¿Alguien se acuerda de Es tan Sólo tu imaginación? Si..un long fic raro que hace meses de los siglos que no se actualiza.
Tengo los dedos cruzados que aún estén interesados en el desenlace de esta historia. Por eso, quiero hacerles un "buen" resumen para tratar que se enganchen de nuevo, con la esperanza que no me dejen acá sola desvariando XD. Doy fé que la terminaré, así que por eso no se preocupen.
A veeer...esto va a ser como explicar la genealogía de la familia de los Buendía (Cien años de soledad...)
EN CAPÍTULOS PASADOS DE "ES TAN SÓLO TU IMAGINACIÓN"...
Nuestras guerreras se vieron separadas en un intento de visitar Céfiro, (si bien sólo podían visitarlo con sólo sus espíritus), debido al deseo de apropiarse de la magia de Ascot por parte de tres personas (Irina, Oziel y Damien), magia que posee una particularidad muy especial. Ante esa amenaza, Guruclef sin saberlo, destierra a las muchachas de Céfiro.
Marina fue enviada a un mundo apocalíptico donde conoce a una trinidad similar a la de Céfiro (Enlil, Abzu y Ki), pero con la diferencia que estos dioses - o elementales- son gobernados por Enlil del elemento viento (en vez de Fuego, como en Céfiro lo hace Rayearth). Anaís permaneció encerrada en el Nifelheim (el mundo entre los mundos) y allí su espíritu fue atacado por un ser poderoso: el dios de la llama azul, Mavi-Alev, consumiendo su pierna. Anaís fue rescatada por Akil, un kâhin con grandes poderes, proveniente de Xios. Akil fue condenado como alimento para el dios, pero gracias a la posesión de unos makinessi -aparatos que siven para abrir pasos entre los mundos- había logrado escapar. Akil es el prometido de Neferti, sacerdotisa suprema de Xios. Neferti en su intento de reunirse con Akil, aún sin conocer que se encontraba vivo, ayuda a Latis y a Páris a viajar a la Tierra para conocer el destino sufrido por sus amadas a través de la brújula y utilizando los makinessi. Latis logra cruzar y tras meses de búsqueda, se encuentra con Lucy, pero cuando Páris intenta seguirlo, son descubiertos por las tropas de Xios, tomando la determinación de llevar consigo a Neferti, desatendiendo la advertencia de la sacerdotisa a quien los ancianos habían castigado el viaje a través del Nifelheim con la muerte.
Tras esto, Neferti queda en un estado vegetativo a ojos humanos, pero realmente se encuentra en un espacio lleno de luces, por ahora desconocido para nosotros. Paris (llevando siempre consigo a Neferti) logra ubicar a Akil, y llega al mundo donde convive con otros kâhin, y puede encontrarse con Anaís, e incluso con Marina, quien ha logrado salir del mundo de la trinidad para dar aviso a Akil acerca del dios de la llama azul. Ambas guerreras permanecen en su forma espiritual por lo que no son visibles sino para los kâhin. Akil revela las intenciones de Mavi-Alev: Cada dios debe conseguir una "elegida" para conservar su cordura en los años de inmortalidad, y brindar a esa humana poderes extraordinarios, convirtiéndose en catarsis y extensión de su propia existencia. Las elegidas serán la proyección de los poderes y la esencia de los elementales con los cuales hayan hecho un pacto, y por tanto, si una elegida es atrapada por Mavi-Alev, y consumida por éste, el dios canibal podrá tener acceso a los poderes del dios de la elegida. Pero hay más. Sólo una elegida podrá resistir el poder de su dios, y por tanto, si Mavi-Alev encuentra una elegida, podrá poseerla y escapará del Nifelheim.
El destino de Lucy es diferente. Lucy es la única que regresa a la tierra, gracias al amuleto que Latis una vez le regalara. Sin embargo, este mismo amuleto la hace visible y apetitosa para el guardían del Nifelheim, Mavi-Alev, quien puede distinguir que ella es una "elegida" de los dioses de Céfiro. Al ser expulsada, sufre un terrible ataque causado por Damien, Irina y Oziel, dejándola herida, y con un trauma que le causa pérdida de memoria.
Lucy es atendida en un hospital, pero al ser detectados extraños relatos acerca de asesinatos en otros mundos y otras personalidades (Luz) Lucy es remitida con un especialista: Noelle. Noelle es la médica tratante de Lucy, y bajo su supervisión es ingresada en un psiquiátrico.
