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Derrota
Mi nariz cosquilleaba con un dulce olor que atormentaba mis sentidos, un dulce al que me había hecho adicto. Gemí removiéndome para estar más cerca de su fuente… mmm… fresas. Una sonrisa se crispó en mis labios y teniendo más conciencia de mi cuerpo, no pude evitar apretar la cintura que envolvía mis brazos. Hermosa… deliciosa, Bella aun dormía sin sentir siquiera mi pene erguido que empujaba entre sus nalgas. Dios… era un pervertido, aun dormida, quería abrir esas redondas y suaves nalgas y hundir mi pene en ella. Se sentía tan caliente, tan apetecible entre mis brazos, que casi no podía contenerme a mí mismo.
Mierda… maldije en silencio al recordar la reunión importante que tendría hoy en el estudio. Me reuniría con directivos del comité de arquitectura de Chicago y debía estar temprano para establecer puntos claros junto a Jasper y Emmett antes de la reunión.
A regañadientes y sin antes besar la sien de mi mujer, aparté mis brazos de su cuerpo caliente y hermoso y salí de la cama desnudo y sediento. La noche anterior había sido una de las mejores noches que había tenido en el último tiempo, Bella era tan receptiva… mierda, con solo pensar en cómo ella convulsionaba en mis brazos mientras mi pene se hundía en ella, cielos… casi que me arrastraba a la cama para dejarle hecho el amor antes de partir. Pero no, tenía que llegar a mi reunión, un esfuerzo más, solo un par de batallas más y todo el tiempo que le había faltado a ella en esta semana se lo recompensaría el triple. Dios… cuanto ansiaba llevármela lejos, Italia, el Caribe, Tokio nuevamente si ella quisiera, España… solo estar los dos juntos y poder abandonarnos a nuestros a instintos luego de que esta guerra terminara.
Me apresuré a vestirme para salir de allí a mi departamento, tenía que ducharme, cambiarme y llegar a tiempo a mi oficina para hablar con Jasper y Emmett antes que nada.
La noche anterior había sido un alivio, un respiro en medio de tanto caos. Habíamos estado toda la semana con trabajo hasta el cuello, literalmente. En extensas reuniones con abogados, con otros colegas que habían luchado en situaciones similares a las que me había impuesto Aro, había tenido además que desviar mi atención al comienzo de las construcciones en Tokio, atendiendo videoconferencias extensas y agotadoras con el grupo Wonghlan y con el equipo de construcción y había tenido que reprimir mis problemas con el Spire por un momento para enfocarme en el Estadio en Londres, teníamos que viajar pronto allí para ponernos manos a la obra y examinar los terrenos. Mi cabeza palpitaba, estaba agotado y estresado, lo podía sentir en mi mente, en las palpitaciones de mi cabeza. Cielos… Bella era el único bálsamo que tenía, con ella todo desaparecía, todo era nada, una nimiedad… porque después de toda la mierda, ella era mi todo. Y todo lo que estaba haciendo era solo para y por ella. Deseaba darle todo, así como quería que ella se sintiera orgullosa de mí. Mierda… cuánto anhelaba eso.
Tomé un sorbo de mi café caliente y lo dejé aparte esperando que se enfriase un poco, volví mis ojos a los papeles que tenía en mis manos. Me había pasado la semana entera repasando detalle por detalle, analizando datos, reuniéndome con Sam Uley, nuestro capataz en el Spire, hablando con proveedores y con distribuidores y con los encargados de pedir los materiales de construcción… y sí, alguien había falsificado mi firma y me había robado, malversando fondos de Aro Vulturis, fondos que nunca llegaron a utilizarse en lo que supuestamente debían ser utilizados. ¿Pero quién?... ¿quién mierda fue capaz de pasar sobre mí y engañarme de esa manera?
¿Quién me odiaba? ¿Quién odiaba mi trabajo? ¿Quién quería verme fuera del proyecto? ¿Por qué?
Con un suspiro frustrado dejé los papeles sobre el escritorio y di un puñetazo sobre él, mierda… ¿en qué me habían metido? Maldito hijo de puta, cuando descubriera quién había sido lo mataría.
Rastrillé ambas manos a través de mi cabello y cerré los ojos. Toda mi carrera se encontraba en jaque por este fraude, todos los años de crecimiento y éxito al filo del abismo por este maldito engaño. A punto de perder el proyecto de mis sueños, el más grande pensado de la última década, del que depende mi equipo entero para tener éxito en los Estados Unidos, para posicionarnos entre los mejores. Y todo se está yendo a la mierda.
Mi sueño…
Mamá encontró los primeros bosquejos en unos de mis viajes de la universidad a casa, admirada me felicitó y me prometió su apoyo entero en cada paso de mi vida. Papá estuvo allí, palmeando mi espalda cuando la primera piedra fundamental fue colocada y Bella… mi nena, entre mis sueños más preciados, más osados y salvajes, me veo a mí en el piso más alto del Spire haciéndola gritar de placer, los reyes del mundo, los dueños de Chicago. Me veía colocando un anillo en su dedo en la maldita azotea del edificio, por encima de todos los demás, mía. Suyo… mi regalo de bodas.
Tiré mi espalda hacia atrás apoyando mi cuerpo en el respaldo de mi silla, necesitaba salir de esta, necesitaba aclarar todo este asunto, encontrar a los responsables y hacer que Aro decline su absurda idea de sacar el proyecto de mis manos. Sí… según el estatuto urbano de construcciones y arquitectura, el edificio prácticamente era suyo al haber invertido en más del 50% del valor del proyecto. Malditamente suyo. Se me escapaba de las manos, como agua entre mis dedos, mi sueño, mi prestigio y mi carrera entera se escapaba entre mis manos.
¡Maldito hijo de puta!
Descargué mi puño sobre mi escritorio, sintiendo la ira corriendo en mis venas, sintiendo la rabia carcomiendo mi garganta.
Apenas fui consciente de alguien entrando en mi oficina,
—Veo que es peligroso entrar aquí —alcé la mirada para encontrarme con la mirada cautelosa de mis cuñados. Cerré los ojos y traté de calmarme, últimamente había sido un tremendo cabronazo. Respiré profundo y exhalé despacio, ¿contar hasta diez?... y una mierda, eso no alejaba la rabia. —Trajimos unos papeles que queremos que mires —dejaron sobre mi escritorio frente a mí, un fajo de papeles en una carpeta de manilla. Abrí dejando mi café de lado y llamando a Diana ordenándole que trajera unos cafés para mis cuñados.
