Comunicación con el mas allá.

16 años atrás.

En uno de los jardines de la mansión Kino, una pequeña niña de grandes ojos verdes y cabello castaño amarrado en una coleta, se encontraba rodeada entre las flores, mientras abrazaba a una muñeca de color castaño que su padre, le había regalado por su cumpleaños número 8 tres meses atrás. Era triste como recordar que un mes después de la celebración de su cumpleaños, el 5 de enero, el hombre había fallecido en un accidente aéreo dejando una hija huérfana y a una esposa viuda.

-¡Papá te hecho tanto de menos!.- No pudo reprimir la pequeña niña un sollozo recordando a su cariñoso padre que con tanto cariño le regalaba muñecas, y la trataba cariñosamente.- ¿Por qué te tuviste que ir?...Mamá y yo te necesitamos.- Siguio hablando como si alguien la escuchara.

El mundo de la pequeña Makoto Kino Haruna era perfecto hasta hace poco tiempo, tenía dos padres que se amaban y la adoraban a ella, tratándola siempre con cariño y amor, por si fuera poco el padre de la pequeña era un hombre con mucho dinero y un gran empresario, con una cadena de restaurantes prospera en el país, hasta que aquel trágico accidente aéreo termino con la vida de todos los pasajeros, incluido Katsuji Kino.

-Al menos tengo a mamá.- Pensó la pequeña en silencio sin poder reprimir las lágrimas.- Y tengo que ser fuerte como tú lo fuiste papá porque ella todas las noches llora por ti.

-¡Makoto, Makoto, prima!.- Escucha la niña pelicastaña la voz tan conocida de su prima Naru.-

Makoto rápidamente limpio las lágrimas con el dorso de su mano y se asustó al ver a su prima asi.

-¿Qué sucede Naru?.- Cuestiono Makoto poniéndose de pie, era extraño que Naru no la buscara para pelear con ella o molestarla.- ¿Estas bien?

-¡Tu mamá, tía Makoto incendio el cuarto del dojo, el que está detrás de la mansión, el dojo donde entrenaba Tio Katsuji, ella lo incendio y se metió dentro!.- Aparentemente alterada la otra pequeña niña de 8 años de nombre Naru Osaka Haruna.- ¡Tienes que entrar Mako, tienes que entrar y salvar a tu mamá!.

La niña más alta, dejo caer su muñeca en el jardín y salió corriendo en aquella dirección, hacia la parte trasera de la mansión Kino sintiendo como su corazón parecía querérsele salir del pecho.

-¡Mamá, mamá!.- Llego la niña hacia donde se encontraba su Tío Hiroki y los empleados de la mansión tratando de apagar el fuego para entrar al lugar y rescatar a Makoto Haruna. Le pequeña niña intento adentrarse al dojo, pero fue detenida por uno de los hombres de servicio mientras a su lado su tía Mika se acercaba a ella abrazándola.

-¡No pequeña, no Mako es peligroso!.- Alterada la señora Mika que en silencio le pedía a dios por la vida de su hermana.

Makoto, asustada comenzó a llorar abrazada a su tía, la cual trataba de tranquilizarla.

-Mako, sobrina querida, no llores pequeña, mamá va a estar bien.- Trataba de calamar a su pequeña sobrina la señora Mika, mientras miraba como el cuerpo de bomberos entraban dentro de la mansión presurosamente, unos tratando de apagar el incendio y otros adentrándose en búsqueda de aquella mujer.

-¡Mamá no va a morir!... ¿verdad que no tía?- Suplicaba Makoto con lágrimas en los ojos.- Papá ya se fue, ella no puede dejarme sola también, no puede.

La señora Mika sintió las lágrimas bajar por sus mejillas y trato de reprimir un sollozo mientras abrazaba a su pequeña sobrina con fuerza. El incendio tardo varios minutos en terminar, y algunos minutos después un bombero saco en brazos el cuerpo sin vida de Makoto Haruna de Kino, mientras los paramédicos que habían llegado en una ambulancia bajaban la camilla para recostar aquel cuerpo y cerciorarse, que aunque aquella mujer no había sufrido quemaduras, había muerto intoxicada por el humo.

-¿Esta bien?- Cuestiono Hiroki Osaka al paramédico, quien volteo a verlo con pesar.

-Lo siento señor.

Mika Haruna de Osaka, no quiso acercarse para que su sobrina no escuchara lo inevitable, pero de un momento a otro y aturdida por el dolor que le provocaba la pérdida de su hermana, la pequeña niña se soltó de sus brazos y corrió hacia donde se encontraba el cuerpo de su madre, recostada sobre la camilla en el piso.

-¡Mamá, mami, abre los ojos!.- Hablaba la niña sintiendo un nudo en la garganta.- No me puedes dejar sola, tu no mami.- Termino diciendo la niña echándose a llorar mientras acariciaba el hermoso rostro de su joven madre que parecía haber sufrido mucho en sus últimos momentos.-

Hiroki Osaka se acercó a su sobrina, apartándola del cuerpo inerte de su cuñada, mientras la niña lloraba desconsoladamente abrazada a su tío.

-¡Mi mami no puede estar muerta no!.- Lloraba la pequeña niña logrando que todos a su alrededor no pudieran reprimir las lágrimas ante el dolor de aquella pequeña que en poco tiempo había quedado huérfana de padre y madre.- Yo la quiero conmigo, ella no me puede dejar…

Fin del Flash Back.

A pesar de que ya habían pasado 16 años desde la muerte de sus padres, Makoto Kino no podía reprimir las lágrimas al recordar el momento en que vio las lágrimas del cuerpo sin vida de su madre. Le parecía que la vida había sido muy injusta con ella quitándoselos casi al mismo tiempo cuando ellos eran una familia feliz.

