Los personajes de OUAT no me pertenecen.

Capítulo 28

POV Narrador

Emma llevaba toda la noche en vela preocupada por el estado de Alex y Regina. Esa noche, la morena la escribió para comunicarla que subían a su amiga a planta. Eso calmo un poco su malestar, pero a la primera oportunidad que tuvo, dejo a los niños al cuidado de sus padres para ir al hospital a hacer compañía a su novia. Su novia… le sonaba tan extraño y normal a la vez referirse así a Regina, como si por muy disparatado que pudiera parecer que ellas tuvieran una relación sentimental, todo lo que sucediese después de ese primer encuentro, acabaría llevándolas a ese punto. Estaba saliendo del ascensor, pensando en ello, cuando oyó el grito de Regina.

-no… No… ¡NOOOO!

Emma salió corriendo esquivando a enfermeras, pacientes y personas que se encontraba por el camino. Al girar la esquina se frenó abruptamente por lo que sus ojos observaban. Regina estaba de rodillas, en el suelo, con una mano levantada apoyada en la cristalera, y la otra tapándose el rostro. Estaba murmurando algo que Emma no llegaba a entender, debido a aquella mano y al llanto incontrolado que agitaba todo su cuerpo.

- ¿Regina?...- Emma la llamo en un tono suave mientras se acercaba a ella.

Emma, vio como Regina dejo caer sus manos a los lados… el llanto ya no era descontrolado y seguía murmurando unas palabras. Ha medida que se acercaba oía con más nitidez lo que salía de sus labios. Cuando estuvo a unos metros de ella lo oyó claramente. Esas palabras la detuvieron en seco.

-Lo matare… lo matare… lo matare…- Decía en un bucle, la morena.

- ¿Regina?...-Susurro de nuevo la rubia.

Emma comenzó a caminar de nuevo hacia Regina, estirando su brazo como queriendo alcanzarla, pero todavía estaba lejos, y cuando Regina giro su rostro hacia ella y a continuación desapareció en su nube… no pudo hacer nada.

Cuando la morena la miro, no reconoció a su Regina, pero si a la persona a le que todos temían. La pudo ver en sus ojos, en el tono purpura que los envolvía completamente, allí estaba, había vuelto, y estaba más enfadada que nunca. A todo lo que estaba pasando se le sumaba el hecho de que no tenía su corazón en el pecho, y si fue capaz de hacer todas las barbaridades que la habían contado con él en el pecho… quien sabe lo que sería capaz de hacer sin el… la Reina Malvada.

Desolada por el pensamiento de que había perdido a su Regina, fue caminando hasta el lugar donde segundos antes había estado la morena. No podía evitar que las lágrimas corrieran por su rostro. Cuando llego y miro a través de aquella ventana, una luz de esperanza se ilumino en medio de toda aquella oscuridad que la había envuelto cuando vio desaparecer a Regina.


Zelena salía del su cuarto, tras una larga noche de pasión con Robín. Al principio, se desilusiono al comprobar que no podía manipular el corazón de su hermanita para hacerla sufrir… pero cuando el ladrón le conto lo que tuvo que hacerle a la "guardiana" del corazón, su humor cambio inmediatamente… y tras curarle unos rasguños que le había hecho Alex, se dio el gusto de entregarse al placer.

Estaba en el sótano admirando sus premios, cuando un estruendo procedente de arriba la alerto.

- ¿Qué demonios ha sido eso? -Preguntaba Zelena, saliendo del sótano, a Cora que venía de la cocina.

-No lo sé querida. Venia de arriba. -Contesto Cora empezando a subir las escaleras.

Una vez arriba, comenzaron a abrir habitaciones. Al llegar al dormitorio de Zelena, descubrieron el porqué de tal estruendo.

La habitación estaba patas arriba, no había ni un solo objeto que estuviera en su sitio o no estuviera roto. Y en el lugar donde debería estar la ventana no había nada, lo que hubiese sucedido empezó por arrancar esa parte de la estructura de la casa.

-Parece ser que tu hermana se ha enfadado. -Dijo Cora pasándole una nota a Zelena, que había arrancado de la puerta.

- "Te tomo prestado a tu juguete. Te lo devolveré pieza a pieza. R.M"-Leyó Zelena la nota escrita con una pulcra caligrafía. -A mí como si se lo queda. ¿R.M? ¿En serio? Que manía de proclamar su nombre. Regina Mills… Regina Mills… Regina Mills… -Se burlaba la pelirroja.