Lucy va recordando su pasado conforme la historia avanza, gracias al cuidado de Noelle, quien en medio de las sesiones puede entrever el rastro de un ser atrayente y temible que es precisamente Mavi-Alev, quien después de la expulsión sabe que Lucy es una elegida de un elemental de fuego, por lo que la necesita para sus fines. La médica no puede dejar esa conexión, ya que ella es la elegida del dios de la llama azul. Noelle comienza un camino oscuro, matando al detective que lleva el caso de Lucy, (Adam Izuki) y a su compañero el Dr Eliott. Se da cuenta del enorme poder telequinético y de manipulación del pensamiento que tiene, y comienza a disfrutar usándolo. En un terrible encuentro, Noelle asesina a Irina, Oziel y Damien, pero al final, el hijo del detective, Matt, le da un tiro en la cabeza en retribución a la muerte de su padre. Con esto, el poder del "fénix" (como llama Mavi-Alev a su elegida), es despertado para generar la capacidad de regeneración que el dios requiere, pues a pesar de ser la elegida, el cuerpo humano de Noelle sufrirá muchas muertes mientras contenga el poder del dios. Así, Noelle es engañada por Mavi-alev para conseguir un cuerpo resistente con el cual pueda salir de la prisión impuesta por los demás dioses, el Nifelheim. Mavi-alev logra intercambiar cuerpos con la joven doctora, quedando ella atrapada en el mundo entre los mundos, convertida en un gigantesco insecto hambriento de carne humana y sufriendo miles de muertes de su propio cuerpo. Mientras, Mavi-Alev queda en la Tierra, diluyendo hasta convertir en polvo a Matt como primer acto de presencia, y presto a digerir a la elegida de Rayearth. En ese instante, llega Akil, quien estableció contacto con la trinidad del mundo apocalíptico, y transporta a Ki en su cuerpo, para hacer frente al dios. Ki se traslada al cuerpo de Lucy, y logran huir tras un enfrentamiento, junto con Latis y Akil.
Mavi-Alev entonces, viaja por medio del Makinessi hacia Xios, dejándolo destruido, y de allí se dirige a Céfiro, con el objetivo de matar a la trinidad y convertirse en el único dios de ese universo. Una vez el dios de la llama azul consuma a la trinidad de Céfiro será imparable, y podrá matar a todos los dioses de todos los mundos.
Mientras tanto, Xios, quien ha hecho un pacto con Mavi-Alev desde tiempo atrás, ataca Céfiro con la excusa dada por Latis y Paris, quienes robaron los makinessi; sin embargo, desde antes incluso de la expulsión de las guerreras, Xios había apostado naves de guerra alrededor de Céfiro, las cuales fueron detectadas en su momento por Clef. Ante esa amenaza, el Guru convoca a Artego, un habitante de Céfiro, excelente guerrero y estratega, para preparar al planeta para una posible invasión. Cuando la amenaza se materializa, Céfiro cuenta con un ejercito organizado, a los que se suman los comandantes Ráfaga y Caldina, con Guruclef como centro de mando. Xios logra desbaratar las defensas Cefirianas gracias a la plantación de unos extraños árboles, semejantes a aquel que resguardaba la brújula, los cuales drenan la magia circundante. Ceres se refiere a estos árboles como los hijos de Yggdrasil.
Para este momento, Marina y Anaís son devueltas en cuerpo y espíritu a Céfiro por medio de la magia de Ascot, quien ayudado por Freya (sacerdotisa amiga de Neferti) logra reunirlas. Sin embargo, las dos guerreras llegan a Céfiro a unirse a la batalla, ya conociendo que deben evitar a toda costa que el dios de la llama azul gane la batalla contra sus propios elementales. Anaís se enfrenta a la nave nodriza de Xios (donde se encuentra Nassor, uno de los ancianos que tuvo un primer contacto hace muchos años con mavi-Alev, y quien es responsable del destierro de Akil), coordinada con Windam, que le enseña el verdadero poder del elemental del viento, quien le da nombre a Céfiro. Marina, mientras tanto, trata de evitar la plantación del "hijo de Yggdrasil" en el templo del mar, dejando a Anaís sola, pero Clef le alerta, a través de telepatía, que algo terrible ha llegado a Céfiro.
