Los personajes NO me pertenecen estos fueron creados por la maravillosa imaginación de Stephenie Meyer sólo me adjudico la historia que salió de MI cabeza loca.
(Sólo los niños y uno que otro personaje secundario son míos)
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Capítulo 29
Señor y Señora Cullen
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Bella POV
El sonido del horno en el que se cocinaba la cena me hizo dar un brinco mientras sazonaba la pasta, apresuré mis movimientos y cerré la perilla del gas. Me encontraba en la cocina de la nueva casa y a pesar de tener sólo algunos días en ella, lograba desenvolverme con una naturalidad que se conseguía con el tiempo. Los estilos minimalistas y modernos la cubrían como en la mayoría de las habitaciones, los topes de granito oscuro combinaban a la perfección con estantes de caoba y la superficie cromada de los aparatos electrónicos. Mis ojos se toparon con mi reflejo en el refrigerador y me aproximé a él.
Estaba cortando algunos vegetales cuando un nuevo sonido me detuvo de lo que hacía. Fruncí el entrecejo antes de aproximarme al resonante teléfono, la casa estaba sumida en un silencio poco habitual. Esperaba que los niños estuvieran haciendo sus deberes y no molestaran a Edward, que estaba enfocado en acabar su trabajo antes de la luna de miel. El destino de la misma como era de esperar, era un misterio para mí.
Contesté el teléfono y sonreí al reconocer su acelerado parloteo.
— ¿Mamá, podrías explicarme con más lentitud lo que dijiste? — un bufido sonó al otro lado del auricular y también reconocí la voz de mi padre, alejándose.
Mis padres llevaban en Seattle una semana, mamá había insistido en que quería colaborar personalmente en los últimos detalles, los cuales para mi fortuna, estaban cubiertos casi en su totalidad, solamente un día me separaba de ser la Señora Cullen.
— Cariño — dijo lentamente — tengo dos noticias, la primera y más importante: el lugar de recepción accedió al reajuste sobre la decoración. — Me estremecí de sólo pensar cuanto había costado ese pequeño cambio, para mí, el follaje de los arreglos de mesa era perfecto con sólo ser verde, claro, mi cuñada no pensaba lo mismo — Alice es muy convincente, me hubiera gustado que la observaras, tan pequeña y aterradora — Renée rió y yo ahogué un pequeño gemido.
— Me alegro de eso mamá — dije sinceramente, no queriendo ni imaginar que hubiera ocurrido si Alice no obtenía lo que deseaba —. ¿Cuál es la segunda noticia?
— Bueno — la entonación de su voz titubeó — hemos pasado a casa de Danny, ya sabes como es tu padre y desde hace días quería la caña de pescar que tiene aquí. — Eso era cierto, mi padre se había convertido en la distracción masculina para los niños desde que habían llegado, dándole a Edward un respiro de esa responsabilidad para enfocarse en su trabajo. Charlie era el más feliz al asumir esa tarea y más al descubrir que Edward había adquirido una lancha.
Un silencio reino por segundos la charla, eso no era muy normal en mi hiperactiva madre —. ¿Hay algo más aparte de eso, mamá?
— Estoy muy feliz por tu boda hija — hubo un extraño ruido, después prosiguió —: Estoy segura que a tu hermano y a Molly les hubiera encantado acompañarte. — Después de eso comprendí que ella estaba sollozando.
— Lo sé, mamá, pero desde ese lugar en el que estén asistirán.
— Tienes razón, y perdona por mortificarte con mis cosas, se supone que debo mostrar felicidad — estaba cien por ciento segura de que mamá estaba en la habitación de mis hermanos, recordando —. Debo controlar el llanto antes de que Charlie regrese — una genuina risa salió de sus labios y yo la acompañé. — ¿Los niños te están dando algún problema?, ¿nos necesitas allá?
— No, ellos están en su habitación. — Mentí sabiendo que mi madre necesitaba un poco de espacio y guardé para mí la sospecha sobre alguna travesura —. Tómense el tiempo que necesiten — agradeció con la voz baja y antes de terminar la llamada añadí: — mantendré la cena caliente para cuando lleguen.
Después de terminar con los últimos ajustes salí de la cocina para llamar a mis chicos a cenar. No había terminado de recorrer el pasillo hacia las escaleras, cuando un ruido en la sala de estar atrajo mi atención, alarmándome. Repasé rápidamente con la mirada a mi alrededor y tomé, con manos temblorosas, una sombrilla. Me pegué a la pared y antes de gritar pidiendo ayuda, mi cuello se estiró, observando dentro de la habitación.
Lo que vi me hizo respirar con tranquilidad y aflojar el agarre de mi arma, Anthony estaba cruzando la puerta francesa que daba hacia el patio, llevando algo en una de sus manos. Seguí sus pasos viendo como caminaba hacia la costa, rumbo al muelle. Estuve tentada en simplemente llamarlo pero lo que llevaba en sus manos me hizo desistir de esa opción, así que dejando la sombrilla a un lado de la puerta, salí al exterior.
El característico clima de una tarde de verano en Seattle me recibió, corría una brisa pegajosa y el cielo era cubierto con una mínima cantidad de nubes que coloreaban el próximo ocaso. Mientras caminaba y enfocaba mi atención más allá de los pasos de Anthony, divisé la figura de Lex.
El niño estaba arrodillado a la mitad del muelle, dándome la espalda y con su atención al frente. Apresuré mis pasos cuando Anthony llegó al inicio de las tablas de madera. Y antes de que yo llegara al mismo destino, vislumbre su motín.
No era nada más que un botiquín de primeros auxilios que Edward había colocado dentro de un cajón, los recuerdos de ese día llegaron rápidamente a mi mente, lo había catalogado como un paranoico debido a su idea de colocar uno en cada una de las habitaciones que tuvieran acceso al patio trasero, asegurando que con niños en casa las precauciones nunca era suficiente.
Inmediatamente la idea de que Lex se encontrara herido llenó cada una de mis preocupaciones. ¿Por qué Anthony no nos había llamado a su padre o a mí? Corrí el último tramo que nos separaba, causando que las maderas sonaran bajo mis pies y atrayendo con ello la mirada de ambos niños. Analicé el rostro de Lex, tratando de percatarme de un signo de dolor pero este sentimiento desapareció y mi velocidad disminuyó cuando mi sonrisa favorita iluminó su rostro.
— ¡Hola ma! — su cabello rubio, un poco más largo de lo normal se alborotó con la brisa.
— ¿Qué están haciendo aquí afuera? — a pesar de que mi tranquilidad regresó al verlo bien no pude dejar de imaginar que estando en este lugar pudieran caer al agua y ahogarse —. Habíamos acordado que no se acercarían a este sitio sin la supervisión de un adulto — no me gustaba regañarlos pero tenía que adoptar una actitud más fuerte, coloqué mis brazos bajo mi pecho y con los ojos entrecerrados pase mi mirada de unos familiares ojos chocolate a otros penetrantes azules.
— Lo sentimos mamá, pero estábamos aburridos — salió Anthony a la defensa de los dos.
— Esa no es la mejor excusa — ambos asintieron ante mis palabras y antes de que desviaran su atención recordé algo —. Supongo que la razón por la cual estaban aburridos fue que acabaron con sus deberes.
— Desde hace mucho — la mirada de Lex, conforme con su respuesta se encontró nuevamente con la mía — pero Edward estaba trabajando y tú haciendo la comida, así que no te molestamos para que la revisaras.
Estaba a punto de hacerlos entrar a la casa cuando un graznido desvió mis pensamientos.
— ¡Se escapa! — Anthony dejó la gasa médica que sostenía en la mano, de la cual yo no había reparado para correr tras una lenta ave, Lex no se quedó atrás e hizo lo mismo que el pelicobrizo.
Seguí los movimientos que realizaban y antes de que el pequeño animal cayera del muelle ambos niños lo atraparon. Caminaron susurrando en voz baja, centrando toda su atención en lo que ahora sostenían las manos de Lex.
— ¿Qué es lo que han estado haciendo? — pregunté.
