DISCLAIMER: Los personajes de Harry Potter son propiedad de J. K. Rowling.

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Preferencia Personal

Capítulo 28: Reproches y traiciones.

Whiltshire, Inglaterra. Noviembre, 2004…

Ni siquiera esperó a que el mayordomo terminara de anunciarlo. Con aire impetuoso Scorpius apareció por las puertas francesas que daban a la terraza en la residencia Nott y no detuvo su andar hasta colocarse al otro lado de la mesa de jardín en la que Lex se encontraba leyendo. Sentado bajo la luz del sol, con ése aire tan casual y ajeno al caos del mundo, hacía que Scorpius pensara en lo jodidamente perturbador que era la supuesta tranquilidad de su amigo.

Tú lo sabías, ¿verdad? —dijo con los dientes apretados, cerrando ambos puños entorno al respaldo de la silla de hierro frente a él. Era eso o estaba seguro de que terminaría haciendo trizas todo el maldito lugar.

Tendrás que ser más específico —respondió Alexander con tranquilidad, sin mirarlo e ignorando su tono demandante—. Tengo conocimiento sobre muchísimas cosas.

Scorpius tuvo que apretar todavía más sus dientes hasta que sintió la quijada crujir para contenerse. En serio Lex tenía suerte de ser su mejor amigo. Eso lo estaba salvando de la paliza que quería darle en momentos como éste, cuando él estaba que se lo llevaba el demonio y su mejor amigo hacía caso omiso de su inquietud.

Que Phoebe se irá a Nueva York.

Alexander apartó la vista del libro que estaba leyendo —Nietzsche, para variar— y miró a Scorpius en silencio. Toda su expresión decía que él sabía que Scorpius sabía lo que él sabía, y que una parte de él estaba absolutamente sorprendida porque lo hubiera averiguado hasta ahora. Alexander Nott podría engañar a todo el mundo, excepto a él y Scorpius sabía que eso era lo que los había hecho mejores amigos desde el principio. Por alguna loca y extraña razón, que ni siquiera un respetado psiquiatra podría adivinar, ambos siempre habían sido como libros abiertos para el otro.

¿Por qué no me lo dijiste?

Alexander puso el libro sobre la mesa y se quedó mirando la carátula donde se leía "Ecce Homo. Wie man wird, was man ist". Si se encontraran en otro tipo de ocasión, Scorpius se preguntaría de nuevo cómo rayos su amigo podía disfrutar ese tipo de lectura, pero justo ahora el silencio de Lex no hacía más que exasperarlo.

Eso es algo que ella te habría mencionado de haberlo querido —dijo Alexander con tono calmado, dignándose a mirarlo por fin—. Su sueño siempre fue entrar a Parsons, es una de las mejores escuelas de diseño en el mundo. Tú padre sólo quiso ayudarle un poco…

Scorpius sintió que todo signo de expresión desaparecía de su rostro al escuchar la última frase.

¿Mi padre? —inquirió sorprendido—. ¿Qué tiene que ver mi padre en todo esto?

Él le ofreció su apoyo para facilitarle su estancia en Nueva York.

¿Por qué no me sorprende? —Farfulló, sintiendo la ira yendo en aumento en el interior de su cuerpo.

Claro que no le sorprendía. Desde que su padre se había enterado de sus intenciones de probar suerte con Slytherin, uno de los equipos de fútbol nacionales con cede en Londres, no había dejado de fastidiarlo con toda esa basura de "su deber como un Malfoy", "el futuro que debía tener" y demás cosas que él debería considerar antes de arrojar las esperanzas de su familia por la borda. Y ahora que él se había negado definitivamente a seguir sus pasos, no le extrañaba que su padre requiriera otro tipo de "medidas de persuasión" para convencerlo de que jugar fútbol profesionalmente era una grandísiam estupidez.

No había aprobado ésa decisión suya, y como a Scorpius le había dado prácticamente igual, cosa que su padre nunca le perdonaría, ¿ahora lo castigaba alejando a su novia de él? Sabía que su padre no era su abuelo, pero juraba que en las últimas semanas había visto demasiado de Lucius en Draco como para que comenzara a dudar que en algún momento hubieran sido diferentes.

Supongo que eso tampoco te lo mencionó —agregó Lex, volviendo a llamar su atención. Tal vez se dio cuenta de que Scorpius estaba a punto de hacer pedazos todo, porque su tono era demasiado afable en comparación con el que siempre utilizaba—. Scorpius, no la condenes. Ella sólo está persiguiendo sus sueños, tú deberías seguir su ejemplo.

Con toda honestidad, las palabras de Lex no hacían mucho por hacerlo sentir mejor. Al contrario, le ponían en claro que para las personas importantes para él, él sólo era alguien dispensable o alguien a quien en realidad no apreciaban de la misma manera en que él lo hacía. Maldito fuera el universo bastardo. Scorpius sentía un profundo dolor mezclado con una ardiente furia que parecía fundir todo en su interior ahora que el mundo entero había decidido apuñalarle por la espalda el mismo día sólo para disfrutar viéndolo revolcarse en su miseria. El único que parecía estar de su lado era Lex, y tal vez no lo aceptara nunca en voz alta, pero Scorpius se lo agradecía.

Dime, ¿ya pensaste en la propuesta de Slytherin?

Scorpius sacudió la cabeza.

No, no lo había pensado, pero lo haría. Después de aclarar un par de cosas con su padre, por supuesto que lo haría. Y entonces se largaría de esta infernal ciudad de mierda y no volvería jamás.

La conferencia había terminado quince minutos atrás y con ella el sufrimiento interno que había acarreado en los últimos días. Al menos eso debería ser, aunque Rose no se sintiera mucho mejor. Por supuesto le alegraba que ya no estuviera parada en aquel estrado, las palmas de las manos ya no le sudaban y su respiración había recuperado su cadencia normal. Físicamente se sentía de nuevo como ella misma… pero ahí terminaba el alivio. Mientras conversaba con algunos interesados en ahondar un poco más en el proyecto en Saint-Albans y en los pequeños detalles de la "aventura lingüística", una parte de ella no estaba en la conversación, la misma de ella que seguía sintiendo que la noche no había sido tan perfecta como debería.

—¿Creíste que no vendría?

Rose dejó de respirar un instante antes de girar sobre sus talones y encontrarse frente a frente con aquella cálida mirada que no había visto en mucho tiempo.

—Evander… —suspiró.

Perfectamente ataviado con un traje oscuro para la ocasión, el jugador de Gryffindor sonrió al ver su expresión de sorpresa y Rose deseó sentirse la mitad de feliz por verlo en vez de la decepción que había sacudido su estómago al darse cuenta de que no era la persona que había esperado.

—Fue una gran conferencia, Rosie. Nunca he sido fan de la Historia, pero ahora ya entiendo porqué tus alumnos te quieren tanto —le comentó con una sonrisa, a la que Rose apenas pudo corresponder.

—Me alegra que estés aquí.

—Claro, y nosotros no contamos… —Rose frunció el ceño al ver a su primo pasarle un brazo por detrás del cuello a Evan y despeinarlo un poco.

Esa manía de James le había costado varias peleas amistosas con, prácticamente, cada miembro de su familia y esta vez no fue la excepción. Esos dos hombres, convertidos ya en adultos, uno de ellos con un bebé, comenzaron a pelear en medio del auditorio sin importarles las miradas extrañadas que estaban atrayendo con su comportamiento. Albus soltó un pequeño suspiro resignado y Rose sonrió por fin.

—Que todos ustedes estén aquí, James —agregó un poco más animada. Si no fuera porque casi toda su familia estaba aquí, muy probablemente ella no habría conseguido salir airosa de este asunto—. Gracias.

—¿Y dónde está Scorpius, Rose?

No supo por qué, pero la pregunta de Jacey logró borrar la sonrisa en cuestión de nanosegundos.

