Sentimos la tardanza, al final nos salió tan grande el capi final que lo hemos dividido en dos, aquí tenéis la primera parte y la segunda llegará muy pronto. Sed buenos y comentadnos vuestra opiniones. Aclarar que de temas legales no sabemos mucho pero esperamos que haya quedado lo más real posible.
Capítulo 29. Final Parte I
El pequeño la miraba a los ojos después de hacer esa pregunta dulcemente "¿Si te abrazo de va a doler?". Emma no pudo hacer otra cosa más que sonreír y abrió sus brazos para recibirle.
-Ven aquí- rodeó a Henry con sus brazos.
–No sabes cuánto te quiero-
-Yo también te quiero- dijo en una sonrisa –Mamá-
La pelirroja no podía estar más feliz. Su hijo la había aceptado como su otra madre, sabía que Regina la amaba. Si tan sólo todo fuera más sencillo…
–Gracias por entenderme, yo sabía que lo harías-
Regina había estado apoyada en el marco de la puerta oyendo todo. Entró en la habitación con lágrimas en los ojos, tomó la mano de la otra mujer apretándola cariñosamente.
-¿Ahora qué va a pasar?- preguntó Henry mirándolas a ambas.
-Bueno, ahora tienes que mantener el secreto, hasta que consigamos hacer lo que queremos- dijo la morena acariciando el pelo de su hijo.
-Tu padre sabe que soy tu mamá, y no está muy contento con ello… por eso debes mantener el secreto. Intentaremos hacer lo posible para poder estar los tres juntos ¿qué dices?-
Henry asintió.
-¿Estás contento?- Regina quería saber cómo le iba a afectar todo esto al pequeño.
-Sí, siempre he sentido que no encajaba en esa familia porque sentía que tú eras más mi mamá que la que murió y ahora sé porque- sonrió a la morena dándole un beso en la mejilla.
-Para mí es como si te hubiera tenido 9 meses dentro de mí-
Emma miraba la escena maravillada, estaba feliz, pero por otro lado tenía miedo de que Max terminara saliéndose con la suya y ambas perdieran a Henry.
-Regina, hay que empezar con todo cuanto antes, no tenemos tiempo que perder… no tardará mucho en darse cuenta de que estamos juntas-
La morena asintió.
–Está bien, conozco un abogado amigo de mi familia, voy a pedirle consejo y ver qué podemos hacer- miró la hora –Henry, tenemos que irnos-
El niño se acercó a besar y abrazar una vez más a la pelirroja.
–Adiós Emma-
-Luego nos vemos- le sonrió mientras recibía un beso en los labios de Regina.
Unas horas después, mientras Henry hacía los deberes en su cuarto, Regina decidió que tenían que actuar rápido, más ahora que la vida de la pelirroja corría peligro. No estaba tranquila dejándola sola pero no podía estar en dos lugares al mismo tiempo.
Cogió el teléfono de su amigo abogado y marcó su número. Estuvo casi una hora al teléfono con él, contándole toda su situación, lo que pasaba con Max, la adopción de Henry y su relación con Emma. August era un buen hombre y sabía que podía fiarse de él. Le dijo que pasaría el resto del día ideando qué hacer con los datos que tenía y que al día siguiente fuera a su despacho para hablar tranquilamente.
Así fue, Regina se despertó temprano para llevar a Henry a la escuela y justo después se dirigió a ver al abogado. Una vez dentro August le habló claramente.
-A ver Regina, no podemos usar nada ilegal, si queremos llevar pruebas al juez tiene que ser algo que puedas conseguir legalmente-
La morena había estado dándole vueltas a la idea pero no se le ocurría nada que valiera mucho la pena.
–Lo único que pensé fue en el sistema de seguridad que tenemos en algunas habitaciones en la casa-
August se acomodó en su asiento.
–Te escucho-
-Bueno, como sabes Max es ministro, guarda mucha información confidencial en su despacho, así que es obligatorio que tenga una cámara de seguridad por si ocurre cualquier incidente. Siempre he pensado que en parte la tiene por mí también porque no se fía del todo. Y quizás no nos sirva absolutamente de nada, porque dudo que haga planes en nuestra propia casa, pero podría acceder a las cintas y quizás haya una mínima posibilidad de encontrar algo útil-
-Eso es perfecto Regina, es más que nada-
La confianza de su amigo daba esperanzas a la morena.
–Cuando consiga las cintas te aviso-
-Vale, yo iré hablando con el juez, quizás consigamos un juicio temprano por ser una persona pública. Vamos a meter a ese cabrón entre rejas-
Regina le dio las gracias y salió de ahí con una sonrisa. Fue a recoger a Henry a la escuela y juntos llegaron a casa de la pelirroja. Nada más entrar, el pequeño corrió hacia su madre biológica que estaba sentada en el sofá.
