Hola chicos! vengo de paso y rápidito, espero que esten muy bien y muchas gracias por seguir la historia :D


Capitulo 29: Lloviendo sobre mojado

Joey venía caminando a paso rápido para llegar pronto a la casa donde se encontraba su novia, quien de seguro lo estaría esperando. Él se preparaba mentalmente para contarle lo sucedido...Se sentía pésimo con todo lo que tenía que contar, partiendo que su casi hermana terminó detenida por el capricho de una idiota...una muy larga historia y no sabía por dónde empezar.

- ¡Suéltenme! – gritó Claire a quienes evitaban que ella saliera del refugio, por mera precaución.

En eso se encuentra de sopetón con Joey donde lo primero que pasó fue que se cruzaran sus miradas.

-¡Joey! – dijo ella corriendo hacia él, abrazándolo fuertemente, el ex Guardia Real la recibió en sus brazos, apenas...debido que venía cargado con las cosas de él y la de su amigo - ¡Me alegro que no te haya sucedido nada! – le dijo con una sonrisa al separarse de él, quién Joey correspondió pero sonrió levemente - ¿Has visto a Kitty? Aun no llega y todos preguntan por ella, me estoy preocupando...

El gato de tonos dorados bajó la mirada hacia el suelo, no se atrevía mirarla a ojos – Necesito hablar contigo, pero no aquí.

- ¿Qué sucede? – pidió saber ella, notando el cambio en el tono de voz de él, algo malo tenía que contar...Claire se asustó.

- Entremos, por favor – le dijo él tomando su mano llevándosela a la casa. Quienes estaban tratando de detenerla lo miraron con cara de preocupación.

Joey se dirigió a unas de las tantas habitaciones desocupadas para mayor privacidad, aunque no había tanto gentío solo unos cuantos quienes cuidaban la casa y aparentar que no había nadie ahí para que así no descubrieran ese escondite.

- Por favor Joey, dime que pasa...conozco esa mirada – le dijo su novia entre seria y angustiada - ¿Dónde está Gato?

- Claire, pasaron muchas cosas, entre esas a Kitty la capturaron y está detenida en el cuartel a la espera de su traslado a la cárcel – contó él.

Ella lo miró impactada.

- ¡¿Qué Kitty está dónde?! – preguntó alterada con los ojos llenos de lágrimas - ¡¿Qué pasó?!

- Amor, tranquilízate por favor ... - le pidió Joey a verla en ese estado, le dolía mucho – Lo resolveremos – dijo no muy seguro, ya que no sabía qué hacer, pero quería darle seguridad a ella.

- ¡No! – gritó ella muy dolida - ¡No puedo! – agregó abrazándose así misma mientras lloraba desconsoladamente - ¡Tú sabes el peligro que ella corre ahora! ¡La cárcel es una sentencia de muerte! – gritó a duras penas.

Joey fue a abrazarla con todas sus fuerzas, mientras Claire sollozaba en su pecho con ganas, a la vez el gato de tonos dorados acariciaba su nuca tiernamente.

Él estaba enojado por muchas cosas, la primera consigo mismo porque no soportaba ver a su querida Claire sufriendo y no podía hacer algo para evitarlo. También estaba molesto por el secreto que mantuvo su amigo y por último furioso por esa estúpida Princesa...ella no tenía límites para su maldad y locura.

- Lo sé cariño. Te prometo que la sacaremos de ahí – dijo él.

- ¿Y cómo? Si es prácticamente imposible salir de ese lugar al menos que estés muerto – dijo Claire angustiada y sollozando menos.

- Difícil pero no imposible amor – aseguró él – Tiene que haber una opción.

- ¿Y qué pasó? ¿La atraparon mientras ayudaba en el escape? - Preguntó nuevamente con voz quebrada.

- Sucede que ella se sacrificó por alguien, Kitty se entregó – respondió.

- No entiendo ¿Por quién se entregaría y por qué? – volvió a preguntar intrigada.

- Por Gato...

Claire lo miró entre sorprendida y angustiada, en realidad tenía una mezcla de sentimientos...estaba consternada.

- No me digas que... - dedujo apenas la gata bicolor.

- Kitty y Gato llevaban tiempo en una relación, le tendieron una trampa a mi amigo y terminó en esto – explicó él. Su novia lo seguía mirando impactada sin poder creer en todo lo que había escuchado.

