"Como en las películas"
- ¿Estoy bien así? –Me pregunta Quinn mirando su propio atuendo de falda larga negra y blusa con rayas moradas y blancas. Siempre muy elegante, venia de trabajar y eran las 5:15 de la tarde. Incluso comenzaba a hacer mucho frio y llevaba un abrigo también negro.
Yo por mi parte, la mire y asentí, iba bien para la ocasión. Yo iba con un vestido gris, zapatos de tacón pero bastante cómodos, mientras que me cubría una gabardina negra.
Deje el auto estacionado y me baje con Quinn para caminar el trayecto que faltaba hasta nuestro destino luego de pasar a buscarla por Evening Corp.
- ¿Por qué me dijiste que no trajera ropa llamativa? –Me pregunta de nuevo- Realmente no suelo usar colores muy fuertes ni nada muy revelador –Afirma.
- Lo sé, a menos que sea un impermeable –Le digo soltando una pequeña risa.
- Si, a menos que sean impermeables, pero para eso hay una buena razón.
- ¿Qué razón? –La miro fugazmente sin dejar de caminar.
- La idea de llevar colores llamativos en un impermeable es para evitar un accidente ¿Qué tal si atraviesas una calle y no te ve un auto por la lluvia? ¡Podrías morir! –Explica con dramatismo ocasionándome una carcajada que luego ella misma acompaño.
- Tienes un buen punto –La señalo con el dedo.
- ¿A dónde vamos? –Vuelve su curiosidad.
- A un lugar donde no puedes usar muchos colores, la gente suele verlo mal aunque para mi es una tontería. –Me encojo de hombros deteniéndome en la acera.
Quinn se detiene y me mira con el ceño fruncido.
- ¿Por qué no se pueden usar colores? ¿Vamos a un funeral o algo así? –Ríe entre dientes.
- Vamos a esta casa –Le señalo la amplia vivienda frente a nosotras y donde se podían ver a varias personas, tanto dentro como fuera, mientras la cuadra guardaba muchos autos estacionados.
- ¿Quién vive aquí? ¿Es una fiesta?–Vuelve a preguntar cuando nos paramos en la entrada, estaba más curiosa de lo habitual, aunque me gusta que lo sea, creo que es algo que ya les había dicho.
- Aquí vivía un amigo.
- ¿Vivía? ¿Es decir que se mudo y ahora…? –Iba con otra pregunta pero abrieron la puerta frente a nosotras luego de que yo toque el timbre.
- Buenas tardes –Habla una mujer pelirroja de más de 30 años. Tenía la cara un poco demacrada.
- Buenas tardes, soy Rachel Berry, ella es mi amiga Quinn Fabray. Siento mucho lo de…
- ¡Rachel, claro! –Exclama esbozando una débil sonrisa- Pasen, por favor. –Se hace a un lado.
Yo entro y Quinn me sigue un poco confundida mientras analizaba todo a su alrededor, como es costumbre.
Había mucha gente en ese lugar, todos elegantes con colores modestos, algunos con rostros tristes y otros con rostros neutrales ante el hecho ocurrido.
- ¿Eres Eleonor? –Le digo a la pelirroja.
- Así es, ¿Te hablo de mí? –Pregunta y yo asentí- Él también me hablaba de ti.
- En cuanto me entere quise venir a despedirme de alguna manera, espero no molestar, no soy amiga de la familia, pero…
- No es molestia, eras amiga de él y eso es suficiente, te lo agradezco –Hace una mueca de medio lado- Pueden servirse lo que quieran, yo estaré por allí –Nos mira a ambas antes de irse.
Mi rubia acompañante no hizo mucho caso a nuestra conversación porque estaba atónica mirando hacia una sala en particular.
- Rachel… -Toca mi brazo- Alguien ha muerto… -Me susurra con el rostro desencajado.
Yo no pude evitar rodar los ojos cuando escuche aquello. Obviamente alguien había muerto, todos llevaban ropa de luto y había un ataúd en medio de una gran sala.
