Nueva York – 2028

Sábado

-¿Dónde demonios está mi vestido?

Eran las diez de la mañana de aquel sábado 19 de Agosto y la ceremonia se realizaría en el jardín de la mansión Fabray a las 2 de la tarde. Rachel ya estaba corriendo con las modistas, con los maquilladores y estilitas para estar perfecta a la hora de la ceremonia.

-¡No pueden hacer nada bien! – Exclamó furiosa. Desde la noche anterior había entrado en modo DIVA, mandando a dormir a Quinn en una de las habitaciones de la casa de Beth, pues en la mansión principal, todos los cuartos, incluidos los de los empleados – que se encontraban vacios – estaban ocupados con familiares y amigos de la morena.

Al contrario de Rachel, Quinn estaba tranquila. Había convencido a Trece de comprar un traje blanco con falda y corbata y no un vestido de novia en el que sabía, se sentiría incomoda. Aún no había comenzado a arreglarse para la ceremonia, como lo hacía su prometida, ella estaba en la piscina jugando con sus hijos; Isabella le había obsequiado un pequeño flotador a Spencer, flotador que en ese momento estaban estrenando en la piscina, ante la mirada atónita de algunos familiares de la morena y de Hiram Berry, que no podían comprender como la chica estaba tan tranquila jugando en el agua el día de su boda.

-Quinn – Trece entró con una bata rosada ganándose la mirada de los tres Fabray y de Hiram que fueron los que la escucharon – te necesitan en la puerta

-Cuida de Spencer – le pidió a Beth antes de salir de la piscina – buen día señor Hiram – saludó al padre de su novia mientras se secaba con una toalla - ¿Preparado para el día de hoy? – preguntó enrollándose la toalla en la cabeza y anudando otra en su cintura

-¿No debería yo preguntarte eso? – preguntó confundido

-Pues nerviosa no estoy – se colocó una vieja camiseta que estaba botada en el suelo – si me disculpa, me necesitan en la puerta – mencionó luego de que Trece volviera a llamarla - ¿Quién es? – preguntó una vez estuvo dentro de la casa

-Ya lo verás – caminó junto a ella hasta la puerta – me quedo por precaución – murmuró cuando Quinn abrió la puerta, tambaleándose ligeramente hacia atrás, cuando contra su rostro impactó un puño con bastante fuerza

-¡Mierda! – Exclamó sosteniéndose la nariz, la cual sangraba bastante - ¿¡Qué demonios te pasa St. James!?

-¡Es tu culpa! – Comenzó a gritar atrayendo la atención de quienes en ese momento bajaban por las escaleras - ¡Tu le dijiste a los medios que soy Gay! – los murmullos alrededor de ellos, comenzaron a aumentar, coloreando las orejas del chico, que no se había percatado de la presencia de la que una vez, fue su familia.

-¡No tengo ni puta idea de lo que hablas! – Replicó sentándose, esperando por Trece que se había ido en busca del botiquín para frenar el sangrado

-¡No mientas Fabray! – le lanzó su teléfono, teléfono que a duras penas, Quinn cogió en el aire - ¡Lee!

"…La teoría de que Jesse St. James es el padre del recién nacido de la estrella de Broadway Rachel Berry, se ha caído, luego de que unos fanáticos escucharán a Lynx Pentreath comentarle a una de sus amigas, que el actor es gay ¿Habría sido esté el motivo del divorcio entre Berry y St. James hace un par de años? ¿Por eso Rachel Berry se refugió en los brazos de la chica mala del Heavy Metal?..."

-¡Vez! – Exclamó pasándose las manos por el cabello - ¡Estoy arruinado! ¡Y todo por tu maldita culpa!

-Cuando yo le dije a Trece eso que dice aquí – le lanzó el teléfono – fue hace poco más de un mes, si hasta ahora esto sale en los medios no es culpa mía, además yo no tengo porque estar protegiendo tu carrera

-Admites que se los dijiste – expresó algo más calmado

-Sí, se lo dije cuando estábamos buscando mi vestido de novia ¿Verdad? – Miró a Trece quien iba entrado y solo asintió – viste, no es mi culpa que tus fans te hayan visto con Jasón en una actitud cariñosa – expresó dejándose limpiar la herida de la nariz.

-No sé que voy hacer

-Ser hombre. Ten pelotas St. James y dile al mundo que te gustan los hombres y listó. Debes entender algo – se levantó de la silla en la que se había sentado con un algodón entre la nariz – una cosa es tu vida priva, con quien te acuestas, con quien sales y otra muy diferentes es tu vida profesional ¡Así que a mí no me culpes de tu falta de pelotas! – Exclamó – Ahora haz el favor de marcharte de mi casa, que aquí no eres bienvenido.