—Eh… no lo sé —aceptó en voz baja mientras intentaba deshacer la presión en su garganta—. Dijo que vendría… tal vez algo se le atravesó en el camino —explicó, evitando el contacto con aquellos ojos verdes. Jacey siempre había sido muy buena leyéndola, y no quería que su casi cuñada se molestara porque Scorpius la había dejado plantada otra vez. Había estado realmente enojada por todo el asunto de la cena en San Valentín, aunque Rose asumía que enterarse del contrato que había entre ellos, por el que se habían casado en realidad, había tenido mucho que ver.

—Pues espero que esté agonizando en el hospital. Es la única excusa acep… ¡auch! —exclamó James de repente cuando su esposa le dio un codazo en el costado—. Eso me dolió, Jace.

Rose parpadeó sorprendida y se disculpó con sus primos para luego llegar a donde se encontraban los Malfoy, Alexander y Lily conversando con los padres de la menor de los Potter. Sus suegros habían insistido en quedarse hasta que todos se fueran porque querían invitarla a cenar. Aunque, honestamente, todo lo que Rose quería hacer era quitarse esta estúpida falda y los odiosos tacones y meterse a la cama y dormir. No sabía cómo era posible, pero estaba realmente exhausta.

—Disculpen —volvió a repetir arrastrando por el brazo al hombre joven ante las miradas contrariadas de los presentes—. Alex, ¿Scorpius no te ha llamado?

Alexander exhaló profundo y negó con la cabeza.

—He intentado llamarle un millón de veces, pero no atiende el teléfono. No sé por qué no está aquí.

—Eso… ya no importa —musitó Rose. Se mordisqueó el labio y volvió a mirarlo a los ojos—. Sólo asegúrate de que esté bien, ¿si?

Vio que Alexander fruncía el ceño, completamente confundido por su extraña petición, pero ella no podía explicarse. Al menos no con lógica.

Rose sabía que James no había tenido ninguna mala fe al soltarle aquel comentario, pero eso no había evitado que el peor miedo despertara en su interior.

Cuando ella tenía casi once años, sus padres habían conseguido una subvención para la investigación que su madre había planeado hacer sobre las lenguas paleosiberianas, y habían estado fuera todo un día para afinar los últimos detalles del viaje. Rose había estado muy emocionada por ir, ya que nunca se había sentido realmente cómoda en la ciudad. Sí, amaba pasar tiempo con sus abuelos, tíos y primos; pero había amado más la libertad de la vida que había tenido con sus padres como investigadores de campo en lugares remotos.

Su madre había prometido ayudarle a empacar y a preparar su diario de aventuras, lo que más tarde Rose entendería como un antecedente a un diario de investigación; pero las horas comenzaron a pasar y sus padres no aparecieron.

Se había sentido realmente molesta por eso. Su mamá le había hecho una promesa que no había cumplido.

A la una de la madrugada había sonado el teléfono en casa de sus abuelos y la policía les había informado sobre un accidente automovilístico en el que sus padres se hallaban involucrados. El mundo había comenzado a caerse a pedazos desde que su abuela la había despertado junto con su hermano. En el camino se habían encontrado con sus tíos Harry y Ginny y todos habían atravesado las puertas del hospital sin que ella realmente supiera lo que había ocurrido. Su padre había muerto en la zona del accidente al igual que el conductor del otro auto, el cual se había quedado sin frenos desatando el choque. Su madre había logrado sobrevivir, pero había fallecido luego de haber pasado varias horas dentro de un quirófano.

La cruda sombra de los recuerdos la atrapó desprevenida y los ojos se le llenaron de lágrimas. En una noche había quedado huérfana y una parte de ella aún ahora se arrepentía de haber pasado toda la tarde molesta con su madre por no haber cumplido una promesa. Un escalofrío le recorrió el cuerpo al pensar en Scorpius.

Sabía que era una exageración suya, lo sabía con cada centímetro de su ser, pero sólo porque ella lo supiera no significaba que su corazón lo entendiera.

Scorpius no fue consciente de lo rápido que iba sino hasta que un tráiler pasó junto a él y las luces provenientes de los faros lo cegaron momentáneamente como el flashazo de una cámara. Para alguien que estaba acostumbrado a tener los reflectores encima, el hecho lo sobresaltó tanto que tuvo que orillar el auto en medio de la carretera. Ni siquiera se había dado cuenta de que había dejado la ciudad. Y por la oscuridad que le impedía ver a lo lejos, supuso que la había dejado hacía mucho tiempo.

El motor del auto se apagó con un suave susurro y la música cesó al instante. La vacuidad se tragó todo lo que había a su alrededor, dejándole el pequeño espacio convertido en nada. Eso era lo que sentía: nada. Ni el volante entre sus dedos ni los pedales bajo sus pies ni siquiera el asiento en el que descansaba la espalda. Sabía que debía sentir algo, pero la furia, el dolor, la sorpresa y la indignación habían aparecido tan rápido en él que ahora lo habían dejado vacío. Todas sus emociones y reacciones se habían desvanecido en algún punto de su frenética carrera en el auto y se habían llevado todo de él.

"Tu padre no sólo corrió con los gastos de mi estancia en Nueva York, le había dicho Phoebe cuando lo había encontrado al salir del centro de entrenamiento. Eso era lo importante que había necesitado que él supiera. "Alexander lo convenció para que moviera sus influencias y así me aceptaran en Parsons. Aun cuando le dije que no estaba segura de querer irme. No estaba segura de dejarte…"

Sus manos aferraron con tal fuerza el volante que le sorprendió que éste no se hiciera polvo bajo su firme agarre. Una parte de él aún no alcanzaba a procesar todo lo que Phoebe le había revelado. Su voz seguía escuchándose como un eco en el interior de su cabeza y eso le hacía albergar la esperanza de que se tratara de un mal sueño, una pesadilla. ¿Por qué demonios no se lo había dicho antes? ¿Por qué…?

"Es mi hermano, Scorpius. No quería que tuvieras que elegir entre los dos…"

Su teléfono celular comenzó a vibrar de nuevo sobre el asiento del copiloto. Sus ojos se posaron en el aparato y en las tres letras que brillaban en la pantalla.

Los dos habían crecido juntos, incluso cuando Theodore Nott había enviado a su hijo a aquel internado y sólo se veían los fines de semana cuando niños. Alexander, Lex, había sido más que un amigo, había sido lo más cercano que tenía a un hermano. Siempre había estado ahí para él. Cuando Slytherin lo había firmado y él había decidido mudarse a Londres, Lex había ido con él. Se había preocupado lo suficiente como para asegurarse de que el contrato fuera lo más justo posible, adquirió el rol de representante incluso antes de concluir la universidad porque lo había conocido lo bastante como para saber que Scorpius estaría realmente centrado en su trabajo en el campo y no se ocuparía de las nimiedades administrativas. Y cuando comenzó a descarrilarse, nunca lo abandonó. Estuvo a su lado, a veces fungiendo el papel de niñera en vez del de amigo y representante.

No podía haber hecho esto. Excepto que… todo apuntaba a que era verdad.

Se llevó las manos a la cabeza y se apretó algunos mechones de cabello entre los dedos, sintiéndose impotente. No sabía que creer. Sentía que ya ni siquiera podía confiar en él mismo.

Finalmente la furia sacudió su interior y sus manos golpearon el volante en un arrebato violento. Pensar en su vida ahora y en lo diferentes que hubieran sido las cosas para él si hubiera sabido la verdad antes, no hicieron más que alimentar el fuego iracundo que ardía en su interior.

El tiempo pasó con él envuelto en la oscura soledad. No supo con exactitud si fueron horas o minutos, y aunque él quería quedarse ahí para siempre, supo que lo mejor era volver a casa. Sus dedos alcanzaron la llave y encendió el motor. Giró el volante para devolver el auto a la carretera e inició el camino de regreso a la ciudad.

