Capítulo 29) Por amor.
Finalmente después de cabalgar todo un día y una noche seguida llegamos a las montañas rojas de Dorne, para ser específica, la dichosa torre, en realidad a sus inmediaciones, a lo lejos lograba verla.
El calor era sofocante y no era la única que lo sufría con sus mejillas coloradas, ya que en un intento de cubrirse del sol y acabar con el calor, Myles llevó su camisa sobre su cabeza, dejando su estómago de fuera. El resto llevaba bastante bien el clima, a decir verdad, Arthur se veía como si fuera un día cualquiera, ni siquiera sus mejillas se coloraban.
Yo ya estaba al borde del desmayo con el calor, exagero, pero realmente era insoportable, por fortuna cuando estuvimos por llegar a la torre, vi un muy pequeño estanque de agua cristalina.
-¡AL FIN!- Grité bajando de Azúcar con emoción corriendo al estanque.
Al borde al agua arrojé el arco y mientras corría arrojé mis botas al aire. Que sorpresa me lleve al entrar al agua y decepcionarme de sentir al agua caliente.
-¿Refrescante?- Preguntó Rhaegar con una sonrisa un poco burlona por mi gesto.
-El agua está caliente- Dije sin moverme, con un tono de molestia y decepción en mi voz.
-Bienvenida a Dorne- Dijo Arthur con una risa, sobre su caballo caminando al borde del estanque –No encontraras nada frio de este lado del reino-
-¿A qué clase de infierno me han traído?- Pregunté con un puchero.
-Es cuestión de acostumbrarse- Respondió Rhaegar con una sonrisa, dándome la mano para salir.
Pero si de saber que me iría peor estando mojada, jamás lo hubiera hecho y eso que solo cabalgamos lo poco que faltaba a la torre, nada más que montañas hasta donde se podía ver, algunos árboles y uno que otro prado a la lejanía.
Dado que mis pies estaban húmedos, decidí no usar mis botas al montar, pero que error al bajar sin ellas de Azúcar y llevarme un doloroso momento al tocar el suelo, de un brinco volví a subir. Llevaba 30 minutos en Dorne y ya estaba harta de él, con urgencia debía agarrarle el gusto.
Fuera de la torre de piedra cafesina, había un pequeño establo que refugiaba a los caballos del sol, después una pequeña escalera que nos llevaba dentro.
En palabras de Rhaegar y Arthur, la torre debería estar abandonada y así fue, éramos las únicas almas aquí, algo me decía que este sería mi nuevo hogar, por ahora al menos. Este era el sitio más seguro del reino.
…
-Necesitaremos sirvientes- Dije mientras caminaba junto con Arthur por la torre, asegurándonos que realmente estuviera abandonada –También cocineras-
-Los conseguiré en el pueblo más cercano- Respondió Arthur al entrar a uno de los salones.
Oswell y Myles habían ido a explorar otros sitios de la torre, por nuestra parte solo Lyanna nos seguía, con las mejillas más rojas que un tomate y un gesto de poco gusto.
-Asegúrate que podamos confiar en ellos antes de traerlos- Respondí a mi fiel amigo –No quiero problemas antes de tiempo- Levanté una polvorienta tela de una mesa en el salón –Hay mucho trabajo que hacer-
-Ni que lo digas- Respondió Arthur –Los conseguiré esta noche, puedo asegurártelo-
-Una cosa más…- Dije recordando, para girarme a ver a Lyanna que observaba con curiosidad lo que había en los estantes del salón, pero aun así un gesto de inconformidad estaba en su rostro –Lyanna- Llamé su atención con calma.
-¿Sí?- Atendió con un gesto de pesadez.
-¿Estas bien?- Pregunté preocupado.
-Sí, ¿Qué querías preguntarme?- Dijo agitando su cabeza.
-Sé que eres totalmente independiente pero, ¿Deseas tener alguna dama de compañía? Podría ayudarte con…Las cosas- Dije sin dejar de verla y cada vez su gesto era más inconforme -¿Realmente estas bien?- Pregunté alarmado.
-Sí…Es solo que tengo un mal presentimiento- Dijo llevando una mano a su cabeza –Es…-
-¡LYANNA!- Grité corriendo hacia ella mientras caía al piso inerte.
…
Una sola rendija en la piedra me decía que ya llevaba noches y días enteros en esta celda tan oscura que en el día podría iluminarse con ese pequeño rayo de sol. No había visto un solo rostro desde que la guardia real me encerró en este confinamiento, mi comida, la poca que me daban, me era entregada por una diminuta rendija en la pared.