Aun recordaba como el sacerdote de la iglesia a la que asistían se había negado a oficiar la misa en memoria de la difunta Makoto Haruna de Kino por haber cometido pecado mortal al haber optado por quitarse la vida así misma.

Mucho tiempo se había preguntado si su madre no la había querido lo suficiente para vivir con el pesar de haber perdido al amor de su vida, solo por ella, por ella que aún era niña y que la necesitaba más que a nada en el mundo, por ella que también había sufrido con la pérdida de su padre.

-Por favor Rei, todos sabemos que ella se suicidó.- Dijo Makoto con voz quebrada mientras las lágrimas salían de sus ojos y bajaban por sus mejillas al recordar aquella tragedia.- Sé que no estuvo bien, yo la necesitaba y no la juzgo, siempre le voy a necesitar, y como sea, aunque su decisión allá sido egoísta siempre la voy a llevar en mi corazón porque tengo lindos recuerdos de ella.

La joven de ojos amatistas se acercó a su amiga abriendo sus brazos para dejarla llorar y consolarla, tenía que tranquilizarla para así convencerla de comunicarse con el espíritu de su madre por medio de ella.

-Amiga, lo siento, no es mi intención lastimarte.- Trato de sonar tranquila y comprensiva Rei Hino.-Makoto, siempre he respetado tus creencias, jamás te pediría que cambiaras el catolicismo por el sintoísmo, pero esta vez dame una oportunidad. Tu madre no murió, su muerte fue provocada.

-¿Por quién Rei?...¡No digas tonterías!.- Alterada Makoto Kino.

Rei tomo una de las manos de su amiga entre las suyas y la miro a los ojos, sintió como la mano de la joven pelicastaña temblaba.

-¿Confías en mi Mako-chan?.- Pregunto Rei.

-Sabes que sí, fuiste mi primer amiga en el colegio.- Hablo Makoto con voz llorosa.- Eras la única que no me tenía miedo, no tenías miedo de que te fuera a golpear.

Rei sonrió discretamente.

-Y tú eras la única que no tenía miedo de que le fuera a hacer brujería.- Le contesto Rei.- ¿Me permitirías hacer un ritual ante tus ojos para demostrarte que no miento? Tu madre te dirá lo que tienes que saber, confía en mí.

La joven de cabello castaño, debido al catolicismo en el que fue criada, no creía en fantasmas ni apariciones, pero sin duda Rei Hino, aquella Miko sintoísta era no solo una de sus mejores amigas, sino la primera que tuvo, y a pesar de las diferencias religiosas, sabía que podía confiar ciegamente en ella.

-Si.- Respondió Makoto limpiando las lágrimas con el dorso de su mano…

Departamento de Neflyte Sanjoi.

El hombre de larga cabellera castaña se encontraba en su departamento, sentado en un sofá mientras sostenía un espejo en su mano en el cual contemplaba la cicatriz que le habían hecho los vidrios que se habían incrustado en su mejilla derecha, mientras Naru, Malachite, Zoycite y Rubeus se encontraban de pie frente a él.

-¡Estúpida, maldita perra Makoto Kino y su imbécil americano!.- Gruño el hombre.- Esta ofensa la pagaran cara.

-¿Qué haremos cuando llegue Zafiro Chiba?.- Cuestiono Rubeus.- ¿Lo mataremos?.

-¡Tranquilos, tranquilos!.- Hablo Neflyte.- Unas fotos no son prueba suficiente para decir que el es un policía encubierto, vamos a hacer algo, le ordenare un trabajito, eliminar a alguien, si lo hace me comprobara con ello su lealtad, sino lo hace lo tendremos atrapado, jugaremos su juego. Si es un policía, jugaremos su juego.

De pronto se escuchó el sonido de la puerta, la cual Malachite camino a abrir, dando lugar a que entrara en el lugar Zafiro Black.

-Llegas tarde Zaf.- Molesto Neflyte.

-Disculpe señor Sanjoi, tuve cosas que…-

-¡Tu aquí eres el que trabaja para mí y yo el que doy ordenes!.- Le grito molesto Neflyte.

-Lo siento..- Reprimió Zafiro la rabia que sentía contra el muchacho.-

-Tenemos un trabajo importante que hacer.- Hablo Neflyte.- Pero no confió en las capacidades de estos inútiles.- Dijo el hombre de largo cabello señalando a Malachite, Rubeus y Zoicite.-

-Desde luego.- Apoyo Zafiro.- Estos tres no saben hacer nada bien.

-¡Cierto Zaf!.- Aplaudió Neflyte.- Es por ello que el indicado de eliminar a ese estorbo seras tu.- Continuo hablando el hombre.- ¡El día de mañana a las 11:00 a.m. secuestraras y mataras a Hotaru Hino!.

Zafiro no pudo disimular lo que sintió cuando escucho el nombre de la mujer que amaba, se sintió horrorizado y un escalofrió recorrió todo su cuerpo al escuchar el nombre de la persona a la que Neflyte deseaba eliminar.

-Pero… ¿Hotaru Hino?- Cuestiono Zafiro.- ¿En que nos puede estorbar ella?

-No preguntes mucho y haz lo que te digo.- Lo hizo callar Neflyte.- Confió en ti y no quiero fallas, mañana a las 11:00 p.m quiero muerta a Hotaru Hino.

-Así será señor Sanjoi, mañana a las 11:00 p.m. Hotaru Hino estará muerta.- Hablo Zafiro…

Templo Hikawa.

