Disclaimer applied
El albedrío de los condenados
Capítulo 29. No encontrarás mayor libertad
Los tres miembros de Taka y los ninjas de Konoha seguían peleando sin descanso contra los revividos por el Edo Tensei. Era una suerte para ellos que aquellos poderosos enemigos no hubieran decidido coordinarse para atacarles, y que cada uno estuviera actuando por separado. Alguno de ellos intentaba dar ventaja a sus oponentes, como la abuela Chiyo, que estaba tratando de aconsejar a Temari y Shikamaru sobre cómo debían luchar contra ella, a pesar de que no por ello sus ataques perdían dureza. Sus marionetas de combate volaban hacia ellos sin tregua haciendo que no tuvieran un segundo de descanso. Aun así, entre los dos habían conseguido casi acorralarla.
No les iba tan bien a Neji, Hinata y Lee quienes estaban teniendo problemas para enfrentarse a Mu pues a pesar del Byakugan que poseían los Hyuuga, era prácticamente imposible detectarlo.
Sai, al ver que Juugo se defendía como podía de los duros ataques de Kimimaro, se había acercado para ayudarle enviando a sus animales de tinta. Afortunadamente, el gigantón de Taka había endurecido su piel, que parecía servirle de escudo contra los duros huesos que su oponente utilizaba como arma. Aun así, Kimimaro seguía superándole en habilidades, no por nada aquel hombre había sido el único capaz de contenerle en sus ataques. Por eso la intervención de Sai fue bien recibida, si quería liberar a su antiguo amigo, iba a necesitar ayuda.
Karin y Kakashi por otro lado, no habían querido meterse en la pelea que llevaban a cabo los hermanos Hozuki. Suigetsu estaba dando lo mejor de sí mismo luchando contra Mangetsu. A pesar de ello, acusaba el hecho de no tener una espada que pudiera medirse con la de su hermano.
Kakashi miró la espada de Zabuza que el aferraba en su mano, había visto como ese chico le lanzaba miradas de deseo cuando creía que no miraba. Estaba seguro que de haber sido la situación diferente, no se habría pensado dos veces el retarle a un combate por ella, sin embargo, había antepuesto la seguridad de Sakura y la vida de Sasuke a sus deseos. El jounin frunció el ceño con decisión.
—¡Eh, chico! —Llamó a Suigetsu captando su atención antes de lanzar la espada hacia él para que la empuñara.
El muchacho abrió los ojos con sorpresa por aquel acto y se dispuso a atrapar el arma cuando captó, horrorizado, el movimiento de su hermano. Había pensado que trataría de hacerse con la espada, pero en realidad, había centrado su atención en Karin preparándose para atacarla. Conocía ese jutsu, Kakashi no llegaría a ayudarla, y él tampoco si tenía que recoger la espada que estaba clavada en la tierra justo en la dirección opuesta a la chica. Mierda. Por fin estaba a su alcance, y Mangetsu no le daría otra oportunidad para hacerse con el arma. De hecho, su hermano había elegido precisamente aquel momento para atacar a Karin para hacerle escoger entre salvar a la chica y recuperar su espada.
Suigetsu sabía lo que debía hacer, lo que su hermano quería que hiciera, lo que le habían enseñado toda su vida… y luego estaba lo que él quería hacer, lo que volvió la elección muy simple.
El chico se arrojó sobre Karin apartándola un segundo antes de que un gran remolino de agua pasara justo por su lado en el lugar en el que había estado antes… y un segundo después la kunoichi estalló en un montón de humo entre sus brazos para su asombro. ¿Un clon?
—Eso ha sido muy heroico, de verdad, pero… —La verdadera Karin se acercó a él cruzando los brazos y enarcando una ceja con suficiencia y algo de burla— la próxima vez recuerda que yo también sé apartarme del camino.
Suigetsu rodó los ojos desde el suelo con paciencia y alargó una mano para tirarla al suelo de espaldas, justo a tiempo para que un segundo ataque pasara sobre ella.
—De nada —se burló el muchacho sarcásticamente, poniéndose en pie y sacudiéndose el polvo de la ropa con teatralidad.
—Joder… —tosió Karin desde el suelo, resentida por el golpe—. Eres un puto bruto insensible.
Suigetsu sólo chascó la lengua quitándole importancia y volviéndose de nuevo hacia su hermano.
—Eso ha sido un golpe bajo. Dame un respiro, hermano —se quejó el muchacho hacia Mangetsu.
—Quería comprobar algo —respondió Mangetsu enarcando una ceja—. Ahora entiendo por qué no tenías una espada. ¿Antepones una chica a conseguir un arma?
—Hn. ¿De qué sirve una espada si no tienes nada que proteger con ella? —dijo Suigetsu desafiante.
Kakashi ladeó una sonrisa con aprobación, acercándose para ayudarles en caso de que hubiera otro ataque, e incluso Karin le dedicó también una pequeña sonrisa. Por otro lado, Mangetsu miraba con una nueva luz a su hermano, con curiosidad y tal vez una pizca de lo que podía ser admiración.
—Además… —continuó Suigetsu.
—¿Quién ha dicho que no tengo una espada? —dijo su misma voz viniendo de unos metros más lejos, mientras él sonreía burlón antes de desaparecer en un chapoteo de agua. Un clon.
Todos giraron hacia la dirección en la que venía la voz y descubrieron al verdadero Suigetsu levantando triunfante la espada. Dio un mandoble teatral y luego la apoyó en su hombro con altanería. Y viéndolo en aquella pose, tan pagado de sí mismo, incluso a Mangetsu le fue imposible no sonreír levemente.
—Veamos qué sabes hacer con ella entonces.
. */*/*/*/* .
—Has fallado, Itachi, no ha pasado nada —rió maniacamente Kabuto saboreando su victoria a escasos centímetros—. Te dije que no conseguirías atraparme con el Sharingan.
Kabuto embistió contra Itachi, quedando algo aturdido cuando este se desvaneció en una bandada de negros cuervos.
—¿Pero qué técnica estás preparando? ¡Hazlo de una jodida vez! —Oyó gritar a Sasuke, dándose cuenta, extrañado, de que volvía a estar peleando contra él.
—Es una técnica prohibida de los Uchiha cuyo precio es la luz de un ojo… —De nuevo Itachi repetía aquellas palabras. ¿Qué estaba pasando? ¿Ya había vivido aquello? ¿O quizá no?
De nuevo, Kabuto salió disparado hacia Itachi decidido a atacarle y acabar con ello… y una vez más se vio rodeado de un montón de cuervos antes de volver a oír la voz de Sasuke y moverse para hacer frente a sus ataques. El miedo subió frío por su columna al ver que, sin poder evitarlo, revivía aquello una y otra vez… ¿Qué era aquello? Se preguntó con pánico y horror.
Sasuke miró con curiosidad cómo su hermano continuaba apoyando la mano en la frente de Kabuto, que parecía haberse quedado inconsciente de pie. Cuando el antiguo discípulo de Orochimaru se había lanzado hacia Itachi, este únicamente había alzado el brazo y lo había detenido tan fácilmente que parecía una broma.
—¿Qué ha pasado? —preguntó ansiosamente Sakura, mirando desde la distancia como los hermanos Uchiha habían conseguido, de alguna manera, paralizar a Kabuto en el último minuto.
—Creo que Itachi le ha hecho algo dattebayo —contestó Naruto removiéndose nervioso por no poder estar en primera línea.
—Quizá lo haya atrapado con el Sharingan —dijo la chica tratando de descubrir qué pasaba—. Aunque pensaba que Kabuto se había cegado a sí mismo para no caer en él.
—Ese cabrón de Itachi es realmente sorprendente 'ttebayo —rió Naruto sonoramente.
A varios metros de distancia, Sasuke observaba cómo su hermano había detenido a su oponente aparentemente con sólo alargar un brazo.
—¿Qué le has hecho? —Preguntó Sasuke— ¿Has conseguido atraparlo?
—Lleva atrapado desde que estaba peleando contigo, sólo que él no lo sabía —contestó Itachi sin moverse mientras uno de sus ojos perdía su visión volviéndose opaco como precio por el jutsu.
—¿Qué has hecho exactamente? —Volvió a preguntar Sasuke, observándolo con curiosidad— Parece en trance… ¿Es un genjutsu como el Tsukiyomi?
—Algo un poco más complicado que eso —reconoció Itachi con tranquilidad—. Como ya he dicho, es un jutsu hermano de Izanagi aunque en realidad fue creado como castigo para los usuarios de esa técnica. Izanami reproduce un bucle infinito en la mente de la victima a partir de un punto que el usuario decide. He memorizado con mi Sharingan la sensación corporal de un instante y después la he repetido de nuevo para cerrar el bucle temporal con Izanami, Kabuto está repitiendo esa secuencia de acontecimientos una y otra vez, y aunque es consciente de ello no puede hacer nada para cambiarlo, lo único que puede sacarlo de ahí es aceptar ese destino.
—Hmp —asintió Sasuke comprendiendo—. ¿Qué vas a hacer con él ahora?
—Voy a obligarle a deshacer el Edo Tensei —dijo Itachi retirando la mano de la frente de su adversario que siguió en el mismo estado de inconsciencia.