Pero aun sin comida, sin agua, debía mantener mi mente enfocada, por una vez mi vida, pero he de admitir que solo mis errores pasaban a través de mis ojos, si tan solo hubiera esperado las indicaciones de Padre o si tan solo hubiera buscado antes a Lyanna, cualquiera de los pasos que di, los hubiera cambiado, había traído a jóvenes a morir ¿Y para qué? Debí ser yo el que muriera.
En ese momento solo la muerte estuvo en mi mente, en la oscuridad y por la rendija que daba al exterior una sola estrella se veía, brillante y hermosa, un buen recuerdo de la noche pensé y entonces la rendija de la pared aquella donde me alimentaban comenzó a iluminarse como si alguien se acercara.
Admitiré pensé en la cercanía de mi muerte, un guardia, mejor dicho un verdugo envido por mi cabeza y eso sería todo. No podría hacer nada estando encadenado solo aceptar a esa vieja amiga, la muerte.
Pero entonces, la puerta se abrió y con ella reveló una figura encapuchada que sostenía una antorcha. Deslumbrado por el brillo del fuego me fue imposible reconocer quien era, pero un buen recuerdo nunca se olvida.
-Brandon- Dijo una suave voz, delicada y exquisita, la voz de la esperanza, era Ashara.
-¡¿Ashara?!- Pregunté sorprendido.
Era como verla por primera vez, mi corazón se aceleró y me quedé congelado.
-¡Por todos los dioses!- Dijo con misericordia quitando mis grilletes -¿Qué te han hecho?- Tocó mi mejilla con dulzura.
-¿Qué haces aquí?- Pregunté exaltado, confundido.
-Elia me ha contado lo que ha pasado, te encerraron con crímenes contra la corona- Explicó consternada –He venido lo más pronto que he podido-
-¿Sabes algo de mi hermana?- Pregunté con esperanza.
-Nadie sabe nada de ella- Respondió con pena –Solo que no está en ningún sitio-
-¿Y de mi familia?- Pregunté desalentado.
-El rey ha llamado a tu padre a responder por tus crímenes- Respondió ella tristemente.
-¡¿Mí padre está aquí?!- Pregunté sobresaltado.
-No aún- Respondió ella –Pero pronto lo estará, tal vez mañana, habrá un juicio y…- Terminó en seco la frase, sin valor para responderla.
-¿Y qué?- Pregunté.
-Brandon no…- Dijo sufriendo.
-Dilo, dilo por el amor que me tienes- Exigí.
-Nunca lograrás salir con vida de ese juicio, no lo harás- Respondió con lágrimas rodando por sus mejillas.
-Tal vez no lo haga, pero mi Padre logrará hacerlo, si me declaro con la culpa- Acepté.
-No tiene que ser así- Dijo Ashara tomando mis manos –Tienes que huir conmigo, vámonos Brandon ¡Ven conmigo!- Dijo desesperadamente.
Sus lágrimas caían al suelo con frecuencia y no podían hacer nada más que verla.
-No puedo- Respondí arrepentido –No puedo abandonar a mi Padre, no aquí…- Levanté la mirada –No más-
Ella lloró con más y más fuerza, sollozando a cada respiro.
-Todos lo sabíamos desde el torneo- Dije recordando –Lo vimos delante de nosotros, ella lo amaba y el a ella, lo vimos en la última justa y nosotros más que nadie debimos entenderlo, pero giramos la mirada y caímos en rumores- Cerré los ojos con nostalgia –Y si tan solo no hubiera atacado de esa forma a mi hermana, tal vez hasta nuestra historia hubiera sido diferente, una historia en la que nosotros pudiéramos ser felices, como tal vez ellos lo estén disfrutando- Suspiré aceptando mi destino –Todo es mi culpa, aquel que creía honor se ha convertido en ambición, hiriendo a mi familia- Vi directamente aquellos ojos violetas cristalinos que me observaban –Sé que moriré-
-No digas eso- Rogó Ashara apretando mis manos –No lo digas-
-Es verdad Ashara- Dije tomándola entre mis brazos –Sé que moriré en esta ciudad de mierda y no quiero que estés aquí cuando eso suceda- Pedí –Regresa a casa, no con Elia, no a la corte, a casa, a tu hogar con tu familia- Nos veíamos al sepáranos de ese abrazo –La guerra no tiene piedad y no quiero que vivas esos horrores, prométeme que te irás-
-Lo prometo- Respondió ella con lágrimas –Pero no quiero dejarte-
-Nunca me has dejado, te llevo conmigo cada día, cada paso, cada vez que respiro- Dije al reposar mi cabeza contra la suya –Y te llevaré a donde vaya, en esta vida y en la que sigue- Sin pensarlo coloqué un dulce beso sobre sus labios, el cual fue bien correspondido.
