Lo siento. Tenía intensión de subir este capítulo antes pero me dediqué a escribir y me alegra informarles que ya estoy a punto de terminar esta historia. Todavía quedan unos cuantos capítulos por publicar y dar forma a los dos finales pero casi, casi, estoy cerrando con los detalles.

Espero que disfruten esta segunda parte.


LUNA LLENA II

Todos somos como la luna brillante, todavía tenemos nuestro lado oscuro.

Khalil Gibran

Hermione no hacía más que caminar rápidamente por el medio del bosque. No tenía miedo, no le preocupaba ni un poco que alguien o algo pudiera atacarla, simplemente debía de alejarse todo lo posible de Draco y de los sentimientos que despertó su presencia en ella.

¡Ridículo!

No existía otra palabra para describirlo. ¡Era ridículo! Ella sabía muy bien que él le gustaba, que podía estar teniendo sentimientos por él, que le atraía, que lo deseaba incluso, pero nunca pensó que su corazón pudiera acelerarse de ese modo, que sentiría que su estómago estaba lleno de mariposas, que sus manos dolerían al tener que contenerse para no ir a tocarlo como tanto había querido.

Hermione nunca pensó que todo fuera tan intenso, tan abrumador, que ese sentimiento la dejara tan atontada. Así que cuando recobró un segundo de su lógica hizo lo más razonable: huir antes de cometer uno de los mayores errores de su vida.

Habían pasado tres días desde que llegó a aquella realidad y a penas se estaba acostumbrando a la idea de que su padre era Fenrir y que en realidad este hombre era bastante amable con ella, amoroso incluso. Él la había ido a buscar a aquella mañana para ir a pescar río arriba. Había temido que como una bestia tuviera que saltar al río y atrapar los peces con las manos pero se había sorprendido al descubrir un par de cañas. Pasaron un buen rato sentados a la orilla hasta que ambos lo sintieron…

Había sido un aroma poco natural que inundó el bosque, intenso, aunque lejano. Ella no lo había descubierto al comienzo pero luego se dio cuenta que se trataba de un perfume hecho con algunos químicos. Hacía que cosquilleara su nariz. Su padre, a su lado, había juntado su caña y le había ordenado hacer lo mismo. Había tomado los peces que habían sacado y había corrido nuevamente al pueblo por unos cuarenta minutos más o menos. Estaban lejos pero ellos eran veloces pero cuando llegaron la dueña de aquel perfume ya había llegado también…y no venía sola.

Se preguntó porqué no fue capaz de sentirlo antes.

Él no usaba perfumes ridículos que hacían picar su nariz pero aún así tenía un aroma muy característico que había sentido en otras realidades aunque jamás le había prestado verdadera atención: yerbabuena y rosas. Frescura. Limpieza. Natural. Le daban ganas de aspirarlo profundamente después de un día agotador, preferentemente recostada contra su pecho, y retenerlo dentro de sus pulmones por unos segundos, como si pudiera también retenerlo en su memoria.

— ¿Hermione? ¿A dónde vas?

Hermione se sobresaltó al escuchar la voz de su madre. Giró y se sorprendió al darse cuenta que se encontraba a poca distancia de ella, junto a la anciana que había visto tan sólo durante la celebración de cumpleaños de su hermano y que le había llamado tanto la atención. Ambas tenían unas canastas colgando de sus brazos llenas de diferentes flores y hierbas.

—Yo… sólo…—intentó explicarse pero se sintió repentinamente avergonzada.

La anciana le hizo una seña a la madre de Hermione y señaló hacia el pueblo, sin decir ninguna palabra. Pero eso pareció ser suficiente porque los ojos de la mujer brillaron repentinamente llenos de comprensión y se voltearon a ver a su hija.

— ¿Es cierto? ¿Lo has encontrado?—le preguntó con una enorme sonrisa y caminó hacia ella, tomándola de la mano.

Hermione la miró sin comprender.

— ¿Qué he encontrado?—quiso saber.

— ¡A tu compañero!—exclamó sin dejar de sonreír—Nunca imaginé que fuera el hermano de Meissa pero es una maravillosa noticia—acomodó maternalmente el mechó de cabello de su hija que caía sobre su rostro, comprendiendo por su expresión que se sentía sorprendida— ¡Oh, mi amor! No te preocupes. Sabes que él te corresponderá.

Draco estaba inquieto. Hermione lo había dejado aquella mañana y no había vuelto a aparecer en todo el día. Él y su hermana comieron algo y luego durmieron un poco en las dos camas individuales que habían colocados para ellos en la única habitación de la cabaña que les habían cedido. Cuando él despertó su hermana no estaba pero no queriendo salir fuera siguió leyendo los libros de runas que había llevado hasta que Meissa volvió aparecer, sonriendo enormemente.

— ¿Estás leyendo? ¿En serio?—le preguntó mientras le arrebataba el libro de la mano— ¿Por qué no saliste afuera con nosotros?

—Creí que era mejor darte tu espacio, que estuvieras a solas con tu novio.

—Él y yo nos casaremos y luego tendremos todo el tiempo del mundo para estar a solas—le aseguró—. Ahora estamos felices de estar juntos.

—De todos modos, quería seguir leyendo.

Su hermana le dio una mirada resignada pero finalmente se encogió de hombros.

—Ahora vamos a recoger leña para encender una fogata. Esta noche cocinaremos carne asada y se contarán algunas historias, quizás haya música incluso—le dijo— ¿quieres venir?

—Creo que aunque diga que no me obligarás a asistir.

—Así es.