-Creo que te equivocas, querida. -Interrumpió Cora, callando a Zelena. - No es Regina Mills… es… Reina Malvada…


Robín recupero la consciencia lentamente. Se encontraba maniatado en una silla y todo a su alrededor era oscuridad, por lo que no sabía en qué lugar se encontraba. Empezó a hacer memoria y poco a poco recupero el recuerdo de lo sucedido.

Estaba terminando de vestirse, después de pasar la noche con Zelena. No se sentía orgulloso de lo que tuvo que hacerle a la mujer que custodiaba el corazón de Regina, pero no le dejo otra alternativa. Aquella rubia sabia defenderse y en un momento dado tuvo que elegir entre conseguir su venganza o no hacerle daño a la mujer. Por un momento pensó en abandonar, en intentar volver al bosque encantado… pero el recuerdo de la muerte de su mujer lo volvió a cegar. Seguía pensando en ello, cuando la pared a su espalda exploto. Fue lanzado contra la pared opuesta debido a la onda expansiva, cayendo atontado al suelo. Se sentía aturdido por el impacto, no podía oír nada, solo un constante pitido, era incapaz de enfocar la vista, se intentó levantar ayudándose de la pared, pero le fue imposible. Lo único que recordaba antes de perder la conciencia, era un cuerpo envuelto en un aura purpura acercándose a él.

Empezó a tirar de sus ataduras, probando su resistencia, pero cada vez que tiraba de ellas, estas, en vez de soltarse, se apretaban aún más alrededor de sus muñecas y tobillos. Este hecho, le confirmo que la magia había formado parte de su estado actual, lo que le llevo a la conclusión, de que solo una persona podría haber sido la causante. Regina.

-Hasta que despiertas… bella durmiente. -La voz de la Reina Malvada, se oyó por toda la habitación. - ¡A no! Perdona… cuento equivocado. -Su risa malvada reboto por todos lados, haciendo imposible saber en dónde se encontraba exactamente.

- ¿Y que cuento serie este? Bruja. -Robín estaba asustado, el oír aquella risa le erizo cada pelo de su cuerpo, pero no le daría el gusto de mostrárselo.

-Bueno… no es uno del que hayas oído hablar… de echo… ni siquiera se ha escrito aun… -Regina se apareció detrás de Robín y le susurró al oído - ¿qué te parece si lo escribimos juntos?

Robín se estremeció por lo imprevisto de la cercanía de la morena, pero cuando giro su cabeza para mirarla ya no estaba.

-Y como lo llamamos ¿La bruja sádica y su víctima? -Robín estaba decidido a no dejarse vencer, pero aquella provocación solo divirtió más a la morena, que empezó a reír.

-No…-Se escuchó cuando las risas cesaron. -Había pensado en algo como… ¡LA CACERÍA DE UN COBARDE!

En el momento que La Reina Malvada chillo aquellas palabras, una puerta frente a Robín se abrió bruscamente, dejando entrar la luz de la mañana cegándolo, pocos segundos después sus ataduras desaparecieron dejándolo libre. Robín se quedó allí sentado sin moverse, no sabía a qué atenerse, si aquello sería una trampa, y tampoco quería satisfacer a Regina entrando en su juego.

Ante la pasividad del tira flechas, la Reina Malvada comenzó a impacientarse, asique recurrió a lo que siempre la había funcionado.

-Si no sales por esa puerta… me temo que tendré que divertirme con tu mini yo…-Tras esas palabras, Robín se levantó y salió por la puerta. - ¡Tienes diez minutos de ventaja! - Lo sabía… sabía que amenazar con hacerle daño a Roland funcionaria… siempre había funcionado lo de amenazar a los niños. Lo que no sabían sus "victimas" es que ella nunca llegaría a esos extremos… malvada o no.

Se acercó a la puerta para ver como Robín corría por el bosque, se encontraban en una cabaña de guardabosques en lo más profundo del bosque de Storybrooke. Había puesto trampas mágicas por todo el bosque que solo serían activadas ante la presencia de Hood. Nadie que no fuera él, caería en ellas. Con una risa malvada desapareció en su nube.

-EMPIEZA LA CACERÍA. -Aquellas tres palabras se oyeron en eco por todo el bosque… pero no solo Robín las oiría…


Las gotas de sudor empañaban la visión de Robín, los calambres en sus piernas cada vez le hacían más difícil avanzar, tenía un par de cortes en brazos y costado, de las flechas que le había lanzado Regina, pero seguía en pie, luchando, y aunque cada vez iba más lento no se daría por vencido.

