Era la mañana del tercer día después de la salida de las Minas de Moria, y estaban muy cerca de los límites de Lothlórien; habían caminado lo más rápido posible para llegar a esas hermosas tierras, a pesar del cansancio físico y mental que los agobiaba, y que les limitaba las fuerzas y la resistencia.
El Valle del Arroyo Sombrío había quedado muy atrás, pero el fino cauce de agua que salía de allí ahora corría más fuerte y pleno, uniéndose más tarde con el río Celebrant y penetrando en los bosques de Lórien. Esa corriente de agua era la que la Compañía seguía para no perder el camino, aunque era ya suficiente con el conocimiento que Merilnen y Aragorn tenían acerca de la zona.
Al cabo de cansadoras jornadas, la frontera de aquel Reino se dibujó ante sus ojos; totalmente marcada y delineada con asombrosos árboles de hojas amarillas, pero que permanecían en las ramas sin caerse. Eran del tamaño normal de todos los árboles, pero había algo en ellos que los hacía más grandiosos y especiales.
La compañía penetró lentamente en aquella arboleda a la cual no se le veía fin, y una rápida y cálida brisa les tocó los rostros tristes y los cabellos descuidados.
Un silencio inquietante dominaba aquel lugar, y sólo se sentía el susurro del viento entre las delicadas hojas de los árboles, y a lo lejos, una suave canción que parecía provenir de la misma extraña naturaleza.
-es la voz de los árboles-susurró Merilnen, su voz parecía no interrumpir el silencio, sino que se mezclaba con éste-, a medida que nos internemos en el Bosque de Oro, podremos sentirla aún mejor.-
Nadie dijo nada más; creían que si hablaban o susurraban, arruinarían toda aquella sinfonía que el paisaje tenía para ellos, así que usaron el resto de sus sentidos para comunicarse y ampliarlos en busca de aquello que tanto les extrañaba y asombraba.
Algo era…, algo les provocaba una sensación de alivio, y a la vez de inquietud. Se sentían bien, pero a la vez, incómodos.
Sólo Merilnen se mostraba alegre y a gusto, pues era su amado hogar.Ella adoptó enseguida el papel de guía, nadie mejor podía mostrarles la zona.
Sin embargo, tampoco susurró nada más a lo largo de la expedición; entendía perfectamente lo que sus amigos experimentaban en sus almas…, sobre todo los hobbits, acostumbrados a lugares pueblerinos y campestres, y Gimli, quien siempre prefirió, como todo buen enano, las viviendas de roca bajo la montaña.
Aragorn ya conocía Lothlórien, pero era un mortal, y ellos olvidaban rápidamente las sensaciones hermosas y puras, aunque dicho hombre fuese tan espectacular y especial dentro de su propia raza.
La quietud era tan vasta, y el tiempo tan irreal…
A medida que avanzaban, los árboles parecían crecer más y más, sus troncos parecían ser más lisos y alargados, y sus ramas tomaban un tono levemente dorado y resplandeciente. El cielo apenas lograba verse, confundido con las altas copas luminosas de los cada vez más extraños árboles, y los lindes del bosque desaparecían tras una áurea y extensa niebla.
A medida que un invisible camino guiaba sus extenuados pies, Gimli se sentía más intranquilo, pero aunque trató de desconfiar, no lo logró. Había escuchado algo acerca de este Reino, y nada era bueno; se hablaba de una Bruja Elfa, poderosa y encantadoramente traicionera, lo que mantenía bastante alejados a los Enanos de aquel singular lugar.
Aragorn parecía perdido en sus pensamientos y en el paisaje, algo sin duda le traía recuerdos. Se veía cansado, pero extrañamente feliz.
Pippin creía que todo aquello era un sueño, no sabía como explicarse a sí mismo lo que sentía y pensaba, todo eso lo confundía tanto…
Merry se sentía igual que su primo, pero además, tenía la firme idea de que ese bosque era el más peligroso que jamás había pisado antes, pero éste era otra clase de peligro…, si es que el peligro podía diferenciarse en tipos.
Frodo se encontraba sin aliento, no encontraba palabras ni pensamientos acorde con el dorado paraje que ante él se extendía. En su memoria aún perduraba con fuerza la imagen de su viejo amigo Gandalf, pero ya no lo recordaba con amargura y desolación, sino con una triste nostalgia.