—Entonces ahí estaré—le aseguró y se apresuró a aclarar—: esta noche. No quiero meterme nuevamente al bosque.

—Lo sé—sonrió y de repente su sonrisa amable se transformó en una llena de picardía—- Hermione estará allí.

Draco intentó actuar como si la información que le había dado no le afectaba en absoluto pero dentro de su pecho su corazón pegó un brinco violento.

—No sé porqué eso sería redundante—dijo con aparente indiferencia.

— ¡Oh, vamos!—exclamó y se acercó a él rápidamente pero tuvo la amabilidad de no tocarlo—. Milo y yo notamos el modo en que ustedes se quedaron viendo el uno al otro. Es innegable.

— ¿Lo es?—preguntó.

Por supuesto, había sabido que había cambiado algo en aquella realidad entre ellos pero eso no quería decir que era obvio para él como lo era para su hermana.

— ¡Vamos, Draco! No puedes simplemente hacerte el tonto y no darte cuenta.

—Realmente no sé de qué estás hablando.

—Sucedió igual cuando Milo y yo nos encontramos—le explicó—. Nos vimos y de repente todo lo demás dejó de tener importancia. ¿Recuerdas que ese día volvía a la casa de tía Bella totalmente anonadada? Lo vi, me habló y simplemente supe que no podría soportar vivir sin él.

— ¿Y por eso decidiste dejar todo lo que conocías atrás?—inquirió.

Pensó que ella se iba a molestar pero simplemente suspiró y tomó asiento a su lado.

—Supongo que debí de hablar de esto contigo hace mucho tiempo—indicó con paciencia—. Lo siento si pensaste que decidí abandonarlos a todos, o a ti. Nunca fue mi intención. Milo es mi vida y aunque admito que tuve una buena infancia, los últimos años viviendo en la mansión fueron los más infelices que tuve que padecer. Terminé mis estudios y lo único que parecía importar era encontrar un marido rico y sangre pura.

—Pero ahora has encontrado un marido también.

—Sí, pero a uno que elegí voluntariamente.

—Si es verdad lo que me has dicho de que son el uno para el otro y que están destinados a estar juntos, no entiendo cómo puede ser voluntariamente—comentó.

—Porque yo lo acepté. Obviamente la magia que nos une es primitiva y poderosa pero aún así yo tenía la voluntad de marcharme y casarme con otro hombre si quería—le aseguró—.Pero no quería. Yo decidí escapar del hogar de nuestros padres y vivir con Milo—lo miró fijamente por unos instantes, permaneciendo en un silencio contemplativo hasta que finalmente dijo—. Pero tú y yo, aunque somos hermanos, somos diferentes. Aunque obviamente Hermione y tú son el uno para el otro, no estás obligado a quedarte a su lado.

Él no creía en las almas gemelas y sabía perfectamente bien que en el mundo real Hermione y él no podría ser tal cosa jamás. Tan sólo tenía que pensar en el primer día que la vio para darse cuenta que su presencia no lo había impresionado ni un poco, ni siquiera en los siguientes años del colegio. Había admitido a regañadientes que era lista y que en su cuarto año, durante el baile, había puesto esmero y se había visto algo linda, pero nunca pensó en ella más que como la niña molesta, la amiga de Potter, la insufrible… hasta que cayeron en aquellas realidades alternativas. Así que no, definitivamente no eran almas gemelas que tan sólo verse sintieron una profunda conexión.

Aunque, por supuesto, aquella realidad ejercía sus propias leyes sobre ellos.

—No prometo nada—le aseguró.

—Eso está bien. Agradezco que no lo hayas descartado desde un primer momento.

Si Draco se sorprendió al observar a Fenrir allí, no lo demostró de ningún modo. Hermione desde el otro lado de la fogata vio como Meissa y Milo los presentaban entre sí y éstos se estrechaban la mano con cordialidad. Luego el inmenso hombre lo invitó a sentarse a su lado mientras él relataba viejas historias de hombres lobos. Ella se distrajo unos momentos oyéndolas pero podía sentir la presencia del rubio, como una vibración extraña en el aire que hacía que su cuerpo se estremeciera ligeramente. Luego se repartió la carne que se había comenzado a asar desde temprano, algo más cocida para Meissa y Draco. Finalmente vino la música.

En aquella comunidad no eran muchos pero cada uno tenía algo que parecía hacerlo especial por lo que no era extraño que hubiera unos cuantos músicos que no dudaron en sacar sus instrumentos y hacerlos sonar. Era un ritmo alegre y movido que invitaba a todos a ponerse de pie y a moverse al compás. Los primeros fueron los padres de Hermione y Milo y luego otras parejas mayores. Su hermano hizo una reverencia ante Meissa y ésta, tras soltar una risa contagiosa, aceptó la mano que le tendía y se puso de pie para seguirlo. Hermione los miró con cierta envidia por unos minutos. Una envidia sana, por supuesto. Después, sus ojos se desviaron hacia donde se encontraba Draco momentos atrás pero se sorprendió al descubrir que no estaba allí. Pero no tuvo que preguntarse en dónde se había metido porque antes de que se acercara a ella todos sus sentidos le advirtieron que estaba cerca. Volteó el rostro y se encontró con una expresión precavida.

—Hola—la saludó.

Tenía las manos metidas dentro de los bolsillos de su pantalón, pegando los brazos a su cuerpo lo más que podía.

—Hola—él se sentó a su lado pero manteniendo una prudente distancia y haciendo caso omiso a la electrificarte atmósfera que comenzaba a sentirse entre ellos.

