¡Bueenas tardes/noches chicos! Aquí vengo con un capítulo que en un principio no iba a ser así, pero que luego decidí cambiar porqué quedaba todo muchísimo mejor. He de decir también que el fic está llegando poco a poco a su fin :$ Haré otros nuevos y mejores, este solo ha sido el primero y espero que continuéis leyéndome. En segundo lugar quiero dedicarlo a mi una persona súper especial para mi que conozco de poco pero quiero que sepa que este capítulo es todo suyo. Helena, todo para ti mi vida, ya sabes porqué *_* Y en tercer lugar, dar muchísimas gracias por los nuevos comentarios, follows y favs que ya van subiendo poco a poco :) Un beso chicos, disfutarlo!:*
Las ganas de pegarle un puñetazo en la cara a Demming aumentaban en el interior del escritor. Durante toda la tarde había estado coqueteando con Beckett delante de sus narices. Besándola, abrazándola... ¡hasta había visto como le tocaba el culo!
El culo de la detective era solo suyo y no tenia intención de compartirlo con un princeso que se había equivocado de cuento.
Lo peor de todo y que hizo que Castle tuviera que morderse la mano disimuladamente para no matarlo ahí mismo, fue decirle algo al oído mientras lo miraba con una sonrisa burlona.
Quería cabrearlo para no tener ninguna excusa más que defensa propia para pegarle, pero Castle se resistía, por muchas ganas que tuviera. Dentro de poco estallaría y nadie podría detenerlo.
Ahora estaban en la comisaría, charlando sobre el nuevo caso.
Habían perdido toda la mañana yendo a diferentes lugares relacionados con la víctima. Y en medio del interrogatorio de uno de los sospechosos principales, llegó el FBI y se adjudicó el caso sin que pudieran protestar.
-¿Alguna de tus teorías Castle?-la voz de Espósito lo sacó de sus pensamientos. Había estado observando como Demming tocaba a Kate. Como enlazaba sus dedos con los de ella o como simplemente dejaba besos distraídos sobre su cuello. Pensaba en irse a casa y dormir un poco para olvidarse de ellos dos.
Todos lo miraban, esperando una respuesta. Beckett también lo hacía. Estaba sentada sobre la pierna de Demming, apoyada en su pecho. Le daban arcadas cada vez que los veía.
Se recostó en la silla, poniéndose las manos detrás de la cabeza. Notó la mirada de Beckett sobre su camiseta, observando como sus músculos se tensaban y sonrió:
-Es raro que la bala atravesara su corazón.-miró a Beckett a tiempo para ver como agachaba la mirada, sabiendo a que se refería.-Es decir, quien quiera que lo haya matado sabía justamente donde quería herirlo.
-Buena observación Castle.-lo alagó Ryan sonriendo. Levantó la mano, chocándosela. El detective tragó saliva con dificultad, mirando por encima de su hombro. Castle frunció el ceño, girándose para mirar también. Entrecerró los ojos, apretando la mandíbula con la máxima fuerza posible. Tan fuerte que luego no podía ni moverla porque si lo hacía, un dolor agudo la recorría. Demming devoraba la boca de Beckett entre susurros, ajenos a lo que pasaba a su alrededor.
Castle se levantó de un salto, tirando la pizarra de pruebas al suelo de un puñetazo, dirigiéndose hacia cualquier sitio donde no pudiera verlos. Ahora si que había llegado a sus límites. ¿Cómo podía hacer eso delante suya sabiendo que aún estaba enamorado de ella? Necesitaba desahogarse.
Cuando tropezó con una colchoneta se dio cuenta de que había llegado al gimnasio de la comisaría. Suponía que por la rabia había subido corriendo las escaleras buscando aire que poder respirar y sin querer ahora estaba allí. Gritó con todas sus fuerzas y como el nudo que llevaba en la garganta se lo permitía. Las lágrimas bañaban sus mejillas sin impedimento. ¿Por qué cojones hacia eso? ¿Quería verlo sufrir? No entendía nada.
Tiró de su camiseta hacia arriba, liberándose de ella mientras la lanzaba al otro extremo de la sala. Necesitaba que el aire enfriara su cuerpo. Necesitaba tantas cosas...
Se acercó a uno de los sacos de boxeo que colgaban del techo, cerca del tatami. Se puso en guardia, tal y como le había enseñado su profesor de lucha en Italia. Golpeó con todas sus fuerzas, provocando un gran eco sordo. Izquierda, derecha, izquierda, derecha. Sin parar.
Hincó la rodilla en el saco para después golpearlo con la espinilla de la pierna derecha. Las gotas de sudor se mezclaban con sus lágrimas, produciendo una mezcla salada cuando se colaban entre sus labios. Pero no dejó de golpearlo. Pensaba que era a Demming a quien estaba pegando, no a un trasto inútil lleno de espuma. Dios. Quería matarlo a puñetazos, verlo sangrar. Pero en el fondo sabía que no estaba enfadado con él, si no con Beckett. Volvió a golpear el saco con más fuerza, gritando. Cuando este rebotó en su pecho se abrazó a él, intentando controlar sus lágrimas.
