El lunes en Nueva York había sido bien diferente al de Londres. Joyce Loods les tenía que hacer entrega de los documentos originales que implicaban al senador Powell en toda aquella telaraña de poder, dinero y corrupción. Gates no podía negarlo, estaba impaciente por recuperar esos documentos. El poder que tenía el senador era tal, que temía que ocurriese cualquier cosa y esos documentos desapareciesen. El banco estaba totalmente tomado por el cuerpo de policía de Nueva York. En cuanto recuperase los documentos, los entregaría a la fiscalía y podría descansar. Se avecinaba un cambio. Un importante cambio. Había llevado a Sarah con ella. Tenía que conseguir que Sarah aprendiese algo nuevo cada día. Había perdido mucho el tiempo en la 68 desde que ella se fue.

Joyce accedió a la cámara de las cajas privadas, acompañada de Gates, Sarah, junto a varios policías más, esperaron en la enrejada puerta.

- Victoria, nunca pensé que unos documentos llegados por correo ordinario, podrían armar tanto revuelo. Parece que están atracando el banco.

- Joyce, tu sólo ves una noticia, o una historia para un libro, pero de estos documentos dependen los ciudadanos de Nueva York.

Le hizo entrega del paquete tal y como Smith lo había enviado. Gates lo miró, cogiéndolo en sus manos y comprobando que tampoco eran tantos datos, apenas pesaba. Tantos años de esfuerzo y por fin con unos frágiles papeles conseguiría acabar con todo.

¿Cuántos iban a caer ahora? Esto supondría una revolución interna. Tenía que mover baza y situar a su gente, y a todos aquellos en los que había confiado y estuviesen limpios, al mando y en sitios estratégicos. Repasó mentalmente una vez más, aquellos policías que había tenido trabajando a su lado, tan de cerca como para estimar su valía, y secretamente esperó que no hubiesen sido tocados por el poder del senador y estuviesen limpios, porque los iba a necesitar para remodelar todo el cuerpo. Sabía que no podía confiar en el jefe de policía de Nueva York, caería junto al senador, y quien sabe si también junto al alcalde… le fastidiaba pensar que el actual alcalde estuviese involucrado, aunque también recordaba como le obligó a aceptar a Castle en su comisaria. Aunque tampoco estaba tan arrepentida de tenerle allí… recordó su última conversación con Castle… ¿Habría convencido a Beckett para que volviese? ¿Qué demonios estaría pasando por la cabeza de esa chica?... Esperaba que no fuese culpa de la nube emocional en la que se encontraba por estar con Castle. Todos hacemos tonterías cuando nos enamoramos, pensó... Miró a Sarah, sonriendo embobada mientras miraba su móvil… ella también parecía demasiado "distraída" últimamente, y se dijo a si misma que le iba a costar centrar a ambas… y recorrió en un segundo los años que le separaban a ella de ese momento… si, ella también pasó por lo mismo… tiempo… sólo es cuestión de tiempo y se recobra la normalidad.

Y la verdad es que Gates sin confirmarlo, tenía razón. Sarah, al igual que Beckett, iban a necesitar tiempo para normalizarse… La tarde del domingo, Sarah había estado con Anthony, sin ningún caso por resolver, ni mil imágenes que paseasen por su mente, fue mucho más sencillo centrarse en lo que de verdad quería hacer, que fue fijarse en los ojos del chico, cuando la dejó en su casa, y acercarse tanto a ellos como para tener que cerrar sus párpados y dedicarse únicamente a saborear su boca. Ahora, pasadas unas horas, Sarah no podía dejar de ver en su mente la cara de Anthony totalmente ruborizada cuando se despidió de ella. Le parecía tan mono…

La segunda vez que Gates llamó a Sarah, fue con un tono más alto y molesto.

- Necesito que te concentres Sarah.

- Lo siento.

- ¿Crees que podrás leer esta documentación mientras la llevamos al juzgado?

- Creo que puedo hacerlo

- Hay que entregarla, quiero que intentes revisar si falta algo que Joyce no nos haya entregado y estuviese en las copias que tenía en su casa.

- Lo hare.

