¡Y nuevo capítulo retrasado! En fin, creo que podría decirse que entre estos dos días subo caps xD
Estos van a ser 3-4 capítulos que podéis consideran un paréntisis y repaso de hechos que ocurrieron en la primera mitad del siglo veinte... ya veréis :)
Teraz jesteś Żydem es el título de este capítulo y una buena pista de lo que trata: "ahora eres un judío"
ADVERTENCIA: Hetalia no me pertenece, y la historia tampoco.
29-Teraz jesteś Żydem
1957 – Kraków, Małopolskie, Polska
Hacia frío, mucho frío. Acababan de venir de Roma: comparado con Cracovia, la capital era una parrilla. Italia se lo pasaba bomba caminando por la nieve, que en marzo todavía no había desaparecido, pero Alemania prefería pasar por los caminos que habían creado en las calles. Bordeaban el río Vístula, sin saber bien dónde ir.
Alemania había llamado a Polonia en febrero, diciéndole que accedía a ir a Cracovia con él. El polaco se había sorprendido, pero luego le había reprochado que había tardado casi un año en tomar la decisión. Después le había dicho que fuera a finales de marzo, algo que extrañó al alemán, pero aceptó sin rechistar.
Decidió ir después de la reunión en Roma, dado que el polaco no le había dado una fecha concreta, y pensó en alguien que pudiera reducir la tensión entre los dos países: e Italia era perfecto. Asique se habían marchado a la ciudad soviética ese día. Y tardaron bastante, el telón de acero podía llegar a ser impenetrable.
El único problema que tenían era que Polonia no les había dicho dónde vivía, y aunque Alemania conocía la ciudad, no podía ir llamando de puerta en puerta. Asique había decidido ir al mercado central, en el centro histórico de la ciudad.
- Ve~ ¡nunca he estado aquí!
- ¿De verdad?
- Sì!
- … Eso es bueno.
- Ve... ¿Por qué? ¡A mí me gusta!
Alemania decidió no contestar. Si el italiano hubiera estado ya allí, sería durante la guerra mundial. Y en ese tiempo no era un sitio muy turístico (tampoco en el presente), sobretodo por el hecho de estar a unos cuarenta y seis kilómetros de uno de los campos de concentración más famosos del mundo.
Esa era la razón por la que conocía la ciudad. Auschwitz.
Y no eran recuerdos bonitos.
Llegaron a la Iglesia de Santa María, que estaba en medio de una enorme plaza, en el que se encontraba el mercado central. Por el frío, no había ninguna tienda, y solo se veía jugar a un par de niños, haciendo muñecos de nieve.
Italia se puso a hacer uno también.
- Ve~ ¡Ludwig, ayúdame!
- … Nein.
- ¡Vamos! ¡Voy a hacer a la reina de las nieves!
- Und?
- ¡Necesita un castillo!
Alemania suspiró. El castaño podía ponerse muy pesado cuando quería que le ayudase en algo (esa tozudez que Elias había heredado...), ya fuera atarse los cordones o hacer el castillo de la reina de las nieves.
Se pusieron manos a la obra. Como escultor, Veneciano era todo un veterano, podía manejar la piedra como si fuera jabón, y con la nieve podría hacer maravillas; y si tuviera los instrumentos necesarios, Alemania habría hecho hasta un plano del castillo.
Al cabo de unos minutos ya había gente al rededor, y los niñitos que jugaban en la nieve intentaban imitarles, sin conseguir nunca el mismo resultado. A Italia le estaba quedando una Gioconda en tres dimensiones, casi de su misma altura, con una corona y un manto como traje.
Alemania hacía torre sobre torre sin parar, patios sobre tejados y almenas decoradas con piedritas que se encontraba. Había usado casi toda la nieve que tenía a su alrededor para hacer contrafuertes y puentes, y había conseguido que el castillo se elevara hasta su altura, dejando a todos boquiabiertos.
Los dos estaban en silencio, absortos en su entretenimiento. Cuando ya llevaban una hora así, la gente empezó a lanzarles monedas, y Alemania tubo que parar y aclarar que no eran mendigos ni artistas de la calle ni nada por el estilo. Cuando se giró y vio el enorme monumento, se llevó una mano a la cara.
- Maldita sea, yo dejándome llevar... -murmuró.