—Pero entonces tú morirás —evidenció el menor de los Uchiha mirando a su hermano con mal disimulada ansiedad.
Itachi miró a su hermano pequeño con los ojos llenos de cariño, algo que no se había permitido hacer durante mucho tiempo, y tal vez una pizca de compasión.
—Sasuke… yo ya estoy muerto —le recordó con suavidad—. Mi parte en todo esto se acabó, lamento haberme equivocado en muchas cosas pero lo hice lo mejor que pude. Ahora es el turno de otros para decidir el rumbo de las cosas y eso está bien.
Itachi volvió a mirar a Kabuto que comenzó a hacer sellos con las manos aún en estado de trance.
—Espera… —pidió Sasuke respirando agitadamente— Yo… Es cierto, ¿no? Todo lo que ese enmascarado de Akatsuki me contó… Lo que hiciste y por qué… ¿Vas a marcharte sin contarme nada?
Itachi suspiró y lo miró con pesar.
—¿De verdad quieres saberlo, Sasuke? ¿Qué importa eso ahora? Sólo servirá para remover el pasado.
—La verdad siempre importa —se encontró diciendo Sasuke. Y comprendió que era cierto, importaba. Cada vez que había oído a Sakura decir algo así le había parecido una tontería, había pensado que saber las cosas directamente de Itachi no cambiaría nada, y tal vez no lo hiciera, pero necesitaba oír la historia de él, sin sesgos ni manipulaciones, simplemente sus razones tal y como las vivió.
—Todo lo que te contaron es cierto —confesó finalmente Itachi, mientras su cuerpo comenzaba a brillar como señal de que la técnica que lo mantenía con vida estaba acabándose—. Yo amaba a mi familia pero también a Konoha y no podía permitir que provocaran una guerra que nos destruyera a todos. Lo hice para salvarte, sí, pero también para salvar a miles como tú. Tal vez fui arrogante, pero creí que sólo yo podía llevar esa carga, que sólo podía hacerse de ese modo. Era un precio alto pero nada es demasiado cuando se trata de impedir una guerra. Tracé un plan para preservar la paz y el orgullo de los Uchiha. Te llevé por el camino que yo había construido paso a paso, pensando que al final podrías ser feliz acabando conmigo. Quizá si hubiera confiado más en ti todo esto habría sido diferente, pero me equivocara o no, hice lo que me pareció correcto.
Sasuke parpadeó rápidamente afectado por las palabras de su hermano y respiró hondo tratando de serenarse antes de hablar.
—…Entiendo por qué lo hiciste —musitó Sasuke apretando los dientes como si tuviera que arrancarse cada palabra—. Pero aun así no… no puedo perdonarles. Mi odio por Konoha es demasiado grande… Sé que Sakura creía que saber la verdad me liberaría, pero no me siento libre… no soy capaz de simplemente olvidar y seguir…
El cuerpo de Itachi emitió un destello más fuerte, como un haz de luz hacia el cielo, y comenzó a disolverse poco a poco.
—Hay algo que quiero darte antes de irme, algo que quiero que sepas así que escúchalo bien… —dijo el Uchiha acercándose e inclinándose cerca del oído de Sasuke—. No importa lo que hagas, lo que decidas o quien seas, tu familia, el clan, esa chica de pelo rosa, tu amigo Naruto, tu sensei, siempre te querrán… y yo también. No encontrarás mayor libertad que esa, ni tampoco mayor responsabilidad.
Itachi alzó una mano y tocó la frente de Sasuke tal y como hacía siempre. El muchacho sintió como si un nudo le aprisionase la garganta haciendo que le doliera al tragar y fijó sus ojos en los de su hermano con una mirada temblorosa.
—Adiós, hermano menor —sonrió Itachi desvaneciéndose poco a poco en un haz de luz ascendente.
Quiso decirle que esperara, que no se fuera; quiso decirle que él también le quería, que no le odiaba aunque una parte de él no pudiera perdonarle del todo; quiso, tal vez, darle un abrazo o zarandearle por estúpido; quiso decirle adiós y quizá pedirle perdón por algo que no entendía del todo. Pero no tuvo nada de eso, sólo pudo observar como Itachi le dedicaba una última sonrisa antes de desaparecer del todo.
Sasuke se quedó inmóvil parpadeando a toda prisa y pasando angustiosamente la vista del cielo al suelo o a los lados para evitar a toda costa que las lágrimas que guardaban sus ojos se derramaran. Porque él no iba a llorar. No otra vez. Cuántas veces tenía que perder a su hermano para acostumbrarse a ello, para que no doliera como si le atravesaran con un hierro al rojo, para que no se sintiera tan furioso… tan vacío.
El chico respiró profundamente unas cuantas veces tratando de serenarse. Parecía perdido, como si hubiera aparecido allí de repente y no supiera que hacer o dónde ir. Entonces, su mirada se detuvo en Kabuto que seguía de pie, en trance, tal y como Itachi le había dejado, y enfocó en él su frustración. Ese gusano seguía vivo y él iba a hacerlo pedazos.
Sin detenerse a pensar un segundo, Sasuke se adelantó un paso hacia Kabuto que permanecía ajeno al peligro, y levantó un puño descargándolo con fuerza sobre su mejilla. Kabuto cayó al suelo sangrando por la nariz, pero si sentía algún dolor o no era imposible de adivinar pues seguía ausente. Sasuke no pareció satisfecho con ese golpe y se inclinó sobre él para volver a pegarle una vez tras otra como si aquello fuera lo único que pudiera ver.
—Está bien, Sasuke —oyó la voz de Naruto al tiempo que notaba como este detenía su brazo—. Ha terminado, ya no puede hacer daño a nadie dattebayo.
El Uchiha no se movió ni cambió su amenazante postura, continuando fulminando el rostro amoratado de Kabuto con la mirada. Entonces notó como alguien tocaba su otro brazo y tiraba de él levemente hacia arriba, tratando suavemente de que se pusiera de nuevo en pie.
—Vamos, Sasuke-kun.
Era Sakura, por supuesto. Sin querer pensar demasiado, Sasuke se dejó llevar y se apartó de Kabuto sin oponer resistencia. Naruto le soltó para comprobar que su apaleado enemigo seguía con vida.
La chica inspeccionó con la vista a Sasuke cuando finalmente se irguió frente a ella mirándola fijamente. No tenía buen aspecto, no sólo físicamente, donde mostraba los típicos signos de una fuerte pelea, con cortes sangrantes y contusiones, además de tener los nudillos pelados por los puñetazos que le había propinado a Kabuto. Lo que más preocupó a Sakura fue lo que no podía ver, sus ojos eran piedras negras que no permitían adivinar qué pasaba en el interior, aunque no lo necesitaba para saber lo mucho que le había afectado encontrar y perder de nuevo a su hermano. Sakura comenzó a emanar chakra curativo para al menos intentar sanar alguna de las heridas del Uchiha.
—Ya no estás condenada a muerte —soltó de pronto Sasuke con voz algo ronca. Necesitaba decírselo por alguna razón, quería que supiera que podía volver a casa y que no sería perseguida por haberle ayudado. Se había librado del estigma de la traición que la ataba a él y su decadencia.
—Lo sé, Naruto me lo dijo —contestó ella tras unos segundos—. Tú tampoco.
—Pero a mí me da igual —dijo él calmadamente deshaciendo su contacto y apartándose de ella para acercarse a Naruto, fingiendo no haber visto el dolor reflejado en sus ojos jade e ignorando el reproche en los azules del otro chico.
"Siempre te querrán… No encontrarás mayor libertad que esa, ni tampoco mayor responsabilidad" Las palabras de Itachi le dolieron en el corazón. No quería pensar en ellas ni en su significado. A esos dos les iría mejor queriendo a alguien menos jodido que él. Qué sabía él del amor después de todo, sólo que era confuso y doloroso.
Observó de reojo cómo Sakura recomponía su expresión y erguía su postura como si su frialdad no la hubiera herido. En ese momento, deseó ser el tipo de persona que se merecía ella, de los que se hubieran dado la vuelta y la habrían besado, le habrían dicho que todo iba a salir bien y la habrían hecho sonreír con una promesa de felicidad. Pero no lo era, así que dejó pasar el momento y dirigió su atención a Naruto.
—¿Es que piensas dejarlo vivir? —Preguntó más bruscamente de lo que pretendía refiriéndose a Kabuto.
—¿Qué sugieres dattebayo? Matarlo a sangre fría —replicó Naruto.
A juzgar por la expresión que compuso Sasuke la idea no parecía desagradarle lo más mínimo, aun así espetó sarcástico.
—Oh, no, es mucho más piadoso dejar que muera de hambre por sí mismo mientras está en ese estado catatónico del que no va a salir nunca.
—Tal vez sí que salga —contradijo el chico frunciendo el ceño algo molesto—. Es difícil pero Itachi dijo…
—¿Y si sale qué? —Le cortó el Uchiha— ¿Entonces ya será más ético matarlo? ¿O tal vez, se reformará y vivirá feliz en Konoha? No seas ridículo, la gente no va a aceptar otra cosa que no sea su cabeza en una bandeja después de lo que ha hecho y tampoco creo que él quisiera reformarse y ser un aldeano feliz si llegase a despertar. Las redenciones no son para los traidores… ni tampoco los finales felices.