- Si, murió el Sr. Brandon, un amigo mío y esa chica de hace rato, era su hija. –Le explico mirando su lindo ceño fruncido.
- ¿Me has traído a un funeral? –Pregunta lo obvio abriendo la boca con asombro.
- ¿Te molesta? –Le pregunto con la esperanza de que no saliera corriendo, porque ahora que lo pensaba bien, quizás se podía molestar, ya no me parecía una buena idea una vez viendo su cara desencajada.
- No es que me moleste es solo que… Que… Pensé que íbamos a una cita o algo así. –Muerde su labio inferior.
- Bueno, esto es como una cita… Vamos elegantes y hay mucha comida. –Trate de bromear sin mucho éxito.
- No es una cita, es solo un funeral –Arruga la nariz.
- No estaremos mucho tiempo, solo me quiero despedir de él de alguna manera.
- ¿Me contaras de donde lo conocías?
- Claro, te lo contare todo y debes saber que él te conocía a ti.
- ¡¿A mí?! –Exclama con asombro mientras se llevaba una mano al pecho.
- Si, le hable mucho de ti, él sabía quién eras –Sentencio mientras caminaba junto a ella a unas de las sillas libres.
- ¿Qué le contaste? –Pregunta, pero no pudimos hablar con comodidad porque llego un pastor para decir algunas palabras.
- No pensaba quedarme hasta esta parte ¿No se supone que esto solo lo hacen en los entierros? Las palabras de Dios y esas cosas… -Digo con fastidio abriendo del todo mi abrigo.
- Eso se hace durante todo el duelo, son parte importante para sobrellevar el dolor. –Me dice Quinn por lo bajo. Al fondo seguía la voz del pastor hablando de la vida eterna y el descanso en un lugar mejor.
- No creo que funcione mucho –Digo y lo afirmo cuando miro a su hija destrozada en lágrimas al igual que un hombre que debía ser el hijo mayor del Sr. Brandon. Muy atlético como él.
- ¿Nunca creíste en Dios? –Me mira y yo gire el rostro para ver la curiosidad por todo su rostro- Es decir… ¿Ni cuando eras niña?
- Si creía, es solo que con el tiempo me di cuenta que nadie escuchaba del otro lado, entonces deje de insistir. –Confieso volviendo la vista hasta el hombre que, al parecer, iba a alargar su discurso de amor porque saco una biblia.
Es curioso, cuando alguien muere, incluso sin conocer a quien murió, la gente suele decir que esa persona fue muy buena, es una especie de hipocresía colectiva que invade a todos ante un acontecimiento triste, pero por suerte, yo si conocía al viejo Brandon y compartí con él infinidades de mañanas deportivas y anécdotas de vida entre risas y muchos conejos que nunca olvidare.
Aunque si parece muy rara la invitación, lleve a Quinn a aquel funeral porque ella fue protagonista de muchas de nuestra conversaciones el último año, y de una en particular que jamás olvidare.
Cuando el hombre termino de hablar y la gente se distrajo en la gran mesa de comida, fui hasta el ataúd del fallecido, lo vi algunos minutos y sonreí de medio lado al recordar nuestras conversaciones. Es triste como se van las personas de la noche a la mañana y simplemente te tienes que acostumbrar a ello.
- ¿Estarás mucho tiempo aquí? – Me pregunte Quinn acercándose por detrás pero sin querer acercarse mucho al ataúd, de hecho solo miro el cadáver de reojo.
- No, ya nos podemos ir –Respondo dando la vuelta y observando su fuerza de voluntad para no mirara al ataúd por completo.
- Bien, porque no me gustan los cadáveres –Suspira con alivio mientras se aleja y yo la seguí con cierta gracia.
Me despedí desde lejos de los hijos del Sr. Brandon, realmente no quería invadir del todo un momento tan privado y más cuando estaban, notablemente, afectados.
