Notas de la autora:
Este es más una historia que se sostiene sola que un capítulo, pero mucha gente tiene "Stray Cat" en alertas, así que añadirlo a la historia principal parecía la mejor manera de lograr que la gente lo viera.
Advertencias: Puede que no quieran leer esto mientras comen…
…
Draco estaba tumbado sobre el sillón, en pijamas, mientras Dawn estaba sentada en el suelo, cantando el tema de "Bob Esponja". La adición más reciente a la familia estaba revolviéndose, así que Draco recostó al recién nacido sobre su pecho, donde el bebé podía escuchar el latido de su corazón. Era un truco que había servido muchas veces con Dawn.
Por fin, Lucius había conseguido al varón que había querido. A través de una combinación de artes mágicas y muggles, Draco había procreado, de alguna manera, un niño con una mujer de Romania, sin tener que salir de casa. Ni siquiera se molestó en pedir detalles: probablemente serían aburridos. Él y Harry habían ido a recoger al bebé a Bucarest, después de haber tenido una salida romántica en una encantadora villa mágica en las montañas de los Cárpatos.
Según el acuerdo al que habían llegado Draco, su padre y Harry, Lucius escogió el nombre del niño, a cambio de arreglar y pagar todo el asunto. Harry había hecho un berrinche cuando Lucius dictó que su nieto se llamaría Ophiuchus, un nombre escogido por alguna arcana razón astrológica.
—¿Offy… qué? ¡Debe estar bromeando! —había gritado Harry (1).
Lucius se había enderezado, cuan alto era, y había fulminado a Harry con la mirada.
—Es un nombre ancestral perfectamente respetable. Mi tataratataratatarabuelo se llamaba Ophiuchus —le había dicho (2).
Pero Harry se había vengado. Había escogido el apodo de Ophiuchus: Opie. Eso hacía que Lucius apretara los dientes del coraje; insistía en llamar al bebé por su nombre completo. Harry estaba convencido de que Lucius lo hacía solo para presumir, dado que, al parecer, él era la única persona que podía pronunciarlo bien.
Opie seguía inquieto. Draco notó que sus pequeñas mejillas regordetas se veían sonrojadas y puso una mano en la frente de su hijo, para revisar si tenía fiebre.
—¿Te sientes mal, frijolito? —Opie gruñó. Draco supo lo que ese ruido significaba. Amaba a sus bebés, pero odiaba lidiar con los fluidos que salían de ellos—. ¡Marlena! ¡Opie necesita que lo cambies! —La niñera, una mujer regordeta y de mediana edad, que había estado ayudando a criar niños sangre pura por décadas, levantó a Opie y se dirigió al cuarto del bebé. Un minuto después, Draco escuchó un grito y un CRACK de la aparición—. ¿Marlena? Marlena, ¿qué está sucediendo?
Opie estaba desnudo, sobre la mesa para cambiarlo, y la niñera estaba en ninguna parte. ¿Qué creía esa vieja vaca que estaba haciendo? ¡Ni siquiera había limpiado al pobre Opie! Draco sacó su varita y, conteniendo una arcada, usó uno de los encantamientos limpiadores de Molly Weasley. Notó que Opie tenía unas manchas azules, del tamaño de monedas, en el estómago. ¿Moretones? Otra mancha azul apareció ante los ojos de Draco. Y otra. Y otra. "¡!"
El gemido de Harry lo siguió. Apareció en la puerta del cuarto, agarrándose la cabeza y el estómago.
—No me siento muy bien, Draco. —No llevaba camiseta, y tenía manchas azules por todo el cuerpo.
Draco dejó salir un gemido horrorizado. Él no era bueno para lidiar con ese tipo de cosas.
—Harry, Harry, Harry, ¿qué hago? —Madre. Necesitaba a su madre en ese instante.
—San Mungo —dijo Harry, antes de vomitar.
Muy bien. Parecía que tenían un plan. Draco cambió y envolvió a Opie con rapidez.