Los tres supieron que no estaba hablando únicamente de Kabuto, pero ninguno dijo nada, por unos segundos cada uno fijó su atención ya fuera en el suelo o en el cielo, en silencio.
—De cualquier forma, por el momento lo llevaremos a Konoha —sentenció Naruto agachándose para cargar a Kabuto en su espalda.
Sakura se acercó hasta donde yacía Anko, todavía inconsciente, para hacer lo mismo con ella, cuando sorpresivamente, Sasuke se le adelantó cargando con la chica y dedicándole una mirada insondable.
—Estás herido —le recordó ella débilmente.
—Tú también —se limitó a recalcar él encogiéndose levemente de hombros.
—¿Nos vamos dattebayo? —Interrumpió convenientemente Naruto antes de que la chica pudiera añadir nada más.
Sakura simplemente se dio la vuelta y comenzó a caminar, podría haberle soltado a Sasuke un "pero a mí me da igual" idéntico al que él le había dedicado, pero sabía que era inútil discutir con él, más aun cuando era evidente que seguía molesto por su mentira. Además el hecho de que se "ofreciera" a llevar a Anko significaba que al menos no se largaría de inmediato… aunque tampoco quería decir que fuera a hacer las paces con Konoha. De pronto, se sintió muy cansada como si el fin de Kabuto hubiera sido algo fácil en comparación con todo lo que tenía encima.
. */*/*/*/* .
Suigetsu había clavado su espada en el suelo para poder sentarse y usar su ancha hoja como respaldo, la luz del atardecer hacía su sombra alargada y el ligero viento movía su pelo dándole en conjunto un cierto aire melancólico. Lo cierto es que la desaparición de los ninjas resucitados con el Edo Tensei, más que una sensación de victoria, les había dejado a todos un extraño vacío, por llamarlo de alguna manera. Tener que enfrentarse de ese modo a grandes ninjas que admiraban e incluso algunos de ellos querían, no había sido muy agradable y tampoco verlos desaparecer sin más.
Juugo parecía el más afectado por aquello, a pesar de contar con la ayuda de Sai, Kimimaro le habría vencido si la técnica que lo mantenía con vida no hubiera sido cancelada, y él no había podido demostrarle que era más que una herramienta para ser usada por otros como su amigo siempre había creído sobre sí mismo.
Sai observaba la expresión melancólica del gigantón mientras se vendaba firmemente su tobillo herido en la pelea. Por lo que había podido deducir de la conversación entre Juugo y Kimimaro había llegado a la conclusión de que ambos habían estado muy unidos, sobre todo el primero. Debía haber sido duro para él tener que enfrentarle, en cierto modo le recordaba a él cuando había tenido que luchar contra su "hermano" muerto. Le gustaría haber leído algún libro para saber qué decir en una situación como esa. Sakura siempre le aconsejaba que si no estaba seguro de saber qué decir era mejor que se quedara callado, así que siguió mirándole. Eso solía funcionar cuando quería que otro iniciara una conversación… aunque solía ser con un "¿Qué?" algo hostil.
Pero Juugo nunca era hostil, al menos no por propia voluntad si tenemos en cuenta sus ataques de agresividad, así que le devolvió la mirada antes de comenzar a hablar, como si le debiera alguna explicación a Sai.
—Él siempre creyó que la única razón de su existencia era servir de herramienta para que otros consiguieran sus objetivos —suspiró Juugo—. Me habría gustado demostrarle que no era así. Que, por muy difícil que parezca, todos podemos tener nuestros propios sueños.
Sai le miró unos instantes ladeando la cabeza, ahora ya sabía qué decir.
—Si no se dio cuenta es que era idiota —soltó Sai, sonriendo amablemente ante el asombro de Juugo—. No tenía más que mirar a su alrededor para darse cuenta de que todos luchábamos por nuestros propios ideales, no porque alguien nos hubiera ordenado hacerlo para conseguir algo. Si hay algo que he aprendido es que la libertad empieza dentro de uno mismo. El que más le privaba de su libertad era él y su miedo a mirar más allá.
Ahora fue el turno de Juugo de mirar a Sai en silencio. Siempre había pensado que Kimimaro había tenido muy mala suerte, yendo de unas manos a otras, siendo usado sin que su voluntad contase para nada, pero tal vez el que más se había esclavizado había sido él mismo por creerse incapaz de romper las cadenas que había considerado incuestionables.
Suigetsu por su parte, seguía en silencio con la mirada perdida en el horizonte. Karin nunca lo había visto callado tanto tiempo, tal vez ese era el signo más claro de que no estaba bien. La chica se agachó a su lado mirándolo con seriedad, a pesar de que él tenía la vista puesta en otra parte y ni siquiera parecía verla. Karin alargó una mano y puso la mano en su frente, peinando su flequillo con delicadeza… un segundo antes de empujar bruscamente la cabeza del chico hacia atrás para conseguir que se golpeara contra la parte plana de su espada, que estaba usando de respaldo.
El "gong" que hizo la cabeza de Suigetsu al rebotar contra el metal se mezcló con su gruñido de dolor. El chico le dirigió una mirada sorprendida e indignada, como si no se creyera del todo que ella realmente le hubiera golpeado de forma tan estúpida sin venir a cuento.
—¡Serás psicópata! —se quejó Suigetsu frotándose el chichón que con toda seguridad le estaba saliendo en la coronilla.
—Me estás poniendo mala con esa cara de angustia —se excusó Karin cruzándose de brazos.
—Disculpe usted, majestad. ¿Qué expresión prefiere? —bufó él irónicamente lanzándole una mirada enfurruñada.
—Cualquiera en la que no parezca que estás contemplando la posibilidad de ahogarte en tu propia cantimplora —dijo la chica rodando los ojos—. Mira, sé que esto ha sido una mierda lo mires por donde lo mires, a nadie le gusta ver a un hermano de esa forma… supongo. Pero al menos has podido despedirte de él y demostrarle que eres un gran espadachín, estabas a punto de ganarle cuando ha terminado el jutsu. Él se ha marchado sabiendo que estás bien, que no estás solo… ya sabes que tienes alguien a tu lado que no va a abandonarte aunque seas un estúpido.
Suigetsu alzó una ceja mirando a Karin que enrojecía, avergonzada tras sus últimas palabras.
—… ¿Juugo? —Preguntó el chico haciendo una mueca.
—¡Me refería a mí, imbécil! —gritó ella con furia al tiempo que le soltaba un golpe en la coronilla.
El dolor no impidió al chico seguir riéndose de su propia broma aun frotándose la cabeza.
—Ya lo sé, zanahoria —consiguió decir él apoyándose en su espada para levantarse del suelo—. Sólo quería ver la cara que ponías.
—¡Serás…! —Se indignó Karin enrojeciendo de furia esta vez—. Retiro lo dicho, morirás solo, cara de pez.
—Oh… —fingió afectación Suigetsu llevándose una mano al pecho para después sonreír pícaramente—. Volvamos mejor a lo de gran espadachín.
La respuesta explosiva de Karin, o más bien la segura patada que se habría llevado Suigetsu, quedó cortada por las palabras de Neji anunciando que el antiguo equipo siete se acercaba. Hinata activó también su Byakugan para mirar en la misma dirección que su primo y compuso una expresión de sorpresa.
—Llevan a Kabuto con ellos… —se extrañó la chica— y a Anko-san.
—¿Anko? —Preguntó Kakashi— ¿Está viva?
—Por lo que parece, sí —contestó Neji entrecerrando un poco los ojos.
A lo lejos, Naruto trató de distinguir en la lejanía si esos puntitos que veía en el horizonte y parecían personas, podían ser sus compañeros.
—Creo que pueden ser ellos, dattebayo —dijo el chico con su habitual nerviosismo—. Quizá deberíamos ir más rápido… podrían estar heridos y necesitarán a Sakura-chan.
—Bueno, Ino y Karin estan con ellos ¿no? —dijo Sakura.
—Ino se quedó atrás cuidando de Kiba —le hizo saber Naruto.
—¿Kiba está vivo? —Exclamó ella entusiasmada. No sabía qué suerte había corrido aquel chico, ya que cuando había tratado de salvarle había estado más muerto que vivo y había tenido que huir de allí antes de poder estabilizarlo del todo.
—Oh, sí, desde luego dattebayo —sonrió Naruto.
Sasuke caminaba tras ellos cargando a Anko sin intervenir en la conversación. Sin saber muy bien que hacer a partir de entonces, se había aferrado a un clavo ardiendo al decidir continuar cerca de Sakura, al menos un poco más, a pesar de saber que todo aquello sólo acabaría haciéndole daño… y tal vez a él también.
El Uchiha sintió como su carga se removía, señal de que seguramente estaba despertando, quizá debido al movimiento. Genial. Anko levantó perezosamente la cabeza como si esta le pesara una tonelada, y parpadeó perezosamente antes de fijar la vista en el perfil de Sasuke que quedaba a la vista desde dónde estaba. El chico casi pudo oír a su cerebro mover sus engranajes reconociendo quién era y encendiendo la alarma en su cabeza.