Le tomó casi dos horas llegar a casa, lo cual sumado a que era medianoche, le permitió saber que se había alejado bastante mientras conducía sin prestarle atención al camino. Estacionó su auto en el lugar de costumbre y subió en el ascensor desde el estacionamiento subterráneo hasta el último piso del edificio, donde se detuvo un segundo en el vestíbulo antes de abrir la puerta.

Habría esperado encontrarse con la oscuridad debido a la hora, pero le sorprendió que las luces estuvieran todas encendidas. Dejó caer las llaves en el pequeño cuenco de cristal y se quitó la chaqueta, la cual arrojó con desgano sobre el respaldo del sofá antes de sentarse.

La luz proveniente de la cocina se apagó y Rose apareció por la puerta con un vaso de agua en las manos. Scorpius se levantó con un salto. De inmediato recordó la conferencia de la cual ella le había hablado y a la que él había prometido asistir. Conferencia que había sido esa misma noche.

Maldita sea, lo había olvidado.

—Rose. —Por un segundo, ella pareció sorprendida al verlo, pero luego toda emoción quedó oculta en sus ojos—. Lamento no hab…

—Descuida, no fue importante —le dijo en voz tan baja que apenas logró escucharle. Ni siquiera se detuvo ni lo miró a los ojos, sólo siguió su camino escaleras arriba.

—Puedo compensarlo, lo juro —se apresuró a decir él desde el inicio de los escalones—. ¿Quieres ir a cenar mañana fuera?

Rose estaba dispuesta a… bueno, no a dejarlo pasar sino más bien a no pelear, pero la propuesta de Scorpius la puso directamente y sin escalas en el reino de los furiosos donde fue proclamada reina apenas al llegar. No supo qué fue lo que más le dolió, la expresión relajada de su rostro o la sinceridad en sus palabras, porque él realmente creía que "podía compensarlo". Lo peor de todo era que el dolor había adquirido un tinte amargo a lo largo de las últimas horas. Era una sensación desconocida para ella, parecía ir más allá de la molestia o la rabia. Este dolor era algo violento, algo que hacía punzar cada fibra de su pecho, como si algo intentara abrirse paso entre sus costillas. Era dolor, era rabia, era decepción… todo al mismo tiempo.

No pudo reprimir una exhalación irónica. En cualquier otro momento, con cualquier otra persona ella habría seguido su camino, lo juraba por lo más sagrado; ¿pero ahora, lidiar con la indolencia de Scorpius? Tenía que ser una broma.

—En serio eres increíble… —comenzó mientras apoyaba con cuidado el vaso de agua en el pasamanos. Era eso o arrojárselo directamente a la cabeza. Se giró para mirarlo y entonces ya no pudo contenerse. Él iba a escucharla esta vez—. ¿Sabes siquiera lo que significa prometer algo? ¿crees que todo se trata de compensar? Se trata de compromiso. ¡Un compromiso que adquiriste hace meses y que ni siquiera tuviste la suficiente decencia de cancelar! ¿Y todavía crees que lo puedes compensar?

—¿Por qué armas tanto alboroto? Dijiste que no había sido importante mi ausencia.

—¡Sí, y no lo fue, pero eso no cambia el hecho de que prometiste algo y no cumpliste! —le gritó sin saber cómo es que su voz había alcanzado tales decibeles—. ¿Tan poco significo para ti?

—¡Ya te dije que lo siento! —le gritó él de vuelta, intentando combatir su rabia con la propia—. Soy alguien ocupado, no puedes ponerte así sólo porque, por una vez, no hice lo que a ti te daba la gana. Tienes comida, un techo, demasiado dinero en tu cuenta gracias a mí, ¿qué más puedes pedir?

Rose se mordió el labio. Todo en su interior fue absorbido por la sofocante sensación que la había acompañado desde que había tenido que pararse en aquel bendito estrado. Era una bomba a la cual se le había acabado la cuenta regresiva y ahora no tenía más propósito que explotar.

—Ah, ¿y crees que es fácil para mí? ¿Crees que aquí yo estoy como princesa? ¡He tenido que sacrificar mucho por estar aquí, incluyendo mi empleo, el cual perdí por tu causa! —le reprochó sin pensar. Su lengua le había ganado la batalla a su cerebro y ahora lo mantenía lejos de esto—. ¡Sin mencionar que tengo que soportarte todos los malditos días!

—¡Si no te gusta te puedes largar! —rugió él, extendiendo el brazo en dirección a la puerta—. ¡Esto es sólo un contrato, maldición!

El cuerpo de Rose retrocedió como si él la hubiera abofeteado.

En realidad lo había hecho: le había dado un golpe de realidad. Sintió como si de repente se hubiera convertido en cristal y sus palabras fueron la bala que había conseguido hacer añicos algo importante en su interior.

—Siempre encuentras una nueva forma de lastimarme y ni siquiera te importa. —Rose respiró profundo y el pecho le dolió, impidiéndole retener el aire. Las lágrimas ardieron en sus ojos, pero su orgullo consiguió mantenerlas a raya— Pero tienes razón —susurró con la voz hecha un hilo. Habría querido tener la suficiente entereza como para conseguir algo mejor—, lo que hay entre nosotros sólo es un contrato, no sé por qué me molesto. —Pasó junto a él, cambiando el rumbo hacia su habitación, y entonces se volvió para decirle—: A partir de ahora me atendré a sus términos y nada más. Ya he terminado contigo.

Scorpius tragó profundo cuando escuchó la puerta cerrarse con un golpe firme. Todo su cuerpo temblaba a causa de las caóticas emociones que habían logrado liberarse en su interior gracias a la pelea. Apretó los puños en ambos costados y sintió los músculos de su cuello tensos. No podía moverse. Tenía la boca impregnada del corrosivo sabor de su propio veneno.

Las palabras que acababa de pronunciar hicieron eco en sus oídos… y de inmediato él se arrepintió de haberlas pronunciado.

A la mañana siguiente, Rose se sintió más agotada que la noche anterior. Las horas habían transcurrido con lentitud mientras mantuvo la mirada perdida en los números rojos de su reloj despertador al no poder dormir. El sol apareció por su ventana y a ella no le quedó más remedio que levantarse: tenía una reunión con la Junta de la fundación y no podía seguir aplazándola a su antojo.

Se arregló rápidamente, el agotamiento que sentía por dentro se vio reflejado en forma de ojeras, ojos hinchados y labios resecos a través del espejo. Demonios, su aspecto era realmente deplorable. Terminó de recogerse el cabello, se lavó los dientes y sacó un par de cosméticos de su neceser. Sabía que a Victoire no le haría ninguna gracia que ella fuera consciente de su apariencia y no pusiera en práctica los consejos de belleza que su prima le había recomendado con tanto ahínco. Diez minutos después y el reflejo en el espejo fue más aceptable.

Al salir del baño, no pudo evitar que su mirada recayera en la puerta de la habitación de Scorpius. Sus pies se detuvieron al instante. El eco de la gigantesca pelea que habían tenido horas antes reverberó en el interior de sus oídos y agudizó la presión en el pecho que no había parado de sentir desde entonces. Toda la noche se le había ido en pensar en ello, y el dolor que le habían provocado las palabras de Scorpius se había mantenido hasta ahora. No sabía por qué le había afectado tanto. Bueno, podía darse una idea: después de vivir juntos más de seis meses, y de haber pasado por demasiadas cosas juntos, le había sorprendido encontrarse a sí misma sintiéndose completa por el sorpresivo apoyo que él le había brindado. Scorpius se había convertido en alguien realmente cercano, tanto o más que algunos de sus amigos más importantes, así que ahora resultaba tan desolador haber descubierto la noche anterior que aquel sentimiento no era recíproco.

