La Noche del Cambio de Ciclo
Jardín central del Palacio del Oeste.

SESSHŌMARU

Noto con hastío que vuelvo a estar excitado. La dureza de mi polla se hace evidente para la zorra delante de mí, que se relame y se cruza de brazos estrujando sus pechos en un intento de pose provocativa. En el fondo es culpa mía por estar pensando en Kagome, pero la aburrida conversación con el estúpido de su padre tiene toda la culpa de que mi cabeza esté en otro sitio. Ahora me guiña un ojo mientras se muerde una uña…, me largo de aquí.

Me siento en una de las mesas del fondo e inmediatamente noto que mi solitaria presencia atrae a la zorra de antes junto a dos o tres hembras más. Ni hablar. No pienso soportar ni una sola charla insulsa más. Levanto parte del control sobre mi yōki y una ola de malas vibraciones espanta inmediatamente a los insectos dejando un agradable y vacío círculo de unos 5 metros a mí alrededor. Ella todavía no ha llegado. ¿Qué rayos la habrá entretenido? Haciendo esperar de esta manera a Este Sesshōmaru nada menos. Tamborileo nervioso con los dedos sobre la mesa y llamo a un criado para que me traiga sake. Entre la peste de tanta gente me cuesta percibir los jazmines y el agua de lluvia que busco desesperadamente. Ella todavía está lejos, en sus habitaciones. Además llevo ya unas cuantas copas y esta última hace que me gire la cabeza.

Es por ello que mis pensamientos vuelven una vez más a la tribuna del salón comedor. Mmm, el olor de Kagome…, tan sólo su recuerdo ya me provoca escalofríos. Además esta mañana, mientras la acariciaba su fragancia había cambiado, aumentado de intensidad y magnetismo, volviéndose totalmente irresistible. Si no hubiera colocado a tiempo la barrera alrededor de la tribuna se le habrían tirado encima todos los machos del salón.

Me muerdo el labio sin poder evitar los ardientes recuerdos. La suavidad de su piel, el aterciopelado sexo, la calidez de su interior. ¿Y su sabor? Jamás probé nada tan delicioso como el néctar de su interior. El poder observar en ese rostro rojo y caliente los efectos de mi toque, el sentir su sexo latir y los espasmos arquearle la espalda… Nuestras auras estaban girando tan perfectamente sincronizadas que me daba la impresión que las sensaciones eran compartidas. Incluso pude sentir dolor cuando se mordió la mano para evitar gritar. Esa hembra casi me había llevado al orgasmo a mí también, tan solo con mirarla.

El que fuera virgen a su edad fue la más agradable de las sorpresas. También es cierto que encajaba con su carácter, al fin y al cabo Este Sesshōmaru no se fija en zorras. Ella pretende mostrarse atrevida pero los dos sabemos que es pura e inocente… y mía, solo mía. Sólo yo traspasaré esa barrera, solo yo plantaré mi semilla en su cálido vientre, solo yo…

"¡Alto Sesshōmaru! ¿En qué estás pensando?"

¿Hasta cuándo voy a fantasear con imposibles? Debo recordar que lo de esta mañana no fue más que un castigo por su desobediencia. Una valiosa lección para que la miko no volviera a provocarme con su aspecto nunca más.

La sola idea de aparearme con una humana ya me debería resultar desagradable. ¿Dónde están el rechazo y las nauseas cuando se las necesita? No sólo que con Kagome no hacían acto de presencia sino que eran sustituidas por esta libido voraz.

No debo alimentar ese fuego. Acaso olvidé tan rápido lo que pasó con Midori. Un experimento semejante solo podía acabar con Kagome muerta y descuartizada. Soy un maldito monstruo incapaz de controlarme; rompería en dos a la frágil humana con la primera embestida.

Me concentro en recordar a Midori. Con su joven cuerpo esparcido a mí alrededor. El sabor a ceniza de su sangre en el fondo de mi garganta y los ojos verdes, totalmente opacos, mirándome con rencor. Le agradezco a Tsukuyoumi que el recuerdo de esa niña que murió por mi placer aún sea capaz de ofrecer un servicio tan importante a su Señor. Es gracias a esos pensamientos que soy capaz de bajar el nivel de mi excitación.

Por fin tras otra copa más, el olor de Kagome se va acercando. Va tan desesperantemente lenta, que creo que voy a reventar de los nervios. Cuando por fin veo su figura entrar en el jardín, me quedo sin aliento.

