~ Capítulo 3: La marcha a Hyrule
La mañana era joven y fresca en Crimea. Aún existía en el aire la pesadez por las pérdidas de la batalla contra las bestias y los soldados de Doncella Azul de Hyrule. Pero la tranquilidad iba volviendo, la reconstrucción del muro del castillo y de las viviendas perdidas, iba en proceso. Lo único que rompía ese sereno silencio matinal, eran los golpes de martillos, y las ocasionales órdenes que gritaban los albañiles a sus hombres. Eso, y un potente y casi histérico grito muy prolongado, uno que alcanzaba todos los rincones del castillo cuyos habitantes ya estaban acostumbrados a oír:
- ¡¡¡OSCAR!!!
El aludido se encontraba al borde de los jardínes, en un extremo de un corredor al aire libre, cuando escuchó la voz que lo llamaba. Cargaba una pila de ladrillos, pero al oír esa particular voz, se vio forzado a ponerlos en el suelo.
- ¿Y ahora qué hice? - Se preguntó Oscar en voz baja, rascándose la nuca. Por el otro extremo del corredor se acercaba un soldado de prominente armadura roja, su asiduo rival y mano derecha de Geoffrey -. ¡Ah, buenos días, Kieran!
- ¡¿"Buenos días", dices?! ¡"Buenos días", me dices tú, desconsiderado y envidioso traidor a la patria! - Bramó Kieran a la vez que se salpicaba la armadura con su propia saliva -. ¡Definitivamente no aceptaré amabilidad de alguien como tú! - Dio un golpecito con el dedo a Oscar en el pecho.
- Bueno, contigo eso era de esperarse... Aguarda - Dijo Oscar confundido -, ¿qué fue lo que dijiste antes de eso?
- ¡Te aliaste con el enemigo y pretendiste ser un leal soldado crimeano, para abrir el paso a los soldados hyrulianos, traidor! ¿O lo niegas? - Ya eran típicos de Kieran esos arranques de histeria, así que Oscar no se espantó.
- No... pones mucha atención, ¿verdad? - Una gotita de sudor resbaló por la sien de Oscar -. Los hyrulianos que atacaron Crimea traicionaron a la corona de Hyrule, y operan independientemente. Lo que dijo la reina hace meses, lo dijo porque era manipulada por una bruja. La reina de Hyrule jamás pretendió atacarnos.
- ¡Ja! - Exclamó el otro en tono acusador -. ¡Tienes mucha familiaridad con los planes del enemigo, seguramente lo sabías desde un principio!
- En realidad, lo fuimos descubriendo poco a poco... - Dijo Oscar resignado a que no servía de mucho responderle.
- ¡Pero no te preocupes - Dijo Kieran con alegría -, porque yo, el gran y compasivo Kieran, entiendo que mi acérrimo rival Oscar es muy inteligente, y seguramente tuvo sus razones! ¿Acaso será que descubriste el plan del enemigo?
- Pues... es lo que ya te hemos dicho, nos aliamos con la reina Zelda cuando supimos lo que estaba pasando - Dijo Oscar y luego añadió en voz baja, sabiendo que Kieran no lo escucharía -. El mismo de siempre, tan exaltado que no pone nada de atención...
- He de admitir que eres un guerrero astuto, Oscar. No tanto como el gran Kieran - Siguió hablando con el pecho en alto -, pero es por eso que he de compartir contigo una maravillosa noticia. He estado buscándote desde ayer, así que presta atención: ¡Yo, el gran Kieran, he sido nombrado como comandante de la fuerza militar que enviará Crimea en asistencia a Hyrule!
Oscar se quedó callado, entre incrédulo y divertido. Estimaba a Kieran, así que no estaba seguro de poder decir lo que le pasaba por la mente. Pero el orgulloso Kieran le obligó a decirlo, al ver que el otro no podría contener la risa por mucho tiempo.
- ¿Qué te sucede? - Inquirió con tono indignado al ver la respuesta de Oscar.
- No es nada - Oscar logró contener su risa finalmente, poniéndose serio -. ¿Estás seguro de que eres el comandante, Kieran?
- ¿Cuestionas mi habilidad al mando? - Saltó el aludido.
- No, no dudo que seas bastante capaz... Pero dime, ¿quiénes comprenden esa fuerza? - Se notaba cierta picardía en la voz de Oscar, pues sabía cómo terminaría la conversación.