— ¿Sabes que esto es ridículo teniendo en cuenta que ya nos conocemos y que incluso nos hemos besado antes?—le preguntó Hermione sin poder evitarlo.

Draco sonrió ligeramente pero no dejó de mantenerse tenso.

—Sí, pero no puedo evitarlo. Es… todo… Tú me pones nervioso.

— ¿Yo?—preguntó sorprendida.

—Sí. Eres… —titubeó pero pareció armarse de valor para decir lo que tenía en mente—Representas todo lo contrario a lo que soy en esta realidad. Al parecer tengo serios problemas con la idea de tocar a otras personas y soy un tanto excéntrico con respecto al orden y la higiene.

— ¿Estás insinuando que estoy sucia?—preguntó con molestia.

—No, no—se apresuró a aclarar—, pero definitivamente eres un desorden andante.

— ¿Qué quieres decir con eso?—su ceño fruncido y su voz elevándose no eran buena señal.

—Que tu ropa está desprolija y que tu cabello está revuelto.

Esas palabras no la apaciguaron pero él no supo cómo decirle que en realidad eso le gustaba y era precisamente lo que lo confundía y lo ponía nervioso. Ella parecía poderosa, autosuficiente, fuerte, desprolija, parecía una mujer que tenía la capacidad de tener el mundo a sus pies. ¡Y joder, eso lo intimidaba! Era… ridículo… Ya había olvidado la cantidad de veces que había utilizado esa palabra. Él solía rebosar de autoconfianza pero en este mundo absurdo donde tenía una hermana y se encontraba dentro de una manada de hombres lobos, era absurdamente tímido las mujeres… ¿O solamente era Hermione? Realmente no importaba. Sólo quería salir de allí de una buena vez.

—He encontrado algunos libros de Runas Antiguas—comentó para llenar el silencio tenso que había nacido entre ellos.

Hermione lo miró de repente, con los ojos abiertos como platos.

— ¿En serio? ¿Por qué no me lo dijiste antes?—le recriminó.

—No tuve la oportunidad—le aseguró.

Las mejillas de la chica se ruborizaron al darse cuenta que quizás ella hubiera tenido parte de la culpa de eso al haber huido de aquel modo aquella mañana.

—Bueno… No importa. ¿Podemos ir a verlos ahora?

— ¿No crees que se preguntarán dónde fuimos?—le preguntó.

Ambos miraron hacia el resto de los presentes que bailaban o charlaban entre sí, cada uno entretenidos con la fiesta que se estaba celebrando.

—Creo que ni siquiera lo notarán.

Draco quiso extender la mano y tomar la de ella mientras caminaban hacia su cabaña pero fue incapaz de encontrar el valor para hacerlo así que siguió con la misma postura rígida de antes, sintiendo que su corazón se aceleraba demasiado con cada uno de los pasos que daba hacia aquella cabaña. ¡Merlín, tenía miedo de estar a solas con ella!

Cuando llegaron, abrió y dejó que entrara primero como un buen caballero. Luego sacó su varita y he hizo que los libros llegaran volando desde su cuarto hasta la cocina.

— ¡Eres un mago!—exclamó ella con asombro.

Draco la miró sin entenderlo pero finalmente cayó en cuenta que su sorpresa se debía a que ella no lo era.

—Sí… —se movió incómodo sin saber qué hacer a continuación, no queriendo presumir de aquello.

— ¡Eso es genial!—se acercó y miró la varita mágica que él sostenía con cierta añoranza—. No tienes idea de lo mucho que extraño la mía… o simplemente tener una—sonrió nerviosamente— ¿Puedo?

Él se la tendió lentamente y cuando Hermione la tomó, la sonrisa que mantenía en sus labios, se borró inmediatamente.

—No siento nada—le informó ella—. Obviamente no hay magia dentro de mí.

Le devolvió la varita y él fue muy cuidadoso en no tocar sus dedos mientras la tomaba.

— ¿También eres un hombre lobo?—preguntó el rubio e inmediatamente se maldijo por haber hablado con tan poco tacto sobre aquella cuestión que había estado rondando su cabeza desde que había comprendido bien a dónde se encontraba—. Lo… lo siento… yo…no debí de preguntar… ¿Lo eres?

Hermione rió nerviosamente pero no respondió de inmediato.

—No lo sé—indicó lentamente—. No llevo aquí muchos días, sólo tres. Si mi padre lo es, lo que casi estoy cien por ciento segura, no hay garantía que yo o mi hermano también lo seamos. Esta infección no es hereditaria. Al menos, el profesor Lupin no se la pasó a Teddy—pensó por unos momentos—. Tengo ciertas características propias de ellos como sentir sonidos lejanos u aromas…

—Tienes un compañero—completó Draco.

Hermione se ruborizó.

— ¿Te enteraste?

—Mi hermana prácticamente no podía quedarse quieta de la emoción. Creo que fue demasiado obvio para ellos.

—Lo siento—murmuró.

Draco se encogió de hombros ligeramente.

—No es tu culpa—le aseguró.

El silencio incómodo hizo acto de presencia y ambos se movieron en su sitio sin comentar nada más. La electricidad siempre estaba presente, como un recordatorio que en aquella realidad había algo mucho mayor a ellos que los unía. Sin embargo, ninguno de los dos pensaba hacer algo al respecto.

—Espera, ¿dijiste tres días?—Draco preguntó de repente.

Hermione lo miró sin entender pero finalmente recordó en qué parte de la conversación ella había dicho aquello.

—Sí, hace tres días estoy aquí.