Era ese lugar, ese bosque tan encantador…el que había transformado toda su negatividad y desespero en algo más liviano de cargar. Sentía que a cada paso que daba, era atraído inexorablemente a un manantial de energía poderosa y bienhechora; y que era ésta misma quien deseaba llevarlo hasta ella.
El dulce cántico de las hojas rozando al invisible viento era tan dulce y armonioso, tan cercano a sus oídos, y sin embargo, tan remoto como las Antiguas Edades, donde los Elfos eran jóvenes y su poder se extendía por toda la Tierra Media.
¿Era su idea, o el tiempo parecía no existir en ese lugar?
Sentía que estaba dentro de una gran burbuja, la cual jamás se reventaría, y lo protegería del oscuro exterior; pero, también percibía que la burbuja no duraría para siempre, y que se volvería débil como una hoja marchita, aunque sin morir del todo. No había calma dentro del corazón del hobbit, el bosque menguaba su pena, y a la vez, acrecentaba su melancolía. Algo muy difícil de comprender…
Veía a Merilnen, delante de todos, guiándolos por los senderos que solamente ella conocía; su paso era alegre y tranquilo, parecía que fluía junto con toda aquella gran atmósfera…; era una hija de Lothlórien, sin duda alguna.
Frodo creía que habían pasado sólo algunos minutos desde que atravesaran los lindes del Bosque, aunque en realidad habrían pasado horas y eso no afectaba en nada el curso natural de las cosas.
Era más agradable pensar en que allí el tiempo no transcurría. Tan perdido como los demás estaba…, perdido entre la maravilla y su propia conciencia, hasta que sintió como una suave energía se infiltraba en su mente y en su cuerpo, proporcionándole intensa paz.
'Frodo…Frodo…'
Una voz resonó en su corazón, grave y serena, que le hizo perder el ritmo del trayecto.
'Frodo…la hora del destino se acerca…y cada paso tuyo es como un horrendo segundo en la Oscuridad…'
La voz se tornaba triste y profunda, y el corazón de Frodo se contrajo.
'Nos traes un gran peligro, Portador del Anillo…'
Eso era…el Anillo. Jamás podría ser feliz atado a su suerte. Se detuvo, sin que los demás se dieran cuenta.
'No te detengas…, no sólo es angustia lo que nos traes, sino que también esperanza…sigue tu camino.'
Con temor, Frodo prosiguió con el trayecto; la voz ya no le hablaba, y sólo su eco permanecía en su confundida memoria.
Mientras, Lila también experimentaba ciertas cosas, no muy distintas, ni tampoco idénticas.
Algo extraño la atraía hacia las profundidades del Bosque, se sentía tan bien…, tan tranquila…, tan aliviada…
Nada podría hacerle desconfiar de lo benigno del bello país a la que era llevada, lentamente..; tampoco la inquietud asolaba su corazón, ya no había mayores preocupaciones, por ahora.
Su mirada se hallaba perdida en cada rayo dorado que iluminaba los árboles, en cada brisa que movía las amarillas hojas; y sus oídos no escuchaban más que los susurros líricos del bosque, y de fondo, el pacífico silencio establecido hace años…, inmutable como los días que no cansan de nacer y morir.
De pronto, algo más profundo que el murmullo de las aguas del Celebrant le llamó la atención. Allí, dentro de sí misma. El sonido melódico de una voz remota.
'Hija de los Bosques…, tu recuerdo siempre vivió en mi corazón, y ahora…, ahora eres la memoria perdida, caminando hacia mí…'
Lila miró hacia el dorado horizonte, encantada y a la vez, asombrada.
¿Acaso realmente le habían hablado…a su alma?
'Sí…, Lila te llaman, y así serás bienvenida a la dulzura de mi hogar…'
Y como un suspiro, aquella iluminada melodía se apagó, dejándola sumida en una profunda reflexión…
Un presentimiento cruzó su corazón, pero sin llegar a confundirla.
Sentía que nada podía ser más impredecible e inesperado como lo que llegaría a vivir dentro de aquel Reino, fuera lo que fuera.
Miró hacia el colgante de la Dama Arwen, el cual no había dejado de tocar mientras caminaba.
