Dos meses después de que la gran batalla en el mundo del Magano, todo había vuelto a la normalidad en Halkeginia. Pero en Do Ornielle, era todo un desastre, ya que Louise y Siesta estaban embarazadas, de cinco meses. Para Saito, era casi una tortura, pues cada día que pasaba durante esos dos meses, desde que amanecía, ambas empezaban a pelearse hasta por el más mínimo coqueteo que Siesta le hacía al chico de cabello azul, y al intentar pararlas, él se llevaba los gritos. Siempre amanecía resignado de que ellas dos jamás se llevarían bien. El dia después de los dos meses ya transcurridos, harto de que se encontraran peleando:

-"¡YA BASTAAAAA!"-gritó lo más que pudo.

Ambas se sorprendieron ante tal voz altanera y se quedaron calladas.

-"No puedo creer que ambas se hayan estado peleando durante estos dos meses, nomás por quién me dá más amor que quién, o quién debe recibir todo mi amor"-empieza a soltar todo el regaño que temía acumulado durante ese tiempo-"Louise, sé que estamos casados y que por una estupidez mía dejé a Siesta embarazada...y que tienes el derecho de molestarte, pero no tienes que descargar toda tu ira en Siesta. Si en alguien tienes que descargar tu ira que sea conmigo. Sé que no te agrada Siesta y sean rivales en el amor, pero ahora, ambas necesitan mi apoyo y amor, por lo que pido que intentes llevarte bien con ella, porque también me casaré con ella".

Por una parte, Siesta se maravilló por esas palabras, en especial por las últimas, era un sueño hecho realidad, a pesar de que también tenga que estar casado con Louise, pero en el caso de Louise, le costaba aceptar el hecho de que tenía que casarse con Siesta.

-"¡¿Por qué tienes que casarte con ella?!"-le pregunta exaltada e histérica Louise.

-"Porque ella también está embarazada de mí, y no puedo dejarla de lado. Entiendo tus sentimientos, pero también tengo que tomar responsabilidad con ella. También entiendo que talvez te sientas excluida, pero debes saber que yo pienso en ti, porque ahora son mi responsabilidad y mis amores. Sí, también le he tomado cariño hasta el punto de enamorarme de ella y ella de mí, pero no significa que yo te dejé de amar. Yo las amo y las amaré por igual. Probablemente no estés de acuerdo en esto, pero ya no hay marcha atrás".

Louise empezó a reflexionar ante las palabras. Era cierto, él quería tomar la responsabilidad de sus acciones como una persona honorable. Al final decidió aceptar la decisión de su esposo con madurez como mujer. De repente ve que Siesta le estrechando su mano como señal de paz. Volteó a verla, sonriendo, expresando que realmente quería la paz.

Ella respondió igual tomándose de las manos y dándole una sonrisa.

Saito suspiró de alivio, pues al fin habían parado sus peleas.

-"Bien"-dice Saito-"Como celebración de esta paz formada en Do Ornielle, empezaré por el desayuno".

-"Pero Saito-san, yo la puedo hacer"-le replica Siesta.

-"No, No, No, estás embarazada, y no quisiera que perdieras el bebé"-insiste Saito.

Ella se enamoraba más y más de él al verlo cómo se ponía hacer las tareas domésticas e incluso el desayuno para ellas.

-"Te puedo ayudar, Saito"-le dice su amada Louise.

-"Claro que no, tú también estás embarazada, déjenme todo a mí"-les responde Saito, con toda su disponibilidad, dirigiéndose a la cocina.

Lo que Saito, o Louise, ni siquiera Siesta sabían, es que varios magos y espadachines se encontraban afuera de la mansión, esperando a que los tres salieran. Uno de ellos, empezó a recitar un hechizo. Otros magos lanzaron otros hechizos de fuego, atacando la mansión.

Desde dentro, Saito se alertó en cuanto sintió un pequeño temblor que causaban los ataques de afuera. "¿Qué fue eso?"-se pregunta Saito. Antes de que siguiera cocinando, apagó todo, tomó su Uchigatana y se dirigió afuera para ver qué pasaba, y quién había atacado la mansión.

Al salir, descubrió a todos los espadachines y magos, rodeando la casa.

-"¿Quiénes son?"-se pregunta Saito, molesto de que atacaran la mansión que tanto le costó arreglar-"¿Qué quieren?".

-"¡TODOS USTEDES SON UNOS BLASFEMOS!"-grita uno de los magos, que parecían sacerdotes seguidores de Brimir.

-"¿De qué está hablando?"-se pregunta Saito confundido.