Makoto Kino miraba aquello que hacia su amiga, lo cual le parecía muy extraño, un espejo acomodado en el centro de la habitación, el cual estaba rodeado de velas que la hermosa Miko había encendido, teniendo a su lado una pequeña cajita de arena, un tintero llena de tinta roja, papel, incienso y una vara de bambú.

-¿Qué es todo esto Rei?- Cuestiono Makoto que no entendía nada de lo que su amiga hacía.

-Mako amiga.- Hablo Rei.- No te vayas a asustar, sé que no crees en fantasmas, pero veas lo que veas no te asustes, recuerda que tu madre te ama y ella jamás te haría daño.

-De acuerdo.

La hermosa Miko tomo un pedazo de papel y sumergió la pluma en el tintero para después escribir en el papel, con escritura shodo la primera pregunta:

" Makoto Haruna de Kino…¿Puedo preguntarte algo?".- Después de haber escrito aquello, la sacerdotisa quemo el papel para esparcir las cenizas en la cajita de arena, acto seguido tomo la barita de bambu entre las palmas de sus manos y dejo que el espíritu de Makoto Haruna de Kino guiara sus manos.

-"Si".- Makoto miro sin poder creer lo que se escribía en la arena.

Rei volvió a hacer el mismo procedimiento, tomo el papel escribiendo en el la siguiente pregunta con tinta roja.- Tu hija está conmigo…¿Quieres que sea ella quien haga las preguntas?.

-"Si".- Se volvió a escribir en la arena.

Rei volteo a ver a su amiga quien parecía sorprendida de lo que sus ojos veían que se escribía en la arena.

-Pregúntale tu misma a tu madre Makoto.- Hablo Rei.- Yo escribiré las preguntas, pero tú las harás.

-¿Por qué incendiaste el dojo, querías morir?.- Pregunto Makoto mientras Rei rápidamente escribía la pregunta con tinta roja en el papel para después seguir el mismo procedimiento, quemarlo, esparcir las cenizas en la caja de arena y esperar que sus manos que sostenían la vara de bambú fueran guiadas por el espíritu de la madre de su amiga.

-"Yo no incendie el dojo, Naru me dijo que tú lo habías incendiado mientras jugabas y que habías quedado atrapada adentro, no quería perderte, y tampoco quise morir dejándote sola".- Se escribió en la arena.

Makoto miro sorprendida la respuesta que se escribía en la arena, lentamente giro su vista hacia el espejo que se encontraba rodeado de velas donde miro el reflejo de una mujer parecida a ella, de finas facciones, ojos verdes y cabello castaño.

-"Mamá".- Sorprendida Makoto que trato de tocar la imagen en el espejo.

-¡No lo hagas Makoto!.- Hablo Rei.- Amiga no podrás tocarla, es su espíritu que se ha reflejado para que tú le veas.- Haz más preguntas.

La joven de ojos verdes sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas, por mucho tiempo había creído que su madre se había suicidado a causa de la tristeza de haber quedado viuda.

-¿Entraste en el dojo para salvarme a mí?- Pregunto Makoto sintiendo como su voz se quebraba, mientras Rei rápidamente escribía y seguía el procedimiento indicado.

-"Si hija mía, no quería perderte, no quería perder a mi única hija, al único recuerdo del amor de mi vida".

-¿Quién fue entonces la persona que incendio el dojo?.- Fue la siguiente pregunta.

-"Naru planeo todo, eso lo supe después de mi muerte".- Miro Makoto como aquello se escribía en la arena horrorizada y sintiendo como las lágrimas bañaban su rostro.

-¿Lo hizo sin intención de matarte?- Fue la siguiente pregunta que Rei escribió por órdenes de Makoto. La joven de ojos verdes no concebía que una niña de 8 años tuviera los alcances de provocar algo así de manera intencional.

-"Fue intencional, sé que es difícil, pero ella es perversa desde niña, ella lo planeo, quería que tu entraras dentro y que las dos muriéramos. Ella es mala, quiere matarte, desde niñas, he tratado de protegerte pero me es difícil estando en esta dimensión. Ella ha cometido muchos crímenes y quiere hacerte daño"..- Se escribió en la arena.

Makoto dejo escapara un sollozo, no podía creer que ante ella, en el espejo estaba viendo el reflejo de su madre, mientras en la arena se escribían cosas que ella jamás hubiera creído de Naru.

-¿Tienes otra pregunta Makoto?.- Cuestiono la sacerdotisa tratando de mantener la calma, estaba acostumbrada a hacer aquellos rituales, pero ver a su amiga así le partía el corazón.

-Preguntas no, solo quiero que le escribas que la quiero mucho, que siempre la necesite a mi lado, que nunca la olvido y que quisiera poder tocarla.- Dijo Makoto mientras Rei escribía aquello.

La sacerdotisa sabía que lo que deseaba Makoto, poder tocar a su madre era imposible, pero aun así escribió lo que su amiga pedía y después de quemar el papel vertió las cenizas en la caja de arena y tomo la vara de bambú entre sus manos, la cual comenzó empezó a moverse escribiendo la respuesta en la arena.

-"Yo también te quiero mucho hija mía, en mi vida fuiste lo más importante, te amaba más que a mi vida y aun después de mi muerte te sigo amando bishojo, sé que nunca has podido verme pero nunca te he dejado sola, siempre he estado a tu lado cuidándote y tratando de protegerte cuando me es posible, sufriendo cuando tu prima te ha lastimado y yo no he podido hacer nada para evitarlo. Cuando eras niña te dejaba dulces y cuidaba de ti mientras dormías, nunca deje que me vieras porque no quería asustarte. Me gustaría que pudieras tocarme, pero es imposible porque ahora ya no pertenezco al mundo en el que tú vives, solo te diré que te quiero, y que cada vez que sientas el viento rozar tu cara pienses que te estoy acariciando mi pequeña Mako, mi bishojo. Por ultimo te pido que te vayas con Andrew a Estados Unidos, él te ama, y a su lado, lejos de Japón estarás segura."- Se escribo por ultimo en la arena.