BAM BAM BAM BAM BAM. Se oyó como muchas personas subían las escaleras.
—¡Somos del Ministerio! ¡No se muevan! —Tres personas se detuvieron afuera del cuarto del bebé, con las varitas en ristre y apuntando. Estaban cubiertos, de pies a cabeza, con una especie de uniforme de hule, y sus caras estaban cubiertas con máscaras de gas y capuchas—. Una mujer, Marlena Morgenstern, reportó un caso de sarampión élfico de los Cárpatos. Sus elfos domésticos han sido retirados por su propia seguridad, y ustedes están bajo cuarentena. No pueden entrar al mundo mágico.
Draco pasó de estar asustado a estar ofendido. Alzó la barbilla y entrecerró los ojos.
—¿Cómo es que Harry y el bebé tienen sarampión élfico? Obviamente, no son elfos. ¿Y cómo se atreven a irrumpir en mi casa y amenazarme?
—Todos los que poseen magia son susceptibles, pero es casi cien por ciento fatal en los elfos domésticos. No pueden ponerse en contacto con algún otro mago por al menos un mes. Ni siquiera pueden utilizar lechuzas para comunicarse. Permítanos su varita.
—¿Qué? ¡No!
—Se la devolveremos. Solo necesitamos ponerles un hechizo rastreador, para asegurarnos de que no se aparezcan mientras están en cuarentena. —Draco se quedó parado, fulminándonos con la mirada, usando su mejor expresión estilo Lucius—. No le gustará si tenemos que buscarlas nosotros mismos. También la de él. —El que estaba hablando señaló a Harry, que se había subido a la cama de Dawn y se había puesto una almohada sobre la cabeza.
—De acuerdo —dijo Draco, bruscamente. Levantó a Opie y se dirigió al cuarto que compartía con Harry.
Los trabajadores del Ministerio mantenían su distancia. Cuando Draco tomó la varita de Harry de una repisa alta, se le ordenó que pusiera ambas varitas en el suelo y retrocediera. Un hombre del Ministerio las levantó y bajó las escaleras. —¡No se acerque mucho! —gritó, cuando Draco comenzó a seguirlo.
—Voy a mantenerme atento para ver lo que harán con nuestras varitas. No confío en hombres enmascarados que invaden mi hogar y asustan a mis hijos. —Draco había creído que estaba enojado antes, pero era nada comparado con lo que sintió cuando vio a un cuarto empleado del Ministerio, inspeccionando a una histérica Dawn en la sala de estar.
—¿Deberíamos llevarnos a la niña por su propia seguridad, jefe? —preguntó uno de los primeros tres hombres. Draco se tensó y abrió la boca, listo para gritarles si lo intentaban.
El hombre enmascarado, que asustaba a Dawn, negó con la cabeza.
—Es probable que ya esté expuesta, y aunque es terrible, la enfermedad no es fatal en humanos menores de cuarenta años. Denme esas varitas. Apparat Vestigium. Ya está.
Las varitas fueron dejadas sobre la mesita de centro. Los cuatro empleados del Ministerio bajaron a la cocina, ignorando todas las enojadas preguntas de Draco. Poof. Un brillo verde, y ya no estaban.
Oh, Merlín, ¿ahora qué hacía? Draco tomó un puño de polvos Flú, tratando de llamar a su madre por la chimenea, pero antes de que pudiera hacerlo, un sobre rojo salió de la chimenea. "Su conexión a la Red Flú es limitada. Ahora, solo puede ser usada para que el Ministerio le envíe suministros", gritó el vociferador.
UNA HORA DESPUÉS
Draco miró la mesita de centro, preocupado. ¿Qué había pasado con las varitas?