"¡Esto es sólo un contrato… maldición!"

Esa frase lo había dejado bastante claro.

Pero entonces Rose no podía apartar de su cabeza las cientos de preguntas que habían comenzado a surgir mientras ella misma se intentaba convencer de eso. Si todo era un contrato, ¿por qué él siempre la molestaba? ¿por qué no la dejaba en paz? ¿por qué se había esmerado en encajar en su mundo y al mismo tiempo protegerla de los peligros que había en el suyo? ¿por qué la había besado la otra noche?

¿Por qué…?

Respiró profundo y obligó a sus pies a retomar el camino escaleras abajo. Había asuntos que requerían su pronta atención y no podía seguir perdiendo el tiempo. Sentía que la cabeza le explotaría de un momento a otro en medio de tantas interrogantes, pero no tenía caso buscarles respuesta. No valía la pena.

Debía convencerse de ello.

La fundación Hermione Granger era una organización que Rose había creado con la intención de apoyar la educación universitaria de jóvenes que estuvieran interesados en la Historia y la Lingüística, áreas del conocimiento en las que su madre había destacado incluso después de su muerte. Había sido un proyecto ambicioso, difícil y agotador, que había puesto a prueba su fuerza física y mental, y que además le había costado todos sus ahorros, incluyendo la suma de dinero que le había correspondido del seguro de vida de sus padres y su herencia; pero cuando todos sus esfuerzos comenzaron a dar frutos al cabo de unos meses —más de un año, en realidad—, Rose se había sentido realizada.

Eso hasta que la crisis económica del 2009 había amenazado con llenar de agujeros el barco hasta que sólo quedaran simples tablones flotando en altamar. Entonces Scorpius Malfoy había aparecido en el Weird Sisters, la había besado y los dos habían firmado un contrato para casarse. Todo eso sonaba tan irreal que debía ser una broma. Pero no lo era, así había sido su vida durante los últimos meses. A Rose le sorprendía que el lamentable artículo del London Inquisitor no le hubiera arrebatado su puesto en la fundación también. Aunque supuso que eso se debía a que su tía Audrey era la verdadera mujer a cargo de todo.

La reunión transcurrió sin ningún contratiempo, durando apenas un par de horas. Aunque Rose agradecía que le hubiesen ayudado a mantener la mente lejos del caos en que se había convertido su vida en casa. Se discutieron los asuntos generales de la fundación, cuestiones de presupuesto, informe de actividades, perfiles de los aspirantes a las becas del próximo semestre de otoño, y demás. Ella permaneció en silencio, escuchando con plena atención a todos y, cuando su tía dio por concluida la reunión, Rose se despidió de todos los asistentes y aprovechó para acercarse al hombre cuya presencia le había sorprendido desde el principio.

—¿Qué estás haciendo aquí?

Alexander se levantó de su asiento, abrochando el botón de su saco, y le sonrió.

—Scorpius se ha convertido en uno de los principales benefactores de tu fundación. La Junta me envío una invitación para su reunión de esta mañana, debía asistir —le respondió el hombre como si fuera la cosa más obvia del mundo.

A Rose no se le había olvidado nunca ese detalle, principal motivo por el que había aceptado casarse con Scorpius en un principio, pero tenía que reconocer que había perdido gran parte de su importancia hacía mucho tiempo. Su tía se acercó para despedirse. Mientras Rose intercambiaba un par de frases rápidas con su ella, Alexander se aproximó a la pantalla blanca donde todavía se proyectaba la última diapositiva de la presentación para mirarla a conciencia. Luego de un instante, cuando ambos estuvieron solos finalmente, se volvió hacia Rose sonriendo.

—Tengo que decir que me impresiona que tú sola hayas levantado todo esto por tu cuenta. Tu madre estaría muy orgullosa de ti.

Por fin Rose le correspondió la sonrisa con una propia aunque menos brillante.

—No lo hice yo sola —aclaró, sin poder evitar el sonrojo que entibió sus mejillas—. El crédito pertenece a muchas personas más.

—Eso no quita que sea realmente impresionante.

Continuaron charlando de nimiedades durante unos cuantos minutos más hasta que Rose recordó que tenían que entregar la sala de conferencias que habían alquilado para celebrar la reunión de la fundación. Ambos llegaron al ascensor y, tan pronto como las puertas se cerraron frente a ellos, el silencio los envolvió. Rose sentía que ambos tenían cosas importantes que decirle al otro, pero por alguna razón ninguno quería afrontarlas.

—¿Te encuentras bien? —le preguntó Alexander al cabo de unos segundos. Ella comenzó a fruncir el ceño, extrañada por su repentina pregunta, hasta que su irregular reflejo en el metal de las puertas le mostró que los ojos se le estaban llenando de lágrimas.

Una repentina ola de tristeza la cubrió por completo, derribando la pobre facha que había logrado construir en la mañana a base de maquillaje sencillo y dejar la mente en blanco, dejándola débil e indefensa. Se llevó las manos al rostro y sus hombros temblaron gracias al llanto que ya no fue capaz de contener.

Alexander oprimió el botón de auxilio y el ascensor se detuvo entre los pisos uno y dos con un zumbido. Borró la distancia entre ellos y la rodeó con un brazo para acercarla.

Rose se sentía realmente estúpida. No sabía cómo es que había empezado a llorar, ni mucho menos por qué no podía dejar de hacerlo. Comenzaba a molestarle no ser capaz de dejar de lado el asunto con Scorpius, al menos el tiempo suficiente como para reagrupar los trozos de su dignidad hecha pedazos y pisoteada, y permitir que su orgullo evitara que los demás vieran cuánto le afectaba la infame actitud de su esposo.

—No deberías llorar —le dijo Alexander con calma, frotándole el brazo para reconfortarla.

Rose sonrió entre sollozos, apartándose un poco al tiempo que se limpiaba las lágrimas.

—Juro que nunca he sido una llorona, no sé por qué últimamente…

—Scorpius suele tener ese efecto.

Ella alzó el rostro y lo miró sorprendida.

—¿En serio?

Alexander sonrió un poco.

—No, pero parece tenerlo en ti.

Rose se sorprendió porque aquel hombre lograra darle al clavo con tal facilidad. Alexander Nott parecía saber mucho sobre cómo leer a las personas, lo cual era asombroso… y algo aterrador, si se le permitía admitir.

—¿Te dijo por qué faltó a tu conferencia?

—No. Pero me hizo saber que para él era como haber faltado a una cena. Al menos así quiso compensarlo.

Una extraña mezcla de emociones desfiló por las perfectas facciones del hombre al escuchar sus palabras. Sorpresa, indignación, enojo… en realidad, una parte de ella se confortó al saber que, a pesar de ser su mejor amigo, Alexander fuera capaz de reaccionar ante lo que Scorpius hacía.

Sin embargo, pronto la resignación se dibujó en su expresión mientras apoyaba las manos en los hombros de Rose y la miraba a los ojos.

—Rose, Scorpius tiene un grave problema para aceptar cuando se equivoca pero lo hace. Tarde o temprano.

—No es sólo eso, Alex. Él… olvídalo. —Ni siquiera podía explicarse las cosas a ella misma, y eso que las había vivido en carne propia. Agradecía que Alex se preocupara por ella, pero lo mejor era dejar el asunto por la paz. Respiró profundo, volvió a limpiarse las lágrimas y cuadró los hombros, aprovechando que aún tenía algo de amor propio—. No debo tomar las cosas personales. No hay nada personal entre los dos, debo recordarlo.

—Rose…

—¿Quieres ir por un café? —le preguntó ella cambiando radicalmente de tema—. Me haría bien algo de cafeína en estos momentos.

Vio que Alexander luchaba con las ganas de continuar la conversación, pero Rose le agradeció en silencio cuando lo vio asentir y entonces oprimió el botón para reiniciar el mecanismo del ascensor.