Artego, tras casi morir en una batalla con los temibles "hekau" o carros de combate de Xios, ayudado por Primavera, llega al templo del viento, para tratar de evitar la plantación del árbol, pero una de sus raíces ya se encuentra en la tierra. Caldina, por su lado, en medio de una maniobra, logra desbaratar el contingente que plantaría el árbol en el templo del Fuego, y se lleva la planta como trofeo.
Lucy y Latis (dejando a Paris y Akil atrás, debido a la prisa de Ki por regresar a su mundo y coordinarse con los otros elementales para hacer frente a Mavi-Alev) llegan al mundo de Enlil, Ki y Abzu. Allí, los dioses los dejan solos para traer consigo los "obsequios de Dilmún" que aparentemente les ayudarán en la confrontación.
La sacerdotiza Neferti, desde ese extraño mundo lleno de luces titilantes, establece contacto con la madre de Noelle, que desde un incidente con Mavi-Alev, hace años, está recluída en una casa de descanso, catatónica.
Espero no se me haya pasado nada.
Agradecimientos al final, porque si no, este prólogo será más largo que la misma actualización.
CAPÍTULO 29. INMORTALIZADO I
This is wartime, this is our time
We won't be denied
Feed the fire that is raging inside
This is go time, this is showtime
We will fight 'til their wills are brokenImmortalized - Disturbed
"Marina…"
Puso especial cuidado en el tono de voz de Clef. La preocupación se filtraba en cada sílaba.
- ¿Qué ha llegado a Céfiro? Clef, ¿qué ocurre?
"No sé lo que es… El mismo planeta se estremeció cuando entró a la atmósfera. Podemos enfrentar a Xios, pero esto…esto nos sobrepasa a todos"
- Mavi-Alev – Dijo Ceres -
Marina se embriagó en el miedo profundo que la mención de ese nombre soltó a su torrente sanguíneo.
Aquel dios de pesadilla que Akil había descrito, el dios caníbal que tanto temía Ki, estaba en Céfiro.
"Nunca había sentido tanto poder, tanta oscuridad junta.-continuó Clef- Temo que en Céfiro no exista una fuerza capaz de hacerle frente"
- Guerrera mágica –dijo Ceres- Nuestro poder disminuye entre más tiempo el hijo de Ygdrassil se alimente del templo del mar. – el elemental habló con palabras suaves, cercanas a la voz humana. Se refería a la situación pausadamente, pero todo su discurso estaba cargado de una inmensa melancolía- Sin embargo, en el instante en que el dios de la llama azul ubique a Windam, Céfiro perderá su balance.
- ¿Por qué?
"Promete que no lo enfrentarás directamente. Marina, vuelve." – La última frase de Clef tenía un toque de súplica que le conmovió sobre medida, pero no podía responderle. No ahora. Un desastroso presentimiento rondaba su mente-
- ¿Por qué? – repitió con impaciencia hacia Ceres-
- Porque Mavi-Alev matará a Windam
"Siento un enorme peligro. Vuelve"
Marina no escuchaba al mago. Una terrible urgencia, empañada de miedo, arrasó con todo. No había opción. Delante de sí, sólo se abría un camino, ineludible y doloroso.
Guerrera mágica y elemental, ambos sabían lo que debían hacer.
Marina hizo una pausa. Cerró los ojos. Su corazón quería escapar del pecho y esconderse en las profundidades para no tener que darle una respuesta a Guruclef.
Se impulsó con piernas y brazos, comenzando el ascenso. De reojo, vio el maldito árbol refulgir con desdén, regodeándose porque lo dejaba allí plantado, para que succionara el poder de Ceres. Habían dejado a Anaís sola, expuesta, para evitar que aquello pasara. Pero habían fallado de forma miserable.
"¿Marina…?" – alarmado ante el silencio, la voz de Clef subía de tono-
¿Sería ésta la última vez que hablara con Clef? ¿Todo el camino que había recorrido terminaba en esta batalla, que se precipitaba hacia el final, deslizándose de forma irreversible?
- Dile a Lucy – se aclaró la garganta. Sentía que las lágrimas se le atravesaban en el discurso, pero si se lo permitía, ya no podría hablar- por favor, si la ves, si ella logra regresar, dile que hicimos todo lo posible. Dile que no se sacrifique...Clef…yo…
"No te despidas. – Interrumpió, tajante- No es necesario. No tienes que ir. No tienes que hacerlo"
El Guru estaba equivocado. Tan equivocado que Marina rio con tristeza. Le hubiera encantado recalcarle al mago su fallo. Le hubiera encantado poder recordarlo por años, como una anécdota curiosa, para ser contada en alguna noche, con dos o tres whiskys encima, tal como lo había hecho con sus amigas meses atrás. Un momento que ahora se antojaba muy lejano.