Gran parte del alivio y seguridad que sentía, provenían de el…; en su mente, la hobbit agradecía constantemente la abnegación de la Hermosa Elfa, su delicadeza, su vívido cariño…
Como un rayo, su mirada se desvió hacia Frodo, quien caminaba pasivamente un poco más adelante. Ahora que lo observaba, percibió a su alrededor una fugaz energía, suave y de pronto, muy fuerte; eso hacía que la imagen del joven hobbit creciera y se iluminara, levemente. Lila se sorprendió al descubrirse sonriendo mientras miraba a Frodo, y apartó su mirada tan luego como pudo, sintiéndose algo descarada.
Muchas sensaciones flotaban alrededor de la Compañía, y ellos se dejaban llevar…, hasta que de pronto, Merilnen se detuvo, y junto con ella, todo el grupo, como despierto de un sueño profundo, aunque no lo suficiente.
-shht- les volvió a susurrar la Elfa, muy atenta-, alguien ronda por este lugar…-
Gimli se aferró al mango de su hacha.
-no, señor Enano-le dijo Merilnen-. No es nadie de presencia maligna, no por lo menos en este país. Son gente de bien, al igual que yo-.
Gimli soltó un bufido, y soltó la mano de su preciada arma.
Frodo se fijó en que los árboles ahora eran tan enormes y altos como una torre, y que sus troncos eran gruesos, y las copas frondosas, como si tres árboles se hubieran unido en uno sólo.
Poseían mayor belleza a los que antes hubiera visto en los límites del bosque, y eran aún más extraños. Unos leves murmullos se escucharon entre el resplandeciente follaje de los grandes árboles.
Merilnen se acercó sigilosamente a uno de ellos, y susurró una suave melodía en élfico, como llamando a alguien.
Pronto se percataron de que así era.
Tres figuras saltaron inaudiblemente desde aquel árbol, como respondiendo al llamado de Merilnen. Para la sorpresa del resto, se trataba de tres Elfos.
Eran altos, de cabellos dorados, y mirada verde e intensa. Iban vestidos de colores verdes y marrones, y portaban arco y carcaj en sus espaldas.
Miraron rápidamente a Merilnen, y se mostraron inmediatamente complacidos.
-dama Merilnen-dijo uno de ellos, haciendo una suave reverencia-. Es un placer tenerla ya de vuelta-.
-Haldir-respondió ella, con una sonrisa-, Henio aníron, boe ammen i dulu lîn. Boe ammen veriad lîn. ('Hemos venido aquí por ayuda. Necesitamos su protección').-
-lo sé-dijo el elfo llamado Haldir, ahora con expresión seria-, ella nos ha avisado previamente de tu venida, y la de ellos…; ha permitido que pasen a su Reino, pues comprende que necesitan de su ayuda.-
-sabía que mi Dama sería clemente-murmuró Merilnen- aún con esta maldición sobre nuestros hombros-.
-el único que lleva la maldición a cuestas es él-dijo Haldir, mirando a Frodo penetrantemente-. No demoremos más aquí, abajo. Será mucho mejor que subamos al flet, allí podrán descansar, y mañana seguiremos hasta el corazón de Lórien-.
-tienes razón-dijo Merilnen, y luego miró a sus compañeros-.Él es Haldir, uno de los sirvientes más leales de la Dama del Bosque, y ellos son sus hermanos, Rúmil y Orophin, pero no suelen hablar la lengua común. Por suerte que nos han encontrado! Así que no teman, estamos entre amigos-.
Los hobbits inclinaron levemente sus cabezas, con respeto; Gimli los miró desafiantes, y Legolas y Aragorn sonrieron.
-yo ya los conocía-dijo Aragorn-, pero hace largo tiempo que mis pies no pisaban Lothlórien-.
-y yo aún me acuerdo de ti, Dúnadan-sonrió Haldir-, y también de ti, Legolas Thranduilion, a quien no vemos hace centenas de años. Pero sepan que cuentan con nuestro apoyo y protección desde siempre. Ahora, subamos!- el Elfo señaló al árbol del cual habían bajado.
Los hobbits y el enano lo miraron sin entender; Haldir los miró, y sonrió plácidamente.
-creo que he olvidado que nuestros amigos no suelen ser atraídos por las alturas-dijo el Elfo-, pero les diré que aquí todos vivimos en ellas. Los árboles que ven en nuestro país se llaman mallorns, y fueron plantados por la Dama Blanca hace muchísimos años. Arriba de éste mallorn está nuestro refugio, y tanto el como cualquier hogar que luego vean entre sus ramas, son llamados flets. Descansaremos en el nuestro esta noche.-
Sin decir más, Haldir trepó hábilmente por el mallorn, y detrás de él, sus hermanos.