— No te enojes — empezó a explicar Lex — estábamos jugando en la casa de árbol cuando escuchamos un ruido, venía del muelle y sabíamos que te ibas a enfadar si estábamos en él, pero cuando llegamos a la orilla y vimos que otras palomas la atacaban corrimos a rescatarla, mírala está herida — me mostró la nuca de la blanca ave cubierta con manchas de sangre —. Anthony dijo que Edward tenía un botiquín en la lancha pero no quisimos subir a ella. También descubrimos que tiene una ala lastimada ya que no podía volar. Yo me quedé cuidándola y Tony fue a buscar algo para curarla. No seas mala mamá, está herida y necesita nuestra ayuda.
Me dejé convencer por el repentino cariño que habían desarrollado por el animal, sabía perfectamente que ambos querían una mascota y debido a mi nula aceptación por un perro dejé que la conservaran hasta que se recuperará. Finalmente, cuando habían limpiado con antiséptico el blanco plumaje del animal los dejé ir hacia la lavandería que era el lugar donde la conservarían hasta que mi padre le consiguiera una jaula. Al menos iban a tener una distracción más durante nuestra ausencia.
Al entrar en la casa todo permanecía en silencio y rápidamente crucé las habitaciones hacia el extremo contrario. Abrí la puerta sigilosamente, observando la conocida pila de libros ordenadamente desparramados sobre su escritorio, la silla estaba vacía por lo que escaneé la habitación. Mis ojos se posaron en el sofá que estaba junto a la ventana, precisamente en Edward. Su nuca descansaba contra la superficie del mueble mientras mantenía su atención hacia abajo. Tomé una gran bocanada de aire, deleitándome con su exquisito aroma que impregnaba con mayor concentración en esta habitación.
Caminé hacia su dirección tratando de ser cuidadosa para que no me notara, me incliné hacia el frente, odiando que el sofá se interpusiera en nuestro contacto y cuando mis manos se deslizaron por sus hombros, bajando por su pecho, obtuve la reacción que quería.
— Bella — dijo con satisfacción y dejó a un lado el gran tomo que retenía en las manos.
Mis labios no soportaron la tentación de su cálida piel y pronto estuvieron sobre su cuello, sintiendo como se aceleraban sus latidos.
— ¿Aún con mucho trabajo? — murmuré contra su piel.
— Sólo lo último, cariño — gruñó cuando mi mano pretendía bajar por su abdomen —. ¿Pretende jugar con fuego futura Señora Cullen? — llevó mi mano hacia sus labios mientras su mirada me traspasaba y sin apartarla mordió mi dedo índice. Sonrió con arrogancia cuando un involuntario gemido salió de mis labios —. Ven aquí preciosa, dame un poco de calma — con su mano sobre la mía me hizo rodear el sofá.
Seguí las órdenes de sus manos y estando sentada en su regazo pregunté —: ¿Te estás arrepintiendo, por eso quieres calma? — bromeé como lo llevábamos haciendo desde hace días.
— Jamás he estado tan seguro de algo como lo estoy en este momento — ambos sonreímos con satisfacción por su respuesta y reposé mi cabeza en su hombro, disfrutando de su cercanía.
— ¿Está todo listo para que mañana por la noche seas completamente mío? — le dije después de unos silenciosos segundos mientras jugaba con los botones de su camisa.
— Siempre he sido completamente tuyo.
Levanté la mirada y enfrenté la suya — Sabes de lo que habló, Edward.
— Sé de lo que hablas — suavizó mi ceño fruncido — Y sí, todo esta preparado para que mañana nada nos separe, sólo unos ajustes a todo esta avalancha de papeles y podrás sacar los grilletes para hacerme tu prisionero — su sonrisa torcida se instaló en sus labios, haciendo que una sensación electrizante recorriera mi columna —. Y también podríamos hacer un uso útil a las esposas que te regaló Rosalie.
Mi respiración se aceleró sólo con pensar en lo que me había regalado Rose por la despedida de soltera. Habíamos acordado que nada de regalos, y pude convencer a Alice para que no realizara algo muy complicado, por lo que el fin de semana pasado lo habíamos pasado tomando masajes y consintiéndonos. Antes de marcharnos y ante la mirada del personal del spa y las chicas, Rose había encontrado muy conveniente darme mi peculiar regalo, debo decir que los colores en mi rostro habían cambiado tan rápidamente al sacar cada uno de los artículos.
— ¿Quieres saber a dónde iremos? — recorrió mi labio inferior con su pulgar tratando de incitarme para que cuestionara el destino, pero en esta ocasión, muy contrario con las demás sorpresas no lo cuestioné ni una sola vez.
— Nop — ahogó una pequeña risa cuando remarqué la "P" para después evaluar mi rostro con los ojos entrecerrados —. Sólo quiero saber una cosa — esperé a que asintiera — ¿conoces el lugar?
Llevó una de sus manos hacia sus cabellos, desordenándolos un poco —. ¿Las fotografías cuentan? — alcé una de mis cejas buscando la mentira en sus bellos ojos —. No lo conozco personalmente, pero me dijeron que no nos arrepentiríamos, además tú no querías un lugar muy retirado, me hubiera gustado llevarte a Paris, Roma, cualquier lugar del mediterráneo que fuera más acorde con la situación pero…— acorté su indebida disculpa.
— Pero no quería dejar tanto tiempo a los niños solos — asintió observándome con ternura — el lugar es lo que menos importa, Edward, además, ¿quién quiere un lugar con tanta historia cuando no te voy a dejar salir de la habitación? — intenté usar un tono provocativo mientras deslizaba uno de mis dedos desde su mandíbula hasta el primer botón que abrochaba su camisa.
— ¡He creado un monstruo devora hombres! — dijo con regocijo.
Hice una mueca de horror por el plural empleado en su oración antes de contestar —. Solamente de ti.
— Soy un tipo con suerte, ¿eh? — el brillo en sus ojos se intensificó.
— Yo soy la chica con suerte, te amo — contesté antes de reacomodarme entre sus brazos, acorralándolo entre el sillón y mi cuerpo, besándolo con todos los sentimientos que despertaba en mi interior, desde la ternura, el amor, la devoción y la pasión que sólo el lograba despertar.
Tuve que separar mis labios del embriagador sabor de los suyos, cuando un eco de: "¡Mamá, tenemos hambre!" procedente de la cocina hizo reír a Edward.
— Nuestros hijos reclaman tu atención, mamá — dijo de manera divertida levantándonos del sillón y con mis piernas aún a sus costados.
Estaba tan fascinada con la referencia a los niños como nuestros que cuando me colocó sobre mis pies, a escasos metros de la puerta, mi cerebro no dio la orden para que caminara.
— Vamos — su petición me hizo reaccionar y debido a mi incapacidad por acomodar las palabras necesarias para una contestación, me limité a asentir.
Durante la cena me dediqué a observar la interacción de Edward con los niños, a pesar de estar tensionado con su trabajo él no dejaba momentos como estos para platicar con ellos, se divirtió con su explicación de cómo habían encontrado a la pequeña ave y también les hizo ver la responsabilidad que habían adquirido con el cuidado que implicaba, no sólo con el animal, sino también con la limpieza del lugar en el que se encontraba. Para desgracia de ambos niños, Edward no pasó desapercibido el que estuvieran en el muelle sin nuestro consentimiento.
Mis padres llegaron un tiempo después trayendo con ellos a la familia Black proveniente del aeropuerto, además de una revolución marina con ellos, Charlie no escatimaba cuando de pescar se trataba y claramente, esta no era la excepción. Cuando pudimos controlar la euforia causada mandé a los niños a bañar, al principio se resistieron pero al oír las consecuencias de que no lo hicieran impuestas por mi padre, salieron volando hacia su habitación.
— Alice me dijo que deberías usar esto — despejé los ojos de la portátil tras oír la voz de mi madre. Había recibido un correo de la editorial en la cual me citaban para la revisión de mi libro.
Inspeccioné desde la distancia que nos separaba entre la mesa de la cocina y el marco de la puerta la mano que mantenía en alto, sólo llegué a la conclusión de que era un frasco.
— ¿Qué es? — pregunté sin emoción, de Alice me podía esperar cualquier cosa.
