Capítulo 28: El Príncipe Oscuro, la encarnación del Pasado de Cyrus

Cyrus, Farah y Malik tuvieron que ver cómo el almacén se desplomaba ante sus narices sin poder hacer nada. El fuego comenzó a extinguirse cuando la estructura cedió, y los campesinos lo tuvieron más fácil para apagarlo a base de agua.

Cyrus corrió hacia la zona donde vio a Kaileena por última vez. Malik y Farah le siguieron de cerca. La llamaron, gritaron su nombre tan fuerte como pudieron, pero no respondía.

Desesperado, Cyrus comenzó a quitar los escombros en busca de algún rastro que pudiera llevarle hasta Kaileena. Ignoraba el dolor que recorría su brazo izquierdo, tenía que sacarla de allí con vida.

Malik dio con algo. Tras quitar varios trozos de madera halló una mano.

¡Oh no …! – Se dijo cuando la vio.

Había encontrado a Kaileena. Estaba sepultada bajo una gran cantidad de escombros. Llamó corriendo a los demás. Cyrus y varios campesinos colaboraron en apartar los escombros con él mientras Farah no perdía de vista la mano de Kaileena. No la soltaría. Estaba preparada por si debía tirar de ella en algún momento.

Finalmente, el cuerpo de Kaileena salió a la luz. Estaba tumbada de lado, inmóvil y cubierta de cenizas. Malik se aproximó a su cara.

Respira … ¡Está viva! – Anunció con alegría. Todos suspiraron aliviados.

Apartaos un poco, dejad que respire. – Pidió Farah a los otros.

Malik colocó a Kaileena bocarriba y la sujetó entre sus brazos. Empezó a toser. Poco a poco, recuperó el aliento y abrió los ojos momentáneamente. Vio allí a Malik, Farah y Cyrus, suspiró, y volvió a cerrarlos aliviada. Antes de caer dormida, alcanzó a escuchar a Malik hablar.

Buscad a un médico.

La suerte parecía haber cambiado para ellos. Había un médico de la Corte Real sofocando los incendios que habían acontecido. Llevaron a Kaileena al templo, donde se había improvisado un hospital. Fueron a la sala de descanso de los sacerdotes, una pequeña habitación con una mesa baja rodeada de cojines para sentarse a su alrededor y tomar infusiones o charlar. La ventana daba a un pequeño jardín con una fuente en la que había una estatua del primer y gran gobernante de Persia: Cyrus el Grande.

Amontonaron los cojines junto a la pared a modo de cama y Malik dejó a Kaileena allí. Farah se quedó allí con el médico para ayudarle a sanar sus heridas. Cyrus tuvo que esperar fuera en compañía de Malik. El menor de los hermanos parecía bastante preocupado por el estado de Kaileena, demasiado.

¿Qué te preocupa? – Le preguntó Malik, sabiendo la respuesta.

¿Tú qué crees?

¿Kaileena? – Cyrus le miró brevemente. - ¿Y eso? ¿A qué se debe?

¿Qué insinúas?

¿Te arrepientes de lo que has hecho y temes por su vida?

No. Sólo me preocupo de que se liberen las Arenas. No he llegado hasta aquí sólo para eso. – Respondió con voz temblona.

Ya …

Malik sabía que Cyrus se estaba dando cuenta de la gran metedura de pata que había cometido con Kaileena. Sin embargo, trataba de fingir que seguía siendo igual de insensible. Malik prefería seguirle la corriente. Ya terminaría cediendo.

Al poco rato Farah salió de la sala sonriendo. Ambos Príncipes se aproximaron corriendo.

El médico ha podido sanar sus heridas. – Anunció. – Dice que se recuperará pronto. Sólo necesita descansar. Yo me haré cargo de cambiarle los vendajes.

Gracias a los Dioses … - Suspiró Malik.

Entonces … ¿Podrá continuar? – Preguntó Cyrus.

Pues … - A Farah le cambió la cara. – Es mejor que se quede aquí. Estará a salvo y bajo los cuidados de un médico.

¿Y quién asegura que no puedan venir y atacar este lugar? – Preguntó Cyrus.

Es por eso que he pensado quedarme aquí. – Respondió ella. – A no ser que vos queráis quedaros.

Deberías quedarte tú, Cyrus. – Añadió Malik. – No estás en condiciones de seguir.

Claro, eso lo dices para que puedas ir tú con ella, ¿no? – Se encaró Cyrus.

¡¿Qué? Escucha, soy tu superior, y si digo que no estás en condiciones de seguir es porque no lo estás. – Le respondió Malik, indignado.