Dicho eso Quinn subió las escaleras, esquivando a los curiosos que presenciaron la discusión entre el ex y la actual pareja de Rachel Berry. Aunque la rubia por un momento pensó en entrar a su cuarto, sabía que la morena la echaría de allí antes de que pudiese decir media palabra, así que opto por esconderse en su cuarto de música y esperar que toda esa locura acabase.

A la una y cuarto de la tarde, Isabella buscaba desesperadamente a Quinn, quien llevaba rato desaparecida. Solo faltaba ella por alistarse y debía hacerlo en la casa de donde convivían Beth y Phoebe. Ya todos los invitados estaban listos, Beth vestía un vestido negro y su novia uno azul, el pequeño Spencer tenía un trajecito hecho a la medida por Kurt, solo faltaba la otra novia, que se encontraba durmiendo en uno de los sillones.

-¿¡Dónde carajos está tu madre!? – le preguntó Isabella a Beth cuando se la encontró en el Lobby – solo falta ella por arreglarse y faltan 45 minutos para que inicié la ceremonia

-La última vez que la vi fue cuando Trece fue por ella a la piscina

-¿A qué horas fue eso?

-Como a las 10

-¡Mierda! – se pasó la mano por la cara tratando de no dañar su maquillaje – si la encuentras me avisas – la adolescente asintió rápidamente – iré a buscarla arriba

-¡Suerte!

Isabella iba preguntando entre invitado e invitado, si alguno había visto a la cantante, pero entre más pasaban los minutos, más gente comenzaba a llegar y Quinn aún no aparecía.

Faltaban quince minutos para que iniciara la ceremonia y la rubia continuaba durmiendo cómodamente en su estudio, en ningún momento a Isabella, Beth o Trece se les ocurrió que podría estar allí y pronto tendrían otro problema, Rachel comenzaría a preguntar por su novia ¿Cómo le dirían que no sabían en donde estaba?

Leroy Berry, hombre curioso por naturaleza, llevaba rato recorriendo la mansión, era la primera vez que podía caminar por esa casa, sin estar con su hija o esposo, así que aprovechaba para saciar su curiosidad, del lugar en el que vivía su única hija. Sabía que pronto tendría que bajar para la marcha nupcial, pero antes, vería la última habitación de la tercera planta. Al abrir la puerta, se llevó una no tan grata sorpresa, su nuera, la prometida de su hija, dormía plácidamente sobre un cómodo sofá, a menos de diez minutos de casarse, pensaba dejarla allí descansando los últimos minutos, pero pronto se percató que la chica, tenía una toalla anudada a su cintura, vestía más como si fuera para la piscina y no para su boda.

-Quinn – lentamente la zarandeaba para despertarla, el reloj en ese momento estaba en contra de la rubia – Quinn… ¡Quinn! – Gritó logrando que la rubia brincará de la silla

-¡Señor Leroy! Me ha asustado – Exclamó sentada en el suelo - ¿Qué sucede?

-¿Qué sucede? – Repitió el hombre con gracia – Sucede que ¡En menos de diez minutos te casas! – al decir eso, la rubia abrió los ojos y pronto estuvo de pie

-¡No puede ser! – sin decir nada más salió del cuarto corriendo escaleras abajo, chocándose con Isabella que ya estaba cansada de buscarla

-¡Hasta que al fin te encuentro! – Exclamó alegre - ¿Por qué estás vestida así? – preguntó al verla

-No tengo tiempo – fue lo único que le dijo antes de seguir su camino hacia la casa de invitados. Allí estaban Trece con Beth ideando un plan para distraer a la morena, en caso de que se percatará de que la otra novia no se encontraba presente.

-¡Al fin! ¿Pero que te paso? – La voz de una de las maquilladoras, las hizo girar hacia la puerta – ¡No importa! Debes ducharte en menos de dos minutos – la maquilladora le señaló el reloj a Quinn, quien solo asintió corriendo escaleras arriba rumbo al baño.

-¿Dónde estaba? – preguntó Beth cuando vio entrar a Isabella

-No tengo idea – se dejó caer abatida en el sofá más cercano – pero lo importante es que apareció

-Alcance a pensar que se había arrepentido de casarse – bromeó Trece ganándose un golpe de parte de Beth - ¡Es broma! – levantó las manos en señal de rendición. Beth negó levantándose del sofá y subiendo hacia la habitación en donde estaba su madre.