-¿Recuerdas lo que te dije la última noche en Harrenhal?- Preguntó Ashara llorosa –Te pedí que nos fuéramos, solo tú y yo, lejos donde nadie pudiera encontrarnos, todo sería más fácil-
-Ojala te hubiera obedecido entonces- Sonreí levemente.
-Esa noche prometiste que no sería nuestra última noche juntos- Sonrió con tristeza.
-Me temo que es una promesa que no podré volver a hacer- Dije con sufrimiento -Vive esta última noche conmigo- Le pedí acercándome a su rostro –Dame algo que pueda llevarme-
-Dame algo que pueda quedarme y recordarte- Dijo ella antes de fundirnos en un apasionarte beso.
Solo los dioses saben porque actúan de esta forma, solo ellos saben lo que nos espera más adelante, pero esa noche no importo nada más que nosotros y aunque ambos habíamos aceptado mi muerte y sería la última vez que nos veríamos a los ojos, era nuestra noche, algo que pudiéramos recordar en esta vida o en la otra.
Una última vez la tuve entre mis brazos, tome su cuerpo con mis manos y sentí su cuerpo sobre el mío y en todos mis años, nunca pensé que llegaría a amar a nadie, mucho menos como lo hice con Ashara Dayne, la única a la que ame y quise amar.
Cuando la antorcha se consumió y aquel rayo de luz del exterior comenzó a aclararse, ambos sabíamos que era momento de decir adiós.
-Júrame que regresarás a casa- Dije mientras ella con dolor volvía a encadenarme.
-Solo si tú me juras que volveremos a encontrarnos- Pidió al colocar el último de los grilletes, con lágrimas.
-Lo haremos- Respondí –Lo prometo- Juré fingiendo fortaleza.
-Lo juro- Respondió ella luchando por no volver a empaparse en lágrimas, acercándose a mi rostro para besarlo por última vez –Te amo-
-Te amaré por siempre-Respondí viéndola retroceder, mientras se levantaba para irse –Ashara…- Llamé su atención –Sí alguna vez llegaras a ver a alguien de mi familia, diles que lo siento-
Asintiendo con la cabeza y luchando contras su lágrimas, salió del calabozo, dejando solo el recuerdo de una e infinitas noches.
Cuando el rayo de luz fue completamente brillante yo había caído dormido, pero con un estrepitoso golpe recobré el sentido.
-¡Arriba!- Dijo uno de los guardias dándome un fuerte tirón.
-¿A dónde vamos?- Pregunté recobrando el conocimiento, mientras me encadenaban manos y pies e incluso, el cuello.
-Es hora de reunirte con un Padre- Dijo burló uno de ellos.
Me llevaron con golpes hasta el salón del trono, repleto de guardias y una multitud que gritaba, claro está el rey loco en el trono pero frente de él, mi Padre, con su armadura puesta como si esperara un combate.
-¡Padre!- Grité intentando ir hacia él, pero los guardias me detuvieron con la soga que iba a mi cuello.
-¡Brandon!- Gritó Padre con un tono que jamás había escuchado, preocupado diría.
-Lo siento Padre, lo siento- Dije con tristeza.
-No fue tu culpa hijo, nada lo fue- Respondió Padre con calma.
-Lo siento- Dije casi con un murmullo mientras uno de los guardias arrojaba una espada delante de mí y mi Padre entraba en combate.
-Hijo, te amo- Dijo Padre viéndome fijamente.
-Y yo a ti Padre-
…
-Debió ser un golpe de calor- Dijo una voz dulce –Se nota que no está acostumbrada a esto, por lo menos ahora el clima es frio-
Entonces sentí algo húmedo sobré mi cabeza y que rodaba por mi frente y mejillas, atemorizada me levante de golpe.
Una vez levantada a un lado de la cama vi la escena que estaba sucediendo, había dos mujeres frente a mí, una de ellas de piel dorada, una joven delgada y tímida, la otra una mujer regordeta, casi tan pálida como yo, ambas me miraban sorprendidas.
-¿Quiénes son ustedes?- Pregunté con desconfianza.
-Mi nombre es Wylla y ella es Nym- Dijo la regordeta dando una reverencia-Sus nuevas damas M´Lady-
-Ya…- Dije comprendiendo.
-Su alteza nos ha pedido cuidarla- Indicó Wylla –Anda ve e infórmale a su majestad que ella ha despertado- Dijo a Nym, la cual se disponía a ir.
-No creo que sea necesario, se lo diré yo misma- Dije decidida, buscando mis botas -¿Y mis botas?- Pregunté confundida, era completamente extraño despertar en un sitio que siquiera recordabas.
Una vez que Nym me entregó mis botas, con una sonrisa agradecí y fui a la puerta.
-La estaremos esperando aquí M´Lady- Dijo Wylla dulcemente.