— Un tratamiento facial — comentó alegremente al mismo tiempo que se acercaba a mí —. Quiere que descanses y espera no toparse con algunas ojeras — giré mis ojos ante las exigencias de la pequeña duende. — Y yo no quiero verte con ese ceño fruncido — alisó la línea entre mis cejas y se sentó frente a mí, observándome atentamente.
— ¿Tengo algo en la cara? — su escrutinio era tan intenso que temí tener alguna suciedad en mi rostro.
— Un intenso brillo en los ojos y la sonrisa más radiante que haya visto en ti. — Reí ante su explicación. Desde el día en que llegó me observaba como si hubiera algo diferente en mí, algo de lo cual no me daba cuenta pero estaba segura que ella lo había detectado desde el primer instante.
Nos sumimos en una intensa charla en la cual me contó su día con las chicas y mi padre y yo le hablé sobre los avances del libro. Nessie se unió minutos después, tras haber conseguido que el pequeño Will se durmiera, si yo había dicho en el hospital que era un niño hermoso, cuatro meses después era aún más, durante el tiempo que estuvo despierto no dejó de balbucear y sonreírnos. Tenía la misma sonrisa de Jake.
El sonido de coches deteniéndose en la calle puso a mi madre y a Nessie en alerta y un poco inquietas, se levantaron de su sitio y salieron fuera de la cocina, no le di tanta importancia a su reacción y terminé de redactar la confirmación de la cita en la editorial dentro de dos semanas. Estaba a punto de cerrar la portátil cuando un grito de Edward distrajo mi atención, no lo pensé dos veces y salí corriendo rumbo a su estudio.
La puerta estaba entreabierta y los gritos salían con mayor intensidad. Agudicé mi audición y entre las voces distinguí los inconfundibles gritos de Emmett y las tranquilas explicaciones de Jasper.
— ¡Vamos Eddie, no seas aguafiestas!, vayamos a celebrar tu último día de soltería — dijo Emmett en medio de una carcajada obteniendo un gruñido por parte de Edward.
— ¡ ¿Cuántas veces te he dicho que no me llames así? ! — gritó colérico y cuando Emmett dio una cantidad pude escuchar como rompía algo, esperaba que sólo fuera un lápiz. — Yo no voy a ir a ningún lado, las despedidas de soltero son para quienes no desean casarse y créeme, yo no soy uno de ellos.
Una sonrisa se formó en mi rostro tras la afirmación de Edward, y al pasar por la sala de estar descubrí dos siluetas más que no estaban antes en la casa.
— Hola, dulce Bella — reconocí al dueño de esa voz sólo por la risa que acompañó al final su saludo.
— ¿Félix? —no sólo él estaba en esa habitación, también lo acompañaba Carlisle. — ¿Sucede algo malo?
Fue el turno de Carlisle de hablar tras los gritos de fondo que se escuchaban a sólo unas paredes más, esperaba que esos gritos no despertaran a los niños. — Emmett decidió hacerle una despedida a Edward...
— ¿Y los ha arrastrado? — terminé su oración y él sólo asintió.
— Te he dicho que no Emmett, además, tengo que terminar con mi trabajo si quiero tener un poco de tranquilidad — un fuerte golpe se escuchó y fuimos al estudio, al abrir la puerta completamente pude comprender que no eran golpes entre ellos. Emmett formaba una gran pila de los libros que Edward tenía a su alrededor y los dejaba caer mientras formaba las torres.
— Pues yo te digo que sí querido hermanito, mira quien viene aquí — señaló a Carlisle que se acercaba a él, impidiendo que destrozara los libros —. Tu jefe te está exonerando de tus cargos, ¿no es así Jefe? — su padre rodó los ojos antes de fijar la mirada en Edward.
— Vamos hijo, Emmett se ha esforzado por organizar esto — antes que Edward replicará, el rubio añadió —. Ya tenemos tu remplazo, Edward y si algo falta yo me encargaré de solucionarlo — le mostró una sonrisa paternal y Edward suspiró. Estaba cediendo.
Tras una serie de preguntas y respuestas, me despedí de Edward.
— Trataré de no tardar mucho tiempo — susurró en mi oído mientras lo mantenía abrazado de la cintura, Emmett protestó desde el exterior de la casa y Edward gruñó —. ¿Por qué no nos casamos en Las Vegas o a escondidas de ellos?
— Porque querías hacernos felices — susurré contra su pecho.
Sentí sus largos y cálidos dedos sobre mi barbilla, obligándome a verlo a los ojos. — Sólo te quiero hacer feliz a ti. — Su aliento embriagador aturdió mis sentidos —. Te amo.
Me levanté sobre las puntas de mis pies para besar su mejilla. —Yo también te amo, ve con ellos — el mohín en su rostro me enterneció el corazón y le di un último y casto beso en los labios.
Al salir empujó a Emmett y se reunió con Félix y Jake, y antes que mi madre cerrará la puerta despidiendo a Jasper, le pregunté:
— ¿Qué es lo que hacen los Cullen para las despedidas de solteros?
Él movió su cabeza sonriendo y mientras pensaba su respuesta creaba una gran expectativa en mí. — Iremos a casa de Emmett, algunos juegos de azar, alcohol, platicaremos de nuestra juventud, nada más allá de eso, mi hermana está detrás de todo esto con Emmett y no creo que Rose piense mantenernos distraídos con chicas — me guiñó un ojo y besó mi mejilla antes de marcharse.
— Porque no vas a tomar un baño para relajarte... — dijo mi madre tras cerrar la puerta, mi vista seguía las luces traseras de la camioneta de Félix — y cuando termines te coloco la mascarilla.
Sin darle una respuesta giré hacia las escaleras y antes de llegar al segundo piso enfrenté su mirada —. ¿Tú sabías de esto?
Ella se encogió de hombros y pasó junto a mí. — Cuando estaba con las chicas, Emmett llamó a Rosalie y le pidió su ayuda, fue un poco precipitado.
No volvimos a sacar el tema de lo que estuvieran haciendo los chicos por el resto de la noche, primero porque confiaba en lo que Jasper me había dicho y segundo porque las sales del baño lograron calmar los pocos nervios que poseía hasta el momento. Después de que mi madre y Vanessa realizarán la labor impuesta por Alice, me dejaron descansar en mi habitación.
El estado de relajación de mi cuerpo era tal que no escuché ruido hasta que un peso se hundió en la cama y se pegó a mi espalda, susurrando sobre la sensible piel de mi cuello. — Intenta dormir de nuevo, ya estoy aquí — no puse una objeción a esa petición y me dejé llevar nuevamente al mundo de los sueños.
…
Un gran alboroto me alertó estando en sueños, intenté desperezarme y captar los sonidos.
— Déjanos dormir un poco más Alice — la voz de Edward mostraba un poco de enojo, esperaba que logrará convencer a su hermana y nos dejará en paz.
— De eso nada, se suponía que tú te quedarías en casa de Emmett y estarías alejado de Bella. ¡No puedes cumplir con las tradiciones y permanecer alejado de la novia este último día! — le dijo con reproche —. Sal ya de la cama, Jazzy te espera en la planta baja.
— No saldré — aún con los ojos fuertemente cerrados podía imaginar la mirada retadora en sus ojos.
Alice no se quedó atrás y escuché como golpeo su pie con fuerzas contra el piso—. Vas a salir de esa cama aún así yo tenga que sacarte — abrí los ojos y observé, sobre las blancas mantas, su pequeño cuerpo moverse hacia Edward.
— ¡Estoy desnudo! — gritó frustrado y sus manos apretaron las mantas a sus costados, el estado en el que se encontraba no era completamente cierto, algo de lo que no debería enterarse su hermana.
Alice lo observó con una mirada irónica en los ojos. — Como si tuvieras algo diferente a los demás hombres.
Edward gruñó y apretó la mandíbula antes de hablar —: Estoy seguro que el día en que naciste el infierno se abrió y un ser demoniaco poseyó tu cuerpo.
Alice lo vio con furia y antes que me dejará viuda antes de tiempo, decidí hacerme notar.
— Eso fue cruel, Edward — mi voz sonó ronca debido al sueño, atrayendo a los ocupantes en la habitación.
— Estoy en todo mi derecho de ser cruel, Alice está invadiendo nuestro espacio personal.