Es una diosa. Un ser tan bello no debería pisar esta podrida tierra, a riesgo de contaminarse de su locura. El orgullo que me llena el pecho al verla tan sublime, adornada con los colores de mi Casa, incluso impide el paso a los celos que debería sentir al ver a tantos machos comiéndosela con la mirada. Ella es perfecta y es mía. Tiene todo el porte que necesita una Gran Dama del Oeste. Camina erguida con tanta majestuosidad…, ¿o no?

"Bueno igual no es tan majestuosa," pienso mientras vuelo a su lado para agarrarla y evitar que caiga al suelo, "pero la torpeza de Kagome es más atractiva para mí que el contoneo de las mil damas yōkai mejor entrenadas."

La llevo a nuestra mesa disfrutando del contacto con su piel, flotando embriagado por su esencia. Tras sentarnos continúo comiéndomela con los ojos y felicitándome una vez más por la elección de su vestuario. En mi mente juego con la idea de que todo es auténtico, que ella es realmente mi Dama y que las felicitaciones que recibo por parte de los confundidos nobles, están hechas de corazón.

Ella parece pensar que la felicitan por el cambio de ciclo. Su inocencia me divierte tanto y la idea de que el compromiso sea tan solo un malentendido me resulta tan deprimente, que soy incapaz de romper el hechizo sacándolos de su error. No, para eso ya tengo a la furcia que se hace llamar mi madre.

El estado de trance en el que estaba me había impedido percatarme de que la muy puta estaba espiando nuestra conversación. Esa bruja supo exactamente qué decir para romper en pedazos mi felicidad. Sus humillantes palabras destrozaron sin piedad la perfecta sintonía en la que Kagome y yo nos encontrábamos, plantando en el corazón de mi compañera el miedo y la vergüenza. Kagome no pudo más que reaccionar como lo hizo. Trató de escapar a toda prisa y pero se vio impedida por el pesado jūnihitoe.

Entonces mi Kagome, esa que ante las dificultades brilla y se crece, nos hizo una demostración de su carácter a todos los yōkai del jardín. Tras rechazar mi mano y levantarse por su cuenta, se fue quitando furiosa las capas del kimono una tras una. Sus profundos ojos de madera lacada brillaban furiosos fulminando cualquier mirada que se atreviera a cruzárselos, incluida la mía. Sin duda sería una Dama del Oeste formidable.

En cuanto a mí, tras verla alejarse enfadada, tenía la sangre hirviendo de rabia. Jamás había odiado tanto a mi madre como la odiaba en este momento. La furia desmedida y el miedo a descontrolarme con Kagome era lo que me mantenía clavado en el sitio mientras escuchaba la chirriante voz lanzar toda clase de improperios. Una vez más lo único que distinguía era el sonido de mis propias pulsaciones, debido a la gran velocidad de la sangre que se me subía a la cabeza. Observaba, apretando la mandíbula y clavándome las garras en las palmas hasta sangrar, la furiosa aura carmesí que ahora estaba a varios metros sobre mi cabeza, en una de las terrazas. Los minutos se sucedían y poco a poco el color del reiki de Kagome recuperó su característico tono rosado. No fue hasta entonces que por fin mi sangre frenó su carrera y recuperé el contacto con la realidad.

— ¿CÓMO SE ATREVE ESA INMUNDA HUMANA A FALTARTE AL RESPETO DE ESA MANERA?¡DEBERÍAS ENCERRARLA EN UNA MAZMORRA HASTA QUE APRENDA A COMPORTARSE!

Y a ti cachorro ya te vale… ¿En qué rayos pensabas al vestirla con los colores de MI Casa? ¡Has traído la vergüenza a esta familia! ¡IGUALITO A TU PADRE!

En esas me doy la vuelta encarando a la vieja arpía y le golpeo el rostro con toda mi fuerza. Y yo tengo mucha fuerza… Se escucha claramente el "crack" de los huesos de su cuello al partirse y mi madre barre el suelo con el trasero. Un silencio sepulcral se impone hasta el momento en que, desde lo alto, me llega la voz algo afectada y la risa cantarina de Kagome. Los mirones que andaban achantados por la escena también se percatan y empiezo a apreciar algunas rasillas burlonas entre la multitud. Inmediatamente libero mi yōki más oscuro y toda la chusma enmudece de nuevo. Me encuentro mucho más calmado después del bofetón y por fin puedo ir a buscarla.

Salgo rápidamente hacia las cocinas donde recojo un vaso del mejunje de Myoga para las borracheras. Si esta es la primera experiencia de Kagome con el alcohol y tenemos en cuenta que se llevó un sake de 50 grados con ella, tengo por seguro que le hará falta. Me llevo otra botella de sake para mi, si ella está cabreada seguro que lo necesitaré también.