- Lo siento, Clef
"¡MARINA!"
El grito desesperado de Clef hizo eco en su cabeza, para luego sucumbir en medio de la oscuridad. Una lágrima solitaria escapó del ojo de Marina. La limpió de inmediato con el dorso de la mano.
Sin más demoras, emergió del mar. El viento golpeó su rostro con una helada bofetada.
Se encontró con un paisaje apocalíptico. Tuvo que entornar los ojos para ver con claridad. Sobre la tierra se relamían enormes tornados, que rasgaban el cielo, enormes e iracundos. A pesar de estar en el interior de Ceres, la fuerza del viento era tal, que sentía que podía llevársela por delante si se descuidaba. ¿Acaso era obra de Mavi-Alev? La impaciencia por llegar hasta su amiga se hizo difícil de soportar.
Alzó la mirada, protegiéndose con su antebrazo. La omnipresente nave de Xios que cubría el sol con su temeraria envergadura, era atacada con saña por los colosales monstruos de aire, los cuales impactaban contra ella, soltando una lluvia de fragmentos metálicos que caían por todo Céfiro, haciendo parecer que el cielo mismo destilaba ceniza.
Esquivando esa lluvia de proyectiles, alzó vuelo, cuidando de no entrar en el rango de acción de los tornados, esquivando la tormenta lo que más podía, volando en zigzag. Por fin, divisó a Windam a varios metros. Movía las manos, y el viento obedecía su mandato, como una entidad viviente.
Quedó boquiabierta. ¡Era Anaís quien llamaba a los huracanes! ¡Ese era el poder del elemental del viento!
Asombrada, y secretamente feliz, siguió su trayectoria, sin perderla de vista. Faltaba poco.
Pero no pasaron más de 10 segundos, cuando la atmósfera cambió. Un presentimiento sólido, de completa desesperanza, llegó a su alma de forma súbita, colándose entre los pliegues de la piel. Miedo. Miedo puro, primitivo, demencial, era lo que hacía que su corazón palpitara con torpeza, como si se tropezara consigo mismo. Todos sus sentidos cesaron de existir. Solo quedaba esa sensación. Esa presencia horrenda, y poderosa.
Su amiga quedó congelada. Anaís también lo sentía. Los huracanes se bambolearon de manera irregular y la tempestad perdió ímpetu. La nave bramó, y en alguna parte del casco, se produjo una explosión. Sin embargo, esos acontecimientos empequeñecían alrededor del punto en el firmamento. Un rayo negro desgarró las nubes, atrayendo su atención como si su cuerpo estuviera cubierto de metal. Marina sintió aquella presencia descomunal justo encima de su cabeza, aplastándola con una gravedad imposible.
La figura humanoide apareció con claridad en medio de las nubes. Pudo ver la horripilante cosa que flotaba entre la tormenta, insignificante en medio de semejante inmensidad; pero Marina sabía con certeza que esa débil apariencia física era un espejismo de su verdadera naturaleza.
Aquel ser era similar a un agujero negro que condensaba un poder espeluznante en cada uno de sus oscuros poros.
La cosa abrió la boca, mostrando sus puntiagudos y azules dientes. La mirada de esollegó a pesar de la distancia, y un vacío absoluto se apoderó de su voluntad. Se encontró a sí misma en un espacio negro, rodeada de la nada. En medio del tenebroso silencio se escondían ojos que cerraban sus párpados para ocultarse de su vista, pero a sus espaldas avanzaban susurrantes para cubrirla entera.
- ¿Ceres?
El propio sonido de su voz la espantó. ¿Qué diablos ocurría?
Se movió, dando un giro. Los ojos en medio de la oscuridad parpadearon y se cerraron ante sus movimientos. Pero allí estaban, vigilantes. Sentía su mirada perversa clavándose en la espalda. Estaban cerca. Cada vez más cerca.
No puede ser, ¿esto es el Nifelheim? ¿Cómo llegué aquí? ¡No es posible!¡NO!
El miedo se enredó alrededor de su cuerpo estrujándola como una boa constrictor, fracturando sus pensamientos (sus huesos), dejándola desnuda (desollada), sola en la oscuridad (muerta), completamente expuesta.