- Pues recuerdo haber visto enlistados a Makalov, Astrid, y creo que a ti también, habremos unos cuantos de la guardia real en esa fuerza... También recuerdo haber visto a un tal Kyle, y a Forde... ese muchacho me cae bien - Decía Kieran pensativo, recordando nombres.
- No me refiero a eso... Habrá varios países que aportarán soldados para la causa. Pensé que ya lo sabías - Se encogió Oscar de hombros.
- Pa... países - Balbuceó Kieran.
- Ajá... Fuerzas de Gallia llegaron ayer, con el general Ranulf a la cabeza - Explicó el otro -. Dentro de poco marcharemos hacia Felirae, pues hay reportes de fuerzas de Doncella Azul que tomaron el castillo; Ranulf estará a cargo entonces. Entonces viajaremos al puerto de Riven, los Crimeanos viajaremos a Hyrule por barco, mientras que Ranulf los guiará a todos por tierra. También se ha solicitado el apoyo de Begnion y Daein, y si responden, el general Tauroneo quedará como general, pero en cualquier otro caso, Ranulf permanecerá a cargo.
Kieran se quedó pasmado, tratando de articular palabras, pero no salían más que balbuceos. Su quijada estaba suelta, y al parecer su párpado inferior izquierdo había comenzado a palpitar.
- Pero no te preocupes, Kieran - Dijo Oscar emprendiendo la retirada, dando de paso unas palmadas a Kieran en el hombro -, estoy seguro de que tus hazañas serán increíbles, y que los trovadores cantarán sobre tí hasta en Hyrule. Nos vemos.
Y Oscar volvió a levantar su pila de ladrillos con toda paciencia. Kieran permaneció ahí por varios minutos, tratando de discernir lo que acababa de ocurrir. Incluso pasó un soldado de armadura blanca, varios minutos después, preguntándole si estaba bien. Ninguno de los que lo intentó recibió respuesta en una media hora.
- Todo listo, entonces.
Espada colgando a la cintura, y lanza en mano, Rasuka estaba a las puertas de Aru Ainu, dispuesto a emprender de nuevo el viaje al este, a Hyrule. Tanto él como sus compañeros se preguntaban si podrían llegar lejos, pues tenían comida y agua para tan sólo un par de días. No contaban con caballos ni ningún tipo de vehículos, tampoco. Pero habían prometido abandonar la ciudad para el amanecer, y las estrellas comenzaban a desvanecerse del cielo.
- ¿Están todos reunidos ya? - Inquirió Rasuka a Ashei, quien se colgaba un saco a la espalda al mismo tiempo que él.
- Todos - Respondió ella, el enojo aún reflejado en su rostro.
- Mi gente está lista - Dijo la profunda voz del fornido y altísimo general Galgo a la derecha del líder hyruliano.
- Lamento mucho haberlos arrastrado a este conflicto, general Galgo - Dijo Rasuka con resignación -, pero si no contamos con su ayuda, Hyrule estará perdido.
- Y el país vecino al oeste, Hatari, estará en problemas - Añadió el jefe lobo -. Esto nos concierne a nosotros también. Nos alegra poder aliarnos con ustedes, y es algo que tendríamos que hacer aunque no lo quisiéramos.
- De acuerdo - Asintió Rasuka satisfecho -. Pero quiero recordarle una vez más que el viaje será peligroso, y que no contamos con muchos recursos.
- Para los laguz, esa distancia no es nada - Lo tranquilizó Galgo -. Los alimentos y las bebidas sí son de importancia, pero también son algo difícil de encontrar en nuestro hogar. Estamos acostumbrados. Permanezca tranquilo, estamos juntos en esto.
- ¡Rasuka! - Dijo la voz de Evelyn detrás del líder -. Hay alguien inesperado que quiere verte - Su tono no era amable.
- ¿Quién es?
Siguiendo a Evelyn apareció una figura cubierta de piez a cabeza en tela, una capa marrón. Pero no era como los andrajos que solían vestir las gerudo en su pobreza; esa capa estaba limpia, y era en cierta forma elegante con sus finos bordados en negro.
- Eres... - Empezó a decir Rasuka.
La figura se descubrió la cabeza: intenso rojo, como rubí, era su lacia cabellera, amarrada en una trenza en esta ocasión. Labios y ojos con colores a juego, y piel más clara de lo usual para la raza a la que pertenecía.
- Hm... es la madre - Bufó Ashei con molestia.