- Ve! ¡Ludwig, es enorme! ¡Mi reina va a estar muy feliz viviendo allí! -Italia no veía ningún problema en ser el centro de atención, y empezó ha hacer simples figuritas en los puentes y patios del castillo, como si hubiera gente.
- Y yo que creía que tallar piezas de ajedrez era aburrirse...
Alemania se giró. Detrás suya, enfundado en un largo abrigo, estaba Lituania, admirando la reina que había hecho Veneciano. Después se giró divertido a los niñitos que había al otro lado de la plaza, que hacían torres más altos que ellos mientras señalaban los monumentos. Al final acabaron tirándose las torres de nieve encima de ellos mismo, auto-sepultándose.
- Y habíais conseguido admiradores y todo... -comentó.
- Sí, ya veo... -Alemania se avergonzó de llamar tanto la atención- ¡Feliciano! ¡Nos vamos!
Italia asintió, mientras subía un niño al castillo. Se fue despidiéndose de sus espectadores como si les conociera de toda la vida, y paró un momento a enseñar unos trucos de escultor a una niña que hacía torres. Al final se puso a hacer pasta con nieve y Alemania se lo tuvo que llevar a rastras de la plaza, ante la mirada de Lituania y el resto.
- ¿Tú sabías que estaríamos aquí? -preguntó el alemán al báltico, ya yendo por una de las calles de la ciudad.
- Sí. Ivan no iba a dejar a Feliks salir de Moscú solo, y yo le resultaba de confianza, así que vine aquí con él, y me contó lo de que veníais.
- ¿Entonces os ha dejado salir sin acompañaros ni nada?
- Taip*. Mientras le vigile, nos deja.
Lo cierto es que éso tenía una parte de mentira. Polonia tenía verdadero miedo a estar a solas con Alemania, así que había pedido al lituano que le acompañase, a la vez que decía al germano que tenía total libertad de traer a quien quisiera.
La cosa de que Rusia les dejase salir de Moscú había sido fácil: al peliblanco le había encantado los planes que tenía el polaco. La verdad es que a Lituania le parecieron bastante retorcidos, pero él no tenía ni voz ni voto en ese tema. Y desde luego, iba a ser entretenido.
- Ve~ ¡Toris, hace tiempo que no te veo! -Italia se acercó, empapado hasta los huesos tras tener la idea de dar un golpe a un árbol cubierto de nieve.
- Hace décadas, si se puede concretar. ¿Qué tal te va?
- ¡Bien!
- Me contaron lo que ocurrió en la reunión mundial. Tú también fuiste gato, ¿no?
- Ve~ ¡Sí! ¡Y era muy divertido! ¡Ludwig me acarició y todo!
Lituania miró de reojo al nombrado.
- Creí que era uno de los gatos de Grecia, ¿entendido? -el hombre miró a otro lado, un tanto rojo.
- Pues en Moscú nos llevamos un susto cuando vino Ivan, pero fue peor cuando tras varios días, Natalia no aparecía...
- Creo que sé que pasó. Fue a por Arthur para que devolviera a Ivan a la normalidad, ¿verdad?
- Sí, le buscó hasta dar con su casa y le trajo hasta Moscú, con otro gato, que era Alfred... Hubo bastante ajetreo ese día, hasta que consiguió transformarlos en personas pasaron por todo el reino animal, y luego se empezaron a pelear y Eduard tuvo que llevarse Arthur y Alfred corriendo si no queríamos una guerra ahí dentro... ¿Cómo sabías que había pasado?
- Ve~ Ludwig es adivino~
- Casualidad -no iba a explicar el terrorífico grito de Inglaterra por el teléfono y el corte de llamada-. ¿Y dónde vive Feliks? -cambió de tema.
- Pues... -Lituania parpadeó un par de veces por la repentina pregunta- Cambió de casa, la que tenía antes le traía malos recuerdos... -dirigió una mirada a Alemania, con un pequeño toque acusador- Eligió una casa en el Kazimierz, aunque le intenté disuadir, ahora es un sitio de muy mala reputación...* -otra mirada acusadora a Alemania, que a su vez miró al suelo- Solo conseguí que se instalara en el mismísimo centro -terminó con un suspiro.
- Genial. ¿Y qué planea exactamente?
- No lo puedo decir.
- Lo suponía.
Siguieron caminando en silencio, mientras Alemania se intentaba hacer una idea de lo que tendría preparado Polonia. Se le pasaba cualquier cosa por la cabeza, desde invitarle a unas pastas hasta dejarle abandonado en algún pico nevado. Aunque estando en Cracovia, seguramente haría algo relacionado con la segunda guerra mundial.
