Enfundada en un batín de seda clara como el agua del Distrito 4, me dirijo a abrir la puerta. Pongo todo el cuidado del mundo en no despertar a mi chico del pan, es su primera noche fuera del hospital, lo último que deseo es perturbar su tan merecido descanso. Pero, al parecer, hay alguien decidido a perturbar el mío. No se me pasa por desapercibida la hora- 03:05 de la madrugada- ni tampoco que el departamento se halla a oscuras. Mi madre aparece por el pasillo, portando el mismo rostro lleno de extrañeza que de seguro debo portar yo. Con mi mano, hago un ademan para que se mantenga en silencio y se quede quieta en su lugar. Me dirijo hasta uno de los sillones y levanto el segundo tapizado viendo, a través del ventanal, el porte confundido de mi madre ante mis acciones. Tanteo a ciegas el espacio amplio hasta que encuentro lo que deseo. Me aparto levemente y con fuerza extraigo el objeto. Mi madre niega con desaprobación al ver mi antiguo arco de Sinsajo. Meto mi mano izquierda bajo el sillón y logro dar con el carcaj de flechas, todas ellas comunes, nada de explosivos o aparatos incendiarios. Me acerco lo más que puedo a la mujer que me dio vida y le susurro unas palabras.
-Ve con la niña, yo abro- me mira con el ceño fruncido e ignora mis palabras mientras cruza sus brazos en un ademán defensivo y retente. Tal vez si me parezca un poco a ella.
-¿Qué hace eso aquí?-indaga mientras mira despectivamente al objeto en mis manos.
-Paylor me lo obsequió hace unos días, lo tenían en un museo.
-Eso no responde a mi pregunta, Katniss Everdeen- se mantiene unos segundos callada antes de añadir otras palabras- de Mellark.
-Tenía miedo de que alguien nos atacase estando aquí, ¿Bien?- mi tono suena igual al de una niña pequeña defendiéndose porque tuvo un mal comportamiento. El timbre insiste.
-Ve con la niña- vuelvo a pedir, esta vez en un tono de suplica. La mujer deshace su cruce de brazos y me dirige una mirada de reproche y cautela antes de retirarse. Ya sabe que es inútil decirme que me modere y que tenga cuidado. Hay actitudes que no se pierden a pesar de ser una adulta. Haciendo acopio de mi oculto valor, saco una de las flechas y la coloco en el arco. Me acerco a la puerta y activo el sensor por voz. – puerta principal. Cinco segundos. Abrir. – ese tiempo es más que suficiente para que me prepare, para que posicione mi cuerpo de buena manera en un espacio tan pequeño y para que pueda analizar a mi visitante nocturno mientras la puerta se abre. El momento transcurre, la abertura se desliza y percibo un cabello oscuro asomarse ante mis ojos.
-Disculpe la hora, señora Mellark- Zayn Melok me ve con expresión asustada y sorprendida. Me disculpo mientras bajo el arma que porto entre mis manos- pierda cuidado- me dice ante mi forma de pedir perdón- es natural que busque protegerse, le aseguro que no me esperaba otra cosa- ríe y no puedo evitar hacer lo mismo. Zayn Melok tiene una sonrisa dulce y sincera, similar a la de Peeta, y unas facciones finas y alargadas que perfilan todo su rostro alargado. Su piel acaramelada y sus ojos oscuros, lo hacen atractivo ante cualquier mujer. – Seguramente se preguntará el motivo de mi visita- me dice, extrayéndome así del escrutinio al cual estaba sometiéndolo.
- Si- articulo por toda respuesta y lo invito a pasar mientras me aparto un poco de la entrada.
-Gracias- me dice en un susurro, es evidente que sabe que hay un bebé, y un hombre restableciendo fuerzas, durmiendo. Probablemente también piense lo mismo de mi madre.
-Siéntese- musito señalándole uno de los moradnos sillones. El Ministro de Paylor estudia los lugares disponibles y escoge el sitial individual. Hago lo mismo con el otro asiento disponible- Comience- le animo- pero procure no hablar fuerte- asiente con otra sonrisa.
-¿Cómo se encuentra Peeta?- inquiere sinceramente.
-Va bien. Ya le han retirado los vendajes de las piernas… creen que caminará en un mes como máximo. Ninguno de sus huesos o sus músculos han sido dañados… el fuego solo llego a su piel… ya sabe, por el maquillaje.
-Es bueno oír eso.- ríe otro poco procurando guardar silencio- siempre consideré a los cosméticos como algo estúpido- puedo apreciar que lo que dice es cierto, pues nunca le he visto llevar ni una gota de afeite- Estoy reconsiderando utilizarlos debidamente, pero soy poco conocedor del tema- su rostro se ensombrece luego de realizar otra mueca- No se merece nada de lo que ha tenido que pasar. – bajo mi mirada, imitándolo.