-Gracias…- Respondí abrumada saliendo de la habitación.
Al salir de la habitación ni siquiera sabía a donde tenía que ir, lo último que recordaba era estar en una empolvada biblioteca y ver el rostro de Rhaegar asustado, fuera de eso, nada solo…Sentir una enorme presión y un terrible presentimiento.
Bajé por las escaleras que estaban frente a la habitación, con la esperanza de encontrarme con alguien conocido, pero no había nada más que algunos murmullos y ruidos, más que cuando habíamos llegado.
Llegué a un pasillo que estaba bajo el cielo estrellado, tan hermoso como ningún otro, era simplemente bellísimo, una luna tan grande como ninguna otra y por fortuna el frio ahora dominaba este desierto.
Fascinada con el cielo sobre mi cabeza, vi un salón cuya entrada daba al mismo pasillo donde estaba, este salón estaba iluminado, así que decidí ir hacía allá.
Caminé con tranquilidad hasta ese salón para encontrarme con los chicos rodeando una de las mesas, al posarme en la entrada el primero en verme fue:
-¡Lyanna!- Dijo Rhaegar alegre al verme caminando hacia mí -¿Cómo te sientes?- Preguntó preocupado.
-Mejor- Respondí con una ligera sonrisa.
-Te ves mejor, pero…Luces como si algo te inquietara- Dijo amablemente -¿Qué sucede?-
-Estoy un poco confundida- Respondí –No se siquiera dónde estamos-
Rhaegar esbozó una ligera sonrisa, tomando mi mano.
-Muchachos, ¿Pueden darnos un momento?- Preguntó ameno.
-Por supuesto- Respondió el resto, mientras salían con sonrisas hacía a mí.
-Los veremos en la cena- Dijo Rhaegar mientras salían.
-Me alegro que estés mejor- Dijo Myles con una sonrisa enorme hacia mí.
-Te veré en la cena Myles- Dije sonriéndole a mi amigo.
Finalmente Rhaegar y yo nos quedamos solos en el salón.
-Ven, acércate a la mesa- Dijo sonriendo dando un sorbo a su copa, llenando una para mi después.
Con tranquilidad fui hasta la mesa y vi que sobre ella había un mapa de la región.
-Estamos aquí- Respondió Rhaegar indicando en el mapa –Antes de KingsGrave- Indicó viéndome fijamente, sonriendo, igualmente le devolví la sonrisa, pero fue algo forzada -¿Qué?- Preguntó sin dejar de sonreír.
-¿Damas?- Pregunté sin poder contenerme más.
-Sabía que me lo recriminarías- Sonrió al borde de la risa –Vamos, no puede ser tan malo, además el resto insistió…-
-¿El resto, no tú?- Pregunté sonriendo.
-Tal vez un poco- Admitió –Era eso o que Myles velara tu sueño, por cierto, me preocupas con esos esporádicos desmayos-
-Solo ha sido una vez- Respondí de inmediato casi riendo –Solo fue el calor y…-
-¿Y qué?- Preguntó asustado.
-Y…- Dudé en decirle, pero no podía ocultarle algo, no a él –Tuve un terrible presentimiento, como si fuera…Demasiado tarde, eso pasaba por mi mente-
-¿Tarde para qué?- Preguntó el extrañado.
-No lo sé- Respondí honestamente –Solo lo es-
-Esperemos que no repercuta en nada- Dijo sonriendo, pero en el fondo una preocupación estaba presente.
-Espero que no- Dije sonriendo de la misma manera.
-Sabes mientras dormías…- Contaba apagando un par de velas.
-¿Cuánto tiempo dormí?- Pregunté asustada.
-Tranquila, solo un par de horas- Respondió riendo por mi reacción –Arthur y Myles lograron conseguir a todo un grupo de sirvientes, cocineros y…Tus damas- Sonrió con satisfacción.
-Sí que estuvieron ocupados- Respondí mientras el terminaba de apagar las últimas velas de la habitación.
-Más de lo que creerías, además guardarán el secreto por un techo donde dormir- Dijo caminando al pasillos –Vamos, nos esperan para la cena- Dijo en esa gran entrada, mientras yo no me había movido de mi sitio.
-Rhaegar- Dije llamando su atención, haciendo que se detuviera en seco para verme –Ven y bésame- Sonreí con picardía.
Sin decir nada más mi palabra se hizo acción y una vez que estuvo hecho, nos separamos.
-Ahora sí, vamos a la cena- Dije comenzando a caminar por el pasillo, aunque realmente no sabía a donde dirigirme.
Al bajar las escaleras un par de niveles, llegamos a lo que era algo similar a un gran salón, una mesa alargada donde el los otros tres hombres estaban a nuestra espera, al vernos entrar Oswell habló.