Respiré hondo y traté de calmarme, era el día de mi boda y no merecía la pena enfadarme con nadie.
— ¿Alice, podrías darnos un momento? — su boca se abrió y observó a Edward con furia — sólo unos minutos y después haremos lo que tú nos digas — la expresión en su mirada cambió y asintió con la cabeza.
— No debiste asegurar eso — Edward habló cuando Alice cerró la puerta — está en mi casa y no puede venir a darme ordenes que no acataré — su ceño fruncido casi unía sus cejas, la mostré una sonrisa radiante que no logró aligerar su semblante y haciendo uso de mi última arma, deslicé las sábanas, su mirada seguía mis movimientos pero no hablé hasta que estuve frente a él, con mis piernas a ambos lados de sus caderas.
— Edward — susurré su nombre causando un estremecimiento en él. Acuné su rostro entre mis manos, las suyas cobraron vida propia y se deslizaron por mis piernas hasta subir a mis caderas bajo el camisón, acercándome a su cuerpo —. Es un día especial, cariño, no permitas que Alice y su afán por controlar todo lo estropeé.
No lo dejé protestar, mis labios chocaron con los suyos, demandando su atención. Una atención que no les negó y se adueñó de ellos como si fuera el último día. Lamió, mordió y atormentó mis labios con su lengua y dientes. Las caricias bajo la fina tela del camisón eran desesperadas, quemando cada centímetro expuesto sin llegar a donde las necesitaba.
Estaba a punto de mandar al demonio las tradiciones y olvidar el comienzo del día para perderme en las sensaciones que su cuerpo causaba en mi interior cuando un golpe en la puerta me trajo a la realidad.
— Ya han pasado diez minutos y el tiempo en esta ocasión vale oro.
Con la respiración entrecortada enterré mi rostro en el hueco de su cuello. — Sí Alice no fuera mi madrina y tu hermana juro que la encerraría en el sótano por el resto del día
La vibración de su risa, aunado a su incipiente barba causaron un estremecimiento viajando desde la sensible piel de mi cuello al resto de mi cuerpo—. Sabía que estarías de mi lado.
Resignada a hacer lo que Alice demandará, le pedí unos minutos más y me levanté de la cama.
Mientras cambiaba mi escasa ropa de dormir por una más decente para salir a su encuentro no dejé de sentir la mirada de Edward en mi espalda.
— Será mejor que hagas lo mismo que yo y te vistas — hablé aún sin ver su rostro pero un largo suspiro me hizo enfocar en su silueta aún en la cama.
— Necesito algo más que eso — fruncí el ceño mientras se levantaba y al ver mi confusión bajó su mirada hacia el sur de su cuerpo, quise golpearme mentalmente y cumplir mi amenaza de encerrar a Alice en algún calabozo, esta ultima opción con mayor intensidad al observar como su cuerpo había reaccionado a las caricias anteriores.
Mordí mi labio inferior y el lado sensual en mi interior subió a la superficie, caminé hacia él sin despegar mi mirada de cada línea de su cuerpo y al poner mis manos abiertas en su abdomen su cálido aliento chocó contra mi frente.
Al subir la mirada no encontré las resplandecientes esmeraldas, sus ojos estaban cerrados y sus músculos tensos bajo mis manos, contemplé su varonil cuerpo y las marcadas líneas en su rostro justo el tiempo suficiente antes de levantarme sobre las puntas de mis pies y susurrar en su oído:
— Pobrecito — susurré en voz baja mientras una de mis manos seguía el camino hacia su lugar feliz y una combinación de gemido gruñido resonó en la habitación cuando las yemas de mis dedos acariciaron su dispuesto miembro que tensaba la tela de su ropa interior—. Prometo que esta noche te recompensare.
…
No me podía quejar de las siguientes horas, Edward había sido escoltado por Jasper y Carlisle hacia la casa del primero, no sin antes tener una pelea con Alice por no dejarlo permanecer en el mismo espacio que yo. Su hermana se limitó a encogerse de hombros causando mayor enfado en Edward, vi una inmensa furia en sus ojos y podría asegurar que su padre también ya que colocó una mano en su brazo y le susurró algunas palabras que no logré distinguir, pero afortunadamente lograron calmarlo.
Esme y Rose llegaron minutos después acompañadas por Lucían, el estilista, que no perdió un sólo minuto y se enfocó en mi maquillaje y peinado. Gracias a las horas invertidas en las pruebas de maquillaje, Luke, como prefería ser llamado, no tardó en hacer maravillas con sus expertas manos.
Alejó sus manos de mi rostro y llevó una de ellas a su barbilla, analizándome con sus ojos almendrados—. ¡Ah!, ¡mi obra maestra! — exclamó con entusiasmo —. Sí yo no tuviera a mi Frank y mis preferencias sexuales fueran otras, no te dejaría salir de mi habitación.
Las risas de las chicas y mi madre no se hicieron esperar ni tampoco un ligero calor instalado en mis mejillas.
— No compartas tus posibles planes con Edward, Luke — dijo Rose controlando su risa-. Los hombres Cullen son de la época de piedra y somos afortunadas de ver la luz del día.
Observé frustrada como Luke acomodaba su equipo de trabajo en sus maletas, ni él, ni las chicas me permitieron observar mi reflejo en el espejo, alegando que lo harían hasta que estuviera lista. Esto no ocurrió hasta una hora después, en la que sofoqué un gemido al observar la ropa interior que Alice había elegido como un complemento perfecto para el vestido, no me dejó replicar y literalmente me empujó hacia el baño. Apenas y puse un pie de nuevo en la habitación mis ojos se enfocaron en lo que había sobre la cama.
Sin lugar a dudas era un vestido hermoso, contrario a las expectativas de las chicas y mi madre había optado por un color perla, no era tan creyente de las tradiciones que involucraban a la novia y un vestido blanco nunca figuró en mis sueños, tampoco había soñado con llegar a este momento con anterioridad en los últimos años, pero cuando Edward llegó a mi vida y la posibilidad de alcanzar este hecho alumbró mis perspectivas, y mis deseos de no ser como las demás novias invadió mis planes.
— Estás hermosa — la voz de mi madre me sacó de mi estupor, estando frente al amplio espejo contemplé el reflejo que ofrecía.
Mi cabello estaba recogido en un moño flojo que terminaba con algunos rizos en las puntas, el escote del vestido dejaba al descubierto mis hombros. Seguí bajando la mirada, la parte alta se ceñía a mi cuerpo como una segunda piel y de la cintura para abajo caía libremente formando un vuelo con las faldillas que empezaban a media pierna, y completando el diseño, una flor hecha con la misma tela, adornaba mi cadera izquierda.
Un movimiento en mi mano derecha llamó mi atención y al enfocar en ella observe una pequeña y pálida mano que quitaba el brazalete de Molly y el que me regaló Edward por Navidad, en un abrir y cerrar de ojos.
Estaba a punto de protestar y pedirle a Alice que los pusiera de nuevo en su lugar cuando me silenció con sus amenazadores ojos azules.
— Te los daré más tarde — prometió para después guardarlos en su bolsa —. Esto es parte de lo nuevo que debes usar — me entregó, mostrando una sonrisa radiante, una liga en el mismo color del vestido —. Lo azul y lo viejo lo tienen nuestras madres.
Controlando las emociones recibí y me dejé poner el hermoso juego de gargantilla, aretes y brazalete en oro blanco y zafiros que me regaló Esme y la tiara que la abuela Helen había regalado a mi madre el día de su boda.
Un silbido proveniente de la puerta hizo alzar mi mirada y encontrarme con un par de conocidos ojos chocolates, Charlie. Sonreí en su dirección viendo su avance por la amplia habitación.
— Siempre he dicho que eres una princesa — su voz estaba ronca y sabía que para él hablar no era muy fácil —. Nos has hecho feliz con cada una de tus acciones, siempre con la responsabilidad de una mujer de más de treinta años — rió y observe como sus ojos empezaban a cristalizarse, produciendo lo mismo en mí —. Siempre has cumplido tu palabra, aún así fueras tan pequeña y joven para saber que te deparaba el futuro — sabía que estaba hablando de Lex y en este punto ya no pude reprimir una lágrima que el borro con su pulgar —. No llores corazón, sólo prométeme que serás feliz.