Scorpius sabía que tenía que dejar de mirar la maldita cafetera como si ésta fuera a decirle "hola" de un momento a otro. Seguramente se veía como un idiota en esos momentos, pero no conseguía apartar la mirada. No había nada malo con el aparato, excepto que… no estaba vacío. El líquido oscuro, cargado de su particular aroma, llenaba poco más de la mitad de la jarra de cristal y todavía estaba tibio porque, al igual que cualquier otro día, Rose había olvidado apagar la cafetera y él había tenido que hacerlo.

No sabía por qué eso resultaba tan perturbador. Como todo desde que había abierto los ojos aquella mañana.

Por primera vez en los últimos meses, se había despertado solo en la cama. Había tenido el baño para él solo. No había nadie en la cocina, ni en la estancia, ni en ningún lugar de la casa. Estaba solo. Justo como lo había estado muchos días antes desde que había llegado a vivir a aquella maisonette en Londres. No entendía por qué entonces se sentía tan distinto.

Siempre encuentras una nueva forma de lastimarme y ni siquiera te importa…

El dolor que hubo en las palabras de Rose resultó suficiente para evitarle conciliar el sueño durante gran parte de la noche, y asimismo para hacerlo dejar de respirar cuando aquella mañana descubrió que ella no estaba en ninguna parte. Se había quedado paralizado en el marco de la puerta de su habitación, incapaz de hacer o pensar en cualquier otra cosa que no fuera el hecho de que ella no estaba allí. Que existía la posibilidad de que hubiera tomado sus palabras en serio y se hubiera marchado.

Sabía que todo había ido mal desde que había regresado a casa la noche anterior. Absolutamente todo. Y si él hubiera sido un poco inteligente, se habría largado a su habitación y habría evitado una confrontación. Eso le habría dado tiempo para, incluso, consultar con Lex la mejor manera de arreglar su metida de pata. Pero no señor, la asquerosa mezcla de emociones que lo habían sofocado durante las horas anteriores se había convertido en algo difícil de ignorar e imposible de contener y lo había llevado a desquitarse con Rose. La persona que menos tenía que ver en toda las estupideces con las que él tenía que lidiar.

Rose habría tenido todo el derecho de largarse y dejarlo solo con su mierda interna… pero el café estaba allí. Listo. Igual que cualquier otro día.

Y no sabía por qué ése hecho lo había llenado de tanto alivio por sí solo.

Una parte de él creía que era una clase de alucinación y temía que, en cuanto se diera vuelta, la jarra se vaciara mágicamente, haciéndole saber que sus peores temores, esos que no se atrevía siquiera a plantearse a sí mismo, se hicieran realidad.

—Esto es estúpido… —gruñó entre dientes, apartándose de la encimera.

Recogió su chaqueta de cuero de la mesa de mármol y salió de la cocina. En su cerebro, comenzó a fraguarse la idea de que un año del contrato no sería suficiente. Repasó en silencio los trozos de las cláusulas del contrato que aún conservaba en la memoria, pero no recordaba nada de utilidad que evitara que Rose pudiera irse en cualquier momento si lo deseaba.

No supo por qué, pero la sola idea al respecto lo hacía sentir incómodo.

Sonrió irónico ante sus pensamientos. En resumen, no sabía los porqués a un montón de cosas.

Sacó su iPod del bolsillo de sus pantalones y dejó que "Know your enemy" de Rage against the machine retumbara contra sus tímpanos a todo volumen mientras bajaba en el ascensor.

No quería pensar en Phoebe. Ni en la putada que le había hecho Alexander. No quería seguir pensando en el pasado, al cual él ilusamente creyó que le había dado vuelta, ni tener que imaginar el futuro, que cada vez sentía más fuera de su control. Apretó ambos puños y uno de ellos golpeó con fuerza la placa de metal en la que estaba recostado. Maldita sea. Ni siquiera quería seguir dentro de su cuerpo.

Cerró los ojos con fuerza y lo único que pudo ver fue la imagen de las lágrimas contenidas haciendo brillar los ojos de Rose. Demonios, ¿por qué no podía imaginar otra cosa?

Su teléfono vibró, por enésima vez desde que se había levantado, y no tuvo que ver la pantalla para saber que se trataba de Phoebe. Al llegar al sótano del edificio sacó el condenado aparato de su bolsillo y lo apagó por fin. La puerta de su automóvil se abrió con un pitido intermitente cuando desactivó la alarma y entró con movimientos regios. Conectó su iPod al estéreo del vehículo y de inmediato todo a su alrededor vibró al ritmo estrepitoso de la música. Hizo rechinar los neumáticos sobre el pavimento del estacionamiento del edificio, apenas esperando a que la puerta electrónica se levantara lo suficiente como para que su auto pudiera salir a la calle.

—Maldición —masculló por lo bajo. Tan rápido como había acelerado, tuvo que pisar el freno hasta el fondo cuando Phoebe apareció en medio de la calle.

Durante una fracción de segundo, ambas miradas se encontraron a través del cristal del parabrisas. Gris contra azul. Ambas gélidas.

Finalmente, Scorpius reaccionó.

—¿Te volviste loca? —preguntó en un grito mientras bajaba del auto y azotaba la puerta—. ¿Cómo se te ocurre aparecerte así? ¡Pude haberte matado!

Su tono agresivo y demandante, no pareció afectarle. Incluso se mantuvo firme cuando él se acercó demasiado rápido, invadiendo su espacio personal por varios centímetros.

—No lo haría si hubieras respondido alguno de mis mensajes. Anoche saliste corriendo y…

—¿Qué esperabas, Phoebe? —demandó, incapaz de contener el flujo de emociones que tensaba su voz. Ella abrió y cerró la boca varias veces, buscando las palabras para responderle, pero él no se lo permitió—. No, en serio, pensaste en decirme toda esta mierda ¿y luego qué?

—Creí que debías saber toda la historia…

—Exacto, Phoebe —respondió él tajante. Sinceramente, no habría esperado ninguna otra respuesta de ella—. lo creíste.

Phoebe apartó la mirada mientras parpadeaba varias veces intentando contener unas lágrimas que a Scorpius no podían importarle menos en este momento. Esta vez no era su turno reconfortarla, él era quien estaba convertido en un desastre por su causa.

Exhaló profundo, volvió a su auto y sin mirarla de vuelta, se alejó por la calle.

El camino frente a él cambió indistintamente hasta que descubrió que se había dirigido al edificio donde se encontraba la oficina de Lex. Apagó el motor del auto y se dedicó a esperar… aunque no supiera qué esperar. Tal vez a saber qué hacer o qué pensar. Seguía sin poder creer que Alexander hubiera sido capaz de hacerle una bajeza como aquella.

Sin embargo, eso cambió cuando lo vio aparecer caminando por la acera y, para su sorpresa, en compañía de Rose. Cada uno llevaba un vaso de plástico y, lo que fuera que le estaba diciendo Alexander a Rose en ese momento, resultaba suficiente para que ella no dejara de sonreír. Una inexplicable ola de rabia fluyó por su cuerpo, reventando cada terminal nerviosa hasta que sintió que su piel ardía en llamas. Antes de poder detenerse para pensar con claridad, bajó del auto y subió a toda velocidad los escalones.

Mientras Alexander le detenía la puerta para que ella pasara, Rose abrió los ojos sorprendida cuando de repente vio aparecer a Scorpius por la escalinata que marcaba el inicio del edificio. Por un segundo no supo cómo reaccionar, pero después cayó en shock cuando vio la furiosa expresión en el rostro de su esposo, quien se dirigió directamente a Alexander.

—¡Dijiste que ella lo había planeado! —gritó, antes de golpear a Lex en el rostro.

—¡Scorpius!

