Recomendación
Este capítulo debe leerse con la HERMOSISIMA canción "LA MELODIA DE TERRY" sino la tienen recomiendo descargarla o pónerla en youtube. Créanme vale la pena. Terry les indicará cuando ponerla.
Capítulo 29 La melodía de Terry y Candy
Mauretania 10:15 pm
La noche transcurría minuto a minuto en el Mauretania. El primer oficial Brian Richardson, tomaba tranquilamente su taza de café mientras supervisaba el rumbo del barco. Junto a él estaba Cookie sentado sobre el suelo leyendo un libro de Náutica, pues como buen Marinero, por la tarde hacia sus labores de marinero y por la noche estudiaba, le gustaba que Brian estuviera a cargo a esa hora pues así podía preguntarle todo lo que deseara, a diferencia de Robby que no era tan paciente para enseñarle algunas cosas. El capitán Niven y Robby el Segundo oficial ya estaban dormidos en sus respectivos camarotes recuperando energías para estar listos para la gran fiesta pues como toda fiesta de Año Nueva habría uno que otro "alegre" que podría atentar contra el orden o peor quererse lanzar al mar como en 1910 donde tres pasajeros creyeron que de verdad era el fin del mundo y prefirieron lanzarse al mar. Así que toda la tripulación ya estaba preparándose para recibir otra feliz y caótica noche de año nuevo en el Mauretania.
Del otro lado del barco una elegante señora, una hermosa jovencita y una pequeña, estaban en su camarote dando los últimos toques a los vestidos que usarían para la gran fiesta de Año Nuevo.
-¡Perfecto mi amor te vez preciosa! No sabes que gusto me da que ni siquiera debas usar corset para que luzca tu cintura – comentaba feliz la señora Britter que terminaba de darle los últimos detalles al vestido de su hija Annie.
-¡Sí, pareces princesa como Candy! – exclamo la pequeña Susie, que ahora estaba en el camarote de las Britter pues Martha la llevo de inmediato con ellas cuando se topó con la venenosa Sarah y la insipiente Condesa Polignac.
-Gracias Susy, gracias mamá, me alegra saber que ha valido la pena el haber cuidado mi dieta.
-Sí, pero no exageres estás muy pálida tu jugo de zanahoria no hace milagros con las ojeras. Además, ya escuchaste al doctor puedes tener anemia y eso baja las defensas -menciono la sra. Britter con autoridad.
-Lo siento mamá, pero quiero verme hermosa para el baile y cuando llegue a Londres Archie…
-Archie, debí suponer. Te diré una cosa, dudo que Archie te quiera ver enferma así que pasando la fiesta de Año Nuevo quiero que comas bien.
-Lo prometo mamá -contesto Annie avergonzada.
-¿Archie es tu príncipe? -preguntaba Susie, mientras Annie se quitaba el vestido.
-Sí, algo así
-¿Y es guapo como Terry? -preguntaba sonriente la pequeña.
-No. Es mucho más guapo y no es presumido -dijo arrogante la Timida.
-mmm te diré…
-¡Mamá!
-Ay mi amor tú lo ves con ojos de amor, pero Archie cuando se trata de presumir su imagen supera a Terry en arrogancia.
-Pero es lindo y bueno conmigo – defendía tímidamente Annie a su príncipe azul. Mientras colgaba su vestido para poder colocarse su bata para dormir con ayuda de su mamá.
-Nunca dije que no lo fuera y me hace feliz que te fijaras en un muchacho tan bueno como él, pero también debes reconocer que cuando se trata de su imagen es más engreído que Terry.
Annie soltó una risilla por lo dicho por su madre - Bueno te doy la razón, pero aun así lo amo mucho mamá.
-¿Por qué no te casas con él? – preguntaba Susie.
-Tal vez Susie, tal vez. Aun somos muy jóvenes primero debemos estudiar para que él sea un profesionista y yo una buena dama.
-Bueno ya es hora de que se duerman, hay que estar impecables para mañana y un buen descanso ayudara mucho a nuestro cutis. Andando – ordenó la Sra. Britter encaminándose a las recamaras.
-Tu dormirás conmigo Susie.
-¿Candy también vendrá?
-No Susie ella debe estar cuidando a Terry en la enfermería y no podrá cuidarte.
-Está bien. Tú también eres una princesa. Y me divierto mucho contigo.
-Anda Susie, di tus oraciones y después a la cama para arroparlas.
- Fue buena idea que la señora O'Brien trajera con nosotras a Susie. Así pudimos arreglar también su vestido y yo no me aburrí aquí encerrada -comentaba Annie a su madre mientras Susie decía sus oraciones y daba gracias a Dios por haber conocido a personas tan maravillosas en su viaje por barco.
-Sí es una linda niña, y que bueno que la trajo de inmediato si no hubiera visto otro altercado entre Madeleine y la loca de Leagan. Mañana en el almuerzo les preguntare en que quedó esa discusión.
Susie termino sus oraciones y se metió a la cama de la Tímida. La Sra. Britter comenzó a arroparlas.
-Gracias mamá. Buenas noches.
-Buenas noches Sra. Britter.
-Buenas noches que descansen -dijo la Sra. Britter cerrando la puerta tras de sí. Y se dirigió a dormir a su cama.
Así Madre e hija Britter y la pequeña Susie se quedaron apaciblemente dormidas para recibir el último día del año. A diferencia de tres señoras y un joven con su mofeta que estaban al borde de la histeria porque quedaron atrapados en el elevador.
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Elevador número 4, 10:30 pm
-Señoras no se asusten ya apreté la alarma de auxilio y no tardaran en llegar.
-Albert eso fue hace 30 minutos y yo no escuche nada ni que alguien venga ¡ya son las 10:30! Todo mundo debe estar dormido -decía desesperada Madeleine.
-¡Pues a dormir todos! Yo pido el hombro de Albert como almohada – dijo burlona Martha que a todo le veía el lado bueno.
-Ay me estoy muriendo de calor. Albert haz algo por favor – suplicaba Gabrielle como doncella en peligro.
-Permítanme pensar. Haciendo cuentas tomamos el elevador en el segundo piso, y Martha lo detuvo apenas y comenzó a andar por lo tanto debemos estar a la mitad si no es que ya estamos en el primer piso. En ese caso voy a salir por esa escotilla para confirmar – señalaba Albert el techo del elevador.
-¡NO Albert! ¿qué tal que si de pronto el elevador vuelve a funcionar y comienza a subir y tu…? ¡crash! No Albert te aplastaría, aquí quédate mejor -exclamó asustada Gabrielle.