La hermosa joven de ojos verdes miro como el reflejo en el espejo se iba difuminando mientras la sacerdotisa dejaba la vara de bambú a un lado.

-¡Mamá!.- Exclamo Makoto entre lágrimas tratando de tocar la imagen que se difumino poco a poco hasta desaparecer de su vista.

-Lo siento mucho Makoto.- Dijo Rei Hino.- No quería que te pusieras así, pero era necesario que lo supieras.- Termino diciendo mientras ponía una mano sobre el hombre de su amiga que lloraba desconsoladamente.

-¡No es justo que mamá muriera así, ella no lo merecía, yo la necesitaba conmigo!.-Lloraba la joven de ojos verdes, pero al instante, aun con puertas cerradas en aquella habitación sintió una oleada de viento que removía sus cabellos castaños y rozaba su mejilla.

-"cada vez que sientas el viento rozar tu cara pienses que te estoy acariciando mi pequeña Mako".- Recordó lo que se había escrito en la arena minutos atrás al sentir aquel roce en su mejilla.

-Oh, mamá.- Se limpió las lágrimas mientras recordaba anécdotas que le hicieron saber que aun después de que su madre muriera ella siempre estuvo a su lado.

15 años atrás…

La mujer de cabello castaño y ojos verdes miro a su sobrina que ahora dormía plácidamente, ese día había sido su cumpleaños número 9 y se había esforzado en que la pequeña Makoto pasara un día agradable con sus amigas, evitando que recordara con tristeza su cumpleaños anterior, el último que había pasado con sus padres.

-Yo siempre cuidare de ti Mako.- Dijo la mujer que beso la mejilla de su sobrina para después salir habitación.

Tan solo escucharse el sonido de la puerta, la hermosa niña abrió sus enormes ojos verdes llorando en silencio, se había contenido para no molestar a su tía, pero recordar su cumpleaños anterior, en el que su padre le había regañado una muñeca y su madre le había horneado su postre favorito, pay de cereza, hizo que las tristeza invadiera su corazón de niña. Abrió el cajón del buro que se encontraba a su lado, saco un cuadro donde se encontraba una fotografía donde ella se encontraba al lado de sus padre y la última muñeca que su papa le había regalado, la cual guardaba con tanto cariño y Naru aparentemente sin querer le había arrancado la cabeza.

-¡Papá, mamá, los extraño!.- Dejo escapar un sollozo mientras hundía su rostro la almohada hasta que se quedó profundamente dormida.

Algunas horas después, en la madrugada, cuando el sol estaba a punto de salir, creyó mirar como si su madre y su padre estuvieran en su habitación, mirándola con cariño, llenándola de besos en las mejillas, pero al despertar se desilusiono al darse cuenta de que había sido un sueño.

-Nunca estuvieron aquí.- Se dijo con tristeza mientras se sentaba en la cama.

Lentamente removió la sabana y miro algo que la lleno de sorpresa, la cabeza de su muñeca estaba pegada al cuerpo de esta, como si Naru nunca le hubiera arrancado la cabeza, como si estuviera intacta.

-¡Sayuri!.- Exclamo llena de felicidad al ver a su muñeca intacta abrazándola. Aquella no era cualquier muñeca no, era el último juguete que su padre le había regalado y por ello la cuidaba tan celosamente. Lentamente volteo hacia el buro y se sorprendió cuando miro una rebanada de pay de cereza y una pequeña nota que decía:

"Feliz cumpleaños bishojo. No estés triste siempre estamos contigo, aunque no nos puedas ver."

No se explicaba como había llegado hasta ahí, pues ni su tía ni las empleadas domésticas sabían prepararlo. Ansiosa por probarlo se llevó tomo un pedazo llevándoselo a la boca y sonrió.

-¡Solo mamá pudo haber preparado esto!.- Emocionada la pequeña, que aunque había probado el pay de cereza en distintos lugares, reconocía el que preparaba su madre entre mil, pues el que preparaba Makoto Haruna de Kino, tenía un sabor diferente, más rico.

Fin del flash back.

-Ahora entiendo que era verdad cuando decías que mamá siempre estaba conmigo.- Dijo Makoto a su amiga la pelinegra.

-Muchas veces, cuando yo era niña, la mire detrás de ti.- Confeso Rei.- Algunas veces te lo dije, pero no me creías.

-Gracias Rei.-Limpio Makoto sus lágrimas con el dorso de su mano.

Departamento de Neflyte.

Después de que sus "empleados" se retiraron, el hombre de larga cabellera abrió la puerta de su recamara donde miro a la hermosa mujer ataviada con pantalón y blusa negra, mientras en la cara llevaba algo parecido al velo que usan las mujeres árabes, cubriéndole el cabello y el rostro, con una simple raja por donde se asomaban dos ojos verdes.

-Sé que no te gusta traer esa cosa tan ridícula en la cabeza.- Hablo Neflyte.- Pero al menos tendrás que cubrir tu rostro por algunos días más, de aquí a que eliminemos a mi esposa, sabes que a ti te conviene y a mí también.

La mujer, cuyo rostro no se podía ver bajo aquel velo, salvo sus ojos verdes asintió sin siquiera decir palabra alguna.

-Duerme, que pases buenas noches.- Dijo Neflyte que después salió de la habitación.

Calles de Tokio.

Después de haberse despedido de Rei y Darien, Makoto y Andrew salieron del templo, al ver a su novia con lágrimas en los ojos, el hombre rubio había decidido ser el quien condujera el auto.