- Es una larga historia, pero la Princesa Dulcinea tiene que ver en esto, está enferma de la cabeza – agregó Joey.

- ¡Primero me dices que mi hermana está detenida, luego que una Princesa loca intervino en la relación de Gato y Kitty de la cual nunca me enteré! – dijo ella entre alterada y apenada.

- Si...es una buena forma de resumirlo – respondió él.

- ¡¿Y que tenía Kitty en la cabeza en ocultarme algo así?! ¡¿Y Gato?! ¡No ven que se pudo haber evitado todo esto! ¡¿Por qué lo ocultaron?! – preguntó enojada, Joey sabía que era su forma de reaccionar cuando ella se sentía muy asustada al tratarse de la integridad de los más cercanos.

- Primero, ellos querían darnos la sorpresa hoy – le contestó – En cuanto a lo otro...esto estaba fuera de nuestro alcance, Dulcinea se obsesionó con Gato por el solo hecho que mi amigo comenzó a ignorarla...si supiera las veces que ella intentó tenerlo de vuelta...incluso lo espió. Por supuesto Gato jamás le contó sobre Kitty, la princesa lo sospechaba por eso no se detuvo hasta que tendió la trampa – contó a modo resumen – Que el escape y su trampa sucediera el mismo día fue una muy mala coincidencia.

Claire se llevó ambas manos a la cara y exhaló frustrada, era mucha información en tan poco tiempo...se quedó en silencio llorando y Joey sostuvo sus hombros para apoyarla. Ambos se quedaron así por un buen rato, no supieron cuánto, pero lo suficiente para que Claire asimilara poco a poco lo que había pasado, tenía los ojos hinchados de tanto llorar.

- Es para no creerlo... - dijo ella con voz rasposa – agregó mirándolo a los ojos.

- Lo sé cariño – apoyo él.

- Eso demuestra que Kitty siente algo muy fuerte como para hacer eso... - dijo ella más calmada, aunque igual de triste. Su novio asintió.

- Estaban condenando a Gato con sentencia de muerte – respondió Joey, ella negó la cabeza sin creer el punto que habían llegado... - Alcancé a ver a ambos en la detención antes de venir aquí. Kitty es muy valiente...dice que no se arrepiente de nada a pesar que era una trampa y lamentaba no poder contar la sorpresa – contó él sonriendo al recordar su determinación – Pero Gato...está muy mal, se siente pésimo que ella este ahí a causa de él, me pedía por favor que la sacará...y no pude – contó agachando su rostro.

Claire tomó una de sus mejillas forzándolo a que la mirara – Sé que lo hubieras hecho si pudieras – le dijo.

- Pero no pude, su llave no estaba en ese lugar, Kitty me lo advirtió de todas formas porque si lo hacía sospecharían de mí, soy el único más cercano a Gato, además el me pidió lo mismo – respondió – El me pidió que no lo sacara, de lo contrario las sospechas estarían en mí y con mayor razón si deserté de la Guardia Real.

- Ahora comprendo todo...- dijo ella con voz suave – Y sí...ellos tenían razón – Kitty sabe que si te pasaba algo yo estaría histérica, tampoco quería que te sucediera nada y así te tendría a ti – dijo ella animándolo – Ella también sabía que no me iría sin ustedes, que el escape tendría consecuencias en el reino.

- Como los toque de queda - acotó Joey.

- Exactamente, sabe que se viene tiempos duros y tu tenías que estar a mi lado – dijo Claire.

- Para ella igual vienen tiempos duros...- dijo él, también se sentía culpable – Tenemos que sacarla de ahí lo antes posible – dijo y la gata asintió de acuerdo.

- ¿Y qué pasa con Gato? – preguntó ella.

- De seguro saldrá libre con alguna condición que Dulcinea ponga – contestó Joey – No te digo que se le corre una teja.

- No Joey, eso se le llama no tener dignidad – respondió negando con la cabeza.

- Sí, eso también – dijo sonriendo levemente, hizo mierda a esa Princesa loca con una sola oración.

- Y... ¿Gato junto a Kitty se conocieron cuando lo presentamos? – preguntó dudosa, quería saber más.