- Pido disculpas por llegar tarde - Dijo en tono sombrío. Sus ojos denotaban algo de preocupación.
- ¿Qué sucede? - Inquirió Rasuka para mostrar algo de educación, pero el enojo en su voz era claro, pues la mujer había permitido que su hijo mandara a los hyrulianos a morir.
- ¿Tarde para qué, infeliz? - Gruñó Ashei de brazos cruzados.
- Lamento mucho lo que sucedió ayer - Dijo Koume con seriedad, ignorando el insulto -. Aunque las razones que expuso Harkinian para expulsarlos de la ciudad son ciertas, es incorrecto haber mandado a sus aliados a un destino incierto. El rey no sabe que yo estoy aquí, y no se enterará hasta después.
- ¿Qué quiere? - Apuró Ashei, todavía con más rudeza -. ¡Hable ya!
- Si yo fuera tú, Ashei, cuidaría mi tono. Vengo con ayuda para todos ustedes - Declaró Koume con frialdad hacia la joven guerrera.
- ¿Qué quiere decir? - Inquirió Shad, salieno de detrás de un grupo de soldados.
- Era de esperarse que Kotake no dejara el desierto libre de su influencia - Explicó la madre del rey -. Sabemos de la ubicación de las guerreras y espías que dejó atrás para detener a los hyrulianos en cuanto decidieran dejar el desierto. Traeré conmigo a algunas guerreras, aunque no son muchas. Y logré juntar algo de provisiones y caballos que harán el viaje un poco más fácil. El rey no sabe nada de esto. Aún.
- ¿Por qué? - Soltó Ashei -. ¿Por qué nos ayuda?
- Porque lo que ha hecho Harkinian no es correcto - Se defendió la gerudo -. Sin embargo, ya no tengo el poder para oponérmele, ahora que ha sido coronado oficialmente. Además... hay una razón por la que debo hallar a Kotake, hay algo que debo saber. Supongo que todos lo vieron, esa luz roja que recorrió el cielo hasta donde alcanza la vista...
Los líderes del grupo permanecieron en silencio por unos momentos, pensando en la decisión que tomarían mientras todos sus subordinados cuchicheaban entre ellos, algunos curiosos, otros esperanzados, y otros más furiosos, señalando a Koume con odio. Pero fue Rasuka quien ultimadamente, y esta vez sin consultar a los otros, tomó la decisión.
- Pueden venir - Decidió, para sorpresa de más de uno -. Pero le recuerdo que está corta en números, y no importa qué tan poderosa sea usted como hechicera, no hay forma de que pueda con todos nosotros - Su tono se volvió de amenaza -. Intente algo sospechoso, y nos desharemos de usted...¿De acuerdo?
- De acuerdo - Afirmó Koume, tendiendo la mano a Rasuka -. Pero le aseguro que no habrá razón para desconfiar de mí. Somos sus aliadas.
Y Rasuka estrechó la mano de la formidable hechicera, aún dudoso, pero conforme. Por lo menos hasta entonces, la ayuda garabtizaría menos muertes para su gente, y con ello, se acrecentaban las esperanza de poder retomar la capital. A Rasuka solamente le quedaba esperar que Viscen aún siguiera con vida para aliarse con él, y poder hallar a Kotake y la reina Zelda. Con Ashei, Shad y Evelyn acompañándole, la ayuda de Galgo y Koume, y la lanza de Jesse en la mano, sabía que todavía tenían esperanzas.
Rasuka, Ashei, Shad, Evelyn, Carl, Harkinian, Koume y Jesse lograron rodear la capital de Aru Ainu, tomándola por asalto poco después. Con la ayuda de Volke y una fuerza militar enviada desde Hatari, el grupo logró tomar la capital tras una batalla extrañamente fácil, y procedieron a atacar a Kotake en la sala del trono. Ahí, la temible hechicera les reveló que sus esfuerzos habían sido en vano, pues la reina Zelda jamás había pisado la capital gerudo; al parecer, la lucha en el desierto había sido parte de un plan que Kotake había hecho desde el principio. El grupo la enfrentó en combate para salvar sus vidas, y gracias al noble sacrifico de Jesse, el resto logró logró sobrevivir a la pelea. Sin embargo, Kotake había sobrevivido sin un rasguño, y la reina Zelda aún permanecía perdida. Y resultaba que ni su captor sabía ya su ubicación...