¿Y por qué no se queda Farah también? Si no estoy en condiciones de seguir, ¿de qué me sirve quedarme? No podré defender a nadie en mi estado.

Malik, me quedaré yo. – Interrumpió Farah, temiendo que ambos hermanos comenzaran a pelear de nuevo.

¡No, Farah! Ya es hora de que mi hermano acate las órdenes de sus superiores.

¡Tú no mandas sobre mí! – Le gritó Cyrus.

¡Soy el heredero al Trono! Tu lugar en la Familia pende de un hilo. Obedecerás por las buenas o por las malas.

¡Sólo Padre puede darme órdenes!

¡¿Cómo cuando ignoraste lo que te dijo y te llevaste medio ejército provocando una invasión por parte de la India que se cobró la vida de nuestra madre?

Cyrus se quedó callado.

Aquello fue por tu culpa. El castigo por lo que hiciste era la muerte, pero convencí a Padre para que te perdonase la vida. Se suponía que el destierro debería haberte enseñado a valorar las consecuencias de tus actos. Pero sigues siendo un egoísta …

Malik, ya basta. Por favor … - Suplicaba Farah.

Tú no tienes idea de lo que he sufrido a causa de Las Arenas del Tiempo. – Continuó Cyrus, ignorando las palabras de Farah.

Si asumieras las consecuencias de tus actos en lugar de tratar de corregir constantemente tus errores usando su magia, no nos habrías metido en esto. De la misma forma que ese sufrimiento no te daba derecho a torturar a Kaileena.

No empieces otra vez, Malik . – Amenazó Cyrus.

Es una Diosa, Cyrus. ¡Una Diosa! Has dejado que tu odio por ella te dominase, cegándote a pesar de que sentías algo por ella. ¡No lo niegues! – Cyrus permanecía callado. Malik sabía que cuando no contestaba era porque sabía que lo que le decían era cierto. – Y ahora que tienes a Farah aquí pretendes conseguir su afecto. ¿Y luego qué? ¿Le harás lo mismo que a Kaileena?

¿Qué? – Cyrus no tenía respuesta. – Yo no …

Decídete de una vez, Cyrus. Actúa de una vez como un hombre y deja de ser un crío.

Farah no sabía cómo calmar a ambos hermanos. Temía que se enzarzaran en una pelea otra vez. Por suerte, el médico vino buscando a Cyrus.

La Emperatriz ha despertado. – Anuncio y añadió mirando a Cyrus. - Desea hablar con vos.

Cyrus se dirigió a la sala. Malik no le quitó el ojo de encima hasta que cerró la puerta.

No puedo creer que Kaileena haya cedido antes que él. – Dijo indignado.

Al menos así hablarán, Malik. – Se quedó mirándolo. Estaba muy nervioso a causa de la discusión con Cyrus. – Venid. Bajemos al jardín a pasear un poco. Necesitáis tranquilizaros.

Cyrus cerró la puerta silenciosamente. Miró al fondo de la habitación y vio a Kaileena tumbada en la improvisada cama. El médico los dejó solos, pues supuso que desearían tener intimidad para conversar. Cyrus suspiró nervioso y se acercó.

Kaileena estaba cubierta de vendas. Por suerte, algunas de sus anteriores heridas ya estaban casi curadas. Pero su brazo estaba inmovilizado. Entre los torturadores y Malik casi se lo rompieron. Tenía algunas quemaduras, nada grave. Su vestido rojo, tan característico, estaba destrozado. Manchas de sangre, cortes, quemaduras … le daban un tono entristecedor.

La antigua Emperatriz abrió los ojos cuando sintió a Cyrus arrodillarse junto a la cama. Sabía que no debía hacerlo, pero ya estaba agotada de aquella situación. ¿Qué importaba quién comenzase la conversación? Lo que contaba era el final de ésta.

Hola Cyrus. – Saludó con voz débil.

Hola … ¿Cómo te encuentras? – Le preguntó tímidamente.

Hay muchas palabras para describir cómo me siento, pero no son suficientes. – Cyrus no le dijo nada al respecto. Sabía que todo era su culpa. - ¿Por qué lo hiciste?

¿El qué?

Tratar de rescatarme. No lo comprendo.

Yo tampoco …

No entiendo por qué me hiciste lo que me hiciste … Me pediste que cambiara, lo hice, y me arrestas alegando que pretendo traicionarte … - Cyrus no la miraba. Aquellas palabras ya eran bastante duras para él. - ¿Escuchaste tus motivos? ¿Mataros y arrasar con Babilonia? Explícame cómo.