- Mucho antes – contestó él y su novia se asombró de nuevo.

- ¿Qué tan antes? – preguntó.

- Por lo poco que me pudo contar Kitty, fue unas cuantas semanas después de nosotros – contestó él – Más detalles no tengo.

- Ahora me calzan muchas cosas – dijo ella pensativa – Se las traen estos dos.

- Sí, bueno...después de hablar con ella, dejé libre a Gato un momento para que pudieran hablar, luego de eso me fui.

- Debió de ser muy duro de enfrentar... - dijo ella.

- Sí – concordó nuevamente – Es injusto – agregó y Claire asintió.

- ¿Luego que hiciste? – preguntó - ¿Fue difícil llegar aquí?

El ex Guardia Real negó – Fui a recoger mis cosas al cuartel y las de Gato, me pidió que trajera estas pertenencias – respondió mostrándole el saco – De ahí me vine acá sin problemas.

Joey se separó un poco de ella para dejas las cosas encima de un mesón, aunque le dio curiosidad que es lo que contenía, así que comenzó a revisar y ordenar. Al momento de abrir esa bolsa quedó sorprendido.

- ¿De dónde sacó este dinero? – preguntó.

- ¿Qué dinero? – preguntó igualmente su novia, le hizo una seña a que se acercara para que viera ese saco lleno de moneda de oro – Oh, esto no me lo esperaba.

Joey quedó pensativo por unos instantes, él sabía que la paga de la Guardia Real no era tan alta como esa cantidad, ni siquiera ahorrando.

- ¿No habrá juntado dinero con sus pagas? – propuso la gata bicolor.

- No, ósea, puede ser, pero con esos sueldos no daba para ahorrar, quizás en varios años sí – respondió, siguió pensando por otros minutos, hasta que lo supo – A mira...- agregó él – Estos nos vieron la cara.

- ¿Ah? – dijo dudosa Claire.

- Este es el premio mayor de la búsqueda del tesoro del Festival, era en pareja y estos dos siempre estuvieron juntos – dijo él.

- ¡Gato nunca estuvo con esa chica del otro reino! ¡Siempre fue Kitty! ¡Cómo no se me ocurrió! – reclamó ella.

- Y tú lo defendiste – dijo rodando los ojos.

- No me ayudes tanto Joey – ironizó y el rió levemente, Claire negó con la cabeza – Entonces Gato nos dejó este dinero para poder sobrevivir a lo que se venga.

- Era para los cuatro para cuando saliéramos de aquí, pero por las circunstancias nos dejó para nosotros – dijo él, su novia asintió de acuerdo.

- Ahora con lo que causó la princesita esa...- dijo la gata bicolor pensativa – Preferiría guardar esto hasta que salgamos con Kitty de este reino – dijo ella preocupada, su novio asintió de acuerdo y el habló apoyándola – No es justo que lo utilicemos.

- ¡Qué rabia! ¡Qué daría por ahorcar a esa estúpida! – reclamó ella.

- Mejor enfoquémonos a lo que se viene y no prestemos nuestra atención a lo que no debemos – dijo Joey, entendía perfectamente cómo se sentía – Y lo que me preocupa es Mike...

Ella lo miró de inmediato, tal como si no hubiera caído en la cuenta en ese pequeño gran detalle. Lo miró abriendo los ojos ampliamente.

En ese preciso momento, se sintió un alboroto afuera y abrieron la puerta de forma brusca viendo a un agitado y furioso Mike.


Kitty había perdido la noción del tiempo desde que el rato en que se llevaron a su querido Gato, después de eso dejó de prestar atención a dicho tiempo, no era su preocupación, solo estaba esperando a su inminente traslado.

Estaba temerosa, no tenía idea a lo que se podía enfrentar en esa cárcel, la mayoría de los posibles conocidos se habían fugado y no sabía cuántos capturados hubo de su escuadrón...Lo único que sabía es que era un infierno sobrevivir ahí, era tierra de nadie...

Ahora tenía miedo...

Intentaba mantenerse firme pensando en Gato, en las últimas palabras que intercambiaron y se consolaba que él estaba bien, que nada le había pasado y que no iba a suceder lo que estaban sentenciando...se encontraba con vida.