-Soy la primera en asegurarle eso, señor Melok- no he querido ser descortés, sin embargo, mi tono de voz lo ha sido. Me enoja que toda la gente se lamente por Peeta y me lo replique, como si yo no estuviese lo suficientemente consiente de la situación. Cada vez que alguien lo hace es como una bofetada sin piedad.
-No deseaba ofenderla- asiento- ni tampoco incomodarla.
-Pierda cuidado- articulo de forma escueta.- ¿Sería tan amable de ir al punto, señor Melok? Necesito dormir. Mañana debo abordar un tren junto a una niña de un año y tres meses y un hombre temporalmente incapacitado.
-Lamento serle inoportuno- vuelvo a asentir ante sus disculpas- venia a despedirme- abro los ojos, forjando una mueca de reproche y sorpresa. ¿Despedirse? ¿A las tres de la mañana? ¿Sabiendo todas las cosas que me atañen? No debí bajar el arco. - Está molesta- no es una pregunta.
-Solo… extrañada- miento.
-Es que… Katniss… ¿Si puedo llamarla Katniss?- afirmo moviendo mi cabeza- Usted se marcha en la mañana, junto a su esposo y a su hija, regresa a tener una vida normal y hermosa, una que nunca debió dejar de tener. Pero lo cierto es… que muchos de los problemas que me he visto obligado a resolver últimamente, los tenían a usted y a Peeta por protagonistas… Los he llegado a considerar… aliados.
Aliados. Sé a lo que se refiere: cuando una palabra tan fuerte como la que es amigos resulta inválida ante las situaciones vividas con una persona, la connotación aliados aparece para salvarte el vocablo. A mí por lo menos me resultó muy efectiva en una de las charlas con mi diente de león luego de su Secuestro.
-Gracias por venir entonces- susurro a mi visitante nocturno, pero él parece tener mucho más por decir.
-Seré quien dé la orden de ejecución de los Ministros, Katniss- musita y abro los ojos incrédula- Paylor ha dicho que soy el indicado… lo cierto es… - se pasa muna mano por los ojos, como si quisiera huir de la realidad- que jamás he tenido la vida de una persona en mis manos… mucho menos la de varias personas… mucho menos la de personas a las que conozco desde que soy un niño.
-Ellos eran amigos de tu padre- alego sin preguntar. Él asiente conteniendo las lágrimas- ¿Vienes a pedirme que los absuelva? Lo siento, Zayn, no les perdonaré lo que le hicieron a Peeta- repongo con brusquedad y me levanto encaminándome hacia la puerta. Lo escucho seguirme.
-Katniss no puedo…
-¡Pues dimite! – el trato de usted a usted ha quedado en la historia para nosotros dos, podemos hablarnos como si nos conociésemos de toda la vida, como si fuésemos más que aliados. - ¡Otórgale la maldita responsabilidad a otro! Porque aun si fuesen amigos de mi padre, los sentenciaría a muerte. – Zayn deja escapar un sonido exasperado y oculta su rostro entre las manos, se deja caer contra la pared, flexiona sus rodillas contra su pecho y comienza a sollozar. No desarmo mi postura inconmovible.
-¿Cómo se puede vivir luego de arrebatarle la vida a una persona?- indaga en medio del llanto.
-No lo haces- respondo- La persona que sueles ser se muere en el momento en el cual manchas tus manos con sangre… Nace en ti otra nueva esencia… depende de ti mismo decidir si serás un monstruo o intentarás rehacer tu vida como una buena persona. Está claro lo que yo escogí…. Y tal vez me esté costando hacerlo porque… no es precisamente fácil lidiar con miles de voces en tu cabeza, gritando por justicia, pidiendo por tu cabeza, echándote las cenizas de sus cuerpos en tu boca… porque yo inicié todo y los demás han tenido que pagarlo.
-¿Se culpa por las muertes inocente de la rebelión?- asiento casi imperceptiblemente.
-Y me culparé hasta que muera. Pero no por ello dejaré de intentar ser otra, debo hacerlo.
-Por ellos- afirma él y sé a quienes se refiere. Mi diente de león, mi niña de ojos de aguamarina.
-Por ellos.
-Yo… no creo ser capaz de cargar con tanto…
-Nadie es capaz- aseguro- puede preguntarle a Peeta ¿Alguna vez lo ha visto amargarse? ¿Gritar contra el Capitolio por haberlo convertido en lo que es? ¿Un asesino? Así es, hasta esa persona tan pura que todo el mundo ama, ha matado… Y puedo asegurarle que no hay un solo día en el cual él no recuerde a Brutus, a nuestro miembro del pelotón, incluso a la Comadreja de nuestros primeros Juegos del Hambre… Su mente le trae en las noches a todas las personas que han sufrido por su culpa… no es capaz de soportarlo. Pero vive, por mí y por ella.
-No puedo dar esa orden, Katniss…
-Yo no puedo perdonarlos.- realizo un gesto brusco con mis manos, queriendo apartar toda esta momentánea plática- Hagámonos otra pregunta: ¿Puede asegurarme que, si imploro a Paylor que perdone a esos hombres por sus crímenes, ellos no nos lastimaran nunca más?- Zayn Melok guarda silencio- ¿Puede?- insisto elevando la voz y frunciendo el ceño.