Llegaron hasta un edificio de paredes blancas y tejado de pizarra. Estaban casi en el centro del barrio, como había dicho Lituania. La verdad era que allí había muy poca gente; sólo habían visto pasar a dos personas, de lejos, y no parecía aconsejable acercarse.
Alemania e Italia no pudieron evitar fijarse en los tres ponis que se paseaban por la calle. El italiano se fue a acariciar uno de ellos, color canela. Los animales rondaban al rededor de la entrada de la casa a la que acababan de llamar. El alemán se acordó entonces de algo: Polonia era el más absoluto fan de los ponis que existía en el mundo.
- ¡O sea mira, si han venido y todo! -la puerta se abrió, y el polaco salió dando grandes zancadas.
Lituania fue a saludarle, pero el rubio pasó de él completamente. Fue entonces cuando se dio cuenta que se refería a los ponis.
- ¡Ya me conocen y como que vienen a por paluszki! -se puso a acariciar el mismo Poni que Italia, y entonces se percató de que estaba allí- ¿Feliciano?
- Ve~
- O sea, ¡me alegro de verte! ¡¿Como es que no me habéis avisado de que ya estabais aquí?!
- Por eso te estaba llamando... -Lituania dio un suspiro- Me los he encontrado en la plaza haciendo esculturas con la nieve.
- ¡Pero haberme avisado! ¡Como que eso hubiera sido súper divertido! -hizo una bola de nieve y se lanzó al báltico, que la recibió en toda la cara, sorprendido- Ala, por no esperar a que fuera.
Después se giró a Alemania, que miraba todo a un par de metros, vigilando a un Poni que se disponía a morderle la chaqueta.
- ¡Tú por aquí! -dijo a modo de saludo- ¿Sabes? Como te habías tomado tantísimo tiempo en llamarme, ya pensé que cuando quedamos para que vinieras en marzo tú te referías al del año que viene.
- …
- O sea, cambia esas cara, ¡eres una visita, por favor! -puso una mano en la espalda del alemán y le ofreció a entrar- Como que espero que te guste este preciosos EX-barrio judío -hizo énfasis en el prefijo, dejando un sabor amargo en el aire.
Fueron entrando en la casa, que apenas tenía decoración. Como dijo Lituania, la acababan de coger. Se sentaron alrededor de una mesa redonda iluminada por una ventana.
Alemania procuro no sentarse cerca del polaco, de modo que los dos acabaron uno en frente del otro. Lituania e Italia sentían claramente que sobraban, pero a ambos les habían suplicado ir allí, y tenían que cumplir.
- Bien -Polonia empezó a hablar-, me gustaría que te quedaras unos días, o sea, espero que no hayas dicho por ahí que volvías mañana.
- No hay problema -el alemán asintió. Seguramente se llevaría una buena de Romano y Berlín, pero estaría el tiempo necesario allí con tal de conseguir arreglar las cosas con su vecino soviético.
- Perfecto -el polaco esbozó una misteriosa sonrisa-. ¡Una semana, y saldrás de aquí totalmente nuevo! -miró un reloj de pared, la única decoración de la sala- O sea, son las once de la mañana... Lunes... -se giró a Lituania, completamente emocionado- ¡¿Empezamos ya?!
- Si quieres... -dirigió una mirada de pena a Alemania, que se empezó a preocupar- Cuando antes terminemos, mejor.
- Fantastyczny!*-el polaco se levantó de un salto y apremió a los otros para que le siguieran. Antes de entrar en una de las habitaciones de la sala, se giró y miró intrigado a Italia- ¿Tú también vas a participar?
El italiano se quedó mirándole extrañado, pensando seguramente a que se refería. Lituania se llevó una mano a la cara.
- Tú di ne*.
- Ne?
- Ah, perfecto -el polaco asintió, conforme-. Igualmente, como que no te iba a dejar -esbozó una sonrisa y se giró a Alemania-. ¡Qué bien nos lo vamos a pasar! Bueno, que bien se lo van a pasar.
Alemania miró a Polonia de arriba abajo.
- ¿Qué tienes planeado?
- Ah, misterio. Como que, ¿conoces lo de "probar tu propia medicina"?
- Sí.
- Pues eso es lo que vamos a hacer.
Y entraron en el salón.