—Yo sólo pasé dos días en esta realidad. Ayer estuve en la casa de mis padres. Mi hermana y yo huimos a la madrugada para que no se enteraran y tomamos un tren muggle para llegar aquí hoy.

Hermione parecía no compartir su sorpresa por aquel descubrimiento.

—No es tan extraño, si lo piensas. ¿Recuerdas cuando estuvimos en la realidad en la que nos encontrábamos en la historia de la Bella y la Bestia? Tú apareciste muchos años antes que yo.

Draco asintió aunque no estaba convencido con aquello. Algo le decía que había algo más allí, algo que no estaba viendo pero… ¿qué?

— ¿Por qué no seguimos leyendo los libros que trajiste y vemos si podemos encontrar algo que nos ayude?

El rubio asintió y de inmediato se pusieron en ello. Él le contó sobre los libros que ya había leído, le mostró las anotaciones que hizo. Le gustó ver el brillo entusiasta y se infló de orgullo cuando ella lo felicitó por lo que había hecho.

— ¿Qué opinas de esto?—le preguntó Hermione tiempo después, entregándole uno de los libros y mostrándole el sitio exacto dónde debía de leer.

— ¿El Universo?—preguntó con cierta sorpresa.

—Sí, es una de las runas de más alto contenido energético por su capacidad de abarcarlo todo. Si estamos saltando de realidad en realidad gracias a la runa de mutabilidad y en éstas realidades nos encontramos con mundos cada vez más complejos a causa de la runa de energía aumentativa, es obvio que debe tener algo que las contenga, que no permita que simplemente se desequilibren por su mera existencia… y eso es…

—La runa del Universo—completó él comprendiendo lo que quería decir.

—Exacto—Hermione sonrió entusiasmada— ¡No sé por qué no lo pensé antes! ¡Es tan obvio ahora!

La puerta se abrió en ese mismo instante y ambos giraron el rostro hacia allí para comprobar que se encontraba Milo, Meissa y la madre de Hermione.

— ¿Por qué no me extraña que mi hermano haya encontrado a alguien que disfrute de los libros tanto como él?—preguntó la chica a las otras dos personas que la acompañaba, sacándole sonrisas.

—Bueno, tortolitos—Milo entró y miró curiosamente los libros que tenían delante de ellos y como no eran de su interés volvió a prestar atención a los dos—, es tarde y se perdieron la mayor parte del baile por estar aquí encerrados leyendo.

Hermione entendió que esa era la forma sutil que tenían de decirle que iba siendo hora de volver a su casa. Así que se puso de pie y después de despedirse con un movimiento de la mano fue siguiendo a su hermano y a su madre.

—No tenían que venir a buscarme ambos—les aseguró.

—Hermanita, mis oídos estaban saturados de música y mi nariz estaba inundada del aroma a leña quemándose—le dijo Milo con aparente seriedad—.No tenía idea alguna de si ese Malfoy estaba profanándote de algún modo…

— ¡Cierra la boca!—le ordenó, sintiendo como sus mejillas volvía a enrojecer ante la sugerencia de su hermano—Él no haría tal cosa.

—A mi me preocuparía más que tú lo "profanes" a él—comentó su madre.

Hermione la miró con incredulidad, sintiendo cómo su rostro se volvía aún más rojo que antes, cosa que ella no creía posible. Ansiosa por separarse de ellos, caminó con toda prisa hacia la casa y cuando abrió la puerta se encontró con la mirada de su padre que la recorrió por completo.

—No hueles como él—comentó.

Hermione sólo gruñó y se metió dentro de la habitación para dormir, no queriendo pensar en cómo demonios pensaba aquel hombre que ella podría llegar a oler como Draco. Se cambió rápidamente y luego se acostó, cubriéndose con la manta prácticamente hasta la cabeza. Cuando entró su hermano se hizo la dormida y aunque comprendía que él sabía perfectamente que estaba fingiendo, agradeció que no dijera nada y simplemente ocupara su cama.

Intentó no pensar en nada y finalmente terminó durmiéndose profundamente, aunque no fue precisamente un buen descanso porque toda la noche dio vueltas en la cama, teniendo sueños demasiados explícitos sobre cierto rubio.

A la mañana siguiente cuando despertó miró avergonzada hacia la cama de su hermano para descubrir que él se había levantado primero. Rogaba no haber dicho ni hecho absolutamente nada la noche anterior porque sino sentía que podía morir en ese mismo instante.

Tomó un baño rápidamente, se vistió y luego fue hacia la cocina donde se encontró a su madre sentada con un enorme libro viejo en las manos.

—Buenos días.

— ¡Buenos días, Hermione!—exclamó al verla— ¿Quieres unirte a Meissa y a mi hoy?—le preguntó—Le prometí darle algunos consejos sobre cómo manejar un hogar aquí y quizás te convendría escuchar algunos a ti también.

—Creo que te estás apresurando conmigo—indicó mientras iba a sentarse y miraba el contenido del libro— ¿Un libro de cocina?

—Pensé que sería bueno preparar algo más complejo para nuestros invitados para esta noche.

— ¿Esta noche habrá otra fogata?

—No—respondió mientras daba vuelta una nueva hoja del libro y seguía buscando—.Meissa y Draco vendrán a cenar aquí.

— ¿Con nosotros?—preguntó con cierto temor.

—Por supuesto que sí, Hermione—la miró con intensidad— ¿Qué te preocupa?

—Ustedes.

— ¿Disculpa?

—Me preocupa que hagan comentarios como los de anoche—aclaró.

Su madre sonrió con diversión.

—Prometo comportarme—le aseguró.

— ¿Y los demás?