Luego de un breve instante, una súbita cuerda bajó hasta la Compañía.
-ven, Frodo. Sube tú primero, y yo te seguiré. Luego vienen los demás-anunció Merilnen, tendiéndole una mano al hobbit, quien con poco entusiasmo, se aferró a la cuerda.
Trepó trabajosamente por ella, hasta que por fin, llegó a una no muy grande estancia, bastante sencilla, pero acogedora. Podía ver como las bases de este casi improvisado hogar, se asentaban firmemente sobre las fuertes ramas del mallorn.
Sintió algo de vértigo al comienzo, pero luego se acostumbró.
Cuando ya todo el grupo se hallaba en el refugio, Rúmil repartió finas y abrigadoras mantas a cada uno, mientras Orophin preparaba diestramente una improvisada mesa para que los viajeros comieran algo antes del descanso nocturno.
Ya atardecía, y los tonos rojizos y anaranjados del agonizante sol trepaban el árbol hasta iluminar melancólicamente el hogar.
Merilnen y Legolas conversaban con los tres Elfos en su lengua élfica natal, mientras los demás se esforzaban por descansar.
-ah! Creo que no podré pegar un ojo en toda la noche!-exclamó Pippin- estas alturas me inquietan sobremanera!-.
-a mi no-comentó Merry-, me acomoda bastante. Es mucho mejor que estar allí abajo, con el peligro deambulando-.
-como quieras-respondió Pippin, y luego, los dos hobbits se quedaron profundamente dormidos, seguidos por el resto.
Frodo se quedó un momento pensando en lo ocurrido, estaba demasiado desorientado. Lila también se demoró en dormir, pero era más por la abrumante belleza que la aturdía y le alegraba los pensamientos.
Sin embargo, una duda unía sus pensamientos¿Quién sería aquella benevolente Dama de la que todos hablaban con tanto respeto?
-este, queridos amigos-anunció Haldir, gravemente- es el Naith de Lórien, un sitio prohibido para los extranjeros; pero como ustedes son visitantes aceptados por la Dama, tienen derecho a apreciar la belleza de este rincón de nuestro bienamado país-.
La mañana avanzaba rápidamente, y la Compañía había retomado el camino hacia el centro de Lothlórien, guiados por Haldir y Merilnen (Rúmil y Orophin se habían quedado en el refugio, cuidando de las fronteras del Reino).
El bosque dominaba una gran extensión de aquellas tierras, pero ahora, tenían frente a sus ojos un hermoso espectáculo.
Una gran pradera se extendía ante sus pies, retocada de flores de hermosos tonos y formas. Árboles, tanto dorados como de un bello verde oscuro poblaban algunos sectores, y un arroyo circulaba entre ellos, con una cantarina corriente de agua. El sol brillaba sobre sus cabezas con calidez, y las aves trinaban alegremente entre el follaje de las arboledas. Una pequeña colina se erguía algo más alejada del lugar, verde y espléndida, con un tenue tono dorado entre la hierba que la rodeaba.
Los viajeros sentían que estaban dentro de un sueño, y cuando despertaran, estarían otra vez en el flet, o aún peor, en la oscuridad de Moria. Aquello era demasiado bello para ser real.
-dejen que sus almas disfruten de su estadía en Lórien-les dijo Haldir, con voz serena-. No teman. Ningún peligro entra en este país.-
Sólo eso bastó para que todos esbozaran una gran sonrisa, y se sintieran más en confianza.
Merry y Pippin corrieron hacia el fresco arroyo, y comenzaron a lanzarse agua desenfrenadamente; Haldir reía frente al espectáculo.
Gimli se sentó bajo la sombra de un hermoso sauce, y ahí se quedó, contemplando todo calmadamente y en silencio.
En cuanto a los demás, se dirigieron hacia la hermosa colina, llamada Cerin Amroth, levantada en honor al Rey Amroth de Lórien, quien había vivido en ese lugar.
Un extraño encanto dominaba esa colina, muy distinto y diferenciado del que normalmente se sentía en Lothlórien. Era más dulce, y llenaba de sensibilidad los corazones de aquellos que traspasaban los límites del propio montículo.