Con la voz estrangulada contesté: — Lo prometo.
El calor de su abrazo logró recomponerme, esto aunado con las replicas de mi madre por hacerme llorar y el arribó de dos pequeños que iluminaban mis días y que en este momento se quejaban por vestir tan impecablemente.
La hora de marcharnos llegó y en menos de lo que creí el auto había arribado a la iglesia, durante todo el camino no dejé de restregar mis manos una sobre la otra, tratando de quitar manchas inexistentes de mis dedos o las joyas que llevaba.
— Estaba igual de nervioso el día que me casé con tu madre — Charlie abrió la puerta de mi lado y me ayudó a bajar.
— ¿Y qué hiciste?
— Temí que se arrepintiera de casarse conmigo, éramos muy jóvenes y sus planes para el futuro no eran iguales a los míos, pero cuando entró por el pasillo de la pequeña iglesia del brazo de tu abuelo y tomó mi mano, pude ver en la profundidad de sus ojos, una vez más, que nuestro destino era estar juntos.
— Quiero tener un matrimonio fuerte como el suyo — le dije apretando su mano que entrelazaba nuestros dedos.
— Lo tendrás hija, he visto el amor que hay entre ustedes dos y jamás creí que Edward te hiciera daño — una sonrisa maliciosa se extendió por sus labios —. Pero eso no negó el hecho que le advirtiera que se las vería conmigo si te lastimaba.
Fuimos interrumpidos por la hiperactividad en persona acompañada por Ángela, Rose y las mellizas.
— ¡Es tiempo!, ¡es tiempo!, ¡es tiempo! — su corto cabello negro se mecía con cada brinco que daba, arrancando algunas risas en las niñas y mi padre, en ocasiones como esta me costaba creer que había tenido a una niña hace menos de dos meses. Nessie llegó unos pasos atrás de ellas y me entregó el hermoso ramo. Hundí mi rostro llenando mis sentidos con el característico aroma de los tulipanes y al levantar la mirada me encontré con los ojos de mi padre.
— ¿Lista Bells? — me dejé guiar por sus pasos, agradeciendo el tenerlo a mi lado, el temor a tropezar con la cola del vestido mantenía mi máxima concentración —. Respira.
Me observó divertido al percatarse de mi falta de oxigenación y soltó una pequeña carcajada cuando tomé aire desesperadamente. Lamentablemente mi amenaza murió en mis labios cuando la conocida melodía de la marcha nupcial resonó en el interior.
— No me dejes caer — sujeté fuertemente su brazo, siguiendo el lento caminar que marcaba.
Todas las replicas hechas por las horas destinadas a planear este día desaparecieron de mi cerebro cuando mis ojos vagaron por el interior de la iglesia gloriosamente adornada y se centraron en unas hebras cobrizas.
Inmaculadamente vestido en un traje a la medida color humo, camisa blanca y corbata en tono claro, mi Dios griego personal esperaba por mí al final del pasillo.
Cuando sus ojos se encontraron con los míos, mi familia, conocidos y los demás invitados a la celebración dejaron de estar presentes para centrarse sólo en él. La distancia que nos separaba poco a poco se fue acortando, dejándome ver la felicidad que había en sus ojos, una felicidad que ya había visto reflejada en los míos. Los murmullos y el caminar ceso, mi padre apretó ligeramente mi mano y cuando obtuvo mi atención besó mi frente mientras decía cuanto me quería.
— Cuídala muchacho — al dejar mi mano sobre la de Edward, las chispas electrizantes partieron de ese lugar hasta descargarse en mi columna.
— Más que a mi vida — en este momento Edward no observaba a mi padre, sus hermosas y resplandecientes esmeraldas estaban fundidas a mis ojos, permitiéndome observar la
gran cantidad de sentimientos que había en su interior. — Hola.
Su cálido y fresco aliento golpeó mi rostro, alejando mis nervios y relajando mis cuerdas vocales para contestar a su simple saludo:
— Hola.
Las palabras del reverendo salían de sus labios pero mis desconectados oídos no lograban entender lo que estaba diciendo. Había asistido a muchas bodas y esperaba que el discurso que estuviera dando fuera tan hermoso y significativo como recordaba.
Los segundos pasaron con lentitud mientras Edward decía sus promesas, cautivándome con su aterciopelada y amorosa voz, contuve las lágrimas que amenazaban con salir de mis ojos desde el inicio de la ceremonia y fallé horriblemente al aceptar con un nudo en la garganta. Un nudo que no desapareció en mis propias promesas y haciendo uso todo mi autocontrol me esforcé para que mi voz no fallara observando los ojos de Edward.
La palabra Acepto salió de sus labios antes que acabara, arrancando algunas risas en nuestros invitados. Las mismas sonrisas fueron contenidas cuando Emmett no dejó pasar la oportunidad para molestar a Edward al decirle que había olvidado las argollas, por un momento creí que iba a maldecir en la iglesia, pero por fortuna su hermano sacó la pequeña cajita del bolsillo de su pantalón.
Seguí sus ágiles movimientos hasta que el frío material se deslizó por mi dedo hasta hacer compañía al solitario. Con manos temblorosas realicé la misma acción, sujeté su cálida mano, que comparada con la mía eran el interior de un volcán pero no me pasó desapercibida la humedad en ella, ¿acaso estaba igual de nervioso que yo? Si la respuesta era sí, sabía llevar muy bien sus emociones.
Nuevamente Edward actuó antes de lo necesario ya que antes que el reverendo dijera la típica frase, "Ahora puede besar a la novia" yo ya me encontraba entre sus fuertes brazos y bajo la embriaguez de sus labios. Me dejé llevar por las demandas de sus caricias, acercándome al cuerpo que había extrañado en las últimas horas.
— Luce angelicalmente exquisita Señora Cullen — dijo después de que fuéramos separados por un carraspeo, observando mis ojos con infinita devoción
Si había dicho que una boda que fuera planeada por todo lo alto no iba conmigo era porque no conocía a los Cullen, la elegancia y sofisticación en la elección de cada uno de los detalles era inmaculada. Solamente con llegar a la recepción del lugar mi boca cayó literalmente al suelo. Era muy cierto que yo había elegido todo eso, pero no era lo mismo ver fotografías a observar personalmente.
El amplio mirador-ventanal que cubría completamente las paredes de aquel espacio dejaban entrar los débiles rayos del sol antes que se ocultará entre las montañas lejanas, El Columbia Tower poseía una vista magnifica de Seattle, desde la inconfundible Space Needle, el magnífico Safeco Field hasta las profundas y turbias aguas que mecían las embarcaciones en el puerto.
Los aplausos no se hicieron esperar cuando captaron nuestro arribo. Aún estaba aturdida por la decoración que al escuchar el susurro de Edward en mi oído me estremecí de pies a cabeza:
— ¿Me concede su primer baile como la Señora Cullen? — no sabía si reír o llorar al observarlo hacer una pequeña reverencia sin soltar mi mano.
— Soy una mujer recién casada y a mi marido no le agradará ese atrevimiento, Señor — finalmente decidí seguir su juego.
Observo a su alrededor chasqueando la lengua —. Su marido debe ser un ciego si la deja los primeros minutos de matrimonio — susurró arrastrando su largos dedos por mi desnudo brazo y al llegar a mi mano frotó con su pulgar mis anillos —. Lo que usted necesita es un hombre entregado y dispuesto…a no separarse de usted.
— ¿Y usted es el hombre entregado y dispuesto? — dije fingiendo ironía.
— Cariño — una sonrisa maliciosa se formó en su divino rostro mientras me acercaba a su cuerpo —. Puedo ser lo que tú pidas, cómo, dónde y la cantidad quieras.
La contestación a su insinuación murió en mis labios al recibir el calor de los suyos.
— Ven conmigo, preciosa — para él era muy fácil ser el centro de atención, algo con lo que yo no sabía lidiar muy bien pero deje atrás ese complejo y lo seguí al centro de la pista.