-.-.-.-.
De todas las cosas que se le habían paso por la cabeza, lo que encontró en esa habitación era lo que menos se esperaba. Un hombre bastante mayor, bajito y fornido, con un mostacho rubio. Con verle la cara sabías que era buena persona. Solo había un problema.
¿Quién era?
- O sea, ¡siento de verdad que tardaran tanto en llegar! ¡Pero no es para nada mi culpa, lo juro! -se excusó el polaco, dando un apretón de manos al hombre.
- No pasa nada, Feliks. Solo han sido unos minutos de más -le quitó importancia.
- Ah, ¡pues entonces nada! Mira, ¡te presento a Ludwig Benosequé!
- Beilschmidt -suspiró Alemania. Su apellido era difícil, pero tampoco era para tanto...
- … Pues eso, como que si solo le llamamos Ludwig es por algo -rió Polonia-. En fin, Ludwig, ¡te presentó a Edek Czajkowski!
- Ve~ ¡es músico...!*
- Por éso prefiero que me llamen Edek a secas -el hombre rió-. ¿Tú eres...?
- ¡Feliciano Vargas!
- Ajá, ¿y vosotros sois amigos de Feliks...?
Se hizo un silencio en la sala. Al final, fue Polonia el que habló, pasándose la mano por el vuelo de su pelo.
- … Estamos... como que... en ello -admitió.
Edek no pareció entenderlo del todo, pero sonrió y no hizo más preguntas.
- Bueno, como Edek es un prestigioso pastelero de aquí, totalmente amigo mío desde que nos conocimos...
- ¿De eso no hace unos días? -preguntó Lituania, levantando una ceja.
- Ay, Toris, la amistad no se mide por el tiempo, sino por la fuerza... -replicó el polaco, a sabiendas de que casi todas las amistades que tenía eran de varios siglos- En fin, le he hablado de ti, Ludwig -Alemania le miró sorprendido-. O sea, si no recuerdo mal, te gusta hacer tartas, ¿no?
- ¡¿Cómo sabes éso?! -se tapó la boca al instante. Eso era secreto, ni el propio Italia era consciente de que las tartas que tomaban en Berlín eran de él...
Polonia también parecía sorprendido.
- … Acerté -dijo solamente. Dirigió una burlona mirada a Lituania-. Cómo le conozco, ¿eh...?
- Ve~ ¡Tartas! ¡Ludwig tendrá que enseñarme una de sus tartas~!
- Nunca. Digo, otro día -se corrigió rápidamente. Vaya chasco, delatado por pura casualidad. Como se lo dijera a Romano, lo pasaría mal...-. Pero, Feliciano, recuerda que es un secreto, y los secretos no se dicen por ahí...
- Sì! ¡Lo sé!
- Especialmente no se cuentan a hermanos gemelos del sur, ¿entendido?
- … ¡Entendido, señor!
Alemania asintió, conforme.
- O sea, no te preocupes, el secreto está totalmente a salvo con nosotros -dijo Polonia con una cara de "será noticia en la próxima reunión mundial"- Ahora, por favor, dejadme terminar. O sea, no interrumpáis.
Alemania asintió. Cuanto antes se olvidaran del tema, mejor.
- Mira, me gustaría que le ayudases en su pastelería, ¿podrías? Es que le he contado que vienes de Berlín y el dice que le gustaría ver la bollería de allí, ¡y justo tú eres un totalmente súper fan secreto de los pasteles! ¿No es, como, impresionante? -exclamó, pegando saltitos de emoción. Edek asintió, acorde con el polaco.
Alemania lo pensó un momento. La verdad es que todo iba bastante bien, las intenciones de Polonia no parecían muy duras. Solo quería que hiciera bollos, ¿no? Pues los haría y punto. Cuanto antes terminase mejor. Además, no quería admitirlo, pero... la idea de trabajar en una bollería... sonaba tan bien... "No, piensa coherentemente, quieres hacer una amistad, no solo pasteles" Se dijo, parpadeando un par de veces.
- Esta bien, trabajaré en su pastelería -asintió, procurando parecer tan serio como siempre.
- ¡Per-fec-to! -el polaco dio un par de palmadas- Pues ir ya mismo, que el señor Czajkowski tiene que abrir. Pero antes que nada... Toris...
El lituano le dirigió a Polonia una mirada cansada mientras sacaba un rotulador que tenía aspecto de permanente en el bolsillo. Se lo dio al rubio, que lo abrió y esbozó una traviesa sonrisa.