—Sabes muy bien que no podrás cambiar a tu hermano y aún menos a tu padre—volvió a poner su atención en el libro.

—Eso no me consuela—murmuró y su madre sólo volvió a sonreír sin apartar la vista del libro.

Ella hubiera querido poder buscar a Draco para seguir leyendo los libros pero su madre la mantuvo a su lado, obligándola a ayudarla en la cocina y limpiando exhaustivamente la cabaña, queriendo que todo estuviera impecable. Incluso Milo tuvo que ayudar. En el momento en que puso un pie en la entrada su madre le entregó una cubeta para que fuera a buscar agua al río y le ordenó que dejara el baño impecable. De mala gana lo hizo pero pareció después vengarse ocupando el baño al menos por una hora a la hora de bañarse.

— ¡Llevas más de cuarenta minutos dentro!—se quejó Hermione golpeando la puerta con intensidad.

Ella también quería bañarse, especialmente después de aquel día tan ocupado pero sobretodo porque sabía que Draco en esa realidad tenía una manía con la limpieza.

— ¡Aún no termino!—le gritó su hermano desde el otro lado—Tienes que saber que mantener mi perfección lleva tiempo.

— ¡Tendrías que mantenerte allí dentro al menos una semana para poder verte medianamente decente!—exclamó molesta.

— ¡Hermione!—la reprendió su madre y tan sólo en ese momento se dio cuenta de lo que había dicho.

Era extraño. Ella no solía actuar de ese modo con nadie. ¿Sería esa la forma en que solían pelearse los hermanos? ¿Por tonterías como esa?

Fueron quince minutos después que salió finalmente Milo del baño y Hermione iba a admitir que realmente se había esmerado en su presencia. Se había afeitado con sumo cuidado; incluso se había cortado un poco el cabello para dejarlo más prolijo. Se había peinado y se había puesto sus mejores ropas.

— ¿Qué tal estoy?—les preguntó a las dos mujeres.

—Casi decente—bromeó Hermione.

—Perfecto—aseguró la madre de ambos.

—Lo sé—aseguró él, guiñándoles un ojo— ¿Por qué no entras ahora tú, hermanita, e intentas verte como una mujer por primera vez?

Hermione le sacó la lengua infantilmente pero tomó un buen baño, fregando a consciencia su cuerpo. Estaba colocándose su ropa interior cuando oyó que golpeaban suavemente la puerta.

— Hermione, soy yo. ¿Puedo pasar?

Extrañada por la presencia de su madre del otro lado tomó la toalla y envolvió su cuerpo. No estaba completamente desnuda pero tampoco quería que una completa extraña la viera así.

—Adelante—dijo.

Su madre entró y Hermione notó que tenía una serie de cosas en sus brazos.

—Creo que ahora es tu turno de cerrarle la boca a tu hermano, ¿no te parece?—le preguntó con una sonrisa—Traje algunas cosas que logrará que seas la mujer más hermosa de todo el mundo.

—Eso es un poco exagerado—aseguró.

—Draco pensará eso en cuanto ponga sus ojos en ti.

Ella comenzó a negar con la cabeza pero su madre no le hizo caso y antes de que se diera cuenta le quitó la toalla que envolvía su cuerpo y comenzó a ayudarla a ponerse un vestido celeste hermoso que se aferraba a su cintura y le llegaba hasta los pies.

—Estuve guardando este vestido para ti por muchos años. Solía usarlo cuando tenía tu edad pero luego dejó de quedarme cuando quedé embarazada.

—Espero que eso no sea una premonición.

—No, no lo creo. Eres demasiado joven para ser madre—le aseguró—. Después hablaremos de algunos métodos para evitar que eso suceda.

Hermione abrió los ojos inmensamente.

—No creo que sea necesario.

—Claro que lo es—aseguró su madre con rotundidad—y para que no te escapes de esa conversación la tendremos ahora mismo, mientras me encargo de tu cabello.

Hermione gimió ruidosamente pero eso no evitó que su madre comenzara a hablar mientras sacaba un líquido rosa de una botella de vidrio y se lo colocara en el cabello.

Cuando finalmente salió del baño su hermano abrió los ojos inmensamente y se quedó gratamente sorprendido con la nueva imagen que mostraba su Hermione.

— ¿Qué opinas de ella ahora, Milo?—le preguntó la mujer.

Él tardó en encontrar las palabras adecuadas pero finalmente dijo sonriendo:

—Se ve casi decente.

Cuando llegó Fenrir poco después se quedó de pie unos instantes frente a la puerta, contemplando a sus dos hijos totalmente anonadado. Él siempre había sabido que un día serían mayores y que cada uno se levantaría y seguiría su camino pero en esos momentos le pareció que ese trágico momento había llegado demasiado de pronto y que no estaba preparado para lo que inminentemente iba a suceder.

Su esposa se acercó a él afectuosamente y colocó una mano sobre su brazo, sonriéndole alentadoramente.

—Ellos ya son adultos—le dijo—. No podríamos haberlos criado mejor.

Él asintió pero permaneció en silencio prácticamente el resto de la velada.

Cuando llegaron los hermanos Malfoy, la madre de Milo y de Hermione parecía rebosar de alegría. Charló animadamente con Meissa e incluso platicó un poco con Draco. Cuando fue hora de colocar la vajilla sobre la mesa, el rubio se ofreció a hacerlo y con cuidado colocó cada una de las cosas a la distancia adecuada, haciendo que el resultado fuera bastante admirable.