Las luces artificiales bajaron de intensidad al mismo tiempo que los primeros acordes de una conocida melodía resonaban a nuestro alrededor, haciendo desaparecer los murmullos de la multitud.
You are the light
That is leading me
To the place where
I find peace again
— Toda esta gente que conoce mi historia decía que encontraría algo mejor — levanté mi rostro con confusión y él suspiró —. Yo vivía mi propia realidad, con mi propio escepticismo hacia el amor, hice oídos sordos a sus advertencias sin pensar que tendrían razón.
— Sentías que no pertenecías a la realidad que te rodeaba, tus padres y hermanos teniendo una sólida familia, y acompañados por su pareja eterna — le hice saber mis propias dudas.
You steal my heart
And you take my breath away
Crecí viendo el amor de mis padres y años más tarde la propia felicidad de mi hermano, lo que me convirtieron en una adolescente que soñaba con encontrar lo que ahora tengo, fui tonta al creer que lo había encontrado al lado de Demetri, un hombre que no vio el sufrimiento que me atormentó casi cinco años atrás y no fue capaz de cumplir sus promesas de amor.
You're all I want
You're all I need
You're everything
Everything
Sacudí mi cabeza con desagrado, tenía al hombre perfecto reteniendo mi cuerpo, no necesitaba pensar en el pasado.
Dos pares de ojos captaron mi atención cuando me hizo dar una vuelta.
— ¿A los niños les agrada tu calzado italiano o están tratando de aprender cada uno de tus movimientos? — sus manos en mi espalda me acercaron a él, por la mirada en sus ojos podía decir que encontraba grandioso que Alice me hiciera usar unos descomunales tacones, aún no veía sus ojos al mismo nivel pero diez centímetros me acercaban a ellos.
— Están desesperados por relevarme y arrancarte de mis brazos — achicó sus ojos viéndolos a ellos.
— Se más compartido, Edward, no nos verán por una semana — le regañé.
— Agradezco eso como no tienes una idea, el trabajo y la estadía de tus padres en la casa me ha privado de algo sumamente placentero — dijo en medio de un bufido.
— Tengo que recordarte quién propuso que ellos se quedaran ahí — ataqué con tono dulce.
Giró los ojos y enterró su rostro en el hueco de mi cuello, ahogando un gruñido.
Una canción dio pie a otra, trayendo con ellas nuevas parejas de baile, por la cara de Edward puedo decir que no lamentaba que me arrancaran de sus brazos como él dijo, estaba radiante bailando con Esme y reía divertido a lo que Renée decía.
Las tradiciones típicas en una boda, todas dirigidas por las órdenes de Alice, desfilaron con gran rapidez dentro de las cuatro paredes. Las chicas no dejaban de decir que había sido una trampa lo de lanzar el ramo, ya que sin que Ángela se enfilara entre las invitadas, el ramo cayo en sus manos, su admisión de que pronto llegaría al altar no ayudo en que las protestas cesaran. Por otra parte, la liga, la cual Edward deslizó por mis piernas con una deliberad lentitud y sensualidad aterrizó en las manos de uno de sus primos lejanos.
La familia de Edward había viajado de todas partes del país, sus dominios en el ámbito médico no sólo cubrían de costa a costa los Estados Unidos, ahora estaban forjando un nuevo límite, abarcando ya los países de sus orígenes. Descubrí que poseían un lazo familiar muy estrecho, esto a pesar de que todos vivían en lugares diferentes, los Cullen de Seattle eran los únicos que no se habían alejado de hermanos y padres.
Precisamente estaba hablando con el padre de Esme, el único de los abuelos de Edward que aún seguía con vida, cuando unas posesivas y conocidas manos se apoderaron de mi cintura.
— Debería estar enfadado contigo, Nonno — Edward fingió un tono de desaprobación a su abuelo. Anthony observó divertido los ojos de su nieto, que eran del mismo color verde de Edward y Esme —. He estado buscando a mi linda esposa durante unos interminables minutos y descubro que el culpable de dicho acto eres tú, la abuela estaría muy avergonzada por tu comportamiento al alejar al nuevo matrimonio.
Su abuelo lanzó una pequeña carcajada y en sus cansados ojos se asomó un brillo cuando Edward nombró a su abuela.
— No me pude resistir a pasar un agradable momento con mi nueva nieta, y tu abuela no estaría avergonzada de eso — le regañó — a ella le agradaría mucho Isabella.
Una vez más le hice saber que me llamara Bella.
— Tienes un hermoso nombre que es muy común en mi bella Italia, pero lo haré sólo si dejas de decirme Señor Masen.
— De acuerdo…Nonno — su sonrisa se ensanchó y se disculpó para reunirse con uno de sus hijos.
— ¿Qué te estuvo diciendo el abuelo? — la voz de Edward tenía un tono de ansiedad y eso me hizo enfocar mi mirada en su rostro.
— Muchas cosas — dije lentamente poniendo mis manos en sus antebrazos, alzó una de sus cejas tratando de encontrar algo en mi mirada —. Sólo me dijo lo grandioso que era su nieto y lo orgulloso que estaba de él por haber elegido una mujer tan guapa — mis palabras aligeraron su rostro pero no lo que sólo segundos atrás había causado en mí, ¿acaso escondían algo que no me habían contado? — ¿Qué sucede Edward, hay algo que deba saber?
El análisis de su mirada en mi rostro sólo aumento los nervios.
— Nada de relevante importancia, amor — besó mi mejilla y repartió húmedos besos en mi rostro —. Pronto lo descubrirás…pero no te alarmes — intuyó mis no formuladas preguntas antes de posar sus labios en los míos, apoderándose con una infinita devoción de mi boca —. Nonno se equivocó, mi mujer no es guapa, eso es muy poco para ti, eres perfecta.
La magia del momento fue rota una vez más por una cantarina voz.
— Todos sabemos que Bella es la perfección para ti, hermanito, pero sus invitados esperan ansiosos el banquete —. Edward gimió frustrado viendo como Alice desaparecía tan rápido como había llegado, pero afortunadamente un casto beso mejoró su humor.
Mi cuerpo estuvo preocupado y nervioso en la gran parte de la mañana, desprovisto de un alimento sustancioso, que cuando el primer platillo estuvo frente a mí y los olores invadieron mis fosas nasales la saliva no tardó en acumularse en mi boca.
La mirada de desaprobación que invadió el rostro de Edward al ver como alejaba el elaborado utensilio de porcelana me hizo colocar una mirada retadora, el duelo de miradas duro muy pocos segundos, el golpeteó sobre la fina cristalería llamó mi atención.
— Señoras, señores — la profunda voz de Emmett resonó en los altavoces del lugar —. ¿Edward, podrías dejar de mirar a Bella como un idiota y ver al frente?
Las risas no se hicieron esperar ante sus palabras al igual que las miradas sobre Edward, entre ellas la mía que al ver como apretaba la mandíbula, planteé un beso en su mejilla, aligerando su semblante.
— Gracias- dijo a su hermano —. Como ustedes se han dado cuenta y siendo yo el padrino me toca decir algunas palabras sobre esta pareja — su voz empezó a cambiar dejando a un lado su típico sarcasmo —. Hasta hace un año mi familia y yo vivíamos viendo como la vida de mi hermano no era como todos lo esperábamos, no negamos que sea un gran profesionista y un gran padre, pero para todos los que lo conocemos sabíamos que le faltaba algo. Un recuerdo recurrente de cuando éramos niños no dejó de desfilar en mi cabeza cuando pensaba en que debería decir. Durante las primeras vacaciones en las que Alice ya era el pequeño diablillo que es, viajamos a Sudamérica, todo ocurría con normalidad, Edward, como el señor responsable que conocen, pertenecía a un club de verano en la escuela, en su grupo les dieron una misión a los niños que viajaran, el cual consistía en armar un libro-collage en el que no sólo pusieran fotografías del lugar, sino que deberían buscar la historia del mismo y sus tradiciones.