-Hola mamá, ¿cómo estás hoy?- el niño se estaba adaptando muy bien a la situación.
-Hola cariño, hoy me siento mejor, me duele un poquito menos-
La morena se agachó para besarla suavemente.
-¿Cómo pasaste la noche? ¿Alguna molestia?-
Emma negó con la cabeza.
–Me puse a ver una película y me quedé frita-
Regina se sentó junto a ella y mientras Henry miraba entretenido la televisión le contó todo su encuentro con el abogado.
-Creo que podríamos tener posibilidades-
-Eso espero- tomó la mano de la morena acariciándola.
-Sé que acabamos de llegar, pero nos iremos pronto para buscar las cintas antes de que vuelva Max- Regina besó la mejilla de la otra mujer.
-No hay problema, haz todo lo que tengas que hacer-
-Pero ¿podemos quedarnos un rato más?- preguntó Henry con su voz de petición.
La morena rio un poco.
–Sí, un ratito sí-
El niño aprovechó para contar cosas sobre su escuela, era un colegio pago, bastante caro y exclusivo, pero él no tenía muchos amigos ahí ni se sentía cómodo del todo.
-Bueno, irán mejor las cosas Henry, ya verás-
-Cuando vivamos los tres juntos puedo cambiar de escuela- dijo Henry con una sonrisa -¿Dónde iremos?-
Ambas mujeres sonrieron imaginándolo pero tenían miedo de hacerse ilusiones para nada.
-No lo sé… a una casa muy linda seguramente- Emma habló feliz –Quizás lo mejor sería que nos fuéramos de la ciudad…-
Regina asintió.
–Yo también he pensado en ello, si todo sale bien tendremos bastante dinero para empezar una nueva vida, en un colegio nuevo-
-Me gusta la idea- Henry las miró a ambas.
-A mí también… empezar de nuevo lejos de todo esto…- la pelirroja quería alejarse de su trabajo como stripper, de Max y de todos los malos recuerdos. Miró al pequeño y besó su frente –Aunque tú no te vas a salvar de tener que estudiar- le hizo cosquillas mientras reía.
Henry soltó una carcajada.
–Ya lo sé, mamá me dice que tengo que estudiar mucho siempre-
Después de unos minutos se despidieron de Emma para volver a casa. Regina dejó a Henry ocupado con sus deberes y fue a la sala donde su marido tenía el equipo de seguridad con las grabaciones. No tenía tiempo de ponerse a mirarlas ahí, así que cogió las más recientes para mandárselas a August.
Cuando llegó Max, cenó con ambos pero les dijo que se iría pronto porque tenía que trabajar en algo importante. Regina sabía que ese era su código para decir que se iría a algún local de striptease, lo cual le pareció estupendo para tenerlo ocupado toda la noche.
Mientras tanto, la pelirroja se preparaba para irse a dormir, ya iba a ser la segunda noche que dormía sola en su piso. Estar más cerca de la libertad con Regina hacía que noches como aquella la hicieran sentir más sola que de costumbre.
La morena había dejado dormido a su hijo y había tomado su llave del piso de Emma para hacerle una visita, quería aprovechar la ausencia de Max para acompañarla. La echaba mucho de menos, esos últimos días se habían visto poco por culpa de todos los líos. Llegó y entró intentando no hacer mucho ruido, caminó hasta su cuarto y susurró.
-¿Emma?- no quería asustarla metiéndose en su cama sin avisar.
La pelirroja abrió los ojos al escucharla y sonrió viéndola.
–Hey… ¿qué haces aquí?-
-Vine a ver a la mujer más hermosa del mundo- Regina se quitó algo de ropa y se metió con la otra mujer abrazándola.
-Extrañaba dormir contigo… además estoy tan aburrida aquí dentro, ya quiero estar mejor para poder salir-
-Ya lo sé, por eso he venido, te conozco muy bien. Además yo también te echaba de menos- Regina hablaba muy dulcemente y se acercó a llenarle el cuello y el hombro de pequeños besos.
-Eres tan linda…- rodeó a la morena con sus brazos dejándose mimar.
Regina acariciaba su espalda suavemente.
–Tengo un buen presentimiento con todo esto Emma…-
-¿En serio? Yo trato de no hacerme muchas ilusiones, aunque esté bastante acostumbrada a las decepciones en mi vida esta sería la peor-
La morena besó su frente sin querer separarse.
–Haré todo lo que esté en mi mano, te lo prometo-
-Ya sé que lo vas a hacer- Emma bostezó –Me gustaría seguir hablando contigo, pero estoy muerta, los calmantes me dejan como un zombie…-
Regina rio levemente.
–No te preocupes, descansa tranquila, yo estaré aquí- pasaba la yema de sus dedos por la piel de la otra mujer para que se relajara.