Link, Mist y compañía habían logrado superar sus retos para alcanzar Crimea, donde fueron recibidos por las bestias guerreras de Kotake, sumadas a una pequeña fuerza de soldados de Doncella Azul, quienes habían traicionado a la corona hyruliana para aliarse con la oscura hechicera gerudo. Gracias a Link, la capital de Crimea logra vencer en esa batalla sin pérdidas catastróficas, pero sucedió algo misterioso: una luz, como una llamarada carmín, recorrió los cielos de Crimea y más allá, llegando a verse hasta en Hyrule. Nadie supo qué había sido aquella luz...
Expulsados de Aru Ainu por el coronado rey Harkinian, el grupo de Rasuka y Galgo decidió marchar de vuelta a Hyrule, al enterarse por Volke de la traición de Doncella Azul y del hermano de Rasuka, Derdim. Viajarían hacia Ciudad Hyrule acompañados de Koume, madre del rey gerudo, quien les brindaría los recursos necesarios para sobrevivir al viaje. Han pasado cuatro días desde entonces. Y en el otro lado del mundo, una fuerza militar con Kieran, Ranulf y Mist en cabeza, se dirigía hacia el noreste de Melior, hacia el ducado de Felirae, tras recibir reportes de fuerzas de Doncella Azul guarecidas en esa región...
- Es una lástima que Rhys no haya podido venir con nosotros - Dijo Mia resignada y con una expresión en el rostro que compartía con Rolf.
Gran parte del grupo de Mist, Kieran y Ranulf se hallaba oculto tras una loma, a la orilla de un bosque, y al borde del territorio abarcado por el ducado de Felirae, cuyo anterior dueño había sembrado las semillas de la rebelión poco más de un año atrás. Kieran, Ranulf, Mist y una pequeña banda de soldados se hallaban al otro lado de la loma y más cerca del castillo Felirae, estudiando los alrededores.
- ¿Pues qué esperaban? - Dijo Titania -. Tiene una escuela en nuestro fuerte, tiene que atender a todos esos niños.
- Así que Rhys también era de los mercenarios - Dijo Link -. Luce bastante frágil en comparación al resto de ustedes.
- Bueno, sí es algo enfermizo - Explicó Boyd -. Pero ser el sanador de todo el equipo no es algo que dé tono muscular exactamente.
- Parecía ser un buen hombre - Añadió Auru con serenidad.
- Oigan - Llegó Zul corriendo loma abajo, proveniente del otro lado -, sucede algo extraño, el general Ranulf dice que no hay casi nada de actividad en el castillo.
- ¿Una trampa? - Inquirió Auru.
- O a lo mejor ya se fueron - Señaló la joven Cremia, cerca de Auru y Link.
- Las dos cosas, de hecho - Dijo una nueva voz, bajando también por la loma.
Era el general Ranulf, a quien Link solamente había avistado en la anterior batalla en Melior. Cabello corto y azul como el cielo, piel clara, una raya atigrada también azul a cada lado de la quijada, el ojo izquierdo verde y el derecho lila, prominentes orejas de gato entre la cabellera, y de construcción delgada. Muy características de él, eran su chaleco marrón y la extraña banda naranja que llevaba en la cabeza, con solapas triangulares cubriéndole ambos lados de la cabeza.
- Sí, los olfateé y me di cuenta de que habían ido hacia el este - Declaró Zul.
- Pero parece haber movimiento dentro del castillo, también, según Kieran - Dijo Ranulf.
- No podemos permitirnos dudas - Señaló Auru con toda sinceridad -. No debemos dejar que anden a sus anchas, pues seguirán causando daños y llevando información al general Derdim.
- Estoy de acuerdo con Auru - Dijo Titania -. Sugiero que una pequeña fuerza vaya a investigar el castillo. Deberán estar seguros, pues no parece que haya muchos soldados más allí dentro. Y entonces podremos investigar dónde están las demás fuerzas.
- Me parece buena idea - Declaró Ranulf -. Iré por Mist y Kieran para organizar a ese pequeño grupo. Pero sugeriría que lleváramos a Link, él puede saber cómo tratar a esos soldados.
Link se sobresaltó al escuchar eso, pero no mostró preocupación ni nerviosismo. Tampoco sabía cómo podría ser de ayuda, más si Auru, allí presente, era más diestro en las negociaciones. Pero al menos sabía que podía ser de ayuda en la pelea.
- Oye, Link - Dijo Zul de repente -. Hay algo que he querido preguntarte por un tiempo.