- ¿Qué edad tenia? –Me pregunta Quinn cuando íbamos por la acera en busca del auto.
- Creo que cumplió hace poco 69, pero estaba en muy buena forma, es muy triste que haya muerto de un infarto, se supone que su corazón estaba fuerte con tanto deporte.
- Eso pasa con las personas mayores y siempre es triste, pero quizás ya cumplió su misión en la vida. –Se encoje de hombros.
- Me alegra haberlo conocido. –Digo cuando nos detuvimos frente a mi auto, una frente a la otra y con las manos en los bolsillos de nuestros abrigos.
- Me dijiste que él me conocía porque le hablabas de mí, ¿Qué le contaste? –Me pregunta mordiendo levemente su labio inferior. Era una pregunta tímida.
- La primera vez le dije que conocí a una chica muy extraña y hermosa, a la cual moría por invitar a salir, pero parecía muy esquiva, yo simplemente no sabía que hacer contigo –Confieso riendo de forma irónica.
- Si, soy un poco rara conociendo a gente nueva –Mira sus pies para luego volver a mi- ¿Él que te dijo?
- Me dio consejos. Un día en especifico dijo que me arriesgara y te sorprendiera y luego de eso fui hasta tu trabajo para llevarte un cielo hecho de galletas.
- ¿Fue ese día? –Abre la boca con asombro y yo asentí con la cabeza- Entonces yo también le tengo que agradecer mucho. –Me dice sosteniéndome la mirada; con la misma conexión especial de siempre, la que me dejaba expuesta y con el corazón acelerado.
Quinn se acerco un poco mas sin despegar sus ojos de los míos, pero yo baje la mirada y ella pareció entristecerse. Me iba a besar, claro que lo iba a hacer, pero yo sentía que debíamos hablar más aquel día. Habían pasado tan solo 2 días desde que me confesó todo aquello en su casa y aun a mi cerebro se le dificultaba procesar tanta información.
- Lo siento… -Susurra ella y yo niego rápidamente por la cabeza.
- No es eso, Quinn.
- Esta bien, yo comprendo –Mueve las manos- Aun es difícil todo esto, solo espero que no te distancies de mi por mucho tiempo, es realmente duro…
- ¿Podemos sentarnos un rato?
- ¿Dónde? ¿En el auto?
- No, por allá –Le señalo las bancas de cemento que estaban cerca de un pequeño lago que dividía toda la zona de aquella urbanización que, cabe destacar, era bastante costosa.
Dejamos nuestros bolsos dentro del auto para estar más cómodas y caminamos lentamente hasta las bancas. Solo estuvimos un par de minutos sin hablar mientras veíamos a algunos niños lanzar piedras sentados en bicicletas. Ya estaba oscureciendo y las farolas alumbraban el momento
- ¿Por qué tardaste siete meses? – Rompo el silencio mirando el bello rostro de Quinn.
- No sé porque fueron exactamente siete meses, pero en ese periodo fue que recaí y me levante. –Espeta con voz débil.
- ¿Qué tipo de recaída? ¿Tu corazón esta…?
- No, no, mi corazón está bien –Aclara con un tono más firme- Fue más emocional. De repente al saber que tu hermana dono órganos, me invadió la curiosidad y comencé a preguntar cosas a mis padres; luego busque los documentos y descubrí todo… Ellos, obviamente, no tienen idea de que la persona que me dono el corazón fue tu hermana, pero yo al ver el nombre, me sorprendí y fue un duro golpe, me asuste demasiado, Rachel –Dice mirándome inquieta. Yo baje la mirada hasta mis manos- Caí en un estado de shock y luego no sabía que hacer, pero en todos los escenarios te veía odiándome y no me veía soportando eso…
- ¿Y qué hiciste para salir de ese estado?
- Volví al psicólogo, a las mismas terapias de siempre. Cuando era adolescente fui a muchas por el tema de mi enfermedad y luego para adaptarme de nuevo a la sociedad sin tener tanto miedo, parte de mi cobardía es por como viví. Le temo a cosas insignificantes porque era muy frágil físicamente.