Gates no confiaba en Joyce, sabía que podía sacar mucho dinero con esa historia y que seguramente guardaría datos para su libro. En ese momento deseó secretamente que el libro lo escribiese Castle. Al fin y al cabo contaría la historia desde un punto de vista personal, desde dentro y dejaría bien parado al cuerpo, no como Joyce que seguro que la afrontaba de forma impersonal y les hundiría más. Gates había leído todos los libros de Castle, aunque esa era una información que no compartía con nadie. Antes de conocer al escritor, no había leído ninguno, pero le picó la curiosidad conocer como desarrollaba las historias basadas en aquella comisaria, y termino por leer incluso los anteriores. Desde entonces había aceptado a Castle por allí. Entendía la buena publicidad que hacía a la policía, y eso era positivo para todos.

Gates subió a la parte de atrás del coche camuflado, junto a ella Sarah. Le dijo al policía que no se diese especial prisa y que se lo hiciese saber a los coches que les escoltaban. Quería que Sarah tuviese tiempo para revisar lo máximo posible.

- ¿Todo bien? – le preguntó

- Por ahora todo lo que estoy viendo, ya lo vimos ayer en comisaria.

- Continua Sarah, es importante.

En la 12, Ryan y Espósito continuaban buscando y contrastando información para poder implicar y descartar compañeros. A Espósito ese trabajo no le estaba resultando nada agradable de realizar, pero la conversación que había tenido el día anterior con Gates, le había convencido de que tenían que hacerla. A él no le gustaba sospechar de ningún compañero, todos estaban en la misma guerra, pero Gates le había dicho: "Las guerras, como usted dice, son para librarlas contra el enemigo. Cuando un compañero cambia de bando, usted es su enemigo. Recuerde que no fue un compañero quien dio la orden de matar a Montgomery, ni era compañero quien le facilitaba información al senador, era un enemigo. Usted tiene que luchar contra crímenes, violencia, robos, no contra enemigos vestidos con uniforme de amigos, a esos hay que exterminarles, por su bien, y por el de los ciudadanos que ha jurado proteger cuando accedió a este puesto, y ahora por favor, salga de mi despacho y haga su trabajo, busque a los que ayudan al senador vestidos de uniforme"

No le había convencido, porque para encontrar, primero tenía que sospechar… y equivocarse con un compañero era duro… Se sentía cansado, y pensó en bajar a ver a Lanie. Aún tenía una conversación pendiente con ella, el cansancio de esos días no le había dejado tiempo para hablar sobre ambos, y aunque el laboratorio no era el mejor sitio, al menos podía despejarse e intentar, al menos, tantear la opinión de Lanie y quedar con ella para hablar en otro momento.

Cuando Espósito bajó al laboratorio de Lanie, ésta estaba embelesada sobre su microscopio y no le oyó entrar. Él se quedó recostado en el marco de la puerta, observándola, sin querer hacer ningún ruido. Miró de arriba abajo su cuerpo, de pie e inclinada sobre la encimera, parte de sus rizos tapaba la cara, y él se recreó en su curvada silueta. Lanie era como una tormenta. Fuerte y temida, refrescante y deseada, eléctrica y pasajera… y esto último era precisamente lo que él no quería que fuese. Podía soportar además su valentía y decisión sin sentirse tan intimidado como el resto de los hombres, él ya había pasado lo suyo en la vida como para sentirse intimidado por nadie. Él había estado en Iraq, la muerte era lo único que conseguía intimidarle. Le encantaba su lengua mordaz, su afán por decir la última palabra, aunque a veces eso de desesperase, pues su cabezonería le hacía querer quedar por encima llevase o no razón. Todo el conjunto de su personalidad le atraía y enamoraba, y esa silueta era el lugar donde quería perderse… Ella era su tormenta y él quería verse atrapado en ella.

Se acercó despacio, le encantaría abrazarla, pero quería solucionar las cosas, no estropearlas más.

- Lanie – le dijo muy despacio en voz baja - ¿te interrumpo algo importante?

Ella levantó la cabeza, retirándose del microscopio y giró su cabeza para mirarle.

- ¡Javi!, ¡Tú por aquí! Que honor ¿Necesitas algo?