Rose vio cómo Alexander dio un paso hacia atrás tras recibir el golpe. Se llevó los dedos al labio inferior que ahora le sangraba y sonrió al mirar la mancha roja en su piel. Le dio la impresión de que él… ya se lo esperaba.

—Esto es por mi hermana… —No fue una pregunta, fue la clara y un poco irónica expresión de una certeza. Algo que terminó por destrozar los límites de Scorpius.

—¡Me mentiste todo este maldito tiempo!

Rose no podía respirar mientras veía atónica cómo Scorpius derribaba a Alexander en el vestíbulo del edificio. Una y otra vez su puño subía y bajaba hasta impactar en el rostro del que se suponía que era su mejor amigo. ¿Qué estaba pasando? Había visto a Scorpius enojado un millón de veces, pero ahora la rabia deformaba sus facciones a tal extremo que ella casi no podía reconocerlo.

Lo que más le sorprendió fue ver que Alexander se mantuvo inmóvil, sin hacer nada por defenderse. Estaba completamente abierto para recibir cada uno de los golpes mientras Scorpius lo fustigaba una y otra vez sobre la boca, los ojos y la mandíbula. ¡Cómo es que ni siquiera metía las manos!

No era la primera vez que Rose veía a dos hombres pelearse a golpes a tal grado. James le había dado una paliza semejante a Glen Harris cuando éste le había jugado aquella broma pesada en sus años de bachillerato; y aunque Rose no aprobaba la violencia bajo ninguna circunstancia, tampoco podía decir que había estado totalmente en desacuerdo con el comportamiento de su primo en aquella ocasión. Sin embargo, la escena que sucedía frente a ella provocó un profundo dolor que encogió su corazón.

A su mente llegaron los recuerdos de las veces en que había visto a Scorpius y Alexander convivir como hermanos, y era realmente difícil ser testigo de lo que en estos momentos estaba pasando entre ellos.

—¡Confíe en ti y me traicionaste! —gritó Scorpius, sacándola del estupor e incredulidad en los que se había visto sumergida.

Rose se acercó, casi al mismo tiempo en que un guardia de seguridad lo hacía, y entre los dos lucharon por apartar a Scorpius del maniatado cuerpo de Alexander.

—¡Basta! —exclamó interponiéndose cuando su enfurecido esposo hizo el amago de reiniciar su golpiza. Rose se arrodilló junto a Alexander y al ver el estado del hombre, se volvió indignada para mirar a Scorpius—. ¡¿Acaso has perdido la razón?!

Le dio la impresión de que a Scorpius le tomó más de un segundo reconocerla a ella y al lugar en el que se encontraban. Entre respiraciones agitadas, su mirada contrariada viajó desde ella hasta Alexander y entonces su expresión volvió a ensombrecerse. Sin decir palabra alguna, y tan impulsivo como había ocurrido todo, Scorpius dio media vuelta y comenzó a alejarse.

Rose no sabía qué rayos estaba pasando con él, pero definitivamente se había vuelto loco.

—Rose… —escuchó la voz de Alexander a su lado mientras éste intentaba levantarse, apoyando los antebrazos en el suelo—. Ve con él…

—¿Qué? —Él tenía que estar bromeando—. ¡No! ¡Mira cómo te…!

—¡No lo dejes por mí!

Rose estaba a punto de replicar. Viendo cómo había terminado Alexander, y el hecho de que ni siquiera se podía parar, debía ser motivo suficiente como para que ella se quedara a auxiliarlo. Pero no pudo evitar sorprenderse cuando, al encontrarse con la mirada del hombre, vio el terror reflejado a través de sus pupilas.

—Por favor… —suplicó Alexander sin aliento, y entonces ella no tuvo tiempo que perder.

Odiándose a sí misma por no poder partirse en dos, le dio una última mirada a Alexander y entonces se levantó para salir corriendo siguiendo el camino que había recorrido Scorpius antes. Su escaso equilibrio casi la hace caer mientras intentaba bajar los escalones a toda velocidad, pero se las arregló para llegar a la acera con los pies, y no su cara, bien plantados en el pavimento.

—¡Espera! —le gritó a Scorpius cuando él estaba a punto de meterse en el auto—. Voy contigo.

Él ni siquiera al miró. Y Rose tuvo que apresurarse para alcanzar la puerta del lado del copiloto antes de que él pusiera en marcha el auto.

Estruendosa música rock comenzó a sonar a todo volumen a su alrededor, causándole un sobresalto, y posiblemente perforando sus tímpanos al mismo tiempo. No se preocupó por tratar de reconocer a la banda, cuyas furiosas líricas amenazaban con dejarla sorda para siempre, ni tampoco por la forma en que el auto serpenteaba por las calles, colándose entre los otros vehículos a una velocidad que parecía sobrehumana. Todo lo que podía tener su atención en ese momento era el rostro de Scorpius y la dura expresión que había en él.

Scorpius condujo como si fueran camino a casa, pero se desvió en una de las últimas esquinas y enfiló el rumbo directo al parque Hyde. Allí, de nuevo sin mirarla, bajó del auto y atravesó la puerta del enrejado, ése que meses atrás habían traspasado a altas horas de la noche luego de una nevada y, al igual que en aquella ocasión, él fue directamente a la zona de juegos y se sentó en uno de los columpios sin importarle que estuviera llamando la atención del puñado de niños que en ese momento jugaba ahí.

Rose se acercó a pasos cautelosos, temiendo que si se movía a una velocidad normal, él explotara contra ella. Se detuvo a menos de un metro de distancia y se dedicó a esperar. Scorpius aún tenía la misma expresión que había tenido durante todo el trayecto a casa.

Sólo había visto una expresión parecida a ésa una sola vez: la primera vez que ella se había encontrado con Draco Malfoy.

En aquel entonces, Scorpius no había tenido reparo en plantarle cara a su padre y le había recriminado algo sobre ser ella una de las cosas que Draco desaprobaba de su vida, y además intentar controlar su vida… todo había sido muy confuso, justo como en este momento. De nuevo, Rose tenía la sensación de que se había quedado perdida en un lapsus de tiempo antes de que el infierno se desatara en la tierra.

La tensión tenía un vivo reflejo en cada parte de Scorpius que su vista alcanzaba a observar. Sus manos, la línea de su cuello, cada facción en su rostro… excepto sus ojos, que aun sin estar mirándola a ella eran reflejo de la tormenta que hacía estragos en su interior.

Ella debería estar enfadada con él y, si fuera alguien más, debería darle exactamente lo mismo las cosas que estaban pasando con Scorpius. Pero ella estaba tentada a maldecirse a sí misma por ser incapaz de hacerlo. Seguía enfadada con él, estaba segura de que le arrancaría la cabeza si él estuviera más tranquilo, pero no ahora. No cuando cada parte de su ser dolía por verlo sufrir de esta manera.

Los minutos se convirtieron en horas y cuando el cielo comenzó a oscurecer sobre sus cabezas, Rose tuvo que armarse de valor para hablar.

—Scorpius… —dijo lo más tranquila que pudo—. Tenemos que volver a casa.

Él no le respondió.

Luego de algunos segundos, simplemente se puso de pie y caminó de vuelta al sitio donde había dejado estacionado su auto. Fue en ese momento que Rose se dio cuenta de que lo habían dejado en un lugar prohibido y les habían dejado un papel como multa.

Eso también pareció darle igual a Scorpius.

Cuando estuvieron en casa, Rose se convenció de que el impetuoso jugador de fútbol con el que había estado casada en los últimos meses, había sido reemplazado con un zombi que se movía con puro movimientos mecánicos. Los justos y necesarios para entrar a la casa y llevarlo a sentarse en el sofá, de donde no movió ni un músculo.

Sin más opción en mente, fue a la cocina. Al regresar, traía consigo un recipiente que contenía una bolsa de hielos, algodón y solución antiséptica.