-¿Dónde estabas? – le preguntó apenas salió de la ducha. La maquilladora, el estilista y otra chica entraron tras de Beth, con el retó de tener a Quinn lista en menos de siete minutos.

-Me quede dormida en el cuarto de música – contestó sentándose en una silla para que el estilista le arreglará el cabello, lo cual no era muy difícil pues la cantante tenía el cabello corto

-Claro… porque no lo pensé antes – murmuró para sí misma - ¿Y te despertaste a último minuto?

-No – contestó dejándose maquillar – El señor Leroy, me despertó de un gritó – dijo tratando de mover mucho los músculos de la cara

-Phoebe acaba de mandarme un mensaje – comentó luego de que su teléfono sonará – Rachel dijo que bajaría a las dos y diez, así que eso nos da un rango más de tiempo

-¡Listo! – Exclamó la maquilladora - ¡Has quedado perfecta! – había logrado cubrir el moretón en la nariz de la cantante, aunque aun estaba algo inflamada.

A las 2 con siete minutos, Quinn se paraba en el arco instalado cerca de la choza, detrás suyo estaba el padre que formalizaría su unión con Rachel. A su derecha, estaban sus damas de honor, Beth, Isabella y Phoebe y a su izquierda su madrina de matrimonio Trece. Frente a ella, sentados en la primera banca, estaban Leroy Berry con su madre Judy, que sostenía en sus brazos a un dormido Spencer. Al desviar la mirada, la rubia pudo observar a Santana y a Britt, con la pequeña Nala y tras ellas, algunos miembros del extinto club Glee

-Vino mucha gente – le murmuró Beth al oído – incluida mi profesora – Señaló disimuladamente a Kitty Wilde, que iba acompañada de Marly Rose, la secretaria del director de su escuela.

-Hay para todos los gustos – le guiño el ojo, mirando hacia sus compañeros de carrera, Bruce Dickinson, Marilyn Manson, Ozzy Osbourne y su familia, eran algunos de los que la acompañaban, por parte de la morena la más destacada sin duda era Barbra Streisand.

La marcha nupcial dio inició y todos se giraron mirando hacia el comienzo de aquella alfombra roja, que la morena había hecho instalar, allí la chica se encontraba del brazo de su padre Hiram, con una sonrisa en los labios, por inercia Quinn acomodó su corbata y se paro correctamente, sacando sus manos de los bolsillos. Había llegado el momento.

La cantante, podía sentir como bajaban las lagrimas por sus ojos, al ver a la morena vestida de blanco y aunque le fastidiaba la vista, no hizo ningún movimiento para quitarlas. A pesar de todos los rumores, de todo lo que había vivido, ella era un ser humano que merecía ser feliz y en absoluto le importaba que los demás la vieran llorar. Sentimiento parecido vivía Rachel, mientras caminaba del brazo de su padre. Años atrás había hecho esa misa rutina, solo que quien la esperaba en el altar no era Quinn, sino Jesse St. James y muchos años antes, estuvo a punto de hacerla pero con Finn Hudson. Solo que esta vez a diferencia de esas ocasiones, se sentía completa, sentía que su alma se encontraba en armonía con sus sentimientos, casi podría decir, que sentía a su corazón salir de su pecho y correr al encuentro con el corazón de su novia, de su prometida, de su futura esposa.

-Te la encargó – escuchó decir a su padre una vez estuvieron junto a Quinn – es mi tesoro más preciado

-No se preocupe señor Hiram – contestó la cantante – para usted es su tesoro, para mí, el mundo entero.

-Estás hermosa – murmuró la morena, luego de que el hombre se sentará al lado de su esposo

-Yo estoy hermosa – contestó sacándole una sonrisa a su novia – pero tu… - suspiró mordiéndose el labio – pareces una diosa.

La ceremonia inicio con una predicación del padre, explicando la importancia del matrimonio y la obligación que esto acareaba para la vida de las futuras esposas.

-Rachel Barbra Berry – comenzó a decir Quinn, los votos que había preparado para su novia – nos conocimos hace 20 años, cuando estábamos en el instituto. Soportaste todas mis burlas y ataques sin sentido contra ti, siempre ayudándome a ser mejor persona y a no cometer terribles equivocaciones – dijo recordando la vez que la chica evitó que acabará con la carrera de Shelby – y hoy aquí, frente a nuestros amigos, conocidos, frente a nuestra familia e hijos, te pido que me aceptes como tu esposa, para amarte y respetarte hasta mi último aliento, porque sé que es contigo con quien quiero pasar el resto de mi vida, con quien quiero caminar cuando la vejes nos alcance, mirando a nuestros nietos y biznietos jugar y decir "Lo hicimos bien", créeme que no tengo palabras, no encuentro las palabras para decirte cuanto Te Amo, cuanto Te Adoro, creó que la simple palabra "Te Amo" no enfrasca ni la mitad de mis sentimientos hacia ti.

