La sala se quedó en un silencio absoluto, nadie se atrevía siquiera a respirar. Cassie no podía estar hablando en serio porque, de ser así, aquello no acabaría bien.
- ¿Qué?
Scorpius miraba a su hija con los ojos a punto de salir de sus órbitas. Aquello debía ser solo una broma, una maldita broma. No podía estar esperando un hijo con solo 19 años.
- Estoy embarazada.
Y entonces todo estalló. Scorpius se puso de pie y golpeó la mesa, Rose gritó, Ron estuvo a punto de sufrir un desmayo, Hermione enarcó ambas cejas, Lyra se agarró al brazo de Leah, Orion sintió cómo le faltaba el aire y Carina se encogió en su asiento.
- Chad, ven conmigo fuera. – Murmuró Alex, poniéndose de pie rápidamente y cogiendo al niño en brazos.
- Pero todavía queda. – Protestó él, que no entendía qué sucedía. – Y quero tata.
- Nadie va a comer tarta, cariño, pero te prepararé crepes si vienes conmigo a la cocina.
- ¡Vale! – Lanzó una pequeña carcajada y se abrazó a su tía, que suspiró aliviada.
- Gracias. – Murmuró Leah, sin apenas pronunciar palabra, mientras acariciaba el brazo de Lyra, que estaba empezando a entrar en pánico.
La pelirroja y Chad salieron del salón y, solo entonces, Scorpius habló.
- ¿Estás embarazada? – El rubio miró a su hija con la furia reflejada en el rostro.
- De un mes. – Confirmó la chica, que mantenía los ojos fijos en los de su padre sin titubear.
- Entonces todavía estamos a tiempo.
- ¿A tiempo?
- No vas a tener ese niño. – Su tono no daba opción a réplica, ni a queja, pero su hija no iba a dejarse intimidar.
- ¿Perdona? Es mi cuerpo, no el tuyo; es mi hijo y yo decidiré. Y quiero tenerlo.
- No vas a tenerlo, Cassiopeia, deja de decir estupideces.
- Voy a tenerlo, papá.
- Eres una cría y una irresponsable. – Negó con la cabeza. – No tienes trabajo, vives de nuestro dinero, ¿de verdad crees que voy a mantener al hijo de un presidiario?
- Papá, Ryan es mucho más que eso.
- ¿Ah, sí? – Bufó. – Porque yo creo que solo es un niñato que quiso creerse el rey del mundo, se unió a una banda que quería acabar con todos nosotros y esclavizar a los muggles y ahora está justo donde debe estar: entre rejas. Y me parece poco que se pase ahí 10 años, si por mí fuera tendría una cadena perpetua.
- No sabes lo que dices…
- ¿Que no lo sé? – Negó con la cabeza. – Soy tu padre, Cassiopeia, he vivido muchísimo más que tú, he experimentado más cosas. Sé perfectamente lo que digo.
- Ryan solo se unió al grupo, no hizo nada, él ni siquiera estaba del todo de acuerdo con aquello, solo quería revelar el secreto.
- Ya, bueno, debería haberlo pensado un poco mejor, ¿no crees? – Negó. – No permitiré que mi hija tenga el hijo de uno de ellos. ¿Sabes lo que nos ha costado limpiar nuestro apellido a los Malfoy? Y tú estás dispuesta a ensuciarlo así, por un simple capricho de niña consentida y mimada.
- ¡No es un capricho de niña consentida y mimada!
- Claro que lo es. Te da igual cómo esto nos haga quedar. ¡Estás ensuciando de nuevo el apellido saliendo con un chico con una marca!
- Papá, creo que precisamente no eres nadie para juzgarme por esto porque si la abuela hubiera tenido los mismos prejuicios que tú, ni tú, ni yo estaríamos hoy aquí.
- No oses comparar a tu abuelo con ese.
- ¡Ambos tienen una marca! – Replicó. – Y voy a tener este hijo y a seguir con él digas lo que digas.
- Me niego. Vas a abortar.