- - Mis padres nos obligaron a ir con él a una de las pequeñas tribus aborígenes que ahí había. Parecía un auténtico reportero de sólo diez años entre tanta gente mayor, al contrario de Alice y yo que preferíamos jugar con los niños de nuestra edad. Después de algunos días en los que nos divertíamos por las tardes en la blanca arena y Edward trabajaba con papá en su proyecto por las noches, su tarea estuvo lista. Estaba tan contento por enseñarla a toda la familia que cuando Nonno le pidió que se la mostrará, Edward no lo pensó dos veces y voló a la habitación que compartíamos. A su regreso no observo uno de los juguetes de nuestros primos más pequeños y resbaló con él, cayendo su trabajo a la piscina. Desde ese momento Edward se cerró a la ayuda que le dábamos y estaba muy triste porque había utilizado todas las fotografías que tomó con una cámara instantánea. La familia entera estaba muy triste por lo que había ocurrido así que, Nonno, Alice y yo nos dimos a la tarea de visitar de nueva cuenta el poblado, que por cierto estaba un poco alejado y era de difícil acceso. Pero todo ese esfuerzo que hicimos mereció la pena cuando le entregamos a Edward las fotografías, sus ojos adquirieron un brillo inigualable, un brillo que en estos años el había perdido, el de un hombre feliz y satisfecho.
Desenfoqué mi atención de Emmett y la centré en Edward, tratando de imaginar al pequeño niño entusiasmado con su tarea para luego entristecerse por el desastre en el que se convirtió después.
— Ese algo que faltaba en sus ojos — retomó Emmett el discurso — llegó con el descubrimiento de una castaña que inmediatamente se colocó en nuestros corazones.
Emmett me regalo una sonrisa antes de proseguir con su discurso.
— Edward estaba renuente a los planes que teníamos para que conociera a Bella, creo que era algo de esperar después de años en los que tanto mi madre, hermana y yo tratábamos de meterle a cuantas mujeres conocíamos —. Una cálida mano tocó la mía, atrayendo mi atención y recordándome que tenía que respirar —. Sólo una mujer tan sorprendente es responsable de devolvernos al Edward que se divertía y disfrutaba de su vida, una mujer que demostró a la sociedad que podía cumplir con una gran responsabilidad, y que con ello se ganó aún más la admiración que teníamos por ella, damas y caballeros alcen sus copas conmigo y brindemos por este nuevo matrimonio.
— Salud Señora Cullen — Edward apartó la mano que me sostenía y en su lugar dejó una copa de champán, uniéndonos al brindis.
El resto de la velada paso con mayor rapidez y justo a la medianoche Alice me alejó de los brazos de Edward para llevarme a uno de las habitaciones con las que contaba el lugar, al no ver una reacción contradictoria por la acción de su hermana, supuse que esto había sido planeado por Edward. La hora de marcharnos había llegado y con ella un nuevo nerviosismo sobre donde pasaríamos los siguientes días invadió mi sistema.
Enfoque mi mirada en la agilidad con la que Alice revoloteaba a mi alrededor acomodando algunas prendas.
— ¿Alice, tú sabes a dónde me llevará Edward?
Dejó de moverse y enfocó sus azulinos ojos en mí —. Edward ha sido muy hermético en ese tema.
Me alarmé al ser consciente de un hecho que no debí haber dejado pasar.
— Él me dijo que tú te harías cargo de mi equipaje, Alice tengo que ir a casa y hacerlo, ¡el vuelo sale en unas horas! — grité alarmada y empecé a hacer cálculos mentales de cuanto tiempo tardaría, ya tendría mucho tiempo para enfrentar a Edward ante su mentira.
— Calma Bella — su mano sujetó mi brazo impidiendo que siguiera dando desesperadas vueltas en la pequeña habitación —. Tus maletas están hechas — algo en mi mirada la hizo proseguir inmediatamente: — Edward me dio esa labor, no me dijo el destino pero me dio una lista de lo que deberías usar allá.
Ante esta confirmación me relajé y no seguí cuestionando cuando me ofreció un vestido veraniego color blanco. Cuando éste envolvía mi cuerpo, un golpe en la puerta llamó nuestra atención.
— Estás muy linda, ma — la voz de Lex mostraba la misma vergüenza que su rostro, en él las palabras bonitas para mamá no fluían con normalidad y estas ocasiones se debían aprovechar.
— Tú también estás muy guapo — abrí mis brazos y él no tardo en acortar la distancia que nos separaba, la calidez de su pequeño cuerpo envolvió con gran impulso el mió. Dejé pasar algunos minutos, sólo quería abrazar a uno de mis chicos, siendo consciente de que lo extrañaría mucho.
Alice nos dio un poco de privacidad y le agradecí con la mirada antes de sentarme en una de las sillas, al parecer Lex intuía mis sentimientos porque apenas me senté, él se colocó en mi regazo, aferrándose a mi cuello. Su respiración estaba un poco alterada y traté de reconfortarlo acariciando su espalda. Cuando no soporte más su silencio, me obligué a separar su rostro de mi pecho y levantar su barbilla.
— ¿Qué sucede bebé? — sus ojos se habían cristalizado y su nariz estaba roja —. Cariño ya habíamos hablado de este tema, hace unos días te parecía genial pasarla con los abuelos el tío Jake y la tía Nessie, ¿por qué ahora estás triste?
Sus ojos observaban los míos y en ellos vi el debate en el cual estaba —. No estoy triste por eso. — admitió por fin.
— ¿Entonces por qué, renacuajo?
Tomó aire una y otra vez, traté de reconfortarlo una vez más, quitando un rizo rubio que caía por su frente.
— Estaba jugando con los niños cuando oí que alguien decía que tú y Edward iban a hacer bebés, ¡mamá, no quiero que hagas bebés porque ya no me vas a querer si tienes tus propios hijos! — suplicó ahogando un fuerte sollozo.
Abracé su pequeña forma, controlando sus espasmos, y culpando a quién fuera que pusiera esas tontas ideas en su cabeza. Por mi cabeza jamás paso la posibilidad de que el se sintiera temeroso ante esa idea, también era muy cierto que no habíamos tocado el tema con los niños, mi mente voló con rapidez, llevándome de inmediato al recuerdo de las fiestas de Navidad. Nuevamente tenía que aclarar las cosas con él, antes de que se empezara a cerrar como hace medio año.
— Mírame Lex — pedí al levantar su contraído rostro y ver sus ojos cerrados —. Nada va a cambiar si Edward y yo tenemos hijos propios, corazón, los querremos igual a ti y a Anthony — su sollozo se hizo más fuerte.
— Es diferente.
— ¿Cómo puede ser diferente?
— Tony es hijo de Edward…yo sólo soy…tu sobrino — su voz se volvió un susurro.
Suspiré antes de tomar su pequeño rostro entre mis manos —. Tal vez no te llevé dentro de mí, pero esperé con ansias tu nacimiento al igual que tus padres y abuelos. ¿Recuerdas el día que me pediste llamarme mamá por primera vez? — esperé a que asintiera —. A decir verdad yo no te vi como mi hijo desde ese entonces — su ceño se frunció y lo alisé con un beso —. Desde que tú eras pequeñito me aseguraba de que estuvieras contento y cuando tu mami me pidió cuidarte me dio mucho miedo, además de estar enfadada porque dos personas que eran tan importantes para mí habían muerto. No sabía si iba a ser un buen ejemplo para ti y si iba a llenar ese espacio pero me esforzaba para hacerlo con el anhelo de siempre verte feliz. Siempre te haré feliz cariño, tú eres mi hijo de corazón.
Se lanzó a mis brazos una vez más y por un momento en este día me permití llorar sin importarme arruinar mi maquillaje, mi corazón se había acelerado al ver la mirada triste que por escasos momentos se apodero de su bello rostro, al decirle mis temores lo hice para darle la seguridad que tanto le faltaba.
El tiempo que pasamos en esa posición pudieron haber sido minutos u horas, perdí la noción de tiempo/espacio hasta que una aterciopelada voz proveniente del umbral de la puerta, llamó nuestra atención.
— Alice me dijo que estaban aquí — Edward seguía en el mismo lugar, con las manos en los hombros de Anthony, pero en su rostro había preocupación —. ¿Todo está bien?
Lex fue el primero en asegurar que todo estaba bien mostrando una radiante sonrisa, respiré con tranquilidad al ver lo fácil que fue aclarar las cosas con él y la rapidez con la que él había acudido a contarme sus temores, hubiera sido terrible que viviera creyendo que mi amor por el disminuiría con la llegada de un bebé, justo como lo había hecho por mi relación con Edward.