- Si… despejarme. Gates quiere que hagamos de inspectores del diablo y que investiguemos a cualquier policía que pudiese estar implicado con el senador. Esta cazando brujas y no acabará hasta que no haga una hoguera más alta que el Empire State.

- Pues no creo que este sea el lugar más idóneo para despejarte… A no ser que busques compañeros silenciosos, si es así pasa al fondo y sírvete tú mismo…

- Vaya recibimiento que me haces, bonita forma de decirme que no soy bienvenido… -le dijo, pero sin ninguna intención de marcharse de allí.

- Oh, lo siento Javi, no quería que sonase así. ¿Te apetece un café y nos despejamos ambos? – le dijo caminando hacía la salida del laboratorio

- Si claro… - dijo él siguiéndola.

Lanie se dio cuenta de su error, le había mandado a buscar compañía entre los cadáveres del depósito, cuando en realidad quiso decir que allí no había mucho entretenimiento… pensó que tenía que controlar su lengua. No siempre lo que salía de su boca era precisamente lo que su mente quería expresar, su lengua trabajaba con más rapidez que su mente, y montaba las frases que podían parecer hirientes sin que en realidad esa fuese su intención. No pretendía dañar a Espósito. Al contrario. Javi era especial para ella. Le encantaba su carácter. Era abierto y extrovertido, bromista y socarrón, un tipo atrevido, con toda la labia del mundo concentrada en sus oscuros ojos, era fuerte, duro, pero tierno y sentimental, y eso le encantaba. Le gustaba su cuerpo fibroso y su físico hispano. Además era de los pocos hombres que no habían huido cuando ella había estallado en una tormenta de furia al enfadarse por algo. No le importaría en absoluto volver a intentarlo con él, pero ella le alejó y ahora era complicado que volviesen a estar juntos.

- Lanie, no he tenido tiempo de darte las gracias por todo lo que has hecho esto días – le dijo entregándole el café

- Vamos Javi… no fue nada

- ¿No? aceptaste a Sarah en tu casa sin preguntar… me dejaste tu sofá… llamaste a Ryan…

- Tu hubieses hecho lo mismo…

- No creo que hubiese dejado que trajeses a un tío a mi casa…

- Javi, Sarah es una niña adorable… si yo me presentase en tu casa con un adolescente desvalido seguro que hacías lo mismo que yo..

- Por cierto la niña adorable trabaja en la 12 con nosotros desde ayer…

- ¿Me lo dices para darme celos?

Espósito no pudo articular palabra, simplemente la miró. ¿Que pasaba por la mente de Lanie? ¿Era esa pregunta la respuesta que él estaba buscando? ¿Se lanzaba a besarla?

Lanie sintió que la sangre hervía en sus mejillas. De nuevo su lengua le había jugado una mala pasada, adelantándose al control de su mente, diciendo lo que no debería haber dicho. Y esos ojos oscuros mirándola… miró sus labios…

¡Que demonios!, si no lo intentaba no podía saberlo, se acercó a ella, muy despacio, viendo como ella miraba su boca, ella no se alejaba…

- No tienes de que preocuparte Lanie – le dijo empezando a acariciar sus labios con su boca – no tengo intenciones de darte motivos para que vuelvas a echarme

- ¿Para que vuelva a echarte? – contestó ella en su boca correspondiendo a su beso

- Esta vez no vas a echarme de tu vida Lanie… esta vez no, te quiero ¿sabes?

Gates y Sarah entraron en los juzgados, Sarah no había encontrado nada raro diferente en aquellos documentos, pero quería volver a revisar los que tenían en comisaria para poder estar completamente segura. Gates saludó a su marido, con un saludo cortés y distante, de trabajo. Le hubiese gustado abrazarse a él y compartir toda la alegría que sentía en ese momento, al entregarle todas las pruebas originales que encerrarían al senador y toda su camarilla.

- Victoria, ¿Qué quieres hacer con la periodista?

- Nada. Nos ha entregado la documentación, no ha puesto ningún impedimento.

- Sabes que podemos acusarla…

- No es necesario, pero hablaré con ella. Volvemos a comisaría, hay gente implicada y para ellos si necesitaré…

- Tráeme sus nombres y te las daré.