Lo que el ladrón, no sabía, que eso, era justamente lo que quería la Reina Malvada. Quería que luchase, que mantuviese la esperanza de que se podría librar, que pensara que podía librarse de sus trampas, que era lo suficientemente fuerte para deshacerse de las emboscadas en las que caía y lo suficientemente rápido para esquivar sus flechas sin que le llegasen a hacer un daño mayor, porque, cada vez que Robín había caído en una de las trampas, la Reina lo sentía. Se materializaba a unos metros de el sin ser vista y se divertía viendo como el muy imbécil se retorcía sobre sí mismo intentando soltarse de las ramas que lo mantenían en el aire fuertemente amarrado. Y luego lo soltaba justo cuando se hacía ver, con su mano alzada manteniendo una flecha en el aire, para luego lanzársela y soltando un pequeño quejido cuando fallaba, aposta, solo rozando a su juguetito. Cuando eso sucedía, Robín soltaba una risa triunfante y seguía corriendo, dejando a tras a la morena, que seguía su rastro con una sonrisa maliciosa.

Llevaban unas horas así, jugando al ratón y el gato, y a cada segundo que pasaba Robín estaba más agotado. Cuando cayó en la última trampa y todo se volvió a repetir como en las anteriores veces, se dio cuenta de la pantomima. La rabia le invadió por dentro, la muy puta estaba jugando con él y el como un estúpido se había dejado engañar. Asique cuando paso andando renqueante entre los árboles y las ramas salieron volando a su paso, atrapándolo de pies y manos elevándolo en el aire, no lucho ni se removió, solo se quedó allí, agotado, cabizbajo y dándose por vencido.

- ¿Tan rápido te rindes, querido? -La voz de Regina se oyó a espaldas de Robín.

Robín ni se inmuto, simplemente continuo allí cabizbajo. Regina camino hasta él.

-Pensé que aguantarías más. -Dijo ahora la Reina, rodeando a su presa para enfrentarle.

Cuando estuvo frente él, Robín, al fin levanto su cabeza para mirarla.

-La diferencia es que ellos no sabían que no podían vencer. -Gruño el ladrón entre dientes.

La Reina Malvada soltó unas de sus carcajadas que harían temer hasta al más valiente de los caballeros.

-O no querido, ellos sabían exactamente que morirían, sí o sí. -Robín la miro entre incrédulo y asqueado. -No me mires así... y la única diferencia entre los demás y tu…-La Reina hizo aparecer una pequeña bola de fuego en su palma- ¡es que ellos no eran unos cobardes! -

Tras gritarle estas palabras, le lanzo la bola, que impacto en su hombro. Robín, a pesar de que el daño provocado por el fuego fue mínimo, chillo como un bebe. Regina repitió la operación. Le lanzaba pequeñas bolas de fuego que apenas le causaban un daño decente, pero que hacían que el hombre chillara y se retorciera como si se quemada en una hoguera. La Reina Malvada estaba encantada con aquello, así su juguete duraría más, y ella podría saborear su venganza. Lo que causaba tal efecto en el hombre, era la droga que impregnaban las ramas de sus trampas. Estas estaban cubiertas de una sustancia que al contacto con la piel te aumentaba la sensación de dolor. Por eso mismo Robín se sentía tan agotado, no porque realmente lo estuviera, sino porque la droga le hacía sentir la fatiga y el dolor multiplicado, y aunque solo llevase un par de horas, en aquella "cacería", sentía que llevaba días.


Emma llevaba horas siguiendo el rastro de Regina, pero era incapaz de alcanzarla, siempre que llegaba alguna zona del bosque rodeado de ramas rotas esparcidas por el sendero, sabía que había vuelto a llegar tarde. Y aunque la ausencia de sangre en proporciones abundantes, apenas lograba a ver unas gotas entre las ramas, la daba la esperanza de que la morena tampoco había llegado alcanzar a aquel cabrón, estaba empezando a desear que lo hiciera para poder alcanzarla y contarle lo sucedido. Solo rezaba para que llegase antes de que la morena cumpliera su amenaza.

Se encontraba parada delante de una bifurcación del camino sin saber cuál debía seguir. Había estado buscando alguna señal que la indicara cual era el camino correcto, pera ya llevaba perdido mucho tiempo, y sentía que cada vez Regina se alejaba más. Respiro hondo, se concentró, he intento transportarse hasta Regina. Llevaba todo el día intentando que funcionase, pero la era imposible lograrlo. Era como si algo la estuviese bloqueando, y tenía una ligera sospecha de que… o más bien, de quien.