El despedirme de los niños después de lo ocurrido fue un poco más difícil de lo que creía, pero tras asegurarnos que se la pasarían bien no lo dude ni un minuto y me dejé conducir hacia el auto que nos llevaría al aeropuerto.
— Deja de preocuparte por los temores de Lex — susurró Edward después de contarle lo ocurrido — no permitiremos que él se sienta aislado, sé que tú no lo harás y yo ya lo veo como mi hijo, sólo eran temores por lo que podría ocurrir y viste que él ya olvido lo que escuchó, le quedo claro lo que le dijiste.
Dejé que sus palabras me reconfortaran y me obligué a dejar esos malos recuerdos a un lado, el día de hoy había sido un día cargado de muchas emociones pero las que debería recordar eran las más felices.
La calle que daba acceso al aeropuerto pronto se diviso en nuestro camino, pero no nos detuvimos como yo esperaba en alguna de las puertas, el chofer siguió su camino abriéndose paso entre los taxis hasta llegar a una caseta que impedía el paso con una pluma en colores blanco y rojo. Volteé a ver a Edward pero él no mostraba algún signo de incertidumbre. Él sabía perfectamente hacia donde íbamos.
No cuestione el avance por los hangares pero cuando el coche se detuvo en medio de una pista, en medio de la iluminada noche al frente de un blanco jet, no lo soporte más.
— ¿Qué es todo esto Edward?
— Un avión privado — la sonrisa en su rostro no se borró ante la expresión de mi rostro —. Nos llevará a donde pasaremos la luna de miel.
Me ayudo a salir del auto y lo cuestioné —: ¡Te has vuelto loco y pretendes desperdiciar toda tu dinero en un viaje privado!, Edward yo podía haber viajado en un avión y clase comercial, es más, llama y cancela todo esto, tal vez no recuperaras la totalidad del dinero, pero no te quedaras en la ruina.
Su risa sólo hizo aumentar mi enojo, se acercó a mí y en un vano intento por alejarme de su cercanía retrocedí hasta que sentí el frío metal del coche en mi espalda, mis manos se quedaron en su pecho.
— No he gastado ni un sólo centavo — dejé de golpear su pecho y subí la mirada para observarlo —. El avión pertenece a mi abuelo y también el lugar al cual iremos.
La llamada de una chica vestida con un conjunto en falda color azul marino me impidió empezar con un nuevo cuestionamiento, Edward me condujo hacia el interior del lujoso transporte, revestido en tonos claros. La chica no paraba de señalar cada uno de los pequeños espacios y ponerse a nuestro servicio para lo que necesitáramos.
— Me dijiste que no conocías el lugar — acusé después de que los pilotos nos dijeran el tiempo que tardaríamos en llegar.
— No te mentí, lo conozco por las fotografías que tomó mi familia el verano pasado.
— ¿Tú no fuiste? — una sonrisa triste se posó por un segundo en su rostro.
— ¿Te han contado que Edward Cullen era muy antisocial antes de conocer a una hermosa chica que robo su corazón?
— Sí, y me pregunto que tan bueno ha sido su cambio — seguí su juego y me regaló mi sonrisa favorita.
Tomó mi mano entre la suya y la colocó en su pecho, sobre su corazón —. Por lo que he visto, está en el paraíso.
Estaba hipnotizada observando el poder magnético en su mirada y cuando finalmente aflojo el agarre sobre mi mano, la mía empezó a descender por su torso, acelerando su respiración.
— ¿Ah, sí? — mi mano no alcanzo a hacer una segunda vuelta hacia su cuello cuando sus labios, demandantes y ansiosos, se posaron sobre los míos.
El exquisito elixir que me ofrecía su boca me desconectó de la realidad, sólo me enfoqué en satisfacer mis sentidos y tratar de hacer lo mismo con él, nuestras manos empezaron a reconocer nuestros cuerpos, comprobando la calidez y suavidad que en ellos había. Un jadeo involuntario me hizo separarme de la sensualidad de sus labios, cuando su mano se colocó en la cara interna de mis muslos, separando mis piernas.
— Estoy esperando la recompensa que prometiste esta mañana — sus manos dejaron de atender mis necesidades y cuando escuché un clic, caí en cuenta que había desabrochado el cinturón de seguridad —. Pero no pretendo reclamarlo en frente de la tripulación.
Se puso en pie y en un rápido movimiento pasó sus brazos tras mi espalda y corvas.
— ¿A dónde me llevas? — pregunté en medio del movimiento que producía su cuerpo al caminar.
— A la habitación, no puedo esperar hasta que lleguemos a tierra firme para estar dentro de ti — su acelerada respiración acariciaba la piel de mi cuello, estremeciéndome en sus brazos.
Pero a pesar de las sensaciones en mi interior no se alejaron de mis pensamientos la gente que nos rodeaba —. No podemos — no contestó con palabras pero si con acciones mientras cruzábamos el pasillo hacia una de las puertas que reconocí como la habitación que había señalado la azafata, sus labios en mi cuello no lograron aligerar mi tensión —. Edward, ellos se darán cuenta de lo que vamos a hacer — dije desesperada.
Abrió la puerta y la cerró con un pie —. Prometo ser silencioso.
Pero yo no, quise gritar.
Me colocó en el suelo y observo mis ojos, sorprendiéndome con el deseo que había en los suyos, uno que yo estaba tratando de apagar. Inútilmente.
Extrañaba sus íntimas caricias, su cálido cuerpo sobre el mió, llevándome a la más sublime plenitud. No supe que observo en mis ojos, tal vez fue la contrariedad de mis palabras y lo que ocurría en mi cabeza, y cuando sus manos sujetaron mis mejillas y me besó con una infinita devoción, toda redención abandono mi cuerpo, dejándome llevar por la necesidad.
Mis manos, hasta hace poco en mis costados, bajaron por su pecho desabrochando su camisa con la máxima desesperación. Escuché con satisfacción sus gemidos al rozar mis dedos por su caliente piel, mientras pasaba mis palmas para deshacernos de la estorbosa prenda.
— A pesar de que el vestido te queda de maravilla, prefiero lo que hay debajo — sus dedos en mi espalda aplicaron la misma tortura que yo había ocasionado en él.
Sus pantalones, calcetines y nuestros zapatos acompañaron a la pequeña pila que formaban las otras prendas. Pero a pesar del avance, se alejó de mí. La protesta murió en mis labios al observarlo, la tenue luz del interior hacia resplandecer su piel, aún cubierto por su ropa interior.
Con expertos y rápidos movimientos descorchó una botella de champán, de la cual me ofreció una burbujeante copa —. Brinda conmigo Señora Cullen.
— ¿A qué se debe la ocasión? — pregunté tontamente mientras él llenaba la suya.
— Brindo por la mujer que tiene mi corazón — chocó ligeramente mi copa y antes que llevara la suya a sus labios, sujeté su muñeca.
— Yo brindo por el hombre que tiene mi corazón y por el comienzo de una nueva etapa junto a él.
— El mejor comienzo — reprimí el impulso de que el burbujeante líquido saliera disparado de mi boca cuando sus cejas se movieron sugestivamente.
A pesar de la arrogancia que puso en su afirmación sabía que tenía toda la razón, la cual la comprobé sólo unos minutos después. El tiempo que prosiguió a miles de pies de altura no sólo nos enfocamos en satisfacer la necesidad de nuestros cuerpos, sino también en recalcar nuestros sentimientos. Sólo era el comienzo.
Espero el capítulo haya sido de su agrado, me costo mucho escribirlo :S
Quiero pedir una disculpa por la demora, no voy a dar excusas por no hacer más larga la nota y comprenderé si pierden el interés en la historia, yo misma he dejado de leer un montón sólo por la tardanza en la publicación. Sólo una cosa voy a dejar claro, acabaré la historia, a la que por cierto le quedan a lo mucho 5 capítulos. No las entretengo más y deseo que estén muy bien…
Alice
¡Cuídense!
Everything de Lifehouse, es la canción que utilice para este capítulo.