Vulnerable, asustada hasta la médula, quiso gritar; pero su ansiedad solo le dejó un sonido inaudible que se estrujaba en la garganta.
No puedo ver nada. ¡No quiero estar aquí! ¡NO QUIERO ESTAR AQUÍ! ¡NO QUIERO ESTAR AQUÍ!
- ¡MARINA! – Ceres le llamó, con evidente preocupación, justo para sacarla de esa pequeña hipnosis-
Se recompuso de súbito, con un pequeño salto. La mirada se aclaró, y tras un instante de desorientación, se ubicó en el tiempo y el espacio. El sudor frío le escurría por la espalda. Buscó con la mirada a quien no podía ser otro sino Mavi-Alev. Lo encontró suspendido en el firmamento, sonriéndole a Windam, relamiéndose los labios con su lengua negra.
El dios de la llama azul se precipitó sobre el elemental del viento en un parpadeo.
- ¿Reporte de tropas en tierra? –pidió Nassor con urgencia-
El interior de la nave era un sinfín de temblores y sonidos irregulares. Una sinfonía de creación y destrucción, gracias a los kâjin que habitaban diferentes sectores de la nodriza y que la reparaban continuamente. A pesar de eso, los daños eran tan graves que las explosiones le obligaron a sostenerse del tablero de instrumentos del oficial al cual le estaba haciendo la pregunta.
- Perdimos contacto con las tropas del templo del fuego y del océano, pero el reporte fuera de mando nos dice que los árboles destinados al viento y al agua fueron plantados en un 30% y 100% respectivamente. – relató el oficial sin despegar la mirada de los controles-
- ¿30% en el templo del viento? ¡era allí donde no debíamos fallar! ¡Ese elemental es quien nos está atacando!
Una alarma resonó por el puente, y una nueva explosión retumbó el suelo. Pero la atención de todos los presentes estaba en otro acontecimiento. Los hombres se levantaron de sus asientos, mirando la pantalla principal, que proyectaba el exterior. El mismo Nassor quedó mudo.
La pantalla mostraba una mujer, o lo que en algún momento debió serlo, que flotaba en el cielo de Céfiro. La sola visión de la criatura era perturbadora. Recordaba leyendas viejas, de esas que huelen a moho cuando algún humano se atreve a desempolvarlas en las noches oscuras. Leyendas que dicen algo en la superficie, pero que ocultan significados llenos de sombras.
El estupor de los Xiosanos no era para menos. Reconocían al dios de la llama azul. Sabían bien que arrastraba muerte bajo sus pies.
El anciano con el que había estado conversando la noche anterior descendió de su puesto hacia Nassor, cuidando de no tropezar con el vaivén tembloroso de la nave. Un segundo después de estar a su lado, sin dejar de mirar esa cosa que mostraba sus dientes en un rictus semejante a una sonrisa, se acercó para evitar que oídos inescrupulosos le escucharan.
- Ha llegado. Es hora de honrar el trato. O romperlo.
- Miles de mundos –dijo Nassor- a cambio de uno
- Miles de mundos –repitió el anciano- Gloria a Xios.
La partida de Lucy y Latis dejó a Paris, Akil, y a los demás kâhin desorientados. La pérdida de uno de los makinessi les dolía, más sabiendo el tiempo que había invertido su maestro en poseerlos.
- Debo volver a Céfiro – dijo Paris, encarando a Akil- Necesito de su ayuda.
Akil le devolvió una mirada cargada de odio. Aún no había olvidado que Paris había traído consigo a Neferti, sumiéndola en estado vegetal.
Los discípulos se miraron unos a otros, expectantes a la reacción de ambos hombres. Los más poderosos iniciaron conversaciones mentales, apostando quién daría el primer golpe.
- Sé que Neferti estaría de acuerdo –continuó Paris-
- No digas su nombre con tanta confianza –le amenazó Akil, dando un paso al frente-
- Neferti arriesgó todo para volver a verle, Akil. Traicionó a su gobierno, conspiró con nosotros. Cuando nos atraparon, los ancianos…
Paris no pudo decirlo. Recordó la sala redonda y el anciano clavando el cuchillo con sevicia en el estómago de la hermana de Neferti. Sangre manchando el suelo. Neferti lloraba, sosteniendo a la chica en brazos, que miraba a la sacerdotisa con ojos vidriosos, rogando…
"Por favor…hermana. El dolor es demasiado, y la pócima no me deja descansar… por favor…"
Se vio así mismo sosteniendo la daga. Nunca un arma había pesado tanto en sus manos. Lo peor era que ese peso no se había desvanecido. Lo acompañaba desde entonces. Era un dolor invisible con que había aprendido a vivir, pero que jamás se iría del todo.