-No.
-Eso me suponía.- hay un silencio incomodo entre ambos- nada tiene sentido aquí. Ni su visita, ni esta plática. Le rogaré que…
-Dimitiré- alega mientras me interrumpe- No puedo cargar con la culpa de dejarlos sin justicia, a usted y a Peeta, por mi propia mano. Tampoco puedo cargar con múltiples muertes ensuciando mi mente. Pero si debo elegir entre una y otra… - deja la frase sin terminar. No hacen faltas palabras.
-Lo entiendo.- aseguro y tomo su mano en un gesto alentador. – Váyase tranquilo, Zayn. Ni Peeta ni yo nos enojaremos porque se resista a dar esa orden. Somos los primeros en asegurar que continuaríamos matando tan solo por impedir que alguien más deba cargar con un peso tan grande en el alma...
-El alma…- susurra, como si acariciase esas palabras- hace mucho tiempo que no oía mencionar eso a alguien. Creo que es una palabra que está demasiado ligada a la religión y pues…
-La religión es algo que Snow también nos arrebató, según mi padre. – Hago una pausa antes de proseguir- Porque era una creencia muy fuerte, infundía valor a las personas. ¿Por qué cree que decidió anularla?- Zayn se lo piensa un momento.
-Porque nos daba fuerzas para luchar.
-No- suspiro- porque nos daba esperanza.- el moreno sonríe antes de ponerse de pie y estrechar mi mano.
-Es oficial mi despedida, señora Mellark- vuelve a hablarme tal como lo hacía antes- fue un placer conocerla. Confío en que le transmitirá mis cariños a su afable esposo. – Asiento- Le diré, por si se pregunta si podremos comunicarnos nuevamente, que no lo veo posible- enarco una ceja, instándolo a explicarse- Saldré de Panem, en fechas previas a la ejecución. Acabo de decidirlo.
-¿Cuándo?
-Hace escasos trece segundos- reímos por lo bajo y oímos pasos acercándose. Mi madre aparece con la niña en brazos.
-¿Katniss?- Me llama y luego mira al joven con sorpresa- ¿Todo marcha bien?- Zayn responde por mí.
-No se aflija, señora Everdeen. Solo venia a despedirme y a desearles buena suerte en cuanto a la vida y la familia respecta.
-Oh…- susurra la mujer que me dio vida, sin entender todo lo que está ocurriendo- gracias… - musita insegura.
-Ma…- la niña extiende sus bracitos hacia mí y yo la tomo entre mis brazos, dejándola a la vista de mi visitante nocturno.
-Es muy guapa- dice Zayn acariciando la pequeña cabecita de mi pequeña- tienes unos ojos hermosos, Bleu- entorno mi mirar, como cada vez que oigo ese estúpido apodo. Lo detesto, suena terrible. ¿Para qué me gasté poniéndole nombre a mi hija? La niña esconde su rostro en el hueco de mi cuello, avergonzada. – Debo marcharme…- susurra él- La ejecución será en tres días. La transmitirán a nivel internacional.
-Gracias por el dato…
-Le agradezco la plática y la paciencia, señora Mellark. – asiento por toda respuesta y veo como mi madre se acerca a abrir la puerta, ignorando los ojos rojos e hinchados del joven. Lo veo salir.
-Hasta luego- escucho decir a mi madre.
Y así es como Zayn Melok desaparece de mi vida, por lo menos eso es lo que creo a juzgar por todo lo que hemos hablado.
-Que muchacho tan extraño- susurra mi madre volviendo a su anterior posición- ¿Qué quería?
-Despedirse- susurro mientras arrullo a la pequeña- ¿Ya ha tomado el biberón?- ignoro sus intentos por buscar información, quiero olvidarme de que he conocido a ese hombre, olvidarme de que me advirtió sobre el atentado contra mi familia, olvidarme de que Peeta casi muere. Deseo que mi diente de león se recupere pronto, que volvamos a ser una familia común y corriente.
Supongo que este muchacho acaba de cerrar con su partida una etapa oscura y triste en la vida de mi casta.
-Sí, se lo ha bebido todo- articula mi madre ante mi anterior pregunta.
Sin nada más que hacer, doy a mi progenitora un beso en su ceño fruncido y confundido (lo cual la sobresalta) y me voy hasta mi cuarto, donde mi chico del pan descansa con la cabeza ladeada y las piernas inmóviles, en actitud firme. Recuesto a la bebé entre ambos, mi niña se acurruca contra el brazo de su padre y él, al sentirla cerca, aparta su extremidad para abrazarla posteriormente. Rozo mis labios con los suyos antes de abandonarme a una tarea tan deliciosa como lo es dormir.
El día se ha levantado imponente en el Capitolio, puede que para muchos sea un día cualquiera pero para mí significa que regreso a casa.