Aunque quizás su vida nunca estuvo en peligro, ella lo sospechaba porque no sabía cómo funcionaba esas detenciones y sus "juicios" en ese palacio, además al ser una trampa por parte de esa...maldita...algo debía suceder con eso. Como sea, ella logró su propósito para tener a Gato a su lado. Kitty estaba convencida que esa situación tendría una consecuencia y también le preocupaba eso.

Definitivamente sus vidas cambiarían abruptamente.

De pronto abrieron la reja de un solo golpe y ella no se inmutó, ni tampoco se dio la vuelta para ver qué harían, ya que era obvio.

- ¡Párate! – exigió uno de los guardias. Ella estaba por hacerlo, no andaba de ánimos de tener más problemas más que suficiente con los que tenía, pero ellos se acercaron y bruscamente la alzaron de los brazos para ponerla de pie y le amarraron sus manos con unas pesadas esposas para luego empujarla fuera de la celda.

Por lo poco que pudo ver Kitty cuando la trasladaban hacia una carreta tipo prisión vio que estaba totalmente oscuro y hacía frío acompañado de un viento helado.

La carreta se mecía un montón por los baches que había en el camino, desde ahí perdió la cuenta de los minutos que llevaba de viaje, contando también las pequeñas paradas recogiendo a otros presos.

La parada final era donde Kitty imaginó, al momento que los hicieron bajar a empujones y al ver su entorno...le dieron ganas de llorar...La gata oscura había pasado por muchas cosas y ha tratado de ser valiente en todas esas ocasiones...pero ese muro gigante y grises le atemorizaban.

Una vez más la empujaron para hacer fila con el resto de los presos a quienes conocía a unos cuantos y eso que eran alrededor de veinte.

Ella miró al suelo sintiendo el gélido viento en su espalda donde le recorrió un escalofrío.

- Aprovechen el paisaje, será la última vez que lo verán – dijo uno de los guardias de forma cruel – Sáquenlo de mi vista – ordenó.

El resto de los guardias los dirigieron hasta la entrada de la cárcel, cada vez que se acercaban los muros parecían cada vez más altos y degastado, al mismo tiempo elevaban el portón la cuál era levadizo donde unas gruesas cadenas lo levantaban de forma vertical.

Kitty volvió a sentir otro escalofrío recorrer su espalda, desde ahí sentía la humedad de ese ambiente. La gata echó un vistazo hacia atrás, viendo ese árido paisaje y unas tenues luces de fondo donde se encontraba la zona media, también pudo ver el lugar que alguna vez estuvo junto a Gato y recorrían el camino oculta bajo sus pies.

Cuando eran felices y de cierta manera sin preocupaciones, lo único que prestaba su atención era la manera que la Princesa Loca acechaba a su entonces novio...

- Camina bruta – ordenó otro guardia empujándola por enésima vez en el día, no se había dado cuenta que comenzaron a caminar para entrar.

- Llévenselo a las celdas de espera mientras ordenamos el desastre que quedó aquí – ordenó el líder – y a esa déjenla al fondo y sola – agregó apuntando a Kitty.

Ella no tomó atención a la forma que se dirigieron a ella, sólo caminó por inercia al momento que la apartaron del grupo. La verdad es que ella ni siquiera quería saber porque carajos la apartaban.

Al menos la celda nueva era más "acogedora" tenía una recamara en la cual se sentó, aún con las manos atadas. Ella apoyó su cabeza en a la fría pared cerrando los ojos, estaba exhausta.

Lo primero que se le vino a la mente, fueron los lindos ojos verde de Gato, que la miraba con mucho cariño y ternura. Kitty admiraba por quinta vez en esa noche el regalo que le había hecho su novio, este colgaba de su muñeca.

Ellos se encontraban en el oasis, en la cima de la catarata, sentados en la orilla, detrás de ellos se encontraba el saco mediano llena de moneda de oro. Los dos se pusieron de acuerdo que lo usarían durante el viaje en caso de cualquier necesidad que pudiera haber en el camino o para empezar una nueva vida junto a sus amigos.

Pero Kitty no le importaba ese dinero, ella estaba feliz balanceando sus pies disfrutando de la compañía de su amado Gato y valorando mucho ese brazalete tanto como el collar de su madre. No podía pedir más.

Su novio besó su frente de forma cariñosa.