Leí las primeras dos hojas y me di cuenta de que se trataba de una estrategia legal que consistía en dejar sin valor el contrato que me unía a él para desvincularme del poder de Aro Vulturis, parecía a primera vista descabellado. Porque con ello corría el riesgo que el Spire se fuera con él, solo tendría que buscar un nuevo arquitecto para terminarlo, si el Spire se quedaba conmigo debía buscar nuevos inversores. La acusación de malversación de fondos que pesaba sobre mi cabeza sería una razón como para que me sea difícil encontrarlos. Mierda… pero esto… contrademandar por acusaciones falsas y además atacarlo con las mismas armas con las que él nos atacaba, era riesgoso. Para poder hacer eso debíamos buscar trapos sucios que él estuviera escondiendo, debíamos prepararnos bien y afrontar todo lo que se nos viniera, sabía que Aro no se rendiría, pero él no sabía que yo tampoco lo haría.
—Además de esto, deberíamos esperar los resultados de las investigaciones que se llevan a cabo en el estudio para saber sobre el fraude. Cuando sepamos quién falsificó tus firmas y podamos probarlo, atacaremos con esa arma también. Aro no debería salirse con la suya… él debe saber mejor que nosotros sobre ese fraude, que raro que justamente se haya llevado a cabo coincidiendo con tu rompimiento de compromiso con Heidi y tu viaje a Japón. Se atrevieron a acusarte de abandono laboral y eso no debemos dejárselo pasar.
— ¿Sabe Eleazar de esto? —alterné mi mirada entre los papeles que tenía en mi mano y los ojos de mis cuñados. Ambos parecían seguros y confiados, ambos parecían convencidos… yo no lo estaba tanto. Mierda… conocía a Aro… él no acepta una derrota, no lo haría nunca.
—Obvio que sabe, lo consultamos primeramente con él, mi abogado diseñó el plan. Si no funciona, Eleazar nos aconsejó que podíamos poner una demanda penal y llevar esto más arriba, eso sí… antes debemos tener pruebas de que la malversación supuesta es una total mentira.
—Parece que será un largo camino —dije con un suspiro, dejándome caer contra el respaldo.
—Lo parece… pero debería bastar y valer la pena. El Spire es nuestro, no estamos hablando de la casa de alguien, estamos hablando de un edificio que vale millones de dólares, de puestos de trabajo y de años de planeación.
—Lo sé, pero Aro…
—Aro es un hijo de puta resentido, te juro Edward que si llega a estar haciendo todo esto por esa hija mal criada que tiene… —Emmett golpeó mi escritorio con un puño. —Se comerá el juicio del siglo, no es todopoderoso, podemos con él… ¿o no?
Mi cuñado se recompuso cuando entró Diana con los cafés, pero podía ver en su semblante que al igual que Jasper y yo, estaba que volaba de ira.
Miré a Jasper y suspiré. ¿Por qué esto no sabía bien? ¿Por qué aparentaba todo ser muy fácil? ¿Luchar? ¿Mantenerse firme? Bien… algo sabía mal y mierda, tenía miedo. Algo que nunca admitiría… esto dependía de la fuerza de todos nosotros.
Di un profundo respiro volviendo mis ojos a los papeles. Íbamos a ir por derecha y si eso no alcanzaba podíamos tomar otros caminos, el Spire era mío y conmigo se quedaba… — ¿Estás seguro que esto será suficiente? —pregunté sin levantar la mirada.
—Lo suficiente como para al menos desvincularte definitivamente de esa familia —dijo Jasper tomando de su propio café —eso es lo que quieres ¿no? no tener nada que ver nunca más con los Vulturis…
—Ese es mi más pronto deseo, nunca más verles las caras —murmuré asqueado. Cielos… de solo pensar que podría haber sido nuero de Aro y esposo de Heidi… mierda, no sabía cuál de esas dos posibilidades me repugnaba más. Quizá había un empate.
— ¿Señor Cullen? —Diana me miraba desde la puerta con un rictus de preocupación en sus facciones. Alcé una ceja instándola a hablar.
— ¿Qué sucede Diana? estoy en una importante reunión aquí —murmuré frustrado. Quería terminar con esta reunión y ver a Bella para el almuerzo. Era el último día de vacaciones que tenía del restaurante y quería que pasáramos este día juntos lo más que pudiéramos, le había fallado mucho ya y no quería hacerlo más… pero siempre algo surgía de la nada y me fastidiaba.
—La Señorita Heidi Vulturis está aquí, espera hablar con usted… dice que es importante.
Suspiré frustrado pellizcando el puente de mi nariz, no quería ser molestado por nadie y mucho menos por ella. ¿Cómo se atrevía a venir a verme luego de todo lo que su padre estaba haciéndome? ¿Cómo tenía la cara de querer verme?
—Dile que estoy ocupado y que no la atenderé, no quiero verla… —hice un gesto con mi mano y volví a los documentos que Emmett, Jasper y yo estábamos estudiando. Mi cuñado me miró con preocupación mezclado con rabia. Lo sabía… él tenía mis mismos pensamientos ¿cómo justamente una Vulturis podía venirse por aquí?
—Insiste Señor —levanté la vista hacia Diana. Ella parecía ansiosa y a la vez enojada. Heidi debía estar siendo bastante insistente con mi secretaria como para lograr cabrearla.
Dejé los papeles sobre la mesa con fastidio, me levanté de la silla y caminé hacia la puerta de mi despacho, Diana corrió hacia su escritorio y allí, junto a éste, estaba Heidi con su habitual aire altivo.
— ¿Qué haces por aquí? —dije con voz baja acercándome a ella, no queriendo despertar la curiosidad de mis empleados y mucho menos hacer un escándalo. Ella tragó saliva e hizo una mueca apenada, casi le creí — ¿Estás actuando el papel de espía para tu padre Heidi? Porque desde ya te digo que no estoy de humor para lidiar contigo…
—No, estoy totalmente en desacuerdo con lo que está haciendo mi padre —dijo con disgusto. Me quedé mirándola allí, en el vestíbulo de mi oficina, con las manos en mi cadera y mi ceño fruncido, tratando de entender lo que me estaba diciendo. Negué con la cabeza… definitivamente esa familia estaba loca y ella era el mejor ejemplo de ello.
— ¿Cómo demonios me puedes decir que estas en total desacuerdo? ¡Sí tú padre está haciendo todo esto por ti y tus estúpidos caprichos! —me detuve a respirar profundo, aun incrédulo, aun exasperado y furioso, resoplé mirando a Heidi con desprecio… ella sin embargo me miraba con pena —si estas tan en desacuerdo, entonces ve y convence a tu querido padre que no trate de quitarme el proyecto por el cual trabajé cuatro años de mi vida… ve y díselo —dije entre dientes, señalando con mi dedo la salida. Ella suspiró negando con la cabeza, despacio, como si estuviera lamentándolo.
