- Titulo: Nadie dijo que sería fácil
- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)
- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.
- Algo que deben saber:
1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión
ENJOY!
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Las horas pasaron lentamente hasta que Edward despertó de su letargo. Estaba en la misma camilla, pero ahora solo su abuelo estaba sentado en una silla al lado de ésta.
Trató de incorporarse lentamente en la camilla, haciendo que su abuelo despegara la vista desde el libro que se encontraba leyendo en ese momento y le dedicara una sonrisa tranquilizadora.
— ¿Cómo te sientes? — le preguntó acariciando su frente, evitando así que se levantara
— Mareado— respondió escuetamente— Siento como si me hubiese pasado una estampida de elefantes por encima… ¿Y Rose?
— Está en el área de maternidad. Su médico dijo que vendría a verla en cuanto se desocupara con una paciente y debe venir dentro de poco— le contó y el asintió, pidiéndole que llamara a la doctora. Necesitaba pedirle que lo dejara irse para poder ir a hablar con Rosalie y pedirle perdón por lo idiota que había sido.
La doctora le dio el alta de inmediato en cuanto se aseguró que estaba bien, pero le entregó una consulta para psicología. Había escuchado lo que el tío del chico le había contado acerca de su crisis y sabía que lo mejor era que lo viera un especialista. Eran muchas las cosas que estaba viviendo el chico en tan poco tiempo y necesitaba conversar con alguien sobre todo eso.
En cuanto tuvo la carpeta con todos sus documentos salieron de ahí para irse al área de maternidad.
Su abuelo le hablaba de distintos temas, le contaba que todos habían tenido que irse a trabajar o a clases, en el caso de Jasper. Sus padres y Diego habían decidido que no eran los más indicados para acompañarlo en ese momento por lo que decidieron irse a sus trabajos y no molestarlo hasta que estuviera bien.
Ya en el piso el chico se dirigió al mesón central y preguntó por el cuarto donde se encontraba su amada junto a su pequeño… Si es que aún estaba… Ni siquiera de eso estaba seguro y tenía miedo de que no fuera así.
— Una… Una consulta— Edward se giró sobre sus talones y volvió al mesón donde la chica lo había atendido— Ella… ¿Está bien?
— Si, tanto ella como el bebé están bien— le respondió con una sonrisa amplia y Edward soltó todo el aire que había estado guardando en sus pulmones. Al menos ahora podía respirar un poco más tranquilo.
Caminó hasta la habitación que le indicaron y, al llegar, su abuelo se quedó en la puerta mientras Edward entraba algo dudoso. Suspiró para tomar fuerzas y abrió la puerta.
En el centro de la cama estaba su amada, dormida, descansando. A los lados de la cama estaba su abuela leyendo una revista, pero desvió su mirada hacia la puerta en cuanto la escuchó abrirse y miró fijamente al chico que se adentraba en el lugar.
Edward agachó la cabeza, incapaz de mirarla a los ojos y ella solo lo observaba fijamente sin pronunciar una palabra. El chico no podía mirarla a los ojos después de lo que le había hecho a su nieta y de cómo la había tratado y dudaba si quedarse en el lugar o no, si acercarse a su rubia o salir huyendo del lugar para volver más tarde. Eliana, al ver la indecisión del chico, asintió para indicarle que estaba bien que pasara.
Suspiró audiblemente seguido por un perdón y, con cautela, se acercó a la camilla. En esta ocasión Rosalie no se encontraba tan pálida como en la mañana cuando la vio, aunque no había vuelto todo el color a sus mejillas.
Con cuidado y temiendo romperla, acaricio su mano. Rosalie, al sentir el toque en su piel, abrió los ojos y se quedó mirando a Edward fijamente. El solo le sonrió a la vez que sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.
— Yo… Lo… Lo siento— se disculpó con la voz quebrada por las lágrimas sin derramar. No podía hablar sin sentir un gran nudo en su garganta.