Al no lograr, una vez más, transportarse, decidió ir hacia la izquierda, basándose únicamente en su instinto. No llevaba ni cinco minutos caminando, cuando un grito aterrador llego a sus oídos. Corrió desesperadamente hacia el aullido, pidiendo a quien fuese que aquello significase que los había alcanzado al fin, y suplicando al mismo ente que no fuese demasiado tarde. En el tiempo que tardó en llegar al lugar, no paro de escuchar los sonidos de dolor que emitía el ladrón.

Al girar en una curva, por fin se topó con lo que buscaba. Frente a ella un Robín colgado de varias ramas la daba la espalda, mientras Regina reía pasándose de una mano a otra, una pequeña bola de fuego. Pero eso no fue lo que más llamo su atención. El atuendo que vestía Regina, sin duda fue lo que más la distrajo.

Entallada en un majestuoso vestido de cuero negro con un impresionante escote delantero unido por una simple trasparencia, Regina se movía traviesamente jugueteando con sus esferas de fuego, que, a primera vista y debido a su pequeño tamaño, no deberían ser capaces de daño alguno. Y aunque lo que estaba viendo la tendría que estar horrorizando, no lo hacía, más bien todo lo contrario. Y todo por Regina… Regina en su fabuloso vestido de cuero… Regina caminando de aquella manera… Regina riendo juguetonamente… a Emma le daba igual todo, ella… ¡ella solo quería rasgar esa puñetera trasparencia y…

El chillido de Robín al ser alcanzado por otra de las bolas de fuego, la sacó de su ensoñación y aplaco su excitación. Aunque solo levemente.

- ¡Regina, para! -Emma apareció delante de Regina interponiéndose entre ella y el tarugo.

- ¡Swan! -Regina dio una palmada emocionada. - ¿Has venido a unirte a la fiesta? -Pregunto la morena acercándose provocadoramente a la rubia. -Cuando acabemos aquí… podemos… jugar en otro lado… como ya sabes… por ejemplo… mi cama…-Susurro lascivamente en el oído de Emma, haciéndola estremecer y obligándola a tragar, para serenarse.

-N..no… he venido por eso. - Comenzó la rubia con un poco de dificultad. -Tienes que parar con esto y volver conmigo. -Dijo ahora más entera, en respuesta a la ceja levantada de la morena.

- ¿Y porque haría semejante cosa? -Bufo indignada, por el rechazo de la rubia, alejándose de ella.

-Por Ale…

- ¡ALEX ESTA MUERTA! -Grito Regina provocando que las aves, que se mantenían de espectadoras en las copas de los árboles, echaran a volar asustadas. - ¡Y no pienso volver a quedarme cruzada de brazos viendo como otra persona, que me arrebata lo que amo, se va de rositas! - Hizo a un lado a Emma e invoco una bola de fuego.

Pero esta vez la bola era más grande y brillante que las anteriores. Esta vez, la Reina Malvada se disponía a acabar con el ladrón. No se lo pensó y con un aullido de rabia lanzo su última llamarada. Se había cansado de jugar, y la mención de su mejor amiga, de su hermana, acabo desatando su sed de venganza. Pero cuando ya estaba cantando victoria, su llamarada fue extinguida por la magia de Emma.

- ¡¿Qué diablos crees que estás haciendo?!-Regina encaro peligrosamente a Emma.

-Regina… escúchame…por favor…-Suplicaba Emma.

-No tengo nada que escuchar… no te debo nada…-Dijo Regina mirando de arriba abajo a Emma de forma despectiva, dándola la espalda y encarando nuevamente a Robín.

Aquella mirada de desprecio, dolió a la rubia. Regina nunca la había mirado así, ni siquiera cuando se suponía que se odiaban. También era verdad que nunca se había enfrentado a la Reina Malvada, solo a una Regina asustada. Y por lo que acababa de sentir en sus propias carnes, no la extrañaba que todo el mundo la temiera. Con solo una mirada te hacia empequeñecer, se te metía en el alma y te iba destruyendo poco a poco. Pero ella no se podía dar por vencida… tenía una misión… y era traer de vuelta a su Regina.

-Oh… sí que me vas a escuchar. -Dijo agarrando a la morena del brazo y girándola hacia ella.

-Suelta…-La orden de Regina se vio acallada por los labios de una rubia impertinente.

Emma comenzó aquel beso de forma brusca, pero cuando Regina sujeto con fuerza su nuca y enredo sus dedos en su pelo, lo fue suavizando gradualmente. Cuando necesitaron aire para respirar, se separaron lo justo para poder hacerlo, manteniendo sus frentes juntas.

-Si se cree, que esta estúpida estratagema me va impedir matar a ese despojo humano…

-Está viva…-Susurro Emma que observaba como reaccionaria Regina a sus palabras. -Alex, sigue viva…