—No puedo, he tratado… pero es su orgullo y el apellido al que has dañado, además que a su hija y sabes que él haría cualquier cosa por mí. Sé todo lo que has trabajado para el Spire, te he visto, pero no ha sido por un capricho mío por el que ha decidido pelear por él… ha sido porque lo has defraudado.
—No he defraudado a nadie más que a mí mismo Heidi, ¿sabes de qué manera lo hice? —No esperé a que ella me contestara —lo hice desde el mismo momento en que me topé contigo y me dejé llevar por tu arrogancia y frivolidad, fui un ciego y ahora lo estoy pagando y esa fue la única manera en que me he defraudado.
Ella negó con la cabeza al parecer aparentando tomar con ligereza cada palabra que derramaba mi boca, tranquilamente suspiró y miró sus manos entrelazadas delante de ella.
—Siento mucho todo lo que nos ha pasado. No fui suficiente para ti y lo entiendo, he peleado con mi padre por todo este lío, no estoy de acuerdo en lo que está haciendo y vine simplemente a darte mi apoyo. Yo más que nadie sé cuánto has trabajado para el Spire y me dolería mucho tener que cargar con la vergüenza de saber que mi padre fue capaz de quitarte el sueño de tu vida.
— Tú no entiendes de sueños —dije entre dientes. ¿Sería así como ella decía? ¿Esta mujer mostraba compasión por algo que me estaba sucediendo cuando pensé que lo primero que haría sería reírse en mi cara? ¿Tenía que creer en ella? Tenía que darle un poco de crédito, parecía sincera, más de lo que nunca fue en nuestra relación, sincera y un poco humilde.
Ella me miró por un momento y negó con la cabeza haciendo una mueca, —Oh sí, sé lo que es un sueño. Hace unos meses soñaba con casarme contigo y ser la mujer más feliz del mundo, hace unos meses soñaba con ser quien caminara de tu mano cuando inauguraran el Spire, el estadio de Wembley o cualquier éxito tuyo, hace unos meses soñaba con todo eso y más. — ¿acaso vi lágrimas en sus ojos?
Cielos… no sabía qué creer. Un día era la mujer más egocéntrica de todo el mundo, vomitando insultos y egoísmo y al otro día se mostraba apenada y hasta avergonzada.
—Sé que estás ocupado, esto que está sucediendo debe demandar la mayor cantidad de tu tiempo —dijo dando un suspiro profundo, abrió su bolso de mano y sacó un pañuelo para, con toques suaves, palpar por debajo de sus ojos. Cielos…
Cerré los ojos negando con la cabeza —Mira Heidi… lo que está sucediendo en este momento es asunto de tu padre y mío, por lo que me gustaría que tú te mantuvieras al margen.
—No puedo mantenerme al margen cuando veo y sé que todo por lo que luchaste estas a punto de perderlo. Aro es mi padre, pero tú… eres el hombre que aún amo, por eso, no me pidas que me quede al margen —ella respiró profundo y me miró con cierta dignidad.
—Gracias por tu preocupación, pero en este momento necesito resolver mis problemas solo… —estaba cansado, abrumado y totalmente desconcertado por la reacción de Heidi.
Ella asintió y me dio una media sonrisa —Solo… cuenta conmigo. A pesar de todo lo que nos haya pasado, aún estoy aquí —dio media vuelta y se fue.
Maldición…
*o*
— ¿Mi amor? —la voz de mi novia me saludó cálidamente desde el otro lado de la línea.
—Soy yo bebé. ¿Cómo estás? —sonreí… o al menos traté de sonreír, intentando ocultar de ella mis miles de preocupaciones. Tratando de transmitirle con mí voz al menos que todo iba a estar bien.
Roma, Paris… Tokio o Brasil… pronto bebé, pronto.
—Bien cariño, estaba tintando el cabello de Leydi —su voz sonó algo ahogada.
— ¡No digas eso Bella!... —sonreí al escuchar el grito histérico de Leydi del otro lado del teléfono —el color de mi cabello es totalmente natural.
—Sí, seguro —Masculló Bella antes de que oyera sus pasos por el parqué de su departamento.
— ¿Así que Leydi Black usa tinte para cabello? —reí entre dientes.
—Bueno, resulta que tiene un caso agudo de vejez prematura —Bella río.
— ¡Te escuché maldita! —nuevamente la voz de Leydi de fondo.
Reí como no había reído en los últimos días. Mierda… el remedio era solo llamar a mi nena.
—Termino con ella y me preparo para el almuerzo ¿Dónde nos encontramos?
Mierda, mierda, mierda… podía oír el entusiasmo y el deseo en su voz y eso me mataba.
Cerré los ojos y tomé una respiración profunda —No puedo mi vida. El comité de Arquitectura urbana está aún aquí, estamos en un breve descanso, pero seguiremos en unos minutos. Perdóname… solo llamaba para avisarte.
Cielos… no hacía falta escuchar su voz para saber que estaba desilusionada. Solo su respiración que se había detenido por un momento.
—Ok… no hay problema. Hum… puedo ir a almorzar con Leydi —dijo rápidamente forzando despreocupación. Mi vida… la conocía y sabía que la había defraudado una vez más.
— ¿Estás segura? —dije cerrando los ojos. Oí un par de voces detrás de mí y giré la cabeza, los miembros del comité de arquitectura de la ciudad volvían a la sala de conferencias. —Mi amor, debo irme.
—Bien… te veré más tarde ¿no? —preguntó cautelosamente.
—Por supuesto que nos veremos más tarde. Cariño… sea la hora que sea, pasaré por tu departamento.
— ¿Te espero despierta? —dijo nuevamente con cautela. No, ella nunca debería temer decirme algo, nunca.
—Si no lo estas, te despertaré con besos suaves en tu piel, en tu espalda, tu cuello… mmm… tu vientre —cerré los ojos tragando saliva. No podía tener esos pensamientos ahora, no cuando estaba por enfrentar nuevamente a mis colegas y tenía horas por delante para volver a verla. —Te amo Bella.
—Te amo también —murmuró con una sonrisa. La oí suspirar una vez más imaginándome ese labio regordete suyo entre sus dientes y corté la llamada. Cielos… quería verla.