Al llegar frente al edificio de departamento donde vivía, Andrew apago el motor de auto, y con la mano que no tenía vendada se acercó a su mujer abrazándola, estrechándola contra su pecho, sintiendo como las lágrimas de ella lo mojaban.

-¿Qué te sucede preciosa, me contaras de una vez que te sucede?...¿Que fue lo que platicaron tú y Rei?.- Pregunto preocupado, desesperado de no poder estrechar con sus dos brazos el cuerpo de su amada.

Makoto llevo una mano hacia la mejilla de aquel hombre acariciándolo.

-¡Naru mato a mi mamá, ella provoco que se muriera!.- Dejo escapara un sollozo mientras sentía como su amado la abrazaba.- Ella le hizo creer a mi madre que yo estaba dentro del dojo.

-¿Qué?- Sorprendido Andrew.

-Sé que suena difícil de creer, que tú al igual que yo tienes creencias diferentes a las de Rei, pero es verdad.- Desconsolada la mujer de ojos verdes

-Te creo mi amor.- Respondió Andrew.- No desconfió de Rei, y ahora que lo pienso, quizá pudo haber sido ella quien intentó matarte ese día, cuando yo me interpuse y salí herido.

-Ella me odia, tengo miedo de que haga algo contra ti.- Asustada Makoto.- Ella ha acabado con lo que yo amo, con mi madre, levanto falsos contra ti, sé que ha intentado matarme.- Sollozo la joven de ojos verdes.- Tengo miedo de que intente algo contra ti.- Histérica y nerviosa Makoto.

Andrew tomo con su mano que se encontraba saludable el rostro de su amada, buscando la mirada de ella, quería tranquilizarla.

-Mi amor, escúchame, mírame.- Pidió Andrew mirando a los ojos a Makoto.- A Naru no le interesa dañarme a mí, ella quiere lastimarte a ti, y no voy a permitir que ni ella ni nadie te lastime más. Bajemos del auto, hacemos nuestras maletas y nos vamos a casa de tía Cebella, no saldrás de ahí hasta el día que nos vallamos a Estados Unidos… ¿Lo entiendes?

-Vete tu primero, yo necesito arreglar unas cosas y…-

-Nos iremos juntos Makoto Kino, no te voy a dejar sola.- Le dijo mirándola a los ojos.- Te amo y no quiero que estés más en peligro. Sé que no es lo que hubieras querido, nos iremos pasado mañana a Estados Unidos, nos casamos y después arreglamos tu legal estancia en mi país.

El hombre rubio bajo del auto, para después abrirle la puerta a su mujer y tomarla de la mano para entrar al vestíbulo y después tomar el elevador hasta llegar al piso donde se encontraba su apartamento, al abrir la puerta, Andrew miro un sobre blanco y lo tomo entre sus manos extrayendo el papel que se encontraba dentro, pensando que quizá se trataría de algún cobro, pero se horrorizo al ver escrito con recortes de letras de revistas aquella leyenda:

"Vas a morir odiosa Makoto Kino, bailare el día de tu sepultura"

Makoto, que estaba al lado de Andrew, tan solo mirara el mensaje en aquella hoja se llevó la mano a la boca para evitar gritar de lo horrorizada que estaba.

Andrew cerró la puerta de golpe, olvidándose de la ideas de entrar, imaginándose que quizá alguien podría estar dentro.

-Vámonos Mako.- Dijo mientras la tomaba de la mano, pero se detuvo al ver que la joven de ojos verdes se quedaba parada sin dar un paso.- Mako, mi amor, todo estará bien, vámonos ahora, en casa de Tía Cebella tengo ropa que he llevado cuando me he quedado a dormir allá, y en cuanto a ti, Mina te puede prestar ropa.

-Tus padres están hospedados en la mansión Aino.- Le recordó Makoto.

-Mi amor, sé que no le agradas a mi padre, pero ahora se tendrá que aguantar.- Dijo Andrew.- Mina siempre ha sido tu amiga, y tía Cebella te tiene mucho cariño.

Mansión Aino.

Los integrantes de la familia Aino Hansford se encontraban sentados a la mesa, acompañados de sus huéspedes y familiares Andrew y Serenity Hansford, cuando escucharon el timbre de la puerta.

La hermosa joven rubia miro que la empleada doméstica se dirigía a hablar, pero se levantó de la mesa.

-Izumi yo voy.- Dijo amablemente Mina que se dirigió a abrir.

-Buenas noches Mina.- Saludo Andrew a su prima.

-Pasen…. ¿vienen de visita?.- Cuestiono la joven rubia.

-Mina, sé que mi padre se está hospedando aquí, que él no tolera a Makoto, pero…¿podríamos quedarnos en casa?.- Casi suplicaba Andrew.- Sabes lo que ha sucedido después de que Makoto y yo nos reconciliamos, primero Neflyte la golpea, luego intenta atacarla con una navaja, después intentan dispararle y hoy hemos recibido esto.- Le mostro la hoja a la rubia, quien leyó aquello horrorizada.

-Vas morir odiosa Makoto Kino, bailare el dia de tu sepultura.- Leyó la rubia.- ¡Qué horror, este no puede ser otro que Neflyte!.

-O Naru.- Hablo Andrew.

-¿Naru?.- Sorprendida Mina.- Pero si Naru no es tan peligrosa, además está internada en un centro psiquiátrico…¿no es así Mako-chan?.

-Si es capaz Mina.- Confeso Makoto.- Y escapo el mismo día que fue internada, pero antes mato a una enfermera del centro psiquiátrico, nadie sabe de ella, mis tíos han estado como locos buscándola.