Rosalie cogió la mano que su amado aún mantenía sobre la suya y la presionó con la poca fuerza que había recuperado en esas horas. Necesitaba llamar la atención de su novio y decirle que todo estaba bien.
Eliana, al ver la escena de los dos chicos en ese momento, decidió que era mejor salir de ahí. Los dos necesitaban estar solos por un rato y arreglar la situación de esa mañana, necesitaban conversar. Se levantó de la silla en la que se encontraba y en completo silencio salió del cuarto. Los chicos solo escucharon la puerta cerrarse cuando salió.
— Ven a acá— lo llamó y el bajó a su altura para pegar su frente a la suya. Rose posó sus manos en su nuca y luego las bajó a su espalda para abrazarlo— Estamos bien. No hay nada de qué preocuparse— le dijo cuando lo sintió temblar por el llanto— Sé que lo que pasó en la casa de mis abuelos no era lo que realmente querías que ocurriera y que lo que dijiste no lo sentías dentro de ti.
Edward no pudo sentirse más afortunado al tener una novia como Rosalie. No podía haber pedido a una mejor novia que ella y realmente la amaba con cada gesto como este que tenía con él. A pesar de haberse comportado como un patán ella lo perdonaba y comprendía. No podía seguir siendo así.
La abrazó y besó con el mismo amor de siempre y luego le pidió perdón de nuevo, pero esta vez no la dejó regañarlo ni reclamarle.
El toque en la puerta los hizo separarse y centrarse completamente en esta. Edward le indicó que pasara a quien fuera que tocara la puerta y pronto vieron al doctor Gerandy asomándose en el cuarto.
El hombre mayor les sonrió ampliamente y se acercó a saludarlos, para luego pasar a preguntarle a la chica como se encontraba y a averiguar qué era lo que había pasado para que ocurriera esa situación.
Después de reñirlos a los dos, pero también apoyar al chico por lo que le estaba tocando vivir, pidió un ecógrafo y comenzó con el examen de la Rosalie.
— Bueno, todo parece estar en orden. Como te dijo la doctora en la mañana, el sangrado que tuviste fue por un leve desprendimiento que sufriste, pero con el tratamiento que te dieron y con los cuidados que te mandaron todo debería estar bien. De todas maneras te controlaremos más de cerca para evitar que el bebé nazca antes— le explicó, tratando de calmar a Edward de pasada.
— Pero… ¿Va a estar bien? — inquirió el chico aun nervioso y el médico le sonrió
— Si, Edward. Todo va a estar bien si Rosalie respeta el reposo absoluto que le daremos por unos cuantos días y no hace fuerzas excesivas después de éste— lo calmó— Su bebé está midiendo doce centímetros y medio y está pesando ciento cincuenta gramos y… Hay una pequeña sorpresa aquí.
Los dos chicos lo miraron con atención y se preocuparon por sus palabras, pero el médico no parecía para nada preocupado, sino que más bien se veía feliz y una brillante sonrisa enmarcaba su rostro.
Movió un poco el mango del ecógrafo y detuvo la imagen para mostrarles algo con un círculo.
— Eso… Eso quiere decir que son los flamantes padres de una pequeña niña ¡Felicidades, papás! — los felicitó y los chicos no lograban salir de su impresión. No podía ser posible.
Rosalie soltó unas lágrimas de emoción que no pudo retener más en sus ojos y apretó las manos de su novio que aún permanecían entre las de ella. Por otro lado Edward miraba impresionado la imagen donde aparecía su pequeña manchita, era su pequeña bebé, su mini Rosalie.
El médico las sacó un par de imágenes para que se las quedaran y luego continuó con su evaluación. Los chicos solo continuaban mirando la pantalla y se deban castos besos para demostrarse lo mucho que se amaban.
En cuanto terminó, el medico limpió el vientre de la chica y la citó para la próxima evaluación, además de decirle todo lo que ocurriría de ahora en adelante en su embarazo y los cuidados que debía tener para evitar más complicaciones. Se despidió de los dos jóvenes y salió del lugar para dejarlos solos en la habitación.