- Dime - Respondió el otro amablemente.
- Todos los seres vivos tienen una fragancia particular - Explicó Zul, y eso que decía no le parecía nada extraño al otro -, es así como nos distinguimos todos. Pero siempre hay mucha diferencia entre las fragancias de los laguz, los beorc y los mestizos, pero... Tú... no lo sé...
- ¿Qué pasa? - Lo animó Link.
- A lo mejor se debe a que eres una raza nueva para todos nosotros - Dijo Zul, haciendo que Link se sintiera raro -, pero... tú hueles similar a un beorc, pero también hueles mucho como a laguz... ¿Acaso ustedes los hyrulianos pueden... bueno, transformarse?
- Ya veo - Se rascó Link la nuca -. Podría explicártelo, pero es una larga historia.
Para dar por terminada la conversación, apareció un soldado de armadura blanca bajando la loma, listo para hacer un anuncio.
- Los líderes solicitan a las siguientes personas - Dijo en voz alta -. El resto de las unidades esperarán nuevas órdenes.
Fue así como un tigre gris, un gato amarillo, Zul, Link, Boyd, Oscar, Titania, y diez soldados crimeanos, caminaron hacia el otro lado para reunirse con los líderes del grupo armado. Ya estando de ese lado, les brindaron caballos a los beorc y al hyruliano, para ser instruidos por Ranulf.
- Todos nosotros iremos al castillo y lo investigaremos - Explicó -. Si encontramos resistencia dentro, tendremos que subyugarlos para interrogarlos. Kieran y los demás permanecerán aquí para recibir órdenes nuevas por parte de un mensajero que asignaremos allá, por si necesitáramos refuerzos.
- Entendido - Dijo Kieran con desgana, mirando a Oscar con recelo.
- Es lo bueno de ser soldado y mercenario a la vez, Kieran - Dijo Oscar con calma, empezando a cabalgar a paso lento.
Así pues, sus cuerpos envueltos en luces, Ranulf y el resto de los laguz adoptaron sus formas animales para iniciar el trayecto. Todos se mantuvieron cautelosos, pues era puro campo abierto desde el bosque hasta el castillo, podía esperarse un ataque a distancia por parte de arqueros ocultos, si es que los había. Sin embargo, no se vieron obligados a acelerar el paso en su trayecto hacia el pequeño castillo de piedra.
Dada la calma del camino, Link apremió a su caballo para emparejarse con Mist, quien encabezaba la marcha junto con Ranulf.
- Oye, Mist - Dijo titubeante.
- ¿Qué sucede? - Inquirió ella algo desconcertada por el tono amistoso de Link, dada la situación.
- Es que... creo que tenemos que hablar - Dijo el hyruliano con duda.
- Yo también lo creo - Respondió ella, y ante tal revelación, ambos quedaron mirándose a los ojos. Pero no era el momento -. Una vez que zarpemos hacia Hyrule de nuevo, podemos hablar, ¿de acuerdo?
- Claro, claro... tienes razón - Repuso Link, avergonzado por haber iniciado esa conversación justo antes de comenzar lo que podría ser una pelea.
Llegaron a su destino en unos cuantos minutos, sin enfrentar oposición. De hecho, no habían registrado un solo movimiento dentro del castillo. Al no percibir nada en dos minutos, habló el encomendado líder de los soldados crimeanos.
- ¡Somos mensajeros de la reina Elincia de Crimea, y en su nombre demandamos que abran estas puertas! - Llamó en potente voz.
Pero no hubo respuesta. Volvió a intentarlo con las mismas palabras, pero con el mismo resultado. Fue hasta que Boyd desmontó y se aproximó a la puerta, que todo comenzó a lucir más extraño aún. El joven de pelo verde extendió su mano hacia las puertas.
- Está... abierto - Señaló al empujar una de las dos puertas con fuerza.
- Esto está muy raro... ¿qué hay de las fuerzas de Felirae? - Inquirió Titania.
- Buena parte de ellas fueron derrotadas en el ataque de Doncella Azul por el castillo - Explicó el soldado crimeano.
- Yo entraré primero - Se ofreció Link, y antes de que alguien pudiera decir algo, desmontó y se introdujo en la rendija abierta por Boyd. Éste le siguió.
- Por favor, ustedes permanezcan aquí - Pidió Mist a dos de los diez soldados crimeanos.