-Al fin- Dijo Oswell agradecido.
Al ver yo todo lo que nos esperaba en la mesa que realmente lucia delicioso después de comer conejo todos los días.
-Todo luce tan bien- Dije tomando asiento al centro de la mesa, a mi lado estaba una silla vacía, que era para Rhaegar el cual permanecía de pie.
-¿Dónde están?- Preguntó Rhaegar extrañado, haciéndonos extrañar más a nosotros.
-¿Quiénes?- Preguntó Arthur confundido.
-El resto- Respondió y se dirigió a una de las puertas del salón.
Confundidos nos vimos los presentes en la mesa, hasta que Rhaegar regresó.
-Nadie come hasta que estén todos a la mesa- Dijo sin tomar asiento, como si esperara algo.
Realmente me sentía estúpida, porque no entendía lo que sucedía y no fue hasta que un pequeño grupo de personas, de no más de 12 personas entró al gran salón, entre ellos Wylla y Nym, que sonriendo me vieron, devolviendo la cortesía.
Todos tomaron lugar en la mesa, trayendo más comida con ellos, realmente se veían nerviosos, al final y como todos la guardia real y el Príncipe imponen respeto.
-Aquí, todos comeremos de la misma mesa- Dijo Rhaegar siendo el último de pie –Cada día, cada comida- Sonrió –A comer-
Adoré este gesto realmente, fue simplemente el tener poder y saber usarlo, sin atemorizar sin nada, poder usarlo y no hacerlo, y preferir la confianza.
Entonces me percaté que nunca había visto a Rhaegar en su papel de Príncipe, por lo menos no de esta forma. Lo había visto en el torneo siendo el heredero del reino, también conocía al verdadero Rhaegar aquel que amaba cantar y la simpleza de una conversación, también lo había visto en su posición de general, guiándonos por el fin del mundo, pero nunca como esta noche, donde se empeñaba en ganarse la confianza de todos, conociendo sus nombres y llamándolos por él, preguntando de su vida, sonriendo a algún chiste o comentario aun así fuera malo, ofreciéndose a llenar las copas de vino en más de una ocasión, demostrando completa simpleza. Al final de la noche el solo había logrado romper la tensión entre todos, dándome cuenta que entre más conozco de él más me gusta.
Cuando la cena terminó y todos estuvimos dispuesto a ir a nuestras habitaciones, noté que había una habitación al lado de la mía, fortuna de quien era, fortuna también que pedí a Wylla y Nym ir sola a la cama.
Antes de entrar a mi habitación me detuve y giré, afirmando con la cabeza.
-¿Sí…Qué?- Preguntó Rhaegar viéndome antes de entrar a su habitación, continua a la mía.
-Sí suena bien- Respondí sonriendo –Rhaegar Targaryen, el primero con el nombre, rey de los bla bla bla…- Terminé moviendo la mano –Suena bien-
-No me cansaré de decir que estás loca- Dijo sonriendo.
-Solo un poco- Respondí sonriendo –Buena noche-
-Buena noche…Reina Lyanna- Dijo burlón.
-Sí no me gustaba el Lady, ¿Me gustará el reina?- Pregunté burlándome entrando en mi habitación.
Ya llevábamos un par de días en Dorne, tantos como para saber que adoraba las noches frescas, casi frías del desierto, pero odiaba con todo mi ser las tardes, cuando el sol estaba alto y ni una sombra se asomaba, eran tan calurosas para mí que Wylla me había aconsejado usar ligeros vestidos de seda y aunque no era mi elección preferida de vestir, era mejor que morir de calor.
Aquella mañana después de tomar el desayuno, Rhaegar (El cual había comenzado a recibir correspondencia de Jon directo de la capital) me entregó un pequeño pergamino.
-Creo que lo mejor es que lo leas a solas- Indicó seriamente –Tengo que decirte que lo he recibido hace una noche, pero no tenía el valor de entregártelo-
Admitiré que me preocupé al escuchar eso y fui directamente a mi habitación a leerlo.
Hermanos míos.
He llegado a la capital con bien, el tiempo fue generoso en el camino y me he instalado lo mejor que he podido. Sin embargo, me pesa al escuchar la noticia del encarcelamiento de Brandon Stark, ha incitado el desorden al exigir justicia por el rapto de su hermana, habrá un juicio para él, pero han llamado a Lord Rickard Stark a responder por los crímenes contra su hijo. Tienen que saber que haré todo lo posible para evitar una catástrofe, solo lo que esté en mis manos sin arriesgar el propósito.
Mis mejores deseos, Jon.