— Te ves cansado, mi loquillo— comentó Rosalie a la vez que le acariciaba las manos a su amado, las que yacían sobre el vientre de esta y que se movían de forma circular. Edward se había sentado en la silla que previamente había ocupado la abuela de su novia y que ahora estaba desocupada.
— Lo estoy… Me siento cansado mentalmente y creo que el sedante no ayudó demasiado— se quejó, pero luego la miró y le sonrió ampliamente— Pero estoy feliz… Una niñita ¡Wow!
— Si, lo sé ¿No es maravilloso? — le sonrió y el asintió. Aun no podían creer que esa noticia fuera verdad— Ven…— la rubia palmeó un espacio que quedaba en la cama, pero el negó.
— No, debes… Perdón, deben descansar
— ¿Tu no escuchar a tu pequeña hija? Está pidiendo que te acuestes a su lado— elevó las cejas y torció la boca un poco molesta. El solo negó divertido.
— Ustedes dos harán lo que quieran conmigo— se burló y ella solo se movió feliz hacia un costado para hacerle un espacio más grande a su cobrizo.
Edward se recostó a su lado y se acomodó para que ella pudiera apoyar su cabeza en su hombro. Rose así lo hizo y luego se miraron en completo silencio.
Lentamente Edward se acercó a la frente de su rubia y dejó un tierno beso en esta. Luego fue bajando por su rostro hasta llegar a su boca.
— Las amo, mis princesas.
— También te amamos, papi.
Edward suspiró sintiéndose nuevamente el hombre más feliz de la tierra. Tenía una novia que amaba, sería padre de una pequeña manchita y su vida, de una u otra forma, comenzaría a cambiar para un futuro junto a ellas.
Afuera quedaban todos los malos momentos pasados en los días anteriores a este. Ahora solo podía pensar en ellas y, con su mente completamente llenas de sus amadas, se quedó dormido en los brazos de Morfeo.
Rosalie sintió el ritmo acompasado de la respiración de su novio y supo que el sueño lo había vencido por fin después de noches en desvelo. Acarició el cabello que cubría su nuca con cariño y tarareó una nana que su abuela solía cantarle por las noches cuando era una pequeña niña que buscaba el calor de los brazos de sus padres que le había sido arrebatado.
— Pase lo que pase te juro que nada, ni siquiera un huracán o el destino, nos separaran. Seremos siempre tú, nuestra hija y yo y nada nos separará. Seremos, desde ahora en adelante, tu familia veinticuatro- siete— le beso castamente en los labios y siguió con su labor.
Después de un par de días internada en el hospital, Rosalie ya se encontraba en la casa de sus abuelos guardando el reposo que le habían mandado a hacer y tratando de recuperar las fuerzas para seguir luchando por su pequeña y su amado.
Edward… Pues él se había ido a vivir con ella a la casa de Eliana y Francesco. No podía negar que al principio temió por su estadía cuando su abuela se negó a recibirlo, pero su abuelo se impuso y decidió que él se quedara en su casa.
La familia de Edward. Pues eso era un caso aparte. Desde el ultimo día en que el caos se posó sobre los dos chicos que no habían visto a los padres de Edward ni a Diegos, según los tíos del chico no se atrevían a acercarse por miedo a que a Edward le diera una segunda crisis y solo querían darle un tiempo para que se calmaran las cosas y el pudiera pensar acerca de lo que se había enterado.
Pero Rosalie también sabía que ellos lo estaban pasando muy mal al no saber nada del joven de cabellos cobrizos por el que se desvivían. Ellos solo querían que Edward volviera a hablarles, poder verlo y estar como si nada de esto hubiese pasado.
Otra cosa que había ocurrido en estos días era que los dos jóvenes habían terminado por fin el año escolar e incluso más que eso. Los dos chicos habían terminado su periodo escolar por completo. Los dos ahora eran dos egresados de la enseñanza secundaria.