—Si me gritas en la oreja juro que te dejaré caer —advirtió el Uchiha al notar su intención.
Anko cerró la boca inmediatamente aunque sus ojos siguieron muy abiertos con expresión asustada y desconcertada. ¿Era Uchiha Sasuke quien la estaba llevando sobre su espalda? La respuesta a esa pregunta que era obviamente afirmativa, sólo generaba otras cientos de preguntas y respuestas imposibles y nada tranquilizadoras.
—¿Qu-qué-qué estoy haciendo aquí? —espetó finalmente la chica. Aunque la situación la había descolocado totalmente, ella siempre había sido del tipo de personas que no tardaban mucho en recoger las riendas.
Sasuke simplemente bufó, deseando que hubiera seguido inconsciente.
—Mira para allá, ¿ves al tonto de Naruto? —Preguntó con desgana—. No estás en peligro… de momento.
—Eso todavía tiene menos lógica… pero si Kabuto me atacó y… —masculló Anko parpadeando atónita al distinguir al chico rubio.
—Te han rescatado —suspiró él rogando que eso pusiera fin a la conversación.
—¿Me "han"? ¿Y qué hay de ti? —Preguntó ella con curiosidad estrechando los ojos. No concebía de qué manera Naruto podía haberse ganado de nuevo la lealtad del traidor Uchiha, ese mocoso era alucinante.
—A mí eso no me importa —contestó Sasuke parcamente.
—¿Por qué estás llevándome entonces? —Inquirió la chica hábilmente.
—Hmp. Eso no te importa a ti —zanjó él.
En cualquier otra situación, Anko habría golpeado a aquel mocoso por su impertinencia, pero siendo realista, no quería dar con el trasero en el suelo, de modo que se tragó su réplica. De cualquier forma, no le había pasado desapercibida la manera en la que los ojos de Sasuke seguían cada movimiento de Sakura cuando esta no miraba, o cómo evitaba hacerlo cuando sabía que ella le veía. Tal vez, se había precipitado al juzgar quién se había ganado la lealtad del Uchiha.
No tardaron demasiado en llegar al lugar en el que los demás esperaban. Sasuke se quedó discretamente en segundo plano mientras Sakura y Naruto se adelantaban para responder a las seguras preguntas que los demás tenían en ese momento. Aunque enarcó una ceja hacia Naruto cuando Neji señaló a Kabuto y le preguntó "¿Por qué está vivo?"
Kakashi fue el primero en acercarse manteniendo sus ojos fijos en los de Sakura que le devolvía la mirada también en silencio. Sakura se encontró sin saber muy bien que decir, después de todo, la última vez que ella había visto a su maestro le había drogado para que no impidiera sus planes. Tal vez, debería comenzar con una disculpa… porque, realmente, se sentía mortalmente mal por haberle hecho aquello a pesar de no arrepentirse.
—Kakashi-sensei yo…
Antes de que pudiera seguir con la frase, el jounin la envolvió en un abrazo.
—Estás mal de la cabeza —suspiró Kakashi—. Total y maravillosamente loca.
—¿Eso quiere decir que me perdonas? —Preguntó inocentemente Sakura, sonriendo tentativamente.
—Eso quiere decir que vas a estar buscando gatos y paseando perros hasta que no puedas distinguir una especie de otra —sonrió Kakashi.
Sakura sonrió, rodando los ojos en expresión resignada que inmediatamente cambió a una mueca de disgusto cuando Sai le puso la mano en la cabeza, dándole palmaditas como si fuera algún tipo de mascota.
—Me alegro de verte, feíta —sonrió tranquilamente—. Te hemos estado buscando.
Sasuke no llegó a oír la respuesta de la chica ya que Kakashi se acercó a él para saludarle y darle la bienvenida a Anko, que seguía en su espalda con actitud incómoda.
—Gracias por todo, Sasuke. Yo la llevaré —se ofreció el jounin.
El Uchiha le pasó a la chica, que pareció algo aliviada de cambiar de manos, aunque no demasiado confiada de que estas fueran las de Kakashi a juzgar por su expresión. Lo cierto era que el estar la mayor parte del día oculto tras un libro erótico no era la mejor carta de presentación para llevar a nadie en tu espalda.
—Las manos quietas te lo advierto —masculló Anko entre dientes.
—La patada ha sido advertencia suficiente, gracias —susurró Kakashi de vuelta.
Sasuke por su parte se sintió fuera de lugar una vez que ya no tuvo nada que hacer, ninguna justificación que le sonara medianamente razonable para permanecer allí. Esa sensación crecía mientras observaba a Sakura rodeada de todos sus amigos, recibiendo abrazos y muestras de cariño, sonriendo feliz como nunca lo había hecho en el tiempo que había pasado junto a él. Él sólo servía para hacerla sufrir una y otra vez. No lo necesitaba. ¿Y si ella no lo necesitaba, qué pintaba él en aquella escena? Nada.
Unos dedos chasquearon frente a sus ojos sacando al muchacho de su ensimismamiento. Por supuesto, se trataba de Suigetsu que sonreía como un bobalicón mientras Sasuke le fulminaba con la mirada.
—Bienvenido al mundo, compañero —se burló—. Me alegro de que todo haya salido bien… No tienes muy buen aspecto, pero estás vivo. Y bien, ¿qué hacemos ahora? ¿Cuál es el plan?
Sasuke parpadeó. ¿Plan? Supuso que debería tener uno, pero todo estaba tan enmarañado en su cabeza que incluso pensar en ello era mareante. Recordaba haber tenido uno, más o menos, antes de que todo aquello le estallara en la cara. Recordó pensar que quería retener a Sakura a su lado a pesar de su venganza, que conseguiría hallar el modo. Ella era la única que siempre le había querido, que jamás trataría de usarle o le mentiría… saber que había estado equivocado había sido doloroso a pesar de que lo había hecho por él.
—No me toques los cojones, Suigetsu —espetó Sasuke molesto—. Haz lo que quieras, me da igual.
—Siempre tan comunicativo —masculló Suigetsu con una mueca. Pero el Uchiha ya no le estaba prestando atención, su vista volvía a estar clavada en Sakura que asentía sonriente a algo que le habían dicho y después dejaba caer un poco insegura su sonrisa.
De pronto, sintió el peso de un brazo sobre los hombros que tiraba de él. El brazo de Naruto, por supuesto. El idiota le había echado el brazo al cuello con colegueo invadiendo su espacio personal sin ningún reparo… como siempre. De alguna manera se había desembarazado de Kabuto, a quien ahora llevaba a la espalda Lee mientras correteaba de un lado a otro con su habitual energía sin sentido.
—Vamos, Teme. Pasaremos la noche en esa casa que habéis invadido antes de regresar —dijo Naruto animadamente.
La mirada de Naruto se tornó más seria cuando notó a Sasuke tensarse al pronunciar esas palabras. Había dado por hecho que él regresaría con ellos a Konoha ahora que todo aquello había terminado, pero al parecer las cosas no eran tan fáciles, años de odio no se borraban en un minuto.
Regresar… La palabra reverberaba en el cerebro de Sasuke. No sabía si quería hacerlo, ¿regresar a dónde? ¿A un lugar que odiaba? Por Kami, ni siquiera había decidido si quería o no reducirlo a cenizas. Imprevisiblemente, su mirada encontró los ojos verdes de Sakura mirándole entre los demás. Estaba seria, y apostaría a que sabía exactamente lo que estaba pensando… ella siempre lo sabía.
—…Sasuke… —la voz de Naruto era por una vez una especie de ruego cansado.
Tal vez… tal vez, podía ser débil un rato más. Quizá acompañarlos un poco, sólo para asegurarse de que Sakura iba a estar bien y para ganar un poco de tiempo mientras asimilaba todo lo que había pasado con su hermano. De modo que, poco tiempo después de haber tomado aquella "no-decisión", se encontró cenando en una esquina apartada de la mesa en mitad de un salón abarrotado de todos aquellos ruidosos imbéciles… y Sakura.
El camino hasta la casa que se habían agenciado había transcurrido sin mayores incidentes. Había tenido que golpear un par de veces a Naruto pero eso estaba dentro de la normalidad. Era imposible aguantar tanto tiempo seguido sus estupideces sin reaccionar violentamente… menos aún si se tenía en cuenta la poca paciencia de Sasuke.
Al llegar, los gritos de alegría de Ino lanzándose sobre Sakura casi habían conseguido dejarles sordos. Kiba por su parte había alzado a Sakura en un gran abrazo —cuando había conseguido arrancarla de las garras de Ino— y le había plantado un lametón en la mejilla más propio de Akamaru que de un ser humano. Seguramente, un simple "gracias" no le parecía suficiente para expresar el agradecimiento que sentía por haberle salvado la vida. Que alguien te sacara de un encontronazo con Madara con sólo unas cicatrices para recordarlo era algo que llegaba hondo.