-"Gabrielle como adoro que te preocupes por mí, ¿por qué tenías que ser casada? – pensaba Albert dando un largo suspiro después dijo – Lo que tu ordenes Gabrielle.
-Bueno entonces ¿que sugieren? porque ese mugroso botón no sirve pues nadie ha venido y por la hora nadie lo hará. -refutaba Madeleine al pobre de Albert y la doncella Gabrielle.
-Recuerda que todavía hay caballeros en el bar y tal vez en el restaurant. Seguro alguien ya reporto que no sirve, más de alguno querrá usar el elevador y al ver que no sirve pues lo reportara – dijo Martha tratando de calmar a su amiga.
-¿Y qué tal si toman las escaleras? -refuto la Duquesa que estaba de muy mal humor.
-No, seguro avisara que no sirve y bingo vendrán a arreglarlo -insistía Martha
-O Bingo nadie viene porque ya es de noche y mejor se esperan hasta mañana.
-Ay Madeleine ya que te pones de genio no hay quien te aguante – comento Gabrielle que con todo y su vestido en corte de sirena se sentaba de rodillas en el suelo. Eso sí, con mucha delicadeza y estilo como toda una dama. La pequeña Puppet dejo el hombro de Albert y se lanzó a los brazos de su pelirroja favorita.
-¿Qué haces Albert? -preguntaba la albertana número 1 al rubio al verlo tratando de destapar la caja de botones.
-Tratare de hacer que funcione.
-Albert no pierdas el tiempo. Creo que esto explica porque nos quedamos a medio camino – dijo Gabrielle entregándole un papel tamaño carta que encontró en el suelo junto detrás de la larga falda de Madeleine. Dicho papel decía:
"NO FUNCIONA. En mantenimiento"
-¡¿Ay Dios eso decía?!... perdón lo quite porque me estorbaba para abrir el cancel- dijo sorprendida la duquesa.
-¡Madeleine! -gritaron al unísono Gabrielle y Martha.
-Perdón, estaba tan furiosa que no leí detalles. Yo pensé que era el horario para la fiesta de Año Nuevo- se disculpó altiva cruzándose de brazo.
-No se preocupen cuando quise independizarme trabaje un tiempo como ayudante en un hotel y llegue a ver como arreglaban los elevadores – menciono Albert.
-No pierdas el tiempo Albert. Yo conozco una forma más eficaz que un botón de alarma y que debimos usar desde un inicio.
-¿Cuál Duquesa?
-¡AUXILIOOOOOO!
-Ave María – murmuró asustado el pobre de Albert tapándose los oídos al igual que Puppet por semejante grito ensordecedor.
-Buena idea gritemos todos – Martha haciéndole segunda a Madeleine comenzó a gritar también.
-Dios me va a dar jaqueca – murmuro nuevamente el rubio mientras retrocedía y se tocaba sus sienes.
-Perdónalas Albert es la edad, ven mejor siéntate junto a mí, si vemos que sus gritos no funcionan te haremos caso y veremos si podemos salir por la escotilla.
-Ok Gabrielle. – acepto Albert sentándose en el suelo junto a Gabrielle quien acariciaba a Puppet para calmarla pues estaba asustada por semejantes gritos.
-Por cierto, te ves muy bien con ese nuevo corte. Hicieron un buen trabajo en la barbería del Mauretania.
-Gracias, aunque supongo que no tan bien como Terry ¿verdad? -dijo sonriente Albert haciendo que su pelirroja favorita soltara una pequeña risa.
-Me temo que jamás le ganaras, lo siento es mi ahijado y soy presidenta de su club de admiradoras las Terrybellas.
-Ok. En ese caso no me queda más remedio que aceptar mi derrota.
-Qué bueno que lo aceptas, aunque esa Albertana que está gritando seguro no se cansara de decirme que el Sr. Andley es más guapo que Terry – dijo burlona Gabrielle.
-¿Andley? ¿ya no soy príncipe?
-Me temo que no, le prometí a Terry no hacerlo más, se puede mal interpretar si alguien más allá del clan y ustedes me escucha. Además, debo ser menos confianzuda pues eres el cliente de mi marido.
-Gabrielle créeme que jamás me molesto que me llamaras príncipe pese a que suelo sentir escalofríos, al contrario, me sentí alagado, pero tienes razón lo último que quiero es crearte algún problema o este en entre dicho tu reputación.
-Por cierto, ¿Arthur si sabe que tú eres el famoso Tío abuelo William?
-Así es. Nos presentamos en Chicago, pero le pedí que fuera discreto. Tenía la intención de darme a conocer hasta la junta con el clan escoces.
-Ya veo. Con razón cuando le pregunté como era su cliente de Chicago solo se limitó a decirme "Es más joven de lo que creí"
Afortunadamente los gritos incesantes de Madeleine y Martha surtieron efecto y los marineros Peter y Paul que custodiaban el pasillo las escucharon.
-¿Pero que son esos gritos? -dijo Peter.
-Al parecer vienen de elevador número 4 cerca del salon de té
-¿Cómo si no sirve? por eso puse el letrero en mantenimiento.
-Dios quiera que los locos de año nuevo no hayan empezado ya la fiesta. Vamos a ver – dijo Peter con tono de fastidio.
Los marineros corriendo llegaron hasta la puerta del elevador dándose cuenta que efectivamente los gritos venían de adentro.
-¿Quién se le habrá ocurrido entrar ahí sabiendo que estaba en mantenimiento? -decía Paul mientras que con ayuda de Peter abría el cancel y después la puerta del elevador. Al hacerlo fueron recibidos por la eufórica Martha.
-¡Hola guapos ustedes vienen a rescatarnos! Aunque hubiera deseado que fueran Robby y Brian, pero no importa ustedes serán mis héroes.
-¿Señoras, caballero cómo es que están ahí adentro? ¿acaso no leyeron el letrero de mantenimiento?
-¡No! no lo leímos yo estaba furiosa y no tenía tiempo de hacerlo – respondió retadora la Duquesa – Mejor sean buenos muchachos y ya sáquenme de aquí me está dando claustrofobia.
-Sí, háganlo o amanecerá de malas mañana -comento Gabrielle.
-No se preocupen las sacaremos de inmediato. Vamos denme la mano con cuidado por favor. – menciono Paul.
-Dele la mano Duquesa y apoye su pie sobre mis manos – dijo Albert.