Sin embargo, a pesar de lo importante de esto último, ninguno de los dos había ido a su ceremonia de titulación. Rosalie porque no podía levantarse de la cama por el reposo y Edward porque si su amada no iba a la de ella, el tampoco iría a la suya. De esta forma ninguno había asistido a la premiación.
Edward se desvivía atendiendo a Rosalie. Lo cual la tenía un poco agobiada, ella quería hacer sus cosas pero Edward no dejaba siquiera que buscara su ropa para cambiarse. Y si no fuera por sus abuelos y el respeto que les tenía, la bañaba y la vestía.
— Edward, soy perfectamente capaz de hacer el desayuno —dijo Rosalie molesta cuando su novio la arrimó sutilmente hasta un banco y se dispuso a hacer el desayuno.
— Solo deja que te consienta ¿sí? —le sonrió el chico.
— ¿Y por qué yo no a ti? Mi idea era hacerte el desayuno y dejarte dormir un poco más— se quejó Rosalie—. Estas exhausto. Estas como mamá gallina conmigo por las mañanas, en la tarde vas a trabajar y por las noches casi no duermes. No, no duermes, ¿Crees que soy tonta? —replicó al ver que el cobrizo abría la boca para discrepar.
— No, no lo creo. Pero no es cierto, si duermo— se quejó sacando unos huevos desde la nevera y girándose hacia ella. Rosalie solo lo miraba seriamente— Es verdad, si duermo.
— A saltos— volvió a reclamar y suspiró—. Vale, pero no quiero pelear esta mañana.
Edward asintió y siguió preparando el desayuno para sus dos princesas. Mientras estaban en eso cantaban cada una de las canciones que Rosalie colocaba en el teléfono de su novio.
Una vez estuvo todo listo Rosalie se dedicó a colocar la mesa para poder comer el rico desayuno que su amado les había preparado. Obviamente Edward no dejó de reclamarle para que se sentara y no hiciera esfuerzos, pero ella no estaba discapacitada y podía hacer las cosas sin problemas pues no requerían uso de fuerza ni levantar cosas.
Se pusieron a conversar de un sinfín de cosas que no tenían mayor relevancia pero que los hacían reír de buena manera. En todo este tiempo la rubia había tratado de evitar tocar el tema de sus padres a su amado por miedo a cómo podía reaccionar, así que siempre trataba de sacarle una que ora conversación distinta a esa.
— ¡No puedes ser, mañana es tu cumpleaños!— exclamó la chica con asombro mirando la fecha en su celular— ¡Tenemos que celebrarlo!
— Creo que este año no podrá ser, pequeña— el chico suspiró sabiendo lo que se le vendría— Mañana trabajo a jornada completa en el café. Desde ahora mis turnos van a ser más largos, así gano más dinero para las dos y…
Rosalie no dijo nada, simplemente se levantó de la silla en la que se encontraba y se fue hacia su habitación. Estaba molesta pues sabía que las intenciones del chico eran buenas, pero le enojaba de sobremanera que siempre dejara todo lo referente a él en segundo lugar.
Edward solo volvió a suspirar y dejó el tenedor con el que desayunaba a un lado. Se le había quitado el apetito después de lo que había ocurrido y no quería comer sin su Rosie.
Durante toda la mañana no hablaron más que lo necesario y porque había cosas que no podía evitar preguntarse. Edward evitaba molestarla más de lo necesario y ella no quería terminar gritándole todo lo que sentía y pensaba en ese momento con respecto a la situación.
Por ese mismo motivo es que se encontraba en su cuarto, acostada en la cama y mirando la televisión. Más bien el aparato estaba encendido, pero no lo miraba precisamente sino que más bien parecía que lo estuviera haciendo.
El sonido de unos pasos la hizo volver a la realidad y mirar hacia la puerta de su habitación. Pronto por esa se asomó esa hermosa cabellera que ella tanto amaba, pero que en estos momentos no estaba segura si quería ver.