- No.
- No aceptaré a ese niño como nieto y no pienso mantenerlo, ni seguir manteniéndote a ti.
- ¿Me estás echando de casa?
- Tú misma lo has dicho. – Negó con la cabeza y la miró decepcionado. –Nunca has querido hacer nada y te lo he advertido muchas veces. Te dije que encontraras un trabajo y…
- Y lo he encontrado. – Lo cortó. – ¿Crees que soy estúpida y que no sé que con un bebé en camino tendré que dejar lo de ser escritora y trabajar en algo que me de dinero? Fui hace unos días a una entrevista en Corazón de Bruja y me cogieron para escribir la columna de cotilleos y sociedad.
- Pero aún así… Si sigues adelante con este embarazo, se acabó.
- Scorpius. – Rose, que había contemplado muda la discusión, agarró el brazo de su marido y lo fulminó con la mirada. – No puedes estar hablando en serio.
- ¿Vas a defenderla? ¿Te parece bien todo esto, Rose? – Se giró hacia ella y lo miró horrorizado.
- Claro que no, pero ya encontraremos alguna solución. No puedes echarla.
- Es mi casa.
- ¿Tu casa? – Negó con la cabeza. – ¿Después de tantos años de casados y de tener cuatro hijos juntos sigue siendo tuya y no nuestra?
- Me has entendido perfectamente.
- Cassie no se va a ningún lado.
- No va a pisar la Mansión de nuevo si no detiene esa vergüenza de embarazo.
- ¿No podríamos hablarlo con tranquilidad?
- ¿Crees que cambiará algo? Llevo años haciéndote caso, creyendo que ya se le pasaría, que era solo una fase de rebeldía, pero ahora resulta que va a tener un hijo de un maldito presidiario. ¡Podríamos haberlo detenido de haberla mandado lejos!
- ¿Querías perder a tu hija así como así? ¿Querías obligarla a dejar atrás su mundo? No nos lo habría perdonado jamás.
- Ni yo pienso perdonarle esto a ella.
- Encontraremos una solución.
- Ha sido muy clara: tendrá a ese bebé. Y yo no estoy dispuesto a convertirme en el hazmerreír de la sociedad mágica, ni a mantener a esa vergüenza.
- Esa vergüenza es tu nieto.
- No lo es.
- ¡Es el hijo de tu hija! Claro que lo es por mucho que tú no quieras aceptarlo.
- Papá, no puedes estar hablando en serio. – Orion se puso de pie y miró a su padre alarmado.
- Orion, tú no te metas. Ni siquiera vives en la Mansión.
- Me da igual, no puedes echarla.
- ¿La defiendes tú también?
- Es mi hermana pequeña, claro que lo hago – Negó con la cabeza. – Todo el mundo puede cometer errores.
- ¿Qué clase de chica se queda embarazada con 19 años?
- No… no es la primera. – Murmuró Lyra, que seguía con la vista fija en la mesa y apretaba con fuerza el brazo de Leah, que la miraba con preocupación y trataba de no pensar en el comentario que Scorpius acababa de hacer.
- Lyra, tranquila. – Susurró.
- Leah, mi hermana pequeña está embarazada y yo… ni siquiera he besado a nadie. – Cerró los ojos y tragó saliva. – Pero ese no es el tema. Cassie está…
- Merlín, Lyra, tranquila. – La morena suspiró. – Tú lo has dicho: no es la primera a la que le pasa esto. Saldrá adelante.
- No con mi ayuda y tú no te metas en esto, Leah. – Scorpius se volvió hacia Cassie, que tenía los labios apretados y las mejillas mojadas por las lágrimas. – Si sigues con esto, no volverás a pisar la Mansión.
- La abuela no te lo permitirá. – Replicó, cada vez más asustada. Siempre había sabido que sus padres se lo tomarían mal, pero nunca creyó que fueran a echarla de casa. ¿Dónde iba a ir ella sin un galeón, embarazada y con su novio en prisión?