-Buenas noches, te amo- dijo Emma en un suspiro mientras se dormía.
-Yo también te amo, mucho-
Pasar esa noche juntas era lo que más necesitaban. Regina estaba cargando con todo, y a pesar de que ella no era la que había recibido un castigo físico como Emma, podría recibir uno mucho peor si las cosas salían mal. Le daba vueltas a la cabeza, Max era muy astuto y tenía demasiados contactos, aunque ella también tenía algunos. Lo mejor era simular que las cosas estaban bien, tratarlo normalmente para que no se diera cuenta de que ella estaba al tanto de toda la situación.
Unos minutos después se quedó dormida también.
Emma se sentía mejor como para levantarse, así que apenas se despertó, fue a la cocina para preparar el desayuno y llevarlo a la cama, aunque Regina se le adelantó y se apareció algo asustada de no verla a su lado.
-¡Dios Emma! ¡Qué susto!-
-Lo siento… sólo quería prepararte el desayuno-
Regina sonrió suspirando y se acercó a ella poniendo una mano en su cintura.
-Me siento mal cuando te dejo sola, y pensar que te podría haber pasado algo estando a tu lado me pone aún peor- negó con su cabeza –Mejor no me hagas caso-
-Te entiendo, y por momentos también tengo miedo pero… si Max quiere encontrarme seguro hallará la forma, esté aquí o en un hotel-
-Tienes razón…- la morena sonrió un poco, no les hacía bien hablar de estos temas –Bueno, ¿qué me preparaste?-
-Hice tortitas y café-
Mientras estaban manteniendo un cálido desayuno, el teléfono de Regina comenzó a sonar. Era August.
-Regina, creo que tenemos algo, tienes que venir enseguida-
-Oh, ¿en serio? ¡Ya salgo!- cortó la llamada.
-¿Era el abogado?- preguntó la rubia tratando de entender la reacción de la morena.
-Dice que tenemos algo…- terminó de un trago largo el café y miró a Emma –Tengo que irme ahora, apenas tenga novedades te avisaré-
-Está bien, ¡que vaya todo bien!-
Emma acompañó a Regina hacia la puerta, antes de que saliera la tomó del brazo y la acercó a ella para abrazarla. Esta era la última oportunidad, si el abogado no tenía el material suficiente para incriminar a Max ahora, no lo tendría nunca. Aunque tenían un buen presentimiento, el miedo no se iba, las carcomía por dentro de sólo pensar en perder la pequeña familia que habían construido con Henry.
-Si las cosas van mal y no hay forma de solucionarlo… sólo tienes que llamarme y me iré de aquí para siempre-
Regina se separó un poco mirándola a los ojos. No había pensado en esa posibilidad, pero tenía mucho sentido, porque si Max no iba preso, significaría que podría ir tras la rubia en cualquier momento.
-Emma…- bajó la mirada dándole a entender que estaba de acuerdo por mucho que le doliera sólo imaginarlo –Va a salir todo bien, ya verás-
Se despidieron en un largo beso y Regina se montó en su auto para concretar el encuentro con el abogado.
Cuando la morena entró en el estudio, el hombre lo primero que hizo fue poner el vídeo. En ese salía un hombre de corpulento y con una gran espalda y Max del otro lado del escritorio.
-Tienes que matar a esa puta, ¡y más te vale que seas discreto!-
-Iré por ella al cabaret, no se preocupe-
Oír eso tuvo una reacción contradictoria en Regina. Se sentía contenta de tener prueba en contra del infeliz de su marido, pero a la vez se había quedado pasmada por la frialdad de ese hombre, con el que había convivido tantos años, no pudiendo creer en la clase de persona que se había convertido. Sabía de sus negocios turbios, de los movimientos de dinero fraudulentos, pero falsificar una adopción y luego enviar a matar a la madre de ese niño que nunca había querido, se iba de los límites.
Luego de procesar la información, y de por fin comprender que ya no debía amargarse por el comportamiento de su marido, pues si todo salía bien quedaría en el pasado, esbozó una pequeña sonrisa.
-Esto nos sirve, ¿cierto?-
-¿Qué si nos sirve? ¡Podemos ir a juicio con esto Regina!-
El juicio sería programado para un par de días después. Tenía que pillar a Max por sorpresa para no darle tiempo a pensar en una defensa creíble, o peor aún, a escapar.
Regina temía que el juicio la afectara a ella y a Henry, quizás no le dieran a custodia a ella, después de todos los conflictos no hubiera sido raro que se lo quisieran llevar con alguna asistente social.
No pudo ir a ver a Emma, había demasiados preparativos para hacer, pero la llamó para ponerla al tanto de la situación y la dejó muy contenta.