- Ludwig... agáchate un momento.
El alemán no reaccionó. No se fiaba de nadie que tuviera un rotulador y esa cara. Sobretodo si lo sujetaba ese rubio. Polonia dio una patada al suelo e hinchó los mofletes.
- Se supone que harías todo lo que diga. ¡Así que agáchate!
A regañadientes, se agachó. Se esperaba algún bigote, o los labios pintados, pero el soviético pintarrajeó directamente en su frente. Cuando terminó, Polonia se apartó, comentando el artista que estaba hecho. Lituania se llevó una mano a la cara, y al girarse a Italia, descubrió que tenía una completa cara de sorpresa.
- Quiero un espejo.
El polaco le señaló a su izquierda, y descubrió allí uno pequeñito. Se miró.
Y aunque no quería, se enfadó. Y mucho.
Le había pintado una Estrella de David en toda la frente. ¿Pero que se creía? Le enojaba, y lo demostró mirándole fijamente, con el ceño bien fruncido. Se habría enfadado igual si le hubieran pintado una esvástica, y lo mismo si le hubiera dibujado una cruz cristiana. Simplemente porque no seguía nada de eso.
Admitía unos bigotes, o pestañas. Pero es que sencillamente no era judío.
- No pongas esa cara, que me ha salido bien. Como que Toris fue mi mesa de pruebas y lo pasó mucho peor.
Lituania asintió. Unos veinte intentos hasta que le salió bien: le había dejado como el firmamento.
Alemania dejó el espejo en su sitio, molesto, pero intentó parecer calmado; Polonia quería sacarle de quicio, era obvio. Y pensaba que dibujándole éso en la frente lo conseguiría, pero estaba muy equivocado. Seguramente pasaría toda la semana haciendo bollos, y no dejaría que se borrase la estrellita. Pues pasaría los siete días con dignidad.
- O sea, ¿estás listo, mentalizado? -se le acercó el polaco, con una sonrisa que ocultaba algo- Pues solo te digo una cosita más: imagina que estamos por el... como... -se giró a Lituania- ¿Como que a qué año estamos?
- Cincuenta y siete, Feliks, cincuenta y siete -suspiró el castaño.
- ¿Todavía? O sea,ya sé que estamos a marzo, pero, podría, tal vez, acelerarse el tiempo y ese tipo de cosas, Toris... ¿Me construyes una wehikuł czasu*?
- ¿Algún día... ?
- ¡Gracias, guapo! En fin, que imagina que estamos por 1942, ¿va?
Alemania levantó una ceja, ¿qué tenía de especial esa fecha? Por entonces estaban en plena guerra mundial, pero destacar ese año... Nada en especial que ocurriese en Cracovia.
Asintió, dando por hecho que sería otro estúpido intento de molestarle. Polonia sonrió, otra vez de forma misteriosa, y fue abajo con el resto a despedirse del alemán, que estaría en la pastelería con Edek.
- Ve~ ¿No puedo ir con él...?
- Como que no.
- ¿Por qué?
- Pues... -miró a Italia de arriba abajo- te voy a contar una cosita, ¿vale?
- Ve! ¿Un secreto?
- ¡Sí! Pero esto no lo puede saber Ludwig, aunque se enterará mañana... -lo último lo comentó para sí, con una mueca de fría felicidad. Italia no lo notó.
- ¡Cuéntame el secreto! ¡Quiero saber! ¡Quiero saber!
- O sea, perfecto. ¡Subamos arriba!
Los dos entraron dentro de la casa.
- Ya me imagino como acabará esto... -suspiró para sí Lituania antes de seguir a los otros dos.
-.-.-.-.-.-
Había sido un día bastante bueno. Si Polonia pensaba que lo había pasado mal, estaba equivocado. El señor Edek era un hombre muy tranquilo y curioso, y Alemania pasó como una hora enseñándole dulces típicos germanos. A cambio el aprendió algunas recetas polacas y le enseñó como funcionaba la pastelería. Había estado en el mostrador vendiendo, y no poca gente se había parado dos veces a mirarle la frente. Incluso atrajo clientela con la estrella esa pintada.
Había sido entretenido, sí. Y la verdad es que estaba emocionado por seguir al día siguiente... es decir, estaba emocionado porque quedaba un día menos para volver a Berlín. ¡No le importaba la bollería! ¡Él había venido a arreglar sus problemas!