Yo … Leí …

¿Leíste? ¿Te molestaste al menos en ver la fecha de lo que leías? – Cyrus negó con la cabeza, avergonzado por semejante despiste. – Te cegó la desconfianza y el odio que sentías por mí antes de lo que ocurrió aquella noche. Porque, dime, ¿sentiste algo aquella noche en el barco? ¡¿O sólo fingías como en la posada?

Cyrus seguía sin responder. ¿Qué iba a decir en su defensa? Kaileena estaba en lo cierto. No había más que decir.

Respóndeme Cyrus.

¿Qué quieres que te diga? Es tu palabra contra la mía. Todo lo que te diga será inútil.

Kaileena se puso más seria aún. Se incorporó y agarró con fuerza la mano de Cyrus.

Si quieres pruebas de mi inocencia, las tendrás. Fue algo muy grave que te atrevieses a leer mi diario. Lo vas a leer otra vez. Pero esta vez, leerás las páginas siguientes y yo estaré delante.

Vale. – Respondió él, tragando saliva.

Tienes hasta entonces para darte cuenta de tu error tú solito. Porque una vez leas mi diario otra vez no aceptaré ninguna disculpa. O te tragas tu orgullo, o vives con él lo que me quede de vida.

Kaileena le soltó la mano y se tumbó de nuevo, esta vez dándole la espalda. Cyrus pudo ver entonces la cicatriz que había dejado la quemadura con el sello de la ciudad. Lo que había pasado había quedado grabado en la memoria de Kaileena como aquella quemadura en su piel. Jamás desaparecería.

No eres quien creía que era …

Kaileena …

Dime, ¿qué ha sido de aquel Cyrus que hizo que sintiera por él lo que jamás había sentido por otro hombre? – Volvió a mirarle. Cyrus podía ver lágrimas en sus ojos. – Cambié por ti … Lo dejé todo … por ti. De haber sabido esto me habría quedado en la Isla para siempre.

Mientras Kaileena continuaba echándole en cara a Cyrus todo lo ocurrido, Malik y Farah paseaban por el jardín. Aunque ya se había olvidado de la pelea con su hermano, Malik continuaba callado y muy serio, algo que contrastaba mucho con la felicidad que rebosaba Farah, hasta en los peores momentos, siempre era optimista.

¿Qué os ocurre? – Le preguntó.

¿A mí? Nada.

Estáis muy callado.

Estoy pensando.

¿En qué?

Sois muy curiosa, Princesa. – Le dijo con una leve risa.

¿Qué hay de malo en saber en qué piensa mi futuro marido? – Le preguntó sonriendo.

La cara de Malik cambió por completo cuando Farah hizo aquella pregunta.

¿Qué ocurre? – Le preguntó preocupada.

Veréis … Mi Padre os vio a Cyrus y a vos charlar en la fiesta. – A Malik le costaba pronunciar aquellas palabras. – Seguramente será él quien se despose con vos.

¿Qué? – A Farah no pareció agradarle la noticia. - ¿Por qué no me lo dijisteis?

Yo … Pues … - Malik tartamudeaba como un adolescente. – No importa.

Malik trató de marcharse de allí, pero Farah se interpuso en su camino y no le dejó.

Sí que importa.

Farah, mis motivos no importan. La decisión está tomada. – Le dijo acariciándole la cara.

Sois el Príncipe Heredero … Hablad con vuestro Padre. Después de lo ocurrido con Cyrus …

Da igual lo que haya ocurrido con Cyrus, Farah. Quizás el matrimonio hará que Cyrus siente la cabeza …

¡Pero yo no quiero a Cyrus! – Negó ella casi a gritos. Luego se acercó a él y se apoyó en su pecho, buscando que la abrazase. – Os quiero a vos …

Farah, no hagáis esto más difícil de lo que lo es ya …

Podríamos estar juntos en secreto, mientras él no lo sepa.

¡No Farah! ¡Ni lo penséis! Si se enterase las consecuencias serían nefastas para vos.

Farah ignoró la negación de Malik y se lanzó a por un beso. Aquello logró sorprenderle. El beso fue breve y algo forzado. Pero cuando Farah se separó de él, se quedó mirándola. Miró aquellos ojos marrones, y ella contemplaba los suyos, azules como el cielo mismo.

Malik no pudo evitarlo. Sabía que si Cyrus se enteraba tendría problemas con él. Pero Farah se había ganado su corazón, y Cyrus no la merecía. Tampoco merecía que Kaileena le perdonase y que hiciera como si aquello no hubiese pasado para continuar con su relación. Merecía quedarse sólo y sufrir hasta el día de su muerte.