Así las canderrys, Puppet y el buen Albert fueron rescatados de su encierro en el elevador en el cual estuvieron casi 40 minutos. Los 4 estaban exhaustos, acalorados y con muchas ganas dormir. Y así lo hicieron, en cuanto llegaron a sus respectivos camarotes se fueron directo a dormir para recobrar energías y recibir el último día de 1912.
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Gran Salon del Mauretania 11pm
Mientras unos dormían y otros volvían a sus camarotes después de ser rescatados, un par de rebeldes ya estaban llegando al Gran Salon para continuar su cita nocturna.
-No abras los ojos pecosa, no hagas trampa -decía Terry que llevaba de la mano a su rubia. Le habia colocado su corbata alrededor de los ojos de camino al Gran Salon. El jefe de camareros les abrió la puerta sin decir nada. Terry le dio su cuantiosa propina y el camarero feliz por la propina cerró la puerta después de que los dos enamorados entraron al Salón.
-Ya Terry quiero ver que es -pedía desesperada.
-Espera, valdrá la pena ya verás.
Terry llevo al centro de la pista a su pecosa y ya una vez ahí le retiro la corbata que habia utilizado para cubrirle los ojos. Y la abrazo por detrás.
-¡Oh Por Dios Terry es maravilloso! – exclamó Candy al ver semejante belleza ante ella.
El Gran Salon estaba impecable, era una verdadera belleza pues su decoración estaba inspirada en el salon de baile del Palacio de Versalles. Y qué decir del enorme candil francés de cristal cortado que colgaba en el centro de la pista, la luz que reflejaba lo hacían parecer una constelación colgante.
Todas las mesas estaban listas con sus manteles de seda y adornos de encaje español. Sus centros de mesa eran floreros con artificiales rosas rojas y blancas adornadas con listones dorados y espigas doradas.
-Terry, ¿estamos donde creo que estamos? Siempre que paso por aquí la puerta está cerrada -preguntaba Candy aun sorprendida que soltándose del agarre de Terry comenzó caminar de un lado a otro con una sonrisa de oreja a oreja
-Así es. Las puertas estarían cerradas hasta mañana que fuera el baile. Pero conseguí que tú y yo fuéramos los primeros en entrar a tan majestuoso salon.
-Esta hermoso. ¡Gracias Terry!
-Dado que mañana no podremos estar juntos porque se supone que estamos separados, se me ocurrió de última hora usarlo antes que todos.
-¡Me encanta la idea, quiero bailar mucho! Como si fuera el baile de año nuevo – exclamó la chica corriendo hacia Terry.
-Creo que hay un detalle, no se me ocurrió contratar a los músicos. Pero puedo pedirle a Charlie que me traiga a sus amigos.
-No ya hiciste suficiente, las flores en mi camarote y ahora esto. Gracias Terry – Candy abrazo a Terry y escondió su rostro en su pecho. Estaba tan feliz que casi se le salen un par de lágrimas.
-¿Qué pasa?
-Nada solo estoy feliz. Y no te preocupes yo puedo cantar muchas canciones. O bien tararear un vals, es más abriremos con mi vals favorito
-¿Cuál es?
-"Un baile de ensueño"
-En ese caso. Señorita Candy me haría el honor de abrir el baile conmigo -pidió Terry haciendo una reverencia como todo un caballero inglés.
-Claro que si caballero - acepto Candy como marcaba la etiqueta.
Candy y Terry comenzaron a bailar en el centro de la pista mientras que la pecosa tarareaba el dulce vals. Su voz era muy risueña pues no paraba de sonreír. ¿Y cómo no? si el Gran Salon era solo para ella y su caballero inglés.
No dejaban de mirarse a los ojos, tal y como la primera vez que se vieron el día que el barco zarpo, verde y azul se fusionaban en una mirada. La diferencia es aquel día solo se miraron y sintieron un vuelco en el corazón como una carga eléctrica cuando dos polos intentan unirse. Ahora no solo se miraban, sino que sus corazones ya habían logrado unirse y estaban ya conectados palpitando al mismo ritmo, al mismo tiempo. Y ese lazo indestructible que los une estaba cada vez más fuerte.
Terry la llevaba de forma sutil, le fascinaba saber que no tenía que cambiar de pareja como en el primer baile que estuvieron juntos. A veces la abraza más fuerte para dar un par de vueltas. De pronto decidió inclinarla para besar sus labios, pero ella juguetona puso la mejilla y soltó a reír olvidando por completo el vals. Cuando dejo de reír fingió seriedad y volvió a tararear el vals.
Pero Terry adoraba su risa, para él no habia mejor canción así que sin más la tomo por la cintura y la elevo haciendo que esa risa que tanto adoraba se escuchara aún más fuerte. Dio un par de vueltas y su pecosa entre risas solo decía "me gusta" extendiendo sus manos como un ángel que volaba.
Terry la bajo, y se detuvo mirándola con sus hermosos ojos color mar para confesarle con voz profunda – Te amo Candy.
Candy se quedó seria, esas 3 palabras fueron directo a su corazón y quedarían grabadas en su mente, y tatuadas en su alma. Pero Terry no necesitaba decirle que la amaba para que ella supiera que así era. Ella sabía y podía sentir dónde estaba el corazón de Terry pues así pasaran 10 años o una eternidad él nunca dejaría de amarla. A punto de que las lágrimas de felicidad salieran por sus hermosos ojos verde esmeralda pronunció con su dulce voz – Te amo Terry.
Una sonrisa se formó en los labios de Terry, sin decir nada contemplo el bello rostro de Candy, sus ojos verdes, sus pecas, su piel de porcelana. Miro esos rizos dorados que ahora estaban libres y adornados por una diadema de madre perla. Era ella, su pecosa quien pronuncio "Te amo Terry". No espero más y lentamente se inclinó hacia ella para besarla. La atrajo más hacia él y ella se abrazó a su cuello. Si pudieran con un abrazo fusionarse como sus miradas lo hacían seguramente ya lo habrían hecho. Pero por ahora eran sus labios con lo que se demostraban cuanto se amaban.
Los labios de Terry saboreaban lentamente los de Candy, los cuales ya habían aprendido a besar al rebelde del Mauretania. Se entendían tan bien ya en el arte de besar que a veces la rubia se sonrojaba al recordarlo. Cada día en cada beso sus bocas se atrevían a más, pues ya no solo saboreaban sus labios, sino que jugaban con sus lenguas, o mordían el labio del otro, y a veces el cuello. Y qué decir de sus manos, también ya habían aprendido a acariciarse, aunque claro hasta donde la pecosa permitía. Algo que Terry ya tenía muy en claro después que por la mañana quiso acariciarla más arriba de las costillas y debajo de la cintura, pero termino sufriendo dos manotazos.