—Tu mano. —demandó, sentándose junto a Scorpius en el sofá. Por fin él se dignó a mirarla, aunque claro, no sabía si podía considerarse 'mirarla' cuando daba la impresión que estaba viendo a través de ella.

Lentamente él estiró su mano derecha, llena de magulladuras y nudillos hinchados y raspados. Rose mojó un poco de algodón con solución y redujo la distancia que había entre ambos para comenzar a limpiar sus heridas.

Scorpius siseó.

—¡Ah! No seas llorón —le dijo ella con una ligera advertencia. Cuando vio que él ya se había calmado, retomó su tarea—. Golpear a alguien de la manera en que lo hiciste tiene sus consecuencias.

—No entiendo por qué lo hizo… —Rose abrió los ojos sorprendida, al escuchar la voz de Scorpius profunda junto a su oído—. Se supone que era mi mejor amigo…

Rose se mordió el labio sin saber qué decir. El tono en la voz de Scorpius no hizo más que confirmarle lo que ella misma había deducido durante las horas previas: más que lleno de rabia, Scorpius estaba profundamente dolido.

—No porque las personas hagan cosas malas significa que sean malas personas —susurró, citando una de las frases que su madre siempre le había dicho cada vez que ella se cuestionaba sobre "lo correcto", "lo bueno" y "lo malo" mientras convivían con sociedades distintas a la inglesa. Sabía que ella se había referido a las cosas consideradas 'tabú', pero Rose supuso que podría aplicarse de igual manera en esta situación.

Scorpius soltó una exhalación cargada de amarga ironía.

—Eso es exactamente lo que define a una mala persona.

Rose tuvo que contener el impulso de poner los ojos en blanco. Resultaba bastante raro que siendo él, Scorpius Malfoy, de repente hubiera adquirido una cuadrada visión de la vida en tonos blancos o negros, cuando él mejor que nadie debería saber que lo que siempre predominaba eran las escalas grises.

—Me refiero a que las personas cometen errores, hacen cosas equivocadas por los motivos equivocados; pero no por eso lo hacen con la intención de lastimar a los demás. No sé qué pasó entre tú y Alexander, pero creo que si en realidad lo consideras tu mejor amigo, al menos debiste darle el beneficio de la duda.

La mirada de Scorpius la aguijoneó con molestia.

—¿Lo estás defendiendo?

—¡No es así! —exclamó Rose, sabiendo que debía ser más clara si no quería que él se largara de ahí antes de que pudiera hacerle entender su punto—. Pero creo que después de todo lo que él ha hecho por ti, debiste escuchar su versión de la historia. Es lo que los amigos hacen.

No esperaba respuesta de Scorpius, al menos no una civilizada. Y como no quería seguir discutiendo, le puso la bolsa de hielo sobre los nudillos y se levantó para llevarse el resto de las cosas de vuelta a la cocina.

—Rose. —Scorpius la tomó de la mano y evitó que se alejara. El movimiento fue tan repentino que la hizo girarse para encararlo desde su altura, encontrándose con esos profundos ojos grises—. Lamento no haber llegado ayer a tu conferencia. Sé que lo prometí y en verdad lo siento.

Rose sabía que tenía que cerrar la boca, pero estaba demasiado sorprendida al escuchar su disculpa. Claro, no era el monólogo shakesperiano que habría esperado, como mínimo, luego de semejante decepción; pero la emoción en aquellas simples frases parecía tan genuina, que no tuvo más remedio que permitir que su corazón las abrazara para así ayudar a amainar el dolor que tanto la había lastimado desde la noche anterior.

—Está bien —dijo en un suspiro, al cabo de largos segundos en los que Scorpius la miró expectante—, acepto tu disculpa. Pero sigo molesta contigo.

Para su sorpresa, Scorpius bajó la mirada a la vez que asentía con la cabeza, como si respetara el hecho de que ella aún estuviera enojada con él.

El silencio se presentó como un extraño invitado durante el resto de la noche. Los acompañó durante la cena y luego en la estancia donde ambos permanecieron sentados en ambos extremos del sofá mirando al frente y sin decir o hacer nada.

Cerca de la medianoche, Rose se despidió de Scorpius y fue a su habitación dispuesta a dormir.

Apenas se había dejado caer sobre el colchón, cuando su teléfono comenzó a sonar.

—Hola, Rose. Habla Alexander —dijeron al otro lado de la línea tan pronto como oprimió la tecla para responder—. ¿Cómo está Scorpius?

Decir que Rose estaba más que sorprendida por escuchar la voz de Alexander, sería decir poco. Mucho más si tomaba en cuenta el motivo para tal llamada.

—Interesante que alguien que acaba de recibir una golpiza pregunte por el estado de su agresor —comentó a la ligera. Quizás fue demasiado porque lo único que recibió como respuesta fue el silencio. Suspiró con cansancio—. Él está bien, Alex, con los nudillos hinchados pero bien. ¿Qué tal tú?

—Nada que no pueda ser arreglado en una rápida visita al cirujano plástico.

Rose abrió los ojos como platos.

—¿Tan mal estás?

Escuchó una apagada risa al otro lado del teléfono.

—Estoy tomándote el pelo, Rose. —Al igual que con Scorpius, el silencio apareció entre ella y Alexander, haciéndola sentir ansiosa. No quería ser una entrometida, de nuevo, pero tampoco…— Vamos, pregunta.

No le sorprendía que Alexander, con sus extraños súperpoderes de representante y mejor amigo de Scorpius, pudiera leer sus pensamientos a la distancia. Así que, ya que él le había dado vía libre, la aprovecharía.

—¿Qué fue lo que hiciste que lo puso tan mal?

En vez de una respuesta directa, lo único que obtuvo fue:

—Así que asumes que, sea lo que sea, merecía que él me golpeara. ¿Eso significa que estás de su lado?

—Yo… yo no he dicho eso. —¿Qué tenían estos dos hombres con asumir cosas que ella no había dicho?— Es sólo que…

—Tranquila, Rose. En realidad era lo que esperaba.

Rose suspiró.

—Está muy…

—Enojado. Lo sé.

—No, Alex. Scorpius está realmente herido por lo que hiciste. Sea lo que sea. Y siento que me estoy perdiendo una parte de esta historia, así que te agradecería una explicación si…

—Debo colgar. —La voz de Alexander había perdido la tranquilidad y Rose pudo notar la ligera tensión que apareció en su tono. El silencio incómodo regresó y Rose quiso gritar por la frustración.

—Alexander… —dijo luego de respirar profundo—. Sabes que puedes hablar conmigo si lo necesitas, ¿verdad?

Pasaron varios segundos, tantos que Rose realmente comenzó a pensar que Alexander había terminado la llamada, por lo que le sorprendió cuando lo escuchó decir:

—Sólo necesito que hagas algo por mí, Rose: Quédate a su lado.

«Continuará…»

Espero que les haya gustado!