Abordamos el tren con una sonrisa expectante en el rostro. Unos guardias ayudan a Peeta a subir por una rampa puesto que debe usar silla de ruedas. Cuando lo levantan del objeto para sentarlo en un sillón común, del amplio salón privado que nos reservaron para nuestro viaje, no puedo evitar reír ante su cara de exasperación. Me acerco y acuesto a la niña en un pequeño cubículo que han predispuesto en la esquina diestra del vagón, está acolchado en todas las paredes y el suelo y lo han llenado de juguetes. Además es perfecto para que duerma la siesta. Vuelvo hasta mi chico del pan, el cual mantiene su semblante exhausto y abatido, tiene su rostro apoyado en la palma de su mano y su codo en uno de sus muslos. Beso su frente para hacerme notar.
-No te exasperes- le digo mientras me siento en sus piernas, algo demasiado coqueto para mí, pero necesito levantarle el ánimo. Sin embargo percibo como frunce más el ceño y tardo unos momentos en adivinar cuál es el problema. No ha sentido el peso de mi cuerpo sobre sus extremidades y eso le disgusta. Mucho. - Peeta, todo es temporal.
-Lo sé. Pero…- se detiene.
-¿Pero…?- lo animo a continuar, quiero que se desahogue.
-No puedo hacer nada. Me siento inútil, una carga.
-Ahora ya sabes lo que yo sentía cuando estaba embarazada.- logro hacerlo reír y siento como posa sus labios sobre los míos brevemente.
-Eso era diferente, yo estaba cuidándolas.
-Pues nosotras estamos cuidándote. No le veo la diferencia.- me levanto de su regazo y tomo lugar a su lado- ya pronto estaremos en casa, sin más sustos como estos, sin otras preocupaciones que no sean las normales para una madre y un padre…
-Bleu comenzará a caminar…
-Se raspará las rodillas al caerse…
-Huirá de casa…
-Lo romperá todo… espera - sonrío con travesura- eso ya lo hace. – logro hacer que suelte una pequeña carcajada y lo veo acercarse, preparo a mis labios para recibir su beso, pero es mi nariz la que se lleva el premio.
-Puedo perdonar a esos demócratas traidores por haberme carbonizado- dice mientras veo como se ensombrece su expresión- pero no podré nunca perdonarles haberte hecho preocupar tanto, mucho menos les perdonaré hacer retrasar el crecimiento de Bleu, nunca les perdonaré el haberme perdido momentos importantes de mi esposa y mi hija.
-Eso ya pasó, Peeta- le aseguro- Nuestra hija ya ha empezado a realizar otras cosas de nuevo… y pronto comenzará a nevar en el doce… tal vez camine justo para esa fechas.
-Sería fantástico- musita, pero aún percibo un deje de tristeza en sus palabras.
-Peeta, lo digo enserio- aprieto fuertemente su mano- pronto no habrá más recuerdos de este….- intento buscar una palabra suave- inconveniente, solo nos quedaremos con tus pecas- sonríe- que no te sientan para nada mal, ya te lo dije.
-Soy un dálmata- ríe.
-¡Corta con eso!- le reprocho puesto que lo dice mucho últimamente.
-Guau- imita a un perro y yo me cruzo de brazos ignorándolo, e intentando no reír.
-Si no te gustan… no lo sé… puedes someterte a otra cirugía.
-No pienso volver a entrar en un quirófano- hace un gesto exagerado con sus manos- ¿Sabe qué? Son preciosas, me sientan bien, tú ganas- rio ante su reacción- Tal vez se me vayan solas…
-Espero que no…
-Guarda silencio, Mellark. – Se ríe- adoro como suena mi apellido en ti.
-¡Oh, por favor!- una voz interrumpe nuestro momento- ¡Ya empezaron con sus acarameladas escenitas!
-¡Oh! – Otra voz más chillona se le une a nuestro mentor-¡Déjalos en paz, Haymitch! Necesitan recobrar el tiempo perdido.
-Gracias, Effie.- articula Peeta sonriendo.
-No sé porque hacen eso, chicos- comienza a decir Haymitch- No hacen más que avivar una llama que tú- señala a mi chico del pan- por el momento no puedes apagar.
-¡Pero qué…! – Effie se escandaliza, al igual que yo- ¡Grosero…!- Haymitch se encoge de hombros.
-Omitiré, solo por esta vez, comentarios- alego mientras recompongo la postura y me recuesto en el sillón.
-Será lo mejor, querida- me apoya Effie- Nunca es bueno pelear con ebrios en rehabilitación. – Peeta enarca una ceja en busca de explicaciones y Effie sonríe victoriosa—Hemos logrados entre todos hacer que, este hombre,- señala a Haymitch- deje de a poco el alcohol.
-Eso es… muy raro. – Alega mi esposo.- ¿A quién debemos agradecerle tal hazaña?
-¡A tu hija, por supuesto!-exclama nuestra acompañante de Juegos- ¡y a sus ceños fruncidos ante el aliento de licor de Haymitch!- todos reímos, salvo mi mentor, claro está.