- La mente clara, Alemania -se dijo a sí mismo, apretándose más en su abrigo. Llevaba hasta una enorme bufanda de lana, pero seguía haciendo frío. E incluso estaba empezando a nevar. Menos mal que se había llevado ropa de abrigo, porque se abría congelado.
Y Lituania y Polonia, ahora que recordaba, solo llevaban unos chaquetones. Como se notaba que venían de Moscú.
Llegó a la casa del polaco. Desde luego ese país tenía unas ideas extrañas, alquilando un piso a pocos metros de un cementerio. Claro, que el cementerio, por supuesto, era judío. Seguramente lo había preparado todo para intentar molestarle.
En fin, ya vería que otras tonterías tenía el rubio en mente.
- ¡O sea, llegó el estrellado! -Polonia se había asomado por una ventana al oír que llamaban.
La puerta se abrió de golpe e Italia saltó encima de él, dándole un abrazo y llorando a mares. Tenía una cara de asustado impresionante, y Alemania no pudo evitar preocuparse.
- ¿Qué pasa...?
- Ve! Ve! Veeeeeeeee!
- Yo lo llamo como "complejo de oveja" -opinó el polaco, mirando desde la ventana.
Alemania se levantó a duras penas, con Italia agarrado a las piernas como Elias solía hacer. Pero la unión medía 118 centímetros, y Veneciano 172, así que le llevaba a rastras.
- ¿Qué le habéis hecho? -dijo, entrando y cerrando de un portazo.
Lituania se había acercado, pero la cara de enfado del alemán le hizo pegar un salto contra la pared.
- ¡Te juro que nada! -dijo, levantando las manos cual ladrón descubierto.
- ¿Entonces por qué esta llorando? -demandó, señalando al italiano.
- Ve... Alemania... se fuerte... -murmuró entonces Italia, aun lloriqueando.
El germano levantó una ceja sin entender, y Lituania igual, entendiendo. Entonces entró Polonia al pasillo y se fue a la cocina con Italia de la mano.
- O sea, ¡que se nos va a quemar totalmente la pasta! -exclamó, lo que consiguió apartar la atención de Italia de lo que sea que le hacía llorar y centrarse en la comida.
Alemania miró al lituano interrogante, pero este se encogió de hombros y se fue a la cocina también. Para cuando entró él en la sala, ya no pasaba nada. Decidió no preguntar, pero una extraña idea se le empezó a formar en la cabeza.
¿Quizá Polonia tenía algo más preparado?
-.-.-.-.-
Al día siguiente se levantó y estaba solo. Sólo salir de la cama se puso un abrigo y miró por la ventana. Vio que el trío con el que vivía se iba de paseo en Poni. Y él, mientras, a hacer bollos. ¿A lo mejor lo de la pastelería era para dejarle fuera de las excursiones? Era tal tontería que incluso podría ser verdad.
Sin nada más que ver a parte de nieve por la ventana, se fue a vestir. Se miró al espejo. La estrella seguía allí. Ese rotulador debía de ser muy bueno. Sin más meditación se puso un abrigo y se fue a la pastelería.
Tenía ganas de ver al señor Edek y seguir con la las galletas de chocolate que dejó enfriándose el día anterior.
En la pastelería todo iba normal, el hombre le contaba alguna historia de vez en cuando, y reconoció a varias personas que fueron el día anterior a comprar. Ellos también le reconocieron (con una estrella en la frente, para no acordarse), y alguno le preguntaba que hacía con la cara pintada.
- Ya se le borrara -ponía a toda respuesta el señor Edek, riéndose para dentro.
Entonces Alemania entró en la cocina, dejando el mostrador al hombre, y se puso con sus queridos bollos. Ahora estaba haciendo paluszki, esa cosa que encandilaba a Polonia. ¿Cómo le sentaría que él supiera hacerlos? Se traería algunas cuando volviera: ya se imaginaba la cara del polaco.
Entonces un fuerte golpe en la zona de venta le sacó de sus pensamientos.
- ¡¿Señor Edek?! -se giró a toda velocidad, solo para descubrir a alguien con una ametralladora y una macabra sonrisa.
-.-.-.-.-.-.-
La situación le dejó atónito. Llevaba un traje nazi, de la SS, con todos los símbolos y en perfecto estado. Por las insignias, de un Oberstgruppenführer, un rango de lo más alto, aunque ya no existía. Pero lo más raro no era eso.