—¿Dawn? ¿Corazón? ¿Qué hiciste con los palitos mágicos? Sabes que no debes jugar con ellos. —Maldición. Opie necesitaba que lo cambiaran de nuevo, y aún estaba el desastre de Harry en el cuarto del bebé. Dawn no dijo palabra alguna. Parecía haber quedado muda por la visita de los hombres del Ministerio. La niña solo se quedó tarareando sin sentido y coloreando su libro "La hora feliz en Hogwarts". Draco acomodó a Opie en su cuna y buscó por toda la casa, tirando los cajones al suelo, moviendo los muebles de las paredes y metiéndose bajo las camas. Para cuando terminó, estaba sudado y cubierto de polvo, pero no había encontrado las varitas.
Solo, para cuidar a un infante y a una niña de tres años por su cuenta. Sin niñera. Sin elfos domésticos. Sin varitas. Sin Madre. Draco comenzaba a sentir pánico de nuevo. Llamó a Hermione al celular.
—Draco, no puedo hablar mucho —dijo Hermione cuando contestó—. Pero, creo que debería decirte… Tu madre fue atrapada, tratando de entrar a tu casa, y ahora está en custodia, para evitarle problemas de salud. Una mujer de su edad no debería ser expuesta al sarampión élfico. Ahora, tengo que irme.
—¡ESPERA, NO CUELGUES!
—¿Qué?
—¡Dile al Ministerio que mande ayuda! No puedo cuidar de dos bebés, yo solo.
Hermione soltó un suspiro.
—Draco, las mujeres lo hacen todo el tiempo, y muchas de ellas también tienen trabajos de tiempo completo.
—Pero las mujeres nacen sabiendo cómo hacer ese tipo de cosas. Porque tienen… úteros y todas esas cosas…
—ADIÓS —Clic.
Maldición. ¿Por qué las mujeres eran tan volubles todo el tiempo? Draco estaba tan feliz de ser gay. Oh, doble maldición. Draco seguía sin tener a alguien que lo ayudara. El pánico comenzaba a hervir en su estómago, de nuevo.
Esperen un minuto. Los muggles también tenían niñeras, ¿verdad? Draco levantó el teléfono y marcó a la oficina de información.
CINCO HORAS DESPUÉS
La niñera muggle era joven, bonita y de Europa del Este. Miró a Draco de arriba abajo, obviamente poco impresionada por el hombre sucio y desaliñado, que aún traía el pijama en la tarde, o por el infante oloroso, que gritaba en sus brazos.
—Gracias a Mer… gracias a Dios que estás aquí —dijo Draco, mientras la metía a la casa. La niñera arrugó el rostro cuando vio el desastre que Draco había dejado, después de haber buscado las varitas sin éxito—. Vamos, necesito tu ayuda arriba.
La chica sacó una pequeña lata de su bolsillo.
—Si intenta algo raro, usaré mi gas pimienta.
—¡Estoy cargando a un bebé, por el amor de Dios, y ni siquiera me interesan las mujeres!
La chica se relajó un poco cuando vio a Dawn, mirándola desde una esquina, pero guardó el gas pimienta con reticencia. Una vez arriba, dijo algo grosero, algo en su lengua nativa, cuando vio el… desastre de Harry.
—¿Podrías limpiar eso, por favor? —preguntó Draco.
—¡No soy una criada!
—Bueno, pero aun así eres servidumbre —dio Draco, con tono mandón.
—Deme al bebé —le exigió la chica. Tomó a Opie y lo desenvolvió. Puso los ojos como platos cuando vio las manchas azules e hizo el signo de la cruz.
—¡Está enfermo, no poseído!
Ahí fue cuando Opie le vomitó una especie de baba verde. La chica chilló y se hizo hacia atrás, con terror. Draco miró, sin creérselo, cómo la chica salía corriendo del cuarto del bebé y bajaba las escaleras. La puerta principal se cerró con fuerza un momento después.
VEINTINUEVE HORAS DESPUÉS
—¿Por qué nunca contestas tu teléfono? —lloriqueó Draco.
—Acabo de contestarlo, ¿no es cierto? Ahora no tengo tiempo de hablar. Que sea rápido —dijo Hermione.