Durante la cena las conversaciones fueron animadas. Al parecer, todos estaban aliviados por haber solucionado el tema de Sakura y de paso haber eliminado a un enemigo tan poderoso como Kabuto, lo que prácticamente significaba el fin de la guerra. Pues, afortunadamente, Itachi había conseguido que retirara todos los Edo Tensei que había invocado para enfrentarles. Sasuke se mantuvo al margen, contestando con monosílabos o gruñidos a Naruto y esquivando la mirada de Sakura cuando le pillaba mirándola accidentalmente.
Poco a poco, el salón se fue vaciando cuando los ninjas fueron retirándose a dormir, apiñando futones en las habitaciones junto a sus equipos, hasta que el último que quedó fue el equipo siete sentado alrededor de la mesa.
—Vamos Naruto, ya es hora de dormir —dijo Kakashi con un suspiro—. Suficientes emociones por hoy.
—¿Qué? Pero yo no estoy cansado, Kakashi-sensei… —comenzó a quejarse Naruto cuando el jounin le mandó una mirada explicita señalando levemente a Sakura y Sasuke, quienes parecían sumergidos en sus propios pensamientos.
—Andando —gesticuló Kakashi con los labios señalando las escaleras.
No sabía exactamente cuál era la situación en la que estaban aquellos dos, pero estaba claro que había cosas que necesitaban decirse después de todo lo que había pasado. De modo, que lo mejor que podían hacer era dejarles solos para que pudieran arreglar o terminar de romper aquello en lo que se habían metido.
No dejó de parecerle una especie de burla el que ahora le pareciera buena idea dejar a Sasuke a solas con Sakura, cuando hace no tanto tiempo casi se había vuelto loco con la posibilidad de que él pudiera hacerle daño. Definitivamente, nadie podía prever las vueltas que daba la vida. Y en ese momento, casi le preocupaba más el corazón de Sasuke que el de la chica. Sakura era fuerte, le habían roto el corazón muchas veces pero sabía recomponer los pedazos para seguir amando… Sasuke no era tan valiente, prefería el dolor de un corazón roto antes que arreglarlo y arriesgarse a nuevas heridas que pudieran dejarlo peor.
Naruto trató de quedarse observando desde lo alto de las escaleras, pero Kakashi lo arrastró hasta una habitación. Lo cierto, era que él también había estado tentado de espiar pero alguien tenía que ser el adulto… y Sasuke no estaba tan distraído como para no descubrirles.
El silencio se hizo de pronto demasiado consciente entre Sakura y Sasuke aumentando la incomodidad y tirantez de la situación.
El Uchiha se había levantado y miraba a través de la ventana, pensando que tal vez lo mejor sería que saliera de allí en ese mismo instante, antes de que todo se complicase todavía más. Se giró y encontró a Sakura, también de pie, mirándole en silencio con sus brillantes ojos verdes. La gente solía decir que sus ojos negros atrapaban de una forma que daba la sensación de no poder escapar, seguramente nunca habían tratado de huir de la mirada de Sakura.
—Te hice daño —dijo ella finalmente. No era una pregunta, sabía que era así.
—Yo llevo toda la vida haciéndote daño a ti —contestó Sasuke sin variar su expresión.
—Sí, pero eso no hace que duela menos —replicó la chica sin apartar la mirada de la suya.
—No, no lo hace —concedió él tras una breve pausa.
—Nunca quise hacerte daño pero mentiría si dijera que me arrepiento, gracias a eso estás vivo —confesó Sakura.
—Sí —reconoció Sasuke—, pero sin embargo tú has estado a punto de morir varias veces.
La mayoría de ellas a manos de él mismo, recordó Sasuke con una punzada de dolor. No olvidaba que le había colocado ese sello para defenderse de él y de no ser por eso la habría matado en cuanto le liberó.
—Puede ser… pero, tal vez, es lo que se hace cuando quieres a alguien —dijo Sakura que apartó la mirada un segundo, antes de volver a fijarla en los ojos de él—. Naruto me contó lo que hiciste.
—Naruto tiene la mala costumbre de hablar demasiado —gruñó Sasuke evasivo. No tenía planeado que ella se enterara de eso, aunque debería haber previsto que Naruto tenía la boca demasiado grande.
—…Creí que me odiabas —musitó ella parpadeando para alejar las lágrimas ante el recuerdo de las palabras que Sasuke le había dirigido cuando se marchó.
—Te odiaba —aseguró él—. Durante toda mi vida, todos a mí alrededor han tratado de manipularme a su antojo contándome medias verdades o directamente mentiras, todos querían decidir mi camino, ya fuera por considerarlo mejor para mí o para ellos. Entonces, llegaste tú hablando de libertad, de elegir… de la verdad, y empecé a pensar que tal vez tuvieras razón. Tú siempre te habías preocupado por mí a pesar de todo. Creí que nunca tratarías de usarme como hacían todos los demás y terminé confiando en ti. Cuando descubrí que me habías mentido…
Sasuke no acabó la frase pero Sakura vio como sus ojos se teñían de rojo antes de que él los cerrara manteniendo la calma y volvieran a ser negros.
—Entonces, ¿por qué? —Preguntó la chica tratando de limpiarse las lágrimas a manotazos antes de que cayeran del todo—. Si tanto me detestas, ¡¿por qué quisiste sacrificarte de ese modo?!
—¿Detestarte? —Casi rió Sasuke—. ¿Es que aun no te has dado cuenta, Sakura? Te he dicho que te odiaba y era cierto, pero porque a pesar de estar furioso por tu mentira no podía dejar de pensar que en el fondo no me importaba, que si querías podías usarme y yo sería feliz de cumplir tus deseos sólo con una palabra tuya. Y luego, me enteré que en realidad no querías nada para ti, que habías destruido todo lo que tenías para darme algo a mí… Así que por primera vez en mi vida usé mi libertad más allá del deber, por primera vez en mi vida elegí… Te elegí a ti.
Sasuke apartó la vista, incómodo, dándose la vuelta para no tener que ver a Sakura. No había planeado decir todo aquello, simplemente las palabras habían salido de su boca como si ya no pudiera contenerlas más. Era patético, no había otro adjetivo para él. No se sorprendió cuando sintió a Sakura abrazarle por la espalda, parte de él lo esperaba… era parte de su patetismo.
—Eres tan estúpido —sollozó ella ahogando el sonido de su voz en su espalda antes de obligarle a darse la vuelta y tomarle la cara entre las manos—. Si te hubiera pasado algo me habría muerto.
—Sólo… sólo quería sacarte de toda esta mierda —Sasuke parecía cansado, como si finalmente se hubiera rendido tras una dura batalla interior—. Al menos te debía eso… sin mi todo es más fácil, Sakura. Sabes que es verdad.
—Me da igual —espetó Sakura mirándole a los ojos. Había dejado de llorar pero tenía los ojos enrojecidos y las pestañas húmedas de lágrimas, el labio inferior aun le temblaba un poco acelerando el pulso de Sasuke, que sólo podía pensar en lo cerca que había estado de no volver a verla.
—Ni siquiera he decidido que voy a hacer —prosiguió él con dureza. Todavía podía atacar Konoha de todos modos y eso les convertiría en enemigos. Tenía que hacer un último esfuerzo para darle la oportunidad de darse la vuelta y dejarle, de que se diera cuenta de lo que estaba haciendo al volver a acercarse a él y pudiera arrepentirse.
—No te he preguntado —respondió ella con la voz algo rota pero decidida.
"No importa lo que hagas, lo que decidas o quien seas… siempre te querrán. No encontrarás mayor libertad que esa, ni tampoco mayor responsabilidad"
Es una locura, pensó mientras acortaba por fin la distancia entre ellos atrayéndola por la cintura y besando sus labios como si fuera lo único en el mundo que deseara. Ella le respondió con avidez, enlazando las manos tras su cuello, moviendo su boca al compás de la de él, encontrando su lengua, mordiendo levemente su labio inferior, haciéndolo enloquecer. La pasión desatada entre ellos, después de pensar que no volverían a estar así nunca, era imparable.
Llegaron hasta la escalera, sin saber muy bien cómo, y subieron por ella a trompicones, enlazados el uno en el otro, prefiriendo tropezar antes que dejar de besarse. Para cuando llegaron a lo alto, la camisa de Sasuke estaba abierta y este besaba con pasión el cuello de la chica, que había enroscado las piernas en su cintura permitiendo que la llevase en volandas por el pasillo.
El Uchiha se giró y apoyó la espalda de Sakura contra la pared para poder sostenerla más fácilmente, mientras sondeaba el chakra de su alrededor en busca de una habitación desocupada. Algo que no le estaba resultando demasiado sencillo, ya que la chica había elegido ese momento para deslizar sus cálidos labios por la línea de su mandíbula. Ni que decir tiene que aquello estaba haciendo estragos en su concentración.
Cuando ella comenzó a mordisquear el lóbulo de su oreja, soltó un pequeño jadeo y se apretó más contra ella aprisionándola más hacia la pared. Comenzó a deslizar las manos por sus muslos buscando su suave piel. El pasillo tampoco estaba mal, pensó con la sangre hirviéndole en las venas. Reclamó los labios de Sakura y ella hundió los dedos en su cabello atrayéndolo todavía más, volcando en el beso todo el miedo y angustia que había sentido aquel día… que todavía sentía.