-¡Qué horror!.- Exclama la rubia al escuchar como Makoto le cuenta todo lo sucedido en el templo.- Pero, pasen, no sé qué hacemos aquí afuera.

Tras entrar, Andrew y Makoto llegaron hacia el comedor donde observan al resto de la familia comiendo..

-Buenas noches, tíos, padre, madre.- Saluda el hombre rubio.- Tía Cebella… ¿podríamos quedarnos aquí Makoto y yo?...En dos días nos iremos a Estados Unidos, serán solo dos días.

-¡Por supuesto sobrino, todo el tiempo que quieras!.- Respondió la mujer rubia.

-¡Andrew, hijo!.- Se levantó Serenity mientras caminaba hacia su hijo saludándolo con un beso en la mejilla.- Mako, linda, tienes una cara de preocupación…¿algo te aflige?

-No es nada señora Serenity.- Respondió amablemente la joven pelicastaña, sonriendo para evitar preocupar a la madre de su amado.

El señor Hansford, al ver a su hijo y a Makoto en la mansión, se levantó de la mesa.

-Buenas noches a todos.- Dijo con seriedad evitando ver a la joven de ojos verdes, después de que su hijo le había contado como habían sucedido las cosas en realidad, se sentía culpable de haber tratado a la mujer que amaba su hijo.- Andrew, mañana tenemos cosas de que hablar, ahora que regresaras a Estados Unidos con tu mujer, tenemos que ponernos de acuerdo para ver a cargo de quien dejaremos el hotel aquí. Buenas noches.- Termino diciendo el hombre que después subió las escaleras para dirigirse al dormitorio que estaba ocupando en la mansión dejándolos sorprendidos a todos, sobre todo por haberse referido a Makoto como la mujer de su hijo.

Algunas horas después…

La pareja de enamorados se encontraban en la cama de la habitación que les había sido asignada dentro de la mansión Aino. El hombre rubio dormía plácidamente, mientras a su lado, Makoto, se encontraba acostada, con los ojos abiertos volteando hacia la pared, dándole la espalda, la hermosa mujer lloraba en silencio, el hecho de saber cómo había sido la muerte de su madre la tení realmente afectada, tampoco sabía que sentir por su prima, sentía rabia, coraje, pero por otro lado sabía que aquello iba a ser muy doloroso para su Tía Mika y su Tío Hiroki.

Hundió su hermoso rostro en la almohada, no quería despertar a Andrew, quería dejarlo dormir tranquilamente y no darle más problemas, ya suficiente había sido con que saliera herido de bala unos días atrás por protegerla a ella. Sentía las lágrimas salir de sus verdes ojos las cuales bajan hasta sus mejillas.

Sintió entonces el brazo de su amado sobre su cuerpo, acariciándole el rostro y no pudo reprimir un sollozo.

-Quisiera poder evitarte tanto dolor, mi adorada Mako.- Susurro Andrew al oído de la joven.

Makoto se giró en la cama para quedar frente a su amado y poder mirarlo a los ojos.

-Oh Andrew.- Susurro la joven entre lágrimas, sintiendo como el hombre rubio la abrazaba acariciándole el cabello.- Te amo tanto, tengo miedo de perderte a ti también, ya perdí a mis padres, perdí a nuestro bebe… no quiero que tú seas el siguiente.

-Y no me perderás mi Makoto.- Le hablo al oído.- No me daría miedo morir, sabes que ya he estado cerca de perder la vida… pero si pude sobrevivir tantos años con una cardiopatía congénita… y curarme con un trasplante…después de eso, no dejare que nada malo me pase y a ti tampoco.

La joven castaña llevo su mano hacia el pecho de su amado, acariciándole la cicatriz en el lado izquierdo de su pecho, justo cerca del corazón.

-Agradezco al Kami que estés con vida, no sé qué haría yo sin ti. Te amo tanto.- Respuesta Makoto.- Después de que me entere de la verdad, de todo lo que sufriste, de tu trasplante, no ha habido día que no le pida a dios para que el alma de la persona que te dono su corazón descanse en paz. Sé que esas cosas se mantienen en anonimato, que nunca sabremos quien fue tu donador, pero sea quien sea le estoy agradecida.

Andrew sonrió y con su mano acaricio el rostro de su mujer.

-Sé que regularmente quien recibe un órgano no sabe quién fue su donador, es lo más recomendable tanto para la familia del donador como para el que recibe el nuevo órgano.- Dijo Andrew.- Yo si se quien fue, y le tengo mucho cariño… sabes que no soy muy asiduo a rezar o ir a la iglesia, pero siempre le pido a dios por el descanso eterno de ese hermoso ser que pude tener a mi lado algunos años de mi vida, al menos sé que no murió en vano y que descansa en paz, aunque cuando me entere me costó creerlo.

-¿Cómo lo sabes?...¿Quién te lo dijo?.- Intrigada Makoto.- Se supone que esa información es confidencial.

-Es una larga historia.- Dijo Andrew.- Pero quisiera contarte lo que hay detrás de todo eso, con detalles y quisiera dejarlo para más adelante, cuando estemos tranquilos y lejos de aquí.

-Como tú digas.- Respondió la joven de ojos verdes que se acercó a Andrew besándolo tiernamente en los labios.

Templo Hikawa.

Dentro del auto, frente al templo Hikawa, Darien, sentado en el asiento del piloto notaba como Rei Hino, su novia, lo miraba desconcertada después de que le había hecho aquella confesión, aquel secreto guardado que solamente conocían los Hansford y su padre.