—¡Dile al Ministerio que mande pañales limpios! Tuve que comenzar a ponerle a Opie las camisetas de Harry.
—Utiliza un encantamiento limpiador.
—No puedo. Dawn hizo algo con nuestras varitas y ahora no puedo encontrarlas.
—¿Dejaste ambas varitas en un lugar donde una niña de tres años podía tomarlas? ¿No tienes sentido común?
—¿Por qué estás tan alterada hoy?
—El brote de sarampión está volviendo locos a todos. ¿Por qué tu madre tenía que invitar a tanta gente al bautizo de Opie? Mira, tengo que irme. —Se oyeron grito en el fondo.
—¿Le dirás al Ministerio que manden pañales?
—¡Estás a dos minutos de la tienda de la esquina! ¡Ve a comprar desechables! ¡Hey, tú! ¡Entrega a tus elfos domésticos pacíficamente, o te aturdiré!
—¿Tienen de esos? ¿Pañales desechables?
—¿Cómo puedes no saber eso?
—¿Por qué habría de saberlo?
Hermione gritó por la frustración y colgó.
CIENTO SESENTA Y DOS HORAS DESPUÉS
Habían pasado ya una semana en cuarentena, Harry y Opie seguían enfermos, y Draco era un desastre estresado, privado de sueño y sucio. El Ministerio les mandaba con regularidad paquetes de comida, hierbas medicinales y fórmula para bebé, pero no mandaban cosas como sábanas limpias, toallas limpias o ropa limpia. Había una maloliente pila de ropa en la despensa, amenazando con regarse por la cocina. Draco iba a tener que hacer algo que jamás había hecho: lavar ropa.
—¿Harry? ¿Harry? ¿Harry?
Harry se asomó por debajo de la almohada. Tenía los ojos entrecerrados. Se veía terrible, pero al menos sus manchas ya estaban desapareciendo.
—¿Mmmf? —gimió.
—¿Cómo lavo ropa?
—Ya te lo enseñé antes.
—No te estaba poniendo atención porque era aburrido. Y los Malfoy no lavan ropa.
—¿Cómo es que no sabes cómo usar una lavadora, pero sí sabes usar una Play Station y un Rampant Rabbity un microondas? (3)
—Porque esos son divertidos. En especial el Rabbit.
—Solo ve a la lavandería y checa cómo lo hacen otras personas. —Harry se puso la almohada de nuevo sobre la cabeza.
CIENTO SESENTA Y TRES HORAS DESPUÉS
Draco salió con una bolsa de basura de plástico, lleva de ropa, acomodada en el carrito rojo de madera de Dawn. Llevaba a Opie en un canguro a la espalda, a Dawn de la mano, y un bolsillo lleno de cambio. Afortunadamente, la lavandería estaba a unas cuantas cuadras, bajando la calle. Merlín, seguía siendo tan horrible como cuando Harry había intentado enseñarle a lavar ropa.
Ventanas grasientas; el piso de colores, encerado, y sillas de plástico pegadas a la pared. Una mujer con unos shorts demasiado cortos estaba metiendo ropa en una caja de metal.
—¿Es esa una lavadora? —le preguntó Draco. La mujer regresó su ropa sucia a la canasta y se fue al otro lado del cuarto, sin hablar—. ¡Qué grosera!
Draco sacó el teléfono de su bolsillo y lo abrió.
—Draco, ya te dije, ahora no es un buen momento —dijo Hermione cuando contestó—. No tienes idea de cómo está todo esto.
—Solo necesito que me digas cómo lavar ropa. Estoy en la lavandería.
—¡Estuviste en el mundo muggle por un año! ¿Cómo es que no sabes lavar ropa?
—Estaba con un muggle rico. Uno no tiene que lavar ropa cuando se está hospedando en un pent—house de un hotel en Cannes.
—Oh, por el… ¿Tienes jabón?