Los dos amantes comenzaron a besarse sentados en la fuente de aquel jardín. Se arriesgaban a que alguien los viese y se corriera la voz. Pero el mayor riesgo para ellos era que Cyrus podría verles a través de la ventana.

La conversación entre Cyrus y Kaileena no iba a ningún lado. Cyrus no decía nada sobre lo que Kaileena le decía.

Cyrus, ya no lo soporto más … ¿Me quieres? – Le preguntó. - ¿Me has querido en algún momento?

Cyrus apartó la mirada, no quería mirarla a los ojos. Pero la desvió hacia la ventana con la mala suerte de encontrarse a la feliz pareja besándose. Se quedó helado. Por un momento, se le cortó la respiración. Y poco a poco, su ira comenzó a aflorar.

Cyrus, respóndeme. – Insistió Kaileena.

Discúlpame un segundo …

De un salto, Cyrus bajo por la ventana al jardín. Kaileena se levantó corriendo y miró por la ventana. Al ver a Malik y a Farah besándose entendió aquella reacción de Cyrus. No sabía cómo sentirse, si preocupada por lo que Cyrus pudiera hacer o dolida porque Cyrus se sentía ofendido porque Malik besaba a Farah.

Pero no podía quedarse quieta. Tenía que avisarles.

¡Malik! ¡Farah! – Les gritó.

Los amantes se separaron corriendo al escuchar los gritos de Kaileena. Miraron hacia la ventana y vieron que les hacía señales. Al descender la mirada al suelo vieron a Cyrus acercarse enfurecido.

Oh no … - Murmuró Farah.

Tú … - Masculló apretando los dientes, dirigiéndose a su hermano. - ¡Aléjate de ella!

Cyrus … - Malik se levantó con intención de calmar a Cyrus, pero era perder el tiempo.

¡Malnacido!

Los dos hermanos comenzaron a pelear tirados en el suelo. Farah le gritaba a Cyrus que dejase a Malik en paz. Pero era inútil. Tras un duro forcejeo, Malik logró quitarse de encima a Cyrus y se colocó encima de él, inmovilizándole.

La sorpresa llegó cuando Malik miró a Cyrus a los ojos. Estaban dorados y Cyrus comenzaba a emitir sonidos impropios de un humano.

¡¿Pero qué? – Se dijo al ver a su hermano.

¡Malik! – Le gritó Kaileena, que se acercaba tan rápido como podía. - ¡Alejaos de él! ¡Rápido!

Farah escuchó las palabras de Kaileena y automáticamente tiró del brazo de Malik para levantarlo y alejarse de Cyrus. Se quedaron perplejos al ver cómo se transformaba en un monstruo de Arena.

Su piel se volvió negra como el mismo carbón. Su pelo ondeaba como si de fuego se tratase. Los ojos desprendían una luz amarilla que se extendía por todas las heridas de Cyrus, dándole un aspecto de criatura mitológica al Príncipe.

Aquel ser era la encarnación de todo lo que había vivido Cyrus en sus años de exilio. Todo su odio, sufrimiento, frustración y demás habían tomado el control de su cuerpo. Dejaba ver los pensamientos más oscuros de Cyrus. Era, como muchos lo conocen, el Príncipe Oscuro.

Cyrus trató de saltar sobre Malik para matarlo, pero Kaileena se interpuso y, de un rápido movimiento, le atacó con la Daga. El corte producido por ésta pareció herirle.

Se alejó de ellos un poco, dolorido, y tras mirarles con odio, salió corriendo. Malik quiso ir a por él, pero Kaileena se lo impidió.

No. – Le dijo. – Dejadle ir.

¿Qué le ha pasado? – Le preguntó.

Las Arenas han tomado el control de su cuerpo … Ahora sólo la Daga puede herirle.

¿Y qué podemos hacer? – Preguntó Farah.

Sólo hay una alternativa.

¿Y cuál es esa alternativa? – Le preguntó Malik, mirando en dirección por donde Cyrus se había ido, imaginando la respuesta.

Matarle … - Respondió Kaileena, bajando la cabeza.

¿Matarle? Pero Kaileena … - Farah no quería usar esa alternativa.

No hay otro camino. Ya no es el Cyrus que conocemos. Es una criatura de Arena y no tengo el poder para revertir el proceso.

¿Y no hay alguna posibilidad de que revierta solo? – Preguntó Malik.

No lo sé …

El tiempo se agotaba y corría en su contra. Tendrían que enfrentarse a Cyrus tarde o temprano, pues cuando se sintiese débil buscaría Arenas, y la fuente más poderosa de Arenas era la misma Kaileena. Si no lo mataban a él, él mataría a Kaileena.