Hermione intentó hablar con él mientras lo hacía pero por alguna razón que iba más allá de su lógica, Draco sólo decía un par de palabras y luego callaba… ¡Y en ningún momento la miró! Le pareció que se ruborizó en una ocasión cuando la tuvo demasiado cerca pero no pudo estar completamente segura porque en ese momento su madre le entregó los vasos.

¡Era tan frustrante! Ella sentía una enorme necesidad de hablarle al menos ya que no se animaba a tocarlo por temor a su reacción pero Draco parecía estar haciendo todo lo posible para ignorar su presencia lo que era increíblemente doloroso. ¿Cómo es que lograba conseguir no notar su presencia? Ella no podía ni siquiera respirar tranquilamente porque su característico aroma inundaba su nariz y la hacía querer desear pegarse a él y besarlo, lamerlo, tocar cada parte de su piel, arañar su espalda, decir su nombre una y otra vez mientras permitía que Draco le hiciera lo mismo.

Un brusco codazo la hizo salir de sus escandalosos pensamientos. Su hermano, que se había sentado a su lado en la mensa para cenar le había dado una silenciosa advertencia. Avergonzada alzó la vista hacia los demás y notó que Fenrir miraba la comida de su plato con el ceño fruncido, como si ésta lo hubiera insultado de algún modo. ¿Él también lo había notado? ¡Circe! Esperaba que no.

En ese momento golpearon la puerta de la casa y Hermione se levantó de un brinco para ir a atender, ansiosa por tener algo que hacer y así mitigar su vergüenza.

Se trataba de la mujer que había llamado la atención durante la celebración del cumpleaños de su hermano. Su rostro parecía increíblemente avejentado a pesar de que sólo había pasado un día desde que se la topó en el bosque junto a su madre e incluso su cabello oscuro lleno de rizos ya tenía una considerable cantidad de canas.

Hermione, a pesar de haber querido hablar con ella con anterioridad, no había podido encontrarla en la comunidad y, según se había enterado, era una especie de nómade que iba y venía a su antojo. No hablaba y la única persona que parecía ser capaz de entender sus señas era la madre de Hermione y Milo.

— ¿Bathsheda?—preguntó Fenrir al verla— ¿Qué haces aquí? Pensé que te habías ido esta mañana.

¿Bathsheda? ¿Dónde había oído ese nombre antes? Le resultaba tan familiar pero era incapaz de recordar a quién pertenecía.

No obstante, Draco no pareció tener el mismo inconveniente porque en cuanto oyó aquel nombre se puso de pie y caminó directamente hacia la puerta.

—Tiene que hablar con nosotros—dijo a los demás sin quitar los ojos de la mujer y tras salir al exterior hizo una señal a Hermione para que los siguiera.

La chica así lo hizo, cerrando la puerta de entrada al ir tras ellos.

— ¿Qué sucede?—le preguntó al rubio, quien no dejaba de contemplar a la mujer— ¿La conoces?

—Tú también lo haces: es la profesora Babbling.

Hermione estaba por negarlo rotundamente pero de repente sus ojos se toparon con los de la mujer y todo fue muy claro. Allí estaba, en su mirada se podía ver el dolor y el arrepentimiento, la angustia que invadía cada uno de los rincones de su alma el saber que era la culpable de que ellos estuvieran allí. Fue dolorosamente obvio quién era ella y Hermione no pudo evitar preguntarse cómo demonios no se había dado cuenta antes.

— ¡Profesora!—exclamó— ¿Cómo es que llegó aquí?

La mujer tocó su garganta con sus manos y negó con la cabeza. Luego hizo un gesto con una de ellas, simulando estar escribiendo. Draco entendió de repente y les pidió que lo siguieran hacia la cabaña donde se estaban quedando donde tenía pergamino y plumas. Además, allí podían estar más tranquilos que frente a la casa de los padres de Hermione, donde podrían oír fácilmente lo que decían.

Cuando llegaron, la profesora se sentó frente a la mesa y lo primero que escribió y les mostró fueron dos palabras escritas temblorosamente: "Lo siento"

— ¡Claro que debería de sentirlo!—le gritó Draco con enojo— ¡Por su culpa hemos estado saltando de realidad en realidad sin saber cómo demonios salir de aquí!

A la mujer se le llenaron los ojos de lágrimas y Hermione sintió que se le rompía el corazón por ella.

—No le grites—lo reprendió con suavidad mientras tomaba una silla y se sentaba al lado de la mujer para darle un abrazo—. No importa—le dijo sin hacer caso a la mirada molesta que le lanzaba el rubio—. Está aquí y eso es lo fundamental. Porque es usted, ¿Verdad? ¿Nuestra verdadera profesora?—La mujer asintió enérgicamente con la cabeza—Eso quiere decir que si usted encontró el modo de entrar, nosotros podemos encontrar el modo de salir.

La mujer empezó a asentir una y otra vez con la cabeza antes de volver a tomar pergamino y pluma y seguir escribiendo.

"Escapé de San Mungo. No podía soportar no saber qué era de ustedes. Investigué y averigüé cómo puede volver al mundo real"

— ¡Gracias a Merlín!—exclamó Draco— ¿Cómo lo hacemos?

"Deben volver a realizar el círculo de runas correctamente y decir nuevamente el hechizo"

—No recordamos exactamente cómo es el que usted hizo—le informó Hermione.

La mujer no tardó en dibujárselo correctamente en un pergamino limpio. Cada trazo lo hacía con una firmeza absoluta, sin dudar en ningún momento. Hermione y Draco lo contemplaron y se dieron cuenta que ellos no estaban yendo por mal camino. Ambos se esforzaron mucho en memorizar cada una de las runas que veían porque no sabían cuándo la magia los sacaría de allí.