-Lo que odio de abrazarte es que después ya no puedo dejarte ir – decía Terry mientras ahora besaba una y otra vez las mejillas de su rubia adorada.
-¿Quien dijo que quiero que me sueltes? -reía Candy por las cosquillas que le provocaban los besos fugases que le daba su castaño adorado – Me siento muy feliz contigo. Sé que el futuro es incierto y no sé qué me espera a la vuelta de la esquina...
-Pero yo sí sé. Puedo asegurarte qué serás muy feliz Candy – Dijo Terry que ahora la miraba con seriedad.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque eres un ángel entre todos nosotros y siempre tienes una razón para sonreír. Candy, prométeme que serás feliz.
-Terry...
-Prométemelo.
-Tú también Terry. Pero conmigo.
Candy volvió a abrazar a su caballero, pero más fuerte como si no quisiera dejarlo ir. Así estuvieron un momento abrazados, de pie en el centro de la pista. Con sus corazones muy cerca escuchando el palpitar del otro. No habia nadie a su alrededor solo ella y él en esa gran salon. No necesitaban más, bien podría acabarse el mundo y ser el fin de sus vidas, pero mientras estuvieran juntos nada importaba.
-Terry, será mejor que hagamos algo o me quedaré dormida en tus brazos.
El guapo de ojos color mar soltó a reír – Candy, eres una dormilona, yo encantado de llevarte a dormir, pero siempre y cuando sea como dormimos en la enfermería o en mi cama la otra noche.
-Terry, no digas eso te pueden oír.
-¿Y quién me va a escuchar recuerda que todo esto es solo para nosotros dos?
-Ni lo digas que aún no me hago a la idea, ¡wow es enorme! – decía Candy que soltándose del abrazo de Terry comenzó correr por todo el gran salon recorriendo cada mesa y cada rincón. El castaño solo la admiraba sonriente de ver como corría como una niña juguetona. La rubia tomo una rosa roja de los floreros y corrió hacia Terry y sonriente le extendió la rosa– Esta es para ti. También las mujeres regalamos rosas al ser amado.
Terry le sonrió con todo su corazón y tomando la rosa declaró - Gracias Candy. La guardaré junto a mi más preciado tesoro.
-¿Tu colección de libros de Shakespeare?
-Así es. Ven vamos a cenar antes de que la cena se enfrié además ya casi debo irme.
-¿Cómo que irte? Si apenas pasan de las 11.
-Le prometí a la enfermera que llegaría a las doce pues es la hora en que llegara el doctor a hacer su guardia.
-Entiendo – murmuro Candy cabizbaja.
-No pongas esa cara pecosa. Si quieres puedo quedarme más tiempos - dijo Terry tomando de la barbilla a su pecosa.
-Me gustaría, pero no quiero causarle problemas a Grace.
-Ok entonces a cenar ¿te parece?
-No, no me lo tomes a mal seguro es una cena deliciosa, pero se me quito el apetito mejor te acompaño a la enfermería -seguía diciendo cabizbaja
-¡¿Se te quito apetito?! Por Dios sí que soy un encanto.
-No te burles.
Terry no pudo evitar reírse, pero no para burlarse sino porque realmente estaba feliz -Pecosa no sabes lo feliz que me hace que quieras estar conmigo. Así que haré algo para alegrarte ven.
-¿A dónde?
-Tocare el piano para ti -Terry se encamino al piano de cola blanco ubicado en un costado de la pista justo donde ya estaban el resto de instrumentos que tocaría la orquesta en la fiesta. Se sentó en el banco y comenzó a tocar una hermosa melodía mientras que Candy lo escuchaba de pie recargándose sobre el cuerpo del piano.
-Eres muy bueno Terry.
-Sí, pero solo en lo que respecta a esta canción de cuna de Mozart.
-¿Es una canción de cuna? Es por eso que me dio un poco de sueño.
-Gabrielle se empeñó en que aprendiera a tocar el piano. Solía decirme "como todo un principie debes tocar" y yo le respondía "pero soy duque".
-Grandchester al fin.
-Ahora que recuerdo porque mi madre tuvo que abandonarme, desearía que ella me hubiera cantado esta canción mientras me metía a la cama a dormir.
-Ya llegaremos a América y podrás crear muchos recuerdos con tu madre Terry.
-Lo sé.
-¿Sabes? Me gustaría aprender a tocar algún instrumento soy muy mala con ellos, ni siquiera se tocar la flauta, desafino horrible.
-Si tocas la flauta como cantaste hace un momento te doy la razón -se burló el castaño que termino de tocar la pieza
-¡Terry!
-Mentira, cantas muy bien como una linda monita.
-Basta Terry, no seas grosero.
-Está bien te aseguro que cantas… lindo – dijo Terry a lo que Candy lo miro con ojos inquisidores– En serio tal vez te escuche con amor y por eso me gusta tu voz.
-OK, te perdono solo porque dijiste amor
-Ven acércate, si te parece bien estaré feliz de enseñarte Tarzán toda pecas.
-No me gustó mucho el final de la frase, pero lo importante es que te ofreciste a ayudarme - dijo Candy que obediente se sentó a la derecha de Terry.
-Pon tu mano izquierda sobre mi mano derecha y trata de que cada uno de tus dedos quede sobre uno mío – Candy solo asintió y una vez que sus dedos quedaron perfectamente alineados el castaño comenzó a tocar.
Terry tocaba una melodía suave, romántica, casi melancólica y exquisita para los oídos de cualquier pareja enamorada. Una pieza clásica para tocar en un piano acústico como los que usaba Mozart o Beethoven para componer sus más bellas creaciones.
Definitivamente el genio que la compuso se inspiró en un rebelde enamorado. Un chico buen mozo de cabello largo y castaño, con facciones finas y ojos azul mar que logran siempre tener una mirada encantadora. Con una voz profunda, ni particularmente aguda ni particularmente baja, de audacia y sonrisa tan suave y dulce capaz de agitar a cualquier corazón. Un caballero inglés que pese a su rebeldía y carácter fuerte tiene un alma pura y el corazón más noble, capaz de sacrificarse por alguien que lo necesite. Un adolescente que a veces es tierno y otras bebe y se pelea que aun cuando prefiera estar lejos de los demás también puede ser un gran amigo. Un actor de talento nato aficionado de las obras de Shakespeare que sabe interpretar cualquier papel con una perfección envidiable. Un ángel que es leal a sus sueños y convicciones. Un solitario que solo ha amado y amará una vez, pues es fiel a su primer amor, a su alma gemela, a la mujer que ama y amará hasta el fin de la eternidad.