Cabe destacar que no había gente en los alrededores y si lo hubiera o pasaba alguien por el camino, difícilmente los verían.

Kitty tarareaba una canción y movía levemente su cabeza al ritmo de esta, su novio la miró reconociendo la canción y el comenzó a acompañarla. Era del tipo de tema que te daban ganas de bailar, ya que era muy rítmica y alegre a pesar de la letra que se trataba de una pareja, contaba cómo se habían conocido y el padre de ella no quería que se casaran, pero aun así enfrentaron sus obstáculos y escribieron su historia en esa canción.

Continuaron tarareando, Gato se puso de pie y ofreció a Kitty una mano para ayudarla en ponerse de pie. No era necesario hablar para saber que intenciones tenían, querían bailar simplemente.

Ambos se adentraron un poco más, alejándose de la orilla, empezaron hacer círculos dando pequeños saltos, casi a trote mientras seguían haciendo la melodía. El gato naranja tomó nuevamente de su mano y hacía girar a su novia, unas tres veces aproximadamente, soltaron sus manos e hicieron unos movimientos parte de la coreografía.

En la parte del coro, se tomaron de ambas manos e hicieron un juego con sus pies, de vez en cuando reían mientras miraban hacia el suelo teniendo cuidado de no pisarse. Luego se miraron divertidos. Esta vez Gato tomó una sola mano de ella e hizo girar sobre sí misma unas tres veces más, en la última vuelta la soltó. La gata continuó girando un poco más.

Trotaron parecido como lo hacen los niños un pie tras otro dibujando un círculo imaginario en el suelo.

La siguiente parte Kitty se acercó dando suaves giros coincidiendo que su novio la tomara de la cintura y con el impulso que ella traía la elevó en sus brazos girando suavemente y cada vez más lento como si estuvieran frenando.

Ya no estaban bailando ahora se contemplaba con ternura y amor...

Kitty se sobresaltó al escuchar un fuerte portazo de su celda, sacándola bruscamente de su recuerdo.

- Así te quería ver – dijo una voz petulante.

La gata oscura miró por dónde provenía la voz y pudo ver a la susodicha, acompañada por dos Guardia de Elite, los mismo que habían capturado a Gato, le llamó mucho la atención que ella la viniera visitar, no se lo esperó.

Claramente no lo demostró.

- Espero que te pudras, de paso aprendes cuál es tu lugar y no te metas con lo mío – volvió hablar la princesa.

Kitty respiró para serenarse y aguantar las ganas de decir unas cuantas palabras que de hace rato quería decir. Lidiar con "ex" que realmente nunca fue nada de Gato era bastante...molesto.

- Mira cuanto me importa lo que piensas – le respondió ella no prestándole atención.

- Viniendo de una bruta como tú no me sorprende – dijo Dulcinea – Pero bueno, vengo a regocijarme verte aquí porque ahora no tendré ningún obstáculo para tenerlo a él a mí lado.

- Pff – se mofó Kitty y con toda la voluntad que pudo para mantenerse serena y no reaccionar.

- ¿Qué es tan gracioso? – exigió saber Dulcinea.

- ¿Qué sacas con obligar a alguien estar a tu lado si no eres capaz de amar? – respondió ella sonriendo divertida – Prefiero ser una bruta, como tú dices a no tener dignidad.

La gata blanca la miró con odio.

- ¡¿Quién te crees que eres?! – gritó enfurecida - ¡Soy tu Princesa y me debes respeto!

- Ah no, no, no – respondió Kitty negando con la cabeza – No vengas a exigir respeto porque eso se gana y no me lo pidas a mí que este reino no ha hecho nada más que usurpar el poder que no le corresponde y que ha hecho mucho daño a muchas familias. Un reino "prospero" no deja morir a su gente y mucho menos discriminarlos por linaje, retrógrados de mierda – agregó ella con enojo y con mirada severa.

Los otros dos guardias iban directos a ella con intenciones de lastimarla, Kitty a pesar que estaba de manos atada se puso a la defensiva, pero la Princesa los detuvo con un gesto. Ella volvió a mirarla entre enojada y con odio.

- No eres nadie para hablar de eso, no tienes ni idea – le dijo Dulcinea – Insisto ¿Quién te crees que eres?

