UNA NUEVA SEMANA, OTRA ENTREGA 8D! Bien, mis dulces lectores... continuamos el año con un nuevo episodio :3... tampoco contestaré reviews xDD, pero les intentaré responder por PM si es que puedo :3...
ESPERO QUE LES GUSTE :D!
El Código Maestro
Capítulo XXVI
Era un nuevo día en Francia y la gente comenzaba a movilizarse en la ajetreada Ciudad Luz. Los pájaros trinaban al amanecer y en Notre-Dame los allegados daban el saludo al sol para estirar sus huesos tullidos.
- ¡Huaaaaajum! –bostezaba Heinz –Otro día en este mundo infernal…
- ¡El desayuno está listo! –canturreó Vanessa, desde la entrada de la habitación.
- … y comida infernal –terminó de decir el doc -¿No hay algo para suicidarse de la manera más rápida posible?
Ignorando las palabras del castaño, Ferb restregaba sus ojos lagañosos observando todo lo que le estaba a su alrededor.
Cuando notó algo curioso.
- ¡Hey! ¿Dónde están Phin e Isabella? –se extrañó el muchacho -¿Vanessa?
- No sé… no me di cuenta que no estaban. Además, deben de estar por ahí. Que se diviertan, así no se quejan donde mí que los tengo encerrados por su seguridad…
- Tampoco está Perry…
Por dentro el peliverde tenía un mal presentimiento acerca de dónde podrían estar, qué les habría pasado y que dependía de ellos arreglar todo.
- No… esto está mal… -y se levantó para correr hacia el corredor para bajar luego las escaleras.
- ¿A dónde va? –se intrigó la joven maestra.
- No sé, debió haber sentido ganas de ir al baño –respondió Doof.
Saltando cada dos escalas para llegar más rápido al primer piso, en el camino agitado se encontró con Wesh, el campanero.
- ¡Hey! ¿Por qué tanta prisa? –fue el saludo amistoso del moreno.
- Justo venía a preguntarle algo. Mi primo y nuestra amiga no se encuentran esta mañana en la torre y quería saber si usted los había visto hoy.
El hombre se puso lívido en tonos verdosos al escucharlo.
- N-no… y-yo… justo venía para decirles algo…
- ¿Se trata de dónde podrían estar?
- Pues… no, pero…
- Entonces no me sirve.
Regresó por donde vino el chico, dejando al morocho preocupado de la situación.
- Vanessa, está sucediendo algo grave –la interpeló Ferb al volver hacia donde estaba ella –No sé qué puede ser exactamente, mas algo me dice que mi hermano e Isa están afuera y si no han vuelto como lo hacía ella todas las mañanas, me atrevería a pensar que quien nos persigue los encontró…
- ¡No puede ser! ¡Era una trampa! –gruñía Perry quien estaba enjaulado junto a Phineas e Isabella en una cámara en tinieblas. El pelirrojo seguía dormido.
Francis y Dennis, el supuesto agente renegado, ambos estaban en la puerta de la habitación oculta, admirando su plan macabro realizado de la manera que ellos querían.
- Con ustedes en mi poder podré atraer al loco idiota con acento alemán, a su hija mandona y al estúpido chico de cabello verdoso. ¿Acaso creías que el agente D estaba de tu lado?
- El mayor Monograma me pagará muy bien gracias a ustedes. Así podré recuperar mi honor luego de cometer el error de desafiarlo a él y la agencia –explicó sin compasión por medio del traductor el conejo.
- ¿Así que entregas almas inocentes para limpiar tu asqueroso nombre? –rugió el ornitorrinco, profundamente herido en el orgullo de ser tan ingenuo.
- Lo siento, mas no lo hago solo por mí. Como tú, quiero ver a mi dueña: Sally.
Al ex-espía casi estuvo a punto de comprender la situación en que estaba el traidor, pero volvió a recordar que lo estaba entregando junto con sus dueños. Nuevamente el odio lo llenó por dentro.
- ¡Vámonos! –ordenó el hombre canoso, y los dos enemigos se retiraron del lugar, con el humano riéndose a carcajadas de su idea exitosa.
El monotrema se quedó allí, humillado hasta lo más hondo de su ser.
- No te sientas culpable, Perry –lo consoló la niña, acariciando su hombro –Yo en cierta parte tengo mucha responsabilidad de lo que pasó… No debí haber confiado en ese estúpido conejo.
El ornitorrinco ni siquiera se sintió mejor. Cada segundo se sentía más miserable.
- Mira… bueno… los demás todavía están afuera… Cuando tú y el doctor D llegaron a rescatarnos en Danville y nos escapamos a Francia en un barco mugriento, ahora estoy segura que creo en los milagros. También tengo fe en Ferb. Con Vanessa, los tres son más inteligentes de lo que aparentan. Por supuesto que ellos vendrán, mas no serán derrotados, sino que nos salvarán.