Merilnen reía con regocijo mientras subía a la cima, poblada de pequeñas y bellas flores doradas; y allí estiró sus brazos hacia el cielo, con alegría y una súbita emoción. Luego se sentó, y miró el cielo, con cierta melancolía.
Dentro de un momento, todos se sentaron junto a ella.
Aragorn tenía el mismo aire alegre y a la vez nostálgico que Merilnen demostraba, y acariciaba una hermosa flor blanca, mientras respiraba su aroma.
Legolas miraba todo el paisaje, con los ojos brillantes y el rostro tranquilo y luminoso, como recordando momentos felices.
Frodo se hallaba abrumado ante tanta hermosura, y Lila sentía que iba a la deriva en un mar de sueños y emociones sin par.
-oh, Cerin Amroth-susurró Merilnen-, el verdadero corazón de Lothlórien…-.
-así es-dijo Aragorn-, y es aquí donde toda bella historia de amor comienza-.
-sí…-asintió Merilnen, dejando que el viento jugara con sus oscuros cabellos-.
-debe ser porque éste es el lugar perfecto…-dijo Lila, pensando en voz alta-.
-yo no lo llamaría así-comentó Aragorn-, aunque quizás tengas algo de razón…-.
Lila sonrió, y miró su colgante, una vez más.
Notaba que la piedra blanca brillaba con una luz fuera de lo común, y una emoción desbordante se apoderó de ella, mientras los suaves pensamientos de Arwen penetraban en su inflamado corazón.
Unas cálidas lágrimas brotaron silenciosamente desde sus castaños ojos, y creyó que por fin, entendía el propósito y la verdad de aquel lugar.
-la Dama Arwen piensa a menudo en este lugar…-murmuró en voz alta, sin quererlo-.
Los demás, sobretodo Aragorn, la miraron con asombro.
-no me pregunten como lo sé-dijo rápidamente la hobbit, evitando hablar acerca de su collar y el poder que éste tenía-…, sólo qué…lo siento.-
-sientes hermosas sensaciones, entonces-sonrió Aragorn, y una luz le iluminó el rostro, borrándole increíblemente el cansancio que se veía en él-; muchos años pasaron desde que ella y yo visitamos este lugar…-.
Frodo fue ahora el sorprendido; miró al montaraz, y no lo encontró; en su lugar vio a un hermoso y noble joven, sonriendo ante los preciosos recuerdos. Sólo Lila se mantenía invariable, como si supiera todo lo que a él jamás le fue revelado.
-era entonces muy joven, y ella hermosa y sabia, como hasta ahora-siguió Aragorn-. Desde que la conocí en Rivendel, la amé, como jamás había amado a alguien; pero sólo aquí nos comprometimos, a sabiendas de Elrond, aunque muy a su pesar…-se detuvo, embargado por la emoción, y no continuó hablando. Ya no era necesario.
Ahora Lila lograba entender la elección de Arwen; ella había elegido al amor por sobre su inmortalidad, al igual que la ancestral Lúthien, y eso demostraba un valor y un cariño infinitos.
De repente, la cantarina voz de Merilnen irrumpió en sus reflexiones.
-comprendo a Aragorn más de lo que debería-dijo ella-, puesto a que mi situación es similar…-.
-sólo en lo que a declaración respecta-sonrió Aragorn-.
-¿acaso la dama ha vivido una experiencia de amor?-preguntó Legolas.
-sí; la experiencia más sublime y maravillosa…, pero como todas, llena de sufrimiento y lejanía.-respondió Merilnen, y luego continuó-Hace algunos años, conocí a aquel del cual depende mi destino, allá, en Caras Galadhon, pero fue aquí donde ambos nos declaramos y juramos amor eterno, tanto como nuestra inmortalidad durara. Él era entonces un hermoso señor de una raza noble y valerosa, conocedor de largas eras, y en sus ojos brillaba la luz que excepto unos pocos han visto; yo era una joven elfa, aún inexperta. Pero ahora yo he cambiado y madurado, a pesar de lo joven que soy, y él, sigue igual, inalterable con el paso del tiempo. Luego de experimentar momentos hermosos y llenos de ternura, el tuvo que partir; y ahora vive lejos, allá en Rivendel; y yo debo permanecer aquí, o simplemente vagar por estas tierras, en busca de consuelo, hasta que llegue la hora en que nuestras almas por fin se unan-.