- Descendiente de los Tuxedos, originales Guardias de la Familia Real y mano derecha del Rey, no como estas copias baratas – respondió apuntando con su cabeza a sus acompañantes.

En esta ocasión Dulcinea se enfureció.

- ¡Eso es cosa del pasado! – gritó ella - ¡Eso no quiere decir nada, no vales nada! – gritó ella acercándose a Kitty y le propinó un palmazo seco en la mejilla – ¡Ponte en tu lugar rota de mierda, de aquí no sales viva!

La Princesa hizo una seña para abandonar la celda, al salir y mientras cerraban la celda Kitty rió por lo bajo.

- ¡Eh, Princesa Dulcinea! – la llamó haciendo una reverencia en forma de broma – ¡Te tengo un recado, dile a quien tu sabes que lo amo con toda mi alma y jamás en mi vida lo olvidaré!

Pudo oír un gruñido, ya que se estaba marchando y se había alejado un poco, pero Dulcinea se devolvió a lanzarle tras el espacio entre las rejas algo parecido a una taza, lo hizo con tanta furia que reventó en mil pedazos al chocar con el muro; que por suerte la gata oscura se lanzó al suelo para esquivarla.

- ¡Te pudrirás acá, ya lo verás! ¡No volverás a ver la luz del día en tu perra vida y mucho menos a él! – le gritó enfadada.

- ¡Suerte conviviendo con alguien que no te ama y jamás lo hará! – se defendió la gata. Dulcinea esta vez se marchó dando pasos largos para salir lo más pronto de ahí.

Kitty estaba satisfecha, al menos había logrado sacar de sus casillas a Princesa del demonio.


Dulcinea no daba más de la rabia que tenía, ¿Qué se creía esa mugrienta muerta de hambre en dirigirse a ella de esa manera? ¡Hasta se dio el lujo de bromearla al punto de enojarse un montón!

Al menos esa estúpida está en esa prisión y no será más su problema y Gato estará a su lado para reinar juntos.

Claro si es que su padre la dejaba en ese palacio...pero será algo que se preocuparía después, en este momento debía prestar atención a que Gato le pida matrimonio, además de encargarse que su padre no se entere de esto.

- Prima – le llamó su pariente que la acompañaba.

- ¿Qué quieres? – contestó ella molesta.

- Hey, no te enojes conmigo, te advertí que no vinieras, no sacabas nada si ya habías logrado tu objetivo – dijo a la defensiva.

- No te metas en mis decisiones ¿Ok? – exigió.

- Como sea, no me interesa – dijo él – Solo quería informarte que tu padre supo de este circo que armaste y quiere hablar urgentemente contigo.

- ¡Pero qué mierda les pasa! ¡Les pedí que no dijeran una palabra de lo sucedido! – gritó enojada, una vez más.

- ¡¿Te crees que fuimos nosotros? ¡Te dije que hiciéramos algo más discreto! ¿O creías que todos los presentes de la plaza estarían callados? ¡Fueron los otros escuadrones y al haber un Guardia Real involucrado se archivó la situación!

Dulcinea exhaló en frustración ¡Lo que le faltaba! Apagaba un incendio y aparecía otro.

- ¡Les pedí una sola cosa y no fueron capaces de lograrlo y solucionarlo! – recriminó ella antes de dirigirse a la carroza para que se la llevaran al palacio.

Una vez que estuvo en la entrada, se encontró con una de sus hermanas, precisamente la mayor quien lucía molesta y estaba caminando hacia ella. Pero Dulcinea la ignoró campalmente, no estaba dispuesta a escuchar sus estupideces y sus sermones, suficiente con lo que ella tendría que aguantar con su padre.

Caminó rápidamente hasta la oficina del Rey mientras antes terminaba con esto, mejor para ella.

El Rey Antonio ni siquiera estaba sentado, lucía ansioso y caminaba de un lado a otro dentro del salón. Se detuvo en seco cuando vio a su hija cruzar la puerta.

- ¡Dulcinea! ¡¿Qué tenías en la cabeza?! ¡¿Qué demonios estabas pensando?! – gritó enfurecido alzando las manos.

- Padre, buenas tardes – ironizó ella.

- ¿Y te crees que es gracioso más encima? – le reprendió mirándola seriamente.