-"¡ESE BEBÉ DEBE MORIR!"-vuelve a gritar el mismo.

-"Aguarda"-piensa Saito, al ver los uniformes que traían-"¡Esas ropas son...!".

Sí, todos esos magos y espadachines que se encontraban rodeando la mansión de Do Ornielle eran de Romalia. A su parecer, eran fanáticos y seguidores de Lord Brimir y sus reglas.

-"¿Qué quieren de nosotros?"-le pregunta Saito al mismo que estaba gritándole.

-"Ese bebé que tienen desarrollándose en el vientre de su esposa y ama, ¡TIENE QUE MORIR!"-le explica el mismo, una vez más.

Saito reaccionó.

-"Aibou"-le llama su amigo de la runa: Derflinger-"Será mejor que saques a tus amadas de aquí, de lo contrario no garantizarás su seguridad, aunque luches contra todos".

-"Tienes razón Derf"-le dice Saito.

Retrocedió resguardándose en la mansión, corriendo hacia la habitación donde se encontraban sus amadas.

-"Louise, Siesta, rápido, tienen que ir a la habitación secreta"-les dice Saito, todo agitado-"¿Pueden moverse?"-les preguntas

-"¿Qué pasa Saito?"-le pregunta confundida.

-"Sí...nos podemos mover"-le responde Siesta ante todo-"Pero ¿Por qué?".

-"No les puedo explicar"-le responde Saito, siendo lo único que podía decir, ya que volvieron a atacar a la mansión.

Rápidamente Saito llevó a Louise y Siesta directo a la habitación donde el espejo que se conectaba con el de la habitación que antes era de Henrietta, pero al casarse con JISG pasó a ser de ella y de su esposo. Al llegar a la entrada, se acuerda de que la puerta que conducía al clóset estaba bloqueada.

-"¡No hay tiempo para eso!"-Se dice a sí mismo Saito, dándole una poderosa patada demoledora, rompiendo la puerta.

Antes de entrar al cuarto, Louise recordó lo que había pasado entre Su esposo y Henrietta, lo cual le empezaba a doler el corazón.

-"¡No!"-Niega Louise.

-"¡Louise!"-le llama Saito, estando muy serio. Esta era una de las pocas veces que él actuaba con seriedad, por lo que no pudo con él-"Sé que te duele entrar a esta habitación, pero ahora tienes que superar ese recuerdo e ir con Hime-sama e Iván. Siesta, tú también, necesito que ambas salgan".

Louise, entendiendo lo que trataba de hacer su esposo, se llenó de valor y entró al portal. Siesta, antes de entrar:

-"¿Y qué hará Saito-san?"-le pregunta.

-"Los retendré para que no puedan pasar por el portal"-le responde Saito.

-"Pero Saito-san, no podrá escapar de ellos".

-"No importa, lo que quiero es que ustedes y los bebés estén bien".

Así, con lágrimas de preocupación en la cara de Siesta, al correr hacia el portal para pasar al otro lado.

Saito, al ver que ambas pudieron pasar sin problemas, desenvainó su Uchigatana y cortó el espejo que era a la vez, el mismo portal, con el fin de evitar que también dieran una inesperada visita al castillo y regresó afuera, con tal de enfrentarse a los enemigos que amenazaban la vida de su esposa, Maid y las de sus bebés


Mientras, en la habitación de la Reina y el Rey, Henrietta estaba sentada en la cama con la que compartía con su esposo, leyendo un pequeño cuento de princesas.

-"Este pequeño cuento será bonito para cuando tú, o ustedes nazcan"-se dice a sí misma, mientras sobaba su vientre, donde su bebé, o bebés estaban desarrollándose.

Seguía leyendo, hasta que ve de reojo a dos chicas que conocía en el clóset donde se encontraba la otra parte del portal.

-"¡Louise, Siesta!"-exclama Henrietta al ya voltear a verlas completas.

-"¡Hime-sama!"-también se sorprende Louise.

-"¿Qué están haciendo aquí?"-les pregunta Henrietta.

-"¡Iván-san! ¿Dónde está Iván-san?"-le pregunta toda desesperada Louise, ya que se preocupaba mucho por Saito, al igual que Siesta.


En ese mismo momento, en otra parte del castillo, se encontraba JISG, en una reunión con dos de sus hermanas y con demás políticos. Ya se estaban levantando, dando por cerrada esa sesión. Para la sorpresa de JISG, las puertas donde iban a salir se abren de golpe, resultando ser Agnes.

-"¡Jigu-dono!"-le llama exaltada Agnes.

-"¿Eh?"-se pregunta JISG, algo confundido ante lo que había pasado, al igual que sus hermanas.