Esa misma noche mientras cenaban como la familia perfecta que no eran, luces azules y rojas comenzaron a asomarse por los grandes ventanales de la casa. No tardaron en tocar el timbre. Eran aproximadamente diez policías con una orden de arresto para Max. La empleada no pudo evitar que ingresaran así que caminaron hacia donde estaba Max y lo esposaron.
-Max Mills, queda usted arrestado por intento de asesinato. Tiene derecho a un abogado y si no puede costearlo se le asignará uno-
-¿Qué están haciendo? ¡Soy una figura pública! ¡Van a pagar esto muy caro!-
Fulminó con la mirada a Regina, aunque la mujer se mostraba muy seria por respeto a tu hijo, sabía que ella tenía algo que ver en todo eso. Se daba cuenta que lo estaba disfrutando, como cada vez que lo obligaba a ir a eventos o hacer cosas que no le gustaban.
-Deberá permanecer en silencio o todo lo que diga puede ser usado en su contra-
Y no dijeron más, rápidamente se lo llevaron. Henry estaba en shock, por muy penosa que fuera la relación con su padre, ver como la policía se lo llevaba era muy impactante para un niño de 9 años. Abrazó a Regina muy asustado, no comprendía que estaba pasando.
-No te preocupes mi amor, todo va a estar bien-
A pesar de que se habían llevado a su marido, la morena no estaba tranquila. Max podría hacer cualquier cosa con tal de que Emma no testificara, por lo que Regina envió a uno de los choferes a su casa para que la buscara, no sin antes avisarle.
Cuando la pelirroja llegó a casa fue corriendo a abrazar a la otra mujer, la había puesto al corriente de lo sucedido por teléfono.
-No puedo creer que todo esté yendo tan bien ¿crees que te darán la custodia?-
-Eso espero, el abogado va a luchar por ambas cosas, luego ya podremos mover cielo y tierra para que también sea tuyo legalmente, pero de momento nos conformaremos con esto- ambas querían sentirse seguras primero, ya arreglarían todo una vez que Max estuviera encerrado.
-Yo me conformo con que sea tu hijo, no me importa en este momento un papel que diga que es mío, que el abogado haga lo que tenga que hacer para que se quede con nosotras-
Regina asintió sonriendo y la abrazó de nuevo. Caminaron hasta el sofá de la sala para acomodarse juntas.
-Quiero que esta pesadilla acabe ya…- la morena suspiró apoyando la cabeza en el hombro de Emma cuando escuchó un carraspeo.
-¿Puedo pasar?- Henry las miraba desde el marco de la puerta.
-Claro, ven aquí cariño- Regina le hizo un gesto y se corrió a un lado para que se sentara entre ambas.
-Parece que todo va a ir bien Henry- Emma besó la cabeza de su hijo –Mañana se sabrá todo-
-¿Y si sale mal?- preguntó el pequeño.
-No pienses así, todo irá bien- la morena suspiró, no quería ni imaginar qué pasaría entonces.
-Si sale mal yo no pienso rendirme… de eso no tengas dudas- Emma pronunció esas palabras estando muy segura de ellas mientras miraba a ambos.
-Yo tampoco-
Pasaron el resto del día juntos, no sabían que pasaría al día siguiente, pero querían disfrutar el momento. Esa noche, ya en la cama, Regina pegó su cuerpo al de la pelirroja y acarició su brazo suavemente.
-Estoy nerviosa- susurró.
-Todo va a salir bien, confía en mí- Emma sonrió y se acercó a besarla tiernamente.
-Eso espero, me muero por empezar nuestra vida juntos, ¿dónde te gustaría que nos fuéramos?-
-Bien lejos de aquí…- dijo la pelirroja.
-Sí, seguro podemos encontrar el sitio perfecto- Regina bostezó hundiendo la cabeza en el pecho de la otra mujer –Deberíamos descansar- besó su piel por encima de la tela.
-Buenas noches, amor- Emma cerró sus ojos rodeándola con sus brazos.
-Buenas noches- susurró la morena.
El día del juicio había llegado, ambas mujeres se despertaron muy ansiosas.
Emma tuvo que tragarse su orgullo y pedirle ayuda a una vieja amiga: Ruby. Necesitaba que alguien cuidara de Henry, alguien que fuera de confianza, Max podría querer hacerle algo mientras ellas no estaban cerca y no se sentían seguras de dejarlo en la casa. Aunque Ruby no quería aceptarlo, Emma la convenció de que se quedara con una suma de dinero, que le serviría por cualquier cosa.
Se pusieron su mejor traje y se maquillaron levemente, lo justo para no destacar. Emma aún tenía algunas marcas en su rostro, una bastante notable cerca de su labio y otra en el párpado. Sabían que en un juicio el aspecto contaba casi igual o más que las palabras que pronunciaran. Pero antes de salir se miraron al espejo contentas con el resultado, y dispuestas a que todo saliera como esperaban.