¿Al fin y al cabo, qué hacía Polonia con ese uniforme puesto?
- ¿Qué estás ha-
- Mund halten* -le cortó en un alemán casi perfecto.
Muy rara la actuación del soviético. Siempre había sido impredecible, pero Alemania ni siquiera había pensado verle con un traje que hasta él mismo quemaría.
Al polaco le debía gustar la cara de incredulidad que debía de estar poniendo, porque le dedicó una sonrisa burlona.
- ¿Qué creías? ¿Como qué todo iba a ser bollos y pasteles? -rió.
Entonces cambio a una actitud seria y le apuntó a la frente, apartándose y dejando ver la puerta. Se puso detrás suya y le apuntó a la espalda.
- Esto es totalmente fácil. Avanza y no te pares hasta que yo te diga.
Alemania suspiró. ¿A qué estaba jugando? ¿A los soldaditos? Se cruzó de brazos. No se iba a mover hasta que no le explicara que estaba pasando. Aunque no era difícil de averiguar.
Él, con una magnífica estrella de David en toda la cara, avisado de que "estaban" en 1942, con un pijo polaco disfrazado de Coronel General de la SS. Solo faltaba el campo de concentración, que tampoco es que estuviera muy lejos.
Fantástico.
- Sabes que no soy jud- -un disparó al suelo le hizo callar.
- Que silencio, Mund halten, zamknij się, ¿o sea cómo hay que decírtelo? -suspiró- ¿Te meto en situación o no hace falta? -cambió de tema.
- …
- O sea,¡ahora responde! ¡¿Es que hay que decírtelo todo?! -se quejó. La paciencia se le debía de estar acabando- ¿Necesitas que te explique algo o no?
- Ya me imagino lo que tienes preparado -murmuró, empezando a caminar fuera de la tienda. El señor Edek no estaba.
- ¡Perfecto! O sea, a mí se me da bastante mal explicar y éso...
- ¿Piensas tenerme encerrado toda la semana o algo por el estilo?
- Oh, no... Eso es, como, muy fácil.
- ¿Entonces?
- Ya te lo dije. Vas a probar tú propia medicina.
Alemania se giró sorprendido, descubriendo el significado de esa frase. Polonia le dedicó una traviesa sonrisa y le obligó a salir de la pastelería.
Tragó saliva. Eso no podía ser peor.
traducciones y aclariociones:
*Sí
*Kazimierz es una zona bastante antigua de Cracovia, donde vivían los judíos sin inconvenientes. Pero en la WWII los alemanes se llevaron a casi toda la población al gueto de Cracovia, donde les eliminaron. Kazimierz fue durante toda la era comunista un sitio de mala reputación, de vagabundos y atracadores, hasta que tras La URSS cobró fama y se instalaron estudiante y artistas allí. Ahora es uno de los sitios más turísticos de Cracovia.
*no
*Czajkowski en polaco se pronuncia como Chaikovski, el famoso músico xD
*Máquina del tiempo.
*Cierra el pico.
Respuestas a reviews:
una cosa: primera noticia que tengo de que aparece en Hetalia, ¿de verdad que no era otro personaje? Porque el que fundó la CECA también era mayor, y ha habido muchos "padres de Europa" durante la historia. Igualmente, qué quieres que te diga, estas cosas no se dicen en el capítulo 29, además de que me da igual, para mí mi historia sigue teniendo sentido y Elias es una representación fantástica, porque no creo que una unión tan joven pueda de repente ser tan vieja. Además, ¿no has pensado que Elias perfectamente podía ser la UE que viste en la serie pero de joven, porque voy por su sexto año de vida? Yo solo lo dejo caer, ciaooooo~
Uuuuuh, esto va a ser interesante, ¿no creéis? ¿Dónde le llevará Polonia? Ya sabéis que Cracovia está muy cerca de Auschwitz, el campo de concentración más famoso de todos, principalmente por quedar construido. Se ve que a los alemanes no les dio tiempo de derrumbarlo, como sí hicieron con casi todos.
Por cierto, todos o casi todos los lugares que describo en esta historia están estudiados y podéis buscarlos en google maps; aquí me curro tanto el lugar como la época ^^
¡En fin, espero que estéis deseando el siguiente tanto como yo! ¡Y los reviews no muerden, yo solo aviso!
~SomeSimpleStories