- Conseguí atrapar a alguien que estaba con una mugrosa ¡Gato me estaba engañando padre! ¡Le conté que estoy interesada en él!

El Rey Antonio negó con la cabeza - ¿Qué importa lo que estuviera haciendo ese tipejo? ¡Esto es capricho tuyo!

- Pero papá ¡Yo lo amo de verdad! ¡Lo estoy salvando! – insistió ella.

- No tiene ni lógica lo que haces – recriminó - ¿No ves el escándalo que has creado? ¿Creías que ibas a pasar desapercibida? ¡Se trata de un Guardia Real! ¡Su superior exigió saber que sucedió a la Elite! ¿Qué esperas que le diga en la reunión? "No es que mi hija está obsesionada con él por eso creo todo este embrollo – ironizó

- ¡Lo estás malentendiendo! ¡Él se está involucrando con alguien que no pertenece, es tu regla! – dijo ella.

- Eso da lo mismo – mintió él, obviamente no le iba dar la razón a su hija – El único delito es que esa tipa cruzó donde no debía. A nosotros no nos interesa que se metan con esas fulanas mientras se mantengan en su lugar – dijo firmemente – Ahora...¿Qué irá a pensar la gente eh?

- ¿Importa eso? ¡Nosotros podemos hacer y deshacer lo que queramos! – dijo ella.

- ¡TÚ eres una Princesa y debes comportarte como tal! ¡No andar creando escándalo y dejar en duda nuestra credibilidad como Familia Real! – dijo él alterado – ¿O crees que te respetarán si sales reina? ¡No confiarán en ti si andas con esas mentiras!

Dulcinea soltó una carcajada.

- ¿Tú hablando de honestidad? ¿Y credibilidad? ¿La misma de como adquiriste este reino? – recriminó – Si hablamos de franqueza... ¿Por qué no hacemos un anuncio oficial al reino? ¡O mejor aún! ¡En la plataforma panorámica y cuentas como mataste a mi abuelo y echaste al desierto a tu hermana?

La princesa recibió una cachetada que casi le da vuelta la cara, incluso perdió un poco el equilibrio. Ella sostuvo la mejilla adolorida mirando enojada a su padre, quien no se refirió al respecto.

- ¿Dónde tienes al Guardia? – exigió saber él de forma severa – No figura en ningún lugar de los cuarteles de detenciones.

- En la casa de mi primo – respondió seria, mateniendo la mano en su mejilla - ¿Qué harás?

- No lo sé aun, pediré que lo traigan acá a ver si se me ocurre seguir tu mentira con tal que calce lo que vieron los ciudadanos en la plaza – respondió él.

- Gato accederá estar conmigo, eso te lo aseguro – dijo ella viendo que su padre no iba a desarmar su plan como bien ella sabía. Dulcinea era la única que sabía sobre lo que acababa de recriminar.

- No creas que será como tú quieras Dulcinea, tengo que hablar con él, solucionar la pelea de perros de la Elite y la Guardia Real – dijo él deteniéndose frente a ella apuntando con un dedo – Además dar un discurso oficial de los hechos.

- Con eso puedo ayudar – dijo ella sobándose nuevamente la zona adolorida – Esa mugrienta dijo que se entregó porque lo estaba usando para un mejor vivir, y encontraba injusto que lo castigaran a él.

Obviamente Dulcinea no creyó en ese testimonio de ella, sabía que esos dos estaban involucrados sentimentalmente, pero no iba a contar esa parta a su padre, ni tampoco que esa había reconocido abiertamente que tenía sentimientos por él.

Lo que importaba es que su trampa había resultado y tenía material suficiente para su plan siquiera adelante.

- Bueno, se me ocurrirá como modificar otros asuntos para que sea más creíble – dijo fríamente.

- Me imagino que me dejarás comprometerme con él, tú sabes porque lo digo.

Rey Antonio la volvió a mirar furioso, de eso estaba atado de manos...solo podía alargar el tema...

- Si, pero todavía no, aún hay cosas que hablar y se tiene que tranquilizar el ambiente – contestó – Ahora vete a tu habitación.

Dulcinea hizo una exagerada reverencia para molestar a su padre. Tras dejar la habitación y cerrar la puerta tras ella, sonrió socarronamente.