- ¿Solo volviste a estudiar en una clase normal cuando estuviste en la universidad? –Le pregunto algo que venía pensando luego de saber cómo fue su vida restringida.
- No, yo volví para los dos últimos años del instituto, pero fue un raro proceso de adaptación, tanto para mi cuerpo con respecto al corazón, como para mi mente pensando en el trasplante y al mismo tiempo queriendo una vida normal, creo que Haden me ayudo mucho ¿Recuerdas que te dije que fue mi único amigo real?
- Si, recuerdo que me hablaste un poco de él la otra vez.
- Él primero fue mi amigo, porque era mi vecino y era el único chico de mi edad al cual veía muy seguido, eso hizo que tuviéramos una relación, de alguna manera de daba seguridad porque no tenía muchas experiencias sociales. Vivía en una burbuja.
- Creo que ahora entiendo un poco mas tu miedo a los riesgos, creo que es algo normal luego de lo que viviste. –Digo y mi mente viaja a aquella noche en que llego a mi casa para ofrecerme viajar con una lista en sus manos. Ese día Quinn me dijo que para ella todo dependía de un hilo y que por primera vez quería vivir sin miedo.
Ahora todo encajaba.
- Pues, hace siete meses volví a subir en una extraña nube negra, nunca antes me había importado tanto lo que pensara alguien, realmente estaba aterrada –Espeta mirándome a los ojos y buscando una respuesta que la tranquilizara una vez más.
Yo suspire y tome su pálida mano con delicadeza.
- Ya no pienses en eso, yo no te odio, no creo ser capaz de eso y si te soy sincera… Tampoco odio a las otras personas que recibieron órganos de mi hermana, simplemente es una excusa para pagar mi odio con el mundo. –Confieso y fue la primera vez que lo dije en voz alta.
- Eres una persona maravillosa ¿Lo sabes? –Me dice acariciando mi barbilla con su mano derecha libre ya que la otra aun seguía entre mi propia mano.
Hice una mueca de medio lado con la boca y baje la mirada soltando su mano con la misma suavidad con la cual la tome minutos antes. Mire al frente y ella hizo lo mismo. Ya no quedaba ningún rayo de sol y la oscuridad comenzaba a llegar.
- Una pregunta ¿Fuiste por voluntad propia esta vez a terapia? –Dije sin mirarla aun.
- No, de hecho, al igual que antes, fui casi obligada por mi madre ya que no paraba de llorar en mi vieja habitación y no quería volver a trabajar. Incluso me comencé a sentir muy mal físicamente, era como si no tuviera fuerzas. Con el paso de los meses me recupere de a poco, volví a Chicago porque aun no tenía la valentía de regresar a Boston, pero no podía perder el trabajo y allá fue que termine de mejorar, tuve mucho tiempo para pensar y arriesgarme a verte a la cara.
Yo la escuchaba atentamente, enlazando hechos y razones para que ella hiciera cada cosa; para que se alejara; para que actuara como lo hizo antes y como lo hace ahora. De repente comencé a entenderla por completo y al final de aquel día, ya no veía tantos espacios vacios en el enigma llamado Quinn Fabray.
De hecho, comenzamos a tener muchas conexiones y puntos en común que antes no veía.
- Yo también fui al psicólogo –Confieso y ella me mira alzando las cejas.
- ¿Cuándo fuiste?
- Fui hace un par de meses, Santana no paraba de decirme que fuera y aunque le dije que nunca iría, si fui, lo hice dos veces y no volví.
- ¿Por qué no volviste?
- Porque estoy cansada de que todos digan como se supone que funciona la vida cuando en realidad ellos tampoco lo saben, todo es inesperado, incluso lo que planeas con dedicación puede resultar diferente. Las personas somos complicadas y un psicólogo no me iba a dar la solución para sentarme mejor. En muchos casos funciona, lo sé, pero no esta vez a mi edad y con tantas perdidas y sesiones cada tarde luego de clases; yo sabía lo que necesitaba y era que volvieras. –Sentencio sin titubeo mirándola.