Terry termino de tocar haciendo que su pecosa comenzara a aplaudir pues estaba feliz porque sus manos con ayuda de él tocaron tan hermosa e inolvidable melodía.
-¿Cómo se titula esta pieza? – pregunto entusiasmada Candy.
-"La melodía de Terry"
-¡Lleva tu nombre! – exclamó sorprendida y sonriente – Me gusta hagámoslo otra vez ¿sí? Por favor quiero aprender a tocarla – ahora suplicaba con sus manitas unidas
-Está bien ¿acaso se te puede decir que no pecosa?
Así Terry comenzó a explicarle las notas, los tiempos, los arpegios y el tipo de movimiento, pues pese a escucharse fácil tenía su grado de dificultad. Minutos después la pecosa ya habia aprendió las notas.
-Creo que ya puedo hacerlo -dijo sonriente Candy.
-Bien te escucho.
-No, dije puedo hacerlo, pero no sola. -confesó con un puchero y con ojos suplicante - Ayúdame Terry.
-Esta bien, déjame sentarme en tu lado derecho para que yo toque la melodía y tú el acompañamiento que es más fácil.
-¡Sí! – exclamó la rubia recorriéndose al otro extremo del banco para que Terry se pudiera sentar a su derecha y tocar las notas que llevan la melodía.
Candy coloco su mano izquierda sobre el piano y Terry hacia lo mismo con su mano derecha mientras que con sus manos libres se tomaban de la mano.
Una vez que los dos ya estaban sentados en su lugar Candy a la Izquierda y Terry a la derecha y listos para tocar juntos el castaño dijo -Bien, ¿LISTAS? a la de tres empieza la melodía Una… dos… tres.
Los dos rebeldes enamorados comenzaron a tocar. Terry de vez en cuando miraba a Candy que no despegaba la vista del piano y sus dedos. Estaba tan atenta y decidida a que saliera bien su parte que no se daba cuenta como la admiraba su enamorado. Como niña pequeña se emocionaba cada vez que lograba hacer un arpegio que entraba después de una nota de Terry, pero de inmediato recobraba la compostura para no perder el ritmo de su YA MELODIA FAVORITA. A Candy le gustaba tanto que no quería equivocarse. Tanto que incluso estaba haciendo trampa pues para no salirse de tiempo tocaba con su mano izquierda las notas sostenidas o las que creía no podía alcanzar con su mano derecha, haciendo que su chico sonriera por la astucia de su chica. Terry como buen caballero cuando veía que Candy estaba por equivocarse continuaba lento para que ella recordara su siguiente nota y una vez que lo lograba su rubia le regalaba una sonrisa y de inmediato volvía su mirada al piano para continuar. Así siguieron tocando tan hermosa melodía en el Gran Salon del Mauretania teniendo como publico solamente a sus dos corazones...
Terminaron la canción y se miraron sonrientes porque ambos lograron tocarla …lento pero sin errores.
-¿Te gusto?
-Me encanto. Ojalá hubiera una canción que se llame "La melodía de Candy" -dijo Candy emocionada.
-Debe haber alguna, seguro de navidad. Esas siempre tienen algo que ver con nieve, dulces o juguetes.
-Pues si no la hay yo compondré mi propia canción.
-¿En serio? Apenas tocaste una canción y ya crees poder componer una.
-Bueno entonces tu hazlo tienes más experiencia que yo.
-Está bien ¿qué te parece esta? -Terry comenzó a tocar una melodía alegre y rítmica,
-¿Cómo se llama?
Mientras continuaba recorriendo las teclas con sus dedos, el muchacho se volteó de manera sarcástica y respondió – Es una improvisación. El título es "Tarzán toda pecas y la monita"
-¡Ay, basta Terry! - Candy solo le dio un ligero empujón, pero el reacciono de reforma teatral y se trio al suelo llevándose el banco junto con Candy. El ambiente se llenó de sus risas con los dos rebeldes en el suelo.
Candy dejo de reír y se limitó a mirar a su mocoso engreído que no paraba de reír. "Terry ríe con ternura, mientras la luz se refleja en su rostro"
El reloj ubicado en el primer descanso de la gran escalera comenzó a anunciar las 12pm. Se podían escuchar sus campanadas ya que la puerta del salon estaba justo frente a las escaleras.
-Me temo que ya es hora de irme – Terry dejo de reír y se ponía de pie para después ayudar a Candy.
-Vamos te acompaño.
-No pecosa, te llevo a tu camarote y de ahí me voy a la enfermería.
-Como digas – volvió a decir cabizbaja la rubia.
-Vamos te prometo que mañana pasaremos TODA LA NOCHE JUNTOS, habrá mucha gente afuera así que no habrá problema que paseemos por todo el barco juntos por la noche.
-La hermana María solía regañarme cuando le decía que harías las cosas un día después "Candy no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy uno nunca sabe si habrá mañana"
-¿Y con eso que quieres decir?
Candy titubeante pero a la vez con ojos inquisidores -Bueno, pues que uno nunca sabe cuándo se acabe el mundo y además, tú lo dijiste mañana habrá mucha gente celebrando por todo el barco y se supone que nadie debe vernos juntos… y bueno como ya estrenamos el salon solo para los 2… digo porque no hacer lo mismo con el barco para nosotros solo, esta noche no hay nadie asi recorremos el barco a la luz de la Luna tu y yo solos.
-Pecosa atrevida.
-No sueñes Terry, no estoy sugiriendo nada malo.
-Yo tampoco creo que sea malo lo que estoy pensando – decía Terry con sonrisa pícara.
-¡Terry! Solo quiero pasar esta noche… contigo.
-Es justo lo que yo pensé.
-DESPIERTOS
-Da por hecho que te mantendré muy despierta.
-¡Terry basta!
-Ya se ya se, solo estaba jugando. Me encanta tu idea, en la mañana hablaré con el doctor para que no rete a Grace.
-Y yo iré contigo, también es mi amiga.
-Bueno entonces que inicie nuestro recorrido nocturno.
Terry tomo la rosa y de la mano de Candy comenzó a caminar, pero algo lo detuvo haciéndolo voltear a mirar el hermoso candil francés que en ese momento los alumbraba. La pecosa por su parte miraba a su alrededor cada detalle.
-Es hermoso como una constelación. Creo que lo voy a extrañar -menciono Terry sin dejar de mirar el candil.