-Realmente debo querer a esa niña- masculla el interpelado, causando más risas.
-¡Bueno!- alega Effie con un ademan corporal extremadamente exagerado- ¡A sentarse, el tren sale en dos minutos!
-¿Vendrás con nosotros?- le pregunto y ella posa una mano en mi mejilla.
-Alguien debe encargarse de que cierto señor mantenga su abstinencia alcohólica– Me responde en voz baja, mientras recorre mi pómulo en una caricia maternal.- Además necesitaras ayuda con Peeta y la niña. Tengo entendido que tu madre regresó a su trabajo.
-Si…la licencia le duraba hasta que Peeta y yo regresásemos al Doce.
-¡Pues aquí estoy yo!- extiende sus brazos y eleva su voz. En el cubículo la niña se queja ante el ruido- Oops…- Effie aprieta sus labios arrepentida y yo niego con la cabeza mientras formo una mueca.
-Está muy cansada, no despertará.
-¿Estás segura?-asiento.
-Experiencia de madre primeriza.
-Experiencia de madre primeriza…- repite Effie en un susurro mientras veo como sus ojos se llenan de lágrimas. Sus manos vuelven a mi rostro, tanteándolo por completo, fijándose en el paso del tiempo- Haz cambiado tanto… - deja escapar un sollozo- Cuando te conocí y te vi salir vencedora… Esperaba de todo para tu futuro: que Snow te utilizara como mercancía humana igual que a Finnick o Johanna, que te embriagaras o terminaras adicta a la morfina, que te apegaras a los cosméticos… jamás te vi como esposa de un hombre maravilloso- posa su otra mano en la mejilla de mi chico del pan y es cuando me percato de que ambos hombres han estado atentos a nuestro intercambio de palabras- mucho menos te vi como madre de una pequeña extraordinaria. Lo lamento…
-Effie- alego usando un tono de voz algo brusco- Yo era la primera en negarse a creer algo de lo que estoy viviendo.
-Es que… siento que te he juzgado tan mal…Y te quería… pero mis prejuicios…- rompe en llanto, Peeta toma la mano que tiene en su mejilla y la presiona con fuerza. Lo imito mientras continuo hablando:
-Effie… está bien. No tienes que disculparte. – Pasan unos cuantos minutos en lo que logra calmarse.
-Eres una gran mujer, Katniss- libera sus manos de nuestros agarres y se seca las lágrimas con un pañuelo que Haymitch le ofrece. Vuelve su rostro hacia todas partes y recompone su brío de siempre- ¡Pero bueno! ¿Qué acaso el tren no piensa salir? ¡Ya han pasado más de dos minutos! ¡Juraría que han sido diez! ¡Nuestra….-busca alguna palabra en particular- … plática, no ha durado dos minutos!- la miramos con una sonrisa de labios apretados- ¡Porqué todos me ven así! ¡Haymitch! ¡Haz algo, hombre, y ve a hablar con el maquinista! – Como si el conductor hubiese escuchado sus gritos, el tren comienza a vibrar en una sacudida brusca y se pone en marcha- ¡Vaya!- exclama Effie- Así está mejor. ¡Todos en sus asientos, vencedores! ¡Y guardando el mayor silencio posible para que el angelito azul descanse!- negamos con la cabeza, sabiendo de antemano que aquella mujer no tiene remedio, y que la amamos tal como es, excéntrica y hacendosa, con una actitud un tanto opuesta y desequilibrada. Una capitolina redimida.
-Te vez muy guapa hoy, Effie- dice mi chico del pan mientras nuestra dama de acompaño se sienta en el sitial frontal, extendiendo su amplio vestido azul, hecho de una pelusa que me es desconocida, decorado con tres libélulas en el escote y en el inicio de los tifones. Effie pestañea con elegancia y retoca su peluca dorada.
-¿Verdad que si? Mandé a hacer este vestido hace cinco meses… quería usarlo en el cumpleaños de Bleu… pero es una prenda tan delicada que era imposible que estuviese terminada en tan poco tiempo. Lo recibí ayer por la noche. Lo único que no me conforma mucho es el tono del azul…
-¿No te gusta?- indago, intentando entrar un poco en la conversación.
-¡Es precioso! Pero no lo quería así. – Se inclina hasta nuestros asientos y toma la barbilla de mi diente de león, obligándolo a ver hacia la luz que se cuela por las ventanas.- ¡Ese es el azul que yo buscaba! ¡Azul Mellark! – rio al saber que ella no ha encontrado otra definición para el color que poseen en los orbes mi esposo y mi hija- ¡Quien pudiera tener esos ojos!
-Peeta y la niña pueden… - musito con duda.
-Y tu no- repone Haymitch con sorna- No sabes cuánto espero que la niña crezca y sea lo suficientemente traviesa como para echártelo en cara.
-Cierra la boca, Haymitch. – Le gruño defendiendo a la mujer- La niña no hará eso. Tendrá bondad y amabilidad, como Peeta.