Guardé el celular en mi bolsillo y me encaminé nuevamente a la sala de reuniones. Diana estaba allí llevando botellas de agua mineral a los arquitectos, Emmett y Jasper hablaban con algunos y Ben estaba nervioso ya listo para proseguir la reunión. Había ido bien hasta ahora, habíamos hecho una rigurosa y amplia presentación de lo que habíamos trabajado ya con el Spire, de los tiempos, del dinero invertido y de los materiales ya utilizados. En resumen ya habíamos rendido cuentas de todo, pero faltaba un detalle. Teníamos que discutir sobre nuestra certeza de que alguien había realizado fraude.
Caminé hasta la cabecera de la mesa ovalada y esperé a que los demás se situaran en su lugar. Traté de mantener mi sonrisa segura mientras ellos volvían a sus lugares y esperé. Bien… había llegado el momento.
Una vez que todos estaban acomodados, las miradas se centraron en mí que había quedado parado frente a la mesa, con las palmas de mis manos planas sobre la madera oscura.
—Como ustedes saben, el Señor Aro Vulturis, ha puesto una grave acusación sobre mi equipo y mi persona. Él nos ha acusado de malversar fondos de sus inversiones que no son destinados al Spire —me detuve a ver las caras, todas de compresión, ya estaban informados de esto por supuesto, Aro había hecho la denuncia. —No puedo decirles, que tan apenados estamos sobre esto, porque sencillamente nos están difamando, no hay verdad en ello. Nunca hemos tocado los fondos para otra cosa que no sea ese rascacielos y nunca cometimos ningún tipo de ilícito como el que se nos acusa —miré a todos en la mesa y tomé una respiración profunda —Soy Edward Cullen, uno de los más respetados y exitosos arquitectos del medio y créanme, que no llegué a serlo haciendo fraude o engañando a los demás. No necesito de eso.
—Sabemos Señor Cullen que alguien de su categoría no es capaz de hacer algo así, pero la denuncia está hecha y tenemos que investigar el hecho. Es una acusación muy grave y no podemos pasarla por alto —William Patrick, un hombre canoso de unos 55 años había hablado y de hecho estaba esperando que lo hiciera. Como miembro honorable del comité tenía peso y a quién apuntaba mi defensa y argumentación, era a él.
—Me alegro que hagan una investigación, porque nosotros también estamos haciendo nuestra propia investigación. Esas firmas no son mías, alguien en mi propio equipo ha sido responsable de estos hechos fraudulentos y me duele decirlo. Confío en cada hombre que tengo bajo mi cargo, pero esto se me ha ido de las manos. Y no voy a parar hasta llegar al fondo de los sucesos reales —miré a cada uno de los representantes del Comité y a mis socios. —No sé quién ha estado haciendo esto tras mis espaldas, pero en cuanto lo sepamos comprobaré que no ha sido mi mano ni las de mis socios y amigos quienes han cometido tales hechos. Por lo pronto, solo quiero asegurarme que el Spire, mi proyecto más preciado, no será sacado de mis manos por acusaciones injustas, hasta que no se termine la investigación y las pruebas estén a la vista.
—No sé si podamos hacer eso Señor Cullen —Darson, otro de los comisionados habló —Vulturis y sus socios piden el cese de actividades de "The Four" en el Spire…
—Es mi proyecto y hasta que no se reúnan pruebas necesarias que demuestren que tengo algo de culpa por lo que se me acusa, no dejaré de trabajar en el Spire —dije casi hirviendo de rabia.
—Es una acusación falsa, no pueden respaldar el cese de actividades cuando aun no hay pruebas concretas. Deberían esperar los resultados de la investigación —respaldó Jasper.
—Esa es nuestra manera de actuar ante un caso así, pero es Aro Vulturis de quienes estamos hablando… la demanda que puede pesar sobre nuestras cabezas es importante. Lo mejor sería detener en este mismo instante la construcción y esperar a ver lo que arrojen las investigaciones.
No, de ninguna maldita manera…
—Me rehúso… "The four" tiene otros proyectos importantes en marcha y por comenzar, proyectos con el grupo Wonghlan, con la Asociación de futbol inglesa, proyectos en Brasil, esto sería un gran golpe para mis intereses ¿tienen una idea de lo mal que se vería detener las obras ahora mismo? No solo se pone en juego mi trabajo, el Spire y el resto de mi equipo, sino también nuestro prestigio y reputación… somos inocentes, no cometimos ninguna malversación de fondos, investiguen, hagan lo que deben hacer y luego veremos… no pienso abandonar ni mucho menos dejar que me quiten una obra.
—Señor Cullen… es lo que debemos hacer, como comité arquitectónico de la ciudad, debemos cuidar los intereses de nuestros clientes… y Aro Vulturis es uno de nuestros clientes más importantes. Sé que el resto de los inversionistas con los cuales usted está asociado, sabrán comprender. Una investigación debe llevarse a cavo y mientras eso suceda, usted ni ninguno de sus asociados, deberá mover las obras del Spire —concluyó tajantemente William Patrick.
Maldición. Golpeé la mesa con mi puño cerrado y apreté mis dientes… ¿qué mierda sucedía con esta gente? Mierda, mierda… Negué con la cabeza tratando de asimilar el nuevo panorama. No… no podía aceptar que las obras se detuvieran.
— ¿Y qué sucederá con la cantidad de personal que está trabajando allí? Son cientos… si las obras cesan…-
—Eso es algo que no podemos evitar —dijo Patrick dando el punto final —tendrá que indemnizarlos de alguna manera y esperar los resultados.
Me dejé caer sobre mi silla, mirando al resto de mi equipo con perplejidad. Nuestra peor pesadilla se estaba realizando. Cerrarían las obras del Spire, investigarían y si Aro tenía suerte, me encontrarían injustamente culpable de malversar fondos y mi carrera acabaría. Oh cielos…. No, mierda.
William Patrick se levantó de su silla abotonándose el saco gris cromo, el resto de los miembros del comité lo siguieron. El me miró con sus ojos grises y asintió, —Lo siento mucho Señor Cullen. Es un mal trago que debe pasar y me siento muy apenado que uno de los mejores arquitectos de los Estados Unidos se vea involucrado en una situación como esta, pero sepa comprender que nuestro lugar es comprometido en este caso —caminó hasta la salida de la sala de reuniones con sus colegas detrás y miró una vez más hacia mí —mañana por la mañana le serán enviados los documentos de cese de obra hasta nuevo aviso para que sean firmados y certificados, lo siento una vez más… hasta pronto señores —dio un asentimiento de cabeza a Jasper, Emmett y Ben y salió por la puerta.