-Castle, para.-Espósito estaba a su lado, intentando separarlo del saco. Lo abrazó con fuerza, revolviéndole el pelo con cariño. El típico cariño que sientes hacia tu amigo cuando ves que está pasando por algo duro.
El escritor lo abrazó con fuerza, llenándole la camiseta negra de lágrimas y sudor. Pero al detective no le importó, es mas, lo apretó contra él haciéndoselo saber.
-¿Cómo puede ser tan... zorra, Javi?-le susurraba este entre sollozos. Espósito arrugó el ceño, comprensivo. Había visto con sus propios ojos lo mismo que él. No era justo lo que Beckett le hacía. No lo merecía. Una idea cruzó su mente. Le cogió la cara entre las manos, obligándolo a que le mirara.
-Escuchame Rick. Hoy vamos a ir a una fiesta.-comenzó a decirle, pero este negó automáticamente con la cabeza.
-No Espo, no puedo.
-Sí, sí que puedes.-dijo haciendo que levantara la mirada.-Va a ser de la espuma, bañadores y eso, ya sabes a lo que me refiero. Ellos irán
-No puedo ver como esta comiéndole la boca a otro tío que no soy yo. Y mucho menos al princeso ese de mierda. Me niego Javi.-se pasó la mano por el pelo mojado, quitándose el sudor que comenzaba a secarse. Espósito se rió ante el mote de Demming, haciendo sonreír al escritor.
-Escucha, Rick. Tanto a mi como a Ryan nos cae de pena Demming. Es un sobrado y un chulo playa y no nos hace mucha gracia que este con Beckett cuando tú eres la mejor opción.-Castle lo abrazó. No se esperaba eso de Espósito. Pero al fin y al cabo era su amigo y lo había demostrado varias veces. Siempre estaba ahí cuando lo necesitaba y se lo agradecía muchísimo. Era como el hermano mayor que nunca tuvo.-Quiero que vengas, y hables con ella. Intenta que pase más tiempo contigo para joder a Demming, pero sobretodo haz que se convenza que sigue enamorada de ti.
-Gracias Javi. Muchísimas gracias.-lo abrazó con fuerza, haciéndolo sonreír. Castle era único y no podía verlo sufrir. Cuando vio que salia corriendo de allí tenia que seguirlo y hablar con él. Su corazón lo dictaba. Se estaba convirtiendo en alguien muy especial para él, uno más en el grupo, un buen amigo.
-Date una duchita antes de venir.-respondió bromeando.-Au.-se quejó riéndose cuando Castle le pegó en el hombro con cariño. Definitivamente Rick era la persona perfecta para Beckett.
Observó con atención el papel que tenía entre sus manos. Espósito se lo había dado en el gimnasio de la comisaria, antes de irse a casa. En él estaban apuntados la dirección y la hora. Se pasó la mano por el pelo, confuso. Estaba en la calle adecuada, pero no sabía cual era de la mayoría de locales que adornaban la calle. Suspiró aliviado al leer el nombre del local en un cartel luminoso.
Podía escuchar la música de discoteca desde fuera. Todo dentro estaba apagado. Habían muchísimas personas dentro de la pista de baile donde una gran masa de espuma y agua lo ocupaban todo. Una chica morena de unos ojos azules marinos le sonreía. Era guapa, pero Beckett lo era más. Si estuvieran en Italia ya estaría acostándose con ella, pero eso no pasaría nunca más, por muy guapa que fuera. Cuando se quitó la camiseta y se quedó en bañador esta se sonrojó observado su cuerpo. Le tendió la ropa y las zapatillas deportivas para que las guardara. Por último le entregó el iPhone. Se fijó en que tenia una buena delantera cuando se agachó, pero su misión no era esa.
Buscó a Espósito que estaba junto a la barra, sin camiseta también, charlando con una Lanie enfundada en un bikini rosa fuxia. Saludó a ambos con un abrazo.
-¿Ryan?-preguntó elevando la voz por encima de la música.
-Esto no es de su tipo.-contestó riéndose. Lo miró alzando las cejas. Castle sabía que estaba diciéndole que perdía el tiempo al no buscar a Beckett, así que comenzó a rodear la sala con la mirada, tratando de encontrarla.
Y claro que la encontró. Inspiró con fuerza al ver como movía su culo sobre el paquete de Demming al ritmo de la música. Tal y como había hecho con él aquel día en que Espósito les sacó la foto que aun por supuesto, seguía en su móvil. Se perdió por su piel perfectamente bronceada.
El bikini negro se ceñía a sus perfectas curvas, tal y como él las recordaba. Una sonrisa divertida se dibujo en sus labios. Se metió por la pista, llenándose de espuma. Cuando el agua totalmente fría tocó su piel abrió la boca, estremeciéndose. Observó a Demming diciéndole algo al oído y a continuación dejándola solo en medio de la pista. "Mi momento" se dijo a si mismo con orgullo. Se colocó detrás de ella, agarrándola por las caderas. Aguantó la risa cuando comenzó a moverse sobre su bañador. Seguramente pensaba que se trataba de Demming.