Gates y Sarah volvieron a comisaria. Cuando llegaron, Espósito y Ryan iban a salir a comer con Lanie. Ryan le pidió a Sarah que les acompañasen. Había visto esa mirada de corderito en Espósito, y sabía que de nuevo entre él y Lanie estaba pasando algo. Y no le apetecía comer sólo con ellos. Sarah accedió encantada. Ellos eran sus nuevos compañeros y quería conocer sus vidas.

Entraron en el restaurante, y saludaron al camarero que les indicó que podían sentarse en su mesa mientras les preparaba sus bebidas. Se fijo como el camarero reparaba en ella y le preguntó que quería beber. Minutos mas tarde cuando llevaba las bebidas a la mesa, les preguntó por Castle y Beckett, Ryan le contestó que estaban de vacaciones, y el camarero no hizo ninguna pregunta más. A Sarah le quedó claro que sus nuevos compañeros siempre comían juntos.

- Hablarme de Beckett y de Castle por favor – les pidió

- Bueno… esa es una historia larga – dijo Ryan

- Turnaros… - contestó Sarah – por favor… Gates me ha dicho que trabajare con ellos.

Los tres se miraron… podía ser divertido contar la vida de sus compañeros, pero no debían hacerlo… Lanie tomó la palabra.

- Beckett ha renunciado Sarah. No sabemos si volverá a trabajar como policía.

- ¿Estás segura? Gates parece que lo tiene claro.

- Beckett y Castle viajaron a Europa huyendo del asesino contratado por Powell para acabar con ella y estarían allí algún tiempo… Beckett renunció antes de marcharse, yo no he hablado aún con ella ¿vosotros chicos? – ambos negaron con la cabeza – no sabemos si tiene intenciones de volver… ¿Qué te ha contado Gates?

- Que forman un buen equipo y que trabajaría con ellos…

Los tres se miraron.. ¿Eso quería decir que Gates aceptaba a Castle en comisaria? Era sorprendente….

- ¿Qué sabe Gates que no nos ha contado? – dijo Espósito

- Bueno, quizá les llamase para decirles que ya podían volver y … - continuó Ryan

- Claro… nosotros no hemos hablado con ellos…

- Deberíamos llamarles ¿Qué hora será allí? – dijo Ryan

- No. Será mejor que les dejemos recuperar el tiempo, les podemos mandar un mensaje… -zanjó Lanie- Esta noche le enviare un mensaje a Kate…

- ¿Ellos son pareja verdad? – preguntó Sarah.

Los tres se miraron riendo

- ¿Qué? – preguntó Sarah.

- Es una larga historia Sarah – dijo Lanie – pero si, parece que son pareja…

Lanie decidió contarle como había aparecido Castle en comisaría, y como llevaba allí cuatro años sin despegarse de Beckett. La conversación se animó y contaron como habían resuelto algunos casos con las teorías descabelladas del loco escritor, se reían cuando recordaban como le tomaban el pelo, y le alagaban cuando hablaban sobre sus conocimientos en muchas áreas que ellos desconocían, era un tipo que se tomaba en serio su trabajo e investigaba para sus libros. Tras unos largos minutos en los que los cuatro no podían dejar de reírse recordando una anécdota sobre un caso, se hizo un silencio que Sarah rompió con un pensamiento en voz alta…

- Vaya… cuatro años… Castle debe estar muy enamorado, eso es tener paciencia y luchar por lo que se quiere….

Los tres amigos callaron. Sarah tenía razón. Castle moriría por ella. Los tres se preguntaron que debió ocurrir el día anterior a que Beckett casi muriese en aquella azotea, porque Castle desapareció y la dejó sola. En algún momento al escritor se le había acabado la que parecía ser infinita paciencia. Espósito y Lanie cruzaron miradas cómplices tomando mentalmente nota de que el amor, también significa paciencia.

Terminaron de comer y volvieron a comisaria. Gates quería ir a hablar con Joyce Loods, y quería que Sarah la acompañase.

Llegaron a la casa de Joyce. Gates se paró en seco antes de llegar a la puerta, y sacó su arma señalando a Sarah la cerradura forzada. Sarah hizo lo mismo.