Edward se acercó a la cama con sus manos tras sus espaldas y con la cabeza gacha. Luego levantó un poco la mirada y le sonrió de manera torcida a la vez que sacaba un gran ramo de flores de sus espaldas. A ella solo se le iluminó el rostro.
— No quiero que estés enojada conmigo— hizo un puchero y se acercó para entregarle el ramo de flores. Ella las tomó y las olió para sentir su fresco aroma— No me gusta que estés así conmigo. Te amo y me duele que no nos hablemos.
— Yo también te amo y tampoco me gusta enojarme contigo— le estiró los labios con los ojos entrecerrados solo para sentir los labios de su amado juntándose con los de ella— Y si haces cosas como éstas es imposible enojarme contigo.
Pero Edward seguía con una de sus manos tras su espalda y eso llamó la atención de la rubia ¿Qué era lo que estaba ocultando?
— Salí un rato de la casa para ir por esto…— sacó la carpeta que tenía el logo de la escuela en la que había estudiado Rosalie. Eran sus papeles de la licenciatura— Y creo que esto debe ser entregado como se debe…
Abrió el sobre y sacó un cartón del tamaño de una hoja oficio. Rosalie lo miraba con intriga.
El cobrizo estiró la mano hacia su amada y la ayudó a colocarse de pie junto con dejar un beso en el dorso de la blanca mano de su amada novia. Rosalie solo se reía de la situación.
— Espera un momento— sacó el celular de su bolsillo y lo acomodó sobre un mueble para que los grabara directamente a los dos. Luego regresó al lado— Ahora si…— carraspeó un poco la voz y luego, seriamente, comenzó con su discurso— Debido a sus espectaculares logros académicos, a su responsabilidad, su actitud respetuosa y su afán por ayudar siempre a los demás se otorga el siguiente diploma a la señorita Rosalie Lilian Hale, la chica más hermosa que puede haber pisado la tierra— comenzó a aplaudir y a vitorearla como un loco, haciendo que Rosalie riera aún más por todo lo que estaba pasando. Se acercó a él y dejó un beso en sus labios a la vez que tomaba su diploma— Felicidades, señorita Hale.
— Eres un loco, Masen— se rio de él y volvió a besarlo
— Te merecías una graduación y yo te la di. A lo mejor no es la más lujosa, preparada ni adornada, pero era para que supieras cuanto te amo y lo mucho que te mereces haber cursado este enorme reto. Felicidades, mi Barbie— volvió a besarla y ella le devolvió el gesto.
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Hola, hola, hola ¿Cómo están esta semana? Espero que muy bien y que el capítulo que les traje haya sido de su completo agrado?
Así que… ¡Ya sabemos lo que es! Una pequeña niña que será la consentida de papá ¿O no? ¿Qué creen ustedes? ¿Cómo creen que será Edward con su pequeña bebé? ¿Qué les pareció lo que le hizo a Rosalie? Bueno, espero sus respuestas, me encanta saber lo que piensan de la historia.
Como todas las semanas le agradezco a mi amiga Jennifer, quien me ayuda cuando me quedo bloqueada, y a Sandra, que siempre está para darme ideas. Además les agradezco a:
Aru1313: Lo siento, sé que soy mala al dejarte así. Pero aquí está tu recompensa por la espera. Bueno… No maté al bebé, así que no soy tan malita, a cambio de eso les dije el sexo del bebé. Espero que el capítulo te haya gustado. Nos leemos. Saludos.
Yolo: jajajaj, ok. Vente a Chile y te pago la manicure. Lamentablemente en la semana se me hace imposible poder subir capítulos porque entro todos los días temprano, salgo muy tarde y llego a estudiar a mi casa. Pero si me puedo comprometer a no faltar ningún sábado ¿vale? Besos y saludos.
A new dream is coming: bienvenida a la historia y espero seguir viéndote por acá. Saludos.
Isa15swan: bienvenida, espero que la historia siga siendo de tu agrado y verte por acá. Saludos.
Ahora, sin nada más que decir y deseándoles una buena semana, me despido. Cuídense.
Babi_Cullen