Algún lugar de la mente de Sakura que todavía funcionaba encontró una habitación vacía. Aunque en aquel momento estar en el pasillo no parecía importarles demasiado, sabía que no sería agradable para ninguno si alguno de los otros ninjas decidía salir de su habitación.
—Segunda puerta a la derecha —suspiró quedamente en el oído de Sasuke.
El chico se apartó un poco para permitir que ella bajara las piernas al suelo, pero no soltó su cintura ni dejó que se alejara demasiado. Mirándose a los ojos, Sasuke guió a la chica, que caminaba hacia atrás, hasta que su espalda chocó levemente contra la puerta y volvió a besarla con pasión mientras sus manos buscaban a tientas el pomo.
Finalmente, Sakura consiguió abrir la puerta y retrocedió un paso hacia la penumbra de la habitación, mirando juguetonamente a Sasuke que le devolvía una mirada de deseo desde el umbral. El muchacho entró cerrando tras él y se acercó a ella, tomándola de la cintura y apoyando delicadamente su frente en la suya, mientras cerraba los ojos un momento y Sakura deslizaba los dedos en caricias por su nuca y cuello.
—No deberías quererme —suspiró Sasuke con tono ronco y pesaroso.
Sakura ladeó la cabeza mirándole durante un segundo, a la vez que movía su mano para acariciar delicadamente sus labios con el pulgar.
—Lo he intentado. No funciona —confesó ella. No importaba las veces que se había repetido que debía olvidarle, que sólo terminaría sufriendo una y otra vez, su corazón no podía hacerlo.
—Entonces estamos perdidos —sentenció él—… Porque yo tampoco soy capaz.
El aire escapó bruscamente de los labios de Sakura al comprender lo que significaban aquellas palabras. Él admitía que la quería del mismo modo que ella a él.
—Sasuke… —comenzó la chica aun sin saber muy bien qué iba a decirle, pero Sasuke no la dejó acabar pues volvió a unir sus labios. Sin deshacer el beso, Sakura no pudo evitar reírse de puro gozo contagiando al muchacho que sonrió de lado, alzándola del suelo para que enredara las piernas en su cintura y comenzando a girar para deleite de la chica.
Continuaron girando hasta que cayeron sobre un colchón destartalado que yacía en el suelo como si estuviera esperando por ellos. Ambos respiraban agitadamente con el corazón palpitándoles con fuerza. Sakura se giró para rodar sobre Sasuke, todavía con una sonrisa en los labios y el pelo revuelto.
—Algún día conseguiré hacerte reír —dijo la chica acariciando la comisura de los labios de él, tal y como ya le había asegurado en otra ocasión.
Sasuke la miró entonces con una mirada llena de tristeza, dolor y melancolía… tal vez disculpa. Y Sakura sintió temor, y su alegría se transformó en un doloroso nudo pues sabía lo que significaba aquella mirada a pesar de no querer hacerlo… esa mirada que le decía que seguramente no tendría más oportunidades para intentarlo. Antes de que él pudiera decir nada, la chica lo besó fieramente y él correspondió con la misma desesperación. Rodaron de nuevo quedando Sakura debajo de Sasuke y este deslizó sus labios por el cuello de la chica que le tiró del pelo deliciosamente para lograr besarlo de nuevo, volviéndolo loco.
Pronto sus ropas yacieron amontonadas en el suelo prácticamente arrancadas por la urgencia de sentir la piel del otro en la propia. Los suspiros fueron sustituidos por jadeos y gemidos ahogados mientras Sasuke y Sakura se perdían el uno en el otro como si nada más existiera… "deseando" que nada más existiera.
. */*/*/*/* .
Sasuke despertó poco antes del alba, en realidad, decir que despertó no era lo más correcto ya que para ello tendría que haber dormido. Y lo único que había conseguido aquella noche era una especie de estado de relajada duermevela, mientras observaba el sueño de Sakura y sentía su respiración cosquilleándole en la piel. Ella estaba dormida, apoyada sobre su pecho, y él la rodeaba con los brazos.
Con mucha cautela, el chico consiguió levantarse sin despertarla y se vistió rápidamente de forma mecánica, tratando así de no pensar demasiado. Lo que había decidido era lo mejor y no debía flaquear. Se dio la vuelta para ver a Sakura tendida sobre el colchón, medio envuelta en la manta que habían encontrado en uno de los armarios. Sasuke se inclinó sobre ella retirándole con delicadeza un mechón de pelo que le caía sobre la cara. Durante unos segundos estuvo observándola en silencio, con expresión aparentemente impasible a pesar de que sus ojos ardían.
"Detenme" —pensó en un arrebato de debilidad— "Despierta y detenme"
Pero ella no abrió los ojos, así que Sasuke se dio la vuelta y caminó hacia la puerta, deteniéndose en el umbral sin atreverse a girarse para verla por última vez.
—…Gracias… —susurró antes de abrir la puerta y salir de allí, sin ver como una pequeña lágrima se deslizaba desde los ojos apretadamente cerrados de Sakura.
Sasuke bajó por las escaleras sin saber muy bien cómo, ya que su mente estaba muy lejos. Aun así llegó al piso de abajo sin el más mínimo ruido o tropiezo. A pesar de ello, no le sorprendió levantar la vista y encontrarse con los ojos azules de Naruto fulminándole en el vestíbulo.
—¿Dónde crees que vas, bastardo, dattebayo? —Cuestionó el chico frunciendo el ceño y cruzando los brazos.
—No voy a ir a Konoha, Dobe —respondió Sasuke con seriedad.
—Por raro que parezca, de eso ya me había dado cuenta yo solo —espetó Naruto sarcástico.
—Pues no preguntes estupideces —gruñó el Uchiha pasando junto a él para salir.
Sin embargo, Naruto no parecía nada satisfecho con su respuesta, ya que aferró a su amigo por el cuello de la camisa empujándolo para que golpeara la pared con la espalda y arrinconándolo contra esta.
—¡No puedo creer que seas tan imbécil 'ttebayo! —exclamó el chico rubio gritando en voz baja para no despertar a los demás.
—¡No es asunto tuyo, idiota! —espetó el Uchiha en el mismo tono activando su Sharingan.
—Entonces, ¿ya está? ¿Nada ha cambiado, dattebayo? —Le acusó Naruto con furia.
—Todo ha cambiado, imbécil —bufó Sasuke apartándole de un empujón que hizo que diera un par de pasos hacia atrás.
El Uchiha se concentró en respirar hondo para controlarse y volver a la calma. No quería armar una pelea con Naruto y despertar a todo el mundo. El punto de irse por la noche era no tener que encontrarse con nadie. De modo, que cerró un momento los ojos hasta que fueron negros de nuevo y miró seriamente a su amigo.
—Ahora entiendo cosas que antes no comprendía, veo las cosas de diferente forma… pero… no puedo simplemente deshacerme de todo el odio que aun siento sin más.
—Sasuke… No puedes condenar toda tu vida por el odio —casi suplicó Naruto—. No quiero ser tu enemigo pero…
—No voy a atacar Konoha —le cortó el Uchiha con vehemencia adivinando sus pensamientos—. En eso puedes estar tranquilo. Pero… no puedes pedirme que viva en un lugar que odio.
Sasuke había llegado a la conclusión de que no podía seguir con su plan de arrasar Konoha, había demasiadas cosas que le impedían hacerlo. Su hermano había sacrificado su vida por el bien de la aldea y sería un pobre pago a su sacrificio que él decidiera destrozarla. Además, por mucho que hubiera tratado de olvidarlo, era cierto que la gente que ahora vivía en Konoha no era culpable de los crímenes de sus antiguos gobernantes. Por otro lado, y aunque lo negaría incluso bajo tortura, Naruto seguía siendo su amigo y no deseaba quitarle lo que amaba como le habían hecho a él. Tampoco deseaba dañar a Sakura. Sin embargo, no podía volver sin más y comportarse como si todo fuera maravilloso y él hubiese olvidado todo lo que le hicieron en nombre del bien de la Hoja.
—¿Y Sakura? ¿Qué pasa con ella? ¿Vas a dejarla sin más después de lo que ha hecho por ti? —Le echó en cara Naruto— Ella merece algo mejor que eso.
—Tienes razón, se merece algo mejor; algo mejor que yo. Seamos sinceros, yo sólo la he hecho sufrir —dijo Sasuke con rabia—. Ella te merece a ti, tú siempre la has querido, Naruto, no trates de negarme lo evidente. Contigo será más feliz, serás un buen Hokage y siempre la tratarás bien, la harás sonreír.
—Deberías dejar que eso lo decidiera ella —siseó Naruto con enfado sin hacer caso al cumplido.
—¿Qué decidiera qué? ¿Una vida conmigo? ¿Con el traidor? —Espetó el Uchiha con furia— Da igual que me hayan retirado la condena, eso es lo de menos, la gente no olvida. La señalarán por estar junto a mí, ¿sabes cómo la llamarán? No voy a permitir que destroce más su vida. Ella pertenece a Konoha, será feliz con la gente que la quiere y terminará olvidándome.