Sabía que aquello no hablaba muy bien de el cómo médico, que lo que había hecho, aunque en realidad no había hecho nada, tan solo había sido cómplice del señor Hansford y aquel medico de mala ética, se sentía en parte responsable, sabía que aunque él no había intervenido en la cirugía, ser testigo de aquel acto negligente, si algún día salía a la luz, lo podría llevar a perder su cedula como médico.

-Si después de esto quieres cortarme hazlo. Lo entenderé.- Termino de decir el medico con la vista agachada.- Te lo conté porque eres mi novia, porque te amo y no quiero tener secretos contigo…Sé que quizá no lo entiendes, pero Andrew, desde que lo conocí se convirtió en un buen amigo, sumado a eso que yo estaba muy enamorado de Serena y pese a que la embarace sin habernos casado, sus padres jamás me trataron mal, nunca intentaron separarnos.

La hermosa sacerdotisa llevo una de sus manos acariciando el cabello de su novio.

-No tengo nada que perdonarte Darien.- Hablo tiernamente la sacerdotisa.- Sé que Serena fue tu novia, que la amaste con todo tu corazón, que fruto de esa relación tienes a una hija hermosa y jamás me sentiré celosa de ella, porque Serena fue una de mis mejores amiga.- La sacerdotisa hizo una pausa y continuo hablando.- Sé que por ley, de acuerdo a la lista de espera, ese corazón no le tocaba a Andrew, que era para otra persona, pero dejando las leyes y las listas de espera a un lado, ese corazón era para Andrew, sé que alguien inocente tuvo que morir por no recibir el trasplante…Pero seamos sinceros…¿Qué es lo que hubiera querido Serena?. Seguro donde quiera que este ella, está feliz de que su muerte no haya sido en vano y que ahora su hermano tenga vida y salud.

-Te amo tanto Rei.- Se acercó Darien a ella para abrazarla.- Gracias por ser tan comprensiva, por amarme, por no sentir celos del amor que sentí por Serena, por no despreciar a mi hija.

-Jamás podría despreciarla, Usagi es adorable, independientemente de que sea hija tuya, me parece una niña encantadora que se ganó mi corazón desde antes de saber que tú eras su padre.- Hablo Rei.- Recuerdo que Makoto y yo pensábamos que era hija de Andrew.

-Claro, es rubia como los Hansford.- Rio el pelinegro.

-Te amo Darien.- Respondió Rei mordisqueándose el labio inferior, incitándolo.

El joven médico, se sintió excitado ante la imagen de aquella mujer mordiéndose los labios y al verla ataviada con su Chihaya de Miko. Instintivamente se acercó a ella besándola en los labios con pasión, mientras recorría el asiento de la joven hacia atrás, a la vez que le levantaba la Chihaya para acomodarse entre sus piernas y acariciarle los muslos, mientras sentía como la hermosa pelinegra con sus brazos rodeaba su cuello.

Día Siguiente 8:00 a.m, Departamento de policías.

De una de las patrullas del departamento de policías, baja un hombre maduro de cabello negro y ojos oscuros, vistiendo una gabardina en color negro, al entrar en el lugar y dirigirse a su oficina, se encuentra con su equipo trabajando, distinguiendo entre ellos, al joven de cabello negro azulado.

Señor Tanaka.- Se acercó Zafiro preocupado al jefe de policía.

-Buenos días Chiba.- Respondió el saludo el hombre.- ¿Cómo es eso de que tienes que secuestrar a Hotaru Hino?.

-Sí, son órdenes del imbécil de Sanjoi.- Confeso Zafiro.- Quiere que la mate, ¡Como demonios voy a matar a mi propia novia!.- Alterado el joven policía que rara vez se mostraba así, conservando siempre la calma y la sangre fría aun cuando tenía que participar en peligrosos operativos.

-Esto es extraño… ¿coincidencia? O…¿te habrá descubierto?- Se cuestiona el hombre maduro.

-Hemos estado revisando las cámaras ocultas que instale en la oficina de Neflyte.- Confiesa Zafiro.- Pero al parecer no hay nada, ninguna conversación donde se hable de mí.

-¡Ese delincuente!.- Rabioso el señor Tanaka.- Es muy astuto, hay muchos lugares donde pudo hablar y dentro de los cuales no tenemos instaladas cámaras, su casa, no sabemos si tenga más propiedades que tenga a nombre de otra persona, otros puntos de encuentro.

-¡Señor Tanaka, Chiba, vengan a ver esto!- Llama uno de los hombres que sentado frente a una computadora ve algo en las grabaciones de la cámara oculta que se encuentra instalada en la oficina de Neflyte.

Los dos hombres, el comandante Tanaka y Zafiro Chiba llegan hacia donde se encuentra el otro hombre sentado en la computadora, mientras ven una imagen donde Malachite le entrega unas fotografías a Neflyte y escuchan la conversación donde comentan sospechar de lealtad de Zafiro.

-Sé que solo sospechan, pero Hotaru Hino es tu novia, quizá te están poniendo a prueba.- Hablo el hombre sentado frente al sistema de cómputo.- Aunque también puede ser que la chica le estorbe a Naru Osaka, hablan también de tu familia, al parecer han descubierto tu identidad, y todo sobre tu familia.

-¡No puede ser, esto no puede estar sucediendo!- Nervioso Zafiro que se lleva la mano a la cabeza, sintiendo como el aire le falta.- Mis padres, mis hermanos, mi sobrina, mi novia, he puesto a todos en peligro.

-Si Neflyte te está poniendo a prueba, pues entonces haremos lo que pide.- Habla decidido el señor Tanaka.- Secuestraras a Hotaru Hino.

-¿Qué?...¡Sabe que eso es un delito, no podemos hacerlo!.- Alterado Zafiro Chiba.

Mansión Aino.