- Esperen instrucciones del mensajero - Ordenó su líder.
Dado que Ludveck había sido removido de su cargo y encarcelado, el castillo lucía algo descuidado. No se había nombrado un duque nuevo para hacerse cargo de la región, que temporalmente había quedado bajo jurisdicción de Delbray, ducado vecino. Extrañamente, al entrar, vieron que aún había sangre fresca en el amplio jardín, pero no había una sola persona, viva o muerta. Sangre en las verjas, en las escalinatas, y hasta en los árboles, pero ningún soldado ni cadáver.
Avanzaron hacia la escalinata y forzaron la puerta que daba acceso al interior del castillo, al otro extremo del terreno. Aunque la puerta había sido abierta con esfuerzo, era raro ver que había también sangre en el interior. Ludveck, al parecer, no había tenido un gran sentido decorativo, pues las paredes estaban desnudas, salvo algunos retratos de personas que nadie reconoció.
- Esperen - Dijo Oscar -... la sangre... En todos lados está derramada como si alguien hubiera arrastrado los cuerpos.
- Esto está muy raro - Dijo Ranulf, volviendo a su forma humanoide para hablar -. Pero según nuestro olfato, todos siguen vivos. Pero ahora, también huelo algo más, pero no puedo decir exactamente qué es...
Y entonces ocurrió lo inesperado. Avanzaban por uno de los pasillos centrales del castillo cuando una fuerte ráfaga de viento los hizo parar en seco. Pero no era viento ordinario, pues era demasiado fuerte para ser una simple corriente dentro de una estancia, y demasiado frío para ser natural en pleno día soleado.
- Oh, no... - Dijo Mist perpleja.
- Está aquí - Declaró Link, su semblante endureciéndose en menos de un segundo -. Ella está aquí.
- ¿Quién? - Inquirió Ranulf.
- ¿La bruja de la que tanto han hablado en estos días? - Inquirió Zul, también volviendo a su forma original.
- Sí, Kotake - Dijo Link, luego explicando a Ranulf -. La responsable de todo este desorden, de la pérdida de razón de la reina Elincia, y a quien sirven los soldados azules.
- ¿Creen que podamos con ella? - Inquirió temeroso Zul.
- Pidamos refuerzos - Sugirió Titania.
- Muy tarde - Dijo Link anticipándose a todos: sobre las puertas y ventanas que tenían a la vista, se había formado una gruesa capa de hielo -. Era una trampa desde el inicio...
- Entonces tendremos que enfrentarla - Dijo Ranulf -, podríamos ponerle fin aquí y ahora.
- Somos pocos, pero tendremos que intentar - Dijo Mist con cierta duda: en su último enfrentamiento con ella, la bruja había derrotado a Link, a la reina Zelda, al capitán Rasuka, a Titania, a Rusl, a Boyd, y a decenas de soldados más, ella sola.
- Tenemos a Link y al mejor soldado de Gallia de nuestro lado - Dijo Titania para dar confianza -. Esta vez tendremos mayor oportunidad.
Todos se miraron y asintieron, listos para proceder hacia adelante y hacia arriba, pues lo que seguía era un amplio juego de escalones. En cada peldaño había más sangre batida, pisadas rojas, y huellas que indicaban que esas vidas habían peleado hasta el último segundo antes de ser arrastradas a un destino incierto.
En la cima, el camino de sangre viraba hacia la derecha, y por ahí decidieron continuar. Pasando sobre una polvorienta alfombra verde y hasta una amplia estancia que se veía al fondo de ese corredor. No dieron más de diez pasos para poder darse cuenta de lo que había pasado en verdad.
- ¿Pero qué...? - Dijo Boyd sin ocultar su horror.
Apilados junto a las paredes, unos sobre otros en muchos casos, había soldados hyrulianos con capas azules, los llamados "soldados azules". Pero había algo horrendo sobre ellos, pues estaban vivos todos, pero cortados y heridos de maneras tales, que era simplemente imposible que se mantuvieran con vida. Sin embargo, allí estaban, soltando casi imperceptibles quejidos de agonía, desangrándose lenta pero continuamente.
- ¿Cómo es posible... cómo es esto posible? - Dijo Ranulf, terror reflejado en su rostro.
- Era la única forma de hacerlos caer en la trampa - Dijo una voz femenina que Link y los mercenarios reconocieron al instante.
- ¡Kotake! - Dijo Mist de inmediato.