- Sarah, no te lo pienses, si hay un arma apuntándote, dispara – le dijo en un susurro.

Gates se descalzó, deshaciéndose de los tacones, y empujó la puerta entrando la primera sin hacer ruido. Sarah pensó que si había dentro alguien que quisiera hacerles daño, el estruendoso golpeteo de su corazón las estaba delatando…

Gates le hizo una seña para que se pusiese al otro lado de la entrada, y la cubriese mientras entraba en el salón, donde el sábado anterior Joyce les confesaba que tenía la documentación.

En el suelo, junto a los sofás, el cadáver de Joyce se hallaba sobre un charco de sangre. La habían ejecutado, como a Smith, con un tiro en plena frente.

Revisaron la casa sin encontrar a nadie. Llamaron a comisaria y se dedicaron a observar la casa.

- Se han llevado el portátil –dijo Sarah – han dejado el cargador puesto.

- ¿Dónde crees que podría guardar la segunda copia de los documentos? – preguntó Gates.

- ¿Quizá en otro libro?

- Tiene una biblioteca de escándalo, no podemos mirar ahora uno por uno… - dijo Gates mirando las paredes del despacho forradas de estantes con libros…

- No pero… se cual puede ser el libro… - y echando un único vistazo a la pared, cerró los ojos, abriéndolos segundos después y encaminándose hacia las estanterías.

Sarah cogió un libro "Cincuenta y tonos más oscuros" y el que estaba a su lado "cincuenta y sombras liberadas" tendiendo este último a Gates y abriendo el primero…

- ¿Como es posible?...

- Este también es una copia – dijo Sarah

- ¿Tendría alguno más?

- Es una trilogía, espero que no…

Gates se acercó sobre Joyce… Estaba claro que no les había dicho donde estaban las copias. Alguien más poderoso que Powell estaba intentando saber más…

- ¿Por qué la habrán matado? – preguntó Sarah

- Quizá quieran saber que nombres aparecen aquí, y quieran liquidarlos antes de que hablen… tendremos que ser más rápidos Sarah…

Espósito acompañó a Lanie hasta su casa, besándose en el portal. Ella le invitó a subir, y él se negó.

- En otro momento Lanie. Hoy no.

Cuando Lanie entró en el portal se acordó de Kate… ya sería tarde en Londres pero tenía que enviarle un mensaje…

"Kate, cuando salgas un momento de la cama de tu escritor, podrías ponernos al día sobre tu (vuestras) vida(s), parece que Gates sabe más de ti (vosotros) que tus amigos. ¿Voy a tener que ir también hasta Londres para saber lo que ocurre?"

Brrrrrr brrrrr

El ruido del mensaje despertó a Kate. Una vez más, no podía moverse, atrapada entre los brazos y las piernas de Richard, alargo como pudo el brazo hasta la mesita, y cogió el móvil. El movimiento despertó a Richard, que la apretó aún más contra él.

- Rick, vas a romperme una costilla…

- Lo siento… lo siento – le dijo aflojando el abrazo - ¿Qué ocurre?

Kate le enseño la pantalla…

- Apuesto a que vendría nadando – dijo Richard

- Tiene razón… nos fuimos sin casi dar explicaciones y no les hemos llamado

- ¿Vas a llamar ahora?

- No, pero voy a contestar, mañana tendré que llamar… ¿me lo recordarás? – comenzó a escribir una respuesta

- Depende – le dijo él cerrando los ojos y volviendo a apretarla contra él

- Rick afloja… al final acabaré en el hospital… ¿depende de que?

- De cómo me pagues por hacerte de secretario – le dijo con los ojos cerrados

- Un segundo que termino…

- ¿Qué le has puesto?

- Que estaremos de viaje dos semanas y que mañana la llamo sin falta si a mi secretario no se le olvida recordármelo

- Insisto que tengo precio…

- Bueno… quizá deje que te lo cobres como tu quieras… - dijo ella con picardía

- ¿En serio? – preguntó incorporándose levemente y abriendo los ojos – porque tengo un par de ideas… - le dijo cogiendo su oreja entre los labios y mordisqueando levemente su lóbulo

- Rick…

- ¿Qué?

- Primero recuérdamelo y ya veremos mañana…