—¿Acaso la olvidarás tú? —Preguntó Naruto.
Sasuke lo miró en silencio sosteniéndole la mirada. La respuesta era evidente.
—Esta conversación ha terminado —concluyó el chico girándose de nuevo hacia la puerta.
—Eres un cobarde, Sasuke. Sólo estás huyendo porque la quieres y tienes miedo —le acusó Naruto—. Sabes que la quieres, dattebayo.
—A veces, eso no es suficiente —dijo Sasuke antes de salir de la casa.
Naruto se quedo en silencio en medio de la penumbra del vestíbulo. Aquello no estaba bien, lo sentía en cada poro de su piel. Tenía que haber alguna alternativa, algo que pudiera arreglar esa situación. Sakura no se merecía ser abandonada de nuevo después de todo lo que había hecho. Sabía que ese idiota cometería alguna estupidez, por eso cuando había sentido su chakra encaminarse hacia la puerta de la habitación que compartía con Sakura, él se había adelantado para esperarle cruzando los dedos por estar equivocado y que Sasuke sólo fuera al baño.
Tal vez, debería haberle golpeado, desde luego, ganas no le faltaban. Pero en parte, reconocía que Sasuke tenía su parte de razón, no podían obligarle a vivir en una villa a la que odiaba. Tenía demasiados recuerdos desagradables de Konoha, demasiado rencor a lo que representaba como para formar parte de ella de nuevo. A pesar de ello, sabía por qué su amigo había decidido marchar de noche sin decírselo a nadie. No era que temiera que alguien pudiera retenerle por la fuerza, dudaba que hubieran sido capaces de lograrlo, sino porque seguramente si Sakura le hubiera pedido que se quedara, su voluntad habría flaqueado.
Sakura… No era falso lo que Sasuke había dicho de sus sentimientos hacia ella. La había querido desde que era un niño, pero hacía tiempo que había comprendido que ella siempre amaría a Sasuke. No negaría que aquello había hecho que le doliera el corazón, pero con el tiempo había lo había aceptado y más aun viendo como sus dos amigos se amaban. Maldijo nuevamente a Sasuke por ser tan ciego y cobarde.
—Definitivamente, debería haberle golpeado dattebayo —masculló Naruto para sí mismo.
—Así que se ha largado ¿no? —preguntó entonces la voz de Kakashi.
Fuera, el cielo ya empezaba a clarear y la luz se filtraba levemente por las ventanas. Naruto alzó la vista para ver a su antiguo maestro bajando por la escalera y apoyándose en la baranda cruzado de brazos. El muchacho se limitó a asentir a su pregunta entre abatido y malhumorado.
—Chico estúpido —suspiró el jounin—. Temía que fuese a hacer algo así.
—Dice que no atacará Konoha pero no quiere formar parte de la aldea —resumió Naruto en un murmullo.
Kakashi asintió como si ya se esperara algo parecido. En cierto modo, a ninguno les había pillado por sorpresa aquella reacción.
—¿Qué debo hacer, Kakashi-sensei? —suspiró el chico rubio.
—Naruto… quisimos perseguir a Sasuke para que no se destruyera a sí mismo y abandonara el camino de la venganza… y ya lo ha hecho. No podemos obligarle a estar donde no quiere por mucho que nos duela, precisamente eso es la libertad —contestó Kakashi.
—¿Y qué hay de la libertad de Sakura-chan? —espetó Naruto repentinamente enfurecido. Frunció el ceño y subió rápidamente las escaleras en dirección a la habitación en la que estaba Sakura. Ella debía saber lo que había pasado, tenía derecho a elegir su propio final y no a aceptar el que alguien había decidido mejor para ella.
Naruto abrió la puerta con decisión dispuesto a despertar a la chica, pero se quedó quieto en el umbral. Sakura estaba despierta, vestida con su ropa de ninja, excepto las botas, dejando sus pies descalzos. Estaba sentada en una silla, cerca de la ventana, envuelta en una manta que le cubría los hombros y miraba desinteresadamente a través del cristal, como si nada de lo que viera captara realmente su atención.
—Sakura-chan… —llamó tímidamente Naruto.
Ella giró la cabeza para mirarle, su rostro carecía de expresión y sus ojos, aunque algo enrojecidos, estaban completamente secos.
—Sakura-chan —continuó él—, Sasuke se ha ido…
—Ya me he dado cuenta —contestó la chica impasible.
—¿Y a qué esperas? ¡Ve tras él! —exclamó Naruto exasperado por su actitud.
—No —se limitó decir Sakura.
—¿N-No? —El chico se quedó descolocado, después de todo lo que había hecho Sakura, de todos sus planes, de jamás rendirse, un "no" no era precisamente lo que esperaba de ella.
—No —repitió ella con mayor rotundidad.
—¿Cómo puedes decir eso dattebayo? —preguntó Naruto sin poder creérselo.
—Porque alguien tiene que decirlo, Naruto —contestó Sakura—. Alguien tiene que decir basta.
—Te estás rindiendo —la acusó con frustración—. Os estáis rindiendo los dos.
—¿Y acaso no he luchado ya bastante? —Señaló ella con una sonrisa triste— No puedo estar toda la vida persiguiendo algo imposible. Alguna vez hay que despertar y darse cuenta de se acabó. ¿Cuántas veces hay que intentarlo para convencerse de que no puede ser?
—Las que sean necesarias para lograrlo —insistió obstinadamente Naruto.
—¡Basta, Naruto! —pidió Sakura en una mezcla entre una exigencia y una súplica, quebrando su máscara de impasibilidad— Mi corazón ya no aguanta más, ¿entiendes eso? Sólo quiero dejar de sufrir por esto y dejarle ir es la única manera. Hay personas que simplemente no pueden estar juntas. No voy a volver a correr tras él, no esta vez.
—Él te quiere. Lo sabes ¿verdad? —dijo el chico con voz queda.
—Sí, claro que lo sé. No habría hecho todo lo que ha hecho si no me quisiera —admitió ella—. Pero a veces, por mucho que dos personas se quieran,… eso no es suficiente.
No es suficiente… Sasuke había dicho lo mismo. ¿Sería verdad? Tal vez, por mucho que dos personas se amen, es imposible que puedan estar juntas con tantas cosas en contra, con tantos problemas tanto de los demás como de ellos mismos. Preferían conformarse a seguir luchando por algo que no podía ser, en algún momento decidieron que el sufrimiento, el levantarse una y otra vez con el corazón hecho pedazos era demasiado… y que amarse no era suficiente para continuar peleando.
"…Pero debería serlo", pensó de pronto Naruto con furia, como si una llama prendiera en su interior.
—¡Debería serlo, dattebayo! —Gritó el chico repitiendo sus pensamientos con tan repentina furia que asustó a Sakura— Tú le quieres y él te quiere y nada más debería importar para que estéis juntos. Si abandonáis ahora sólo porque Sasuke es demasiado cobarde y tú te has rendido, lo lamentareis siempre. ¿De verdad quieres estar el resto de tu vida pensando en lo que pudo haber sido 'ttebayo? ¿Vivirás con arrepentimiento sólo por no querer levantarte una vez más y arriesgarte? ¡¿Dónde está la Sakura que desafió a su aldea por sus convicciones?! Has plantado cara al mundo defendiendo el derecho a elegir… no elijas rendirte.
Sakura se había puesto en pie y lo miraba fijamente con los ojos muy abiertos y, ahora sí, húmedos de lágrimas contenidas. Parecía tensa, como si en su interior se estuviera librando una lucha de decisiones. Su mirada jade se posó en Kakashi que observaba desde la puerta.
—Yo no lo habría dicho mejor —dijo el jounin con una media sonrisa tapada por la máscara.
—No creo que pueda… —musitó indecisamente la chica
—Yo creo que cuando decidiste sacar a Sasuke de esa celda nos demostraste a todos que podías hacer cualquier cosa que te propusieras 'ttebayo —rió Naruto.
Como si aquello fuera el último empujón que necesitaba, Sakura dejó caer la manta y se lanzó corriendo hacia la puerta. Sin embargo, se detuvo bruscamente al llegar al umbral, como si olvidara algo, y retrocedió rápidamente hasta Naruto para abrazarle fuertemente.
—Serás el mejor Hokage que la aldea haya tenido, no conozco nadie mejor que tú para ello. Te quiero —dijo Sakura besándole ambas mejillas y la frente, cosa que hizo que el muchacho se sonrojara.
—Yo también a ti, Sakura-chan, siempre —contestó él con una pequeña sonrisa.
Dicho esto, la chica salió disparada lanzándole otro beso a Kakashi. Bajó a toda prisa las escaleras, sin preocuparle el ruido, ya que a esas alturas dudaba de que alguien continuara durmiendo.
—¡Hacia el oeste! —Oyó que le gritaba Karin desde alguna habitación— ¡El muy idiota ni siquiera se está dando prisa! ¡Le alcanzarás!
Sakura sonrió de lado y salió corriendo por la puerta, dispuesta a intentarlo una última vez.