- Me da exactamente igual lo que diga. Mi casa, mis normas.
- Scorpius, si la echas de casa, yo me iré. – La voz de Rose fue apenas un murmullo, pero todos pudieron escucharla claramente. – Te juro que haré las maletas y me iré de verdad.
- ¿Es lo que siempre has querido, no? – Negó con la cabeza y ella rompió a llorar sin poder evitarlo. Aquello había sido un golpe muy bajo. – Siempre quisiste irte, ya te pillé con las maletas a medio hacer cuando nació Cassie.
- Te juro que no estoy bromeando. – A pesar de las lágrimas, su tono de voz era firme y frío.
- Yo tampoco y no pienso permitir que nadie ensucie nuestro apellido, aunque para eso tengo que echarla para siempre. Si ese niño nace, ella dejará de ser mi hija.
- ¡No consentiré que dejes a mi hija en la calle!
- No va a quedarse en la calle, tranquila, mamá. – Lyra, que por fin había parecido reaccionar, se puso de pie. – Se vendrá con nosotros o le encontraremos algún lugar al que ir, pero no le va a faltar de nada ni a ella, ni a su hijo.
- Lyra, no te metas.
- Si no te importa perder una hija, no te importará entonces perder dos porque si la echas de casa te juro que no volveré a poner ahí un pie ni a dirigirte la palabra.
- No digas estupideces, Lyra.
- Es solo la verdad. – Insistió con decisión. – Si la pierdes a ella, me pierdes a mí.
- Y a mí. – Orion asintió, secundando a su hermana.
- Y… y a mí. – A Carina le costó pronunciar aquellas palabras, pero no le parecía nada justo lo que su padre estaba haciéndole a Cassie y no podía consentirlo. – Lo siento, papá.
- Volved cada uno a vuestro sitio y dejad estas tonterías. – Los fulminó con la mirada a los tres, aunque solo la pelirroja se sentó, cohibida.
- No, papá.
- ¿Así que esas tenemos? ¿Vais a enfrentaros a mí y a acogerla? – Lanzó una pequeña carcajada. – Pues se acabó, os corto el grifo. Apañáoslas sin el dinero de la familia y sin los elfos, a ver cuánto tiempo tardáis en volver.
- Scorpius, déjalo ya.
- Tú no te metas, Rose, ya has dejado muy clara tu postura antes.
- No voy a consentir que les hagas esto a nuestros hijos. Eres un maldito cabezota y un prejuicioso.
- Me da igual lo que digas. – Echó la silla atrás y alternó la mirada entre su esposa y sus tres hijos mayores. – No voy a ceder. Cassiopeia, es tu última oportunidad.
- No voy a abortar, papá. Quiero tener este niño.
- Muy bien, pues atente a las consecuencias.
Se marchó con pasó apresurado y Rose no tardó en seguirlo.
- ¿Dónde te crees que vas? ¡Esta conversación no ha terminado, Malfoy!
La habitación se quedó en completo silencio y Cassie, sintiendo todas las miradas posadas en ella, salió corriendo del comedor, abandonándose al llanto. Lyra y Orion no tardaron en ir tras ella, seguidos de Carina, Ingrid, Theo, Sophie y Gideon.
- Joder. – Leah miró a Dan, sin saber qué hacer y este se encogió de hombros.
- Bueno, creo que el almuerzo se da por concluido. – Lizzy se puso de pie y James la siguió.
- Sí y entenderemos que queráis marcharos. – Añadió él. – Nosotros nos encargaremos de recoger y eso, no os preocupéis.
Poco a poco, todos se fueron marchando alegando una u otra cosa (Dora que en su estado, pues también estaba embarazada, el estrés no era bueno; Adèle y las gemelas que tenían planes; algunos decían que tenían que terminar de preparar los regalos o el almuerzo del día siguiente). Al final solo quedaron todos los Potter, los Scamander, Ron y Hermione, Audrey (aunque se marchó después de que Thomas se lo pidiera), Martha, Fred, Victoire y unos pocos más. Empezaron a recoger, sin saber muy bien qué decir, escuchando de fondo los gritos de Rose y Scorpius que discutían sin parar. Definitivamente las Navidades no habían empezado con buen pie.