Andrew abrió el guardarropa, tomando un pantalón negro y una camisa en color café obscuro para vestirse.

-Siempre es bueno tener algo de ropa en casa de mis tíos.- Dijo mientras se vestia.

-¿Por qué tenías ropa aquí Andrew?.- Cuestiono Makoto que se miraba al espejo, con aquella minifalda y la blusa roja de mangas caídas que su rubia amiga le había prestado, debido a que había dejado toda su ropa en el departamento, al cual no habían entrado por seguridad.

-Cuando Reika vino a Japón a buscarme, bueno me incomodaba su presencia y por un momento pensé en venir a vivir aquí con mis tíos.- Dijo Andrew.- Pero después le pedí que se fuera a vivir con unos tíos de ella que viven aquí en Japón y de mala gana acepto. Después olvide venir a recoger la ropa que deje aquí.

-Me siento extraña.- Dijo Makoto viéndose con la minifalda negra y la blusa roja de mangas caídas frente al espejo.- Con esta ropa me siento como si fuera Mina.

El hombre rubio la paso sus brazos por el talla, atrayéndola hacia el, besándola en los labios.

-Te amo tanto Mako.- Le susurró al oído.

La joven castaña se separó de él y lo miro molesta.

-¿Por qué te has quitado la venda Andrew?... ¿No te quieres recuperar pronto?-

-Mako, mi vida, hermosa, por favor no te enojes, es muy incómodo y…-

-Nada.- Dijo Makoto que saco una nueva venda de uno de los cajones.- Dame la mano.

-Makoto…-

-¡Dije que me des la mano, si no te dejas poner el vendaje me enojare contigo!.- Fingiendo molestia la pelicastaña.

Andrew se sentó en la cama, mientras su novia le acomodaba el nuevo vendaje en el brazo. Sabía que era necesario, pero le incomodaba en demasía.

-Listo.- Dijo Makoto orgullosa de sí misma cuando termino.- No lo vuelvas a hacer mi amor, te amo, quiero verte recuperado pronto.

-Y yo deseo poder abrazarte, tocarte con mis dos manos.- Le susurro Andrew al oído besándola en el lóbulo de la oreja.

Estaban besándose de nuevo, acostados sobre la cama, cuando escucharon el ruido de la puerta y Andrew se paró para abrir.

-¡Papá!.- Sorprendido de que estuviera ahí frente a él. Sabía que se estaba hospedando en la misma casa, pero no esperaba que fuera a buscarlo.-

-Andrew…¿puedes bajar para que hablemos un momento?-

-Papá con todo lo sucedido no quiero dejar sola a Mako…-

-Andrew, ve con tu padre, en casa de Mina nada malo me puede suceder.- Sonrió la pelicastaña.

No muy convencido, el hombre rubio salió detrás de su padre para dirigirse a uno de los cuartos de estudio de la mansión Aino.

Después de que Andrew sale de la habitación, Makoto se levanta de la cama y camina hacia el espejo para verse con la ropa que lleva puesta, no le convence mucho, la falta le parece que está demasiado corta, al menos para ella, a Mina por ser más baja de estatura no se le miraba tan reveladora.

-Bueno, creo que no me queda de otra.- Se dijo mirándose al espejo, mientras se ataba su cabello suelto en su típica coleta alta.

Escucho de pronto el sonido de su celular y al ver que hablaban de la mansión Kino lo contesto, supuso que sería su Tía Mika o su Tío Hiroki, con todo lo sucedido desde la boda frustrada con Neflyte, casi no había ido a visitarlos, pasando la mayor parte del tiempo con Andrew, su eterno amor, tratando de recuperar el tiempo perdido.

-¡Tía que gusto escucharte!...¿cómo estás?- Hablo Makoto antes de siquiera escuchar la voz de su tía.

-¡No soy tu tía querida prima, soy Naru!.- Escucho una fuerte carcajada del otro lado de la línea.-

Naru…-

-No me interrumpas querida, sabes que me molesta.- Rio Naru.- No digas donde me encuentro, si lo haces matare a Tía Mika.

-¡No puedes hacerlo, es tu madre!.- Asustada Makoto.

-Sí que lo hare, la odio, es una perra mal nacida.- Expreso Naru el odio contra su madre mientras carcajeaba.- Si quieres ver viva a tu adorada Tía Mika, ven a casa, te espero aquí en menos de 20 minutos, no quiero llamadas a la policía, ni armas, ni a tu adorado americano rubio, si es guapo, pero ahorita no me sirve…Ven sola o la mato escuchaste, la degolló.

-Mako no vengas.- Escucho la pelicastaña la voz de su tía del otro lado de la línea.

-¡Cállate estúpida, no debiste ser mi madre!.- Se escuchó después la voz de Naru seguida de un fuerte golpe.

-No lastimes a tía Mika, ahora mismo iré para allá.- Desesperada Makoto.

La joven de ojos verdes colgó el teléfono, lo guardo en su bolsa y abrió la puerta de la habitación mirando de un lado a otro. Andrew le había dicho que no la dejaría sola, que permitiría que saliera sin que él la acompañara, así que aprovecho que no había nadie que la viera y bajo las escaleras rápidamente hasta salir de la mansión Aino y subir a su auto para así dirigirse a su antiguo hogar, la mansión Kino…

N/A: Hola, aquí tengo un capítulo más de amor inolvidable, estoy nostálgica porque esta historia ya llega a su fin, de verdad amo este fic, T.T., pero bueno, toda historia tiene que acabar.

Dejare de decir cuántos capítulos me faltan, porque faltan algunas cosillas más, que no se si aun 3, 4 o 5 capítulos más.

Mademoiselle Rousseau.