- Rachel… Yo… Yo… -Abría y cerraba la boca- Siento haber tardado tanto…
- ¿Sabes que me dijo el Sr. Brandon una vez? –Digo levantándome y girando para ver su rostro- Que quizás siempre te estuve buscando; que tú me ibas a ayudar a florecer, podías ayudarme a encontrar mi brújula, o algo así que no entendí; luego termino diciendo que la vida me iba a dar un poco de lo que una vez me quito y ahora que lo pienso –Cierro los ojos y tomo aire antes de continuar- Es como si hubiese sabido todo… Quizás la vida no me iba a regresar a mi familia, pero vives por el corazón de mi hermana, tienes algo de ella y ahora estas aquí frente a mi –La señalo con ambos brazos y negando con la cabeza. Cada vez que pensaba en eso era como ver una película.
- Y contigo… -Me dice ella levantándose- Estoy aquí y contigo, Rachel, quiero estar contigo. Solo dime que mas tengo que hacer para que no sientas miedo de comenzar de nuevo con esto –Dice tomando mi rostro con ambas manos. Estaban tan frías como siempre.
- No quiero seguir extrañando; estoy cansada de extrañar y de romperme constantemente, solo eso… –Sentencio con un nudo en la garganta.
- Entonces me encargare de que eso no suceda, tratare de que no me extrañes de nuevo, no volverán a pasar siete meses o un mes, porque estaré contigo –Pega su frente a la mía y sonríe como una niña contagiándome de ese lindo gesto, luego de eso conectamos nuestros labios lentamente en un beso para nada pasional pero, sin duda, era tan sentido como cada palabra que nos dijimos los últimos días. Fue un roce, suave, algo húmedo y cálido que me revitalizo.
Porque Quinn tiene ese poder, me debilita y me revitaliza en la misma proporción.
- ¿Y que hacemos con mis pedazos rotos? –Le digo abriendo lentamente los ojos y mirando aquellos verdes avellana muy divertidos.
- ¡Tengo una gran idea para eso! –Abre los brazos y me abraza fuertemente enredándolos en mi espalda- ¿Está bien así? –Pregunta sin dejar de mostrar sus blancos dientes.
- Me estas abrazando muy fuerte –Comencé a reír alto.
- Lo sé, es que esa es la idea ¿No sabes que cuando una persona esta rota la abrazas muy fuerte hasta esperar a que todas sus partes se junten de nuevo?
- Si es así… Entonces yo tengo que abrazarte a ti de la misma forma y que todos tus demonios se vayan muy lejos, que ya no tengas miedo a romperte –Dije y lo hice, la abraza casi del mismo modo en que ella me abrazaba.
Mis brazos la rodearon y mis manos quedaron enlazadas en su espalda. Ella al ser más alta, me abrazaba más arriba y yo mas abajo, era una cómoda y perfecta posición.
- Me parece muy bien, quizás seamos la pieza que le falta la otra... –Dice ella.
- Quizás seamos lo que siempre hemos buscado…
- Quizás podamos tener un amor como en las películas…
- Si, quizás como en las películas… -Termine de decir para volver a besar aquellos labios que nunca dejaron de ser míos. Aun seguíamos abrazadas como dos piezas de rompecabezas que se juntaban para sentirse completas.
Y aquella tarde que comenzó en el funeral de una maravillosa persona; termino entre risas y suspiros por saber que la chica de la cual me había enamorado, estaba dispuesta a reconstruir cada pedazo de mí y dejar que yo reconstruyera cada pedazo que se había caído de su alma asustada. Aquella tarde de despedida a un buen amigo, terminó en una noche de cita porque después de todo… Aun le debía a Quinn una salida para comer la mejor pizza de Massachusetts.