Acarició su piel completamente mojada. Estaba poniéndose duro por momentos. No podía con los movimientos de su culo, simplemente era su jodida debilidad y estaba disfrutando mucho. Deseó acariciar sus piernas. Ahogó un gemido al ver que estaba sobre unos tacones de aguja negros. Se inclinó sobre su oreja, mordiéndola. Esta sonrió sin tener ni idea de que era el escritor quien la estaba poniendo a cien.
-Como le bailes así de bien al princeso acabará mal el cuento.-Beckett se paralizó al instante.-Es muy difícil aguantar esto sin empalmarse eh.
La detective se giró, observando sus ojos azules, asegurándose de que estaba pasando de verdad y que había estado bailando contra Castle y no contra Demming. Apretó la mandíbula con fuerza, dispuesta a gritarle o pegarle, lo que mejor le viniera, pero el escritor fue más rápido.
Agarró su muñeca, tirando de ella para llevarla a un lugar más apartado. Se metieron en los baños para poder hablar sin tener que gritar. El escritor cerró con pestillo para que nadie molestara. Se giró para comenzar a hablar, pero no pudo evitar fijarse mejor en su cuerpo. Estaba ante una perfecta diosa morena de ojos verdes. Su amigo al sur reaccionó moviéndose al ver su canalillo mojado.
El piercing de su ombligo, ahora negro, descansaba mojado y brillante sobre su piel. Silbó. Ella también estaba fijándose demasiado en su entrepierna, había que reconocerlo.
-Pasan dos años y aún estás más buena.-dijo apoyándose en el lavabo.-No lo entiendo.
-Yo tampoco entiendo como eres así de idiota.-sonrió al notar su enfado. Ahora le tocaba sufrir a ella, él ya lo había hecho bastante. Se acercó más a su cuerpo, notando como su respiración se alteraba.
-Ni yo como eres tan zorra.
-¿Perdona?-lo miraba entre sorprendida y arrogante. Mantenía los brazos cruzados sobre el pecho.
-Que no se como eres tan zorra.-repitió Castle burlándose, pero esta vez arrastrando cada palabra. Abrió la boca para hablar pero él la frenó.-Nunca. Nunca. Nunca. Sería capaz de comerle la boca a otra chica delante tuya si se que estás enamorada de mi. Nunca.
-¿No puedo pasar página?-le preguntó encarnando una ceja con sarcasmo.
-No cuando tu historia soy yo.
-¿Quién te crees que eres?-preguntó alzando la voz.
Castle redució la distancia entre los dos, acercándose demasiado a sus labios. Aún con tacones, él era más alto que ella.
-Soy en quien piensas cuando estas besando los labios de Demming. En quien piensas cuando le haces el amor porqué no puedo salir de tu cabeza como tu no sales de la mía. Soy lo mejor que has tenido, que tienes y que vas a tener. Porqué nadie, absolutamente nadie va poder cambiar lo que sientes por mi.-le susurró a los labios. Beckett se mordió el labio inferior consciente de lo que decía era verdad. Castle no salía de su cabeza. Básicamente para ella nunca se había ido. Y tenerlo a milímetros de sus labios despertaba ese fuego interno que solo salía cuando era él quien la tocaba.-Y soy yo quien va a tocarte el culo ahora mismo porqué estoy cachondo perdido.-finalizó agarrándole la nalga con la mano, masajeándole.
Beckett sonrió. Levantó la mano, pegándole con la mano abierta en la mejilla. Este retrocedió aún sonriendo, con su mano sobre la zona dolorida. La miró de forma desafiante.
-Eso aún me ha puesto más a cien.-respondió. Y, sin más, la puso contra la pared, levantándole las manos por encima de la cabeza, inmovilizándola. Se dejó caer contra su cuerpo. Restregando su erección contra la parte baja de su vientre, necesitado. Esta observaba sus labios, capaz de articular palabra. Castle se inclinó tirando de su labio inferior con los dientes. Abrió sus labios, besándolos con precaución, no podía esperar más. Cuando ella se dejó hacer, enlazando su lengua con la de él, la agarró del trasero, levantándola,dejando que enganchara las piernas alrededor de su cintura. Se estremeció al sentir sus dedos acariciando su pelo, endureciéndolo aún más.
-¡Castle!-la voz de Beckett le hizo abrir los ojos. Sonrió al ver su pelo despeinado, metida entre las sábanas de su cama.-Cariño. ¿Estás bien?-le preguntó en un ronroneo mientras besaba sus labios con cariño.
-¿Dónde estamos?-preguntó adormilado. Se estremeció al sentir como besaba su cuello. Frunció el ceño extrañado al ver que estaban en su habitación. Beckett descansaba sobre su pecho, vestida solo con un sujetador de encaje y un tanga negro.
-¿Enserio lo preguntas?-la detective lo miraba divertida, hablando de forma obvia. Entonces se dio cuenta de que todo había sido un sueño. y que nada de lo anterior había sucedido nunca.