Un poco más apoyado en la compañía de Isabella, el animal le dedicó una pequeña sonrisa.
- Después de todo… -continuó ella –Si me llega a pasar algo, cuida bien de mi Phi…
A Perry le dio un escalofrío que la muchacha le dijera eso.
Afuera de la celda había un trozo de carbón. Había un poquito de iluminación que venía de una rendija parecida a la de la última vez que los chicos estuvieron secuestrados. Con un poco de dificultad, escribió algo en el suelo como si fuera tiza y cuando hubo terminado se lo mostró a Isa.
La chiquilla leyó cada palabra con una gota de emoción en sus ojos:
"Querida Isabella. Sé que tú has vivido más que yo, mas en comparación, mi vida ha sido más larga que la tuya tú siendo tan joven. Mereces más que lo que tienes, al lado de Phineas. Si hay alguien que debe protegerlos a ustedes soy yo y no tú, Isa a los dos…"
Cada sílaba, hasta la letra más insignificante le conmovió el espíritu a la morocha. No podía creer que aquél ornitorrinco, al cual tantas veces había escuchado menospreciarlo sin querer como un ser no pensante, pudiera expresarse de una manera tan profunda. Le dio un abrazo fraternal, el más fuerte que le pudo haber dado a algún animal, incluso a su chihuahua Pinky. Entonces fue cuando unos quejidos empezaron a escucharse en un rincón.
Era Phineas, el que estaba recuperando la conciencia.
- Perry… es mejor que por su seguridad no le digamos nada acerca de tu identidad. Además… estoy segura que si descubre que fuiste un agente secreto, volverá a recordar todo lo que sucedió hace dos años, y no quiero que sepa que… que… lo besé. ¿Podrías?
El animal pensó que era lo más sensato que podían hacer en ese momento. Volvió a su modo mascota, con sus ojos turnios en cuatro patas.
Isabella reflexionaba que volver a verlo así le parecía ser un ser absolutamente desconocido y diferente luego de conocer al verdadero Perry.
- ¡Auch! –al fin despertó el pelirrojo, machucado y bastante aturdido -¿D-dónde estamos?
- El anciano. Eso pasó…
- ¡¿Qué?! O sea… ¿estamos atrapados?
- Solo nosotros, Phi… tendremos que esperar algún milagro… es lo más prudente…
El chico se quedó callado por largo rato, sin decir nada.
- ¿Y quién fue el que me atacó?
- Eh… pues…
No se dieron ni cuenta cuando alguien se había escabullido en la cámara donde se encontraban como prisioneros y tampoco pudieron notar que unas manos pequeñas y esponjosas abrían el candado de la jaula con un pequeño clip. Ya estando abierta la celda, se escuchó un suave "¡click!", lo que sintieron de inmediato los cautivos.
- ¿Qué fue eso? –intrigó el jovencito.
- No lo sé… pero…
Isabella tocó la que debía ser la puerta y esta estaba totalmente abierta. No pudo evitar dar un chillido de emoción.
- ¡Esto es una maravilla! –exclamó contenta.
- ¿Qué pasa?
- ¿Qué no ves, Phineas? ¡Estamos libres!
No se podía observar, mas él estaba boquiabierto de la impresión. El que menos lo podía creerlo era Perry.
- ¿Quién pudo ser? –siguió Phin.
- No lo sé, tal vez ya estaba mal cerrada o quizás otra cosa, pero lo que importa en verdad es que podemos salir que aquí. ¡No perdamos el tiempo! Es hora de actuar…
- ¿Cómo lograremos encontrarlos en una de las ciudades más grandes del planeta? –se quejaba Heinz.
Los tres que quedaban del grupo exiliado intentaban pasar desapercibidos del público, sin mostrar sus rostros bajo unas capuchas que más que no llamar la atención aumentaban la curiosidad que quienes pasaban cerca de ellos.
- No lo sé, mas tiene que haber una forma…
- ¡Hey!
El trío volteó ante el grito y vieron que los que venían hacia ellos eran los mismísimos Phin, Isa y Perry. Inmediatamente Ferb fue a su encuentro, con miedo de verlos tan sucios, a su hermano molido y a su mascota con magulladuras y cortes en diferentes partes del cuerpo. Sostuvo al animalito entre sus brazos, el cual estaba muy cansado y se dejó acariciar aunque el contacto con la sal en las manos su dueño le producía un ardor insoportable.
El pelirrojo esperaba a que su hermanastro les recibiera eufórico y feliz de haberlos encontrado ¡Mas sucedió todo lo contrario! Cuando se dirigió a él, lo primero que hizo fue soltar al ornitorrinco y darle a Phineas un soberano golpetazo en la mejilla, cosa que lo hizo dar vuelta y caer de bruces al suelo.