-No si puedo evitarlo- ríe nuestro mentor.
-No pretendas ser una mala influencia- alego escueta- no te lo permitiré.
-Oye… la pequeña necesitara pasar tiempo con su… su…
-¿Abuelo?- Peeta sonríe socarronamente, enarcando una ceja.
-Esa, chico, es una palabra muy fuerte.
-Tú aceptaste serlo.
-No muy abiertamente-nuestro mentor se pasa una mano por sus cabellos mientras Effie y yo contemplamos el intercambio de palabras- Soy su amiguito.
-¿Un amiguito que pasa las cinco décadas? Eso suena a pedofilia.- Haymitch frunce el ceño hastiado y confundido.
-¿Desde cuándo te has vuelto tan bromista, chico?
-Pues no lo sé…tal vez el fuego me afecto.
-Tal vez necesitas algo de fuego por parte de la chica en llamas. – abro la boca para mandarlo al demonio pero mi chico del pan me frena con un ademan de su mano. ¡Estoy harta de sus insinuaciones!
-Tal vez tú necesitas más fuego que cualquiera, y por eso se lo recalcas a los demás.
-¡Si siguen jugando con fuego se quemarán todos!- grita Effie poniéndole así un alto a esa maldita plática. La niña comienza a quejarse y yo los miro con enfado ¡a los tres!
-¡Bien hecho!- exclamo- ¡tenía para tres horas cuan lo mucho!
-¡Fue ella!- protesta mi mentor señalando a Effie la cual ahoga un grito, escandalizada.
-¡Pero si solo he frenado la vacía e insufrible pelea de ustedes dos!- reprocha la mujer- ¡Hombres tenían que ser! – Peeta los ignora a ambos.
-Katniss, lo lamento- me dice y yo le sonrío mientras los dos adultos mayores continúan lanzándose argumentos. Me acerco al cubículo y me encuentro con la mirada azul de mi hija. Tarda unos segundos en enfocar bien su contemplación en mi rostro para luego sonreírme con una ternura que derretiría hasta el corazón más duro.
-Hola, princesa- le susurro mientras la voy levantando en brazos- adivina… ya vamos a casa… - la hago ver por la ventana, donde el paisaje se pierde a una velocidad imposible. Es lo único malo de viajar tan rápido, no disfrutas de las maravillas naturales que pueden ofrecerte las ventanas.- En dos horas más estarás sobre tu alfombra preferida- vuelve a sonreírme y beso su frente- la aprovecharás al máximo, más ahora que hace frio. El Doce se encuentra en pleno invierno. De seguro nevará pronto, si es que ya no hay nieve.- La niña pone sus manitas e mi rostro y lo palpa con cuidado.
-¡Mamá! ¡Casa! ¡Papá!- grita entre risas.
-Si… los tres juntos…- El tren hace un movimiento extraño y un sonido de cristal me hace voltear, justo para ver un vaso de brandy destruido en el piso.
-Llamaré a alguien para que limpie- dice Effie retirándose del vagón.
-¡Ma, vaso, cayó!- me rio ante las frases formuladas por mi niña y escucho como se me unen Haymitch y Peeta.
-Si, el vaso se ha caído- repito y ella asiente, como si quisiera decirme que entendí a la perfección.- ¿Vamos a ver a papá?
-¡Zi! – dice con su vocecita de pronunciaciones incorrectas. La llevo donde Peeta y la recuesto en su regazo.- ¡Papá!- grita con emoción-pa, pa, pa, pa…
-¿Cómo se encuentra la niña más hermosa del mundo?- mi hija se voltea a verme y todos reímos- Si, cariño, tu madre también es la más hermosa del mundo. Pero de la misma manera tú lo eres.
-Deberás buscar dos apodos, chico- dice mi mentor- ya las estas confundiendo y la niña ni siquiera tiene dos años.
-Es verdad… supongo que deberé decir la mujer más hermosa del mundo y la niña más hermosa del mundo ¿verdad, Bleu?
-¡Zi…!
-Pues bien… ¿Cómo se encuentra la niña más hermosa del mundo?
-Ben…
-¿Bien?
-Zi.
-¿sabes que papá te ama?
-Zi- responde ella con los ojitos brillándole- ¡Papá, papá, mamá ama!...-Peeta deja escapar una suave carcajada enternecida.
-Si, Bleu. Mamá te ama también. – alega mi chico del pan mirándome con anhelo y felicidad.
-¡Mamá, banio!- dice con las mejillas enrojecidas mi primogénita y me apresuro a tomarla en brazos.
-¿Baño?- le pregunto mientras rozo su naricita con la mía.
-Zi.
-Pues hagamos algo al respecto ¿No'
-Zi.- Le beso la frente, con más amor que nunca, feliz al saberla fuerte y creciente, recordando las pequeñas pataditas que me propinaba desde mi propio vientre, viéndola ahora, oyéndola articular frases pequeñas y cortas para comunicarse con nosotros.