— ¡Hijo de mil puta! —gruñó Ben apenas la puerta se cerró. Sus ojos llameaban hacia mí, yo… mierda, no necesitaba esto ahora —estoy tan seguro, tan seguro… de que esta mierda que se nos vino encima es a causa de esa mujercita tuya. Estoy tan seguro que es una manera de vengarse de Aro por haber sido desleal con su familia, Cullen. ¿Esa es la palabra que usó? ¿Desleal? Pues bien… ¡mira lo que cosechas por haber tirado el culo pálido de su hija!
—No te metas en mis asuntos personales —dije entre dientes con poca paciencia.
— ¿Qué no me meta en tus asuntos personales Cullen? —Murmuró caminando hacia mí señalándome con un dedo… —bien, perdona, pero me meto en tus asuntos personales desde el mismo momento en que dejaste que tus asuntos provocaran toda esta mierda. ¿Ves lo que has causado por no tener tu verga quieta en tus pantalones? ¡Y lo que aún nos espera!... ¡Dios! Mi trabajo —agarró su cabeza con ambas manos —Tenía un cliente, Cullen, un buen proyecto independiente y todo ahora se irá a la mierda por tu incapacidad de no saber separar el trabajo de lo personal, ¡un buen coño vale más que nuestro trabajo! ¡Una puta!
Oh no. No, no…
Una nueva fuerza me impulsó a levantarme de la silla y arremeter contra Ben. Tomé su camisa con mis manos y gruñí haciéndolo colapsar sobre la mesa, llevé una mano a su cuello y apreté levantando su cabeza y empujar su cuello a la mesa de un solo golpe. Su nuca rebotó en la madera. —Nunca, nunca vuelvas a referirte a ella de esa manera, ¡nunca! —escupí totalmente sacado de mí. Pronto sentí un par de brazos a mi alrededor tratando de separarme del hijo de puta… —Eres una mierda Benjamín —grandes brazos me separaron de él.
Ben se levantó agitado y mirándome con grandes ojos llenos de rabia. —Éramos una unidad —dijo acomodándose la camisa.
—Basta Ben —dijo Jasper a mi lado.
—No, basta nada —me volvió a señalar con un dedo ¿cómo se atrevía? — ¡The four!... los cuatro, éramos solo los cuatro. ¿Cómo dejaste que todo se descuidara solo por un par de tetas?
—Ya basta Ben, ¡en serio! —Gritó Jasper bloqueando mi paso —como somos los cuatro, debemos mantenernos así, de esa manera, unidos. ¿A la primera señal de tormenta comienzas a despotricar?
—Cuido mis intereses. Ustedes tienen sus proyectos aparte de "The four" tienen como agarrarse si esa tormenta rompe el barco, pero yo no tengo nada. Este lio no solo romperá toda posibilidad de forjar mi independencia. Si llegan a culparnos de fraude, quedaremos en la lista negra. Adiós Cocoon, adiós estadio, adiós a todos los proyectos que nos confiaron ¿no pensaste en eso cuando rompiste con tu noviecita Edward?
— ¿Y se supone que tengo que ir y casarme con ella para conformar a Aro y así tú también quedes aliviado de salvar tu culo? ¿Eso se supone que debo hacer? —gruñí aun con los brazos de Emmett sosteniéndome. Mierda… quería desfigurarle la cara al hijo de puta ese.
— ¡Sí, maldita sea! ¡Sí! Eso es justo lo que debes hacer… sacrifícate por los cientos de trabajadores que quedaran en la calle —me señaló con un dedo dominado por la furia —sacrifícate por los profesionales de los cuales estas a cargo, sacrifícate por tu puta carrera, por la de todos nosotros. Dale al viejo Aro lo que prometiste y que nos deje en paz.
—Yo no prometí nada —dije entre dientes incrédulo de lo que Ben estaba diciendo.
—Prometiste casarte con su hija y no solo rompiste con ella, le pusiste los cuernos con una… simple bailarina ¿sabes que humillante debe haber sido eso para esa maldita familia? Y ahora… tenemos que pagar los platos rotos todos nosotros.
Negué con la cabeza soltándome de los brazos de Emmett y trastabillando hacia atrás.
—Ben vete a tu oficina —dijo Jasper con voz contenida. Segundos después oí el portazo mientras miraba a través de la ventana más cercana, parte del Loop. —No lo escuches Edward —mi cuñado vino detrás de mí —Está asustado, enojado y con rabia.
—Lo sé —dije en voz baja.
—Sabes que esa no es la solución. Lo que dijo Ben es un disparate… Lo sabes ¿no?
Tragué saliva. Cielos… mi garganta estaba cerrada, quería algo fuerte, algo de alivio. Me sentía encerrado, entre la espada y la pared. ¿Cómo mierda terminé en esta situación? No lo entendía, no comprendía… ¿Aro sería capaz de armar todo esto solo por venganza? Por primera vez en mi vida, sentía que todo a mí alrededor comenzaba a resquebrajarse, amenazando con caerse a pedazos.
Y luego estaba Bella. Mi preciosa Bella.
Si todo se venía abajo ¿Ella sería capaz de acompañarme? ¿Ella se merecía eso?
—Edward… —la voz de Jasper parecía impaciente. Tomé una profunda respiración y exhalé.
— ¿En serio crees que sacrificaría a Bella por el Spire? ¿Por mi carrera? —dije mirándolo por primera vez desde que Ben se había ido —no… en lo que a mí concierne el Spire, Aro, Heidi, mi carrera… y toda mi vida se pueden ir al infierno, pero Bella se queda —Jasper parecía aliviado, cerrando sus ojos y asintiendo lánguidamente, Emmett palmeó mi espalda —la amo… y algún día, en un futuro cercano, quiero hacerla mi esposa —sonreí levemente negando con la cabeza —Si Ben no puede comprender eso, me importa una mierda… puede irse de la asociación si quiere. Pero no será él el que ponga palos en mi rueda y definitivamente no será Aro.
—Así se habla cuñado —una nueva palmada de la gran mano de Emmett sacudió mi cuerpo.
—Hablaremos con los inversionistas de los otros proyectos, nos prepararemos para lo que se nos viene —dijo Jasper mirando su celular.
—Llamaré a Eleazar, esto es nuevo, a ver cómo lidiamos con ello —Emmett comenzó a caminar a la salida de la sala de reunión. Asentí y tomé una respiración profunda.
—Estaré en mi oficina —dije finalmente.