Albus salió fuera cuando terminaron de recoger y se apoyó en una barandilla, con la vista fija en el infinito. Necesitaba un par de minutos para sí mismo, para pensar en lo que había pasado. Su Jane no podía irse tan lejos, no podía ser verdad. Era su pequeña, ¿cómo iba a valerse sola al otro lado del océano? No, sola no, con Matt, lo cual era aún peor. Ese niñato siempre había pervertido a su niña, estaba seguro, y él no podría protegerla si se la llevaba tan lejos. Solo esperaba que fueran sensatos y no acabaran dándole un nieto como les había pasado a James o Scorpius.
- Señor Potter…
Se giró al escuchar aquella voz. ¿Por qué precisamente él tenía que venir a perturbar su momento de calma?
- No quiero que me dirijas la palabra, Zabini. – Lo cortó. – No sé qué has venido a decirme, pero lo mejor será que te vayas.
- No voy a hacerlo. – Dijo el chico, armándose de valor. – No entiendo por qué me odia. Yo quiero a su hija, quiero a Jane con todo mi corazón y toda mi alma y jamás le he hecho daño, ni se lo haré. No podría perdonármelo jamás. Y, además, cada vez que la veo sufrir porque usted no acepta nuestra relación siento que me muero porque odio verla así, odio verla tan triste, así que quiero que arreglemos nuestras diferencias.
- ¿Has venido a decirme eso? – Se cruzó de brazos y lo miró con una ceja enarcada.
- Sí.
- Pierdes el tiempo. – Negó con la cabeza. – Jane es mi niña y siempre lo será. Lo único que quería era un buen chico para ella y tú no lo eres, no eres lo suficientemente bueno para mi pequeña. La primera vez que te vi le estabas metiendo mano en mi propia casa y ahora te la llevas a casi seis mil kilómetros de su familia. ¿De verdad crees que podemos "arreglar nuestras diferencias", Zabini? Acéptalo. Jamás vas a caerme bien, no hay nada que puedas hacer para cambiarlo.
- Pero…
- Pero nada. – Suspiró. – Y no quiero volver a tener esta conversación.
Pasó junto a él sin mirarlo siquiera y se alejó de allí rápidamente, dejando al chico solo y cabizbajo.
- Yo no creo que hayas hecho algo tan malo. – El moreno se volvió para encontrarse con Thomas. El Ravenclaw traía dos botellas de cerveza de mantequilla y le dio una. – Mi padre es demasiado duro contigo.
- Me habría gustado que se hubiera tomado mejor lo de Estados Unidos. – Murmuró. – Es una gran oportunidad para mí, no podía rechazarla, y no he obligado a tu hermana a hacer nada. Ella viene solo porque quiere.
- Ya lo sé. – Contestó. – Jane sabe lo que hace.
- Quizás no deberíamos haber dicho nada delante de todos…
- Dímelo a mí. – Lanzó una pequeña carcajada irónica y su cuñado lo miró. – Por Merlín, ¿es tan horrible lo que pasa entre Carina y yo?
- No lo creo. – Matt se encogió de hombros.
- Ya, pues Scorpius y mi padre no piensan lo mismo y al parecer mi madre y Rose tampoco.
- No se lo esperaban simplemente. Dejad que lo reposen durante un tiempo, al final lo aceptarán.
- ¿Y si no lo hacen?
- ¿Tú la quieres?
- Claro. – Respondió él con naturalidad. No se lo había planteado nunca, pero parecía evidente que sentía amor por ella. – No habría hecho lo de hoy si no quisiera ir en serio con ella, si no sintiera cosas fuertes. Yo estoy dispuesto a luchar, pero después de lo de Cassie… Carina no quiere decepcionar a sus padres ella también. Siempre quiso estar a la altura de sus hermanos.