Al salir a la terraza la escucho gritar barbaridades y reírse a pleno pulmón. No puedo más que admirar su entereza al ser capaz de reírse de una situación como esta, aunque sea gracias a los efectos del sake. Además me parece tan vulnerable y sexi. Vuelvo a excitarme. Acallo sus gritos con la mano mientras no puedo evitar abrazarla con todas mis fuerzas. Enseguida se me escapa y no parece enfadada lo que me hace suspirar aliviado.

Lo que sí que está es borracha perdida. Suelta tonterías sin parar, algo de llevarla a la luna a comer miel o unas bananas… No entiendo la mitad de las cosas que dice pero aprovecho que me pide más sake para endosarle el vaso del brebaje de Myoga. Ella se lo traga de una vez como la campeona que es y su pequeño cuerpo reacciona inmediatamente, expulsando el alcohol de su estómago. Desde que la conozco siempre está cuidando a enfermos, siendo fuerte por ellos. El cuidarla yo a ella, como si fuera una cachorra malherida me produce una cálida sensación en el pecho que nunca, en mis más de 200 años había sentido. La limpio lo mejor que puedo aguantado a duras penas el deseo de abrazarla de nuevo y apretarla contra mi pecho.

Tras un ratito sentados uno junto al otro en silencio, se espabila un poco y empieza a hacerme preguntas. Yo pensé que estaría enfadada por no defenderla como es debido abajo en el jardín, pero resulta que lo que la cabreaba era la elección del kimono. Había llegado a la absurda conclusión de que lo había planeado todo con la intención de reírme de ella. Tan bizarro pensamiento no podría ni pasárseme por la cabeza, ¿qué gano yo con semejante complot? Si no tengo sentido del humor.

Se lo trato de explicar y ella, aunque a regañadientes lo acaba aceptando. Aunque momentos más tarde me suelta que no vuelva a imponerle un atuendo jamás... Ha debido de llegar a la equivocada conclusión de que puede darme órdenes. Eso sí que sería gracioso de ver.

Lo que me reprocho sin parar es que ella esté en este estado a causa de la lentitud de mis reacciones. Tenía que haberle cruzado la cara de la furcia en el momento que la escuché abrir la boca. A causa de mi lentitud esa arpía había hecho llorar a Kagome. No había sabido proteger al que ya era para mí, el más valioso miembro de mi manada. Si me hubiera pasado en el campo de batalla sería yo el que estaría llorando, sobre su cadáver.

El final de este horrible ciclo estaba muy cerca. No estaba para nada contento con mi propio comportamiento durante el último año. Numerosos miembros de mi manada habían perecido por mis propias garras o por descuido, haciéndome comprender que no estaba cumpliendo mi obligación. La obligación que heredé de mi padre y para la que he vivido desde siempre. No deseo que el siguiente ciclo se inicie de similar manera. Necesito tragarme el orgullo y empezar con ella de nuevo. Volver a ganarme su confianza.

Cuando los hanabi (fuegos artificiales) iluminan el cielo sé que es el momento perfecto, reúno todo mi valor y le susurro al oído.

— Lo siento, Kagome.

Ella no esconde lo sorprendido de su rostro. Por unos momentos parece confusa pero se aclara rápidamente y se levanta decidida. Al momento siguiente es mi turno de quedarme a cuadros. Ella sin pizca de pudor se sienta frente a mi, encima de mis piernas con nuestras caras a muy corta distancia. Lo que es más grave todavía es que siento sus manos posarse sobre mis hombros y acariciarme la piel del cuello.

El pánico me invade. Me repito el "calma, es Kagome" como si fuera un mantra pero sé que si me descontrolo estará todo perdido. Mientras, ella me mira inconsciente de estar metiendo la mano entre cuchillas. No puedo permitir que me siga tocando. Estoy a punto de empujarla, con gran esfuerzo, lejos de mí cuando recibo la caricia más extraña de mi vida.

Con los labios entreabiertos y húmedos ella roza suavemente los míos, calmando el pánico al instante. Me siento flotar entre nubes de algodón. Yo le sigo el juego abriendo mi boca, tratando de imitar esos movimientos y es entonces que ella aprovecha la apertura para introducir en mi boca su lengua y continuar con ella las caricias en lugares de su interior que no me plantearía jamás que pudieran ser tan sensibles. La sensación de placer me recorre de arriba abajo endureciendo mi miembro y clavándolo contra su sexo. Cuando noto sus dientes morderme con suavidad alcanzo el máximo grado de excitación.