*o*
Los nudillos golpearon la puerta y ésta se abrió dejando ver la cabeza de Diana, —Señor Cullen… me retiro, ¿necesita algo más? —su mirada era cautelosa. Ella había escuchado seguramente la rotura del cristal de mi mesa de café hacía un par de horas. No había podido evitarlo, hubiese preferido que el vaso de whisky diera en la cabeza de Aro Vulturis, pero no tenía tanta puta suerte.
Agité mi mano, volviendo mis ojos a lo que tenía frente a mi —Vete diana, que tengas buena noche —la puerta se cerró y mi concentración cayó toda sobre mi restirador. Un plano se cernía sobre él, un plano nuevo convirtiéndose en un proyecto. Lo admiré antes de inclinarme y tomar la escuadra, marqué una línea recta de quince centímetros, luego ubiqué mi escuadra a diez y marqué una diagonal, la puerta estaría ubicada frente a la puerta del cuarto de enfrente, justo al frente. Con el plumón dibujé la ubicación de las ventanas y la puerta. Hecho… el cuarto de… un niño. O nuestro cuarto, o el de invitados… no, tenían que ser el cuarto de un niño, estaba justo enfrente de la habitación principal.
Tomé un respiro profundo y exhalé admirando el plano, el piso superior estaba a medio finalizar, solo faltaba el diseño de los cuartos extras y el baño de la habitación principal.
Revisé los planos del tercer piso, allí haría el cuarto de juegos, donde iría el proyector, los pufs y sofás y una sala de dibujo. También quería poner un solárium… pero eso iría en la planta baja, al este, donde se enfrentaría al jardín principal. Un gran jardín donde Bella podría plantar árboles, flores, lo que ella quisiera. Si…
Sonreí comenzando a añadir partes, humm… el salón de danza, era lo que más me gustaba de esta casa. Donde Bella bailaría, donde ella se ejercitaría y se dejara llevar como siempre hace al bailar. Tenía el mismo diseño que había hecho para el salón de baile que había diseñado para ella anteriormente, ese salón estaba destinado a estar en pleno Loop, si ella lo quería. Su lugar, una escuela o solo un salón para explayarse, ella lo podía tener todo y lo que quisiera.
Mierda, tenía que terminar estos planos para comenzar a buscar terrenos plausibles. A Bella le gustaba estar en la ciudad, no iba a querer alejarse de su trabajo, ni de la universidad, ni de sus amigos o del club, por lo que la casa tendría que ubicarse en algún lugar cerca. Hide Park, creo que sería lo ideal. Un amplio terreno justo en frente al Lago Michigan, sí… a Bella le encantaría.
Oí el teléfono y maldije, recordé que Diana se había marchado por lo que iba a tener que atenderlo yo. Suspiré dejando mis herramientas sobre mi restirador y me levanté de la silla.
—Oficina de Edward Cullen, él habla.
—Edward soy Eleazar —mi abogado— Jasper habló conmigo hace unas horas, sé que el comité no ha aceptado que el Spire continúe con las obras. Lo siento por eso… pero creo que sería lo mejor.
— ¿Cómo lo mejor? ¿Estas sugiriendo que renuncie a mi proyecto voluntariamente? ¿Sin dar pelea? —dije consternado.
—No, no es eso lo que te estoy pidiendo. Te aconsejo que es lo mejor dejar que comiencen las investigaciones. Enfócate en los proyectos que tienes y deja que investiguen sobre el supuesto fraude, si das pelea y no predispones voluntad, pensaran que tienes algo que esconder o arreglar. Deja todo en manos del comité y de los abogados…
Cerré los ojos —Igualmente ya me informaron que cesan los trabajos. Supongo que de todas maneras tendré que esperar.
—Edward, otra cosa. Acerca de la estrategia legal ¿Eres consciente de que si rompes todo vinculo con los Vulturis, incluso laboral, el Spire quedará directamente en manos de Aro?—
—Lo puedo pelear —dije firmemente— debería ser mío, es mi proyecto, mi diseño.
—Más del 50% de la construcción está financiada por Aro, por derecho es de él.
—Maldición —maldije rastrillando mis dedos a través de mi cabello — ¡por derecho es mío!
—Edward, la estrategia puede servir como puede ser un fracaso. Pero deben tener pruebas, sacarse de encima la investigación y quedar limpios de acusaciones, solo de esa manera el comité decidirá a tu favor.
—Lo sé —Dios… estaba agotado. De toda esta mierda, agotado de todo… solo quería serrar los ojos y dejar descansar mi cabeza sobre los pechos de Bella. Necesitaba su toque, su aroma, su suavidad y calidez. —Debo ir a casa —dije restregando mis ojos.
—Bien, nos vemos mañana, paso por tu despacho para seguir discutiendo esto… sé que te enviaran los papeles de cese de la obra mañana y quiero analizarlos.
—Bien —colgué y me estiré sobre mi silla. Diablos… necesitaba un trago.
Un par de golpes en la puerta me hicieron abrir los ojos, fruncí el ceño… ¿Diana? ¿Se había olvidado algo?
—Adelante —dejé caer mi cabeza hacia atrás al mismo tiempo que una cabellera rubia se asomó en la puerta.
—Permiso —la suavidad de la voz no podía venir de la mano con el rostro que acababa de asomarse. Fruncí el ceño y apreté los dientes.
— ¿Qué haces aquí de nuevo Heidi? —no, justo ahora cuando quería estar solo, pensar, lamentarme solo. No iba a casa todavía para no asustar a Bella con mi rabia, con mi ira difícil de esconder y ahora tenía que lidiar con esta mujer.
—Hum… pensé que aun estarías aquí. Estaba en un restaurant cercano cenando con Jane y… vi que el conserje aún no había cerrado el edificio, me dijo que estabas aquí aun —caminó lentamente hasta mi escritorio.
— ¿Qué quieres Heidi? ¿Ahora me estas acechando? —murmuré guardando los papeles que tenía desparramos por todo el escritorio, preparándome para ir a casa.
—No, simplemente pasaba… —dijo apoyando su cadera en el filo de mi escritorio a mi lado. — ¿Qué fue lo sucedió con la mesa? —miraba hacia el desastre que había hecho en mi oficina unas horas atrás —Entiendo… estabas enojado.
—Aún lo estoy… mira Heidi, no sé qué mierda haces aquí —apoyé los codos sobre la madera y mi cabeza en mis manos, cerrando los ojos —sí es para gozar de todo esto…
—Nunca gozaría con algo como esto. Lo que está haciendo mi padre está mal… aunque tu firma esté en esos papeles no quiere decir que la hayas puesto tú ¿no es así?