-Quinn – la morena tenía el rostro bañado en lágrimas y no solo ella, sino varios invitados. Personas que conocían a Quinn como Lynx y sabían que era casi imposible que esa mujer dura, de la que los medios decían que hacia pactos con el diablo, se enamorara de una sola mujer y la prueba la tenía frente a ellos, la chica mala del Heavy Metal, finalmente había encontrado su camino hacia la felicidad – como dices, nos conocimos hace 20 años, si en este momento pudiera viajar en el tiempo y buscarnos en esa época, no modificaría nada de lo que ha pasado, pues eso no hizo ser quienes somos. Tuvimos altas y bajas en nuestra relación – recordó la época del psiquiátrico y su fallido matrimonio con Jesse – pero juntas logramos superarlas y hoy aquí con todas estas personas presentes, quiero que sepas que has sido lo mejor que me ha pasado en la vida, gracias a ti tengo dos hermosos hijos, un bebé de dos meses y una hija de dieciocho años – miró a Beth quien solo asintió – ustedes tres, son todo para y ahora sé que, lo que sentía por ti en el instituto no era solo admiración y respeto, era también amor. Te Amo Lucy Quinn Fabray, Te Amo Lynx Pentreath, Te amo de todas las formas habidas y por haber.

-Después de estos votos, queda más que claro sus intenciones pero igualmente debo preguntar, las argollas – pidió el padre y Beth pronto se acercó con un pequeño cofre con los dos anillos – Lucy Quinn Fabray ¿Aceptarías a Rachel Barbra Berry, como tu esposa, para amarla y respetarla hasta el final de tus días?

-Acepto – Rachel deslizo el anillo por el dedo anular de la rubia

-Rachel Barbra Berry ¿Aceptarías a Lucy Quinn Fabray, como tu esposa, para amarla y respetarla hasta el final de tus días?

-Acepto – la rubia sonrió al repetir la acción de su chica

-Si hay alguien que se opone a esta unión, que hable ahora o callé para siempre – miró unos segundos a los invitados – lo que Dios está uniendo, que no sea separado por el hombre. Las declaro esposa y esposa – miró a Quinn – puede besar a la novia

-Con gustó lo haré – murmuró antes de capturar los labios de su – ahora – esposa en su hambriento beso, lleno de aplausos por parte de los invitados

El reloj marcaba las cuatro de la tarde cuando la ceremonia finalizaba. Quinn con su mano entrelazada a la de su esposa y portando su nuevo anillo de casada, entraba a la mansión seguida por los invitados.

-¡Qué comience la fiesta! – Exclamó Trece. Las recién casadas subían hacia su suite para ponerse ropa más cómoda, dejando a Trece a cargo de toda la situación.

-Ese traje, me hace acordar de cuando estábamos en el instituto – murmuró la morena cuando entraron a la suite. Sobre la cama, estaba un vestido largo y negro que usaría hasta que finalizará la velada, del lado de Quinn, había un pantalón negro con una camisa blanca.

-No me apetecía usar un vestido como el tuyo – contestó Quinn abrazando a su novia por la cintura – quería que fueras el centro de atención, que todas las chicas presentes se sintieran celosas de lo hermosa que te vez con esté vestido – susurró besando el hombro de su novia – pero será mejor que nos cambiemos, sino ahora mismo te haría el amor.

-Eso no suena mal – Replicó girándose y quedando frente a frente con su chica – no quiero saber que te paso en la nariz

-Realmente no quieres saber – asintió empezando a besarla con pasión

A las cinco y media, las recién casadas, regresaban a la fiesta, bañadas y cambiadas. Para muchos era lógico lo que habían estado haciendo, pero nadie dijo nada y se dedicaron a disfrutar la fiesta de la nueva pareja de poder en la industria.

-Te Amo – susurró Rachel cuando les tocó bailar por primera vez como esposa y esposa

-También Te Amo – la beso suavemente sin dejar de bailar – en verdad, eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

A las cinco de la mañana partió el avión privado de Quinn, con destino desconocido, pero con un rumbo muy claro, celebrar su luna de miel al lado de la mujer de sus sueños, de la mujer de su vida, de la chica por la cual sería capaz de dar la vida