Akil le miró con oscura curiosidad. Paris apartó aquellas funestas imágenes y continuó.
- Neferti perdió a su familia, para que pudiéramos encontrar a Anaís y a Lucy. Incluso cambió años de su propia vida para abrir la brújula. Todo con una sola condición: que le buscáramos, porque estaba convencida que usted seguía vivo, a pesar de lo que Freya decía, de lo que todos decían.
Akil escuchaba, impávido. Su mente se llenó de las imágenes que Paris describía. Cuánto dolor. Cuánta soledad. Él no había podido volver a Xios por la persecución de Mavi-Alev y los ancianos, encabezados por el cruel Nassor. Pero Neferti jamás se había rendido. ¿Qué era ahora a los ojos de su amada? ¿Un cobarde?
- Si la dejaba atrás como ella quería, hubiera sido capturada, torturada. –Paris bajó los ojos, recordando el sonido de los soldados acercándose y el rostro de Neferti fragmentado por el miedo- Después de todo lo que ella había dado, no podía permitir que sufriera. No sabía lo que ocurriría al cruzar, pero al menos existía una posibilidad. No podía dejarla a merced de esos sanguinarios.
Nadie se atrevía a hablar. El dolor del maestro era evidente. Su amada sacerdotisa yacía en la planta inferior, dormida quizás para siempre, pero la visión de Neferti siendo torturada por Xios era aún peor.
- Una persona que es capaz de dar tanto por el amor de su vida entendería que no puedo detenerme aquí. Haré lo que sea por volver a ver a Anaís y por ayudar a mi planeta. Akil, sé que no le agrado, pero ayúdeme.
El tenso silencio se vio interrumpido por el grito de uno de los discípulos desde la planta inferior
- ¡MAESTRO AKIL! ¡ES NEFERTI!
Akil se precipitó por las escaleras, seguido por Páris. Los aprendices caminaron sigilosos tras ellos, tratando de mantener la distancia, pero sin perderse un minuto de los acontecimientos. Los últimos días habían sido una montaña rusa, y todos deseaban estar en primera fila.
Los dos hombres entraron con ímpetu al cuarto donde descansaba la sacerdotisa, pero la cama estaba vacía.
Tuvieron que mirar hacia arriba.
Suspendida, con la espalda reposando sobre el techo, estaba Neferti. Su largo cabello del color de la nieve se ondulaba preso de una energía sobrenatural, formando ondas suaves, como si toda ella estuviera sumergida en agua. Su vestido se mecía al compás de la sustancia invisible que la rodeaba. Con sus ojos cerrados y su boca sellada por la inconciencia, Neferti era una visión onírica semejante a una Ofelia Shakespeariana, que con belleza frágil, se columpiaba en una barcaza invisible, incapaz de hundirse en el sueño eterno, presente entre dos mundos.
Akil caminó hacia ella, sumido en medio del estupor. Con pasos cuidadosos, avanzó hasta que resolvió ponerse de pie sobre la cama. Haciendo equilibrio, tratando de no romper aquel curioso hechizo, extendió su mano para alcanzarla, con el rostro demudado, lleno de asombro y miedo.
Cuando sus dedos alcanzaron la suave mejilla, Akil se quedó unos segundos en aquella posición. Un murmullo indescifrable, nacido de la nada, se escuchó por toda la habitación. Tenía el tono constante de un rezo.
- ¿Qué le ocurre? – Paris no pudo refrenar la pregunta, a pesar del silencio respetuoso que los discípulos mantenían, agolpados en la puerta-
El murmullo misterioso cesó de golpe. El cuerpo de Neferti se desprendió del techo, y cayó con una elegancia exótica, en los brazos de Akil. El kâhinla sostuvo delicadamente, como si temiera que en cualquier momento el cuerpo que sostenía se esfumara hecho bruma. Besó la frente límpida de la sacerdotisa, y le susurró algunas palabras al oído, que nadie pudo escuchar.