—No es mi firma, no… no la hice yo.
Oí un suspiro a mi lado y segundos más tarde un suave taconeo sobre la alfombra. —Te conozco Edward… no lo hiciste tú. Fui tu novia durante años y sé que no serías capaz de algo así, no tienes necesidad de hacerlo. Déjame ser tu amiga…
¿Mi amiga? No necesitaba de ella ni de ningún amigo, necesitaba a mi Bella. Cielos… mi Bella. Estaría durmiendo ya. Era seguro irme y acomodarme junto a ella a dormir o al menos tratar de hacerlo. Ella era mi consuelo, mi único bálsamo. ¿Qué mierda hacía todavía aquí? Dejé caer mis puños cerrados contra la mesa y dejé caer mi cabeza hacia adelante. Esa sensación de incertidumbre, de rabia, de derrota me estaba ahogando.
Apreté los puños sobre la madera de mi escritorio, aun con la voz de mi abogado resonando en mi cabeza. Cerré los ojos y apreté mis dientes tratando de ahogar mi ira. Una mano dejó frente a mí una copa de coñac, algo fuerte, algo ardiente que aplacara la rabia. —Toma, lo necesitas... —esa voz no era la que deseaba escuchar y definitivamente esas uñas que rastrillaban el cabello de mi nuca no eran las de la persona que amaba. Tomé la copa y no pensé... no quería pensar. Era demasiado, mucho, lo que hoy había sucedido y sentía que en cualquier momento podía caer derrotado sin siquiera tener las fuerzas para luchar.
—Vete a casa Heidi… si dices que es injusto lo que me está haciendo tu padre, ve a casa y convénselo de que retire la acusación —dije luego de dejar el vaso sobre el escritorio. Limpié las comisuras de mis labios con mi mano y me levanté de mi silla algo tambaleante. Cuando miré a Heidi, ella tenía una mirada preocupada en su rostro.
—No vayas a casa así… déjame llevarte —sus uñas acariciaron mi mandíbula y me alejé de ella.
—No… —tomé mi chaqueta del respaldo de la silla y me la coloqué como pude. Saqué mi celular del bolsillo y envié un mensaje a Diego.
—Vete Heidi… —dije ya casi sin paciencia. Ella me miró por un par de segundos y asintió mirando su regazo.
—En serio espero que todo esto se arregle y en serio quiero que cuentes al menos con mi amistad. No soy tan frívola como tú piensas… aún-
—No digas que aún me amas porque no quiero escucharlo, ¿eres capaz de amar de manera desinteresada y pura Heidi? —caminé hasta la puerta de mi despacho. Mierda… el piso se movía, pero aun así, era capaz de caminar.
—Sí soy capaz de hacerlo, de hecho… aún lo hago. Por eso, prefiero quedarme cerca de ti como tu amiga que seguir rogando por un poco de amor que nunca tendré —ella caminó hacia mí— espero que sepas aceptarlo… no soy como mi padre, aunque sé que ahora piensas eso. Yo al menos soy leal.
Mis reflejos no fueron tan rápidos como para evitar que sus labios tocaran los míos. Fue breve, solo un leve contacto. Cuando quise apartarla ella ya se había ido fuera de mi despacho caminando hacia el ascensor.
Maldita perra.
Esperé a Diego en el vestíbulo, el guardia del estudio estaba a mi lado esperando a que me fuera para cerrar las puertas y activar la alarma.
— ¿A su pent-house señor? —preguntó Diego luego de haberme subido en la parte trasera del Mercedes negro.
—A casa de Bella… —dije mirando hacia la ventanilla.
Chicago pasó frente a mis ojos nebulosos esa noche, las luces, los faroles de los autos, las luces de los semáforos, las motos, más autos, las personas nocturnas caminando por las calles, parques, plazas… altos rascacielos. ¿Algún día sería capaz de ver desde esta misma ventanilla, a lo lejos, al Spire brillando resplandeciente como la estrella principal de Chicago? Cielos, si, por favor sí.
— ¿Por qué nunca me tratas de tú, Diego? —pregunté mientras andábamos, era una de esas ocasiones en que te preguntas el porqué de ciertas situaciones que de otra manera y sin la influencia del alcohol, lo hubieras pasado por alto. Miré al espejo retrovisor a mi chofer, él me miraba como si no me conociera —nos conocemos desde hace muchos años, ¿por qué no me dices Edward?
—Humm… porque lo respeto Señor, porque… porque, creo que nunca me pregunté por qué.
—Porque nunca miré más allá de mis narices, porque eres leal y nunca te vi más que como mi chofer. Y a pesar de todo, creo que eres mi confidente más preciado —negué con la cabeza —por qué hasta que la vida decidió darme un codazo en la nariz, no veía más allá de mí.
Él no dijo nada. Sonreí mirando las luces lejanas del Pier Navy, donde Bella y yo habíamos ido aquella vez, buscando su perdón. —Hasta que llegó Bella a mi vida y vi más allá. Qué ciego estuve todo ese tiempo antes que ella ¿verdad? —miré nuevamente a Diego. Él sonrió levemente y asintió.
—La señorita Isabella es una buena mujer… quizá, ella supo sacar lo mejor de usted —me miró con cautela, como esperando ver mi reacción. Le sonreí… por supuesto que ella sacó lo mejor de mí, todo el mundo se daba cuenta de ello. Dios… no quería ni pensar como me veían antes de ella, cuando mi vida con Heidi parecía tan segura.
—Me casaré con esa mujer algún día ¿sabes? —sonreí recordando sus ojos verdes, con ese marrón alrededor algo difuminado, la profundidad en su mirada y la suavidad de sus labios. Necesitaba llegar a ella y saber que por una vez este día, todo estaba bien, como debía estar. Olvidarme que mañana perdería mi más preciado proyecto, al menos hasta que se pruebe que no soy culpable de lo que se me acusa. Olvidarme de la presencia indeseada de Heidi en mi lugar, de sus dedos en mi barbilla y en mi nuca, olvidarme que su padre quiere arruinar su carrera.
Olvidar al menos por una noche.
*o*
—Hey —susurré inclinándome para agarrar a Papi del suelo, él movía la cola… algo que me sorprendió, porque yo no era digno de su cola moviéndose, de su simpatía. Siempre me ganaba sus gruñidos o su miedo, pero no su simpatía.