— ¿Por qué no puede hablar?—preguntó Draco con curiosidad de repente.

"Mi personaje no tiene voz"

— ¿Su personaje?—Hermione la miró con los ojos abiertos inmensamente— ¿Y por qué se ve diferente? ¿Usted también hizo el hechizo?

La mujer asintió con seriedad y rápidamente escribió.

"Hice el círculo de runas y realicé el hechizo para advertirles. He estado en otras realidades pero nunca me topé con ustedes antes. Debí añadir sus nombres completos escritos con las runas para asegurarme que en algún momentos nuestras realidades se iban a topar. Y no me veo diferente, sólo más joven".

Draco y Hermione no se miraron pero en ese momento ambos estaban teniendo la misma reacción: estaban conmocionados porque aquella mujer había estado dispuesta a hacer tan gran acto para poder rescatarlos.

—Bueno—Hermione comenzó a decir con suavidad—, por lo menos ahora podemos volver todos a salir de aquí.

La mujer negó con la cabeza.

"Yo no puedo. Debo ser una bruja para volver a salir. Tengo que tener mi varita mágica"

— ¿Eso quiere decir que simplemente podemos salir mientras tengamos nuestras varitas?

La profesora Babbling asintió y volvió a escribir.

"Es la única forma que hallé. Sólo debo de esperar a toparme con una realidad en la que vuela a tener magia. Pero ustedes pueden salir. Háganlo de inmediato"

Draco miró a Hermione y ésta le sonrió ligeramente mientras asentía con su cabeza.

—Vete—le dijo tranquilamente—. Tú eres el mago en esta realidad y tienes la oportunidad de irte. No me enojaré.

—No seas absurda.

—Draco, estoy hablando en serio.

—Y yo también—indicó rotundamente—. No pienso marcharme a ningún lado sin ti.

Ella se puso de pie y fue hacia él, extendiendo la mano para tocar su brazo pero Draco retrocedió, impidiéndoselo. Hermione no insistió e intentó ocultar el dolor que le causó su rechazo pero él fue capaz de captarlo inmediatamente.

—Lo siento—se disculpó con dificultad—. No lo hago intencionalmente. Simplemente me cuesta aceptar el contacto de otras personas y…

—No te preocupes—lo interrumpió ella volviendo a su lugar, al lado de la profesora que estaba contemplando la escena con suma curiosidad.

—Realmente no me marcharé sin ti. No importa que tengamos que saltar a cien realidades más hasta que volvamos a tener ambos magia.

Hermione volvió a sonreírle levemente y esta vez fue un gesto lleno de gratitud. Ella hubiera hecho exactamente lo mismo si estuviera en su lugar y el saber que Draco estaba dispuesto a hacer tal sacrificio la conmovía profundamente. Le parecía una especie de confirmación que le decía que él sentía por ella lo mismo que ella por él, a pesar de que en su actual circunstancia era imposible demostrárselo de otro modo.

Tenía que tener en cuenta que esto no era lo único que él había hecho por ella. En muchas otras realidades había demostrado un sentido de protección que jamás se habría esperado de su parte. Cuando fue un Duque en la primera realidad a la que fueron despidió a la cocinera cuando se enteró de que la había golpeado, cuando fueron hermanos la rescató de morir atropellada por un animal furioso, cuando eran vecinos y ella una prostituta le permitió quedarse en la seguridad de su casa, en la realidad en que fueron niños se enfrentó a su hermano mayor cuando le mostró aquella rata, consiguió trabajo cuando lo necesitaba para cuidar a sus hijos, se mantuvo junto a ella siempre y a pesar de que muchas veces discutieron, él estuvo dispuesto a llegar a un acuerdo que mantuviera a ambos en una relación de cierta cordialidad.

Definitivamente no era el joven malcriado y egoísta que había pensado que era.

—Te quiero.

Los ojos del rubio se abrieron enormemente y Hermione se horrorizó al darse cuenta de las palabras que había dicho su propia boca. Rápidamente se volteó hacia la profesora, quien estaba igual de sorprendida que sus dos alumnos por lo que acababa de oír y pensó en decir cualquier cosa para distraer de tan vergonzosa cosa que había dicho.

— ¿Por qué dijo que escapó de San Mungo?—preguntó.

Los ojos de la profesora se desviaron momentáneamente hacia Draco, quien seguía contemplando a Hermione a pesar de que ella le había dado la espalda. Unos segundos después volvió a tomar papel y pluma y escribió:

"No me encontraba bien y la directora llamó a Medimagos para que me asistan"

— ¿Contra su voluntad?—inquirió sorprendida.

La mujer los miró con cierta vergüenza.

"Realmente no me encontraba bien. No dormía ni comía. Fue una fortuna que la directora me hubiese despedido y mandaran a buscarme. Me obligaron a dormir, me alimentaron y me dieron algunos medicamentos. Cuando me sentí bien me di cuenta que debía volver a intentar rescatarlo. Entonces…"

La mujer dejó caer la pluma sin terminar de escribir repentinamente, haciendo que el pergamino se manchara con tinta. Sus ojos se abrieron enormemente y de repente contempló a ambos con cierta desesperación.

— ¿Qué sucede?—preguntó Draco.

Pero la mujer no pudo escribir nada más porque en ese momento se sintió una oleada de magia que invadió toda la cabaña pero en vez de ser ellos los que desaparecieron de aquella realidad fue la profesora Babbling que desapareció delante de sus ojos, agitando sus manos desesperadamente en un intento de despedirse de ambos.