El estómago se me ha revuelto al leer esas palabras de Jon, pero no se comparaba con la furia que sentía, de golpe salí de la habitación y fui lo más rápido que pude a donde estaba Rhaegar, que era la biblioteca.
Pude notar que tanto Rhaegar como Arthur me veían desde antes que llegara. Ambos sabían el motivo de mi molestia.
-Arthur vete- Dije al poner un pie dentro.
Confundido la espada de la mañana estaba, girando para ver a su amigo, el cual asintió con la cabeza, haciendo lo que dije y una vez que estuvimos solos:
-¡¿Por qué has esperado tanto para dármelo?!- Pregunté con molestia hacia Rhaegar.
-Lyanna cálmate- Dijo Rhaegar sin levantarse de su asiento.
-¡¿Cómo quieres que me calme?!- Pregunté apoyándome sobre el escritorio -¿Si acabo de leer que mi hermano se pudre en un calabozo y mi Padre va a un juicio por un mal entendido de mi huida?-Exigí -¿Cómo quieres que reaccione, si me lo trataste de ocultar?-
-No traté de ocultártelo- Respondió seriamente –Pero sabía que actuarias de esta forma y no pensarías con claridad-
-¡Claridad!- Dije sin entender su tranquilidad frente a esto –De acuerdo, claridad ¿Qué es lo que haremos para salvar a mi Padre y hermano?-
-Ninguno de los dos es culpable, en un juicio justo saldrían ilesos- Respondió tranquilamente –Además no podemos hacer nada, por lo menos nosotros no, pero ya lo has leído, Jon intercederá de todas las formas posibles, sin delatar nuestro plan-
-Un juicio justo- Dije tristemente -¿Crees que tu Padre les dará un juicio justo?- Pregunté viéndonos fijamente, no retándonos, si no pidiendo misericordia. Ambos sabíamos la respuesta.
En ese momento de tensión:
-Rhaegar- Dijo Myles llegando a la biblioteca –Lyanna- Dijo viéndome.
-Déjanos solos Myles- Dijo Rhaegar firmemente.
-Lo lamento, pero uno de los niños ha traído esta carta- Dijo mostrando un pergamino enrollado lacrado con la insignia de la mano.
Rhaegar estiró la mano y Myles le entregó el pergamino de inmediato. Rhaegar comenzó a leer al instante, sin cambiar su semblante en un solo momento, solo al terminar cerró los ojos y estiró el pergamino hacia mí.
-Lo siento mucho Lyanna, lo lamento- Dijo con tristeza entregándome el pergamino, mientras yo sentía pavor de abrirlo.
Rhaegar, Lyanna.
Es con gran pesar que escribo estas palabras, estas palabras que les informaran como falle en la promesa que le he hecho a ambos en mi mensaje anterior y no he podido hacer nada más que ver el horror de la tragedia que hoy acontece a la ancestral familia Stark.
Quisiera estarles informando de la liberación de ambos o por lo menos su destierro, pero solo puedo decirles que las palabras no son suficientes para expresar lo que mis ojos han visto. Debes saber Lyanna que me encuentro en completa pena contigo y temo que no podré siquiera verte a los ojos al decírtelo, jamás podré hacerlo, pero con esa misma pena y luto debo informarte del fallecimiento de tu Padre y tu hermano Brandon a manos del rey.
Ninguna dama debe ser víctima bajo la descripción de estos horrores, pero tu persona y el respeto que te tengo Lyanna, ameritan informarte el cómo murieron. Al llegar el momento del juicio, sabiamente Lord Stark ha pedido un juicio por combate, una opción sabía, lamentablemente la corona no ha jugado con reglas justas, eligiendo al fuego como campeón. Les juro que intenté evitarlo, hasta más no poder, hasta el punto de estar escribiendo esto con el temor de morir. En tanto a Brandon, ha muerto estrangulado, intentando salvar a su Padre, cruelmente se ha colocado una espada fuera de su alcance y en un desesperado intento por salvar a su progenitor, ha terminado con su vida misma.
Lyanna puedo garantizarte que ambos recibieron honores funerarios dignos, me he encargado de eso yo mismo y además he envido sus cuerpos al Norte, para que descansen en la cripta familiar.
Espero sus órdenes.
Jon Connington.
No podía creer lo que estaba leyendo y al terminar tragué saliva, luchando por no quebrarme y dejé caer el pergamino al suelo.
Sin pensarlo y sin escuchar nada más, salí de la biblioteca y caminé por el largo pasillo, hasta llegar al final de este, empapada en lágrimas, pero aún más, con impotencia de no poder hacer nada al respecto y con culpa, de haberlo provocado. Desesperada, cerré los ojos una vez más y solté un fuerte grito al viento. Un grito seco, lleno de ira e impotencia, desesperación y agonía.