"Por favor Kagome, hazlo más fuerte, aprieta, hazme sangrar…"

Al final se separa sin darme lo que le pido dejándome entre frustrado y curioso. Necesito saber...

— ¿Qué fue eso?

— Un beso.

— ¿Es algo de los humanos?

— Sí. ¿Acaso los yōkai no se besan?

— No de esta manera.

— ¿Y cómo lo hacéis?

Vaya, esta hembra está deseosa de ser marcada por mi olor. Me encanta la idea ya que mantendrá alejados a los moscones, pero soy consciente de que el momentáneo ofuscamiento de mi psicosis habitual podría desaparecer en cualquier momento, sobre todo si me seguía excitando de esa manera.

Así que antes de enseñarle lo que es un beso inu, la cojo de las manos separándolas de mi cuello, para mantenerlas pegadas a sus caderas. Aunque se resiste al principio acaba aceptando lo inevitable y se deja inmovilizar. Mucho más tranquilo ahora me podría dedicar a hacerla gemir.

Paso la lengua de forma lenta y continuada por una de las rutas de placer más conocidas para cualquier yōkai, deteniéndome por un momento a mitad de camino y girando alrededor de ese lugar mágico en la base del cuello donde debería estar Mi Marca. Lo rozo con los colmillos y sigo mi camino hacia la parte trasera de su oreja. Los suaves pelillos de melocotón de su nuca se están poniendo de punta y también noto que tiene la piel de gallina. Me separo y observo el efecto: ella está como en el comedor esta mañana, con la mirada perdida y temblando ligeramente.

"Quiero más, quiero hacerla gritar. Quiero… ¿besarla?"

Concentrándome en recordar los movimientos exactos de sus labios, las zonas donde su lengua me había causado mayor placer, pongo en práctica el recién aprendido "beso humano". Lo único en lo que fallo estrepitosamente es en la suavidad. No me esperaba que el dar semejante caricia pudiera ser tan o más placentero que recibirla y pierdo al momento la delicadeza que trataba de imitar. Mi boca quiere devorarla, la lengua se descontrola penetrando en ella impaciente y deseo probar el sabor de su sangre. Ella por su parte no se queda quieta y me devuelve cada caricia y cada mordisco con la misma pasión. Nuestras lenguas se abrazan y pelean tratando de entrar en la boca del otro. No me puedo detener hasta que no noto que ambos nos quedamos sin aliento. Incluso en ese momento nuestras entumecidas bocas se resisten a separarse, quedando unidas por un brillante hilo de saliva, palpitando y sintiéndose todavía en contacto.

Pero al abrir los ojos y verla en un estado tan alterado, con los temblores de antes sustituidos por violentos espasmos, mi excitación se convierte en preocupación. Ya antes del beso parecía algo perdida, pero pensé que era a causa del alcohol en su organismo. Tras el beso no me quedaba ninguna duda de que la razón de su pánico era yo. Que la excitaba era evidente por su olor pero su cuerpo instintivamente reaccionaba ante mi peligroso toque.

Entierro entre mis brazos ese animalillo tembloroso en que se ha convertido, tratando de confortarla y calmarla acariciando su cabeza, trasmitiéndole mi calor. La verdad que había tratado de ignorar me escupe despiadadamente a la cara.

"Imposible"

Imposible el resistirse e imposible el dejarse llevar. Imposible el controlarse. Imposible no hacerle daño. Imposible el hacerla mía. Imposible...

Al poco rato noto como los temblores se van calmando, ella está agotada, a punto de desfallecer. Los fuegos artificiales se han terminado hace ya un rato y el año del perro había comenzado. Por lo menos me queda el consuelo de comenzarlo junto a ella. Le transmito mis mejores deseos y ella también lo intenta pero el sueño finalmente la derrota.

Sin poder reunir la fuerza de voluntad necesaria para soltarla me estiro para alcanzar la botella de sake y paso las horas siguientes, terminando de emborracharme, con ella durmiendo apoyada en mi hombro. Tengo claro que al día siguiente debía empezar un nuevo ciclo, en el que debía cumplir a rajatabla con mi deber de alfa y proteger y cuidar de mi manada.