Lamento muchísimo la demora, esta vez tuvo más que ver con cosas de mi cabeza que con algún factor externo. ¡No saben cómo odio que mi cerebro no sea capaz de concentrarse en una sola cosa a la vez! Pero ojalá que este capítulo haya valido la pena y consiguiera apaciguar las ansias de todas las "PrePer-adicts" —jajaja, según entiendo, el término es fruto de un comentario en el que me dijeron que Preferencia Personal causa cierta adicción. Yo sólo espero no estar corrompiendo a la juventud prometedora de habla hispana :P —

Bueno, pues… ya me despido, no sin antes agradecerles por sus comentarios al capítulo anterior a:

C. M. M. A — Justified October — gina lara — blaiseredfern — jos Black — fearinourminds — Shar0n EspiPPirifLautik CulleN — laugrangerweasley — jacky-LH — Yanina — Veida Joana — Diana Prenze — Suave-Primavera — ATMD — AnaisDifi — Annie Thompson — Damon-salvatore-lover15 — MayLiz Potter de Weasley — Coni — Ginna IsAbella Ryddle — xXm3ch3Xx — Cristina — Hermy Evans Black — Kirisuke — Pabel Moonlight — Luna Potter Granger — Mnica — Jackeline — EVANGELINA — ConAmor — ValeenG — Kamari24 — Altea Kaur — Mandy Scorse — gisecullen — ittah — Marie Tolomei — Lilymione Black — samfj — lore — Diane Potter — ranko. ani — selene lizt — nahima-chan — galleta de chocolate — maru — AmyGlml — Feernanda — kawaiigiirl — miriamcampuzano — Sorcieres de la Neige — Stephmarie — Ambar Hoo-Aoi — ambi — Doncella de Lorde — alex rose love — Kero Weasley — cami — BRUNO DE LAZO — DianaDilean — Milagros — Helena Bar — Rocksario — Alfilblanco — Sofia — MarieJ97 — christine999999 — Lenadris — any. laury2 — kary muggle — Lily Loop — Kuchiki Yamiko — Just a little Shooting Star — Letida — SofiLeviosa — Yadira Green

Espero que les hayan llegado sus respuestas en forma de PM's. Mientras tanto, lectoras/es sin cuenta, he aquí las respuestas a sus reviews:

Yanina: Me alegra que te gustara el capítulo anterior. Muchas gracias por tu buena vibra! :)

Coni: Bueno, en este cap vimos que, desafortunadamente, no pudo llegar a la conferencia :/ Ya veremos qué pasa a partir de ahora.

Cristina: Muchas gracias a ti que sigues leyendo y comentando! :D Espero que hayas disfrutado este cap ^^

Mnica: Vaya… muchas gracias por tus palabras!

Jackeline: Sí, fue bastante triste lo que pasó con Rose… en cuanto a Phoebe, puff, no hay mucho que pueda decir para defenderla en estos momentos, la verdad :/

EVANGELINA: Querida, Evs… yo también extrañé un montón pasarme por aquí para actualizar, créeme, ojalá pudiera escribir todo el bendito día :) Pasando a lo que nos atañe: me encantó tu análisis de lo ocurrido hasta ahora, y me gustaría responderte como se debe, pero aquí hay que abreviar —no querrías pasarme alguna dirección de e-mail para así responderte más en forma?—Bueno, por lo mientras me quedo con dos partes: la primera, respecto a Rose, tienes razón, toda su vida ha sido pérdida tras pérdida; pero quiero pensar que eso es lo que la ha convertido en la excelente persona que es ahora. Y en cuanto a Scorpius: creo que lo definiste perfectamente con eso de "Scorpius le tiene fobia a las traiciones" porque es totalmente cierto, la vida y la fama lo han hecho alguien desconfiado y las consecuencias de ese miedo han quedado más que patentes en este capítulo. Muchas gracias por tus palabras, espero que te encuentres fantástica!

lore: Seh, la verdad fue bastante difícil el capítulo anterior y concuerdo: más de una ya le hubiéramos hecho ver su suerte a ese Malfoy por ser tan desconsiderado a veces! :/ En fin… con respecto a tu sugerencia, uy, chica creo que dejarás de leerme después de esto, pero bueno… Aunque sé que el Captain Swan se dará tarde o temprano en OUAT, debo confesar que gracias a Tumblr y a Kagura –compañera, alentadora, y seguidora silenciosa de estas locuras- últimamente shippeo más el SleepingHook. De hecho ando trabajando en un par de ideas sobre ellos, así que por ahora –y digo por ahora porque uno nunca sabe- no estoy muy interesada en el CS :(

maru: gracias por el comentario!

ambi: Gracias a ti por leer! Lamento no haber actualizado antes, aunque lo bueno es que ésta vez mi musa decidió no abandonarme :)

alex rose love: No te preocupes, me alegra saber que la historia te sigue gustando; aunque admito que extrañé ver tus comentarios en los capítulos anteriores. Lamento lo de tu compu, eso es de las peores cosas que pueden ocurrir en estos días :P En cuanto a Phoebe, bueno , es un personaje que me cuesta trabajo defender ante ustedes, pero debo confesar que me encanta escribir sobre ella jajaja, no sé, tal vez sea porque siempre aparece cuando menos se espera, incluso en mi cabeza.

Kero Weasley: Sí, definitivamente no sería nuestro Scorpius si no hubiera aprovechado la oportunidad de poner a Rose en tal aprieto! Sobre lo ocurrido durante la conferencia entre nuestros protagonistas… bueno, aquí estuvieron las reacciones luego de la locura del capítulo anterior! Aunque todavía falta ver qué tan malo será :/

cami: creo que tendrás que tomar tu turno en la fila de "fanáticas queriendo cinco minutos a solas con Scorpius para golpearlo". Las consecuencias de la falta a la promesa de Scorpius estuvieron aquí y ahora, bueno, todavía queda un largo trecho. Lo que sí puedo prometerte es que NO abandonaré esta historia. Sólo he dejado un fanfiction abandonado –hace más de tres años, tristemente- y no sabes cómo me arrepiento cada vez que veo los archivos u. u

BRUNO DE LAZO: Hola! Muchas gracias por las felicitaciones, qué bueno que te gusta la historia! Tienes toda la razón, sólo he recibido unos cuantos comentarios de lectores –hombres-, así que ha sido bastante refrescante leer el tuyo —no te preocupes, no creo que seas gay jejeje— :)

DianaDilean: Nah, no es para nada inapropiado que me pidas otro capítulo, como lectora sé de las ansias que te consumen cuando quieres saber qué pasará! En cuanto a mí, como autora, me recuerda que ustedes siguen esperando al otro lado del monitor, así que te lo agradezco ;)

Milagros: Primero que todo: bienvenida! Me alegra que disfrutes cada uno de los capítulos de esta locura y que los personajes sean capaces de despertar emociones en ti, eso significa que estoy haciendo un trabajo bastante decoroso :) Sobre Evan, yo también lo amo y no sabes cómo lamento no hacer que aparezca más seguido en esta historia! Si algún día el spin-off de Lex y Lily se concreta, te aseguro que la historia con final feliz de Evander será parte de la trama :)

Lenadris: Creo que esos adjetivos que escribiste apenas definen a Scorpius en el capítulo anterior :/ En cuanto a "Lifelight", ahh… es un proyecto que, en realidad, todavía no es proyecto en sí. Mi intención era subir 'capítulos', pero lo único que tengo son un montón de escenas que no han tenido cabida en los capítulos de PrePer —por ejemplo, en ésta aparecía Lily para curar las heridas de Lex—, pero que tampoco tienen la coherencia para ser el fic que Lex y Lily se merecen. Sin mencionar que se me hace cada vez más difícil pasarme por blogspot. No sé si llegaste a ver el par de escenas extras que puse y luego borré; pero creo que me decantaré por mudar todo el contenido del blog a mi cuenta en Tumblr —que es donde he andado más últimamente— y entonces ahí terminaré de colgar las escenas ;)

SofiLeviosa: "Hija de banshee", creo que es uno de los insultos más originales que le han dedicado a Phoebe en esta historia :D No sabes cómo me reí con tu comentario, fue reconfortante saber que no soy la única en guerra con cualquier deporte que involucre pelotas y balones —cuando estaba en preparatoria, un balón me noqueó al golpearme en el oído :/— Espero que sigas disfrutando la historia :)

Yadira Green: Aquí estuvo la continuación! Qué estés bien :)

Oh, dos cosillas más: Número uno: chicas que siguen "Runaway", nuevo capítulo pronto. Y número dos: ¡Feliz cumpleaños, Lily! —No Lily L. Potter, pero sí una Lily igual de especial :) (sólo para que veas desde cuándo estaba este cap :/)—

Nos leemos pronto!

Anna