Descendió de la cama, y con máximo cuidado, depositó a Neferti sobre el lecho. Akil sonreía sin darse cuenta. Su serio semblante se había iluminado.
- Volverás a Céfiro, sin voltearlo a ver, anidando las límpidas manos de la mujer entre las suyas –dijo- Y yo debo ir al mundo místico, con Neferti.
Paris sintió la esperanza resurgiendo en su pecho.
- Ambos deberemos pasar por el Nifelheim. –aclaró Akil- la diosa Ki se ha llevado el segundo makinessi, por tanto, no tendremos un pasaje-
- Y tampoco tenemos una brújula disponible ¿o sí? –interpeló Paris con preocupación- ¿Cómo encontraremos la puerta correcta?
- El pasaje a Céfiro es fácil de encontrar. Mavi-Alev está allí. Podré leer su energía. El pasaje al mundo místico, nos lo indicará Neferti
- ¿Neferti?
Akil se volteó hacia el Cefiriano, y sonrió.
Después del episodio con la señorita Shidou, Noelle esperó. Pero inmersa en la eterna oscuridad y en el sufrimiento, pronto se entregó a la nada. Su mente ya no fraguaba planes de escapatoria ni resistencia. El dolor que sufría en los episodios de autodestrucción de Mavi-Alev era tan inmenso que poco a poco su mente consiente se desconectó.
Dejó de luchar en contra del instinto. El bicho en que se había convertido se limitó a dormir y buscar alimento, sin que su cerebro se lo impidiera. El hambre le impulsaba a estar en movimiento, surcando los espacios infinitos del Nifelheim, esperando que alguna puerta se abriera para atrapar un pedazo de carne humana. El problema era qué ocurriría una vez la encontrara.
Seguía viendo fragmentos vívidos que pasaban a través de los ojos de su verdadero cuerpo cada vez que Mavi-Alev necesitaba de su poder para sanar. Estas intermitencias de conciencia evitaban que el pequeño recipiente humano en que se encontraba el dios explotara en millones de átomos.
Por eso, cuando una extraña luz dorada se encendió en la oscuridad en medio del deambular del bicho ni siquiera le prestó atención. Su nuevo cuerpo reaccionaba a cualquier estímulo, y sabía si una presa estaba cerca o si una puerta había sido abierta. La luz que parpadeaba furiosa en la lejanía era una novedad para el resbaloso ente. Siguiendo su instinto, que le anunciaba una recompensa deliciosa, la enorme babosa se dirigió hasta allá.
- Es hora de volver, señora Harris – dijo el enfermero mientras conducía la silla de ruedas de vuelta hacia el edificio.- Entiendo que le gusta este paisaje, pero el día comienza a enfriarse. No queremos resfriarnos ¿eh?
La mujer le volteó a mirar con los ojos brillantes. Al hombre le pareció ver un destello de inteligencia por primera vez en años, y asombrado, se detuvo.
- Señora Harris. ¿Está bien?
El joven se agachó para hablarle al mismo nivel, y le observó con cuidado. Tomó su mano, que estaba cerrada en un puño y revisó el pulso. Todo bien. Pero su corazón le decía que había algo diferente…
- Se va a enterrar las uñas, si sigue apretando la mano de esa manera – enfatizó al ver la piel rígida del puño- ¿me permite?
La mano se soltó de improviso, dejando ver en su interior un arrugado papel. El enfermero quedó en silencio, asombrado, mirando aquella hoja blancuzca. Nunca la señora Harris, en todo el tiempo de su confinamiento en la institución había tomado nada de su entorno, y mucho menos, reaccionado ante una conversación. Al alzar los ojos hacia ella, su mirada estaba puesta en él, y de nuevo, ese asomo de conciencia estaba saltando de sus pupilas.
Los ojos de la señora Harris le asustaban, por lo que desvió su atención hacia el papel. Sin conciencia de lo que hacía, lo tomó para inspeccionarlo. Al leer su contenido, el estómago le dio un vuelco.
En letras temblorosas pero claras, las palabras parecieron vibrar, surreales. Lo leyó una y otra vez, pero seguía diciendo lo mismo. Algo imposible. Imposible.
"POR FAVOR DEBO PERMANECER EN EL ARBOL ESTA NOCHE"
Neferti esperaba, y al hacerlo, se impacientaba cada vez más. El tiempo era precioso, las luces se lo habían susurrado. La señora Harris debía volver al árbol, pues era la única conexión posible para que ellas dos pudieran hacer lo que debía hacerse. Sólo una persona tan fuerte como la madre de la elegida de Mavi-Alev podría ayudarle. Akil estaba en camino, pero primero, debía contactarse con el ser que vivía en el Nifelheim.