— ¿Mami te habló pequeño? ¿Te dijo que debes ser bueno conmigo? ¿He?... bien, me parece perfecto… porque justamente yo soy el que te paga tu pedicura y tus vacunas —esas mismas uñas eran las que ahora se clavaban en mi cuello, mientras esa cola se movía como un péndulo detrás de él. — ¿Dónde está mami ahora? ¿Durmiendo? ¿Me dejaras dormir con ella y no tratar de morder mi trasero? —lo llevé hasta la cocina sin encender las luces, el resplandor de la ciudad de Chicago entrando por los amplios ventanales era suficiente. Tomé su recipiente de comida y vertí en él un poco de carne pre cocida en lata, el muy mugroso solo comía de una marca en especial porque las demás le caían mal al estómago. Bien… digamos que cuando decidí comprarle un chihuahua a Bella, no me molesté en investigar sobre sus cuidados y exigencias.
—Bien, quédate aquí, come todo eso, no quiero verlo mañana en tu cuenco. Y por favor Papi… déjanos en paz esta noche, estoy tan cansado —lo dejé en el suelo y en un segundo su trompa estaba delicadamente sobre su comida, tomando pequeños trozos su carne.
Caminé hasta la habitación de Bella, sacándome la chaqueta, aflojando la corbata y desabrochando los botones de mi camisa a medida que iba caminando. Cuando llegué a un lado de su cama, una diosa me recibió. Cielos… Bella estaba dormida, vestida solamente con un pequeño camisón transparente negro que dejaba entrever, la unión entre sus piernas, ese lugar desnudo, suave, que me volvía loco de lujuria. Sus pechos turgentes, esos rosados pezones que presionaban contra la tela, como si supieran que mi boca ansiosa había llegado para reclamarlos. Su pequeña cintura, su vientre hermoso, que algún día albergaría a mi hijo… oh sí, mi hijo, nuestro hijo. Ese diamante brillando en su ombligo, con mis iniciales en su engarce… mía, jodidamente mía. Siempre.
Me saqué el pantalón arrastrando mis boxers con ellos, caminé al otro lado de la cama y me acosté detrás de ella, acunando su cálido cuerpo con el mío. Ella se removió cuando sintió mi contacto, por lo que me aferré a su cintura con mis brazos y gemí ahogadamente cuando mi pene duro y erguido se acuno entre sus nalgas.
— ¿Edward? —dijo somnolienta y confundida. Ella volteó su cabeza y me miró por un instante,
—Shhh… sí bebe, perdón por no haber llegado temprano —dije besando su mejilla suavemente. Ella me miró por un momento, el sueño luchando en sus ojos contra la necesidad de despertar. —Duerme cariño… te amo.
— ¿Es whisky lo que huelo? —Ella volteó hacia mí y traté de que mi sonrisa no vacilara — ¿qué pasó Edward? Te vez agotado… esas ojeras… no me gustan nada — las suaves puntas de sus dedos acariciaron debajo de mi ojo. Se veía hermosa bajo la penumbra, sus ojos brillantes me miraban absorbiéndome y sus dedos lanzaban en mi piel, un entumecimiento que se sentía increíble. Quería morir en ella, no había mejor paraíso.
—Es el trabajo… no es nada, tomé una copa antes de venir. Por favor, abrázame y duerme preciosa, Dios Bella… te recompensaré mi amor, lo haré, lo prometo…
—Te extrañé… ¿cuándo podré tenerte para mí al menos unas horas?—sonaba tan acongojada, me necesitaba como yo la necesitaba a ella.
—Pronto mi amor—suspiré besando su frente –por lo pronto te dedicaras a buscar un vestido hermoso y a ponerte más bella de lo que eres para la gala del Millenium park, eres mi cita bebé y quiero que esa noche sea preciosa para ti
—Oh… cierto. ¿Cuándo es? — su mirada se había aclarado un poco, dispersando su sueño mientras me miraba con atención.
—En dos sábados más—susurré acomodando su mano sobre mi pecho y entrelazando mis dedos con los de ella.
—Mmm… no puedo esperar
Ella desinteresadamente besó mi pecho desnudo y colocó la palma de su mano abierta sobre mi corazón ¿Cómo podía amar más a esta mujer? ¿Cómo no moría en el intento cuando ella hacía cosas como esa?
—Luego de esa gala te recompensaré entera mi amor, solo para ti, todo tuyo— dije rogando internamente que para ese entonces mi problema con el spire se solucionara. Pedía a Dios o quien fuera que existiera allí arriba, que todo saliera a mi favor. Y si no era posible eso, sin embargo eso era lo que me tenía sin cuidado, en mi interior el peor miedo de todos era perder a mi Bella. No cedería a los deseos de Ben ni mucho menos de Aro, si alguna vez volvía a comprometerme lo haría con la la única mujer que es capaz de quitarme la vida, con la única que he amado, Bella y ni siquiera una amenaza, ni el riego de perderlo todo, me haría dudar de hacerlo.
Ella parpadeó con los ojos recorriendo en una caricia mi cara —La única recompensa que me haría feliz es que descansaras… te ves… te ves —ella me miró impasible, sus manos acariciaban por encima de mi corazón —triste… ¿qué sucedió para que te pusieras triste? Cuéntame…
Negué con la cabeza, era tan transparente para ella —Nada… algo con lo que estamos lidiando, solo eso.
—Bien—recostó su cabeza en mi pecho y yo dejé caer mi cabeza en la almohada. —Duerme mi amor… mañana te haré el desayuno, no te iras sin eso.
—Bien cariño, amo tus desayunos — dije besando su frente.
—Mmm…
Di un último suspiro antes de caer rendido… definitivamente renunciaría a todo por ella, a todo.
Sip... se viene la gala... ¿y que se vendrá con la gala? hummm...
Este capi fue mas bien como para que vean lo complejo de la situación de edward, como se llamaría, un capitulo de transición porque no pasó algo muy importante tampoco, solo lo que nos veníamos esperando. Ahora si agarrense para los próximos capis!
Bueno, especiales gracias por soportar mi ausencia, jajaja... se que ni me extrañaron hay muchos fics increibles por ahi tambien. Pero en serio, gracias por la paciencia, las vacaciones navideñas terminaron y aqui estaremos.
Gracias a todas las lectoras y a las nuevas que van llegando, gracias. Las amo por siempre estar ahi, a todas las nenas que envian sus reviews y a las locas del grupo en facebook, las amo. Pero sobre todo quiero darle un enrome GRACIAS a mi beta; Ginette Bri Drb. Gracias preciosa, eres grande!
Ahora, gracias por sus votos para "Exótica" en el grupo FFAD, el fic quedó entre los mejores 20 y fue gracias a ustedes. Gracias! Un beso enorme a todas y nos vemos la semana que viene.
Lu