-¿entonces es un Elfo?-preguntó Frodo, saliendo de su ya habitual silencio.
-sí, aquel que tiene el don del fuego, y la gracia de la luz de Elbereth en su rostro-respondió Merilnen, con el rostro soñador-.
-Lachfaer…-susurró Frodo, comprendiendo rápidamente de quien se trataba, y Merilnen simplemente le sonrió, y asintió.
-eres muy intuitivo e inteligente, Frodo-le dijo Legolas, riendo-. Eres capaz de ver a los que te rodean como si fueran un cristal, transparente y auténtico-.
Frodo le sonrió tímidamente, creyendo que quizás no fuera tan cierta la afirmación de Legolas. En realidad, sólo algunas veces eso le resultaba.
-¿y tú, Legolas?-Lila parecía dudosa-. ¿no tienes en el corazón a ninguna Elfa..?-.
Legolas palideció ante la pregunta, y sus amigos lo miraron algo divertidos, pero luego le volvieron los colores al rostro, y sonrió enigmáticamente.
-creo no me corresponde decir nada por el momento-aclaró el Elfo-, y aunque tuviera todo muy claro, tampoco hablaría, puesto que mi corazón es sagrado, y sus decisiones, muy personales. Sin embargo, estoy seguro que alguien sabrá más de lo que mi boca puede decir en este instante-Legolas miró fugazmente a Frodo, y otra duda se resolvió en su mente.
Frodo entendía ahora, sin duda alguna,que Legolas sentía algo por Nibenwen, pero deseaba esperar el momento en que su corazón se aclarase por completo. Eso sí, le dolía que Nibenwen pensara que jamás tendría una oportunidad, aunque si el Elfo se decidiera a favor, le daría una buena sorpresa. El hobbit sonrió para sus adentros, y luego miró hacia su lado. Se percató que ya no había nadie junto a él, excepto Lila.
-¿y los demás?-preguntó.
-bajaron…, en un momento deberemos hacerlo nosotros también-respondió Lila, y entonces, Frodo se dio cuenta de que ella lloraba en silencio.
-¿Por qué lloras?-.
-de emoción-dijo Lila, enjugándose el rostro-. Este lugar es tan bello…-.
-¿sólo por esa razón?-Frodo se había sentido ligeramente conmovido por la sensibilidad de la hobbit.
Ella lo miró, y también parecía como si una tenue luz brillara en su rostro húmedo aún por las lágrimas. Le pareció más élfica de lo que jamás la había visto en Rivendel; tenía un aire distinto, natural, que ni las más hermosos ropajes de los Elfos podían apaciguar. Se fijó en sus ojos castaños, brillantes y profundos; y ahora los encontraba bellos, y sentía que lo traspasaban hasta lo más hondo del alma.
-¿Por qué no supe mirarla desde antes?-pensó Frodo- ahora veo que las palabras de Nibenwen eran ciertas…, sobre todo en lo que a belleza se refiere…-.
-no-le respondió Lila, y Frodo dejó sus pensamientos-. Todos hablan de amor y buenos recuerdos…, experiencias pasadas en este lugar. Pero a mí me da cierta envidia. Quisiera vivir aunque sea un segundo de la felicidad de ellos, por lo menos para que la esperanza se avive; aunque lo dudo. ¿Acaso no quisieras tú encontrar a alguien con la cual experimentar momentos así¿Acaso no haz pensado si alguna vez encontrarás el amor, en alguna persona bella o especial?-.
Frodo la miró sorprendido, y de pronto, no supo que decir ni pensar. Eso jamás se lo había planteado…aunque siempre deseó ver a Tinúviel alguna vez, nunca pensó que el cariño fuera correspondido.
-yo…-balbuceó Frodo, pero Lila ya se había marchado a la pradera del Naith, sin que él lo percibiera.
Se quedó un momento ahí, sentado, y de repente se dio cuenta de que no importaba si los rumores acerca de Lila y él eran ciertos o no; ella había conseguido encantarlo y atraer su completa atención en tan sólo unos minutos, en compensación de todos aquellos días en que él ni la había mirado. Ese pensamiento le alivió, pero también le intranquilizó; y moviendo lentamente la cabeza, se incorporó y corrió colina abajo, para luego seguir con el trayecto hacia la ciudad del país de Lórien.