Me dirijo al baño, donde han preparado un cambiador para la pequeña. Es algo tecnológico puesto que posee varios botones, los cuales me proveen de los elementos necesarios para realizar el cambio de pañales. Presiono uno de los elementos que desconozco, puesto que posee un dibujo que simula aire. Suavemente un calor comienza a apaciguar el frio de la colchoneta de cambio. Este artefacto es genial para el invierno. Encargaré uno al Capitolio en cuanto llegue a casa. Recuesto a la niña y le hago caras mientras lavo y, posteriormente, seco mis manos. Suelto los cierres adhesivos del pañal y los doblo hacia atrás, pegándolos sobre sí mismos para evitar que no se adhieran a la piel pulcra de mi hija. Limpio la deposición con el pañal primero y luego, tras apretar el botón que me otorga algodón, sujeto a la pequeña por los tobillos y elevo sus piernas para luego limpiar suavemente la zona genital, poniendo cuidado en no lastimar a mi primogénita. Doblo el pañal sucio y lo dejo a un lado, busco el punzón de toallas higiénicas y extraigo tres de ellas. Termino de higienizar la zona del género y le pongo un pañal limpio. La visto rápido con sus bellos pantaloncillos blancos y sus botitas de piel de venado artificial para luego desechar los elementos de limpieza y volver con los demás.
Effie ya ha vuelto y el piso se encuentra limpio, por lo que se que, mientras yo cambiaba a la pequeña, un empleado se encargó de fregar el lugar.
-Aquí están las mujeres que más amo en el mundo- dice mi chico del pan al vernos y no puedo evitar sonrojarme ante su forma de ser tan abierta.- Vengan las dos- Camino hasta llegar a su lado, tomo asiento y le paso a la bebé. – Bleu… ¿Te acuerdas de lo que estuvimos practicando estos días? – Reprimo una risa… sé a lo que se refiere.- ¿Por qué no saludas a Haymitch?- mi niña centra sus orbes de aguamarina en el rostro de nuestro mentor.
-Hola Bleu- dice Haymitch, incomodo al no saber qué es lo que planeamos.
-Ho-la, abelo. – dice mi hija con una sonrisa y el rostro de nuestro mentor se vuelve lívido. Abuelo. Effie se deshace en risas y nosotros la acompañamos mientras vemos como Haymitch hace un esfuerzo por mantenerse de pie. Peeta se acerca al oído de nuestra pequeña de carcajadas de burbujas y ella asiente mientras se prepara para hablar otra vez:
-¡ABELA! –grita con energía mirando a Effie, la cual cesa su risa de inmediato y genera un gesto absolutamente igual al de nuestro mentor. Mi niña vuelve a reír feliz y con Peeta la acompañamos maliciosamente, regodeándonos ante los logros que hemos obtenido. Hacer que aprendiese a decirle Abuela a Effie, utilizando fotografías, fue mucho más fácil, puesto que ya conocía la palabra al ser cuidada por mi madre y por mi durante un tiempo. Nos tomó mucho más lograr que cambiara su bonito Hamich por el enternecedor Abelo.
Todo marcha bien por ahora, nuestras vidas retornan su curso normal y creo que por fin estoy consiguiendo ese mundo donde la hija (y quizás algún día los hijos), de Peeta esté a salvo.
Se cierra otra etapa dolorosa de mi vida, se abre una nueva. Solo quiero llegar a casa y jugar con mi hija en la alfombra, mostrarle le invierno y esperar juntas la primavera para ir al bosque a recoger dientes de león y llevárselos a su padre. Quiero vivir sin temor de que alguien me arrebate lo que tanto amo. Quiero continuar viendo crecer a mi pequeña florcita, quiero verla convertirse en una esperanzadora como su padre.
Porque la esperanza es lo único más fuerte que el miedo.
¡Aliniss está de vuelta! *vuelan piedrazos, tomatazos, lechugazos y lo que quieran agregarle con el sufijo azos*
¿Demorarme? ¡Demorar es una palabra demasiado suave para lo que hice! Soy una negligente… *Llora desconsolada* Pero bueno, aprovechando que tuve un tiempito (porque estoy enferma :O), les vengo a dejar este capitulillo lleno de emociones y etapas. ¡Romance y familia se han fusionado en un único capitulo!
Adiós a Zayn Melok, lo siento por sus fans, pero era un personaje de apoyo en el conflicto… ya veré si reaparece o no, pero por el momento: noppp. No me odien jeje.
Ha sido un Capitulo largo y vaya que me entretuve escribiéndolo, lo disfruté mucho de verdad. Mi parte favorita fue el abuelo y abuela a Haymitch y Effie. Las frases de Bleu no son inventadas, las extraigo de mi hermanito, el cual tengo el orgullo de ver crecer cada día. Él es más grande que Bleu (tiene dos años) y ya habla hasta por los codos, sin embargo aun recuerdo muchas de sus palabras primerizas (entre ellas mi apodo: Ali :´) )
En fin! Láncenme lo que quieran y golpéenme psicológicamente hasta hartarse! Me lo merezco, pero recuerden dejarme viva para que siga escribiendo ajajja
En compensación a mi grave falta, voy a responder los comentarios realizados en el último capítulo (previo a este). Es lo menos que se merecen por tenerle paciencia a esta desquiciada de diecisiete años que tarda en actualizar.