Las luces titilantes se alborotaron en la oscuridad como si un suave viento les hubiera dispersado. El enlace se había restablecido. Escuchó con claridad la voz, llenando el plácido silencio.
- Neferti
- Señora Harris
El aura de la sacerdotisa no articulaba palabras, pero su interlocutora era muy poderosa, y podía escucharla con claridad.
- No podré estar mucho tiempo. Soy una mujer débil
- Eso no es verdad.
- ¿Podrá mi Nolly salir de ese horrible lugar? ¿Podrá regresar a la Tierra?
Neferti calló. Eso era algo incierto.
- Quizás - dijo arrastrando la palabra, sin estar segura de querer alimentar esa esperanza. Neferti no quería, ni podía mentirle-
La señora Harris quedó en silencio. La sacerdotisa insistió.
- Su cuerpo está siendo usado por Mavi-Alev, pero el dios lo destruye como si fuera un envase a altas temperaturas cuando utiliza su poder. Noelle es llamada cada vez que eso ocurre, para reconstruirse. Está en constante sufrimiento, porque Mavi-Alev no puede romper el vínculo entre ellos. Noelle ha sentido docenas de muertes.
- Dime que hacer, Neferti.
- Señora Harris, ¿sabe qué es Yggdrasil?
La luz del amanecer le despertó. Latis desconocía el momento en que el cansancio había vencido su voluntad de permanecer despierto, todo con el objetivo de alargar la inconmensurable y preciada sensación de tener a Lucy durmiendo sobre su pecho. Sus ojos se acostumbraron poco a poco a los pálidos rayos de la mañana, los cuales eran la promesa de un día caluroso. Bajo su espalda sintió el rocío de la hierba, humedeciendo su camisa. El calor del sol era bienvenido, pero aun así, la mañana traía consigo la cruda realidad.
Deseaba detener el avance de esos rayos para que reinara de nuevo la oscuridad. Si la noche regresaba, no tendría que moverse, y la chica seguiría durmiendo plácidamente, unida a él, emanando de forma misteriosa con su sola presencia esa energía que calmaba su corazón.
Si el día no llegaba, Lucy estaría segura. Ellos no tendrían que enfrentarse a dioses mitológicos, ni aliarse con seres de poderes extraños para salvar los universos. La luz del día era odiosa porque tarde o temprano, Lucy sufriría a pesar de los esfuerzos que él pudiera hacer por protegerla, ya que la tarea que seguía no sería sencilla.
El día estorbaba, no hacía falta. Lo que necesitaban era el manto de las estrellas, para poder fundirse el uno con el otro, para tener tranquilidad. ¿Era demasiado pedir?
En contra de su deseo, la luz iluminó el rostro de Lucy. Esperó, rogando para que su sueño fuera profundo, pero aquellos ojos se abrieron despacio y le contemplaron confusos a través de la neblina del sueño.
- Latis –murmuró-
La voz salía pastosa. Aún no estaba del todo despierta. Volvió a cerrar los ojos, se movió un poco, y como haría con una almohada, frotó su cabeza sobre su pecho. Latis sintió su calor a través de la ropa. Una sensación deliciosa. Una sensación que deseaba prolongar, y hacerla más fuerte.
No despiertes.
Pero el proceso era irreversible. En el fondo, sabía que estaba mintiéndose así mismo. Lucy abrió de nuevo los ojos, tratando de ubicarse. Le miró sin comprender cómo había llegado a esa posición. El rubor le subió a la cara, pero no se alejó un centímetro.
- Hola –saludó con una sonrisa-
- Buenos días, Lucy
El sonido de un aleteo llegó encima de sus cabezas. Lucy miró hacia el cielo, y su semblante cambió. Atrás quedó la dulzura, y la guerrera mágica emergió. Se levantó con rapidez para recibir a los que llegaban.
La luz del día traía consigo a los dioses. Latis se levantó también. Miró a su guerrera. El destino de ella, era el suyo.
NOTAS DEL AUTOR
Dije que agradecimientos al final. Bueno, éste no es el final. He dividido la actualización en dos capítulos debido a su extensión, por lo que técnicamente sería "agradecimientos en el siguiente capítulo"
