La ducha le había sentado muy bien, le gustaba el pequeño lugar. Era muy íntimo y como si estuvieran escondidos de todo y de todos.
Eso le gustaba, se sentía tranquilo al fin, tal vez por primera vez en muchos meses.
El agua estaba fría pues así la necesitaba, y le quitó de encima el pesar que le había dejado la discusión. Pero mientras el agua recorría toda su piel, las palabras de Randall corrían por su mente con la misma intensidad.
Randall le había mirado con severidad esa tarde, eso más un toque de burla en sus gestos, y le había dicho que tuviera cuidado con la mujer de la cual era pareja ahora.
"La esposa de Valentine, Luke, te olvidas de que por mucho tiempo estuvo con él, y que lo amó tal como era, que se unió a su cuerpo y que lo apoyó en todo" oía aquella voz de lobo como si estuviera dentro de la bañera junto con él "Una mujer que es capaz de sentirse atraída por un asesino de Subterráneos, por su oscuridad y su sadismo, el hombre que incluso llegó a quitarle a toda su familia. Dime, novato ¿estás seguro de lo que es ella ahora?¿De que no lo ama a él todavía? Porque aquí nadie puede creer eso"
Y lo miraban meneando la cabeza.
Luke no le respondió a eso, porque Randall y aquellos lobos no se imaginaban que él había sido igual.
Estaba claro de que jamás confiarían en ellos.
Había sido un Cazador de Sombras del Círculo y los Subterráneos estaban todos dispuestos a matar a los del Círculo, y afuera, afuera estaba Valentine que lo perseguiría hasta el final para matarlo. Luke suspira y cierra la llave con rabia, y sale de la bañera desnudo y estremeciéndose por el frío que le pegaba, aún y después de haberse dado una ducha de agua fría. No quería sentir, pero la piel le ardía.
Lo había escuchado llegar, por un momento creyó que se había quedado dormida, pero tal vez había sido una desconexión momentánea de su realidad. No había dormido nada, y ya no estaba cansada.
Se puso de pie y observó, el cuarto de baño estaba al lado del dormitorio y allí estaba él. Y él no sabía, ni se preocupaba por ver dónde estaba ella, pero Jocelyn estaba allí, a la sombra del arco que daba a la sala, con la puerta sin cerrar.
También sospechaba que ése sería su hogar por un tiempo, y por la ventana de la habitación, Luke tenía la vista de la calle oscura y húmeda. Desde un cuarto piso verían el mundo, porque ahora no quería atreverse a salir mucho a aquella ciudad de sombras, ciudad de Subterráneos.
La toalla blanca apenas le tapaba la cintura y le colgaba floja, sin ganas sus manos de querer sostenerla más. Estaba harto, y le ardían las entrañas. Y de su garganta salía un ligero rugido.
Le había dicho a Jocelyn que se fuera, que no estuviera sola allí con él, pero no le hizo caso. Ahora no podía saber si respondería por sus acciones.
La toalla calló al piso y no le importó.
Supo que Jocelyn estaba allí, a la sombra de la puerta, como si su mirada tocara su piel.
Ella vio a Luke junto a la ventana, con toda el cuerpo húmedo, y cuando volteó el rostro, los ojos amarillos brillaban como los de un gato en la noche. Era como un animal, y eso la hacía estremecer de pies a cabeza.
Si pudiera oír su corazón, sabría que estaba desbocado, pero de seguro lo oía. Los ojos clavados en ella, no se movía. Pero lo hizo ella, y se le acercaba, poco a poco.
Él creía que ya no podría controlar al lobo y que terminaría como aquella primera noche en el apartamento de la librería Garroway, vuelto un monstruo… pero nada ocurría, su cuerpo no cambiaba y Jocelyn estaba allí frente a él, más hermosa que nunca. Y mucho había cambiado en poco tiempo, Luke que era delgado e insignificante en sus años de escuela, se había endurecido y fortalecido notoriamente desde que todos se unieron a Valentine. Jocelyn admiraba eso ahora con total plenitud, bajo la ligera iluminación que venía de las luces de la calle.
Si alguna vez hubo una larga y sincera amistad, pues ya nada recordaban, eran hombre y mujer en su más primitivo estado. La ligera ropa gastada por el uso que llevaba ella, ya no estaría más cubriéndola, le estorbaban a las manos de Luke.
No había nada qué hablar, sus bocas no podían decir palabra alguna.
En un cuarto vacía y cerrado, el hombre estaba tirado en el piso, y de un golpe se levanta y coloca su mano derecha sobre su corazón. Le ardía la piel, allí debajo de la mano.
Valentine se había encerrado en aquel cuarto macizo, de cemento, sin ningún mueble, con el piso frío y duro, pero aun así no podía evitar que aquello seres se aparecieran y reclamaran su dominio. Observó su brazo izquierdo y las venas negras estaban allí claras "Mírate, no sé qué te inyectas, Valentine, pero mírate" la voz gritándole en su cabeza, y ya no estaba en aquel cuarto de cemento sino en su casa de Idris, y Jocelyn estaba allí frente a él asustada y gritándole. Cargaba a Jonathan en sus brazos y se alejaba de él como si estuviera viendo a un monstruo.
Le dolía la runa, eso era. Abrió su camisa y aquel retazo de piel le ardía, porque algo estaba ocurriendo. Ella también tenía la runa, pero ¿qué ocurría aquella noche desgraciada? Algo que estaba destrozando su alma, algo que no podía ver pero lo sentía.
Quería arrancarse la piel y liberarse de la runa del amor. El amor lo destruía. Ya había sido suficiente.
Se dejó caer otra vez sobre el piso, temiendo que volviera a encontrarse con un demonio, pero en vez de eso los vio ellos. Muchas veces lo habían atormentado visiones sobre la infidelidad de su esposa, esta vez era diferente, esta vez parecía… ser real.
Su mitad demonio ahora lo hacían ver, era real, y se reía de él. Porque tal vez nunca ocurrió lo que tanto imaginó en Idris, pero ocurría ahora, y todo por su propia culpa.