-Yo también, la llamare nuestra constelación de cristal. ¿sabes? hubiera sido lindo volver a América en el Mauretania.
-Sí, lo mismo creo, pero tengo el presentimiento que nunca volveremos a viajar en él.
-Vamos Terry, ya todos deben estar dormidos. Tu serás mi guía -decía jalando al rebelde hacia la puerta.
-Ok pecosa vamos.
Candy y Terry, los dos rebeldes del Mauretania salieron del Gran Salon. Frente a ellos estaba la gran escalera.
-Estas son las hermosas escaleras principales y en el primer descanso como podrá observar señorita está el reloj que dará las 0 horas del primer día del año.
Candy subió al descanso y contemplo el reloj. Pese haberlo visto días atrás ahora tenía tantas ganas de no perder ningún detalle del Mauretania. Terry la alcanzo y saco su reloj de bolsillo que le regalo su abuelo para coordinarlo a la misma hora que el gran reloj. La Pecosa termino de ver toda la gran escalera y comenzó a bajar corriendo.
-¡Candy! – gritó Terry que corrió hasta alcanzarla a mitad de las escaleras y la abrazo por detrás
-¿Qué haces Terry?, no voy a ningún lado solo quería bajar -pregunto sorprendida.
-Lo siento, solo me asuste de pronto, no me gusta verte alejarte.
-Anda vamos el barco es enorme. Falta mucho por recorrer.
Comenzaron a caminar tomados de la mano, Terry le explicaba lo que sabía de la decoración del majestuoso barco, cuanto se tardaron en construirlo, quienes lo diseñaron y porque lo nombraron el Mauretania.
Recorriendo los pasillos de la lujosa primera clase, pasaron por el Café Verandah, como un flash vino a la mente de Candy el día que tomo el té con la Sra. Martha O´brien y a la Duquesa Madeleine de Baviera. Pasaron por el Salon de caballeros caminando por el mismo pasillo donde la pecosa se reencontró con Albert
Cruzaron el lobby, después la entrada del salon de té donde Terry peleo con Brian por una pecosa de hermosos ojos verde esmeralda. Continuaron y pasaron por el restaruant el lugar donde Candy se rencontró con Annie y la Sra. Britter y donde la pecosa le hizo su primera escena de celos al ver a Terry con Gabrielle. Dicho lugar se convirtió en un lugar especial para ambos pues ahí compartieron agradables tardes junto a Albert, George, Susie, Annie, Gabrielle, Martha, Madeleine, la Sra. Britter, Puppet y Clin.
Tal como lo dijo Candy todo estaba tan tranquilo y nadie por los pasillos, solo a veces se topaban con los marineros de guardia que se limitaban a sonreírles y darles las buenas noches, pues ya era un secreto a voces que el futuro Duque de Grandchester estaba cortejando a la heredera del patriarca de los Andley.
Llegaron a la cubierta recibidos por un aire frio, Candy por inercia se abrazó a sí misma por lo que Terry como todo un caballero se quitó su capa y arropo el cuerpo de su rubia.
-Gracias, pero y tú…
-Ya estoy mejor no te preocupes no me hará falta, además aún tengo mi saco.
Rodearon todo el barco, desde estribor, pasando por la popa donde cuidadosamente subieron al barandal para ver como las hélices provocaban olas por la rapidez en que el barco se dirigía a Londres.
-Terry, cierra los ojos y cuenta hasta diez.
-¿Por qué?
-¡A que no me encuentras! – Candy comenzó a correr si darle tiempo de reaccionar a su mocoso engreído.
-Pecosa creo conocerte muy bien, aunque te escondas sé dónde encontrarte
Candy corría y apunto que Terry pudiera alcanzarla esta arreciaba el paso, no por nada habia crecido en las colinas cercanas al lago Michigan.
-Dime ¿A dónde podría ir?
-A la colina marítima de Pony
-Diantres, ¿soy tan obvia? – dijo Candy deteniéndose en seco.
-Al menos para mí eres un libro abierto. Y hablando de libros llegaremos más rápido por el salon de lectura anda sígueme.
Llegaron al salon de lectura que estaba rodeada de una estantería de caoba llena de libros de novelas clásicas. Y por supuesto Romeo y Julieta estaba entre ellas.
-¿Tu biblioteca es así de linda?
-El palacio de Grandchester tiene una biblioteca enorme, contiene libros de más de dos siglos atrás que se han pasado de generación en generación. Y por supuesto ahí tengo mi colección de Shakespeare. Ojalá el Duque no la destruya o la venda cuando se dé cuenta que no pienso volver.
-No creo que se tan malo.
-Ni yo, de niño no tengo queja de su amor y protección, pero desde que exigí me dejara ver a mi madre y le reclamé por alejarme de ella, las cosas entre nosotros se volvieron insoportables. Supongo que temía que me enterara que la abandono por ser una plebeya.
-Llegando a América empezaremos una nueva colección.
-Creo que será difícil conseguir esa edición, pero está bien, supongo que una edición moderna no me hará mal. Aunque me pesa el libro de mi madre.
-En ese caso ya veremos cómo recuperarlo. Anda vamos a la colina.
Así llegaron hasta la Colina Martina de Pony, el lugar donde se hablaron por primera vez, donde Candy encontró a Terry llorando y quiso ayudarlo, pero termino pisoteándolo por burlarse de ella. En ese mismo lugar Terry conocía la afición de su pecosa por trepar árboles ya que la encontró trepando la segunda chimenea, después se presentaron correctamente ya sin burlas y donde Candy le conto toda su vida por lo que Terry se dio cuenta que ya la amaba y deseaba que ella fuera la Julieta de sus sueños. Ese mismo día la ayudo a superar su dolor por Anthony y la invito a su primera fiesta juntos a la cual Candy acepto feliz pues su corazón no podía negar que ese rebelde ya era el dueño de su corazón.
Sin duda la colina marítima de Pony habia sido testigo de algunos de los momentos más importantes entre Candy y Terry durante su viaje en el Mauretania.
-¿Candy te gustaría quedarte aquí a ver llegar el amanecer?
-Me encantaría. Pero esta frio y no quiero que recaigas.
-Pero ya me siento bien.
-Que te sientas bien no significa que no estés enfermo -regaño la rubia.
-¿Ah no señorita enfermera?
-NO. Ayer lo aprendí mientras ayudaba a Grace, ella me platico de muchos casos donde personas que están muy sanas de pronto mueren y es porque el virus ya lo tenían, pero estaba dormido solo esperando que las defensas del cuerpo bajaran y así comenzar a atacar.
-Vaya, definitivamente serás una buena enfermera.