AQUÍ VAMOS…
Heart Of Marzipan: ¡yo dije capitulo nuevo! ¡yo, yo! ¡no esa yo! ¡yo, la castalla de ojos avellana! Si esa! Yo! Ehhh ¿ya me has visto? Jjajaja mi adorada y psicópata fanática! No sabes cuánto adoro tus laaargos comentarios! También te he extrañado… pero ya he vuelto de mi visita a los ovnis! Jajaja Adoro tu forma de comentar párrafo por párrafo (idolatro tus locas acotaciones principalmente la del baile extraño ajajaj) Realmente me la paso en grande leyendo y releyendo lo que escribes, pensando en que escribir para que tu y más personas sigan brindándome su apoyo incondicional.
Jajajaj si: estaba hablando de Frozen, veras… es que el fandom Helsa me ha tenido secuestrada últimamente (¿A ti no se te hace como que Hans y Elsa harían buena pareja? A mi si! Ajjaa. Mucha mejor pareja que con ese Jack Frost, eso parece pedofilia XD), no sé… puedo sonar infantil, pero me gusta fantasear con parejas de todo tipo. Obviamente el Evellark manda en mi corazón. THG IS MIA VIDA (porque mezclaba idiomas? Ah)
Me agrada de sobremanera que te guste la historia y, como lo prometí, no hubo secuelas. Excepto por la pecas (sensualidad pura) y por lo del caminar que es natural después de un accidente de tal magnitud. De todas formas, como supuse que el Capitolio siempre tiene esa loca y efectiva medicina no le di más de un mes de tiempo a la curación, no te enfades.
Voy a esperar tu comentario con tantas ansias como tú mis actualizaciones. Saludos desde Argentina.
Te quiere Mucho, mucho, pero mucho, Aliniss.
AHORA ES EL TURNO DE…
Florr: Me alegra que te guste y agradezco tus palabras tan bonitas, gracias por apoyarme. Perdón por mis actualizaciones discontinuas!
Un beso grande, Aliniss.
SIGUE…
Val rod Que bueno que te guste, Val!
Un gran Beso, Aliniss
CONTINUAMOS CON…
Guest: Haz hecho doble comentario jeje. Me alegra que te guste y lamento tardar tanto, soy cruel, lo sé. Malditas responsabilidades. Gracias por tu paciencia y por ser buena lectora y no te preocupes, Peeta no pasará por muchas dolencias, ya bastante lo he hecho sufrir, pobeshito mi amor XD
Un gran beso, te deseo lo mejor a ti también.
Aliniss.
EL SIGUIENTE ES…
zellideth76 Gracias por ser tan paciente en la espera, no me gusta hacerlos esperar… hay veces en que no puedo escribir por falta de tiempo y otras me es difícil concentrarme (no tengo inspiración) pero para eso me esfuerzo en traerles lo mejor que puedo.
Espero que hayas disfrutado del capitulillo, saludos.
Aliniss.
VAMOS AHORA CON…
MonseSandoval Gracias por las felicitaciones, me das mucha alegría. En verdad me esfuerzo por no modificar bruscamente las esencias de los personajes. Todos casi mueren con lo de Peeta, yo incluida y eso que soy la escritora ajaja.
Un beso, saludos!
Aliniss.
Y AHORA CON…
lucy Fuentes
Hola Lucy! Leí la crítica de XOXO en el capitulo veinticinco, supongo que cada uno tiene sus formas y formas de expresarse… gracias por tus palabras de aliento, me ayudaron a pensar que realmente valía la pena seguir con la historia ya que, como tu dijiste, hay gente que espera por ella y valora mi forma de escribir. Espero hayas disfrutado de este Capítulo.
Te quiere y agradece, Aliniss.
Y EL ULTIMO ES…
Moonlight :
Tienes una muy buena forma de relatar por lo visto. Agradezco tus palabras, realmente pongo mucho tiempo en coordinar los tiempos y las ideas, escribir no es fácil, pero procuro dar lo mejor de mí. Sé que mi tiempo de actualización es un serio problema, pero confío en poder encontrar más tiempo al que aportarle a mi amado Hobbie (escribir).
Gracias por tu apoyo y me alegra que mi trama te haya llegado!
Te quiere más, Aliniss.
¡Y con esto doy por finalizado mi obsequio en compensación por tamaña falta de atención al fic! Nuevamente gracias por todo su apoyo, gracias también a los que leen sin dejar comentario y a los que aportan críticas constructivas y destructivas.
Los ama mucho:
Aliniss.
PD: Disculpen si el capitulo tiene alguna que otra falla, no le he revisado por segunda vez, pues me urdía publicarlo, sino mañana ya no tendría tiempo de nuevo! Los amo!