Cubrí mi rostro con mis manos, sollozando, sufriendo, dejándome caer al suelo sobre mis piernas.
No puedo decir cuánto tiempo estuve sollozando ahí, cuándos gritos solté o cuantas lágrimas cayeron, pero desde el primer momento en que estuve en el suelo, Rhaegar estuvo a mi lado, sosteniéndome en sus brazos, compartiendo mi dolor.
Pasó un largo tiempo hasta que pude dejar de sollozar y otro más hasta que pude decir una palabra sin echarme a llorar, pero lo primero que dije fue:
-No morirán en vano- Dije con coraje –Iremos a la guerra, mataremos a Robert y a tu Padre, cueste lo que cueste- Vi con firmeza a Rhaegar decidida de lo que decía –Y la mejor forma de tener al Norte de nuestro lado, ya sea contra Robert o el trono, es con una unión, nuestra unión- Aclaré –Lo haré, por la unión y por amor-
…
-…No podremos pedir apoyo de Dorne, no con las acusaciones en mi contra- Hablaba con Arthur planeando nuestro siguiente movimiento, ya que nos habíamos asentado en la torre.
-¿Por qué no lo hace Elia? Has dicho que lo sabe- Aconsejó Arthur con tranquilidad.
-Tendría que escribirle- Respondí mientras observaba al mapa –No sé qué tan seguro sea eso para ella-
-Sí logramos filtrar mensajes en… ¡Oh oh!- Dijo Arthur cambiando su tono de voz –Viene Lyanna- Al escuchar eso, levanté la mirada.
-Y luce molesta- Respondí tomando asiento, esperando un par de gritos o alguna queja.
-Diría que más que molesta- Dijo Arthur asustado.
Y con un gesto de verdadera furia y molestia, Lyanna entro a la biblioteca con el pequeño trozo de pergamino en su mano.
-Arthur vete- Dijo ella con molestia sin quitar la mirada de mí, realmente ella estaba enojada.
Supongo que Arthur no se esperaba ese grado de furia en ella, ya que pintó un gesto de asombro, viéndome, aunque claro no podía ceder ante la mirada de Lyanna, así que solo me limité a asentir y Arthur salió de la habitación.
Una vez que estuvimos solos comenzó la catástrofe.
-¡¿Por qué has esperado tanto para dármelo?!- Preguntó Lyanna con un tono serio y furioso levantando el pergamino en su mano.
-Lyanna cálmate- Sugerí con calma, pensando que esto la tranquilizaría, por desgracia no fue así.
-¡¿Cómo quieres que me calme?!- Dijo casi gritando colocando ambas manos sobre la mesa frente a mí -¿Si acabo de leer que mi hermano se pudre en un calabozo y mi Padre va a un juicio por un mal entendido de mi huida? ¿Cómo quieres que reaccione, si me lo trataste de ocultar?-
No entendía que le molestaba más.
-No traté de ocultártelo- Aclaré, no quería que pensara eso, porque no era verdad –Pero sabía que actuarias de esta forma y no pensarías con claridad- Acepté.
-¡CLARIDAD!- Gritó –De acuerdo- Suspiró levantando la mirada- Claridad ¿Qué es lo que haremos para salvar a mi Padre y hermano?-Preguntó, aun sonando furiosa.
-Ninguno de los dos es culpable, en un juicio justo saldrían ilesos- Dije diplomáticamente–Además no podemos hacer nada, por lo menos nosotros no, pero ya lo has leído, Jon intercederá de todas las formas posibles, sin delatar nuestro plan-
Al escuchar esto, ella dio una risa muy leve, de incredulidad.
-Un juicio justo- Dijo tristemente -¿Crees que tu Padre les dará un juicio justo?- Su mirada se clavó en mí. Yo realmente quisiera garantizarle que lo haría, pero no podía hacer eso, porque en el fondo sabía que era una cruel mentira.
Me disponía a responder, cuando Myles entró a la habitación.
-Rhaegar- Dijo Myles llegando a la biblioteca –Lyanna-
-Déjanos solos Myles- Pedí sin dejar de ver fijamente a Lyanna, su mirada iba entristeciéndose a cada segundo.
-Lo lamento, pero uno de los niños ha traído esta carta- Dijo Myles levantando un pergamino lacrado con la insania de mano del rey.
Apartando la mirada de Lyanna tomé el pergamino de la mano de Myles el cual salió sin más viendo la tensión del momento. Quité el sello y comencé a leer al instante pero cada palabra era peor que la anterior, para todos pero en especial para ella, la mujer que tenía de frente.
Pensé en decirle, sin que leyera el pergamino o tal vez leérselo, pero ella debía hacerlo, odiaba hacerlo sabiendo que le falle, pero no había más que hacer.