—¿Jabón?
—Detergente de ropa. Detergente en polvo. Jabón, Draco.
—Em… no. ¿Lo necesito?
—Sí, así como cuando lavas platos.
—Jamás he hecho eso.
Hermione suspiró.
—Eso no debería sorprenderme, en serio que no. Como sea, debe haber una máquina expendedora en la pared, que venda pequeños paquetes de jabón. ¿Cómo está Harry? Oh, espera. Sí, es Malfoy. No, no puedes contagiarte por el celular. ¡Porque no! —gritó Hermione—. Si me vuelves a lanzar otro encantamiento desinfectante… ¡Agh! —La llamada se cortó. Draco llamó de nuevo, frenéticamente, pero solo le contestaba el buzón de voz de Hermione.
Espera, ¿dónde estaba…?
—¿Dawn? ¿Dawn? —Repasó la lavandería con la mirada, desesperado.
—Está en la secadora —dijo la mujer, desde el otro lado del lugar—. Si no puedes controlar a tus hijos, sería mejor que se quedaran con su madre. O, tal vez, con las autoridades competentes, dado que se nota que vives en la calle.
Draco se dirigió a la mujer con su actitud Malfoy, y las manos en las caderas.
—¿Vivir en la calle? Difícilmente. Mi esposo y yo podríamos comprarte y venderte. Mi padre podría comprarte y venderte, así como al cuchitril al que llamas hogar, y a cada uno de los puercos de clase baja en tu familia.
—Y por eso estás aquí, lavando tu ropa, y viéndote como si hubieras vivido en una cloaca por un año —se burló la mujer.
—¡Mi aspecto no tiene nada de malo! He modelado para Men's Vogue.
—Debe haber sido hace mucho tiempo. Pareces desayuno de perro, y esa camiseta es horrenda.
Era la primera camiseta limpia que había podido encontrar esa mañana: una playera de manga langa, color lavanda, con un estampado de un gato con aspecto lunático al frente; la idea de alta moda de Teddy.
—Oye, impertinente… ¡Fue un regalo! Y esos shorts hacen que tus muslos se vean como salchichas y que tu trasero...—Draco fue interrumpido por un gruñido familiar, que venía de su espalda. Gracias a Morgana había recordado llevar un pañal extra. Sacó a Dawn de la secadora y se dirigió a los sanitarios. Abrió la puerta del sanitario de hombres y la cerró de un portazo de inmediato. No podía esperarse que alguien atendiera las necesidades de un niño en un espacio tan pequeño e insalubre. Draco se asomó hacia el área principal de la lavandería. Nadie parecía estar viéndolo, así que se metió a escondidas al sanitario de las mujeres. Estaba mucho más limpio y, ¡vaya!, tenía una mesa para cambiar pañales pegada a la pared.
Draco estaba acomodándole a Opie el pañal limpio (había tenido algunos percances cuando había comenzado a usar desechables, así que ahora era muy, muy cuidadoso) cuando alcanzó a ver a un vagabundo por el espejo. Agarró a Opie y lo sostuvo para protegerlo, y el vagabundo también levantó a… Opie. Oh, no…. No era posible.
El cabello de Draco estaba recogido en una cola de caballo desacomodada y desaliñada. ¿Cuándo se había lavado por última vez? No podía recordarlo. La última vez que había visto tanta grasa, había sido en una bandeja especialmente asquerosa de pescado con papas. Sus ojos se veían apagados, con círculos negros alrededor. Su cutis tenía un matiz gris, su nariz se veía grasienta y, ¿acaso esas eran espinillas? ¿Esas eran líneas en su frente? Dejó salir un gemido triste.
—No soy bonito.
Oh, no. Harry lo había visto así. Maldición, debía haber "tomado prestado" un poco de corrector y rubor la última vez que había saqueado el bolso de Hermione. Era lamentable verse así de horrible. En especial ahora que un chico de dieciocho años, un poco "zorro", con una perforación en el ombligo, acababa de mudarse al final de la calle. Era enfermizo, por cómo se la pasaba exhibiéndose ante Harry…
BAM BAM BAM.