Sin el sonido de los pasos apresurados de Sakura, la casa pareció de pronto muy silenciosa. Naruto sonrió con tristeza a su pesar, había hecho lo correcto, lo sabía, pero no podía dejar de sentirse un solo después de todo.
El amor era extraño, pensó. Había creído estar enamorado de Sakura durante mucho tiempo, sin embargo, nunca había tenido un sentimiento tan fuerte como el que los unía a ella y Sasuke. A través de la puerta y el pasillo, pudo ver que Hinata se había asomado a la puerta de su habitación y lo miraba con dulzura. Había muchos tipos de amor, comprendió, unos estallaban fuertemente como un tifón elevándote o destruyéndote, a veces ambas; otros llegaban más lentamente, casi sin darnos cuenta, abriéndose paso y floreciendo poco a poco; otros siempre habían estado ahí, tal vez en formas o sentimientos diferentes que finalmente llegan hasta el corazón. Y todos cambiaban a lo largo de la vida, transformándose, quizá alcanzando formas que nunca nos planteamos en un principio, pero que también tienen un hueco importante en el corazón, y nos hacen saber que no estamos solos.
—Sabes que lo más probable es que no vuelvan ¿verdad? —preguntó Kakashi.
—Puede ser… pero ahora sé que nuestros lazos son más fuertes que eso —contestó Naruto sonriéndole confiado—. Y no importa lo que pase porque siempre seremos uno.
. */*/*/*/* .
Sasuke estaba agachado en un pequeño riachuelo que discurría entre las rocas atravesando el claro, cuando sintió la presencia de Sakura tras él. No había creído que nadie fuera a perseguirle, en todo caso no ella. Se incorporó despacio, secándose la cara con el dorso de la mano antes de girarse hacia ella.
Estaba a unos metros de él, mirándole fijamente, jadeando ligeramente por haber estado corriendo hasta dar con él. Apretaba los puños y erguía el rostro con decisión. Él se esforzó por mantener su rostro impasible, no era difícil después de tantos años ocultando sus emociones.
—¿Huyes de nuevo? —preguntó suavemente Sakura después de mirarse unos segundos en silencio.
—¿Por qué has venido, Sakura? —cuestionó él ignorando su pregunta pues la respuesta era más que evidente.
—Porque creo que después de todo me merezco algo más que un "Gracias" susurrado en la oscuridad —respondió la chica—. Porque sé que me quieres igual que yo te quiero a ti y no quiero que me dejes atrás. Porque quería decirte que te amo más que a nada, pero que esta es la última vez que salgo corriendo detrás de ti. Seguiré adelante, Sasuke, viviré una vida vacía sin ti pero la viviré y no quiero pasarme los días, los meses o los años pensando en si volveré a verte para que decidas alejarte otra vez. Así que te lo pediré de nuevo, si no puedes quedarte llévame contigo… o no vuelvas nunca más por mí.
Sasuke la miró en silencio, la única muestra de su nerviosismo era la fuerza con la que apretaba los puños y la mandíbula, como si estuviera conteniéndose a sí mismo para no estallar y gritar todo lo que se le estaba pasando por la cabeza.
—¿Cómo puedo pedirte algo así, Sakura? —Dijo finalmente, a su pesar, parecía que el mismo hecho le enfureciera—. Tu vida está en Konoha, allí lo tienes todo. Mírame, no soy nada, nadie, no tengo nada… ni siquiera sé a dónde voy. ¿Qué puedo ofrecerte yo?
Sasuke había abierto un poco los brazos, con las palmas hacia delante enfatizando sus palabras, y se había acercado unos pasos, parecía desesperado porque ella comprendiera.
—Estás mejor sin mí, Sakura —dijo el chico con el semblante nuevamente frío— Sé eso, sé que tu vida sería mucho más sencilla si la gente no te señalara por la calle por estar con el traidor, si estuvieras con alguien que no tiene toda la mierda encima que tengo yo. Yo no quiero volver a Konoha, y no tengo derecho a pedirte que lo abandones todo por mi otra vez, por mucho que me cueste hacerlo.
—Sabes, eres un hipócrita —le acusó ella acercándose lo suficiente como para puntearle en el pecho con el dedo—. Llevas toda tu vida quejándote porque todo el mundo decidía por ti y ahora estás haciendo exactamente lo mismo conmigo. Sé las consecuencias que tendrán mis decisiones y no quiero que nadie las tome por mí, ni siquiera tú. ¿De verdad quieres estar toda tu vida preguntándote qué habría pasado si me hubieras preguntado si quería ir contigo?
—¡Joder! ¡¿Nunca te rindes, verdad?! —espetó furiosamente Sasuke frunciendo el ceño.
—¡Contigo, no! —contestó Sakura imitándole— ¡Y no tendría que hacer estas cosas si tú no tuvieras esa estúpida fuerza de voluntad masoquista con la que te obligas a alejarte de los que te quieren!
¡¿Fuerza de voluntad?! Repitió él en su mente como si le pareciera un chiste. Si ella supiera lo cerca que había estado de darse la vuelta en al menos unas diez ocasiones desde que había salido de esa casa… Inconscientemente había avanzado tan lento que no creía que a ella le hubiera llevado más de una hora alcanzarle. Era indudable que quería llevarla con él, siempre había querido, incluso antes de que todo aquello estallara, cuando aun pensaba que tenían que rescatar a Naruto… pero…
—Prométeme que no te arrepentirás —pidió de pronto mirándola intensamente a los ojos—. Prométeme que no te despertarás un día y verás que elegiste el camino equivocado.
—Prométeme que no volverás a intentar alejarte de este modo —contestó Sakura.
Sasuke dio un último paso hacia ella haciendo que quedaran prácticamente pegados y alargó una mano para retirarle el pelo de la cara, terminando el movimiento en una caricia en su mejilla que hizo estremecer a la chica. Él siguió mirándola profundamente mientras delineaba su labio inferior con el dedo pulgar lentamente.
—¿Qué me has hecho? —preguntó el muchacho en un suspiro, más para sí mismo que para ella, antes de atraerla hacia sus labios y besarla con pasión.
Sakura correspondió gustosa aferrándose a su cuello, colgándose de él.
—Vas descalza —constató Sasuke enarcando una ceja tras romper el beso y darse cuenta de que efectivamente, Sakura no llevaba zapatos.
La chica se encogió de hombros algo avergonzada, lo cierto era que en su prisa por salir a buscarle tras las palabras de Naruto, ni siquiera se había detenido a calzarse. Se había dado cuenta al poco de salir de la casa, pero no había querido perder tiempo en volver.
—Bueno, sí… —reconoció algo sonrojada—. Ves, y tú decías que no tenías nada… al menos tienes zapatos.
Sakura elevó la vista que había mantenido fija en el suelo cuando oyó que Sasuke hacía un ruido extraño, como si se estuviera atragantando y después unas toses. Sin embargo, no engañó a la chica que había oído perfectamente lo que trataba de encubrir con ese repentino ataque de tos.
—¡Te has reído! —le acusó Sakura sonriendo encantada.
—Eres una auténtica molestia —contestó él enarcando una ceja volviendo a recuperar su pose digna.
—Di lo que quieras pero es cierto —siguió picándole la chica.
Él simplemente negó con la cabeza acumulando paciencia y la atrajo para besarla de nuevo antes de cargarla en su espalda. Y por primera vez, a Sakura aquel beso le supo a esperanza, no tenía un tinte culpable o atormentado, tampoco de despedida o desesperación como otros que habían compartido, era todo lo correcto que puede ser un sentimiento, era fresco… Era un nuevo comienzo. Uno que ellos habían elegido.
FIN
Hola de nuevo. ¡He vuelto por fin!
Lamento de todo corazón haber tardado tanto en escribir el final, he tratado de compensarlo un poco haciendo el capítulo muy largo, de hecho es el más largo que he escrito nunca, para que os hagáis una idea normalmente tienen entre 3.500 y 4.000 palabras y este tiene unas 11.500 así que es como una especie de tres en uno. Espero que no se os haya hecho muy pesado y os haya gustado.
Como ya dije, siento si alguien se ha sentido defraudado o incluso enfadado por la tardanza pero hasta ahora no había podido terminarlo. Cuando terminé mi examen todavía no había acabado el capítulo como es comprensible ya que tuve que dejar de escribir para estudiar, pero a partir de ahí he intentado acabar lo antes posible y aquí está. No sé si era lo que esperabais pero era como yo lo tenía pensado desde que lo empecé.
Por supuesto aun falta el epílogo (que irónicamente es la primera escena que imaginé de este fic y que me animó a escribirlo). Me gustaría pediros que me digáis si os parece que algo ha quedado poco claro u os apetece saber más sobre algo en concreto, me lo digáis y yo intentaré incluirlo en el epílogo, por si acaso se me ha olvidado. (Os prometo que no tardará tanto)
De nuevo, muchas gracias por vuestra paciencia y comprensión. Aprecio mucho vuestros reviews y mensajes de apoyo. Por supuesto nunca se me ha pasado por la cabeza dejar el fic, pero saber que seguíais ahí esperándome y creyendo en mí me ha ayudado mucho. Os aprecio mucho.
Muchisimas gracias por todo.
Besos, Ela.