La entrada a la estancia fue bloqueada por un muro de hielo perfectamente liso, mismo caso de las ventanas. La mujer no apareció, y su voz siguió retumbando en todo el castillo.
- Sabiendo que se habían aliado ustedes con los laguz, tuve que mantener a todos estos soldados vivos, para confundir a sus narices - Dijo con voz fría -. Los que se asomaron por las ventanas para confundirlo más fueron mis fieles aliados de la oscuridad, los fokka.
Y entonces, justo a mitad de la habitación, se dibujó en el suelo una runa circular de luz dorada, sobre la que apareció Kotake, blandiendo en una mano el tridente blanco, y un bastón de transportación en la otra, sus ojos como estacas de hielo fijos en Link, mirando por segundos a Boyd, a Mist, a Ranulf y al resto, pero siempre volviendo a Link. A los lados de la mujer se dibujaron dos runas más, y aparecieron entonces dos figuras idénticas: dos de los hombres-águila, llamados "fokka" por Kotake, pero estos iban armados con dos espadas cortas cada uno y un pequeño escudo circular en cada brazo. Salvo las alas, todos sus musculosos cuerpos iban cubiertos de armaduras azules.
- ¿Qué es lo que quieres? - Inquitió Titania, blandiendo a Urvan con fuerza e inclinándose hacia adelante.
- Así que ella es Kotake - Dijo Ranulf, soltando un callado pero amenazador maullido para adoptar su forma felina una vez más, para ser imitado por Zul, el tigre y el gato.
- No vengo a pelear... No con todos ustedes - Declaró Kotake, adoptando una posición firme, pero no retadora, guardando el báculo en su capa y sosteniendo el tridente verticalmente con una mano, poniendo su otra mano detrás de sí.
- ¡No juegues con nosotros! - Bramó Boyd -. ¡Qué quieres!
- Estos pobres ya cumplieron su cometido... los dejaré ir en paz - Dijo en voz baja, cerrando sus ojos y alzando el tridente.
Los cuerpos mutilados y amputados apilados alrededor de la habitación, empezaron a disolverse en llamas azules. Estaban tan débiles que ni pudieron gritar por el dolor mientras se derretían sus grises armaduras, luego sus pálidas pieles, luego la carne, y luego los huesos. Solamente quedaron algo de sangre y cenizas...
- Ahora, a lo que vengo - Dijo la hechicera -. Hay personas que han logrado entrometerse en mi camino en más de una ocasión. Cuatro personas, para ser exacta, y dos de ellas están aquí - Anunció Kotake sin mirar a nadie en particular -. Es imperativo que termine con sus vidas, aunque a una de ellas aún puedo darle bastante uso. Sin embargo, las batallas en grupo han probado ser una molestia, así que si me disculpan, me llevaré a esas dos personas.
Antes de que Kotake pudiera moverse, Ranulf ya se le había echado encima con un ágil salto típico de un felino. A ella no le faltó más que hacerse a un lado y agachar la cabeza un poco para evadir las zarpas del general galliano. Le siguieron el tigre y el gato, despachados a la vez por el tridente y por una espada de hielo macizo que Kotake generó en su mano izquierda. Ranulf volvió a atacar al aterrizar en el suelo y saltar de inmediato, pero fue recibido por el canto de la espada de hielo. Cinco de los ocho soldados crimeanos fueron fácilmente despachados por la pareja de fokkas, mismos que se batían contra el resto de los contrincantes.
- ¿Es esto lo mejor que Gallia puede ofrecer? - Se burló Kotake mientras esquivaba y bloqueaba los ataques de Ranulf, jugando al contraataque, conectando en varias ocasiones. Pero nada de eso frenaba a Ranulf, quien ágilmente ocupaba los muros, el suelo y hasta el techo para rebotar y lanzar ataques continuos.
- ¡Ranulf! - Llamó Mist tras bloquear el ataque de uno de los fokka, para salir de esa pelea y correr hacia el galliano -. ¡Ten cuidado!
- Eso es - Dijo Kotake con una perversa sonrisa, esquivando a la vez un zarpazo más por parte de Ranulf.
Mientras Mist corría a asistir a Ranulf, sucedieron varias cosas: Link despachó al primer fokka con un corte horizontal a su pecho, rompiendo su armadura sin problemas. A continuación, seguido de Titania y Zul, se lanzó también sobre Kotake. Ésta, al ver que Mist y Link se dirigían ya hacia ella, alcanzó a hacer un leve corte a la pata izquierda delantera de Ranulf, sacándolo de balance, y colocando el tridente debajo de su cuerpo, para luego lanzarlo al techo, adonde el general galliano fue a golpear con la cabeza.