-Y creo que estoy siendo poco profesional. Así que mejor vamos a que te vayas a dormir.
-¡Ah no! tu fuiste la que insistió en que pasáramos la noche juntos… Wow que genial se escuchó eso. Podre presumir que Candy me pidió que pasáramos la noche juntos.
-Ni se te ocurra o le digo Albert que te lance al mar.
-Pecosa soy un caballero inglés jamás lo haría, pero algunas cosas vale la pena recordarlas como aquella vez que te mire trepando esa chimenea.
-Eres un mocoso engreído
-Y tu un Tarzán pecoso. Pero ¿por qué Albert? Si el que te cuida y no me quita la vista cuando estoy contigo es el sr. George.
-Es que debo decirte algo, pero debes prometerme que no le dirás a nadie.
-Ok lo prometo.
-Albert es el tío abuelo William.
-¡¿Qué?!
-Si, ¿puedes creerlo? Creo que resulto mejor actor que tú, yo nunca lo hubiera imaginado. Me lo confeso para decirme que hará todo porque tu padre acepte nuestro noviazgo.
-Vaya es lo más loco que he escuchado.
-¿Qué Albert resultó ser el tío abuelo?
-No, que alguien crea que puede hacer cambiar de opinión a mi padre. Candy, no quiero que cambiemos los planes, créeme conozco a mi padre y a la corte. Si las ordenes de mi compromiso con esa muchachita son de la reina será imposible romperlo.
-Me lo imaginé. Por eso preferí esperar a que tú me dijeras si pedíamos ayuda a Albert.
-Mantengamos en secreto nuestros planes. Tratare de no toparme con él porque seguro me pedirá que hablemos y…. – a Terry se le vino algo a la mente que lo hizo sonreír triunfante y maquiavélicamente.
-¿Qué pasa Terry? – pregunto intrigada Candy.
-De que TU Y YO YA SOMOS NOVISO OFICIALMENTE DESDE HACE… - el castaño hizo cuentas en su mente y de pues continuó diciendo – 3 días
-¿Cómo?
-Como miembro de una buena y respetable familia, los Grandchester debo solicitar cortejar a la mujer que amos y fue precisamente lo que yo hice el día que Albert fue a visitarme a mi camarote, justo cuando enferme y tu llevaste medicinas a mi cuarto y después me viste con Gabrielle, y me hiciste una escena de celos, más tarde, me presentaste a tu tímida amiga la Annie sin pecas, y por la noche me peleé con Brian… Uff sí que fue un día intenso. En fin, el punto es que esa mañana que platiqué con Albert le confesé que deseaba formalizar mi noviazgo contigo.
-¿En serio Terry desde entonces eso deseas? -pronuncio feliz y casi dando un brinco.
-Así es, adivina que me contesto –
-No lo sé.
-Que si él fuera él fuera el tío abuelo William nos daba su bendición y autorización. Y como resulta que SI es el tío abuelo
-¡SOMOS NOVIOS OFICIALMENTE!
-Exacto. Así que lo que diga el Duque y la corte no tiene validez, ya que el Márquez de Grandchester ósea yo pidió oficialmente cortejar a la señorita Andley y la palabra de un Grandchester es palabra de honor. Y el patriarca de los Andrey ya dio su autorización desde el 28 de diciembre de 1912.
-¡Un día después de nuestro primer Beso!... o mejor dicho nuestros 3 primeros besos
-¿3?. Cierto llevas la cuenta, dime ¿en qué número vamos?
-En el 29 con el que nos dimos en el Gran Salon
-Pues vamos por el treinta ¿no? – propuso el caballero inglés dándole un guiño y esa sonrisa encantadora que conquisto a la rubia.
-Pues alcánzame si lo quieres.
La pecosa quiso correr, pero no contaba con que su caballero esta vez no caería y de inmediato la tomo de la mano -Te dije que eras un libro abierto para mí.
-Tramposo.
-Ven quiero enseñarte algo -Terry comenzó a correr dirigiéndose a la proa -Vamos Candy date prisa ¿o acaso temes perderte por un rebelde como yo?
-Claro que no, te seguiría hasta el fin del universo, aunque me perdiera -gritaba feliz la rubia le gusaba estar con Terry a la luz de la luna.
-Pues yo te buscaría hasta el último rincón. Y créeme te encontraría tus pecas son únicas.
Los dos rebeldes del Mauretania corrían alegres tomados de la mano, recorrieron nuevamente la cubierta pasando por la terraza del restaurant, después bajo el cuarto de mando donde Candy conoció a Cookie, Brian y Robby. Y por supuesto donde el Capitán Niven le conto que el mar era como la vida.
Llegaron al fin a la proa del barco, la vista era increíble si bien en el cuarto de mando se apreciaba el paisaje, definitivamente en la proa era mágico, pues ahí podían sentir el viento sobre su cara y el roció del agua, pero sobre todo ver como el Mauretania imponente rompía el agua a su paso para abrirse camino.
-¿Te gusta?
-´¿Es maravilloso? En la popa se ve como las hélices provocan esas olas en el agua, pero aquí es como un cuchillo rompiendo el mar. Mes gusta mucho Terry.
-Qué bueno que te guste. Pero no te traje para que vieras en persona porque el Mauretania es considerado el barco más veloz del mundo sino por ella -señalo Terry la Luna que estaba justo frente al rumbo que se dirigía el barco.
-La Luna. De aquí se ve más bella y enorme, pero ya no está sonrojada ahora se ve tan blanca.
-Creo que perdió la timidez.
-Tonto. – rio Candy dándole un ligero empujón a Terry - Se ve hermosa mira su reflejo, parece que ilumina nuestro camino es la misma dirección del Mauretania. Eso debe ser de buen augurio. Parece que vamos flotando directo hacia ella
-Tal vez nos está recordando algo.
-¿Qué podría ser?
-Candy, dicen que la Luna es la eterna musa del Sol. Su enamorada, su amor eterno, pero como veras no está junto a su amado, ambos solo pueden verse juntos durante la hora gris.
-La hora gris, lo hora en que no es de día ni de noche.
-Así es, significa que a veces, aunque ames tanto a una persona no siempre puedes estar con ella. El Sol y la Luna, dos eternos enamorados que no pueden estar juntos, pero cuando lo están es...
-Un momento extraordinario -susurro la chica cerrando los ojos. Pues ella siente lo mismo cuando esta con Terry.
-Sí Candy, te juro que hare todo por estar siempre juntos, pero si algo se interpusiera, aun así, te seguiré amando
-Lo sé Terry, se dónde está tu corazón, está conmigo y el mío se queda contigo.