—¿Te está bañando ahí, Príncipe Encantador? —Era la maldita mujer de nuevo. Draco la miró con suficiencia cuando salió del sanitario, pero su confianza estaba por los suelos, así que no lo hizo muy bien.
De acuerdo, tenía que olvidar a la irritante mujer, y olvidar que se veía como uno de esos zombis de las películas que Harry amaba tanto. Jabón. Tenía que encontrarlo. Draco localizó la máquina expendedora, pero esta tenía pegado un letrero de "Fuera de servicio". Otra mujer entró a la lavandería, y Draco se le acercó.
—¿Tiene jabón? —preguntó.
La mujer retrocedió algunos pasos.
—No.
—Pero tiene que tener jabón para lavar ropa.
—No tengo. —La mujer revolvió en su canasta de ropa, cubriendo una caja de colores brillantes.
—¿Sabe dónde puedo conseguir jabón?
La mujer se hizo hacia atrás un poco más, y lo miró como si fuera un asesino con un hacha.
—En el supermercado, Príncipe Encantador —dijo la primera mujer—. ¿Qué, eres un viajero del tiempo?
CIENTO SESENTA Y CUATRO HORAS DESPUÉS
Draco había dejado la bolsa con la ropa sucia en la lavandería, para poder llevar a Dawn en el carrito. El supermercado no estaba tan lejos, pero sería demasiado para sus pequeñas piernas. Las puertas se abrieron para Draco y su familia. Otros compradores lo veían y mantenían la distancia. Antes, Draco había estado ahí varias veces, pero había muchas zonas del supermercado que jamás le había interesado ver. Recorrió pasillo tras pasillo, preguntándose si iba a poder reconocer lo que estaba buscando si lo veía. Oh… No había notado los letreros que colgaban del techo. Encontró uno que decía "Lavandería" y se dirigió a ese pasillo.
Sus ojos fueron asaltados por cientos y cientos de cajas y botellas de brillantes colores. Acondicionador para Telas Concentrado Fairy. Ariel Quita Manchas. Daz Liquitabs. Bold Lluvia Cristal. Draco se mordió una uña mientras revisaba los estantes. ¿Cuál debía escoger? Trató de recordar los comerciales de la televisión, donde había visto productos de limpieza, pero lo único que podía recordar era que todos parecían usar las palabras "nuevo y mejorado". Si usaba la marca incorrecta, ¿algo malo pasaría? Como si uno usaba ojos de sapo en vez de ojos de tritón en una poción…
—¿Papi? —chilló Dawn. Trató de salirse de su carrito.
—¿Qué sucede, dulzura? —Draco se arrodilló, y la niña rodeó su cuello con sus brazos y su cintura con las piernas.
—No me siento bien. Blurgh. —La niña vomitó el frente de la camiseta de Draco.
Hasta ahí. Draco había alcanzado su límite. Una semana de estrés y falta de sueño, limpiar vómito y luego ser vomitado en un pasillo de supermercado lleno de cosas que no comprendía lo había reducido a una gran y temblorosa pila de miseria. Se sentó en el frío piso de linóleo y berreó. Dawn se balanceó en sus brazos. Opie chilló.
—Ejem. — Sorbiéndose la nariz, Draco alzó la mirada. Un hombre con un delantal estaba de pie, alejado de Draco a una distancia de un brazo—. ¿Quiere que llame a su… doctor? ¿O a su terapeuta?
—¡No estoy loco! —Bueno, eso se habría oído más convincente sin los lloriqueos—. ¡Solo tengo una mala semana!
—De acuerdo, si usted lo dice. —El hombre hablaba en un tono calmante, como el que se usa con niños y mascotas
—¡Solo quiero lavar mi ropa! ¡Solo necesito jabón!