Se miraron, sorprendidos de lo que acababan de presenciar, dejando que el silencio de la cabaña los rodeara hasta que no tuvieron más opción que aceptar lo que había sucedido.

— ¿Crees que estará bien?—le preguntó Hermione.

—Nosotros estamos bien y llevamos mucho más tiempo que ella saltando de realidad en realidad—comentó con un ligero encogimiento de hombros.

Hermione asintió, sabiendo que Draco posiblemente tenía razón. Además, la profesora tenía más conocimientos que ellos y seguramente no tardaría en regresar al mundo real. Ellos, por su parte, debían de unirse para sobrevivir y ahora, además, rogar porque pronto pudieran estar en una realidad en donde ambos tuvieran la posibilidad de ser magos.

Volvieron a quedarse en silencio y Hermione no supo qué hacer o qué decir a continuación. Él parecía haber decidido que el suelo representaba una gran oportunidad de entretenimiento, porque no dejaba de verlo fijamente, como si no había ninguna otra cosa que valiera su atención. Lentamente se puso de pie pero la silla hizo ruido al arrastrarse lo que logró que captar la atención del rubio, quien miró a Hermione a los ojos.

Y allí estaba de nuevo.

Una sacudida violenta que pareció electrificar el aire que respiraban.

Hermione inconscientemente dio un paso hacia él pero Draco abrió los ojos con miedo y alzó las manos para indicarle que se detuviera.

— ¡Por favor, detente!—Ella lo hizo pero podía ver que cada vez que le impedía acercarse la lastimaba—Yo… tengo miedo—confesó—. Tengo miedo de lo que pueda suceder una vez que te toqué.

— ¿Crees que te contagiaré de algo?—preguntó ella seriamente.

Draco sonrió.

—No. Tengo miedo de cómo reaccionaremos teniendo en cuenta… esto—señaló con su mano el espacio que había entre ellos—. Realmente no quiero que hagamos algo que después podamos arrepentirnos.

— ¿Arrepentirnos? ¡Eras tú el que en la realidad anterior dijo que quería dormir conmigo!—le recordó.

A la mente de Draco llegaron de repente los recuerdos de los besos que compartieron anteriormente y de repente también llegaron las imágenes y sensaciones que había sufrido durante la noche anterior, cuando no hizo más que soñar con Hermione, con sus manos, sus brazos, sus piernas, sus labios, su cintura… y de repente, casi sin proponérselo, fue él quien se acercó y, tomándola por la cintura, la besó apasionadamente.

Fue electricidad pura.

Fue sentirse completo finalmente.

Fue maravillarse al sentir que las manos delicadas de ella se elevaban hacia su cabello para enredar sus dedos mientras seguía besándola con avidez hasta que ambos se quedaron sin aliento.

—Lo… lo siento…—dijo Draco respirando agitadamente.

Ella le sonrió y se apoyó contra su pecho. Draco se había dado cuenta que aún no la había soltado y que tampoco tenía deseos de hacerlo.

— ¿Por qué te disculpas?

Se estremeció sin poder evitarlo cuando Hermione hizo aquella pregunta. Había movido su cabeza para que su boca quedara justo al lado de su oído y había susurrado la pregunta para luego comenzar a rozar sus labios por su mandíbula con suma lentitud.

—Dije—se distrajo cuando ella comenzó a acariciar con sus dedos su cuello—…dije… que no quería que me tocaras y fui yo… ¡Merlín, Hermione!—gimió.

Había sido imposible tener un pensamiento coherente y ser capaz de verbalizarlo cuando ella usaba sus dientes y su lengua de aquella forma en su cuello. Él nunca, jamás en su vida, había creído poder sentir tanto en aquella zona específica pero Hermione hacía un maravilloso trabajo, logrando que comenzara a sentirse muy acalorado, como si el fuego que habitaba en ella por su naturaleza salvaje fuera contagioso y de sus labios pasara a su cuello y de allí directamente a su entrepierna.

Su cuerpo pareció actuar por cuenta propia y sin pensarlo tomó a de Hermione y la levantó, dejándola encima de la mesa. Él se acercó de inmediato, colocándose entre sus piernas y volvió a besarla. Ella enredó sus piernas alrededor de sus caderas y lo pegó a su cuerpo. Los dedos de las manos de Draco se crisparon en su cintura al sentir un contacto tan íntimo y su boca se abrió para soltar un desesperado gemido.

Todo tembló.

Draco se separó de sus labios y nuevamente gimió pero esta vez lastimosamente.

— ¡Merlín, no de nuevo!

Hermione rió suavemente pero a pesar de que la magia estaba decidida a sacarlos de aquella realidad antes de que sucediera algo más entre ellos, la chica deslizó una de sus manos por debajo de la camisa de Draco y acarició su abdomen, logrando que él sintiera una abrumadora necesidad de quedarse allí por un par de horas más, al menos hasta que quedaran completamente desnudos y saciados.

Pero no.

La magia los extrajo de aquella realidad y los lanzó a otra.


Adelanto del siguiente capítulo:

—Al parecer estamos en un restaurant muggle—comentó ella luego de unos instantes.

—Y estamos en una cita—afirmó Draco, volviendo a mirarla.

Hermione se sintió tan tonta cuando se ruborizó. ¡Merlín, lo había besado y tocado en realidades anteriores! No tenía sentido ponerse roja como un tomate maduro ante la idea de tener una cita con él. Para aumentar su vergüenza, él notó su reacción y le sonrió de una manera que hizo que su corazón latiera velozmente.