- ¡Pelea, Kotake! - Bramó Link dando un gran salto en el aire para tirar un poderoso mandoble a Kotake. Pero ella no se movió, y sonrió con arrogancia al ver que tenía a Mist y Link lo suficientemente cerca.
- Los tengo... - Musitó.
La punta de la espada de Link quedó a escasos milímetros de su frente, y Mist se había detenido en seco al notar que contaría con la ayuda de más de sus compañeros. Pero entonces se formó un helado y poderoso torbellino alrededor de Kotake, atrapando a Link y a Mist, pero a nadie más. Boyd decapitó al segundo fokka a tiempo para ver cómo Kotake, Link y Mist se perdían en el centro de un creciente torbellino que obligó a todos a retroceder. Súbitamente, el torbellino se disipó... pero ni el hyruliano, ni la comandante ni la hechicera se encontraban en la habitación. Habían desaparecido.
- ¡Link, Mist! - Llamó Titania sin poder ocultar su sorpresa y angustia.
- ¡Mist! - Gritó Boyd dirigiéndose al punto donde se había formado el tornado.
- ¡¿Desaparecieron?! - Dijo Oscar notablemente sorprendido.
- ¡¿Esa mujer derrotó al general Ranulf?! - Inquirió Zul incrédulo.
- Solamente he peleado con dos personas así de fuertes - Declaró Ranulf volviendo a su forma original, y sobándose la cabeza.
- ¿Pero a dónde los pudo haber llevado? - Se preguntó Oscar preocupado, pero sereno.
- ¡Maldición! - Bramó Boyd para luego lanzarse con hachazos contra el muro de hielo -. ¡Mist!
- ¡Calma, Boyd! - Pidió Titania -. Hay que calmarnos y pensar qué hacer.
Pero Boyd no escuchó. No le causó ningún daño al hielo con su hacha... pero la barrera desapareció a los pocos segundos, y Boyd se precipitó hacia el exterior del castillo sin escuchar palabra.
Y entonces abrió los ojos. Le seguía doliendo la cabeza, seguía teniendo sed, y seguía teniendo hambre. Pero la estancia era fresca, no había un abrasador sol que le golpeara hasta la muerte por deshidratación o cansancio. Parecía estar dentro de una casa, simple pero acogedora, con dibujos pegados a las paredes, una muñeca de trapo y un par de juguetes de madera en el suelo. La cama, con sábanas blancas y una cobija a cuadros, era cómoda. A su izquierdo estaba la ventana que dejaba pasar el sol de un día claro, al parecer agradable. También de su lado izquierdo, pero más cerca, una mesita de noche con una jarra y un vaso lleno de agua. Por educación, no supo si debía tomarlo o no, a pesar de su sed.
Y entonces sucedió algo que le causó tremendo sobresalto.
- ¡Papá, papá, ya despertó! - Dijo una vocecilla junto a la puerta, al frente y a la derecha de la cama. Era una niña pequeña de cinco años cuando mucho, con el cabello lacio y corto hasta el cuello, vistiendo una linda túnica rosa. Al ver que su huésped había despertado, volvió a salir por la puerta y bajó las escaleras corriendo, repitiendo su mensaje.
Se preguntó en dónde estaba... No recordaba mucho entonces, pues acababa de despertar, y aún le dolía el cuerpo. Fuese lo que fuese, tendría que agradecer por la hospitalidad a las personas que le habían mantenido ahí. Segundos después se escucharon varios pasos subiendo de nuevo por la escalera, un par de pies ligeros, seguramente de la niña, y otro par notablemente más pesados.
Y así era: siguiendo a la pequeña niña de antes, venía un gigantesco hombre de oscura cabellera rizado, una quijada fuerte cubierta en abundante barba, ojos negros, y músculos que no hacían más que agregar imponencia a una figura de tal estatura. Vestía únicamente una túnica roja que le llegaba hasta las rodillas, cinturón y sandalias.
- Le damos la bienvenida a nuestra humilde casa en Kakariko... Viejo Kakariko - Dijo el hombre inclinándose con formalidad, su voz era profunda pero muy amable -. Nos alegra mucho que se encuentre mejor, Alteza.