—Oh, em… ¿Qué tipo de detergente?
—¡No lo sé, maldita sea! ¿Cuál es su problema? ¿Por qué tienen que tener tantos tipos de… todo?
—Em, tenga. Esta es la marca de la tienda, así que no es caro. —El hombre puso un balde de plástico en el carrito.
—¡No soy pobre! ¡Mi padre es dueño de una cadena de boticarias y un viñedo!
—Si usted lo dice. Vayamos a la línea de cajas…
CIENTO SESENTA Y CINCO HORAS DESPUÉS
—¿Dónde está mi ropa? ¿Alguien la robó?
—El gerente de la lavandería pensó que era basura —dijo la horrible mujer con los shorts demasiado cortos.
—¿Y no lo detuviste?
La mujer lo miró y se puso roja de la cara.
—Debería llamar a la policía; ¡estás completamente ebrio y traes niños contigo!
—¿Qué? ¡No estoy ebrio!
—Un hombre sobrio no se pasea con vómito embarrado en su camiseta.
—¡No es mi vómito!
—Eso es casi peor —dijo una voz familiar. Harry se había puesto un par de pantalones, pero aún llevaba la camiseta arrugada del pijama. Su cabello, que estaba más grasiento que el de Draco, estaba aplastado de un lado y se paraba del otro. Sus ojos estaban hinchados y su cara estaba llena de manchas, pero se veía maravilloso para Draco. Harry trató de moverse a un lado, sin éxito, cuando Draco fue a abrazarlo. Hizo una mueca—. Agh, está frío. Pero supongo que el vómito tibio no es mejor.
—¡Viniste! —Draco comenzó a llorar de nuevo; esta vez de alivio.
—Tenía la sensación de que necesitabas que te rescatara de nuevo.
—¿Así que este es tu rico esposo, Príncipe Encantador? —dijo la mujer, burlándose—. ¡Sí que es todo un Richard Branson! (4)
—Soy tan patético —lloró Draco.
—Simplemente no puedo resistirme a una criatura linda e indefensa. Aunque esté cubierta de vómito —dijo Harry.
—Soy indefenso solo el cincuenta por ciento del tiempo.
—El otro cincuenta por ciento, solo eres un negado.
CIENTO SESENTA Y OCHO HORAS DESPUÉS
Habían sacado la ropa sucia de un basurero en un callejón; la lavaron, la secaron y se la llevaron a casa. Harry cuidó a los niños mientras Draco tomaba un baño caliente. Draco le agregó aceite con aroma limón al agua, se lavó y acondicionó el cabello, y se aplicó una mascarilla de barro en su rostro. Se puso rodajas de pepino sobre los ojos y, después de un rato, se quedó dormido. Cuando despertó, el agua estaba fría. Draco se enjuagó el rostro y se miró al espejo, para ver si ya era bonito de nuevo. Lo que vio fueron manchas. Muchas manchas azules.
Oh, no. Pobre Harry.
*Ophiuchus se pronuncia off—ih—YOU—cuss, y sí, Lucius debería ser golpeado por ponerle ese nombre a un bebé. Ophiuchus es una constelación, y también significa "portador de la serpiente" o "serpentario".
(1) Recuerden que la PH en inglés, usualmente suena como F…
(2) Ojo, no sé cómo se escribe correctamente el término, que es el papá del papá del tatarabuelo…
(3) Ejem… El Rampant Rabbit es un juguete sexual… Un vibrador… XD
(4) Richard Branson es un magnate de negocios inglés, conocido por su marca Virgin.
Notas de traducción:
Una vez más, les recuerdo... La perfección no existe, por lo que es posible que me haya equivocado en algo...
¿Qué les pareció? A mí, demasiado hilarante…
Y otra cosa, cambio de planes… Pensé que eran dos capítulos, pero LynstHolin acaba de subir uno más… Entonces, me tendrán rondando por más tiempo…
Bueno, hasta la próxima…
Adigium21