- ¡Auch! ¿Y eso por qué?
- ¡Por imbécil! ¿Qué hacías afuera paseándote con Isa y Perry si sabes que corremos peligro?
La morocha levantó temblorosa su dedo índice como pidiendo trémula la palabra.
- F-F-F-Ferb… él no… bueno yo… fui quien se salió de la catedral… -dijo esperando asustada lo que le diría el joven.
Mas el peliverde solo atinó a observarla sorprendido con la boca abierta, como confundido.
- ¿Lo ves? –espetó el otro que estaba todavía en el suelo.
- Pues no te vendría mal un sacudón en las narices –inquirió Ferb -¿Acaso no se te ocurrió "genio" que podías habernos dicho que ella no estaba?
Ante la pregunta, el muchacho iba a contestarla, mas se quedó reflexivo. Isabella pudo notar que le temblaba el labio inferior.
- Bien… -prosiguió el de cabeza cuadrada –Vanessa, –se dirigió a la mujer castaña –tenemos que irnos urgentemente de aquí. Ya no es seguro. No quiero excusas.
La maestra miró a su alumno como si le hubiera faltado el respeto.
- Mira, Ferb. Si en tu casa te llovían las cosas del cielo, para que sepas no tenemos dinero –espetó.
- No importa. Conseguiremos la plata. Sé que llevará tiempo, pero comprende. No podemos quedarnos en la iglesia. Seguro que se dieron cuenta que estábamos allí y no se atrevieron a pasar a buscarnos. Un trabajo por ahí no vendría… ¡Hey!
En frente suyo estaba la entrada a un pequeño café-bar que se llamaba "La Poubelle". En una pequeña ventana de la puerta que daba a la calle, que era de madera de cerezo, tenía un cartelito que decía un aviso en cuadro idiomas: Francés (obviamente), español, italiano y por supuesto, el idioma internacional, el inglés.
- Vaya… -musitó la niña que había seguido con la mirada lo que observaba su amigo –Se nota que están desesperados porque todo el mundo sepa que necesitan algo.
- Vayamos a ver –mandó Ferb.
La tropa prófuga se acercó al anuncio, que decía exactamente en la sección anglosajona: Se necesitan camareros. Aquello les llegó a los cinco humanos y a Perry como anillo al dedo.
- ¡Esto se ve bien! –exclamó contenta Vanessa –Pero miren.
Apunto hacia arriba que había otro edicto, mas estaba en francés.
- ¡Oh! –suspiró Isabella preocupada, que entendió a la primera, pues era la única que sabía aquella lengua con fluidez –No se permiten animales.
El ornitorrinco, que trataba de ser lo más inexpresivo posible, se sintió tremendamente avergonzado de ser un animal.
Doof notó su pena.
- Bueno… ¡tengo una idea! –proclamó el doc.
Se dio la vuelta, sacando algo de su bolsillo en la bata. Parecía que estuviera tramando al secretísimo y fabuloso, porque no quería que nadie se acercara a él para ver lo que estaba haciendo.
- Y… ¡Voilà! –gritó al haber acabado en pésimo francés.
Todos se acercaron a contemplar lo que suponían una obra maestra, excepto Vanessa, que estaba preparada para otra decepción y Perry, que sabía cómo era Heinz.
¡Y así fue! Era tan solo un peine que llevaba pegado al medio lo que parecía ser… ¿una cinta pegote?
- ¿Y esa basura qué es? –por supuesto quien había dicho aquél desprecio fue su hija.
Él solo la ignoró.
- ¡Esto! ¡Es lo que nos sacará de este pequeño problemita!
- ¿Una peineta? –dijo Isabella.
- ¡Niña! ¿Qué cosas dices? Si eso fuera un pecado sería la peor blasfemia. Para que sepas, es el disfraz más espectacular que hayas visto, así distraeremos a nuestro inusual compañero.
- ¿Qué estúpido se creería esta idiotez? –insultó la profesora.
- Yo lo haría.
- Más vale intentarlo –opinó Phineas –De todos modos, de seguro hay otros locales para conseguir trabajo.
Se pusieron a Perry el objeto extraño que recién había inventado Doof y lo pusieron en el suelo. El animal estaba de lo más ridículo con esa cosa en la cara, incluso así el ornitorrinco lo pensaba. Se aguantaba las ganas de quitárselo sabiendo que era la única oportunidad de ganar algo y
- OK ¡Andando! –ordenó perspicaz el científico como esos caballeros medievales en los libros.
Continuará...
Más adelante descubrirán cuál es la verdadera lealtad de Dennis :3...
Hasta la vista ;)!