-Pecosa lo escucho y no lo creo. Cuando subí a este barco, estaba destrozado, estaba triste por el rechazo de mi madre y con un miedo de enfrentarme al Duque deseaba que no llegáramos a Londres, pero ahora solo deseo llegar para tomar el primer barco a América y que te quedes conmigo.
-Terry, yo igual estaba triste por Anthony, me daba esperanza saber que llegaría al colegio donde están Stear y Archie y los tres superaríamos nuestra tristeza. Ahora también me muero por llegar a Londres, pero para volver junto a ti a América y comenzar una nueva vida juntos.
-¿Segura mi pecosa?, no será fácil.
-No importa, yo solo Quiero estar junto a ti.
-¿Hasta el fin del universo?
-No.
-¿No?
-Hasta el fin de la eternidad – decreto sonriente Candy.
Después de tan bella confesión los dos rebeldes que estaban parados en la proa del barco de frente al camino que se abría paso por el Mauretania y con la Luna como testigo se dieron el trigésimo beso. Un beso lleno de amor y esperanza, porque sabían que por mucho que se amaran siempre habría algo o alguien que pudiera interponerse, pero pese a todo sabían que sus corazones se pertenecían mutuamente.
Candy y Terry estaban felices, cuando subieron al barco tenían diferentes expectativas, pero ahora deseaban llegar lo antes posible a Londres para ya iniciar su nueva travesía de regreso a América donde construirían una nueva vida juntos en Nueva York.
Su felicidad era enorme, tanto, que los dos rebeldes no imaginaban que el Mauretania, el barco que vio nacer su amor, el barco más famoso, más veloz y amado del mundo, tristemente no llegaría a Londres.
Continuara…
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(1*) La Melodía de Terry, compuesta por Takeo Watanabe es parte del soundtrack de Candy Candy.
Pues ahí tienen más muestras de amor entre Candy y Terry, amo que se digan cosas lindas, ya que Mizuki me lo negó, así que yo me desquito en esta historia. Perdón, pero Terry es mi favorito y quiero que sea muy feliz.
Qué lindo que les gusto el capítulo anterior 995 lecturas en 24hrs, nuevamente gracias sus comentarios son mi motor para seguir la historia. Gusto mucho las Canderrys vs Albert. Y el icónico dialogo entre Terry y Eliza, debo confesar que este no sabía cómo, pues no quería meter a Eliza en esta historia (no la soporto ni le perdono a Mizuki que no le diera un escarmiento). En fin, después me dije, que el dialogo lo haga la madre son igual de venenosas y no me equivoque veo que les encanto.
Gracias por su comentarios: Ani4941, Gladys, Blanca G, Magda de GG, Miriam7, Nally Graham, Skarllet Northman, Eli, Lydia Grandchester, Sandy Sanchez, y todos los Guest.
Quienes me han agregado en favs y follows Reina Pirinola, Black Angel Lilith, Magda GG, IQS, Belem 7777 y quienes me leen de forma Anónima también gracias.
Respondiendo a sus comentarios:
Guest: Me hubiera gustado saber tu nombre. ¡Wow leíste la historia en un día!, Dios me siento alagada, yo solo hago eso cuando una historia me tiene atrapada. Respondiendo a tu pregunta trato de subir capítulos los viernes.
Ani4941: Gracias por tus bellas palabras, yo sufro también por esos fics inconclusos. Ahora que escribo entiendo que no es fácil, pero algunos escritores exageran duran no meses sino años para actualizar. Por eso cuando inicié esta historia que es la primera que escribo, me prometí terminarla por respeto a mis lectores. En el camino no solo he recibido elogios sino también malas vibras de quienes no tienen nada que hacer más que molestar, pero aun así he continuado la historia y lo haré hasta el final.
Gladys: He de confesarte que los nombres para los personajes femeninos me cuesta trabajo ponerlos pues es muy difícil que me convenzan, así que siéntete alagada. Es más, a partir de ahora los nombres de mis nuevos personajes femeninos serán basados en los nombres de mis lectoras. En el caso de los personajes masculinos que he creado, sus nombres los tome de músicos de diferentes bandas de rock clásico. Gabrielle la nombre así por el arcángel al igual que su hermana que se llama Michelle… Ops dije un spoiler.
Blanca G: Oh si, son tan rebeldes que se les pasa la mano y no miden el peligro, ni imaginan las consecuencias de sus actos.
Magda de GG: gracias Magda ojalá te gusten los siguientes capítulos. Puro amor miel pero también tristeza.
Miriam7: Las Canderry adoran a la pareja y no es que el rompimiento, más bien no soportaban que hubiera algo entre Albert y Candy. SACRILEGIO
Nally Graham: Exacto, Candy no podría sonreír si de verdad terminara con Terry. En CCFS la misma Annie le dice que su sonrisa ya no es la misma de antes desde que termino con Terry. Creo que las únicas personas que de veras creen que Candy ya no sufre ni ama a Terry, son las albertanas.
Skarllet Northman: Las Canderrys las subí al barco para que le dan alegría y humor a esta historia.
Lydia Grandchester: Annie y Terry, ya viene la fiesta de Año nuevo ahí habrá otro peculiar encuentro entre ellos, pero después harán una tregua. Brian y Terry como lo dije en otra ocasión pronto se sabrá si realmente son amigos. El dialogo icónico de Broadway voy a usarlo nuevamente, ¡Oh Mizuki me va a quedar corta en drama!... mentira dudo superar lo que nos hizo en Broadway. En el siguiente capítulo aparecen los paladines iba a meterlos aquí pero mejor preferí iniciar con ellos el siguiente capítulo. Eleanor y Richard me temo que Terry será el causante de que ese encuentro no sea nada romántico. Y me siento feliz porque seas feliz con cada capítulo que subo.
Eli: Me alegra que te guste que los rebeldes se muestren tanto su amor, yo amo que se amen soy la Canderry #1. Brian, su querida castaña era como Candy por eso le gusto la pecosa, pero al ver el temple de Terry para luchar por ella reconoció como buen caballero irlandés que no debía intervenir en ese gran amor que se tienen los rebeldes.
Sandy Sánchez: Que bueno que te gusto el capítulo, me gusta hacerlas reír para cuando las haga llorar no me reclamen :), pero tratare de no hacerlas llorar mucho. Solo les sugiero muchos paquetes de pañuelos y apechugar hasta el final.
Muchos abrazos y buenas vibras a todas las Canderrys del mundo mundial.