En la habitación donde se encontraba Henrietta, JISG había llegado acompañado de Agnes y de sus hermanas.

-"¿Qué pasa?"-Pregunta JISG, serio y firme.

-"¡Iván-san!"-exclama Louise.

-"¡Saito-san está en peligro!"-le informa Siesta.

-"Explica todo"-dice JISG, manteniendo la calma.

-"No...no sé cómo explicarlo, Saito-san nos dijo quiénes eran los que nos estaban atacando en la mansión"-le explica la situación Siesta.

JISG suspiró para seguir manteniendo la calma.

-"Jigu-sama ¿Qué harás?"-le pregunta su esposa.

Sin decir nada, se acerca a su mueble donde tenía todas sus armas y analizó cuales llevar. Se cambió de atuendo (ya que el que traía puesto era para lucir como un rey).

Una vez que se preparó con su atuendo, decidió qué armas llevar: Sai, tonfas, su gran cuchillo (en su arnés) y en la espalda una gran shinobigatana que sus hermanas le entregaron cuando sus padres habían regresado a Imperius y uno de sus bokken.

-"Jigu-Chan"-le llama una de sus hermanas: Anna.

JISG voltea a ver a su hermana para prestarle atención.

-"Nosotras iremos contigo"-dice Akane.

-"Saito-san es esposo de la señorita Valliere, que es hermana de Hime-sama Henrietta, quien es tu esposa, por lo cual lo convierte en parte de nuestra familia"-le apoya Anna.

Un momento después de procesar sus palabras, les lanzó una naginata a cada una.

-"¿Esto es?"-le pregunta una de sus hermanas.

-"Una naginata"-le responde-"vi que ustedes sabían Naginatajutsu cuando las encontré en esa gran cueva siendo rodeadas por esos monstruos. Casualmente vi que tenían cuatro naginatas en ese momento".

-"Nee, Jigu-chan, ¿Estas naginatas no se romperán fácilmente?"-le pregunta con algo de inseguridad Anna.

-"No, esas naginatas son las mejores que hay en Halkeginia, son prácticamente indestructibles. Yo mismo las probé, al igual que mis otras armas"-le contesta JISG. Luego de darles sus armas, les dio a ambas un atuendo que ellas utilizarían para acompañarlo.

-"¿Qué es esto?"-se preguntan ambas, confundidas.

-"Son sus trajes para ir en busca de Saito"-les responde una vez más JISG.

Los trajes que tenían las hermanas del chico de cabello negro/rojo/plateado eran de kunoichi, acompañados de una bufanda ninja.

Ambas se fueron a vestir, mientras que JISG esperó sentado en un banquito, con los ojos cerrados, agudizando sus sentidos para que estuvieran alerta a todo momento.

Entre tanto ellas se alistaban, Louise y Siesta lo observaban cómo se mantenía tranquilo.


Poco después, ambas hermanas llegan ya preparadas con su traje y sus naginatas guardadas en la espalda.

Anna, quien lo vio creyendo que estaba dormido, le iba a dirigir un golpe a la cara para gastarle una broma que no le funcionó, ya que JISG no estaba realmente dormido sino meditando y sintiendo todo a su alrededor, incluyendo el aire y sus movimientos irregulares. Ambas dieron un pequeño sobresalto de sorpresa al ver cómo JISG, al igual que un rayo, reaccionó agarrando de la muñeca y deteniendo el ataque.

-"Todavía te hace falta más velocidad"-le aconseja JISG.

-"Jigu-sama es muy hábil cuando se trata de defender"-comenta admirando a su esposo Henrietta, con una leve risita.

-"Bien, ahora que estamos listos para partir..."-Agnes lo interrumpió-"Llévenme con ustedes".

-"¿Agnes?".

Ella asiente con la cabeza.

JISG sonríe al ver sus buenas intenciones, pero lo negó-"No puedo permitirlo, sin ti aquí, ¿Quién protegerá a mi Reina y a estas dos señoritas embarazadas?".

-"¡Nosotros lo haremos!"-exclama con entusiasmo una de las mosqueteras que casualmente oyeron parte de la conversación.

-"¡Chicas!"-les dice Agnes, dando un pequeño sobresalto.

-"¡No se preocupe mi Rey"-le dice la otra que estaba a lado de la primera.

-"Nosotras las protegeremos"-habla una tercera, mientras las tres hacen una reverencia.

JISG les sonrió a las tres-"Se los encargo"-dijo, a la vez que él, sus hermanas y la líder de mosqueteras se retiraban y partían directo a Do Ornielle, donde lo esperaba una nueva aventura.

Continuará.