.
Una vez que Frank se lo terminó, Luna lo volvió a acostar en la cama, arropándole para que no cogiera frio.
-Los efectos no son inmediatos, tardan en sanar, por lo que será mejor esperar-comentó Zécora.
-Está bien… dejémosle solo, se ha vuelto a dormir.
Todo el mundo se retiró de nuevo a la sala de estar, mientras hablaban un poco para amenizar la espera.
-Una simple gripe delante de nuestros hocicos y no fuimos capaces de verla… lo sentimos muchísimo, alteza, hemos estado ciegos-murmuró uno de los doctores, particularmente avergonzado.
-No se preocupe, doctor, nadie aquí lo dimos por sentado, además, era fácil pasarlo por alto-le disculpó Luna rápidamente.
El resto de la tarde pasó rápidamente hasta que al final, en cuanto cayó la noche, fueron a ver cómo se encontraba Frank. Luna se acercó a la cama y lo primero que hizo fue comprobarle la temperatura, encontrándose con que había amainado.
-Su fiebre… ha desaparecido…
La voz de su madre le hizo entonces despertar, viéndose más saludable que nunca.
-¿Mami?
-¡Oh, cariño, estás bien!-exclamó ella, abrazándole con todas sus fuerzas.
Frank la devolvió el gesto, con cara de no comprender del todo a qué venia semejante reacción por su parte. En cuanto se separó de su madre, comentó.
-He soñado con que caminaba en un día con mucho calor…
Luna tan solo se rio tontamente, volviéndolo a abrazar de nuevo. Tanto Celestia como todos los demás respiraron completamente aliviados. Luna fue la primera en agradecérselo a Zécora con gran efusividad.
-Muchas, muchísimas gracias Zécora, de verdad, si no hubiera sido por ti… ¿qué puedo hacer para compensarte el haberle salvado la vida a mi hijo?
-Su agradecimiento es más que suficiente para mí -murmuró la cebra, sin darle mayor importancia.
-¿Estás segura?
-Por supuesto que sí.
El resto de presentes también se lo agradecieron, sobre todo Twilight.
-Muchas gracias por todo, amiga, de verdad…
-Sabes que conmigo siempre puedes contar, ahora y siempre sin dudar-le recordó la cebra, guiñándola un ojo.
Twilight esbozó una alegre sonrisa y las dos se dieron un gran abrazo. La alegría volvió al palacio y todo el mundo recobró ese espíritu que tanto caracteriza a esas fechas tan concretas, incluso aun cuando la Fiesta del Hogar ya había pasado. Para Luna fue el mejor regalo que podría haber recibido. Mientras tanto, afuera, la nieve seguía cayendo sobre Canterlot.
Oh, no sabéis lo bien que sienta poder terminar un capítulo así después de ese ligero parón que tuve; la verdad es que La Roca me ha venido de perlas para desconectar y luego retomarlo, por lo que no puedo estar más satisfecho. Y mira tú que casualidad, tenéis el nuevo capítulo el mismo día de reyes... soy vuestro rey mago particular XD pero bueno, comentando un poco el capítulo decir que seguiré con esta fórmula de aquí hasta el final, dando saltos en el tiempo de cinco años y contando cositas y detalles de todo tipo tanto de Frank como del mundo que le rodea, mientras que va creciendo y viviendo su vida en un mundo de ponis. Habrá conflictos menores, habrá regresos, sorpresas y muchas cositas más, eso por descontado. Sé que el detalle de Blueblood y Trixie no está del todo bien montado, pero estoy pensando en hacer un corto y autoconcluyente one shot a modo de spin off que cuente lo que pasó durante esa semana en Trottingham con Blueblood como el protagonista y acompañado por Trixie. El detalle de la enfermedad siempre quise tratarlo, por lo que espero que el desarrollo y la resolución os hayan gustado; comentar que los ingredientes que usa Zécora para hacer la poción secreta son los mismos con los que se crean los tótems en el juego oficial de Gameloft. El detalle me gustó y decidí añadirlos. Aprovecho también para añadir que dentro de dos semanas y media empezaré con los exámenes, por lo que estaré ocupado durante el resto de este mes y principios de febrero. Ah, y gracias a Volgrand por hacerme de proofreader con este capítulo también. Y nada más, espero que os haya gustado, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