Con pena y tristeza al terminar estiré la mano hacia ella y con el mejor rostro que pude dije:
-Lo siento mucho Lyanna, lo lamento-
Su rostro era de preocupación en verdad al yo decir lo anterior, pero el verdadero terror llego cuando comenzó a leer y yo no podía hacer nada más que verla, palabra por palabra, letra por letra como su mundo iba quebrándose, como sin poder detener ese derrumbe dentro de ella, un derrumbe que yo había provocado insistiendo en su compañía, tanto ella como yo éramos culpables de ello.
Sin embargo, al apartar la vista de aquel doloroso pergamino, no hubo lágrimas, solo un rostro serio. No lo decía, ni siquiera lo veías pero todo su ser gritaba "Perdida". Dejando caer el pergamino al suelo, comenzó a caminar fuera.
-Lyanna- Intenté llamarla, fallando en el intento, ya que no se detuvo y siguió caminando.
Mientras caminaba comenzaba a escuchar sus sollozos, lamentaciones, hasta que al llegar al final de ese largo pasillo viendo al desierto un profundo y agonizante grito salió de su garganta.
Hasta este momento había permanecido a unos pasos de ella, pero al escucharla gritar y derrumbarse al suelo sufriendo de esa forma no tuve que siquiera pensarlo y fui a su lado, abrazándola, intentando dejar de lado su sufrimiento. Pensé en decirle que no llorara, pero en este caso era lo mejor.
Obviamente al escuchar el grito, Arthur, Oswell y Myles llegaron de inmediato a ese pasillo, preocupados por la escena que presenciaban. Con preocupación decidieron acercarse, pero conociendo a Lyanna lo menos que quería era público, así que al verlos correr hacia nosotros, lo único que hice fue hacer una seña pidiéndoles alejarse.
Mientras ella lloraba, tengo que admitir que me ha contagiado un par de lágrimas, claro está por su pesar, pero aun así noté lo que sucedía a nuestro alrededor y fue Arthur el que levantó aquel pergamino del suelo leyendo su contenido informando al resto de la tragedia. Con rostros decaídos y de pena, fueron escaleras abajo.
Un largo tiempo pasó hasta que Lyanna logró incorporarse dejando de sollozar y hasta que sus lágrimas cesaron.
Llevando su mano a su rostro limpió la última lágrima de su mejilla para después enfocar esos ojos cristalinos en los míos, pronunciando con claridad:
-No morirán en vano- Decretó con la misma seriedad y determinación que muchas veces he visto en ella, algo digno de admirar –Iremos a la guerra, mataremos a Robert y a tu Padre-Su mirada estaba fija en mí- Cueste lo que cueste- Su determinación era magnifica, casi poética
Creí que su dictamen había concluido y realmente estaba convencido de lo que había dicho, sin embargo esto no terminó ahí.
–Y la mejor forma de tener al Norte de nuestro lado, ya sea contra Robert o el trono, es con una unión- Aun su mirada estaba sobre mí- Nuestra unión- Aclaró –Lo haré, por la unión y por amor-
Al escuchar eso yo estaba realmente impactado, por un segundo no supe que decir, pero después supe lo que debía y quería hacer.
-Más por amor que por venganza, pero aun así, los vengaremos-Acepté.
Ambos nos vimos fijamente, habíamos dictado la sentencia, ahora solo había que ejecutarla.
Fue un gran giro de los acontecimientos que ella aceptara el matrimonió, pero supongo que a veces solo hace falta un poco de coraje para afrontar al destino. Debo de admitir que aun con las circunstancias, me alegró que por fin sucediera. Ambos lo queríamos, ambos lo anhelábamos, pero ninguno daba pie.
Nota: ¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO?! Así es mis queridos lectores, se nos viene la boda, aunque claro no es algo de lo más simbólico del capítulo ya que... Le dimos fin a un personaje increíble como lo es Brandon, realmente es una pena que no lo volvamos a ver por lo menos no en este plano.
Llevaba ya mucho tiempo con la imagen del momento en que leen la noticia de la muerte de los Stark, realmente era algo que no dejaba de pensar, es una alivio poder soltarlo al fin. Se preguntarán "¿Por qué no hubo perspectiva de la muerte?" No podía dárselas sin antes ver la reacción de Lyanna, de verdad lo siento y al pensarlo era algo realmente frustrante, no me gustaría escribirlo, aunque si lo quieren lo hago.
¿Qué fue lo que más les impactó de este capítulo? Hay muchas cosas, díganmelo en una review, de la misma manera si algo no les agradó díganmelo e intentaremos cambiarlo.
Yo me despido no sin antes mandarles un enorme beso.
-Lilo Ny.