Y tenía que empezar por ella. Jamás debía volver a tocarla, no podía seguir arriesgando su frágil existencia solo para calmar mi sed de placer. Si solo con un poco de contacto era capaz de hacer que se desmayase, no quiero ni imaginar lo que podría ocurrirle durante un apareamiento. No, estaba sintiendo algo muy intenso por la hembra que tenía entre los brazos. Algo solo comparable a la atracción que se siente por la compañera predestinada. Y aunque ese caso con una humana es imposible de darse, eso no le quitaba intensidad a mis sentimientos. Por lo que, si quería que ella continuara en este mundo debía mantenerla lejos. Había tantas cosas en mí que resultaban un peligro para su vida: desde un pequeño roce con las garras venenosas, pasando por el miasma tóxico que todo yōkai emite al enfadarse. Las puntas afiladas como kunai de mis colmillos o la fuerza imparable de cualquiera de mis músculos… Era capaz de envenenarla, intoxicarla, desangrarla o aplastar cualquiera de sus huesos en cuestión de segundos.

Aunque quiera morir de tristeza no me queda más remedio que ser fuerte por ella. En las horas siguientes me hundo más y más en la desesperación. Acabo tumbado en banco incapaz de soltar el cuerpo inerte de Kagome. Estoy completamente borracho y no puedo evitar que un par de traicioneras lágrimas se me asomen por el rabillo del ojo.

Mirando las estrellas hago un brindis por el único ser que me podía haber ayudado. Un ser que llevaba muerto más de 60 años…

— ¿ES A ESO A LO QUE TE REFERÍAS, PADRE? ¿TE HACE GRACIA? Seguro que te estás descojonando desde el Meidou, ¿Verdad? ¡Qué bien! El testarudo de mi hijo ha aprendido la lección. Ja ja ja... — El tono desesperado de mi voz contrasta con las amargas carcajadas.

— ¡PUES SÍ! ¡YA TENGO A ALGUIEN A QUIEN PROTEGER! ¿CONTENTO? Alguien a quien jamás podré tener...

Kagome se revuelve en mi pecho, tal vez molesta por los gritos, pero sigue durmiendo. La he dejado tan K.O. que no despertará ni con un terremoto. Aún así debería bajar a acostarla. En la terraza acabará por pillar uno de esos constipados humanos. O lo que es peor, podría dormirme y dejarla a merced de mis pesadillas.

Me incorporo tratando de mantener un precario equilibrio. Todo me da vueltas y acabo golpeándome en cada esquina y cada vano de puerta que cruzo. Lo único que me interesa es no dañar mi preciada carga. Cuando por fin llego a mi destino y miro el tamaño de la cama, me doy cuenta de que me equivoqué de habitación y la llevé a mis aposentos. Bueno, una cama es una cama y yo no la iba a usar. En cuanto la deje, iré a la cocina para beberme un vaso del mejunje venenoso cuya receta habíamos heredado de la vieja pulga que servía a mi padre.

Aun con esas intenciones tan nobles estoy parado como un cretino a los pies de mi propia cama, incapaz de soltarla.

"Vamos Sesshōmaru, imbécil. Ya has tomado la decisión de no volver a tocarla. ¿Cómo vas a hacer algo así con ella en los brazos?"

En contra de toda lógica mis músculos se niegan a obedecer y estrechan con aún más fuerza a Kagome. Ella gime en sueños y frota su cara contra mi pecho. En un esfuerzo de concentración trato de ver por encima de la borrachera, el estado de nuestras auras y confirmo mis sospechas. El rosa pálido y el negro amoratado están firmemente enlazados y no me dejarán soltarla hasta que me relaje y sea capaz de retraer mi yōki.

Con un suspiro me tiro en la cama con Kagome en los brazos y la envuelvo en mi moko-moko.

"En cuanto pueda soltarla me levantaré y me iré a las cocinas." No debo dormir.

Con esa promesa vacía me dejo vencer por el sueño.


***Iiics, creo que este borrachín me ha quedado más bien tristón, aunque tiene sus puntillos. Es lo que tiene el ser bipolar: que sollozas entre carcajadas y te descojonas de tristeza.***


Gracias como siempre a KnL por su amable comentario del 26 de abril (jope, que tarde contesto ToT)
Jeje, si me pides Sesshome, Sesshome tendrás: 2 tazas!
En principio no pensaba volver a utilizar a Bankotsu pero un enfrentamiento entre dos muchachos hot siempre gusta. No ze, no ze…
Para mí la pareja ideal de Naraku siempre será Kagura. Es la única en el canon que le planta cara y muestra algo de personalidad. El mocoso dual del final (Hakudoshi? era) solo sabe conspirar y ser un arrastrado cuando el jefe está mirando.
Bueno espero no haberte hastiado con la espera y deseo que te eches unas risillas con estos dos tortolos borrachos. Lo próximo está muy cerca.***