- Eso es una tontería, como si Lyra y Orion fueran perfectos. – Matt negó con la cabeza. – ¿Sabes cómo está Cassie?
- Su padre acaba de echarla de casa, ¿cómo quieres que esté?
- El señor Malfoy ha sido demasiado duro con ella. Vale, está embarazada pero, ¿y qué? Ya no estamos en el siglo XIX. Es como si James y Lizzy hubieran echado a Leah después de lo de Chad.
- Exacto. – Thomas apretó los labios. – Creo que Rose está intentando matarlo. Los gritos se oyen por toda la casa.
- Normal. ¿Cómo se le ha ocurrido decir todo eso? – Preguntó. – Ya sé que nunca ha aceptado que estuviera con Ryan, pero es excesivo. Además, no solo ha acabado echando a Cassie, prácticamente los ha echado a todos.
- Están intentando consolarla, pero no quiere hablar con nadie. Ni con sus hermanos, ni con Gideon y Sophie, ni con Theo, ni con Ingrid…
- ¿Y sabes qué va a hacer esta noche?
- Creo que va a irse a casa de mis tíos. Lyra y Orion querían que fuera a su apartamento, pero es muy pequeño, y Ron y Hermione decían que podía irse con ellos, pero Rose y Carina pasarán allí la noche, y mi tía dice que le vendrá bien alejarse un poco de todo, al menos hasta mañana. – Suspiró. – Verás cuando Scorpius llegue a la Mansión Malfoy y le cuente a Astoria lo que ha pasado. Si Rose no acaba con él, lo hará ella.
- Probablemente. Ya sabes cómo es mi abuela.
Carina abrazó a su novio por la espalda y este levantó un poco el brazo, para que pudiera pasar por debajo y él pudiera apoyarlo sobre sus hombros.
- ¿Cómo va la cosa? – Le preguntó tras darle un beso en la frente.
- Hemos conseguido que nos abra la puerta al menos, aunque solo ha accedido a hablar con Orion. – Contestó, con la mirada gacha.
- Algo es algo. – Murmuró Matt.
- Por cierto, Matt, creo que deberías ir a ver a Jane. Creo que ha intentado hablar con su padre, él no la ha mirado siquiera y también se ha puesto a llorar. – Le dijo la pelirroja. – Está con Leah y Dan en la buhardilla.
- Por Merlín, voy corriendo.
El moreno se fue con paso apresurado y Thomas besó de nuevo la frente de la chica.
- Menudo día. – Murmuró. – Al final hemos pasado desapercibidos y todo.
- Lo de Cassie ha sido muy fuerte. – Susurró la pelirroja. – Por un momento temí que mi padre la obligara a abortar, que la llevara a rastras a San Mungo. Está furioso.
- Ya se le pasará. – Se encogió de hombros. – Y también aceptaran lo nuestro.
- Eso espero…
- Van a tener que hacerse a la idea porque yo no pienso dejarte.
- ¿Sabes qué? Yo tampoco.
Se besaron con dulzura y sonrieron levemente al separarse. Carina apoyó la cabeza en el pecho de él, que la abrazó con fuerza. Volvieron a besarse y no se separaron hasta que escucharon una vocecita infantil.
- Iu, ¿qué hacéis?
- Chad. – Thomas giró la cabeza y sonrió al pequeño. – ¿Qué haces aquí? ¿No estabas con tu tita Alex?
- La tita Caro ha dicho que enga. – Explicó asintiendo con la cabeza.
- Mi madre quería que vinieras a vigilarnos, ¿cómo no? – Masculló por lo bajo.
- Dice que ayáis.
- Dile que ahora vamos. – Contestó Carina, dedicándole un gesto cariñoso.
- ¡Vale!
El niño se fue corriendo y ellos dos suspiraron.
- Bueno, creo que no nos queda otra que ir. – Murmuró el pelinegro, cogiendo la mano de la chica. – ¿Vamos?
- Sí, vamos.
